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Astaroth

En 'Astaroth', un diablo-ángel reflexiona sobre su existencia y el sufrimiento humano, cuestionando la naturaleza del juicio y la eternidad. A través de un diálogo con un hombre que ha muerto en un accidente, Astaroth explora la hipocresía de las promesas de salvación y la indiferencia hacia el dolor y la muerte. La obra critica la falta de significado en la vida y la repetición del sufrimiento a lo largo de la historia humana.
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Astaroth

En 'Astaroth', un diablo-ángel reflexiona sobre su existencia y el sufrimiento humano, cuestionando la naturaleza del juicio y la eternidad. A través de un diálogo con un hombre que ha muerto en un accidente, Astaroth explora la hipocresía de las promesas de salvación y la indiferencia hacia el dolor y la muerte. La obra critica la falta de significado en la vida y la repetición del sufrimiento a lo largo de la historia humana.
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ASTAROTH

Stefano Benni

(Sobre una roca negra, entre humo y luz rojiza, está Astaroth, un diablo- ángel de
largas alas grises, y mira hacia abajo con aire pensativo. Junto a él, un árbol
esquelético, de cuyas ramas penden relojes pulsera. A la izquierda, una escalera lleva
hacia arriba. A la derecha, sube una escalera.)

ASTAROTH
Otro día sin sol y sin luna, sin el color de una estación, sin nieve y sin grillos, sólo humo
y ceniza, y un camino de piedra del cual soy un peldaño. Abajo, allá abajo (indica
abajo, la tierra) una congestión de almas fatigadas y cansadas, y luego una estrecha
puerta, y detrás de ella un nuevo atasco de pena que les aguarda. Y yo, Astaroth, desde
hace miles de años estoy acá y juzgo. Y estoy cansado de esto. Pero juzgar y dar
premios y salvaciones y condenas y ruegos parece ser el motivo por el que todo esto ha
sido hecho, cielos inculpables y puros allá arriba y ciénaga condenada acá abajo, y el
gran hormiguero sobre la tierra que nos piensa confuso, siento sus pensamientos llenar
el aire y preguntarnos: ¿Aguardará algo allá arriba? ¿Será parecido a nosotros? ¿Será
mejor que nosotros? ¿Y qué habrá después?... Cuánto dolor ha causado inventar esta
mirada que se cierne sobre ustedes. Cuánto “mañana” ha matado aquel “después”.
Cuánto tedio e inutilidad y crímenes y renuncias antes, esperando un “después” que
ponga todo en orden , que dé a todos un sentido, alumnos de una escuela miserable que
la maestra libera de repente en una calle oscura después de no haberlos consolado sino
espantado y torturado (Mira al público, lo señala con un dedo curvo). Oh, clientes míos,
no se asusten, nosotros los viejos diablos somos así. Es nuestro trabajo, rezongamos por
escenarios oscuros y amenazamos con tormentos pero es parte de la sinfonía; hay quien
promete salvaciones y hay quien promete el abismo; también sobre la tierra hay profetas
de desventuras y de fortuna, el destino, el juego de lotería y la medicina milagrosa y el
buen gobierno y el amor eterno, ah, cómo les agrada este adjetivo, “eterno”, cómo se ve
que conocen un tiempo pequeño, no la medida tremenda de esta palabra, “eternidad”.
No crean a quien quiere vendérsela, no es mercancía de cambio o de pequeños tráficos.
No piensen mucho en la eternidad, conténtense con un despertar cada mañana. Pero en
la gran sinfonía hay quien hace promesas y quien, en cambio, como yo, debe hablarles
del mal, como si no lo conocieran, como si no estuvieran preparados para albergar
dentro de ustedes cientos de diablos, pero obviamente verlos así bien diseñados, (se
señala), hechos con retazos y pedazos de animales inocuos, murciélagos (se señala las
alas), machos cabríos (se señala los zapatos), sí, los tengo como se han imaginado,
colmillos, ustedes dicen. Pero también en la boca de vuestro perrito hay colmillos y olor
a azufre. Vamos, saben también ustedes que se respira lo peor sobre la tierra. Pero el
truco funciona y por lo tanto (abre las alas) yo soy el mal y bastará para evitar el mal
que no se vuelvan iguales a mí (ríe). Pero, cuidado. Tanto nosotros, con nuestras alas
negras y membranosas, como ellos, circundados de luces y con alas de cisne, no
esperamos otra cosa que vuestra muerte. Tanto ellos, que prometen, como nosotros, que
amenazamos, estamos junto a ustedes sólo para juzgar. No hay otra cosa en el juego.
Pero ya estoy cansado y no comparto el entusiasmo de allá arriba, donde aún se alegran
de la bella ocurrencia. Hacen estadísticas, catalogan genocidios, inventan modos de
medición, parámetros de bondad, civilidad, ciudadanía, y delimitan los pecados y los
catalogan como insectos y hacen debates hasta dónde y cuándo y por qué, hacen como
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que se preguntan ¿por qué esto sucede? ¿por qué los niños y los inocentes?, fingiendo
no saber que desde el inicio todo estaba escrito, era querido ¡Qué celeste sublime
hipocresía! (irascible) todo se repetirá porque así se quiere y entonces ¿qué juzgar?
Juzgar sin justicia, juzgar y continuar matando, aquí arriba y allá abajo, ¿y por qué esta
roca negra y el humo y el barro ardiendo y los gritos? Un peliculón de tercera categoría.
Un solo día de cualquier guerra contiene más horror que el más grande infierno jamás
diseñado o pensado. Por qué no podría estar en el balcón de una casa de campo, a la
noche y escuchar los grillos, rumores que he sentido una vez en mi vida en extrañas
circunstancias y cuyo recuerdo no me ha abandonado más. Los grillos negros y ciegos,
pequeños diablillos violinistas, que tocan su serenata amorosa y después de haber
tocado mueren y sus cuerpos no son encontrados; ¿quién de ustedes ha visto jamás un
grillo muerto o un cementerio de grillos, un pequeño carro fúnebre de tallos y hojas
seguido de grillos de luto y un sacerdote grillotopo salmodiando las virtudes del
muerto? ¿Y dónde van a morir estas criaturas mucho más numerosas que ustedes, los
humanos? Hay situaciones, digamos así, moderadas, intermedias, para un grillo que no
se reconozca en las opuestas alineaciones del perfecto bien y del perfecto mal,
alineaciones obviamente que a veces cambian de campo, como los equipos de fútbol en
el intervalo, como dentro de ustedes se alternan un instante de generosidad y una
llamarada de odio. ¿Por qué no se hacen la pregunta? ¿Por qué para los hombres todos
estos procesos y pecados y destinos, y para el grillo nada? Para los miles de pequeños
pecadores de la hierba nocturna nunca ningún tribunal, un porqué, un motivo para morir
o salvarse, largas horas pesando el negro y el blanco, (ríe), bien, la razón tal vez es que
ellos han comprendido, los grillos saben cuán precioso es cada instante de su vida, y no
sé si esto puede decirse de ustedes. He aquí…Por eso…(mira hacia abajo). Allá abajo,
está la calle con miles de autos en fila. Toda la semana ustedes han esperado este
momento. Sabían que terminaba así, pero han partido. Ninguna autoridad sagrada o
laica o productiva les ha enseñado jamás a evitar este infierno, más bien vuestro
catequismo los exhorta a subir en el auto y así pues bien (echa un poco de agua abajo)
un poco de lluvia, una ráfaga de viento (sopla) y un trueno y un poco de humo.
Solamente estoy jugando, no tengo neurosis de demiurgo, no me agrada poner
alfilercitos a las muñecas y decapitar títeres, ya hay quien piensa estas cosas. Miren,
abajo papá está cansado, mamá está nerviosa y no comprende por qué él está cansado,
ella no entiende nunca y Angela, nombre celeste, adolescente que se ha hecho besar en
la escuela y ahora va al mar esperando que algún otro la pueda besar, ha nacido para
esto, con cuál hipocresía deberemos juzgar sus turbaciones, y el pequeño Pedro, él,
bué…, él es inocente, no tiene nada que ver, y tal vez morirá lo mismo después de que
un camionero borracho, irritado luego de que su equipo ha perdido porque un
centrodelantero de miles de millones ha terminado en un nigth club por una actricilla y
esto ha causado gran escándalo en los periódicos, mucho más que una carestía o que un
aluvión y el camionero borracho de cerveza regularmente vendida, sobre un millar de
kilos de acero regularmente probados, ahora lleva a paseo su ira miserable acorazada
sobre el asfalto en cuyo rasgón la sociedad contratista ha especulado por siglos, asfalto
bañado por la lluvia que hace crecer las flores y los espárragos y las enfermedades
pulmonares, uh, uhu, bueno, veo veo veo que todo se cumple y el auto quiere pasar y el
camión no lo deja, duelo de nervios y cilindradas, y es chirriar de frenos y tronar de
huesos y lacerarse de venas, escenas que agradan mucho a los sanguinarios en pantuflas,
pero nos han sustancialmente aburrido a los diablos. Y miren ese auto dado vuelta a un
costado de la calle, y aquella valija abierta sobre la hierba, los calcetines, el juguetito,
los libros de escuela, y más allá los documentos, los tantos documentos que
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testimoniaban el derecho a existir del auto y de los ocupantes, la pertenencia a una etnia,
la regularidad de los pagos, ahí está la tarjeta de crédito dorada, Oh, qué pecado, la
tenía desde hacía sólo una semana, ha podido hacerle sólo un tanque lleno de nafta, y
ella había comprado las medias fumé y Angela tenía la foto de un joven cantante del
cual yo conozco la horrenda suerte futura y el pequeño Pedro podría salvarse si la
ambulancia no estuviera bloqueada atrás por cientos y cientos de autos atascados. Y yo
siento, a escondidas de mis semejantes alados y del gran maestro de todas las
indiferencias, yo siento una pequeña inútil piedad que se expresa con el canto de un
grillo en la hierba, una pequeña vibrante protesta, he ahí, ésta es mi voz sobre la tierra,
ninguna aparición, la voz de un grillo que dice ¿por qué? ¿no era tal vez todo esto
precioso? He ahí la palabra del diablo, he ahí la voz que se rebela, de quien no se inclina
al dolor, así quisiera ser recordado. Pero ésta es su venganza, dejarme aquí solo sobre
una roca para juzgar. A mí, Astaroth, yo que quisiera descender a gritar y a ayudarlos y
a dañarlos y despedazarlos, heme aquí consumiéndome en un lamento eterno, es largo
el lamento y pasa de boca en boca, el amor dura menos, yo sobre la tierra he construido
mucho amor, más del que creen ustedes, pero esto es otro discurso. Ahora el auto arde,
muchos autos arden y vean, en nuestro cielo aparecen pequeñas llamas, un expediente
ingenioso, aburridísimo en realidad, del gran maestro, para señalar que un alma está
subiendo. ¿Dónde? Eh, esto no se los digo, no donde creen, no hay Paraíso e Infierno,
las subdivisiones son mucho más extravagantes y complicadas, la variedad del mundo
merecía algo más que un supermercado de tres pisos, pero en esta materia ustedes y los
sacerdotes y el poeta más imaginativo saben contar hasta tres; no es como piensan, no
quieran saber más, la sorpresa es uno de los pocos dones divinos que se les ha
reservado. Ah, he aquí un alma que sube a mí y yo debo estar listo, discúlpenme, ahora
me debo ocupar de alguien en particular, pero tal vez nos conoceremos un día, y ahora
déjenme asumir una pose de juez, alguna que asuste sin intimidar y dé la idea de
autoridad, pero qué comedia, ah, ah, ah (ríe de sí mismo).
(Se presenta un pequeño hombre con los guantes de conducir, desarreglado, un poco
de sangre sobre la cabeza)

HOMBRE
¡Qué bien! Uno llega aquí y se le ríen también en la cara.

ASTAROTH
Uhhh…los guantes, los guantes de conducir (ríe)

HOMBRE
Gamuza…apenas usados…y aquel sorete de un camionero marroquí no me da
lugar…mi auto, sesenta millones, recién terminado de pagar. Tres horas para hacer diez
kilómetros, una eternidad (se miran) dígame usted ¿es posible? Y mi mujer me ha roto
los huevos todo el viaje “ve despacio, ve despacio”, más me decía “ve despacio” más
me adelantaba, no me gustan los sermones, pero ¿dónde van todos éstos? Se lamentan
que no tienen una lira y después cada sábado de vacaciones a gastar, gastar. Para mí es
distinto, yo debía ir porque…porque… Y usted ¿quién es?

ASTAROTH
(Al público) Un estado normal de confusión, se ponen un poco así al pasar de un mundo
al otro. Llamémoslo “descompresión”. Señor, ¿quién soy, me pregunta? No sé, decida,
¿tal vez un policía caminero? ¿Un vendedor de nafta?
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HOMBRE
¿Con alas?

ASTAROTH
En la publicidad frecuentemente el auto se relaciona con símbolos de libertad, de vuelo,
de grandes espacios, también se puede asemejar a una pequeña confortable trampa para
ratones, sí, la realidad es diversa, pero aquí precisamente no estamos en la realidad.

HOMBRE
¿Qué sería entonces?

ASTAROTH
Usted ha muerto y está transitando.

HOMBRE
¿Muerto? Muerto estará usted, cornudo. Yo estoy vivísimo, iba al mar, porque… ah,
¿por qué iba allí?, tengo una amante en el mar, es cocinera en un hotel, llevo mi familia,
luego simulo que me llaman de la ciudad al trabajo. Sin embargo voy a diez kilómetros
a un motel bellísimo, con sábanas negras, las luces bajas, se entra sin dejarse ver, hay
ascensor en el garage y se sale directamente a la habitación, iba yendo al mar y
escuchaba el partido en la radio, estábamos perdiendo, mi mujer dice: “no escuches el
partido que te excita y guías mal” y yo respondo: “No soy una mujer, puedo conducir
con los ojos cerrados”, hay un camión lleno de vacas que van al matadero, que no me da
lugar y ahora apenas pasado me vuelvo y le hago, ya vas a ver carnudo, tienes que
morir antes que manejar hasta Austria y allí te van a hacer un control higiénico y te
bajan a tiros. Y las vacas y…Oh, dios (se percata de algo, abajo sobre la tierra) mira
allí (se derrumba de rodillas, llora) mi auto, mi cuerpo, (con un cierto estupor
orgulloso) Por lo menos diez autos he dejado fuera. ¿Todo lo hice yo?

ASTAROTH
Todo usted con sus pequeñas fuerzas y los guantes de gamuza y su auto, formalidades.
Mire el camión, está muerto el conductor y también la mitad de las vacas. Antes o
después era el destino. Tanto para usted como para las vacas. Y ahora una noticia buena
y una mala. Noticia buena: su equipo ha empatado.

HOMBRE
¿Quién ha marcado?

ASTAROTH
He aquí la mala noticia. No lo sabrá nunca. Es parte de la pena.

HOMBRE
Ahora entiendo quién es usted. He comprendido sus intenciones, usted no tiene la
autoridad, no puede juzgarme, usted está prevenido, yo no he hecho nada de mal, es él
que no ha dado lugar y además yo soy creyente…
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ASTAROTH
Sólo los creyentes creen en mí. Y luego calma, qué cola de paja. Yo soy sólo un
peldaño, un pasaje, no decido casi nada yo. Yo sólo debo clasificarlo. Debemos hacer
un poco de cuentas sobre su vida.

HOMBRE
No puede. Yo tengo 47 años, cómo hace usted para tener todos los datos, mi vida en la
tierra era regulada por una marea de datos, miles de documentos y boletas y recibos, no
me diga que puedo hacer las cuentas de 47 años sin una computadora.

ASTAROTH
(La hace aparecer mágicamente de un pedazo de lava) Hela aquí. Entonces: una vida
sin generosidad, diría, sin delitos grandes. Una vida indiferente. No gran cosa.

HOMBRE
No, eh! Nada de juicios apresurados. Yo siempre he sido un buen ciudadano. He
evadido los impuestos, imagino que se ve en la computadora, pero fue en un momento
difícil. (El diablo lo mira y mira la computadora) Está bien, un momento difícil del que
no he salido jamás. He votado un poco de todo, como ve. Una amante sola, en los
últimos años, la cocinera. A mis hijos los he amado pero hay que decir que son dos
desgraciados, la muchacha, a aquella sí póngala a asar, 16 años y ya ramera. ¿Sabe con
quién sale esta noche?

ASTAROTH
No nos interesa, no tenemos prejuicios de casta o étnicos acá. Tomamos todo. También
los negros.

HOMBRE
¿Se refiere al episodio del marroquí el año pasado? Yo sólo he mirado. No lo he tocado.

ASTAROTH
Vamos, usted siempre ha sido sutilmente, elegantemente, racista. Pero tampoco esto
cuenta acá arriba. Más aún, acá las jerarquías y las diferencias son inflexibles. Todo
blanco arriba, todo negro abajo. ¿No es así que lo han escrito en los libros? (mira la
computadora) Usted es un malvado cualquiera. Mentira y maldad es la norma. Ha
traicionado a un amigo, pero la traición ha sido devuelta. Interés por los otros, poco.

HOMBRE
¡Beneficencia! Cuatro veces, en televisión, puede controlar la tarjeta de crédito, tengo la
de oro (busca en el bolsillo). Tanto no me serviría ¿verdad? En fin, no me mire así, qué
carajo mira, pajarraco de tercera categoría, yo en la tierra era alguien, tenía 16
empleados, yo les he hecho trabajar y ganar, yo no hablo con maestranzas, páseme con
el jefe o al menos un subjefe.

ASTAROTH
Yo soy el jefe acá, tengo miles de años de antigüedad. ¿Cómo imagina que sea su
paraíso?
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HOMBRE
Un lugar…donde tomar todas mis revanchas. Donde chasqueando un dedo, cada cosa
me sea traída. Un gran escritorio de vidrio, y una vidriera con los rascacielos detrás que
despunten desde las nubes. Y yo sobre el rascacielos más alto.

ASTAROTH
¿Revancha dice? ¿Revancha de qué?

HOMBRE
(Inclina la cabeza) No he hecho otra cosa que envidiar en la vida. Y he envidiado
personas absolutamente mediocres. He obedecido a cualquiera que se sintiera apenas un
poco más fuerte, más malvado que yo. He amado poco y con miedo. He deseado
muchas veces la muerte de todos mis conciudadanos, sin embargo me considero un
buen ciudadano. He matado al gato y he dicho a mis hijos que se había escapado. No he
podido hacer otro tanto con mi mujer. Me masturbo cada semana delante del televisor.
Una vez de pequeño he entrado a la iglesia y…

ASTAROTH
Está bien, esta verdad me basta. Vaya. Arriba (indica una escalera)

HOMBRE
Arriba ¿Quiere decir que?...Arriba es una cosa buena ¿no?

ASTAROTH
Lo sabrá pronto. Deje aquí el reloj. Es la costumbre.

HOMBRE
Pero es de oro, lo he pagado…(le deja el reloj) Está bien, voy.

ASTAROTH
Para allá. Tome la escalera 8 (al público)¿Quieren saber dónde lleva la escalera 8? No
comprenderían (Se pone el reloj en la muñeca, lo mira) Nada aquí se parece a lo que
han imaginado. Y yo soy así porque así me han soñado ustedes, ¿por qué
desilusionarlos? ¿Soy más viejo, más aburrido que como me habían imaginado? ¿Me
prefieren así? (abre las alas amenazante) así (con los brazos cruzados) así, el silencio
de piedra de la ley. O bien vagamente burlón (se tira pedos, hace ruidos, baila
obscenamente)
(Entra una muchacha rubia con una túnica blanca, etérea)

MUCHACHA
Ehm…

ASTAROTH
(Recomponiéndose apurado) ¿Usted de dónde viene?
7

MUCHACHA
De accidente sobre la autopista. El utilitario blanco (señala abajo)

ASTAROTH
¡Uff! es tan pequeño que no se ve. Está aplastado bajo el camión. Qué mala suerte.

MUCHACHA
No es culpa de nadie. El camionero tal vez estaba cansado, después de tantas horas. Es
un trabajo duro el de camionero.

ASTAROTH
¿Ha muerto recién? ¿Ha sufrido?

MUCHACHA
Un poco pero…”Todo se muere a duras penas”, como dice el cantautor. En el fondo
pocos segundos. Sí, he muerto a los 27 años, bastante joven, pero en el medioevo, o en
el Burkina Faso, habría estado en la media de mortalidad. Me he recibido hace poco.
Esto es una cruz.

ASTAROTH
(En la computadora) Veo. ¿Iba a un concierto?

MUCHACHA
Oh, sí, yo adoro la música. Los grandes conciertos, las plazas en general. Antes
ciertamente se iba a la plaza por motivos políticos. Pero ahora es hermoso estar juntos.
Yo espero que aquí haya situaciones sociales en el lugar donde me encuentro, y que
exista la posibilidad de interactuar con otros y de crear una situación de convivencia,
OH, sin prejuicios ideológicos, son parte del pasado, yo por ejemplo, lo encuentro a
usted un poco, un poco…

ASTAROH
¿Excesivo?

MUCHACHA
Bue, bien y mal, una división así neta si no se comprende bien qué criatura es usted,
pero las cosas no son tan así para nosotros en la tierra, porque es sobre la tierra que, en
fin, creemos en ustedes, los votamos, por así decir.

ASTAROTH
(Se pone un sombrero, una corbata) ¿Me prefiere así? Entonces señorita, veo en sus
datos que usted es una buena muchacha, tiene un buen novio serio y honesto, también si
dentro de algunos años…pero no importa, usted está a veces socialmente
comprometida, lee los diarios, va seguido al cine.

MUCHACHA
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Adoro el cine, también el italiano, que es necesario sostener, pero especialmente el


americano. Es más, sabe que usted me recuerda el diablo de una película, ¡Uf! no
recuerdo el nombre, pero sí que sobre la tierra era un verdadero fenómeno, un caso para
preguntar. Bien, en fin, su parte la hacía De Niro.

ASTAROTH
Gracias por la comparación. Como quiera, usted puede elegir dónde ir. Abajo o arriba.

MUCHACHA
Oh, dios, qué elección. Arriba obviamente hay un ambiente más salubre, gente de un
cierto nivel cultural, muchos religiosos imagino. Pero abajo hay quien sufre y necesita
escuchar la voz de quien sufre y combate la marginación e imagino que abajo la música
será más moderna.

ASTAROTH
Machacan como condenados. Rock, rap, metálica. Un estruendo diabólico.

MUCHACHA
Bueno, yo querría algo en el medio. Mi paraíso es sentirme parte de algo sin saber qué
es ese algo. Elegir no me gusta, no me han enseñado a elegir, soy de una generación
inmóvilmente positiva y positivamente inmóvil que ama aplaudir, comprar boletos,
intervenir desde el público permaneciendo público, consumir grandes cantidades de
posters, discos, películas y productos culturalmente en boca de todos.
Pero elegir, qué fatiga infernal…oh, discúlpeme.

ASTAROTH
Está bien, está bien, usted es infernalmente aburrida. Decido yo. Usted está asignada a
la escalera 11.

MUCHACHA

¿Qué sería?

ASTAROTH
Tendrá tareas de asistencia. Le será asignado un grupo, un sector.

MUCHACHA
(Entusiasmada) ¿Animadora, tipo club de vacaciones? ¿O tipo asesora?

ASTAROTH
Imagino que sí (consulta un libro) pero si quiere hay puestos de barquera o bien
enfermera.

MUCHACHA
No, yo…está bien cerca de los condenados, pero no muy en contacto y además…
¿Dónde están los actores de cine?

ASTAROTH
Un poco diseminados.
9

MUCHACHA
¿Y el Che Guevara? ¿Dónde está el Che?

ASTAROTH
El Che Guevara está en la sección 26, Tom Cruise reservado al 32. ¿Entonces?

MUCHACHA
32.

ASTAROTH
Vaya. Me deja el reloj, bonito: ¿es ruso?

MUCHACHA
Retoma la simbología rusa pero está hecho en Suiza, refleja la línea del partido. Adiós,
alado.

ASTAROTH
See you later. Bonitos. Diabólicos como un rap en un festival. En mis tiempos sí,
estaban los pecadores. Disculpen, como están fechados demuestro mis miles de años,
¿verdad? He conocido a Torquemada. Un cretino total. Una bolsa de preguntas inútiles
y morbosas. A una bruja se la reconoce a primera vista. Yo he amado alguna ¿Los
dictadores? Pequeños psicópatas, por lo demás, pero la gente ama ser mandada por
quien se les asemeja un poco. ¿Quieren saber qué ha sucedido arriba en los altos cielos,
cuando volaba el avión sobre Hiroshima? Cantaban. Hacían espacio, ponían camitas. Y
cantaban. Ninguno ha movido un dedo por ustedes abajo. Oh, mira (indica hacia abajo)
están hurgando entre las chapas. Los bomberos generosos y quemaditos, como nosotros,
me agradan. Hay un autazo negro. Un autito verde sabana. No le sirve más ser verde
sabana. Ahora abren el camión y tiran afuera al camionero. Está todavía vivo, creo.
Bien, así no lo debo esperar. Entonces, dado que tengo un poco de tiempo, quería
contarles la historia del ángel Malachia (entra el camionero)

CAMIONERO
Sabía que terminaba así. Conducía desde hacía doce horas. Oh, pero ahora descansaré.
¿Dónde debo ir?

ASTAROTH
Un momento, hay algo que no entiendo.

CAMIONERO
¿Cómo que no entiende? Soy el camionero muerto, mire ahí, estoy reducido a un
lenguado. Póngame donde quiera, basta que pueda dormir un poco. Tengo una radio
portátil. ¿Se escucha aquí? Puedo telefonear, ah, ya… ¿qué digo?

ASTAROTH
¿Pero cómo hace para estar tan resignado? Su mujer lo espera.

CAMIONERO
10

Mi mujer, si supiera…Oh, ella lo sabe, ¿verdad? Trabajo desde que tengo 13 años.
Primero, desarmando motores. Luego, miles de kilómetros, siempre las mismas calles.
He visto la vida a través de un velo negro de mosquitos muertos en mi parabrisas. Y
ahora tengo ganas de caminar. Me agrada ir a la montaña. ¿Hay montañas aquí, de
bellas subidas, verdad? Habrá mucha gente, pero también mucho espacio. Yo quiero
estar en un lugar donde no haya que hacer fila. La fila con el camión, días y días sobre
la calle. La fila de los baños, la fila por un café, la fila para comer. La fila en los
hospitales donde aquellos que no cuentan para nada, como yo, están ahí durante horas.
La fila en el correo. La fila por hacer la fila. Acá no hay fila, estoy feliz. No quiero más
las ruedas debajo del culo, quiero correr, correr.

ASTAROTH
Usted saldrá adelante. Se despertará del coma. No puede estar aquí.

CAMIONERO
No, no quiero regresar abajo. Dígame qué cosa debo hacer para quedarme. Le ruego (se
desliza hacia atrás, desaparece)

ASTAROTH
Lo lamento. Pelagatos. Vivirá sobre una silla de ruedas. No caminará más. Es astuto el
maestro, sabe cuáles torturas inventar. Habría podido retenerlo. Ay! (un dolor en la
cabeza) Me ha sentido. (indica arriba). El procedimiento, cierto, el procedimiento. La
justicia. Mucha justicia y poca esperanza, en este mundo. ¿Cuál mundo? El mundo
verdadero. ¿Cuál es? No lo sé. ¿Somos nosotros los que los creamos o nos han creado
ustedes a nosotros? No lo sé. ¿Soy real yo? Les contaré una historia. Una vez existía un
ángel de nombre Malachia, no era muy distinto de mí, éramos parte de la misma legión,
después, como saben, hubo quien obedeció y quien no. No, el bien y el mal no entraban,
había quien decía se puede ser mejor, y quien se contentaba. Bien, Malachia era
verdaderamente un buen compañero, aparte de su elección. A él se le había confiado un
niño para protegerlo. Pero este niño parecía poseído, parecía conocer el mal
instintivamente desde el nacimiento. Triste, solitario, con la mirada torva. Agarraba
pequeños animales y los torturaba, y era Malachia el que debía curarlos y ponerlos a
salvo, y a veces con un soplido hacía huir una mariposa de las manos del niño, o
escondía bajo su capa de sombra una ardilla. O avisaba con un grito a un pájaro del
peligro, para que pusiera a salvo los pequeños del nido. Y este niño lanzaba piedras
sobre sus semejantes, y Malachia las desviaba o las recibía de frente, la piedra erraba
misteriosamente el blanco, sólo el ángel sabía por qué, y era llamado el ángel con
chichones.
Este chico, para ir a la escuela, debía atravesar un río muy peligroso. Había un puente
de piedra y más allá un peligroso puente colgante. Y los padres le decían:
“Quiebracorazones”, así habían apodado al niño, “no pases por el puente de cuerdas,
caerás en el agua y morirás. Aunque seas un niño malo, serás siempre nuestro hijo”. ¿Y
qué hacía Quiebracorazones? (se enciende una lucecita) Proseguiré después. Llega
alguien. Es el del Mercedes. Está subiendo de a cuatro escalones por vez. Jamás he visto
uno así.

EL POETA
¡Hola! OH, tú como yo, nacido rebelde. Ardo ante tu presencia. Yo que fui condenado
en vida, ahora llego a mi patria. Tronantes volcanes, rebelde Acheronte, sopla viento o
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transporta cenizas de huesos, yo no tengo miedo, la miseria de los mortales y su


banalidad, he aquí cuál era mi infierno. ¿Cuál es tu nombre, sublime bestia?

ASTAROTH
Amedeo. No, es una broma, ¿había caído mal, verdad? (infla el pecho) Yo soy el
séptimo hijo condenado de la estirpe de Baal el oscuro, guerrero de la legión de Zapar y
de la corte de Nembroth, y mis garras despedazaron a Nínive y a Mecenas, mi nombre
es Astaroth.

EL POETA
¡Grande! Yo soy Peste, el poeta. Conducía a doscientos cuarenta, ebrio, sobreviviente
de una transmisión televisiva en la que había destruido el estudio metafóricamente y
físicamente, iba directo al mar, hacia un festival donde debía juzgar algunos mediocres
pedos cinematográficos, la radio ha citado incorrectamente mi nombre, Pesti,
comprende, Pesti con la “i” final, y por el dolor no he visto ese camión y mi gran
destino se ha cumplido. ¿Cuántos otros han muerto conmigo?

ASTAROTH
Una decena, creo.

EL POETA
¿Ningún famoso?

ASTAROTH
No. Habría podido tener todos los titulares en primera página. Lamentablemente, pocos
minutos antes de su deceso, el equipo que encabeza el campeonato se ha precipitado en
el mar con el avión. Usted tendrá sólo un una columna al fondo de la tercera página, una
notita de nada, un gran vacío en la literatura, pero un pequeño lugar entre los hechos.

EL POETA
¡No, por dios! ¡Esto no, morir como un sociólogo cualquiera!

ASTAROTH
Bromeo. Usted tendrá títulos, tres, cuatro columnas y también la foto.

EL POETA
Lo merezco. Yo siempre he estado en los diarios. Aunque despreciándolos, los he
iluminado. Yo hice noticia. Yo permaneceré. Y ahora vengo a unirme a mis semejantes.
Heme aquí en el infierno que siempre he imaginado. Lacenaire, Boudelaire, Borel, De
Sade, Rimbaud ¿dónde están? Note que no cito italianos. Estaremos juntos en las riberas
de un lago rojizo, sobre negras barcas egipcias, intercambiando las visiones de nuestra
grandeza, mujeres perversas de cada edad histórica vendrán a abrevar en nuestros
delirios y en nuestros sexos. Nos mofaremos de pequeños literatos que sobre una
nubecita blanca se intercambian premiecillos y cursivitas.

ASTAROTH
Discúlpeme que lo desilusione. Pero los escritores que usted ha mencionado están todos
arriba.
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EL POETA
¿En el paraíso?

ASTAROTH
Algo parecido. Pagaron ya un duro precio en tierra. Encarcelados, condenados,
excluidos, algunos -es un horror-, inéditos. Entonces ser trasgresor era trabajo difícil.

EL POETA
¡También ahora!

ASTAROTH
¡Vamos! Para alguno tal vez, pero para usted era un empleo estatal. Lo he visto más en
los salones que en los suburbios, últimamente.

EL POETA
No me sermonee. Yo no acepto sermones, los doy. Oh, criatura alada ¿quieres decir que
yo seré separado de mis hermanos artistas? ¿Y con quién me pondrás? ¿Con los
bancarios? ¿Con los agrimensores?

ASTAROTH
Con todos aquellos que se le parecen.

EL POETA
Tenga cuidado, yo puedo…yo puedo escribir cosas muy duras en su contra…yo
conozco personas muy importantes, también del gobierno…yo tengo amigos en la
jerarquía eclesiástica, yo conocí en una fiesta de la embajada brasileña un exorcista
que…

ASTAROTH
Escalera 21. Me deja el reloj.

EL POETA
Pero yo no llevo reloj pulsera, no acepto las costumbres y los modos.

ASTAROTH
El reloj.

EL POETA
(Saca un reloj cebolla del bolsillo) Aquí lo tiene, pero no está puesta la hora legal. Yo
no marcho al paso, yo. Vea, es un reloj de época, con la calavera y la inscripción “nemo
me impune lacessit” (El diablo se lo arranca.) No termina aquí, yo quiero el lugar que
me corresponde. Diablucho mezquino, de película de cuarta categoría, toda la ciudad
me temía, cuando de mis sulfurosos micrófonos…

ASTAROTH
¡Fuera! (se levanta amenazante, el poeta escapa) Llega de todo, como ven (mira abajo)
¡Qué trabajo! Yo espero que no haya que trabajar más por hoy. Puedo retomar mi
historia. Entonces, el niño Quiebracorazones debía atravesar cada día el río y, como
recuerdan ustedes, los padres le decían: no pases sobre aquel peligroso puente de
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cuerdas. Y naturalmente, él siempre pasaba por ahí, sobre todo cuando el agua estaba
tumultuosa y helada en invierno, y Malachia con los pies en la corriente sujetaba las
cuerdas del delgado puente y si el niño oscilaba, lo sostenía, y cada vez era una gran
pena, un gran cansancio. Pasado el puente, el niño lanzaba los puños al cielo, como
provocación. Hasta que una noche, mirando las estrellas, Malachia se preguntó: ¿por
qué? Por qué tanto esfuerzos, aquel niño crecerá y hará el mal a los otros. Dame una
señal, Señor, para que yo lo pueda abandonar para ayudar a una persona más digna. Y la
señal llegó, una estrella se apagó de repente. La mañana siguiente llovía a cántaros. Y
Quiebracorazones caminó hacia el puente cantando una canción grosera y el río estaba
crecido y parecía de color sangre, y corría con el rumor de un trueno, y el puente
oscilaba por el viento. El niño se acercó al puente y puso la mano sobre las cuerdas, un
estruendo de viento y lluvia lo embistió, y él tembló. Y Malachia no hizo nada. Esperó.
Entonces, el niño pareció oler el aire, extendió los puños en señal de provocación hacia
el agua negra, dio un paso y resbaló, pero logró aferrarse. Y volvió atrás. Se sentó en la
orilla y lloró. Malachia no entendía. Y en la lluvia, le llegó la voz del niño. Ángel, mi
ángel, decía, perdóname si me he equivocado. Tal vez lo que hacía estaba mal, pero así
era bello sentirte, estar seguro de tu proximidad. Cómo he amado cada soplido tuyo que
me ha robado una mariposa, cada ardilla que escondías, tus gritos de advertencia entre
las ramas, las pequeñas señales de tu presencia. Y las piedras que tiraba, y que erraban
al compañero. ¿De qué otro modo te sentiría? Si todo el resto del mundo era indiferente
a mi mal, a mi pequeño destino, tú no lo fuiste. Y cómo me agradaba sentir tus manos
que me sostenían en el puente. Y tu respiración que acompañaba cada paso mío. Y cada
vez, pasándolo, alzaba los brazos al cielo porque había vencido. Vencido mi
provocación para sentirte cercano. Ahora entiendo. No seré más tan malo, Malachia.
Seré normalmente malo como todos. Y estaré solo. Sé que no regresarás más, ángel, tú
me has juzgado, y tal vez con razón. Y Malachia se acercó al niño y quiso cubrirlo de la
lluvia con su manto, pero la lluvia atravesaba la capa y le bañaba el rostro. Y el niño no
lo sintió. Y se encaminó al puente de piedra, solo (se oscurece) Se ha hecho tarde. No
creo que otros lleguen. Tal vez puedo descansar un poco. Está oscuro abajo, hay sólo
algunas luces de casa. Una fogata de hojas que se apaga, un hilo de humo, puedo sentir
el olor. Y veo dos faros en una senda de campo. Tal vez dos amantes. Hay silencio, pero
el silencio que hay acá arriba es aún más terrible, ni siquiera el canto de un grillo (entra
una mujer) ¿Quién es?

UNA SEÑORA JOVEN


Estaba yo también. Viajaba en el auto rojo, abajo, con mi hijo. ¿Mi hijo se ha salvado?

ASTAROTH
No puedo decirlo yo. No puedo.

UNA SEÑORA JOVEN


No quiero saber por qué, no quiero volver atrás. Quiero saber solamente si está a salvo.

ASTAROTH
Son ustedes que nos han dividido. ¿Cómo puedo explicarles? Ustedes han mandado allá
arriba, lejos, la piedad y el perdón que no tienen el coraje de tener por ustedes mismos
sobre la tierra. Y aquí hay leyes aún más despiadadas, aquí se juzga, aquí los matamos
cada día. Y yo estoy aquí ligado a este pacto, ustedes me han ligado, ustedes han
inventado el infierno y en él yo vivo. Si estuviese cerca de ti, sobre la tierra, te diría.
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Haremos de todo por salvarlo, harán de todo por salvarlo. Espera. Tu hijo se salvará.
Estoy seguro de esto.

UNA SEÑORA JOVEN


Esto me basta. Gracias. Miles de gracias. (Se encamina hacia la escalera. El diablo
asiente, ella va, como si supiera).

ASTAROTH
(Jadeando, como después de un gran cansancio) El pacto está roto. He hablado. He
desobedecido otra vez. Que yo crea o no crea, que sea criatura verdadera o imaginaria,
entre dios y los hombres siempre elegiré los hombres, como ya hecho otra vez. No estoy
yo para ser dividido y quebrado. Yo he visto la unión entre el cielo y la tierra, yo he
visto la infinita variedad maravillosa, por esto he sido echado la primera vez, por esto
sufro y soy condenado, pero no quiero juzgar más. Juzguen ustedes, desde el alto de los
cielos celestes. Yo daría todos los prodigios de la eternidad por una hermosa vida breve
sobre la tierra. Mientras que solamente desde aquí se puede ver la eternidad, ninguna
vida, no se sienten las voces, ni siquiera el canto de un grillo. Y este silencio ciego,
indiferente, despiadado, ¿lo prefieren ustedes a la esperanza? Es hora que yo vuelva al
lugar donde he nacido, a mis semejantes, a los diablos confusos y dudosos que habitan
la tierra. Busquen otros jueces y otras leyes, otros patíbulos en la tierra y entre las
nubes. Los encontrarán con facilidad. La piedad que les falta los ayudará. Juzguen y
continúen matando y podrán juzgar aún otra vez.

(Se enciende la luz de una puerta, delante de la puerta hay una mecedora. De la
oscuridad emerge Astaroth sin las alas, en camisa, se pone un sombrero de campesino,
posa una azada. Se sienta en la mecedora, enciende una pipa. Dentro de la puerta, se
ve una mujer que trabaja. Comienzan a cantar los grillos. Astaroth se mece, mira hacia
arriba, hacia las estrellas).

Traducción del original en italiano de Hebe Castaño para uso de la cátedra Literatura Europea II

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