0% encontró este documento útil (0 votos)
40 vistas133 páginas

Compendi o

El documento compendia las devociones a la Santísima Virgen del Perpetuo Socorro, destacando su historia y la importancia de su veneración. Se incluyen oraciones y súplicas dirigidas a la Virgen, solicitando su intercesión en diversas necesidades y en favor de las almas del purgatorio. La devoción ha crecido desde su reintroducción en 1866 y se presenta como un medio para obtener consuelo y ayuda en momentos de dificultad.

Cargado por

Alex Colin
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
40 vistas133 páginas

Compendi o

El documento compendia las devociones a la Santísima Virgen del Perpetuo Socorro, destacando su historia y la importancia de su veneración. Se incluyen oraciones y súplicas dirigidas a la Virgen, solicitando su intercesión en diversas necesidades y en favor de las almas del purgatorio. La devoción ha crecido desde su reintroducción en 1866 y se presenta como un medio para obtener consuelo y ayuda en momentos de dificultad.

Cargado por

Alex Colin
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

COMPENDIO DE DEVOCIONES A

LA SANTÍSIMA VIRGEN DEL


PERPETUO SOCORRO
A los cristianos del mundo
El equipo del Apostolado de la Piedad Popular,
dedica este esfuerzo de compendiar las
devociones en honor de la Santísima Virgen,
que bajo la advocación del Perpetuo Socorro, es
venerada por el mundo.
Devociones, que han surgido por amor y en el
amor hacia tan tierna Madre, y que ahora se
recogen para que difundan entre sus amantes
hijos.
BREVE RESEÑA DE LA SANTA
IMAGEN
La milagrosa imagen de María Santísima, bajo la
advocación del Perpetuo Socorro, que
antiguamente se veneraba en la Isla de Creta, de
allá fue llevada a Roma y allí por trescientos años
venerada en la Iglesia de San Mateo. Esta iglesia,
durante la revolución francesa fue destruida y la
Venerable Imagen quedó sin culto y olvidada por
espacio de sesenta años, hasta que el 26 de abril de
1866, por orden de Su Santidad Pío IX, fue
nuevamente expuesta a la veneración de los fieles
en la Iglesia de los Reverendos Padres
Redentoristas, dedicada a su fundador San Alfonso
María de Ligorio. Desde aquel día la devoción hacia
la milagrosa Imagen se aumentó y propagó de
modo extraordinario, y por medio de la misma, la
Santísima Virgen obtuvo y confirió muchos favores
a sus devotos. El Capítulo de la Basílica de San
Pedro, que goza exclusivamente el privilegio de
coronar las Sacras Imágenes, coronó solemnemente
dicha Imagen de Nuestra Señora del Perpetuo
Socorro, con una corona de oro, el día 23 de junio de
1867.
SÚPLICA PERPETUA A
NUESTRA MADRE DEL
PERPETUO SOCORRO
¡Oh, Santísima Virgen María!, que para inspirarnos
una confianza sin límites has querido tomar el
dulcísimo nombre de Madre del Perpetuo Socorro.

Yo te suplico me socorras en todo tiempo y en todo


lugar, en mis tentaciones, después de mis caídas, en
mis dificultades, en todas las miserias de la vida, y
sobre todo en el trance de mi muerte. Concédeme,
oh, amorosa Madre, el pensamiento y la costumbre
de recurrir siempre a Ti, porque estoy seguro de
que, si soy fiel en invocarte, Tú serás fiel en
socorrerme.

Alcánzame esta gracia de las gracias, la gracia de


suplicarte sin cesar con la confianza de un hijo, a
fin de que, por la virtud de esta súplica constante,
obtenga Tu perpetuo socorro y la perseverancia
final. Bendíceme, oh tierna y amorosa Madre,
ruego por mí, ahora y en la hora de mi muerte. Así
sea.
MARTES PERPETUOS A NUESTRA
SEÑORA DEL PERPETUO
SOCORRO
Oh madre del Perpetuo Socorro, veo las gracias
que me has alcanzado y también la ingratitud que
he tenido contigo, el ingrato se hace indigno de
recibir beneficios, pero no por eso quiero
desconfiar de tu misericordia, la cual es mayor
que mi ingratitud, abogada mía ten piedad de mí,
tú eres la dispensadora de todas las gracias que
Dios nos concede a nosotros miserables pecadores,
y si te ha hecho tan poderosa, tan rica y tan
benigna, es para que nos socorras en todas
nuestras miserias, por favor o madre de
misericordia, No me abandones en mi pobreza, tú
eres la abogada de los pecadores más
abandonados y culpables, si recurren a ti,
defiéndeme también a mí, que a ti me encomiendo,
no me digas que mi causa es difícil de ganarse,
porque las causas más desesperadas cuando las
defiendes tú, todas tienen éxito feliz, en tus manos
pongo mi eterna salvación, a ti confío mi alma que
está perdida pero con tu intervención, tú la has de
salvar, tú eres la salvación y el Socorro Perpetuo
del pueblo cristiano, tú escuchas y socorres a los
fieles en cualquier tribulación con sólo que
reclamen tu ayuda.

Yo quiero ser inscrito en el número de los


pecadores miserables a quiénes Dios promete sus
gracias por medio de ti, no me deseches quiero
tener la seguridad de que mi causa será defendida
por ti, no me abandones, quiero aprender a
invocarte en mis tribulaciones, no me dejes de
escuchar, intercede por mí, tu hijo hace cuando tú
pides, recíbeme bajo tu protección y esto me basta.
Sí porque tú me proteges, ya no temeré a mis
pecados, porque tú me alcanzarás el remedio para
el daño que me han causado, ya no temeré a los
demonios porque tú eres más poderosa que todo el
infierno, no temeré a mi propio juez, Jesús, porque
él se aplaca con una sola súplica tuya, solamente
temeré que por descuido mío deje de invocarte y
así me pierda. Oh madre mía, alcánzame el perdón
de mis pecados, el amor a Jesucristo, la
perseverancia en el bien y una muerte santa y por
fin la gloria eterna.

Alcánzame también la gracia, que en este martes


he venido a pedirte (aquí se pide lo que necesitas)
especialmente alcánzame la gracia de
encomendarme siempre a ti. Es verdad que estás
gracias son favores demasiado grandes para la
una criatura tan ingrata como yo, pero no lo son
para ti, que eres tan amada de Dios y que por eso
te concede cuánto le pides, basta que le digas una
sola palabra, pues él nada te niega, ruega a Jesús
por mí, dile que estoy bajo tu protección y él no
dejara de apiadarse de mí.Oh María Madre del
Perpetuo Socorro confío que me socorrerás
continuamente, en la seguridad de esta confianza
encuentro descanso para vivir y espero
encontrarlo también para morir. amén
SÚPLICAS A NUESTRA
SEÑORA DEL PERPETUO
SOCORRO EN ALIVIO DE LAS
ALMAS DEL PURGATORIO
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! tan grande es
vuestra bondad, que no podéis descubrir miserias
sin compadeceros. Mirad, os suplicamos, con
caritativos ojos las afligidas almas que sufren en el
purgatorio, sin poderse procurar alivio alguno en
sus tremendas penas y moveos a compasión. Por
vuestra piedad y por el amor que tenéis a Jesús, os
pedimos, mitiguéis sus sufrimientos, y les procuréis
eterno descanso. Pero ¡ah! ¡cuán dolorosa debe ser
para vuestro maternal corazón, la conducta de
innumerables cristianos, que dejan en el olvido las
pobres almas del purgatorio! ¡Esperan nuestros
sufragios y apenas hay quien se acuerde de ellas!
¡Oh María! dignaos inspirar a todos los fieles una
tierna y viva compasión por nuestros hermanos
difuntos; comunicadles un ardiente deseo de
ofrecer por ellas obras satisfactorias, y ganar, en su
favor, cuantas indulgencias les sean aplicables, a
fin de que pronto vayan a gozar de Dios. Oíd ahora
las súplicas que por ellas os hacemos:
Para que salgan de Para que se llenen pronto
aquella tenebrosa cárcel. sus deseos vivísimos de
R/: imploramos tu entrar en la gloria,
perpetuo socorro, o Por las almas de nuestros
Madre de bondad. padres o hijos,
Para que Dios les Por las almas de nuestros
perdone la pena de sus hermanos,
pecados, Por las almas de nuestros
parientes,
Para que se abrevie el
tiempo de sus Por las almas de nuestros
sufrimientos, amigos,
Por las almas de nuestros
Para que se apaguen sus bienhechores,
llamas abrasadoras,
Por las almas que sufren
Para que un rayo de luz en aquellas llamas por
celestial ilumine sus culpa nuestra,
horrendas tinieblas, Por las almas de aquellos,
que en su vida nos
Para que sean hicieron sufrir,
consoladas en su triste
abandono, Por las almas más
desamparadas,
Para que alcancen alivio Por las almas que sufren
en sus penas y amargas mayores tormentos,
angustias,
Por las almas que están
Para que su tristeza se más cerca de entrar en el
cielo,
cambie en perpetua
alegría, Por las almas que durante
su vida te han amado más
Para que se mitigue su a ti y a tu divino Hijo,
ardiente sed de los
Por las almas de aquellos,
bienes eternos, que sufren hace más
tiempo,
Por todas las benditas Para que tus ojos
almas del purgatorio, maternales les echen
Por tu inefable una mirada de
misericordia, compasión,
Por tu inmenso poder, Para que las haga felices
Por tu maternal bondad, la vista de tu divino Hijo,

Por tu incomparable Para que por la


maternidad, contemplación de la
Por tus preciosas Santísima Trinidad sean
lágrimas, bienaventuradas,
Por tus acerbos dolores, Para que se haga cada
Por tu santa muerte, día más fervorosa
nuestra devoción a las
Por las cinco llagas de tu almas.
amado Hijo,
Por su sangre divina Para que se ofrezcan
derramada por nosotros, siempre más y más
oraciones, indulgencias
Por su dolorosísima y obras satisfactorias
muerte en el árbol de la para ellas,
Cruz,
Por qué se apliquen con Para que nosotros
abundancia a los recibamos el premio
difuntos las súplicas de eterno de nuestra
los vivos,
devoción a las almas,
Para que la gloriosa
legión de los santos las Para que las almas, que
socorra sin cesar, hayamos librado del
Para que los nueve coros purgatorio, hagan un día
de los ángeles las lo mismo con nosotros,
reciban con regocijo,
ORACIÓN
Oh Madre compasiva del Perpetuo socorro, mirad,
os ruego, a esas afligidas almas que la justicia de
Dios tiene sumergidas en las llamas del purgatorio.
Ellas son caros objetos del amor de vuestro divino
Hijo; ellas lo han amado durante su vida, y al
presente se abrazan en deseos de verle y poseerle;
pero no pueden romper sus cadenas por sí mismas,
ni salir del fuego terrible que las devora.
¡Conmueva vuestro tierno corazón la vista de su
dolor! Dignaos consolar esas almas que os aman y
suspiran sin cesar por Vos; son hijas vuestras,
mostrad que sois para ellas Madre del Perpetuo
Socorro. Visitadlas, mitigad sus penas, abreviad sus
sufrimientos y apresuraos a librarlas alcanzando
de vuestro divino Hijo les aplique los méritos
infinitos del santo sacrificio que por ellas se
celebra. Amén.

-Un credo por los devotos


PIADOSA DEVOCIÓN DIARIA EN HONOR
DE NUESTRA AUGUSTÍSIMA MADRE, LA
SANTÍSIMA VIRGEN DEL PERPETUO
SOCORRO
Para alcanzar su protección en
nuestras necesidades
ORACIÓN PREPARATORIA
Virgen Santísima, Madre de nuestro Señor
Jesucristo y madre nuestra, postrados
humildemente a vuestros pies, os rogamos por las
actuales necesidades que oprimen a nuestra patria
y a nuestros corazones. Vos ¡Oh Madre mía!
quisisteis ser llamada “Madre del Perpetuo Socorro”
como que sabias bien que vuestro Amorosísimo
Hijo, no os niega nada de cuanto le pidáis. Pedidle,
Madre Misericordiosísima, pedidle por vuestra
valiosa intercesión la gracia que hoy le pedimos, si
es para honra de Dios, gloria vuestra y bien de
nuestras almas. Amén. (Se pide la gracia)

OFRECIMIENTO DE LAS TRES SALVES


Compadeceos ¡Oh Madre amorosa! Compadeceos de
nuestras penas y aflicciones, pues nuestras débiles
fuerzas flaquean al sentir el peso enorme de
nuestras miserias y dolores.
-Por la espada del dolor que atravesó a vuestro
Santísimo Corazón, cuando encontrasteis a vuestro
queridísimo Hijo Jesús, en el camino del Calvario
con la Cruz a cuestas.
-Salve.

-Por la espada de dolor que atravesó a vuestro


amorosísimo Corazón, cuando colocaron en
vuestros brazos el Santísimo Cuerpo, herido y
ensangrentado de vuestro queridísimo Hijo,
después de ser crucificado por nuestros pecados.
-Salve.

-Por la espada de dolor que atravesó a vuestro


Corazón de Madre, cuando os fue quitado el
Santísimo Cuerpo de vuestro misericordiosísimo
Hijo Jesús, para ser depositado en el sepulcro.
-Salve.

Amorosísima Madre del Perpetuo Socorro, supla


vuestra bondad, la insuficiencia de estas mis
oraciones y dignaos presentárselas a nuestro
amado Salvador Jesús, como desagravios por tantas
penas y dolores que, por nosotros sufrió en su
Santísima Pasión y Muerte de Cruz, para que se
digne concedernos su paternal bendición, ahora y
en la terrible hora de nuestra muerte. Amén. Jesús.
DEPRECACIONES
Madre mía amantísima, en todos los instantes de mi
vida, acordaos de mí, miserable pecador. Ave
María.

Acueducto de las divinas gracias, concededme


abundancia de lágrimas para llorar mis pecados.
Ave María.

Reina de los cielos y tierra, sed mi amparo y


defensa en las tentaciones y a la hora de mi muerte.
Ave María.

Ilustre y querida hija de Joaquín y Ana, alcanzadme


de vuestro Santísimo Hijo, las gracias que necesito
para mi salvación. Ave María.

Abogada y refugio de pecadores, asistidme en la


hora de mi muerte, y abridme las puertas del cielo.
Ave María y Gloria.
CINCO MINUTOS EN COMPAÑÍA DE
NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO
SOCORRO
COLOQUIO
- Pobre hijo mío. A quien las penas y los
sufrimientos han amargado la existencia ¿Por qué
lloras?... ¿Qué te ocurre?... Acércate a mí con
confianza, ábreme tu corazón adolorido y dime tus
cosas, tus pesares y tus tristezas, seguro de que en
mi hallarás el consuelo a tus sufrimientos y el
bálsamo de tus males.
¿No soy tu Madre?... ¿No te amo tanto?... ¿En quién
mejor que en mí puedes depositar tus secretos y tus
anhelos? ¿Temes acaso que por tus pasados yerros
me haya olvidado de ti? ¿Crees por ventura que
una Madre pueda desoír los ruegos de un hijo
atribulado? ¿Olvidas que mi Hijo Jesús al entregar
su Santo Espíritu en manos del Creador me dejó la
misión de velar por la humanidad y ser mediadora
entre la tierra y el cielo? ¿Por qué has dilatado en
acercarte a mí?

Ven Hijo mío, ven a mí lleno de confianza, ábreme


tu corazón, pídeme con fé cuanto necesites, pero
hazlo sin tardar con la seguridad de que atenderé
tu ruego y alcanzarás de mí lo que mejor convenga
a tu tranquilidad y dicha. Pide, pide cuanto quieras,
que soy tu Madre y dispuesta estoy a concederte lo
que pidas, y al retirarte de mí altar, ve, hijo mío,
tranquilo y satisfecho. Y si otra vez los pesares y
sufrimientos vuelven a herir tu pobre corazón, no
vaciles, corre en mi busca y mi Corazón de Madre
tendrá para ti un raudal de inagotables consuelos,
de ternura y de amor. Ten fé en mis palabras y
serás dichoso, ábreme tu corazón y dispuesto estoy
a oírte.

ORACIÓN
Mírame ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Postrado a
tus plantas divinas. Vengo a ti con el alma
adolorida por el sufrimiento, pero llena de fé y de
confianza en tu bondad y misericordia infinita.
Óyeme Madre mía, escucha mi plegaria y
compadécete de este tu hijo que con el mar de
sufrimientos en que se agita, solo a Ti puede volver
sus miradas y solo en Ti puede cifrar sus
esperanzas. Olvida, Madre del Verbo eterno, que eh
sido inconstante en tu servicio, olvida que soy un
ingrato pecador y oye mi plegaria, acude Señora,
en mi auxilio y remedia mi gran necesidad, tiende a
mi tu omnipotente mano protectora y con tu
palabra conjura el mal que me amenaza.
Ampárame Señora y defiéndeme, eres el manto de
mis lágrimas, el consuelo de mis penas, el bálsamo
de mis dolores. Jamás eh acudido en vano
reclamando tu protección y ayuda, siempre eh
hallado en Ti el favor y la gracia que he pedido, y
como ayer y mañana como hoy, siempre satisfecho
de tu auxilio llegaré ante tu venerada imagen a
bendecir tu nombre y proclamar tus bondades. Con
cuánta razón, Oh Virgen Santa, se te llama bajo la
advocación sublime de Madre del Perpetuo Socorro.
Tu misericordia es inagotable y tu amor es infinito.
¡Ven a mí Oh Santa Madre del Creador, auxíliame,
protégeme y defiéndeme!

Tomado del Manual del Perpetuo Socorro


Colaboración de Iván Arellano
QUINCE MINUTOS ANTE LA
VIRGEN DEL PERPETUO
SOCORRO
La Virgen. - Ya vienes hijo mío, a estar a mi lado
otro cuarto de hora.

El alma. - Quiero, Madre mía ser fiel. Algo me


cuesta a veces llegar hasta aquí ¡está tan lejos!
¡llueve! ¡nieva! ¡hace un sol abrasador! Y luego mi
familia, mis negocios y… quiero ser franco contigo,
hasta mis diversiones… ¡No quiero que estés sola!

La Virgen. - ¡Oh hijo mío, si supieras la inmensa


alegría que experimento al abrir mis ojos y
contemplar siempre a mis hijos postrados a mis
pies! ¡Tengo tantas ansias de consolaros con mi
Perpetuo Socorro!... ¡Yo también los quiero tanto!...
una Madre suspira mucho por ver a su hijo, después
de largos años de ausencia, más suspiraba yo por
verte a ti. Por eso cuando llega tu hora, yo soy la
que te llamo, la que hablo al corazón, ¿te acuerdas
de aquella voz que te decía ¡Ánimo!? No hagas caso
del sol y de la lluvia, despide esa visita, ¡algo hay
que hacer por Dios y por la Virgen! Era mi voz ¡la
voz de tu Madre! ¡Oh alma queridísima, te amo
tanto!...

El alma. - ¿Cuánto me amas, Madre mía?

La Virgen. – Mira, no hay ni en el Cielo ni en la


tierra, palabras que puedan expresar el amor que
tengo. Figúrate un corazón en el cual se va
acumulando todo el amor que los ángeles y santos
tienen a Dios, todo el que las madres tienen a sus
hijos y los hijos a sus madres ¡Que corazón, que
amor! ¿no es verdad, hija mía? Pues bien, mi
corazón te ama más, muchísimo más,
incomparablemente más. Todo ese amor es sombra,
es hielo, es nada, comparado con el que yo tengo.
¡Solo Dios tu Padre, y yo tu Madre, te amamos de
verdad! ¡Pobrecito, si comprendieras esto!

El alma. - ¡Oh Madre mía, que dulces, que suaves


son tus palabras! Mi corazón desfallece de amor…
pero ¿es posible que me ames tanto?

La Virgen. – Créelo, hija mía, más firmemente que


cree en el calor del sol, en el cariño de tu propia
madre.
El alma. – Pero, Madre mía, soy una criatura tan
vil ¡polvo! ¡ceniza! ¡nada!

La Virgen. – Yo levanto los ojos sobre tu miseria y


solo veo en ti la criatura de Dios, el hijo de Dios, y
por eso te amo casi tanto como al mismo Dios.

El alma. – Pero… ¡he sido tan mala, he cometido


tantos pecados!...

La Virgen. – Eso no importa, te amo más. Tu eres el


precio de la sangre de mi Hijo, tu ere el hijo de mis
dolores ¡derramaré por ti tantas lágrimas!... y
¿Cómo quieres que no te ame? Si para tu salvación
fue menester que otra vez volviera al mundo y
muriera por ti, al mundo volvería y hasta el fin de
los tiempos estaría clavada en cruz.

El alma. - ¡Oh amor inmenso! ¡Oh amor casi infinito


como el de Dios! Yo también Madre mía, te amo, te
amo muchísimo.

La Virgen. – Y ¿Cuánto me amas?

El alma. – Madre mía, si yo fuera ángel, estaría


siempre, como esos dos ángeles que adornan tu
bendita imagen, mirándote, contemplándote,
cantándote, enamorado, cantares de amor.

La Virgen. – Hijo mío ¿nada más?

El alma. – Madre mía, si mi sangre se convirtiera


en aceite y mis huesos en cera, quisiera, como esas
lámparas y esas luces que iluminan tu altar,
consumirme a tus pies en amor tuyo.

La Virgen. – Hijo mío ¿nada más?

El alma. – Madre mía, si todos los poros de mi


cuerpo se convirtieran en lenguas, quisiera estar
repitiéndoos continuamente: “Madre mía, te amo, te
amo, Madre mía”.

La Virgen. – Hijo mío ¿nada más?

El alma. - ¡Oh Madre mía, si este corazón de carne


no sabe amar más! ¡Es tan pequeño, es tan ruin!
Mira, si yo fuera Dios, te amaría tanto, que haría
por ti lo mismo que el ha hecho, te haría mi madre,
mi hija, mi hermana, mi inmaculada, mi
corredentora, y mi Perpetuo Socorro.
La Virgen. – Hijo mío, eso es amor.

El alma. - ¿Sabes Madre mía, lo que quería decirte


también en este cuarto de hora que estoy hablando
contigo y pasa tan pronto?

La Virgen. - ¿Qué, Hijo mío?

El alma. – Que te doy gracias, pero desde lo más


hondo de mi corazón, por todos los favores que me
has dispensado en estos días y en toda mi vida
¿Quién los podrá encontrar? Más innumerables son
que las estrellas del cielo, que los átomos del aire,
que las gotitas del mar.

La Virgen. – Todos los bienes que has recibido


desde el primer momento de tu existencia hasta
hoy, y todos los que recibirás desde hoy hasta el
último suspiro, agradécelos a mi Perpetuo Socorro.
Mi Perpetuo Socorro es nube que detiene los rayos
de la divina justicia, es sol que inflama en el divino
amor, es lluvia que fecunda los corazones para que
produzcan frutos de virtudes, es rocío que templa
el ardor de las pasiones, es ejército de defensa
invencible contra el poderío del infierno, es canal
por el cual se derraman en el mundo todas las
gracias. ¡Oh, si los hombres conociesen el tesoro que
tiene en mi Perpetuo Socorro! ¿Qué sería de todos sin
mí? ¡Ni uno solo se salvaría! ¡todos sin remedio caerían
en los profundos abismos del infierno! Y, sin embargo,
¡que pocos lo creen, que pocos lo confiesan!

El alma. - ¡Oh Madre mía! Yo lo creo, lo confieso, lo


siento, lo palpo a todas horas del día. ¿te acuerdas de
aquellas tentaciones que me atormentaban? ¡Que
fieras, que abominables! Seducida, empujada por los
viles demonios, llegué hasta el borde del abismo, estuve
a punto de caer, pero me acordé de tu Perpetuo
Socorro, lo invoqué y se disiparon los espíritus
malignos como nubes empujadas por el huracán. 1Y en
cuantos otros peligros de pecar me eh visto en estos
días y de los cuales me ha sacado incólume tu Perpetuo
Socorro! ¡Hay tantos por esas calles! “y si no se puede
dar un paso sin tropezar con algún escollo de la
inocencia! Un libro malo cayó en mis manos… una
imagen peligrosa se ofreció a mis ojos… aquella amiga
me ofendió… pero tiré aquel libro… aparté los ojos…
corté aquella conversación… ¡Gracias! ¡Que felicidad
siente el alma después de haber obrado bien! ¿te
acuerdas también Madre mía, de aquella palabra que
me dijo mi madre, mi madre, mi amiga?...

La Virgen. – Todo lo sé, todo lo oigo, todo lo veo, hijo


mío.
El alma. - ¡Cuánto me amargó! Mi amor propio se
sublevó, quería replicar y contestar en el mismo
tono, pero me acordé de Jesús, manso y humilde de
corazón, y callé. ¡Gracias! En fin, Madre mía, yo
quiero ser un santuario viviente levantado en
acción de gracias a tu Perpetuo Socorro, quiero en
los sentidos, de mi cuerpo y en las potencias de mi
alma, suspender piadosos exvotos con esta
inscripción: Gracias recibidas por María. Si,
Perpetuo Socorro mío, porque mil y mil veces me
has sacado del infierno, gracias, porque me has
hecho nacer en el seno de la verdadera iglesia y me
has regenerado en las aguas del bautismo, gracias,
porque tantas veces me has llevado a purificarme
en las en las aguas de la penitencia, gracias, porque
tantas veces me has alimentado con el Cuerpo y la
Sangre de tu Divino Hijo, gracias, por las
tentaciones venidas, por los peligros evitados,
gracias, por las buenas obras que he practicado,
gracias, por los buenos pensamientos que han
pasado por mi inteligencia, gracias, por los
fervorosos deseos que ha abrigado mi corazón,
gracias, por las palabras edificantes que han
pronunciado mis labios, gracias, por los buenos
consejos que he dado, gracias, por todas las
oraciones que he rezado, gracias.
La Virgen. – No te canses, pobre alma, en
enumerar todos mis beneficios, es imposible. ¡Oh!
Cuando llegues al cielo, yo te recostaré sobre mi
corazón, te contaré la historia verdadera de tu vida,
y entonces lo verás todo, y una de tus mayores
alegrías será comprender la sabiduría, la grandeza,
la misericordia de mi Perpetuo Socorro.

La Virgen. – Y ahora ¿no tienes nada que pedirme?


Háblame con confianza, pídeme lo que quieras, que,
si es útil para tu salvación, todo te lo concederé. No
seas mezquino en tus peticiones, que mi
misericordia se extiende, como la de mi divino Hijo,
de generación en generación, y mi Perpetuo
Socorro abarca todo el mundo.

El alma. - ¡Tengo Madre mía, tantas cosas que


pedirte! Ante todo, alcánzame el perdón completo
de mis pecados. ¡Ay! Su recuerdo me aterra, su vista
em espanta ¿porqué habré pecado tanto?
¡Insensato! Pero ahora lo detesto, los aborrezco, me
arrepiento con todo mi corazón.

La Virgen. – Si amas mucho, como la penitente


Magdalena, también a ti, como a ella, se te
perdonarán muchos pecados.
El alma. - ¡Oh! Eso es lo único que deseo, ama a
Dios, amarle con todo mi corazón, amarle con
todas mis fuerzas, amarle con toda mi alma, y
sobre todo quiero amarle siempre, hasta mi último
suspiro, que muera diciendo arrepentido: “Dios
mío, te amo” para ir a repetir ese mismo grito de
amor en el cielo por siglos infinitos. ¡Amor y
perseverancia! ¡Perseverancia y amor!

La Virgen. - ¡Oh alma, querido hijo de mi corazón!


Repíteme, repíteme esa oración, no te canses de
repetírmela siempre, no pienses que me cansas e
importunas, que esa oración es a mis oídos más
grata que las melodías de los ángeles.

El alma. - ¡Oh Madre mía! Pues ¿Qué otra cosa


puedo desear que amar a Dios, a mi Padre, a mi
Criador, a mi Conservador, a mi Redentor, a mi
alimento y mi vida, a todo mi bien?

La Virgen. – Esa gracia o te la puedo negar, yo


haré que cada día ames a Dios, y si sigues
pidiéndola sin cesar, no le amarás hasta la muerte
y seguirás amándole allí en el cielo por toda la
Eternidad. Y ahora, para los demás ¿no pides
nada? ¿no te interesa la gloria de la Iglesia? ¿no
tienes familia? ¿y tus padres, tu esposa, o esposo,
tus hijos, tus hermanos? ¿no hay alguno que vaya
por caminos descarriados? ¿me aman todos en
derredor tuyo? ¿no tienes entre manos algún
negocio que te preocupe? ¿eres del todo feliz?
Cuéntamelo todo, dime el nombre de tus hijos, de
tus hermanos, de tus padres, parientes, para que los
acoja bajo mi Perpetuo Socorro, dime los beneficios
que tus amigos te hacen para recompensarlos, dime
la mala voluntad que tienen quizás algunos
enemigos, para convertirlos, dime los proyectos
que tienes, las cartas que recibes, dímelo todo ¿a
quien mejor que a tu Madre? Además, mira hijo
mío, ahí delante de tus ojos tienes unos papelitos,
unas esquelas, ahí las han depositado almas
atribuladas para quienes no hay más amor ni mas
remedio que mi Perpetuo Socorro. Son Viudas
desoladas, son esposas que lloran al ver turbada la
paz del hogar, son madres y padres que están
inconsolables por la conducta descarriada de sus
hijos, son doncellas que ignoran la voluntad de Dios
sobre ellas, son jóvenes que desean alguna
colocación para su carrera, son pobres enfermos
que sufren y agonizan, son familias enteras que me
aman y no tienen un mendrugo de pan. No tengas
hijo mío, corazón duro, si tu estuvieras en el mismo
caso ¿no te gustaría que los demás me dirigiesen
una plegaria por ti?

El alma. - ¡Oh Madre mía! Tantas penas, tantos


dolores desgarran mi alma. ¡Oh, si yo pudiera
aliviar tantas miserias! Pero tu lo puedes con tu
Perpetuo Socorro, consuela a las viudas, devuelve
la paz a los hogares cristianos, trae al buen camino
a los hijos descarriados, ilumina a esas doncellas,
guía y sostén a esos jóvenes, siéntate a la cabecera
de esos enfermos, y devuélveles la salud, si les
conviene, o dales la buena muerte y el cielo, y da el
pan de cada día a los que se glorían de ser hijos
tuyos. Haz, sobre todo, que todos te amen, y más
particularmente a aquellos que acuden a ti
diariamente, asístelos, Madre mía, con tu Perpetuo
Socorro. Y finalmente, a todas las almas del
Purgatorio, concédeles el descanso eterno.

-Tres aves María por todas estas intenciones.

El alma. – Y ahora, Madre mía, me voy, dadme tu


bendición, cúbreme bajo el mato bendito de tu
Perpetuo Socorro, pero volveré a ocupar mi puesto
apenas me llame tu voz querida. Entretanto, en
casa, en la calle, en los paseos, en los salones, por la
.
mañana y por la noche, no me cansaré de repetir:
“Seáis amada, seáis alabada, seáis invocada, seáis
eternamente bendita ¡Oh Virgen del Perpetuo
Socorro! Mi esperanza, mi Madre y mi vida.” Amén
Tomado del Manual del Perpetuo Socorro
Colaboración de Iván Arellano.
COLOQUIO PIADOSO ENTRE LA
VIRGEN Y EL ALMA EN LA SÚPLICA
PERPETUA
Con licencia eclesiástica

Tomado del Libro “La Súplica Perpetua, o media hora a los


pies de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro”, por un Padre
Redentorista. Con censura eclesiástica. Madrid, España. Año
1907.

La Virgen – Ya vienes, hija mía, a estar a mi lado otra


media hora.

El alma: Quiero, Madre mía, ser fiel a tu promesa que te


hice. Algo me cuesta a veces llegar hasta aquí; ¡está tan
lejos! ¡llueve! ¡nieva! ¡hace un sol abrasador! Y luego mi
familia, mis negocios y… quiero ser franca contigo, hasta
mis diversiones… Pero ¡te amo tanto!... ¡no quiero que estés
nunca sola!

La Virgen - ¡Oh hija mía!, ¡si supieras la inmensa alegría


que experimento al abrir mis ojos y contemplar siempre a
mis hijos postrados a mis pies! ¡Tengo tantas ansias de
consolarlos con mi Perpetuo Socorro!... Yo también los
quiero tanto!... Una madre suspira por ver a su hijo después
de largos años de ausencia; más suspiraba yo por verte a ti.
Por eso cuando llega tu hora, yo soy la que te llamo, la que
te hablo al corazón. ¿Te acuerdas de aquella voz que te
decía: ¡ánimo!, vete a la Súplica Perpetua, no hagas caso del
sol ni de la lluvia, despide esa visita, ¡ponte la mantilla! ¡algo
hay que hacer por Dios y por la Virgen!.. Era mi voz, la voz
de tu Madre! ¡Oh, alma queridísima, te amo tanto!
¡El alma: ¿Cuánto me amas Madre mía?

La Virgen – Mira, no hay en el Cielo ni en la tierra


palabras que puedan expresar el amor que te tengo…
Figúrate un corazón en el cual se va acumulando todo el
amor que los ángeles y santos tienen a Dios, todo el que las
madres tienen a sus hijos y los hijos a sus madres. ¡Qué
corazón!, ¡qué amor! ¿no es verdad, hija mía? Pues bien,
mi corazón te ama más, muchísimo más,
incomparablemente más. Todo ese amor es sombra, es
hielo, es nada, comparado con el que yo te tengo. Solo Dios,
tu Padre, y yo, Tu Madre, te amamos de verdad. ¡Pobrecita!
¡si comprendieras esto!.

El alma: ¡Oh Madre mía! ¡qué dulces, qué suaves son tus
palabras!, mi corazón desfallece de amor… Pero, ¿es
posible que me ames tanto?

La Virgen – Créelo, hija mía, más firmemente que crees


en el calor del sol, en el cariño de tu propia madre.

El alma: Pero, Madre mía, si soy una criatura tan vil,


¡polvo!, ¡ceniza!, ¡nada!.

La Virgen – Yo levanto los ojos sobre tu miseria y sólo


veo en ti la criatura de Dios, la imagen de Dios, la hija de
Dios, y por eso te amo casi tanto como al mismo Dios.

El alma: Pero… ¡he sido tan mala, he cometido tantos


pecados!
La Virgen – Eso no importa: te amo más. Tú eres el precio
de la sangre de mi Divino Hijo, tú eres la hija de mis dolores,
¡derramé por ti tantas lágrimas!... Y ¿cómo quieres que no te
ame? Si para tu salvación fuera menester que otra vez
volviera al mundo y muriera por ti, al mundo volvería y
hasta el fin de los tiempos estaría clavado en la cruz.

El alma: ¡Oh amor inmenso!, ¡oh amor incomprensible!, ¡oh


amor casi infinito como el de Dios! Yo también Madre mía,
te amo, te amo muchísimo.

La Virgen – Y ¿cuánto me amas?

El alma: Madre mía, si yo fuera ángel, estaría siempre como


esos dos ángeles que adornan tu bendita imagen,
mirándote, contemplándote, cantándote, enamorada,
cantares de amor.

La Virgen – Hija mía, ¿nada más?

El alma: Madre mía, si mi sangre se convirtiera en aceite y


mis huesos en cera, quisiera como esas lámparas y esas
luces que iluminan tu altar, consumirme a tus pies en amor
tuyo.

La Virgen – Hija mía, ¿nada más?

El alma: Madre mía, si todos los poros de mi cuerpo se


convirtieran en lenguas, quisiera estar repitiéndote
continuamente: “Madre mía, te amo; te amo, Madre mía”.

La Virgen – Hija mía, ¿nada más?


¡El alma: ¡Oh, Madre mía, si este corazón de carne no sabe
amar más!, ¡es tan pequeño!, ¡es tan ruin! Mira si yo fuera
Dios, te amaría tanto que haría por ti lo mismo que Él ha
hecho: te haría mi Madre, hija mía, mi hermana, mi
Inmaculada, mi Corredentora y mi Perpetuo Socorro.

La Virgen – Hija mía, eso es amor.

(Aquí puede el alma seguir haciendo actos de amor,


dejando hablar el corazón, llorando la ceguedad de
los pecadores que no la aman y lamentándose de
aquellos tiempos malditos en que ella tampoco la
amó).

El alma: ¿Sabe, Madre mía, lo que quisiera decirte en esta


media horita que estoy hablando contigo y que pasa tan
pronto?

La Virgen - ¿Qué, hija mía?

El alma: Que te doy gracias, pero desde lo más hondo de


mi corazón, por todos los favores que me has dispensado
en estos días y en toda mi vida. ¿Quién los podrá contar?
Más innumerables son que las estrellas del cielo, los
átomos del aire, que las gotitas del mar.

La Virgen – Todos los bienes que has recibido desde el


primer momento de tu existencia hasta hoy, y todos los
que recibirás desde hoy hasta tu último suspiro,
agradécelos a mi Perpetuo Socorro. Mi Perpetuo Socorro
es nube que detiene los rayos de la divina justicia, es sol
que inflama en el divino amor, es lluvia que fecunda los
corazones para que produzcan frutos de virtudes, es rocío
que templa el ardor de las pasiones, es ejército de defensa
invencible contra el poderío del Infierno, es canal por el
cual se derraman en el mundo todas las gracias. ¡Oh, si los
hombres conociesen el tesoro que tienen en mi Perpetuo
Socorro! ¡Qué sería de todos sin mí! ¡Ni un solo se salvaría!
¡Todos sin remedio caerían en los profundos abismos del
Infierno! Y sin embargo, ¡qué pocos lo creen! ¡qué pocos lo
confiesan!

El alma: ¡Oh, Madre mía! Yo lo creo, lo confieso, lo siento,


lo palpo a todas horas del día. ¿Te acuerdas de aquellas
tentaciones que me atormentaban? ¡Qué fieras! ¡qué
abominables! Seducida, empujada por los viles demonios,
llegué hasta el borde del abismo, estuve a punto de caer;
pero me acordé de tu Perpetuo Socorro, lo invoqué y se
disiparon los espíritus malignos, como nubes empujadas
por el huracán! Y en cuantos otros peligros de pecar me he
visto en estos días y de los cuales me ha sacado incólume
tu Perpetuo Socorro! ¡Hay tantos por esas calles!, ¡si no se
puede dar un paso sin tropezar con algún escollo de la
inocencia! Un libro malo cayó en mis mano… una imagen
peligrosa se ofreció a mis ojos… aquella amiga me
ofendió… pero tiré aquel libro… aparté los ojos… corté
aquella conversación… ¡Gracias! ¡Qué felicidad siente el
alma después de haber obrado bien! ¿Te acuerdas
también, Madre mía, de aquella palabra que me dijo mi
madre, mi hermana, mi amiga…?

La Virgen – Todo lo sé, todo lo oigo, todo lo veo, hija mía.


El alma: ¡Cuánto me amargó, mi amor propio se sublevó,
quería replicar y contestar del mismo tono; pero me acordé
de Jesús, manso y humilde de corazón, y callé. ¡Gracias!, en
fin, Madre mía, yo quiero ser un santuario viviente
levantado en acción de gracias a tu Perpetuo Socorro,
quiero en los sentidos de mi cuerpo y en las potencias de mi
alma suspender estos piadosos exvotos con esta inscripción:
“gracias recibidas por María”. Si, Perpetuo Socorro mío,
porque mil y mil veces me has sacado del Infierno; gracias,
porque me has hecho nacer en el seno de la verdadera
Iglesia y me has regenerado en las aguas del bautismo;
gracias, porque tantas veces me has llevado a purificarme
en las aguas de la penitencia; gracias, porque tantas veces
me has alimentado con el Cuerpo y la Sangre de tu Divino
Hijo; por las tentaciones vencidas, gracias; por los peligros
evitados, gracias; por los buenos pensamientos que han
pasado por mi inteligencia, gracias; por los fervoroso
deseos que ha abrigado mi corazón, gracias; por las
palabras edificantesque han pronunciado mis labios,
gracias; por los buenos consejos que he dado, gracias; por
todas las oraciones que he rezado, gracias.

La Virgen – No te canses, pobre alma, en enumerar todos


mis beneficios; es imposible. ¡Oh, cuando llegues al Cielo, yo
te recostaré sobre mi Corazón; Te contaré la verdadera
historia de tu vida y entonces lo verás todo, y una de tus
mayores alegrías será comprender la sabiduría, la bondad,
el poder, la grandeza, la misericordia de mi Perpetuo
Socorro.

(Aquí siga el alma, dando gracias a la Santísima Virgen, como su corazón lo


inspire, por todos los beneficios por Ella concedidos a la Iglesia, a todos los
santos, a todos los pecadores, a su patria, a su familia, etc.)
La Virgen – Y ahora, ¿nada tienes que pedirme? Háblame
con confianza, pídeme lo que quieras, que si es útil para tu
salvación, todo de lo concederé. No seas mezquina en tus
peticiones, que mi misericordia se extiende, como la de mi
Divino Hijo, de generación en generación, y mi Perpetuo
Socorro abarca todo el mundo.

El alma: ¡Tengo, Madre mía, tantas cosas que pedirte! Ante


todo alcánzame el perdón completo de mis pecados. ¡Ay!, su
recuerdo me aterra, su vista me espanta; ¿por qué habré
pecado tanto? ¡Insensata! Pero ahora lo detesto, lo
aborrezco, me arrepiento de todo corazón.

La Virgen – Si amas mucho, como la penitente Magdalena,


también a ti como a ella se te perdonarán muchos pecados.

El alma: ¡Oh, si eso es lo único que deseo, amar a Dios,


amarle con todo mi corazón, amarle con todas mis fuerzas,
amarle con toda mi alma!; y sobre todo quiero amarle
siempre, hasta mi último suspiro; que muera diciendo
arrepentida: “Dios mío, te amo”, para ir a repetir ese mismo
grito de amor en el Cielo, por los siglos infinitos. ¡Amor y
perseverancia! ¡Perseverancia y amor!

La Virgen - ¡Oh alma querida, hija de mi corazón!, repíteme,


repíteme esa oración, no te canses de repetírmela siempre,
no pienses que me cansas o importunas; que esa oración es
a mis oídos más grata que las melodías de los ángeles.

El alma: ¡Oh, Madre mía!, pues ¿qué otra cosa puedo desear
que amar a mi Dios, a mi Padre, a mi Creador, a mi
Conservador, a mi Redentor, a mi alimento y mi vida, a todo
mi bien?
La Virgen – Esa gracia no te la puedo negar; yo haré que
cada día ames a Dios, y si sigues pidiéndola sin cesar, le
amarás hasta la muerte y seguirás amándole aquí en el
Cielo por toda la eternidad. Y ahora, para los demás, ¿no
pides nada? ¿No te interesa la gloria de la Iglesia? ¿No
tienes familia? ¿Y tus padres, tu esposo, tus hijos, tus
hermanos? ¿No hay alguno que vaya por caminos
descarriados? ¿Me aman todos en derredor tuyo? ¿No
tienes entre las manos algún negocio que te preocupe?
¿Eres del todo feliz? Cuéntamelo todo, dime el nombre de
tus hijos, de tus hermanos, de tus parientes, para que los
acojas bajo mi Perpetuo Socorro; dime los beneficios que
tus amigos te hacen para recompensarlos; dime la mala
voluntad que te tienen quizás algunos enemigos, para
convertirlos; dime los proyectos que tienes, las cartas que
recibes, dímelo todo; ¿a quién mejor que a tu Madre?

(Aquí el alma entreténgase con la Virgen y pida por el Papa, por el


Obispo, por los religiosos y sacerdotes, por la familia, por todas las
necesidades espirituales y temporales; que este es un acto de caridad
muy del agrado de Dios y de su misericordiosísima Madre).

La virgen – Además mira, hija mía, ahí delante de tus ojos


tienes unos papelitos, unas esquelas; ahí los han
depositado almas de atribuladas para quienes no hay más
amor ni más remedio que mi Perpetuo Socorro. Son
viudas desoladas, son esposas que lloran al ver turbada la
paz del hogar, son madres que están inconsolables por la
conducta descarriada de sus hijos, son doncellas que
ignoran la voluntad de Dios sobre ellas, son jóvenes que
desean alguna colocación para su carrera, son pobres
enfermos que sufren y agonizan, son familias enteras que
me aman y no tienen un mendrugo de pan.
No tengas, hija mía, corazón duro: si tú estuvieras en el
mismo caso, ¿no te gustaría que los demás me dirijan una
plegaria por ti?

El alma: ¡Oh, Madre mía!, tantas penas, tantos dolores


desgarrarán mi alma. ¡Oh, si yo pudiera aliviar tantas
miserias! Pero Tú lo puedes con tu Perpetuo Socorro;
consuela a las viudas, devuelve la paz a los hogares
cristianos, trae al buen camino a los hijos descarriados,
ilumina a esas doncellas, guía y sostén la inocencia de esas
jóvenes, siéntate a la cabecera de esos enfermos y
devuélveles la salud si les conviene, o dales buena muerte
y el cielo, y da el pan de cada día a todos los que se glorían
de ser hijos tuyos. Haz, sobre todo, que todos te amen y
más particularmente los que te honran con la Súplica
Perpetua, asístelos tú, Madre mía, con tu Perpetuo Socorro.
Y finalmente, a todas las almas del Purgatorio, y en
especial a los Archicofrades difuntos, concédeles el
descanso eterno.

(Nueve Avemarías por todas estas intenciones)

El alma: Y ahora, Madre mía, me voy; dame tu bendición,


cúbreme bajo tu manto bendito de tu Perpetuo Socorro,
pero volveré a ocupar mi puesto, apenas me llame tu voz
querida. Entre tanto, en casa, en la calle, en los paseos, en
los salones, por la mañana y por la noche, no me cansaré
nunca de repetir: “Seáis amada, seáis alabada, seáis
invocada, seáis eternamente bendita, ¡Oh Virgen del
Perpetuo Socorro!, mi esperanza, mi Madre y mi vida”.
Amén.
Colaboración de Carlos Villaman
DÍA CATORCE DE MES
DEDICADO A NUESTRA SEÑORA DEL
PERPETUO SOCORRO
ORACIÓN
¡Oh Virgen Santa del Perpetuo Socorro!
convencidos de la necesidad que tenemos que, por
Vos, hemos venidos hoy, como otras tantas veces, a
ponernos bajo vuestro auxilio y protección. En ese
Corazón de Madre, lleno de amor para los hombres,
depositamos cuanto somos y cuanto nos pertenece.
Recibid María, os lo suplicamos, nuestro cuerpo con
sus sentidos, nuestra alma con sus potencias,
nuestros bienes de fortuna, nuestra salud, nuestras
enfermedades, nuestros gozos y nuestros pesares.
La honra, la fama, la gloria, las esperanzas y los
temores, todo, todo lo depositamos en Vos. ¡Oh
Virgen Santísima! Acogednos por completo, Dulce
Madre nuestra, pues estamos seguros de que, bajo
vuestro manto y protección, seremos felices y nada
tendremos que temer. Cuidadnos María,
principalmente durante este mes, de las acechanzas
del demonio, de las intrigas de nuestros enemigos,
y de cuantos males pudieran sobrevenir en el
cuerpo y alma. En Vos confiamos, para pasar
santamente este nuevo mes, y volver a cantar
vuestras alabanzas en este templo. Amén.

PRECES
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Ese nombre que
lleváis hace que mi corazón rebose en confianza
para con Vos, heme pues aquí a vuestros pies,
vengo a manifestaros todas las necesidades de mi
vida y las de mi muerte; vengo a invocar vuestro
maternal socorro para que me protejáis en todas
ellas. Dignaos Madre mía muy querida, escúchame
desde lo alto de los cielos.

-En todas mis -Si fuese un hijo pródigo,


dificultades, penas y endurecido y
miserias R/: Venid a mi encenegado en el vicio.
Socorro ¡Oh Madre de -Si viviere en la tibieza.
bondad! -Si tuviere la desgracia
de cometer un sacrilegio.
-En el momento
-Cuando me olvidare y
peligroso de la tentación.
descuidare de acudir a
-Si tuviere la desgracia
de pecar. Vos.
-Si algún funesto lazo me -Si alguna vez me alejare
cautivare en el servicio en vuestro santo
del demonio. servicio.
-Si tardare en -En la obligación de
convertirme. confesarme para que
felizmente cumpla con -Si la enfermedad
ella. afligiere mi cuerpo.
-En la obligación de -Si el pesar y la tibieza se
recibir la Santa apoderaran de mí.
Comunión para hacerlo -Si el mundo me hiciere
dignamente. sufrir.
-En todos los ejercicios -Si Dios me afligiere con
de un cristiano penas inferiores.
fervoroso. -Si la Providencia me
-Para que conserve y probare con reveces de
recobre la castidad. fortuna.
-Para que adquiera la -Si encontrase en mi
humildad. propia familia motivos
-Para que logre amar a de aflicción.
Dios con todo mi -Contra las seducciones
corazón. del mundo, las
-Para que me conforme compañías peligrosas y
en todo con su santa libros perniciosos.
voluntad. -Si fuese humillado,
-En todos mis contrariado o
pensamientos, acciones y maltratado.
negocios. -Para que procure la
-Para que cumpla libertad de las almas del
fielmente todas las purgatorio.
obligaciones de mi -Para que coopere a la
estado. salvación de los
pecadores. -Para que os haga amar
-Para que alcance la y servir de muchos
gracia de la cristianos. R/: Venid a
perseverancia final. mi Socorro ¡Oh Madre
-Para que nunca me de bondad!
olvide de pedir de esta
gracia. -Madre del Perpetuo
-Cuando llegue mi última Socorro, proteged
enfermedad. también a todos los que
-Cuando esté próximo a amo: el Santo Padre, a la
la muerte. Iglesia, a mi Patria, a mi
-En las últimas familia, a mis amigos y
tentaciones que enemigos, a todos los
procedan y acompañen a pecadores, y en fin a las
mi agonía. almas del purgatorio.
-Al exhalar mi último R/: Venid a mi Socorro
suspiro. ¡Oh Madre de bondad!
-Cuando me presente a
vuestro Hijo para ser
juzgado.
-Si estuviese padeciendo
en el purgatorio.
-En todo tiempo y en
todo lugar siempre.
-Para que ame a
Jesucristo.
Sea amada, sea alabada, sea invocada, sea
eternamente bendita ¡Oh Virgen del Perpetuo
Socorro! mi esperanza, mi amor, mi Madre, mi
refugio y mi vida. Amén.

-Se reza una Salve por las ánimas benditas del


Purgatorio, y especialmente por aquellas que
fueron más devotas de la Santísima Virgen.

Bendita sea tu pureza


y eternamente lo sea,
pues todo un Dios se recrea
en tan graciosa belleza.

A Ti, celestial Princesa,


Virgen Sagrada María,
yo te ofrezco en este día
alma, vida y corazón.

Mírame con compasión,


no me dejes, Madre mía.

Con Licencia Eclesiástica


Septiembre, año de 1977
TERCER DOMINGO DE MES
CONSAGRADO A NUESTRA SEÑORA
DEL PERPETUO SOCORRO
CONSAGRACIÓN A NUESTRA SEÑORA DEL
PERPETUO SOCORRO
(Que ha de renovarse todos los meses, después
de la comunión o durante el día)

¡Oh María! ya que, para inspirarme confianza,


habéis querido llamaros Madre del Perpetuo
Socorro, yo N. N. aunque no merezco pertenecer al
dichoso número de vuestros siervos, deseando, sin
embargo, participar de los copiosos efectos de
vuestra misericordia, postrado ante vuestro trono,
os consagro mi entendimiento, para que piense
siempre en el amor que merecéis, os consagro mi
lengua, para que alabe vuestras excelsas
prerrogativas, y propague vuestra devoción, y os
consagro mi corazón, para que os ame, después de
Dios, sobre todas las cosas. Recibidme ¡Oh gran
Reina! en el afortunado número de vuestros
siervos, acogedme bajo vuestra protección,
socorredme en todas mis necesidades espirituales,
y especialmente en los grandes peligros de mi
agonía ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Sabiendo
yo que me amáis más de lo que yo mismo me amo,
os constituyo Señora y Dueña absoluta de todas mis
cosas y de mi vida, para que, como de cosa vuestra,
dispongáis de mí y de cuanto me pertenece como os
agrade. Bendíceme ¡Oh Madre mía! y con vuestra
poderosa intercesión, fortaleced mi flaqueza, a fin
de que, sirviéndoos fielmente en esta vida, pueda
alabaros, amaros y daros gracias en el cielo por
toda la eternidad.

Jaculatoria: ¡Oh Madre del Perpetuo! Rogad por mí.


Sea amada, sea alabada, sea invocada, sea
eternamente bendita ¡Oh Virgen del Perpetuo
Socorro! mi esperanza, mi amor, mi Madre, mi
refugio y mi vida. Amén.

CONSAGRACIÓN A SAN ALFONSO


¡Oh celosísimo Doctor de la Iglesia, San Alfonso! Yo,
N. N. aunque indigno de ser vuestro siervo, animado
de vuestra gran bondad y del deseo de serviros, en
presencia de la Santísima Trinidad, del Ángel de mi
guarda y de toda la corte celestial, os reconozco por
Padre, Maestro y especial Abogado mío, después de
María Santísima, y propongo firmemente serviros
siempre y hacer cuanto me
sea posible para que de otros seáis también servido.
Por lo cual os suplico que, por el amor que tenéis a
Jesús y a María, me recibáis en el número de
vuestros devotos, y me protejáis como a siervo
vuestro. Alcanzadme la gracia de imitar vuestras
virtudes, y adelantarme así en la senda de la
perfección cristiana. Obtenedme especialmente la
gracia del desprendimiento de todas las criaturas,
una tierna y constante devoción a Jesús
Sacramentado y a María Santísima, el espíritu de
oración y un deseo ardiente de la salvación de mi
alma.

Acepta esta mi voluntaria servidumbre. Asistidme


durante mi vida y particularmente en la hora de mi
muerte, para que, después de haberos honrado y
servido sobre la tierra, merezca gozar con Vos en el
reino de los Cielos por toda la eternidad. Amén.

Tomado del Manual del Devoto del Perpetuo Socorro


Colaboración de Iván Arellano
TRIDUO A NUESTRA SEÑORA
DEL PERPETUO SOCORRO
Román Araujo, Editor. Alcaicería núm. 17. Apartado Postal Numero 143.
México, Año 1893.

ACTO DE CONTRICION
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero,
Creador Padre y Redentor mío, he aquí a vuestros
pies a un pobre pecador, que tanto ha entristecido
vuestro amante corazón. ¡Ay!, amable Jesús, ¿cómo
he podido ofenderos y llenar de amargura ese
corazón que me ama tanto y nada ha perdonado
para conseguir mi amor? ¡Cuán grande ha sido mi
ingratitud! Mas, ¡oh Salvador mío!, consolaos,
consolaos, os diré que ahora me hallo arrepentido:
tanta pena experimento por los disgustos que os he
causado, que quisiera morir de puro dolor y
contrición, ¡oh mi Jesús! ¡quién me diera llorar el
pecado como Vos lo habéis llorado en vuestra vida
mortal! Me pesa en el alma de haberos ofendido.
Padre Eterno, en satisfacción de mis culpas, os
ofrezco la pena y el dolor que por ellas ha sentido
el Corazón de Vuestro Divino Hijo. Y vos ¡oh
amoroso Jesús!, dadme tal terror del pecado, que en
adelante me haga evitar aun las faltas más ligeras.
Lejos de mi corazón, afectos terrenales; yo no
quiero amar sino a mi bondadoso Redentor. ¡Oh
Jesús mío! Ayudadme, fortalecedme y perdonadme.

-Madre mía del Perpetuo Socorro, interceded por


mí y alcanzadme el perdón de mis pecados.
ORACION PARA TODOS LOS DIAS
¡Oh Santísima Virgen María!, que, para inspirarnos
una confianza sin límites, quisisteis formar el
dulcísimo nombre de Madre del Perpetuo Socorro,
yo os suplico me socorráis en todo tiempo y en todo
lugar; en mis tentaciones, después de mis caídas; en
mis dificultades, en todas las miserias de la vida, y
sobre todo en el trance de la muerte. Concededme,
¡oh amorosa Madre!, el pensamiento y la costumbre
de recurrir siempre a Vos; porque estoy cierto de
que si soy fiel en invocaros. Vos seréis fiel en
socorrerme. Obtenedme, pues, esta gracia de las
gracias, la de acudir a Vos sin cesar con la
confianza de un hijo, a fin de que, por la virtud de
mi súplica constante, obtenga vuestro perpetuo
socorro y la perseverancia final. Bendecidme, ¡oh
tierna y cuidadosa Madre!, y rogad por mí ahora y
en la hora de mi muerte. Así sea.

PRIMER DIA
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro!, he aquí a vuestros
pies, un pobre pecador que a Vos recurre y en Vos
confía. ¡Oh Madre de misericordia!, tened piedad de
mí; oigo que todos os llaman Refugio y Esperanza
de los pecadores: sed, pues mi refugio y mi
esperanza. Socorredme por amor a Jesucristo:
Dad la mano aun infeliz caído que a Vos se
encomienda y se os consagra como siervo perpetuo.
Bendigo y doy gracias a Dios que por su
misericordia me ha inspirado esta confianza en
Vos, la cual yo tengo por prenda de mi eterna
salvación. ¡Ah! Yo, miserable, ¡he caído hasta ahora
tantas veces por no haber acudido a Vos! Sé que
con vuestro socorro venceré; sé que me auxiliareis,
si a Vos me encomiendo; pero temo que en las
ocasiones peligrosas deje de invocaros y así me
pierda. Esta gracia, pues, os pido; sí,
encarecidamente os suplico que en los asaltos del
infierno siempre recurra a Vos y os diga: María,
ayudadme, Madre del Perpetuo Socorro, no
permitáis que pierda a mi Dios.
Cinco Ave Marías.

V. Nos habéis sido dada, Señora, como refugio.


R. Como auxilio oportuno en la tribulación.

ORACION
Dios Omnipotente y misericordioso, que nos disteis
a venerar la Imagen de vuestra bienaventurada
Madre, bajo el título especial del Perpetuo Socorro,
concedednos propicio que, en todas las vicisitudes
de nuestra peregrinación en esta vida, seamos de
tal manera asistidos por la continua protección de
la misma Inmaculada y siempre Virgen María, que
merezcamos conseguir los premios de vuestra
eterna redención. Vos que vivís y reináis por los
siglos de los siglos. Amén.

SEGUNDO DIA
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro!, concededme que
yo pueda siempre invocar vuestro poderosísimo
Nombre, ya que Vuestro Nombre es el socorro del
que vive, y la salvación del moribundo. ¡Ah! María
purísima, María dulcísima, haced que vuestro
nombre sea de hoy en adelante el aliento de mi
vida. Apresuraos, Señora, a socorrerme cada vez
que os llame, pues en todas las tentaciones que me
asalten, y en todas las necesidades que me agobien,
jamás quiero dejar de llamaros, repitiendo siempre:
¡María, María! ¡Qué fortaleza, qué dulzura, qué
confianza, qué ternura siente mi alma con sólo
invocaros, con sólo pensar en Vos! Agradezco al
Señor que para bien mío os ha dado ese nombre tan
dulce, tan amable y tan poderoso. Mas no me
contento con pronunciar solamente vuestro
Nombre, quiero pronunciarlo con amor, quiero que
el amor me recuerde que siempre debo llamaros:
Madre del Perpetuo Socorro.

-Cinco Ave Marías. (Y todo lo demás como el


primer día)
TERCER DIA
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Vos sois la
dispensadora de todas las gracias que Dios nos
concede a nosotros miserables. Si Él os ha hecho tan
poderosa, tan rica y tan benigna, es para que nos
socorráis en nuestras miserias. Vos sois la abogada
de los reos más miserables y abandonados que a
Vos acuden: socorredme, pues, a mí, ya que a Vos
me encomiendo. En vuestras manos pongo mi
eterna salvación, a Vos entrego mi alma. Contadme
en el número de vuestros siervos predilectos,
acogedme bajo vuestra protección y esto me basta;
sí, porque si Vos me socorréis, nada temo; no temo
mis pecados porque Vos me obtendréis el perdón;
no temo los demonios porque Vos sois más
poderosa que todo el Infierno; no temo ni al mismo
juez Jesucristo, porque a una súplica vuestra Él se
aplaca. Sólo temo que por mi negligencia deje de
encomendarme a Vos y así me pierda. Alcanzadme,
Señora mía, el perdón de mis pecados, el amor a
Jesucristo, la perseverancia final, y la gracia de
acudir siempre a Vos ¡oh Madre del Perpetuo
Socorro!

-Cinco Ave Marías. (Y todo lo demás como el


primer día)

Su Santidad Pío IX concedió a cada una de estas tres oraciones, en 17


de mayo de 1866, cien días de indulgencia, una vez al día, aplicable
a las almas de Purgatorio.
NOVENA BREVE A NUESTRA
SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO
Con Licencia Eclesiástica

ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS


DÍAS
Virgen Santísima, socorro perpetuo de las almas
que se acogen a Tu amor maternal: dígnate pedir
por mí a Tu santísimo Hijo y Señor nuestro
Jesucristo, para que le sean agradables todos mis
pensamientos, palabras y acciones de este día y
toda mi vida. Acepta, ¡Oh, tierna madre mía! el
corto obsequio que te ofrezco en esta Novena, y
alcánzame el favor que en ella te pido, si conviene
para mayor gloria y honra Tuya y bien de mi alma.
Amén.

DÍA PRIMERO
Jesucristo quiere que en nuestros trabajos
acudamos a Nuestra Señora del Perpetuo
Socorro.
Levanta la vista ¡oh cristiano! y contempla a la
Virgen del Perpetuo Socorro. Mira al Niño Jesús,
que con sus manecitas temblorosas toma y estrecha
la mano de su tierna Madre. ¿Qué ha sucedido? Que
dos ángeles le presentan los instrumentos de su
futura Pasión, y que al verlos el adorable infante se
llena de espanto, y busca en su dulce Madre
protección y amparo. Con lo cual quiere decirte
que, a imitación suya, debes tu también buscar
siempre en María el socorro perpetuo en medio de
las aflicciones de la vida presente.
Medítese y pídase con 9 Avemarías la gracia que
se quiera alcanzar en esta Novena.

ORACIÓN: ¡Oh Salvador mío, Jesucristo! Al


contemplarte en brazos de Tu Madre, veo que en
medio de Tu santo temor Te abrazas con Ella y me
decís a mí que te imite, recurriendo yo también a la
que es mi perpetuo socorro. Quiero, pues,
entregarme a Ella sin restricción alguna. ¡Oh María!
Dios ha querido honrarte, comunicando al culto de
Tus imágenes virtud milagrosa. Inspírame ¡oh
Madre del Perpetuo Socorro! confianza ilimitada en
Tu poderosa bondad.

PRÁCTICA: Hacer esta Novena con fervor.

DÍA SEGUNDO
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro quiere
que acudamos a Ella en todas nuestras
necesidades.
Vemos que la Virgen Santísima del Perpetuo
Socorro, cuando el Niño Jesús estrecha su mano, en
vez de volver sus miradas a Él las vuelve a
nosotros. Sin duda quiere así mostrarnos su
ardiente deseo que acudamos a Ella. Con esta tierna
y amorosa mirada nos esta, pues diciendo a todos:
Yo soy Madre de Dios, pero también soy Madre
tuya. ¿Qué mayor deseo puede tener una madre
que el de ayudar y so-correr a sus hijos? Vengan,
pues, hijos míos, a mí. Acudan a mí en todas sus
necesidades y miserias; en sus penas, en sus
desfallecimientos, en sus dudas; y si alguna vez
llegan, por desgracia, a caer, después de la caída
vengan: yo soy la Madre del Perpetuo Socorro; yo
los consolaré, yo te confirmare, te defenderé, y te
conduciré a la Patria bienaventurada del cielo.

-Medítese y pídase con 9 Avemarías

ORACIÓN: ¡Oh dulce Madre mía! Si en Vos no viese


yo mi perpetuo socorro, mis pecados me inducirían
a temer que no hay misericordia para mí. Pero Vos
sos la misericordia perpetua: después de Dios, en
Vos quiero poner toda mi confianza, y desde ahora,
me propongo acudir siempre a Vos en todas mis
necesidades. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro.
dígnate socorrerme en todo tiempo y en todo lugar,
en mis tentaciones y dificultades, en todas las
miserias de esta vida, y sobre todo en la hora de la
muerte.

PRACTICA: Invocar con frecuencia a Nuestra


Señora del Perpetuo Socorro durante la Novena.
DÍA TERCERO
Venerar a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro
es medio seguro para conseguir todos los
tesoros del cielo.
Consideremos cada una de las palabras de esta
advocación: Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.
María es Señora, es decir, Madre de Dios, Reina
poderosa del cielo y de la tierra. María es nuestra:
nuestra, por ser Madre del Redentor de los
hombres, Abogada de los pecadores, Madre de
misericordia y Corredentora; y nuestra, sobre todo,
por su maravillosa ternura de Madre. María es
nuestro socorro, porque con el nos libra de la
mayor de las desgracias de esta vida, o sea del
pecado María vela por nosotros, quita las ocasiones
y disminuye la vehemencia de las tentaciones;
María conserva en sus hijos, la gracia santificante y
el amor de Dios, y les consigue la perseverancia;
María suaviza nuestras penas temporales y
espirituales. Por último, es María nuestro socorro
perpetuo, porque nos socorre a todas horas y en
todos los instantes. Es nuestro socorro en el
momento oportuno, en el formidable trance de la
muerte y en medio de las llamas del Purgatorio.

-Medítese y pídase con 9 Avemarías

ORACIÓN ¡Oh Señora Nuestra, Madre del Perpetuo


Socorro! ¡Cuántos tesoros de gracias y bendiciones
proporcionáis a los individuos y a las familias que a
Vos se consagran ¡Oh Madre mía! Dignaos
recibirnos a todos como a hijos vuestros y
derramar sobre todas las familias de los que
estamos aquí vuestros insignes favores.

PRÁCTICA: Introducir cada vez más en la


respectiva familia la costumbre de recurrir
familiar y continuamente a Nuestra Señora del
Perpetuo Socorro.

DÍA CUARTO
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro ayuda a
sus devotos a salir del pecado.
Uno de los principales oficios en que ejercita su
solicitud Nuestra Señora del Perpetuo Socorro es el
de sacar a las almas del pecado. A la manera como
una madre llora y gime sobre el cadáver de su hijo,
a quien desearía poder resucitar, María siente
ardentísimos deseos de que vuelvan los pecadores
a la vida de la gracia. Su gran ocupación consiste en
interceder por ellos sin cesar; y Ella se gloria en ser
su infatigable Abogada y en alcanzarles la gracia
de la verdadera conversión, con tal que tengan al
menos el deseo sincero de salir del pecado y que
acudan a Ella pidiéndole la fuerza necesaria para
romper las cadenas con que los tiene esclavizados
la culpa. (Medítese y pídase con 9 Avemarías)

ORACIÓN: ¡Oh misericordiosa Abogada y refugio


de los pecadores ¡Mucho he ofendido a Dios! En Tus
manos pongo mi salvación eterna. ¡Oh Madre del
Perpetuo Socorro! Haz que no vuelva ya a tener la
inmensa desgracia de corresponder con vil
ingratitud a Tus continuos favores. Alcánzame de
Tu Hijo la gracia de una conversión sincera, para
que en adelante le ame con todo mi corazón.

PRACTICA: Rogar a Nuestra Señora del Perpetuo


Socorro que nos veamos libres de todo pecado y
que no reincidamos en nuestras culpas.

DÍA QUINTO
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro defiende a
sus devotos en las tentaciones.
La vida del cristiano sobre la tierra es una lucha
constante. Rodeados estamos de enemigos por
doquiera; de enemigos de todas clases, que se
conjuran contra nosotros, maquinando nuestra
perdición y ruina; ¿quién nos defenderá en medio
de tantos peligros? La que continuamente vela por
sus hijos: Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, que
por sí sola es más terrible que un ejército puesto en
orden de batalla; la que es torre de David, fortaleza
inexpugnable, de la cual penden mil escudos,
armadura de los fuertes, y al mismo tiempo Madre
nuestra; Madre tan tierna y amorosa, que más
desea Ella concedernos su so-corro, que nosotros
alcanzarlo.
-Medítese y pídase con 9 Avemarías

ORACIÓN: ¡Oh María! Si he tenido la desgracia de


pecar, yo mismo he sido el autor de esta desgracia.
¡Ah! Si yo Te hubiera invocado, Vos hubieses
acudido en mi socorro y yo no hubiera caído. Haz,
Madre mía, que en la hora del peligro me acuerde
de Vos y Te invoque diciendo: ¡Madre mía,
socórreme! Así saldré con la victoria.

PRÁCTICA: Recurrir a Nuestra Señora del Perpetuo


Socorro en cuanto asome la tentación.

DÍA SEXTO
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro asiste a
sus devotos en todas las necesidades y trabajos
de la vida.
Nuestra naturaleza tiene horror a las
contradicciones y trabajos de esta vida los cuales
son, empero, favores señalados que Dios hace a las
almas que le aman. La verdadera sabiduría consiste
en descubrir los tesoros inestimables de méritos
que se hallan encerrados en las humillaciones y en
los trabajos. ¿Quién, pues, nos dará a conocer este
tesoro? María Santísima, la Reina de los mártires.
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, que pasó toda
su vida entre penas y dolores, nos enseñará, con su
ejemplo, que en este valle de lágrimas la cruz es la
herencia de los elegidos y nos hará más llevaderos
los trabajos de este penoso destierro.

-Medítese y pídase con 9 Avemarías

ORACIÓN: ¡Oh María, Madre y Señora nuestra del


Perpetuo Socorro! ¿Cómo quejarme de mis trabajos,
cuando considero Tus acerbos dolores? Vos sos
verdadera Madre de Dios, y Tu vida fue vida de
dolor y sufrimiento: quiero, pues, aceptar con
resignación, al menos, todas las penas que Dios me
envíe. Alcánzame, Madre mía, la gracia de no
quejarme nunca en mis trabajos.

PRÁCTICA: Recurrir en todas mis penas a Nuestra


Señora del Perpetuo Socorro.

DÍA SÉPTIMO
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro ampara a
sus devotos en la hora de la muerte.
El instante solemne en que morimos decide de
nuestra suerte feliz o desgraciada por toda una
eternidad. Esa es la hora en que el demonio
despliega toda su astucia y todas sus fuerzas para
ver de ganar una nueva alma. Pero no
desmayemos: tengamos con-fianza, porque esa
también es la hora de Nuestra Señora del Perpetuo
Socorro. No en balde dice tan a menudo todo fiel
cristiano: Santa María Madre de Dios, ruega por
nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra
muerte. Allí estará, pues, a nuestro lado, a la hora
de la muerte, para que podamos pasar felizmente
del tiempo a la eternidad.

-Medítese y pídase con 9 Avemarías

ORACIÓN: ¡Oh María! cuando pienso en las


angustias de mi última hora tiemblo y me siento
lleno de confusión. No me abandones, Madre mía,
en tan críticos momentos: concédeme la gracia de
que te invoque entonces con mas fervor que nunca,
a fin de expirar con Tu dulcísimo nombre y el de Tu
Santísimo Hijo en los labios.

PRÁCTICA: Encomendar cada uno su muerte a


Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

DÍA OCTAVO
Nuestra Señora del Perpetuo Socorro auxilia a
sus devotos en el Purgatorio
Muy dignas son de compasión las almas del
Purgatorio, porque padecen tormentos atroces y no
pueden ayudarse a sí mismas; pero María las
socorre con la más tierna misericordia. La
Santísima Virgen alivia a aquellas almas tan
queridas, rogando por ellas, y a veces hasta
desciende a aquel lugar de tormentos para consolar
y confortar a sus fieles siervos; más aun: su
poderosa y maternal intercesión se emplea en
abreviar el tiempo de sus penas y en librarlas de
aquel fuego purificador.

-Medítese y pídase con 9 Avemarías

ORACIÓN: ¡Oh María! ¡Cuántos pecados he


cometido en todo el curso de mi vida, y cuán escasa
ha sido mi penitencia! ¡Oh cuán largo y cuán
terrible habrá de ser para mí el Purgatorio, si Vos
no me otorgáis Tu auxilio! En Vos pongo toda mi
confianza. ¡Oh Virgen del Perpetuo Socorro!
postrado a Tus pies Te suplico me obtengas la
gracia de no caer ni aun en las más leves faltas, y la
de expiar todos mis pecados en esta vida. Espero
que no me niegues este favor.

PRÁCTICA: Rogar a Nuestra Señora del Perpetuo


Socorro por las almas del Purgatorio.

DÍA NOVENO
Consagrarse a Nuestra Señora del Perpetuo
Socorro y servirla con fidelidad es hacer cierta
la perseverancia.
En este día consagrémonos a María; y para esto
hagamos por Ella lo que Ella hace por nosotros.
María nos ama; pues amémosla nosotros. ¡Que
honra la nuestra amar a la Madre de Dios!
Amémosla, entregándonos a Ella con entera
confianza, por ser nuestra verdadera Madre. María
es nuestra bienhechora; es nuestro perpetuo
socorro. Por nuestra parte, prometámosle recurrir
constantemente a su misericordia; prometámosle
sinceramente perseverar en nuestro el ejercicio o
practicas diarias de devoción en honor suyo, y
experimentaremos cuan cierta es esta sentencia:
que el verdadero devoto de María no puede
condenarse.

-Medítese y pídase con 9 Avemarías

CONSAGRACIÓN A MARÍA: ¡Oh Madre del Perpetuo


Socorro! Yo Te consagro mi cuerpo con todos sus
sentidos, y mi alma con sus potencias. De aquí en
adelante quiero servirte con fervor, invocarte sin
cesar y trabajar por ganar corazones que te amen.
¡Oh Madre mía! Haz que no pase día alguno de mi
vida sin que Te invoque con amor filial.

PRÁCTICA: Encomendar nuestra perseverancia a


Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.
NOVENA DE LA GRACIA
O
DE LOS NUEVE MARTES
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Oh Santísima Virgen María, que para inspirarnos ilimitada
confianza en Vos, habéis querido llamaros y ser para
nosotros Perpetuo Socorro en todas las necesidades y
tribulaciones de la vida! A Vos, que sois la Omnipotencia
suplicante, recurrimos por medio de esta Novena de
Martes, día a Vos especialmente consagrado, para alcanzar
el remedio de la necesidad en que nos hallamos y la gracia
especial que solicitamos, si es para mayor gloria de Dios,
honra vuestra y bien de nuestras almas. Amén.

MARTES PRIMERO
Viene del Oriente
El Oriente es el lugar donde Dios ha puesto sus ojos con
predilección especial. En Oriente colocó el origen de la raza
humana y el paraíso terrenal. En Oriente desarrolló el
pueblo escogido, que había de conservar las revelaciones
de Dios. En el Oriente hubo ciudades maravillosas,
asombro de arqueólogos y de sabios: Jerusalén, Babilonia,
Nínive, Pekín. Del Oriente vino la seda, las maderas
incorruptibles, las especias aromáticas. Del Oriente vienen
las perlas: nácar, marfil, diamante. Del Oriente viene la luz:
la luz material que nos trae el sol en su carro de fuego y la
luz espiritual que nos trae Jesús. Del Oriente viene también
la Virgen del Perpetuo Socorro. Su origen se remonta al
Siglo XII. Es una copia de la famosa Hodiguitria o de la
Strastnaia. El Cuadro del Perpetuo Socorro viene del
Oriente como resumiendo todas
las riquezas que el Oriente representa para nosotros: el
consuelo, la luz, la abundancia. ¡Oh Virgen del Perpetuo
Socorro! todo lo encuentro en tu Cuadro. Por eso vengo a Ti en
esta Novena de Martes. Oyeme, socorreme, sálvame.

-Pida cada quien la gracia que desee conseguir de nuestra


Madre del Perpetuo Socorro en este Martes.

-A estas intenciones vamos a rezar tres Avemarías.

ORACIÓN FINAL
Mi amantísima Madre y Madre de todos los necesitados, que en
vuestra portentosa Imagen sois la Dispensadora de todas las
gracias, socorrednos en todas las necesidades espirituales y
temporales que nos afligen, y pues sois nuestra Madre,
alcanzadnos el perdón de nuestras culpas, la perseverancia en
el servicio de Dios y el favor especial que pedimos en este
Martes, si ha de ser para gloria de Dios y vuestra y además
para bien de nuestras almas. Amén.

MARTES SEGUNDO
A Roma
Viene la Virgen del Perpetuo Socorro de Creta, la isla que
guardara el joyel oriental de su Perpetuo Socorro. De Creta
pasa por Mesina y por Capri y llega al puerto de Ostia. De allí a
Roma. ¿Por qué la Virgen del Perpetuo Socorro escoge Romna?
Porque quería que su Perpetuo Socorro encontrara allí su
poderío universal, y eso significaba Roma. Los antiguos
romanos la llamaban: Roma eterna. Esa eternidad de poder la
condensaban en una frase que decía: Acuérdate, oh romano,
que imperarás sobre los pueblos. Junto a esa aureola política, el
poderío espiritual. Por mandato de Jesús, San Pedro Ileva a
Roma su Credo y establece allí su Cátedra. Desde allí se
extiende la Iglesia de Jesús: una, santa, católica y apostólica, es
decir, la iglesia
universal, la iglesia verdadera. La Virgen del Perpetuo
Socorro escoge Roma para establecer desde allí su señorío
universal. Universal por su culto. No quiere un templo, ni
una sola iglesia; quiere que en todas las iglesias aun las
más pobres se le rinda culto. Universal por su difusión. En
todas las naciones se venera e invoca su Perpetuo Socorro.
Universal en el tiempo. Y ese culto se extenderá a todas las
generaciones venideras. El culto del Perpetuo Socorro va
creciendo como el grano de mostaza de que nos habla el
evangelio. Dijo Jesús: Cuando fuere levantado entre el
cielo y la tierra todo lo atraeré a Mí. ¿No puede decir lo
mismo la Virgen del Perpetuo Socorro refiriéndose a
Roma? Sí, Madre mía del Perpetuo Socorro. Desde Roma
has atraído a Ti todos los corazones. Eres el Perpetuo
Socorro de todo el mundo. Por eso acudo a Tì y te invoco y
me pongo bajo tu protección. Soy hijo de la Iglesia católica;
soy tu hijo. Oye mi oración.

MARTES TERCERO
Misión de la Virgen del Perpetuo
Socorro.
La Virgen del Perpetuo Socorro va a Roma. ¿A qué? Va
como enviada de Jesús a ser testigo de su Iglesia Santa.
Jesús escogió doce apóstoles y les dio una misión. Id por el
mundo, les dijo, a dar testimonio de Mí. Y los apóstoles se
fueron por el mundo a dar testimonio de la Resurrección
de Jesucristo. Lo mismo el Cuadro de la Virgen del
Perpetuo Socorro. En él ¿no vemos los Instrumentos de la
Pasión y la imagen del Redentor? Los ojos de la Virgen ¿no
están reventando lágrimas como para indicar que Ella es
la Corredentora? El Espíritu Santo desciende sobre los
Apóstoles el día de
Pentecostés y sella su misión con un sello divino: el
milagro. El cuadro del Perpetuo Socorro viene a Roma y
viene también acompañado del sello del milagro. Ese será
su secreto. En el mar se desata una tempestad y la Virgen
del Perpetuo Socorro hace un milagro para indicar su
poder extraordinario en las tempestades de la vida. Llega
a Roma y sus conquistas las comienza con un quiero
omnipotente. Quiero, dice, que mi imagen sea venerada en
el templo que se encuentra entre San Juan de Letrán y
Santa María la Mayor. Y esa voluntad de la Virgen se
cumple. Un hombre terco quiere obstaculizar esa
voluntad, y la Virgen lo retira del escenario de los vivos. El
Romano muere y la voluntad de la Virgen se cumple. El
milagro acompaña el Cuadro del Perpetuo Socorro. Tantos
milagros hará que bien le podemos aplicar las palabras de
Jesucristo a los Apóstoles: El que a vosotros recibe a mi me
recibe. ¡Madre del Perpetuo Socorro, Virgen Corredentora,
la Virgen de los milagros! Mira mi triste estado y realiza en
favor mío uno de esos milagros; pronuncia ese quiero
salvador. Señora, si tú quieres, puedes socorrerme. Di
quiero y conseguiré la gracia que deseo y mi situación
actual cambiará por completo. Virgen del Perpetuo
Socorro, en Ti confío.

MARTES CUARTO
Perpetuo Socorro de la humanidad
Fue el Corazón de Jesucristo quien contemplando las
lacras de la pobre humanidad exclamó: Venid a Mí todos
los. que estáis trabajados; Yo os aliviaré. La misma llamada
nos hace desde Roma la Virgen del Perpetuo Socorro:
Venid a Mí. Y para inspirarnos confianza, ya no se llamará
Hodiguitria ni Strastnaia sino Virgen del Perpetuo Socorro.
Una niña le pregunta quién es y Ella responde: Soy la
Virgen Perpetuo Socorro. ¡Nombre bendito el nombre del
Perpetuo Socorro! ¡Nombre venido del cielo! Y bendito es
también aquel día 27 de marzo de 1499, en que la Virgen
del Perpetuo Socorro aparece, en el Templo de San Mateo
de los Padres Agustinos, para ser desde allí el Perpetuo
Socorro del mundo. Aquel día abrió el Perpetuo Socorro de
la Virgen una fuente de milagros que le merecieron el
título de Virgen milagrosisima. Y a buscar en Ella el
remedio de sus males y la elevación moral van al templo
las almas a las plantas del Perpetuo Socorro. Desde la cuna
hasta el sepulcro todo lo ponen bajo la protección del
Perpetuo Socorro. Allí el rico se codea con el pobre y todos
renunciando a sus títulos y privilegios sólo piensan en
sentirse hijos de la misma Madre que es para todos
Perpetuo Socorro. ¡Madre del Perpetuo Socorro! En el
mundo muchas veces se imponen los nombres por
capricho de los padres o por recuerdos de familia: nunca
se, atiende a que representen adecuadamente la persona.
En Ti no fue así. Tú misma escogiste tu nombre para que
en él encontrara mi alma todas las gracias y maravillas
que Dios puso en la tuya. ¡Perpetuo Socorro! Perpetuo
Socorro ¡Nombre de esperanza, de consuelo, de amor:
nombre santificador! ¡Que tu recuerdo me acompañe
siempre! ¡Que la última palabra que pronuncien mis labios
al morir sea tu nombre, Madre mía del Perpetuo Socorro!
MARTES QUINTO
Entre San Juan de Letrán y Santa María la Mayor
La Virgen del Perpetuo Socorro escoge el templo de San
Mateo y declara su nombre. Y precisamente en ese templo
va a tener como capellanes dos congregaciones religiosas,
los Padres Agustinos y los Padres Redentoristas, que día y
noche montaran guardia ante su cuadro. ¿Por qué la
Virgen del Perpetuo Socorro escoge estas dos
congregaciones? Porque las congregaciones religiosas
han sido consideradas en todo tiempo como la
manifestación más bella de la santidad de la Iglesia. Es
verdad que todos los fieles están llamados a la santidad,
Jesús dijo: Sed perfectos como vuestro Padre celestial es
perfecto. San Pablo nos escribe: Cristo nos ha elegido para
que seamos santos e inmaculados ante El por amor. Sin
embargo, la santidad se manifiesta sobre todo en las
congregaciones religiosas. No habéis leído el caso
asombroso de San Gerardo? Se marcha de su casa deja
sobre su mesa un papel que dice: Voy a hacerme santo. La
monjita se retira al claustro; el misionero deja su patria.
¿Para qué ? Para ser santos en una vocación de
renunciamiento. La Virgen del Perpetuo Socorro pone sus
ojos en la congregación de los Padres agustinos. Entre esos
religiosos las crónicas nos hablan de Fray Cristóbal de
Barrios, uno de los teólogos de Trento y Superior de San
Mateo. Cuando definió Concilio que el culto de la Virgen y
de los Santos era muy conveniente y que al que lo
contradijera se le declarara anatema, fray Cristóbal
pensaría en su Virgen del Perpetuo Socorro y declararía
que quien no la amase fuese anatema. Las viejas crónicas
nos hablan también de Fray Donato. Dicen que se pasaba
los días y noches ante su cuadro. Qué le diría aquel santo
agustino a la Virgen. Pasaron los años; y a San Mateo fue a
rezar San Alfonso María de Ligorio entonces obispo, y a
San Mateo fue San Clemente María Hofbauer, el gran
misionero redentorista. Corrieron más años y el templo de
San Mateo fue reducido a escombros por la mordedura de
las revoluciones y en aquellos escombros los hijos de San
Alfonso construyeron su templo y su residencia. Cosas de
Dios! Cuando terminaban de hacerlo vuelve a parecer la
Imagen del Perpetuo Socorro y por voluntad de Pio IX
vuelve a su templo ahora confiado a los Padres
Redentoristas. El entonces Superior general de la
Congregación pocos días después de recibir el Cuadro de
manos del Papa Pio IX escribía a sus hijos: No sabemos qué
tesoro nos ha tocado. Era un tesoro de milagros para la
Congregación y para el mundo. Por eso todos los
Redentoristas llevan cuadro del Perpetuo Socorro a sus
misiones y ponen sus trabajos bajo su protección y es Ella
la que da vida y conversiones a los mismos. Los grandes
Misioneros Redentoristas están contestes en afirmar que
después del día de la Consagración de la Misión a la
Virgen del Perpetuo Socorro, la Misión entra en una fase
fervor arrollador. ¡Oh Virgen del Perpetuo Socorro!
Permite que yo también una mis voces a las de tus hijos
predilectos y diga también ante tu Cuadro: Quien no ame
a la Virgen del Perpetuo Socorro sea anatema. Que yo te
ame; que te amen todos los de mi casa y familia; que te
ame todo el mundo; que todos sientan el influjo de tu
Perpetuo Socorro.
MARTES SEXTO
Coronación
Entronizada la Virgen del Perpetuo Socorro en la iglesia
de San Alfonso y esparcida la fama de su historia y sus
prodigios, las muchedumbres acudieron a rendirle culto y
veneración. Todo el año 1866 fue concurridísimo. Tanto se
divulgó la fama de su poder que antes de un año el pueblo
todo pedía que fuese coronada por el Cabildo Vaticano. El
12 de mayo de 1867 el Cabildo aceptó el cometido y se
determinó el día 23 de Junio para esa ceremonia. Los días
20, 21 y 22 fueron de preparación, y el 23 en solemnísima
Pontifical se bendijeron las coronas y entre las
aclamaciones del público eran colocadas en las sienes de
la Virgen y del Niño. La Virgen del Perpetuo Socorro iba a
aparecer a los ojos de sus devotos no sólo como Madre,
sino también como Reina poderosa. La verán por doquier
entronizada. Estampas, medallas, cuadros. En cincuenta
años, por poner en ejemplo, se acuñaron más de sesenta
millones de medallas. ¿Qué significa todo esto? Significa la
manifestación del amor de la Virgen del Perpetuo Socorro,
de eso que los teólogos llaman el sacramento de la Virgen:
el escapulario. Con él triunfa la Virgen por doquier. Del
cielo, obteniendo gracias para sus devotos. Del infierno,
arrancando de sus fauces a sus hijos que la invocan. Del
purgatorio, sacando de aquel lugar los dolores a sus
protegidos. Todos sienten el poder de esta gran Señora.
Por eso todos la llaman con toda el alma: Nuestra Señora
del Perpetuo Socorro. El labrador la invoca y bendice sus
campos. El comerciante la invoca y bendice su negocio. El
enfermo la invoca y se ve curado. El triste la invoca y
recibe consuelo. Las familias y las ciudades la invocan y
todos hallan la paz. ¡Reina y Madre del Perpetuo Socorro!
Te diré con la Iglesia: Socorre a los pobres, sostén a los
débiles, consuela a los atribulados, convierte a los
pecadores, asiste a los moribundos, intercede por la
Iglesia, y sientan tu auxilio los que te invocan.

MARTES SÉPTIMO
Difusión
Escribió un pensador: Nada conozco más grato que
escribir una palabra y tener una seguridad profunda de
que aquella palabra dentro de pocas horas volará a
grandes distancias y vibrarán en millares de espíritus
para producir una convicción y excitar una simpatía. Esta
convicción del gran filósofo español ha sido también la de
los propagandistas de la Virgen del Perpetuo Socorro. Por
la pluma y por la palabra han difundido su devoción en
todos los continentes. Las Revistas del Perpetuo Socorro se
editan en todas las naciones y con elevado número de
suscriptores. Las novenas y devocionarios suman muchos
millones. Los sermones en honor del Perpetuo Socorro son
sin número. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! ¡Que
contento siente mi alma al verte honrada por doquier! Que
tu imagen me acompañe a todas partes. Que te lleve sobre
todo en mi alma, como meta de mis deseos y ambiciones.
Que por ti trabaje, por ti sufra, por ti viva. Madre del
Perpetuo Socorro, Tú serás mi todo.

MARTES OCTAVO
La Archicofradía
El 23 de mayo de 1871 fue erigida canónicamente en Roma
la Asociación de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y de
San Alfonso. Años más tarde el 31 de marzo de 1876 era
elevada al rango de Archicofradía con la facultad de
comunicar a otros centros sus privilegios e indulgencias.
Hoy esos centros pasan de 3,200 en todo el mundo con
unos seis millones de socios. Los frutos producidos en las
almas por la Archicofradía son incalculables. Los
archicofrades sienten la obsesión por la Virgen. Su lema
es: Trabajar por Ella, la Virgen del Perpetuo Socorro. Y con
ese lema en el alma nada les detiene ni les arredra. Aman
a su Virgen con locura, con pasión , sin desfallecer, hasta
el sacrificio. Sólo el Archicofrade del Perpetuo Socorro
puede apropiarse las palabras de San Pablo: ¿Quién me
separará de mi Madre del Perpetuo Socorro. ¡Madre mía
del Perpetuo Socorro! Nada ni nadie, será capaz de
separarme de Ti. Ni los dolores, ni las persecuciones, ni las
torturas, nada ni nadie será capaz de arrancarme del
alma el amor que siento por Ti Madre del Perpetuo
Socorro.

MARTES NOVENO
La Súplica Perpetua
La Súplica Perpetua es una guardia de honor constante, o
vela perpetua ante la imagen del Perpetuo Socorro.
Responde al plan de la Providencia sobre la gracia, es
decir, que a un Perpetuo Socorro del cielo debe
corresponder una Perpetua Súplica de la Tierra. La
Súplica Perpetua se inició el 25 de Diciembre de 1878 en
Santiago de Chile. Hoy está difundida por todos los
continentes y son muchos los devotos del Perpetuo
Socorro que hacen esa guardia ante la Virgen para con
sus oraciones atraer gracias para el mundo. ¡Oh Madre del
Perpetuo Socorro! Quiero recurrir a Tí con incesante
súplica. Aquí he venido durante nueve días, pero aquí
vendré en adelante. Vendré para contarte mis
necesidades y las de mi familia. Vendré para pedirte por
mis compañeros de trabajo, de estudios, de recreos, a fin
de que mejoren de condición. Vendré para que infiltres en
mi alma ideales de conquista. Todos te van a amar como
yo te amo. Yo les hablaré de Ti; yo rezaré por ellos; yo me
sacrificaré por ellos. ¡Madre mía del Perpetuo Socorro!
Lléname de tus gracias y con ellas dame esta del
apostolado para que irradie tu nombre, tu luz, tu amor a
todos mis hermanos. Así tu nombre se extenderá cada día
más, y mis hermanos los hombres te amarán y Tú pondrás
en sus almas y en sus cuerpos el consuelo de tu Perpetuo
Socorro.

Tomado del Manual del Perpetuo Socorro


Colaboración de Iván Arellano
NOVENA DE VISITAS
SALUDO PARA TODOS LOS DÍAS.
Por fin lo he podido dejar todo y aquí estoy a tus plantas,
oh Madre mía del Perpetuo Socorro. Sé que me ves, que
oyes mis palabras, que sientes los latidos de mi corazón..
¡Creo! No hay pensamiento más consolador. .¡No estoy solo
en el mundo!... Me siguen por todas partes los ojos de la
Madre de Dios, que es también mi Madre... Sólo estás
esperando que abra mis labios y te cuente mis penas y te
diga mi amor.. Y cuántas gracias me das sin que yo te las
pida!.. Pensar en tu grandeza y no admirarte es soberbia...:
pensar en tus amores y no morir por Ti, es locura. Caer a
las plantas de tu misericordia y no acudir a tu bondad, es
insensatez. Caer a las plantas de tu Perpetuo Socorro y no
sentir en el alma el consuelo de la paz y del amor es
imposible.. Por eso llego a tus pies. Estoy aquí... Mírame…
háblame... sálvame..

PRIMERA VISITA
Madre mía, vengo a verte.
¡Cuánto tiempo hace que no te veo! ¿Mucho?... ¿Poco?...
Esta misma mañana te vi al despertar... Colgaba tu imagen
ante mis ojos… y te dirigí la primera mirada de amor.
Después Vine a verte aquí. Aquí está tu trono de amor...,
aquí el despacho de tus misericordias... es tu casita, aquí
recibes a tus hijos... a los que te aman... y a los otros
también... Madre mía del Perpetuo Socorro, ¡si no puedo
vivir sin Ti! Si necesito de la misericordia tuya, como las
flores necesitan de los rayos del sol! Decía un profeta
hablando de su amada Jerusalén: Que la lengua se me
pegue al paladar si me olvido de ti, ciudad santa de Sión.
Yo te digo, vida de mi vida y resumen de mis esperanzas
todas... Que vuelva al silencio de la nada, si mi vida no ha
de consumirse ante tus ojos, como la luz de la lámpara que
arde ante las puertas del sagrario... Déjame que te mire de
nuevo... una mil veces.. Deja que vea tus Cada día me
parecen más misericordiosos. Deja que mire tu rostro...
Cada día me parece más de Madre... Quiero llevarte,
Madre, grabada en la pupila de los ojos míos, para que
todos al verte en mí te amen... como yo... más que yo, no
¡Sólo Dios! Sólo Dios!

PLEGARIA DE AMOR PARA TODOS LOS DÍAS


Madre mía del Perpetuo Socorro, te ofrezco esta visita
como homenaje de mi amor, como perfume de mi
corazón, como prueba de mi lealtad, como tributo de
admiración a tu soberana grandeza y a tus misericordias
que no tienen fin..
Ave Maria.

Madre del Perpetuo Socorro, responde Tú a esta Visita


mía, humilde y rápida, que yo, no pero sincera y leal, como
Tu quieras, con una mirada, con una caricia, con una
gracia... Dame la limosnita que escoja tu corazón para mí.
Ave Maria.

Madre del Perpetuo Socorro, hasta que te vea en el cielo


con un abrazo eterno, con un beso que no tenga fin… en
aquella región, donde ya no hay penas, sino la eterna
posesión de la paz y de la felicidad. Y ahora, ¡adiós, Madre
mía !... Me llaman las obligaciones de la vida... ¡Adiós!
Dejaré de pensar en Ti... ¡Y Tú pensarás en mí!
Desaparecerá ante mis ojos la dulce figura de tu santa
imagen… y tus ojos me seguirán desde las alturas del
cielo...! Madre mía, la de las grandes misericordias, la del
amor sin límites.., me voy... Aquí dejo mi corazón... Sálvame
de todos los peligros... Ayúdame en todos los momentos...
Sé siempre, y en todas partes lo que tienes que ser, Madre
del Perpetuo Socorro. .. Dame tu bendición. Ave Maria...
¡Adiós!
VISITA SEGUNDA
Madre mía, vengo a admirarte
Aquí estoy de nuevo... Nunca estás sola... Aquí están
siempre los cielos la tierra contemplándote extáticos de
admiración... ¡Si hasta el hasta el mismo Dios que te crió
tan bella y tan santa ha quedado pasmado de tu
hermosura! Qué hermosa eres, ha dicho al verte... no hay
mancha alguna en Ti! ¡Qué de extraño que todos los seres,
desde los serafines más altos hasta los hombres más viles,
siguiendo el ejemplo divino, te proclamen sol de todas las
hermosuras y retrato perfectísimo de Dios! En este desfile
de adoradores me toca... Y aquí me detengo ahora a pasar
mi momento... Y te miro y mi alma queda extática de
admiración y te digo, como profeta, que no sé hablar, que
no hay ni palabras en el lenguaje humano, ni ideas en la
humana inteligencia para decir algo de tu celestial y
divina hermosura. Un ángel bajó del cielo y te saludó: Ave
María, llena eres de gracia... Sí: estás llena de gracia... Los
ángeles y los hombres hemos recibido una gotita de la
santidad de Dios... Tú eres el mar que rebosa y cuya
profundidad nadie puede medir. Tienes la gracia y con la
gracia tienes todos los dones de Dios... La vida es corta para
admirarte. Me consuela el pensamiento de que la
eternidad la pasaré gozando de la contemplación de tu
soberana hermosura.
VISITA TERCERA
Madre mía, vengo a recordar
tus beneficios.
¿Quieres que te los cuente? Por Ti recibí el agua del
bautismo y los esplendores de la fe... por Ti la piedad de
una familia cristiana… por Ti las enseñanzas salvadoras de
una educación cristiana.. por ti el perdón de mis pecados...
A esto suma las gracias de todos los la victoria en las
tentaciones continuas, el recogimiento en la Misa diaria, la
dicha inefable de la frecuente comunión... los anhelos de
servir a la esperanza de mi salvación. Y añadiré a todo
esto los peligros desconocidos de que me has preservado,
las gracias que has dejado caer sobre la frente de todos los
que amo, la misericordia que me has manifestado en los
momentos más tristes de la vida... No podemos contar las
estrellas del cielo... Tampoco puedo contar el número
incontable de tus beneficios.. Un corazón es muy poco
para suspenderlo como exvoto de gratitud a tus plantas...
Quisiera tener a mi servicio tantos ángeles como segundos
llevo ya de mi vida, a esos ángeles les diría que se
estuvieran aquí dándote gracias, por los beneficios que de
tus manos benditas he recibido, ya que esto es imposible,
permite Madre mía del Perpetuo Socorro, que diga ahora
ante la faz del cielo y de la tierra, que todas las gracias las
recibí de Ti y que sólo quiero vivir para Dios y Ti. Madre
mía, mi corazón no puede hacer más.

VISITA CUARTA
Madre mía, vengo a cantarte.
Solitario está tu templo... callado el órgano... mudos los
cantores. Esto es en la iglesia de abajo, que allá arriba tus
armonías no cesan nunca eternamente los conciertos de
los bienaventurados cantarán tu grandeza y tu
misericordia. Hasta este bajo mundo llegan los ecos de
aquellos himnos sin fin. El estribillo nos lo dejó el Espíritu
Santo en los sagrados libros: Tú eres a gloria de Jerusalén,
Tú la alegría de Israel, Tú el honor de los cielos y de la
tierra de hacer más También yo tengo corazón y en el
corazón unas cuerdas de amor, que te cantan notas de
cariño. Yo te canto como David: Cosas gloriosas han sido
dichas de, Ti, oh María, ciudad bellísima de Dios. Yo te
canto como Salomón en el libro Sagrado de la Sabiduría:
Todas las mujeres han reunido algunos detalles de la
gracia de Dios... Pero Tú sobrepasas a todas, como se
yergue el gigantesco ciprés Yo te canto como te cantaba
Santa Isabel cuando en las montañas de Hebrón caía en
tus brazos diciéndote que eras la mujer bendita entre
todas las mujeres ¡Oh María! ¡Oh Madre del Perpetuo
Socorro! quiero cantarte siempre, en las mañanas de luz y
en las noches de sombras... en las horas de placer y en los
momentos de dolor... con las notas de las lágrimas y con
las cuerdas de la alegría... en los pasos enérgicos de la
juventud y en el andar vacilante de la ancianidad… Madre
mía, quiero cantarte siempre, sobre el tomillo de los
campos siempre... siempre... aquí, en la tierra... allá... en el
cielo.

VISITA QUINTA
Madre mía, vengo a contarte mis penas.
Al mundo no las puedo contar, no entiende de penas, se ríe
de los que sufren... no quiere visitar a los que lloran... le
aterra el luto del cuerpo y el duelo del alma. Sólo a viva
fuerza v por compromiso acompaña a los muertos. Y yo,
Madre mía, estoy de luto... Quizás mi alma está muerta...
muerta por la culpa. Llevo y arrastro un cuerpo que es el
ataúd de mi alma. Murió la desgraciada porque el pecado
la fascinó, la sedujo, la cegó y al fin le clavó el puñal de la
muerte. Madre mía, estoy de duelo... Tengo en el corazón
unas tristezas que me ahogan, unas tentaciones que me
envuelven en sombras trágicas; el abismo del infierno me
atrae...Oigo una voz de desesperación que me condena. He
mirado en derredor mío... Nadie puede entender mi dolor...
Y aunque lo pudiera entender, ¿quién lo podrá correr?
Todos se han cruzado de brazos y me han dicho con
horrible frialdad: Allá tú... nosotros nada podemos hacer..
¡Nada, nada!... Así son ellos... Todo, todo... eso eres Tú.... Por
eso vengo a Ti... por eso clavo en Ti mis ojos que chorrean
lágrimas... por eso te ofrezco este corazón que está ahíto
de hieles... por eso abro mis labios a tus pies y te cuento
mis tristezas. Soy un libro abierto para ti. Mira, Madre mía,
mi corazón... Es un libro que no encierra más que páginas
de tristeza y dolor. Lee... y después haz lo que quieras.

VISITA SEXTA
Madre mía, vengo a pedirte limosna.
He llamado a muchas puertas y expuse mi angustiosa
necesidad. y alargué mi mano suplicante ... Y siempre oí la
misma palabra de la impotencia humana: Dios te socorra
hermano. Un día me dijeron que había un hombre, más
desgraciado que yo, que estaba muriendo en el Gólgota en
una cruz.... Subí con la cruz de todas mis penas hasta EI...
me acerqué y le reconocí... Era el buen Jesús, el que
siempre tuvo palabras de consuelo para todos los
desgraciados... Era Jesús, cuyo Corazón procuró remediar
todas las penas. Allí estabas Tú también, Madre mía,
arrimada a aquel madero y ofreciéndote como víctima
por mí.. Vi tus lágrimas... comprendí algo de tus penas
inmensas.. Y me acerqué y levanté mis ojos y le dije a
aquel mártir divino: Ten piedad de mí cuando Ilėgues a tu
reino... porque sólo Tú me puedes socorrer. Y me miró, aún
tengo retratada en la retina de mis ojos aquella mirada.
Qué dulce era, qué tierna... qué misericordiosa... Y abrió
sus labios cárdenos, lívidos y me dijo con voz apagada,
pero más dulce que la voz de todas las madres: Ahí tienes
a tu Madre... Esa Madre que Jesús me daba eras Tú... Por
eso alargo confiadamente la mano y te digo: Una
limosnita por amor de Jesús: La limosnita de la fe... la
limosnita de la pureza... la limosnita del amor de Dios... y
sobre todo la limosnita de tu santo amor... Y me voy rico
con la limosnita de tu mirada que me alienta, con el tesoro
de tu corazón que nunca me ha de faltar... En Ti, Madre del
Perpetuo Socorro, confío. Viviré de limosna.. Un pedazo de
misericordia cada día hasta que me des la gran limosna
del cielo.

VISITA SÉPTIMA
Madre mía, vengo a encomendarte
los intereses de todos los míos.
Hoy, Madre mía, ni una palabra de mí... ni una súplica para
mí.. Hoy vengo a hablarte de los míos... Tengo una familia
muy grande y la tengo muy desparramada por el mundo...
Soy hijo de la santa Iglesia y mis amores son tan vastos
como tus amores. Más allá de los mares, detrás de
horizontes muy lejanos hay millones de almas que no
conocen a tu divino Hijo, que ha sido su Redentor. Por allá
andan misioneros que llevan la cruz que es la única
esperanza... Señora y Madre mía, que se extienda el
reinado de Jesús a todos los climas... que los misioneros del
Evangelio ganen mundos para la verdad cristiana. Y hay
también muchos millones que han oído hablar de Jesús,
pero que no quieren reconocer por el único y verdadero
Dios... Que todos vean que El y EL es camino, verdad y
vida... Y se cuentan también por millones los impíamente
le odian y le persiguen. Ábreles los ojos y que reconozcan
su locura y su impiedad y que sean en adelante sus
amigos leales y sus hijos fervorosos. Pero también somos
incontables los que conocemos a Jesús, los que le amamos,
los que le adoramos... Desde el Pontífice que gobierna la
iglesia santa hasta el último creyente que besa una cruz
en el rincón de una choza hay una jerarquía santa y
divina... Todos te aman y todos te invocan... Madre mía, oye
su oración.. Sobre todo, Madre mía, te pido por los míos,
por los que tenemos la misma sangre y vivimos bajo el
techo del mismo hogar... por los que están en el hogar
doméstico y por los que han tenido que alejarse del nido
familiar.. Madre, juntanos a todos bajo tu manto aquí en la
tierra y más tarde en la casa del cielo.

VISITA OCTAVA
Madre mía, vengo a consolarte.
He fijado, Madre mía, mis ojos en los tuyos y he visto que
en ellos llevas las huellas del dolor. ¿Por qué has llorado,
Madre mía? Lloras porque contemplas la cruz en que va a
morir el Hijo de tu alma y la lanza que ha de abrir su
Corazón divino... Lloras porque, a pesar de la muerte de tu
Jesús, los hombres le ofenden, le persiguen, le odian y se
condenan... Lloras porque ves que la santa Iglesia es
vilmente perseguida porque los que te aman se ven del
mundo despreciados y escarnecidos. Lloras porque ves
tus templos quemados, y profanados los sagrarios donde
tiene Jesús su casa de amor en esta tierra.. Lloras porque
oyes las blasfemias y contemplas las impurezas y
presencias los sacrilegios y ves en todas partes conculcada
la ley de tu divino Hijo. Lloras porque entre los hombres,
tus hijos, no reina la paz y porque a pesar de tu
misericordia, se empeñan en perderse y condenarse.
Grande como el mar es tu dolor, amargas como la hiel las
lágrimas que corren de tus ojos. Permite que mezcle mis
lágrimas con las tuyas y que te diga: No, Madre mía, no
estás sola en los días del dolor. Aquí me tienes a tu lado.
Contigo lloro los pecados de los hombres y las tristezas de
Jesús... Madre mía, dame más lágrimas, si con mis lágrimas
puedo dar un poco de consuelo a tu maternal corazón...

VISITA NOVENA
Madre mía, vengo a despedirme.
Madre mía, hoy es la novena visita. No tienen número las
que te he hecho en toda mi vida… ¡Si, no puedo pasar un
dia sin venir a verte! Pero he querido venir nueve días
seguidos a visitarte como ofrenda de mi fidelidad y de mi
amor... Soy feliz y declaro aquí a tus plantas que sólo a tus
pies cncuentro una paz y una alegría que me legan a lo
más hondo del alma. Las diversiones del mundo excitan
los sentidos, las visitas de la sociedad distraen el espíritu.
Pero unos minutos a tus plantas, cuando Tú nos miras y
cuando tus hermosos ojos nos sonríen, son minutos de
cielo... Aquí tengo anhelos de virtud, deseos de amar a
Dios, pensamientos santos, y delicias espirituales que
saborea el alma... Aquí mi corazón se desprende de
amores que matan y se inflama en amores que elevan y
santifican... Pasaron ya los nueve días... Gracias porque me
recibiste y gracias porque me miraste y mil gracias
porque te dignaste escuchar la narración de mis penas y
remediar mis pesares. Pasaron ya los nueve días... Me voy...
Qué palabra tan triste! ¡Me voy!... Todos en la vida se van...
Se fueron los seres que más amé... Cada día la muerte me
arrebata un amor. Sólo Tú no te vas!... Sólo Tú estás
siempre a mi lado!. Por eso, Si me voy, Tú no me dejas.
Adiós, Madre y esperanza mía. ¡Adiós! Me voy pero llevo tu
retrato en la pupila de mis ojos y tu amor en lo más íntimo
del alma... ¡Adiós! Oh Reina del Perpetuo Socorro... Hasta
mañana!.

Tomado del Manual del Perpetuo Socorro


Colaboración de Iván Arellano
NOVENA DEL MILAGRO
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! El oro de tu cuadro, el
fulgor de tu estrella, el verde azul de tu manto, tu corona
de Reina, la luz de tu mirada, tu rostro compasıvo y
maternal, tus manos, tu hechizo de Princesa celestial, todo
me mueve en esta hora de angustia y de dolor a
acercarme a Ti, para pedirte ese favor, este milagro, que
tanto anhelo. Tú, mejor que yo, todavía, conoces la pena
que me aflige, el peligro que me asedia, la necesidad en
que me hallo. Escúchame, Madre mía. Te lo ruego por el
inmenso y resignado dolor que se refleja en tu cara. Te lo
suplico por el Nino, tu divino Hijo Jesús, que, asustado y
tembloroso, busca, como yo, protección y amparo en tu
regazo. No me atrevería a pedirte, después de tantos
pecados e ingratitudes, este milagro. Pero tu título, tu
nombre sin igual de Perpetuo Socorro, me alienta y me da
confianza en esta hora. Si, yo creo firmemente que eres
Socorro Perpetuo de todo el que te invoca. No desoigas,
pues mi oración. Socórreme. Concédeme el milagro que te
pido en esta Novena.

DIA PRIMERO
Es posible el milagro
En todos los tiempos han existido fenómenos maravillosos,
inexplicables a la luz de las leyes de la naturaleza;
fenómenos que han preocupado a las inteligencias no sólo
de los sabios, sino también de los sencillos. A esos
fenómenos se les ha llamado milagros. ¿Es posible el
milagro? Sí. Y jamás la impiedad podrá convencernos de
su imposibilidad, pues además de no repugnar en nada a
las leyes inmutables de la naturaleza, ni a la sabiduría de
Dios, que estableció esas leyes, los milagros son, según nos
enseña la Teología, una afirmación más y más evidente de
los atributos de la divinidad. La primera condición para
alcanzar de Dios un favor es tener fe en Él, en su poder. He
aquí lo primero que te pido en este día, Madre del
Perpetuo Socorro: fe en tu poder. Fe, para que me
concedas el milagro que deseo alcanzar en esta Novena.

-Pida cada quien la gracia que desee conseguir de


nuestra Madre del Perpetuo Socorro.

INVOCACIONES
Oh Virgen del Perpetuo Socorro! Por tu inagotable poder
de Madre del Hijo de Dios, R/: Concédeme este milagro.
Avemaría.

Oh Virgen del Perpetuo Socorro! Por tu inmaculada


pureza desde el primer instante de tu existencia, R/:
Concédeme este milagro.
Avemaría.

Oh Virgen del Perpetuo Socorro! Por tu inagotable bondad


de Madre de toda la Humanidad, R/: Concédeme este
milagro.
Avemaría.

ORACIÓN FINAL
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Todo me encanta en ti,
cuando te miro: tu poder, tu pureza, tu hermosura. Más
para el pobre, para el necesitado, para el que sufre, no hay
nada más dulce que tu misericordia, Eso significa tu
nombre de Perpetuo Socorro para mí. Por eso, Madre
bondadosa, me dirijo a ti en esta hora triste de mi vida.
Socórreme en esta necesidad. No desoigas mi oración. No
olvides mi súplica ardiente y confiada. Madre del
Perpetuo Socorro! concédeme el milagro que te pido en
esta Novena. Así sea.

DIA SEGUNDO
El milagro no se opone a las leyes naturales
Todas las cosas están, en verdad, dotadas por el Creador
de leyes que regulan su existencia. Estas leyes son
ciertamente fijas y no pueden cambiarse por sí mismas ni
por ninguna otra criatura. Así el sol, las plantas, los
anímales, tienen leyes que son absolutamente inmutables
y necesarias, pues dependen totalmente de la voluntad
divina del que las puso; y ya sabemos que el que da una
ley puede también derogar o abolirla cuando quiera. El
milagro no es suspensión o destrucción de ninguna ley
natural, sino solamente un efecto producido
independientemente de las leyes naturales puestas por
Dios. Tal es el milagro de la Virginidad de nuestra Madre
María en el hecho de la Encarnación y nacimiento del Hijo
de Dios. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Por el cúmulo
inmenso de milagros que Dios Nuestro Señor obró en ti,
otórgame el milagro que te pido en esta Novena.

DÍA TERCERO
El milagro no se opone a la Sabiduría de Dios
Dios es sabiduría infinita. Es esta, la Sabiduría, un atributo
de la divinidad. Todo cuanto Dios hizo lo realizó con suma
sabiduría. Por eso la Divina Escritura pondera con el
calificativo de bueno a todo lo que Dios creó. Es, pues, una
necedad más de la impiedad el sostener que el milagro se
opone a la sabiduría de Dios, siendo así que el milagro es
obra exclusiva del poder de Dios. Tal ocurriría si Dios
realiza milagros por capricho o bien para corregir una ley
suya, pues eso demostraría ligereza o ignorancia en Él,
cosa que repugna absolutamente a la naturaleza divina,
en la cual no cabe imperfección alguna. No oponiéndose,
pues, el milagro a la sabiduría divina, la existencia de éste
resulta por el contrario una prueba más de la existencia
de ese atributo de Dios. La Virgen Santísima es llamada
Trono de la Sabiduría en las Letanías lauretanas. Otro
motivo más de confianza para acudir a ella. Madre del
Perpetuo Socorro! Si el milagro que te pido ha de ensalzar
la Sabiduría de tu divino Hijo, no me lo niegues en esta
Novena.

DIA CUARTO
El milagro está de acuerdo con
la fe de los Libros Santos
El hecho de los milagros no es una fábula inventada por
los hombres; antes bien es un hecho comprobado por la
revelación divina tanto en el Antiguo como en el Nuevo
Testamento. La historia del pueblo de Dios es en el Antiguo
Testamento una cadena ininterrumpida de milagros. Así
como las plagas de Egipto, el Maná, el paso del Mar Rojo, el
agua que brota de la roca. Y en el Nuevo Testamento
todavía se multiplican y se agigantan más los milagros. La
vida de Jesucristo desde que nace hasta que sube al cielo
es una historia de milagros inauditos y maravillosos. La
Vida de los apóstoles del Señor es igualmente una
prolongación de la historia divina del milagro. Tu propia
vida, Madre mía Inmaculada, es un tejido de milagros,
mientras viviste en este mundo. Con razón cantaste en el
himno de tu reconocimiento al Señor: Dios hizo en Mí
cosas grandes. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro!
Concédeme este milagro que te pido para que yo pueda
también cantar por ese favor esa misma alabanza de Ti.

DIA QUINTO
El milagro está de acuerdo con
la doctrina de la Iglesia
El milagro es un hecho ante las enseñanzas de la Iglesia
Católica. Pues no solo es posible y razonable, como nos
demuestra la filosofía escolástica y apologética, sino que
además es también objeto de nuestra fe en la teología
dogmática. La Santa Iglesia apoyándose en la palabra de
Dios, en la palabra no menos cierta y segura de la
tradición cristiana, así como en la voz dela razón y de la
experiencia, no solo admite los milagros, sino que además
nos obliga a creer en algunos, como por ejemplo, en el
milagro de la Resurreccón de Jesucristo Nuestro Señor, y
nos confirma en la creencia de otros, aunque no nos los
propone como objeto de fe. Si el milagro fuera producto
de la fantasía o de la superstición, ¿cómo podría una
institución tan sabia y tạn santa como es la Iglesia Católica
proponernos tales doctrinas? ¡Oh dulce Madre del
Perpetuo Socorro! Tú que fuiste y sigues siendo la
destructora de las herejías y el sostén de la fe del pueblo
cristiano guárdanos siempre la fe en el dogma de la
realidad de los milagros y sobre todo, dame a mí la fe y
confianza que necesito para alcanzar el que ahora te pido.
DIA SEXTO
El milagro está de acuerdo con las
enseñanzas de la historia
El milagro es un hecho real e indiscutible no solo a la luz
de la fe y de la razón, sino también a la luz de la historia. Es
un hecho comprobado históricamente, o sea, con la misma
objetıvidad y certeza que cualquier otro hecho histórico.
Aún prescindiendo de los milagros consignados en las
Sagradas Escrituras, hechos por lo demás rigurosamente
históricos, bastarianos abrir las páginas del Santoral
cristano para asegurarnos de la certeza de este aserto. En
todos los tiempos es verdad atendió la Iglesia a este
requisito del milagro para permitir el culto de uno de estos
héroes cristianos; pero sobre todo desde que el Derecho
Canónico exigió como condición indispensable la
aprobación de cinco milagros al menos para poderle
canonizar, ya no puede caber duda alguna acerca de la
autenticidad histórica del milagro. Pues por un lado
sabemos que la Iglesia sigue todavía canonizando Santos y
por otro es bien conocido de todos el rigor y exigencia que
pone en el estudio de los milagros que se le proponen. Mas,
¿para qué acudir a las páginas de los Santos? Tu cuadro
bendito Madre del Perpetuo Socorro, es un libro inmenso
escrito con letras de millares de milagros. El oro de tu
cuadro no es oro, es una constelación de milagros. Madre
mía, concédeme que desde hoy brille también en tu
cuadro la estrella de este milagro que te pido.

DÍA SÉPTIMO
¿Qué es el milagro?
Son muchos los que no saben bien qué es un milagro. La
idea incompleta e indefinida que tienen de él, les hace
pecar, unas veces por exceso de credulidad y otras por
defecto. Así los muy creyentes confunden una gracia o
favor de Dios con un milagro, y en todo quieren ver
milagros. Cualquier cosa pedida a un Santo de algo que
podía ocurrir como ocurrió que creen que es un milagro,
como por ejemplo el sanar de una enfermedad que no era
mortal. Otros en cambio no admiten ningún milagro, y
niegan, como vimos, hasta la posibilidad de los mismos. Es
conveniente, pues, saber, que es un milagro para no
equivocarse ni faltar por ninguno de los caminos
expuestos. Milagro es un hecho a la vez sensible,
extraordinario y divino. Sensible, es decir, que pueda ser
apreciado por nuestros sentidos, como es, por ejemplo, el
tan conocido de la licuación de la Sangre de San Genaro,
que cada año se repite en Nápoles. Extraordinario, o sea,
que suceda fuera del orden habitual de los fenómenos de
la naturaleza, no de las leyes. Los fenómenos son
resultados de las leyes de la naturaleza. El milagro es una
fuerza, otra causa que hace que el fenómeno se produzca
fuera de lo ordinario de las leyes de la naturaleza. La ley,
pues, subsiste. Divino. Para que ese hecho extraordinario y
sensible sea milagro ha de ser además divino, o sea, Que
bien examinado todo, no pueda atribuirse más que al
poder de Dios, o a la influencia divina. ¿Verdad que el
Cuadro del Perpetuo Socorro está lleno de estos hechos
que llamamos en el verdadero sentido de la palabra
milagros? ¿Verdad que por ella reciben los que se
encomiendan a Ella infinidad de favores y gracias
extraordinarias? Madre querida, no me niegues este
favor, esta gracia, este milagro que te pido.
DÍA OCTAVO
Fines del milagro
Dios no obra a ciegas. Todo lo hizo con un fin: la gloria de
Dios. El es la luz de las cosas, y las cosas son por El luces
que nos permiten conocerlo para servirlo. Por eso el
milagro no es un fenómeno ciego, es algo en lo cual ha
puesto Dios fines muy elevados, Por eso no se repiten con
frecuencia ni están a merced de cualquier voluntad
caprichosa que los profane. ¿Y cuáles son esos fines? El
milagro en cuanto es obra del poder divino y procede de
Dios, tiene un fin remoto universal, apologético, es decir, el
milagro es ante todo y siempre una manifestación de
poder y de la bondad de Dios, y un testimonio fehaciente
de la revelación y de la verdad de la doctrina de Jesucristo
y de la religión verdadera. El milagro en cuanto se refiere
a nosotros tiene también un fin inmediato, que es el de
beneficiar espiritual o temporalmente al hombre, sobre
todo espiritualmente. Dios hace los milagros más por las
almas que por los cuerpos, y aunque beneficie a éstos, el
fin principal es siempre la salvación de las almas. Si este es
el fin ¿por qué temer a la Virgen del Perpetuo Socorro
pidiéndole un milagro? Madre del Perpetuo Socorro!
Ahora que conozco bien lo que es el milagro te lo pido con
más confianza y ansia que nunca. No me lo niegues.

DIA NOVENO
Milagros de la Virgen del Perpetuo
Socorro.
¿Serán leyendas o realidades históricas? No lo sé. Las
primeras páginas de la historia del Perpetuo Socorro,
desde que sale de Creta hasta que es colocada en su
templo de San Mateo, no son sino un relato ininterrumpido
de milagros. Los milagros continúan sucediéndose en el
Santuario de los Padres Agustinos de forma que los
romanos la llaman Virgen milagrosa. En 1866 el Papa Pio
IX entrega el Cuadro a los Redentoristas y desde entonces
cada hijo de San Alfonso es un testigo cierto de algún
milagro de esta Virgen bendita. Esto ya no es leyenda; es
una realidad de nuestros días. No existe en el mundo
moderno imagen ni más conocida, ni más milagrosa, Por
Ella se puede decir que los ciegos ven, como el caso del
niño de Huete (España) y el del soldado de Puchseim
(Alemania); por Ella los cojos andan, como la niña
paralítica de nacimiento que fue curada en Roma el día en
que el culto del Perpetuo Socorro se restablece en 1866;
por Ella los enfermos sanan, como el niño curado de
meningitis en Roma, y el militar tuberculoso de Clonard
(Irlanda), y el epiléptico de Puebla de los Ángeles. Por ella
los afligidos son consolados como el Obispo lituano
libertado de las prisiones rusas; por Ella los pobres son
socorridos, los pecadores convertidos. ¡Madre del Perpetuo
Socorro! Concédeme que sea yo por esta Norena un nuevo
hijo tuyo, que pueda cantar el himno de un nuevo favor
recibido de tus milagrosas manos.

Tomado del Manual del Perpetuo Socorro


Colaboración de Iván Arellano
OFICIO PARVO A LA SANTISIMA
VIRGEN DEL PERPETUO CORRO

MAITINES
L/: Sin cesar ensalcemos, Mi vida será dichosa,
lengua mía Por entre penas y dichas
R/: El Perpetuo Socorro de Porque junto a ti se acortan
María Mis jornadas peregrinas.

Gloria al Padre del que es Como la planta que brota


Hija Al empuje de la brisa
Gloria al Hijo del que es Así crecerá mi amor
Madre Al calor de tus caricias.
Gloria al Espíritu Santo
Que halló esta esposa FLOR
inefable. L/: Flor eres, Madre, que
mi dicha colma
INVOCACIÓN R/: Y tu fragancia en mi
Desde que salga la aurora sendero brota.
Hasta que se ponga el día
Me tendrás Madre amorosa L/: Recibe Madre, dentro
Ante tus plantas benditas. de tu alma
R/: El perfume filial de mi
Quiero que todas mis horas plegaria.
Sean un arpa davídica
Que se desparrame en notas
Frescas, suaves y divinas.
ORACIÓN con la joya celestial de tu
¡Oh tierna Madre del hermosura sin mancha.
Perpetuo Socorro, la mas Amén.
hermosa entre todas las
hijas de Jerusalén, escogida
del Padre, glorificada por el L/: Estos son, Madre mía,
Hijo y predilecta por el los suspiros
Espíritu Santo! Mírame R/: Que del fondo de mi
como a hijo que arrobado alma te dirijo.
ante tanta belleza no puede
a menos exclamar: ¡Que L/: Acógelos, oh Madre,
hermosa eres Oh María, que cariñosa
hermosa eres! Si, hermosa te R/: Y a la Deidad
proclamó tu Creador, tu preséntalos, Señora.
Dios, y al mismo tiempo tu
Hijo, hermosa te proclamó Por siempre sea bendita
también la Santa Iglesia, y Socorro y Perpetuo
tu divina Imagen del Amparo,
Perpetuo Socorro, fue Con el Padre, con el Hijo,
proclamada por Lucía, la Con el Espíritu Santo. Amén.
vidente de Fátima, como la
más semejante a la Madre *La oración y bendición se repiten
de Dios y Madre nuestra, en las otras horas
que esta en los cielos en
cuerpo y alma. Yo, pobre
pecador, también desde hoy
te proclamo por mi
Perpetuo Socorro y te pido
lo seas siempre en mi vida,
en mi muerte y por todos los
siglos, y adornes mi alma
LAUDES
L/: Sin cesar ensalcemos, simas,
lengua mía Sé mi Perpetuo Socorro
R/: El Perpetuo Socorro de Sé mi segura barquilla
María En todas mis tentaciones
No me dejes Madre mía.
Gloria al Padre del que es
Hija FLOR
Gloria al Hijo del que es L/: Broté como acueducto
Madre de la altura
Gloria al Espíritu Santo R/: Y mis corrientes tu
Que halló esta esposa cercado inundan.
inefable.
L/: Recibe, Madre, dentro
INVOCACIÓN de tu alma
En los múltiples peligros R/: El perfume filial de mi
De esta procelosa vida, plegaria
Cuando en lóbrega noche
Me venga a hurtar mi
sonrisa
Cuando los ataques fuertes
De la tentación me visitan
En intentan oscurecer
El resplandor de mis dichas.

Cuando el demonio y el
mundo
Y la carne me persigan
Y el mar de las tentaciones
Me quiera hundir en sus
PRIMA
L/: Sin cesar ensalcemos, Oh mi Perpetuo Socorro
lengua mía Se la palanca que mueva
R/: El Perpetuo Socorro de Este peso del pecado
María De mi cadáver conciencia.

Gloria al Padre del que es FLOR


Hija L/: Como lirio fragante y
Gloria al Hijo del que es entre espinas
Madre R/: Así entre todas es la
Gloria al Espíritu Santo amada mía.
Que halló esta esposa
inefable. L/: Recibe, Madre, dentro
de mi alma.
INVOCACIÓN R/: El perfume filial de mi
Si alguna vez el pecado plegaria.
Llega a empañar mi
conciencia,
Y sus espinas se clavan
En la flor de mi pureza,
Y sus espinas se clavan
En la flor de mi pureza,
Si he tenido la desgracia
De sucumbir a la prueba,
Dejando entrar en mi alma
La serpiente astuta y fiera,
Si el huracán de los vicios
Arrebató mi belleza
Y tengo el alma dormida
Como una apagada estrella,
TERCIA
L/: Sin cesar ensalcemos, Y en tan inmensos peligros
lengua mía No permitas que arrastren
R/: El Perpetuo Socorro de Estos lazos al abismo.
María
FLOR
Gloria al Padre del que es L/: En mi están los tesoros
Hija de la gracia
Gloria al Hijo del que es R/: Y en mí, el camino fiel de
Madre la esperanza
Gloria al Espíritu Santo
Que halló esta esposa L/: Recibe, Madre, dentro
inefable. de mi alma.
R/: El perfume filial de mi
INVOCACIÓN plegaria.
Cuando escuche la sirena
De los placeres prohibidos
Y el mundo con sus halagos
Y el demonio con sus
guiños,
Y la vanidad me llamen
Con persistentes silbidos
Y lecturas dañinas
Y los perjuros amigos
Y las locas compañías
Y vedados compromisos
Con reclamos insistentes
Golpeen en mis oídos
Oh Madre, se mi Socorro
SEXTA
L/: Sin cesar ensalcemos, venza,
lengua mía Y haz que venga cuanto
R/: El Perpetuo Socorro de antes
María El fervor a mi conciencia.

Gloria al Padre del que es FLOR


Hija L/: Mi cabeza cubierta está
Gloria al Hijo del que es de escarcha
Madre R/: Pues descansó en los
Gloria al Espíritu Santo brazos de mi Amada
Que halló esta esposa
inefable. L/: Recibe, Madre, dentro
de mi alma.
.INVOCACIÓN R/: El perfume filial de mi
Cuando mi vida cristiana plegaria.
Degenere en la tibieza,
Mezclando el calor, el frio
Y la luz y las tinieblas…
Donde no baja ni sube
La tensión de mis arterias
Porque mi vida interior
Es una triste flojera
Cuando el letargo, el hastío,
La languidez y pereza
Dominen mi voluntad
Y mi espíritu adormezcan…
Tu Madre, nunca permitas
Que esta enfermedad me
NONA
L/: Sin cesar ensalcemos, Me ayude a llevar la carga,
lengua mía Se tu Madre, bondadosa,
R/: El Perpetuo Socorro de Esa fiel samaritana
María Que al pasar junto a este
enfermo
Gloria al Padre del que es Se acerca a curar sus llagas.
Hija
Gloria al Hijo del que es FLOR
Madre L/: Mi corazón prendiste,
Gloria al Espíritu Santo amada mía.
Que halló esta esposa R/: En el tuyo que amor
inefable. destila

INVOCACIÓN L/: Recibe, Madre, dentro


Si mi espíritu agotado, de mi alma.
Ya no sonríe ni canta R/: El perfume filial de mi
Porque espinas de dolor plegaria.
Hasta el fondo se le clavan
Si mi horizonte se tiñe
Con nubes densas y
cárdenas,
Porque el trabajo y las
penas
Son dos cruces muy
pesadas,
Si me ves caido a veces
En mi penosa jornada
Sin que ningún Cirineo
VÍSPERAS

L/: Sin cesar ensalcemos, ojos


lengua mía y toma en tus manos mi
R/: El Perpetuo Socorro de espíritu
María y haz que muera
pronunciando
Gloria al Padre del que es tu nombre santo y bendito.
Hija
Gloria al Hijo del que es FLOR
Madre L/: Como el siervo suspira
Gloria al Espíritu Santo por la fuente
Que halló esta esposa R/: Así, Oh María, mi alma
inefable. anhela verte.

INVOCACIÓN L/: Recibe, Madre, dentro


Cuando mi vida se de mi alma.
encuentre R/: El perfume filial de mi
Al término del camino, plegaria.
Y en mi lecho de agonía
Espere el postrer suspiro
Cuando ya mi corazón
Tenga pausado el latido,
Y por mis huesos discurra
Un sudor pesado y frío,
cuando la luz se obscurezca
en mis ojos y sentidos,
y la noche con sus sombras
me arrastre hacia el infinito
cierra tú, Madre mía, mis
COMPLETAS
L/: Sin cesar ensalcemos, En tu Perpetuo Socorro,
lengua mía Madre mía soberana,
R/: El Perpetuo Socorro de En tu Perpetuo Socorro
María Pondré toda mi esperanza.

Gloria al Padre del que es FLOR


Hija L/: Ábreme ya la puerta,
Gloria al Hijo del que es hermosa mía
Madre R/: Que la noche de
Gloria al Espíritu Santo escarcha me lastima.
Que halló esta esposa
inefable. L/: Recibe, Madre, dentro
de mi alma.
INVOCACIÓN R/: El perfume filial de mi
Cuando mi alma este plegaria.
bogando
Hacia las eternas playas
Donde el juez soberano
Ha de esperar mi llegada,
Cuando mi vida y pecados
Se inclinen ante sus plantas
Para escuchar de sus labios
Las decisivas palabras.
Cuando no haya
intercesores
Que ante el defiendan mi
causa
Y el peso de mis maldades
Ponga en duda la balanza…
ORACIÓN con la joya celestial de tu
¡Oh tierna Madre del hermosura sin mancha.
Perpetuo Socorro, la mas Amén.
hermosa entre todas las
hijas de Jerusalén, escogida
del Padre, glorificada por el L/: Estos son, Madre mía,
Hijo y predilecta por el los suspiros
Espíritu Santo! Mírame R/: Que del fondo de mi
como a hijo que arrobado alma te dirijo.
ante tanta belleza no puede
a menos exclamar: ¡Que L/: Acógelos, oh Madre,
hermosa eres Oh María, que cariñosa
hermosa eres! Si, hermosa te R/: Y a la Deidad
proclamó tu Creador, tu preséntalos, Señora.
Dios, y al mismo tiempo tu
Hijo, hermosa te proclamó Por siempre sea bendita
también la Santa Iglesia, y Socorro y Perpetuo
tu divina Imagen del Amparo,
Perpetuo Socorro, fue Con el Padre, con el Hijo,
proclamada por Lucía, la Con el Espíritu Santo. Amén.
vidente de Fátima, como la
más semejante a la Madre
de Dios y Madre nuestra, OFRECIMIENTO FINAL
que esta en los cielos en Prosternado ante tu Imagen
cuerpo y alma. Yo, pobre Que bondadosa me mira
pecador, también desde hoy Te consagro, Madre mía
te proclamo por mi Estos momentos de dicha.
Perpetuo Socorro y te pido A ti, Madre, los ofrezco
lo seas siempre en mi vida, Con todas sus alegrías,
en mi muerte y por todos los Porque solo tu comprendes,
siglos, y adornes mi alma El valor de estas visitas.
Por siempre, Madre, por
siempre
Se mi aurora matutina,
Con la estrella de tu frente,
Que alumbre mi travesía.
Mírame con esos ojos
Y esa tu amable sonrisa,
Y tu bendición de Madre
Sea nuestra despedida.
Amén.

Tomado del Manual del Perpetuo Socorro


Colaboración de Iván Arellano
EJERCICIO DE LOS MARTES
POR LA MAÑANA
A1- CANTO:
¡Oh Reina de clemencia!

2-CORONITA DE AMOR:

Yo os amo, ¡Oh Virgen del Perpetuo Socorro!, porque sois,


después de Dios, la criatura más santa y más digna de ser
amada.
Avemaría.

Yo os amo, ¡Oh Virgen del Perpetuo Socorro!, porque sois


la Hija de Dios Padre, la Madre de Dios Hijo y la Esposa de
Dios Espíritu Santo.
Avemaría.

Yo os amo, ¡Oh Virgen del Perpetuo Socorro, porque sois


mi Madre, la más amante y la más amable de todas las
madres.
Avemaría.

Yo os amo, ¡Oh Virgen del Perpetuo Socorro!, porque me


habéis redimido con Vuestros dolores y con vuestras
lágrimas.
Avemaría.

Yo os amo, ¡Oh Virgen del Perpetuo Socorro!, porque sois,


Con Jesús, mi amparo.
Avemaría.

.
Yo os amo, ¡Oh Virgen del Perpetuo Socorro!, y quiero
amaros con todo mi corazón, cada día más y toda mi vida,
para amaros eternamente en el cielo,
Avemaría.

Yo os amo, ¡Oh Virgen del Perpetuo Socorro!, y quisiera


que os amasen todos los hombres en la tierra como Dios,
los ángeles y los santos os aman en el Cielo.
Avemaría.

3-CANTO.

Yo te doy
¡Oh Madre querida!

4-BREVE PAUSA.

Pida cada uno la gracia que desee conseguir en este


martes, a este fin rezaremos tres Avemarías a Nuestra
Señora del Perpetuo Socorro y tres Gloria Patri a Nuestro
Padre S. Alfonso.

5-ORACIÓN.
Mi amantísima Madre y Madre de todos los necesitados,
que en vuestra portentosa Imagen sois la Dispensadora de
todas las gracias, socorrednos en todas las necesidades
espirituales y temporales que nos afligen, y, pues sois
nuestra Madre. Alcanzadnos el perdón de nuestras culpas,
la perseverancia en el servicio de Dios y el favor especial,
que os pedimos en este martes, si ha de ser para gloria de
Dios y vuestra, y además, para bien de nuestras almas.
Amén.
6-LECTURA DE UN PUNTO DE MEDITACIÓN SEGÚN EL
MANUAL.

7-DESPUÉS DE LA ELEVACIÓN.
CANTO: Te adoro Sagrada Hostia...

8-CORONITA EUCARÍSTICA.

¡Oh Virgen del Perpetuo Socorro! Por la alegría que


experimentó tu Corazón cuando tu Hijo Divino te reveló el
misterio de la Eucaristía, haz que mi alma salte de gozo
cuando Jesús me abra las puertas del Sagrario y me invite
a su banquete de amor.
Avemaría.

¡Oh Virgen del Perpetuo Socorro! Por aquella inmensa


caridad con que te complaciste en que tu Hijo divino nos
diera el cuerpo y sangre, que de Ti recibió y permaneciera
en el tabernáculo, prisionero de amor, concédeme la
gracia de que sea mi cuerpo por la pureza, santuario de su
divinidad, y mi corazón, por la humildad, víctima de su
caridad.
Avemaría.

¡Oh Virgen del Perpetuo Socorro! Por aquellos deliquios


celestiales que sintió tu corazón cuando por vez. primera,
viste la Hostia Santa, abriste tus labios y la recibiste en tus
purísimas entrañas, dame la gracia de que mi alma salte
de gozo santo ahora que voy a tener la misma dicha que
Tú tuviste.
Avemaría.
¡Oh Virgen del Perpetuo Socorro! Por aquel fervor
inefable con que todos los días recibías la Sagrada
Comunión, haz que todos los días venza yo la pereza de mi
carne, la vana opinión del mundo y la vanidad de los
negocios terrenales, y venga a asistir al sacrificio del altar
y a alimentarme de la divina Eucaristía. Avemaría.

¡Oh Virgen del Perpetuo Socorro! Por la paz celestial, que


inundó tu espíritu, cuando herida de la caridad y próxima
a salir de este mundo, recibiste a tu Jesús, que venía a
consolarte y a darte la última gracia con su sagrado
viático, concédeme la gracia de que, cuando llegue mi
última hora, tenga también la dicha de recibir a Jesús y de
que El, con el viático de su cuerpo y de su amor, me lleve
de los brazos de la muerte al trono del cielo.
Avemaría.

9-A LA COMUNIÓN.

Rezando en voz alta el "Yo pecador" van todos por el


medio a comulgar y al propio tiempo cantan alguna
letrilla piadosa.

10--DESPUÉS DE LA COMUNIÓN.
Tras breve pausa, para dar gracias, rezan todos la
siguiente:

ORACIÓN
¡Benignísima Señora y Madre del Perpetuo Socorro!,
grandes son las tribulaciones y trabajos que padecemos
en esta vida, y a Vos acudimos en busca de consuelo y
remedio, poniendo en vuestras manos nuestra suerte,
.
nuestra Vida, nuestra muerte y nuestra salvación. Si
perpetuas son las penas, que por nuestros pecados
merecemos, Perpetuo es también vuestro Socorro, y
poderosa para con Dios Nuestro Señor vuestra intercesión.
Alcanzadnos, pues, la gracia de vivir santamente, el favor
especial, que pedimos en este martes si es para la mayor
gloria de Dios, honra vuestra y bien de nuestras almas. Os
pedimos, además, la dicha de veros un día en el cielo.
Amén.
(Se rezan tres Avemarías).

11-ORACIÓN FINAL
Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María, Señora Nuestra y
Madre del Perpetuo Socorro!, que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que se han acogido a Vuestra
protección e implorado vuestro Perpetuo Socorro, haya
sido abandonado de Vos. Animado de esta confianza
vengo a Vos, soberana Señora, y postrado ante Vuestra
prodigiosa Imagen os hago presente mi necesidad y
pongo por última con vuestras reales manos, mi petición.
No la desechéis, ¡oh Señora y Madre mía!, antes, al
contrario, oídme bondadosa y despachad favorablemente
esta mi humilde súplica. Amén.

12-DESPEDIDA,
Himno oficial al Perpetuo Socorro.
La música de este y otros himnos puede verse en el
librito Melodías populares al Perpetuo Socorro.
POR LA TARDE
1-EXPOSICIÓN DE SU DIVINA MAJESTAD.

2-ESTACIÓN, ROSARIO CON MISTERIOS CANTADOS,


LETANÍAS.

3-ORACIÓN.
(Sacerdote sólo)
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Aquí tenéis a vuestros
pies a un miserable pecador, que a Vos acude y en Vos
confía ¡Madre de Misericordia, tened piedad de mí! Oigo
que todos os llaman refugio y esperanza de los pecadores;
sed, pues, el refugio y la esperanza mía. Socorredme por
amor a Jesucristo. Tended la mana a un miserable caído
que a Vos se encomienda y se consagra por vuestro siervo
perpetuo. Bendigo y doy gracias a Dios que, por su
misericordia, me ha concedido esta confianza en Vos, que
yo miro como una prenda segura de mi eterna salvación.
Ah infeliz de mí, en el tiempo pasado he caído en la culpa
por no haber acudido a Vos, y tengo por cierto que, si a
Vos me encomiendo, me ayudaréis y saldré victorioso.
Pero este es mi temor, que en las ocasiones de pecar deje
de llamaros en mi ayuda y así me pierda. Concededme,
pues esta gracia, que ardientemente os pido. Alcanzadme
que en los asaltos del infierno siempre recurra a Vos
diciendo: ¡María, ayudadme! ¡Virgen del Perpetuo Socorro,
no permitas que pierda a mi Dios!

4-SÚPLICA.
(todos)
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro!, mi Corazón rebosa de
confianza en Vos, a causa de este nombre que lleváis.
Heme, pues, a Vuestros Pies, Vengo a manifestaros todas
las necesidades, así de mi vida como de mi muerte. Vengo
a implorar, como remedio a tantas miserias vuestro
perpetuo y maternal socorro. Dignaos ¡oh María! ¡oh
Madre mía! escuchar compasiva mis humildes súplicas:

-En todas mis -Si me olvidare de acudir


dificultades, penas y a Vos,
miserias, para que pronto os
invoque,
-En el momento
peligroso de la -En el importante deber
tentación para que yo de la confesión, para que
resista, lo cumpla pronto y
bien,
-Después de mis caídas,
para que -Para que reciba
pronto me levante, dignamente y con fervor
la Sagrada Comunión,
-Si algún lazo funesto me
encadena al servicio del -Para que llegue a amar
demonio, para romperlo, a Dios con
rodo mu corazón,
-Si tardare en
convertirme, para -Para que cumpla
que al fin me rinda, fielmente las
obligaciones de mi
-Si tuviere la desdicha de estado,
vivir en sacrilegio, para
que tenga valor de -Si la enfermedad
confesarme bien, afligiere mi cuerpo y
abatiere mi alma.
Si me sintiere agobiado
-En las últimas
bajo el
tentaciones que
del tedio y de la tristeza,
precedan y acompañen
mi última agonía
-Si alguno de mis
prójimos me hiciere
-En mi último suspiro,
sufrir,
-Cuando esté en el
-Si la Providencia me
Purgatorio.
sujetase a la
pobreza o a los reveses
-En todo tienmpo y en
de la fortuna.
todo lugar,
-Si encontrare en mi
-Para que os sirva, os
familia motivos de pena
ame y os invoque
y aflicción,
siempre,
-Para que consiga la
-Para que ame a
salud o el alivio de los
Jesucristo,
que amo,
-Para que lleve a vuestro
-Para que con mis
amor y servicio a
oraciones alcancen
muchos cristianos,
libertad las almas del
purgatorio,

-Para que coopere a la


conversión
de los pecadores,

-Cuando llegue mi última


enfermedad,
5-CANTO.
¡Oh María, Madre mía!
¡Oh consuelo del mortal! etc.

6-ORACIÓN.
(Todos)
Oh Santísima Virgen María, que para inspirarnos una
confianza sin límites, habéis querido tomar el dulcísimo
nombre de "Madre del Perpetuo Socorro'" yo os suplico me
socorráis en todo tiempo y en todo lugar, en mis
tentaciones, después de mis caídas, en mis dificultades, en
todas las miserias de la vida y sobre todo en el trance de la
muerte. Concededme ¡oh amorosa Madre! el pensamiento
y la costumbre de recurrir siempre a Vos, porque estoy
cierto de que si soy fiel en invocaros, Vos seréis fiel en
socorrerme. Obtenedme pues, esta gracia de las gracias; la
gracia de suplicaros sin cesar, con la confianza de un hijo,
a fin de que por la virtud de súplica constante obtenga
vuestro perpetuo socorro y la perseverancia final.
Bendecidme ¡oh tierna y cuidadosa Madre! y rogad por mi
ahora y en la hora de mi muerte. Así sea.

Pida cada quien la gracia que desee conseguir en este


martes

(Todos)
A estas intenciones vamos a rezar tres Avemarías a
Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro y Tres Gloria Patri a S.
Alfonso.

¡Oh María, Madre del Perpetuo Socorro, rogad por mí!


¡Protector mío, S. Alfonso, haced que en todas mis
necesidades recurra a María!
-Lectura de un punto de meditación según el Manual y de
los favores otorgados por la Virgen del Perpetuo Socorro.

8-ORACIÓN FINAL.
Señor mío Jesucristo, que nos diste a tu Madre Santísima,
la Virgen María, para que la venerásemos con el título
insigne de "MADRE DEL PERPETUO SOCORRO" te
suplicamos, que los que imploramos con frecuencia su
maternal favor, merezcamos participar constantemente
de los frutos de tu redención. Que vives y reinas por los
siglos de los siglos. Amén.

JACULATORIA:
(Todos)
¡Seáis amada, seáis alabada, seáis invocada, seáis
eternamente bendita, ¡oh Virgen del Perpetuo Socorro! mi
esperanza, mi amor, mi Madre, mi refugio y mi vida.
Amén.

9-RESERVA.
El sacerdote baja del púlpito; revestido de capa pluvial
hace la reserva como de ordinario. Después se quita la
capa pluvial y asistido de un acólito con el acetre y el
cuadro del Perpetuo Socorro procede a las Bendiciones.

10-BENDICIONES.
-Para los niños sanos.

Adjutorium nostrunm
Domine, exaudi orationem.
Dominus vobiscum.
OREMUS
Domine Jesu Christe, Fili Dei vivi, quiante omnia sæcula
genitus, in tempore tamen infans esse voluisti, et hujus
ætatis diligis innocentiam; qui parvalos tibi oblatos
amanter complexus es, eisque benedixisti; infantes istos
præveni in benedictionibus dulcedinis, et præsta ne
malitia mutet intellectum eorum, eisque concede ut
proficientes ætate, sapientia et gratia, tibi semper placere
valeant. Qui vivis et regnas cum Deo Patre, in unitate
Spiritus Sancti Deus, per omnia sæcula sæculorum. Amen.

Pax et benedictio Dei Omnipotentis, Patris et Filii et


Spiritus Sancti descendant super vos et maneat semper.

(Los rocía con agua bendita)

B-Para los niños enfermos.

OREMUS
Deus, qui miro ordine angelorum ministeria,
hominumque dispensas, concede propitius, ut a quibus
Tibi ministrantibus in celo semper assistitur, ab his in
terra vita horum puerorum muniatur. Per Christum
Dominum nostrum. Amen.

Extendens manns. Super ægros manus imponent et bene


habebunt. Jesus Mariæ Filius mundi salus et Dominus,
meritis et intercessione Sanctorum Apostolorum suorum
Petri et Pauli et omnium Sanctorum sit vobis clemens et
Amen.

Benedictio Đei Omnipotentis Patris et Fili et Spiritus Sancti


descendat super vos et maneat semper. Amen.

(Los rocía con agua bendita)

C-Para los adultos enfermos.

OREMUS
Respice, Domine, famulos tuos in infirmitate corporis
laborantes, et animas refove quas crecasti, ut
castigationibus emendati, continuo se sentiant tua
miseratione salvatos. Per Christum Dominum nostrum.
Amen.

(Los rocía con agua bendita)

11-ÚLTIMA BENDICIÓN.
Se toma un cuadro grande de Ntra. Sra. del Perpetuo
Socorro; se levanta en alto y con él se traza despacio la
señal de la cruz sobre el pueblo diciendo: Que la Virgen
del Perpetuo Socorro nos bendiga a todos.

El pueblo responde: Así sea.

Luego van los fieles desfilan por el Comulgatorio y se


les da a besar un cuadrito de Ntra, Sra. del Perpetuo
Socorro.

Al retirarse recibe cada quien algunas Miniaturas


para sus enfermos.
OH REINA DE hermosa,
CLEMENCIA Devuélvele su horror a la
impiedad.
Coro:
¡Oh Reina de clemencia! 4-Escúchanos, ¡oh Virgen
¡Oh Madre del amor! santa y pura,
Tu Perpetuo Socorro Madre de Dios, Madre del
Implora nuestra voz. Redentor!
Gracia, salud y celestial
1-Al corazón benigno de ventura
María Alcánzanos piadosa del
Ven sin tardar, ¡oh pobre Señor.
pecador!
Si en su bondad tu
corazón confía
Te alcanzará la gracia del
Señor.

2-Ven, alma a fiel,


humilde y generosa,
Dios amar deseas con
fervor:
ven a esta Madre tierna y
amorosa.
Y abrasará tu pecho en
santo amor.

3-Madre de Dios, Patrona


Poderosa!
De nuestra patria, ¡oh
Reina! ten piedad
Devuélvele su fe pura y
YO TE DOY

Yo te doy, - ¡Oh Madre


querida!
Alma, vida, - Cuanto
soy!

1.-Con ardor - Ofrézcote,


Madre
El don suave - Del amor…

2.-A tus pies - Benditos


postrado
Y humillado - Ya me ves.

3.-Sin cesar - Te quiero,


María,
Cada día - Invocar.

4.-Al morir, - También a


Ti quiero,
Como espero, - Acudir.

5.-Y elevar - Hacia Ti mi


vuelo
Y en el Cielo - Exclamar.

Tomado del Manual del Perpetuo Socorro


Colaboración de Iván Arellano

También podría gustarte