Título: Esteban: Lo que nadie vio venir
Prólogo Nadie me preparó para perderlo todo. Ni para seguir sonriendo cuando por dentro te estás
muriendo. Nadie me dijo que el peor día de tu vida podía comenzar igual que cualquier otro: con el sonido
del despertador, un café, una mirada distraída al espejo. Nadie.
No me llamo Esteban por accidente. Mi papá me puso ese nombre porque le recordaba fuerza. A mí, por
años, solo me recordó silencio. Este libro no es para contar lo que viví. Es para sacarme de adentro todo lo
que nunca dije. Y si te ves reflejado en alguna línea… entonces ya no estoy solo.
Capítulo 1: El día que todo se quebró Amanecí tarde. Eso no pasaba nunca. Eran las 9:17 a. m. y tenía 3
llamadas perdidas, todas del mismo número: "Mamá". No pensé nada. Solo marqué. No contestó. Me
duché rápido. Bajé por las escaleras sin desayunar. Y justo al salir, el portero me detuvo:
—Esteban… tu mamá bajó a las 7… no volvió a subir.
Mi mente se llenó de huecos. La misma sensación que uno tiene cuando sueña que cae al vacío. El portero
no sabía nada más. La calle estaba tranquila. Demasiado. Ese tipo de calma que te grita que algo está mal,
aunque nadie lo diga.
Caminé hasta la esquina. Ahí estaba el taxi. Vacío. Sin nadie dentro. Sin llaves. Sin rastro. Solo una bolsa
negra… y una nota.
No la abrí ahí. La metí en mi chaqueta como quien esconde una bala. Y empecé a caminar sin rumbo. Ese
fue el primer día del resto de mi vida. El día en que todo lo que creía estable… colapsó.
No sabía que mi mamá no volvería jamás. No sabía que esa nota tenía 11 palabras que me perseguirían los
próximos 3 años. No sabía que esa mañana, sin yo saberlo, ya era otra persona.
Capítulo 2: La nota La nota decía: "No busques culpables. No es tu responsabilidad. Perdóname".
Once palabras. Y sin embargo, me atravesaron como cuchillas. Me senté en una banca frente a la panadería
del barrio. Tenía frío, pero no por el clima. Me temblaban los dedos. Releí la nota al menos cinco veces,
como si pudiera cambiar algo. Como si el papel, por arte de magia, dijera otra cosa.
Ese día no fui a trabajar. No respondí mensajes. No regresé a casa. Caminé hasta que oscureció. Pensé en
mil escenarios, pero ninguno tenía sentido. ¿Dónde estaba? ¿Por qué se fue? ¿Qué hice yo para provocar
esto?
Capítulo 3: La ausencia Los días siguientes fueron una neblina. La policía vino. Hice la denuncia. Revisaron
cámaras. Nadie tenía respuestas. Ni un solo testigo. Ni una llamada. Nada.
Pero lo peor no fue eso. Lo peor fue abrir su armario. Vacío. Como si nunca hubiera estado ahí. Como si mi
madre hubiera sido un sueño largo y triste. Como si yo me lo hubiera inventado todo.
1
Mi hermana vino desde otra ciudad. Me abrazó como si yo fuera un niño. Me preguntó si había discutido
con mamá. Le mostré la nota. Lloró. No volvió a hablar del tema.
Capítulo 4: Lo que no se dice Pasaron semanas. Y luego meses. Empecé a evitar a la gente. No salía más allá
del mercado. Perdí peso. Perdí sueño. Me aferré a rutinas inútiles. Me obsesioné con revisar foros, leer
casos parecidos. Me encontré en videos de desaparecidos, aunque ninguno era ella. Nadie era ella.
Soñaba con ella cada tres noches. En algunos, me culpaba. En otros, solo me miraba desde lejos. Siempre
había silencio. Nunca decía nada. Y eso era peor.
Capítulo 5: Cuando caí más hondo Un domingo desperté en el piso. No recordaba haber bebido tanto.
Había vómito en la cocina y vidrios rotos. Había dejado el gas abierto. No sé si fue un intento inconsciente o
simplemente descuido. Pero ese día supe que estaba al borde.
Me encerré una semana. Me rapé la cabeza. Dejé de usar celular. Escribí cartas que nunca envié. Una de
ellas decía: "Me llamo Esteban, pero ya no sé quién soy."
Capítulo 6: La llamada Ocho meses después, una llamada desconocida. Número bloqueado. Una voz de
mujer.
—¿Esteban? ¿Tú eres Esteban? —Sí… ¿quién habla? —Tu mamá está bien. Pero no puedes buscarla. Es por tu
bien.
Y colgó.
Me quedé congelado. Era su voz. Lo juro. No era alguien parecido. Era ella. Lo supe por el modo en que dijo
mi nombre. Por el tono. Por cómo callaba.
Capítulo 7: Las grietas del pasado Desde ese día, mi mente volvió al pasado. A las veces que discutimos. A
los silencios. A las cosas que no dije. Me vi a mí mismo siendo duro. Siendo indiferente. Siempre exigiendo y
nunca preguntando cómo estaba ella.
Le pregunté a mi papá si sabía algo. Me dijo que no. Pero vi sus ojos. Me mentía. Había una historia ahí,
oculta desde antes que yo naciera. Y mi mamá había cargado con todo eso sola.
Capítulo 8: El regreso Un año después de la desaparición, recibí una carta. Sin remitente. Solo decía:
"Si un día decides perdonarme, ve al lugar donde todo comenzó. 7:00 a. m. —mamá"
Fui. Era el parque donde solíamos desayunar empanadas cuando era niño. Estaba ahí. Más delgada. Más
vieja. Pero era ella. Nos miramos 10 segundos. Y luego lloramos. No dijimos nada más ese día.
Capítulo 9: Perdón Hablamos por horas. Me contó cosas que nunca imaginé: deudas, amenazas, un escape
obligado. Me pidió perdón. Yo también. Porque entendí que el dolor no siempre se expresa. A veces se
calla. Y se va.
2
Le dije que estaba dispuesto a empezar de nuevo. Me pidió tiempo. No volvió a irse, pero tampoco volvió a
ser la misma. Y eso estaba bien.
Capítulo 10: Cuando me perdoné A los 32 entendí algo que me cambió: no hay sanación sin perdón, y no
hay perdón sin entender que las personas también se rompen. Yo me rompí. Ella también. Pero nos
encontramos en los pedazos.
Volví a vivir. A amar. A salir sin miedo. A dormir sin pesadillas.
Epílogo: Esteban ahora Hoy me llamo Esteban y entiendo por qué mi papá me puso ese nombre. Porque me
caí. Porque me partí. Pero también porque aprendí a levantarme. Y ahora, cuando alguien me dice que
parece que tengo todo en orden, sonrío.
Porque nadie ve lo que uno lleva por dentro. Porque nadie vio lo que a mí me tocó vivir.
Y porque a veces, eso que no se ve… es lo que te hace fuerte.