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Albedo

No toda la radiación solar incidente sobre una superficie (irradiancia, E) es absorbida; en general una
fracción  se absorbe, otra  se refleja, y otra  se transmite (con ++=1). Considerando el conjunto
superficie terrestre más atmósfera como un todo, no hay transmisión ulterior, y la absorción de la radiación
solar será E=(1)E, siendo  la absorptancia y  la reflectancia o albedo (Lat. albus, blanco), que
depende fuertemente de la presencia de nubes. La distribución espectral del albedo es parecida a la de la
radiación solar incidente (realmente es algo mayor en el ultravioleta y algo menor en el infrarrojo). La
distribución angular del albedo (i.e. la distribución bidireccional de reflectancias) suele considerarse
uniforme (i.e. reflexión difusa).

El valor medio global del albedo de la Tierra es =0,30. El valor medio zonal varía casi parabólicamente
desde =0,2 en el Ecuador a =0,7 en los Polos, como se muestra en la Fig. 3. El albedo local normal en
un cierto instante se mide con radiómetros embarcados en satélites, por cociente entre la radiación reflejada
por la Tierra y la recibida del Sol, aunque no es tan fácil como pudiera parecer, porque la del Sol es
unidireccional, pero la reflejada sale en todas las direcciones). El valor local del albedo puede variar entre
=0,05 sobre el mar despejado en la vertical solar (aunque puede alcanzar =0,7 con el Sol en el horizonte),
hasta =0,9 sobre nubes cúmulo-nimbo ecuatoriales o sobre nieve fresca; sobre los desiertos
=0,2..0,4, y sobre la taiga =0,1..0,2. El albedo tiene un efecto realimentador, como se puede apreciar en
la nieve: al cubrirse de blanco el suelo, se absorbe menos energía solar y la nieve dura más El albedo lunar
es pequeño, =0,1, dando una iluminancia en noches claras con luna llena de 0,25 lux (para un observador
en la Luna, la ‘tierra llena’ en luna nueva da casi cien veces más, unos 200 lux, la iluminación típica de una
sala de estar).
Fig. 3. Albedo medio zonal en la Tierra (la media global es =0,30), basado en medidas de 1962-69 por
satélite (Vonder Haar & Suomi, 1971).
Emisión
Todos los sistemas materiales emiten continuamente radiaciones electromagnéticas, debido a los
movimientos microscópicos de cargas eléctricas subatómicas en permanente agitación térmica. La potencia
emitida por unidad de área se llama emitancia, M, y su estudio se basa en modelo de radiación de ‘cuerpo
negro’. Aunque el interés aquí va a estar en la emisión de la Tierra (superficie y atmósfera), también se
menciona la emisión del Sol, que, salvo el factor de escala, coincide con la irradiación que llega a la Tierra
porque no hay absorción intermedia.

La radiación de cuerpo negro es la que saldría a través de un pequeño agujero en un recinto cerrado de
paredes aislantes (en su interior, la materia, cuyas características ya no son relevantes, estaría en equilibrio
termodinámico con la radiación que emana de los átomos fluctuantes, i.e. con el campo electromagnético
creado por las cargas eléctricas microscópicas en continuo movimiento). Como el ojo ve negros los
agujeros sin fondo, y de hecho, las superficies que aparecen negras a la luz (radiación visible) lo son porque
no reflejan nada, como los agujeros, se dice radiación de cuerpo negro; aunque, si una superficie
visiblemente negra se "ilumina" con otro tipo de radiación (e.g. infrarroja), puede que la refleje y ya no
sería negra como el agujero (que, tanto en el infrarrojo como en el visible, nunca reflejaría nada), por lo
que con esta nomenclatura se da el curioso hecho de que la nieve (blanca) se comporta como un cuerpo
negro para las radiaciones infrarrojas. La termodinámica del equilibrio enseña que si una radiación
(equivalente a un gas de fotones) queda completamente caracterizada por su energía total, y está en
equilibrio termodinámico, la distribución espectral de la energía que fluye por unidad de área, llamada
emitancia espectral, M, viene dada por la ley de Planck de 1901, deducida teóricamente por Bose en 1924:

 2 hc
2

M 
  hc   (7)

 5 exp  1
  k T  

donde  es la longitud de onda de la radiación, h=6,6·10-34 J·s es la constante de Planck, c=3·108 m/s es la
velocidad de la luz, y k=1,38·10-23 J/K es la constante de Boltzmann; M suele darse en unidades de
(W/m2)/m.

La distribución espectral de la irradiación solar, que corresponde aproximadamente a la que emitiría un


cuerpo negro a 5800 K (unos 5500 ºC), tiene un 10% de la potencia en la banda ultravioleta (que es muy
absorbida por todos los gases en la ionosfera y por el ozono estratosférico), un 40% en la visible (para la
que la atmósfera es casi transparente), y un 50% en la infrarroja (que es absorbida parcialmente por el vapor
de agua y en mucha menor proporción por otros gases de efecto invernadero).

La irradiancia solar, E, está relacionada con la emitancia solar, M, a través del balance de radiación total
que sale de la superficie del Sol (de área 4RS2), y llega a una superficie esférica a la distancia Sol-Tierra
(de área 4RST );2 i.e. M4RS =E4
2 RST , donde se ve que la irradiancia solar (la espectral y la total) disminuye
2

con el cuadrado de la distancia al Sol, E=M(RS/RST)2. La distribución espectral de Planck presenta dos
importantes corolarios:
 El máximo de la distribución espectral tiene lugar a una longitud de onda tal que TMmax=2,9·10-3
m·K (se llama ley de Wien). Para la radiación solar (TS=5800 K) se tiene que Mmax=0,5·10-6 m (i.e.
0,5 m), que corresponde bastante bien con la longitud de onda de mejor visión del ojo humano,
como era de esperar de acuerdo con la teoría de la evolución biológica.
 La integral de la distribución espectral, extendida a todo el espectro, da la llamada ley de Stefan-
Boltzmann M=Md=T4, siendo =25k4/(15c2h3)=5,67·10-8 W/(m2·K4) la constante de Stefan-
Boltzmann.

Ejercicio 3. En 1880, Jozef Stefan calculó por primera vez la temperatura del Sol comparando la irradiancia
total recibida del Sol sobre un detector térmico de pequeña apertura (que por unidad de área del sensor
es M=T4), con la recibida de una chapa al rojo vivo a unos 1500 K, resultando una relación del orden de
200 a 1. Determinar el grado de aproximación de este resultado experimental respecto al

valor real.

Solución. De la relación de irradiancias entre el Sol y la chapa, TS 4/(TC )=200,


4
se deduce
TS=TC·2001/4=1500·3,76=5600 K que, pese a la gran incertidumbre en las medidas de la temperatura de la
chapa (tal vez de un 10% contando con el efecto de la emisividad no ideal), la incertidumbre en la relación
de irradiancias (que tal vez fuese mayor, aunque esta incertidumbre queda reducida a la cuarta parte por
la dependencia funcional), y el hecho de no tener en cuenta la absorción atmosférica (que reduce en un
30% la irradiancia solar a nivel del suelo respecto al exterior de la atmósfera, darían una incertidumbre
total en la temperatura del Sol del orden del 20%, i.e. unos 1000 K, pese a lo cual, quedaba claro que era
superior a la de cualquier proceso de combustión conocido (los procesos nucleares no se

descubrieron hasta el primer tercio del siglo XX).


La emisión de radiación de los cuerpos ordinarios está siempre en la banda infrarroja porque su temperatura
no suele ser mayor de 1000 K ni menor de 100 K. Como la potencia emitida por unidad de superficie
depende básicamente de su temperatura, la emisión terrestre no varía mucho con la hora del día ni el mes
del año (la absorción solar es máxima a mediodía y nula durante la noche). En la Fig. 4 se muestra la
distribución zonal de radiación solar absorbida (en la superficie más la atmósfera), y la distribución zonal
de radiación emitida por la Tierra (superficie más atmósfera), así como su diferencia,
i.e. la radiación neta recibida, cuyo valor medio es nulo por ser iguales la absorción media y la emisión
media (nótese que se trata de medias superficiales, y que en una esfera hay casi tanta superficie entre 0 y
30º de latitud que entre 30º y 90º).

Fig. 4. Distribución media zonal de la radiación solar absorbida, radiación infrarroja emitida, y radiación
neta recibida (i.e. su diferencia). Referencia en Fig. 3.

Debido a la asimetría Sur-Norte que se aprecia en la Fig. 4, originada por el desigual reparto de mares y
continentes entre ambos hemisferios y la ligera variación de la distancia Sol-Tierra, los flujos convectivos
de energía Sur-Norte que las corrientes de aire y de agua transportan también presentan una disimetría
zonal, como se presenta en la Fig. 5.

Fig. 5. Flujos de energía Sur-Norte por convección en la atmósfera (línea a trazos) y en el océano (línea a
puntos); la línea continua es la suma de las dos, y coincide con el balance de radiación neta
extraterrestre desde el Ecuador hasta la latitud considerada (Zhang & Rossow, 1997).

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