Biblia
Parte 1
Nociones Preliminares
Obispo Alejandro (Mileant).
Traducido por Dra. Elena Ancibor
Contenido: Por qué nos son valiosas las Sagradas Escrituras. Noción sobre las Sagradas Escritu-
ras. Sobre la inspiración Divina de los libros de la Biblia. El aspecto primario y los idioma de las
Escrituras. Historia de la aparición de la Biblia. Nociones breves sobre las traducciones de la Bi-
blia. Cómo leer la Biblia.
Por qué Nos Son Valiosas
Las Sagradas Escrituras
La finalidad de este y de los subsiguientes folletos sobre la Biblia, es dar al lector ortodoxo los
conocimientos básicos sobre cómo, por quién y cuándo fueron escritos los libros de las Sagradas
Escrituras y asimismo presentar en forma resumida su contenido.
Para nosotros los ortodoxos, las Sagradas Escrituras nos son valiosas ya que contienen las
bases de nuestra Fe. Pero hay que reconocer que mientras los otros cristianos se esmeran en el
estudio de la Biblia, los ortodoxos, con raras excepciones, la leen poco, sobre todo el Antiguo
Testamento. Es verdad que milenios nos separan del tiempo cuando fueron escritos los sagrados
libros de la Biblia y no es fácil para el lector actual trasladarse al medio ambiente de aquel tiem-
po. Sin embargo, cuando se toma el conocimiento de la época, de los designios de profetas, y de
la particularidad de la lengua de la Biblia, el lector comienza a entender profundamente su rique-
za espiritual. Se le torna clara la unión íntima entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Simultá-
neamente el lector comienza a percibir los conflictos religiosos y éticos que inquietan a la socie-
dad contemporánea, ya no los problemas específicos de por ejemplo el siglo 20, sino los conflic-
tos intrínsecos entre el bien y el mal, entre la fe y su ausencia, que siempre caracterizaron a la
sociedad humana.
Las páginas históricas de la Biblia son valiosas para nosotros porque ellas no sólo cuentan
los sucesos del pasado, en forma verídica, sino que también los colocan en una correcta perspec-
tiva religiosa. En esto, con la Biblia, no puede ser comparado ningún otro libro antiguo, ni con-
temporáneo. Esto ocurre porque la evaluación de los hechos descritos en la Biblia, no es dada por
el hombre sino por Dios. Así, en la Luz de la Palabra Divina, los errores o aciertos en la resolu-
ción de los problemas morales de las generaciones pasadas, pueden servir de guía para resolver
los problemas tanto personales como sociales de la humanidad actual. Tomando conocimiento de
los contenidos e importancia de los libros sagrados, el lector, paulatinamente comienza a amar
las Sagradas Escrituras, encontrando en cada nueva lectura, nuevas perlas de la Sabiduría Divina.
Por eso las Sagradas Escrituras son la enseñanza para toda la vida no sólo para un estudiante
adolescente, sino también para el más grande teólogo, no sólo para un laico que se inicia en el
tema , sino también para un sacerdote o un sabio anciano.
Dios indica a Josué Navin: “Que este libro de la ley no se separe de tu boca, estúdialo día y
noche” (Josué 1:8). El apóstol Pablo escribe a su discípulo Timoteo: “Desde la infancia tu cono-
ces las Sagradas Escrituras que te proporcionan la sabiduría para la salvación” (2 Tim. 3:15).
Así, a continuación presentamos los conocimientos básicos sobre la Biblia y sus autores.
Nociones sobre las
Sagradas Escrituras
El conjunto de libros escritos por los profetas y apóstoles, bajo la inspiración del Espíritu Santo,
se llama las Sagradas Escrituras o Biblia. La palabra “Biblia” (ta Biblía) en griego significa “li-
bros.”
El tema principal de las Sagradas Escrituras es la salvación de la humanidad por el Me-
sías, quien es el Hijo de Dios encarnado, Nuestro Señor Jesucristo.
En el Antiguo Testamento se habla de la salvación en forma de símbolos y profecías acerca
del Mesías y el Reino de Dios. En el Nuevo Testamento, se presenta la realidad de nuestra salva-
ción a través de la encarnación, la vida y las enseñanzas de Dios-Hombre, sellada por Su muerte
en la Cruz y la Resurrección.
Según el tiempo cuando fueron escritos, los libros se dividen en los del Antiguo Testamento
y los del Nuevo Testamento. Los primeros contienen lo que Dios reveló a los hombres a través
de los profetas divinamente inspirados antes de la llegada del Salvador a la tierra. Los segundos
contienen lo que reveló y enseñó en la tierra nuestro Salvador y sus Apóstoles.
Sobre la Inspiración
de las Sagradas Escrituras
Nosotros creemos que los profetas y los apóstoles escribían no por su entendimiento humano
sino por la inspiración de Dios. El purificaba sus almas, esclarecía su mente y abría los misterios
del futuro, inalcanzables por conocimiento natural. Por eso sus escritos se llaman inspirados por
Dios. “Ninguna profecía de la Escritura es de particular interpretación; Porque la profecía no
fué en los tiempos pasados traída por voluntad humana, sino los santos hombres de Dios habla-
ron siendo inspirados del Espíritu Santo,” según el testimonio del Apóstol Pedro (2 Ped. 1:21).
Apóstol Pablo llama a las Escrituras “Teo-inspiradas” (Tim. 3:16).
La imagen de la Revelación Divina a los profetas se puede ejemplificar con Moisés y Aa-
ron. A Moisés, quien era tartamudo, Dios dio de intermediario a Aaron. Cuando Moisés expresa
su extrañeza sobre cómo podrá él transmitir al pueblo la voluntad de Dios siendo tartamudo, el
Señor dijo: “Tu Moisés hablarás a Aaron y pondrás Mis palabras en su boca. Mientras yo estaré
cerca de tu boca y de la de él y les enseñare qué tienen que hacer, y hablará él en lugar tuyo al
pueblo. Así él será tu boca y tu serás para él en lugar de Dios” (Ex.4:15-16).
2
Creyendo en la Teoinspiración de los libros de la Biblia es importante recordar que la Biblia
es un libro de la Iglesia. Por el plano Divino los humanos están llamados a salvarse no indivi-
dualmente sino en una sociedad, que es dirigida y donde vive el Señor. Esta sociedad es la Igle-
sia. Históricamente la Iglesia se subdivide en la del Antiguo Testamento, a la cual pertenecía el
pueblo hebreo y la del Nuevo Testamento, a la cual pertenecemos nosotros los cristianos ortodo-
xos. La Iglesia del N.T. heredó la riqueza espiritual de la del A.T., la palabra de Dios.
La Iglesia no sólo conserva la letra de la palabra Divina sino que posee también la interpre-
tación correcta de la misma. Esto es la consecuencia de la presencia del Espíritu Santo, quien
habló a través de los Profetas y Apóstoles y continúa viviendo en la Iglesia y dirigiéndola. Por
eso la Iglesia nos da una segura guía sobre cómo usar su riqueza escrita que es lo más importante
y actual y que, por el contrario, tiene sólo un valor histórico y no es aplicable en el tiempo del
N.T.
El Aspecto Primordial y
las Lenguas
de las Sagradas Escrituras
La Biblia, en efecto, no es un libro cualquiera; es “el libro” por excelencia, el primero entre
todos, único. A diferencia de los demás libros, la Biblia tiene un doble origen, humano y divino.
La Biblia es un libro humano, hecho por hombres, en el lenguaje de los hombres. Es, además y
sobre todo, un libro divino, hecho por Dios para transmitir a los hombres un mensaje de salva-
ción.
Al ser un libro humano, que reclama el primer puesto en la historia de la cultura, debe ser
abordado por los caminos normales del saber humano. La lectura de este libro singular, que co-
menzó a escribirse hace unos tres mil años, que se escribió a lo largo de un milenio y que preten-
de ser desde el principio normativa de convivencia humana, requiere un esfuerzo intelectual y
una atención profunda.
Decenas de autores escribieron estos libros. Unos son conocidos, otros permanecen en el
anonimato. Unos libros se deben a un solo autor, otros fueron escritos en colaboración, otros son
el resultado de textos antiguos agrupados y recopilados posteriormente. La diversidad de autores,
cada cual con su estiló propio; el marco religioso, político y social en que estos escritos nacieron
y se abrieron camino; los problemas y la personalidad de los destinatarios, pertenecientes a dis-
tintas épocas y culturas, han dejado en la Biblia la impronta pluriforme de una incomparable ri-
queza literaria manifestada en los distintos géneros literarios de la antigüedad.
Pero la Biblia es, sobre todo, un libro divino, escrito por Dios, no para enseñarnos las leyes
matemáticas y físicas por las que se gobierna el mundo, ni siquiera para enseñarnos las ciencias
históricas en su más amplio y riguroso sentido, sino para manifestarnos la voluntad de Dios, pa-
ra enseñarnos el camino de nuestra salvación. Por eso, la Biblia es el libro válido para todos los
hombres y mujeres de todos los tiempos y de todos los espacios.
Los 73 libros, escritos en hebreo, en arameo, o en griego, se dividen en dos grandes blo-
ques: Antiguo Testamento (46 libros) y Nuevo Testamento (27 libros). La palabra “testamento”
ha reemplazado actualmente a otra palabra más antigua, “alianza.” Se trata, en efecto, de dos
alianzas o pactos. En los inicios del pueblo hebreo, como pueblo independiente y libre, hacia el
año 1200 antes de Jesucristo, tuvo lugar la “alianza” que Dios hizo con el pueblo por medio de
3
Moisés. El pueblo hebreo sometió su existencia a las estipulaciones de esta alianza y a las leyes
que posteriormente la desarrollaron.
Los libros del Antiguo Testamento nacieron en la comunidad judía, el pueblo de Dios, y
pertenecen a la época en que estuvo vigente ese pacto o esa “antigua alianza.” Pero en la culmi-
nación de los tiempos tuvo lugar, por el ministerio de Jesucristo, otro pacto, otra “alianza,” la
definitiva y “nueva alianza.” Los libros que pertenecen a esta “nueva alianza,” que suplanta a la
“antigua” y que habla de la persona y del mensaje de Jesucristo, nacieron en la comunidad cris-
tiana y constituyen el Nuevo Testamento. Para los cristianos, la historia del pueblo de Dios en-
cuentra su plenitud en Jesucristo, el cual, por medio de esta “nueva alianza” sellada con su propia
sangre, convoca a todos los pueblos de la tierra a constituir una comunidad universal, el verdade-
ro pueblo de Dios.
Los libros del Antiguo Testamento fueron escritos en hebreo. Los libros posteriores y coetáneos
con la esclavitud babilónica, contienen numerosas palabras y expresiones idiomáticas asirias y
babilónicas. En cuanto a los libros escritos durante la dominación griega (libros “deutero-
canónicos”) fueron escritos en griego y el tercer libro de Ezdra fué escrito en latín.
Los libros de las Sagradas Escrituras salieron de las manos de sus autores no en la forma
como los vemos ahora. Al principio estaban escritos sobre el pergamino (cuero de oveja espe-
cialmente preparado) o sobre el papiro (una especie de papel confeccionado con los tallos florife-
ros de Cyperus papiros que crece en Egipto e Israel hasta nuestros tiempos). Estaban escritos con
tinta por medio de un tallito agudizado. En verdad no se trataba de libros como los vemos ahora
sino de unas largas y anchas cintas de pergamino o papiro que se enrollaban sobre un cilindro de
madera. Se escribió de un solo lado. Más tarde estos materiales (pergamino y papiro) fueron co-
sidos en forma de libros para facilitar su uso. El texto de los rollos antiguos estaba escrito con
letras iguales y mayúsculas. Cada letra se escribía por separado pero las palabras no se separa-
ban, así, un renglón parecía una sola palabra. El lector debía dividir este renglón en palabras y a
menudo lo hacía erróneamente. Faltaban, asimismo, los signos de puntuación y los acentos y as-
piraciones. En el hebreo antiguo se escribían sólo las consonantes faltando todas las vocales.
La separación de las palabras en los libros santos, la introdujo en el siglo 5, Eulalio, el diá-
cono de la Iglesia de Alejandría. Así, paulatinamente, la Biblia tomaba su aspecto actual. En la
forma moderna, la separación de la Biblia en capítulos y versículos, su lectura y la búsqueda de
partes se tornó fácil.
Historia del Origen de
los Libros del Antiguo Testamento
No inmediatamente, los libros sagrados aparecieron en su actual plenitud. El tiempo desde Moi-
sés (1550 a J. C.) hasta Samuel (1050 a J.C.) se puede llamar el primer período de la formación
de las Sagradas Escrituras. El Teoinspirado Moisés, que anotó sus revelaciones, leyes y descrip-
ciones dio la siguiente orden a los levitas que llevaban el Arca de la Alianza del Señor: “tomen
este libro de la ley y colóquenlo a la derecha del Arca de la Alianza del Señor Dios nuestro”
(Deuteronomio 31:26). Los escritores sagrados subsiguientes continuaban agregando sus obras a
los 5 libros de Moisés con la orden de guardarlos junto con aquellos, como un solo libro. Así,
leemos sobre Josué Navin que el “escribió palabras de él, en el libro de Dios” o sea en el libro de
Moisés (Josue 24:26). Así mismo, se dice de Samuel, profeta y Juez, quien vivió al principio del
4
período de Reyes, que él explicó al pueblo los derechos del reino e inscribió en el libro (aparen-
temente conocido para todos y previamente existente) y lo colocó delante del Señor” o sea al la-
do del Arca de la Alianza del Señor, donde estaban los libros de Moisés (1 Reinos 10:25). Du-
rante el tiempo desde Samuel hasta la esclavitud babilonica (589 a J. C.). los colectores y guar-
dianes de los libros del A.T., eran los ancianos y profetas del pueblo hebreo. Sobre estos últimos,
como principales autores de la escritura hebrea, a menudo se menciona en los libros de Parali-
pomenon.
Hay que recordar aquí el testimonio extraordinario del historiador hebreo José Flavio. El
menciona la costumbre de los antiguos hebreos de revisar los textos existentes de las Sagradas
Escrituras después de situaciones conflictivas como por ejemplo guerras prolongadas. Se trataba
como una nueva edición de Sagradas Escrituras — edición permitida solamente a los hombres
Teo-inspirados — o profetas, que recordaban los hechos o acontecimientos muy antiguos y es-
cribían la historia de su pueblo con máxima exactitud.
Es digna de mencionar una antigua tradición hebrea sobre el piadoso rey Exekia (710 a J.
C.), que junto con ancianos escogidos edito los libros de Isaías, Parábola de Solomon, Cantar de
los Cantares y Eclesiastas.
El tiempo desde la esclavitud Babilonica hasta la época de la Gran Sinagoga, en el reinado
de Ezdra y Nehemías (400 a J.C.), es el periodo de la culminación definitiva de la escritura de los
libros Sagrados del A.T. (el canono).
El trabajo principal en esta obra pertenece al sacerdote (Ezd. 7:12) con la colaboración del
sabio Nehemías, quien formó una amplia biblioteca y recogió los relatos sobre los reyes, profetas
y David, y las cartas de los reyes sobre los sagrados aportes (2 Marco 2:13). Ezdra revisó cuida-
dosamente y editó en un conjunto todos los escritos Teoinspirados. Incluyó en esta edición el li-
bro de Nehemías y su propio libro. En aquel entonces todavía vivían los profetas Ageo, Zacarías
y Malaquias, ellos sin duda colaboraron con Ezdra incluyéndose sus obras en la lista de libros
reunidos por Ezdra. Desde el tiempo de Ezdra no aparecen más profetas Teoinspirados en el
pueblo hebreo, y los libros que aparecen ya no se incluyen en la lista de libros Sagrados. Así, el
libro de Jesús hijo de Sirá, escrito en hebreo y a pesar de su valor eclesiástico, no entró ya en el
canono sagrado.
La antigüedad de los libros del A.T. se nota por su contenido. Los libros de Moisés cuentan
vívidamente la vida del hombre de tiempos remotos, pintan nítidamente las tradiciones patriarca-
les que coinciden con las tradiciones de aquellos pueblos. El lector llega a la conclusión que el
autor estaba cerca de los tiempos que describe.
Según las referencias de los conocedores de la lengua hebrea, el estilo mismo de los libros
de Moisés tiene un sello de gran antigüedad. Así, los meses del año todavía no tienen sus nom-
bres propios sino solo números. Los libros mismos carecen de títulos y se llaman directamente
por la primera palabra de cada uno. Así, Bereshit significa “en el comienzo” — el libro de Géne-
sis; Ve Elle Shemot “y estos son los nombres” — Exodo, etc. Esto es una demostración clara de
que no existía ningún otro libro para que sea menester de distinguirlos uno del otro. Una marcada
coincidencia con el espíritu y carácter de los tiempos y pueblos antiguos se nota en las obras de
los escritores sagrados posteriores a Moisés.
Las Escrituras Sagradas del Antiguo
Testamento constan de los siguientes libros:
5
Libros del profeta Moisés o Tora, contienen las bases de la fe del Antiguo Testamento y
son : Génesis, Exodo, Levitico, Números, Deuteronomio.
Libros históricos: Libro de Josué, libro de Jueces, Libro de Ruth, Libros de Samuel 1 y
2, Libros de Reyes 1, 2. Libro de Nehemías, Segundo libro de Esther.
Libros para la enseñanza: libro de Job, Salmos, Parábolas de Solomon, Eclesiastés y
Cantar de los Cantares.
Libros proféticos: (generalmente de contenido profético), Libro de Isaías, de Jeremías,
de Ezekiel, del profeta Daniel, 12 libros de profetas menores: de Osia, Joil, Amos,
Avdeo, Jonas, Mikhes, Naum, Avvacum, Sofonio, Aggeo, Zacarias y Malaqueo.
Además de estos libros de la lista del A.T., en la Biblia se encuentran otros 9 libros que se llaman
“deutero canónicos”: de Tovita, de Judith, Sabiduría de Solomon, de Jesús hijo de Sirá, segundo
y tercero de Ezdra, 3 libros de Macabeos. Se llaman todos estos libros “deutero canónicos” por-
que fueron escritos después que se concluyo la lista (el canono) de los libros sagrados.
Algunas ediciones contemporáneas de la Biblia no incluyen a los libros “deutero canóni-
cos.” En la edición rusa, sin embargo, están presentes. Los títulos arriba mencionados de los li-
bros sagrados, están tomados de la traducción griega de 70 traductores. En la Biblia hebrea y en
algunas traducciones actuales de la Biblia varían los títulos de algunos libros del A.T.
Breves Nociones Sobre
las Traducciones de las Escrituras
La traducción griega por 70 traductores es la más cercana al texto original de las Escrituras del
V.T., fue hecha en Alejandría. Se inició por orden del rey de Egipto Ptolomeo Filadelfo, en el
año 271 a J.C.. Este soberano, ávido del saber, deseaba tener en su biblioteca los libros sagrados
de la ley hebrea. El ordenó a su bibliotecario Demetrio, ocuparse para adquirir esos libros y ha-
cerlo traducir al griego, en aquel tiempo la lengua más ampliamente usada y conocida. Se eligie-
ron 6 hombres instruidos de cada tribu de Israel y se los envío a Alejandría con el ejemplar más
exacto de la Biblia hebrea. Los traductores fueron alojados en la isla de Faros en las cercanías de
Alejandría. Terminaron la traducción en tiempo relativamente corto. La Iglesia ortodoxa desde
los tiempos apostólicos usó y usa los libros sagrados según la traducción de los 70.
Traducción latina Vulgata
Hasta el siglo cuarto de nuestra era existían varias traducciones latinas de la Biblia. Entre
ellas era más usada la traducción italiana antigua, hecha a partir de la traducción griega de los 70.
Presentaba una gran claridad y coincidencia con el texto original hebreo. Pero después que el
Bienaventurado Jerónimo, uno de los más sabios padres de la Iglesia del siglo cuarto, publicó en
el año 384 su traducción latina de las Sagradas Escrituras, hecha directamente del original he-
breo, la Iglesia de Occidente fue dejando la traducción italiana antigua y usando la del Jerónimo.
En el siglo 14, el Concilio de Tridente introdujo oficialmente el uso de la traducción de Jerónimo
para la Iglesia Católica Romana, bajo el nombre de Vulgata, lo que significa “de uso general.”
6
Traducción de la Biblia al eslavo antiguo
Se hizo según el texto de los 70 por los santos hermanos Cirillo y Methodio de Solun, en la
mitad de siglo 9, durante su apostolado en tierras eslavas. El príncipe Rostislav de Moravia, no
satisfecho con los misioneros alemanes, pidió al emperador Miguel enviar a Moravia buenos ins-
tructores en la Fe cristiana. El emperador envió, para esta magna obra, a los santos Cirillo y Met-
hodio. Ellos ya conocían la lengua eslava y todavía en Grecia, comenzaron la traducción de las
Sagradas Escrituras a este idioma. En su camino hacia Moravia los santos Hermanos se quedaron
algún tiempo en Bulgaria, que fue también instruida por ellos. Allí, ellos continuaron su traduc-
ción eslava de los libros sagrados igual que en Moravia, donde arribaron cerca del año 863. La
traducción fue concluida después de la muerte de Cirillo por su hermano Methodio, en Panonia,
bajo la protección del piadoso príncipe Koxela. San Methodio se tuvo que refugiar allí a conse-
cuencia de luchas internas en Moravia. Cuando el cristianismo llegó a Rusia en 988 por obra de
San Vladimiro, junto con él llegó la Biblia traducida por Stos. Cirilo y Methodio.
Traducción al ruso
La lengua eslava y rusa paulatinamente comenzaron a diferenciarse cada vez más. La lectu-
ra de las Sagradas Escrituras en eslavo, para muchos se hacia difícil. Comenzó la traducción de
los santos libros al ruso contemporáneo. Primero, por orden del Emperador Alejandro primero y
con la bendición del Santo Sínodo, fue editado en 1815 el Nuevo Testamento. Pagó la traducción
la Sociedad Bíblica rusa. De los libros del Antiguo Testamento fue traducido el Salterio (Salmos
de David), como el más usado en la liturgia ortodoxa. Luego, durante el reinado de Alejandro
segundo, en 1860 apareció una edición más exacta del Nuevo Testamento y la siguió la edición
de los libros del A.T. (canónicamente aceptados) en 1868. Al año siguiente el Sto. Sínodo bendi-
jo la edición de los libros históricos del A.T. y en 1872 de los libros de enseñanza. Mientras tan-
to, en las revistas teológicas aparecían las traducciones rusas de algunos libros del A.T.. Así, por
fin vimos la Biblia completa en ruso en 1877. No todos los lectores aceptaban la traducción rusa,
prefiriendo la eslava-litúrgica. Aprobaban la traducción al ruso San Tijon Zadonski, el mitropoli-
ta Filaret de Moscú y más tarde el obispo Feofan el Ermita, el patriarca Tijon y otros destacados
jerarcas de la iglesia rusa.
Otras traducciones de la Biblia
Al francés fue traducida en 1160 por Pedro Valda. La primera traducción alemana apareció
en 1460. Martín Luther volvió a traducir la Biblia al alemán en 1522-32. La primera traducción
de la Biblia al ingles fue hecha por el honorable Beda, quien vivía en la primera mitad del siglo
octavo. La traducción moderna de la Biblia al ingles fue hecha durante el reinado de Jacobo en
1603 y editada en 1611. En Rusia la Biblia fue traducida a varias lenguas indígenas. Así, el me-
tropolitano Inocencio la tradujo al aleutiano, la Academia de Kazan, al tártaro y otros. Los avan-
ces en la traducción y difusión de la Biblia en distintos idiomas y lugares se deben a las Socieda-
des Bíblicas, Británica y Americana. Actualmente la Biblia esta traducida a más de 1200 len-
guas.
Al finalizar este párrafo sobre las traducciones hay que decir que cada traducción tiene sus
virtudes y defectos. Así, las traducciones que se ciñen más exactamente al texto original son pe-
sados y a veces difíciles de entender. Por otro lado, las traducciones que tratan de dar las ideas
generales de la Biblia en forma accesible y fácil presentan grandes inexactitudes con respecto al
texto original. La traducción rusa al Sínodo evitó ambos extremos y suma la máxima coinciden-
cia con el original a la claridad del lenguaje.
7
En nuestros folletos misioneros sobre la Biblia se seguirá el siguiente orden:
Nociones preliminares
5 libros de Moisés
Libros históricos del Antiguo Testamento
Libros de enseñanza del Antiguo Testamento
Libros de Profetas del Antiguo Testamento
4 Evangelios
Hechos y Epístolas conciliares
Epístolas de San Pablo
Revelación a San Juan (Apocalipsis).
Cómo leer la Biblia
Leer la Biblia es leer la palabra de Dios. Pero ¿cómo hay que leer esta palabra? — He aquí unas
claves orientadoras para una lectura inteligente y provechosa, claves que, por supuesto, no son,
ni mucho menos, exhaustivas, dada la inmensa, la infinita riqueza de la Biblia.
Lectura en clave cristiana
Como dijimos, Jesucristo es la figura central de la Biblia, situado en el vértice mismo don-
de culminan el Antiguo y el Nuevo Testamento. Los dos Testamentos tienen en él explicación
cumplida. Porque, en definitiva, uno y otro se refieren a él únicamente. Todo el Antiguo Testa-
mento hace referencia al Nuevo. No se puede entender en plenitud el Antiguo sin la luz del Nue-
vo. Y si se ignora el Antiguo, no se podrá entender verdaderamente el Nuevo.
La Biblia entera, desde sus primeras páginas hasta las últimas, nos habla, de múltiples ma-
neras y de forma variada, de Jesucristo, el Señor. Por eso, bien decía Jerónimo “que ignorar las
Escrituras es ignorar a Cristo. Pero, dando a la frase un sentido positivo, bien podemos decir que
“conocer las Escrituras es conocer a Cristo.”
La lectura de la Biblia debe tener, como norma suprema, la consideración de que la Biblia
es un todo concordante, una unidad indisoluble, que gravita sobre un tema central: Jesucristo,
Palabra única de Dios, la primera y la última, plenitud de la revelación divina.
La Biblia se realiza a sí misma, adquiere su verdadera dimensión, sólo en Jesucristo; tiene
como última razón de ser la persona de Jesucristo. Toda la Biblia tiene unidad en Cristo. Esto
significa que la lectura de la Biblia tiene que ser una lectura cristiana, es decir, una lectura que
descubra la presencia de Cristo en todas sus partes. Bien podemos decir que la Biblia es Cristo,
que toda ella es fundamentalmente una cristología. Se ha llegado a decir que en la Biblia sólo
hay una cosa revelada: Jesucristo, su persona y su obra.
Lectura en clave de salvación
La palabra de Dios nos enseña el camino de la salvación. Nos habla de nuestro origen y de
nuestro destino, de la redención realizada objetivamente por Jesucristo y del modo de conseguir
subjetivamente la redención definitiva y final de nuestras personas. Ella misma es fuerza salva-
dora, la salvación misma, palabra de verdad, buena nueva de salvación, “palabra que puede sal-
var vuestras almas” (Sant 1:21).
8
La Biblia es la historia de las continuadas intervenciones de Dios en la historia del hombre
para sacar al hombre de un estado de sufrimiento y de dolor, de persecución y de esclavitud, de
enfermedad y de muerte, a un estado de bienestar y de alegría, de paz y de libertad, de salud y de
vida? En la historia bíblica han intervenido muchos salvadores; pero detrás de ellos, dándoles
fuerzas, estaba él, el único salvador. La salvación, que se producía siempre en graves y hasta
arriesgadas circunstancias políticas y sociales, era siempre generadora de esperanza. Porque esta
salvación, que Dios ejerció siempre en el pasado y que seguirá ejerciendo en el futuro, es la ga-
rantía de nuestra esperanza y de nuestra fe, de nuestra salvación final: “Jesucristo no ha venido a
condenar, sino a salvar” (Jn 12:47) La Biblia es la revelación y la realización del misterio de la
salvación realizado en Cristo. Todo en la Biblia está ordenado y referido directa o indirectamente
a este misterio salvífico.
Lectura en clave de amor
La Biblia revela que “Dios es amor” (1 Jn 4:8). Y así lo confirman todas las intervenciones
de Dios en la historia humana, hechas siempre por amor. Dios elige al pueblo de Israel por puro
amor (Dt 7:7-8). Las relaciones de Dios con su pueblo están descritas bajo el símbolo del matri-
monio, en el que Dios es el esposo y el pueblo la esposa (Os 2:16). La época áurea de estas rela-
ciones amorosas es la estadia en el desierto en tiempo de Moisés. La infidelidad de la esposa y la
reconciliación en el amor están patéticamente narradas en Os 2:4-23. Dios está siempre con los
brazos abiertos para acoger a esta infiel esposa, “su querida” (Jer 11:15), “la amada de su alma”
(Jer 12,7), porque su amor es inquebrantable: “Te amo con un amor eterno” (Jer 31:3).
La prueba más definitiva del amor de Dios al mundo está en que le dio a su Hijo único, el
cual, a su vez, nos manifestó el más grande amor muriendo por nosotros (Jn 15:13).
A este amor de Dios, el hombre debe responder con amor a Dios y al hombre, pues en esta
doble respuesta está resumida toda la Ley (Mc 12:28-31; Rom 13:8). El amor a Dios debe ser
radical, en plenitud. Dios no admite propinas de amor. Lo quiere todo. Hay que amar a Dios con
todo el corazón y con toda el alma (Dt 6:5). Y con esa misma fuerza hay que amar a los hom-
bres (Mt 22:39). Es más, amar al prójimo es ya amar a Dios; y sin amar al hombre, no es posible
amar a Dios (1 Jn 3:14-22;4:20). Hay que amar a todos, incluso a los enemigos (Mt 5:44-48).
Todo esto lo concretó Jesucristo en el mandamiento nuevo: “Amaos unos a otros como yo os he
amado” (Jn 13:34). Por eso el distintivo del cristiano es el amor (Jn 13:35). Sin el amor no hay
valor espiritual alguno; el amor, aparte de dar valor a todo, es el mayor de todos los bienes (1
Crón 13:1-13). La Biblia nos dice que las relaciones de unos con otros y de todos con Dios se
tienen que centrar en el amor.
Por esto la Biblia debe ser el libro de lectura diaria, el libro de cabecera y de oración, el
libro de texto de todos los miembros del pueblo de Dios.
La Biblia habla al alma. Para que así sea, el lector debe ponerse bajo la acción del Espíritu
Santo, que actuó en otros tiempos como fuerza inspiradora de la Biblia y que sigue actuando en
nuestro tiempo para darnos a conocer la plenitud de la verdad bíblica.
La lectura de la Biblia no debe quedarse en la esfera de la inteligencia, tiene que centrarse
en el área del corazón. Se trata de conocer el mensaje bíblico y de encarnarlo en nuestra vida.
Go to the top
Missionary Leaflet # S11
Copyright © 1999 and Published by
9
Holy Protection Russian Orthodox Church
2049 Argyle Ave. Los Angeles, California 90068
Editor: Bishop Alexander (Mileant).
(biblia1_s.doc, 04-16-2000).
10