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087 Pensamiento Critico

El pensamiento crítico es esencial en un mundo saturado de información y susceptible a creencias infundadas, influenciado por sesgos y la mentalidad de rebaño. Este capítulo explora las raíces psicológicas de nuestra irracionalidad y la importancia de desarrollar habilidades críticas para discernir la verdad. A través de ejemplos como el efecto Forer y el condicionamiento operante, se destaca cómo nuestras percepciones pueden ser engañosas y la necesidad de un enfoque basado en la evidencia.
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087 Pensamiento Critico

El pensamiento crítico es esencial en un mundo saturado de información y susceptible a creencias infundadas, influenciado por sesgos y la mentalidad de rebaño. Este capítulo explora las raíces psicológicas de nuestra irracionalidad y la importancia de desarrollar habilidades críticas para discernir la verdad. A través de ejemplos como el efecto Forer y el condicionamiento operante, se destaca cómo nuestras percepciones pueden ser engañosas y la necesidad de un enfoque basado en la evidencia.
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# 87 PENSAMIENTO

CRÍTICO
#87 | Pensamiento crítico

EL CAPÍTULO
EN UN VISTAZO

A pesar de lo que nos gusta pensar, no somos seres racionales.


Nuestra capacidad para pensar racionalmente está afectada por
numerosas fuerzas: nuestros propios sesgos, nuestra mentalidad
de rebaño, las limitaciones de nuestros sentidos, etc. Todas ellas
contribuyen a que seamos susceptibles de creer en cosas sin
fundamento.

Por eso, desarrollar un pensamiento crítico es una de las


habilidades más importantes en un mundo que vive en una
constante sobredosis de información, como es el nuestro, que es
un escenario perfecto para que proliferen pseudociencias, mitos y
supersticiones.

En este capítulo exploramos las raíces psicológicas que nos hacen


creer en cosas sin fundamento y nos apoyamos en la ciencia para
armarnos con herramientas para el pensamiento crítico.

© 2020 Jaime Rodríguez de Santiago | 2


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#87 | Pensamiento crítico

| INTRODUCCIÓN
Pasa, pasa, por favor, túmbate en el diván. Después de tanto tiempo hablando,
bueno, yo hablando y tú escuchando - ya me entiendes -, seguro que ya me
conoces un poco. Pero, aunque parezca raro, creo que yo también he llegado a
conocerte a ti. Viendo las estadísticas del podcast y con toda la información que
dejamos en internet, puedo hacerme una idea bastante clara de cómo eres.
¿Hacemos el experimento? Mira, te voy a leer el perfil psicológico que he hecho
pensando en ti. Cuando acabe te voy a preguntar, de 0 a 5, cuánto crees que te
representa.

¿Empezamos?

“Tienes la necesidad de gustarle a otras personas y de que te admiren y,


a pesar de ello, tiendes a criticarte. Aunque tienes algunas debilidades de
personalidad, generalmente eres capaz de compensarlas. Tienes una
considerable capacidad, que no has usado en tu beneficio. Muestras
disciplina y autocontrol hacia el exterior, pero tiendes a la aprensión y la
inseguridad interiormente. A veces tienes serias dudas en si hiciste lo
correcto o tomaste la decisión acertada. Prefieres cierta cantidad de
cambios y variedad y llegas a decepcionarte cuando te enfrentas a
muchas restricciones y limitaciones. Te enorgulleces también de pensar
de manera independiente y no aceptas las afirmaciones de otros sin
pruebas satisfactorias. Pero has aprendido que es desaconsejable abrirte
demasiado al darte a conocer a otros. A veces te comportas de manera
extrovertida, afable y sociable, mientras que otras de forma introvertida,
cauta y reservada. Algunas de tus aspiraciones tienden a ser más bien
irreales.”

¿Qué? ¿Cuánto he acertado?

Pues lo normal es que digas que entre 4 y 5 sobre 5. Y no tiene nada que ver con
que yo sepa hacer perfiles psicológicos, que no tengo ni puñetera idea y además
tampoco tengo casi ninguna información sobre ti, era todo mentira, no te
preocupes. Este mismo texto lo usó el psicólogo Bertram Forer en 1948 en uno
de sus experimentos. Aunque lo que él hizo fue un poco diferente a lo que acabo

© 2020 Jaime Rodríguez de Santiago | 3


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#87 | Pensamiento crítico

de hacer yo, cosas de los podcasts.

Él dio a treinta y nueve estudiantes de psicología un supuesto test de personalidad.


Les hizo rellenarlo, lo recogió y en su despacho, cuando nadie le veía, los tiró todos
a la papelera. Unos días más tarde entregó a todos los estudiantes los mismos
resultados, el mismo perfil de personalidad, justo el que yo te acabo de leer,
obviamente sin que nadie supiera que recibía el mismo que los demás. Y les pidió,
como he hecho yo, que puntuaran de 0 a 5 cómo de acertado había sido el test. La
nota media fue de 4,3.

Así nació el efecto Forer, también conocido como la falacia de validación personal,
que es algo tan tonto (y tan poderoso) como que tendemos a aceptar y dar por
buenas las afirmaciones que parecen hechas a nuestra medida aunque sean tan
genéricas que en realidad servirían para cualquiera. Y esto nos pasa especialmente
si hay un buen equilibrio entre opiniones negativas y positivas o, aún mejor, si
predominan por poco las positivas. Es lo que los psicólogos llaman el sesgo
egocéntrico.

¿Y por qué te cuento todo esto? Porque el efecto Forer, entre otro montón de cosas,
es uno de los culpables de que seamos susceptibles de que un astrólogo, un
homeópata o cualquier otro charlatán nos engañe.

Lo cierto es que cada vez que he tocado estos temas de pasada en el podcast, en
especial la homeopatía, me escribe algún que otro indignado, diciéndome que no
puedo criticar lo que no entiendo, que no tengo ni idea de lo que hablo y que
debería tener una mente más abierta. Bueno, pues algo me dice que hoy no voy a
hacer muchos amigos.

Iba a empezar diciendo que nunca en la historia el pensamiento crítico había sido
tan necesario como ahora. Pero me he dado cuenta de que no lo sé. Esa misma
afirmación habría que mirarla con sentido crítico: no puedo demostrar que fuera
cierta.

De hecho, pensándolo bien, seguramente el pensamiento crítico habría sido tanto


o más necesario que ahora cuando seguíamos ciegamente a chamanes,

© 2020 Jaime Rodríguez de Santiago | 4


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#87 | Pensamiento crítico

curanderos o alquimistas; tal vez lo era también cuando las religiones gobernaban
nuestras vidas a través de dogmas que había que aceptar sí o sí. O, sin duda, ojalá
hubiéramos sido más críticos cuando a algún chalado se le ocurría una solución final
basada en que la suya era la raza superior.

Pero la diferencia entre entonces y ahora, tal y como lo veo yo - al menos -, es que
en todos esos momentos de la historia, la capacidad de exponernos a ideas
diferentes, de contrastar lo que nos decían por nosotros mismos era muy limitada. Y
ahora, de hecho, el problema que tenemos es el contrario.

Estamos bombardeados por todo tipo de información, y aquí sí puedo afirmar


que más que nunca. A un ritmo y un volumen que jamás habíamos tenido que
enfrentar. Nos llega, además, por canales para los que la mayoría de nosotros no
tenemos un criterio claro con el que distinguir lo que es fiable de lo que no lo es. Es
más, acabamos metidos sin querer en las famosas burbujas de información, en las
que, por ejemplo en redes sociales, vemos muchas más veces opiniones que
coinciden con la nuestra que contrarias. Y esto nos genera una falsa sensación de
consenso y de que tenemos razón.

El experimento que te he contado al principio lo he sacado de un estupendo libro de


Ramón Nogueras, que muy acertadamente se llama: Por qué creemos en mierdas

Como bien dice Ramón, y como hemos hablado mucho en este podcast, estamos
equivocados en todo: la forma en la que procesamos la información, a través de
nuestra psicología o incluso de nuestros propios sentidos, nos lleva continuamente
a engaño. Sólo así se explica que la mayoría nos creamos más inteligentes, más
guapos o más simpáticos que la media o que la mayoría de los ciudadanos de
diferentes países crea que el porcentaje de inmigrantes en su país es más del doble
del que realmente es. No somos racionales, por más que nos gustaría.

De hecho, esa falta de racionalidad nos lleva muchas veces a creer cosas sin
cuestionarlas. Algunos creen en los extraterrestres, otros en los espíritus, otros en la
homeopatía o en los amuletos de la suerte. A otros a veces nos lleva a creer en los
programas electorales de los partidos políticos, nadie es perfecto.

© 2020 Jaime Rodríguez de Santiago | 5


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#87 | Pensamiento crítico

Y para hacerlo todo aún más complicado, a nuestra inevitable irracionalidad, le


hemos añadido el postmodernismo. De pronto, todas las ideas son igualmente
respetables (excepto las que, por lo que sea, caen en el terreno de lo políticamente
incorrecto - pero eso lo dejamos para otro día). Todo es subjetivo y relativo.

Leyendo el libro de Ramón Nogueras, no he podido evitar relacionarlo con otro libro
maravilloso: El mundo y sus demonios, de Carl Sagan. Y también con algunas
ideas sueltas de otros sitios. Así que he pensado dedicarle este capítulo a intentar
poner un poco de orden, en esta cabeza dispersa que tengo, alrededor del
pensamiento crítico. A ver qué sale.

© 2020 Jaime Rodríguez de Santiago | 6


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#87 | Pensamiento crítico

| EL CAMINO DE LA CIENCIA
Aquí comienza el infinito

Hay numerosísimas definiciones de lo que es el pensamiento crítico, pero hoy nos


vamos a limitar a una muy sencilla: el pensamiento crítico es el que se ejerce de
manera disciplinada, racional, con una mente abierta y basada en la evidencia. Y
estarás pensando: pero, alma de cántaro, ¿no acabas de decir que no somos
racionales?

Pues no, no lo somos. Lo cual no significa que no podamos aspirar a serlo y no


pongamos medios para intentarlo. Hay un libro de David Deutsch, bastante densito
a ratos - no te voy a engañar -, que se llama The Beginning of Infinity (El comienzo
del infinito, en castellano). Por cierto, que en castellano precisamente tiene el
dudoso honor de haberse convertido en el libro con la portada más fea que he visto
en mi vida, parece hecha por un adolescente en word en los años 90. Tienes el
enlace en las notas del capítulo aunque sólo sea por curiosidad.

Pero bueno, además de demostrar que no supo elegir diseñador, en el libro,


Deutsch hace una serie de reflexiones sobre la ciencia que creo que encajan muy
bien con este dilema de nuestra falta de racionalidad. Él parte de una base:
avanzamos porque creamos conocimiento. Pero no creamos conocimiento sólo a
partir de nuestra experiencia, sino con las explicaciones que inventamos para el
mundo - y que luego ponemos a prueba despiadadamente-.

De hecho, ningún humano ha pisado nunca la superficie de una estrella. Pero


hemos conseguido saber muchísimo acerca de ellas y de cómo funcionan. Igual que
nadie había pisado la Luna antes cuando conseguimos mandar a alguien allí.

Claro, que explicaciones podemos dar de todo tipo. Unas son concretas, específicas,
se pueden poner a prueba y son difíciles de variar sin que pierdan sentido. Otras,
son… bueno, malas explicaciones.

Y es que, por ejemplo, podemos explicar el paso de las estaciones como lo hacían
los griegos: Hades, el dios del inframundo, rapta a Perséfone, la diosa de la
primavera, y le obliga a firmar un contrato de matrimonio que le hace regresar a él
de manera regular. Así que cada año, se ve mágicamente empujada a volver. Y su

© 2020 Jaime Rodríguez de Santiago | 7


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#87 | Pensamiento crítico

madre, Demetra - diosa de la agricultura, está triste y su tristeza hace que el mundo
sea frío y yermo hasta que ella vuelva.

Ésa es una explicación, sí. Pero es difícil ponerla a prueba. Incluso si


encontráramos una evidencia de que es falsa es fácil de variar. Por ejemplo: o hay
una Demetra por cada hemisferio o la tía es como el gato de Schrödinger en versión
bipolar y está triste y alegre a la vez. Porque mientras en Grecia hace frío en
Australia se achicharran. Pero algún griego espabilado podría decir que lo que
pasaba es que cuando Demetra estaba triste expulsaba el calor del hemisferio norte
hacia el hemisferio sur. Y que cuando estaba contenta lo traía de vuelta. Es decir, la
teoría admite variaciones, que vuelven a hacer difícil que la demostremos falsa…
pero también verdadera. Porque igual que Demetra y otros dioses, yo podría decir
que es Mickey Mouse el que está triste y provoca el invierno y nadie podría
demostrar lo contrario.

Según Deutsch, la Ilustración nos empujó a buscar buenas explicaciones sobre el


mundo, a descartar despiadadamente cualquier explicación que no fuera específica,
falsable y difícil de variar. Lo que nos llevó a cosas como que las estaciones son el
resultado de que el eje de rotación de la Tierra esté inclinado y esto haga que la
mitad del año a un hemisferio le den más directamente los rayos del Sol y la otra
mitad al otro.

Esta búsqueda despiadada de la verdad es el origen del método científico y, según


Deutsch, el principio del infinito. Porque cuantas más buenas explicaciones
encontramos, más preguntas nuevas nos hacemos. Por el camino, se supone que
deberíamos ir eliminando las mierdas en las que creemos, y a las que se refiere
Ramón Nogueras en su libro. Se supone que no sobreviven a este proceso. Pero lo
hacen. Aún así, hoy, creemos en ellas.

© 2020 Jaime Rodríguez de Santiago | 8


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#87 | Pensamiento crítico

| NO SOMOS RACIONALES
¿Por qué creemos en mierdas?

Mucha de la culpa de que nos creamos cosas que no tienen sentido es de lo buenos
que somos engañándonos. Como dice Ramón, no somos procesadores racionales
de información, sino que somos procesadores rápidos. Y eso tiene un precio.

Como hemos hablado hasta la saciedad en el podcast, tenemos tendencia a tomar


atajos para interpretar nuestro entorno más fácilmente. Por ejemplo, somos
máquinas de buscar patrones. Seguro que te basta con ver en un buzón, en una
baldosa o en los restos de café en una taza, dos puntos, uno al lado del otro, y una
raya horizontal debajo, para reconocer una cara. Reconocemos caras en cualquier
sitio. A esto se le llama pareidolia y es una de las infinitas maneras en las que se
manifiesta nuestra obsesión por encontrar patrones.

Claro que no es única de los seres humanos, aunque está muy presente en
nosotros. Skinner, el psicólogo no el director del colegio de los Simpson, hizo en
1947 un experimento con palomas en el que casi cualquiera de nosotros se puede
ver reconocido. Puso a 8 palomas en 8 cajas diferentes, cada una con un pulsador y
un dispensador que les daba comida cuando se cumplían unas condiciones
predefinidas, pero regulares. Con cada pulsación, cada tres pulsaciones o cada 5
minutos, independientemente de lo que hicieran con el botón.

Lo curioso es que, aunque la comida salía a intervalos regulares de acuerdo a estas


reglas, cada una de las palomas desarrolló su propia costumbre. Una sacudía la
cabeza, otra daba vueltas en sentido contrario a las agujas del reloj, otra ponía una
postura rara…. vamos, que sólo les faltaba bailar la danza de la lluvia.

A este proceso, Skinner lo llamó condicionamiento operante, que es cuando


asociamos hacer algo con una consecuencia. Incluso aunque lo que hagamos y la
consecuencia no tengan relación, nosotros se la damos. Bienvenidos al maravilloso
mundo de las supersticiones.

Además de nuestra obsesión por los patrones, algo de lo que hemos hablado
bastante en el podcast, los sesgos y heurísticos, también nos llevan a engañarnos.

© 2020 Jaime Rodríguez de Santiago | 9


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#87 | Pensamiento crítico

Sin ir más lejos, nos parecen más ciertas o más importantes las cosas que más
fácilmente recordamos.

En el libro, Ramón Nogueras habla del caso de un perro que se hizo muy famoso
porque era capaz de predecir cuándo su dueña iba a volver a casa. Cada vez que la
dueña emprendía el camino de regreso, el perrete se sentaba en la ventana. Todo el
pueblo se enteró y hasta acabó saliendo en la tele y siendo el protagonista de un
documental. Hasta que Richard Wiseman, un tipo que es psicólogo y mago y que
se ha dedicado a estudiar fenómenos extraños, se interesó por el caso. Colocó una
cámara apuntando a la ventana, se llevó a la dueña a un bar a 13 km del pueblo y
usó un generador de números aleatorios para decidir la hora a la que volverían, que
resultó ser las 9.

El perro, efectivamente, acertó: hacia las 9 se puso en la ventana. Lo que pasa es


que en el rato en el que grabaron, fue a la ventana otras 12 veces. Vamos, que se
pasaba el día ahí. Repitieron el experimento en varias ocasiones, en verano y en
invierno para evitar que el perrillo se distrajera con olores y cosas así, pero siempre
pasaba lo mismo. El bicho iba una y otra vez a la ventana.

Así que todo este lío surgió simplemente porque los padres de la dueña, observaron
en un par de ocasiones la coincidencia de que el perro iba a la ventana y luego
llegaba la hija; como hacían las palomas de Skinner. Y a partir de ahí su sesgo de
disponibilidad hizo que se fijaran mucho más en las veces en las que coincidía el
tema que en las que el perro se ponía a cotillear por la ventana sin más.

Igual que nos afectan los sesgos, tenemos una fuerte mentalidad de rebaño: si
los que nos rodean creen en algo, es más fácil que nosotros lo creamos
también. Estamos programados para dejarnos guiar por las opiniones de la
mayoría.

Todos hemos visto casos y ejemplos de experimentos que lo prueban. Aunque


Ramón lo explica con otro ejemplo, los más conocidos y más sencillos de contar en
un pdocast son los típicos en los a un grupo se le enseña una cartulina roja. Todos
los integrantes, menos uno, están compinchados y dicen, uno por uno, que es azul.
Hasta que le llega el turno al último, que es el pobre sujeto del experimento y que
no tiene ni idea de que está siendo engañado, y normalmente acaba diciendo que

© 2020 Jaime Rodríguez de Santiago | 10


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#87 | Pensamiento crítico

es azul, sólo por encajar, por más que lo vea rojo… Bueno, pues hay quien sometido
a una situación similar acaba incluso modificando su opinión y pensando que
realmente la respuesta correcta era azul.

Además de todo esto, se nos dan fatal las matemáticas. En concreto estimar
probabilidades. Además, tenemos infinidad de sesgos que nos llevan a creer que la
probabilidad de que algo pase o de que no pase es mucho más baja o mucho más
alta de lo que es en realidad. Y encima, nuestras emociones también influyen:
tendemos a sobrestimar la frecuencia de las cosas que nos preocupan y esa
falsa frecuencia percibida nos causa a su vez preocupación. La pescadilla que se
muerde la cola, de toda la vida.

Para rematar, aunque será tema para un capítulo futuro, una vez que creemos algo
nos cuesta muchísimo cambiar de opinión. Hasta límites insospechados. La culpa es
de dos palabras que encierran todo tipo de efectos en nuestra forma de pensar:
disonancia cognitiva. El concepto de disonancia cognitiva fue formulado por
primera vez por Leon Festinger en 1957 y se refiere a la tensión o la falta de
armonía interna que sucede a veces en nuestros sistema de ideas, creencias y
emociones cuando dos pensamientos entran en conflicto o cuando nuestro
comportamiento es contrario a nuestras creencias. Es decir, la profunda
incomodidad que nos produce ser incoherentes con nosotros mismos. El ejemplo
clásico es el de los fumadores, que saben que fumar es malo, pero que encuentran
excusas de todo tipo para seguir haciéndolo. De esto también hemos hablado en el
podcast.

La disonancia cognitiva es el motor de nuestra autojustificación y la explicación que


hay detrás de infinidad de sesgos, como el de confirmación, es decir buscar
constantemente pruebas de que lo que pensamos es correcto e ignorar aquellas
que lo ponen en duda. Pero es que está también detrás de fenómenos tan
alucinantes como nuestra capacidad de inventarnos recuerdos de cosas que nunca
sucedieron.

La disonancia cognitiva da para, como mínimo, un capítulo en sí misma, así que


vamos a dejarla aquí. Porque, además, no quiero terminar éste sin hablar de Carl
Sagan y de su Kit para la detección de camelos.

© 2020 Jaime Rodríguez de Santiago | 11


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#87 | Pensamiento crítico

| UN KIT PARA DETECTAR CAMELOS


Lecciones de Carl Sagan

Hace bastante tiempo, en el capítulo 16 de kaizen, si no me equivoco, hablamos de


falacias lógicas. Y allí te conté el maravilloso caso del dragón en el garaje. ¿Te
acuerdas?

“Imagina que te digo, absolutamente en serio, que tengo en mi garaje un


dragón que escupe fuego. Pensarías que estoy loco, ¿no? Pero bueno,
vamos a suponer que decides tomarme en serio y me pides que te lleve a
verlo.

Yo, contentísimo, te llevo a mi garage. Y al entrar miras en todas


direcciones, pero no consigues verlo.

¿Dónde está el dragón? - me preguntarás, con razón. Ay, sí, perdona, es


que se me había olvidado decirte que es invisible, pero está aquí con
nosotros.
Y después me propones que pongamos harina en el suelo para ver sus
pisadas.
Y yo te digo que la idea es buena, pero que es que... flota en el aire, así
que por eso no se van a ver.

Y tú que entonces usemos un sensor térmico de infrarrojos para detectar


el fuego.
Y yo, que está bien también la idea, eh? Pero que es que el fuego invisible
no da calor.

Y tú que pintemos al dragón con un spray para que se pueda ver.


Y yo, que qué pena, es que es incorpóreo y la pintura, vaya, no se le pega.

Y así, con cada prueba científica que propongas, yo te daré una


explicación de por qué no funciona. Y cuando me digas que entonces mi
dragón no existe, te diré que cómo te atreves, que no has podido probar
que no exista y que por lo tanto, existe”

© 2020 Jaime Rodríguez de Santiago | 12


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#87 | Pensamiento crítico

Ese ejemplo está sacado del libro que te decía antes: El mundo y sus demonios, de
Carl Sagan que es como siempre le hemos llamado en España, o al menos como le
he llamado yo, aunque creo que se pronuncia Sagan. Pero no me sale

En ese libro, el amigo Carl le da un maravilloso repaso a las pseudociencias que


por los 90 empezaban a crecer en Estados Unidos y que, creo, es tan o más
pertinente ahora de lo que era entonces. Uno de sus capítulos se llama: El sutil arte
de detectar camelos.

En ese capítulo, Sagan nos propone un kit de herramientas sencillas para el


pensamiento escéptico. Que es tan fundamental para enfrentarnos a supuestos
dragones okupas de garajes como para navegar un mundo repleto de
pseudociencias, que intentan hacer pasar como científicas ideas que no tienen la
menor base o prueba de ser ciertas.

Y es que el kit de Sagan sirve igual para entender que la diferencia entre el agua
con azúcar y la homeopatía es principalmente el precio, que para comprender
que el Reiki tiene el mismo valor curativo que bailar unas sevillanas o que, hasta que
nadie demuestre lo contrario, las pruebas que tenemos de posesiones espirituales o
de que nos visiten los extraterrestres son más falsas que un judas de cartón.

Lo cierto es que a todos nos gustaría poder curar el cáncer imponiendo las manos o
tomando brebajes, pero decía Sagan que la cuestión no es si nos satisface o no la
conclusión a la que llegamos después de un razonamiento, sino si somos capaces
de identificar cuál ha sido su punto de partida y de saber si éste es cierto o es falso.
Para hacerlo, es necesario aprender a construir planteamientos razonados y
reconocer un argumento falaz -una idea falsa con apariencia de verdad- a través
del pensamiento escéptico. Es muy parecido a las buenas explicaciones de David
Deutsch. Sagan nos da en su kit 9 consejos para detectar a embaucadores y
charlatanes:

1. Lo primero es confirmar la realidad: los hechos necesitan ser confirmados


por fuentes independientes siempre que sea posible. No basta con que
Pepito afirme que puede adivinar el futuro, sino que terceros,
independientes, tienen que poder comprobarlo de manera irrefutable.

© 2020 Jaime Rodríguez de Santiago | 13


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#87 | Pensamiento crítico

2. Las pruebas, las haya tomado quien las haya tomado, deben debatirse y
cuestionarse por personas con conocimiento y desde todos los puntos de
vista. No basta el resultado, sino la calidad de la prueba.

3. No confundir experto y autoridad. En la ciencia no hay autoridades; como


máximo, hay expertos. Una opinión es una opinión, no una prueba.

4. Si algo puede explicarse de muchas maneras, hay que tener claras las
pruebas con las que intentar refutar cada una de ellas. La hipótesis que
sobrevive tiene muchas más posibilidades de ser la respuesta correcta que la
primera idea que se nos ocurre.

5. Por más que nuestra disonancia cognitiva se empeñe, no debemos


aferrarnos a una hipótesis por que sea la nuestra. Las hipótesis no son
más que estaciones en el camino del conocimiento. Antes de que lo hagan
otros, conviene que encontremos por nosotros mismos motivos para
rechazarla. Pero, y esto lo añado yo, también es importante que otros
participen en el proceso porque no siempre vamos a vencer a nuestras
debilidades.

6. La cantidad es la clave. Si lo que intentamos explicar se puede medir o está


relacionado con alguna cantidad numérica, el trabajo será más fácil. Lo vago
y cualitativo está abierto a muchas explicaciones, y aunque pueden
encontrarse verdades en ese tipo de asuntos, encontrarlas supone un
desafío mayor.

7. Importa TODO en en el razonamiento: todos los eslabones de la cadena


que nos lleva a una conclusión deben funcionar (incluida la premisa), no
basta con que la mayoría de las ideas sean correctas.

8. Ante dos hipótesis igualmente buenas, la más sencilla es la más


probable. Vamos, la navaja de Occam de toda la vida.

© 2020 Jaime Rodríguez de Santiago | 14


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#87 | Pensamiento crítico

9. ¿Puede falsificarse la hipótesis? Cuando una idea no puede demostrar su


validez ni ser refutada por completo, no vale mucho. Es como tener un
dragón en el garaje.

Además de estos 9 pasos para un razonamiento escéptico, Sagan da una lista de


las falacias más comunes que suelen usar los charlatanes. Pero de muchas de ellas
ya hablamos en el capítulo que te decía antes, así que te invito a escucharlo, que
éste está quedando un poco largo.

| VIVIENDO EN UNA PERCEPCIÓN


No conocer la realidad no la hace menos real

Para terminar, de hecho, sólo me queda compartir contigo una reflexión final.
Cuanto más aprendo sobre la limitación de nuestros sentidos o de nuestra mente,
sobre los sesgos que arrastramos o sobre la propia física de lo que vemos u oímos,
más claro tengo que la realidad no es más que, eso, una percepción. Hasta el
punto de que una de las frases que más me repito es que todo es mentira. Lo que
vemos y lo que pensamos nunca es 100% cierto.

El cerebro que la evolución nos ha dado hace lo que buenamente puede en un


mundo lleno de estímulos, muchos de ellos para los que directamente no fue
diseñado. La realidad que vemos no deja de ser la que son capaces de captar
nuestros ojos y la que procesa ese mismo cerebro imperfecto. De la misma manera,
los propios mecanismos que permitieron a nuestros ancestros sobrevivir a los
depredadores, son muchas veces los culpables de que tomemos decisiones
irracionales. Esta misma temporada descubrí que la imagen que vemos en el espejo
es nuestro pasado, porque la luz tarda unos cuantos nanosegundos en llegar a
nuestra retina.

Vivimos en una certeza aparente, que construimos sobre un montón de


percepciones imperfectas. Y aunque no tiene solución, porque nuestros cerebros
seguirán teniendo las mismas limitaciones, nuestros sesgos seguirán estando ahí y
la luz nunca será instantánea, ser conscientes de lo frágil que es nuestra realidad,
en el fondo, hace todo mucho más real.

© 2020 Jaime Rodríguez de Santiago | 15


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#87 | Pensamiento crítico

Porque, aunque no podamos explicar al 100% la realidad, no por ello deja de existir.
Efectivamente, puede que no consigamos entenderla del todo. Puede que las
respuestas que tenemos no sean perfectas. Pero eso no significa que valga
cualquier explicación. Tenemos formas de encontrar buenas respuestas, por más
que a veces nos empeñemos en ignorarlas y creer lo que nos dé la gana.

© 2020 Jaime Rodríguez de Santiago | 16


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