OSEAS: EL PROFETA Y LA PROSTITUTA
por Ray C. Stedman
Oseas fue el primero de los profetas "menores. Con frecuencia no reconocemos la
derivación de estos nombres bíblicos, Y su nombre está relacionado con el
nombre de Josué, que significa "salvación. Oseas era un joven predicador en la
nación de Israel, el reino del norte, y fue contemporáneo de los profetas Isaías y
Amós. Vivió, como se nos dice en el primer versículo, durante los reinados de
Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías (reyes de Judá, el reino del sur) y durante el reino
de Jeroboam, hijo de Joas, rey de Israel. Jeroboam fue uno de los reyes malvados
de Israel y la nación estaba pasando por un tiempo difícil cuando Oseas estaba
predicando. Había gente que estaba "pasándoselo de maravilla, como podríamos
decir, y no les quedaba demasiado tiempo para Dios aunque como es lógico ellos
no lo hubiesen expresado de ese modo, nadie lo dice cuando es verdad. En lugar
de ello hubieran dicho algo parecido a lo que decimos nosotros, que sencillamente
no tenían el tiempo necesario como para cumplir con las exigencias que Dios les
hacía porque estaban terriblemente ocupados en otras cosas importantes. Su
espíritu estaba dispuesto, pero la carne estaba lista para el fin de semana.
La historia de Oseas es una de las más extrañas que la Biblia presenta. La orden divina
va contra todo lo que él había exigido y enseñado durante siglos al pueblo de Israel.
OSEAS 1:2 Ahora, Dios pide a un profeta que haga exactamente lo mismo que él había
condenado durante toda la historia.
Si lo piensas con cuidado, verás que la orden que recibe Oseas está tan a contramano
de lo que son los pedidos de Dios como la que siglos antes había recibido Abraham, en
relación con el sacrificio de Isaac.
Son órdenes que –en un primer momento– no tienen lógica. Pero tanto Abraham como
Oseas obedecen el mandato divino. ¿Por qué? Porque ellos conocían la voz de Dios.
Los verdaderos seguidores de Cristo no obedecen las órdenes que reciben por la
orden en sí, sino por la voz que escuchan. Nuestro gran problema es que no
conocemos la voz de Dios; por eso preferimos obedecer órdenes que nos parezcan
lógicas, aunque puedan ser humanas.
Oseas se relaciona con Gomer y tienen tres hijos: Jezreel, Lo-ruhama y Lo-ammi. Cada
uno de ellos simbolizará un momento en la vida espiritual del pueblo de Israel;
momentos que formarán un proceso de decadencia, alejamiento y perdición.
El primero significa que dentro de poco caerá la casa real de Jehú, y pondrá fin al
dominio del reino de Israel (Ose. 1:4). Más allá de la cuestión política, Dios está
avisando que aquel que no se aparta de los caminos que él marcó tiene más chances
en su lucha contra los enemigos.
Sin embargo, ese fue el nombre que escogió Dios para el hijo mayor de Oseas, su
primogénito, y ese fue el nombre que le dio Oseas a su bebé, porque entendió que
Dios estaba advirtiendo a su pueblo y que también ellos serían echados si no
reconocían lo insensato de sus acciones, si no abandonaban a los ídolos y
dejaban sus costumbres abominables, intentando ser como el resto de los pueblos
que les rodeaban. Dios les estaba advirtiendo por medio del nombre del bebé.
Luego nace la hija del profeta, llamada Lo-ruhama (que significa “Indigna de
compasión”). Como ocurre naturalmente cuando las advertencias divinas no son
tomadas en cuenta, el proceso de profundización del pecado se va haciendo más
categórico; es gradual, pero constante. Así, y por nuestra elección, Dios queda
imposibilitado de demostrar su compasión por nosotros.
Quería decir que Dios ya no tendría más compasión de su pueblo si seguían en su
postura de rebeldía obstinada porque se le estaba acabando la paciencia.
Después de haberse tirado varios cientos de años intentando llegar a su pueblo
obstinado, les estaba advirtiendo que estaban llegando al final, que llegaría un
momento en que Dios ya no se compadecería más de ellos, sino que los
entregaría en mano de los ejércitos invasores.
Cuando la niñita fue destetada, Gomer concibió de nuevo y tuvo un hijo, Dios le
puso por nombre Lo-ammi "no es mi pueblo porque Dios les estaba diciendo “Ni
ustedes son mi pueblo, ni yo soy su Dios” (Ose. 1:9).restauración:
"...y tendré compasión de Lo-rujama. Diré a Lo-ammi: ¡Pueblo mío eres tú!, y él
dirá: ¡Dios mío!" (2:23)
Así que aunque en esos momentos Dios estaba pronunciando juicio, su gracia
también se estaba poniendo de manifiesto.
OSEAS 2: 4 Quiere decir que los hijos en realidad no eran hijos del profeta
2:6 Dios pronuncia ahora un castigo sobre Israel, porque esta determinado en
frustar el camino de pecado y de vergüenza le pondrá obstáculos.
2:7 esto indica que los que adulteraron con ella no estuvieron dispuestos a darle
ayuda permanente y evitaron su presencia siempre que les fue posible, esto hace
un paralelismo entre el pueblo de Israel y el señor. Quiere decir que Gomer no
tuvo relación con otros maridos hasta después de haberse casado con el profeta.
2:8 revela la ignorancia pecaminosa del pueblo de Dios y su ingratitud con el
verdadero Dador
2:14 vemos como el amor de Dios es permanente e inagotable para con su pueblo
a pesar de los extravíos de este, ver 13 vemos que dice se olvida de mi y el 14
dice yo la atraeré. Podemos olvidarnos de Dios, pero él no puede olvidarnos.
2:23 se ve una relación matrimonial restaurada Jezreel significo Dios esparcirá,
Dios dice Sembrare. En vez de Lo-ruhama no compadecida ahora Dios promete
tendre misericordia. En vez de Lo-ami “no pueblo mio” ahora Dios dice tu eres
pueblo mio.
Puede que piense usted "¡vaya una locura, que un hombre haga semejante cosa!
Pero ¿quién puede explicar las locuras que comete el amor? El amor existe aparte
de la razón y según su propia naturaleza y lo que hizo Oseas lo hizo por amor. No
cabe duda de que debió de contemplar a distancia para ver si podía contemplar
durante unos segundos a la mujer que amaba mientras ella acudía
apresuradamente a la puerta para coger los alimentos que llevaba el hombre en
sus manos y darle las gracias por lo que le había traído, por los regalos que había
hecho posible el verdadero amor, que había ofrecido la infamia y que la insensatez
había aceptado.
No sabemos con seguridad cuánto tiempo duró esta situación, pero por fin llegó la
noticia de que la mujer a la que amaba Oseas iba a ser vendida como esclava. El
marido con el que se encontraba en aquellos momentos se había cansado de ella
y debía ser vendida como esclava. El profeta, con el corazón destrozado, no sabía
lo que hacer y acudió a Dios llorando. Dios le dijo: "Oseas, ¿amas a esta mujer a
pesar de lo que te ha hecho? Oseas asintió con la cabeza mientras le caían las
lágrimas y Dios le dijo: "entonces ve y muéstrale tu amor por ella de la misma
manera que yo amo a esta nación de Israel.
Se acercó a ella, la vistió y se la llevó de la mano a su casa. Y a continuación
aparece el que es posiblemente el versículo más hermoso de toda la Biblia. Al
llevársela Oseas consigo le dijo:
"Te quedarás conmigo muchos años. No te prostituirás ni serás de otro hombre; lo
mismo haré yo contigo." (3:3)
El volvió a prometerle su amor y fue todo cuanto pudo aceptar esta mujer, que
había caído y se había arrastrado en el pozo de la desgracia y de la vergüenza,
pero el amor de este hombre quebrantó su corazón y a partir de ese momento
Gomer le fue fiel a Oseas y se convirtió en una esposa honesta, trabajadora y fiel
y el resto del libro de Oseas sencillamente nos cuenta el efecto de esta historia
sobre la nación de Israel, a la que Dios le había dicho: "¿cómo puedo
abandonarte? Les recordó su amor por ellos a lo largo de todos aquellos años, les
recordó su bondad para con ellos y cómo una y otra vez le habían vuelto la
espalda a Dios. La imagen final del libro es una de gran belleza y gloria, porque es
la esperanza del día en el que Israel habrá de volver a Dios, que es su verdadero
esposo, y dirá: "¿Qué tengo yo que ver con los ídolos? Le he visto, le he
escuchado y se ha ganado mi corazón.
Algunos de los más destacados pasajes del libro de Oseas son predicciones
asombrosas. Una de ellas aparece al final del capítulo 3 y encaja perfectamente
con la historia de la vida personal de Oseas, cuando Dios dice acerca del pueblo
de Israel:
"Porque muchos años estarán los hijos de Israel sin rey, ni gobernante, ni
sacrificio, ni piedras rituales, ni efod ni ídolos domésticos." (3:4)
La profecía se está cumpliendo en la actualidad. Los hijos de Israel vivirán durante
mucho tiempo sin rey, sin que exista un gobierno abiertamente y de manera
reconocida.
Y cuando estos días lleguen a su fin:
"Después volverán los hijos de Israel y buscarán a Jehová su Dios y a David, su
rey. Temblando acudirán a Jehová y a su bondad en los días postreros." (3:5)
¡Qué profecía tan maravillosa es esta! Y encontramos otra muy parecida a esta al
final del capítulo 5:
"Voy a volverme a mi lugar, hasta que reconozcan su culpa y busquen mi rostro. Y
en su angustia me buscarán con diligencia. ¡Venid y volvámonos a Jehová! Porque
él arrebató, pero nos sanará; él hirió, pero nos vendará. El nos dará vida después
de dos días; al tercer día nos levantará, y viviremos delante de él. Conozcamos y
persistamos en conocer a Jehová. Segura como el alba, será su salida; vendrá a
vosotros como la lluvia; como la lluvia tardía, regará la tierra." (5:15-6:3)
Esa es la esperanza de Israel, que su Mesías ha de venir aún a ellos y les regará
y les devolverá la vida, levantándoles de nuevo.
En los últimos capítulos, después de todo el sufrimiento que ha sentido Dios en su
corazón, nos encontramos con la imagen final:
"¡Vuelve, oh Israel, a Jehová tú Dios; porque por tu pecado has caído!" (14:1)
Después de todo, la culpa no la tenía Dios. El estaba sencillamente intentando
conseguir que ellos comprendiesen la verdad y lo único que puede aliviar su
agonía es regresar a él y ese es siempre el caso. Dios no nos puede bendecir ni
restaurar hasta que no regresemos, por lo que Dios dice:
"Tomad con vosotros estas palabras y volved a Jehová y decidle: Quita toda la
iniquidad y acéptanos con benevolencia; te ofrecemos el fruto de nuestros labios.,
[Eso es alabanza.] No nos librará Asiria; no montaremos sobre caballos, [de nada
nos servirá la potencia militar] ni nunca más diremos a la obra de nuestras manos
[idolatría]. Dioses nuestros; porque en ti el huérfano alcanzará misericordia. (14:2-
3)
"Yo los sanaré de su infidelidad. Los amaré generosamente, porque mi furor se
habrá apartado de ellos. Yo seré a Israel como el rocío: él florecerá como lirio y
echará sus raíces como el Líbano. Sus ramas se extenderán. Su esplendor será
como el del olivo, y su fragancia como la del Líbano. Volverán y se sentarán bajo
su sombra. Cultivarán el trigo y florecerán como la vid. Su fragancia será como el
vino del Líbano. ¿Qué más tiene que ver Efraín [tú] con los ídolos? [Una
interpretación mejor que "que tengo yo] Soy yo quien le responderá y velará por él.
Yo soy como el ciprés verde; debido a mi será hallado fruto en ti. (14:4-8)
Y el profeta añade esta lección de su propio sufrimiento, pero al mismo tiempo con
el gozo del amor restaurado:
"¿Quién es sabio para entender estas cosas, y prudente para que las conozca?
Ciertamente los caminos de JEHOVA son rectos, y los justos andarán por ellos.
Pero los rebeldes tropezarán en ellos. (14:9)
¿Puede usted ver en esta preciosa historia todos los elementos del eterno
triángulo? Tenemos a un Dios de amor, al corazón humano infiel y el engañoso
atractivo del mundo.
Esta es su historia y la mía ¿no es cierto? En cuántas ocasiones intentamos
satisfacernos a nosotros mismos con ídolos engañosos como la propia
importancia, la riqueza o pasándonoslo bien. La nuestra es una ceguera que al
igual que la de Gomer no sabe distinguir entre la lujuria y el amor.
Intentamos huir de Dios y ahogar nuestras desgracias en los placeres vacíos, en
la bebida, en el trabajo o en la vida social, pero tan pronto como creemos haber
escapado y haber ido suficientemente lejos, Dios nos dan un golpecito en la mano
con su amor y nos dice: "hijo mío, mi nombre y mi naturaleza son amor y debo
actuar de acuerdo a lo que soy. Cuando te canses de huir, de ir de un lado a otro y
de todos tus sufrimientos, estaré ahí para traerte de nuevo a mi.
Esta es la historia de la Biblia ¿no es así? Dios se introdujo en Belén en el
mercado de esclavos, donde toda la raza humana estaba siendo vendida en una
subasta, prostituyéndose a sí misma y sometiendo su humanidad a una vida
inferior, pero el Señor Jesús pagó el precio en la cruz y el corazón de Dios mostró
su amante deseo de convertir a su pueblo en las personas íntegras que siempre
había querido que fuesen.