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ESTUDIO 17981150
La Movida: El
sitio de mi
recreo
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LA MOVIDA
Javier Marías no recuerda los años ochenta en
Madrid como "la edad de oro", sino como "la del
recreo". Tras el aburrimiento del franquismo y los
sobresaltos de la transición, llegó el tiempo libre. Y
"en el recreo lo que más se hace es presumir,
pegarse un poco y jugar a la comba". Es con esa
inconsciencia adolescente que, aunque no me
drogara y haya sobrevivido la locura de aquellos
años, entiendo la frase: "si recuerdas la Movida, es
que no estuviste en ella".
Estudio de José de Segovia escrito en Madrid el 12 de Julio de
2013 Lectura de 13 minutos o 2528 palabras.
ESTUDIO PODCAST
Ver los papeles que tenía en mi habitación -revistas,
carteles, portadas de discos-, en esta misma calle
donde está ahora el museo de ABC, da una extraña
sensación. Antes aquí había una fábrica de cerveza,
pero siempre la conocí cerrada. La muestra que ahora
se exhibe, no es sobre la Movida en general -como la
que hubo en el año 2006-, sino su reflejo en el papel, ya
que este es un centro dedicado al dibujo y la ilustración
-aunque en la exposición hay muchas pinturas y
fotografías-.
La Movida no es un movimiento al uso. No tenía
programa, ni manifiesto alguno, sino que más bien era
una eclosión improvisada de expresión creativa juvenil,
que tenía mucho de emulación de lo foráneo. A pesar de
lo que algunos creen, no fue un montaje del
ayuntamiento socialista -la prueba es que un medio
como El País, tardó mucho en hablar de ella-, menos
aún un invento de la industria musical -que vio en cierto
momento peligrar su negocio, por la difusión continua
de maquetas en la radio o la aparición de sellos de
grabación y distribución independientes-.
Los españoles que a principios de los ochenta
estábamos entre la pubertad y una juventud avanzada,
′apenas teníamos preocupaciones políticas -como dice
José Manuel Lechado en su libro sobre la Movida-, más
allá de ciertas simpatías heredadas que, desde luego, a
esas alturas ya a nadie quitaban el sueño′. Nuestra
generación no había vivido la guerra, ni los años del
hambre. Se había criado en el desarrollismo de un
franquismo que conocíamos más por el cabezón de las
monedas y la semana de vacaciones que nos dieron
cuando se murió el dictador, que por la crueldad del
régimen de posguerra.
MADRID EN LOS OCHENTA
José de Segovia haciendo una
entrevista en un festival en 1985
Para aquellos que estábamos acabando el colegio,
cuando fue el intento de golpe de estado en 1981, la
democracia era algo más que la llegada del color a una
sociedad en blanco y negro. Significaba la libertad para
aquellos que, como mis padres, pensaban de forma
diferente -ellos se habían convertido al cristianismo en
una iglesia protestante a principios de los sesenta,
cuando todavía no había tolerancia religiosa-. Aunque
nací en Madrid, cumplí mi primer año en Inglaterra, a
donde volvimos regularmente desde que era
adolescente y vi estallar el ′punk′ en Londres.
Desde la muerte de Franco, vivíamos en el centro
de Madrid, donde mi padre había empezado una iglesia
en Malasaña en 1973. El barrio estaba ya lleno de cafés,
que reunían a la ′progresía′ que vivía en aquellos pisos
antiguos, mientras la droga empezaba a circular en las
plazas del Dos de Mayo y Chueca -que entonces nada
tenía que ver con ′las alegrías del movimiento gay′ -,
aunque estaba sobre todo en las zonas periféricas. Es
allí, donde a finales de los setenta, nace un movimiento
marginal en barrios como Vallecas, que tenía su propia
versión del ′punk′ con personajes como Ramoncín -
preconizado por las columnas de Francisco Umbral-,
pero sobre todo los grupos del llamado ′rock urbano′ -
como Asfalto, Topo, Suburbano, o Ñu-.
En el Rastro se vendían entonces revistas artesanales,
que se conocían con el nombre en inglés de ′fanzine′
(abreviatura de ′fans′ magazine′, publicación de
aficionados o fanáticos de un tema). Es así como se
conoce el grupo que dio lugar a la primera formación de
la Movida, Kaka de Luxe, donde estaban Alaska y El
Zurdo (Paraíso y La Mode), junto a los ya muertos
Eduardo Benavente (Pegamoides y Parálisis
Permanente), Carlos Berlanga (Pegamoides y Dinarama)
y Enrique Sierra (Radio Futura). Este último era
probablemente el único que sabía tocar un instrumento,
los demás se dedicaban a escribir y dibujar, o
simplemente querían ser ′modernos′. Yo dirigía
entonces un ′fanzine′ llamado Aura, que vendíamos en
la Cuesta de Moyano. El primer número tenía un artículo
sobre el ′punk′, pero lo que más me interesaba era la
literatura.
Los últimos años de bachillerato empecé, sin embargo,
a escuchar la radio por las tardes, al volver a casa. Mi
programa favorito era Dinamita, que se emitía en lo que
era entonces Onda 2 de Radio España, donde el
desaparecido Rafa Abitbol presentaba brillantemente
los discos que no habían salido todavía en nuestro país.
Le seguía el apasionado Dominó del fallecido Gonzalo
Garrido, para seguir con el Diario Pop de Radio 3, que
acababa el día con las maquetas de grupos españoles
en Esto no es Hawái con Jesús Ordovás. Muchas de
estas canciones las grabábamos en casetes, a la espera
de poder comprar un día el vinilo, o que alguien te lo
copiara en otra cinta.
SIN FUTURO
Alaska, El Zurdo y Carlos Berlanga
vendiendo sus fanzines en el Rastro a
finales de los 70
Uno de los eslóganes más estrafalarios de la Movida es
que ′todo vale′. Cuando fui a estudiar periodismo en la
universidad, la pregunta de moda era: ′¿diseñas o
trabajas?′. Era la época socialista de Felipe González
y Madrid tenía como alcalde al ′viejo profesor′ Tierno
Galván, que nos decía: ′rockeros, el que no esté
colocado, que se coloque′ ¡y al loro!′. La droga y la
homosexualidad se extendieron con una libertad
inusitada, hasta la llegada del sida, cuando muchos
empezaron a caer como moscas, sin saber por qué...
El periodista José Manuel Costa dice que ′nunca había
visto el consumo de sustancias de una forma tan
desmadrada y tan pública′. Recuerda cómo ′había gente
que se pasaba noches y noches en vela′, a base de
′alcohol, pastillas y caballo (heroína)′. Cree que ′mucha
gente no se daba cuenta del ′jaleo en que se estaba
metiendo′.
La muerte estuvo presente desde el comienzo de la
Movida. ′Se produjo un fenómeno tan extraño, como
paradójico: por un lado, las ganas de vivir eran enormes
y la vitalidad desbordante; por el otro, se negaba el
futuro y sólo se tenía en cuenta el instante -dice Costa-.
Fue una entrega tan bestial al presente que literalmente
se comieron el futuro. Se tomaron el No Future que
cantaban los Sex Pistols al pie de la letra.′ Ya que ′se
experimentó de una forma muy masiva y
autodestructiva′.
Curiosamente, el acta fundacional del movimiento fue
un acto de homenaje póstumo al batería del grupo que
luego serían Los Secretos, retransmitido por Onda 2 y
RTVE en 1980. En el salón de la Escuela de Caminos -
que dirigía el padre de Ana Torroja de Mecano-,
actuaron aquel día Alaska y los Pegamoides, Nacha Pop,
Paraíso, Mamá y Mermelada. El programa de Paloma
Chamorro en TVE, La Edad de Oro, comienza con el
anuncio de la muerte de Eduardo Benavente, que
acababa de fallecer con sólo veinte años en 1983. Su
compañera en los Pegamoides y Parálisis Permanente,
Ana Curra, empieza a hablar de la muerte y su deseo de
que Dios exista, pero Alaska -que tuvo antes una
relación con él-, dice: ′creo en Dios, pero no lo identifico
con un señor con barba, sino con un todo al que se
puede llamar Destino′. Puesto que ′uno tiene libertad
hasta que se muere en un accidente de carretera′.
Alaska conoció al director de cine Almodóvar -para el
que protagoniza su primera película-, en la casa de las
Costus. Esta era una pareja homosexual de pintores que
vivían en la calle Palma, cuya casa se convirtió en el
centro de la Movida, hasta que uno de ellos murió de
sida y el otro se suicidó a continuación en 1989. El año
anterior muere de una sobredosis el escritor
homosexual Eduardo Haro Ibars -hijo del periodista Haro
Tecglen, que perdió cuatro hijos-. La lista de muertos a
partir de este momento, es impresionante.
SUPERVIVIENTE
Antonio Vega en el local del Penta, al
que canta en La chica de ayer
Si hay un personaje, cuya imagen travestida es el sí-
mbolo de la Movida, ese es Fabio de Miguel, conocido
por el apodo de McNamara. En 1978 se muda a la casa
de las Costus en la calle de la Palma, donde tiene
relación con el músico fallecido en 1991, Tino Casal.
Fabio se dedica a la pintura y a hacer música
provocadora con Almodóvar. Sus letras y gestos no
pueden ser más escandalosos. Tras reaparecer en la
Chueca gay de los noventa, sorprende a todos con su
anuncio de conversión al catolicismo en el año 2008.
Al principio, muchos pensaban que era un montaje para
llamar la atención. Ahora no queda ninguna duda. Fabio
ha conocido a Jesucristo como ′el médico que te sana, el
maestro que te enseña y el amigo que nunca falla′,
puesto que ′él te saca del fango, te limpia, te cura las
heridas, te colma de riquezas y te garantiza una vida a
su lado para siempre′. La imagen de la Movida con
Alaska, es ahora alguien ′de misa y comunión diaria′.
Dice que ′vivía alienado, bajo los efectos de un montón
de sustancias, buscando la felicidad donde no estaba:
en la droga, en el sexo, en la fama′.
Para él, ′el mundo de la Movida era muy falso′. Puesto
que ′más que amigos, había intereses′. Ya que ′cuando
dejabas de ser joven y guapo, te daban una patada′.
Fabio se vio ′no perdido, sino perdidísimo, cuatro veces
ingresado, dos veces a punto de morir a causa de tres
enfermedades crónicas incurables′. Todo se lo atribuye
a las oraciones de su madre. Habitual del popular
oratorio de conversos de Caballero de Gracia en la Gran
Vía madrileña, ′hace una hora diaria de adoración al
Santísimo, reza el rosario, oye misa y comulga′. Dice
que la conversión ′es un regalo que Dios da al que
quiere′. El ′estaba sin el Señor, es decir, con el diablo′.
El artista antes conocido como McNamara, recuerda
cómo ′al comprar droga, veía una iglesia y a veces
entraba un minuto para rezar y decía: por favor, Señor,
sácame de este infierno′. Para él, ′estar en gracia de
Dios es saber para qué estamos aquí, que la vida tiene
un sentido, es ser feliz, encontrar el amor puro y tener
la seguridad de que no nos vamos a ir al infierno
eternamente′. Fabio censura a los sacerdotes que no
recuerdan a sus fieles ′que no todo el mundo se salva y
el infierno está ahí′. Cuando se le pregunta si no le da
vergüenza hablar ahora de Dios, contesta: ′¿cómo me
va a dar vergüenza, si ha dado su vida por mí?′.
EL MISTERIO DE LA
PROVIDENCIA
Kaka de Luxe, el grupo primigenio de
la Movida
Otros no han vivido ese milagro del que Fabio habla.
Cuando el cantante de Los Secretos, Enrique Urquijo,
fue hallado muerto en un portal de la calle Espíritu
Santo en 1999, poco antes se había internado en una
clínica para otro tratamiento de desintoxicación. Unos
días después pidió el alta voluntaria y se metió en casa
de su ′camello′ (traficante de drogas) con ciento
ochenta mil pesetas en el bolsillo, donde pasó sus
últimas horas, antes de ser abandonado en la calle,
probablemente después de que intentaran reanimarle′
′Si pudiera recordar
qué estoy buscando, pararía a descansar.
Si supiera en realidad qué estoy pensando, ya podría
respirar.
¡Qué sólo estás!, ¡qué sólo estás!,
Contigo no cuenta nadie ya.′
′El chico solitario′, Antonio Vega, tiene ahora una
plazuela con su nombre, donde acaba la calle del local
del Penta. El autor de ′El sitio de mi recreo′ y ′Una
décima de segundo′ murió en 2009. Como dice mi
amigo Jordi Torrents, jugando con sus letras, su música
es: ′un mundo descomunal plagado de fragilidad. Es un
paseo, una cima inexpugnable. Un sendero fantasmal,
un libro llamado nada, un círculo sin fin, remover el
tiempo con el café, los hilos de tejer la noche. Y ahora
tú no dejes de hablar′′
Sus últimas apariciones ′encorvado sobre el micrófono
como una abuelita, ocultando el rostro de calavera bajo
un mechón de pelo y agarrado a su guitarra eléctrica
como un salvavidas -recuerda Jesús Miguel Marcos en El
Público-, parecía en el único lugar donde se encontraba
a salvo, lejos de los demonios que la vida le puso
delante y que no supo o no pudo o no quiso esquivar′.
No pudo encontrar al final ′la paz y la quietud que
siguen a la tormenta y la destrucción′-
Cada vez que escucho la canción de Antonio Vega,
′Lucha de gigantes′, yo también ′siento mi fragilidad′. Y
suspiro: ′ ¡vaya pesadilla!′. ¿Fue ′mentira todo′?, ¿′un
sueño tonto′? En los momentos en que me creo
diferente a ellos, me digo: ′ ¡deja de engañar! / no
quieras ocultar / que has pasado sin tropezar′. Cuando
′me da miedo la inmensidad / donde nadie oye mi voz′,
me doy cuenta de que ′hay Alguien más aquí′.
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Escrito en Madrid por José de Segovia el 12 de Julio de
2013 / Hasta el día de hoy esta página ha tenido 9
comentarios.
José de Segovia:
José de Segovia tiene 604 artículos
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Leonardo Forero ′Getto′ comentó lo
siguiente: "Coleccioné la música de algunos artistas
como Alaska y Los Pegamoides, Kaka de Luxe, Radio
Futura entre otros; la verdad en Bogotá era muy difícil
encontrar música de la movida madrileña. Excelente
enfoque de este artículo José de Segovia, Dios lo siga
usando entre las líneas para dar a conocer la luz."
(2018-02-17 17:36:40)
¿Responder a Leonardo Forero ′Getto′?
tito comentó lo siguiente: "eduardo benavente era
flipante. lo vi con 15 años y me quede exhausto" (2018-
02-17 17:36:40)