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Resume N

El documento explora las distinciones entre modelos de acción, hábitos, compulsiones y adicciones, destacando cómo las adicciones son conductas compulsivas que generan ansiedad y pérdida de control. Se argumenta que la adicción es una reacción defensiva y una forma de evasión ante la vida, y que su tratamiento requiere una reescritura de la narrativa del yo. Además, se critica la medicalización de las adicciones y se enfatiza la importancia de la responsabilidad subjetiva en el proceso de recuperación.
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El documento explora las distinciones entre modelos de acción, hábitos, compulsiones y adicciones, destacando cómo las adicciones son conductas compulsivas que generan ansiedad y pérdida de control. Se argumenta que la adicción es una reacción defensiva y una forma de evasión ante la vida, y que su tratamiento requiere una reescritura de la narrativa del yo. Además, se critica la medicalización de las adicciones y se enfatiza la importancia de la responsabilidad subjetiva en el proceso de recuperación.
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RESUMEN BIBLIOGRAFÍA

ENCUENTRO 1

REF 1: Almuerzo desnudo

REF 2: La naturaleza de la adicción

“Craug Nakken hace un útil conjunto de distinciones entre modelos de


acción, hábitos, compulsiones y adicciones. Un modelo es
simplemente una rutina que ayuda a ordenar la vida diaria, pero que
un individuo puede alterar cuando lo juzgue necesario. (…) Un hábito
es una forma más psicológicamente vinculante de conducta repetitiva
que un modelo; se requiere un esfuerzo distinto de la voluntad para
alterarlo o romperlo. Las actividades habituales son frecuentemente
descritas con la palabra “siempre”.

Una compulsión es una forma de conducta que un individuo


encuentra muy difícil o imposible, de detener solo con el poder de su
voluntad. Obrar a impulsos de la misma produce una liberación de
tensiones. Las compulsiones habitualmente asumen la forma de
rituales personales estereotipados, como en el caso en que un
individuo se lava cuarenta o cincuenta veces al día para sentirse
limpio. La conducta compulsiva se asocia al sentimiento de pérdida
de control sobre el ego.”

“Una adicción incluye todos los aspectos de conducta ya


mencionados y algunos más. Puede ser definido como un hábito
estereotipado que se asume compulsivamente; el sustraerse al
mismo proporciona una ansiedad incontrolable. Las adicciones
proporcionan una fuente de bienestar para el individuo, al aplacar la
ansiedad, pero esta experiencia es siempre más o menos transitoria.”

Todas las adicciones son esencialmente narcotizantes.

Características:

1. Lo “elevado”. Eso que los individuos buscan, una experiencia


que se sitúa fuera de lo ordinario, un sentimiento momentáneo
de exaltación que antes de convertirse en un proceso de
adicción es una experiencia intrínsecamente gratificante. Una
vez establecido el modelo adictivo, sin embargo, el sentimiento
de liberación predomina sobre las características inherentes de
cualesquiera de las sensaciones implicadas.
2. Lo “fijo”. Cuando una persona es adicta a una experiencia
específica o forma de conducta, el objetivo de lograr algo
elevado se convierte en la necesidad de lograr algo fijo. Lo fijo
facilita la ansiedad e introduce al individuo en la fase
narcotizante de la adicción. Lo fijo es necesario
psicológicamente pero antes o después va seguido por
depresión y por sentimientos de vacío y el ciclo comienza de
nuevo.
3. Lo elevado y lo fijo son formas de ponerse “fuera del tiempo”, la
persona se encuentra en otro mundo y puede considerar sus
actividades diarias con un distanciamiento cínico e incluso con
desdén. Este desafecto incluye usualmente la desesperación de
que la adicción no pueda ser controlada.
4. La experiencia adictiva es una relajación del yo, un abandono
temporal del ego reflexivo. El sentimiento de desplazamiento
del yo es intrínseco a la sensación de liberación de la ansiedad.
5. El sentido de pérdida de control de la identidad consciente va
seguido de sentimientos de vergüenza y remordimiento. Se
produce un fenómeno de retroalimentación con lo que crece la
dependencia, disminuye el bienestar y aumenta el miedo y el
sentimiento de autodestrucción.
6. Las adicciones son equivalentes funcionalmente, en términos
físicos, para el individuo. Una persona luchará para liberarse de
una adicción sólo para sucumbir a otra. El hecho de que las
adicciones tiendan a ser intercambiables funcionalmente apoya
la conclusión de que éstas señalan la existencia de una
capacidad subyacente de hacer frente a ciertas especies de
ansiedad.
7. La pérdida del yo y el disgusto característico de las adicciones
no deben identificarse necesariamente con la indulgencia.
Todas las adicciones son patologías de la autodisciplina, pero
tales desviaciones pueden ir en dos direcciones- apretar o
aflojar.

La idea de que se puede ser adicto procede de mediados del S XIX. La


invención de la categoría adicto- en términos de Foucault- es un
mecanismo de control, una nueva red de poder/conocimiento. Aunque
marca también un paso por la vía real hacia la emergencia del
proyecto reflexivo del yo que es emancipatorio y coactivo. El adicto al
final es alguien intemperante, no solo en referencia a un orden
público, sino al rechazo, a la inclinación a no aceptar la carga de cada
uno.

La importancia específica de la adicción puede ser entendida en


términos de una sociedad en la que la tradición ha sido más
eliminada que nunca anteriormente, y en que el proyecto reflexivo del
yo asume correspondientemente una importancia especial. Donde
amplias áreas de la vida de una persona ya no están conformadas por
modelos y hábitos preexistentes, el individuo se ve obligado
continuamente a negociar opciones de estilos de vida.

El primer programa de alcohólicos anónimos ya reconocía que


recuperarse de la adicción significaba asumir profundos cambios en el
estilo de vida y en el reexamen de la identidad del ego. Los
participantes de las reuniones son invitados a revelar sus
preocupaciones y ansiedades más íntimas, de forma abierta, sin
miedo ni embarazo ni respuesta abusiva. La razón de ser de estos
grupos es realizar una reescritura de la narrativa del yo.

Una adicción es una incapacidad de colonizar el futuro y, en cuanto


tal, realiza una transgresión de las primeras preocupaciones con las
que deben lidiar primero los individuos.

Cada adicción es una reacción defensiva, y una vía de escape, un


reconocimiento de falsa autonomía que arroja una sombra sobre la
competencia del yo. En las formas más intensas de conductas
compulsivas, la integridad del yo como un todo se ve amenazada,
aparecen la vergüenza y el autorreproche. Las adicciones que se
centran en formas socialmente aceptables se reconocen menos
fácilmente como tales, como la adicción al sexo o la adicción al
trabajo. Experiencias narcóticas.

REF 7: Las adicciones o como ir por lana y salir trasquilado.


Gutiérrez.

Hablar de adicciones como de una enfermedad o epidemia implica un


criterio médico de algo del orden de lo infeccioso que se contagia o
transmite ante lo que sería necesario tomar una serie de medidas
sanitarias para evitar su propagación. Además, se entiende que existe
un agente etiológico que proviene del exterior y se introduce en la
corporeidad del sujeto produciendo la enfermedad. De está manera
queda medicalizada la problemática alimentando la ilusión de que nos
encontramos ante algo acerca de lo cual la responsabilidad queda en
manos de otros, es decir sosteniendo una ideología toxicómana.
Dicha ideología se estructura alrededor de una posición en la cual lo
que se encuentra ausente es la responsabilidad subjetiva en el
malestar que soporta quien padece una adicción. Ante esto el
individuo es totalmente pasivo, no le queda otra que asumir
plenamente su papel de víctima. El sujeto aquí está borrado.

Es necesario revertir esta exterioridad que antropomorfiza la droga


tornando al sujeto en un objeto de goce.
La clínica nos ha llevado a pensar que la adicción es una
consecuencia de un desgaste psicopatológico que determina que el
sujeto no puede poner en juego otros recursos para enfrentar los
infortunios corrientes. Se reconoce la adicción como producto del
encuentro de una estructura con importantes falencias en su
constitución con las contingencias vitales, ante los cuales los tóxicos
aportan la ilusión de que es posible sortearlas sin ponerse en juego
como sujeto.

Reflexiona acerca de las causas subjetivas que inciden en el


desarrollo de la fenomenología adictiva como un sistema destinado a
cancelar el dolor de existir.

Para Freud la enfermedad mental en la consecuencia de una reacción


de la estructura ante un hecho que produce una alteración en el
equilibrio del sistema. O sea que pone en jaque el “no querer saber…
lo sabido”.

ENCUENTRO 2

REF 12: Toxicomanías y Psicoanálisis. Cap. 1. Le Poulichet.

Farmacon: toda sustancia puede ser remedio y veneno a la vez.


Estructura de reversibilidad y ambigüedad. La sustancia es el
suplente físico de lo psíquico ausente. Suplencias, reemplazos.

“En fin, paralelamente a estas terapias de choque, se presenta la


creencia en la posibilidad de tratar las enfermedades mentales por
medio de simples medicamentos, como a las otras enfermedades. El
lenguaje que la locura pronuncia se ha vuelto así caduco. La locura ya
no encuentra su secreto, ya no aparece como un saber ocultado: a
favor de una inversión, será más bien un saber sobre el tóxico el que
va a reducir la locura a un epifenómeno, a un simple
disfuncionamiento de los tóxicos.”

“(…) la noción de abuso queda igualmente privilegiada dentro de un


pensamiento médico positivista para el cual lo patológico se designa
a partir de lo normal como hiper o hipo. Redescubrimos aquí la
presencia del tema maniqueo y ontológico aplicado a la figura del
tóxico: de ese cuerpo poseído habrá que extirpar al enemigo.”

Esas diversas intervenciones y esos discursos, que participan de una


imaginería de la eliminación o del virus, condenan al médico a una
lucha imaginaria con el mal por extirpar. Hay que apuntar que
también en este sentido el individuo toxicómano es aprehendido las
más de las veces como organismo.

(…)(Además) bajo el emblema de aquella dependencia psíquica de


que antes hablé, el fenómeno de la toxicomanía resultó psicologizado
seg´´un un modelo que toma prestada la lógica misma de las
creencias vigentes en una vieja medicina positivista. Así las tentativas
de comprender la personalidad del toxicómano o de establecer una
psicopatología de la toxicomanía suelen aparecer bajo esta forma:
2”tendencia al narcicismo, yo débil, yo fijado definitivamente en el
estadio oral, inmadurez afectiva, nada de genitalización.”

“yo débil”, al que sería preciso reforzar por todos los medios.

“¿no evolucionan “el toxicómano” y su terapeuta en el seno de una


relación de espejo, desde el momento en que uno y otro fijan a su
manera la “psique” en ciertas sustancias?” al menos, sus discursos
parecen organizarse en general en torno de una misma creencia: es
la sustancia o son unos problemas psicotóxicos los que constituyen la
toxicomanía. (…) Desde luego que esta relación de espejo se
establece más espaciosamente entre toxicómano y médico cuando
unos y otros organizan sus saberes en torno a la figura del tóxico. ¿no
compartirán incluso una misma creencia a través del
entrecruzamiento de las proyecciones de que son soporte de manera
recíproca? En efecto, esos dos saberes confrontados consagran
diferentemente la omnipotencia de la sustancia y anulan, por lo tanto,
la perspectiva de una posición de los sujetos.”

REF 13. Toxicomanías y Psicoanálisis. Cap. 1. Le Poulichet.

Operación farmakon: formula que designa la especificidad del acto


que crea una toxicomanía.

A. El miembro fantasma.

La abstinencia, que se presenta como el negativo de la dependencia


aparece como un paso ineludible para tratar la adicción.

“Realizar esta intervención según la cual un sujeto sería separado de


aquello que con demasiada rapidez se llama su objeto para producir
un estado de abstinencia en cuestión, plantea algunas
interrogaciones. ¿Cuál es el modelo médico psicológico que se invoca
para dar sentido a esta operación? ¿Y de qué índole es el corte que se
viene a representar aquí?”
Parece que una clínica de la abstinencia daría la posibilidad de
someter a examen ese modelo clásico en que un organismo es
separado de un cuerpo extraño, o un sujeto, de un objeto, en el
entendimiento de que los primeros recuperarán su integridad una vez
apartados del influjo mórbido de los segundos. Cuando se afirma una
concepción así, con toda naturalidad se recurre a modelos de
inspiración comportamentalista para pensar la abstinencia y por vía
de consecuencia, las toxicomanías mismas.

“Si el farmakon parece prestar un cuerpo, su ausencia evoca una


forma de mutilación. En efecto, los discursos sobre la abstinencia se
organizan bajo la referencia de una falta que cobra la figura de una
lesión.”

Dimensiones esenciales de la operación farmakon: lo alucinatorio y el


dolor.

El tóxico ausente crea la figura de un miembro o de un órgano


doloroso, pone directamente en juego la investidura de zonas
corporales. Y esta formación se impone como tal al individuo. (…)
Aquel efecto fantasma parece pertenecer más bien al registro de lo
alucinatorio.

1. ficción de una satisfacción alucinatoria.

Freud clasifica de alucinatorio el modo de satisfacción primaria del


deseo.

“El primer desear pudo haber consistido en investir alucinatoriamente


el recuerdo de la satisfacción.”

Esta satisfacción alucinatoria referida a la imagen de un estado


primero, prototipo del dormir y del sueño, no implica psicosis
necesariamente.

Son a la vez esta ficción de una satisfacción inmediata primaria y este


modelo de una percepción alucinatoria en el sueño los que pueden
autorizar a fundar el concepto de lo alucinatorio como paradigma de
un tipo de acto psíquico que provisionalmente pone en jaque el
recurso a las representaciones a causa de las pérdidas.

El modo de satisfacción alucinatoria caracterizaría una investidura


libidinal en que el yo y el otro no se diferencian. Si ese estado
hipotético de la libido no se puede mantener, es porque desde el
comienzo el individuo se encuentra inmerso en un baño de lenguaje,
en un mundo simbólico que introduce las alternancias de la presencia
y de la ausencia. Ese modo alucinatorio e inmediato de la satisfacción
se opone, por consiguiente, a la temporalidad en la que se ordena
toda cadena significante.

“Y es sin dudas una forma de desvalimiento la que se manifiesta


cuando falta el tóxico, como si el cuerpo, en lugar de modelarse en
las cadenas significantes, demandara la restitución de un órgano que
“ligara” las excitaciones. Estas últimas suscitan un desvalimiento que
da testimonio de un aumento intolerable de las tensiones. Por lo
demás, las recaídas en ese tiempo de la abstinencia suelen
sobrevenir como en respuesta a una serie de efracciones. El tóxico
reaparece como para restaurar una protección frente a
acontecimientos o pensamientos que de repente se viven
amenazadores, susceptibles de provocar el horror o el espanto.”

La operación farmakon pone en práctica un repliegue narcisista.


Ninguna de las efracciones ocurre cuando se realiza esa operación. Y
es casi siempre una especie de semivigilia lo que el farmakon pone en
provoca, con lo que engendra como un retiro de las investiduras del
mundo exterior.

Se trata aquí de conservar en la vida despierta una forma de


percepción alucinatoria como en el sueño, bajo la protección de una
narcosis.

Si el farmakon introdujera el orden de una real inmediatez, es


la dimensión de la ausencia la que resulta excluida. Además,
este farmakon tendría un poder de borradura o disolución de
las representaciones como forma de olvido.

Lo intolerable en la abstinencia sería la irrupción de una


discontinuidad, como un despertar que expulsara al soñante
de su noche.

La operación del farmakon pone al cuerpo al abrigo de toda


diferencia: el día y la noche del cuerpo no son mas que una
misma superficie continua, y todo efecto de ruptura resulta
anulado.

El farmakon tendría el estatuto de un órgano que cuando es


restituido , restablece la ilusión de un narcicismo absoluto.

B. Una supresión tóxica del dolor.

El dolor que sigue al cese de consumo, se impone al individuo.

Implica primero la noción de efracción, resulta de una forma


de agujero en el psiquismo.
Freud compara la intoxicación alcohólica con la manía y
enuncia la idea de que es probable que en ella se cancelen
por vía tóxica, unos gastos de represión.

Se desprende aquí la perspectiva de que un dispositivo que


opera por cancelación toxica allí donde esperábamos hallar
una represión de las representaciones.

Así el dolor no es una simple reacción mecánica frente a la efracción,


engendra una organización nueva del aparato psíquico., este ya no
responde al proceso de la represión, sino que solicita una cancelación
tóxica.

El dolor es la genuina reacción frente a la perdida de objeto cuando


esta no ha sido simbolizada.

Dicho de otro modo, cuando se revela el agujero o la falta constitutiva


de la relación del sujeto con sus objetos, el dolor puede presentarse
como una respuesta inmediata que engendra un repliegue narcisista.
Esta respuesta se opone a la que organiza la represión a través del
montaje del fantasma, que mantiene una relación erótica con los
objetos.

Esta función del dolor que surge como más acá del principio de
placer, acaso interviene en la abstinencia.

La palabra parece ocupada por una presencia alucinatoria del cuerpo,


y dice la urgencia de una sedación del dolor para restablecer una
forma de homeostasis .

C. El principio del farmakon operante en las toxicomanías.

Lo propio de la operación del farmakon sería establecer las


condiciones de una percepción y de una satisfacción alucinatorias,
así como producir una cancelación tóxica del dolor.

Mientras que los discursos de la toxicomanía presentan a esta


como autodestrucción, vemos surgir la perspectiva de una
operación esencialmente conservadora que protege una forma de
narcisismo.

DEBORAH FLEISCHER

“<< Soy adicto.>> es así como suelen presentarse algunos


sujetos frente al analista. Definen sus condiciones de existencia a
partir de sus condiciones de goce, dándose un nombre con la
sustancia.”
“El término toxicómano surge a partir de que esas plantas son
sometidas a depuraciones químicas, o son producidas en
laboratorios, y es a partir del tránsito a la modernidad que éstas
son afectadas por la ciencia. Entonces, podemos definir la adicción
como el encuentro entre estos productos del tiempo de la ciencia
con aquel que intenta desembarazarse de toda experiencia. Este
encuentro, como ya dijimos, precipita al sujeto del lado de la pura
reacción.”

No es lo mismo consumo que adicción, en el caso de esta ultima la


sustancia se vuelve el eje de la vida de la persona.

Los verdaderos toxicómanos son aquellos que no sólo no


discriminan las drogas, sino que tampoco pueden introducir la
diferencia en otros ámbitos.

Para romper la identificación con la que llegan los sujetos (“Soy


adicto”) se les puede preguntar ¿desde cuándo? Para romper la
ilusión de que ese soy los representa.

Identificaciones horizontales propias de nuestra época, en que la


autoridad paterna ha perdido efectividad.

“Al hacerse posible la relación sexual (en la pubertad), se


descubre, como dice Lacan, que no la hay. Esto quiere decir que
por estructura no hay objeto adecuado, que siempre hay una
diferencia entre el placer esperado y el placer logrado, revelando
así lo propiamente humano de la sexualidad: no todos los
partenaires están autorizados. La droga, en cambio, crea la ilusión
de que hay relación posible entre el sujeto y objeto, objeto que no
es un objeto de deseo, sino de goce.”

El análisis no opone impedimento, ya que no es función del


analista convertirse en un superyó ortopédico. Además, debemos
recordar que la prohibición engendra y aumenta el deseo.

“La experiencia del análisis introduce la cuestión del sujeto y la de


su responsabilidad que la droga intenta dejar fuera de juego. El
objetivo en el tratamiento del adicto es que se produzca el pasaje
de la experiencia intransmisible de la droga – intransmisible
porque el adicto considera que solamente puede entenderlo aquel
que pasó por la misma experiencia- a esta otra, la del análisis. Un
tránsito que va del colmamiento del sujeto por objeto droga a la
aceptación de su división. En tanto experiencia transmisible, se
trata de que el sujeto diga, lo que implica que la droga deje de
cumplir esa función de clausura del deseo, para convertirse en un
objeto común que, en tanto tal, puede caer.”
Cocteau, Jean: Opio, historia de una desintoxicación, cap.
La secuestrada de Potiers Ed. Bruguera REF 32

“Narro una desintoxicación: herida lenta.”

La falta de compostura es la marca del héroe.,

“Mas adelante explicaré los increíbles fenómenos de una


desintoxicación -fenómenos contra los cuales la medicina nada
puede sino dar a la jaula el aspecto de una habitación de hotel y
pedir al médico o a la enfermera, paciencia, presencia, fluido- en
lugar de ser llos de un organismo que se descompone, deben ser,
por el contrario, los incomunicables síntomas del lactante y el de
los vegetales en primavera.”

“Así pues, me reintoxique porque los médicos que desintoxican- se


debería simplemente decir que purgan- no buscan curar las causas
primeras que motivan la intoxicación, porque encontré de nuevo
mi desequilibrio nervioso y porque prefería un equilibrio artificial a
una total ausencia de equilibrio.

“aconsejo al enfermo que se ha abstenido durante ocho días


hundir la cabeza en un brazo, pegar la oreja a este brazo, y
esperar. Devastación, motines, fábricas que explotan, ejércitos en
fuga, diluvios, la oreja escucha todo un apocalipsis de la estrellada
noche del cuerpo humano.”

“se agota al enfermo, se le desagua, se expulsa la bilis y, quiéranlo


o no, se vuelve a las leyendas que prescribían arrojar los demonios
por medio de plantas, encantamientos, purgas, vomitivos.”

“(…) la eficacia del opio es el resultado de un pacto. Si nos seduce,


ya no podremos abandonarlo.”

“Ciertos organismos nacen para convertirse en presa de las


drogas. Exigen un correctivo sin el cual no pueden tomar contacto
con el exterior, flotan. Vegetan entre gallos y medianoche. El
mundo es un fantasma hasta que una sustancia le da cuerpo. //
Ocurre que esos desdichados viven sin encontrar nunca el menor
remedio. También sucede que el remedio que encuentran les mata.
// Es una suerte cuando el opio les equilibra y procura a esas almas
de corcho un traje de buzo. Pues el mal proporcionado por el opio
será menor que el de las otras sustancias y menor que la invalidez
que intentan curar.”
“Existe en el hombre una especie de fijador, es decir, de absurdo
sentimiento más fuerte que la razón, que le da a entender que
esos niños que juegan son una raza de enanos, en vez de ser los
<<quítate de ahí que me pongo yo>>.

Vivir es una caída horizontal.

Sin ese fijador una vida perfecta y continuamente consciente de su


velocidad se volvería intolerable. Le permite dormir al condenado a
muerte.

A mi me falta ese fijador. Es, supongo, una glándula enferma.

El opio me proporcionaba este fijador. Sin el opio, los proyectos:


matrimonios, viajes, me parecen tan dementes como si alguien
que se cae de la ventana deseara vincularse con los ocupantes de
las habitaciones ante las que pasa.”

“no obstante, afirmo que un día emplearemos sin peligro las


sustancias que nos apaciguan, que evitaremos el hábito, que nos
reiremos del hombre malo de las drogas, y que el opio
domesticado mitigará el dolor de las ciudades donde los árboles
mueren de pie.”

“el tedio mortal del fumador curado. Todo lo que hacemos en la


vida, incluso el amor, lo hacemos en el tren expreso que corre
hacia la muerte. Fumar opio es abandonar el tren en marcha; es
ocuparse de otra cosa que de la vida y de la muerte.”

− Duras, Marguerite: La vida material cap. El alcohol.


REF: 16

“El alcohol hace resonar la soledad y termina por hacer que se lo


prefiera antes que cualquier otra cosa. Beber no es
obligatoriamente querer morir, no. Pero, uno no puede beber sin
pensar que se mata. Vivir con el alcohol es vivir con la muerte al
alcance de la mano. Lo que impide que uno se mate cuando está
loco de la embriaguez alcohólica, es la idea de que, una vez
muerto, no beberá más.”

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