Definición de antibiótico:
Un antibiótico es un compuesto químico producido
por algunos seres vivos (como por ejemplo la penicilina,
que es producida por algunas especies de hongos) u obtenido
a través de derivados sintéticos y que funcionan como
fármacos que matan o bien inhiben el crecimiento de las
bacterias, los microorganismos sensibles a ellos.
Cada uno de los antibióticos que se utilizan en medicina
va enfocado a tratar una infección por una bacteria o grupo
de bacterias concretas. Algunos son muy específicos y otros
son capaces de afectar a varias especies distintas. De ahí que
haya algunos de amplio espectro, es decir, aquellos que
afectan a muchas especies bacterianas diferentes.
Son medicamentos que solo pueden obtenerse con
receta médica, pues deben ser consumidos con cuidado. Si la
enfermedad es de origen vírico, estos antibióticos no harán
nada, por lo que no tiene sentido consumirlos. Además, se
está observando que las bacterias se empiezan a hacer
resistentes a los antibióticos, por lo que es importante no
hacer un mal uso de ellos.
Los antibióticos pueden administrarse tanto por vía oral
(mediante comprimidos) como por vía intravenosa (por
inyección), e incluso de forma tópica (administración de
pomadas sobre la piel). La vía elegida dependerá de la
naturaleza de la enfermedad que quiere tratarse.
¿Cómo funciona un antibiótico?
Los antibióticos tienen diferentes efectos sobre las
bacterias. Dependiendo de la bacteria que se quiera
combatir, se deberá elegir un antibiótico que esté diseñado
para afectar a alguna de las estructuras propias o a los
procesos fisiológicos de esta especie.
Cada especie bacteriana o grupo de especies tiene unas
características únicas, por lo que los antibióticos tienen como
“diana” alguna de estas propiedades. Dependiendo de cómo
es la bacteria, unos antibióticos funcionarán y otros no, pues
no todos cumplen con los requisitos para afectarla.
Así, hay antibióticos que lo que hacen es dañar la pared
celular, una estructura que envuelve a las bacterias y que las
protege, por lo que estos fármacos consiguen debilitarlas,
haciendo que pierdan el contenido intracelular y acaben
muriendo.
ANTIBIÓTICO ANTITUMORAL:
Los antibióticos antitumorales son sustancias químicas que se derivan de
microorganismos y actúan como agentes quimioterapéuticos al inhibir la
síntesis de ADN en las células cancerosas. Estos antibióticos se utilizan
principalmente para tratar ciertos tipos de cáncer, como el cáncer de pulmón,
el linfoma y el cáncer de mama. Algunos ejemplos de antibióticos
antitumorales incluyen la doxorubicina, la bleomicina y la mitomicina C. Sin
embargo, estos medicamentos también pueden tener efectos secundarios
graves, como daño cardíaco, problemas respiratorios y supresión de la médula
ósea. Por lo tanto, su uso debe ser supervisado cuidadosamente por un médico
especialista en oncología.