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LAMICROBIOTAINTESTINAL

El trabajo de fin de grado de Bárbara Sainz Cantero explora la microbiota intestinal humana y su relación con la dieta, destacando la importancia de esta última como modificador principal de la microbiota desde el nacimiento. Se discuten factores que afectan la composición del microbioma, como el tipo de parto y el uso de antibióticos, y se ofrecen recomendaciones para mantener una microbiota saludable. El estudio concluye que una dieta equilibrada, la lactancia materna y el parto vaginal son clave para una microbiota intestinal sana.

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LAMICROBIOTAINTESTINAL

El trabajo de fin de grado de Bárbara Sainz Cantero explora la microbiota intestinal humana y su relación con la dieta, destacando la importancia de esta última como modificador principal de la microbiota desde el nacimiento. Se discuten factores que afectan la composición del microbioma, como el tipo de parto y el uso de antibióticos, y se ofrecen recomendaciones para mantener una microbiota saludable. El estudio concluye que una dieta equilibrada, la lactancia materna y el parto vaginal son clave para una microbiota intestinal sana.

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TRABAJO DE FIN DE GRADO

LA MICROBIOTA INTESTINAL HUMANA Y SUS


MODIFICADORES: EL PODER DE LA DIETA.

HUMAN GUT MICROBIOTE AND ITS MODIFIERS:


THE POWER OF DIET.

FACULTAD DE ENFERMERÍA

Grado en Enfermería
Junio 2018

Autora: BÁRBARA SAINZ CANTERO


Director: FRANCISCO JOSÉ AMO SETIÉN
Este documento es el resultado del Trabajo Fin de Grado de un alumno, siendo su autor responsable
de su contenido. Se trata por tanto de un trabajo académico que puede contener errores detectados
por el tribunal y que pueden no haber sido corregidos por el autor en la presente edición. Debido a
dicha orientación académica no debe hacerse un uso profesional de su contenido.

Este tipo de trabajos, junto con su defensa, pueden haber obtenido una nota que oscila entre 5 y 10
puntos, por lo que la calidad y el número de errores que puedan contener difieren en gran medida
entre unos trabajos y otros.

La Universidad de Cantabria, el Centro, los miembros del Tribunal de Trabajos Fin de Grado, así como
el profesor tutor/director no son responsables del contenido último de este Trabajo.
ÍNDICE

RESUMEN .........................................................................................................................1
ABSTRACT .........................................................................................................................1
1. INTRODUCCIÓN ............................................................................................................2
1.1. Justificación ....................................................................................................................... 2
1.2. Objetivos ........................................................................................................................... 3
1.3. Metodología ...................................................................................................................... 3
1.4. Estructura. ......................................................................................................................... 4
2. LA MICROBIOTA INTESTINAL HUMANA .......................................................................5
2.1. Clasificación de la microbiota intestinal............................................................................ 5
2.2. La función de la microbiota intestinal ............................................................................... 7
3. LA DIETA COMO PRINCIPAL MODIFICADOR DE LA MICROBIOTA INTESTINAL
HUMANA ..........................................................................................................................9
3.1. Formación y cambios de la microbiota intestinal en la infancia ....................................... 9
3.1.1. Lactancia materna y artificial ..................................................................................... 9
3.1.2. Introducción de los alimentos ................................................................................. 10
3.2. Respuesta de la microbiota intestinal ante los macronutrientes ................................... 10
3.2.1. Hidratos de carbono ................................................................................................ 10
3.2.2. Grasas ...................................................................................................................... 11
3.2.3. Proteínas .................................................................................................................. 13
3.3. Respuesta de la microbiota intestinal ante otros nutrientes .......................................... 14
3.3.1. Probióticos y prebióticos ......................................................................................... 14
3.3.2. Polifenoles ............................................................................................................... 14
4. OTROS MODIFICADORES DE LA MICROBIOTA INTESTINAL HUMANA ........................16
4.1. Modo de nacimiento ....................................................................................................... 16
4.1.1. La hipótesis higiénica ............................................................................................... 16
4.2. Antibióticos ..................................................................................................................... 17
4.3. Obesidad ......................................................................................................................... 18
4.4. Diabetes Mellitus ............................................................................................................ 18
5. CONCLUSIONES ..........................................................................................................20
6. REFERENCIAS ..............................................................................................................21
LISTADO DE SIGLAS

AA: Aminoácidos

AB: Antibióticos

ADN: Ácido desoxirribonucleico

AMP: Antimicrobial Proteins (Proteínas antimicrobianas)

DM: Diabetes Mellitus

FOS: Fructo-oligosacáridos

GOS: Galacto-oligosacáridos

HGC: High Genetic Count (Alto recuento genético)

LDL: Low Density Lipoproteins (Lipoproteínas de baja densidad)

LGC: Low Genetic Count (Bajo recuento genético)

LPS: Lipopolisacáridos

MI: Microbiota Intestinal.

SCFAs: Short Chain Fatty Acids (Ácidos grasos de cadena corta)


RESUMEN
En condiciones normales, en nuestro tracto intestinal existen más de mil tipos de
microorganismos que en conjunto componen la microbiota intestinal humana. En adultos ésta
puede alcanzar un peso de hasta casi 2 kg, y es tan única y diferente como puede ser su huella
dactilar. La relación de simbiosis que mantenemos con estos microorganismos está vinculada a
nuestra salud, ya que perturbaciones en la microbiota, como descensos en la densidad y
diversidad de bacterias intestinales, están asociados con ciertas enfermedades y viceversa.

La composición del microbioma gastrointestinal puede estar condicionada por numerosos


factores como el uso de antibióticos, el tipo de parto, algunas enfermedades crónicas como la
obesidad, y la dieta. Ésta última es considerada uno de los factores más relevantes desde el
nacimiento, partiendo del modo de alimentación inicial con lactancia materna o leche de
fórmula, pasando por la introducción de los alimentos, hasta llegar al estilo de dieta en el adulto.

Como recomendaciones principales para mantener una microbiota intestinal sana se han
encontrado: llevar una dieta equilibrada, la lactancia materna frente a la artificial, el parto
vaginal y la disminución del consumo de antibióticos.

PALABRAS CLAVE: Microbioma gastrointestinal, Dieta, Lactancia materna, Obesidad.

ABSTRACT
Under normal conditions, there are thousands of microorganisms in our gut which together
create the human gut microbiote. In adults, it can reach 2 kilograms and it is as unique as
anyone’s fingerprint. The symbiotic relationship we have with these microorganisms is fully
relevant to our health. Any disturbance in it, such as drops in gut bacterial diversity or density,
is related to diseases and vice versa.

It is considered that gastrointestinal microbiome’s composition is determined by numerous


factors such as the use of anti-bacterial agents, mode of delivery, some diseases like obesity and
diet. The last is deemed to be the most relevant since birth, starting from the type of lactation,
formula feed or breastfeeding, through complementary feeding to an established adult diet.

The main recommendations to have a heathy gut microbiote are: a balance diet, breastfeeding,
natural delivery and a reduction in the consumption of antibiotics.

KEY WORDS: Gastrointestinal Microbiome, Diet, Breast Feeding, Obesity.

1
1. INTRODUCCIÓN

El ser humano vive en una relación de simbiosis con múltiples organismos alojados en su piel,
boca, intestinos y, en el caso de las mujeres, vagina. Al conjunto de estos microorganismos se lo
conoce como microbiota o microbioma humano. Este vínculo de simbiosis entre el ser humano
y su microbiota beneficia a ambas partes. Es por esto que se hace uso del término
“superorganismo” para referirse a la suma de ambos simbiontes (1–3). Algunos autores incluso
consideran el metabolismo de la comunidad microbiana como parte del metabolismo humano
(4). El número total de microorganismos que reside en nosotros es tal que su recuento genético
puede llegar a superar 100 veces el recuento genómico humano (5).

La existencia de los microorganismos que habitan dentro del tracto intestinal humano se viene
estudiando desde hace varias décadas, así como el impacto que tienen sobre la salud y la
enfermedad de los humanos. Sin embargo, en la actualidad el número de investigaciones
relativas a este tema ha aumentado de forma notable.

Con este trabajo se pretende relacionar el funcionamiento de la microbiota intestinal (MI)


humana con la dieta y salud de los individuos. Para ello, además de presentar qué es y cómo
funciona la MI humana, se exponen algunos de los modificadores de la misma: tipo de parto,
antibióticos (AB) y enfermedades que pueden ser a la vez causa y efecto de alteraciones en la
microbiota intestinal. Entre ellos, la literatura apunta a que el más importante de los
modificadores es la dieta, por lo que se explica cómo evoluciona la microbiota intestinal durante
los primeros años de vida con la lactancia, la introducción de los alimentos y cómo responde
ésta a los diferentes nutrientes una vez establecida una dieta adulta.

1.1. Justificación

Este trabajo es una revisión narrativa en la que se desarrolla un tema en auge en el ámbito de
la investigación sanitaria: la MI humana.

La MI está fuertemente ligada a la dieta de su huésped, pues es por medio de ésta como
consigue el alimento y es a él a quien va a aportar beneficios o perjuicios. Así mismo, conforme
va evolucionando nuestra dieta con el paso de los años, desde recién nacidos hasta adultos,
nuestra MI evoluciona con nosotros.

Se sabe que enfermedades con alta prevalencia como la obesidad y la Diabetes Mellitus (DM)
pueden estar relacionadas con la MI. La sintomatología de estas enfermedades puede verse
mejorada con cambios en la dieta, no sólo dirigidos a la disminución de la ingesta de calorías en
el caso de la obesidad y el correcto mantenimiento de los niveles plasmáticos de glucosa en la
DM, sino también con cambios que promuevan el aumento de la diversidad y densidad la MI.

Así mismo, existen numerosos estudios que han aportado evidencia científica al respecto y que
pueden ayudarnos a ampliar nuestros conocimientos, pero aún quedan por resolver muchas
cuestiones puesto que los resultados y conclusiones son a veces contradictorios.

Si entendemos que parte del papel de la enfermería como profesionales sanitarios consiste en
estar capacitados a poder dar pautas recomendaciones higiénico-dietéticas, comprender cómo
funciona y cómo es posible modular la microbiota intestinal, es una ventaja tanto para nosotros
como para nuestros pacientes a la hora de mejorar su estado de salud.

2
1.2. Objetivos

Objetivo principal:
• Describir la relación entre el funcionamiento de la microbiota intestinal humana y la
dieta y la salud de los individuos.
Objetivos específicos:
• Describir la microbiota intestinal humana con sus características y sus funciones.
• Detallar la evolución de la microbiota intestinal humana desde el nacimiento por medio
de la alimentación.
• Mostrar la respuesta de la microbiota intestinal humana a los macronutrientes y otros
nutrientes.
• Reseñar otros tipos de modificadores de la microbiota intestinal humana y su relación
con la salud.

1.3. Metodología

Este trabajo es una revisión narrativa para la cual se ha realizado una búsqueda bibliográfica con
el fin de dar con aquellos estudios más recientes y de mayor fiabilidad sobre el tema a tratar,
priorizando los artículos publicados en las revistas de mayor impacto.

Como criterios de inclusión, se han tenido en cuenta los siguientes:


• Artículos entre 1990 y 2018.
• Idioma: Inglés, español.
• Con alguna de las palabras clave contenidas en la Tabla 1.

MeSH DeCS
Anti-Bacterial Agents Antibacterianos
Breast Feeding Lactancia Materna
Cesarean Section Cesárea
Delivery, Obstetric Parto Obstétrico
Diabetes Mellitus Diabetes Mellitus
Diet Dieta
Gastrointestinal Microbiome Microbioma Gastrointestinal
Infant Formula Fórmulas Infantiles
Obesity Obesidad
Prebiotics Prebióticos
Probiotics Probióticos
Tabla 1. MeSH y DeCS utilizados en estrategia de búsqueda.

También se utilizaron las listas de referencias de las revisiones sistemáticas y metaanálisis como
fuentes de información secundaria.

Las bases de datos utilizadas para ello han sido PubMed y PubMed Health, ambas
pertenecientes al NCBI (National Center for Biotechnology Information).

La estrategia de búsqueda en la base de datos ha sido llevada a cabo a través de los MeSH
(Medical Subject Headings), y con la ayuda de los operadores lógicos AND, OR y NOT. En caso de

3
las búsquedas en idioma castellano, la estrategia de búsqueda en la base de datos ha sido
llevada a cabo a través de los DeCS (Descriptores en Ciencias de la Salud)

Los MeSH y DeCS utilizados están representados en la Tabla 1.

1.4. Estructura.

El trabajo ha sido estructurado en una introducción, tres capítulos principales y conclusiones.

Los capítulos se estructuran en tres partes diferentes. El primer capítulo titulado “La microbiota
intestinal humana” expone las principales características y funciones de la MI.

En el siguiente capítulo titulado “La dieta como principal modificador de la microbiota intestinal
humana” es el capítulo que más peso tiene del trabajo, ya que en él se exponen los tres puntos
más importantes: la formación de la microbiota, la respuesta ante macronutrientes y la
respuesta a otros nutrientes.

El punto “3.1. Formación de la microbiota intestinal a partir de la evolución de la dieta” habla


sobre las dos fases previas por las que pasa la MI humana antes de tomar su forma adulta: la MI
del lactante y las diferencias entre la lactancia materna y artificial y la etapa de desarrollo que
supone la introducción de los alimentos hasta conferir una MI adulta. Los puntos “3.2. Respuesta
de la microbiota intestinal ante los macronutrientes” y “3.3. Respuesta de la microbiota
intestinal ante otros nutrientes” hablan de cómo la MI responde a los diferentes alimentos que
ingerimos, cómo las bacterias producen metabolitos a partir de éstos y cómo algunos tipos de
dietas benefician o no a la salud del huésped.

Por último, en el capítulo “Otros modificadores de la microbiota intestinal humana” se exponen


sobre otros factores que, aunque algunos de ellos están interrelacionados con la dieta, influyen
también en la estructura de la MI. Intentando seguir un orden, se ha decidido primero tratar el
punto “4.1. Modo de nacimiento” y hablar de las diferencias que existen en la MI dependiendo
del tipo de parto (vaginal o cesárea) que tuviese el individuo. Más tarde se habla en el punto
“4.2. Antibióticos” de la repercusión que el uso de AB tiene en las bacterias que conforman la
MI. Por último, los puntos “4.3. Obesidad” y “4.4. Diabetes Mellitus” reflejan la relación de
ambas enfermedades con la diversidad y densidad de la MI.

4
2. LA MICROBIOTA INTESTINAL HUMANA
La MI está formada en su mayoría por bacterias, hongos, virus y protozoos –estos tres últimos
en menor medida (2). El conjunto de todos ellos alcanza una población de entre 1013 y 1014
microorganismos (4).

Existen más de 35000 especies diferentes de bacterias que en condiciones normales, no son
patógenas para el ser humano (6). Durante el desarrollo del trabajo se nombrarán diferentes
bacterias, por lo que se ha desarrollado un árbol filogenético (recogido en el Anexo 1), para
disponer de una idea ordenada sobre su filogenia. Las bacterias predominantes en una MI sana
son las gram positivo Firmicutes (60–80%) y las gram negativo Bacteroidetes (15-30%). En menor
cantidad le siguen las Actinobacterias y Verrucomicrobia (7,8).

2.1. Clasificación de la microbiota intestinal

Existen varios métodos de clasificación del microbioma intestinal: en función del recuento
genético, de su localización en el tracto intestinal o del Enterotipo del huésped.

Varios proyectos, como el Human Microbiome Project y MetaHit, se basaron en el número de


genes de los microorganismos de la MI humana para poder diferenciar entre dos grupos:
aquellos con un bajo recuento genético (por sus siglas en inglés, LGC: Low Genetic Count), y
aquellos con un alto recuento genético (HGC: High Genetic Count) (9). En el grupo de HGC se
observa una MI sana y normofuncionante, con una incidencia menor de alteraciones
metabólicas y obesidad. Sin embargo, en el grupo de LGC se observa una mayor proporción de
bacterias proinflamatorias relacionadas con la enfermedad inflamatoria intestinal, como las
Bacteroidetes, los Ruminococcus y los Staphylococcus (10,11).

En cuanto a su distribución, los microorganismos se encuentran en diferente densidad tanto a


lo largo como a través de las diferentes capas del tracto gastrointestinal.

En cuanto a lo largo del tracto intestinal, existen diferencias en la diversidad y número de


bacterias, que se deben a las diferentes propiedades fisiológicas de cada lugar (12). Por ejemplo,
en el estómago, donde el pH es cercano a dos, conviven Streptococcus, Lactobacillus, Prevotella,
Enterococcus y Helicobacter pylori entre otros, ya que son bacterias capaces de adaptarse a
entornos ácidos (13). En el intestino delgado, donde existe un tránsito rápido, podemos
encontrar ácidos provenientes de la digestión y oxígeno. Su microbiota, por lo tanto, es capaz
de adaptarse a estas condiciones del medio, como por ejemplo presentando mayor capacidad
de adherencia la fina capa de moco de las paredes. En el intestino grueso existe una capa de
moco más gruesa que en el resto del tracto intestinal. Esta capa mucosa está formada en su
mayor parte por mucina, una proteína altamente glicosilada, que sirve de adherencia y
asentamiento a un gran número y diversidad de bacterias (14,15).

Centrándonos ahora en distribución según las capas del tracto gastrointestinal, cabe destacar
que el peso de la microbiota intestinal se haya en el intestino grueso, por lo que es del intestino
grueso y no del delgado sobre el que se habla a continuación.

En intestino grueso, existe una marcada diferencia en la microbiota. Las capas de la pared del
intestino grueso, de más externa a más interna, son: capa serosa, capa muscular, capa
submucosa y capa mucosa. Ésta última está formada por la capa muscular de la mucosa, la

5
lámina propia y el epitelio. Adyacente a este epitelio se encuentra la capa de moco interna, y
unida a ésta, la externa. La capa de moco interna está firmemente adherida al epitelio y es más
densa que la externa. En condiciones normales permanece estéril, por lo que no permite acceder
a las bacterias al tejido epitelial.

Imagen 1: Localización de las bacterias de la microbiota intestinal humana a lo largo del aparato
digestivo. Fuente: Jandhyala SM, 2015 (16).

La capa de moco externa, menos densa, se caracteriza por estar colonizada por la comunidad
microbiana. Algunas de las bacterias presentes en la capa de moco externa son capaces de
degradar la mucina y obtener energía en el proceso. Parte de esa energía la absorbe el intestino
para poder producir más mucina. Además, durante el proceso, las bacterias producen ácidos
grasos de cadena corta (por sus siglas en inglés SCFA: Short Chain Fatty Acids). Los SCFAs se
filtran por la capa interna de moco y llegan hasta las células epiteliales que los absorben. Sin
embargo, el número de bacterias capaces de llevar este proceso de forma individual es muy
escaso, por lo que comúnmente este proceso se lleva a cabo por la cooperación de varias
especies microbianas (14,17). En la capa de moco externa predominan las bacterias Clostrimium,
Lactobacillus, Enterococcus y Akkermansia; mientras que en la luz del intestino encontramos
Bacteroides, Bifidobacterium, Lactobacillus, Streptococcus y Enterococcus (18). Así mismo, la
capa mucosa del intestino y sus dos capas de moco tienen la capacidad de permitir el desarrollo
de bacterias a la vez que previene el sobrecrecimiento de las mismas. El sobrecrecimiento
bacteriano intestinal puede ser resultado de alteraciones en la anatomía intestinal, su motilidad
o el déficit de secreción de ácidos gástricos. Esto puede causar problemas de malabsorción de
lípidos, deficiencias vitamínicas y malnutrición (17,19).

Otra forma de clasificar la MI fue propuesta por el MetaHit Consorcium (20). Este estudio
compara las especies que predominan en la composición de la MI sana intestinal estable de un
grupo que denomina Enterotipo. Diferenciaron tres Enterotipos diferentes:

- El Enterotipo 1. Predominan los Bacteroides obtieniendo su energía principalmente de


la fermentación de carbohidratos y proteínas.
- El Enterotipo 2. Predominan las Prevotella, las cuales presentan gran capacidad para
degradar la mucina (glicoproteínas) de la capa de mucosa.

6
- El Enterotipo 3. Predominan las Rominococcus, con igual capacidad para degradar la
mucina al actuar junto con las Akkermansia, también presentes en este Enterotipo.

Cada uno de estos Enterotipos posee diferentes funciones metabólicas (21), pero con una misma
redundancia funcional: aunque la estructura de la MI sea diferente, su función principal como
MI se mantiene (22).

2.2. La función de la microbiota intestinal

La densidad y diversidad de la MI es diferente entre huéspedes ya que se forma a partir de


factores ambientales, como la dieta (23,24), y posiblemente también de factores genéticos (9).
Sin embargo, la uniformidad funcional del microbioma existe independientemente de las
diferencias de edad, sexo, índice de masa corporal o país de residencia de los huéspedes (25).

Una MI se considera “sana” cuando se encuentra en simbiosis con el ser humano, es decir,
cuando existe una relación biológica entre dos especies distintas, saliendo las dos beneficiadas.
Las funciones principales de la MI que benefician al ser humano son las siguientes (26–33):

- Metabólicamente ayuda a la digestión de carbohidratos y proteínas que se encuentran


en la dieta y que no pueden ser digeridos, o al menos parcialmente, por el ser humano.
- Sintetiza vitaminas tales como la vitamina K y varios componentes de la vitamina B. Así
mismo, se ha observado que algunas bacterias del género Bacteroidete son capaces de
sintetizar ácido linoleico conjugado, el cual tiene propiedades antidiabéticas,
hipolipemiantes e inmunomoduladoras.
- Otros compuestos que la MI es capaz de metabolizar son los xenobióticos, que son
aquellos cuya estructura química no existe en la naturaleza, sino que ha sido
desarrollada por el ser humano de forma sintética.
- Tiene un papel en la protección antimicrobiana ya que especies como las Bacteroidete
y los Lactobacillo son capaces de sintetizar proteínas antimicrobianas (por sus siglas en
inglés AMP: Antimicrobial Proteins)
- Contribuye a la homeostasis del epitelio intestinal reforzándolo y remodelándolo, ya
que hace que la capa mucosa del intestino sea tolerante con las bacterias comensales
pero prevenga el sobrecrecimiento de las mismas: en simbiosis, el intestino tolera a las
bacterias comensales de la microbiota cuando su número está en rangos normales y
cuando éstas crecen por encima de esos rangos de normalidad, limita su crecimiento.
- Juega un importante papel en el desarrollo del sistema inmune y en la protección del
huésped ante posibles patógenos oportunistas (mediante la síntesis de AMP por
Bacteroidetes y Lactobacillos).

La uniformidad funcional se refiere a la característica de ser redundante en su función (22,34),


es decir, siempre que se encuentre en simbiosis con el huésped, las diferentes comunidades
microbianas que conforman la MI pueden llevar a cabo sus funciones principales.

Una comunidad sana de microorganismos es esencial para el bienestar del huésped. Sin
embargo, ante diferentes factores, la relación entre huésped y MI puede verse alterada, creando
una situación de disbiosis. Se entiende como disbiosis a la alteración de la estructura de la MI
(1,35). Un tipo de alteración de la estructura del microbioma puede ser la disminución en
densidad de microorganismos o una disminución o cambio en su diversidad. Un factor clave en
el funcionamiento de la MI es la relación de Bacteroidetes:Firmicutes. Por ejemplo, en personas

7
obesas esta ratio se inclina hacia un mayor número de Firmicutes y un menor número de
Bacteroidetes. La coexistencia de ambas bacterias en el tracto intestinal sano minimiza la
competitividad por los recursos, ya que trabajan cooperando entre ellas o se especializan (36).

8
3. LA DIETA COMO PRINCIPAL MODIFICADOR DE LA MICROBIOTA
INTESTINAL HUMANA
Aunque se sabe que la estructura y diversidad de la MI humana depende en parte del sexo, la
edad y factores genéticos (9) y que puede ser modificada por medio de medicamentos y otros
factores externos, varios estudios y autores coinciden en afirmar que la dieta es uno de los
mayores modificadores (23,27,35,37,38).

Es a partir de la dieta donde la MI encuentra los sustratos para llevar a cabo la síntesis de
vitaminas y ciertos aminoácidos (AA) esenciales necesarios para el ser humano (39). De igual
forma, la MI es capaz de digerir nutrientes, como por ejemplo algunos carbohidratos, que no
han podido ser anteriormente digeridos por el huésped. Gracias a esta digestión se aporta
energía al huésped (26–28).

Tal es el impacto que tiene la dieta sobre nuestro microbioma que cambios en nuestros hábitos
dietéticos pueden conllevar un cambio en la MI en un plazo de tan solo 24 horas (40). Así mismo,
aunque se ha supuesto que cambios de estación o geográficos suponían un cambio en la
comunidad microbiana, varios estudios asociaron estos cambios a patrones dietéticos
diferentes. Por ejemplo, el consumo de una dieta rica en proteínas y grasas en invierno frente a
una dieta más variada, con frutas, verduras y rica en fibra en verano (41,42).

3.1. Formación y cambios de la microbiota intestinal en la infancia

3.1.1. Lactancia materna y artificial

Tras el nacimiento, el modo de alimentación del niño es un punto clave en el desarrollo de su


MI. Hasta los 2 o 3 años de edad, la MI está caracterizada por una baja diversidad de especies
bacterianas, siendo la mayoría Actinobacterias y Firmicutes (43).

De forma natural, la leche materna es el primer y único alimento que el niño va a incluir en su
dieta hasta más o menos los 9 meses de edad en función de la voluntad de la madre en el
mantenimiento de la lactancia materna y de su capacidad de producir leche. En la MI de los
lactantes, las Actinobacterias están representadas por diferentes especies de Bifidobacterias: B.
breve, B. longum, B. dentium, y B. infantis. Por otro lado, las Firmicutes están representadas por
bacterias productoras de ácido láctico: Lactobacillus, Enterococcus y Clostridium. Son estas
Bifidobacterias quienes utilizan los oligosacáricos de la leche materna (43,44).

Sin embargo, hoy en día muchos padres optan por la lactancia artificial o mixta, la cual combina
la leche materna y la leche de fórmula, para alimentar a su hijo, ya sea por motivos médicos,
laborales o psicológicos. La MI de los niños alimentados con fórmula clásica está formada por
un gran número de Bifidobacterias, al igual que se ha observado en niños bajo lactancia materna
exclusiva. Sin embargo, la lactancia artificial con fórmula clásica implica un mayor número de
Bacteroides y bacterias del género Enterobacteriaceae (45).

Donde radica la verdadera diferencia entre la lactancia materna y la artificial es en el tipo de


fórmula seleccionada. Las fórmulas actuales son de igual calidad para el niño y su MI que la leche
materna, ya que están enriquecidas con prebióticos como los galacto-oligosacáridos (GOS) y
fructo-oligosacáridos (FOS), que sirven de alimento a las bacterias de la MI (46). Gracias a este
tipo de fórmulas actuales mejoradas, los niveles de Bifidobacterium son similares a los que

9
genera la lactancia maternal. Sin embargo, cuando se trata de fórmulas tradicionales, los niños
con lactancia artificial muestran un descenso del 20% en los niveles de Bifidobacterium. Niveles
adecuados de Bifidobacterium, al igual que de Lactobacillus, están relacionados con la
protección del epitelio intestinal y su protección ante la colonización de patógenos oportunistas.
(47).

3.1.2. Introducción de los alimentos

La introducción de los alimentos en la dieta del niño es progresiva y se inicia habitualmente a


los 6 meses. Este inicio supone una eclosión en la MI y entre el año de edad y los dos años de
edad se empieza a formar lo que se convertirá en la MI adulta. Una vez se empiezan a introducir
alimentos sólidos en la dieta, la cantidad y calidad de las bacterias del intestino cambia
drásticamente. Mientras que las especies de Bacteroidetes aumentan en cantidad, el
Bifidobacterium y el Lactobacillus disminuyen, debido a que su fuente de alimentación principal,
leche materna o la fórmula, es ingerida en menor medida (44).

Un estudio realizado por De Filippo et al. comparó la MI de dos grupos de niños procedentes de
Europa (Florencia, Italia) y África rural (Boulpon, Burkina Faso) y su evolución. Durante la
lactancia, la MI era similar en ambos grupos con niveles de elevados de Bifidobacterium
dominando sobre el resto de bacterias. Sin embargo, una vez comenzaron a introducir alimentos
sólidos, ambos grupos empiezan a colonizar su MI con especies diferentes, debido a una
diferencia entre la dieta de Boulpon, muy parecida a la dieta neolítica, prácticamente
vegetariana con un pobre aporte de grasas y proteínas, y rica en fibra, y la dieta de Florencia,
propia de una sociedad de la cuenca del mediterráneo. Una vez introducidos los alimentos
sólidos, ambos grupos presentaban una MI colonizada por los filos Actinobacteria,
Bacteroidetes, Firmicutes y Proteobacteria. Sin embargo, los niños de Burkina Faso mostraban
predominancia de Actinobacteria y Bacteroidetes mientras que en los niños italianos
predominaban las Firmicutes y Proteobacterias. Así mismo, los niños de Burkina Faso incluían
en su MI la bacteria Prevotella, característica de dietas altas en fibra por su capacidad de
descomponer polisacáridos complejos de origen vegetal. Con estos resultados no sólo se sugiere
la diferente evolución de una MI al introducir alimentos sólidos, sino que las características de
la dieta influyen en el desarrollo de unas bacterias frente a otras (41).

En términos generales, la MI del niño empieza a estabilizarse entre los 18 y 36 meses de edad,
siendo Firmicutes y Bacteroidetes las principales bacterias, al igual que en el adulto. Cuanto
antes se empiecen a incorporar los alimentos sólidos variados en la dieta del niño, antes
empezará su MI a parecerse a la del adulto y a mostrar mayor diversidad y resiliencia. La
malnutrición en el niño será, por lo tanto, la principal causa de un retraso en la maduración de
su MI y, por lo tanto, de todas las ventajas que una MI sana proporciona al huésped (41,44).

3.2. Respuesta de la microbiota intestinal ante los macronutrientes

3.2.1. Hidratos de carbono

Los carbohidratos son el componente alimenticio más estudiado en relación a la MI. Numerosos
estudios han descrito tanto su metabolismo por las bacterias del intestino como su capacidad
de modificar la densidad y diversidad de la MI (48,49).

10
La digestión de los carbohidratos es un complicado proceso que requiere numerosas enzimas y
depende en gran medida del tipo de carbohidratos incluidos en la dieta. Podemos diferenciar
así entre dos tipos de carbohidratos: digeribles y no digeribles. Los carbohidratos digeribles por
el huésped son los carbohidratos simples y algunos complejos, como los almidones o el
glucógeno. Dentro de los carbohidratos simples encontramos disacáridos –maltosa, lactosa y
sacarosa- y monosacáridos -fructosa, glucosa y galactosa-. Estas moléculas son fácilmente
digeridas y absorbidas por el aparato intestinal humano. La digestión de los carbohidratos
complejos digeribles comienza en la cavidad bucal, con una digestión casi exclusivamente
mecánica, para continuar en el estómago y el intestino delgado, con una digestión mecánica y
química, donde los carbohidratos serán absorbidos (50).

Una de las medidas actuales para reducir la ingesta de calorías relacionadas con el consumo de
azúcares simples es el uso de los edulcorantes artificiales como el aspartamo, la sacarina y la
sucralosa. Un estudio investigó la repercusión que el uso de estos edulcorantes como
sustitutivos del azúcar tenía sobre el metabolismo humano. En el estudio se observó cómo el
uso de estas sustancias puede potenciar el desarrollo de una intolerancia a la glucosa en mayor
medida que el consumo de glucosa o sacarosa. De igual manera se observó el impacto que
tenían sobre la MI, puesto que inducían una disbiosis intestinal y aumentaban el número de
Bacteroides y disminuía los Lactobacillus reuteri (51).

En cuanto a los carbohidratos no digeribles, éstos alcanzan el intestino grueso por no ser
digeridos por las enzimas pancreáticas en el intestino delgado, y allí se convierten en el alimento
de elección de los microorganismos residentes. Los carbohidratos no digeribles son conocidos
como fibra dietética, y pueden dividirse en fibra dietética insoluble (celulosa) y fibra dietética
soluble (pectinas y gomas). La fibra dietética es fermentada por las bacterias intestinales y
produce metabolitos que, entre otras funciones, aportan energía adicional al huésped (52). Es
considerada un tipo de prebiótico, componente que se desarrollará en el apartado “4.3.1.
Probióticos y prebióticos”.

La repercusión que tienen los carbohidratos no digeribles de la dieta sobre la MI y la salud de


los individuos ha sido estudiada por muchos autores (53–57), que coinciden en el beneficio
potencial de los mismos: el número de bacterias aumenta, lo que supone una mayor riqueza
genética para el huésped. Las bacterias asociadas con la fermentación de la fibra dietética son
las Lactobacillus y Bifidobacteria (53). Los metabolitos más importantes resultantes de esta
fermentación más importantes son los SCFAs: acetato, butirato y propinato, que son absorbidos
por las células del intestino y utilizados por el huésped como fuente de energía. También juegan
un importante papel en la regulación del metabolismo de la glucosa y los lípidos. Por otro lado,
el butirato está relacionado con una acción antiinflamatoria a nivel intestinal al inducir la función
de las células T reguladoras para modular la acción de los macrófagos y otras células del sistema
inmunitario (54). Los metabolitos acetato y propinato son usados a nivel del hígado durante la
gluconeogénesis y lipogénesis (55,56). Así mismo, el propinato está relacionado con la inhibición
de la producción de colesterol y reduce el número de triglicéridos hepáticos (57).

3.2.2. Grasas

Las grasas son compuestos orgánicos, formados principalmente por carbono, hidrógeno y
oxígeno, cuyo principal papel es el aporte energético y la función estructural. Son el

11
macronutriente que aporta más calorías por gramo, aproximadamente 9 kcal/gr. Dependiendo
del número de enlaces que unan sus moléculas, podemos encontrar (50):

- Grasas saturadas: no presentan dobles enlaces, ya que todas sus moléculas están unidas
por enlaces simples y a temperatura ambiente suelen encontrase en estado sólido. La
mayoría de ellas son de origen animal pero también pueden encontrarse en vegetales
como el aceite de coco o de palma.
- Grasas insaturadas: presentan enlaces dobles enlaces uniendo sus moléculas, por lo que
a temperatura ambiente son líquidos. Son de origen vegetal. Dependiendo del número
de dobles enlaces que presenten pueden ser:
- Monoinsaturadas (solo presentan un doble enlace).
- Poliinsaturadas (con dos o más dobles enlaces).

La MI varía dependiendo de la cantidad y del tipo de grasa que el huésped incluya en su dieta.
Una dieta con alto contenido de grasa supone una disminución en el número de Lactobacillus y
Streptococcus, y un aumento de Bacteroidetes. Al contrario, una dieta pobre en grasa aumenta
el número de Bifidobacteria y mantiene el resto de bacterias en niveles no patógenos para el
huésped.

En cuanto al tipo de grasas, una dieta rica en grasas saturadas aumenta el número de
Bacteroides, Bilophila, Akkermansia muciniphila y Faecalibacterium prausnitzii. Estas bacterias
se asocian con la inflamación del tejido adiposo blanco y con una menor sensibilidad a la insulina.
Por otro lado, una dieta rica en grasas insaturadas está relacionada con el aumento de
Streptococcus, Lactobacillus y Bifidobacteria, las cuales minimizan la activación de los receptores
tipo Toll, responsables en parte de la inflamación del tejido adiposo. Así mismo, bajan los niveles
de colesterol total del cuerpo, y en especial, de las lipoproteínas de baja densidad (por sus siglas
en inglés LDL: Low Density Lipoproteins) (58,59). El hecho de reducir los niveles de LDL es
beneficioso para el huésped.

Aunque una dieta saludable lleva asociada el consumo de grasas (aproximadamente un 25-30%
del consumo calóricos diario), una dieta con un alto contenido de las mismas está asociada a
una mayor adiposidad del tejido, inflamación moderada crónica, resistencia a la insulina y un
aumento en la producción de ácido biliar. La inflamación de los diferentes tejidos puede
desencadenar enfermedades como la obesidad, el síndrome metabólico, la diabetes tipo 2 o el
cáncer de colon (58,60). La función proinflamatoria de la MI provocada por una dieta alta en
grasas, está caracterizada por un aumento en la concentración de lipopolisacáridos (LPS) de
origen bacteriano y aumento de la permeabilidad de la barrera intestinal. Los LPS son
compuestos que se encuentran en las membranas de algunas bacterias gram-negativas que
forman parte de la MI –como por ejemplo el filo Bacteroidetes. Los LPS son responsables de
inducir una respuesta inflamatoria (61).

De igual manera, la barrera intestinal puede volverse más permeable ante la acción de ciertas
bacterias que degradan la mucina de la capa mucosa del intestino. Este es el caso de la bacteria
Akkermansia muciniphila, que aumenta su número a consecuencia de una dieta alta en grasas
saturadas (62).

Por otro lado, la inclusión de ácidos grasos en la dieta estimula la producción de ácidos biliares
por el hígado para ser secretados en el intestino delgado (50). Los ácidos biliares junto a los
ácidos grasos introducidos en la dieta tienen cierto potencial citotóxino y genotóxico, dañan
tanto a las células como a su material genético. Este daño que tienen sobre las células del
aparato digestivo hace que estén implicados en ciertos tipos de cáncer gastrointestinal (63).

12
3.2.3. Proteínas

Las proteínas son compuestos químicos formados por las moléculas de AA en cadena que
adoptan estructuras tridimensionales. Los AA están compuestos principalmente por carbono,
oxígeno, hidrógeno y nitrógeno, así como otros elementos –hierro, zinc o fósforo. Los AA pueden
ser esenciales, cuando han de ser introducidos en el organismo a través de los alimentos, y no
esenciales, cuando el organismo es capaz de sintetizarlos.

Podemos diferenciar entre dos tipos de proteínas: las proteínas de origen animal y las proteínas
de origen vegetal. Aunque en la sociedad occidental predomina el consumo de proteínas de
origen animal (vacuno, pollo, salmón…), muchos alimentos de origen vegetal que incluimos en
nuestra dieta son una excelente fuente de proteína (guisantes, legumbres, frutos secos…). Como
norma general, la fuente de proteína animal es de alto valor biológico porque contiene toda la
gama de AA esenciales, mientras que muchas proteínas de origen vegetal no presentan esta
característica. El riesgo que conlleva un aporte alto de proteínas de origen animal, y más si se
trata de carnes rojas o procesadas, es el aporte de grasas saturadas que trae consigo (50). Las
proteínas que ingerimos son digeridas hasta AA por las enzimas pancreáticas en el intestino
delgado donde después son absorbidas en su mayoría. Alrededor de un 10% de las proteínas
digeridas no son absorbidas y pasan al intestino grueso antes de excretarse (38,64).

La microbiota del intestino grueso también tiene capacidad de romper las moléculas de
proteínas hasta convertirlas en AA. Otra de sus funciones es la fermentación de los AA, lo que
produce una gran variedad de metabolitos diferentes, que pueden ser absorbidos para utilizar
por las células del intestino grueso o excretados en las heces. Estos metabolitos son
principalmente ácido sulfhídrico, gases (H2, CO2 y CH4), amoniaco, fenoles, poliaminas, SCFAs,
etanol, ácidos orgánicos como el lactato y algunos compuestos neuroactivos como la serotonina
o L-DOPA (64). Las principales bacterias con actividad proteolítica del intestino grueso son
Bacteroides, Clostridium, Streptococcus y Lactobacillus, así como algunas Enterobacterias (65).
Sin embargo, pueden verse alteradas en número dependiendo del tipo de dieta del huésped.

Una dieta basada en proteínas de origen animal aumenta el número de Bacteroides y Bilophila,
y disminuye el número de Ruminococcus y Bifidobacterium total. Esta ratio de bacterias está
asociada a una menor producción de SCFAs, y trae consigo un mayor riesgo de padecer
enfermedad cardiovascular o enfermedad inflamatoria intestinal. Por otro lado, una dieta
basada en proteínas de origen vegetal provoca un aumento en Bifidobacterium y Lactobacillus,
y un descenso en Bacteroides y Clostridium perfringens. Este tipo de MI produce un aumento
del metabolito SCFA, el cual ayuda a mejorar la barrera intestinal y posee propiedades
antiinflamatorias (41,66,67). Según la mayoría de los estudios, el consumo de proteínas en
general está relacionado con un aumento de la diversidad de la MI humana (38).

La relación entre algunos metabolitos resultantes de la fermentación de AA y los beneficios que


pueden conceder al huésped aún está siendo estudiada, aunque ya se han nombrado posibles
asociaciones. Un potencial beneficio es la regulación neurológica relacionada con la ansiedad,
la cognición, la saciedad y el comportamiento. Esta relación se establece a través de los
metabolitos resultantes de la MI en el intestino, que son compuestos neuroactivos (serotonina,
histamina, L-DOPA, óxido nítrico…) que provocan un impacto en el sistema nervioso central del
huésped (68). Sin embargo, un aporte alto de proteínas en la dieta hace que un mayor aporte
residual de las mismas llegue al intestino grueso, donde también serán fermentadas hasta sus
metabolitos (64). Esto puede ser nocivo ya que una alta actividad de fermentación proteica está

13
relacionada con problemas en la mucosa intestinal, ya que muchos de los metabolitos
resultantes, como los AA aromáticos (fenoles, p-cresol e indoles), han sido asociados con un
deterioro de la barrera mucosa intestinal y del ácido desoxirribonucleico (ADN) de las células del
epitelio (69). Otros problemas con los que se relaciona son el cáncer colorrectal y la colitis
ulcerosa (37).

Otros metabolitos más peligrosos por su genotoxicidad y potencial carcinógeno son los sulfuros,
las poliaminas y el amoniaco. Se les ha relacionado con el cáncer colorrectal y un consumo
prolongado de carnes rojas y procesadas (70).

3.3. Respuesta de la microbiota intestinal ante otros nutrientes

3.3.1. Probióticos y prebióticos

Los probióticos son organismos vivos que, cuando se ingieren en cantidades adecuadas, aportan
al huésped un beneficio para su salud (71), por su impacto en la flora intestinal. Sus funciones
son las mismas que las de la MI y consiguen aumentar la salud del huésped (72).

Las especies de probióticos más conocidas son cuatro: Bacterias que producen ácido láctico
(Bifidobacteria, Lactobacillus y Streptococcus); bacterias que no producen ácido láctico (Bacillus
y Propionibacterium); levaduras no patógenas y cocobacilos. Las más conocidas son las
Bifidofacteria y Lactobacillus, conociéndose más de 30 especies de la primera y más de 100 de
la segunda (71,73). Está demostrado que el uso de productos probióticos y suplementos que
contienen Bifidofacteria y/o Lactobacillus puede resultar en un aumento de su densidad en el
intestino y en una disminución de microorganismos patógenos existentes (74).

Los prebióticos son, según la definición establecida por Gibson and Roberfroid en 1995,
“ingredientes no digeribles que benefician al huésped estimulando selectivamente el
crecimiento y/o la actividad de una o de un limitado número de bacterias residentes en el colon
(bifidobacterias y lactobacilos, principalmente)” (75). Más tarde, en 2004, estos autores
actualizaron la definición a “ingredientes selectivamente fermentados que permiten cambios
específicos en la composición de la microbiota gastrointestinal y que confieren beneficios en el
bienestar y la salud del huésped” (76). Algunos alimentos que contienen prebióticos son las
semillas, los productos integrales, la cebolla y el ajo, las legumbres y ciertas verduras. Así mismo,
algunos prebióticos pueden ser producto de reacciones enzimáticas a nivel gastrointestinal,
como resultado de reacciones químicas por el consumo de alcohol o por cocinar los alimentos.

La combinación de los probióticos y los prebióticos se conoce como simbióticos, y está


científicamente demostrado que su uso en conjunto es más efectivo que el uso aislado de
probióticos o prebióticos y que constituyen una herramienta nutricional para modificar la MI
(77).

3.3.2. Polifenoles

Los polifenoles son antioxidantes que podemos encontrar comúnmente en nuestra dieta. Los
productos más ricos son las frutas, las verduras, semillas, té, productos a base de cacao y el vino.
Se caracterizan por estar formado por una parte glucosada unida a uno o varios grupos fenoles

14
(78). Los polifenoles generalmente se encuentran inactivos en los alimentos y son
biotransformados en compuestos activos al ser fermentada su parte glucosada por la MI del
colon, juntos con otros factores.

Las propiedades que confieren estos principios activos como es la prevención de la aparición de
enfermedades crónicas ligadas al estrés oxidativo (78) (enfermedades cardiovasculares, cáncer,
DM tipo 2…), dependen de la capacidad de la MI para generar metabolitos a partir del polifenol,
y no tanto de compuesto original (16,79).

15
4. OTROS MODIFICADORES DE LA MICROBIOTA INTESTINAL HUMANA

La MI humana está en continuo desarrollo y está condicionada por múltiples factores que la
modifican. Un microbioma sano es capaz de soportar el impacto de muchos de estos
modificadores, adaptándose y evolucionando.

Algunos de los modificadores que encontramos son el modo de nacimiento, el uso de AB,
enfermedades como la obesidad y la DM, y la dieta, aunque a ésta última se le dedica el apartado
“3. La dieta como principal modificador de la microbiota intestinal humana” por su relevancia
como reguladora de la MI humana.

4.1. Modo de nacimiento

La total maduración del tracto intestinal y el correcto desarrollo de la inmunidad, el cerebro y el


metabolismo de un ser humano adulto recae en la temprana colonización del tracto intestinal
durante su infancia.

Se ha creído que el tracto intestinal de los bebés no era colonizado por bacterias hasta su
nacimiento. Estudios recientes han encontrado bacterias o ADN bacteriano en muestras de
sangre de cordón umbilical, meconio y placenta, lo cual lleva a creer que el primer contacto se
produce in utero (80–82).

Sin embargo, es cierto que la primera y más importante colonización del tracto intestinal está
condicionada por el modo de parto. Cuando el parto ha sido eutócico, es decir, por vía vaginal,
la MI del niño está formada prácticamente por bacterias del género Lactobacillus y Prevotella,
procedentes de la microbiota vaginal de la madre, y Escherichia coli presente en las heces de la
madre. Por otro lado, aquellos niños nacidos por cesárea, su tracto intestinal se coloniza
mayoritariamente por la microbiota de la piel de la madre y del entorno estéril del hospital:
Streptocuccus, Clostridum y Propionibacterium (83). Aunque esta diferencia en la microbiota se
ve compensada por la alimentación, puede tener impacto a largo plazo debido al desarrollo
inicial del sistema inmune, haciendo a los niños nacidos por cesárea más proclives a padecer
asma, alergias y enfermedades autoinmunes (84).

4.1.1. La hipótesis higiénica

La hipótesis higiénica mantiene que los cambios medioambientales y sociales que han ido
sucediéndose en la historia debido a la industrialización del mundo moderno, nos han llevado
hoy en día a reducir el contacto con microbios incluso antes del nacimiento: embarazo, parto…
Se sabe que la temprana exposición a microbios está relacionada con un menor riesgo de
padecer alergias en un futuro, ya sea durante la infancia como en la edad adulta (85,86).

Un entorno menos estéril parece favorecer la colonización del tracto intestinal por bacterias
diversas. Aunque el mecanismo exacto por el que se produce esta relación no está del todo
claro, se ha observado cómo un contacto temprano con bacterias del entorno es el responsable
de desencadenar el desarrollo y maduración del sistema inmunológico y la colonización del
tracto intestinal del ser humano (85).

16
Uno de los determinantes es la presencia de hermanos mayores. Se ha reconocido que existe
una relación entre un mayor número de hermanos mayores y una mayor riqueza bacteriana de
la MI. Se cree que los primeros hijos son colonizados por Enterobacterias y Clostridium, mientras
que los siguientes hijos son colonizados por Bifidofacterias, Bacteroides y Lactobacillus, lo cual
les dota de una MI más diversa (86).

4.2. Antibióticos

El uso de AB en nuestra sociedad es frecuente en el tratamiento de infecciones de origen


bacteriano o como profilaxis en determinados procesos. Sin embargo, con mucha frecuencia se
prescriben AB para procesos infecciosos de los que no se ha determinado su naturaleza, que
puede ser vírica.

Los tratamientos con AB alteran la estructura de la MI, reduciendo la diversidad y distribución


de las bacterias que la componen. Algunas de estas consecuencias son persistentes en el tiempo.
Una de las repercusiones que puede tener la disminución del número y diversidad de bacterias
endógenas es la aparición de espacios vacíos que pueden ser colonizados por bacterias
patógenas para el huésped, lo cual compromete la simbiosis del microbioma (87). Las
consecuencias que tiene el consumo de AB sobre la MI humana han sido estudiadas por varios
autores con el fin de determinar el impacto en la densidad y diversidad de las bacterias afectadas
y su resiliencia.

Dethlefsen et al. hizo un estudio sobre el impacto que el ciprofloxacino tenía sobre la MI. El
ciprofloxacino es un agente antimicrobiano de la clase de las fluoroquinolonas activo frente a
bacterias gram positivo y gram negativo. El estudio se realizó con adultos sanos que no habían
consumido ningún tipo de AB en el último año y se les administró una dosis de 500mg de
ciprofloxacino, dos veces al día durante 5 días, la dosis habitual en la prescripción de este AB. Al
finalizar el estudio se observó que la MI bacteriana había disminuido un tercio de su población
y que en apenas unos días de tratamiento la diversidad había sido afectada. La mayoría de los
sujetos, gracias a la resiliencia del microbioma, recuperaron la simbiosis en un periodo de cuatro
semanas, aunque en algunos casos ciertos efectos duraron hasta seis meses (88).

Así mismo, el uso de clindamicina se ha relacionado con un sobrecrecimiento de la bacteria


Clostridium difficile. Esta bacteria se puede encontrar en pequeñas cantidades en población
sana, pero debido al uso de AB puede tomar el papel de patógeno oportunista y aumentar su
población, pudiendo provocar una colitis pseudomembranosa (89).

La mayoría de los estudios sobre el uso de AB coinciden en que la perturbación de la simbiosis


del microbioma y el tiempo necesario para su restauración dependen de la susceptibilidad
individual.

Otro aspecto importante sobre el impacto de los AB sobre la MI humana es el uso de los mismos
durante la infancia. Al igual que en adultos, su uso conlleva un cambio en la MI, pero, en etapas
tempranas de la vida, este cambio puede tener mayor repercusión al tratarse de una etapa clave
en el desarrollo del MI. El sobreuso de AB de amplio espectro en niños puede comprometer la
simbiosis de su MI, alterando las proporciones de las bacterias residentes y haciéndolos más
proclives hacia ciertas enfermedades (90,91). Un estudio realizado por Shaw et al. relacionó el
uso de AB durante el primer año de vida con la incidencia del síndrome del intestino irritable
años más tarde en niños. El 58% de los niños que padecían este síndrome habían consumido

17
uno o más AB durante su primer año de vida. Así mismo, el 75% de los sujetos que sufrían
síndrome de colon irritable fueron diagnosticados más tarde de la enfermedad de Crohn (92).

4.3. Obesidad

La tendencia de la sociedad occidental al sedentarismo y a mantener una dieta alta en grasas y


proteínas y baja en fibra, ha favorecido que la prevalencia de sobrepeso y obesidad hayan
aumentado progresivamente en las últimas décadas en todo el mundo. Solamente en España la
obesidad afecta a un 19,9% de la población y el sobrepeso a un 35,8%, lo cual supone una fuerte
carga para la salud pública (93).

La MI de los individuos con obesidad es conocida como microbiota obesogénica. Como ya se


explicó en el apartado “3.2.1. Hidratos de carbono”, las bacterias de la MI producen, entre otros,
metabolitos como los SCFAs, que toman un importante papel en el metabolismo de los
macronutrientes. Aunque SCFAs como el butirato, propinato y acetato no tienen un claro papel
obesogénico o antiobesogénico, sí que es cierto que guardan relación con el metabolismo del
huésped pudiendo propiciar o no la aparición de la obesidad, ya que actúan a nivel del hígado y
desempeñan funciones en la gluconeogénesis y lipogénesis.

Un estudio realizado por Le Chatelier et al. relacionó que los individuos obesos presentan una
menor diversidad de bacterias en su MI. (10) Se ha observado un cambio en la relación de
Bacteroidetes:Firmicutes y un alto número de Proteobacterias. Esta última característica ha sido
considerada propia de esta disbiosis en adolescentes y adultos obesos (36,94). En cuanto a la
familia de las Firmicutes, las bacterias Lactobacillus reuteri fueron halladas en cantidades
mayores y las Lactobacillus casei y paracasei en cantidades menores, cuando se compararon
con individuos cuyo índice de masa corporal era normal (95). La alteración de la diversidad de la
MI está ligada a la alteración en la producción de los metabolitos SCFAs y la inflamación del
tejido adiposo. (96)

Por otro lado, es importante destacar el rol que la MI puede tener en la sensación de saciedad
del huésped. La producción de ciertos metabolitos por parte de la MI y su absorción puede
provocar un efecto anorexigénico, es decir, de saciedad, lo cual puede resultar ventajoso para
aquellos individuos que busquen una pérdida de masa corporal (68).

4.4. Diabetes Mellitus

La DM es una enfermedad metabólica con gran prevalencia en la sociedad actual.


Aproximadamente 422 millones de personas sufren esta enfermedad en todo el mundo, y para
2030 se prevé que será la séptima causas de mortalidad (97). La DM está relacionada a largo
plazo con neuropatías, retinopatías, nefropatías y enfermedades cardiovasculares y
cerebrovasculares (98,99). Aunque existen muchos tipos de DM (gestacional, monogénica…), los
dos tipos de DM que se van a tratar en este trabajo son la DM tipo 1 y la DM tipo 2.

La DM tipo 1 está caracterizada por una escasa producción de insulina y, por consiguiente,
elevados niveles de azúcar en sangre. Esta enfermedad debuta habitualmente en la infancia y
adolescencia (100). Recientemente se observó que el desarrollo de esta enfermedad estaba
relacionado con una disbiosis inespecífica de la MI humana (101). Así mismo, Brown et al., en

18
un estudio en el que se analizaba el material genético de muestras fecales, comparó la MI de
individuos sanos e individuos con DM tipo 1. En el primer grupo se encontró mayor prevalencia
de bacterias de las familias Firmicutes y Verrucomicrobia, entre otras. En el grupo con DM tipo
1 se encontraron un mayor número de bacterias de las familias Actinobacteria, Bacteroidetes y
Proteobacteria, consideradas bacterias más delicadas que provocan diversidad funcional menor
de la MI. Esto quiere decir que necesitan un mayor aporte de nutrientes por parte del huésped
para su mantenimiento y crecimiento (102).

Por otro lado, la DM tipo 2 se caracteriza por la resistencia y la secreción alterada de insulina.
Este tipo de DM normalmente se desarrolla en adultos cuyo estilo de vida es sedentario y
representa el 90% de los casos de DM conocidos (100). Los individuos con DM tipo 2 presentan
una disbiosis del tracto intestinal caracterizada por una baja diversidad y densidad de especies.
Hay una disminución en el número de bacterias productoras del metabolito butirato resultante
de la fermentación de hidratos de carbono no digeribles como los Lactobacillus y Bifidobacterias.
Esta disminución en el número de bacterias y el aumento de la permeabilidad de la barrera
mucosa puede crear espacios que pueden ser colonizados por patógenos oportunistas (103). Así
mismo, los individuos con DM tipo 2 muestran una disminución en el número de las
Faecalibacterium prausnitzii (104), bacterias que, junto a las Bifidobacterias, tienen poder
antiinflamatorio en el huésped.

Sin embargo, existe un número limitado de estudios y algunos de ellos muestran resultados
contradictorios. Sigue siendo incierto si la disbiosis de la MI o si un tipo concreto de MI es
realmente un condicionante para el desarrollo de DM tipo 1 o tipo 2, por lo que más estudios
sobre el teme son necesarios.

19
5. CONCLUSIONES

La MI está formada por microorganismos, mayoritariamente bacterias, que en estado de


simbiosis pueden aportarnos grandes beneficios, y en estado de disbiosis causar enfermedades.

La MI humana puede ser modificada por el huésped a partir de la dieta. Una dieta saludable con
el correcto aporte de macronutrientes y otros nutrientes hace que la MI crezca en densidad y
diversidad de microorganismos lo cual nos aporta infinidad de beneficios: genera metabolitos
aprovechables por el huésped y lo protege de posibles patógenos oportunistas.

La dieta infantil juega también un importante papel en el desarrollo de la MI. La lactancia


materna confiere una colonización más natural del tracto intestinal y con niveles altos de
Bifidobacterium, frente a lactancia artificial, la cual puede presentar una MI con un 20% menos
de esta bacteria. La introducción de los alimentos en la infancia supone una explosión en el
número y tipo de especies de bacterias de la MI hasta consolidarse como la MI adulta alrededor
de los 3 años de edad.

Otros modificadores del MI son el tipo de parto, el uso de AB y enfermedades como la DM y la


obesidad: un parto vaginal produce una colonización natural con bacterias de mayor calidad que
en el caso de las cesáreas; el uso de antibióticos crea situaciones de disbiosis y hiere las bacterias
que forman parte de la MI humana; las enfermedades como la DM y la obesidad son a la vez
causa y efecto de posibles alteraciones en la MI, es decir, la MI está condicionada por estas
enfermedades y, al mismo tiempo, éstas pueden desarrollarse por una MI en disbiosis.

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7. ANEXO.
Anexo. Árbol filogenético de las principales bacterias.

GRAM NEGATIVO
Filo Clase Género Especie
BACTEROIDETES
Bacteroidia
Bacteroide
B. Acidifaciens
B. Barnesiae
B. Caccae

Prevotellaceae
Prevotella
Cytophagia
Flavobacteria
Sphingobacteria

VERRUCOMICROBIA
Verrucomicrobiae
Akkermansia
Opitutae
Spartobacteria

PROTEOBACTERIA
Alphaproteobacteria
Betaproteobacteria
Gammaproteobacteria
Enterobacteria
Legionellales
Zetaproteobacteria
Deltaproteobacteria
Desulfovibrionales
Bilophila
Epsilonproteobacteria

27
GRAM POSITIVO
Filo Clase Género Especie

FIRMICUTES
Bacilli
Bacillales
Lactobacillales
Lactobacillus
Enterococcus
Streptococcus
Lactococcus

Clostridia
Clostridium
C. Argentinense
C. Aerotolerans
C. Baratii

Halanaerobiales

Mollicutes

ACTINOBACTERIA
Acidimicrobidae
Actinobacteridae
Actinomycetales
Bifidobacteriales
Bifidobacterium
Bombiscardovia
Gardnerella

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