"Caminante de lo Invisible"
En la orilla del tiempo me hallé sin sendero,
con los pies descalzos, el alma en desvelo.
El cielo se abría como un libro viejo,
con páginas rotas y ecos del viento.
Busqué en los relojes la voz del pasado,
pero solo encontré silencios dorados.
Pregunté a la luna por lo que he olvidado,
y me respondió con un llanto apagado.
Los árboles sabios, de ramas caídas,
me hablaron de amores, de guerras, de vidas.
Cada hoja era un verso, cada flor herida,
una historia dormida que aún no se olvida.
Caminé sin rumbo, sin mapa ni guía,
por ríos de sombra y luces que ardían.
El mundo giraba, sin pausa, sin prisa,
y yo, solo un punto en su melodía.
Vi hombres de piedra llorando en la plaza,
niños sin rostro soñando en sus casas.
Vi manos vacías pidiendo esperanza,
y otras que mataban sin miedo ni causa.
Entonces un susurro me dijo: “No temas,
la noche más larga también se quiebra.
Dentro de ti hay fuego, aunque no lo veas;
tu alma es un faro si el miedo se aleja.”
Toqué las estrellas con dedos temblando,
y el universo me vio, por fin, caminando.
No como un náufrago, no como un extraño,
sino como un verso que sigue cantando.
Aprendí que la vida no tiene respuestas,
que hay belleza incluso en las puertas abiertas.
Que a veces se gana perdiendo certezas,
y que amar es vivir con todas las piezas.
Hoy sigo andando, con dudas y fe,
con la herida abierta, pero en pie.
Y aunque no sepa hacia dónde iré,
sé que soy camino, no solo un porqué.