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Damas

El documento aborda la importancia de la transformación espiritual de la mujer cristiana, enfatizando que Dios desea que se fortalezcan y sean de bendición en su entorno. Se basa en Proverbios 31:25-26, que destaca la fuerza, dignidad, sabiduría y amor en la enseñanza, y anima a las mujeres a usar sus dones para edificar a la iglesia y a la sociedad. Se concluye que, con la ayuda de Dios, pueden impactar positivamente a quienes las rodean.

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Damas

El documento aborda la importancia de la transformación espiritual de la mujer cristiana, enfatizando que Dios desea que se fortalezcan y sean de bendición en su entorno. Se basa en Proverbios 31:25-26, que destaca la fuerza, dignidad, sabiduría y amor en la enseñanza, y anima a las mujeres a usar sus dones para edificar a la iglesia y a la sociedad. Se concluye que, con la ayuda de Dios, pueden impactar positivamente a quienes las rodean.

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1.

Vestida para triunfar


Tema: Permitir que Dios nos transforme y nos ayude a ser de bendición.

Objetivo: Que la mujer cristiana fortalezca su espíritu y reciba la


transformación que viene de Dios. Que se proponga impactar su entorno
positivamente para la gloria de Dios.

Texto bíblico: Proverbios 31:25-26

Se reviste de fuerza y dignidad, y afronta segura el porvenir. Cuando


habla, lo hace con sabiduría; cuando instruye, lo hace con amor.
(Proverbios 31:25-26)

Otros versículos que pueden servir de apoyo: 1 Pedro 3:3-4; Efesios 6:10-
18

Introducción

La sociedad de hoy pone mucho énfasis en el aspecto exterior: la ropa, el


cabello, el maquillaje... Se valora excesivamente cómo se ven, lo que llevan
puesto, las marcas que usan. ¡Qué bueno saber que Dios no se fija en eso!
Sí, él desea que se cuiden, que se alimenten bien y vigilen su salud. Pero a
nuestro Padre celestial le interesa aún más nuestro crecimiento espiritual.

Dios anhela que cada una de las damas reciban su amor. ( Hablando en
forma general) Su amor nos llena, nos transforma y nos capacita para
bendecir a los demás en su nombre. No hacemos esto por nuestras propias
fuerzas. Necesitamos cultivar una comunión diaria con Dios y permitir que
su Espíritu Santo nos llene. Cuando abrimos nuestro corazón a su mover, él
comienza a limar las asperezas de nuestra vida y a capacitarnos para que
seamos de bendición a otros. Puede que sea un proceso largo y hasta
doloroso, pero vale la pena.

Desarrollo del tema

En la Biblia hay unos versículos muy conocidos que nos hablan sobre la
mujer que teme al Señor. Se encuentran en Proverbios 31:10-31. A muchas
mujeres les intimida ese capítulo, porque lo vemos como una lista
inalcanzable de deberes por hacer... Sin embargo, ese capítulo contiene en
realidad las enseñanzas de una madre para su hijo "el rey Lemuel". En los
versículos 1-9 ella le advierte sobre la inmoralidad sexual. El resto del
capítulo habla sobre la mujer virtuosa que teme al Señor, esa que sería
buena como esposa para el rey Lemuel.

Es en esa sección que encontramos los dos versículos base para nuestro
estudio de hoy, los versículos 25-26.

Se reviste de fuerza y dignidad, y afronta segura el porvenir. Cuando


habla, lo hace con sabiduría; cuando instruye, lo hace con amor.
(Proverbios 31:25-26)

Prestemos atención porque aquí encontramos una vestimenta que nos


hará brillar y triunfar de verdad. Junto con la armadura de Dios en Efesios
6:10-18, estos dos versículos de Proverbios nos hablan de la mejor
vestimenta que podemos llevar. Aquí en Proverbios 31:25 se nos habla de
fuerza, de dignidad y de una gran seguridad. Luego, en el versículo 26,
leemos sobre la sabiduría y la instrucción amorosa. Veamos cada una de las
frases en detalle.
Se reviste de fuerza y dignidad

La mujer que teme al Señor está vestida de fuerza y de dignidad. ¡Qué


vestidos más maravillosos! ¿Cuántas veces van por la vida cargadas de
problemas, pensando que no pueden salir adelante? Los afanes del hogar y
del trabajo, los problemas sociales que les rodean... Necesitan detenerse a
orar y pedir al Señor que les dé su fuerza, esa que nos ayuda a fijar nuestros
ojos en Dios y no en los problemas o dificultades de la vida.

Es al detenerse en su presencia que van a lograr sentir el abrazo del Señor


llenándose de fuerza y de ánimo. La confianza en él crece y verán las cosas
de otra manera. Sabemos que Dios puede obrar y que lo hará a su debido
momento. Mientras esperan, recibimos el ánimo y la fuerza necesarios para
seguir adelante con la frente alta, con dignidad, confiando en nuestro
Papá. Porque sabemos que en él estamos completos (Colosenses 2:9-10).

No teme al futuro

Esta mujer no teme al futuro, más bien lo afronta con seguridad porque
sabe quién tiene el control: es su Padre celestial. Como un bebé que
duerme en los brazos protectores de su papá, nosotros podemos descansar
confiados sabiendo que Dios tiene nuestro futuro en sus manos. Sabemos
que él obrará en medio de cualquier situación que tengamos que afrontar.
Nuestro Padre nos ayudará venga lo que venga. ¡Preciosa certeza!

En la sociedad de hoy nos enteramos de los problemas del otro lado del
mundo casi tan rápido como si ocurrieran en nuestro propio barrio. Esto
nos puede causar ansiedad: las enfermedades, las guerras, los conflictos, el
desempleo... Puede ser una carga demasiado pesado para nosotros.
Entreguemos todas nuestras preocupaciones al Señor. El futuro está en sus
manos. No nos afanemos por lo que no podemos controlar o ni siquiera
sabemos si sucederá. Confiemos en nuestro Señor y descansemos en él.

Habla con sabiduría

¿Cómo son las palabras que salen de nuestra boca? ¿Son palabras de
ansiedad? ¿Son palabras hirientes? ¿Son chismes? ¡Evaluemos nuestras
palabras! Busquemos la sabiduría que viene de Dios y hablemos cosas que
reflejen su corazón (Santiago 3:17). Nuestras palabras muestran el nivel de
madurez en el Señor. Según crecen en el andar con Dios nuestras palabras
tenderán más a edificar y bendecir.
La Biblia dice que de la abundancia del corazón habla la boca (Mateo 12:34-
35). Por esta razón, si deseamos hablar con sabiduría necesitamos llenar
nuestra mente y nuestro corazón con la sabiduría que se encuentra en la
Palabra de Dios. ¿Cuánto tiempo pasamos al día leyendo cosas que no
edifican o viendo series que no nos aportan gran cosa? Sí, está bien tener
algo de tiempo de ocio, pero no bajemos la guardia. Vigilemos lo que
dejamos entrar en nuestra mente y en nuestro corazón.

Busquemos cosas que nos edifiquen. Crezcamos en el Señor y en su


sabiduría. ¡Leamos su Palabra!

Qué es la sabiduría que viene de Dios según la Biblia

Enseña con amor y con bondad

Por último, la mujer que teme al Señor no solo crece en fuerza, en dignidad,
en seguridad y en sabiduría, sino que aporta a la vida de otros
enseñándoles con amor y con bondad. ¡Reciben para dar! Pueden enseñar
con palabras y con acciones. Pueden ser ejemplo de bondad y de amor a
los que los rodean. ¡Pueden marcar la diferencia en este mundo!

Comenzando con los más cercanos: nuestra familia, nuestros vecinos, los
hermanos de la iglesia. De ahí, la influencia se extiende a la gente con la
que trabajan y al vecindario en general.

¿Qué enseñan a los demás? ¿Enseñan a decir gracias y buenas tardes?


¿Honrando a los demás en nuestro trato diario? ¿Hablando de bendición
sobre los demás? Hay muchas maneras de enseñar, probablemente la
mejor es con acciones. Sean bondadosas y den amor. Pueden impactar a
los demás con solo sonreír y tratarlos con dignidad. No sean perezosas en
dar lo que les gustaría recibir de parte de los demás.

Conclusión

Son muchas las cosas buenas que pueden aportar a esta sociedad. ¡Hagan!
Bendigan a los que les rodean, muévanse en amor. Es verdad que no lo
lograran solas. Lo harán con las fuerzas que el Señor les da. Que nuestro
deseo sea que se vistan cada día más de él, que su corazón y sus actitudes
vengan a ser norma. Pidamos al Espíritu Santo que les llene y les capacite
para impactar a las familias y a la sociedad que nos rodea en el nombre de
Jesús, con su amor y su poder.
7 versículos bíblicos con consejos para el éxito

2. Mujer: ¡usa tus dones!


Tema: Todos tenemos por lo menos un don dado por Dios y él desea que lo
usemos para el bien de los demás.

Objetivo: Animar a las mujeres a descubrir y a usar sus dones para la


edificación de la iglesia.

Texto bíblico: 1 Corintios 12:4-11

Ahora bien, hay diversos dones, pero un mismo Espíritu. Hay


diversas maneras de servir, pero un mismo Señor. Hay diversas
funciones, pero es un mismo Dios el que hace todas las cosas en
todos.
A cada uno se le da una manifestación especial del Espíritu para el
bien de los demás. A unos Dios les da por el Espíritu palabra de
sabiduría; a otros, por el mismo Espíritu, palabra de conocimiento; a
otros, fe por medio del mismo Espíritu; a otros, y por ese mismo
Espíritu, dones para sanar enfermos; a otros, poderes milagrosos; a
otros, profecía; a otros, el discernir espíritus; a otros, el hablar en
diversas lenguas; y a otros, el interpretar lenguas. Todo esto lo hace
un mismo y único Espíritu, quien reparte a cada uno según él lo
determina.
(1 Corintios 12:4-11)

Otros versículos que pueden servir de apoyo: Romanos 12:6-8; Efesios


4:7-13; Proverbios 31:16, 19-20

Introducción

Dios nos ha dado a todos los seres humanos un potencial que debemos
usar para ayudar y edificar a los demás. Es muy triste ver a una persona
desperdiciar sus dones porque se deja vencer por las dificultades de la vida
o por adicciones. Cada uno de nosotros, cada hijo de Dios, tiene algo
precioso que contribuir a esta sociedad en este momento. No estamos aquí
por azar: Dios nos ha puesto donde estamos con un propósito.
¿Permitiremos que este se cumpla?

Desarrollo del tema

A menudo, cuando hablamos sobre los dones y talentos, pensamos en


gente muy exitosa: predicadores y evangelistas famosos o cantantes que
han grabado discos... Sin embargo, la palabra «don» significa dádiva o
regalo. Un don es una habilidad que Dios nos ha dado y que podemos
regalar a los demás espontáneamente. Cuando usamos nuestros dones nos
sentimos felices porque contribuimos al bienestar de los demás y de la
iglesia en general.

Piensa, por ejemplo, en una ocasión en la que estabas muy triste. Estabas
pasando por una temporada muy dura y ya casi ni te quedaban fuerzas
emocionales para continuar. Recibiste una llamada de una amiga. Ella te
escuchó, te consoló, oró contigo y cuando terminaste de hablar con ella
descubriste que te sentías mucho más animada y tranquila. ¡Felicidades!
Fuiste la receptora del don de animar o exhortar (Romanos 12:8).

O quizás recuerdas una vez en la que estuviste enferma por varios días y ya
no te quedaba compra en la alacena. Una hermana de la iglesia se enteró
de que llevabas varios días sintiéndote mal y llegó una tarde con una bolsa
llena de comida y un envase con sopa de pollo calentita, lista para comer.
¡El maravilloso don del servicio puesto en acción!

¿Conoces tus dones? ¿Podrías enumerar las cosas que haces que te hacen
sentir feliz y realizada? Algo se renueva dentro de nuestro ser cuando
usamos los dones que Dios nos ha dado. Hemos sido diseñadas para
usarlos, para compartirlos. Para ser más efectivas debemos conocer los
dones que Dios nos dio.

En la Biblia encontramos varias listas de dones. Las principales se


encuentran en los libros de Romanos, Efesios y 1 Corintios. Algunos de los
dones que menciona la Biblia son los siguientes:

 Sabiduría: ser capaz de decir y hacer lo correcto, lo que está de


acuerdo con la voluntad de Dios, en una situación específica. (1
Corintios 12:8; Santiago 3:13-18; Efesios 1:17; Salmo 111:10)
 Conocimiento: Recibir de forma sobrenatural revelación sobre una
situación o una persona. (1 Corintios 12:8; Proverbios 2:6; Salmo
119:66; Proverbios 15:14)
 Fe: Tener absoluta confianza de que Dios cumplirá lo que ha
prometido y actuar conforme a esa confianza. (1 Corintios 12:9; 1
Juan 5:4; hebreos 11)
 Dones de sanidad: Orar por las personas enfermas física o
emocionalmente en el nombre de Jesús y ver cómo recuperan la
salud. (1 Corintios 12:9; 1 Corintios 12:28; Mateo 10:7-8; Marcos
16:17-18)
 Milagros: Traer la manifestación sobrenatural del poder y la
presencia del Señor a una situación específica. (1 Corintios 12:10; 1
Corintios 12:28; Mateo 17:20; hebreos 11:29-30)
 Profecía: Dar una palabra de parte de Dios que aplica a una situación
específica, con el propósito de exhortar. (1 Corintios 12:10; 1
Corintios 12:28; Romanos 12:6; Hechos 19:5-6; 2 Pedro 1:21)
 Discernimiento de espíritus: Lograr percibir o distinguir el tipo de
espíritu que actúa en una persona o situación, si viene de Dios o no.
(1 Corintios 12:10; Hechos 5:3; Hechos 16:18; Mateo 16:17)
 Hablar en diversas lenguas: Comunicar el mensaje del evangelio en
un idioma sin haberlo estudiado. También hay lenguas angélicas,
que solo entiende Dios y que sirven como ofrenda de adoración de la
persona que las habla hacia Dios. (1 Corintios 12:10; 1 Corintios
12:28; Hechos 19:1-7; Hechos 2:4; 1 Corintios 14:27-28)
 Interpretar lenguas: Lograr decir en el idioma que entienden las
personas reunidas un mensaje que se ha dado en lenguas. (1
Corintios 12:10; 1 Corintios 14:13; 1 Corintios 14:27-28)
 Ayudar a otros, servir: Capacidad para percibir las necesidades
reales de una persona junto con el empuje para ponerse en acción y
aliviar esa necesidad. (Romanos 12:7; 1 Corintios 12:28; Marcos 9:35;
Juan 13:14)
 Enseñanza: Habilidad para transmitir con claridad las verdades del
evangelio de salvación. (Romanos 12:7; 1 Corintios 12:28;
Deuteronomio 11:18-19; Tito 1:9; Mateo 28:19-20)
 Generosidad, socorrer a los necesitados: Un gran anhelo de
compartir lo que uno tiene con los más necesitados y con los que
llevan la Palabra de Dios a otras personas y naciones. (Romanos 12:8;
Proverbios 11:25; 2 Corintios 9:7; 2 Corintios 9:11)
 Liderazgo y/o administración: Disposición para ayudar, cuidar y
guiar a otros en su andar con el Señor. También la capacidad de
organizar las tareas necesarias para el buen desarrollo de la iglesia.
(Romanos 12:8; 1 Corintios 12:28; Hebreos 13:7; Marcos 10:43;
Hebreos 13:17; Tito 3:12-14)
 Mostrar compasión: Identificación y afecto especial hacia los
necesitados y las personas que sufren. No se queda en el sentimiento
sino que se pone en acción. (Romanos 12:8; Efesios 4:32; 1 Pedro 3:8;
2 Corintios 1:3-4)
 Dar palabras de ánimo: La facilidad de aliviar el dolor o la
preocupación de otra persona a través de palabras llenas de fe,
inspiradas por el Espíritu Santo. (Romanos 12:8; 1 Timoteo 6:12;
Deuteronomio 31:8; 1 Tesalonicenses 5:11-14)

Los dones del Espíritu Santo: cuáles son, significado y cómo usarlos

Preguntas para reflexionar:

1. ¿Cuál de esos dones piensas que tienes? ¿Cómo lo usas o cómo


podrías usarlo?
2. ¿Cuál de esos dones te han dicho que tienes? ¿Has hablado sobre tus
dones con otras hermanas de la iglesia o con tu pastor?
3. ¿Le has preguntado a Dios cuál don o dones te ha concedido? Pide al
Espíritu Santo que te ayude a identificar tu don (o tus dones) y que te
llene de valor para comenzar a usarlos.

Conclusión

Dios anhela que usemos nuestros dones no solo por nuestro bienestar
espiritual, sino por el bien de la Iglesia en general. Descubramos y usemos
nuestros dones para la gloria de Dios. Seamos mujeres de acción,
participemos activamente en la edificación de la iglesia. Veremos a Dios
obrar en nuestra vida y a través de nosotras. No hay mayor satisfacción que
la de saber que estamos viviendo la vida como Dios desea, usando nuestros
dones y los recursos que él nos da para impactar a otros en su nombre.

3. Tu identidad en Cristo
Tema: Nuestra identidad no viene de nuestro aspecto físico o de nuestro
éxito financiero. Tampoco viene de nuestro pasado sin Cristo o de lo que
digan otras personas sobre nosotras. Nuestra identidad viene de Dios, de
quiénes somos en él y gracias a él.

Objetivo: Animar a cada mujer a fijar sus ojos en Dios. Así logrará entender
que su identidad y su valor vienen de Jesús, de la obra redentora que él
hizo en la cruz por ella.

Texto bíblico: Efesios 2:1-10


En otro tiempo ustedes estaban muertos en sus transgresiones y
pecados, en los cuales andaban conforme a los poderes de este
mundo. Se conducían según el que gobierna las tinieblas, según el
espíritu que ahora ejerce su poder en los que viven en la
desobediencia. En ese tiempo también todos nosotros vivíamos como
ellos, impulsados por nuestros deseos pecaminosos, siguiendo
nuestra propia voluntad y nuestros propósitos. Como los demás,
éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios. Pero Dios, que es rico
en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con
Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia
ustedes han sido salvados! Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos
resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales, para
mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su
gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en Cristo Jesús.
Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no
procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para
que nadie se jacte. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo
Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin
de que las pongamos en práctica.
(Efesios 2:1-10)

Otros versículos que pueden servir de apoyo: Efesios 4:22-24; 2 Corintios


5:17; Gálatas 3:28; Romanos 6:3-4; Romanos 8

Introducción

Nuestra identidad, quiénes somos, qué nos hace valiosas... ¿Te has
preguntado alguna vez qué es lo que te caracteriza frente a los demás?
¿Tus posesiones o estatus social? ¿Tu éxito laboral? Algunas personas se
escudan tras esas cosas pensando que su verdadero valor procede de ellas.
Otras se sienten marcadas por su pasado, por acciones cometidas por ellas
o contra ellas. Esto las lleva a esconderse o a andar siempre a la defensiva.

La realidad es que nuestra verdadera identidad está en Dios. Cuando


buscamos a Dios de todo corazón y le permitimos que transforme nuestra
vida, descubrimos quiénes somos en realidad.

¿Qué dice la Biblia sobre nuestra identidad? ¿Habla la Biblia sobre esto? ¡Sí!
Hay pasajes muy claros en los que podemos ver cómo éramos sin Cristo y
cómo somos ahora que le hemos permitido ser el dueño y Rey de nuestra
vida. Uno de esos pasajes es el que usamos como base de este estudio:
Efesios 2:1-10. Pero nuestra identidad en Cristo abarca mucho más que las
4 cosas que veremos hoy. Pídele a Dios que te ayude a entender la plenitud
de tu nueva identidad en él.
Desarrollo del tema

Vivas en Cristo

Nuestra vida antes de aceptar a Jesús como nuestro Salvador no era una
vida plena porque estábamos muertas espiritualmente (Efesios 2:1-3). El
pecado y sus consecuencias nos dominaban, nos afligían. La culpabilidad
por cosas que habíamos hecho, o cosas malas que otros nos habían hecho,
marcaba la forma en la que nos veíamos. Pero, ¡qué dicha más grande!
¡Dios nos alcanzó con su amor y ya no somos así! Su perdón nos limpió y
nos dio vida.

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por


nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en
pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados!
(Efesios 2:4-5)

«Pero Dios»... Esta es una de las frases más poderosas de la Biblia. ¡Dios
intervino! ¡Dios se acercó a nosotras cuando aun estábamos muertas en
pecados! Dios vio nuestra condición y no nos dio la espalda sino que llegó,
nos extendió su mano y nos aceptó tal como éramos. ¡Maravillosa gracia
del Señor!

Hijas amadas de Dios

La vida abundante y plena es nuestra porque somos hijas amadas de Dios.


Romanos 8:17 dice «Y, si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y
coherederos con Cristo...» Y esa es nuestra nueva identidad. Somos
herederas de Dios y coherederas con Cristo. Qué honor más grande. Dios, el
creador y dueño de todo, es nuestro Papá y nos hace partícipes de su
herencia eterna.

Dios nos amó y nos recibió como hijas porque quiso. Él nos dio vida con
Cristo porque así le plació. No es por nuestros méritos, no es porque lo
hemos ganado. ¡No! Fue por su amor. Él te amó a ti y él me amó a mí.
Vivimos rodeadas de su amor. Solo necesitamos tener un corazón receptivo
para sentirlo.

Una vez recibimos ese amor paternal de Dios, somos transformadas. Saber
que podemos acudir a nuestro Padre en cualquier momento para recibir su
abrazo trae paz y sosiego a nuestro corazón. No importa la situación por la
que estemos pasando, Papá está a nuestro lado. Nos podemos apoyar en él
para recibir su amor, su consuelo, su aceptación. ¡Así de maravilloso es
nuestro Dios!

Tenemos valor

Pero no termina ahí: para Dios también somos valiosas. Dios hasta sabe el
número de cabellos que hay en nuestra cabeza (Lucas 12:6-7). Una vez más,
no es por nuestros méritos sino porque él así lo desea. Nuestro valor viene
de él. Él nos creó, él nos salvó, en él estamos completas (Colosenses 2:9-
10).

Pero cuidado: es cierto que no valemos menos que los demás, pero
tampoco somos más importantes que ellos. Dios nos ama a todos y desea
transformarnos porque para él todos somos valiosos. Por lo tanto,
debemos agradecer la obra de Dios en nosotras, el valor que tenemos en él
y también necesitamos apreciar su obra en los demás.

Lo que sí debemos hacer es dejar de compararnos con los demás. Fijemos


nuestra mirada en Jesús, recibamos la afirmación del Padre y llenémonos
del Espíritu Santo. Estemos atentas a las oportunidades que se presentan
para impactar a otros compartiendo con ellos la sanidad del alma que
nosotras hemos disfrutado. Apreciemos a los demás y busquemos también
su bienestar espiritual.

Somos vencedoras
Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa, sino
según el Espíritu...
(Romanos 8:9a)

En Cristo hemos vencido el poder del pecado y el Espíritu Santo mora


ahora en nosotras. ¡Vivimos para Cristo, con Cristo y en Cristo! (Hechos
17:28) El Espíritu Santo nos capacita para vencer ante las tentaciones y los
problemas de la vida. Es cierto que todavía enfrentamos problemas y
dificultades. Pero ahora los vemos desde la perspectiva divina.

En Cristo somos más que vencedoras (Romanos 8:37) porque sabemos que
Dios obrará conforme a su voluntad. Si permanecemos aferradas a él,
nuestra confianza crecerá y nos fortaleceremos en su amor.

La vida está llena de contratiempos, pero no los enfrentamos solas. ¡Dios


está con nosotras! Ese debe ser nuestro pensamiento y nuestra convicción
ya que esa es nuestra realidad. El Rey de Reyes, el Dios todopoderoso no
nos abandona. Y es por esto que tenemos la seguridad de que venceremos
con la fuerza que él nos da y para su gloria.
Una forma de vencer es enfocarse en hacer las buenas obras que Dios
dispuso de antemano para que las llevemos a cabo (Efesios 2:10). Nuestra
vida debe marcar una diferencia y lo hará si permitimos que se cumpla en
nosotras el propósito para el cual Dios nos creó (Salmo 138:8).
Enfoquémonos en lo que Dios dice sobre nosotras y permitamos que él
obre a través de nosotras.

Conclusión

¿Tienes a Cristo en tu vida? Pídele que te muestre cómo él te ve y quién


eres en él. Fija tus ojos en Cristo y en lo que él dice de ti. ¡Esa es tu
identidad! No permitas que las críticas de las personas o el recuerdo de
cosas del pasado te impidan andar en tu nueva realidad.

Pídele al Espíritu Santo que te llene cada día y te permita entender su


perspectiva en medio de cualquier situación. Que puedas ver a las personas
y a las situaciones como él las ve. No te dejes intimidar porque Dios está
contigo siempre y él es más poderoso que cualquier dificultad.

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