0% encontró este documento útil (0 votos)
17 vistas23 páginas

Cap 1

El documento analiza la evolución de la actividad, el empleo y el desempleo en Argentina entre 1974 y 2003, utilizando datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Se observa un aumento significativo en las tasas de desocupación y subocupación, junto con una disminución en la tasa de empleo, lo que refleja un deterioro en el mercado laboral. A pesar de los desafíos, el estudio destaca tendencias demográficas y cambios en la participación de la fuerza laboral, especialmente entre las mujeres.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
17 vistas23 páginas

Cap 1

El documento analiza la evolución de la actividad, el empleo y el desempleo en Argentina entre 1974 y 2003, utilizando datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Se observa un aumento significativo en las tasas de desocupación y subocupación, junto con una disminución en la tasa de empleo, lo que refleja un deterioro en el mercado laboral. A pesar de los desafíos, el estudio destaca tendencias demográficas y cambios en la participación de la fuerza laboral, especialmente entre las mujeres.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

See discussions, stats, and author profiles for this publication at: https://www.researchgate.

net/publication/321534505

Evolución de la actividad, el empleo y el desempleo según la EPH en el largo


plazo (1974-2003). Análisis descriptivo y diagnóstico del mercado de trabajo

Conference Paper · December 2005

CITATIONS READS

2 154

1 author:

Julio César Neffa


National Scientific and Technical Research Council
191 PUBLICATIONS 1,124 CITATIONS

SEE PROFILE

All content following this page was uploaded by Julio César Neffa on 05 December 2017.

The user has requested enhancement of the downloaded file.


Evolución de la actividad,
el empleo y el desempleo según
la EPH en el largo plazo (1974-2003).
Análisis descriptivo y diagnóstico
del mercado de trabajo
JULIO CÉSAR NEFFA*

1. Introducción
El princi pal objetivo del presente trabajo es hacer un análisi s
descri ptivo de largo plazo sobre la evolución de la acti vidad, el
empleo, el desempleo y el subempleo en Argenti na, desde 1974
hasta 2003, a parti r de los datos proporcionados por la EPH y
procesados por dos miembros del área “Empleo, desempleo y
política s de empleo” del CEIL-PI ETTE del CONICET (Valer ia Giner
y Jul ieta Salas).
La elección del extenso período se debe a dos razones. En
primer l ugar a la apli cación de la perspecti va regulaci onista y su
metodología, donde la dinámica de crecimiento económico debe
ser analizada como un proceso hist órico y a la hipótesis de que en
el largo plazo se habría producido un agotamiento del régi men de
acumulación inst aurado luego de la ruptura operada en los años
1975-76. En segundo lugar, el perí odo coinci de con la vigencia de
una modalidad “puntual” de la Encuesta Permanente de Hogares,
fuente de los datos estadíst icos util izados, lo que hace posible la
comparación de los indic adores entre las puntas de las series,
identifi car las tendencias y ver los años donde se registr an máx-
imos y mínimos históri cos. Pero el anális is “entre puntas” no
excluye que en su interi or se produzcan variaciones importantes
y rupturas en cuanto a las tendencias y a las magnitudes que
deben ser consideradas.
*
Economista, director del CEIL-PIETTE del CONICET y docente de las
Universidades de La Plata y Buenos Aires

11
Desequilibrios en el mercado de trabajo argentino: los desafíos de la posconvertibilidad

Desde mediados de la década pasada la tasa promedio de des-


ocupación del conjunto de los aglomerados urbanos supera l os dos
dígi tos, cif ra que es causa de preocupación para todos los gobier-
nos y los incita a adoptar medidas de polít ica de acuerdo con la
gravedad del problema. En nuestro país ese drama se “naturaliz ó”
y tanto la opinión públi ca como los actores soci ales no recuperan
fáci lmente la memoria para recordar que durante mucho tie mpo el
mercado de trabajo funcionó en condiciones de “casi pleno
empleo” o con tasas rela tivamente bajas. A sí se corre el riesgo de
considerar ese fenómeno normal y natural, aduciendo que en
todos los país es del mundo exi ste desempleo, lo cual es rel ativa-
mente ciert o, pero no con esas proporciones.
Desde 1963 a 1973, el INDEC rel evó esa inf ormación, por
medio de la Encuesta de Empleo y Desempleo (EEyD ), en pri mera
inst ancia en el gran Buenos A ires. A partir de es a fecha se apli có
la Encuesta Permanente de Hogares (EPH ) dos veces por año, mejo-
rando la metodología y ampliando el universo, en el nivel de los
princi pales aglomerados urbanos, sobre una muestra compuesta
por hogares, que se mantiene durante cuatro ondas. Como resul -
tado, desde mayo de 1974 se dis puso de una nueva modalidad, la
EPH “puntual” que se aplic ó regularmente dos veces por año y sin
mayores variantes hasta mayo de 2003 en todas las capitales de
provincias y grandes aglomerados urbanos. Luego de numerosas
pruebas y ensayos, se ini ció una nueva etapa en 2003, aplic ando
la EPH de manera “continua” cuatro veces por año pero sobre una
muestra de menores dimensiones.
La EPH que se procesó para este trabajo (1974-2003) tiene la
difi cult ad de que su cobertura es parci al, pues aunque se refie re
a todo el terri tori o nacional, se apli ca sólo a los grandes aglo-
merados urbanos (con excepción de la zona urbano-rural del Alt o
vall e del Río Negro); es decir que no proporciona inf ormación ni
sobre las pequeñas y medianas ci udades del interi or del país, ni
sobre el conjunto del sector rural . En otras palabras, la EPH no
repres enta exactamente la si tuación promedio del país, pero sí
indic a con mayor cl aridad las tendencias que se generan en los
mayores aglomerados urbanos.

12
Evolución de la actividad, el empleo y el desempleo según la EPH (1974-2003)/ J. NEFFA

L a población argentina en el año 2000 se estimaba en


37.032.000 personas de las cuales 18.164.000 eran varones y
18.868.000 mujeres y su tasa anual de crecimie nto natural era
entonces aproximadamente 1,13% tendiendo a disminui r. La
esperanza de vida al nacer superaba los 74 años para el conjunto
de la población, y tendía a aumentar, siendo aproximadamente de
77,7 años para las mujeres y 70,6 para los varones. En el conjun-
to se observan dos grandes tendencias: con el correr del tiempo la
población se feminiz a y envejece progresiv amente, aumentando
cada vez más la proporción de mujeres con más de 65 años.
Los conceptos y la metodología util izada para el procesamien-
to de la inf ormación sumini strada por la EPH del INDEC figuran
en Neffa, Panigo y Pérez (2005) y las ci fras fueron tomadas de
Juli o César Neffa, Valeri a Giner y Jul ieta Salas (2004).
En sínt esis se puede afirmar que, entre puntas, la tasa de
acti vidad del conjunto de los aglomerados urbanos creció un
5,66%, pero la tasa de empleo disminuyó un 6,14%. La tasa de
desocupación se incre mentó 212% y la de subocupación un 250%.
Dentro de esta categoría se observa que la de carácter demandante
aumentó en 229,36% mientras que la no demandante sólo se
incre mentó en 3,84%, confirmando la hipótesis de que la mayoría
de los sub-ocupados se encuentran involuntar iamente en esa
sit uación. Juntas, desocupación más subocupación, crecie ron
entre puntas 229%, debido esencial mente al crecimiento de la
subocupación.
Veamos con mayor detenimiento el comportamiento de dichas
variables.

1.1. Activi d a d

En el perí odo analizado, para el total de aglomerados, la tasa


general de activi dad tomó la forma de una U irreg ular en su fase
ascendente. Part e del 40,6%, baja de manera tendencial, ll ega a un
mínimo en octubre de 1983 con 37,3% y desde allí crece mientras
se al canzan varios picos: logra sus máxi mos históricos en octubre
de 2002 y en mayo de 2003, con 42,9%. En sínte sis, la tendencia
fue decreciente entre 1974 y octubre de 1983 y luego creciente

13
Desequilibrios en el mercado de trabajo argentino: los desafíos de la posconvertibilidad

desde esa fecha, pasando el umbral del 42% desde 1997 (cuadro
1).
Esta evolución se puede expl icar en parte por la forma que
adopta el crecimie nto demográfic o, que se va desacelerando,
achicándose la base de la pi rámide ocupacional y engrosándose el
rest o, pero sobre todo por el fuerte creci miento de la PEA femeni-
na. Otros factores que pueden infl uir son las migraciones inter-
nacionales -a pesar de que el flujo haya disminuido últi mamente
debido a la cri sis económica- donde el componente adultos en
edad activa es predominante y las migraciones internas de origen
rural , cuyo impacto se puede identifi car sobre todo en los
grandes aglomerados urbanos captados por la EPH, con una PEA
que crece fuertemente entre puntas.
El “efecto ll amado” podría ser parte de la explic ación, pues
signi fic a que en condiciones de creci miento económico, cuando se
considera que se han creado o se van a crear nuevos empleos, se
generan expectati vas posit ivas; numerosas personas disponibl es
sale n de la “inactivi dad” e ingres an al mercado de trabajo pasan-
do a formar parte de la PEA , al considerar que en ese momento
exist en más posibil idades.
Por el contrario, como desde 1995 la coyuntura económica se
deterioró y, luego de varios años de recuperación, se inició un
período reces ivo desde 1998 que durará cuatro años, el elevado
pico alcanzado luego por la PEA puede expl icar se por el “efecto
trabajador adicional”, es decir que cuando un número conside-
rable de personas están desocupadas y la coyuntura es adversa,
otros miembros de sus familias en condiciones de inactividad,
ingresan al mercado de trabajo y buscan infruc tuosamente empleo
para compensar esa pérdida de ingresos; se incrementan así al
mismo tiempo las tasas de actividad, de desocupación y de sub-
empleo demandante.

1.2. Empleo

La tasa de empleo del conjunto de los aglomerados que se cal-


cula con rel ación al total de la poblac ión, fue relati vamente débil

14
Evolución de la actividad, el empleo y el desempleo según la EPH (1974-2003)/ J. NEFFA

Cuadro 1. Tasas de actividad, empleo, desocupación y subocupación


demandante y no demandante. Total de Aglomerados urbanos 1974-2003

Onda Actividad Empleo Desocupación Subocupación Desocupación + Subocupación Subocupación


Subocupación demandante 1 no demandante 1
1974:1 40.6 38.6 5.0 5.4 10.4
1974:2 40.1 38.7 3.4 4.6 8.0
1975:1 40.0 38.6 3.5 5.3 8.8
1975:2 39.7 38.2 3.8 5.4 9.2
1976:1 39.9 37.8 5.2 5.3 10.5
1976:2 38.7 37.0 4.4 5.3 9.7
1977:1 38.8 37.3 3.9 4.1 8.0
1977:2 38.6 37.6 2.7 3.8 6.5
1978:1 38.8 37.2 4.2 5.5 9.7
1978:2 39.0 38.1 2.3 3.8 6.1
1979:1 38.2 37.2 2.6 3.9 6.5
1979:2 38.4 37.5 2.4 3.6 6.0
1980:1 38.3 37.3 2.6 4.5 7.1
1980:2 38.5 37.5 2.5 5.8 8.3
1981:1 38.5 36.9 4.2 5.0 9.2
1981:2 38.3 36.3 5.3 6.0 11.3
1982:1 38.2 35.9 6.0 6.7 12.7
1982:2 38.5 36.7 4.6 6.4 11.0
1983:1 37.4 35.3 5.5 5.9 11.4
1983:2 37.3 35.8 3.9 5.9 9.8
1984:1 37.8 36.0 4.7 5.4 10.1
1984:2 37.9 36.2 4.4 5.9 10.3
1985:1 37.9 35.5 6.3 7.5 13.8
1985:2 38.2 35.9 5.9 7.1 13.0
1986:1 38.6 36.3 5.9 7.7 13.6
1986:2 38.7 36.7 5.2 7.4 12.6
1987:1 39.5 37.1 6.0 8.2 14.2
1987:2 38.9 36.7 5.7 8.5 14.2
1988:1 38.7 36.2 6.5 8.9 15.4
1988:2 39.4 37.0 6.1 8.0 14.1
1989:1 40.2 36.9 8.1 8.6 16.7
1989:2 39.3 36.5 7.1 8.6 15.7
1990:1 39.1 35.7 8.6 9.3 17.9
1990:2 39.0 36.5 6.3 8.9 15.2
1991:1 39.5 36.8 6.9 8.6 15.5
1991:2 39.5 37.1 6.0 7.9 13.9
1992:1 39.8 37.1 6.9 8.3 15.2
1992:2 40.2 37.4 7.0 8.1 15.1
1993:1 41.5 37.4 9.9 8.8 18.7
1993:2 41.0 37.1 9.3 9.3 18.6 4.1 5.2
1994:1 41.1 36.7 10.7 10.2 20.9 4.8 5.4
1994:2 40.8 35.8 12.2 10.4 22.6 5.4 5.0
1995:1 42.6 34.8 18.4 11.3 29.7 7.0 4.3
1995:2 41.4 34.5 16.6 12.5 29.1 7.7 4.8
1996:1 41.0 34.0 17.1 12.6 29.7 8.1 4.5
1996:2 41.9 34.6 17.3 13.6 30.9 8.5 5.1
1997:1 42.1 35.3 16.1 13.2 29.3 8.4 4.8
1997:2 42.3 36.5 13.7 13.1 26.8 8.1 5.0
1998:1 42.4 36.9 13.2 13.3 26.5 8.2 5.1
1998:1' (2) 42.0 36.5 13.2 13.7 26.9 8.5 5.2
1998:2 42.1 36.9 12.4 13.6 26.0 8.4 5.2
1999:1 42.8 36.6 14.5 13.7 28.2 8.9 4.8
1999:1' (2) 42.3 36.2 14.5 14.9 29.4 9.2 5.7
1999:2 42.7 36.8 13.8 14.3 28.1 9.1 5.2
2000:1 42.4 35.9 15.4 14.5 29.9 9.5 5.0
2000:2 42.7 36.5 14.7 14.6 29.3 9.3 5.3
2001:1 42.8 35.8 16.4 14.9 31.3 9.6 5.3
2001:2 42.2 34.5 18.3 16.3 34.6 10.7 5.6
2002:1 41.8 32.8 21.5 18.6 40.1 12.7 5.9
2002:2 (n) 42.9 35.3 17.8 19.9 37.7 13.8 6.1
2003:1(3) 42.9 36.2 15.6 18.9 34.5 13.5 5.4

(1) Para las ondas comprendidas entre abril 1974 y octubre 1990 no están disponibles las tasas
de subocupación horaria demandante y no demandante. Para ese período se consigna la tasa de
subocupación horaria total.

(2) Onda correspondiente a Agosto de 1998 y 1999, responde al requeri-miento de mayor fre-
cuencia de relevamientos, intercalándose entre las habituales de Mayo y Octubre.

(3) Los resultados de Mayo 2003 no inlcuyen el aglomerado Gran Santa Fe, cuyo relevamiento se
postergó debido a las inundaciones

Fuente: Encuesta Permanente de Hogares elaborada por el INDEC.

15
Desequilibrios en el mercado de trabajo argentino: los desafíos de la posconvertibilidad

y de evolució n irregul ar, con tendencia d escendente, debido


al modo de desarroll o inst aurado desde 1976 y, más especí fic a-
mente, al impacto del régimen de convertibi lidad durante la
década de los años noventa (cuadro 1).
La tendencia general fue decreci ente entre puntas. La tasa de
empleo logró su mínimo histórico de 32,8% en mayo de 2002 y su
máximo de 38,7% en octubre de 1974. Cuando en las fases expan-
sivas del ci clo se produjo un crecimiento de las tasas y del volu-
men del empleo, esto no se concretó en el sector indust rial (ni en
las ramas de activi dad con alta productividad), si no en el sector
terciari o y de servicio s (finanzas, comercio) y se debió esencial -
mente al incremento de la ocupación en las actividades infor-
males. En cuanto a la calidad del empleo creado, predominó desde
fines de los años ochenta el de tipo precari o y la subocupación.
El cuadro 1 y los gráfi cos 1.a y 1.b , presentan las tendencias
divergentes res pecto de las tasas de actividad y de empleo, de
donde surge la brecha profunda que se manifiest a a partir de
1983, pero que ya se incr ementa de manera explos iva desde
octubre de l989. La máxima diferencia entre ambas tasas fue de
9,00 puntos de porcentaje en mayo de 2002, pero se lleg ó a esta
cif ra luego de un proceso irreg ular de crecimiento de esa brecha
a partir de 1991.

Gráfico 1.a. Evolución Tasas de Actividad y Empleo. Región : Total de


Aglomerados Urbanos. Período: 1974-2003

16
Evolución de la actividad, el empleo y el desempleo según la EPH (1974-2003)/ J. NEFFA

Gráfico 1.b. Evolución Tasas de Desocupación y Subocupación demandante


y no demandante. Región : Total de Aglomerados Urbanos. Período: 1974-
2003

Fuente: Elaboración propia del PIETTE en base a la EPH del INDEC

En el larg o plazo, sobre el total, la proporción de los ocupados


por ramas de activi dad según las estadí stic as emanadas del
MTEySS, indic an que es en las activi dades del sector públi co
(sobre todo municipal es) considera dos en sus diversos niveles,
donde creció o al menos disminuyó menos que para el conjunto, la
tasa de ocupación. Pr obablemente ese result ado se pueda explic ar
desde hace varios años porque se incluyen dentro de esa categoría
a los benefici arios de los planes públicos de empleo (PJyJ HD).
La categoría de personal ocupado en calidad de asalari ado
cambió en el largo plazo, y más rápidamente durante la década
pasada. El número y la tasa de asalariados sobre el total tendió a
disminui r y lo hizo más notoriamente en el caso de los varones.
Es inter esante constatar de qué manera evolucionaron, entre
mayo de 1994 y de 2002, las diversas categorías ocupacionales de
los ocupados por sexos, disc riminando entre subocupados no
demandantes (trabajan de una a 34 horas semanales y no buscan
otro empleo o trabajar más horas, se podrían considerar “volun-
tari os”), los demandantes (sí buscan, y por lo tanto están invo-
luntariamente en esa situa ción) y los ocupados plenos que traba-
jan más de 35 horas semanales.

17
Desequilibrios en el mercado de trabajo argentino: los desafíos de la posconvertibilidad

En el caso de las mujeres, la proporción de los “subocupados


voluntarios” (o no demandantes) disminuye, así como los ocupa-
dos plenos, pero en el conjunto la tasa de subocupados deman-
dantes se duplica con creces . Para los varones, al mismo tiempo
que dis minuye el porcentaje de los ocupados plenos, se incr e-
mentan las dos formas de subocupación, especia lmente la propor-
ción de los demandantes, que se tripl ica.

1.3. Desocupación

El mínimo históri co de la tasa de desocupación para el t otal de


aglomerados fue de 2,39% en octubre de 1978 y el máximo se re-
gist ró en mayo de 2002, con 21,5% (cuadro 1).
El promedio de la desocupación entre puntas serí a de 8,8%,
pero esa cifra no tiene mucha si gnifi cación debido a la gran
diferencia generada entre los puntos extre mos. Las tasas más
bajas se regi strar on en el período 1974-93 y luego empiezan a
crecer de manera sostenida, para superar los dos dígi tos desde
mayo de 1994. Al igual que los demás indi cadores, se observa la
rela ción pro-cí clic a entre esa tasa y la evolución de la economía,
en especia l por cambios ocurridos desde fines de 1994, cuando se
reci bió el impacto de la crisi s financi era internacional: el efecto
“tequi la”.
A parti r de la EPH entre las ondas de mayo de 1994 y de 2002,
las ta sas de desocupación crecie ron en todas las ramas y sectores
para el conjunto de aglomerados urbanos. El único sector donde
las tasas de las mujeres no se incrementaron sust ancialmente fue
en servicio s comunales y sociales, mientras que se tripli caron las
tasas de desocupación en transporte y comunicaciones, así como
en los servici os “modernos” y se duplicar on en industr ia manu-
facturera, ser vici os personales y domésticos y en comercio. En el
caso de los varones, las tasas crecen mucho en los sectores de ser-
vici os modernos, la industri a manufacturera y sobre todo en con-
struc ción, pero en menor medida en las actividades comunales y
soci ales, que en su mayoría son de carácter públi co
La disminución de las tasas de desocupación que se constata
desde octubre de 2002 se debió por una parte al fi n del cicl o

18
Evolución de la actividad, el empleo y el desempleo según la EPH (1974-2003)/ J. NEFFA

reces ivo, al inici o de un fuerte período de creci miento (luego de


cuatro años de recesi ón) y a la implementación de las polít icas de
tipo compensatorio y de empleo, esencia lmente el Pla n Jefes y
Jefas de Hogar Desocupados (JyJHD).
Durante el segundo lus tro de la última década se observó una
clar a tendencia al incr emento del desempleo sigui endo de manera
direc ta la evolución de la economía, lo cual se producía por una
doble causa. Aumentaba la oferta de fuerza de trabajo debido a
varios factores: al mencionado incremento de las tasas de activi -
dad, provocado por el masivo y rápido ingreso de las mujeres al
mercado de trabajo, al impacto migratorio exte rno e interno hacia
las grandes ciudades, así como por la acción de los efectos “ll a-
mado“ y “trabajador adicional” antes mencionados; por otra parte
se destruían empleos por la reducción del ritmo de la activi dad
económica y el cier re de numerosas empresas, sobre todo las de
pequeña y mediana dimensión (que concentran el mayor por-
centaje de los ocupados), las crisi s exógenas que impactaban
sobre la vulnerable estructur a económica más abiert a y desregu-
lada y la cris is endógena del nuevo modo de desarrol lo. Pero
además, desde comienzos de la vigencia de la converti bili dad
(1991), el nuevo régimen de acumulación redujo sensiblemente la
anterior elastic idad elevada del empleo respecto del aumento del
PBI, de manera que por el incremento de la productividad y la
intensifi cación del trabajo, fue baja la capacidad para generar
nuevos empleos e incorporar desocupados que cubrier an puestos
vacantes, incl usive en los momentos de expansión.
Más que debido a polít icas activas de empleo, fue la recu-
peraci ón de la economía desde mediados de 2002, impulsada por
la necesi dad de sustit uir importaci ones dada la nueva tasa de
cambio y el aumento de la demanda interna más el impacto de las
política s soci ales (por ejemplo la inclusi ón de beneficia rios del
Plan Jefas y Jefes de Hogar Desocupados dentro de los ocupados),
lo que expl ica esencial mente desde entonces la disminuci ón de
la tasa de desocupación.
La información sumini strada por el INDEC y procesada por el
MTEySS muestra que si se estudi an los desocupados ex-asa lari a-

19
Desequilibrios en el mercado de trabajo argentino: los desafíos de la posconvertibilidad

dos de ambos sexos y por ramas de activi dad, la mayoría de los


varones desocupados provienen en alto grado de la construcci ón y
de ramas y sectores donde se supone que predominaban los tra-
bajos no regis trados o “en negro”, que por lo tanto no contaban con
protección social y no percibí an seguro de desempleo. En el caso
de las mujeres, los porcentajes más elevados se registra ron en las
ramas de comercio y en servi cios domésticos y personales.

1.4. Subocupación

El míni mo his tóri co de la tasa de subocupación para el total de


aglomerados fue de 3,6%, regist rada en mayo de 1979 (cuadro 1).
El máxi mo de 19,9% se alcanzó en octubre de 2002, cuando
recomienza el proceso de crecimie nto económico. Luego de un
período de tasas relat ivamente bajas, que abarca los años 1974-
83, la subocupación empieza a crecer de manera progresiva y
supera los dos dígitos desde mayo de 1994, prosiguie ndo esta
tendencia hasta octubre de 2002.
La subocupación demandante regist ró su mínimo hist órico de
4,1% al ini ciar la serie en octubre de 1993 y el máxi mo se re-
gist ró en octubre de 2002. Es dif íci l i dentif icar los cic los de esta
modalidad de subocupación, dado que la tasa sie mpre creció de
manera progresiva, aunque se aceleró en las ondas de mayo de
1995 y de 2002.
La tasa de subocupación no demandante se mantuvo rel ativa-
mente estable, alcanzando su mínimo his tóri co de 4,3% en mayo
de 1995 y su máximo en octubre de 2002. Se considera que den-
tro de esa categoría ocupacional se encuentran probablemente
numerosos “desocupados ocultos ”.
Las tasas de subocupación horaria se incrementaron tanto para
varones como para mujeres: si bien ent re mayo de 1994 y de 2001
la tasa de las mujeres fue siempre más elevada que la de varones,
pues pasó de 13,1% al 24,3%, la de varones creció más rápido, del
5,9% al 14,6%.
No sucede lo mismo en cuanto a la desocupación según sexos,
pues la tasa crece tanto para varones como para mujeres, pero al

20
Evolución de la actividad, el empleo y el desempleo según la EPH (1974-2003)/ J. NEFFA

final del perí odo la rel ación tradi cional ya se había invertido y
la tasa de desocupación de los varones llegó a ser más elevada.

1.5. La subutilización de fuerza de trabajo:


desocupación más subocupación

El conjunto de desocupación más subocupación para el total de


aglomerados regi stró su mínimo histórico de 6,0% en octubre de
1979 (cuadro 1).
Desde mayo de 1994, antes de que impactara la crisis mexi -
cana, esa adici ón supera permanentemente el 20%. Se podrían
identifi car tres períodos: el primero 1974-83, cuando la tasa se
estabili zó alrededor del 10%; un segundo de octubre de 1983 a
mayo de 1993 en que la tasa ronda el 15%; y a parti r de octubre
de 1993, cuyo rápido crecimie nto se expli ca por el aumento de la
desocupación y la subocupación, llegando al máximo de 40,1% en
mayo de 2002. Cuando el porcentaje de este agregado baja, se debe
sobre todo a que desciende la tasa de desocupación y no precis a-
mente la de subocupación, la cual se estabil iza o sigue cre ciendo.
El gráf ico l permite ver de manera conjunta la evoluci ón de las
diferentes variable s relati vas a la situación en materia de ocu-
pación. De allí se desprende que se ha degradado desde 1981 e
intensifi cado a partir de 1991.
Ente puntas, para el GBA la tasa de acti vidad creció un
12,06%, pero la tasa de empleo disminuyó 2,05%, la tasa de des-
ocupación creci ó 290,47% y la de subocupación un 321,27%.
Entre puntas la tasa de sub- util izaci ón de la fuerza de trabajo
(desocupación más subocupación) creció un 306,74% básica mente
por el impacto de la subocupación demandante. Si dentro de la
subocupación se discri mina entre demandante y no demandante,
es la pri mera modalidad la que más creci ó entre puntas, el
289,47%, mientras que en el mismo tiempo la no demandante dis-
minuyó un 5,66%.
La vigencia del Plan Jefas y Jefes de Hogar Desocupados
(PJyJHD), dado su carácter cuasi-uni versal y la gran cantidad de
los benefic iari os a fi nes del año 2002, introdujo seri os problemas
metodológicos en cuanto a la esti mación de las verdaderas tasas

21
Desequilibrios en el mercado de trabajo argentino: los desafíos de la posconvertibilidad

de actividad, empleo, ocupación y desocupación y su comparación


entre las EPH puntual y continua. Como surge de la información
oficial sumini stra da en el Informe de prensa emiti do por el
INDEC, en caso de reconocerse su carácter de (verdaderos) des-
ocupados a los beneficia rios del PJyJHD - que declar aron estar
ocupados dada su inserción en el plan- no habría tal disminuci ón
de la desocupación en la onda de mayo 2003, si endo el 21,4%
prácticamente simila r al 21,5% de la desocupación de la onda de
mayo 2002.

2. Algunas referencias a la situación en el gran Buenos Aires


A grandes rasgos, la evolución del empleo en este aglomerado
sigue la del conjunto de aglomerados, debido en parte a su i mpor-
tante peso rel ativo dentro del conjunto. Veamos algunas carac-
terí sti cas específ icas .

2.1. La desocupación según la condición de jefe-jefa de hogar

En el GBA dentr o de la PEA des ocupada, la relaci ón entre jefes


y no jefes de hogar cambió de manera continua a lo lar go del
período. La proporción de los no-jefes de hogar desocupados
sobre el total de desocupados fue disminuyendo y a partir del
78,3% cayó hasta el 60,9% en mayo de 2002. Por el contrari o, la
de los jefes creci ó desde el 21,7% en mayo de 1974 hasta el 35,9%
en mayo del 2003.
En los años pico de la desocupación, la proporción de los jefes
de hogar desocupados disminuye cuando las tasas de desocu-
pación se incrementan y por consigui ente lo contrari o sucede con
los no-j efes. Esto si gnificarí a que, como era de esperar, cuando la
desocupación crece y algunos jefes de hogar desocupados se
desalientan, dejando por consiguiente de ser contabiliz ados den-
tro de la población económicamente acti va, otros miembros de la
familia salen a buscar un empleo.
Durante todo el período las tasas de los varones jefes de hogar
son inf erior es o igual es a las tasas generales y que, por lo tanto,
las de las mujeres jefes de hogar son superiores o iguales que las

22
Evolución de la actividad, el empleo y el desempleo según la EPH (1974-2003)/ J. NEFFA

tasas generales. La tasa de desocupación de las mujeres jefes de


hogar es superior a la de los varones, aunque las diferencias se
van reduciendo a lo largo del tie mpo y en la misma medida en que
la desocupación crece. La brecha de los jefes de hogar según sexos
diminuye generalmente cuando las tasas generales de desocu-
pación son altas y la diferencia aumenta cuando éstas descienden.
Se puede afir mar entonces que en estos casos la tasa de partici -
pación de las mujeres aumenta pues las que estaban formando
parte de la población económicamente inactiva salen a buscar tra-
bajo cuando la sit uación en materia de desocupación se agrava
para uno de los miembros de la familia, en su mayoría varones.
Si se analiza la serie de los varones jefes de hogar desocupa-
dos según los grupos de edad y nos centramos en el “núcleo duro”,
de 20 a 49 años, se detecta que sus tasas de desocupación son
inferiore s a las tasas de desocupación del total general. Si se
anali zan los dos grupos de edad, 20-34 y 35-49 años, las de
ambos crecen desde comienzo de los años noventa y no se obser-
van grandes diferencias entre grupos. Es decir que la desocu-
pación no discr imina de manera si gnificat iva entre los varones de
estos dos grupos de edad.

2.2. Ocupación y desocupación según


ramas de actividad económica en el GBA

Entre 1980 y 1993, según la CIIU Rev. 2 (a), ya se detectan las


grandes tendencias intersec tori ales. Es en el sector construcci ón
donde disminuye la tasa de ocupación y crece más el porcentaje
de desocupados dentro de la PEA de esa rama, pasa del 2,9% al
19,6% entre puntas. Le si gue la industria manufacturera, cre-
ciendo la desocupación desde el 2,4% al 9,8%. Pero algo los ase-
meja: para ambos sectores, hacia el final del perí odo, sus tasas de
desocupación ya superan al promedio de la tasa general. En sí n-
tesi s, en el lar go plazo, la desocupación afectó más a las ramas
productoras de bienes (transabl es) que a las de servi cios .
Según la CIIU Rev. 3, para el perí odo que transcurre entre
octubre de 199l y mayo de 2003, las tendencias detect adas según
ramas en el período anteri or se confirman. Es en la construcci ón

23
Desequilibrios en el mercado de trabajo argentino: los desafíos de la posconvertibilidad

donde se observan las más elevadas tasas de desocupación, cre-


ciendo fuert emente entre puntas desde el 6,2% al 35% luego de
haber pasado por el 40,7% en octubre de 2001 y por el 5l,2% en
mayo de 2002. Le sig uen, en este orden, dos ramas: industri a
manufacturera y una actividad denominada “i nformal” que se
considera un caso típi co de subocupación, el servic io doméstico.

2.3. Distribución intersectorial de la PEA ocupada según la CIIU

La CII U Rev. 2, muestra que entre 1974 y 1993, se produjeron


cambios importantes entre ramas que se confirmarán más tarde.
Disminuye mucho la proporción de los ocupados en la industri a
(cae un 37,8% entre dichas puntas); ti ende a disminui r pri mero
pero luego se mantiene relativamente estable en la construcción,
aumenta de manera continuada en las demás ramas, especial mente
en comercio, y en las divers as ramas de ser vici os.
Según la CIIU Rev. 3, entre 199l y mayo de 2003 la industri a
manufacturera aceler a la disminución de su partici pación por-
centual pasando del 24,2% al 14,2% (cae otro 41,3%), y crece la
parti cipación de la ocupación en la administr ación pública, y las
demás ramas de ser vici os, especialmente los otros ser vici os
(aumentan su partici pación un 53,5% entre puntas).
Se puede concluir que fue la rama indust ria manufacturera la
que, en el largo plazo, ha sufri do más fuert es cambios estr uc-
tural es en términos de su partici pación dentro de la ocupación y
de la desocupación.

2.4. Distribución de los ocupados según su categoría ocupacional

Según la EPH, desde mayo de 1974 y hasta mayo de 2003, con


ayuda del gráfi co se puede observar dentro del GBA la evolución
entre puntas de las categorías ocupacionales.
Si bien en términos absolutos hubo un crecimiento neto, el
porcentaje de los asal ariados desci ende levemente desde el 74,9%
en octubre de 1974 hasta el 71, 8% en mayo de 2003, disminuci ón
inferior a la esperada dado el proceso de terciari zación, subcon-

24
Evolución de la actividad, el empleo y el desempleo según la EPH (1974-2003)/ J. NEFFA

tratación e incremento del trabajo por cuenta propia y a domicili o


que los estudios cuali tativos ponen de reli eve.
Probabl emente, las cif ras esconden los procesos de “para- su-
bordinación”: en términos legales no exist e una rel ación sal arial
en el senti do pleno de la palabra, pero sí una relaci ón de depen-
dencia económica y funcional, aunque no esté formaliz ada
jurí dicamente mediante un contrato de trabajo.
La proporción de trabajadores por cuenta propia respect o del
total de la PEA se incr ementa desde mediados de la década de los
años setenta, y a partir de all í varía levemente, para alcanzar en
mayo de 2003, el 23,4%. Est e porcentaje es también inferi or a lo
esperable que surgi ría de la intui ción.
Las otras categorías ocupacionales, donde se regi stra n los
empleadores y los trabajadores familiare s no remunerados, o sin
salario, se mantienen rel ativamente estables: parte del 6,6% en
octubre de 1974, pero su porcentaje disminuye hacia el final,
siendo en mayo de 2003 sólo de un 4,8%, uno de los guarismos
mínimos de toda la seri e. Es un si gno del proceso de concen-
tración económica que se produjo en la década pasada.

2.5. Distribución de los asalariados según ramas de activi d a d

Según la CIIU en su Rev. 2 en el GBA entre 1974 y 1993 la par-


tic ipaci ón de los asalariados en la construcción evoluciona con
tendencia a disminui r; pero es en la industri a manufacturera
donde diminuye mucho más entre puntas (cae casi 35%); y crece
de manera considerable la proporción de los asalari ados en las
ramas de comercio, y en ser vici os comunitari os, soci ales y per-
sonales.
Entre 1991 y 2003, según la Rev. 3 de la CIIU, continúa la
fuert e disminuci ón porcentual de los asalari ados dentro de la
indust ria manufacturera (cae más del 42%), se reduce también
aunque más levemente en la construcción y en comercio, per-
manece establ e en el ser vici o doméstico y aumenta en adminis-
tración públic a (probablemente debido al personal contratado,
por el congelamiento de vacantes), pero sobre todo crece en otros
servi cios .

25
Desequilibrios en el mercado de trabajo argentino: los desafíos de la posconvertibilidad

2.6. Distribución de los trabajadores por cuenta propia (TCP)


según ramas de activi d a d

Sirviéndose de la Rev. 2, de la CIIU entre 1974 y 1993, la pro-


porción de los TCP se mantiene rel ativamente estable en comer-
cio, diminuye en indust ria manufacturera, crece levemente en
servi cios comunitarios, soc iale s y personales y en construcci ón y
lo hace más marcadamente en las ramas del rest o de los sectores.
La proporción más elevada sobre el total se concentra, como se
podía suponer, en comercio y ser vici os.
Entre 199l y 2003, según la Rev. 3, se observa un cambio
estr uctural y de tendencias respecto del perí odo 1974-1993: se
identifi can dos grandes grupos. Entre puntas, dentro de ese
período, disminuye la proporción de TCP en la indust ria manu-
facturera, crece aunque de manera ir regular en construcción,
pero la mayor parte de los TCP (más del 30% del total) se con-
centra ahora en comercio. En las demás ramas no hay cambios
susta ncial es de tendencia, aunque se observen pequeñas varia-
ciones.

3. Acerca de las causas


En otros tr abajos reali zados en el CEIL- PIETTE hemos intenta-
do identifi car las principa les causas de este fuerte deterioro de
la sit uación del mercado de trabajo (Boyer y Neffa, 2005, y Neffa
1998). Uti liza ndo los conceptos teóricos bri ndados por la teorí a
de la regulación, concluimos que una gran responsabili dad le
incumbe al nuevo modelo de desarr ollo implementado a partir de
la sanci ón de la ley de Converti bili dad y a los cambios en las
inst ituci ones y las reglas que enmarcan el funci onamiento del
mercado de trabajo. En esta sección se hace una apretada sí ntesi s
de dichas detecci ones.
La tasa de cambio fij a a razón de un peso (sobrevaludo) por
dólar contribuyó al deteri oro y défic it del comercio exterior,
desalentando las exportaci ones y abaratando las importaciones.
La eliminaci ón o reducci ón de las barreras aduaneras que acom-
pañó a la convertibil idad impactó mucho sobre la industr ia ma-
nufacturera, tradici onalmente poco competit iva en materia de

26
Evolución de la actividad, el empleo y el desempleo según la EPH (1974-2003)/ J. NEFFA

costos y de calidad. Esto afectó directamente la exis tenci a y las


acti vidades de las pequeñas y medianas empresas. La desregu-
laci ón de los mecanismos de mercado fortaleció la tendencia con-
centradora y oligopólica , y debilit ó la acción reguladora del esta-
do, quien por otra parte se vio pri vado del manejo de la políti ca
monetari a. A pesar del incre mento de la presión impositi va, las
consecuencias del proceso de privatiz ación del si stema de seguri -
dad social provocaron un elevado déficit fisc al, cuya lógica de
funci onamiento presionó para prolongar la edad activa incremen-
tando la oferta de fuerza de trabajo. Las suces ivas reformas del
estado y las privatiza ciones de la casi totalidad de las empresas
públic as nacionales y provicial es promovieron la consti tuci ón de
oli gopolios en sectores estra tégicos de la economía y dejaron sin
trabajo a varios cientos de miles de asalari ados, muchos de los
cuales fueron estimula dos o forzados a aceptar reti ros volunta-
rios o jubil aciones antici padas (financiados con endeudamiento
exter no) sin que se contratara a jóvenes en su reemplazo. Las
política s para atraer capitales extranjeros y otorgarles muchas
ventajas con el propósito de compensar las bajas tasas de inver-
sión internas, generaron mayor dependencia del sist ema produc-
tivo nacional respecto de la economía mundializada y financi a-
riza da, provocaron la suba de las tasas de inter és, encareci endo
el crédit o. La búsqueda de seguri dad, de mayores rendimientos y
de escape del si stema impositivo nacional, generaron una sali da
de capita les hacia país es capitalistas in dustria lizados que
ofrecían mayor seguridad, reduci endo las tasas de inversión. La
baja de la tasa nacional de invers ión en investi gación y desarr o-
llo y, dentro de ella, la escasa proporción de la inversió n priva-
da, explica n la debil idad del proceso de inovación en cuanto a
productos y a procesos, la escasa competitivi dad y la fuert e
dependencia tecnológica respect o de los países capitali stas
indust rial izados y los países emergentes, que consti tuían una
presi ón para la migración de jovenes inves tigadores. Junto con un
desempleo elevado y persi stente de carácter estructural -fe nó-
meno de “histére sis”- se dio la paradoja de que los asalariados
cobraban salarios en dólares superiores a los de países competi-
dores, mientras que dentro del país en términos comparativos los
salarios real es dis minuían.

27
Desequilibrios en el mercado de trabajo argentino: los desafíos de la posconvertibilidad

Por otro lado, los princ ipale s objetivos buscados con los cam-
bios en las inst ituc iones y con las reformas laborales introduci-
das desde 1989 hasta 1999, fueron reducir los costos laborales
direc tos e indirec tos e incrementar la productivi dad, para com-
pensar de esa manera la pérdida de competitividad inter nacional
vía costos resul tante de la apreci ación de la tasa de cambio fi jo.
De esa manera se pensaba incr ementar el empleo. Pero para ell o
explí cita o implíci tamente el nuevo modo de desarr olll o utili zó
como medios o ins trumentos la intensi fica ción del trabajo, el dis-
cipl inamiento productivo de los trabajadores, el control de los
procesos de trabajo, la precari zación del empleo y la introducción
de diversas modalidades de flexi bili zación. En estudios ante-
rior es ya antici pábamos estas verif icaciones en cuanto al uso
intensivo del ti empo de trabajo, la ruptura de los períodos vaca-
cionales, la indivi duali zación de los salarios, procedimientos
más dis creci onales que autori zaban a los empleadores a sele c-
cionar, contratar y despedir personal si n mayores rest ricc iones.
El fortaleci miento del poder patronal le permitió modifi car la
organización tradi cional del trabajo ampliando las tareas y
res ponsabi l id ades de l os asal aria dos y movi li zarlos al
desplazarlos entre fir mas de un mismo grupo económico o instau-
rando la “polivalenci a” o la “polifunc ionalidad” dentro de sus
estableci mientos. La descentral izaci ón del ámbito de la nego-
ciación colectiva -de sde la rama de actividad hacia la firma o el
estableci miento- en un contexto de desempleo elevado y persi s-
tente y de despresti gio y debil itamiento del movimiento sindi cal,
dio como result ado el deteri oro salari al, la vulnerabilidad y la
precarizaci òn del empleo.
El result ado combinado de estas políti cas fue un desempleo y
subempleo masivos, la precari zaciòn del empleo junto con una
mayor desigual dad entre los deciles de ingresos de los más ric os
y los más pobres y la reducción de los ingresos real es de los
asalariados, que en gran cantidad quedaron por debajo de la lí nea
de pobreza a pesar de trabajar (working poors ); lo que presi onó
hacia abajo la demanda efecti va y li mitando por esa vía la ge-
neración de nuevos empleos.

28
Evolución de la actividad, el empleo y el desempleo según la EPH (1974-2003)/ J. NEFFA

4. Reflexiones y perspectivas a título de conclusión:


la creciente heterogeneidad generada en
el mercado de tra b a j o
En Neffa (2001) procesando la EPH en el período 1988-1997,
se observó que la variabl e educación (medida por los años de
escolaridad formal) está direc tamente asociada con las tasas de
acti vidad y de empleo, y negativamente respecto de la tasas de
desocupación, si n que esto impli que invulnerabi lida d a la des-
ocupación para quienes tienen niveles medios y altos de edu-
cación, aunque probablemente a término sí tengan más posibili -
dades de encontrar empleo o de constit uir una empresa.
La información suministr ada por el MTEySS sobre el total de
los aglomerados indi ca que si se hace un cruce de las tasas de
acti vidad, empleo y desempleo con el nivel educativo, uti liz ando
como indicador el secundari o completo o no, se observa para los
que no obtuvieron esa credencial , que las tasas de activi dad y de
empleo disminuyen para ambos sexos, ent re 1994 y 2002, aunque
levemente, mientras que las tasas de desocupación crecen noto-
riamente entre puntas, de 15,0% a 22,3% en el caso de las mujeres
y de 10,8 a 26,56% para los varones.
Se ha incrementado la demanda de fuerza de trabajo con nive-
les de inst rucci ón y de formación profesional más elevados, de lo
cual se podría deducir que en esos casos capital y trabajo no son
susti tuti vos si no complementarios. Al mismo tiempo, la desocu-
pación tiene mayor incidenci a entre los trabajadores con menores
nivel es de inst rucción y de formación profesional, como lo prue-
ban los estudios sobre el “sesgo tecnológico”.
A grupando la población con relac ión a sus niveles de ingresos,
medido en deciles , se observó que dentro del perí odo, a medida
que pasaba el tiempo y si bien las tasas de desocupación
creci eron para el conjunto de la población de todos los aglomera-
dos, disminuyó progresiv amente la proporción de desocupados
dentro de los tres decil es de mayores ingres os mientras su volu-
men y la proporción aumentaban en los decile s donde se agrupa-
ba la población con ingresos medios y bajos.
Por otra parte se identifi có que es dentro de los sectores de

29
Desequilibrios en el mercado de trabajo argentino: los desafíos de la posconvertibilidad

menores ingresos donde tuvo más impacto el desempleo elevado,


persi stente y de larga duración (más de seis meses), tanto en
cuanto a su crecimiento en valores absolutos entre puntas, como
del porcentaje respecto del total de los desocupados correspondi -
entes.
Según sexos, durante la mayor parte del perí odo, las mujeres
registrar on el mayor porcentaje de desocupación, pero a medida
que pasó el tiempo las dife rencias entre géneros diminuyeron y
desde 2001 la tasa de desocupación de los varones ya era con fre-
cuencia superior a la de mujeres.
En cuanto a la duración de la jornada de trabajo, con una
importancia decisi va en cuanto al empleo y a las condiciones y
medio ambiente de trabajo, la tendencia observada en el lar go
plazo es que, en la misma medida en que crecí a la desocupación,
se deterioraba el nivel de los salar ios real es y l a dist ribuci ón del
ingreso nacional se hacia más concentrada y regresi va; en contra-
parti da crecía la duración promedio de la jornada de trabajo. Es
obvio que la estruct ura y el funci onamiento desequili brado del
mercado de trabajo y la escasa cobertura del seguro contra la des-
ocupación tuvieron un impacto direc to al reducir los ingresos -
especi almente los salari os reales de quienes percibí an las remu-
neraciones más bajas- para hacer más concentrada y desigual la
dist ribuci ón funcional del ingreso, generando mayor pobreza,
indigencia, marginali dad y exclusió n soci al.
La evolución en el lar go plazo de las tasas de acti vidad,
empleo, desempleo y subempleo pone de rel ieve la exist encia de
un problema estruct ural; una desocupación y subocupación ele-
vadas y pers iste ntes, que se podría caracteriz ar como de
“hist éresi s”, pues las tasas respectivas permanecen elevadas
hasta mucho tiempo después de haber desapareci do los cambios
en las inst ituc iones, en las reglas, y los shocks internos y exter-
nos que les dieran origen.
Entre puntas el fuert e incr emento de las tasas de desocupación
y de subocupación no ha sido totalmente regular, sino que se
pueden identifica r varios sub- períodos delimitados por los pro-
cesos de crisis y de recuperación económica.

30
Evolución de la actividad, el empleo y el desempleo según la EPH (1974-2003)/ J. NEFFA

Sobresale entre las cif ras procesadas el incr emento sostenido


de las tasas de partici pación de las mujeres dentro de la PEA ,
fenómeno más notable aún en el caso del grupo etáreo de más de
50 años y por otra parte la disminución para el grupo de 15 a 19
años, a pesar de lo cual sus tasas de desocupación son varias veces
más elevadas que las del promedio de la población.
Desde mediados del año 2002, junto con el fin de la recesión,
la adopción de una tasa de cambio elevada, la insta uraiòn de un
fuert e crecimiento del PBI y un saldo positi vo de la balanza co-
mercial , se observó una sensi ble mejora en cuanto a las tasas de
desocupación y de subocupación y la disminuci òn de la pobreza e
indigencia. Esto se debió a varios factores: la adopción del Pl an
Jefas y Jefes de Hogar Desocupados que redujo la proporción de
pobres medidos según ingresos, la mejora sus tancial en los
salarios mínimos nominales, el aprovechamiento de la exi stenci a
de capacidad productiva ociosa y los altos precios inter na-
cionales de los commodities exportables. Pensamos que cuando
dicha capacidad esté cerca de su satur ación, para mantener las
elevadas tasas de crecimiento del PBI se requerir án mayores
inversiones como condición necesari a, pero aunque se concre-
taran, el mero crecimiento ya no será sufici ente y se necesita rá
otro modelo, más “rico en empleos”.
La evolució n positiva del mercado de trabajo estar á condi-
cionada a la generación de un “cí rculo virtuoso de creci miento”:
un modo de regulación administ rado fruto de una arti culaci ón
coherente de las formas ins tit ucionales jerarquizada por el
Estado y la re laci ón salarial ; un régimen de acumulación intensi -
vo dinamizado por el fortalecimiento del sector industri al y la
incorporación del cambio cient ífi co y tecnológico, estimula dos
por la demanda provocada por el incre mento de los salari os real es
y una distri bución más progresiva del ingres o.

31
B i b l i o g ra f í a
Boyer Robert y Neffa Julio César (coords.) (2004), La economia argentina
y sus crisis (1976-2001): visiones institucionalistas y regulacionistas,
Miño y Dávila, CEIL-PIETTE del CONICET, Trabajo y Sociedad, Buenos
Aires.
Neffa Julio César (coord.), Battistini Osvaldo, Panigo Demian y Pérez Pablo
(2001), Exclusión social en el mercado de trabajo. El caso de Argentina,
OIT y Fundación Ford, OIT, Santiago de Chile, Doc. Nº 109.

Neffa, Julio C., Panigo Demian y Pérez Pablo E. (2005), Actividad, empleo
y desempleo, CEIL-PIETTE del CONICET y Trabajo y Sociedad, Buenos
Aires.
Neffa, Julio César, Giner Valeria y Salas Julieta (2004), “Actividad, empleo
y desempleo según la EPH. Analisis descriptivo del periodo compren-
dido entre mayo de 1974 y de 2003”, Materiales de Investigación Nº 3,
CEIL-PIETTE del CONICET, Buenos Aires.

Neffa Julio César (coord.), con la colaboraciòn de Eduardo Biaffore,


Mariano Cardelli y Sebastián Gioia (2005), “Las principales reformas
de la reación salarial operadas durante el periodo 1998-2001 con
impactos directos e indirectos sobre el empleo”, Materiales de
Investigación, CEIL-PIETTE del CONICET, Buenos Aires.
Neffa Julio César (1998), Modos de regulación, regímenes de acumulación
y su crisis en Argentina (1880-1996). Una contribución a su estudio
desde la Teoría de la Regulación, EUDEBA, PIETTE del CONICET y
Trabajo y Sociedad, Buenos Aires.

32

View publication stats

También podría gustarte