1 Tesalonicenses 5:1-4
Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no
tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba.
Porque vosotros sabéis perfectamente que el día
del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que
cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá
sobre ellos destrucción repentina, como los
dolores a la mujer encinta, y no escaparán.
Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas,
para que aquel día os sorprenda como ladrón.
Maranata, pág. 272
Los justos y los pecadores estarán viviendo aún sobre la tierra en su
estado mortal: los hombres estarán plantando y edificando, comiendo y
bebiendo, inconscientes de que arriba, en el santuario celestial, habrá
sido pronunciada la decisión final e irrevocable. Antes del diluvio, después
que Noé entró en el arca, Dios lo guardó allí, y dejó a los impíos afuera,
pero la gente, ignorando que su condena estaba determinada, prosiguió
por siete días más en su descuido, en su vida amante de placeres, y se
mofaron de las advertencias del juicio inminente. "Así" dice el Salvador,
"será la venida del Hijo del Hombre". La hora decisiva que fijará el
destino de cada hombre, el retiro final de la misericordia ofrecida a los
culpables, vendrá silenciosa, inadvertidamente, como ladrón en la
noche.
Apocalipsis 22:11
"El que es injusto, sea injusto todavía; y el
que es inmundo, sea inmundo todavía; y
el que es justo, practique la justicia
todavía; y el que es santo, santifíquese
todavía"
Maranata, pág. 271
Cuando el juicio investigador haya acabado su obra, el destino de
todo ser humano habrá sido decidido para vida o para muerte. El
tiempo de gracia termina un poco antes de la aparición del Señor
en las nubes de los cielos.
Los acontecimientos relacionados con el fin del tiempo de gracia y
la preparación para el tiempo de angustia han sido presentados
con claridad. Pero hay miles de personas que comprenden estas
importantes verdades de modo tan incompleto como si nunca
hubiesen sido reveladas. Satanás procura arrebatar toda impresión
que podría llevar a los hombres por el camino de la salvación.
El Conflicto de los Siglos, pág. 671
Cuando termine el mensaje del tercer ángel la misericordia divina
no intercederá más por los habitantes culpables de la tierra. El
pueblo de Dios habrá cumplido su obra; habrá recibido "la lluvia
tardía," el "refrigerio de la presencia del Señor," y estará preparado
para la hora de prueba que le espera. Los ángeles se apuran, van y
vienen de acá para allá en el cielo. Un ángel que regresa de la
tierra anuncia que su obra está terminada; el mundo ha sido
sometido a la prueba final, y todos los que han resultado fieles a
los preceptos divinos han recibido "el sello del Dios vivo."
Entonces Jesús dejará de interceder en el santuario celestial.
El Conflicto de los Siglos, pág. 671
Levantará sus manos y con gran voz dirá "Hecho es," y todas las
huestes de los ángeles depositarán sus coronas mientras él
anuncia en tono solemne: "¡El que es injusto, sea injusto aún; y
el que es sucio, sea sucio aún; y el que es justo, sea justo aún; y
el que es santo, sea aún santo!" (Apocalipsis 22: 11, V.M.) Cada
caso ha sido fallado para vida o para muerte. Cristo ha hecho
propiciación por su pueblo y borrado sus pecados. El número de
sus súbditos está completo; "el reino, y el señorío y la majestad
de los reinos debajo de todo el cielo" van a ser dados a los
herederos de la salvación y Jesús va a reinar como Rey de reyes y
Señor de señores.
El Conflicto de los Siglos, pág. 671
Cuando él abandone el santuario, las tinieblas envolverán a los habitantes de
la tierra. Durante ese tiempo terrible, los justos deben vivir sin intercesor, a
la vista del santo Dios. Nada refrena ya a los malos y Satanás domina por
completo a los impenitentes empedernidos. La paciencia de Dios ha
concluido. El mundo ha rechazado su misericordia, despreciado su amor y
pisoteado su ley; Los impíos han dejado concluir su tiempo de gracia; el
Espíritu de Dios, al que se opusieran obstinadamente, acabó por apartarse
de ellos. Desamparados ya de la gracia divina, están a merced de Satanás, el
cual sumirá entonces a los habitantes de la tierra en una gran tribulación
final. Como los ángeles de Dios dejen ya de contener los vientos violentos de
las pasiones humanas, todos los elementos de contención se
desencadenarán. El mundo entero será envuelto en una ruina más
espantosa que la que cayó antiguamente sobre Jerusalén.
1 Joya de los Testimonios, pág. 282
Nadie necesita errar, si tan sólo quiere someterse a las
condiciones impuestas en la Palabra de Dios para la salvación. A
todos se les concede el tiempo de gracia, a fin de que todos
puedan formar su carácter para la vida eterna. Se da a todos
oportunidad de decidirse por la vida o por la muerte. Los
hombres serán juzgados de acuerdo con la medida de luz que
les haya sido dada. Ninguno tendrá que dar cuenta de sus
tinieblas y sus errores, si no le ha sido comunicada la luz. No
pecó al no poseer lo que no le fue dado. Todos serán probados
antes que Cristo abandone su puesto del lugar santísimo.
Dios nos Cuida, pág. 164.
En el tiempo de gracia que se nos concede
aquí, cada uno de nosotros está
construyendo un edificio que deberá pasar
por la inspección del Juez de toda la tierra.
Esta obra es la edificación de nuestros
caracteres.
1 Joya de los Testimonios, pág. 505.
Al considerar el poco tiempo que nos queda, debiéramos
velar y orar como pueblo, y en ningún caso dejarnos distraer
de la solemne obra de preparación para el gran
acontecimiento que nos espera. Porque el tiempo se alarga
aparentemente, muchos se han vuelto descuidados e
indiferentes acerca de sus palabras y acciones. No
comprenden su peligro, y no ven ni entienden la misericordia
de nuestro Dios al prolongar el tiempo de gracia a fin de que
tengan oportunidad de adquirir un carácter digno de la vida
futura e inmortal. Cada momento es del más alto valor.
1 Joya de los Testimonios, pág. 505.
Se les concede tiempo, no para que lo dediquen a estudiar sus
propias comodidades y a transformarse en moradores de la
tierra, sino para que lo empleen en la obra de vencer todo
defecto de su carácter, y en ayudar a otros, por su ejemplo y
esfuerzo personal, a ver la belleza de la santidad. Dios tiene en
la tierra un pueblo que con fe y santa esperanza está siguiendo el
rollo de la profecía que rápidamente se cumple, y cuyos
miembros están tratando de purificar sus almas obedeciendo a la
verdad, a fin de no ser hallados sin manto de boda cuando Cristo
aparezca.
El Conflicto de los Siglos, pág. 679.
Los tiempos de apuro y angustia que nos esperan requieren una fe capaz de
soportar el cansancio, la demora y el hambre, una fe que no desmaye a pesar
de las pruebas más duras. El tiempo de gracia les es concedido a todos a fin de
que se preparen para aquel momento. Jacob prevaleció porque fue
perseverante y resuelto. Su victoria es prueba evidente del poder de la oración
importuna. Todos los que se aferren a las promesas de Dios como lo hizo él, y
que sean tan sinceros como él lo fue, tendrán tan buen éxito como él. Los que
no están dispuestos a negarse a sí mismos, a luchar desesperadamente ante
Dios y a orar mucho y con empeño para obtener su bendición, no lo
conseguirán. ¡Cuán pocos cristianos saben lo que es luchar con Dios! ¡Cuán
pocos son los que jamás suspiraron por Dios con ardor hasta tener como en
tensión todas las facultades del alma! Cuando olas de indecible desesperación
envuelven al suplicante, ¡cuán raro es verle atenerse con fe inquebrantable a las
promesas de Dios!
El Deseado de Todas las Gentes, pág. 277.
El ideal de Dios para sus hijos es más elevado de lo que puede
alcanzar el más sublime pensamiento humano. “Sed, pues,
vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los
cielos es perfecto.” Esta orden es una promesa. El plan de
redención contempla nuestro completo rescate del poder de
Satanás. Cristo separa siempre del pecado al alma contrita.
Vino para destruir las obras del diablo, y ha hecho provisión
para que el Espíritu Santo sea impartido a toda alma
arrepentida, para guardarla de pecar.
5 Testimonios para la Iglesia, pág. 694.
Dios nos ha ordenado: “Sed santos, porque yo soy santo”; y
un apóstol inspirado declara que sin la santidad “nadie verá al
Señor” 1 Pedro 1:16; Hebreos 12:14. La santidad consiste en
concordar con Dios. Por el pecado la imagen de Dios en el
hombre ha sido estropeada y casi borrada; es obra del
Evangelio restaurar lo que se había perdido; y hemos de
cooperar con el agente divino en esta obra. Y ¿cómo
podemos volver a estar en armonía con Dios? ¿cómo
recibiremos su semejanza a menos que obtengamos un
conocimiento de él? Este conocimiento es lo que Cristo vino
a revelarnos.
A Fin de Conocerle, pág. 96.
¡Cuán maravilloso es el plan de la redención en su sencillez
y plenitud! No solo proporciona el perdón pleno al
pecador, sino también la restauración del transgresor,
preparando un camino por el cual puede ser aceptado
como hijo de Dios. Por medio de la obediencia puede poseer
amor, paz y gozo. Su fe puede unirlo en su debilidad con
Cristo, la Fuente de fortaleza divina; y mediante los méritos
de Cristo puede hallar la aprobación de Dios porque Cristo
ha satisfecho las demandas de la ley, e imputa su justicia al
alma penitente que cree.
A Fin de Conocerle, pág. 97.
¡Qué maravilloso amor fue desplegado por el Hijo
de Dios!... Cristo toma al pecador en su más
profunda degradación y lo purifica, refina y
ennoblece. Contemplando a Jesús tal como es,
se transforma el pecador y es elevado a la
misma cumbre de la dignidad, llegando aun a
sentarse con Cristo en su trono.
El Conflicto de los Siglos, pág. 477.
Los que vivan en la tierra cuando cese la intercesión de Cristo en el
santuario celestial deberán estar en pie en la presencia del Dios
santo sin mediador. Sus vestiduras deberán estar sin mácula; sus
caracteres, purificados de todo pecado por la sangre de la
aspersión. Por la gracia de Dios y sus propios y diligentes esfuerzos
deberán ser vencedores en la lucha con el mal. Mientras se
prosigue el juicio investigador en el cielo, mientras que los pecados
de los creyentes arrepentidos son quitados del santuario, debe
llevarse a cabo una obra especial de purificación, de liberación del
pecado, entre el pueblo de Dios en la tierra. Esta obra está
presentada con mayor claridad en los mensajes del capítulo 14 del
Apocalipsis.
El Hogar Cristiano, pág. 12.
Si queréis ser santos en el cielo, debéis ser santos
primero en la tierra. Los rasgos de carácter que
cultivéis en la vida no serán cambiados por la muerte
ni por la resurrección. Saldréis de la tumba con la
misma disposición que manifestasteis en vuestro hogar
y en la sociedad. Jesús no cambia nuestro carácter al
venir. La obra de transformación debe hacerse ahora.
Nuestra vida diaria determina nuestro destino.