¡Ámalo Más... y Asegura otras 7 Promesas!
(Parte 2/3)
Ya estamos próximos a finalizar esta serie de breves reflexiones acerca de las hermosas
promesas que nos ofrece el Salmo 91. Han sido hasta hoy 11 lecturas acerca de este tema, y
finalizaremos, Dios mediante, en el siguiente número.
La vez pasada comentamos que los últimos tres versículos de este extraordinario Salmo nos
regalan 7 preciosas y adicionales promesas, a las ya cuantiosas que se mencionan en los
primeros 13 versos. Ya vimos y explicamos que: 1.- DIOS SERÁ TU LIBERTADOR
(“Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré”), y 2.- DIOS TE ASEGURARÁ
EN LAS ALTURAS CON ÉL (“…le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre”).
Veamos tres más:
3.- DIOS RESPONDERÁ TU ORACIÓN
(“Me invocará, y yo le responderé…)
Si hay algo que todo ser humano desea es ser escuchado, entendido, comprendido en
sus necesidades e inquietudes. Pues, precisamente, Dios, en el epílogo de este Salmo,
nos ofrece, no solo escuchar nuestra oración, sino RESPONDERLA. Sean urgencias o
no, si hay alguien a quien debemos creer ciegamente sus ofrecimientos, pues es a Dios.
Así que solo tienes que pedir. Quizá nuestro problema sea que no oramos, y por eso no
recibimos. Dice Juan 5:15 “…sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos”
4.- TE ACOMPAÑA EN TUS PROBLEMAS
(“Con él estaré yo en la angustia…)
Con esta promesa se resuelve uno de los más serios problemas de la sociedad: la
soledad. Muchas veces los amigos están cuando todo está bien, pero en la angustia,
cuando todo se torne oscuro, y aunque no haya nadie más a tu alrededor, pues Dios
promete acompañarte. Te sorprenderá saber que al menos 83 veces está la palabra
angustia asociada al refugio divino en la Biblia. Busca una concordancia, y deléitate en
las promesas de Dios. Aquí te dejo un par de ellas:
“Jehová será refugio del pobre, Refugio para el tiempo de angustia”. Salmo 9:9
“En mi angustia invoqué a Jehová, Y clamé a mi Dios.
El oyó mi voz desde su templo…” Salmo 18:6
5.- EL MÁS GRANDE TE PRESTA ATENCIÓN
(“le glorificaré…)
A todos nos gusta que nos honren. Cuando un inferior honra a un superior, pues no hay
nada de extraño en eso, pero cuando un superior honra a un inferior, ¡eso tiene una
relevancia mayor! Es como cuando un profesor honra a un alumno delante de todos,
eso sí que es un honor, y se siente muy bien. Si eso pasa entre los hombres, imagínese
lo que será ser “glorificados” u honrados por el Dios del universo. Esta es una singular
promesa que solo aparece en este Salmo, y te recomiendo que por nada del mundo la
olvides; Ella en sí misma tiene el poder de elevar tu autoestima a niveles celestiales. A
Dios sea la Gloria.
Bendiciones, Hasta la próxima…