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Influencia Familiar

El documento aborda la importancia de la influencia familiar en la fe y la educación de las generaciones, destacando el ejemplo de Josué que lideró a Israel hacia la tierra prometida y enfatizó la necesidad de elegir servir a Dios. Se menciona cómo la falta de transmisión de valores y fe puede llevar a las futuras generaciones a alejarse de Dios, y se insta a los padres a guiar a sus hijos en la fe. Además, se subraya que las bendiciones y maldiciones pueden transmitirse a través de generaciones, y se anima a las familias a ser portadoras de bendición.

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Influencia Familiar

El documento aborda la importancia de la influencia familiar en la fe y la educación de las generaciones, destacando el ejemplo de Josué que lideró a Israel hacia la tierra prometida y enfatizó la necesidad de elegir servir a Dios. Se menciona cómo la falta de transmisión de valores y fe puede llevar a las futuras generaciones a alejarse de Dios, y se insta a los padres a guiar a sus hijos en la fe. Además, se subraya que las bendiciones y maldiciones pueden transmitirse a través de generaciones, y se anima a las familias a ser portadoras de bendición.

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INFLUENCIA FAMILIAR

Cuando el pueblo de Israel entró a la tierra prometida, tierra de abundancia, luego de siglos de esclavitud, Josué les habló sobre la
bendición generacional. Fue uno de los momentos más emocionantes en su vida. Es hermoso ver generaciones bendecidas y es triste
ver familias en dificultades porque algún hijo, nieto o bisnieto está pasando penas.
Sabemos que Josué creció a la sombra de Moisés, ¡fue su servidor número uno! Él fue uno de los espías enviados a reconocer la tierra
y, con Caleb, fue uno de los que regresó entusiasmado, dispuesto a conquistar. También vivió todo el proceso con el pueblo en el
desierto. Al final, lograron entrar a la tierra de la promesa y Josué la repartió. Entonces, les dijo que escogieran a quién servir, si a
Jehová o a otros dioses (Josué 24:14-16). Al leer esto, me preguntaba: “¿Tenían otra opción?” No puede ser que Dios les diera maná,
agua de la peña, columna de fuego, nube de protección y que ¡no quisieran servirle! Pero sucede también ahora que a veces, las
personas se alejan del Señor cuando ya están bendecidos. Josué hizo evidente un doble liderazgo, el que ejercía sobre el pueblo y el
que ejercía en su casa. A la nación no le podía imponer nada, pero en su casa, con quienes llevaban su sangre, sí podía imponerse.
Aseguremos también: “Yo y mi casa serviremos al Señor”.
El problema ahora es que confundimos nuestro papel de liderazgo. Todos somos líderes en algún espacio, pero en casa, dejamos la
opción para que la familia escoja a quién servir. Hacemos lo contrario que Josué, intentamos convencer a la sociedad, pero en el hogar
somos permisivos: “Lo que tú quieras, decide tú”. Si quieres a tus hijos bendecidos y educados debes guiarlos correctamente. Hay
diferencia entre ser bendecido y educado. Tus hijos son una bendición de Dios, pero eres tú quien debe educarlos. ¿Por qué los pones a
escoger si quieren ir a la iglesia y no les dejas opción para ir al colegio? Le damos más importancia a vivir en el sistema de este
mundo, que a ir a la iglesia y aprender a vivir según el sistema del reino de Dios, que funciona por fe. Pablo les rogaba esto a los
cristianos en Roma (Ro. 12:1-2).
¿Qué pasó con el pueblo de Israel después de que Josué murió? Mientras Josué estuvo al frente, buscaban a Jehová, pero cuando faltó,
se levantó la tercera generación que no vivió de cerca los milagros de liberación y se apartaron del Señor (Jueces 2: 6-11). La
secuencia de enseñanza falló, los padres no supieron transmitir a sus hijos lo correcto. Algunos dirían que Josué falló, pero también las
familias. ¿Quién educa a tus hijos, tú o los lideres de tu iglesia? Claro que tú, más aún si no los llevas a la iglesia. Imagina ese pueblo
que sufrió tanto para que la siguiente generación se alejara del Señor. Estaban tan entretenidos con su negocio, su empresa, su
bendición, que se olvidaron del Dios que les dio todo. Puedes perder lo que sea, pero mientras no pierdas la conexión con el Dios que
bendice, no importa qué suceda, Él te puede levantar otra vez. Mientras Josué estaba, él guiaba al pueblo, los motivaba, como nosotros
con lo que buscamos hacer en el ministerio para que crezcas en el Señor, pero cuando tú ya no estés, ¿qué sucederá con tus
generaciones? ¿Habrá quién busque a Dios? La sociedad, si bien le parece, buscará a Dios, pero ¡tú y tu casa deben servir al Señor!
Cuantos pueden decir Amen a eso.
En las Escrituras, leemos sobre la primera generación del mundo: de Adán nacieron dos hijos y Caín mató a su hermano Abel. Luego
nació Set, pero no es sino hasta con su hijo, Enós, que se invocó el nombre del Señor (Génesis 4:25-26). Si eres la persona por quien
Dios vuelve a ser el centro de la familia, ten por seguro que tus generaciones serán benditas de aquí en adelante, y no faltará en tu
descendencia quién busque a Dios de todo corazón. Esos primeros hombres, descendencia de Adán se tardaron en buscar al Señor. ¡A
veces nos cuesta trabajo orientar a nuestra familia! No te pido que vengas todos los días a la iglesia, o que tengas un devocional diario
o que repitan versos, tu sabrás el trato que tienes con el Señor, pero hay que inspirar a tus seres queridos a buscar al Señor de todo
corazón. Si no lo haces tú quien lo hará.
Pablo le decía a Timoteo que en él había una fe no fingida, la misma que tuvo su abuelita y su mamá (2 Timoteo 1:5-8). Le habló
sobre tres generaciones, además de pedirle que no se dejara invadir por un espíritu de temor, que fuera valiente, que no se avergonzara
de su fe. Es como si le dijera: “Eres la tercera generación, no pongas en riesgo a la cuarta por miedo”. Si recibiste al Espíritu Santo,
mantener vivo el fuego por el amor a Dios es tu responsabilidad. ¿Cómo lograrás que tus hijos crean en el Señor si tu amor por Él está
muriendo? Debes avivar el fuego porque las tinieblas cubrirán el planeta. A mi criterio, no ha habido una generación que haya visto
tantas tinieblas como las que enfrentan nuestros hijos y nietos. Nuestras familias están siendo atacadas (violencia familiar, libertinaje
sexual, uniones homosexuales, divorcios, convivencias inadecuadas, pérdida de autoridad, hijos desobedientes y rebeldes, etc.) Sin
embargo, la promesa dice: “Pero sobre ti nacerá Mi luz” (Isaías 60:2). “Aunque las tinieblas cubran la tierra, sobre mi familia nacerá
Su luz”.
Sabemos que hay bendiciones y maldiciones generacionales. Hay algo espiritual, fuerte y poderoso que puede ser trasladado por lo
menos por cuatro generaciones (Éxodo 20:3-6). Esforcémonos por ser quienes bendicen a sus próximas generaciones, quienes rompen
con cadenas de maldición, porque sabemos que los menores son bendecidos por los mayores. Tal como le sucedió a Leví, quien
recibió bendición cuando ni siquiera había nacido su padre, Jacob, ni su abuelo, Isaac. Dice la Palabra que cuando Abraham, su
bisabuelo, cumplió con los diezmos, el mismo Leví estaba cumpliendo (Hebreos 7:6-10). Él, como bisnieto de Abraham, estaba “en
los lomos” de él, es decir que era parte de esa semilla en el interior de Abraham. Imagina que Dios ya pensaba en Leví y lo bendijo
cuando no existía la remota posibilidad de que naciera. Si una maldición puede visitar hasta a tus bisnietos, una bendición mucho más,
porque la bendición siempre es más poderosa que toda maldición. Te aseguro que aún no tienes hijos, menos nietos, y ya están
bendecidos por Dios. Recuerde lo que mencione el domingo pasado. No dudes, si tus hijos están extraviados, fríos en el Señor, no
confieses esa realidad, confiesa lo que son realmente, hombres y mujeres benditos.
Confiemos en que nuestras próximas generaciones servirán a Dios. ¡Hagamos brecha por las familias! Dile al Señor: “Yo y mi casa te
serviremos por generaciones, hasta que vuelvas. Gracias por Tu amor, Tu misericordia y Tu perdón”.

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