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La Casa de Azucar - Silvina Ocampo 3°B

El cuento narra la vida de Cristina, quien vive atormentada por supersticiones que afectan su felicidad y su relación con su esposo. A medida que se instalan en una casa que parece ideal, la tensión crece cuando el protagonista oculta la verdad sobre los inquilinos anteriores, lo que amenaza su matrimonio. La historia explora temas de celos, inseguridad y la influencia del pasado en el presente.

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La Casa de Azucar - Silvina Ocampo 3°B

El cuento narra la vida de Cristina, quien vive atormentada por supersticiones que afectan su felicidad y su relación con su esposo. A medida que se instalan en una casa que parece ideal, la tensión crece cuando el protagonista oculta la verdad sobre los inquilinos anteriores, lo que amenaza su matrimonio. La historia explora temas de celos, inseguridad y la influencia del pasado en el presente.

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CAPÍTULO 3: EL CUENTO FANTÁSTICO 31

La casa de azúcar
SILVINA OCAMPO

Las supersticiones no dejaban vivir a Cristina. Pensé que esa casa era recién construida, pero
Una moneda con la efigie borrada, una me enteré de que en 1930 la había ocupado una
mancha de tinta, la luna vista a través de dos familia, y que después, para alquilarla, el
vidrios, las iniciales de su nombre grabadas propietario le había hecho algunos arreglos. Tuve
por azar sobre el tronco de un cedro la que hacer creer a Cristina que nadie había vivido
enloquecían de temor. Cuando nos conocimos en la casa y que era el lugar ideal: la casa de
llevaba puesto un vestido verde, que siguió nuestros sueños. Cuando Cristina la vio, exclamó:
usando hasta que se rompió, pues me dijo que -¡Qué diferente de los departamentos que hemos
le traía suerte y que en cuanto se ponía otro, visto! Aquí se respira olor a limpio. Nadie podrá
azul, que le sentaba mejor, no nos veíamos. influir en nuestras vidas y ensuciarlas con sus
Traté de combatir estas manías absurdas. Le pensamientos que envician el aire.
hice notar que tenía un espejo roto en su En pocos días nos casamos y nos instalamos allí.
cuarto y que por más que yo le insistiera en la Mis suegros nos regalaron los muebles del
conveniencia de tirar los espejos rotos al agua, dormitorio y mis padres los del comedor. El resto
en una noche de luna, para quitarse la mala de la casa la amueblaríamos de a poco. Yo temía
suerte, lo guardaba; que jamás temió que la que, por los vecinos, Cristina se enterara de mi
luz de la casa bruscamente se apagara, y a mentira, pero felizmente hacía sus compras fuera
pesar de que fuera un anuncio seguro de del barrio y jamás conversaba con ellos.
muerte, encendía con tranquilidad cualquier Éramos felices, tan felices que a veces me daba
número de velas; que siempre dejaba sobre la miedo. Parecía que la tranquilidad nunca se
cama el sombrero, error en que nadie incurría. rompería en aquella casa de azúcar, hasta que un
Sus temores eran personales. Se infligía llamado telefónico destruyó mi ilusión.
verdaderas privaciones; por ejemplo: no podía Felizmente Cristina no atendió aquella vez al
comprar frutillas en el mes de diciembre, ni oír teléfono, pero quizá lo atendiera en una
determinadas músicas, ni adornar la casa con oportunidad análoga*. La persona que llamaba
peces rojos, que tanto le gustaban. Había preguntó por la señora Violeta: indudablemente
ciertas calles que no podíamos cruzar, ciertas se trataba de la inquilina anterior. Si Cristina se
personas, ciertos cinematógrafos que no enteraba de que yo la había engañado, nuestra
podíamos frecuentar. Al principio de nuestra felicidad seguramente concluiría: no me hablaría
relación, estas supersticiones me parecieron más, pediría nuestro divorcio, y en el mejor de los
encantadoras, pero después empezaron a casos tendríamos que dejar la casa para irnos a
fastidiarme y a preocuparme seriamente. vivir, tal vez, a Villa Urquiza, tal vez a Quilmes, de
Cuando nos comprometimos tuvimos que pensionistas en alguna de las casas donde nos
buscar un departamento nuevo, pues, según prometieron darnos un lugarcito para construir
sus creencias, el destino de los ocupantes ¿con qué? (con basura, pues con mejores
anteriores influiría sobre su vida (en ningún materiales no me alcanzaría el dinero) un cuarto y
momento mencionaba la mía, como si el una cocina. Durante la noche yo tenía cuidado de
peligro la amenazara solo a ella y nuestras descolgar el tubo*, para que ningún llamado
vidas no estuvieran unidas por el amor). inoportuno nos despertara. Coloqué un buzón en
Recorrimos todos los barrios de la ciudad; la puerta de calle; fui el depositario de la llave, el
llegamos a los suburbios más alejados, en distribuidor de cartas.
busca de un departamento que nadie hubiera Una mañana temprano golpearon a la puerta y
PLG · Prof. Camila Gómez

habitado: todos estaban alquilados o vendidos. alguien dejó un paquete. Desde mi cuarto oi que
Por fin encontré una casita en la calle Montes mi mujer protestaba, luego oí el ruido del papel
de Oca, que parecía de azúcar. Su blancura estrujado. Bajé la escalera y encontré a Cristina
brillaba con extraordinaria luminosidad. Tenía con un vestido de terciopelo entre los brazos.
teléfono y, en el frente, un diminuto jardín.
CAPÍTULO 3: EL CUENTO FANTÁSTICO 32
-Acaban de traerme este vestido-me dijo con
entusiasmo.
Subió corriendo las escaleras y se puso el vestido, que
era muy escotado.
-¿Cuándo te lo mandaste a hacer?
-Hace tiempo. ¿Me queda bien? Lo usaré cuando
tengamos que ir al teatro, ¿no te parece?
-¿Con qué dinero lo pagaste?
-Mamá me regaló unos pesos.
Me pareció raro, pero no le dije nada, para no
ofenderla.
Nos queríamos con locura. Pero mi inquietud
comenzó a molestarme, hasta para abrazar a Cristina
por la noche. Advertí que su carácter había cambiado:
de alegre se convirtió en triste, de comunicativa en
reservada, de tranquila en nerviosa. No tenía apetito.
Ya no preparaba esos ricos postres, un poco pesados, a
base de cremas batidas y de chocolate, que me
agradaban, ni adornaba periódicamente la casa con
volantes* de nylon, en las tapas de la letrina, en las
repisas del comedor, en los armarios, en todas partes,
como era su costumbre. Ya no me esperaba con
vainillas a la hora del té, ni tenía ganas de ir al teatro o
al cinematógrafo de noche, ni siquiera cuando nos
mandaban entradas de regalo. Una tarde entró un
perro en el jardín y se acostó frente a la puerta de calle,
aullando. Cristina le dio carne y le dio de beber y,
después de un baño, que le cambió el color de pelo,
declaró que le daría hospitalidad y que lo bautizaría
con el nombre Amor, porque llegaba a nuestra casa
en un momento de verdadero amor. El perro tenía el
paladar negro, lo que indica pureza de raza.
Otra tarde llegué de improviso a casa. Me detuve en la
entrada porque vi una bicicleta apostada en el jardín.
Entré silenciosamente y me escurrí detrás de una
puerta y oí la voz de Cristina.
-¿Qué quiere? -repitió dos veces.
-Vengo a buscar a mi perro-decía la voz de una
muchacha-. Pasó tantas veces frente a esta casa que
se ha encariñado con ella. Esta casa parece de azúcar.
Desde que la pintaron, llama la atención de todos los
transeúntes. Pero a mí me gustaba más antes, con ese
análoga. Que tiene una relación de semejanza con otra
color rosado y romántico de las casas viejas. Esta casa cosa.
era muy misteriosa para mí. Todo me gustaba en ella: descolgar el tubo. Hace referencia a los teléfonos fijos y
la fuente donde venían a beber los pajaritos; las significaba quitar el tubo de la base para que no
funcione, para que diese siempre ocupado.
enredaderas con flores, como cornetas amarillas; el volante. Adorno.
PLG · Prof. Camila Gómez

naranjo. Desde que tengo ocho años esperaba


conocerla a usted, desde aquel día en que hablamos
por teléfono, ¿recuerda? Prometió que iba a
regalarme un barrilete.
CAPÍTULO 3: EL CUENTO FANTÁSTICO 33

-Los barriletes son juegos de varones. -A mi marido no le gustaría recibir desconocidos en


-Los juguetes no tienen sexo. Los barriletes me su casa, ni que aceptara un perro de regalo.
gustaban porque eran como enormes pájaros: -No se lo diga, entonces. La esperaré todos los lunes a
me hacía la ilusión de volar sobre sus alas. Para las siete de la tarde en la Plaza Colombia. ¿Sabe
usted fue un juego prometerme ese barrilete; dónde es? Frente a la iglesia Santa Felicitas, o si no la
yo no dormí en toda la noche. Nos esperaré donde usted quiera y a la hora que prefiera;
encontramos en la panadería, usted estaba de por ejemplo, en el puente de Constitución o en el
espaldas y no vi su cara. Desde ese día no Parque Lezama.
pensé en otra cosa que en usted, en cómo Me contentaré con ver los ojos de Bruto. ¿Me hará el
sería su cara, su alma, sus ademanes de favor de quedarse con él?
mentirosa. Nunca me regaló aquel barrilete. -Bueno. Me quedaré con él.
Los árboles me hablaban de sus mentiras. -Gracias, Violeta.
Luego fuimos a vivir a Morón, con mis padres. -No me llamo Violeta.
Ahora, desde hace una semana estoy de nuevo -¿Cambió de nombre? Para nosotros usted es Violeta.
aquí. Siempre la misma misteriosa Violeta.
-Hace tres meses que vivo en esta casa, y antes Oí el ruido seco de la puerta y el taconeo de Cristina,
jamás frecuenté estos barrios. Usted estará subiendo la escalera. Tardé un rato en salir de mi
confundida. escondite y en fingir que acababa de llegar. A pesar
-Yo la había imaginado tal como es. ¡La de haber comprobado la inocencia del diálogo, no sé
imaginé tantas veces! Para colmo de la por qué, una sorda desconfianza comenzó a
casualidad, mi marido estuvo de novio con devorarme. Me pareció que había presenciado una
usted. representación de teatro y que la realidad era otra. No
-No estuve de novia sino con mi marido. confesé a Cristina que había sorprendido la visita de
¿Cómo se llama este perro? esa muchacha. Esperé los acontecimientos,
-Bruto. temiendo siempre que Cristina descubriera mi
-Lléveselo, por favor, antes de que me encariñe mentira, lamentando que estuviéramos instalados en
con él. este barrio. Yo pasaba todas las tardes por la plaza
-Violeta, escúcheme. Si llevo el perro a mi casa, que queda frente a la iglesia de Santa Felicitas, para
se morirá. No lo puedo cuidar. Vivimos en un comprobar si Cristina había acudido a la cita. Cristina
departamento muy chico. Mi marido y yo parecía no advertir mi inquietud. A veces llegué a
trabajamos y no hay nadie que lo saque a creer que yo había soñado. Abrazando al perro, un día
pasear. Cristina me preguntó:
-No me llamo Violeta. ¿Qué edad tiene? -¿Te gustaría que me llamara Violeta?
-¿Bruto? Dos años. ¿Quiere quedarse con él? -No me gusta el nombre de las flores.
Yo vendría a visitarlo de vez en cuando, porque -Pero Violeta es lindo. Es un color.
lo quiero mucho. -Prefiero tu nombre.
Un sábado, al atardecer, la encontré en el puente de
Constitución, asomada sobre el parapeto* de fierro.
Me acerqué y no se inmutó*.
-¿Qué haces aquí?
-Estoy curioseando. Me gusta ver las vías desde arriba.
-Es un lugar muy lúgubre* y no me gusta que andes
sola.
-No me parece tan lúgubre. ¿Y por qué no puedo
andar sola?
-¿Te gusta el humo negro de las locomotoras?
PLG · Prof. Camila Gómez

-Me gustan los medios de transporte. Soñar con


viajes. Irme sin irme. "Ir y quedarse, y con quedar
partirse"*.
Volvimos a casa. Enloquecido de celos (¿celos de
qué?
CAPÍTULO 3: EL CUENTO FANTÁSTICO 34

-Podríamos tal vez comprar alguna casita en San -Yo quiero que usted sepa las cosas como son.
Isidro o en Olivos, es tan desagradable este barrio -le -No quiero escucharla.
dije, fingiendo que me era posible adquirir una casa en Cristina se tapó las orejas con las manos. Entré
esos lugares. en el cuarto y dije a la intrusa que se fuera. De
-No creas. Tenemos muy cerca de aquí el Parque cerca le miré los pies, las manos y el cuello.
Lezama. Entonces, advertí que era un hombre disfrazado
-Es una desolación. Las estatuas están rotas, las de mujer. No me dio tiempo de pensar en lo que
fuentes sin agua, los árboles apestados. Mendigos, debía hacer; como un relámpago desapareció
viejos y lisiados van con bolsas, para tirar o recoger dejando la puerta entreabierta tras de sí.
basuras. No comentamos el episodio con Cristina; jamás
-No me fijo en esas cosas. comprenderé por qué; era como si nuestros
-Antes no querías sentarte en un banco donde alguien labios hubieran estado sellados para todo lo que
había comido mandarinas o pan. no fuese besos nerviosos, insatisfechos o
-He cambiado mucho. palabras inútiles.
-Por mucho que hayas cambiado, no puede gustarte En aquellos días, tan tristes para mí, a Cristina le
un parque como ese. Ya sé que tiene un museo con dio por cantar. Su voz era agradable, pero me
leones de mármol que cuidan la entrada y que exasperaba, porque formaba parte de ese
jugabas allí en tu infancia, pero eso no quiere decir mundo secreto, que la alejaba de mí. ¡Por qué, si
nada. nunca había cantado, ahora cantaba noche y día
-No te comprendo -me respondió Cristina. Y sentí que mientras se vestía o se bañaba o cocinaba o
me despreciaba, con un desprecio que podía cerraba las persianas!
conducirla al odio. Un día en que oí a Cristina exclamar con un aire
Durante días, que me parecieron años, la vigilé, enigmático:
tratando de disimular mi ansiedad. Todas las tardes -Sospecho que estoy heredando la vida de
pasaba por la plaza frente a la iglesia y los sábados por alguien, las dichas y las penas, las
el horrible puente negro de Constitución. Un día me equivocaciones y los aciertos.
aventuré a decir a Cristina: Estoy embrujada -fingí no oír esa frase
-Si descubriéramos que esta casa fue habitada por atormentadora.
otras personas ¿Qué harías, Cristina? ¿Te irías de aquí? Sin embargo, no sé por qué empecé a averiguar
-Si una persona hubiera vivido en esta casa, esa en el barrio quién era Violeta, dónde estaba,
persona tendría que ser como esas figuritas de azúcar todos los detalles de su vida.
que hay en los postres o en las tortas de cumpleaños: A media cuadra de nuestra casa había una
una persona dulce como el azúcar. Esta casa me tienda donde vendían tarjetas postales, papel,
inspira confianza, ¿será el jardincito de la entrada que cuadernos, lápices, gomas de borrar y juguetes.
me infunde tranquilidad? ¡No sé! No me iría de aquí Para mis averiguaciones, la vendedora de esa
por todo el oro del mundo. Además no tendríamos tienda me pareció la más indicada: era
adónde ir. Tú mismo me lo dijiste hace un tiempo. charlatana y curiosa, sensible a las lisonjas*.
No insistí, porque iba a pura pérdida. Para Con el pretexto de comprar un cuaderno y
conformarme pensé que el tiempo compondría las lápices, fui una tarde a conversar con ella. Le
cosas. alabé los ojos, las manos, el pelo. No me atreví a
Una mañana sonó el timbre de la puerta de calle. Yo pronunciar la palabra Violeta.
estaba afeitándome y oí la voz de Cristina. Cuando Le expliqué que éramos vecinos. Le pregunté
concluí de afeitarme, mi mujer ya estaba hablando finalmente quién había vivido en nuestra casa.
con la intrusa. Por la abertura de la puerta las espié. La Tímidamente le dije:
intrusa tenía una voz tan grave y los pies tan grandes -¿No vivía una tal Violeta?
que eché a reír.
-Si usted vuelve a ver a Daniel, lo pagará muy caro,
Violeta. parapeto. Pared o baranda que se pone para evitar caídas, en
-No sé quién es Daniel y no me llamo Violeta los puentes, escaleras, etc.
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inmutar. Perturbar, sorprender.


respondió mi mujer. lúgubre. Oscuro y triste
-Usted está mintiendo. Ir y quedarse, y con quedar partirse. Verso del poema "Ir y
-No miento. No tengo nada que ver con Daniel. quedarse" del poeta español Lope de Vega.
lisonja. Alabanza afectada para ganar la voluntad de alguien.
CAPÍTULO 3: EL CUENTO FANTÁSTICO 35

Me contestó cosas muy vagas, que me Desde la puerta de calle oí voces de mujeres,
inquietaron más. Al día siguiente traté de que hacían gárgaras* con las escalas*,
averiguar en el almacén algunos otros acompañadas de un piano, que parecía más
detalles. Me dijeron que Violeta estaba en bien un organillo.
un sanatorio frenopático* y me dieron la Alta, delgada, aterradora apareció en el fondo de
dirección. un corredor Arsenia López, con un lápiz en la
-Canto con una voz que no es mía -me mano. Le dije tímidamente que venía a buscar
dijo Cristina, renovando su aire noticias de Violeta.
misterioso-. Antes me hubiera afligido, -¿Usted es el marido?
pero ahora me deleita. Soy otra persona, -No, soy un pariente -le respondí secándome los
tal vez más feliz que yo. ojos con un pañuelo.
Fingí de nuevo no haberla oído. Yo estaba -Usted será uno de sus innumerables
leyendo el diario. admiradores -me dijo entornando los ojos y
De tanto averiguar detalles de la vida de tomándome la mano-.
Violeta, confieso que desatendía a Vendrá para saber lo que todos quieren saber,
Cristina. ¿Cómo fueron los últimos días de Violeta?
Fui al sanatorio frenopático, que quedaba Siéntese. No hay que imaginar que una persona
en Flores. muerta, forzosamente haya sido pura, fiel,
Ahí pregunté por Violeta y me dieron la buena.
dirección de Arsenia López, su profesora -Quiere consolarme―le dije.
de canto. Ella, oprimiendo mi mano con su mano
Tuve que tomar el tren en Retiro, para húmeda, contestó:
que me llevara a Olivos. Durante el -Sí. Quiero consolarlo. Violeta era no solo mi
trayecto una tierrita me entró en un ojo, discípula, sino mi íntima amiga. Si se disgustó
de modo que en el momento de llegar a conmigo, fue tal vez porque me hizo
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casa de Arsenia López, se me caían las demasiadas confidencias y por que ya no podía
lágrimas como si estuviese llorando. engañarme.
CAPÍTULO 3: EL CUENTO FANTÁSTICO 36
Los últimos días que la vi, se lamentó Traté de seguirla a todas horas, para
amargamente de su suerte. Murió de envidia. descubrirla en los brazos de sus amantes.
Repetía sin cesar: "Alguien me ha robado la vida, Me alejé tanto de ella que la vi como a una
pero lo pagará muy caro, No tendré mi vestido de extraña. Una noche de invierno huyó. La
terciopelo, ella lo tendrá; Bruto será de ella; los busqué hasta el alba.
hombres no se disfrazarán de mujer para entrar en Ya no sé quién fue victima de quién, en esa
mi casa sino en la de ella; perderé la voz, que casa de azúcar que ahora está deshabitada.
trasmitiré a esa otra garganta indigna; no nos
abrazaremos con Daniel en el puente de Ocampo, Silvina. La furia y otros cuentos, 1959.

Constitución, ilusionados con un amor imposible,


inclinados como antaño, sobre la baranda de
hierro, viendo los trenes alejarse*.
Arsenia López me miró en los ojos y me dijo:
No se aflija. Encontrará muchas mujeres más
Ieales.
Silvina Ocampo
Ya sabemos que era hermosa, pero ¿acaso la
hermosura es lo único bueno que hay en el Nació en Buenos Aires
mundo? en 1903. Fue una
Mudo, horrorizado, me alejé de aquella casa, sin escritora argentina que
revelar mi nombre a Arsenia López que, al se destacó como
despedirse de mi, intentó abrazarme, para cuentista y poeta.
demostrar su simpatía. De su obra poética podemos mencionar
Desde ese día Cristina se transformó, para mí, al Poemas de amor desesperado (1949) y Árboles
menos, en Violeta. de Buenos Aires (1979), entre otros. En narrativa
se destaca la novela Los que aman, odian
(1946), escrita junto con su esposo Adolfo Bioy
Casares, y los volúmenes de cuentos La furia
sanatorio frenopático. Lugar donde se trata a las (1959) y Las invitadas (1961). Murió en 1993.
personas con enfermedades mentales.
hacer gárgaras. Mantener un líquido en la
garganta, con la boca hacia arriba, sin tragarlo y
expulsando el aire, lo cual produce un ruido
semejante al del agua en ebullición.
escala. Sucesión de las notas musicales.

Actividad
1. Menciona tres supersticiones de Cristina y explica cómo afectan su vida y su relación con el narrador.

2. La convivencia entre Cristina y su esposo se inicia con una mentira.


a. ¿Cuál es la mentira y con cuál de las supersticiones de Cristina podemos relacionarla?
b. ¿Es importante esa mentira en el desarrollo de los hechos? ¿Por qué?
c. Cristina también le miente a su esposo, pero de esto el lector solo se entera al final. ¿Qué mentiras le dice
y por que?

3. ¿Qué tipo de relación existe entre Cristina y Violeta? ¿Es una relación de competencia, de amistad, o de
algo más complejo?

4. ¿Cuál es el significado del final ambiguo del cuento? ¿Qué preguntas quedan sin respuesta?
PLG · Prof. Camila Gómez

5. Determinen si las siguientes afirmaciones son verdaderas o falsas. Justifiquen su elección.


a. “La casa de azúcar” es un relato realista.
[Link] cuento utiliza el recurso del narrador omnisciente

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