Unidad 4
Unidad 4
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Los males de la memoria. Historia y política argentina (1995); Pomian escribe esto que es la introducción.
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Estas características no son específicas en Argentina (pasaron en Francia y Alemania). El revisionismo histórico
argentino muestra los peligros a los que se expone un país cuando sus élites de saber y poder se niegan a
transformar su victoria militar o política en una dominación sobre la historia.
El revisionismo histórico merece ser estudiado porque atravesó los dos grandes movimientos políticos argentinos,
el radicalismo y el peronismo.
El gobierno de Rosas fue repudiado por los sectores políticos liberales, constructores de la Argentina moderna.
Cuando estos son apartados de la dirección política del país (con el sufragio universal), la imagen negativa de
Rosas empieza a ser revisada y se produce una primera identificación entre Yrigoyen y Rosas; la reivindicación de
la figura de Rosas toma, al principio, la forma de una iniciativa yrigoyenista.
Tras la crisis de los '30, los grupos nacionalistas se apoderan de Rosas para hacerlo motivo de un culto, de
oposición sistemática a la "historia oficial" y al orden político y cultural.
Luego de un periodo de relaciones complejas y contradictorias, entremezclando atracción y repulsión, el
revisionismo se convierte en la visión histórica de los peronistas; los peronistas integran la visión del pasado
construida por ellos y se producen una nueva identificación entre Rosas y Perón como los salvadores de la patria y
la independencia nacional.
Rüsen: “¿Qué es la cultura histórica?: Reflexiones sobre una nueva manera de abordar la historia”
Ya no se habla solamente de la historia, del pensamiento histórico, del imaginario histórico o de la conciencia
histórica → se habla de "cultura histórica". ¿A qué se refiere este concepto? El concepto de "cultura histórica"
aborda un fenómeno que caracteriza hace años al papel de la memoria histórica en el espacio público; el boom
continuo de la historia y la gran atención a los debates académicos fuera de la academia misma.
Con esta nueva aproximación, la investigación académica, la enseñanza escolar, la conservación de monumentos,
museos y otras instituciones, se contemplan y discuten como manifestaciones de una aproximación abarcante y
común al pasado → la "cultura histórica"; ésta contempla las diferentes estrategias de la investigación
científico-académica, de la creación artística, de la lucha política por el poder, la educación escolar y extraescolar,
el ocio y otros procedimientos de memoria histórica pública.
Así, la "cultura histórica" tiene una función categorizadora → explora un amplio campo de actividades culturales y lo
delimita de otros campos, haciendo que su unidad lo haga visible. Obviamente no podemos integrar sin rupturas en
las categorías tradicionales.
Esta nueva perspectiva categorial sobre la historia en la vida de una sociedad no es casualidad → se fue
preparando gracias a la conciencia histórica, que la didáctica de la historia ha tratado y discutido por décadas para
hablar del aprendizaje histórico como un tema de significación general y fundamental. La conciencia histórica ha
sido descrita como una realidad elemental y general de la explicación humana del mundo y de sí mismo, y así ha
sido elevada a la categoría de "tema de investigación propio". De la conciencia histórica a la cultura histórica hay
un pequeño paso → así la cultura histórica se puede definir como la articulación práctica y operante de la
conciencia histórica en la vida de una sociedad.
Considera a la rememoración histórica como producto cultural → si la cultura se fundamenta en que el hombre
tiene que actuar para poder vivir, y en que la actuación humana requiere siempre un sentido, entonces la Historia
sería cultura situada en el tiempo.
La "cultura histórica" sería entonces la esfera o parte de la percepción, de la interpretación, de la orientación, que
toma el tiempo como factor determinante de la vida humana.
La cultura histórica se puede diferenciar en diferentes dimensiones:
★ Dimensión estética → los recuerdos aparecen ante todo en forma de creaciones artísticas (novelas y
dramas históricos). Parece como si estas creaciones no fueran realmente históricas, como si la dimensión
estética fuera ajena a la histórica; la construcción de sentido y significado que se realiza parece estar lejos
de una memoria histórica verdadera. La dimensión estética de la cultura histórica debe ser indagada y
aclarada en esas realidades que pretenden ser memoria y recuerdo histórico genuino (por ejemplo, en las
mismas obras de los historiadores).
★ Dimensión política → Está basada en que cualquier forma de dominio necesita del consentimiento de los
afectados; la memoria histórica juega un papel importante en este asentimiento. No es casualidad que el
dominio político se presente con símbolos cargados de resonancias históricas (fiestas nacionales, por
ejemplo). La rememoración histórica tiene una función genuinamente política de legitimación; la memoria
histórica es un medio importante para legitimar a la política.
★ Dimensión cognitiva → Se realiza, en las sociedades modernas, a través de las ciencias históricas. Con su
regulación metodológica de la actividad de la conciencia histórica de percibir, interpretar y orientar se hacen
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responsables del principio que regula sus operaciones cognitivas: Se trata del principio de coherencia de
contenido, que se refiere a la fiabilidad de la experiencia histórica y al alcance de las normas que se utilizan
para su interpretación.
La diferenciación entre arte, política y ciencia como tres ámbitos de la cultura histórica no se corresponde
únicamente con diferencias evidentes dentro de la lógica interna y de la función práctica de la memoria histórica, tal
como se encuentra realmente en las sociedades modernas; su heurística de la diferenciación no está únicamente
marcada por una contemporaneidad a la modernidad. Más allá, tiene también una base antropológica, pues se
puede basar sin problemas en los tres modos fundamentales de la mente humana, en el sentimiento, la voluntad y
el intelecto. Con esta fundamentación antropológica de las tres dimensiones se puede apoyar la tesis de que las
tres son de igual modo originarias y no pueden ser reducidas la una por la otra. Mentalmente constituyen un
sistema de coordenadas, con el que se puede alumbrar y explorar el ámbito de actividad mental delimitado por la
categoría de la cultura histórica.
La 'cultura histórica' tiene como categoría un doble sentido → alumbra y explora teóricamente un ámbito de
experiencia, y determina al mismo tiempo aspectos normativos de la praxis en ese ámbito. Sin este componente
normativo no se puede explicar la coyuntura del término en la discusión pública sobre formas, contenidos y
funciones de la memoria histórica. Este doble sentido no está exento de peligros, puesto que se puede usar en una
retórica problemática para soslayar aspectos normativos mediante una argumentación empírica, y al revés, los
análisis empíricos pueden verse cargados de repente con pretensiones normativas.
En resumen → esta cultura histórica aparece en una tríada arte-política-ciencia. Hay que tener cuidado con los
sentidos y los usos que les dan estas ya que puede ser peligroso en ciertas ocasiones; la Historia siempre es
manipulable para los fines de unos y otros.
Cattaruzza: “Historias rojas: los intelectuales comunistas y el pasado nacional en los años 1930”
Estudia las visiones del pasado de los intelectuales argentinos entre 1930-1943; estas se relacionan con la
definición de identidad de la agrupación que se apoyaba en la lectura común de la historia del partido y de la
sociedad.
En estos años el PC tenía intelectuales notorios → Aníbal Ponce y, hacia la segunda mitad de la década, Héctor
Agosti, son dos ejemplos conocidos a los que deben sumarse Cayetano Córdova Iturburu, Raúl González Tuñón,
María Rosa Oliver, Álvaro Yunque y varios más, que se distanciaron luego. Los comunistas se esforzaron por
promover la prensa partidaria, crear editoriales, organizar encuentros de intelectuales. Participaron en dar forma a
una visión comunista del mundo y del pasado en Argentina.
Desde 1917 y a lo largo de los '20, los grupos de izquierda se participaron en discusiones; en el caso
latinoamericano, los temas de debate eran sobre la caracterización de la realidad económica y social
latinoamericana y el tipo de revolución que se debía hacer en la región.
En un documento interno, el PC afirmaba que desde la revolución burguesa de 1810 hasta el final de la guerra
mundial, la historia de Argentina fue la de su producción agropecuaria; aquí se puede apreciar los núcleos de
discusión de las historias comunistas entre 1930 y 1943 → el carácter de la Revolución de Mayo; la cuestión del
modo de producción; el problema del imperialismo y su influencia.
Después del fin de la dictadura de Uriburu, el PC impulsó varios emprendimientos editoriales, como la fundación de
la revista Actualidad en 1933 en la cual se marcaba el rechazo del PC hacia el PS2.
Al PS se le criticaba la estrategia de unirse al linaje que se remontaba a la Revolución de Mayo, y que incluía a los
más destacados miembros del liberalismo del s. 19; Rodolfo Ghioldi denunciaba estas actitudes.
A inicios de 1933, varios dirigentes e intelectuales comunistas interpretaron la situación presente con un examen de
los rumbos que la historia argentina había seguido desde inicios del s. 19 → el convertirse en una colonia/vasallo
de Inglaterra; el parasitismo inglés había frenado la evolución de la economía de América. Ahora la nueva amenaza
era el imperialismo de EEUU, en competencia con el inglés desde la 1GM.
Ghioldi analizó el pacto Roca-Runciman como una de las pruebas de que el nacionalismo argentino dependía del
imperialismo inglés y de la histórica actitud claudicante de la dirigencia argentina. Las denuncias contra el pacto y
la dependencia al imperialismo inglés incluso se realizaban fuera de la prensa del PC (Lisandro de la Torre). Sin
embargo, la crítica de los términos del acuerdo sólo rara vez derivó en una impugnación tan amplia al modo en que
la Argentina se había vinculado al mercado externo durante el pasado y al papel de sus dirigentes. Naturalmente, el
recorrido comunista partía de la certeza de la condición semicolonial presente y desde allí se organizaba la
interpretación del pasado que venía a explicarla → una de las "acusaciones" al PC por parte de la izquierda
nacional y el revisionismo cercano al peronismo en los años post 1955, era no haber descubierto más que al
imperialismo norteamericano, desconociendo al inglés que era el que verdaderamente importaba.
En un artículo sobre Juan Bautista Alberdi en el 50° aniversario de su muerte, Ghioldi señalaba que la obra de
Alberdi se vinculaba a la “llamada ‘tradición de Mayo’, que nadie define claramente”. Para muchos, “esa tradición
de Mayo sería la encarnación de la Democracia. El coloniaje era el feudalismo; Mayo, la democracia”. Tomando
distancia de esta interpretación, sostenía: “es esta una de las múltiples falsificaciones de la historia argentina.
Antes y después de Mayo hubo el régimen feudal”. Alberdi, como Echeverría, Sarmiento y Mitre, “temía
fundamentalmente a las masas” pero, destacaba Ghioldi, “Alberdi tiene sus propios méritos, y son principalmente
su desarrollo consecuente de una política de entrega al capital extranjero y su toma de partido por los caudillos
feudales del litoral".
Mientras tanto, la cuestión de Rosas era incorporada a la agenda de Ghioldi. Alberdi había visto con simpatía a
Rosas por saber contener los levantamientos de la masa campesina → Ghioldi entendía razonable que ahora, bajo
el régimen de la reacción, se organice la repatriación de los restos de Rosas.
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A Juan B. Justo lo acusaban de traidor porque conciliaba patriotismo con el internacionalismo obrero y pidió que lo entierren
con una bandera roja y otra argentina.
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Estos pasados comunistas demuestran lo radical de sus posiciones frente al sistema político y sus competidores en
la izquierda → Ante un San Martín reivindicado por el Ejército con el que disputaba la versión también favorable de
Ricardo Rojas, un Alberdi homenajeado por el gobierno y los socialistas, un Rosas que, con lentitud, comenzaba a
ser recuperado por sectores nacionalistas y por algunos radicales, los comunistas insistían en una visión del
pasado argentino que privilegiaba la clave económico-social para la interpretación global: caudillos feudales y
burgueses vasallos sometidos al imperialismo, que era la razón última del atraso.
7° Congreso del Comintern (julio y agosto de 1935) → las decisiones fueron tradicionalmente interpretadas como
las que indicaban que el abandono de clase contra clase había tenido lugar, reemplazada por los frentes populares.
Otros datos fueron que las estrategias de colaboración con otras fuerzas habían comenzado (con Francia, el PC de
España que promovía la organización de un Bloque Popular Antifascista, la Alianza Nacional Libertadora en Brasil)
en contra del imperialismo.
Mientras tanto en Argentina, desde 1934, la Federación Juvenil Comunista proponía acciones conjuntas al PS
contra el facismo; esto se veía como el inicio de un camino que llevaría al intento de constitución de un Frente
Popular. Los esfuerzos en vano por la organización del Frente Popular (al menos como lo proponía el PC) no
abandonaban el motivo antiimperialista.
El abandono de la táctica de clase contra clase permitía solucionar algunas cuestiones, pero otras quedaban
pendientes → no todas eran coincidencias entre los intelectuales comunistas. En 1937, Álvaro Yunque calificaba a
Sarmiento de "civilizador" entre comillas para distanciarse críticamente. El Martín Fierro era convertido en "biblia de
la miseria gaucha". En la argumentación de Yunque, que parece más propia de la etapa anterior, Mayo habría sido
“una revolución hecha por propietarios, con el fin de administrar para provecho propio la aduana de Buenos Aires”;
para sus dirigentes, el progreso consistía en “seguir enriqueciéndose haciendo intervenir el capital extranjero, en
este caso el inglés”. Buenos Aires, “o sus burgueses habían hecho la Revolución de Mayo para […] convertirse, a
su vez, en metrópolis de las demás provincias”. Los sectores que apoyaron a Rosas constituirían, con el andar del
tiempo, “la clase dirigente que entregó el país al imperialismo inglés”.
Con la guerra en Europa, el PC argentino, junto a la Internacional, asumió posiciones neutralistas luego de la firma
del pacto germano-soviétio. Ernesto Giudici asumió en Imperialismo inglés y liberación nacional (1940, Editorial
Problemas, una de las vinculadas al partido) que “el frente popular o la unión nacional, con una clase obrera fuerte,
unida, diferenciada, es el único camino de la democracia argentina”. Se observa, entonces, que así como la
decisión de contribuir al Frente Popular no había obturado los afanes antiimperialistas, en el momento de opción
por la neutralidad ante una guerra concebida como interimperialista, la vocación frentepopulista y democrática
seguía en pie.
Aunque al comienzo de la guerra causó cambios de posiciones, algunas voces de los intelectuales del PC recogían
imágenes de la imagen comunista del pasado. Las citas permiten, además, insistir en que la posición
antiimperialista en lo que hace a la interpretación de la historia argentina no estaba condenada, a fines de los '30, a
volverse rosista.
El intento de creación de un grupo orgánico de historiadores se relaciona con el despliegue de una práctica que
tenía pocos años de antigüedad entre los cuadros intelectuales del PC, que exhibía sus propios ritmos y no se
acompasaba con los cambios decididos por la dirección partidaria: la dedicación, con cierto grado de continuidad, a
los estudios históricos. Quienes la desarrollaban no eran ya dirigentes letrados que intervenían ocasionalmente en
discusiones sobre el pasado, como Ghioldi o Giudici, sino intelectuales que por fuera de los circuitos académicos
se empeñaban con constancia en el ejercicio de alguna forma de indagación sobre el pasado, figura frecuente en
los 30.
Una primera expresión pública de este incurso parece ser en algunas intervenciones de Rodolfo Puiggrós a fines
de 1936, en una columna titulada "Historia argentina por proletarios" donde indicaba que se orientaría a la difícil
tarea de interpretar la historia del país con criterio marxista.
Los resultados de cierta envergadura de este movimiento se hicieron visibles a partir de 1940, aunque fueron más
individuales que colectivos. Ellos fueron la publicación del trabajo de Puiggrós titulado De la colonia a la Revolución
y de Mariano Moreno y la revolución democrática argentina en 1941, el mismo año en que Astesano presentaba
Contenido social de la Revolución de Mayo. Puiggrós continuó la serie con Los caudillos en la revolución de Mayo
(1942) y con Rosas, el pequeño (1943). Todas estas obras fueron publicadas en editoriales vinculadas al PC
(Problemas, AIAPE).
¿Se puede hallar una imagen de conjunto en estas obras? → Jorge Myers intenta una síntesis sobre la producción
de Puiggrós. La conquista había forjado una sociedad feudal pero, de todas maneras, en el interior predominaba
una atrasada economía doméstica, mientras que el Litoral y Buenos Aires eran en cambio el sitio de la aparición
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de una incipiente burguesía comercial. La Revolución de Mayo no había constituido una revolución
democrático-burguesa dado que los grupos sociales existentes en el seno de un modo de producción todavía
feudal lo impedían; Moreno era un ejemplo de militante revolucionario, que encontraba en Artigas su heredero, y
Rosas había intentado la restauración de un régimen condenado por la evolución de la economía mundial. Buena
parte de las posiciones que Astesano adoptaba en esos años coincidían con las de Puiggrós, que por otra parte
eran tributarias de las anticipadas por Cabral.
Todo esto es un bosquejo de la interpretación comunista de la historia argentina. En el caso de Puiggrós, esta
interpretación era fruto de la convicción de que aquí no se había producido un movimiento revolucionario
demorático-burgués, y el anhelo de encontrar las causas de esta ausencia.
Del PC que veía poco más que caudillos feudales y vasallos del imperialismo en el pasado argentino, que
rechazaba toda herencia política nacional y entendía sacrílego homenajear a la bandera se había pasado a lo largo
del periodo analizado a un PC que, imaginando que la clase obrera del s. 20 se ubicaba en la senda de una
tradición progresista inaugurada con la Revolución de Mayo y reivindicando el himno, tentaba otras vías para
alcanzar aquel horizonte que, él sí, permanecía inmutable desde fines de la década abierta en 1920: la revolución
democrático-burguesa en su versión agraria y antiimperialista.
Estos desplazamientos se pueden explicar parcialmente entendiendo los giros tácticos que realizó el partido; pero
este argumento no da cuenta de matices, desajustes, mediaciones. Tal vez convenga explorar otra posibilidad →
esta parte de la idea de que estos cambios fueron resultado de una transformación que ocurrió por debajo de los
cambios de línea; esta es, la tendencia a la incorporación del PC a la vida política argentina aceptando las reglas
del juego político, al menos por el momento, para imaginarse un partido más en el escenario nacional.
El comunismo argentino, a lo largo de los '30 y comienzo de los '40, se volvió un partido sólido con presencia
obrera y lazos con otros sectores políticos e intelectuales, cuyo trazado fue favorecido por el cambio de 1935 → un
partido nacional integrado que aspiraba a asumir lo que suponía era la "tradición progresista" local sin abandonar la
pretensión de la emancipación de los trabajadores. Así, el PC se convirtió en un participante pleno de la cultura
política argentina y construyó un linaje para sí mismo en la historia nacional.
Antecedentes → A inicios del radioteatro argentino confluyen tres grandes tradiciones nacionales: el criollismo, la
novela histórica y el relato policial. Éstas se actualizaron y reinventaron en la radio.
Bajo la Santa Federación, una "novela histórica radio-teatral"empezó a emitirse en Radio Nacional y Radio Porteña
en junio de 1933. Se retoman las composiciones del vals "La pulpera de Santa Lucía" y el tango "La mazorquera de
Montserrat" (con música de Enrique Maciel y cantadas por Ignacio Corsini) de 1929 → en las letras aparecen
personas, escenarios y tramas amorosas del Buenos Aires rosista que Blomberg retomará: las pulperas y
mazorqueras, los payadores federales y unitarios, soldados restauradores y mujeres enamoradas de los soldados
de Rosas o Lavalle. Comienza el Ciclo Federal, compuesto por canciones, obras de teatro, novelas, poemas,
cuentos, crónicas y narraciones cortas que, entre 1929 y 1933, desembocaron en Bajo la Santa Federación.
Esto no era un tema nuevo para la literatura del teatro pero lo de 1929-1933 no tiene precedentes → Blomberg
escribió 5 canciones, 3 libros de novelas históricas, 14 novelas cortas, varios poemas y relatos sobre el período
rosista publicados en Caras y Caretas.
Blomberg era escritor, periodista, dramaturgo y marinero. Su perspectiva se define por la fascinación con lo popular
urbano. Ya en los '20 publicó en el diario Crítica y libros sobre los bajos fondos de la ciudad. En los '30, busca
reconstruir el mismo mundo popular pero de un siglo atrás, en la Buenos Aires de Rosas. Cambia el estudio para
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sus relatos urbanos de salir a la calle para conocerlos al estudio en archivos y bibliotecas. En él predomina la
fascinación no por la figura de Rosas o por la verdad histórica, sino por la Buenos Aires de entonces (sus
personajes, costumbres, las pulperías, mercados, mataderos, etc.). Y principalmente por sus cantos, sus sonidos y
las voces en la época de Rosas.
En la radio → El punto de partida de Blomberg es extremadamente popular y erudito. Bajo la Santa Federación se
transmitió entre junio y diciembre de 1933 y alcanzó un éxito enorme: en pocos meses, el éter se llenó de
mazorqueros y unitarias, señores federales y payadores. La diferencia de este radioteatro es que se trataba de
ficciones que tenían, en su base, la documentación histórica relevada por su autor.
La ficción empieza en octubre de 1938, al día siguiente de la muerte de Encarnación Ezcurra, cuando ya había
comenzado el bloqueo francés. Con el avance de la trama, la política va ocupando un lugar más importante.
La irrupción y permanencia del radioteatro histórico se produce en el cruce de la consolidación de las industrias
transnacionales de la comunicación en Argentina y un revisionismo histórico, que buscaba afianzar una identidad.
La preeminencia del rosismo se inscribe en este marco.
Ravignani señalaba que la gran cantidad de librejo sobre la época de Rosas tenía como motor la búsqueda de
beneficios monetarios → Alejandro Cattaruzza supone que el fenómeno de la producción de estas obras es tan
importante como para que Ravignani lo incluyera en su agenda, aunque los considerara "librejos". En 1927 el diario
Crítica organizaba una encuesta para ver las opiniones sobre Rosas; en los '30, Carlos Ibarguren presenta el libro
Juan Manuel Rosas: su vida, su tiempo, su drama con gran éxito; en junio de 1934 se constituye la Junta Por la
Repatriación de los Restos de Rosas.
Por fuera del ambiente historiográfico, la figura de Rosas estuvo presente en la literatura y el teatro; el nacionalismo
cultural de los '30 crea las condiciones para que ese pasado encuentre una continuidad en su presente. Los
radioteatros históricos de Blomberg expresan los temas que están atravesando la discusión historiográfica de los
'30.
Conclusión → Los radioteatros históricos, junto con otras producciones populares, contribuyeron a la construcción
de un imaginario histórico que desbordó los claustros académicos y los círculos especializados, y se consolidó
después en las versiones históricas del cine en los ‘40.
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Carbia, por ejemplo, publicó en 1918 un artículo titulado "La revisión de nuestro pasado".
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consideraba que Ingenieros, Rojas y Lugones habían dado impulso al movimiento revisionista; cuando debían
inventarse una genealogía, los revisionistas solían filiarse con Quesada y Saldías4.
Diana Quattrocchi planteó que con el radicalismo tuvo lugar un "movimiento contramemoria" → su asociación entre
yrigoyenismo y rosismo parece poco verosímil ya que, cuando llegó al poder en 1916, el radicalismo no contaba
con la exaltación a Rosas. Hubo dirigentes, no del todo yrigoyenistas, que se inclinaban a echar una mirada
favorable y algunos formarían luego al revisionismo.
Carlos Ibarguren publicó con éxito Juan Manuel de Rosas: su vida, su drama, su tiempo (1930); Julio y Rodolfo
Irazusta hicieron lo mismo con Argentina y el imperialismo británico (1934); J. Irazusta publicó en la editorial Tor su
Ensayo sobre Rosas (1936); se crearon las instituciones más duraderas: el Instituto Juan Manuel de Rosas de
Investigaciones Histórica (1938) y su Revista (1939) → miembros más notorios: Manuel Gálvez, Ramón Doll, los
hermanos Irazusta, Ernesto Palacio, Ricardo Font Escurra. La reivindicación de los gobiernos de Rosas eran
compartidas, aunque con distintas imágenes de Rosas. Si bien los planteos de Rosas como un defensor de la
soberanía y el forjador de la unidad nacional estaban muy extendidos, el propio IJMRIH en un número de su
revista, reconocía en un artículo de Ramón Doll la existencia de una "derecha rosista" y una izquierda rosista".
En 1940, Manuel Gálvez rechazó el vincular a Rosas con las dictaduras europeas contemporáneas.
El revisionismo rechazaba la crítica sobre la supuesta subordinación de su tarea científica a motivos partidistas.
Hector Llambías sostiene que se podía pensar que la tendencia política antiliberal y tradicionalista, pero que es fácil
comprobar que la rehabilitación de Rosas se produce como consecuencia de trabajos objetivos.
Los futuros miembros del revisionismo disponían de instrumentos de legitimación en el campo intelectual →
participación previa, reconocimiento de las instituciones, premios otorgados, apellidos prestigiosos, relaciones con
el poder, éxitos de venta. Así es cuestionada la interpretación que hacía del revisionismo un movimiento intelectual
disruptivo y marginal, un frente de jóvenes rebeldes. El revisionismo, por el contrario, se organizó en torno a uno de
los núcleos de la cultura admitida, que desde hacía tiempo exhibía una muy clara vocación conservadora. Sin
embargo, el revisionismo tuvo una posición más débil en las instituciones de la historia.
Sus relaciones con la política, tanto con el Estado como con los partidos, eran múltiples → si bien sus relaciones
más firmes se daban con las formaciones nacionalistas, el sistema de relaciones incluía agrupaciones radicales, no
sólo yrigoyenistas sino también a hombres de la UCR Antipersonalista y del alvearismo. De la existencia de esta
red que excedía al nacionalismo tradicional y la FORJA puede dar cuenta el derrotero político de J. Irazusta, que en
1937 se afilió a la UCR.
Los frentes en los que el revisionismo se lanzó a actuar (instituciones historiográficas, cultura, política) a mitad de
los '30 no eran mundos ordenados sino adversarios.La irrupción del peronismo provocó un gran reordenamiento en
los ambientes políticos-culturales → el revisionismo no escapó al impacto: el Instituto Rosas fue sacudido en 1950
por un conflicto interno que acabó con el alejamiento de Julio Irazusta.
Existieron revisionistas que apoyaron al peronismo así como peronistas que adoptaron la lectura revisionista sobre
el pasado nacional → Quattrocchi destaca el caso de un grupo de diputados encabezados por John W. Cooke;
Ernesto Palacio fue diputado peronista así como Joaquín Díaz de Vivar, aunque procedente del radicalismo.
Hubo revisionistas que se ubicaron en la oposición (Julio Irazusta) y otros revisionistas (José Torre Revelo, Ricardo
Piccirilli, Leoncio Gianello) que se aproximaron al peronismo y fueron funcionarios en distintas áreas.
Dirigentes y funcionarios del peronismo mostraban su adhesión a las figuras de Mitre, Sarmiento y Urquiza. Los
revisionistas que pasaron a apoyar al peronismo se veían con que buena parte del movimiento apoyaba otra
tradición.
Pese a que opositores como el PS satirizaban a Perón como un nuevo Rosas, hay poca evidencia de que el
peronismo se afiliara a su figura y periodo pese a tener revisionistas en sus filas. Un ejemplo de esto, es el nombre
de los ferrocarriles nacionales con próceres del panteón liberal, o que en manuales escolares no se evidencia
inclinación al rosismo sino que la referencia es siempre sanmartiniana.
El rosismo no formaba parte de las posiciones oficiales del peronismo, proclive en cambio a instalarse en una
tradición más clásica de figuras elegidas para la conmemoración y el homenaje.
En 1957 se dio la "conversión" de Perón al revisionismo en Los vendepatrias → asumía la dimensión cultural del
enfrentamiento, concediendo que la filiación planteada por los golpistas de 1955 con la "línea Mayo-Caseros" era
efectivamente cierta, y atribuyendo al peronismo la adscripción a otra tradición, con Rosas en uno de sus centros.
Varios fragmentos del repertorio revisionista se integraron a la mitad del mundo del peronismo; así ensayaba una
nueva versión que consistía en entramar su propio pasado con la historia de la nación desde su fundación, pero
esta vez proponiendo una genealogía que lo emparentaba con los perseguidos, los derrotados.
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J. M. Rosa, por ejemplo.
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Esto provocaba disidencias en los revisionistas → algunos eran fieles y otros opositores; existían otros que
preferían consolidar los aspectos estrictamente historiográficos del revisionismo, como Julio Irazusta que fue
designado presidente del INstituto Rosas en 1970 (se venía reorganizando desde 1968) e incorporado a la
Academia en 1971. En la Revista se presentaba con esta línea estrictamente historiográfica.
José María Rosa explicó que prácticamente cerró al Instituto Rosas debido a las dificultades que se encontraban
entre peronistas y antiperonistas dentro de él; a los nacionalistas antiperonistas no les gustaba que el rosismo se
inclinara hacia el peronismo.
Las iniciativas de los revisionistas fueron la creación de varias editoriales (Theoria, Sudestada, Pampa, etc.) que
apelaban a una estrategia de difusión → tuvieron éxito y muchos trabajos de ellos fueron exitosos en ventas.
El revisionismo encontró nuevos adversarios e incluso nuevos compañeros → los revisionistas socialistas, por
ejemplos (Jorge Abelardo, Blas Alberti, Norberto Galasso).
En las universidades, el revisionismo lograba "imponerse" en algunos centros de exclusión, pero estaba excluido
de la mayoría de ellas → en 1955 apareció un grupo nucleado en torno a la cátedra de Historia Social de José Luis
Romero que proponía una renovación en la práctica de la disciplina y en la agenda de los problemas.
Con la vuelta del peronismo en 1973, muchos revisionistas formaron parte del movimiento. Sobre el destino del
revisionismo hace algunas observaciones → algunos llegaron a la universidad (Fermín Chávez y Rodolfo Ortega
Peña que habían sido miembros del Instituto Rosas en los '70); en 1989 M*nem cumplió con la promesa de la
repatriación de los restos de Rosas; el Instituto Rosas se convirtió en una dependencia estatal de la Secretaría de
Cultura en 1997. La situación del revisionismo a inicios del s. 20 era paradójica → lograron el reconocimiento
estatal que deseaban con una inserción institucional, pero con tantos cambios de coyuntura que no podía ser
estable.
Un punto de inflexión en el movimiento revisionista → El Instituto propone repatriar los restos de Rosas. Estalla
el conflicto en 1950 porque tres de sus miembros toman una posición clara contra el peronismo. Irazusta renuncia.
Para la autora, Irazusta no sólo lo hace por el peronismo si no que el instituto por ser popular esta haciendo un mal
trabajo historiográfico. Comienza la presidencia Jose Maria Rosa, quien recluta miembros mas dotados para la
agitación que para la investigación histórica. Las producciones de JMR son las más conocidas. Sin quienes se
opongan al peronismo, con JMR opera la total peronización. Cooke se hace vicepresidente.
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La tríada mítica: San Martín - Rosas - Perón – En 1950 al cumplirse el centenario de la muerte de San Martín,
fueron cuidadosamente preparadas para lograr la total identificación entre San Martín y Perón. Los rosistas
intercalaban la imagen de Rosas. La reivindicación de la tradición antirrosista por los sectores políticos que triunfan
en 1955 no hace sino confirmar una polarización que tuvo lugar desde los primeros tiempos del peronismo. A
Perón es muy posible que el exilio lo haya llevado a compararse con Rosas. Antes que Perón se convenciera, esta
identificación era difundida y popularizada en operaciones mediáticas verdaderamente singulares.
Encuesta del diario La Época (1948) → Diario peronista. Se consulta si hay que repatriar los restos de Rosas. No
es un debate académico, ni intelectual si no que le interesa saber que piensa el pueblo. El diario lo plantea como
que el pueblo puede elegir su panteó. El diario se dice imparcial pero no lo es. El diario Época había pertenecido a
la corriente yrigoyenista, fue cerrado y destruido con el golpe del ‘30 y lo reconstruyeron durante el peronismo.
Perón aporta dinero y el primer tomo hace referencia a eso con una cita de Sarmiento ( postura tradicional) Aca la
autora da a entender que las publicaciones y todo lo que se escribía desde el diario era tendencioso (onda se
ponian cartas de lectores parecidas) En el diario aparecen defensas a los historiadores revisionistas. Se presenta a
Rosas como precursor de Yrigoyen y Perón.
Los resultados de la encuesta no dan una victoria aplastante, la diferencia es favorable por muy poco. El diario
toma una postura conciliatoria. Según la autora esto se realiza porque al encontrarse cercana la nacionalización de
los trenes, se especuló con ponerle “El Restaurador” a una de las líneas. Para la autora no importa que “no se logro
nada “ porque en algun punto lo que se buscaba era afiliar a Rosas con Perón.
El culto al padre de la patria: el centenario de la muerte de San Martín (1950) → No había muchas figuras en
las cuales se podía apoyar el peronismo dada la falta de consenso sobre los padres fundadores de la patria. El
cincuentenario de Sarmiento dejaba en evidencia que existía una fragmentación en la historia, Perón traía en
escena a San Martín como una forma de consenso. Eva tiene una participación principal. Se repatrian los restos de
San Martin. La prensa resalta durante este tiempo la figura de San Martin: genio militar, figura central en la
independencia, no interviene en la guerra civil. Perón organiza cuidadosamente una liturgia. Los revisionistas
hacen su filiaciones, ya que San MArtin resalto la figura de Rosas. Existieron varios vinculos del Instituto San
Martiniano con el peronismo. Este quedo como organo dependiente del Ministerio de Guerra. Sus vienes fueron
confiscados por decreto, la memoria y el culto al Libertador quedan rigurosamente controlados. Aca se arma un
toletole porque los revisionistas dicen “che san martin bancaba a rosas” y Del}scalzo (que era el director del
instituto sanmartiniano) les tira “lo que pasa que ya estaba GAGA” lit. Lo que dice Quatrocchi es que el peronismo
al haberlo enaltecido a San Martín lo pone en un lugar donde parece un juez supremo5. Los revisionistas publican
un trabajo exhaustivo sobre las relaciones y los sanmartinianos responden despegando a San Martín de las
fracciones.
Luchas por una memoria consagrada → La oposición al peronismo comienza a exaltar la figura de Urquiza. A
raíz del aniversario de la muerte de Echeverría, el Instituto de Juan Manuel de Rosas realiza un paralelismo entre
este intelectual europeizante y el presente. Para los rosistas un nuevo aniversario de Caseros significaba una
nueva oportunidad para repatriar los restos.Casero es homenajeado por el gobernador de Bs As Aloé oficialmente.
1954 se crea “Organización popular por la repatriación de los restos del general Rosas” con una amplia adhesión
desde artistas hasta “juntas vecinales”. La “libertadora” da marcha atrás y crea el “Libro Negro de la segunda
tirania”. Perón desde el exilio escribe “Los vendepatria: las pruebas de una traición” donde inscribe a la versión
revisionista de la historia.
Stortini: “¿San Martín, Rosas y Perón? Los usos políticos de la historia durante el primer peronismo”
El autor se propone analizar el impacto que tuvo el fenómeno peronista en aquellos historiadores y ensayistas
afines al gobierno y observar de qué manera ese posicionamiento influyó en su visión sobre el pasado argentino.
Hablamos de Ernesto Palacio, Vicente D. Sierra, Atilio García Mellid, Raúl Scalabrini Ortiz y Eduardo B. Astesano,
quienes poseían cierto bagaje y autoridad cultural reconocida y participaban en el espacio público como
funcionarios, legisladores, docentes y militantes políticos. No hay demasiados estudios que señalen de qué manera
su obra fue influida por el contexto político y social ni de cómo combinaron el peronismo con una serie de
acontecimientos, procesos y figuras de nuestro pasado. O cómo su producción convergen la perspectiva
revisionista que cultivan (con excepción de Astesano) y el movimiento dirigido por Perón. Silvia Sigal plantea que el
5
Aca ella dice: Rosas + Perón + San Martín. Pero para mi esto es justamente lo contrario, queda en evidencia lo que piensa por
lo menos Maria Julia que es que los revisionistas re querían esta triada y Perón estaba como: ok
Perón tipo: no me jodan López Rega no perdona dos veces.
10
revisionismo tuvo por misión primera el diseño de “genealogías nacionales” alternativas a los linajes antinacionales
del liberalismo aunque, en algún caso, enfrentándose a figuras ambiguas que los llevaban a diversos matices en la
interpretación del pasado Maristella Svampa hace alusión al enfrentamiento entre dos configuraciones,
“pueblo/cultura y nación/oligarquía”, que se expresaban en la línea Mayo-Caseros y en otra que reivindicaba el eje
Rosas-Yrigoyen-Perón
Diana Quattrocchi-Woisson sí aborda el tema expresamente al afirmar que durante el gobierno peronista se
cristalizó la “tríada mítica” San Martín-Rosas-Perón. Los puntos donde lo sostiene: encuesta para los trenes,
instituto de investigación Históricas
b. La perspectiva de los historiadores: Es posible señalar que el peronismo les posibilitó encontrar líneas o ejes
históricos que les permitían identificar en el pasado aquellas figuras y etapas que jalonan el camino hacia su
presente y que legitimaban su adhesión mayor o menor al peronismo. Ellas podían ser expresión de la defensa de
11
la soberanía nacional, la independencia política y económica, la lucha contra el imperialismo, el desarrollo
capitalista y/o la identificación con los intereses populares. Atilio García Mellid, su libro estaba dividido en cuatro
capítulos dedicados a la montonera federal, la ilustrada, la radical y la social. Más que hablar de las características
sociales de las montoneras, el autor analizaba cómo la mentalidad oligárquica había evolucionado desde la colonia
enfrentándose con las libertades y principios legítimos defendidos por el pueblo y sus representantes. Entre
montonera y caudillo quedaba configurada una democracia de tendencias espontáneas. Rosas, representante de
esas montoneras, destacaba por su carácter democrático al haber sido apoyado por la “plebe numerosa y
descamisada”. Derrotado Rosas y triunfante el “liberalismo oligárquico” se abría la segunda etapa donde el pueblo
había sido proscripto. Recién con Alem el pueblo había vuelto a encontrar al nuevo caudillo nacional cuya
experiencia frustrada sería superada con la llegada de Hipólito Yrigoyen. Él y el radicalismo habían asumido la
mística de la nacionalidad (tierra, hombre, destino) y el propio Yrigoyen se había convertido en mito. Si para García
Mellid el gobierno de Yrigoyen había conjugado pueblo y nación, el peronismo era el acontecimiento más
trascendental de nuestra historia política.
Esta preocupación por los aspectos sociales y la reivindicación del pueblo como reservorio de los auténticos
valores nacionales estaban presentes en otro autor Raúl Scalabrini Ortiz. El centro de atención continuó siendo el
papel del capital británico en la Argentina, específicamente en los ferrocarriles, y su alianza con la oligarquía local.
Scalabrini Ortiz exaltaba la lucha que desde Mayo se venía dando entre los intereses populares y la dominación
extranjera. Scalabrini Ortiz trazaba un paralelo entre Moreno y Perón con respecto a la desconfianza que sentían
frente al extranjero, por la búsqueda del bienestar del mayor número de individuos y por el papel adjudicado al
Estado y al desarrollo económico. En algún caso estos objetivos habían sido promovidos por los caudillos federales
y por Rosas aunque estos últimos, a diferencia de García Mellid, eran mencionados fugazmente. Para Scalabrini
Ortiz, como para García Mellid, el carácter revolucionario de Yrigoyen residía en su reivindicación de los derechos
populares y el respeto a la voluntad del pueblo. Para este autor, Perón no podría haber sido presidente si Yrigoyen
no hubiera elevado la condición de los proletarios y detenido el colonialismo.
Ernesto Palacio se encuentra emparentado con matices con el pensamiento de Scalabrini Ortiz. En “La historia
falsificada”, además de plantear su denuncia contra la historia oficial y la necesidad de una conciencia histórica
como guía de acción en cada presente, rechazaba que el ideal nacional se ajustará a un modelo político, fuera la
democracia, la dictadura, el socialismo o el fascismo. Primero había que definir lo que habíamos sido, lo que
éramos y hacia dónde nos dirigimos, es decir, construir una conciencia del ser nacional. El fascismo y el
nacionalismo no eran despóticos porque tenían apoyo social extendido dándole al pueblo una conciencia mística
de la nacionalidad y salvando la independencia nacional en peligro. Palacio prefería los regímenes autoritarios por
su dinamismo a aquéllos deliberativos que para él eran conservadores y pasivos. En este mismo sentido operaba
su reivindicación de Juan M. de Rosas. En 1946 fue elegido diputado, luego su única incursión historiográfica en
este período fue la Historia de la Argentina, uno de los primeros intentos de una historia integral desde una
perspectiva revisionista. El período de Juan M. de Rosas ocupaba una parte mayor de la obra. Además de los
tópicos revisionistas ya esbozados en La historia falsificada, Palacio matizaba interpretaciones anteriores
reconociendo ahora a Rosas no sólo como representante de los valores hispano-católicos sino también de los
republicanos y democráticos de la revolución. La derrota de Rosas hacía que Palacio, en forma similar a García
Mellid y a Scalabrini Ortiz, recién encontrará en Leandro N. Alem y luego en Hipólito Yrigoyen la recuperación de
las “verdades viejas y olvidadas”, el federalismo y la soberanía popular. No obstante, el partido radical privilegiaba
los valores democráticos abstractos y no una verdadera revolución nacional que solucionara los problemas del
país. Sugestivamente, veinticinco años después del golpe de 1930, Palacio seguía lamentando que el general
José F. Uriburu no hubiera podido consumar una revolución nacional que el pueblo había esperado en vano del
radicalismo. Así, Palacio construía una línea histórica que remitía superficialmente a San Martín y a Mariano
Moreno y reconocía como hitos la época de Rosas y la yrigoyenista para culminar en los años peronistas. Pero tal
vez, cuando publicó su Historia de la Argentina ya sospechara que la experiencia frustrada de Yrigoyen se estaba
reeditando.
Vicente D. Sierra compartió con Ernesto Palacio la militancia revisionista y peronista. En los primeros años ‘40
publicó en la revista del IIHJMR algunos artículos que combatían la interpretación histórica comunista sobre Juan
M. de Rosas, especialmente la de Rodolfo Puiggrós. Como otros tantos revisionistas, Sierra denunciaba la historia
liberal aspecto con el que iniciaba su Historia de las ideas políticas en Argentina publicado en 1950. Como García
Mellid y Palacio, Sierra abogaba por una historia que no separara a los argentinos de la tradición y de una
conciencia cultural propia en favor de conceptos abstractos y formales propios del liberalismo. A lo largo de buena
parte del libro, Sierra desarrollaba las ideas políticas y los fundamentos jurídicos de la ocupación española en
América. A partir de allí desgranaba una serie de análisis someros sobre las ideas políticas de Mayo, las
12
tendencias alrededor de la independencia, el unitarismo y el federalismo hasta llegar a la época de Rosas. Ya en
1942 había expresado que si alguna figura del pasado podía presidir la recuperación de la Argentina no era ni San
Martín, ni Moreno, sino Juan M. de Rosas. Para Sierra, Rosas había cumplido el objetivo de evitar que
desaparecieran los factores de la nacionalidad y el ser moral y espiritual de origen hispano-católico, además de
consolidar la unidad nacional y de buscar la independencia económica.
Los autores hasta ahora mencionados privilegiaron con matices la relación entre San Martín, Rosas, Yrigoyen y
Perón. Para ellos, San Martín no era mayor motivo de estudio y reivindicación que sí necesitaban otros personajes
que no gozaban de un total consenso. San Martín era el padre de la patria y por lo tanto una figura intachable. Los
revisionistas comenzaron a pensar el vínculo de San Martín y Rosas desde la década de 1930 dado que en su
testamento San Martín le había legado su espada a Rosas en reconocimiento a su defensa de la soberanía
nacional. La relación entre estas dos figuras cobró mayor importancia con la cercanía de la conmemoración del
centenario de la muerte de San Martín, ocasión utilizada políticamente por el gobierno peronista. En 1948 se
produjo un debate entre el IIHJMR y el Instituto Sanmartiniano acusado este último de ocultar que San Martín en su
correspondencia no sólo aprobaba la política exterior de Rosas sino también la interior.
Años más tarde se denunciaba la manipulación de la figura del Libertador por parte del Instituto Sanmartiniano y
del Museo Histórico Nacional y se les reclamaba que fueran consecuentes con el pensamiento del presidente
Perón. Sin embargo, los intentos del revisionismo para que el gobierno adoptará su visión del pasado fueron
infructuosos. El IIHJMR le reclamaba al gobierno por la poca atención a las conmemoraciones como la del combate
de la Vuelta de Obligado -se insistía en declarar el 20 de noviembre como día de la soberanía nacional- o, por el
contrario, le reprochaba la dedicada a recordar figuras y acontecimientos como Caseros o el pronunciamiento de
Urquiza. Años más tarde, José M. Rosa hacía referencia a las grandes dificultades que tuvo el IIHJMR por falta de
apoyo oficial y por la resistencia del ministro del Interior Ángel Borlenghi y del vicepresidente Alberto Tesaire quien
había prohibido a los peronistas afiliarse a los institutos rosistas. Para José M. Rosa Perón era un liberal en su
interpretación histórica y consideraba que éste no quería involucrarse en polémicas históricas o que tal vez no le
daba importancia a la revisión del pasado, de ahí que los ferrocarriles recibieron el nombre de los próceres
liberales.
El único funcionario peronista que apoyó al revisionismo fue el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Carlos
Aloé, quien colaboró en la frustrada campaña por la repatriación de los restos. Al inaugurar las obras de
conservación en el paraje de la Vuelta de Obligado, Aloé realiza un discurso en la línea San Martín-Rosas-Perón.
Tendrá un carácter excepcional.
El vínculo entre San Martín y Perón (pero no con Rosas) sí era señalado por Eduardo B. Astesa no quien provenía
de otra extracción ideológica. Expulsado del Partido Comunista en 1946, formó junto con Rodolfo Puiggrós el
Movimiento Obrero Comunista. Las publicaciones de Astesano abordaron la evolución económica de la Argentina a
partir de la época colonial desde una matriz marxista. En Historia de la independencia económica trazaba ese
proceso reconociendo los esfuerzos de la Revolución de Mayo por abrir la economía precapitalista al mercado
internacional. Ese progreso había encontrado una valla en Juan M. de Rosas cuya dictadura había frenado el
impulso de la burguesía mercantil y la eliminación de esas formas precapitalistas de producción. Dicha conciencia
culminaba en el gobierno peronista, expresión de la alianza entre el ejército, la burguesía industrial y la clase
obrera que estaba enfrentando al capital agropecuario, a los intereses británicos y la presión financiera
internacional estadounidense
FUENTES
Ghioldi: "Juan Manuel de Rosas" en Unidad. Por la defensa de la cultura (1936)
➢ Rodolfo Ghioldi (1897-1985) fue uno de los militantes originales del PCA, originalmente Partido Socialista
Internacional tras la escisión del PS (donde militaba originalmente) post Revolución Rusa; fue el
vicepresidente de la Fede en 1917. Era docente, pero luego se dedicó al periodismo, escribiendo en El
Telégrafo y Crítica (de tendencia entre el apoyo al Partido Socialista Independiente y al radicalismo
antipersonalista, donde escribían también otros intelectuales como los hermanos González Tuñon, Roberto
Arlt, Alfonsina Storni, etc.).
➢ Unidad. Por la defensa de la cultura (esta es la 2° edición) es la revista de la Agrupación de Intelectuales,
Artistas, Periodistas y Escritores (AIAPE); esta era una agrupación de militantes o simpatizantes de la
13
izquierda que se nuclearon para luchar contra el fascismo en Europa (Puiggrós y los González Tuñón
escriben acá también)6.
➢ Contexto → iniciativa de repatriar los restos de Rosas; algo controversial.
➢ Para Ghioldi, tanto los pro rosismo como los anti rosismo están ocultando el verdadero significado del
período rosista, del cual él mismo es muy crítico.
➢ ¿A qué público va dirigido? → a un público amplio, aquellos no familiarizados con las discusiones que se
estaban dando en torno a la “revisión” de la figura de Rosas y el rosismo.
Los que forman parte del renacimiento de los estudios históricos muestran que se está bajo la amenaza de una
Historia ultra-científica y ultra-oficial creada por la Junta de Historia y Numismática. Para estudiar a Rosas, estos
proponen que surgió un nuevo tipo de investigador (neutral, objetivo, desapasionado).
Ghioldi ubica a Rosas en el centro de una serie de contradicciones, entre las cuales la más importante era la que
enfrentaba a la campaña argentina con los señores feudales, una clase privilegiada y dominante después de 1810;
todos estos caudillos dueños de estancias con ganado, propietarios de grandes extensiones de tierras con masa
militarizada eran verdaderos señores feudales sin título nobiliario → Rosas era uno de ellos, de una familia de
estancieros muy acaudalada; fue el estanciero más importante de la pampa y extendía sus tierras aún más con
donaciones de tierras que le confería el congreso nacional.
Destaca que su prestigio como estanciero es enorme, pero que en la disciplina militar obtiene rendimientos más
altos → comandante de la campaña, somete a indios.
Del mismo tipo que Rosas, pero con distinta modalidad, incorpora a los caudillos feudales de la época → Quiroga
que organiza el saqueo sistemático y llega a dirigir 9 provincias, López que domina en el Litoral, los Reinafé en
Córdoba, Artigas en Uruguay, etc.
Otra cosa que llegó a acrecentar su prestigio era el ser el "hombre del Orden" → Orden opuesto a la "anarquía" de
los movimientos campesinos tras la ruptura con el orden colonial.
Así es como ven historiadores, publicistas y sociólogos a Rosas → como el exponente de las masas gauchas
contra la ciudad7 → por eso considera que este tipo de ciencia ya no da más.
Ghioldi considera a Rosas el primer demagogo argentino → a los afrodescendientes les permitía celebrar sus
fiestas populares, sus fraternidades, etc. pero los mantenía esclavos; a los gauchos los mostraba que los unitarios
los despreciaban mientras él era un amigo pero aplastó sus levantamientos. También es crítico de que Rosas
añoraba el orden pre 1810.
Considera que Rosas llegó en un momento en que la dictadura se imponía como una necesidad para los
hacendados y fue la personificación de la necesidad de Orden y paz, con el apoyo de los hacendados más
influyentes y poderosos, del comercio y de la Iglesia. Ghioldi propone que Rosas gobernó para los hacendados,
comerciantes y propietarios, defendiendolos de la "sobreposición" de la gente del campo.
Irazusta, Julio y Rodolfo: “Historia de la oligarquía argentina” en La Argentina y el imperialismo británico. Los
eslabones de una cadena, 1806-1933 (1934)
➢ Rodolfo (1897-1967) y Julio (1899-1982) Irazusta ambos políticos y periodistas nacionalistas profundamente
antiyrigoyenistas; eran nacionalistas y, por lo tanto, defensores de la independencia económica de
Argentina. Ambos tenían tendencias fascistas: Rodolfo funda la Liga Republicana (movimiento fascista) al
que Julio adhiere. Rodolfo también fundó el diario La Nueva República (1927), donde Julio sevía como
redactor; la revista era nacionalista y antiliberal, y sirvió como base para el resurgimiento del nacionalismo
en los intelectuales. Con el golpe de estado de 1930, formaron parte del sector intelectual que apoyaba a
Uriburu y sus medidas corporativistas.
➢ El libro se escribe en un contexto de cambio de posición en la opinión política y popular hacia Inglaterra y su
relación con Argentina, tras la firma del Pacto Roca-Runciman (durante el gobierno de Agustín B. Justo),
que fue fuertemente criticado. La oligarquía es vista como “antinacional” al firmar un tratado de esta índole y
los Irazusta capitalizaron este descontento.
➢ La Argentina y el imperialismo británico está compuesto de tres partes → “La misión Roca” en la cual, a lo
largo de 11 capítulos, contextualizan acerca de la situación que lleva a la firma del tratado; “El tratado” es la
segunda parte, en la cual explican sus características.
6
Nota: Cattaruzza en “Historias rojas…” considera a la AIAPE una editorial del PC.
7
Hace una analogía diciendo que son tan tontos/ilusos al considerar esto, que capaz también considerarían la dictadura de
Hitler como la dictadura del proletariado porque llegó al poder gracias al apoyo de algunas masas obreras (escrito en 1936).
14
➢ “Historia de la oligarquía argentina” es la tercera y última parte del libro, compuesta por 5 capítulos: "La
oligarquía en el gobierno", "La primera emigración", "Del despotismo ilustrado a la propaganda libertaria",
"El gobierno in partibus" y "La restauración de 1852 y sus consecuencias". En este apartado, se dedican a
estudiar el nacimiento y consagración de la oligarquía en Argentina, quienes serán los que establecen la
relación de la nación con Inglaterra.
➢ Elaboran este apartado porque consideran que sin la historia de la oligarquía argentina es imposible
conocer la causa del Pacto Roca-Runciman → porque considera que la posición de sus negociantes (Roca,
Saavedra Lamas), a quienes consideran incapaces intelectuales, estaba determinada por la historia. Los
Irazusta se oponen al empleo de oligarcas en la diplomacia y al régimen oligarca en sí.
➢ Los causantes de la llegada de Rivadavia van a ser los oligarcas, quienes van a emigrar forzosamente y,
eventualmente, junto con la generación del ‘38, regresar al país post 1852 para instaurarse en el gobierno.
➢ Están escribiendo para un público amplio de la sociedad que se está interiorizando en el debate político
acerca de la relación de Argentina con el imperialismo inglés; esto se nota por como el libro está organizado
en sus 3 partes para otorgar una contextualización, un conocimiento sobre qué es el Pacto y qué implica y
otorgar un conocimiento sobre la historia de la oligarquía argentina, a la cual hay que rechazar puesto que
fueron quienes llevaron a la Argentina a la posición en la que se encuentra en esos momentos (crisis,
subordinación, década infame). Quizás también puede ser que la tercera parte esté dirigida hacia sectores
políticos que necesitan interiorizarse acerca de la oligarquía y su accionar histórico.
7/2/1826 → ponen el nacimiento de la oligarquía argentina, cuando se dividió el partido que había hecho la
revolución; fue cuando el grupo de cómplices pusieron en el poder a Rivadavia, al nombrarlo presidente. Rivadavia
le daba más importancia al orden interno que a la soberanía y estaba dispuesto a aceptar el protectorado de un
país extranjero o el regreso a ser colonias con tal de conservar ciertas libertades económicas y civiles que le
parecían más importantes que la existencia política de la nación (por ejemplo pedir la primer deuda a Baring).
Rivadavia era conocido por su reformismo a principios de la década de 1820 pero, siguiendo a los Irazusta, era un
reformismo retrógrado → económicamente abandonó al interior del país a su suerte, en lo religioso se enemistó
con la Iglesia.
La creación de un poder ejecutivo en 1826 podría haber vencido a los inconvenientes de la guerra en la Banda
Oriental y hacer triunfar la política de organización constitucional del país, pero Rivadavia no era el político para
llevar a cabo esto → no quería el gobierno para sacar al país de sus dificultades, sino para continuar su obra de
literatura institucional para seguir progresando en la teoría pero retrocediendo en la práctica; Rivadavia se equivocó
en mucho y fue él mismo quien se creó sus dificultades, provocando a las provincias y aceptando el intermedio de
Inglaterra para dar fin a la guerra convirtiendo en un Estado independiente a la Banda Oriental.
Ante estos errores, los más ambiciosos y quienes se creían los mejores abandonaron a Rivadavia y emergieron
como la alternativa → es el nacimiento de la oligarquía.
"Los rivadavianos eran ineptos para el gobierno pero habilidosos para la oposición" → atropellaron en 1825 a los
gobiernos provinciales, traicionaron a los diputados del Congreso en 1826 llevándose por encima el mandato de los
pueblos y la ley orgánica, y así llegaron a destruir, en 1828, las mismas instituciones que ellos crearon.
En este contexto, Lavalle (un general que regresaba de la guerra en Brasil) atropelló las instituciones democráticas,
realizó el golpe de estado contra Dorrego, el gobernador electo, y lo fusiló.
Los rivadavianos comenzaron una emigración en masa, mucho antes del paso de Lavalle a Rosas → seguían fieles
al espíritu de 1823 pero cada vez les era más difícil conciliar su programa reformista con el favor de la opinión
popular. Con la negativa de Lavalle a continuar con esto empezó la emigración que llevó a que emigraran 600
personas en dos días. Su refugio sería el Estado de Montevideo, formado por su culpa; los emigrados tuvieron su
éxito en organizar la política interna uruguaya.
La pérdida de la Banda Oriental tuvo consecuencias graves → los rivadavianos, sus culpables, fueron eliminados
del poder; éstos habían hecho que Buenos Aires perdiera el prestigio legítimo que había conseguido con la
resistencia a las invasiones inglesas y con sus campañas de expansión intelectual.
Inglaterra tuvo un papel importante en este hecho, ya que fueron quienes actuaron como los negociadores e
intermediarios de la guerra contra Brasil, que encontraron como única "solución" la independencia de la Banda
Oriental. Para fines de la década de 1820, franceses e ingleses empezaron a "sobrevolar" Argentina aprovechando
su situación interna de conflicto → los franceses comenzaron a otorgar concesiones sobre la condición del
extranjero en el país, apoderándose de barcos argentinos en el puerto; los ingleses empezaron su operación hacia
las Malvinas.
15
El gobierno de Rosas impidió por un tiempo estas operaciones → revitalizaron una ley de 1821 que obligaba a que
los extranjeros con domicilio en Buenos Aires debían prestar servicio militar, con lo cual estos abandonaron sus
intenciones. Recién con el interregno de Rosas, en 1832, los ingleses se apuraron a conquistar las Malvinas.
El gran conflicto internacional durante el rosismo fue el franco-argentino de 1838 y la intervención anglo-francesa
de 1843-1849/50 → con profunda influencia en la oligarquía argentina y en el destino de la nación.
Inglaterra veía este conflicto con dudas, no porque deseaba la independencia de los países, sino porque estaban
atacando a uno de sus grandes mercados. Pero aunque deseaba la penetración comercial y apoyaba la resistencia
a la penetración política, no vio con buenos ojos que se pase de una defensiva a la ofensiva → en 1842 se
involucran como mediadores, pero ante el fracaso de esto8 derivó, desde 1845, en el bloqueo anglo-francés.
En tanto, los emigrados demuestran su frenesí antinacional → Sarmiento, por ejemplo.
Con la derrota de Rosas en 1852 se da la restauración de esta generación, de los emigrados. Los emigrados se
ajustan a los deseos de la oligarquía y a ellos se suman comerciantes ingleses, franceses con un poder exorbitante
sobre el comercio.
La oligarquía busca el prestigio de la inteligencia para consolidarse → introduce escritores y maestros de Francia,
Alemania y EEUU con una mentalidad opuesta al espíritu nacional.
Es la oligarquía quien va a gobernar desde entonces, haciendo más sistemática su política económica → cada vez
más vinculados a los intereses extranjeros. Así es como se llega al Pacto de 1933.
Palacio considera que el pueblo está atravesando una crisis de depresión moral → su característica es la difusión
del pesimismo en todas las clases sociales que se traduce en la denigración de lo nacional en favor de lo
extranjero. No siempre fue así; hay una diferencia entre el pasado en que se imitaba a lo europeo y lo actual.
Se alentó una conciencia de un destino, de una misión argentina → en los Centenarios, cuando Argentina recibía a
todos los pueblos, era una nación joven y pujante; esta fue la generación más feliz.
Pero fue un error, una sobrevaloración de las capacidades económicas y políticas de la nación. Esta generación
estaba construida por los elementos ideológicos vigentes en Europa, pero le agregaron un énfasis criollo → el
progreso, el crecer, era el motor de la nación. En el presente (1939) esto cambió y se dejó de creer en el esfuerzo,
nos consideramos apenas un apéndice más de Europa, se perdió la confianza en el porvenir y Argentina padece un
escepticismo9.
Argentina está ligada a Europa de manera miserable, todo debe llegar de allá (autos, ropa, productos); se perdió el
sentido de la autenticidad.
A Palacio lo impulsa a escribir el anhelo de buscar lo propio, lo auténtico, el renunciar a ser sometidos por las viejas
culturas.
Lo necesario para esto es una historia10 Pero es una historia que debe rehacerse continuamente en la medida en
que lo requieran las necesidades de la comunidad → "la historia no es un simple relato de hechos sino una
conciencia, en la cual la función de la memoria consiste en retener lo que nos es útil. La historia ha de ser viviente,
estimulante, ejemplarizadora o no servirá para nada".
8
Recordar: Rosas rechazaba la negación de la soberanía sobre los ríos interiores, entre otras cosas.
9
Causado por crisis económicas, fracasos políticos.
10
Cita: “No hay patria sin historia que es la conciencia del propio ser"
16
Palacio es crítico de la historia dogmática de la nación, dice que no es una historia verdadera. Su dominación en
los medios pedagógicos y políticos (prensa, universidad, enseñanza media) tiene como consecuencia el
estancamiento de la labor histórica, ya que las nuevas generaciones no encuentran los estímulos y lecciones que
sus padres y abuelos encontraron para realizar su destino cívico; es decir, tiene las soluciones a las inquietudes del
pasado, que ya no les sirven en el presente.
¿Sobre qué opera el historiador? → no sobre hechos materiales sino sobre hechos humanos, dependientes de la
psicología y la ética, susceptibles a diferentes interpretaciones.
Pero esas diferentes interpretaciones no llegaron; nos quedamos con la historia liberal heredada → esta es una
historia que no sirve ya para explicar la vida presente, ni nos da normas para la acción actual. Solo nos ofrece las
"panaceas agotadas". La nueva generación debe buscar nuevas interpretaciones a la historia que nos legaron
Mitre, López y Sarmiento11.
Hay que modificar los métodos de enseñanza de la historia argentina, especialmente en la educación primaria,
donde se enseñan conocimientos que “perturban” su juicio toda la vida. Es necesario enseñar historia a los niños
argentinos desde que tienen razón, y no desde adolescentes, y también es indispensable enseñarla bien.
Pero acá Palacio desbarranca totalmente → dice que no se puede enseñar historia a los niños presentandoles al
período colonial como una “empresa de explotación” y a la Revolución de Mayo como reacción contra una tiranía
intolerable, haciendo que los niños creen un apego hacia los “indios” y desapego hacia nuestros heróicos y
auténticos antepasados; sino que hay que enseñarles nuestra historia como una prolongación de la española en
América, no como una reacción hacia ella o una ruptura. Dice que hay que incorporar a nuestro panteón heroíco a
los conquistadores y colonizadores y sus hazañas deben ser recordadas con entusiasmo patriótico también.
Así se logrará un resurgimiento del espíritu argentino, se alcanzará una cultura colectiva que reaccione ante los
errores del pasado.
Prólogo → Rosa considera que la hazaña de la independencia política (1810) comprometió la independencia
política14. Pero si en 1809 se entregó la industria manufacturera a la libre competencia, en 1820-27 se hizo la
tentativa de enajenar la riqueza del país, y después de 1852 la política económica de todos los gobiernos fue la de
entregar el país al extranjero.
¿Por qué? → dice que predominó la conciencia del poco valor del argentino, la falta de fe en la Argentina; esto
parece ser lo que mueve la “historia oficial”. Pero hay otro pasado argentino que la historia liberal no pudo ocultar, y
que la escuela revisionista descubre pese a los intereses en su contra. Revisar la historia argentina es buscar la
verdad porque no se llegará a nada si se nos oculta nuestro actual colonialismo y se presenta como próceres a
quienes lo fomentaron. “La historia es la conciencia de la patria, pero no sabremos qué es nuestra patria mientras
se mantenga la tergiversación del pasado argentino”.
Capítulo 4: “La restauración” → Rosas llegó al gobierno como el hombre del “Orden”, pero era más que ello; en
él se encarnaban las virtudes y posibilidades de los criollos. Era el polo opuesto de Rivadavia15.
Destaca que Rosas hizo florecer la economía sin necesidad de créditos o dirección extranjera.
¿Qué busca hacer José María Rosa? → analiza de forma positiva las medidas económicas de Rosas
(proteccionismo, Ley de Aduana de 1835) contra el liberalismo económico que había reinado desde 1809.
Aclara que Rosas, en su primer gobierno, era un “hombre de Buenos Aires” aún, no el “hombre de la nación” que
será desde 1835, por lo cual es comprensible que haya tomado medidas de libre comercio que favorecían a
Buenos Aires, contra las insistencias de Ferré de Corrientes de dar fin al libre comercio que afectaba a las
industrias provinciales.
11
Como por ejemplo, con la identificación del caudillo con la barbarie.
12
Advertencia de la 2° edición.
13
Advertencia de la edición de 1943.
14
“Salimos de un colonialismo para entrar en otro” - “La generación de Mayo hipotecó la Patria para adquirirla”.
15
“Reforma” rivadaviana contra la “restauración” rosista.
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Ve favorable al proteccionismo rosista de las industrias locales, con el cual no disminuyó el comercio internacional,
sino que aumentó. Incluso considera que durante el bloqueo francés de 1838-40 y el bloqueo anglo-francés de
1845-47 la economía no fue perjudicada, sino que el peligro extranjero unió al pueblo argentino con Rosas, su jefe,
mientras que el bloqueo favorecía indirectamente a la política iniciada en 1835.
Destaca que las provincias y Argentina prosperaron en la época de Rosas. La “historia falsificada” es el
ocultamiento de esto, la verdad que la escuela revisionista devela.