Introducción
Introducción
Trabajo realizado por Luis Roberto Barajas Escobedo, estudiante de la licenciatura de psicología
del centro universitario Isidro Fabela Cuautitlán México.
Objetivos.
Definir si es un trastorno
Definir cada signo y síntoma de acuerdo al tipo de duelo.
Buscar diferentes tratamientos para la ayuda de la superación del duelo.
Definir cada consecuencia que podría generar el duelo y así mismo que trastornos
puede desarrollar
Justificación:
todas las personas experimentan el duelo de un ser querido en algún momento de
su vida, pero no todas reaccionan de la misma manera.
De hecho, para una considerable minoría resulta imposible seguir adelante e,
incluso años después de la muerte de un ser querido, cualquier recuerdo de su
perdida, como una foto aún resulta demasiado doloroso. De tal manera que estas
personas se encuentran en una situación conocida como duelo complicado, que
se caracteriza por sensaciones como dolor intenso continuo y demasiado
prolongado en el tiempo. Así como por actitudes que pueden irse agravando como
la somatización por identificación o los cambios radicales en los estilos de vida.
Por lo contrario, la gente que supera su duelo pasa por un cambio de adaptación
natural normal y esperable ante la pérdida de un ser querido, y con el paso del
tiempo, acaba sanando sus heridas.
El duelo también es considerado como un proceso de adaptación emocional que
sigue cualquier perdida (empleo, ser querido, relación, etc.) aunque
convencionalmente se ha enfocado la respuesta emocional de la perdida, este
también tiene una dimensión física, cognitiva, filosófica y de la conducta que es
vital en el comportamiento humano y que ha sido muy estudiado a lo largo de la
historia. La muerte del hijo(a) y la del cónyuge son considerados las situaciones
más estresantes por las que puede pasar una persona. el riesgo de depresión en
viudos se multiplica por cuatro durante el primer año, casi la mitad de viudos
presenta ansiedad generalizada o crisis de angustia.
Tomando en cuenta que el duelo es considerado como un proceso de adaptación
emocional que sigue a cualquier perdida, no solamente el fallecimiento de una
persona, sino también la pérdida de empleo, de una relación, de una mascota o de
un objeto querido, lo cual puede provocar fuertes sentimientos de aflicción,
algunas personas se sorprenden por la dolorosa que puede llegar a ser una
perdida, pero los lazos de amor que compartimos con ellos son reales a los
sentimientos de una perdida y dolor que tenemos cuando mueren también lo son.
Según explica Lynnes (2010) el duelo es la reacción emocional, física y espiritual
en respuesta a la muerte o una perdida.
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Limitaciones
Cada proceso de duelo es distinto como antes mencionado en el planteamiento
del problema, por lo que se debe investigar cada etapa y proceso de cada duelo
es distinta sin excepción alguna.
Marco Teórico
cuando se habla de pérdidas es posible que se piense en uno de los siguientes
casos; la muerte de una persona conocida, la pérdida de objetos o la pérdida de
una mascota, pero las pérdidas implican una gama de circunstancias mucho más
amplia con el fin de abarcar la mayor cantidad de pérdidas decidí agruparlas para
facilitar su identificación
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minimizar el hecho y por lo tanto el dolor que genera la ausencia, la muerte es
quizá la pérdida con mayor reconocimiento social y muestra de ello son los rituales
que se practican, a partir de la muerte de alguien y que varían de acuerdo a la
localidad o comunidad dónde sucedió el fallecimiento.
Baudouin (1995) enfatiza que algunas costumbres de hoy parecen encaminarse
para alejar a la muerte y el dolor de los espacios donde participamos
cotidianamente y describe Cómo se han ido modificando las costumbres.
*Tiempo atrás era más común que las personas murieran en casa no en los
hospitales
*Una vez que sucedía la muerte Los deudos exponían El cadáver durante varios
días en el domicilio del fallecido, pero con el paso del tiempo va haciendo más
común acudir a una agencia funeraria
*Antes se velaba al muerto durante 3 días, hoy se utilizan uno o dos para el mismo
efecto
*Actualmente se maquilla el cadáver para darle una mejor apariencia y para que
parezca a quien murió
Existen 5 etapas del duelo, en el cual no es necesario mantener un orden puesto
que una persona puede empezar por la aceptación y finalizar con la negociación.:
Negación: La primera reacción que mostramos tras una pérdida dolorosa es negar
la realidad de la situación. Muchos suelen pensar: «Esto no está pasando, esto no
puede estar pasando». Es una reacción normal y una manera de racionalizar las
emociones abrumadoras. Es un mecanismo de defensa que amortigua el impacto
inmediato de la pérdida. Bloqueamos las palabras y escondemos los hechos. Esta
es una respuesta temporal que nos lleva a través de la primera oleada de dolor.
Ira: A medida que los efectos de ocultación y de la negación comienzan a
desgastarse, la realidad y el dolor afloran. Pero no estamos listos. La intensa
emoción de dolor se desvía, reorientándose, y se expresa de manera contradictora
en forma de ira. El enojo puede estar dirigido a objetos inanimados, a extraños, a
amigos o familiares. La ira puede enfocarse también hacia el ser querido fallecido.
Racionalmente, sabemos que la persona no tiene la culpa. Emocionalmente, sin
embargo, podemos sentirnos resentidos con ella por causarnos tanto dolor al
dejarnos. Nos sentimos culpables por estar enfadados, y esto nos hace
enfadarnos más todavía.
Negociación: Esta es una reacción normal a los sentimientos de impotencia y
vulnerabilidad, es a menudo una necesidad de recuperar el control. Esta puede
suceder antes de la pérdida, en caso de tener a un familiar con enfermedad
terminal, o bien después de la muerte para intentar posponer el dolor que produce
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el abandono. En realidad, surge la esperanza de que se puede de algún modo
retrasar el dolor.
Si hubiéramos buscado atención médica antes …
Si hubiéramos tratado de ser mejor persona con él/ella …
En secreto, podemos hacer un trato con Dios o nuestro poder superior, en un
intento de posponer lo inevitable. Esta es una débil línea defensa para protegernos
de una realidad dolorosa.
Depresión: Hay dos tipos de depresión asociadas al duelo. La primera de ellas es
una reacción a las implicaciones reales relacionadas con la pérdida. La tristeza y
el pesar predominan este tipo de depresión. Nos preocupamos por los costos, por
el entierro… Nos preocupa que, a nuestro pesar, hemos pasado menos tiempo
con otras personas que dependen de nosotros. Esta fase puede aliviarse con la en
acompañamiento los demás y unas pocas palabras amables.
El segundo tipo de depresión es más sutil y, en cierto sentido, más privada. Es
nuestra preparación frente a la separación y la despedida personal de nuestro ser
querido. A veces todo lo que realmente necesitamos es un abrazo.
Aceptación: Llegar a esta etapa del duelo es un regalo que se presentará al final
del proceso.
La muerte puede ser repentina e inesperada, y nos parece que jamás podremos
ver más allá de nuestra ira o negación. No es necesariamente un signo de valentía
resistir lo inevitable y negarnos la oportunidad de hacer las paces con nosotros
mismos. Esta fase se caracteriza por la retirada y la tranquilidad final. Esto no
significa que sea un período de felicidad, es más bien un período de paz, es el
momento en el que hacemos las paces con la pérdida que hemos sufrido,
dándonos la oportunidad de vivir nuevamente a pesar de la ausencia.
Los seres queridos que están enfermos o terminales, parecen pasar también por
un período final de retirada. A pesar que no siempre que son conscientes de su
propia muerte inminente, en ocasiones el deterioro físico puede ser suficiente para
producir este tipo respuesta. La dignidad mostrada en el momento de morir de
nuestros seres queridos puede ser su último regalo hacia nosotros.
Hacer frente a la pérdida es, en última instancia, una experiencia profundamente
personal y singular, nadie puede ayudarnos a ir a través de ella con mayor
facilidad ni entendiendo todas las emociones por las que estamos pasando. Sin
embargo, otros pueden estar allí para nosotros y ayudarnos a través de este
proceso. Lo mejor que podemos hacer es permitirnos sentir el dolor. Resistir sólo
servirá para prolongar el proceso natural de curación.
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Diagnostico:
Dada la complejidad que conlleva el fenómeno del duelo es de esperar que su
evaluación no constituya una tarea sencilla. En líneas generales, con la
evaluación del duelo se pretende recopilar toda aquella información que resulte
relevante, en última instancia, para lograr una adecuada adaptación de los
familiares a la realidad de la pérdida. Esta información puede obtenerse a través
de diversas fuentes como entrevistas, genograma, autorregistros, observación
directa, historia de vida, cuestionarios, etc., y sobre todo mediante grandes
habilidades de escucha y comunicación
Es necesario valorar si el duelo sigue un curso normal con toda la variedad de
manifestaciones posibles descritas, si éstas son adecuadas en duración e
intensidad, así como tener en cuenta que no todas las personas viven el proceso
de duelo de la misma forma. Podemos considerar que las manifestaciones
normales del duelo son las siguientes
1. Sentimientos: tristeza, angustia, apatía, enfado, ira, culpa, soledad, abandono,
impotencia, insensibilidad, extrañeza con respecto a sí mismo o ante el mundo
habitual.
2. Cogniciones: incredulidad, confusión, preocupación, rumiaciones,
pensamientos e imágenes recurrentes, sentido de presencia, alucinaciones
visuales y/o auditivas, dificultades de atención, concentración y memoria,
distorsiones cognitivas.
3. Sensaciones físicas: vacío en el estómago y/o boca seca, opresión en
tórax/garganta, falta de aire y/o palpitaciones, hipersensibilidad al ruido, sentido de
despersonalización, falta de energía/debilidad.
4. Conductas: alteraciones del sueño y/o la alimentación, conducta distraída,
aislamiento social, llorar y/o suspirar, llevar o atesorar objetos, visitar lugares que
frecuentaba el fallecido, llamar y/o hablar del difunto o con él, hiper-hipo actividad,
funcionamiento familiar.
En la actualidad no hay consenso diagnóstico en lo que se riere a duelo y como
consecuencia no está incluido en la clasificación del DSM-IV-TR. No obstante, en
los problemas adicionales que pueden ser objeto de atención clínica se señala la
presencia de ciertos síntomas que no son característicos de una reacción de duelo
“normal” y que pueden ser útiles para realizar un diagnóstico diferencial de duelo
patológico y episodio depresivo mayor.
Entre estos síntomas se incluyen:
1. La culpa por las cosas, más que por las acciones, recibidas o no recibidas por el
superviviente en el momento de morir la persona querida
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2. Pensamientos de muerte más que voluntad de vivir, con el sentimiento de que
el superviviente debería haber muerto con la persona fallecida.
3. Preocupación mórbida con sentimiento de inutilidad.
4. Enlentecimiento psicomotor acusado.
5. Deterioro funcional acusado y prolongado.
6. Experiencias alucinatorias distintas de las de escuchar la voz o ver la imagen
fugaz de la persona fallecida
Tratamiento
Por tanto, para resolver este tipo de duelo es necesario adecuar de manera
específica las intervenciones y técnicas según el problema en cuestión.
Dentro de la gran variedad de técnicas y estrategias posibles, consideramos
que las siguientes merecen ser tenidas en consideración
— Uso de cartas, diarios, fotos, visualización y poesía para expresar emociones,
pensamientos, recuerdos, reconciliación, despedida y dar significado personal a la
experiencia de la pérdida. — Utilización de fotos,
vídeos, casetes y pintura para la estimulación de recuerdos y emociones.
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— “Role playing”: ayuda a las personas a representar diferentes situaciones que
temen o sobre las que se sienten molestas, facilitándoles el aprendizaje de
habilidades y estrategias de afrontamiento. También se puede utilizar para
reconciliaciones y elaboración de sentimientos de culpa.
— Visualización e imaginación de escenas en las que se encuentra el fallecido,
sirviéndole para expresar sentimientos, pensamientos, reconciliarse y despedirse.
También ha resultado muy útil la técnica Gestalt de la “silla vacía”. El éxito de esta
técnica viene no de la imaginación sino de estar en el presente y de hablar con la
persona fallecida en vez de hablar de la persona.
— Reestructuración cognitiva: cambio de pensamientos negativos, distorsionados,
causantes de las manifestaciones de duelo patológico por otros más adaptativos.
— Auto instrucciones positivas y autor refuerzos para adquisición de habilidades y
afrontamiento de situaciones difíciles.
— Resolución de problemas: ayuda a la toma de decisiones.
— Detención del pensamiento, cuando éstos producen ansiedad y no son
productivos.
— Manejo de contingencias: refuerzo de conductas adaptativas y extinción de las
desadaptativas.
— Técnicas de relajación para situaciones de ansiedad e insomnio.
— Planificación de actividades gratificantes y manejo de habilidades sociales.
— Bibliotecaria.
Con cualquier técnica es esencial elegir el momento oportuno y tener en cuenta
las particularidades de cada individuo.
Seguimiento
En relación al tratamiento, cabe resaltar que el avance en las nuevas tecnologías
también se ha aplicado a las intervenciones psicoterapéuticas, y en particular a la
intervención en duelo. Así, Wagner et al; desarrollaron y evaluaron una
intervención cognitivo-comportamental para duelo complicado basado en Internet.
Los resultados de este estudio indicaron que el grupo que recibió tratamiento
experimentó reducciones estadística y clínicamente significativas especialmente
en los principales síntomas del duelo complicado, así como en depresión y
ansiedad en el postratamiento y a los tres meses. Posteriormente, Wagner y
Maerker realizaron un estudio de seguimiento, encontrando que la mejoría
alcanzada en el postratamiento se mantenía transcurrido un año y medio, tanto en
los síntomas psicológicos como en los físicos.
el tratamiento del duelo se puede realizar de forma individual, grupal y/o familiar o
combinada. Normalmente, atender al doliente de manera individual permite tratar
problemas muy concretos y particulares de esa persona, pudiendo ser a la vez el
paso previo a una terapia de grupo cuando ésta se considere pertinente. Esta
segunda modalidad, optimiza los resultados ya que se dan de manera conjunta
una serie de factores como facilitar un espacio y lugar de encuentro, ofrecer apoyo
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social, compartir con “iguales”, romper sentimientos de aislamiento y
distanciamiento y posibilidad de aprender de las experiencias de las demás
personas del grupo. Para muchas personas en duelo, el grupo se convierte en el
único espacio donde se sienten con permiso para poder expresar sentimientos
difíciles como el enfado, la tristeza, la culpa o soledad. Además, tal y como refiere
Payas, el grupo tiene una función educativa, es decir, las personas aprenden que
el duelo requiere tiempo, que es un proceso dinámico, que se desenvuelve en el
tiempo de forma característica, que hay unas etapas y tareas, y que deben tener
una actitud activa y de compromiso. No son responsables de lo sucedido, pero sí
del proceso de recuperación. Igualmente, lo que acabamos de comentar también
se podría aplicar a la atención a nivel de familia, aunque si hacemos referencia al
planteamiento propuesto por Kissner, “Terapia centrada en la familia en duelo”,
podemos puntualizar que la familia como grupo es la mejor y más natural fuente
de apoyo social y se intenta maximizar su funcionamiento para así mejorar la
efectividad de este apoyo. De esta manera, aumentando la cohesión, abriendo
canales de comunicación y ayudando a resolver conflictos, facilitamos un
ambiente de apoyo que fortalece los vínculos entre los miembros de la familia
tratada. Finalmente, resaltar que la modalidad combinada puede ser la de mayor
utilidad, puesto que se beneficiará de las ventajas de cada una de ellas.
Conclusiones
El interés de esta investigación fue el de trabajar con el duelo complicado y
patológico. En la bibliografía fue difícil delimitar lo que se entiende sobre estos
conceptos y para fines de investigación esto genera dificultad. Diferentes autores
han dado diferentes tipologías de duelo y se carece de una lista aceptada
consensualmente. Se necesita un análisis más detallado de las considerables
variantes y definiciones de lo que se entiende sobre duelo anormal, ya que como
señala Tizón (2004), se trata de un concepto con una intensión y extensión
nuclear poco definidas. Muchas de tales descripciones pueden utilizarse
clínicamente y para la comprensión de los fenómenos; sin embargo, su uso en
investigaciones científicas debe ser más detallado por las repercusiones sociales
que conllevan la terapéutica y la profesionalización de los fenómenos y
experiencias humanas.
En cuanto al proceso de duelo y su relación con los trastornos psicopatológicos,
se puede concluir que la relación es estrecha, aunque de primera instancia, el
duelo no tendría injerencia con la psiquiatría y mucho menos con sus tratamientos
o intervenciones psicoterapéuticas. Sin embargo, los duelos insuficientemente
elaborados favorecen el desequilibrio mental, y los trastornos psicopatológicos
establecidos suelen suponer dificultades, a menudo específicas, en la elaboración
del trabajo del duelo (Tizón, 2004). En estos casos donde el duelo se cronometra
en el tiempo, y se encuentra detenido frente a alguno de los obstáculos que se
presentan en el camino, o se inserta el mismo proceso sobre una personalidad
que presenta patologías previas, entonces sí, la intervención terapéutica es
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necesaria y aconsejable. se suele diagnosticar este fenómeno con otros
trastornos, como el de la depresión o la ansiedad. En este sentido, es importante
enfatizar que, si los síntomas del duelo duran dos meses, no necesariamente se
concluye que es una depresión, pero las pérdidas o separaciones sí pueden dar
origen a esta u otras entidades patológicas. Con respecto a la depresión, es un
término que se utiliza vagamente para una variedad de estados, por lo tanto, es de
importancia no utilizar extensamente el término, pues actúa como una barrera que
impide explorar a detalle las respuestas de los dolientes frente a las pérdidas, y
este diagnóstico acelerará las prescripciones de antidepresivos o ansiolíticos
innecesarias, práctica habitual en nuestros tiempos, en donde los síntomas tienen
que desaparecer más que ser entendidos. Quien consulta por una pérdida
necesita confrontar su dolor con lucidez y no adormecido químicamente.
En cuanto a los tipos de duelo se señala que si bien existen características que
diferencian al duelo anticipado, que es aquel que acompaña el curso de una
enfermedad terminal, del duelo súbito, provocado generalmente por accidentes
que terminan abruptamente con la vida, no se puede concluir afirmando que la
evolución del proceso de duelo, difiera en un caso o en el otro, ya que los duelos
son eminentemente singulares y dependientes de una multiplicidad de
circunstancias
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