El Cristiano y el Dinero.
Por D.B. Knox
En este resumen preciso, pero a la vez profunda (lo cual es típico de sus obras) D.B. Knox habla
sobre la manera en que los cristianos deberían pensar en el dinero.
El dinero ocupa un lugar muy importante en nuestro pensar. Gastamos mucho
tiempo pensando en el – en cuánto tenemos, cuánto necesitamos, cuánto ganamos y
cuánto gastamos. El Nuevo Testamento también tiene mucho que decir sobre el
dinero y lo que dice es sorprendente porque es contrario a lo que generalmente
pensamos sobre el tema.
Antes de examinar lo que dice el Nuevo Testamento sobre este tema necesitamos
preguntarnos si estamos dispuestos a aceptar los pensamientos de Dios sobre el
dinero. Eso será cuando sean claramente anunciados en las páginas de la Biblia y
especialmente enseñados por Jesús mismo. ¿El Dios Creador sabe más sobre el
manejo del dinero que nosotros? ¿Estamos dispuestos a aceptar sus palabras como
la regla para nuestra conducta en este tema al cual dedicamos tanta de nuestra
atención? La obediencia cristiana implica obediencia completa y no solamente en
esas cosas en que por casualidad nos encontramos de acuerdo con Dios. La fe
cristiana significa confiar en Dios aún cuando nuestro punto de vista sugiera lo
contrario.
La primera cosa que hay que notar en la enseñanza bíblica sobre el dinero es que la
abundancia no tiene importancia. Tener un poco más o un poco menos no tiene
relevancia en la vida. Jesús enseñó esto claramente cuando dijo, “La vida del hombre
no consiste en la abundancia de los bienes que posee.” De estas palabras vemos que la
primera virtud que hay que cultivar en cuanto al manejo del dinero es el
contentamiento. Entonces, Pablo enseña que teniendo comida y ropa debemos
estar contentos (1 Tim 6:8). Su comentario ocurre en el contexto de su crítica a los
cristianos quienes piensan que la vida cristiana y más aún, el ministerio cristiano,
es una manera de ganar dinero y hacerse ricos. Pablo comenta, “Gran ganancia es la
piedad acompañada de contentamiento”. La piedad con contentamiento – esta es la
receta del apóstol para vivir. Y qué paz maravillosa trae – libertad total de la
carrera loca de la gente. Nos corresponde vivir dentro de nuestras circunstancias,
porque nuestras circunstancias provienen de Dios. Dios es soberano. La plata y el
oro son suyos. Si la necesitamos, él puede multiplicar el dinero tan fácilmente como
multiplicó los panes y peces en los cerros de Galilea – o como multiplica el grano,
convirtiéndose en la espiga de trigo por medio de su sol y la tierra fértil de su
creación. Si nosotros nos preocupamos de los asuntos de Dios, él se encargará de
nosotros.
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El segundo punto que la Biblia subraya sobre el dinero es obvio – que la abundancia
no es digna de confianza. Podemos perderla rápidamente y en todo caso la
perdemos en la muerte o la vejez cuando ya no nos sirve (porque estamos
demasiado débiles para darle uso). Por lo tanto, Jesús advirtió a sus discípulos a no
ser ricos en este mundo sino en el venidero – ricos hacia Dios. Contó la historia de
un agricultor cuyas tierras habían producido cosechas abundantes. En vez de dar
gracias a Dios, dijo, “¿Qué haré? ... Esto hará: derribaré mis graneros, y los edificaré
mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos
bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate”. Pero Dios le
dijo: “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?” Y
Jesús añadió, “Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.” (Lc. 12: 18 al
21)
Vigorosamente, el dinero nos tienta a poner su confianza en él. Sin embargo es una
cosa incierta y en todo caso, está totalmente bajo el control de Dios. Así que el
apóstol dice a Timoteo, “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la
esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas
las cosa en abundancia para que las disfrutamos.” (1 Tim 6:17) Deben hacer bien, ser
ricos en buenas obras, dadivosos y generosos, atesorando una buena base para el
futuro, para que puedan echar mano a la vida, esa vida que realmente es vida.
La abundancia no es digna de confianza. Es una trampa depender del dinero para el
futuro. Nuestra confianza tiene que ser en Dios, quien tiene a cargo nuestro futuro
y quien provee para todas nuestras necesidades, porque él tiene cuidado de
nosotros.
II
Al considerar el uso que dar un cristiano al dinero, es importante darse cuenta que
debemos actuar responsablemente en la utilización del dinero bajo nuestro control.
El primer principio que mencionamos es que debemos ser dispuestos a compartir
nuestro dinero con los que tiene verdadera necesidad y a quienes la providencia de
Dios pone en nuestro camino. No es que nosotros tenemos que pasar necesidad
para que otros tengan abundancia, sino que nosotros podamos compartir con los
que tienen necesidad de nuestra ayuda.
Hay dos gran obstáculos al compartir. El primer es la avaricia. Queremos más y más
para nosotros mismos. La avaricia es ego céntrica y solamente Dios la puede sanar.
Debemos clamar a él en oración para que nos dé su Santo Espíritu para que
nuestras actitudes en la vida concuerden con su carácter. Nos da todo para
disfrutarlo. Nos ha dado su Hijo para ser nuestro salvador. Cuando amamos a Dios,
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también podemos amar a nuestro hermano y así nos levantamos más allá de
nuestra avaricia y el uso egocéntrico de nuestros recursos para que podamos
compartir nuestros recursos con los que tienen verdadera necesidad. Si la
animamos, la avaricia crece. Nos puede sorprender cuan avaros hemos llegado a
ser sin ni darnos cuenta. Por supuesto, los juegos de azar son esencialmente
avaricia y una persona o una comunidad que se da el gusto del juego (no importa
cuan poco sea el monto) llegará a ser más y más avara y por consiguiente menos
dispuesta a ayudar a otros en tiempos de necesidad. El jugar al azar tiene ese efecto
aún cuando la cantidad sea chica porque el motivo es tan avaro como cuando la
cantidad es grande. Es triste que el gobierno anime ese vicio de avaricia para poder
ganar más en impuestos. Sin lugar a duda, tendrá un efecto malicioso en la
comunidad y en la respuesta de la comunidad en tiempos de crisis. Además la
persona avara no es una persona feliz. Jamás somos satisfechos siendo
egocéntricos.
El otro obstáculo a compartir nuestro dinero es el temor. Tememos que nos
quedemos cortos de dinero si lo compartimos; quizás no nos quedaremos cortos
en este momento precisamente - porque para eso podemos hacer cálculos - pero en
el futuro, quien sabe, con todas sus incertidumbres. La respuesta a ese tipo de
temor es la fe en la fidelidad de Dios en el futuro. Es él quien nos ha dado nuestras
posesiones actuales y él ha prometido que, si buscamos hacer su voluntad, nos dará
lo que necesitamos cuando lo necesitamos. Dios tiene control de todo evento en
nuestro mundo, incluyendo el mundo de negocios y el mundo de nuestra propia
vida privada. Nos ha prometido el cielo y una herencia celestial maravillosa. Los
cristianos debemos vivir bajo la luz de esa promesa. Nos ha prometido la provisión
para lo que nos queda de la vida a este lado del cielo y también debemos vivir bajo
la luz de esa promesa. Por lo tanto, cuando estás tentado a vacilar en ayudar a los
demás en su verdadera necesidad, en la medida que te encuentres con esa
situación, recuerda de la promesa de Dios a ser fiel. El que nos ha dado la vida nos
dará también los medios para sostener la vida y no solamente nuestra vida, sino
también la vida de nuestros hijos. En verdad, como dice San Pablo, el amor de Dios
es tal que no tenemos base para el temor. Escribió , “ El que no escatimó ni a su propio
Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las
cosas?”
Tenemos una herencia grande en el futuro. Cristo la ha provisto en su muerte y ya
hemos empezado a disfrutarla por medio de su Espíritu. Si mantenemos nuestros
pensamientos en esa herencia, no nos aferraremos a lo que Dios nos ha dado en la
vida, sino que lo compartiremos con generosidad. Compartir es el primer gran
principio en el uso del dinero.
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III
A considerar la manera en que un cristiano utiliza su dinero, otro principio a
recordar es que nadie, cristiano o no cristiano, debe tener como meta principal el
ganar dinero. Eso es porque, como meta principal, es ego céntrico y jamás debemos
ser ego céntricos en nuestro actuar hacia los demás. Nuestro uso del dinero, que
sea en el negocio o en otras maneras, nos pone en contacto con gente, y todos
nuestros contactos con los demás deberían ser con el propósito de servirlos. Sobre
este principio, Dios hizo la vida humana. Jesucristo, el Hijo de Dios, ejemplificó este
principio a ser “entre vosotros como el que sirve”. Si hacemos que el ganar dinero sea
nuestra meta principal, en nuestros contactos con los demás siempre buscamos
algo que es egoísta; buscamos nuestros propios intereses, en vez de los intereses de
los con quien tenemos contacto. Este sigue siendo cierto si expandimos el concepto
de ego a incluir a mi y a mi familia o que lo convertimos en motivos religiosos en los
cuales tenemos interés.
Como consecuencia, en nuestro uso del dinero, que estemos conduciendo un
negocio, urbanizando un terreno o comprando acciones, nuestra meta y motivo
principales jamás deben ser ganar dinero sino de ver como mejor podemos servir a
los demás con el dinero que Dios ha puesto bajo nuestro control. Esto es cierto para
todo el mundo pero especialmente, por supuesto a los cristianos y la iglesia
cristiana.
Por ejemplo, si tenemos un terreno que queremos urbanizar, nuestro propósito
principal no puede ser el de hacer dinero; deberíamos preguntarnos si estaremos
sirviendo a la comunidad por medio de nuestra urbanización. De la misma manera
si somos arrendadores, al manejar nuestro negocio con los arrendatarios, no
debemos buscar por sobre todas las cosas hacer ganancia de ellos, sino a servirlos,
porque por providencia hemos sido puestos en esa posición de servicio como
arrendadores. No debemos deshacernos de nuestros arrendatarios porque ya nos
son una inconveniencia. Si somos personas de negocios, nuestro negocio debe ser
conducido con el propósito de dar beneficio a nuestros clientes. De la mismo
manera, el principal interés de los directores de las empresas no debería ser el
tamaño de ganancia que se puede anunciar en el informe anual a las accionistas,
sino que su preocupación principal debe tener que ver con la gente con quien la
empresa tiene contacto por medio de sus negocios. Todo este no significa que no
podemos hacer ganancias. Por supuesto tiene que haber ganancias para que
podemos mantener nuestras casas y familias. Además vamos a necesitar más
dinero para invertir en mejores recursos para la comunidad. Pero la meta principal
y lo que nos motiva a actuar en relación con otras personas, no puede ser del ganar
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dinero sino de servir a otros dentro de los parámetros de la necesidad de mantener
el servicio, de vivir y de desarrollar nuestros recursos. En pocas palabras, nadie,
cristiano o no cristiano, al utilizar su dinero, debe tener como meta principal la
ganancia, ni aún la preservación de sus intereses, sino que su meta debería ser
siempre vivir como Jesús, en verdadera preocupación por y servicio hacia su
próximo.
El dinero bajo nuestro control o las cosas que tenemos, es simplemente esa parte
de la creación de Dios cuyo uso es nuestra responsabilidad. Y nos corresponde
utilizarlo en una manera constante con el carácter de Dios, su Creador. Nuestro uso
de él nos pondrá en contacto con otras personas. Este significa que debemos
servirlos en nuestro uso de él, porque el servir a los demás es el verdadero motivo
por nuestras acciones con otras personas.
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