INTRODUCCIÓN
La contaminación ambiental es, sin duda, uno de los fenómenos más alarmantes de nuestro
tiempo. Su impacto trasciende lo ecológico, alcanzando dimensiones sociales, económicas y
jurídicas que afectan directamente la vida cotidiana de millones de personas. En Bolivia, un país
privilegiado por su diversidad natural y cultural, los efectos de la contaminación se manifiestan
en múltiples escenarios: ríos contaminados por residuos mineros, aire irrespirable en centros
urbanos, suelos degradados por actividades agrícolas intensivas y comunidades enteras expuestas
a riesgos ambientales sin protección efectiva. Frente a esta realidad, surge una interrogante
fundamental: cómo responde el Derecho ante la creciente amenaza de la degradación ambiental
La contaminación ambiental, según el Instituto de Salud Pública de Chile nos brinda que estamos
en tiempo donde la conciencia se decae, conforme a ello va avanzando grados de contaminación
que amenazan la existencia de la vida humana trayendo un problema en la vegetación y la
contaminación del aire, en este caso en el municipio de Llallagua, ubicado en el norte potosino y
con una larga tradición minera, enfrenta hoy una de las crisis ambientales más complejas y
urgentes de su historia. A lo largo de los años, la intensa explotación de recursos minerales,
acompañada por una deficiente gestión de residuos y la falta de políticas ambientales efectivas
por parte de las autoridades municipales y COMIBOL, ha generado una contaminación
progresiva que afecta gravemente la salud pública, el equilibrio ecológico y los derechos
fundamentales de las comunidades locales. Las aguas ácidas provenientes de los desmontes
mineros como los ingenios de concentración de mineral y la acumulación descontrolada de
desechos sólidos son solo algunos de los síntomas visibles de un problema más profundo la
ausencia de una planificación sostenible y una débil fiscalización estatal. Esta situación se tornó
aún más crítica tras el derrumbe de la laguna de relaves K’enko en marzo de 2025, cuyos
desechos descendieron violentamente hacia la zona de Andavillque una comunidad perteneciente
al ayllu chullpa colindante al ayllu sicuya, dejando a su paso un panorama de destrucción,
contaminación y abandono.
El presente ensayo busca analizar las causas y consecuencias de la contaminación ambiental en
Llallagua, con especial atención al desastre ocurrido en Andavillque, no solo como un hecho
puntual, sino como un reflejo estructural de las falencias normativas, institucionales y sociales
que afectan a la región. La idea central plantea que la contaminación en Llallagua, más allá de
ser un problema técnico, representa una forma de vulneración de derechos humanos, ante la cual
el Derecho debe ofrecer no solo respuestas legales, sino también soluciones reparadoras y
preventivas. A través de un enfoque jurídico y socioambiental, este trabajo pretende invitar a la
reflexión sobre la urgente necesidad de repensar el modelo de desarrollo extractivo en favor de
una justicia ambiental verdaderamente inclusiva y sostenible La contaminación ambiental que
actualmente afecta al municipio de Llallagua no es un fenómeno aislado ni reciente. Se trata de
un proceso progresivo y acumulativo que encuentra su origen en un modelo económico
fuertemente extractivista, centrado históricamente en la explotación minera. Esta forma de
desarrollo ha priorizado la rentabilidad a corto plazo sobre el equilibrio ecológico y la
sostenibilidad, generando impactos irreversibles sobre los suelos, el agua, el aire y, sobre todo,
sobre la vida de las personas. La situación ambiental de Llallagua se agrava aún más por la
debilidad institucional, la escasa planificación urbana y la limitada conciencia colectiva respecto
a la importancia del medio ambiente.
DESARROLLO.
La contaminación ambiental, según el Instituto de Salud Pública de Chile, es la “presencia en el
ambiente de cualquier agente (físico, químico o biológico), en concentraciones tales que sean o
puedan ser nocivos para la salud, la seguridad o para el bienestar de la población, o bien, que
puedan ser perjudiciales para la vida vegetal o animal, o impidan el uso normal de las
propiedades y lugares de recreación”. Esta definición no solo nos habla de sustancias peligrosas,
sino también del daño que estas pueden causar dependiendo de su cantidad, forma y el lugar
donde se encuentran. Es decir, no basta con saber que hay contaminación: hay que entender
cómo funciona, de dónde viene y por qué sigue ocurriendo. Lo preocupante es que, aunque esta
definición es completa, se queda en lo teórico si no analizamos con seriedad las causas reales que
permiten que esto siga pasando, especialmente cuando existen autoridades que deberían controlar
y prevenir, pero no lo hacen o lo hacen mal.
Un caso urgente es la contaminación del suelo. El suelo no es solo “tierra”: es la base de nuestra
vida. De él crecen los alimentos, por él se filtra el agua que bebemos y en él viven millones de
microorganismos que mantienen los ecosistemas. Cuando ese suelo se contamina, todo eso se
rompe. El investigador Vladimir Ledezma (2021) dice que la contaminación del suelo es “la
degradación provocada por sustancias y elementos dañinos que afectan su consistencia, fertilidad
y humedad”, y explica que entre las causas están la minería, la tala de árboles, las quemas y el
vertido de químicos. Esta explicación nos ayuda a entender que el suelo no se contamina solo por
accidente: son las actividades humanas mal gestionadas las que lo destruyen. Por ejemplo, la
minería no solo extrae minerales, sino que también deja desechos tóxicos; la tala y las quemas no
solo eliminan árboles, sino que exponen el suelo a la erosión, lo resecan y lo vuelven estéril. Así,
el suelo se vuelve duro, pierde nutrientes y ya no sirve para cultivar, lo que afecta directamente a
las comunidades campesinas.
Ahora bien, hablar de causas como “quemas” o “minería” es importante, pero no es suficiente.
Hay que preguntarse por qué estas actividades siguen ocurriendo sin control. Aquí entra la crítica
más profunda: muchas veces se permite contaminar porque hay intereses económicos de por
medio. Las empresas buscan ganar dinero rápido, sin importar los daños, y el Estado muchas
veces no actúa con firmeza, ya sea por falta de recursos, por corrupción o por falta de voluntad
política. Por eso, lo que Ledezma señala no debe entenderse solo como una lista de actividades
contaminantes, sino como los síntomas de un problema más grande: un modelo de desarrollo que
prioriza el beneficio económico a corto plazo, sacrificando el medioambiente y la salud de la
gente.
En Bolivia, las causas de la contaminación ambiental son variadas, pero todas están conectadas.
Según la ambientóloga Graziati, los principales factores son los incendios forestales, la actividad
minera, el uso excesivo de agroquímicos, la mala gestión de residuos, el cambio climático y la
desertificación. Lo que ella propone es una visión más amplia: estas causas no actúan por
separado, sino que se refuerzan unas a otras. Por ejemplo, si hay deforestación, se facilita que
entren máquinas mineras al lugar; si llueve más de lo normal por el cambio climático, los suelos
ya debilitados por la agricultura intensiva se erosionan más rápido, y así sucesivamente. Esto
demuestra que no podemos combatir la contaminación con soluciones aisladas, sino con políticas
completas que consideren todo el sistema.
Y ante todo esto, Llallagua es una zona donde se pueden ver claramente las causas de la
contaminación del suelo. La minería que se hace ahí no siempre se controla bien: se usan
químicos tóxicos, se botan residuos como relaves sin cuidado y no hay planes para cuidar o
recuperar el medioambiente. Todo esto pasa porque las autoridades no hacen cumplir las leyes,
las empresas mineras solo se preocupan por ganar dinero, y no hay reglas firmes que protejan la
tierra
El derrumbe de la laguna en Llallagua: Podemos mencionar como un desastre ambiental y
humano que sucedió el 16 de marzo de 2024, la laguna Kenko en Llallagua se desbordó y
provocó una mazamorra que afectó a la población de Andavilque. La mazamorra se formó
debido a la inclinación del terreno y la gran cantidad de agua que contenía la laguna, que se
había formado en una zona de pasivos ambientales mineros
CONSECUENCIAS DEL DESASTRE
La mazamorra dañó alrededor de 30 viviendas, de las cuales tres fueron completamente
destruidas. Además, se estima que el 80% de las viviendas y cultivos de la zona resultaron
afectados o destruidos. Se reportaron alrededor de 500 animales muertos, incluyendo llamas,
ovejas y otros animales de corral. Una persona está desaparecida en medio de la mazamorra, y se
están realizando esfuerzos para su búsqueda y rescate.
IMPACTO AMBIENTAL
La laguna Kenko contiene aguas ácidas con elementos mineralógicos como plomo, estaño y zinc,
lo que podría afectar la calidad del suelo y del agua en la zona. El impacto ambiental del desastre
es significativo, ya que la mazamorra puede contaminar las fuentes de agua y afectar la
biodiversidad de la zona.
RESPUESTA AL DESASTRE
La Gobernación, alcaldía, bomberos, policía y voluntarios han unido esfuerzos para socorrer a
los afectados y evaluar los daños. Se han rescatado algunas cabezas de ganado y se está
brindando asistencia a los damnificados. Las personas afectadas están siendo atendidas en el
hospital de segundo nivel de Llallagua, y se habilitaron sedes sociales para alojar a los
damnificados.
Podemos concluir mencionando que el derrumbe de la laguna Kenko en Llallagua es un desastre
ambiental y humano que requiere atención inmediata y acciones concretas para mitigar sus
efectos. Es fundamental que las autoridades y la sociedad civil trabajen juntos para brindar
asistencia a los afectados y prevenir futuros desastres. La protección del medio ambiente y la
gestión de los recursos naturales son fundamentales para garantizar un futuro sostenible para las
generaciones venideras.
CONCLUSIONES
La contaminación ambiental en Bolivia no puede seguir siendo concebida únicamente como un
problema técnico o natural. A lo largo de este ensayo se ha argumentado que se trata, en esencia,
de una forma concreta y persistente de vulneración de derechos fundamentales, especialmente en
contextos donde el acceso al agua, al aire limpio y a un entorno sano se ve comprometido.
Aunque el ordenamiento jurídico boliviano, encabezado por la Constitución Política del Estado,
reconoce de manera explícita el derecho a un medio ambiente saludable, su eficacia se ve
limitada por la débil aplicación de las normas, la falta de voluntad institucional y la escasa
articulación entre actores públicos y privados tal cual es, La contaminación ambiental en el
municipio de Llallagua constituye un problema estructural, prolongado y de graves
consecuencias, que ha sido históricamente ignorado o minimizado tanto por las autoridades
como por la sociedad en general. Este ensayo ha demostrado que no se trata únicamente de un
fenómeno natural o accidental, sino del resultado directo de un modelo de desarrollo extractivo,
desregulado y sin planificación sostenible, que ha puesto en riesgo no solo al entorno, sino
también a la salud y a los derechos fundamentales de la población.
Las aguas ácidas, producto de décadas de explotación minera sin responsabilidad ambiental, han
contaminado ríos, suelos y fuentes subterráneas, generando daños irreparables a los ecosistemas
y afectando de forma directa a las comunidades más vulnerables. A esto se suma el deficiente
manejo de residuos sólidos, cuya acumulación y disposición inadecuada agrava el deterioro
ambiental, contribuye a la propagación de enfermedades y revela la falta de una política pública
seria en materia de saneamiento urbano.
El caso del derrumbe de la laguna de relaves K’enko hacia Andavillque representa una evidencia
dramática del abandono institucional y del peligro latente que representa la negligencia en la
gestión de pasivos mineros. Este suceso no solo generó daños materiales, ecológicos y
económicos, sino que también dejó secuelas sociales profundas, como la pérdida de confianza en
las instituciones, el desplazamiento de familias y la ruptura del vínculo cultural y ancestral con la
tierra.
Frente a este escenario, urge replantear el rol del Estado en la fiscalización y gestión ambiental,
así como fortalecer los mecanismos legales que permitan a las comunidades exigir justicia,
reparación y garantías de no repetición. La contaminación en Llallagua ya no puede ser tratada
como una consecuencia inevitable del desarrollo, sino como una vulneración de derechos que
exige respuestas legales, sociales y ambientales concretas. La defensa del medio ambiente, en
este contexto, es también la defensa de la vida, de la dignidad humana y del futuro colectivo.
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contaminacion-ambiental/
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Instituto de Salud Pública de Chile (S/F) “Contaminación Ambiental”
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ambiental/