Proceso monitorio
Se introduce en el ordenamiento jurídico hondureño, partiendo de la mejor
tradición europea, e incorporando los avances de las reclamaciones de
pequeña cuantía anglosajonas y las previsiones del Código Procesal Civil
Modelo para Iberoamérica, el proceso monitorio (arts. 676 a 685).
La idea esencial es, a la vista de la realidad social, que el acreedor consiga un
título ejecutivo de forma rápida, que le permita las máximas garantías en el
cobro de la deuda si no hay oposición del deudor.
En este sentido, se constata en la vida práctica la realidad de la existencia de
documentos que, sin ser títulos ejecutivos por no tener ciertas garantías,
debido normalmente a la ausencia de fedatarios públicos que acrediten su
autenticidad, sí que gozan sin embargo de una mínima fehaciencia por
responder a créditos y débitos absolutamente normales en el tráfico económico
diario (determinadas facturas de profesionales o empresarios medianos y
pequeños, como fontaneros, pintores, mecánicos, tenderos o libreros por
ejemplo, albaranes de compra o entrega de mercancías, o minutas de
honorarios médicos, arquitectónicos, informáticos, etc., por trabajos y servicios
prestados), es decir, que identifican realmente deudas verdaderas, con la
particularidad añadida de tener un significado muy importante en la vida
económica del país.
Pues bien, el proceso monitorio se crea precisamente para conseguir una
protección rápida y eficaz de los acreedores de esos créditos líquidos
dinerarios frente a sus deudores que no han pagado por la razón que fuere,
prestaciones y cuantías justificadas debidamente por aquellos documentos.
El proceso monitorio es el adecuado para la interposición de pretensiones
fundadas en la exigencia del pago de una deuda de dinero, vencida y exigible,
de cantidad determinada en Lempiras o en moneda extranjera admisible
legalmente, hasta un límite de Doscientos Mil Lempiras (L.200,000.00) (art.
676).
Su objeto es, por tanto, la pretensión monitoria, consistente en pedir que el
documento que se aporta se transforme por el tribunal en un título que lleve
aparejada ejecución.
La competencia recae sobre el Juzgado que corresponda en razón de la
cuantía de la reclamación del domicilio o residencia del deudor o, de no ser
conocidos, el del lugar en que el deudor pudiera ser hallado a efectos del
requerimiento de pago (art. 678.1), sin ser de aplicación las normas sobre
sumisión expresa o tácita (art. 678).
El proceso comienza con demanda, en formulario (art. 679.2), del acreedor,
en la que, además de los datos de identificación del acreedor y del deudor, al
igual que su domicilio o lugar en el que residan o puedan ser hallados, hay que
hacer constar el origen de la deuda, es decir, describir el negocio causal, y
expresar exactamente su cuantía, acompañando el documento o documentos
que dan origen al proceso monitorio (art. 679).
1). Los documentos o acreditaciones a acompañar a la demanda son (art.
677):
1º) Documentos, cualquiera que sea su forma y clase o el soporte físico en que
se encuentren, que aparezcan firmados por el deudor o con su sello, impronta
o marca o con cualquier otra señal, física o electrónica, proveniente del deudor.
2º) Facturas, recibos de entrega de mercancías, certificaciones, telegramas,
telefax o cualesquiera otros documentos que, aun unilateralmente creados por
el acreedor, sean de los que habitualmente documentan los créditos y deudas
en relaciones de la clase que aparezca existente entre acreedor y deudor; y
3º) Documentos comerciales que acrediten una relación anterior duradera.
Finalmente, hay que indicar que, para la demanda del proceso monitorio, será
necesaria la asistencia de profesional del derecho, salvo cuando la cuantía de
la deuda ser inferior a Cinco Mil Lempiras (L.5,000.00) (art. 679.3).
Admitida la demanda se requerirá al deudor para que pague o que
compareciendo ante el juez alegue, sucintamente, en escrito de oposición, las
razones por las que no debe pagar, en todo o en parte, la cantidad que se le
reclama (art. 680.1).
Si el deudor no paga y no comparece para oponerse, se despacha
ejecución contra él (arts. 680. 2, 681 y 682).
Si el deudor atendiera el requerimiento de pago, se le hará entrega del
comprobante de pago y se archivarán las actuaciones (art. 683).
Caso de plantear oposición, se tendrá que acudir al proceso ordinario o
abreviado que corresponda por la cuantía, en la forma prevista en el art. 685,
para resolver en él la cuestión, ante el mismo Juez de Letras que conoció del
monitorio (art. 684.1).
La tutela sumaria
Por último, se introduce en nuestro sistema procesal civil la tutela sumaria de
situaciones jurídicas discutidas (arts. 686 a 689), proceso especial ajeno a los
tradicionales interdictos, que permiten una composición que, sin estar vinculada
a un proceso ya existente, o exigir la apertura de un proceso posterior, está
sirviendo en algunos ordenamientos jurídicos como un relevante elemento de
pacificación de las relaciones sociales.
El ámbito propio de esta tutela especial es dar protección a aquellas relaciones
jurídicas que deban ser provisionalmente reguladas en su alcance, extensión y
modo se ser, mientras o hasta que se decida de forma definitiva el derecho que
a cada uno le corresponde (art. 686.1).
Esta tutela se justifica en la concurrencia de razones de especial urgencia, o la
necesidad de mantener la paz jurídica, o evitar la creación o consolidación de
situaciones de hecho (art. 686.2).
La competencia corresponde al Juzgado de Letras del domicilio del demandado
(art. 687. 1).
El procedimiento, que tiene carácter preferente (art. 687.3), se inicia con
demanda, que podrá serlo en formulario como la del procedimiento abreviado
(art. 687.2), tramitándose también conforme a este procedimiento, si bien con
un acortamiento de los plazos al tiempo indispensable para garantizar los
derechos de las partes (art. 687.2).
Con estas pretensiones de tutela sumaria se pretende obtener del juez una
resolución en la que se ordene a la parte la realización de prestaciones de dar,
hacer o no hacer que, si no se cumplen voluntariamente, podrán ejecutarse de
manera inmediata (art. 688. 1).
Ahora bien, al tratarse de una tutela sumaria, la resolución judicial no se
pronunciará sobre derechos ni producirá efectos de cosa juzgada, de forma
que las partes podrán incoar en proceso en petición de lo que les interese (art.
688. 2).
Ejecución Forzosa
El diseño de un nuevo proceso civil debe dedicar una atención especial a la
regulación de la ejecución forzosa, porque en ella se encarna la verdadera
prueba de fuego de la eficacia del sistema diseñado.
Es sabido que de nada sirve un excelente proceso de declaración, un excelente
modelo de medidas cautelares, si el proceso civil no da las garantías
suficientes para que la sentencia dictada por el juez o tribunal se cumpla en la
práctica e incide realmente sobre los derechos y obligaciones de las partes
concernidas por el fallo judicial.
Corresponde también a la Administración de Justicia, al Poder Judicial, al
Estado, en definitiva, llevar a cabo las actividades necesarias para que, ante la
falta de cumplimiento voluntario del deudor condenado, el fallo o
pronunciamiento judicial adquiera realidad y no quede como un mero deseo o
recomendación.
Corresponde a las leyes procesales, en este caso al Código Procesal Civil
establecer el conjunto de normas necesario e imprescindible para posibilitar
esas actuaciones.
En esta línea, el Código dispone una regulación de la ejecución forzosa que
sirve claramente al planteamiento dado permitiendo:
1º) Una efectividad real de la tutela que dispensan los tribunales permitiendo a
éstos dar adecuado cumplimiento a lo declarado en la sentencia, impidiendo
que ésta se convierta en una mera declaración de intenciones o en un ejercicio
jurídico más o menos brillante. Con ello, se logra que los derechos establecidos
en la sentencia se hagan reales y no se queden en virtuales.
2º) Un acceso completo del ciudadano a la tutela judicial efectiva, no sólo
declarativa, sino también ejecutiva (como garantizan los arts. 1 y 2 del
Código). Así, cuando el cumplimiento de una resolución judicial no se produce
voluntariamente por quien ha resultado condenado a hacerlo, la ley debe
prever los mecanismos para forzar dicho cumplimiento.
Se establece todo un conjunto de normas que garantizan al ciudadano
favorecido por una resolución judicial que puede acudir a los juzgados y
tribunales para lograr que se cumpla si el obligado rehúsa hacerlo
voluntariamente.
Esas normas son guía y límite para los jueces en la tarea de hacer cumplir
forzosamente las resoluciones judiciales, tarea que a ellos compete de manera
exclusiva y excluyente.
3º) Un aumento de la confianza de los ciudadanos en la Administración de
Justicia.
Al hilo de las más recientes experiencias en la materia, la regulación que se
propone en el Código es sistemática y unificadora, dirigida a conseguir de
forma rápida y eficiente la completa satisfacción del ejecutante que dispone
resolución judicial firme que le da la razón, pero sin perder de vista el derecho
del ejecutado a ejercer una oposición frente a aquellas ejecuciones que
resulten injustas o ilegales, así como la salvaguarda de los terceros afectados
por le ejecución.
Como veremos a continuación, se desgranan los supuestos de ejecución de
títulos judiciales y extrajudiciales, con el establecimiento de las
correspondientes diferencias donde es necesario. Se aborda también la
ejecución de resoluciones extranjeras, la ejecución provisional, y, junto a las
normas dirigidas a lograr la más adecuada ejecución dineraria previendo
sistemas para la realización más ventajosa de los bienes (beneficiando tanto a
ejecutante como a ejecutado), se incorporan, con un sentido realmente
moderno, mecanismos para lograr el cumplimiento específico de las
obligaciones de hacer, no hacer o dar cosa determinada, y evitar su rápida
conversión en una indemnización de daños y perjuicios.
Por último, se dedica un apartado específico a las ejecuciones hipotecarias y
prendarias.
Por otro lado, es un valor del Código el tratamiento sistemático separado, sin
perjuicio de las normas de aplicación común, de la ejecución de títulos
judiciales y de la ejecución de títulos extrajudiciales, dando claridad a una
cuestión que ha resultado muchas veces confusa por la anterior regulación de
la ejecución forzosa.
a) Disposiciones generales La regulación de la ejecución forzosa se abre
con unas disposiciones generales que resultan de aplicación a cualquier
clase o proceso de ejecución regulado en el Código.
Entre ellas se encuentran normas que constituyen una auténtica declaración de
principios sobre la extensión, alcance y finalidad de la ejecución.
En primer lugar, la ejecución forzosa se concibe como un derecho del litigante
que ha obtenido a su favor una sentencia, dotando de efectividad así a la tutela
judicial otorgada, pudiendo instar la intervención de los órganos judiciales y de
la Administración de Justicia para hacer cumplir el contenido del título de
ejecución (art. 742.1).
Aunque pudiera parecer que esta referencia lo es sólo a los títulos de ejecución
judiciales, también abarca a los títulos de ejecución extrajudiciales. En segundo
lugar, el art. 742.2 deja claro que la ejecución forzosa sólo se puede iniciar a
instancia de parte, y, además, debe tratarse de la parte que obtuvo a su favor
ejecutoria (o el acreedor, en el caso de títulos extrajudiciales).
De esta forma, la ejecución forzosa se ajusta a los principios y caracteres
básicos que la rigen y justifican y que son: a) Tratarse de una actividad
jurisdiccional, lo que se debe entender en el sentido de que toda la actividad de
ejecución debe quedar bajo control del juez, aunque no es necesario que sea
éste en persona quien realiza todas las actuaciones ejecutivas, sobre todo si
son actuaciones materiales; b) Ser una actividad sustitutiva, porque sólo puede
ponerse en marcha la ejecución si el demandado condenado no cumple
voluntariamente con lo dispuesto en el título de ejecución; c) Y ser una
actividad que sólo puede ponerse en marcha a instancia de parte interesada.
Otra de las novedades recogidas en materia de ejecución es la consagración
legal del principio de completa satisfacción del ejecutante (art. 743.2), ya que la
ejecución no podrá terminar hasta que no se obtenga íntegramente esa
satisfacción, con cumplimiento total del contenido del título.
En esta línea, el art. 743.1 establece como regla general que la ejecución
forzosa se lleve a cabo en los propios términos establecidos en la ejecutoria, a
la vez que establece el derecho del ejecutante a ser indemnizado si ello no
sucede así por causa imputable al ejecutado o por contravención del contenido
de la obligación ejecutada.
Las actividades de ejecución suponen una injerencia en el patrimonio del
ejecutado que, en ocasiones, es bastante profunda. Por ello se debe poner
mucho cuidado en evitar que la ejecución se convierta en un pretexto para una
injerencia desmedida y no acorde con lo que establece el título que se ejecuta.
Así, la ejecución forzosa se debe someter a límites concretos y así se
establece con claridad la imposibilidad de que las actividades de ejecución
forzosa rebasen o excedan el contenido del título (art. 744.1), anudando la
nulidad de las actuaciones ejecutivas que contradigan ese contenido o que se
refieran a cuestiones no integradas en la pretensión debatida en el proceso que
originó dicho título (art. 744.2). Esta nulidad se hace valer por la vía de los
recursos de reposición y apelación.
En cumplimiento del principio de economía procesal, atendiendo a la existencia
de conexión entre diversas obligaciones ejecutadas, y para una mejor
satisfacción de los intereses de los acreedores ejecutantes, el art. 745 prevé la
posibilidad de acumulación de ejecuciones.
En las ejecuciones hipotecarias o prendarias no procederá la acumulación de
otras ejecuciones sobre el mismo bien, salvo que se trate de ejecución de otras
garantías hipotecarias o prendarias.
Las normas generales de ejecución se cierran con la regulación de las costas
(art. 746), siendo el principio general que se impongan al ejecutado, aunque
sean adelantadas por el ejecutante, que será reembolsado al final de la
ejecución previa liquidación.
No obstante, se establecen reglas especiales para los casos en los que la
actividad ejecutiva sea instada directamente por el ejecutado o por un tercero,
caso en que serán éstos, respectivamente, quienes asuman directamente las
costas y gastos originados (es decir, no las adelanta el ejecutante).
Otra regla especial, art. 746.2, se refiere a los casos en los que la ley
establezca que una actuación ejecutiva concreta está sometida a
pronunciamiento judicial de costas, debiendo decidir el juez conforme al criterio
legal que se proporciona.