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IDENTIDADES FRAGMENTARIAS: PROTESTAS Y CIUDADANIAS
NOMADAS
Adrián Scribano
ICS-UNVM (Borrador)
Cuando se analiza la información proveniente de la investigación
empírica sobre protesta social en Argentina y Latinoamérica dos de las
primeras impresiones son, por un lado, que han aparecido “nuevas”
estrategias colectivas que los agentes utilizan para recobrar visibilidad
social y por otro lado, se observan la constitución fragmentaria de
identidades colectivas y personales.
Esta presentación busca discutir los posibles significados de estos
dos fenómenos y ligarlos a las transformaciones en la noción de
ciudadanía, que por su impacto potencial en las prácticas sociales puedan
tener los fenómenos aludidos.
Para lograr este objetivo se ha optado por la siguiente estrategia
argumentativa: en primer lugar, se discute la noción de identidades
fragmentarias en conexión al de lucha por la visibilidad y aparición de
demandas de subjetividad que se observan en las protestas y en segundo
lugar se esbozan algunos rasgos de lo que se podría entender como
ciudadanías nómadas.
Dialéctica de la identidad en contextos de exclusión
Uno de los componentes de la globalización es el globalismo
entendido como mecanismo ideológico de afirmación de las
contradicciones entre lo local y lo global negando la radicalidad de las
transformaciones en lo particular. El instrumento teórico y práctico de este
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globalismo es el neoliberalismo usado como un programa científico para
transformar la realidad del mundo social.
En este contexto, se puede observar, desde los estudios empíricos
sobre protesta en Argentina, que existe una “alta correlación” entre ajuste
neoliberal y protestas sociales en contra de lo que pareciera indicar la
consabida tolerancia social al ajuste. (Scribano 1999b)
Entre los fenómenos que ocasiona el aludido ajuste el que nos
interesa destacar aquí es el que hemos denominado "eufemización
etiquetante" (Scribano 1999c). Entendiendo que las políticas focalizadas
provocan fragmentación social y que los programas que las encarnan
producen nuevas maneras de representarse a los sujetos sobre los que
hay que intervenir para contener los resultados del ajuste se presenta el
siguiente cuadro de situación. Pasando desde las justificaciones
“sociológicas” y llegando hasta los "métodos para medir" la pobreza
emergen una pluralidad de otros que son "científicamente" diferentes:
pobres, indigentes, pobres estructurales, nuevos pobres, grupos vulnerables
y desocupados. Estos se transforman, por todo el peso performativo del
discurso científico, en personajes distintos de la narración y las prácticas de
la fragmentación y la exclusión.
De este modo el estado, las OnG y las instituciones intermedias
perciben, clasifican y atienden a los agentes de acuerdo a la categoría de la
fragmentación en la que están inscriptos discursivamente. La exclusión es la
peor consecuencia de la fragmentación para la identidad del agente, pues
es el terreno aún no nominado y por lo tanto consiste en la virtual
inexistencia personal, en la imposibilidad de decirse a sí mismo.
Así, como se podrá intuir, esta narración que nace de la "eufemización
etiquetante" tiene consecuencias directas en la constitución de la
identidad personal y colectiva de los individuos sujetos a las políticas
neoliberales.
Por un lado, desde un punto de vista identitario se ha asistido a la
disolución de los apelativos organizacionales de pertenencia, a la existencia
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de prácticas colectivas de referencia existentes antes de los 80, es decir, los
agentes no son más "la gran masa del pueblo", ni el "compañero
trabajador", como así tampoco "el Doctor Fulano" o "el Ingeniero Mengano",
sólo son lo que pueden ser, lo que las políticas estatales y el mercado
permiten que sean.
Por otro lado, emerge la diferencia como amenaza a la identidad. Esto
se entiende mejor, si se lo retoma desde la fragmentación y sus
consecuencias para los mecanismos de coordinación de la acción social.
(Scribano 1999 a)
Hoy nos enfrentamos a un curioso proceso dialéctico de
homogeneización de la heterogeneidad que implica la ruptura de las
prácticas sociales comunes, que impone la diferencia desde el afuera
restringiendo el espacio de decisión individual básico para ser lo que uno
quiera ser.
Esto hace aparecer dos facetas importantes de las transformaciones
a las que se han hecho alusión: en primer lugar el "achicamiento" de los
espacios del si-mismo y en segundo lugar la paradójica "ampliación" de los
mecanismos de auto-identidad. Es decir la amenaza de la represión del
etiquetamiento y la "resistencia" personal y colectiva que ello ocasiona.
El “achicamiento” de los espacios del si-mismo hace referencia a los
mecanismos que producen una pérdida de autonomía fundamental, la de
poder decirse a uno mismo desde la diferencia, en terrenos no delimitados,
en condiciones de exclusión. No estar en el mapa socialmente valido que
permite el hetero-reconocimiento bloquea la capacidad de reconocerse a si-
mismo. Provoca una exteriorización de la definición del sujeto que termina
achicando los espacios de identidad personal. Los agentes no solamente no
están en la narrativa oficial, no solamente han perdido la referencia
colectiva sino que también se desconocen en el espejo de esas etiquetas
que no dicen nada de lo que hace y por ende de lo que son. Pero tampoco
dicen nada sobre lo que son y menos de lo que hacen. De este modo, los
agentes-en-protesta manifiestan esta suerte de acorralamiento identitario,
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cuestión que refuerza la meta de obtención de visibilidad como la eficacia
inmediata de la protesta. Por esta vía. también se comprende como dicha
visibilidad busca re-armar el mapa perceptivo donde la diferencia no sea
una amenaza.
De esta manera, aparece en escena, el otro tema que se quiere
presentar: la paradójica "ampliación" de los mecanismos de auto-
identidad en relación a las demandas de subjetividad.
Al retirarse el estado de la sociedad civil genera procesos de
coordinación de la acción que antes no existían o estaban reservados a
espacios restringidos de la esfera privada de los agentes. Ahora los
sujetos, se deben encontrar en espacios distintos y a definir, los sujetos
retoman redes de solidaridad y se posicionan ante nuevas redes de
conflicto. Menos estado mas esfera privada transformada en pública.
Comedores infantiles, roperos comunitarios, colectivos y sindicatos de
desocupados, colectivos de “beneficiarios” y otras formas
organizacionales emergen como resistencia a la exclusión, pero también
como referencias colectivas de identidad. La protesta se produce desde
estas potenciales y paradójicas coberturas de identidad e instalan como
uno de sus componentes básicos las demandas de subjetividad.
Las demandas de subjetividad se orientan a obtener reconocimiento
en el contexto de una radical temporalidad de la identidad personal. Es
decir, el juego entre auto-reconocimiento y hetero-reconocimiento es re-
contextualizado a la luz de la posición del sujeto en el campo de la
exclusión. Esto implica que en las protestas se puede observar como:
1) Las demandas de subjetividad son la expresión concreta de cómo
la gente reclama en primera instancia ser respetadas en tanto seres
humanos. Lo que hace ver la importancia de mirar la resistencia al ajuste
como una cuestión de derechos humanos universales.(Scribano 1998c)
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2) Las demandas de subjetividad están asociadas a demandas de
identidad. Estas últimas solo se reconocen en la producción intersubjetiva
del auto y hetero-reconocimiento. Esta producción supone abrir nuevos
espacios de intercambio y diálogo donde el sujeto forma parte de una
voluntad colectiva tejida discursivamente.
3) La voluntad colectiva constituida discursivamente supone la
relación entre identidad y diferencia, albergando la clave de una acción
colectiva potencialmente disruptiva, productora y reproductora de
espacios públicos.
4) Las demandas de subjetividad, las demandas de identidad y los
“nuevos” espacios públicos se conectan por un cordón inestable y siempre
fragmentario, el cordón de la reflexividad y la crítica. Y esto involucra el
reconocimiento de modos particulares de subjetividad.
Es en este marco que nace la idea sobre que la protesta social en los
finales del siglo XX involucra la aparición de identidades fragmentarias. La
dialéctica del reconocimiento en contextos de exclusión que implica la
paradojal situación de pérdida de autonomía y apertura de nuevos
espacios para la auto-identidad da paso a un momento de identidad
transitoria. Una identidad recortada al talle de los fragmentos de hetero-
reconocimiento que devuelve la estructuración social que acusa el golpe
de la hegemonía neo-liberal. Un fragmento de subjetividad ahora puesto
en el lugar de la totalidad que toda identidad reclama, una identidad
espacio-temporalmente desplegada. La precariedad define la posibilidad
de reconocerse en un tiempo y lugar y en diversos tiempos y lugares, en
tanto se incrusta en el fluir de la vida un potencial reconocimiento, una
posibilidad para volver a relacionar quienes somos con aquello que
hacemos. En este sentido la construcción de identidad es transitoria y
precaria, es fragmentaria.
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Finalmente, dicha posibilidad de identidad anida en la constitución
parcial, transitoria y precaria de identidades colectivas dispuestas como
dispositivos que permiten re-enganchar potenciales momentos de
reconocimiento intersubjetivo. Identidades que en las protestas sociales
pujan por instanciarse, por actualizarse, por hacerse concretas.
Esta dialéctica de la identidad personal y colectiva conduce a una
redefinición de la noción de ciudadanía que portan los agentes en
condiciones de exclusión en tanto efecto de la globalización.
Ciudadanías Nómadas
Desde la consolidación del estado de derecho en condiciones de
modernidad y en el contexto de la evolución del sistema capitalista la
permanente redefinición de la ciudadanía ha sido uno de los ejes de las
transformaciones sociales. En este marco, la característica básica de la
noción de ciudadanía es su potencial capacidad universalizadora, es decir,
la ciudadanía es un dispositivo conceptual que permite colocar a un
particular en el lugar de un universal y posibilita por esta vía sintetizar la
existencia de las esferas públicas y privadas de un individuo. Es una
abstracción que ocupa el lugar de lo concreto con capacidad performativa,
es decir, puede transformar lo real. Lo que se obtiene por esta vía es, por
un lado, la legitimación del orden capitalista y la entronización de la
división del hombre en tanto individuo público y privado; y por otro la
protección y tutela de los individuos ante el poder político y económico.
Hoy y aquí surgen desplazamientos en el significado de la noción de
ciudadano en contextos de globalización que, entre otras cosas, produce
lo que se ha descripto como dialéctica de la identidad en contexto de
exclusión.
Las transformaciones planetarias implican, ante todo, cambios y
desplazamientos en los modos de producir sentido y en los centros de las
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redes de conflicto y esto afecta directamente a la concepción de
ciudadano.
En esta dirección, lo que antes se tomaba como un rasgo de un
individuo nacido en la orbita jurisdiccional de un estado hoy es objeto de
batallas semióticas orientadas a su resignificación. La noción de
ciudadanía y las prácticas a ellas asociadas están siendo resignificadas
desde esas misma prácticas, es decir, ser ciudadano se conecta cada vez
más a lo que se pueda o no hacer en la sociedad civil y no solamente al
sistema político. Un ciudadano, entre otros derechos, tiene derecho a
trabajar, a tener una vivienda digna, a atención médica gratuita, a
educación general garantizada; hoy buena parte de los rasgos
enumerados, como se ha tratado ya de argumentar, se han disuelto, o
difuminado en el marco de las políticas y la política que implica la
globalización.
Como se afirmara ya, las protestas sociales se conectan
directamente con las aludidas políticas y en especial con sus
consecuencias. Se ha sostenido, que se puede observar en las protestas la
aparición de identidades fragmentarias que se refieren a los procesos por
los cuales los agentes sociales recobran visibilidad social, se resisten al
etiquetamiento eufemizante y generan demandas de subjetividad. Ahora
bien, es justamente aquí, donde se visualiza la aparición de demandas
colectivas en relación a dichas identidades, donde se percibe la
resignificación de la noción de ciudadanía, donde se reclaman derechos en
conexión a estas “nuevas” formas de ciudadanos. En las protestas emerge
una voluntad colectiva tejida a través de identidades individuales que
reclaman reconocimientos desde su “nueva” auto-identidad.
Es en este contexto que se vuelve necesario tematizar las
adjetivaciones particulares de la noción de ciudadanía que emergen del
proceso de resignificación al que se ha hecho referencia. Aparecen así,
adjetivaciones que provienen de los derechos que se reclaman en la
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protesta y que denominaremos como derechos en transito, en
construcción y regionales.
Son derechos en transito pues el derecho y los objetos del mismo se
desplazan en relación a los conflictos y las transformaciones propias del
desenvolvimiento capitalista y por lo tanto el sujeto de dicho derecho y los
rasgos que lo cualifican. En realidad toda política focalizada genera estos
efectos, nadie en particular tiene derecho a un plan trabajar por que todos
lo tienen, diría la lógica de la ciudadanía, pero al invertirse la relación en la
práctica genera un sujeto de derecho para cada promesa no cumplida,
para cada conflicto y sus consecuencias. Las protestas evidencian cómo a
medida que aumenta la posibilidad de obtener visibilidad social y construir
identidad aumenta la percepción de los agentes respecto a recobrar los
derechos que se alejan y hasta anulan en el campo de la exclusión.
Son derechos en construcción pues se refieren a un derecho sin
sujeto fijo, son difusos por no poder referirse a una identidad previamente
constituida como la de ciudadano. El genero, la situación ocupacional, la
clase van determinando derechos especiales que no existían como tales,
pues antes no había nadie allí. Fragmentar no sólo significa, fracturar,
romper sino también generar fragmentos, nuevas identidades, construidas
desde la acción de fragmentación y por lo tanto muchas veces no
esperadas, producidas con el quantum de resultados no queridos de la
acción estatal y las condiciones no conocidas de la misma. La aparición de
dichos sujetos y su conexión con una voluntad colectiva construida
discursivamente genera procesos de configuración y reconocimiento de
“estados” de ciudadanía diferentes.
Son derechos regionales, no ya por el espacio-tiempo, sino por sus
objetos que se ubican en posiciones nuevas o diferentes en el paisaje
social reconstruido. Al cambiar la pintura del mundo que supone el
ciudadano se reconstruye su horizonte de percepción y con este los
sujetos-objetos que están, con él, al lado de él o a su disposición. Así, los
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que protestan se refieren a “cosas” distintas a regiones del mundo social
especialmente cualificadas, de allí la incapacidad por parte del sistema
político formal de “manejar” las demandas que emergen desde la
protesta. La incapacidad de reconocer en un pedido puntual y concreto los
rasgos de una ciudadanía perdida y ahora localizada y específica. La
ciudadanía se pone patas para arriba y muestra lo particular, lo real.
Estos derechos en transición, en construcción y regionales generan
la configuración de un ciudadano errante, que se desplaza y construye su
ciudadanía. Un sujeto nómada que adquiere y pierde derechos, es decir,
sus rasgos en tanto ciudadano, según el lugar, el objeto y el proceso que
este viviendo. Un sujeto nómada que para tener derechos se ve obligado a
recobrar visibilidad, a redefinir su identidad y su pertenencia a colectivos
que la hagan posible y a usar recursos expresivos que hagan perceptibles
a dichas acciones. (Scribano 1999e)
Sí lo afirmado aquí puede reclamar, como se cree, alguna pretensión
de validez, sí mueve a su aceptación razonable en un proceso
argumentativo, estaremos frente a un problema grave para aquellos
preocupados por entrever posibles caminos de emancipación, a saber,
estos ciudadanos nómadas ¿encontraran sus derechos definitivos?,
¿encontraran un estado dispuesto a reconocer los derechos de todos?,
¿serán, parafraseando a Melucci, profetas de nuevos códigos?
Referencias Bibliográficas
SCRIBANO, A.
1999a "La Diferencia Su importancia en los procesos de construcción de la Identidad
personal." en Red de Filosofía y Teoría Social, Quinto Encuentro. Centro Editor de la
Secretaría de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de Catamarca. En proceso
de Edición.
1999b “Argentina Cortada: “Cortes de Ruta” y Visibilidad Social en el Contexto del
Ajuste.” En Lucha Popular, democracia, neoliberalismo: Protesta Popular en América
10
Latina en los Años del Ajuste. Margarita López Maya Editora. Nueva Visión. Venezuela.,
p.p. 45-71. ISBN 980-317-149-6
1999c Multiculturalismo, Teoría Social y Contexto Latinoamericano. Rev. La
Factoría.Nº9Junio-Septiembre..España. www.lafactoriaweb.com/articulos/scribano9
1999d Epistemología y Estudios de Acción Colectiva. X Congreso Nacional de Filosofía.
AFRA. Asociación Filosófica Argentina. Escuela de Filosofía, Facultad de Filosofía y
Humanidades. Huerta Grande, Córdoba 24 al 27 de Noviembre.
1999e Lo que el viento se llevo: Protesta Social, Indeterminación y Sentido. Encuentro
Ciencias Sociales en Argentina. Investigación y Teoría. 27 de Agosto Universidad Nacional
de Villa María.
1998a "Complex Society and Social Theory". Social Science Information. 37 (3) Sept, p.p
493-532 Sage.
1998b Los Otros, Nosotros y Ellos: Hacia una Caracterización de las Prácticas Políticas en
Contextos de Exclusión. En Educación, Cultura y Política. Fidel Molina Luque (Edit.)
Servicio de Publicaciones de la Universidad de Lleida. España.. En prensa.
1998c "De La Voz Al Espacio: Los Cortes de Ruta y Derechos Humanos" en Red de
Filosofía y Teoría Social, Cuarto Encuentro. Centro Editor de la Secretaría de Ciencia y
Tecnología de la Universidad Nacional de Catamarca. En prensa.
NOTA: Dada la consigna del taller se hace referencia sólo a los resultados de nuestras
investigaciones en conexión con el tema del mismo, lo que motiva la citación
autoreferencial. Además, por cuestiones de espacio sólo se hace referencia a los trabajos
de los dos últimos años que sustentan la presente comunicación en tanto estudios sobre
protesta en el marco de investigaciones por mi dirigidas.