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Amor Eterno

El documento presenta una serie de poemas de diversos autores que evocan recuerdos, emociones y reflexiones sobre la vida, el amor y la naturaleza. Cada poema ofrece una perspectiva única, desde la nostalgia infantil hasta la crítica social y la búsqueda de la identidad. La variedad de estilos y temas resalta la riqueza de la poesía en la expresión humana.
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Amor Eterno

El documento presenta una serie de poemas de diversos autores que evocan recuerdos, emociones y reflexiones sobre la vida, el amor y la naturaleza. Cada poema ofrece una perspectiva única, desde la nostalgia infantil hasta la crítica social y la búsqueda de la identidad. La variedad de estilos y temas resalta la riqueza de la poesía en la expresión humana.
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Pegasos, lindos pegasos,

caballitos de madera.

Yo conocí siendo niño,

la alegría de dar vueltas

sobre un corcel colorado,

en una noche de fiesta.

En el aire polvoriento

chispeaban las candelas,

y la noche azul ardía

toda sembrada de estrellas.

¡Alegrías infantiles

que cuestan una moneda

de cobre, lindos pegasos,

caballitos de madera!

“Ese beso” (Claribel Alegría)


Ese beso de ayer

me abrió la puerta

y todos los recuerdos


que yo creí fantasmas

se levantaron tercos

a morderme.

“A la mar” (Francisco de
Quevedo)
La voluntad de Dios por grillos tienes,

Y escrita en la arena, ley te humilla;

Y por besarla llegas a la orilla,

Mar obediente, a fuerza de vaivenes.

En tu soberbia misma te detienes,

Que humilde eres bastante a resistilla;

A ti misma tu cárcel maravilla,

Rica, por nuestro mal, de nuestros bienes.

¿Quién dio al pino y la haya atrevimiento

De ocupar a los peces su morada,

Y al Lino de estorbar el paso al viento?

Sin duda el verte presa, encarcelada,

La codicia del oro macilento,

Ira de Dios al hombre encaminada.


“El desvío” (Pablo Neruda)
Si tu pie se desvía de nuevo,

será cortado.

Si tu mano te lleva

a otro camino

se caerá podrida.

Si me apartas de tu vida

morirás

aunque vivas.

Seguirás muerta o sombra,

andando sin mí por la tierra.

“La montaña rusa” (Nicanor


Parra)
Durante medio siglo

La poesía fue

El paraíso del tonto solemne.

Hasta que vine yo


Puede servirte: Discurso político

Y me instalé con mi montaña rusa.

Suban, si les parece.

Claro que yo no respondo si bajan

Echando sangre por boca y narices.

“Aquí” (Octavio Paz)


Mis pasos en esta calle

Resuenan

En otra calle

Donde

Oigo mis pasos

Pasar en esta calle

Donde

Sólo es real la niebla.

“A un general” (Julio Cortázar)


Región de manos sucias de pinceles sin pelo

de niños boca abajo de cepillos de dientes

Zona donde la rata se ennoblece


y hay banderas inhumanas y cantan himnos

y alguien te prende, hijo de puta,

una medalla sobre el pecho

Y te pudres lo mismo.

“De otoño” (Rubén Darío)


Yo sé que hay quienes dicen: ¿por qué no canta ahora

con aquella locura armoniosa de antaño?

Ésos no ven la obra profunda de la hora,

la labor del minuto y el prodigio del año.

Yo, pobre árbol, produje, al amor de la brisa,

cuando empecé a crecer, un vago y dulce son.

Pasó ya el tiempo de la juvenil sonrisa:

¡dejad al huracán mover mi corazón!

“Las seis cuerdas” (Federico


García Lorca)
La guitarra,

hace llorar a los sueños.

El sollozo de las almas


perdidas,

se escapa por su boca

redonda.

Y como la tarántula

teje una gran estrella

para cazar suspiros,

que flotan en su negro

aljibe de madera.

“Deletreos de armonía” (Antonio


Machado)
Deletreos de armonía

que ensaya inexperta mano.

Hastío. Cacofonía

del sempiterno piano

que yo de niño escuchaba

soñando… no sé con qué,

con algo que no llegaba,

todo lo que ya se fue.


“América, no invoco tu nombre en
vano” (Pablo Neruda)
AMÉRICA,

no invoco tu nombre en vano.

Cuando sujeto al corazón la espada,

cuando aguanto en el alma la gotera,

cuando por las ventanas

un nuevo día tuyo me penetra,

soy y estoy en la luz que me produce,

vivo en la sombra que me determina,

duermo y despierto en tu esencial aurora:

dulce como las uvas, y terrible,

conductor del azúcar y el castigo,

empapado en esperma de tu especie,

amamantado en sangre de tu herencia.

“Amor eterno” (Gustavo Adolfo


Bécquer)
Podrá nublarse el sol eternamente;
Podrá secarse en un instante el mar;

Podrá romperse el eje de la tierra

Como un débil cristal.

¡Todo sucederá! Podrá la muerte

Cubrirme con su fúnebre crespón;

Pero jamás en mí podrá apagarse

La llama de tu amor.

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