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EL QUIJOTE I (Tercer Capítulo)

Don Quijote, tras ser armado caballero, decide regresar a su aldea para prepararse mejor y se encuentra con un joven azotado por su amo, a quien defiende y libera, aunque luego el labrador lo vuelve a atar. Posteriormente, se enfrenta a unos mercaderes, quienes se burlan de él y lo atacan, dejándolo malherido. Al final, un labrador vecino lo ayuda a regresar a su hogar, donde su familia se preocupa por su estado tras haber leído demasiados libros de caballería.

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EL QUIJOTE I (Tercer Capítulo)

Don Quijote, tras ser armado caballero, decide regresar a su aldea para prepararse mejor y se encuentra con un joven azotado por su amo, a quien defiende y libera, aunque luego el labrador lo vuelve a atar. Posteriormente, se enfrenta a unos mercaderes, quienes se burlan de él y lo atacan, dejándolo malherido. Al final, un labrador vecino lo ayuda a regresar a su hogar, donde su familia se preocupa por su estado tras haber leído demasiados libros de caballería.

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3

De lo que sucedió a nuestro caballero cuando salió de la venta

Sería la hora del alba cuando don Quijote salió de la venta


tan contento por verse ya armado caballero que el gozo le
reventaba por las cinchas1 del caballo. Pero, acordándose
de los consejos del ventero, decidió volver a casa para
proveerse de dinero y camisas, y tomar por escudero a un
labrador vecino suyo, que era pobre y con hijos, pero muy
adecuado para el oficio escuderil. Con este pensamiento
guio hacia la aldea a Rocinante, el cual, al darse cuenta de que regresaba a su cuadra,
comenzó a caminar con tanta gana, que parecía que no ponía los pies en el suelo.

No había andado mucho cuando a mano derecha, de la espesura de un bosque,


salieron unas delicadas voces de queja.

-¡Doy gracias al cielo porque ya me da ocasión de ayudar a algún menesteroso! –


exclamó don Quijote.

Encaminó a Rocinante hacia el bosque y, nada más entrar en él, vio a un muchacho de
unos quince años atado a una encina y desnudo de medio cuerpo arriba. Era el que
daba voces, y con razón, porque un labrador lo estaba azotando con una correa. El
muchacho decía:

-¡No lo haré más, señor mío! ¡Por la pasión de Dios que en adelante cuidaré mejor del
rebaño!

- Descortés caballero –dijo don Quijote con voz airada-, ¿cómo maltratáis así a un
muchacho indefenso? Subid a vuestro caballo y tomad la lanza, que yo os haré pagar
vuestra cobardía.

El labrador, que vio por encima de él aquella figura cargada de armas y blandiendo la
lanza sobre su rostro, se dio por muerto, y respondió:

1
Cinchas: correas con que se sujeta la silla de montar.
-Señor caballero, este muchacho es un criado mío, y tan descuidado que cada día me
pierde una oveja. Pero él dice que lo castigo porque soy un tacaño, para no pagarle el
sueldo. Por mi alma os digo que miente.

-¿Cómo va a mentir delante de mí, ruin villano? –dijo don Quijote-. Pagadle ahora
mismo, y desatadlo, antes de que os atraviese de parte a parte con mi lanza.

El labrador desató a su criado sin responder palabra. Don Quijote preguntó al


muchacho cuánto dinero le debía su amo, y él dijo que nueve meses, a siete reales cada
mes. Don Quijote mandó al labrador desembolsar al momento sesenta y tres reales.

-Pero aquí no tengo dineros- replicó el medroso villano-. Que Andrés se venga a mi
casa y yo…

-¿Irme con él? –protestó el muchacho-. Ni pensarlo, que en cuanto me vea solo me
arrancará el pellejo.

-No lo hará –replicó don Quijote-, porque respetará lo que yo le mande. Y jurará
pagarte por la ley de caballería.

-Mire, señor –dijo el muchacho-, que mi amo no es caballero, que es Juan Haldudo, el
rico…

-Venid conmigo, Andrés –dijo el labrador-, que juro por todas las órdenes de
caballerías del mundo pagaros hasta el último real.

-Con eso me doy por satisfecho –dijo don Quijote-. Y si no cumplís el juramento,
volveré a buscaros, y os encontraré aunque os escondáis como una lagartija. Os lo dice
el valeroso don Quijote de la Mancha, el desfacedor de agravios.

Y, tras decir esto, picó espuelas a Rocinante y salió del bosque.

Al verse solo, el labrador dijo al muchacho:

-Ven acá, que vas a cobrar la deuda.

Y, agarrándolo del brazo, lo ató de nuevo a la encina y lo azotó hasta dejarlo medio
muerto.

-Llama ahora al desfacedor de agravios –le decía.


Pero, al fin, lo desató y Andrés se marchó llorando y su amo se quedó riendo.

Contentísimo del feliz comienzo de sus caballerías, don Quijote siguió camino de su
aldea diciéndose a media voz:

-¡Dichosa tú, Dulcinea del Toboso, la más bella de las bellas, porque tienes rendido a tu
voluntad al valiente y nombrado caballero don Quijote de la Mancha!

Como a dos millas2, descubrió un gran tropel3 de gente. Eran seis mercaderes
toledanos cubiertos con quitasoles4 que iban a Murcia a comprar sedas, acompañados
de cuatro criados a caballo y tres mozos de mulas a pie. Apenas los divisó don Quijote
cuando se imaginó una nueva aventura, y con gentil continente se afirmó en los
estribos, apretó la lanza, acercó el escudo al pecho y, puesto en la mitad del camino,
esperó a que llegasen aquellos caballeros andantes. Y cuando ya podían oírlo, levantó
la voz y dijo:

-¡Todo el mundo se pare! Nadie pasará de aquí si antes no confiesa que no hay en el
mundo doncella más hermosa que la Emperatriz de la Mancha, la sin par5 Dulcinea del
Toboso.

Los mercaderes se detuvieron y al instante advirtieron la locura del caballero. Pero uno
de ellos, que era ingenioso y un poco burlón, le dijo:

-Señor caballero, no conocemos a esa señora. Mostrádnosla, y si es tan hermosa como


decís, lo confesaremos.

-Si os la mostrara, no haríais más que confesar una verdad evidente. Lo importante es
que sin verla lo tenéis que creer y afirmar. Si no, conmigo sois en batalla.

-Señor caballero –replicó el mercader-, no nos obliguéis a confesar una cosa que jamás
hemos visto ni oído, y más siendo tan en perjuicio de las emperatrices y reinas de la
Alcarria y Extremadura. Enseñadnos algún retrato de esa señora, que, aunque sea
tuerta de un ojo y bizca del otro, estamos dispuestos a complacer a vuestra merced.

2
Dos millas: unos cuantos kilómetros.
3
Tropel: muchedumbre
4
Quitasoles: sombrilla atada a la silla de montar.
5
Sin par: incomparable. Don Quijote imita a los caballeros que demostraban su valor impidiendo el paso
por un lugar y obligando a luchar a todo el que se acercaba.
-¡Canalla infame! –dijo don Quijote encendido de cólera-. No es tuerta ni bizca ni
jorobada. ¡Pagaréis la blasfemia que habéis dicho contra tamaña beldad!

Y con la lanza baja arremetió contra el atrevido mercader con tanta furia y enojo que lo
habría pasado muy mal, de no ser porque Rocinante tropezó y cayó en mitad del
camino. Rodó nuestro caballero un buen trecho por el campo, y aunque lo intentó, no
pudo levantarse por el peso y el impedimento de las armas.

-¡Non fuyáis, gente cobarde! –gritaba-, que no estoy aquí tendido por culpa mía, sino
de mi caballo.

Un mozo de mulas, oyendo decir tantas arrogancias, se acercó al pobre caído, tomo la
lanza, la partió en varios pedazos y con uno de ellos comenzó a dar tantos palos a
nuestro don Quijote que lo dejó molido como harina de trigo. Sin embargo, el vencido
hidalgo no cerraba la boca, amenazando a los malandrines6 que lo atacaban, por lo que
el mulero entonces se picó más y siguió moliéndolo a palos, hasta que deshizo los
demás trozos de la lanza. Pero al fin se cansó y siguió su camino con los demás
mercaderes.

Al verse solo, don Quijote intentó levantarse, pero si no había podido cuando estaba
sano, ¿cómo iba a hacerlo ahora, apaleado y casi deshecho? Pese a todo, se sentía
dichoso, porque atribuía toda su desgracia al mal paso del caballo. Como no podía
menearse, decidió pensar en los libros de caballerías. Recordó el romance que
Valdovinos, el sobrino del marqués de Mantua, había recitado cuando quedó herido en
el monte, y, revolcándose por el suelo, empezó a repetirlo con un hilo de voz:

¿Dónde estás, señora mía

que no te duele mi mal?

o no lo sabes, señora,

o eres falsa y desleal.

Quiso la suerte que pasase por allí un labrador vecino suyo, que venía de llevar trigo al
molino. Viendo a un hombre tendido en tierra, se acercó y le preguntó quién era y por
qué tan tristemente se quejaba. Don Quijote, que en aquel momento se creía

6
Malandrín: maleante, bellaco. Es palabra propia de los libros de caballerías.
Valdovinos, pensó que estaba ante su tío el marqués de Mantua, y por toda respuesta
prosiguió con el romance que habla de los amores del hijo del emperador Carlomagno.
El labrador estaba admirado oyendo aquellos disparates. Le quitó la visera medio rota
y cuando acabó de limpiarle el rostro cubierto de polvo, lo reconoció.

-¡Señor Quijana! –le dijo-, ¿quién ha puesto a vuestra merced de esta suerte?

Pero don Quijote siguió recitando su romance.

El buen hombre le quitó el peto y el espaldar, y con bastante trabajo lo levantó del
suelo y lo subió sobre su jumento7. Luego recogió las armas, hasta las astillas de la
lanza, las ató y las colocó sobre Rocinante, y se encaminó a su pueblo llevando el
caballo de la rienda, y al asno del cabestro8.

Don Quijote, de puro molido y quebrantado, apenas se podía sostener sobre el borrico,
y de cuando en cuando daba unos suspiros que llegaban al cielo. El labrador volvió a
preguntarle cómo estaba, y el malherido le respondió:

-Sepa, señor marqués de Mantua, que lo que yo he hecho, hago y desharé es por la
linda Dulcinea del Toboso.

EL labrador se dio cuenta de que su vecino estaba loco, y le contestó:

-Mire, señor, que yo no soy el marqués de Mantua, sino Pedro Alonso, su vecino; y
vuestra merced no es Valdovinos, sino el honrado hidalgo señor Quijana.

-Yo sé quién soy –respondió don Quijote-, y si me viene en gana puedo ser el
mismísimo Carlomagno, y sé también que mis hazañas pueden superar a las de los
Doce Pares de Francia9.

En esas y otras pláticas llegaron al pueblo al anochecer, pero el labrador aguardó a que
fuese de noche para que no viesen al molido hidalgo tan mal caballero. Y a oscuras,
llegó a la casa de don Quijote, que estaba muy alborotada. El ama hablaba a voces con
el cura y el barbero, que eran grandes amigos del hidalgo.

7
Jumento: asno
8
Cabestro: cuerda que se ata a la cabeza de las caballerías para conducirlas caminando.
9
Los doce caballeros o paladines que protegían al emperador Carlomagno.
-¿Qué le parece, señor licenciado Pedro Pérez –que así se llamaba el cura-, la desgracia
de mi señor? Los malditos libros de caballerías le han trastocado el juicio. Hace tres
días que no aparecen ni él, ni el rocín, ni las armas.

La sobrina decía lo mismo:

-Sepa, maese10 Nicolás –éste era el nombre del barbero-, que muchas veces mi tío se
pasaba leyendo dos días con sus noches, al cabo de los cuales arrojaba el libro, echaba
mano a la espada y andaba a cuchilladas con las paredes. Y cuando se cansaba, decía
que había matado a cuatro gigantes como cuatro torres. Estos libros merecen ser
quemados como si fuesen de herejes11.

-Así lo haremos- añadió el cura.

En esto el labrador comenzó a decir a voces:

-¡Abran vuestras mercedes al señor Valdovinos y al marqués de Mantua!

A estas voces salieron todos los de la casa, y cuando reconocieron al herido que venía
sobre el jumento, corrieron a abrazarle. Él dijo:

- Cuidado, que vengo malferido, por culpa de mi caballo. Llévenme a mi lecho, y


llamad a la sabia Urganda12, que cure mis feridas.

-¡Malditos sean cien veces los libros de caballerías! –exclamó el ama.

Lo llevaron a la cama, pero no le hallaron ninguna herida. Él dijo que todo era
molimiento, por haber caído con su caballo Rocinante, combatiendo contra diez
gigantes.

-Conque gigantes…- dijo el cura-. Por la señal de la cruz que mañana mismo quemaré
los libros.

Le hicieron a don Quijote mil preguntas, pero no quiso el hidalgo responder a ninguna.
Luego pidió que le diesen de comer y que le dejasen dormir, que era lo que más le
importaba.

10
Maese: “maestro”; así se llamaba en la época a los barberos, que en la época hacían de médicos.
11
Hereje: el que se oponía a la doctrina de la Iglesia.
12
Urganda la desconocida era la maga que protegía a Amadís de Gaula.
ACTIVIDADES

1. Busca las siguientes palabras (destacadas en negrita en el texto) en el diccionario y


anota el significado que se corresponda con su uso en el texto:

 Menesteroso:
 Encina:
 Medroso:
 Mercader:
 Infame:
 Blasfemia:
 Beldad:
 Romance:
 Plática:
 Juicio:

2. Di si las siguientes afirmaciones son verdaderas o falsas:

a) Rocinante muestra interés en volver a su cuadra.


b) A don Quijote le resulta fastidioso tener que ayudar a personas que se
encuentra en apuros.
c) El labrador dice que su criado no cuida como debiera del ganado.
d) Juan Haldudo jura por todas las órdenes de caballería del mundo pagar lo que
debe.
e) Andrés, el criado azotado, confía en la palabra de su amo y se muestra
tranquilo.
f) Don Quijote se encuentra con seis mercaderes que se resguardan del sol con
sombrillas atadas a sus sillas de montar.
g) Cuando es atacado por el mercader, don Quijote siente pánico y enmudece.
h) La sobrina del protagonista considera que los libros de caballerías deben ser
quemados como si fuesen de quienes se oponen a la doctrina de la iglesia

3. Señala la opción correcta:

a) La intención de don Quijote es que su escudero sea…


o …un vecino suyo que pasa por dificultades económicas.
o …un labrador pudiente al que conoce.
o …un labrador de la zona que vive solo y no tiene hijos.
b) El muchacho al que su amo azota…
o …aparenta unos quince años.
o …tiene medio cuerpo desnudo.
o Las dos opciones anteriores son correctas.
c) ¿Por qué miente Andrés según su amo?
o Porque dice que su amo lo maltrata.
o Porque dice que su amo es un tacaño y no le paga el sueldo.
o Porque dice su amo le debe seis meses de sueldo.
d) ¿Qué ocurre cuando don Quijote se marcha?
o El rico labrador ata de nuevo al muchacho a la encina y lo deja ahí.
o Juan Haldudo paga a su criado los reales que le debe.
o Juan Haldudo azota nuevamente a su criado.
e) ¿Cómo se burla uno de los mercaderes del protagonista?
o Se niega en rotundo a afirmar que Dulcinea del Toboso es la más bella
doncella del mundo.
o Le dice que Dulcinea no es Emperatriz de la Mancha ni de ninguna
parte.
o Le pide un retrato de la doncella en cuestión.
f) ¿Por qué don Quijote no logra atacar al mercader?
o Porque los mercaderes huyen a toda prisa tras la burla.
o Porque el mercader lo ataca con mayor rapidez.
o Porque Rocinante tropieza y don Quijote termina rodando por el suelo.
g) ¿Qué romance recita don Quijote tras ser apaleado?
o El mismo romance que había recitado Amadís de Gaula.
o Un romance que aparece en varios de sus libros de caballerías.
o El romance que recita el sobrino del marqués de Mantua, llamado
Valdovinos, cuando quera herido en el monte.
h) ¿Con quién confunde don Quijote a su vecino?
o Con el marqués de Mantua.
o Con Pedro Alonso.
o Con Valdovinos.
i) A su vuelta al pueblo, ¿quiénes estaban en casa de don Quijote?
o El ama, el cura y el barbero.
o La sobrina, la criada, el señor licenciado Pedro Pérez y el maese Nicolás.
o La sobrina, el ama y el barbero.

4. Responde a las siguientes preguntas:

a) En el episodio del mozo Andrés, ¿qué decisión demuestra la ingenuidad de don


Quijote? Pese a sus buenas intenciones, ¿por qué es contraproducente la
intervención del caballero?
b) ¿Cómo reacciona don Quijote tras ser apaleado por los mercaderes?

5. Investiga y responde:

a) ¿Qué función tiene el “ama” que vive en casa del hidalgo? Busca qué es una
“ama de llaves” y anota su definición.
b) ¿Qué hacían en la época los barberos además de cortar la barba y el pelo? Busca
información sobre esta curiosa profesión que existía antiguamente y defínela
aquí.
c) La sobrina de don Quijote afirma que los libros de caballerías que lee su tío
deberían ser quemados al igual que los libros de herejes. ¿Sabes qué institución
española, formada en el s. XV por los Reyes Católicos, creó un Índice de libros
prohibidos y mandó quemar libros? ¿Por qué crees que interesaba quemar los
libros de “herejes”? Investiga al respecto y luego responde a estas preguntas
con tus propias palabras de forma razonada.

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