Capítulo 1: El chico de los ojos medio verdes
Estaba volviendo de la escuela, cansada, sumida en mis pensamientos. Venía tranquila
hasta que un grupito se cruzó frente mío, siempre aparecían, siempre me los cruzaba pero
ninguna palabra.
El sol caia sobre las calles, ellos charlaban, la chica de cabello corto hablaba y los demás
opinaban, una conversación cualquiera. La chicha era linda, tierna, simpática pero me
irritaba la forma de hablar, no la odiaba pero en estos momentos prefería el silencio asi que
me adelante esquivando a uno de los chicos que sin querer se me cruzó. Le pedí permiso y
justo cuándo pensé que ya estaría más tranquila la chica comenzó a hablarme. Creo que
me preguntó el por qué pedí permiso así o no se que tontería, yo solo me encogí de
hombros y caminé más rápido, no quería hablar.
Llegué a la casa de mí vecina, quién alagre como siempre me saludó.
–hola Lilith, cómo estás?– pregunto aquella mujer de cabello rubio teñido, sostenía un gato
pequeño. Siempre me lleve bien con ella, a ambas nos gustaban los gatos, aparte de que
se habla con mí mama.
–ah hola Maria, bien, un poco cansada. Que me cuenta usted? Veo que tiene un amiguito
nuevo– le contesté con una leve sonrisa, me ponía de buen humor hablar con ella, siempre
era así.
Ella río un poco y acaricio al gatito
–si, el nuevo integrante– le contesto María y acaricio el gatito.
Yo sonrei pero algo me llamo la atención, pues cuando voltee, vi a otro gatito y me acerque
a acariciarlo.
–y este? Jamás lo había visto – pregunté curiosa y me acerque al gato para acariciarlo, pero
en cuanto lo iba a hacer, María me detuvo
–espera eso no– dijo preocupada– ese es del otro gato negro, se puede enojar.
Yo voltee a ver al gato negro del que me hablaba, me estaba mirando fíjate. esos ojos no
parecían normales. Me aleje del gatito, un poco extrañada ya que nunca había pasado esto
y jamás vi a ese gato negro aunque sentía conocerlo. Me levanté y mire a María, me
despedí ya que se estaba haciendo tardé y tenía que parar a la fotocopiadora.
Volvi a caminar. Fui hasta el lugar en donde sacaban fotocopias y comencé a volver a mí
casa. Llegué y abrí el portón con mí llave para luego entrar a mí casa. Fui directo a mí
habitación, tiré mí mochila a un lado y me tiré a la cama. Estaba muerta pero me sentía en
las nubes apenas toque mí cama. Di un suspiro satisfecho, pero luego se me vino una
pregunta ¿Dónde está mí mama?
Me levanté de mí cama y fui hacia el comedor. escuché voces conocidas y supe enseguida
de quién era. En cuanto entre al comedor, pude ver a mí mama hablar con la vecina, María,
tomado un café con galletitas recién horneadas pero había alguien más que en seguía me
llamo la atención y ahí estaba el,
un chico de cabello negro.
Ojos verdes.
Piel blanca.
Me mirada fijamente.
Tenía una energía magnética que hacia que todo a su alrededor se apagase.
No sé porque o como, pero sabía que se trataba del gato que ví.
Mí mama al notar me, sonrió y María también.
–El es mí hijo– me dijo María, sonriendo como si nada.
Me lo presentaron. Él se levantó, tomó mi mano y dio una leve reverencia. Su cara era
seria, pero sus ojos tenían una chispa burlona. Como si supiera algo que yo no. Como si
supiera exactamente lo que me iba a pasar.
–Un gusto en conocerla —dijo.
Y ahí lo recordé. En la calle. Ese gato negro. Detrás de él… su sombra. La misma figura.
Él lo sabía. Yo lo sabía. Nadie dijo nada.
Capítulo 2: Ojos en la espuma
Mí madre y la vecina charlaban, hasta que decidieron salir a comprar no se que cosa
dejandome sola con el. Aunque exactamente no diría sola, no era la palabra correcta.
Sentía su presencia como si estuviera en todos lados, era agobiante honestamente. Era
como que el aire cambiaba con el ahí.
Ya no aguantaba más. me quería bañar. Quería relajarme, sacarme está energía de todo el
día.. y la de el.
Fui al baño con paso rápido, cerré la puerta y di un suspiro ya un poco más tranquila, pero
en cuanto me di la vuelta...
–¡¿Qué hacés aquí?!– grite sin poder evitarlo. Cómo lo hizo si estaba haya hace un
momento? pensé.
El estaba ahí, parado como si fuera lo más normal del mundo. Eso me irrito.
El se rió. Esa risa.
Esa maldita risa burlona y calmada, esa maldita risa que me irritaba pero que también me
enredaba.
–Tenes cara de querer matarme– dijo divertido cruzándose se brazos.
—¡Porque quiero! —le respondí molesta, sintiendo cómo el calor me subía a la cara. Casó
está loco este? Nuevamente pensé.
Jack no se movía. Su mirada era penetrante, pero no agresiva. Tenía algo… animal. Como
si estuviera midiendo todo: mis movimientos, mis palabras, incluso mis emociones.
Yo miré molesta y en cuanto lo estaba por echar escuché golpear la puerta, era mí
hermano.
–¡Lilith, vamos apúrate! ¡Queiro entrar!
–ya salgo!
Me gire y fulmine con la mirada a Jack pero en cuánto volví a buscarlo ya no estaba. Ni un
ruido, ni un movimiento. Nada. Era como si no hubiera estado.
Salí molesta hacia mí habitación, me acerque a mí armario y busqué mi ropa. Cuando porfin
la tuve, me di la vuelta y otra vez, estaba ahí.
Él se me quedó mirando, esa expresión que parecía tener siempre: media burla, media
calma, como si nada le afectara. Como si me conociera de hace años.
—¿Qué querés ahora? —bufé, cansada.
—Solo pasaba a ver qué ibas a ponerte —sonrió y me quitó la ropa que me pondría, pero
cuando yo se la volví a quitar, quedó con mí sostén en la mano.
—¡Dámela! —le arrebato mi sostén de las manos, avergonzada.
Corrí de nuevo al baño. Entre y cerré la puerta pero antes de poner la traba me fijé si no
estaba atrás, al ver qué no, di un suspiro de alivio y trabe la puerta.
Prepare el agua en la bañera. en cuanto estuvo lista, me desvesti y me metí.
En cuanto mí cuerpo hizo contacto con el agua tibia, mí cuerpo se rejado por completo.
Cerre los ojos y me menti más en el agua.
Era perfecto. Agua tibia. Espuma. Silencio. Era relajante.
Sentí que me observaban.
Apenas abrí los ojos pude ver una figura en la bañera conmigo, la de Jack.
Abrí los ojos de verdad sobresaltada pero ya no había nada, solo yo. Solo el agua. Solo mi
respiración. Solo el reflejo en el espejo… ¿o era el mío?
Termine rápido, salí se la ducha y me seque, pero me di cuenta de algo, de que no traje
pantalón. Maldigo por lo bajo. Mi hermano ya no está afuera o al menos eso parecía. Decidí
salir en ropa interior cuidando de que no haya nadie.
Sin darme cuenta ya que miraba a mis costados, me choque y quién podría ser?
Pero claro.
Ahí estaba el.
Se me quedo mirando. No dice nada. Por primera vez no se ríe.
Sus ojos verdes brillan un poco. Como si me viera… de verdad.
Me avergonze, era obvio, pues me estaba viendo en ropa interior.
Pero aún así no sé qué me molesto más: que me haya visto así, o que me mire así, como si
viera algo dentro mío que ni yo entiendo.
Me fui rápido a mí habitacion y me cambie rápido. Cuando sali, él siguia ahí, como
congelado.
—¿Te vas a quedar ahí todo el día? —pregunte con sarcasmo.
Jack parpadea, como saliendo de un trance.
—No. Me tengo que ir.
Y se va.
–Y se ve... Y SE VA?! Así como si nada. Pero que le pasa a está gente? Esto es muy raro!–
pensé un poco molesta y me fui a mí habitación.
Me acosté en mí cama, tapandome con mis frazadas mientras pensa pero sentía sueño.
–Algo en su mirada final me dice que no se fue del todo– pensé mientras cerraba los ojos.
Capítulo 3: Las cosas que no encajan
Esa noche no dormí bien.
Cada vez que cerraba los ojos lo veía ahí: esa sonrisa burlona, esos ojos verde medio
musgo que parecían guardar secretos, ese aire de "ya sé todo lo que vas a hacer antes de
que lo pienses".
Eso me irritaba, odio parecer tan predecible.
Esto era extraño.
Me enojaba.
Me confundía.
Y, peor… me gustaba.
Lo odiaba.
Dormí con un poco de inquietud, con preguntas en mí cabeza hasta que me dormí.
Al día siguiente era fin de semana y lo primero que hice fue preguntarle a mí mama sobre
el.
—¿Desde cuándo la vecina tiene un hijo?
—¿Eh? Ah, sí, se ve que volvió hace poco. Me dijo que estudió en otra ciudad y ahora está
de visita.
Volvió de visita?
Pero nunca lo había visto antes. Jamás.
Y yo lo veía todo. Sabía cuándo alguien nuevo se mudaba, conocía cada cara de aquí.
Cuando salí al patio, vi a los gatos otra vez. Me miraban distinto. Como si supieran algo que
yo no. Uno de los negros, el que siempre me observaba, se lamía las patas como si no
pasara nada… pero me vigilaba. Eso me dio un escalofrío.
“Ese es Jack”, pensé.
Me fui a la casa de la vecina con una excusa cualquiera. Necesitaba información. Ella me
atendió de buen humor, como siempre. Estuvimos hablando un poco, pero yo estaba
buscando pistas. Fotos. Cuadros. Algo. Cualquier rastro de que ese chico siempre estuvo
ahí.
Pero no había nada.
Ni una foto familiar.
Ni una habitación suya armada.
Nada que indicara que ese "hijo" vivió ahí alguna vez.
Eso era extraño, estaba claro que pasaba algo y no era nada normal.
—¿Y Jack? —pregunté como si nada.
—Ah, él… salió. Siempre desaparece sin avisar, ese chico. Como su padre… —rió, pero su
voz sonó más baja al final.
—¿Y su padre? ¿Vive acá también?
—No, no… se fue hace años —y cambió de tema rápido.
Algo no encajaba.
Volví a casa más confundida aún. Me tiré en la cama, mirando al techo. Cerré los ojos por
un momento… y vi su sombra otra vez. Esa sombra con forma humana detrás del gato.
¿Y si él no era solo un chico?
¿Y si ni siquiera era humano?
Yo pensaba en que podría ser, pues está claro que hay algo en el fondo de esto y que por
alguna razón yo estaba involucrada en esto.
Me senté de golpe.
Fui a buscar mi cuaderno viejo de sueños. Uno donde anotaba cosas raras que me
pasaban. Lo abrí y empecé a repasar páginas. Y ahí, unas semanas atrás, había un sueño
que ni recordaba bien haber escrito:
> "Un gato negro me sigue. No me deja sola. Tiene ojos de persona. Me habla sin palabras.
Me dice que estoy marcada."
Fruncí el ceño. ¿Estaba soñando con Jack antes de conocerlo?
Fui a buscar en internet cosas sobre gatos negros, chicos que se convierten en animales,
espíritus, entidades, cambiaformas. Algunas leyendas decían que ciertos guardianes
aparecían como gatos para cuidar a alguien o para buscar a un guardián que los cuide…
otras hablaban de demonios juguetones que tomaban forma humana para quedarse cerca
de sus víctimas.
Pero en todas… había una constante:
La mirada.
Cuando te miraban, te elegían.
Y él me había estado mirando desde el principio.
Capítulo 4: Lo que los sueños no callan
Desde que había llegado, Jack no se despegaba del barrio. A veces pasaba frente a mi
casa como si nada, otras lo encontraba en el patio delantero hablando con mi mamá o mi
hermano, como si fuera uno más. Pero cada vez que lo veía, mi estómago se apretaba, no
de miedo… sino de esa tensión extraña. Como cuando estás frente a algo que no entendés,
pero que sabés que te va a cambiar.
Y él… siempre la misma actitud.
Calmo, burlón, con esa sonrisita suya que parecía decir: “Estás cerca, pero no vas a
encontrarme tan fácil.”
Que irritante.
Yo decidí no rendirme.
Si él se hacía el tonto, yo iba a ser lista.
Me metí en la casa de la vecina cuando ella no estaba. Sabía que la ventana del lavadero
siempre quedaba abierta. Me sentía mal por hacerlo, pero algo en mí decía que tenía que
hacerlo.
No tardé en encontrar lo raro. En el armario de la habitación vacía había una caja de
madera, vieja, cerrada con un broche oxidado. Adentro: papeles quemados por los bordes,
cartas con símbolos que no entendía, fotos antiguas.
Una de las fotos tenía a la vecina, mucho más joven, muy bonita por cierto, con un hombre
pálido de ojos oscuros. Lo más extraño: al fondo, se veía una figura borrosa, casi
transparente, con los mismos ojos que Jack.
Ese día soñé con él.
---
El sueño
Estoy en un campo lleno de flores negras. Todo es gris, menos el rojo de mis pies descalzos
y el verde de sus ojos.
Jack está frente a mí, pero tiene orejas de gato y su sombra no se mueve como él. Se
estira, se curva como si respirara sola.
—¿Por qué me seguís? —le pregunto.
—Porque ya te seguía antes de que nacieras —responde. Su voz no es solo una voz. Es un
eco dentro de mi cabeza.
Camino hacia él. Cuando estoy a punto de tocarlo, me agarra la muñeca. Su mano está
helada.
—Hay cosas que no podés ver despierta —dice.
—Entonces mostrame en sueños.
Y me besa la frente. No es dulce. Es extraño. Como si me marcara.
Me despierto sudando.
Y con una palabra que no conocía antes latiendo en mi cabeza:
"Guardiana."
---
Al día siguiente lo vi apoyado contra la reja, esperándome como si nada.
—Dormiste bien, Lilith? —preguntó sin mirarme.
—¿Cómo sabés si dormí bien o no?
—No lo sé. Pero tenés cara de haber soñado algo que no querías soñar.
Se sonrió. Yo lo fulminé con la mirada, pero por dentro me temblaban las manos.
Él sabía. Y no iba a decirlo tan fácil.