LOS DIOSES DE RAQUEL Y TÚ
“Queridos hijos, apártense de los ídolos” 1 Juan 5:21
Una Historia Familiar
Todos hemos leído la historia del robo de Raquel en Génesis 31. Aunque ésta es la primera vez que
los ídolos se mencionan en la Biblia, sería fácil pasarlo por alto y no percibir la magnitud del hecho y
de sus consecuencias: Raquel le robó a su padre. Ella tomó sus dioses. Ella engañó a su marido y
puso en peligro a su familia. Después, cuando Labán, su padre, le preguntó sobre la desaparición de
sus ídolos, otra vez le mintió. Muchas veces me he preguntado por qué pensaba que tenía que tener
esos ídolos. ¿Qué significaban para ella? ¿Por qué estaba dispuesta a hacer lo que hizo? ¿Por qué
eran tan poderosos en su vida?
Para responder a estas preguntas, veamos la vida de Raquel. La Biblia dice que “Raquel era una mujer
muy hermosa” (Génesis 29:17). En el lenguaje de hoy, Raquel estaba “súper bien”. Sin duda.
Raquel sabía que cuando se trataba de encantos femeninos, ella vencía a su hermana Lea, y muchas
veces debe haber disfrutado el favor que era de ella. Era tan bella que cuando Jacob la vio por primera
vez, supo que ella era para él. En su primer encuentro ella le robó el corazón y él le sirvió a su padre
catorce años por ella.? De hecho, la amaba tanto que los años que pasó trabajando para conseguirla
“le parecieron pocos días” (Génesis 29:20). ¡Ésa es verdadera devoción!
Con un comienzo como éste, podrías pensar que el resto de la vida de Raquel fue un lecho de rosas.
Era hermosa y tenía el amor de su marido... ¿qué más podría querer?
“¡Dame Hijos!”
Al pasar el tiempo la respuesta a esa pregunta se hizo evidente. ¿Qué más podría querer? ¡Hijos! Tuvo
que quedarse cruzada de brazos mientras su hermana Lea daba a luz a seis hijos...y Raquel seguía
estéril. Cada vez que uno de esos niños lloraba, siempre que Jacob jugaba con uno de ellos, los celos
de Raquel deben haber crecido. Debió haberse llenado de ira y autocompasión cuando sintió que su
posición como favorita se iba deteriorando.
“¡Dame hijos! Si no me los das, ¡me muero!” Gritó por fin con desesperación. “¿Acaso crees que soy
Dios?”, respondió Jacob airadamente (Génesis 30:1-2). El deseo de Raquel por tener hijos era tan
fuerte que había torcido su pensamiento. Comenzó a creer que era Jacob, y no Dios, quien controlaba
su fertilidad, su posición, su vida.
Con el tiempo, Dios en Su gracia le dio un hijo a Raquel. Pero, a pesar de que por un poco de tiempo
estuvo llena de alegría con su nacimiento, no estaba contenta. Sus palabras revelaron su corazón:
“Quiera el Señor darme otro hijo” (Génesis 30:24), e igualmente su elección del nombre “José” que
significa “que Él me de otro”. Raquel no estaba satisfecha con la bendición que Dios le había dado con
José. ¡Quería más!
Finalmente, Raquel concibió otra vez y, mientras moría al dar a luz, llamó a su hijo Benoni, que significa
“hijo de mi tristeza”. Lo que había adorado y había pensado que le traería bendición terminó
causándole la muerte. Lo que pensó que le daría alegría, le trajo tristeza. ¿No crees que es irónico
que la mujer que había gritado: “¡Dame hijos! Si no me los das, ¡me muero!”, haya muerto en el parto?
¿Te das cuenta? Incluso antes de que Raquel hurtara los ídolos de su padre ya era una idólatra. Su
deseo de tener hijos, como su hermana Lea, era la cosa más importante en su vida. Era algo que ella
creía que tenía que tener; así que eso era su dios.
Los Dioses de Raquel
No es difícil imaginar que Raquel siempre haya sido el centro de atención y que la vida siempre hubiera
transcurrido a su manera. Probablemente no estaba acostumbrada a que Lea tuviera una posición de
favorita por encima de ella. Pero su infertilidad, y todo lo que esto representaba para ella, le habían
puesto ante un problema insuperable —algo que quizá nunca antes había experimentado. Temía tener
que tomar medidas para proteger su posición. Creía que los dioses de su padre de alguna manera la
bendecirían, así que se los llevó. Quizá creía que podía haber un Dios que gobernara sobre la tierra,
pero estaba demasiado lejos y demasiado ingobernable para su conveniencia. No podía confiar en Él
para que ordenara su vida como ella deseaba. Ella necesitaba un dios más dócil y sumiso —uno que
ella pudiera controlar. Quería un dios que le diera lo que ella necesitaba. ¡Quería un dios que se
pudiera sustraer; uno que se pudiera esconder! ¡Quería un dios que pudiera guardar en su bolso!
Mis Ídolos Domésticos
Al pensar en la historia de Raquel me he preguntado acerca de mis ídolos domésticos. ¿Acaso tengo
algunas deidades domésticas — dioses domésticos que estoy buscando para mi felicidad y seguridad?
¿Qué es lo que tanto anhelo, al punto que mi corazón clame: “¡Dame esto o me muero!”? ¿Qué debo
tener para que mi vida adquiera sentido o alegría? Si respondo a esa pregunta con algo que no sea
Dios mismo, entonces eso es lo que funciona como un dios para mí.
Aunque no nos inclinemos ante estatuas de piedra y no hagamos platos de comida para ponerlos
delante de nuestros dioses, adoramos ídolos de otras maneras. Juan Calvino comentó sobre esto
cuando escribió:
Cuando [Moisés] narra que Raquel robó los ídolos de su padre, está hablando de un vicio que
era común. De esto podemos deducir que el corazón humano...es una perpetua (fábrica de
ídolos). Los ídolos no son solo estatuas de piedra. ¡No! Los ídolos son pensamientos, deseos,
anhelos y esperanzas a los que rendimos culto en lugar de hacerlo al Dios verdadero. Los ídolos
hacen que ignoremos al Dios verdadero cuando buscamos lo que pensamos que necesitamos.
En cierto modo la relación que tenemos con estos dioses falsos es similar a la relación que tenemos
con el Dios verdadero. Esperamos que estos dioses nos bendigan. Raquel diría: “Si tuviera hijos como
mi hermana Lea, sería feliz”. Es por eso que Jesús dijo: “Busquen primeramente el reino de Dios”
(Mateo 6:33). Si Dios es la prioridad número uno en nuestras vidas, todo lo demás tomará su lugar. Es
entonces que estas amadas bendiciones perderán importancia y Dios tomará Su legítimo lugar en
nuestros corazones. Examinemos con más cuidado cómo se desarrolla en nuestras vidas la adoración
de dioses falsos.
Bendiciones Veneradas
Una parte integral de la adoración falsa es aprender a conseguir dioses falsos que nos den lo que
queremos. En esencia hacemos pactos con ellos, esperando que nos bendigan, si actuamos de ciertas
maneras.
Por ejemplo, si la buena salud es para ti un dios, puedes pensar: Si hago ejercicio todos los días y
como correctamente, nunca me enfermaré. Si tener un empleo importante es un dios para ti, puedes
pensar: Si siempre soy el primero en estar en mi escritorio y siempre hago más de lo que se me pide,
entonces mi jefe estará obligado a fijarse en mí y protegerme.
Por favor, no me malinterpretes. No estoy diciendo que esté mal, ejercitarte correctamente o trabajar
diligentemente. Cada una de estas cosas puede ser buena si está motivada por el amor a Dios y a los
demás. Pero estas acciones se vuelven pecaminosas cuando principalmente las haces para satisfacer
tus deseos en vez de agradar a Dios. La única razón santa para hacer algún bien es el amor a Dios y
a los demás.
Puedo imaginar que te estarás preguntando: Está bien ¿cómo puedo saber si estoy adorando las
bendiciones que deseo o a Dios? déjame resumirlo de esta manera: Si estuvieras dispuesto a pecar
para alcanzar tu meta o si pecas cuando no obtienes lo que quieres, entonces tu deseo ha tomado el
lugar de Dios y estás actuando como un idólatra.
¿Recuerdas cómo pecó Raquel? Ella se había enojado de manera pecaminosa con su marido, había
robado los dioses de su padre y había engañado a su familia. No estaba contenta con el nacimiento
de José, sino que deseaba más. No era idolatría que Raquel deseara tener hijos. No, ella era una
idólatra porque su deseo de tener hijos era el deseo más importante de su corazón. “¡Dame hijos o me
muero!” es el grito de una idólatra.
Otra vez piensa en el mandamiento más importante. Jesús dijo que el amor principal de tu corazón
debe centrarse en Dios. Cualquier cosa menos que eso es idolatría. Si te esmeras mucho en tu trabajo
y aun así no eres tenido en cuenta para la promoción, tu respuesta revelará si estás sirviendo a Dios
o estás venerando un ídolo. ¿Es Dios y tu amor por Él más importante que tu trabajo?
Entierra tus Ídolos
Finalmente, ¿qué fue lo que Raquel hizo con sus ídolos? Te alegrarás de que probablemente
terminaran enterrados debajo de un árbol. Jacob le encomendó a su familia regresar a Dios.
“Desháganse de todos los dioses extraños que tengan con ustedes” le dijo a su familia. “Así que le
entregaron a Jacob todos los dioses extraños que tenían... y Jacob los enterró a la sombra de la encina
que estaba cerca de Siquem” (Génesis 35:2,4). Podemos albergar esperanzas de que Raquel
renunciara a sus dioses falsos por orden de su marido.
Aunque ella murió poco tiempo después, no hay razón para creer que se aferrara a ellos a pesar de la
orden de su marido. Quizá Dios liberó a Raquel de su creencia de que necesitaba algo más que no
fuera Él. Quizá Dios cambió su corazón para que confiara solamente en El.
Tú también puedes descansar hoy sabiendo que si, por Su gracia, respondes a la orden de tu Esposo
celestial de entregar tus ídolos, Él los enterrará debajo de otro árbol. Con Su poder Él puede enterrar
todos nuestros dioses falsos bajo el árbol más impresionante y glorioso de todos los tiempos...el del
monte del Gólgota.
¿Viene al caso para ti, y para mí, la historia de Raquel? Sí — porque la idolatría no terminó con ella;
este problema continúa hoy en la iglesia. Debemos recordar las palabras finales de Juan: “Queridos
hijos, apártense de los ídolos” (1 Juan 5:21). Su advertencia: “cuidado con” o “estén vigilantes contra”
la adoración falsa, se perderá en nosotros si no comprendemos cómo nuestros corazones fabrican
ídolos.
Dios nos llama a enterrar nuestros dioses falsos en la cruz. Es en unión con Jesucristo, el que fue
colgado en una cruz en el Gólgota, que tenemos el poder para conquistar toda nuestra idolatría y
enterrar nuestros dioses en la tierra empapada con sangre debajo de Su cruz.
Solo Dios, El que conoce el corazón, es también “El que cambia el corazón”. El Dios que nos conoce
y nos ama completamente, más de lo que podemos comprender, también conoce nuestros deseos y
el lugar que ocupan en nuestro amor. ¡Es Dios, El que cambia el corazón!
El escritor de hebreos dijo:
Ninguna cosa creada escapa a la vista de Dios. Todo está al descubierto, expuesto a los ojos de aquel
a quien hemos de rendir cuentas…Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse
de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros,
aunque sin pecado. Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir
misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos. (Hebreos 4:13,
15-16)
Nuestro Padre conoce cada deseo de nuestro corazón, ya sea idólatra en esencia o idólatra por
nuestro amor excesivo por éste.
Todo está “al descubierto y expuesto” ante Él y Él nos conoce a fondo. Él sabe cuándo ponemos algo
antes que ÉL, cuándo amamos algo más de lo que lo amamos a Él. Si este fuera el fin de la historia,
perderíamos la esperanza, ¿no es cierto? Alabado sea Dios que el pasaje sigue diciendo que nuestro
querido Salvador, nuestro Sumo Sacerdote, se compadece de nuestras debilidades. Él entiende
nuestra adoración deformada y ruega que nos acerquemos a Él para que podamos “recibir misericordia
y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitamos”. Necesitamos
desesperadamente Su misericordia y Su ayuda en nuestro conflicto con la idolatría... y Él ha prometido
que nos las dará. Así que, enfoca toda tu esperanza y confianza en Él. Yo sé que Él te va a demostrar
que es un fiel Sumo Sacerdote, dándote la ayuda que necesitas para desarrollar un corazón y una vida
completamente concentrados en amarlo y alabarlo.
Cuando te descubras preocupado, enojado, o temeroso como le sucedió a Raquel, puedes descansar
sabiendo que no tienes que tomar un ídolo de la repisa o encontrar alguna otra forma para cuidarte.
La misericordia y la gracia de Dios están disponibles para ti en cada momento — y Su ayuda prometida
es tan segura como Su carácter. Puedes dar un paso hacia Él...Él te conoce y conoce lo que adoras...y
es más que capaz de sostenerte en tu tiempo de necesidad. Así que, adelante, acércate a Él con
confianza. Encontrarás que Él está lleno de compasión y que es poderoso para sostenerte y cambiarte.
Preguntas para reflexión
1. Piensa en las áreas de tu vida en las que luchas contra el pecado. ¿Puedes ver alguna conexión
entre tu pecado frecuente y cualquier idolatría posible? Si es así, escríbela. Si no, no te
desalientes, el Señor te ayudará a ver si existen ídolos en tu corazón.
2. ¿Hay algo en tu vida que piensas que debes tener?
3. ¿Cómo terminarías esta oración: “¡Dame o me muero!”? ¿Estás buscando algún “Jacob”
terrenal que te satisfaga?