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Devocional 2 - 125646

El documento reflexiona sobre la adoración sincera a Dios, destacando la importancia de priorizar el tiempo a Sus pies sobre las ocupaciones diarias. Se compara la dedicación de Marta y María, cuestionando si nuestras preocupaciones nos desvían de amar y adorar a Dios verdaderamente. A través de ejemplos bíblicos, se enfatiza que la verdadera adoración requiere un amor que supere todas las demás lealtades y dioses en nuestras vidas.
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Devocional 2 - 125646

El documento reflexiona sobre la adoración sincera a Dios, destacando la importancia de priorizar el tiempo a Sus pies sobre las ocupaciones diarias. Se compara la dedicación de Marta y María, cuestionando si nuestras preocupaciones nos desvían de amar y adorar a Dios verdaderamente. A través de ejemplos bíblicos, se enfatiza que la verdadera adoración requiere un amor que supere todas las demás lealtades y dioses en nuestras vidas.
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ADORACIÓN SIN RESERVAS

“¿Me amas más que éstos?” Juan 21:14


Mientras el Señor veía con amor la angustiada cara de su sierva, dijo: “Marta, Marta, estás inquieta y
preocupada por muchas cosas, pero solo una es necesaria. María ha escogido la mejor, y nadie se la
quitará” (Lucas 10:41-42).
Creo que nunca he conocido a una mujer cristiana para quien estas palabas de Cristo no sean
tremendamente condenatorias. Parece que, por alguna razón, servir de maneras materiales es más
fácil y más gratificante que sentarse a los pies del Señor para escucharlo. ¿Por qué es así? ¿Esta
inclinación indica un problema con nuestra adoración o con nuestro amor? ¿Y cuál es esa “buena
parte” que María había escogido, y que Marta y muchos de nosotros nos perdemos?
¿Amando Demasiado a Dios?
¿Alguna vez has conocido a alguien que está demasiado dedicado al Señor, que está demasiado
enfocado en amarlo? Yo no.
De hecho, yo creo que no es posible. Como lo dice Richard Baxter:
“La bondad infinita no se puede amar demasiado”.! No estoy hablando de estar dedicado de
una forma mística que se oponga a una vida responsable. Estoy hablando de la dificultad que
existe cuando tratamos de enfocar nuestra vida diaria, momento tras momento, a amar, adorar
y servir al Señor — a sentarnos a Sus pies.
Estoy comprometido en el ministerio cristiano de una manera bastante regular. Pero la pregunta que
continuamente me veo obligado a hacerme es: ¿Cuánto tiempo estoy pasando a Sus pies? ¿Cuánto
tiempo paso en la “cosa necesaria”? No estoy hablando del tiempo de preparación para las
oportunidades de mi ministerio— estoy hablando del tiempo para sentarme a Sus pies adorándolo.
Es verdad...soy igual a Marta. Tengo intensos amores antagónicos en mi corazón. Sí, amo a Dios,
pero estoy un poquito ocupada trabajando para Él ahorita...así que pasaré tiempo con El más tarde.
Incluso, en las responsabilidades de mi ministerio cristiano, es posible que yo rinda culto a dioses de
mi propia invención...dioses de mi reputación, de mis planes para el día, de mis ideas. Es fácil que me
sienta frustrado y atrapado en el servicio al Señor y que me olvide de amarlo y adorarlo. Es durante
esos tiempos que comienzo a pensar, como Marta, que no le importo a Dios. Mis planes y deseos
nublan la verdad sobre Su amor y Su cuidado sacrificial.
El problema de Marta no es único. Es por eso que oímos que las palabras del Señor a Marta hacen
eco en Sus enseñanzas a otros:
 “Trabajen, pero no por la comida que es perecedera, sino por la que permanece para vida
eterna, la cual les dará el Hijo del hombre” (Juan 6:27).
 “Tengan cuidado, no sea que se les endurezca el corazón por...las preocupaciones de esta
vida” (Lucas 21:34).
¿Por qué nos es tan fácil endurecernos y caer en la trampa? Es porque, como lo dijo Juan Calvino,
nuestros corazones fabrican otros dioses. ¿A veces te parece que la Biblia está llena de descripciones
increíbles? Éxodo 20:3 dice: “No tengas otros dioses además de Mí”. En esta sencilla declaración,
Dios, el Señor, Creador de los cielos y la tierra, encamina toda nuestra atención y destino. Nuestra
respuesta a estas siete palabras cortas, aparentemente tan intrascendentes, influye en cada faceta de
nuestra vida, ahora y eternamente. ¿La cosa necesaria que María encontró y que Marta perdió, está
resumida en este conciso mandamiento? ¿Tenía Marta otro dios delante de Jehová?
Las Percepciones de los Puritanos
Al tratar de entender la adoración sin reservas que Dios demanda en el primer mandamiento, el
Catecismo Mayor de Westminster nos ayudará. Allí se nos plantea la siguiente pregunta: “¿Cuáles son
los deberes exigidos en el primer mandamiento?”. La respuesta proporcionada por los escritores del
catecismo es muy útil en la elaboración de todo el propósito del mandamiento, por lo que voy a citarlo
en su totalidad (aunque es un poco largo):
Los deberes exigidos en el primer mandamiento son, que conozcamos y confesemos que Dios
es el único Dios verdadero y que es nuestro Dios; y que conforme a esto le adoremos y
glorifiquemos, pensando y meditando en Él, recordándole, teniéndole en la más alta estimación,
honrándole, adorándole, eligiéndole, amándole, deseándole, temiéndole; creyéndole,
confiando, esperando, deleitándose, regocijándose en Él; siendo celosos por Él; invocándole,
dándole toda alabanza y acción de gracias prestándole toda obediencia y sumisión con todo
nuestro ser, siendo cuidadosos en todas las cosas que a Él le agradan y entristeciéndonos
cuando hacemos algo con lo que le ofendemos; y andando en la humildad con Él.
¿Por qué no regresar y leer de nuevo su respuesta? Cada uno de esos verbos es importante y rico en
significado, ¿no es cierto? Conforme los vuelvo a leer, claramente puedo ver cómo fallo en conocer,
confesar, adorar y glorificar a Dios como mi único Dios verdadero. Piensa conmigo mientras recorro
parcialmente la lista:
 Pensando en Dios. ¿Pienso en Dios continuamente o solo de vez en cuando, como cuando
quiero o necesito algo?
 Meditando en Dios. ¿Medito en Su carácter — Su santidad, Su bondad, Su amor?
 Recordando a Dios. ¿Me acuerdo de Él en todo lo que hago y digo o rara vez pienso en Él?
 Estimando a Dios. ¿Lo tengo en alta estima o tengo en alta estima o valor otras cosas?
¿Puedes apreciar el discernimiento práctico de los puritanos? Aunque algunas personas pueden
comprender mal el primer mandamiento por ambiguo, los puritanos lo han establecido en términos
prácticos y cotidianos. Tomemos tiempo ahora para estudiar más a fondo dos de sus términos:
honrando y confiando.
Un Sacerdote que no Honró a Dios
Antes del tiempo de los reyes de Israel, un sacerdote llamado Elí actuó como gobernante de Dios. Elí
tenía un problema importante: él no honraba a Dios. Aunque él conocía a Jehová y ostentaba la
posición de autoridad más alta en el templo, pensaba más en complacer a sus dos hijos rebeldes que
en complacer a Dios. Eso era obvio porque cuando sus hijos actuaron de maneras impías, él no los
disciplinó. Dios cuestionó a Elí sobre su pecado: “¿Por qué honras a tus hijos más que a mí?” 1 Samuel
2:29). Debido a que Elí honró a sus hijos más que a Dios, Él puso fin a su sacerdocio.
Si bien es cierto que Elí conocía al Señor, complacer a sus hijos era más importante que honrar a Dios.
Tal vez nunca lo dijo, pero sus acciones hablaban más fuerte que sus palabras. Elí pensaba más en
la paz de su casa, que, en la paz con Dios, así que él descuidó su deber y trajo deshonra al Señor.
Eli el sacerdote de Dios, era un idólatra. Aunque él no se inclinó a Imágenes de piedra, se inclinó a las
exigencias de sus hijos — incluso cuando entraban en conflicto con las de Dios.
Para los que adoramos a Dios, nuestro interés por el honor y la complacencia de Dios debe ser tan
fuerte, que el amor natural que tenemos por los demás comparativamente parezca como odio; como
lo dijo Jesús:
Si alguno viene a mí y no sacrifica el amor a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus
herma- nos y a sus hermanas, y aun a su propia vida, no puede ser mi discípulo. (Lucas 14:26)
Un Padre que Confió en Dios
Otra faceta de la adoración a Dios es la confianza. Confiar en Dios quiere decir creer y descansar en
Él y obedecer Sus mandamientos, sin importar lo que cueste.
Abraham había esperado durante años el regalo prometido por Dios — un hijo a quien Dios utilizaría
para traer al mundo a Su Libertador. Después del nacimiento de Isaac, Dios llamó a Abraham a una
obediencia más allá de la imaginación: “Toma a tu hijo, el único que tienes”, le ordenó, “y al que tanto
amas, y ve a la región de Moriah. Una vez allí, ofrécelo como holocausto en el monte que Yo te
indicaré” (Génesis 22:2). La sumisión de Abraham al mandato de Dios es un extraordinario ejemplo de
la gracia de Dios.
Abraham amaba a Isaac y Dios lo sabía. Al dar Su orden para este sacrificio, Dios recalcó que Isaac
era el hijo a quien Abraham amaba. El Señor quería que Abraham entendiera que Él sabía lo que le
estaba pidiendo. Éste no era el sacrificio de Ismael. Éste era Isaac, el hijo favorito. Abraham reconocía
que Isaac era el hijo de la promesa, aquél por quien el Mesías vendría. Hubiera sido fácil que Abraham
supusiera que la venida del Mesías dependía solo de su habilidad de proteger a Isaac. Después de
todo, la promesa de Dios parecía estar supeditada a que Isaac creciera y fuera un hombre.
Hubiera sido fácil que Abraham confiara en él mismo y en su habilidad como padre. Así como tú y
como yo, anteriormente Abraham había luchado con intentar resolver las cosas (incluso las promesas
de Dios) a su propia manera, confiando en él mismo. Él podía haber razonado en su corazón: Dios no
me pediría matar a Isaac — No. Es necesario que yo proteja a Isaac para que Dios cumpla Su plan de
un Mesías...tengo que hacer lo que yo creo que es correcto.
Por la gracia de Dios, Abraham fue capacitado para confiar en el poder y el plan del Señor. Hebreos
11 penetra en el pensamiento de Abraham: “Consideraba Abraham que Dios tiene poder hasta para
resucitar a los muertos” (hebreos 11:19). Abraham no tenía la garantía de que Dios proveería un
carnero para el sacrificio; la única garantía que tenía era la promesa de Dios: “por medio de ti serán
bendecidas todas las familias de la tierra” (Génesis 12:3). Dios le podía dar otro hijo, podía levantar a
Isaac de los muertos y podía cumplir Su promesa de otra manera. De cualquier forma, Abraham había
aprendido a confiar en Él, así que se levantó temprano, tomó madera, fuego y un cuchillo y se dispuso
a cumplir su cita con el Dios en quien confiaba.
¿Qué lo mantuvo yendo durante ese viaje de tres días al Monte Moriah? Quizá sencillamente confiaba
en que Dios no había mentido. Confiaba en la sabiduría, poder y veracidad de Dios. Quizá repasó las
promesas de Dios:
 “Haré de ti una nación grande” (Génesis 12:2)
 “Multiplicaré tu descendencia como el polvo de la tierra” (Génesis 13:16)
 “Cuenta las estrellas...Así de numerosa será tu descendencia” (Génesis 15:5)
 “Yo soy el Dios Todopoderoso...y multiplicaré tu descendencia” (Génesis 17:1-2)
 “Te haré tan fecundo que de ti saldrán reyes y naciones”. (Génesis 17:6)
Por el poder de Dios, Abraham creyó Sus promesas y obedeció con gusto. Considera las diferencias
entre las relaciones de Abraham y de Elí con Dios. Abraham amaba a su hijo, pero amaba más a Dios.
Él adoraba a Dios y estaba dispuesto a obedecerle, incluso a costa de la persona que más amaba en
su corazón. Sí, Abraham amaba a su hijo, pero su amor parecía como odio en comparación con el
amor que él le tenía a su Dios. Elí habría dicho que amaba a Dios y a sus hijos también. Pero sus
acciones demostraron que él tenía otros amores, otros dioses.
¿Me Amas más que Estos?”
Antes de negar a Cristo en la noche de Su crucifixión, Pedro pensaba que poseía una adoración sin
reservas por su Señor. Se hubiera incluido fácilmente en el 76 por ciento de los norteamericanos que
creen que guardan el primer mandamiento.
Equivocadamente supuso que su amor por el Señor era mayor que cualquier otro amor.
 Aunque tenga que morir contigo —insistió Pedro con vehemencia—Jamás te negaré” (Marcos
14:31).
 “Te aseguro”, le contestó Jesús “que hoy, esta misma noche...me negarás tres veces” (Marcos
14:30).
¡Qué ofensivas debieron haber sido aquellas palabras para el Pedro orgulloso y seguro de sí mismo!
Pero lo que probablemente fue aún más ofensivo, lo que lo sacudió hasta lo más profundo de su alma,
fue la manera en que Jesús lo miró después de que lo había negado (Lucas 22:61). Cuando la mirada
de Pedro se conectó con la del Señor, en esa mirada él comprendió la condición caída de su corazón
y el verdadero fondo de su amor y adoración. Él tenía otros dioses. Salió y lloró amargamente.
Pedro había visto dos veces al Señor después de Su resurrección, pero todavía estaba luchando con
su pecado y los amores que rivalizaban en su corazón. Misericordiosamente Jesús lo ayudó a entender
su debilidad. En la playa, cuando Jesús preparaba el desayuno para Sus discípulos, con amor
confrontó a Pedro. Tres veces le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” (Juan
21:15). En el griego, Jesús le preguntó a Pedro: “¿Me amas con una devoción que todo lo consume y
que excluye todos los otros amores?” Dos veces Pedro eludió el tema y declaró que tenía un gran
afecto por el Señor. La tercera vez Jesús cambió la pregunta: ¿Tienes un gran afecto por mí?” Pedro
en angustia y tristeza fue a admitir: “Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero” (Juan 21:17).
Era como si finalmente Pedro estuviera diciendo : “Señor, tú conoces mi corazón. Conoces los amores
antagónicos que ahí rivalizan por tener mi atención. Yo te amo, pero Tú sabes cómo he fracasado en
amarte, amando otras cosas, en especial a las personas y la opinión que tienen de mí. ¿Te amo más
que a estos? Señor, solo Tú lo sabes”. En esencia la respuesta del Señor fue: “Sí, Pedro, lo sé. Y
ahora tú también. Ahora sírveme cuidando a las personas, pero al hacerlo, recuerda a quién estás
sirviendo. Recuerda a quién tienes que adorar”, El Señor sabía que Pedro sería débil, que
fallaría...como todos nosotros. Con frecuencia no representamos al Señor como deberíamos — y es
porque tenemos los mismos amores antagónicos en nuestros corazones, como los tenía Pedro.
Tenemos miedo de que otros nos censuren, que se burlen de nosotros o nos persigan. Somos igual
que Pedro, ¿o no?
Un puritano escribió: “Si escucharas a Cristo orar por ti, ¿no te alentaría esto a orar y a persuadirte de
que Dios no te rechaza?” Aunque fallamos, aunque adoramos a otros dioses, podemos descansar en
la verdad de que Dios nos salva para siempre. Esto porque el Señor Jesús está orando por nosotros
y sabemos que Sus oraciones, siempre de acuerdo a la voluntad de Dios, infaliblemente son
escuchadas (Juan 11:41-42).
En nuestra lucha contra la idolatría, aprendamos a descansar en el poder de Su oración. Mientras
seguimos examinando la influencia de los dioses falsos, será importante recordar que, aunque te
sientas débil y vulnerable, Dios te fortalecerá y te guardará si eres suyo. El hecho de que luches con
amores antagónicos no impacta al Señor más que las negaciones de Pedro. Pero Dios sostuvo a
Pedro durante su caída y Él te sostendrá a ti.
¿A Quién Adoras Tu?
Veamos un poquito más de cerca las implicaciones de las palabras: “No tendrás otros dioses delante
de Mí”.
A primera vista puede haberte parecido que estabas obedeciendo bastante bien este mandamiento.
Quizá ahora, sin embargo, cuando has visto las vidas de Marta, Elí, Abraham y Pedro puedes ver
áreas en tu vida donde otros dioses gobiernan tu corazón.
¿Puedes discernir dónde adoras, honras, confías o amas algo más que a Dios? Si así es, no te
desesperes. Recuerda que Jesús sabía que Pedro lo negaría, pero por Sus oraciones su fe siguió viva
y creciendo y siendo una bendición para otros.
La negación de Pedro me consuela mucho porque sé que en todas las veces que he negado al Señor,
Él está orando por mí y me está desafiando a enfocar mi amor en Él de todo corazón.
Para una Reflexión más Profunda
1. Al considerar las vidas de Marta, Elí, Abraham y Pedro, ¿qué verdades te enseñan sobre la
adoración de todo corazón?
2. ¿A quién te pareces más? ¿Dónde estás fallando?
3. ¿Qué significa la verdad de que Jesús está orando por ti?

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