SÁBADO 19 DE ABRIL DE 2025 SÁBADO 5
“Estoy tratando recién de manejar
estas culpas”, dice Francisco. Por
eso, agrega, no ha querido leer una
carta que dejó su mujer. “Por La noche del 30 de agosto, Francisco Carvajal no volvió directo
sanidad mental, y por a casa. Después de salir de la oficina de su estudio fotográfico, se
recomendación de mi psicóloga y
juntó con un amigo, a conversar, como hacía de ciertas veces
de mi psiquiatra, decidí no saber
qué pasó antes“. cuando necesitaba desahogarse. “Él era mi paño de lágrimas”,
dirá después. No fue un carrete, agrega, ni una salida improvisa-
da. Estuvieron primero en un café. Luego, cuando se hizo tarde,
se cambiaron de lugar. Hablaron largo.
—Nos juntábamos a conversar. Después me iba a la casa. Pero
ese día particularmente fue más tarde. Llegué como a la una,
creo. No me acuerdo bien.
Al llegar, encontró la escena. No la describe. No necesita hacer-
lo. Durante meses, las imágenes lo han perseguido. Aparecen sin
aviso, con todos sus detalles, en mitad de cualquier cosa. Esa mis-
ma noche, recuerda Francisco, su celular fue requisado por la po-
licía, al igual que el de Begoña. Días después, se enteró de que ella
le habría enviado un mensaje por WhatsApp que nunca recibió.
El internet de la casa estaba cortado, dice Francisco, y el teléfono
de Begoña, conectado a la red de wifi. Hasta hoy, Francisco no ha
querido recuperar el celular ni leer la carta de Begoña encontrada
por la policía.
—Estoy tratando recién de manejar estas culpas, estos senti-
mientos —dice Francisco—, como para más encima encontrarme
con una carta que me diga cosas sobre las que ya no puedo hacer
nada. Por sanidad mental, y por recomendación de mi psicóloga y
de mi psiquiatra, decidí no saber qué pasó antes. La carta no la he
querido leer. Te insisto, es por un tema de sanidad mental. ¿Qué
saco con saber ahora que a lo mejor tuve diez minutos para hacer
UNA FAMILIA,
algo? O encontrarme con una carta que me diga un montón de
cosas sobre las cuales ya no puedo hacer nada. Quizás esa es la
parte más terrible de este sentimiento culposo: darte cuenta de
que hagas lo que hagas, pienses lo que pienses, llores lo que llores,
ya no puedes hacer nada.
—¿Esa noche pudiste dormir?
——No. Dormí al día siguiente. En una casa prestada. No podía
UN PARRICIDIO,
volver a la mía. Mi mamá y un tío buscaron un lugar. Cuando
llegamos, me preguntaron qué iba a pasar con la Bego, si mante-
nía la idea de que la familia de ella se hiciera cargo del cuerpo y
que el funeral de los niños fuera con nosotros. Yo dije que sí. En
ese momento no me daba el alma para otra cosa. Después dormí.
Y cuando desperté, mi mamá me dijo que había que tomar deci-
EL PERDÓN
siones, porque los cuerpos estaban listos para ser retirados. Y ahí
les dije que no. Que no podía separar a los niños de su madre.
FRANCISCO CARVAJAL
Independiente de lo que haya pasado y lo que haya hecho la Bego,
los niños adoraban a su mamá y no me sentí capaz de hacerlo. No
me dio el alma.
—¿Por qué cambiaste de opinión?
—Fue algo visceral. Sentí que no podía hacerlo. Que no corres-
Francisco Carvajal es el padre de Alonso, Eduardo y Francisca, los tres niños pondía. De a poco, con el paso de los días, empecé a darme cuenta
de que, bajo mi prisma y mi punto de vista, había sido una buena
asesinados por su madre, Begoña Lauga, en agosto de 2023, en Las Condes. decisión. Fue cuando también comencé a intentar ponerme en
los zapatos de la Bego. Tal vez para algunos puede parecer muy
Después de acabar con la vida de sus hijos, ella se suicidó. Francisco fue quien pronto, pero en un mundo donde ella no veía nada, donde no
sentía compañía, donde no veía solución a nada, ese fue su cami-
encontró la escena y quien, tras atravesar el proceso más devastador de su no. No lo justifico, pero fue su camino. Y algo que también mucha
vida, habla por primera vez sobre lo ocurrido. Lo hace, dice, para visibilizar la gente me ha dicho es: “Sí, pero ella podría haber tomado otra
decisión, haberse ido sola, no con los niños”. Yo les digo: “Eso lo
salud mental y narrar cómo ha intentado mantenerse en pie sin dejarse piensas tú con tu mente sana. Yo no puedo pensar desde una
mente enferma. No te podría decir lo que haría alguien en ese
arrastrar por el juicio hacia quien fue su pareja. POR ARTURO GALARCE estado”. También muchos me han preguntado si la perdoné. Pero
es que ni siquiera puedo culparla. No tengo esa rabia. Cada vez
La tragedia se difundió con velocidad brutal la no- síndrome de Down. La internaron, le pusieron medicamentos pa- que trato de ponerme en su lugar, veo una pena muy grande. Una
che del 30 de agosto del 2023: tres niños habían sido asesinados por ra apurar el parto, y al día siguiente nació. Una semana después desolación demasiado grande. Y eso me cuesta sentirlo como
su madre en un departamento de Las Condes. Un triple parricidio, llegó el examen certero, pero uno veía a Alonso y se notaba. Uno, odio. No puedo.
decían las portadas, y los matinales improvisaban explicaciones en como papá, sin tener ningún antecedente clínico, lo notaba. —¿Cómo fueron esos primeros días después del funeral, cuando
torno al nombre de la mujer: Begoña Lauga Blanco, ingeniera co- Dos años después, nació Eduardo. Y luego, Francisca. Su naci- todo el ruido se fue apagando?
mercial, 47 años. Y el del padre: Francisco Carvajal, fotógrafo, ex- miento, cuenta Francisco, fue una decisión pensada, para darle a —Tuve muchas crisis. Muchas. De esas en que uno se tiene que
funcionario de la FACh, 48 años, quien había encontrado la escena Alonso una red de apoyo para el futuro. En la casa, recuerda, la tirar a la cama, llorar, llorar, llorar, hasta que se acaba la energía.
al regresar a casa. dinámica era la de cualquier familia con niños pequeños: peleas, No hay otra forma. El cuerpo, en algún momento, colapsa. Pero
La historia era desgarradora. Begoña había acabado con la vida juegos, risas. A medida que crecían, Eduardo y Francisca empeza- me acuerdo de que una vez me levanté, fui al baño, y sin pensarlo
de sus tres hijos: Alonso, de 14 años, diagnosticado con síndrome de ban a tener sus propios mundos, mientras Alonso seguía otro rit- me miré al espejo. Pero no como uno se mira para peinarse. Me
Down; Eduardo, de 12; y Francisca, de 11, para luego quitarse la vida mo, con sus propias necesidades, pero feliz, dice su padre, espe- miré a los ojos. Directamente. Y me pregunté: si los niños pudie-
con la misma arma cortopunzante. Vivían en Manquehue Sur, en cialmente cuando se acercaban las vacaciones y pasaba varios días ran verme ahora, ¿así me querrían ver? Destrozado, rendido. No
un barrio tranquilo, en un departamento sin antecedentes de vio- con su abuela paterna en Vicuña. llegué a una conclusión en ese momento. Pero claramente pensé:
lencia, sin denuncias previas, sin alarmas encendidas. La primera —Nunca tuvimos grandes problemas —dice Francisco—. Era no quiero que me vean así. Con pena, sí. Pero no así.
voz vino de una conserje, quien relató a los medios: “Se veía un una casa normal. Donde había cariño. —¿Ese momento cambió algo?
matrimonio normal, el sábado los niñitos salían a jugar. Cuando Pero mientras todo eso ocurría, había algo más: la depresión de —Fue como un primer remezón. Después vi unos videos de
llegó (Francisco) iba contento, como todos los días, ‘hola, hola’. Y Begoña, que si bien no interrumpía el ritmo familiar, tampoco se Mariana Derderián. Ella hablaba de seguir adelante después de la
después, cuando bajó, iba mal poh, con una cara de que no sabía lo iba, incrementándose con el paso de los años, en cada cambio de muerte de su hija, decía que ella merecía ver a una mamá que
que había pasado”. ciudad y de casa hasta llegar a Las Condes. también pudiera ser feliz. Yo no tengo hijos ahora. Se fueron to-
El impacto fue inmediato, dice Francisco, pero el cuerpo aguantó —La Bego estaba con una depresión hace muchos años —re- dos. Pero pensé en la gente que me quiere, que está cerca. Mi
más de lo que parecía posible. No recuerda con nitidez cada paso. cuerda Francisco—. Muchos. En un principio se trataba, se cuida- mamá, mis amigos. Y me di cuenta de que ellos tampoco me quie-
Recuerda fragmentos. Gente entrando y preguntando. Policías. ba con medicamentos, con todo. Yo estimo que era más bien una ren ver destruido.
Médicos. El ruido afuera. El silencio adentro. Y luego, el traslado depresión endógena, aunque una depresión así también se ve —¿Sientes que después de pasar por algo así se puede volver a
hasta la casa de un tío, donde después de toda una noche sin dormir afectada por el ambiente. Luego vino lo de La Polar. Ella estaba en construir algo parecido a una vida?
pudo hacerlo medicado, acompañado por su madre, que viajó desde cargos importantes. Pero cuando pasó todo lo que se sabe del caso, —Yo creo que sí se puede salir, en la medida que uno tenga un
Vicuña. vendieron la empresa, llegó gente nueva y fueron cortando. Los poquito de ganas de decir: no quiero vivir así. Yo quiero recordar
Hoy es viernes. Es abril. Francisco viste una polera blanca y usa grandes se fueron solos, algunos se fueron presos, pero los mandos a los niños, honrarlos de una forma diferente. Para mí hoy día
lentes. Es la primera vez que habla públicamente de lo ocurrido medios empezaron a salir. Para ella fue fuerte salir por algo en lo decir “soy feliz” es algo que me cuesta. Pero incluso cuando tenía
hace menos de dos años. Lo hace, dice, para poner sobre la mesa la que no estaba involucrada. Y de ahí le costó mucho repuntar. Por- problemas con la Bego, yo seguía considerando que era una per-
salud mental y narrar cómo ha logrado mantenerse en pie. No bus- que además venía con el estigma. Eso la afectó mucho. Mucho más sona feliz. Que estaba viviendo un mal momento, como cualquier
ca culpables. Solo quiere contar su historia desde el lugar en que de lo que tal vez afectaría a otra persona. familia. Hoy trato de honrar la memoria de mis hijos. Decir:
quedó: el de un padre que, en medio del —¿Ella recibía tratamiento para su depresión? mientras estuvieron, fueron felices. Fueron niños. La Bego tam-
shock, tuvo que empezar a entender lo que —Ella tenía una psiquiatra que era carísima, que después llegó poco era una mala madre. Hizo más cosas como mamá de las que
había pasado, responder preguntas imposi- un momento en que ya no la podíamos pagar porque era muy cara yo podría haber hecho como papá. O tal vez estoy siendo muy
bles y encontrar una forma de seguir. y las sesiones, muy seguidas. Los remedios nunca le faltaron, estricto conmigo, pero me cuesta verlo de otra forma. Ella era una
siempre estuvieron ahí. Yo le decía: anda a los psiquiatras de la persona terrenal, como cualquiera de nosotros. Si hizo lo que hi-
“Era una pena que Fuerza Aérea, que eran a los que teníamos acceso, donde se pagaba zo fue por un grado tal de desesperación y por sentir un vacío tan
estaba ahí siempre y Antes de la fotografía, antes de Las Con- muy poquito. Pero tampoco quiso. Mi psicóloga me ha explicado profundo en su vida, que la llevó a tomar esa decisión. Lo digo
des, antes de los hijos, Francisco Carvajal que llega un momento en que las personas empiezan a encerrarse también como una forma de contrarrestar el morbo que imagino
se fue tuvo una vida entera en la Fuerza Aérea. Se en sí mismas. Y que independiente de lo que uno haga o no haga, se ha instalado sobre ella.
profundizando. Y formó allí, donde pasó casi tres décadas tra- no es suficiente. Yo le insistí tantas veces. Pero no quería. Y es —¿Alguna vez imaginaste cómo habría sido todo si Begoña hu-
bajando como ingeniero en administración súper complejo para uno porque no es como un niño, que uno lo biese sobrevivido?
llega un momento en en el área de recursos humanos. En 2021, y puede llevar nomás cuando está enfermo y listo. Había como una —Sí, a veces me lo pregunto. Digo, ¿qué habría pasado si la Bego
que uno también con ganas de hacer lo que siempre quiso, se
retiró de la institución para convertirse en
renuncia a cualquier ayuda.
—¿Ella hablaba de lo que sentía o era algo que vivía en silencio?
no se hubiera ido? Tal vez estaría en un proceso judicial, tal vez
internada, no sé si presa, tal vez en una clínica. Y capaz que yo la
empieza a bajar los fotógrafo de eventos y matrimonios. —Sí, lo hablábamos. Pero cada vez menos. Era una pena que estaría yendo a ver. Es una cuestión... no me quiero creer ni el
brazos. No porque Durante su carrera, cuenta, fue destinado
a distintas ciudades del país. Pero fue en
estaba ahí siempre. No eran crisis de llanto o de enojo. No era una
tristeza que venía e iba. Era algo constante. Una tristeza perma-
Dalai Lama, pero es lo que me nace, a pesar de que tengo más
culpas que certezas respecto a todo esto.
no quieras ayudar, Puerto Montt donde conoció a Begoña, que nente que se fue profundizando. Y llega un momento en que uno —¿Cómo ha sido desde entonces tu relación con los recuerdos?
sino porque no sabes luego de terminar sus estudios en Valparaí-
so había regresado a vivir con sus padres,
también empieza a bajar los brazos. No porque no quieras ayudar,
sino porque no sabes cómo más hacerlo.
—Difícil. Tengo algunos juguetes de los niños, los tengo donde
trabajo. Las cartas del Día del Padre también. Están ahí. Pero las
cómo más hacerlo”. que trabajaban en la zona. En esa ciudad se —¿Y eso cómo te afectaba a ti, en lo cotidiano? fotos, eso todavía me cuesta. A veces Google me tira recuerdos en
cruzaron, conversaron, se gustaron. —Es difícil estar con una persona que se está deteriorando y no el teléfono y todo se remueve. Sentarme a ver una foto todavía
—A mí me enamoró altiro su forma de ser quiere hacer mucho por cambiarlo. Yo no la culpo, nunca la culpo. duele. No puedo hacerlo. Ir al supermercado todavía es un tema.
—recuerda Francisco—. Muy conversadora, Pero uno también se va agotando. Y se cansa. Hay cosas que no Ver los dulces que les gustaban a los niños, los chocolates que le
muy distinta a mí. Los papás la criaron con sabes cómo manejar. Después, cuando todo pasó, uno se empieza a gustaban a la Bego. Son detalles, pero se sienten gigantes.
este ímpetu de seguir adelante. Era súper culta. Muy buena lectora, preguntar: ¿qué me faltó por hacer? ¿Por qué no tuve más ener- —¿Crees que hay algo que como sociedad podríamos aprender
conocía mucho de historia. Tal vez a ella le gustó de mí mi sentido gía? ¿Por qué no actué diferente? No sé si es culpa la palabra, no sé de todo esto?
artístico. El papá de ella había estado en la Marina, entonces cono- si es responsabilidad. Pero el cuestionamiento es gigantesco. Te —Tal vez que la salud mental es un tema real. Como cuando
cía ese mundo. Le gustaba también la parte militar y conocía mu- cambia la vida de pleno. uno se quiebra un hueso y tiene que ir al médico. No es que la
cho de eso. —Previo a los hechos, ¿cómo era la vida de pareja entre ustedes? persona no tenga ganas. Es mucho más profundo. Tal vez falta
Los hijos llegaron como parte de un plan. El primero, Alonso, —No muy distinta de como ya venía, que era una relación que más educación, desde la infancia, para entenderlo y para acom-
nació prematuro. Y fue un golpe. estaba un poco quebrada. Como pareja ya no había mucho más pañar a alguien que está pasando por eso.
—Siempre nos dijeron que todo estaba bien, que no había nada. contacto, salvo por los niños. Pero la verdad me pilló de sorpresa. —¿Por qué decidiste contar esta historia?
Solo un parámetro que era confuso, que no se sabía bien. Algo ha- Una psiquiatra me explicó que cuando una persona realmente —No pretendo ser ejemplo de nada, pero creo que algo de bon-
bía, pero siempre estuvo dentro de la norma, aunque pegado al quiere suicidarse, no va a dejar ninguna pista. No quiere que le dad tiene que surgir de esto. A mí me ha ayudado. Ponerme un
margen. Ya como a los siete meses de embarazo, el feto empezó a arruines su plan. Cuando ya tomó la decisión, cuando está cien por poco en los zapatos de la Bego me ha permitido enfrentar esto
mostrar un problema de oxigenación que no tenía relación con el ciento segura, no te va a decir nada. más con compasión que con rabia.