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Capitulo 43
El documento analiza la madurez del teatro argentino, centrándose en la figura de Samuel Eichelbaum y el impacto de la Ley de Propiedad Literaria en la producción teatral. Se destaca la evolución del teatro desde 1910 hasta 1950, incluyendo la profesionalización de los actores y la creación de entidades gremiales para defender sus derechos. Además, se menciona la decadencia del sainete y el auge de autores como Alberto Vacarezza, que reflejan la transformación del teatro en respuesta a las demandas del público.
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
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Capitulo 43
El documento analiza la madurez del teatro argentino, centrándose en la figura de Samuel Eichelbaum y el impacto de la Ley de Propiedad Literaria en la producción teatral. Se destaca la evolución del teatro desde 1910 hasta 1950, incluyendo la profesionalización de los actores y la creación de entidades gremiales para defender sus derechos. Además, se menciona la decadencia del sainete y el auge de autores como Alberto Vacarezza, que reflejan la transformación del teatro en respuesta a las demandas del público.
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BAPITULD ¢
la historia de la literatura argentina
Madurez del teatro:
Samuel EichelbaumCAPITULO
la historia de la literatura argentina
43, Madurez del teatro:
Samuel Eichelbaum
Este fascfoulo ha sido preparado por Luis Oréaz,
itr de América Latina, y ha tendo una lecture
final a cargo del profesor Adolfo Prieto.
CAPITULO constituirs, a través de sus 56
fascfculos, una Historia de la Literatura Ar-
gentine, ordenada cronolégicamente desde la
Conquista y la Colonia hasta nuestros dias.
EL material grfico con que se ilustraré la
Historia, estrechamente vinculado con el tex-
to, brindard a los lectores una visin viva y
mena de nuestra literatura y de! pals. Cada
fasciculo seré, a_su vez, un trabajo orgénico
Y completo sobre un aspecto, tendencia, pe-
riodo 0 autor de nuestras letras.
En CAPITULO NO 44:
EL ENSAYO MODERNO: MARTINEZ ESTRADA
—EL ENSAYO ENTRE 1880 Y 1925
—LA GENERACION DE 1910
—EL HOMBRE QUE ESTA SOLO Y ESPERA
— MARTINEZ ESTRADA: VIDA Y OBRA
—LAVIDA COTIDIANA DE MARTINEZ ESTRADA
—EL ENSAYO DE INDAGACION NACIONAL
y junto con el fasciculo, ef libro LA CABEZA
DE GOLIAT, de Ezequiel Martinez Estrada
Para ef material rifico del presente fesciuo, se ha
Cnt con Ta catéstolaborecién del Archive Gro
fi Ta Nac, y de i ecleclon parteuar de Lue Orde.
Oportanamente se suministrarin portadlas con tus
de oes capftules para que los fasceules.puedan
fteundermate Le Dieccion se reseva el derocho de
stile ualulera Ge fos Wlos.enaeiados.
Archivo Historico de Revistas
SAMUEL EICHELBAUM
gentinas | www.ahira.com.a
|
}
|
i
I
|
!La madurez del teatro: Defilippis
Novoa = Discépolo = Eichelbaum
En el panorame del teatro argentino
que va desde los origenes hasta la
muerte de Florencio Sanchez, y mis
allé hasta el ultimo estreno de Gre-
jorio de Laferrére y su inmediata
Sesipaveé, leet ‘ha ito ce
zrarse la curva de Ja Hamada “época
Io onc" de le esoena uativa, que
tuvo encabezada por Jos dos autores
nombrados y Roberto J. Payr6, ter-
eeto que en realidad estuvo acom-
patiado por otros autores, pero con
el cual es posible sustanciar Ia etapa
que configura la afirmacién defini-
tiva de muestra dramética, El ciclo
que ahora se inicia parte idealmente
de 1910 y, Tuego de advertibles alti-
bajos en su desarrollo, se cierza de
‘manera ideal, también, en 1950, Las
fechas no son estancos elegidos ex-
prichosamente, sino topes justifica-
dos tanto por gl quehacer dramitico
como por otros hechos significativos
1910 es el ato del Centenario Patrio;
del fallecimiento en un lejano hospl-
tal de Miléni;de Florencio Snchez, el
Primer gran dramaturgo que. tuvo
el Rio de la Plata; de la fundacién
de la primitiva Sociedad de Autores,
y de Ia promulgacion de kv Ley de
Propiedad Titerrin. 1990 5 una fe-
cha crucial en Ia historia argentina,
tanto en el aspecto politico, que se
altera con le revolucion militar cuyas
‘eonsecuencias egan hasta nuestros
dias, como en Jo que al teatro se
reficre. Sintetiza asi Gustavo Gabriel
Levene este periodo histérico: “Ter
tmin6 el desorden de Yrigoyen y e0-
menzé el orden de Uruburu: ley
marcial, estado de sitio, prohibicién
de huelegas obreras ¢ intervencién mi-
Hitar en los sindicatos, deportacién de
dirigentes proletarios, prohibicién
de huelgas estudiantiles y exclusién
de los profesores y_alummos univer:
sitarios disconformes”. Afio de quic
bra de estructuras constitucionales,
ppara frenar en lo posible la legada
al gobierno del conglomerado mayo:
ritario compuesto por Ia clase media
y las capes més populares, que po-
ian sentirse representadas por Hi-
pélito Yrigoyen, es también, y es
preeiso subrayarlo, el de. la puesta
en marcha de la escena libre con la
fundacién del Teatro del Pueblo y,
en sus postrimerfas, el de la muerte
de Francisco Defilippis Novoa.
Después de Sinchez.— Cuando
Florencio Sinchez viaja eon sus sue-
fos de gloria a Europa, en procura
de los escenarios italianes que le
son esquivos y aun se cobran con
Ja vida del recio creator de Barran-
a abajo, Ta escena nacional estaba
feulminando su etapa que se cons0-
Iida, en To que al aspecto econdmico
se refiere, con la Ley de Propiedad
Literaria, En adelante, hasta hoy, ha
bré de proteger a quienes produzcan
para el teatro, De la venta 0 el cobro
Ge pocos pesos par acto, el sutor
psd a disponer de su abra, obligane
do a los empresarios a respetar sus
derechos de la forma més’ integral
Los autores fueron, por fin, duesios
de sus producciones y, de pronto, las
salas que habian ido multiplicindose
y siendo ganadas por Ia. produceié
bacional, impusieron una nueva
nnica al teatro mativo. La guerra eu
ropea de 1914-1018, facilité el sueeso
con lis dificultades que presentaba
€l abo de elencos extraneres. Las
Intérpretes que, por lo comip, habian
intead su carrera integrand los dis
tintos conjuntos de los Podestd, vigo-
oso tronco nuitrcie, fueron indepen-
Gizindose y formando nuevas compa-
Flas que, para satisfacer al publico
ya ganado. (se earecia, ademas de
otra atraccién popular semejante),
debian cambiar a menudo sus carte
Teras. Los autores, que antes eran
explotados en su labor, eonseientes 0
no, encontraron. posibilidades. profe-
Sonales en el teatro y tambien un
mbito que les exigia una pieza tras
‘otra a cambio de probables derechos
‘ada vez mis suculentos. Esto exigia
tun rapido éxito yl mantenimiento
fn cartel durante largas temporada
debiendo eseribirse rapidamente a la
medida de tal o cual intérprete, para
Asociacién
Argentina de
Actores
Con la acentuada profesionslizacién
del teatro, los intérpretes también
se vieron forzados a bregar por el respeto
de sus derechos. En 1907 se habia
constituido Ia Asociacién de Artistas
Draméticas y Lirieos Nacionales,
que se disolvié en 1917. Pero el medio
interpretative no podia estar mucho
tiempo sin una entidad gremial que lo
respaldase, y el 18 de marzo de 1919
se fundé Ia Sociedad Argentina de Actores.
La comisién directiva se hallaba
integrada por Angel Daduccio, secretario
‘general; Francisco Bastar
prosecretario, y Juan Mangiante,
tesorero, Era la primera vez
que se oponia un frente orgénico
‘4 Tos empresarios, hasta legar a
presentirseles unas “bases de trabajo”,
‘que fueron rechazadas, pero que
dicron a la Sociedad uma conciencia
de lucha que habria de serle de
gran provecho en su posterior desarrollo
Dos afios después se produjo
tuna escisién, eredndose la Unién
Argentina de Actores, euyo
presidente fue Enrique de Rosas.
EL 21 do agosto de 1924
se logré finalmente la fusién de ambas
jones bajo el rubro de
on Argentina de Actores.
ra mesa die
estuvo compuesta por Juan Giussani,
presidente, y Enrique Serrano, secretario.
Archivo Historico de Revistas Argentinas | www.ahira.com.aéregocijo de un piiblico al cual, de
‘este modo, se estaba influyendo ne-
ativamente, Alfreo Bianchi pudo
lecir con bastante amargura, y sus
palabras son vélidas para toda una
époce: “Los autores abandonaron to-
do ideal artistico, para correr inica-
mente tras el éxito material”, Era el
triunfo de un derecho que, malamen-
te utilizado, encerraba graves peli-
gros. No todos los autores, por su-
uesto, se prestaron para satisfacer
tales demandas, y entre los inté:-
pretes siempre existié un micleo que,
bien se vela obligado a adaptarse
rcunstancielmente al medio, procu-
aba escapar a la presién e integrar
elencos para ofrecer obras que ha
brian sido juzgadas sin interés desde
el punto de vista comercial, Deberin
aqui mencionarse los nombres. de
aquellos que, como autores intér-
pretes, lograron anantener en alto,
jpesar de las inevitables caidas mo-
mentineas, la buena tradicién de
nuestra draindtica,
Imperio y decadencia del
sainete. — La etapa se caracteriza
or el imperio-abrumador, Ia reper
tusion popular y la decadéncia inal
del teatro por secciones. Las piczas
‘en un acto (comedietas de costumbres
con clima porteio o provineiano,
acuarelas del arrabal, estampas hiss
tricas, estudiantinas nostélgieas, me-
Todramas compendiados, obritas tra-
ioémicas o de directa peripecia hu-
‘moristica, burdas-payasadas, ete.),
tenfan su catedral en plena calle Co-
sientes, pero contaban con numerc-
sos templetes en donde se. practics-
ba, de manera no siempre’ respon-
sable, el rito escénico. En un momen-
to dado, la mayoria de las salas de
Buenos Aires integraba su cartelera
con piezas en un acto; s6lo de mane-
ra excepcional_ ofrecian espectics-
Jos en base a obras de mayor exten-
sién, Esto iiltimo no era lo grave, da-
do que no todas las representaciones
de este cardeter posefan igual cal-
dad: lo lamentable era que el des-
borde del teatro en base a obritas
del mis diverso calibre Mev6 a los
‘autores e intérpretes @ la repeticién
cconstante de temas y a la reiteracién
hasta el cansancio no ya de persona-
jes, sino de prototipos élementales. La
situacién se fue agravando al me-
diar la década del 20, y legs a sa-
turar el mercado de’ obras breves
hasta que el pablico, atraido por otros
expecticulos Ia “revista”, por ejem-
pplo, que alcanzaba por entonces sin-
ular atraccién—, fue restando su apo-
Yo provocando al final el desmante-
Jamiento de conjuntos que no logra-
ban estabilizar sus tomporadas a pe-
sar del constante cambio de carteles.
Sélo algunas piezas alcanzaban re-
presentaciones centenarias —lamenta-
Dlemente no siempre las mas signifi
cativas desde el punto de vista arti
tico—, mientras se iba marcando, ca-
da ver con mayor firmeza, Ia deca-
dencia de un tipo de teatro que, bes-
tardeando sus esencias populares, se
habia convertido en un simple pro-
ueto comercial. Casi todos los auto-
res de la época fueron tentados por
el “género” y eseribieron su “pieza”
breve, y muy pocos se empefiaron y
lograron superar las exigencias del
medio, La mayoria sucumbié ante la
resonancia que podia obtenerse y su
consecuencia monetaria, Asi fue co-
‘mo aquel sainete que provenia de Ia
transformacién del “género chico”
‘hispano en “género chico” criollo, se
encasillé en moldes y personajes de
ito probado, y lo que en. su origen
‘equivaliera al trasiado auténtico de si-
tuaciones que reflejaban_escénica-
mente y con particular humor, por lo
eam, el ciclo inmigratorio que cum-
pliera el pais, se convirtié en el re-
ppetido remedo que llevaban en si mis-
mo Ia decadencia de nuestra forma
‘nds popular de hacer teatro. Ezequiel
Soria. (1873-1936) y Nemesio Trejo
(1862-1916) habian pasado su antor-
‘cha a Carlos Mauricio Pacheco (1881-
1924) quien, entre algunas piezas de
cireunstancia, demostré su indudable
talento en Barracas, La ribera, El
Portada de (a primera edicién de
Los escrushantes, de Alberto Vacarezza,
con una foto del autor (1913)
Archivo Historico de Revistas Argentinas | www.ahira.com.ayEl sainete, cuya popularidad y difusin no tiene rivales
en la época inmediata posterior a Sénchex y Laferrére, es un
auténtico género que se nutre de los tipos
humanos originados en el aluvin inmigratorio, fijéndolos
con la propiedad de un documento histérico.
Alberto Vacarezza junto a dos intérpretes de sus obras (1948)
Archivo Historico de Revistas Argentinas
diablo en el conventillo y, muy pas
ticulamente, en la obra més repre-
sentativa de su produceién y del tea-
tro de su tiempo, dentro de la espe-
cie, que es Los disfrazados. La nueva
etapa la cubre, con ereces, un nuevo
autor que se impone en 1811 con Los
‘escrushantes y euya obra sera duran-
te mucho tiempo sinénimo de éxito
eonémico, por o gual srt. dispatada
y alentada por eapocémicos y empre-
Zarios. Nos refecinos a Alberto Vac
carezza (1886-1959). Sumamente fe-
ccundo, exploté en demasia sus facul-
tades de acuarelista, aunque dejé a
salvo su destreza con piezas como Tu
feuna fue un concentillo y Juancito de
la ribera. Le resultaba tan fécil cons-
truir una obra que, en una ocasion, al
pedirsele tn soneto, replic6::
En lugar de soneto haré un sainete
Que para mi es trabajo mds sencillo
y luego de detallar los ingredientes
caracterfsticos, en cuya conjugacién
era maestro, finalizaba:
el guapo despreciao por la “garaba”
se arremanga al final... ciene ta biaba
y se acabé el soneto y el sainete
La gran habilidad que posefa Alberto
Vacarezza para enhebrar seres pine
toreseos con situaciones que se rei
teraban en sus esencias, hizo confun-
dir a quienes no poselan su capaci
dad y fueron los que, en definitiva,
con Ja constante reedicién de enre-
dos y tipos, levaron el género al de-
rrumbe, No todas los autores se con-
formaron con esta produccién_me-
nor —no sélo por extensién sino, t
bién, por carencia de significacion
artistioa— y sus nombres quedan
gistrados, ademds, como creadores
de obras con mucha mayor enverga-
dara, Pueden ser nombrados, entre
ttros, Pedro E. Pico, José Gonzilez
Castillo, Vicente Martinez Cuitifo.
Dentro del género especifico se des-
tacan el ya nombrado Carlos Mauri-
rio Pacheco, Roberto L, Cayol (1887-
1927), Carles De Paoli (1886-1952), y
www.anira.com.arel propio Alberto Vacarezea, quien
{ntenté un teatro con mayores alean-
es Los Cardales, La casa de los Ba-
tallén— que si bien permite aquilatar
su inguietud, no supera ni cuestiona
sus firmes méritos como sainetero,
Lo positive del sainete. —
Arte popular por excelencia, el saincte
fue espejo burlesco sin desdefar cier-
tos toques dramaticos (melodramati-
cos también), donde quedé reflejado
fl aluvién inmigeatorio en sus varian-
tes mis tipicas. Los inmigrantes que
no se hundieron en el campo y se
hicieron colonos (pronto se los vio
parecer en el tablado como persona-
jes de comedias y dramas rurales),
poblaron los conventillos y los ale-
afios de la ciudad, y sus vidas —re
alidad y suet; cansancio y tesin—,
se hallaban al alcance del pincel de
nuestros saineteros. Por eso. conside-
amos valiosas —auténticos documen-
tos de épocé— muchas piezas en las
cuales, ademas de los prototipos, apa-
rece el clima de nuevos ambitos. Ba-
rracas, Pompeya, Maldonado, La Bo-
2, legaron a tener impo¥tancia de
elemento popular en nuestro mejor
teatro breve. También tuvo su sig-
nificacién precisa el patio de conven-
tillo, escenario al aire libre con pie
dras o baldosas sobre el que trans-
‘eurre buena parte de la existencia co-
tidiana de los humildes. Léstima
se abus6 de los barrios orilleros y del
andarivel del conventillo, encargado
tano 0 gallego y percanta que arma
~ conflicto entre el compadrén que la
{quiere mal y el héroe-suapo que Ta
quiere bien. La percanta y el male-
va, como el inmigrante en su cari
‘atuea mis convencional, llegaron a
ser pieza sin alma en ese juego que
fi bien tenia bustante de ingenso
euento de hadas (por Ja candidez de
Ja trama y la repetida simpleza del
esenlace) distaba mucho de ser la
eaplalgn dena manera de vii
explicada por la época, resultando en
fetlidad une simple elaboracton le
aria de piezas desprovistas de xe-
rchivo Fistorico
ferencias inmediatas. Eran copias de
‘acuarelas 0 aguafuertes que respon
dian a una realidad y que dieron en
su. momento, sentido y forma a lo
és vital y representativo de nuestro
fe. La eulpa no era del "géne-
10" —autenticidad, con particular gra-
cejo y color, sino de los autores,
‘que en vez de reflejar las peculiar
dades de un medio, se limitaban a
reeditar viejas Aérmulas, justifieadas
y hasta originales en su momento
pero ahora obsoletas. El sainete por-
tefio trajo un soplo de vida simple,
ppor lo popular de su enfoque, y es el
aspecto favorable que, a pesar de su
posterior falseamiento, dej6 Ia espe-
cie en la historia de nuestra dramé-
tica. Puede afirmarse, sin embargo,
que el sainete quedé a salvo a tra:
vés de sus mejores testimonios
Autores representativos. —
No todo era mal sainete, claro esté,
Y nuestro teatro siguid su camino a
pesar de las acechanzas que Io cer-
aban. Esto fue posible por la ac
cién de aquellos autores que, abor-
dando los géneros mas diversos den-
tro de una dramatica més ambiciosa
por sus intenciones y aleances, des- |
facaron sus nombres como hitds del
nuevo ciclo, El romanticismo de Mar~
tin Coronado seaparece en Belisario
Roldin y José de Maturana. Roldén
(1873-1922) es un versificador exper-
fo que se hace popular con piezas
como EI rosal de las ruinas y El pu-
fal de los troveros, José de Maturana
(1884-1917) se asoima al campo I
0 con Cancién de primavera y trata
de profundizar su teatro. con La flor
de trigo. Directo disconformismo so-
ial, que continia el cauee abierto
por Florencio Sénchez, muestra. ol
teatro combativo de Alberto Ghiraldo
(1875-1946), con Alma gaucha y La |
column de fuego, y el no menos re-
hhelde de Rodolfo’ Gonailez Pacheco
(1861-1949), poeta de la pampa gau-
cha en piezas breves como La inun-
dacién y El grillo; comediogralo sin-
gular en Juan y Juana, y maduro en,
fe Revistas Ar gentinas
Roberto Cayol
Corlos Mauricio Pacheco
| www.anira.com.ar
$013Vendedor de paraguas portefo de fines
del siglo XIX, uno de los tantos
tipos populares que habria de perpetuar
el gainete, i
Archivo Fils
1014
Orico de
su intencionalidad en Cuando agut
habla reyes. Ernesto Herrera (1886-
1917), otro uruguayo de vida aan
Inds breve que la de Sincher, hace
su aporte valioso con obras como El
pan ajeno y El ledn ciego. José Gon-
‘lez. Castillo (1885-1987) autor de
certeras pinceladas sainctescas (En-
tre bueyes no hay cormadas) y, siem-
pre dentro del género chico, con pie
as de contenido dramatico como La
serenata, intenta un teatro de mayor
trascendencia con Los invertidos, El
Iijo de Agar, y La mujer de Ulises,
aborda con valentia candentes temas
sociales..En colaboracién con Alber-
to T. Weisbach (1883-1929) escribe
una pieza exitosa (Los dientes del
perro). Este tltime autor, de origen
luruguayo, produce con El hase, ma
de las obras breves mas significa
vas de la etapa, Julio Séncher Gar:
del (1879-1937) ace Tlegar Ia fres-
cura provineiana eon Los mirasoles
y enjuicia la falsia en Las campanas.
Alejandro E. Berrutti (1888-1964)
ofrece con Madre tierra un testimonio
de la explotacién de nuestro campo
chacarero, logrando Ta obra més im-
portante de su teatro, Carlos Schae-
fer Gallo (1859-1966) impone su nom-
bre con La novia de Zpay y La le-
yenda del Kakuy. César Iglesias Paz
(1881-1922), autor preocupado por
los. problemas sentimentales de la
mujer, lo demuestra fehactenterente
en La conquista y La dama de
coeur. Vicente Martinez Cuitiio
(1887-1964) deja una_produccién
hnumerosa_y variada (piezas breves
como Café con leche: comedias como
Los Colombini; dramas como Ta fuer-
za ciega), pero trasciende su inquie-
tud por el teatro modemo con obras
como Horizontes, Superficie y EL es
pectador 0 La cuarta realidad. Ed-
mundo Guibourg (n. 1893), quien
Tuego habria de dedicarse por entero
ala exttica teatral, estrena dos obras,
EL sendero en las tinieblas y Cuatro
‘mujeres, que sefialan las altas miras
de su concepcién dramitics. Paul
oussac (184 do. origen
as
Ulima fotografia de Belisario Roldén
eC
S)
—,
José de Mat
WWW
com.ar—— o<€
er
aE ie at
francés pero que se afinca entre nos-
otros y sobresale por sus dotes de eri-
tico muy alerta_y agudo ensayista,
scribe La divisa punzé, piera que
puede tenerse como representativa
el tratamiento del tema histérico en
el teatro. Enrique Gustavino (1895-
1954), surge a fines de la década del
20 demostrando. su dominio de la
farsa moderna, Pueden atestiguarlo
Adriana y los cuztro, La mujer més
hhonesta del mundo y' La importancia
de ser ladrén. Armando Moock (1894-
1942), autor chileno, se incorpora
Je escena nacional con piezas como
La luna en el pozo y ese alarde téc-
nico, perfectamente logrado, por con-
tenido y forma, que es Del brazo y
por la calle. Pedro E. Pico (188%
1045) es, sin duda, ol gran comedié-
grafo que tiene nuestro teatro des-
pués de Lafepréxe. Original, incisive
y diestro, recorre todos los géneros,
ejando en ellos pruebas de su sersi-
Dilidad humana 'y de su capacidad
ramética’ Del émbito provincial ex-
trae Pueblerina y La novia de los fo-
rasteros, y su_arte de comediégrafo
se pone en evidencia en Agua en las
‘manos, en lo sentimental, y ;Caray
Jo que sabe esta chical, en la peripe-
ia dil y divertida, con Las rayas de
tuna. crus, Pico obtiene la obra mis
perfects ¥ trascendente de su teatro,
Existen, I6gicamente, ottos autores
cuyos nombres y obras merecerian
ser registrados cn el panorama que
estamos trazando (Pedro Benjamin
‘Aquino, 1887-1946; Alfredo Duhau,
11863-1998; José Antonio Saldias, 1601-
1048, Rafael Di Yorio, 1879-1956; Ju-
lio F. Escobar, 1892-1957; Tito Livio
Foppa, 1884-1960; Luis Rodriguez
‘Acasuso, 1887-1963; Eduardo Pappo,
1897-1965; Roberto Gache, 1891-1966;
Roberto A. Talice, n, 1902, etc), pero
hemos procurado élegir a quienes han
descollado dentro de cada modalided,
temperamento o género. Han quede-
do sin mencionar, en cambio, para ser
tratados detenidamente y por sepa-
ado, tres autores que con stt produc-
cién trazan las lineas sustanciales de
Archivo Historico
at
Primavera
t
Portada de la primera edicién de
Cancién de primavera,
de José de Maturana (1920)
Julio Sénchex Gardel, en su casa
de Témperley
de Revistas Argentinas | www.ahira.com.aitsDespués del apogeo del sainete ¢ iniciada ya su decadencia,
la produccién escénica en el pais se diversifica
y surgen nuevos autores, como Iglesias Paz,
Martinez Cuitifo, Schaefer Gallo y, sobre todo, Armando Discépolo,
Francisco Defilippis Novoa y Samuel Eichelbaum,
{i Provinciaila
Schaefer
Gallo
Portada de ta primera edicién de
La provincianita, de Schaefer Gallo (1919)
(TEATRO.
oa)
UNA DEUDA DE DOLOR
Portada de la primera edicién de
Une deuda de dolor, de Iglesias Paz
Alejandro Berrutti, autor de Madre tierra, en el estreno de esta obra
y rodeado de sus intérpretes
archivo Historico de Revistas Argentinas | www.ahira.com.ar|
Ja etapa, Si la anterior se hallaba ca-
balmente yepresentada por Florencio
Sinchez, Gregorio de Laferrére y Ro-
hrerto J. Payr6, Ia que nos ocupa po
dria sintetizarse con los nombres de
Francisco Dafilippis Novoa, Armando
Diseépolo y Samuel Eichelbaum.
Francisco Defilippis Novoa o Ia
vanguardia. — Francisco Defilip-
pis Novoa (1850-1930), habia nacido
en Parané, provincia
Fue maestro rural y neviodista, Se ini
€i6 como autor en la escena rosarina
con obras que le estrenaron compa-
fas de paso por la ciudad (ET dia
sdbado, La casa de los viejos), pero
su entrada por la puerta mayor de
nuestra dramética se produjo en
1918, cuando José de Vedia eligiera
El diputado por mi pueblo, sitira po-
Iitica en tres actos, para ser interpre=
tada por la compaiila de Roberto Ca-
saux de la cual era, por entonces, di-
rector artistico, Desde ese momento,
el nombre de Francisco Defilippis No-
vyoa se afirmé en las carteleras de la
fescena argentina, y al morir, el 27 de
diciembre de 1930, dejé escritas 30
obras, Ia mayorla de gran alient.
Gloria Ferrandiz, que estuviera muy
cerea de Defilippis Novo, y fuera
Intérprete de muchas de las her
nas de su teatro, ha dicho que se tra-
faba de un sofiador y que sus sueiios
eran de “bondad, de justieia, do un
mundo mejor para los hombres”
to se evidencia, sobre todo en Ia se-
gunda época importante de su pro-
duceién teatral, pues el ciclo que eum-
ple este autor puede ser dividido en
varias etapas creadoras. Luego de la
forma inicial que lo muestra eome-
didgrafo costumbrista dncho (La casa
de los viejos, BI diputado por mi pue-
lo), cumple un largo periodo en el
‘cual eseribe obras que se caraeterizan
ppor su realismo roméntico. Realista
por sus planteos y roméntico por la
conformacién y el aliento de sus per-
sonajes. Ahi estin, como ejemplo, La
madrecita y La samaritana. Pero De-
Elppls Novos et un sur ingle
Archivo Historico de Revistas Argentinas
Grupo de intérpretes de La divisa punzb, de Paul Groussac. Aparecen, entre
‘otros, Enrique Arellano, Milagros de la Vega, Carlos Perelli y Celia Galvan.
EDMUNDO GUIBOURO
CUATRO
MUJERES
ee
TEATRO NUBVO.
Portada de la primera edicion de
Cuatro mujeres, de Guibourg
CAFE CON LECHE
Portada de la primera edicién de
Café con leche, de Martinez Cuitito,
en Ta revista Bambalinas, y con la foto de
tuna escena de la obra
www.a
ra.COM.iat7Publicaciones
de obras
de teatro
Entre 1910 y 1980 se produjo ef auge
de ediciones de obras de teatro de autores
nacionales, hasta legarse a la
aparicién semanal de Iibretos para estar
al dia con los espeeticulos que
ppasaban por los escenarios porteiios.
En 1908 surgieron El Teatro Criollo y
Bambalinas. En 1910 se inicié
El Teatro Nacional; en 1913 empez6
a editarse Nuestro Teatro,
y_de 1918 data La Esoena. En 1919
hicieron su aparicién.
Teatro Popular, Teatro Argentino
y La Farsa; en 121, El teatro y
EI Entreacto; y finalmente, en 1980,
El Apuntador. Distintas
ceditoriales, como La Cultura Argentina,
Claridad, Gleizer y Luz, difundian,
asimismo, obras de los autores nuestros.
Pero, de todas las publicaciones,
Bambalina y La Escena fueron las que
mantuvieron una regularidad
ejemplar y, por las continuas novedades
populares que ofrecian, consiguieron
imponerse durante largos afios y hasta
agotar, de inmediato, algunos
de los titulos. La constante edi
obras evidencia que existia
tun abundante material, proveniente
de gran nimero de salas:en
actividad y de los constantes cambios
de cartelera. Particularmente
del teatro por secciones, que era el que
aportaba Ia mayoria de los textos.
de
Portada de la primera edicion de
La novia de los forasteros, de Pico
(1928)
wArchivo Historico de Revistas Argentinas
y sigue con atencién las experiencias
{gue se estén cumpliendo en los esco-
narios de vanguardia europeos. De la
frecuentacién ¢ indagacién de os
autores y obras del “nuevo teatro”
parte Ja etapa mas singular de su la-
hor, tanto por sus propésites como
por sus, aleances. Obras tipicas de
sa produceidn som Los caminos del
mundo, Bl alma de tn hombre hon-
ado y Maria le tonta. Esta iltima
pieea, calificada por su autor como
‘misterio dramatico”, puede dar la
clave de la nueva medaidad y ees
piritu renovador que conforma e in.
{quieta el teatro de Defiippis Novos
En Los caminos del mundo, drama
fn tres actos que estrena en 1925, el
Peregrino, hombre-Cristo muy que-
rido por Novoa, es arrojado de la casa
en la cual se cobijara por hallarse
herido, Juan, el dueio que recela de
Jo que entiende puede ser una in-
fluencia_malsana, lo echa.violentae
mente. El Peregrino lo enfrenta con
todo su manso y levantado simbol
mo: “Crees que venia a ocupar tu
labozo. Pobre de mil Soy un paria
y soy libre, Mira hacia el campo; por
sobre la_noche resplandecen los ca-
rminos del mundo que tocan a fiesta
permanente”, Y aiiade: “Las selvas
y los rios cantan su cancién y Ia luz
fs tan intensa que las conciencias an-
dan sin reconocerse, felioes desu
propia libertad. Hacia ellas voy, san-
grando por todas tus heridas, cat
gando con vuestros dolores. Mirame
saliz, mira como marcho sin el peso
de un solo remordimiento”
Los personajes masculinos mis rex
presentativos del teatro de Defilippis
Novoa albergfan una imagen cercana
fa Ia del rabi de Galilea. Existe en
ellos un idealizado y roméntico Cris-
to vagabundo, maduro de dolores y
pronto al perdén de todos los agra-
vvios. Las mujeres més sobresalientes
de su dramitica se identifican con las
Marias del relato biblico. Varias son
las que Hevan ese mismo nombre (Los
caminos del mundo, La samaritana,
Maria ta tonta, La loba, etc.). Se
www.ahira.com.aradvierte una marcada_predileccién
por ese nombre, originada por todo
To que evoca y trasciende. Atrapedo
en polities por las ideas libertarias
ballentes en la primera déeada del
glo y en arte por la corriente sim-
bolista de vanguardia, Defilippis No-
‘voa quiso decir siempre mis d
‘que sus personajes expresaban_con-
‘erctamente sobre el escenario. Todos
ellos tenfan un motivo de ser, una
misién redentora que cumplir, y el
clima en el cual actuaban, asf como
sus reacciones, equivalian simbélica-
‘mente a las luchas, dolores y esperan-
2as que, segiin el concepto del autor,
eonmovien y alentaban a la humani.
dad en su marcha.
El teatro de Francisco Defilippis No-
vyoa posee belleza expresiva y firme
contenido. Pero sus personajes rara-
mente reaccionan o se rebelan; su-
fren en silencio y perdonan. E] mo-
tivo de sus obras més significativas
trasclende como la sustancia de un
hhondo poema. A veces su acento es
doliente, tragico; otras més o menos
risueio 0 sentimental, pero siempre
entrafiablemente humano.
La etapa de formulacién vanguardis-
ta y proyeeciones decididamente sim-
Délicas parecia haber sido corrada
‘cuando, 2 mediados de 1990, Defilip-
pis Novoa estrena He visto a Dios,
pieza sintesis de toda su labor y nue-
vo punto de partida dramatico. El
toe cali Ta obra, como “mise.
tio modemo”, pero si bien esoapa un
poco @ las modalidades habituales del
Sainete portefio, cabe perfoctamonte
dentro de la premisas del “grotesco
criallo”. Como “grotesco” tipico, el es-
cenario de He visto a Dios reproduce
interiores, y su protagonista, don Car-
melo, es un ser simple y complejo a
Ia ver, que se expresa mediante cer-
teros frazos tragicémicos.
Luego de la muerte de Defilippis No-
‘voa, que acaece a Tos poces meses det
estreno de He visto a Dios (1931) se
eonoeieron dos nuevas produceiones
(Sombras en la pared, que haba que-
dado inconclusa, e Ida y cuelta), que
Archivo Historico
Francisco Defilippis Novoa (caricatura de Taborda)Teatro
Cervantes
Marfa Guerrero (1868-1929) y
Fernando Diaz de Mendora
(0862-1980) eran dos grandes
intérpretes de Ia escena expaiioln
aque se habian enamorado de
In Argentina y querian dejar en
Buenos Aires ‘el testimonio
permanente de su ari, Habian
obtenido éxitos memorables entre
nosotros y, para retribuir todo
lo que se les habia ofrecido,
pensaron en levantar un teatro
41a medida de sus suefos. Eran
dos seres liricos. Lo demuestra una
vyez mis el hecho de que resolvieran
construir una-sala a trasmano
de la calle Corrientes —esquina
de Gérdoba y Libertad— en un
‘edificio que en Iugar de las lineas
comunes poseyera caraciersticas
bien definidas. En lo interno, debia
ser igual al Teatro Espaiol,
dde Madtid, y su frente debia
constituir una réplica exacta de la
wd de Alcalé de Henares,
‘aunados para
dar forma monumental a algo
que habria de evar, por si lo dicho
fuera poco, un nombre glorioso
para Tas letras castellanas: Cervantes.
En 1910 se iniciaron las obras
on todo entusiasmo, y la magnifica
actriz hispana en sus’ viajes
por su patria no cesaba de promover
l envio de elementos para st obra,
De Valencia Hegaron azulejos;
de Sevilla, butacas, barguetios
para los antepaleos, rejas y espejoss
dde Madrid, ricos tapices. Casi toda
4 peninsula aporté algo significative.
En Ia arquitectura se articul6,
con sabio equilibrio, Ia filigrana
agética y el renacimiento espanol,
inspirindose en célebres monumentos
hispinicos. El 5 de septiembre
de 1921, por fin, se inauiguré
cl teatro Cervantes, con un
especticulo que la prensa en general
calificé como una muestra de arte
auténtico. El elenco, eneabezado
por Maria Guerrero y Fernando
Diaz de Mendoza, animé
fen esa velada inicial, que resulté
apotedtica, La nia boba, Ta tan
jugosa comedia de Lope de Vega.
Luego fueron subiendo a escena
otras obras, come Locura
santidad, de Tamayo y Baus, y
La dama de armifo, de Luis
Fernindez Ardavin, Sin embargo,
los artistas hispanos, que mucho
sabian de arte pero eseasamente
de economia, a los pocos aiios
se vieron cercados por las deudas
a que los Ilevaron el mantenimiento
de una sala de magnitud semejante.
Todo era consecuencia de una
actitud anterior. Como el dinero
de que disponian no aleanzaba
para solventar totalmente las obras,
hhabian decidido vender localidades
‘en propiedad. ¥ To que en un
principio pudo ser una solucién,
pronto se convirtié en una trampa,
dado que las localidades que se
vendian en eada funcién no
alcanzaban a cubrir los gastos
de un elenco de la importancia que
cl teatro requeria, La sala
pasé por varias manos hasta que,
ante I imposibilidad de ser
arrendada por una empresa
privada, en 1928, por iniciativa
del entonees presidente
de la Repibliea, Marcelo T,
de Alvear, pasé a ser propiedad
del Estado,
Maria Guerrero Fernando Diaz de Mendoz
Archivo Historico
de Revista tinas | www.ahira.com.arTeatro Nacional de Comedia
Archive www.ahira
com.agProduccién teatral
de
Francisco Defilippis
Novoa
1918: El dia sibado, 1 acto - Créniea de
policia, 1 acto.
1914: La casa de los viejos, 3 actos.
1918: El diputado por mi pueblo, 8 actos.
1919: El conquistador de lo imprevisto,
8B actos.
1920: La madrecita, 8 actos, Un cable de
Londres, 1 acto - La loba, 8 actos.
1921: Los inmigrantes, 1 acto ~ Una vida,
8 actos - Cooperativa doméstica,
1 acto.
1922: Los desventurados, 2 actos -
El turbién, 8 actos.
1928: La samaritarf, $ actos - Hermanos
nuestros, 2 actos - Edicién de
La mariposa, didlogo,
1925: Los carinos del mundo, 8 actos
Tu honra y la mia, 3 actos,
1926: El alma de un hombre honrado,
4 actos - Yo tuve 20 ags, 8 actos.
1987: Marfa la tonta, 4 actos.
1929: Té, yo y el mundo despuds, 3 actos
- Despertate Cipriano, 1 acto,
1980: Nosotros dos, 8 actos - He visto
a Digs, 8 eunios
1991: Sombras en In pared, prélogo,
3 actos y un epilogo.
1941: Ida y vuelta, 7 cuadros,
En colaboracién con Claudio Marinez
Pavva (n. 1887):
1920: El cacique blanco, 1 acto - Santos
y bandidos, 8 actos.
En colaboracién con René Garzon
(1897-1958):
1929: A mi me gustan las rubias, 1 acto.
Portada de ta primera edicién de
E] alma del hombre honrado,
de Defitippis Novoa, con una foto
del autor
Portada de le primera edicién de
El dia sibado, de Defilippis Novoa,
con una foto det autor
iwA\rchivo Historico de Revistas Argentinas
si bien se identificaban con las par-
ticularidades ya anotadas, nada le
agregaban de importancia puesto que
ppertenecian a la formulacién anterior
de su dramética,
Armando Discépolo 0 el “gro-
tesco criollo”. — Armando Discépo-
Jo lleva estrenadas més de 30 obras
bajo su sola firma y en colaboracién
con otros autores (su hermano Enri-
‘que Santos, Rafael José De Roses,
Mario Foleo y Federico Mertens)
Pero la labor més representativa da
4 sensibilidady de su talento dras
‘mitico, Te hallamos en las produc-
‘ciones que le pertenecen por com:
leto y que, en la mayoria de los ca-
0s, corresponden al género del cual
8 creador indiscutible y su mas alto
exponente: el “grotesco criollo”. Si
bien io debe olvidarse El organito
(1925), pieza que eseribiera con. su
hermano Enrique, las tres obras fun-
damentales de su teatro son: Mateo,
que se conocié en 1923; Stéfano, que
suibid a escona en 1998 y Relojero,
ue cierra su creaciOn diamatica, tal
yer provisionalmente, en 1934. Todas
ellas levan la calificacién de “grotes-
co", Jo que a veces confunde, pues
se estima que no son més que sai
tes_con_ciertos toques. draméticos.
En realidad esta serfa la_definicién
‘nds sencilla, pero existen otras dife-
rencias, y no slo estructurales, que es
cconveniente sefialar
Alifo que se destaca de inmediato
fes que, mientras en los sainetes la
aceién transcurre al aire libre (pa-
tos de conventillo-y callejas. subur-
bbanas), 1 “grotesco” desenvuelve su
‘wama en dmbitos interiores. Otro as-
ppecto notable es que si bien, en oca-
siones, los personajes parecen los mis-
tnos, lo do Torsnnotersobreralen
ppor Io esquematico de sus trazos y
Tos del “grotesco”, que tienden a ca-
Tar_mucho més ‘profundamente, 10-
fran Ia risa a través de una exteriori-
dad tragiebiniea.
| www.ahira.com.arEscena de la representacién de
He visto a Dios. Aparecen Carmelo
(interpretado por Luis Arata) y
EL Charlatén (interpretado por Portada de la primera edicién de
R, Cordoba) Maria la Tonta, de Defilippis Novoa
o de Revistas ArgGregorio Cicarelli mientras interpreta
Mateo, de Discépolo (1923)
Garlos Mauricio Pacheco, el notable
autor de Los disfrazados, se resistin
a_considerarse sainetero. pues se-sen-
tia desubicado frente a una especie
tradicional con caracteristicas tan
particulates. Pacheco habia deseu-
ierto que los elementos de que dis-
ponia para escribir un sainete (los
seres y el medio) eran distintos a
Jos que se_ofrecian a los creadores
del popular “género chico” espaol.
“Nuestra formacién social ~senalaba
Pacheco— impide que destaquemos
al tipo noble que ha permitido a don
Ramén de la Cruz y a otros ingenios
crear el sainete y la figura del saine-
te”. ¥ agregaba, ofreciendo datos pa-
ra desentrafar el problema: “En alk
unos casos, la penetracién psicolégica
ripida y colorida de algunos autores
hha dado figuras dignas del mayor elo-
fio, Pero en seguida, Ia trigica sen-
sacién de la vida inquieta y desbor-
dada en fiebre de conquista, en. pa-
siones renovadoras, que agitan al in-
migrate bdsico, invaden nuestra es-
cena y un halito de drama quiebra
el pintoresco trazo”. Carlos Mauricio
Pacheco apuntaba con agudeza las
casas del sentimiento dramatico que,
a pesar de todo escarceo circunstan-
cial, se impone en nuestro sainete y
leva, sin demasiado~esfuerzo, a la
‘Geacién del “grotesco criollo”. Pues
si bien a lo largo de la corriente mas
popular de nuestro teatro insiste has-
ta el cansancio (por la monotonia de
su reiteracién) en a peripecia bur-
lesca y el trazado de tipos elementa-
Jes existen también piezas en las cua-
les, existen-tambign piezas.en las-cua-
sero} aparecen “personajes” que se
hallan trabajados al modo de los
aguafuertes de tonos contradictorios
¥ violentos del. “grotesco” ‘italiano
Ello ccurre no sélo por posible in-
fluencia artistica 0 literaria. (conoci-
Imiento y atraceién de determinados
autores), sino también y, primordial-
mente, por las exigencias propias de
los seres y temas que llegan al esce-
nario con las singularidades.anote-
das por Pacheco.
whrchivo Historico de Revistas Argentinas
Luigi Pirandello en Buenos Aires
(1933)
www.ahira.com.arLa palabra, “grotesco” se origina en
I ieliano “gottee"-y- en el fa
cés “grottesque”. Una proviene de
“grotta’ y Ia otra de “grotte”, pe-
x0 ambas ignifican lo mismo: grata
Lo que ya va descubriendo sus par-
ailaridades: se refiere a algo inte
rior. Esto en cuanto a la etimologia
del vocablo. Fn castellano _equivale
a “ridiculo, visible”, etc. Todo se em-
ppefia en designar con ese ténmino.a
Io cculto, Io recéndito, lo grutesco
que se expresa mediante ciertas fi-
Fitaclones estafalarias~ en fin, Io
rotesco.
Entre los primeros testimonios esoé-
nicos del grotesco se hallo» dos obras
de autores italianos: Don Pietro Ca-
1130, de Roberto Bracco, y, especial-
mente, La mascara y el rostro, de Lai-
gi Chiarelli.
Sin embargo; es con el gran drama-
turgo también-italiano, Luigi Piran-
dello. (1867-1996) que Ia especie con-
sigue, su expresion mas honda y-de-
purada y se impone de manera defi
nitiva. El autor de El gorro de cas-
cabeles (que juntamente con Enri-
que IV, son dos piezas claves del tea-
tto pirandelliano y del géhero), dice
precisamente en El humorisma al re-
ferirse a Don Quijote que “a través
de lo propiamente emico volveros
encontrar el sentimiento de lo con-
trario”, Es decir, captamos su condi-
cia dramética, ‘que es una de las
singularidades del “grotesco”. Arman-
do Discépolo, por su parte, indica:
"En su aspecto teatral, yo definiria
al egrotesco» como el arte de Megar
a To eémico a través de lo dramiti-
0". Conceptos que parten de una
actitud filosdfica que se asume fren-
te al ser humano y su circunstancia
La fusién de lo comico y lo dramé-
ico quiebra, segiin José Maria Mon-
“her Sans, Ta. “unidad de cardcter” y
establece el “dualismo de vivir y de
yerse viv”, que no es Jo mismo.
Armando Diseépolo, queda dicho, ha
frecuentado distintos géneros desde
jue en 1910 se iniciara con Entre el
erro, drama rebelde ofrecido por
Archivo Historico
de Revistas Argen
n una ceremonia de entrega de premios por la Asociacién de Criticos
Teatrales, aparecen, de izquierda a derecha,
Edmundo Guibourg, Armando Diseépolo y Samuel Eichelbaum
inas
www.ahira
M1. adasProduccié6n teatral
de
Armando Discépolo
1910: Entre el hierro, $ actos.
1911, La toreaz, 1 acto - El rineén de
los besos, 1 acto.
1912: La fragua, 8 actos - Ediciin de
El viaje aquel, 1 acto.
1916: El reverso, didlogo.
1019: El vértigo, 2 actos.
1923: Mateo, 3 cuadros = Hombres de
honor, 8 actos.
Mutieca, 2 actos.
Babilonia, 1 acto.
Patria nueva, 2 cuadros.
Stéfano, 1 acto y epilogo.
: Levantate y anda, 8 actos.
‘Amanda y Eduardo, 8 actos.
Creinona, 8 actos,
1984: Relojero, 8 actos.
En colaboracién con Enrique Santos
polo” (1901-1951)
1985: El organito, 1 acto,
En colaboracién con Rafael José de Rosa
(1884-1955):
1912: Espuma de mar, 8'Actos
1914: Mi mujer se aburre, 3 actos,
1915: Bl guarda 523, 1 acto.
1921: Mustafa, 1 acto - E] principe negro,
B actos.
1922: LiTtalia unita, 1 acto.
1924: Gidcomo, 8 actos.
En colaboracién con Rafael José de Rosa
¥ Mario Foleo (1881-1941)
1914: El novio de mamé, 3 actos.
1916: El movimiento continuo, 8 actos -
La ciencia de la casualitat,
‘monélogo.
1917: Conservatorio “La Armonia”,
8 actos - El chueco Pintor,. 8 actos.
1918: La espada de Damocles, 8 actos.
1920: El clavo de oro, 8 actos.
En colaboracién con Federico Mertens
(1886-1960);
1915: El patio de las flores, 1 acto,
Awchivo Historico de Revistas Argentinas | www.ahira.com.ar
Pablo Podesté, hasta Relojero, que
fuera, por el momento, su iitima en-
troge’a nuestra eseena, En su reper-
torio abundan las piezas festivas es-
eritas en colaboracién (EI movimien-
to continuo, Consercatorio “La Armo-
nia’, La espada de Damocles) pero
‘abe insistir en. que su talento dra-
idtico se manifiesta totalmente en la
creacién de los “grotescos_criolos”
Han sido nombradas las tres obras
ids representativas de su teatro y
Gel género entre nosotros. Juan Car-
Jos Ghiano ha dicho, haciendo el ang
Tisis de las mismas, que “Discépolo ha
trasfundido incisivamente los datos
de Ia realidad argentina, en un mo-
mento de pérdida de las grandes es-
peranzas puestas en América, que ha-
‘bia trampeado a los hombres que
nieron al nuevo mundo. con. alforjas
inmensas de ilusiones", Y aclara que
de Ia “dualidad entre~individuo y
sociedad nace la frecuente_incomu-
nicacién de Tos personajes. de Discé-
polo —perdidos en la vida, o extra-
vviados en sf mismos— que acaban por
golpearse contra los parientes y ami-
os inmediatos, o la repeticign de sus
limitaciones, Es oportune destacar que,
ae sus tres obras principales —Ma-
teo, Stéjano, Relojerom, es Stéfano la
més penetrante, a pesar de si apa-
rente sencillez, y la més cefiida en su
estructura dramitica. Se trata de unt
pieza ejemplar por su raro equilibrio
¥ el certero ahondamiento psicologi-
{0 (desde Ia desazbn y la angustia
hhasta la muerte) de su protagonista,
“ejemplo Uipico de- personals grotesco
Samuel Eichelbaum o la intros-
Pecelén. — Para Chules Dulin 6
fo existia un teatro honesto y otro
ue no lo era, sin otra altemativa
Por Jo comin es muy dificil y ries-
030 utilizar patrén tan rotundo. Al
penetrar en la obra dramitica de Se-
muel Eiehelbaum (1894-1967), sin
embargo, puede decirse, sin titubeos,
que nos hallamos ante un teatro ho-
nesto, segtin Is diferencia de Dullin
Augusto StrindbergRecorriendo la produccién de Hichel-
‘baum, puede legar a parecernos que
el autor marcha como a contramano
de nuestra realidad eseénica, puesto
que no tiene en cuenta ni le preocu-
pan los recursos probados que pueden
Tlevar una obra al éxito de publico.
Alfredo de la Guardia ha dicho. al
guna ver, confirmando tal situac
"Cuando el teatzo ofrece los mayores
hhalagos a quienes lo cultivan sin oF
vider al primer actor o la primera
actriz y al piblico, él (Eichelbaum)
Jo escribe s6lo como una expresién
de su _pensamiento y de su conci
la’. Si tenemos en cuenta el juicio
de quien conace tan profundamente el
teatro de Eichelbaum, podremos com-
prender la verdadera importancia del
autor de La mala sed.
Samuel Bichelhaum nacié en Domn-
guez, provincia de Entre Rios; en
plena nifiez, hace una escapada a
Rosario para intentar el estreno de
EL lobo manso, un sainete que acaba
de escribir. No lo logra, por supues-
to, y su primer contacto con el pi-
Dlico Io obtiene a los 17 affos, cuan-
do un,conjunto de aficionadas Teva a
fescena una nuevo trabajo suyo que
ha sido previamente traducido al
fddisch: Por el mal camino. Pero si
iniciacion oficial se produce en 1919
al estrenar Ia compania Muitio-Alip-
ppisu obra La quietud del pueblo. No
esa descle entonces su labor, apor-
tando nuevas esencias dramaticas que
de inmediato se destacan en nuestro
teatro, Por esa particularidad, por el
empeito natural de ser y_ sentirse
reador honesto, Fichelbauim ha sido
considerado a menudo como un autor
extrafio, cerebral, excesivamente razo-
nante, Y si bien en ocasiones puede
serlo 0 parecerlo, si no se tiene una
amplia perspectiva de la dramitica
moderna universal, lo cierto es que
los extrafios aunque no tanto— ys
especialmente, los razonantes 0 ri:
zonadores, son los seres siempre en
lucha interior que habitan sus obras
principales. Eichelbaum no tiene
pene
APCHIVS Historico
Samuel Eichelbaum
Portada de la primera edicién de
La male sed, de Bichelbaum, en la revista
La Escena, con una caricatura del autor
de Revistas Argentinas | www.ahira.com.ayProduccién teatral
de
Samuel Ejichelbaum
El lobo manso (eserita a los 7 afios).
1911/12 Por el mal camino.
1919: La quietud del pueblo, 1 acto.
1920; La mala sed, 8 actos
1921: El dogma, 1 acto.
1922: Un hogar, $ actos - El camino de
fuego, 2 cuadros
1928: El ruedo de almas, 3 actos.
1924: La hermana terca, 3 actos,
1926: El judio Aarén, 8 actos -
conoeié nunca, 2 actos.
1927: N..N. Homicida, 1 acto,
1928; Viva el padre Krantz! 1 acto,
1929; Cuando tengas un hijo, 8 actos.
1980: Senorita, 5 actos.
1981: Ricard ‘de Gales, principe criollo,
L acto.
Soledad es tu nombre, 6 actos.
En ta vida estoy yo, 6 euadros.
El gato y su selva, 3 actos - Tejido
de madre, 8 actos.
} Pajaro de barro,.prélogo y 3 actos -
Un guapo del 900, 8 actos.
1941: Divorcio nupefal, $ actos -
Vergiienza de querer, 4 actos
1942: Un tal Servando Gémez, prélogo
¥ 3 actos.
Rostro perdido, 8 actos.
5: Dos brasas, 3 actos.
Las aguas del mundo, 8 actos
Subsuelo, 3 actos.
Obras publicadas y sin estrenar
Un cuervo sobre el imperio, 3 actos.
Gabriel el olvidado, 8 actos.
En colaboracién con Pedro E. Pico:
1920: Un romance turco, 1 acto.
1921: La Juana Figueroa, 1 acto - La
céscara de nuez, 3 actos.
1922: Doctor, 2 actos
En colaboracién con Agustin Remén
(1893-1963)
1990: Loteria sin premios, 2 actos.
Nadie la
Arghivo Histori
na argentina, y el hecho desconcier-
ta a algunos cuando procuran bucear
fen su teatro. El ya eitado Alfredo
de la Guardia ha nombrado, con to.
tal conocimiento y exacta ubicacién,
los grandes padres de nuestro autor:
Dostoievski, Ibsen y Strindberg. Adla-
rando, ademas, para. que no hubiese
dadas, sus aleances: ‘Del primero, del
Aescubridor de las més bajas heces
del alma, tiene el largo sondeo psico:
égico; del gigante noruego, una in-
clinacién al “teatro de ideas” y su
misma confianza en un mundo en
donde impere el “espiritu de la ver-
dad y de la libertad”; del trigico de
Ta danza macabra, “la. amarga densi
ad humana de sus personajes”. A
pesar de estos. grandes padres dis-
fantes, que podrian haber originado
una creacién desarraigada, el teatro
de Eichelbaum sélo escapa, de ma-
era ocasional, “al dmbito’ que lo
rodea
Se ha dicho, equivocadamente, que
Eichelbsum ‘eserbio: muchas. de sus
obras bajo Ia influencia de las teo-
as psicoanalisticas de Freud. Lo
ierto es que Je ha ocurido como a
Lenormand: ya haba escrito varios
de sus dramas antes de conocer tales
teorias (por entonces sélo al alcance
de cientificos especialistas) y_ellas
sirvieron nicamente para confirmar
sus preocupaciones y_ sus intuiciones
de artista. Samuel Bichelbaum era
tun fing rasteeador de almas: pero n0
de almas simples y féciles de volear,
sino de abismos a veces ocultos por
densas nubes bajas que exigen, més
que la pericia del psieblogo, el afi-
lado escudrisar del psicoanalista
Bemardo Canal Feijoo ha esearbado
en la entrafia viva de este teatro en
busca del méicleo imaginativo. "En el
drama cichelbaumiana —ha dicho—
sélo acontece en sustancla una cosa
Pero ide qué envergadural Es siem-
pre una historia de seres que, de pron-
to, en un momento dado se descu-
bbren, se encuentran a sf mismos”. Se
deseibren y encuentran porque lle-
gan a la conciencia de su. auténtica
Personalidad. Aunque Jos temas va-
ren, pues su produecién dramética
posee una rica gama de caracteres
hhumanos, en los que podramos calf
ficar como prototipos de su teatro,
se observa algo ast como una cons:
tante: la soledad. Mejor dicho, per.
sonajes en soledad. Y si por momen:
tos puede suponerse que se refiere
una soledad de seres fuertes 0 que
se creen fuertes, a lo Ibsen, lo mis
comiin es que se trate de la impoten-
cla de comunicacién con sus seme-
janes, qe Tos aislay ls recoge en
los vericuetos de su propio ser, tor
rnindolos huafos, en ocaiones en-
fermizos o en simples desconectados
por su tetca individualidad. Pueden
Obvervarseditintasvartantes de est
soledad en Cuando tengas un hijo,
Senorita, Soledad es tu nombre, En tt
vida estoy yo. De soledad es también
el problema fundamental de El gato
y su selva. En Péjaro de barro, Felipa,
Je chinita sirvienta, rechaza al hom.
bre que le ha dado un hijo, a pesar
de que éa hubiese sido Ta. solucion
natural del problema, encerrindose
en si misma y aferrindose al peque-
fio que dice ser tnicamente suyo, por-
que ha sido “bebida sin sed”. “Soy
tun manidtico de la_introspeceién”,
advirtié Bichelbaum en un reporta:
je. ¥ puntualizd: “Cualquier stceso,
por insignificante que sea, me indu-
ce a bucearme obstinadamente”, Es-
ta era la sintesis del teatro mis ca
racteristico del autor que estamos
tratando, hasta que, en 1940, el mis-
mo afio de Péjaro de barro, estrena
Un guape, de? 900. No: nos extrafia
su costumbrismo portefio, ya obser
vyado en otras piezas suyas; sorpren-
de, si, y muy gratamente, descubrie
la mueva expresiin que vitaliza el
teatro de Eichelbaum. En Un guapo
del 900 se destacan, nitidamente, dos
personajes por su vigorosa fuerza t
tral: Ecuménico, el guapo, y Nati
dad, su madre, orgullosa de esa gua-
peza que la identifiea con Ja altivez
de su propia sangre. La historia dra-
matiza Te lealtad de un hombre hacia.
o de Revistas Argentinas | www.ahira.com.arotro hombre. Una condiciém apenas,
la guapeza. Esa que enorgullece a
Natividad cuando habla de su_hijo,
intindolo de un solo trazo: “Eeu-
ménico, pa unas elecciones que hi
ieron ay'en los tiempos de don Alsi-
na, tomé él solito y su alma, a punta
de cuchiyo, una eomiseria”. También
testé contento con Ladislao, el otro
hijo: “No en balde don Alejo los tie-
ne a su lao dende que aprendieron a
usar el cuchiyo". Pero se lamenta del
tercero: “El Pancho, si parece de otra
entrafia. Medio cobardén”. Y afade
como algo definitorio: “Ni cuchiyo sa-
he usar el pobre”. Un guapo det 900
es una de las piezas mds valiosas del
repertorio de Samuel Eichelbaum, y
una de las més importantes con que
cuenta nuestra dramétiea de mayor
envergadura.
Samuel Eichelbaum estrené su dltima
obra, Subsuele; en 1967 y, dejando
dos obras publicadas pero sin repre-
sentar, murié en Buenos Aires, donde
ppasé la mayor parte de su vida, el 4
de mayo de ese mismo ao,
Los intérpretes de la-etapa, —
Los intérpretes nacionales de que ca-
recia nuesteo teatro, de manera ot
Sinica, antes de que los Podesti
dheran el slo del picadero al esce-
nario, fueron multiplicindose con un
entusiasmo en el que se ponian en
evidencia las cualidades snnatas que
poseian. La. mayoria los més po=
ppulares, sobre todo—, empleo. mala
Mente su arte, o sus posibilidades,
con la frecuentacién de un teatro
enor en todo sentido, Los antiguos
intérpretes de los principales elencos
en que fueron dispersindose los Po-
dest y su nicleo inical, se convir
tieron en eabezas de los nuevos con-
juntos que requeria el desarzollo de
Ja escena argentina, Entre las actri-
ces es necesario incorporar a la re
sefia que se ha hecho ya en ottas
oportunidades, a Camila Quiroga,
actriz. de fuerte temperamento dra:
ritieo, que se iimpone lormando pa
Archivo Historico de Rev
Francisco Petrone en el papel de
Ecuménico, en Un guapo del 900,
de Eichelbaum
Milagros de ta Vega en el papel de
Natividad, en Un guapo del 900
stas Argentinas | www.ahira.com.ag,,Pablo Podesté y Camila Quiroga en una
escena de Gon las alas rotas, de
Emilio Berisso
Roberto Casaux, en una de sus
teja con Pablo Podesté al animar Ja
hheroina de Con las alas rotas, exito-
so melodrama de Emilio Berisso, para
cumplir Tuego una trayectoria de in-
dadable jerarquia; Milagros de la
‘Vega, altamente capacitada, euya lar-
1 carrera es la prueba constante de
tuna conducta ejemplar. En 1923 se
tune en matrimonio con ese excelente
actor que fuera Carlos Perelli, cons-
tuyendo asi un binomio que da una
medida cabal de buen teatro; Gloria
Ferrandis, intérprete notable, destaca
su labor al asumir los personajes pro-
tegénicos de las obras principales de
Francisco Defilippis Novoa (Angtli-
ca, de La loba; Celia, de ED turbions
Maria, de Maria la tonta); Elsa
O'Connor, riea personalidad que ha-
bria de desaparecer muy joven, cuan-
do se hallaba testimonlando Ta. re-
Ciedumbre de su temperamento. Otros
nombres que es necesario registrar,
aunque no podamos detenemos en su
analisis, son Jos de Ana Ameodo, Tide
Provano, Rosa Cité, Ads. Comar,
Lucia Barause. Dejamos para el fic
nal a tres jévenes actrices. que por
entonces estaban imponiendo su arte
con expresiones que las individuali-
zaban: Eva Franco, que daba a los
personajes ternura y emocién; Luisa
Vehil, que provenia de tina familia de
artistas de la escena y ya manifesta.
ba su calidad de actriz sensible y
cepacitada; y Paulina Singerman, que
se destacaba en la comedia ligera, gé-
nero al que insuflaba espontaneidad
y gracia. A la lista de actores es ne-
cesario aiiadir, también, varios nom-
bres. José Gomez y Enrique de Ro-
sas bregaban por un teatro superior,
fen base a obras nacional
jeras. Florencio Parrav
diante miltiple y desorbitado, poseia
un extraordinario dominio de la es-
ceena, pero prefirié pasar a la histo-
ria de nuestro teatro por Ia reitera-
ion de sus bufonadas y de sus ocu-
rrencias de tono subidamente pica-
resco, Luis Arata, que con su mascara
fragicémica lograba la interpretacion
cabal de personajes grotescos, mal-
Agchivo Histdorico de Revistas Argentinas | www.ahira.com.arDaraté por lo general sus posbilida-
des en obras que estaban muy por
ebajo del limite aceptado, aun der
two de un teatro que buseaba fi
repercusin y a toda costa. Lo mi
mo podria decirse de Roberto C:
sau, buen actor que se malgasté en
obras sin importancia y sélo de ma-
nera circunstaneial demostré. de. lo
que era capaz. Orestes Caviglia y
Atilio Supparo, diseipulos de la o&-
lebre trigica italiana Jacinta Pezza
nna, siempre se-mantuvieron en el
plano de nuestro mejor teatro. Ricar-
o Passano y Pablo Sanetta fueron hi-
chadores denodacios por la afirmacion
de una comedia digna con auténtica
resonancia popular. Hubo, asimismo,
rubros como Vittone-Pomar, César y
Pope Ratti, Leopoldo y Tomés Sima-
pero el que mejor serviria para
sjemplificar una inquietud vélida,
‘mas allé dé los altibajos inevitables
por el medio’en que actuaba, era el
integrado por Enrique Muifio y Elias
Alippi, quienes durante aos unie-
fon su aite en especticulos de cal
dad que merecieron la acogida que
Jes brindaba el pablico. Muto, aetor
excelente on su intuicién madura,
reador de personajes on. simple
trasfondo humano, se complementa-
ba perfectamente con Alippi, de tan
rica sensibilidad y certera vision que,
ademés de interpretar con seguro
Sentido modemo y autor (aunque no
de relieve), aleanzé a ser uno de
Imuestros directores més capacitados,
tanto en el teatro por secciones como
fen montajes de mucha mayor enver-
zadura
Por Ia década del 20 va asomando
una nueva generacién de actores. Hay
que nombrar a Miguel Fausto Rocha,
Guillermo Bataglia —sobrino del que
actuara con bilo en Je etapa ante-
ior, Domingo Sapelli, Mario Da-
resi, Santiago Arvieta, Alfredo Ca-
rifts, Nicolés Fregues, Juan Man-
fiante, el ya nombrado’ Carlos Pere-
Ti y otros, que destacarin definiti-
vvamente su personalidad en la nueva
etapa que se inicia hacia 1990,
Enrique Muiio y Elias Alippi, rodeados por un grupo de autores y actores
‘argentinos en ocasién de la gira realizada por Espafia en 1922
El titimo de la derecha es Luis Sandrini.
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archivo Historico de Revistas Argentinas | www.ahira.com.arvistas ‘Argentinas | www.ahira.comarer
‘un antl
cre eed
eo ean
rns
Primera parte: 1. Introduccién: Los origenes 2. Introduecién:
ee oe et
ore eee eee as
Pe med
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ree ro
eee ee
Ce eee ee ee
Cea oy
Coo ea,
eas
Sc
a en a
See ae eee ee aL
Ese irhear boa
ENTREGA ——_FASCICULO
Segunda parte
4 La welta del siglo: Aimafuerte
% £1 modernismo
2% Leoplto Lugones
a Noderismo y narativ: Enrique Lareta
2 Realismo_y picaresca: Roberto J. Pay
2 Hoderismo y naturalism: Horcio Quiroga
2 Ricardo Guiraldes
3 EI teatro en la vuelta oe seo: Forencio Sénchez
3 B teatro: Gregorio de Laferrere
x La poesia en el avance del sigto
4 Feminismo y poesia: Alforsina Stor
3 La poesia de Eriaue Banchs
36 Feminder Moreno: el sencitismo
a Realismo tradicional narativa urbana
38 Realism tradicional: narrtva rural
39 movimiento ce Martin Flere
0 Florida vangua
a Boede y of tema socil
Pe ee ec
ere ar
Ce ey
eT ee Uae eee CD
Se enc ee
SS eee ay
Recs
Cte
aed
Poesia y prosa - Almafuerte - 152 pags.
La poesia moderista- Antlog = 96 pigs.
La posa modernsta- Antologle - 96
La gloria de don Ramiro - Lareta- 272 pigs.
Violines y toneles - Payré - 168 pags.
Los gauchos judlos - Gerchunoff - 120 pags.
Rucho - Giiraldes - 120 pags
{familia y Barrana abao-F.Séncher- 120 pigs.
ettatore!y Las de Baranco-Laferrore-184 pgs.
‘Seleccin de poemas - Carriego y otros poetas
112 pags.
tia - Afonsina Storni - 96. pigs.
Aatlogia
El cascabel del haledn - Banchs - 120 pags.
Poesia y prosa - Fernénder Moreno - 120 pags.
Nacha.Regules - Galvez - 180 pgs,
tos caranchos dela Florida -B, Lynch - 180 pégs.
Seleccién - Macedonio Fernéndez ~ 120 pégs.
Aotologfa de Florida ~ 120 pégs.
Antologta de Boedo - 120 pées.
Fasciculos que aparecerin posteriormente: 42. La novela moderna: Roberto Arit 43. Madurer del teatro: Samael Eichelbaum
= 44. £1 ensayo modern: Erequiel Martinez Estrada - 45. La critica moderna - 46. Intelectualisme y_existecialism:
Malla ~ 47. La novela experimental: Marechal — 48. La narrativa fantstica: Borges — 48. La poesia: la generacién del 40
= 50. La poesla social después de Boodo — 51, Desarrollo de ta narrtiv: la generacién intermedia - 52. La generacion
Intermedia en teatro: los teats independientes - 52. La generacon del 85: los narradores — 54, Las nuevas promecio-
aes: el ensayo — 55. Las nuevas promociones: fa novela; fa poesia ~ $6. Las revistas literarias.
a oa Ae ers?
istoricote