PRIMERA ESTACION
PILATO: ¿De que acusan a este hombre?
ESCRIBA: Si éste no fuera un malhechor, no te lo habríamos entregado.
PILATO: «Tomadle vosotros y juzgadle según vuestra Ley.»
Los judíos replicaron: «Nosotros no podemos dar muerte a nadie.»
CRONISTA: Así se cumpliría lo que había dicho Jesús cuando indicó de qué
muerte iba a morir.
PILATO: «¿Eres tú el Rey de los judíos?»
JESUS: «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?»
PILATO: «Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has
hecho?»
JESUS: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi
guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero
mi reino no es de aquí.»
PILATO.: «Conque, ¿tú eres rey?»
JESUS: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido
al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad
escucha mi voz.»
PILATO.: «Y, ¿qué es la verdad?»
CRONISTA: Dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos.
PILATO: «Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre
vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al
rey de los judíos?»
PUEBLO.: «A ése no, a Barrabás.»
CRONISTA: El tal Barrabás era un bandido. Entonces Pilato tomó a Jesús y
lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la
pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y,
acercándose a él, le decían:
SOLDADOS.: «¡Salve, rey de los judíos!»
CRONISTA: Pilato salió otra vez afuera y les dijo:
PILATO: «Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en él
ninguna culpa.»
CRONISTA: Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto
color púrpura. Pilato les dijo:
PILATO: «Aquí lo tenéis.»
PUEBLO.: «¡Crucifícalo, crucifícalo!»
PILATO.: «Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa
en él.»
ESCRIBA.: «Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir,
porque se ha declarado Hijo de Dios.»
CRONISTA: Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más y, entran-
do otra vez en el pretorio, dijo a Jesús:
PILATO: «¿De dónde eres tú?»
CRONISTA: Pero Jesús no le dio respuesta. Y Pilato le dijo:
PILATO: «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para
soltarte y autoridad para crucificarte?»
JESUS: «No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado
de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.»
ESCRIBA: «Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se declara
rey está contra el César.»
CRONISTA: Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y lo
sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo
Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía.
SEGUNDA ESTACION
C.: Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado «de la
Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él
a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero
y lo puso encima de la cruz; en él estaba morir, escrito: «Jesús, el
Nazareno, el rey de los judíos.»
Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde
crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego.
Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:
S.: -«No escribas «El rey de los judíos», sino «Éste ha dicho: Soy el rey de
los judíos».»
C.: Pilato les contestó:
S.: -«Lo escrito, escrito está.»
C.: Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo
cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una
túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:
S.: -«No la rasguemos, sino echemos a suerte, a ver a quién le toca. »
C.: Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a
suerte mi túnica.»
Esto hicieron los soldados.
C.: Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre,
María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y
cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:
+: -«Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
C.: Luego, dijo al discípulo:
+: -«Ahí tienes a tu madre.»
C.: Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
C.: Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término,
para que se cumpliera la Escritura dijo:
+: -«Tengo sed.»
C.: Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja
empapada en vinagre a una cana de hisopo, se la acercaron a la boca.
Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:
+: -«Está cumplido.»
C.: E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.