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Uso de La Tecnología en El Ámbito Contable - Tributario

El gobierno electrónico implica el uso de tecnologías de la información y comunicación para mejorar la gestión pública y facilitar la interacción entre el gobierno y los ciudadanos, abarcando cuatro etapas: presencia, interacción, transacciones y transformación. Su objetivo es acercar el Estado a los ciudadanos, fomentar su participación en decisiones públicas y garantizar servicios más eficientes y transparentes. La transformación digital en la administración pública busca adaptarse a las nuevas tecnologías, promoviendo la inclusión y participación ciudadana en un contexto de cambio acelerado.
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Uso de La Tecnología en El Ámbito Contable - Tributario

El gobierno electrónico implica el uso de tecnologías de la información y comunicación para mejorar la gestión pública y facilitar la interacción entre el gobierno y los ciudadanos, abarcando cuatro etapas: presencia, interacción, transacciones y transformación. Su objetivo es acercar el Estado a los ciudadanos, fomentar su participación en decisiones públicas y garantizar servicios más eficientes y transparentes. La transformación digital en la administración pública busca adaptarse a las nuevas tecnologías, promoviendo la inclusión y participación ciudadana en un contexto de cambio acelerado.
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¿QUE ES EL GOBIERNO ELECTRÓNICO?

El gobierno electrónico consta de cuatro etapas: presencia de los


organismos y gobierno con información útil para la población en los sitios web
gubernamentales; interacción entre la administración pública, el gobierno y el
pueblo; transacciones donde se usen los pagos electrónicos en los trámites y
servicios; y de transformación, que incluye la participación del pueblo en la
construcción de las políticas públicas y en la gestión de la administración y el
gobierno (Morejón et al., 2019).

El Gobierno Electrónico, es el uso de las Tecnologías de la Información y


Comunicación (TIC) al servicio de la gestión pública para proveer servicios
públicos de forma más eficiente, conveniente, rentable y orientada al ciudadano.
Con esta herramienta se mejoran y simplifican los procesos de soporte
institucional, que facilitan la creación de canales que permitan aumentar la
transparencia y la participación ciudadana.

Uno de los objetivos primordiales del Gobierno Electrónico es el de acercar el


Estado a los ciudadanos y de fomentar su participación en las decisiones
públicas.

El Gobierno Electrónico dentro de la Planificación Estratégica de cada institución


pública y con el uso de las estrategias digitales y la modernización de cada
Estado, puede llegar a ser la herramienta más eficiente y eficaz para entregar
servicios rápidos y transparentes a los ciudadanos.

Según la firma R&C Consulting nuestro país no tiene mucha capacidad en


materia de profesionales especializados en la labor de poner en marcha un
sistema de gobierno electrónico más integrado. Necesitamos tener gestores
públicos altamente capacitados y entrenados para brindar un mejor servicio de
calidad al ciudadano.

Beneficios del Gobierno Electrónico

• Garantiza la interoperabilidad y el intercambio de datos


espaciales a fin de mejorar los servicios. Ejemplo de esto es el
uso del SIAF SIGA y SEACE, sistemas muy importantes en la
actual gestión pública que sirven de consulta interna y externa
para ver los procesos convocatoria, selección, pago entre otros
a los proveedores.
• El uso de las tecnologías de la información y comunicación
permite que el gobierno se torne más eficaz y eficiente,
proporciona más calidad y fácil acceso. En este marco, la Ley
N° 27444, Ley de Procedimiento Administrativo General
reconoce en el Artículo 29-A el uso de la tecnología en sus
procesos y actos administrativos, las firmas digitales y los
documentos generados y procesados a través de tecnologías y
medios electrónicos.
• Garantiza la seguridad de la información, así como la
ciberseguridad en el Estado.
• Fortalece la confianza en las instituciones públicas, permitiendo
mayor apertura, transparencia y responsabilidad a la vez que
protege al ciudadano.
• Sirve como guía de autogestión del ciudadano, incrementa la
comunicación tanto al interno como al exterior en el gobierno,
promoviendo la inclusión y participación de la sociedad.
• Promueve el desarrollo económico abierto y transparente, una
gestión pública competitiva y libre de corrupción.
• Sirve de catalizador a una economía innovadora y competitiva
mediante el apoyo a la creación de conocimiento y su expansión
a través de las redes de trabajo.
• Estimula la actividad económica pues sirve como apoyo en la
difusión de programas y rendición de cuenta.

DE LA TRANSFORMACIÓN DIGITAL DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA A


LAS COMPETENCIAS DEL EMPLEADO PÚBLICO

Vivimos una época de cambio acelerado, entre otras cuestiones por la tracción
generada por las empresas tecnológicas y por los avances en investigación
vinculada con la tecnología. Sin lugar a dudas, caminamos hacia una importante
«transformación de la humanidad», como auguraba Schwab (2016), aunque no
debemos dejar de ver que esta transformación avanza a distintas velocidades
como consecuencia de desigualdades económicas y culturales que entrecruzan
transversalmente nuestra sociedad.

En Administración Pública, la tecnología nos permite tener más información que


nunca, compartirla con más facilidad, gestionarla y procesarla con más eficacia
y prestar así un mejor servicio a la sociedad (Munuera Gómez, 2016);
procedimientos que hace pocas décadas podían suponer horas de trabajo para
distintas unidades posiblemente localizadas en diferentes ubicaciones hoy
pueden ser realizados de manera instantánea, evitando desplazamientos y
molestias al ciudadano, a través de la red.

Obviamente, la presencia de la tecnología en la administración pública no es un


fenómeno novedoso sino en evolución. Se pueden distinguir tres fases en el
proceso histórico de incorporación de la tecnología a la administración pública
(Criado y Gil-García, 2019). En una primera fase centrada en la automatización
de tareas y funciones, entre 1950 y 1970, la administración pública suplanta
tecnológicamente ciertas actividades (por ejemplo, grandes cálculos) realizadas
por humanos pero sin que esto represente un cambio en el funcionamiento
interno de la administración.

En una segunda fase, entre 1980 y 2010, el despliegue de «microcomputadoras»


en las organizaciones públicas permitió el rápido desarrollo y la difusión de las
tecnologías de la información y la comunicación en el ámbito público. Con la
llegada de la web e Internet se buscan la optimización de los procesos internos
y la digitalización de los servicios, además de permitir la aparición de nuevas
estructuras organizativas que permiten la interoperabilidad entre sistemas de
diferentes organizaciones públicas.

Finalmente, la última fase hasta el momento, que transcurre desde 2010 hasta
la actualidad, supone la transformación digital de la administración. El potencial
de la tecnología transforma radicalmente el servicio público permitiendo una
toma de decisiones más efectiva y basada en datos, dinámicas colaborativas
entre grupos distribuidos por el territorio y en distintas unidades de la
administración, mayor transparencia de los procesos, la transformación de las
dinámicas de intermediación, la reducción de costes gracias a la accesibilidad
de la información y una evaluación continua vinculada a la trazabilidad de las
actuaciones de los nuevos espacios digitales de cooperación.

Las administraciones públicas no están exentas ni al margen de la trascendencia


y efectos de esa revolución; el surgimiento y penetración de internet ha
posibilitado en particular que estas administraciones puedan y deban
transformarse.

Es entonces cuando la transformación digital se inserta como un proceso a


través del cual las organizaciones públicas cambian su estructura y
funcionamiento para adaptarse a las tecnologías (Díez, 2009; Casacuberta y
Gutiérrez, 2010; Marín, 2010) y al entorno digital. Esta transformación va más
allá de verse como una simple implementación de tecnología, supone una
reinvención y un cambio cultural que afecta a los procesos, los procedimientos,
hábitos y comportamientos de organizaciones y personas, que gracias a las
tecnologías digitales mejoran su capacidad de hacer frente a los retos que
suponen los nuevos tiempos (Kim, 2007; Rivero y Llera 2013).

Mientras la transformación digital en el sector empresarial busca potenciar


elementos como competitividad o mercado, en la administración pública busca
la integración de la sociedad y la participación ciudadana. No se habla de
administrado, ni de cliente, ni de usuario, sino de sujetos con derechos que
forman parte de un colectivo.

Al respecto Cuba, se encuentra inmersa en un proceso de transformación digital


sin precedentes denominado “informatización de la sociedad”, que abarca entre
otras cosas televisión y telefonía digital; revistas, sitios y portales informativos; la
vinculación de la empresa y la universidad en la creación de computadoras,
laptop y tabletas que tienen componentes y contenidos cubanos. Asimismo, se
potencia el acceso a las TIC para transformar la vida de los ciudadanos, al
facilitar trámites y gestiones que se hacen cotidianamente, elementos estos, que
tributan el desarrollo del gobierno electrónico (Rodríguez, Vera & Marko, 2015;
Morejón, Pérez y Varela, 2019).

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