ECOLOGIA PROFUNDA
La ecología profunda es una filosofía contemporánea ecológica que reconoce el valor
inherente de otros seres, aparte de su utilidad. La filosofía hace hincapié en la
interdependencia de los organismos dentro de los ecosistemas y de los ecosistemas con los
demás dentro de la biosfera.
El principio básico de la ecología profunda es la creencia de que, como la humanidad, las
condiciones de vida en su conjunto tienen el mismo derecho a vivir y florecer.
La ecología profunda se describe como “profunda” porque persiste en pedir más preguntas
sobre “qué” y “cómo” y por lo tanto tiene que ver con las preguntas filosóficas
fundamentales sobre los impactos de la vida humana como parte de la ecosfera, en lugar de
con un estrecho margen vista de la ecología como una rama de la ciencia biológica.
Su objetivo es evitar el ecologismo meramente antropocéntrico, que se ocupa de la
conservación del medio ambiente sólo para su explotación por y para los fines humanos, lo
que excluye la filosofía fundamental de la ecología profunda. La ecología profunda busca
una visión más holística de los seres humanos que viven en el mundo y trata de aplicar a la
vida el entendimiento de que las distintas partes de los ecosistemas (incluyendo humanos)
funcionan como un todo.
PRINCIPIOS:
1. El florecimiento y el bienestar de la vida humana y no-humana en la Tierra poseen
un valor por sí mismos. Estos valores no dependen de la utilidad del mundo no-
humano para los objetivos humanos.
2. La riqueza y la diversidad de las formas de vida contribuyen a la realización de
estos valores y constituyen además valores por sí mismas.
3. Los seres humanos no tienen derecho a reducir esta riqueza y diversidad excepto
para satisfacer necesidades vitales.
4. El florecimiento de la vida humana y no-humana requiere una población humana
más pequeña.
5. La interferencia humana actual con el mundo no-humano es excesiva, y la situación
está empeorando rápidamente.
6. En consecuencia, las políticas deben ser cambiadas. Estas políticas afectan
estructuras económicas, tecnológicas, e ideológicas básicas. El estado de las cosas
resultante será profundamente diferente del actual.
7. La transición ideológica principalmente será la de apreciar la calidad de vida (que
prospera en situaciones de valor intrínseco) más que adherirse a un estándar de vida
cada vez más elevado. Habrá una profunda conciencia de la diferencia entre el
“tamaño grande” y la grandeza.
8. Aquellos que suscriben los puntos anteriores tienen directamente o indirectamente
una obligación de intentar implementar los cambios necesarios.
Arne Næss
El más reputado filósofo noruego del siglo XX, nació el 27 de enero de 1912 y ha murió el
12 de enero de 2009 a los 96 años y es conocido por ser una de los impulsores del concepto
de “ecología profunda”. Fue el hermano menor del armador Erling Dekke Naess y por tanto
tío del célebre montañero y hombre de negocios Arne Naess Jr.
Fue el catedrático más joven, con 27 años, de los nombrados en la Universidad de Oslo,
cargo que ejerció ininterrumpidamente desde 1939 a 1970.
Fue un avezado alpinista, dirigió en 1950 la primera expedición de ascensión al Tirich Mir
(7 708 m). en Pakistán. Y una 2ª a esa misma cumbre en 1964.
También presidió Greenpeace en Noruega cuando se fundo la sección local en 1988.
Fue candidato electoral del Partido Verde Noruego.
Fue investido caballero por el rey Harald de Noruega en el año 2005 y nombrado
comendador de la Real Orden Noruega de San Oslav.
Se caso dos veces. La primera con Else, de quien tuvo dos hijos. Tras morir Else contrajo
matrimonio a los 61 años con Kit Fai, una alumna suya 40 años más joven.
En su pensamiento filosófico influyeron de forma determinante Baruch Spinoza (filósofo
judío del siglo XVII que enseñaba que Dios se hace presente a través de la naturaleza),
Mahatma Gandhi y el budismo. Naess desarrolló, además, seis reglas para debates justos
sujetos a la materia en cuestión sin ataques personales.
Naess impulsó en 1973 con la "ecología profunda" un pensamiento ecológico que concede
máxima prioridad a la protección del planeta, la naturaleza, la preservación de los sistemas
ecológicos y de las especies en peligro de extinción. La ecología profunda es uno de los
movimientos que más radicalmente se opone al actual modelo de civilización.
La Ecología Profunda fue inicialmente un término teórico, pero se transformó
posteriormente en un movimiento. Naess no planteó algo realmente nuevo sino que generó
una visión integrada de varios conceptos. Las bases fundacionales serían:
El ser humano es un organismo con una relación de total integridad y armonia con el
medio; no por sobre o fuera de éste.
La igualdad Biocéntrica, todas las cosas naturales, los ecosistemas, la vida, los paisajes, los
suelos, montañas, etc., todos tienen un derecho intrínseco a existir. La presencia de valor es
independiente a cualquier conciencia, interés o apreciación de un ser consciente.
Independiente de su grado de autodeterminación.
Derecho a la diversidad cultural, a la autorealización y la diversidad de formas, sean
organismos, comunidades, ecosistemas, paisajes, etc, o en el ámbito humano: los derechos
humanos, formas de vida, culturas, igualdad de los sexos, lucha contra invasión y
dominaciones de tipo cultural, económicas y militares, etc
Así pues la ecología profunda tiene como premisa una integración total de la persona-en-
naturaleza. No está ni por encima ni fuera de la naturaleza.
Por la misma razón también cuestiona fuertemente las grandes decisiones político-
económicas, siendo muchos de sus adherentes personas que se perfilan en grupos políticos
de propuestas radicales, tanto de izquierdas como de derechas, unidos en este caso por el
diagnóstico de que la modernidad antropocentrista/liberal es un desastre, aunque la mayoría
de los líderes de la ecología profunda se declaren pacifistas. Lo cierto es que al haberse
derrumbado los referentes de esta filosofía, que eran el comunismo y el fascismo, sus
adeptos buscan sus puntos de referencia en el universo liberal.
Naess instaba siempre a los movimientos de orientación ecologista a “proteger el planeta no
sólo en beneficio del género humano, sino, también en beneficio del propio planeta, a
conservar los ecosistemas sanos por el mero hecho de hacerlo”.
En su opinión los que pensaban que los grandes problemas ecológicos se podían resolver en
el entorno de una sociedad industrial y capitalista tenían un ecologismo “superficial” Había
que entender que era la sociedad en sí misma la que había causado la crisis ecológica
planetaria. Esta tesis sustentada fundamentalmente en las enseñanzas de Spinoza, Gangi y
Buda, penetraría en las diversas corrientes de pensamiento que inspiraron los movimientos
ambientalistas de los 80.
Naes hablo también de la superpoblación mundial como un grave problema ambiental y
defendió el derecho de todos los seres vivos a ser respetados.
Todo ello hizó que algunos calificaran sus ideas como una especie de ocultismo del estilo
New Age y que otros lo acusaran de proponer una reducción eugenésica de la humanidad.
Naess sostenía que una población del 60% de las cifras actuales podría ser compatible con
una buena calidad de vida. En ese sentido afirmaba: “Yo soy optimista de cara al siglo
XXII. Y ellos me dicen: Bueno, se referirá al siglo XXI... No me refiero al XXII. Yo creo
que durante el XXI tendremos que pasar por algunos malos momentos, que afectaran
incluso a países ricos. Así que, a corto plazo, soy bastante pesimista, aunque a largo plazo,
si que soy optimista.”
Naess afronto un gran bochorno cuando los activistas de Earth First utilizaron los conceptos
que él preconizaba para promover la esterilización en los países en vías de desarrollo y
proponer el final de la ayuda alimentaria. Naess contestó que la ecología profunda parte de
la idea de que el ser humano no es ajeno a la naturaleza, sino que forma parte de ella, en
igualdad de condiciones que otros seres vivos, como una especie más.
Naess repudió a quienes llegaron a decir que las sequías y las hambrunas eran positivas.
Naess opinaba que “puesto que somos humanos, tenemos que situar al ser humano en
primer lugar”. Además, defendía que la ampliación de la solidaridad hacia otros seres
vivientes no implicaba reducir la fidelidad a los seres humanos.
“No digo que todos los seres vivos tengan el mismo valor que un ser humano, pero sí que
cada uno posee un valor intrínseco no cuantificable. No es igual ni diferente. Y tiene
derecho a vivir. Puedo matar a un mosquito si se posa en la cara de mi hijo, pero jamás diré
que tengo más derecho a la vida que un mosquito.”