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Farrell Texto Iv

El documento analiza el principio de la mayor felicidad del mayor número propuesto por Bentham, destacando su evolución histórica y las críticas que ha recibido. Se argumenta que, aunque Bentham inicialmente defendió este principio, posteriormente lo simplificó a la idea de la mayor felicidad, descartando el 'mayor número' como redundante. Además, se presentan objeciones contemporáneas que cuestionan la viabilidad de maximizar simultáneamente ambos conceptos, sugiriendo que se debe optar entre ellos.

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Farrell Texto Iv

El documento analiza el principio de la mayor felicidad del mayor número propuesto por Bentham, destacando su evolución histórica y las críticas que ha recibido. Se argumenta que, aunque Bentham inicialmente defendió este principio, posteriormente lo simplificó a la idea de la mayor felicidad, descartando el 'mayor número' como redundante. Además, se presentan objeciones contemporáneas que cuestionan la viabilidad de maximizar simultáneamente ambos conceptos, sugiriendo que se debe optar entre ellos.

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¿LA MAYOR FELICIDAD O EL MAYOR NÚMERO?

Martin D. Farrell
[Link]ón.

Si alguien pregunta cuales son los dos principios morales más conocidos en la
historia de la ética, la respuesta es muy simple: el imperativo categórico kantiano y el
principio benthamita de la mayor felicidad, las bases –en otras palabras- del
deontologismo y del utilitarismo.

Hay dos tareas que me propongo desarrollar aquí respecto del segundo de estos
dos principios. La primera es una tarea histórica o –si se quiere- de crítica interna:
intentaré precisar qué quiso decir Bentham cuando propuso el principio. La segunda es
una filosófica o –si se quiere- de crítica externa: intentaré argumentar en favor de lo que
Bentham debería haberse propuesto al defender el principio.

[Link] historia.

Bentham mencionó el principio por primera vez en A Fragment on Government,


aparecido en 1776, y lo hizo de esta forma:

Con escaso método y precisión se han desarrollado hasta ahora las


consecuencias de esta axioma fundamental: la mayor felicidad del mayor número es la
medida de lo correcto e

incorrecto. (1)

Este es el que se considera como el principio central del utilitarismo, y el se emplea


usualmente para describirlo. A partir de Bentham el principio entra en la historia de la
filosofía moral, pero ciertamente no fue Bentham su autor original. En 1725 Hutcheson
había expresado algo similar cuando dijo que

al comparar la Calidad de las Acciones, para regular nuestra

Elección entre varias Acciones propuestas, o encontrar cuál de

ellas tiene la mayor Excelencia moral, estamos conducidos para

juzgar por nuestro Sentido moral de Virtud de esta forma; que a

iguales Grados de Felicidad, que se espera que proceda de la Acción,


la Virtud está en proporción al Número de Personas a las que la

Felicidad se extenderá;…y a Números iguales, la Virtud está en la

Cantidad de Felicidad. (2)

Quien anticipó a Bentham, empleando sus mismas palabras fue Beccaria,(3) y a


partir de su aparición original el principio tuvo un recorrido ajetreado. Durante cerca de
cincuenta años Bentham no volvió a mencionarlo, y hay que esperar hasta la publicación
de Codification Proposal en 1822 para encontrarlo citado nuevamente. (4) Allí se lo cita de
manera reiterada, al comienzo de cada una de las diez primeras secciones de la Parte I.

Aunque Beccaria lo haya mencionado antes, es correcto identificar al principio con


Bentham, pues él lo convirtió en el fundamento de su escuela, mientras que sólo tuvo una
influencia menor en la obra de Beccaria.

Pero en 1829 Bentham escribe un artículo (aparecido anónimamente) en


Westminster Review en el cual formula una revisión de importancia al principio, al cual
considera erróneo por lo superfluo, ya que intenta –según Bentham- decir la misma cosa
dos veces, (5) ya que el principio podría ser representado

como sosteniendo que, si por ejemplo, una nación estaba compuesta

por un millón de negros y un millón un blancos, los blancos estaban

justificados en sacrificar tanto cono quisieran la felicidad del millón,

en aras a cualquier incremento que pudiera ser hecho a la felicidad

del millón y uno…La última mejoría es descartar el superfluo “mayor

número”, y declarar que el objeto justo de la política y de la moral

es simplemente “LA MAYOR FELICIDAD”. (6)

Más adelante vuelvo sobre un ejemplo similar de Bentham para mostrar sus
dificultades interpretativas. Mientras tanto, el principio vuelve a mencionarse en una forma
muy cercana a la original en Constitutional Code, aparecido en 1830: “La mayor felicidad de
todos los distintos miembros de la comunidad en cuestión, tomados conjuntamente”,
aunque Bentham recuerda ahí las dificultades que se derivan del hecho de que los
individuos compiten entre sí, tema sobre el que luego vuelvo. (7) No hay duda, por otra
parte, que Bentham entendía al principio como una regla abarcadora, que demandaba la
maximización de la felicidad. (8)
En un comienzo, entonces, Bentham defendió la idea de la mayor felicidad del
mayor número, y luego descartó la segunda parte del principio, el cual redujo a la primera.
Obviamente la idea recogió diversas críticas a lo largo de su historia, y voy a examinar
algunas de ellas.

III. Una objeción a descartar.

En su libro Anarchy, State, and Utopia Robert Nozick formula una objeción al
principio de la mayor felicidad, especialmente en la versión benthamita posterior, que
merece ser mencionada. Él piensa que la teoría utilitarista

está complicada por la posibilidad de los monstruos utilitaristas, que


obtienen mayor ganancia en utilidad de cualquier sacrificio de de otros que las pérdidas
que ellos sufren. Porque, de un modo inaceptable, la teoría parece requerir que todos nos
sacrifiquemos en las fauces del monstruo de modo de incrementar la felicidad total. (9)

El ejemplo es demasiado fantástico como para imaginarlo concretado en el mundo


real, pero –amén de ello- la crítica no puede aplicarse a la teoría de Bentham, puesto que
él suponía que era prácticamente imposible probar de una manera empírica que
diferentes individuos, o clases de individuos, tuvieran capacidades diferentes para el
placer, por lo que pensaba que la intensidad promedio tiende a ser la misma para todos
los individuos. Siendo además la variabilidad de gustos algo impenetrable, lo mejor para el
utilitarismo es asumir la igualdad en este aspecto. (10)

La crítica sí sería aplicable al cálculo utilitarista de Edgeworth, quien pensaba que


un individuo tiene una mayor capacidad para el placer que otro cuando, para la misma
cantidad de cualesquiera medios, él obtiene una mayor cantidad de placer, y también
cuando, para el mismo incremento de los medios, obtiene un mayor incremento de
placer. (11) Sobre la base de esta premisa, Edgeworth se pregunta en virtud de qué unidad
es posible efectuar una comparación de intereses, y sugiere que cualquier individuo que
experimente una unidad de intensidad de placer durante una unidad de tiempo debe
contar por uno, mientras que aquellos que experimente múltiples unidades cuentan en
proporción a la cantidad que sienten. (12)

Edgeworth concluye proponiendo una teoría de connotaciones eugenésicas y


racistas que no puede asimilarse a la de Bentham, y la mejor forma de marcar la diferencia
es esta: mientras Bentham –como veremos luego- defiende –de algún modo- el principio
de que “todos cuentan por uno y nadie por más de uno”, Edgeworth sostiene que no
todos cuentan por uno, sino que “todo incremento percibible de placer cuenta por uno”, y
este es su principio utilitarista de distribución.(13) Aún imaginando en la realidad al
monstruo felicífico de Nozick, el ejemplo podría ser aplicable a Edgeworth pero no a
Bentham. Por otra parte, como dije, la crítica alcanzaría especialmente a la mayor
felicidad, y no al mayor número, que es la versión que voy a defender aquí.

IV. La objeción fatal.

La dificultad que Bentham encontraba en el principio distaba de ser decisiva, o –


siquiera sea-real, pero había latente una objeción que comenzó a ser percibida en 1925.
En ese año, Anderson Woods publicó un trabajo en Ethics en el cual sostuvo que la
fórmula benthamita era “fatalmente defectuosa”, puesto que dos fines no pueden
coexistir a menos que sean consistentes en todos los puntos, lo que no ocurre –por cierto-
con la mayor felicidad y el mayor número. Woods consideraba que el factor del “mayor
número” era irrelevante y confuso, y que la distribución de la riqueza era correcta sólo
porque tendía a la máxima suma de felicidad: si la distribución desigualitaria no afectaba
la suma total de felicidad, entonces no tenía ninguna importancia. (14) Woods, en otras
palabras, advirtió que el principio no decía dos veces la misma cosa, sino que decía dos
cosas distintas, y muchas veces contradictorias, lo que es cierto. También de manera
correcta, insistió en que había que optar entre la mayor felicidad y el mayor número, pero
aquí creo que se equivocó al elegir.

Como cuestión de hecho, Woods coincide con la solución que, como hemos visto,
ya había elegido Bentham. Pero lo que interesa es que la razón de Woods para elegir
entre la mayor felicidad y el mayor número era mucho más sólida que la razón de
Bentham.

El golpe decisivo para el principio –de todos modos- arribó en 1953. Von Neumann
y Morgerstern analizaron un principio semejante al de Bentham, según el cual el propósito
del esfuerzo social consistía en “el mayor bien posible para el mayor número posible”. Von
Neumann y Morgerstern mostraron que

un principio rector no puede ser formulado mediante el requerimiento de


maximizar a la vez dos (o más) funciones. Ese principio, tomado literalmente, es
autocontradictorio…No es mejor que decir, por ejemplo, que una empresa debería obtener
el máximo precio con la máxima

cantidad.(15)

El argumento, entonces, es muy simple y tiene dos caras. Por un lado, si se quiere
maximizar, esto puede hacerse únicamente si se postula un solo valor. Por el otro lado, si
se postula un solo valor, la única actitud racional es maximizarlo, como ha mostrado Petit.
(16) Al emplear la palabra “mayor” en el principio, la actitud de Bentham es claramente
maximizadora, y por eso mismo hay que elegir entre la felicidad y el número, como
objetivo supremo de la teoría.

Después de Von Neumann y Morgerstarn, había llegado la hora de optar.

V. El momento de la opción.

Ante todo, el principio benthamita contuvo desde el comienzo una deficiencia


distinta a la que estoy mencionando, y esa deficiencia era su ambigüedad. Incluso
suponiendo que la noción de felicidad fuera clara, la noción del mayor número no lo es.
Como pregunta Kenny (17), ¿se trata del mayor número de votantes, de ciudadanos o de
seres humanos, por ejemplo? Aunque voy a dejar de lado este problema, porque está
fuera del alcance de este trabajo, sería ingenuo negar que el problema existe, aunque
Bentham lo resolvió parcialmente en Constitutional Code al hablar de la felicidad de la
comunidad; son palabras similares, por otra parte, a las que emplea en su manuscrito
Institute of Political Economy. (18) O cuando dijo en Pannomial Fragments que el único fin
omnicomprensivo debería ser “la mayor felicidad de toda la comunidad, gobernantes y
gobernados conjuntamente”. (19)

Volviendo ahora a la objeción central, es claro que luego de la advertencia de Von


Neumann y Morgenstern no queda otro camino que la opción, esto es, elegir entre la
mayor felicidad o el mayor número. Históricamente, como hemos visto, el tema quedó
resuelto por la decisión de Bentham de descartar al mayor número. Hasta ahora me he
limitado a la crítica interna, y en ella la cuestión quedó agotada, pero ahora llegó el
momento de evaluar las opciones, no de describirlas.

Consideremos uno de los ejemplos en base al cual Bentham dejó de lado la idea
del mayor número, ejemplo muy similar al que presenté anteriormente. Él nos dice que
consideremos una comunidad cualquiera:

Divídala en dos partes desiguales; llame a una la mayoría, y a la

otra la minoría; incluya en el cálculo sólo los sentimientos de la

mayoría, - encontrará que el resultado de la operación es pérdida,

y no ganancia, en el agregado de la felicidad de la comunidad. (20)

Esto es, sin duda, perplejante, pero Bentham comienza enseguida a intentar
aclararlo. Nos pide entonces que

supongamos que el número de la mayoría sea 2001 y el de la

minoría 2000. Supongamos, en primer lugar, la cantidad de felicidad


dividida de un modo tal, que todos los 4001 poseen la misma cantidad

de felicidad. Tome ahora la porción de felicidad de todos los 2000 y

divídala entre los 2001; en lugar de un aumento, encontrará una

disminución. (21)

Esto sigue siendo perplejante, sin embargo. Imaginemos, por razones de


simplicidad, que cada habitante de esa sociedad gozaba en la situación inicial de una
unidad de felicidad, de donde la felicidad total de esa sociedad ascendia a 4001 unidades.
Nadie sostiene que la cantidad total de felicidad varió después de la transferencia, de
donde seguimos teniendo 4001 unidades de felicidad: no cabe esperar ningún aumento,
pero tampoco ninguna disminución. Si, como Bentham sostiene, debemos regirnos sólo
por la mayor felicidad, ambas situaciones están en una posición de indiferencia, de donde
no hay fundamentos para considerar a la segunda mucho peor a la primera, como parece
sostener. En cambio, si tomamos en cuenta el número, debemos preferir la primera
situación, pues, frente a una cantidad total igual de felicidad, hay más individuos felices en
la primera situación (4001) que en la segunda (2001). El ejemplo proporcionado por
Bentham, hasta ahora, argumenta precisamente en contra de su propia posición.

Pero la historia continua, y la explicación definitiva es esta:

Los sentimientos de la minoría, dejados por suposición completamente

fuera del cálculo… (hacen que) el vacío que queda puede, en lugar de

permanecer vacío, ser llenado de infelicidad, sufrimiento positivo…

Tome de los 2000, y dele a los 2001, toda la felicidad que esté en

posesión de los 2000; inserte, en lugar de la felicidad que quitó, tanta

infelicidad como quepa en el recipiente: respecto de la felicidad agregada

poseída por los 4001 tomados en conjunto, ¿será el resultado un provecho

neto? Al contrario, el provecho se habrá convertido en una pérdida.

¿Cómo? Porque la naturaleza del recipiente es tal que la cantidad de

infelicidad que puede contener, durante una porción dada de tiempo,

es mayor que la cantidad de felicidad. (22)


Esta explicación final tampoco es clara, lamentablemente. El principio utilitarista,
en cualquiera de sus versiones, prohíbe dejar de lado en el cálculo los sentimientos de
cualquier agente moral, y prohíbe pasar a una situación de menor felicidad. Más allá de la
cuestionable metáfora del recipiente, Bentham no parece aquí estar argumentando en
contra del principio del mayor número sino en favor del principio de no defraudar
expectativas. Este es un principio sustantivo que determina las expectativas que el
legislador debe asegurar, teniendo en cuenta el valor de la seguridad dentro del cálculo de
utilidad. (23)

De alguna manera, la inquietud benthamita transmitida en el ejemplo parece


relacionarse con la idea del utilitarismo negativo que introdujo Karl Popper.Él propuso
reemplazar la fórmula utilitarista: “aspiremos a la mayor felicidad para el mayor número
de gente”, por la fórmula “la menor cantidad posible de dolor para todos”. Pero para que
esta idea resulte atractiva, es necesario considerar al dolor y al placer como dos entidades
separadas, lo que no me resulta plausible. El placer y el dolor son partes opuestas de un
continuo: al disminuir el dolor se arriba a un punto neutral, y continuando en la misma
dirección nos movemos hacia intensidades crecientes de placer. (24) Y como creo que
Bentham estaba de acuerdo con esta escala, no sería consistente que hubiera intentado
una defensa del utilitarismo negativo. En base a su propio ejemplo no parece haber
razones para abandonar la idea del mayor número.

VI. Convergencias.

Bentham sostuvo en varias oportunidades que la mayor felicidad y el mayor


número se referían a la misma cosa, que cuando el tamaño de la sociedad está dado, la
mayor felicidad del mayor número es equivalente a la mayor felicidad. (25) Esto,
claramente, es un error, el que sólo sirve para revelar que Bentham no estaba interesado
en el tema del aumento del tamaño de la población. En principio, él hubiera descartado
la posibilidad práctica de un caso en el cual la maximización de la felicidad total estuviera
en conflicto con la maximización de la distribución de la felicidad. Pensaba que era claro
que al menos el efecto más inmediato de maximizar la felicidad maximizaría también el
número de personas a quienes alcanzaba ese aumento. (26) Pero, aun siendo todo esto un
error, no significa –sin embargo- que en muchos casos no pueda existir una convergencia
entre ambas cosas, entre el mayor número y la mayor felicidad.

En algunos casos, esta convergencia no presenta problema alguno: la inmensa mayoría de


la gente en los países occidentales detesta la esclavitud, de donde su prohibición causa la
mayor felicidad del mayor número. Extrememos algo este ejemplo y digamos que todos
los agentes morales están en contra de la esclavitud. Este parecería ser el caso ideal para
el principio utilitarista, pero –en rigor- no es ese el principio que se aplica a este tipo de
casos. Este es un caso de aplicación del principio de optimalidad de Pareto, en el cual no
resulta necesario practicar comparaciones interpersonales de utilidad.
Desafortunadamente, es muy difícil encontrar ejemplos de unanimidad cuando deben
decidirse políticas públicas, y esto reduce el alcance del principio paretiano. El propio
Bentham dijo en Constitutional Code que el objeto a perseguir en todas las formas del
derecho era la mayor felicidad de toda la comunidad, y que el fin adecuado del gobierno
era la mayor felicidad de todos; solo en caso de competencia debía buscarse la mayor
felicidad del mayor número,(27) lo cual es una forma indirecta de referirse a la
optimalidad paretiana: igualmente, también parecía pensar que si los estados sociales
disponibles solo afectaban la felicidad de un individuo, en ese caso se aplicaría lo que hoy
conocemos como el principio de Pareto. (28)

Hay otro tipo de caso de convergencias que son –sin embargo- problemáticas.
Recordemos el ejemplo de Scanlon en el cual una persona –Jones- ha sufrido un accidente
en la cabina de transmisión de un canal de televisión.

Un equipo eléctrico ha caído sobre su brazo y no podemos

rescatarlo sin interrumpir la transmisión por quince minutos. Un

partido por la Copa del Mundo está en marcha, mirado por mucha

gente, y falta una hora para que termine. La herida de Jones no

empeorará si esperamos, pero su mano ha sido aplastada y él

está recibiendo descargas eléctricas extremadamente dolorosas.

¿Debemos rescatarlo ahora o esperar hasta que el partido termine?

¿Depende la cosa correcta de cuánta gente esté mirando, de si son

un millón, o cinco millones, o cien millones? (29)

Scanlon piensa, por supuesto, que el utilitarismo ordena seguir con la transmisión.
En este ejemplo, el cálculo utilitarista muestra la convergencia problemática que acabo de
mencionar : se maximizó tanto la felicidad general cuanto la del mayor número. Pero esto
no es motivo de alegría para el utilitarismo, puesto que la solución aparece como
contraintuitiva y la convergencia –entonces- es una convergencia con problemas. La
solución utilitarista para este tipo de casos consiste en asignar un nivel mínimo a la
utilidad, tal que por debajo del mismo la agregación no cuenta, porque se trata de
utilidades irrelevantes. (30), aunque este no es el tema que me ocupa aquí. El placer
derivado de un espectáculo deportivo transmitido por televisión no alcanza el umbral de
trascendencia que se requiere para sumar ese tipo de utilidades y contraponer esa suma
al dolor de Jones, por lo que el cálculo utilitarista no puede ser practicado.

VII. Divergencias.

Pero los casos que interesa considerar, desde luego, son los casos en los que
divergen la mayor felicidad y el mayor número. Sin necesidad de imaginar un monstruo
utilitarista nozickeano, consideremos un ejemplo en el cual varía la intensidad de las
preferencias de los agentes afectados. El 90% de la población prefiere la construcción de
un parque público a la construcción de un estadio de fútbol, y el 10% prefiere lo contrario.
Las preferencias del 90% son claras, pero no muy fuertes, mientras que las preferencias
del 10% son extremadamente fuertes. Tan fuertes que, si se construye el estadio, ese 10%
asegurará una felicidad total mayor que si se construye el parque, pero habrá un 90% de
gente descontenta. Bentham y Woods no vacilarían en aconsejar que se construyera el
estadio, como hemos visto. Yo voy a argumentar más adelante en sentido contrario.
(Recuérdese que en este caso las preferencias de todos los involucrados en él se refieren a
un mismo tema: la construcción de un estadio de fútbol, y sólo difieren en su intensidad.
Consecuentemente, si las preferencias de la minoría superan el umbral de trascendencia,
también tienen que superarlo las preferencias de la mayoría.)

Pero quiero recordar ahora algo respecto de lo cual supongo que todos los
utilitaristas coinciden: la felicidad no es una entidad platónica, que flota en el espacio, de
alguna manera independiente de los agentes morales. Cuando los utilitaristas se
preocupan por la felicidad, en rigor se están preocupando por la felicidad de los agentes
morales: no quieren, estrictamente, la felicidad, sino que quieren agentes felices. Todos
los utilitaristas, entonces, supongo que adhieren al principio que expresara Sidgwick:

Creo que si consideramos con cuidado los resultados permanentes

que son juzgados por lo común como buenos, distintos de las cualidades

de los seres humanos, no podemos encontrar nada que, después de

reflexionar, parezca poseer esta cualidad de bondad separada de su

relación con la existencia humana, o al menos, de alguna conciencia o

sentimiento. Por ejemplo, comúnmente juzgamos que algunos objetos

inanimados, paisajes, etc., poseen belleza, y otros son malos debido a su

fealdad: sin embargo, nadie consideraría racional proponerse la


producción de belleza en la naturaleza externa, aparte de su posible

contemplación por seres humanos. (31)

De la misma manera, ni siquiera puedo imaginarme cómo alguien podría


proponerse la creación de felicidad, aparte de su disfrute por los agentes morales. Por
supuesto que este dista de ser un argumento contundente en contra de la mayor
felicidad, ya que ésta siempre será experimentada por un agente moral, pero puesto que
esa mayor felicidad es experimentada por agentes morales, si lo que interesa en definitiva
son los agentes morales, entonces el número de agentes felices no puede resultar
indiferente.

VIII. Incorporando un nuevo principio.

Además del principio de Sidgwick que acabo de mencionar, los utilitaristas deben
prestar también atención a otro de los principios de Bentham: todos cuentan por uno y
nadie por más de uno. En realidad, Bentham enuncia este principio haciendo referencia a
los intereses. Dice –rebatiendo a un interlocutor imaginario- que el

interés público, que usted presenta como una persona, es sólo

un término abstracto; no representa nada más que la suma de

los intereses individuales. Es necesario tomar en cuenta todos ellos,

en lugar de considerar a algunos como el todo y a otros como la

nada. Si es una buena cosa el sacrificar la fortuna de un individuo

para aumentar la de otro, será todavía mejor sacrificar a un segundo,

a un tercero, a cien, a mil, a un número ilimitado; porque cualesquiera

sea el número de aquellos que usted ha sacrificado, siempre tendrá

la misma razón para añadir uno más. En una palabra, el interés de

todos es sagrado, o no lo el interés de nadie.(32)

Es adecuado describir este principio, entonces, como uno que postula la igual
consideración de los intereses de los agentes morales. Mill se refiere a él en el capítulo 5
de Utilitarianism, cuando observa que el principio de la mayor felicidad es un simple juego
de palabras sin significado racional a menos que la felicidad de una persona,
supuestamente de igual grado, cuente exactamente tanto como la de otra. Si se cumple
esta condición, agrega, entonces el dictum de Bentham “todos cuenta por uno, nadie por
más de uno” puede ser escrito bajo el principio de utilidad como un comentario
explicativo. (33)

Con esta interpretación del nuevo principio no avanzamos mucho, sin embargo,
por dos razones. La primera es que Mill lo considera sólo una explicación del principio de
la mayor felicidad, y no como un principio independiente. La segunda es que para Mill
este nuevo principio equivale a decir que iguales cantidades de felicidad son igualmente
deseables (34) y con este alcance nada puede invocarse específicamente en favor del
mayor número. Es también –por otra parte- la forma en que Bentham mismo interpretó el
principio de la mayor felicidad: “si La felicidad de cada parte es igual, prefiera la felicidad
del mayor número a la del menor”. (35) Pero esta no es, desde luego, la única
interpretación posible.

Sidgwick, por ejemplo, comienza recordando que para el utilitarismo la conducta


objetivamente buena es aquella que, bajo cualquier circunstancia dada, producirá la
mayor cantidad de felicidad, tomando en cuenta a todos aquellos cuya felicidad es
alcanzada por la conducta. (36) Y enseguida aparecen los números en su cálculo, cuando
dice que si la felicidad promedio de la que se disfruta no disminuye, el utilitarismo nos
conduce a que el número que la disfruta sea lo más grande posible. (37) Esta afirmación,
desde luego, no autoriza en sí misma a inferir que Sidgwick está prefiriendo el mayor
número a la mayor felicidad total.

Pero él recuerda a continuación que hay diferentes maneras de distribuir la misma


cantidad de felicidad entre el mismo número de personas, y debemos saber cuál de esas
maneras es preferible. La fórmula utilitarista, piensa Sidgwick, no responde a esta
pregunta, por lo que debemos suplementar el principio de buscar la mayor felicidad con
algún principio de distribución justa, o correcta, de la felicidad. Hace notar, entonces, que
el principio que muchos utilitaristas han adoptado, tácita o expresamente, es el de la
igualdad pura, como se expresa –dice- en la fórmula de Bentham “todos cuentan por uno,
y nadie por más de uno”. (38) Esto ya es un progreso, sin duda, pero no muy grande,
puesto que en el ejemplo anterior se supone que la felicidad se mantiene constante,
mientras que el caso que a mí me interesa es aquel en el cual, para satisfacer las
demandas del mayor número, la felicidad total disminuye, porque es el único caso en el
cual debemos optar por una de las dos partes del principio. La interpretación de Sidgwick,
correcta desde el punto de vista de la crítica interna, es la misma que defiende Guidi,
quien recuerda que el enfoque hedonista sugiere un fuerte argumento en favor de limitar
el significado y alcance del principio de igual consideración de intereses. Guidi propone
decir que la imparcialidad implica igual peso, o equiproporcionalidad: a igual felicidad,
igual consideración, a una felicidad cuantitativamente distinta, una consideración
equiproporcional. (39)

También Moore se interesó en estudiar el dictum benthamita. Comienza con la


fórmula clásica del utilitarismo, la que afirma que el resultado por el que las acciones
deben ser juzgadas es “la mayor felicidad del mayor número”. Es claro, piensa Moore, que
si el placer es el único bien, siempre que la cantidad sea igualmente grande, se obtendrá
un resultado igualmente deseable si el placer es disfrutado por muchos o por pocos. Pero
también es claro que si debemos proponernos la mayor felicidad del mayor número, de
acuerdo al principio hedonista esto sólo puede ocurrir porque la existencia de placer en
un gran número de personas parece ser el mejor medio disponible para obtener la mayor
cantidad de felicidad. (40) Tampoco la interpretación de Moore sirve para mi propósito,
entonces, porque para él la idea de recurrir al mayor número es –nuevamente- sólo un
medio para producir la mayor felicidad.

Herbert Hart fue otro de los que formuló su aporte al tema. El igualitarismo
corporizado en la máxima “todos cuentan por uno y nadie por más de uno”, observó, es
sólo un principio sopesador, que debe ser empleado para calcular lo que maximizará la
felicidad agregada; trata a las personas como iguales al asegurar que en la determinación
de las medidas que se requieren para el bienestar general, se le dará un peso igual a la
felicidad igual de todas las personas. Pero –piensa Hart- no es un principio que requiere el
tratamiento igual de personas diferentes, y puede conducir a resultados gruesamente
desigualitarios, aunque en ciertas circunstancias tenderá a favorecer una distribución igual
de los recursos económicos debido a la utilidad marginal decreciente, a la que me referiré
enseguida. Las personas individuales, y el nivel de felicidad individual, tienen para los
utilitaristas sólo una importancia instrumental y no intrínseca, puesto que las personas
son solamente “receptáculos” de las experiencias que aumentarán o reducirán el
bienestar agregado.(41) Como viene ocurriendo hasta ahora, no puedo basarme en esta
idea de Hart, puesto que también aquí el peso del argumento está puesto en la cantidad
de felicidad.

Finalmente, y puesto que –como hemos visto- Bentham utilizaba la terminología


del interés, quiero recordar que Peter Singer considera que la esencia del principio de
igual consideración de intereses consiste en otorgar un peso igual en nuestras
deliberaciones morales a los intereses de todos los afectados por nuestras acciones. Esto
significa que si únicamente X e Y resultarían afectados por un acto posible, y X perdería
más de lo que Y ganaría, es mejor no realizar ese acto. Singer identifica a Bentham como
uno de los adherentes a este principio. (42) Nuevamente el resultado es desalentador
para mi propósito porque, otra vez, la consideración igual de los intereses se hace
depender del grado total de felicidad.
Por supuesto que no hay una interpretación unívoca de este principio benthamita,
pero una plausible apunta a observar que si debemos ser cautelosos al sacrificar incluso a
un individuo, para mejorar la fortuna de otro, con más razón debemos ser cautelosos si se
trata de sacrificar al mayor número. Esta es, al menos, la interpretación que voy a
proponer. Tal vez esta idea pueda reforzarse con la sugerencia de Bentham de que la
igualdad es uno de los medios subordinados al fin abarcador de la mayor felicidad del
mayor número. (43)

IX. Argumentando.

Repasemos por un momento mi propósito central, para identificar así el motivo de


mi frustración con las interpretaciones anteriores (excepto la mía, desde luego).
Aceptando que no pueden maximizarse simultáneamente la felicidad y el número, yo creo
que debe privilegiarse el número, y todos los autores que acabo de citar sostienen el
criterio contrario. ¿Están ellos equivocados y yo en lo cierto? Primero de todo, no están
equivocados. Ellos están realizando una crítica interna de la teoría benthamita, e
internamente no cabe duda que Bentham concluyó privilegiando a la mayor felicidad. Yo
me propongo mostrar dos cosas distintas: primero, que Bentham no acertó en su elección
final, y segundo, que hay elementos en su propia teoría que pueden ser interpretados –
reconozco que algo forzadamente- para apoyar la solución que favorezco.

Rosen ha sugerido una solución como la que estoy buscando, pero con argumentos
que no me convencen. Él interpreta la regla de maximizar la felicidad como una que
considera la más extensa aplicación de la felicidad, esto es, como sosteniendo que la
felicidad debe ser extendida al mayor número posible de personas, más que a unos pocos.
(44) Yo encuentro dos dificultades con esta intepretación. La primera es que, si analizamos
la formulación original del principio utilitarista, el resultado es que se pueden maximizar
dos cosas: la felicidad o el número. Pero son dos cosas diferentes, por lo que Rosen se
equivoca cuando piensa que maximizamos la felicidad cuando maximizamos el número.
La segunda es que Rosen considera su análisis como un ejercicio de crítica interna
benthamita. Yo creo –en cambio- que Bentham terminó claramente inclinándose por
maximizar la felicidad; mi idea de que sería preferible maximizar el número solo puede
entenderse –entonces- como un ejercicio de crítica externa.

Con este alcance, reconociendo que no es una reconstrucción adecuada del


pensamiento de Bentham, veamos cómo funciona mi argumento. El utilitarismo es una
teoría monista, esto es, una teoría que postula la existencia de un solo valor, y ese valor es
la felicidad. El utilitarismo contemporáneo está de acuerdo en que la felicidad consiste en
la satisfacción de las preferencias.
La felicidad, entonces, no es una entidad abstracta, no es algo independiente de
los agentes morales: es la satisfacción de las preferencias de los agentes. Si el utilitarismo
es una teoría monista la conducta racional consiste en obrar de un modo tal que ese único
valor se maximice. Pero, ¿qué es lo que debemos maximizar? ¿La felicidad total o el
número de personas satisfechas? Es cierto que a veces, como he mostrado, ambas cosas
coinciden, pero me concentraré aquí en los casos en que esto no ocurre. Bentham creía
que en este tipo de casos debía optarse por maximizar la felicidad total y yo creo que hay
argumentos para mostrar que debe maximizarse, en cambio, el número de personas
felices (manteniendo la restricción que mencioné en la sección VI, en el sentido de que la
felicidad de esas personas debe sobrepasar el nivel de relevancia).

Al entender la felicidad como un estado derivado de la satisfacción de las


preferencias, estamos respetando, implícitamente, el principio de Sidgwick, esto es,
reconocemos que nada tiene valor separado de su relación con los seres humanos,
porque es obvio que estamos pensando en las preferencias de los seres humanos. (Dejo
deliberadamente de lado la cuestión de las preferencias de los animales no humanos,
tema que es ajeno a este trabajo).

Pero si estamos pensando en los seres humanos, no parece extraño, ni forzado,


interesarnos en el número de seres humanos que son felices: no puede resultarnos
indiferente que sea feliz una gran mayoría o una ínfima minoría de ellos. Al utilitarismo no
le es indiferente el número, entonces, y lo refleja en el principio “todos cuentan por uno y
nadie por más de uno”. Es cierto que la interpretación ortodoxa de este principio conduce
a aplicarlo sólo en los casos en los que la felicidad total es idéntica, pero yo estoy
sugiriendo –explícitamente- una interpretación heterodoxa del mismo.

Aceptemos que es muy claro que Bentham estaba más interesado en ofrecer una
guía a los legisladores para el manejo de la comunidad que en proporcionar un criterio
para las elecciones morales individuales. (45) Y recordemos que no está en discusión que
Bentham aceptaba la utilidad marginal decreciente del dinero; como dijo en The
Philosophy of Economic Science,

La cantidad de felicidad no se incrementará en una

proporción cercana a la cantidad de riqueza…El efecto de

la riqueza en la producción de la felicidad disminuye, en

la medida en que se incrementa la cantidad en la que la

riqueza que un hombre excede a la de otro. (46)


Con estas dos afirmaciones presentes, voy a sugerir algo a primera vista
extraño: que puede existir también una disminución marginal de la felicidad. No respecto
de la persona que la experimenta, por cierto, pero sí respecto del que debe decidir qué
felicidad ajena debe promover, esto es, sí respecto del legislador, y el legislador es el que
aquí nos importa, como acontecía con Bentham..

El agente A puede ser inmensamente feliz en la situación 1 y – aun así- desear más
felicidad. Supongamos que es posible pasar a la situación 2, el a que A ganaría 100
unidades más de felicidad, mientras que B, C y D, que son muy poco felices, no ganarían
nada. Pero podemos pasar también a la situación 3, en la que A no ganaría nada, pero B, C
y D ganarían cada uno veinte unidades más de felicidad. Finalmente, supongamos que la
decisión entre 2 y 3 depende del agente E, que es el legislador. Yo sugiero que E tiene
argumentos utilitaristas para preferir a 3 por sobre 2: a E le preocupa la felicidad del
mayor número, y E cree que cada uno cuenta por uno. (Por supuesto, se supone que todas
las utilidades consideradas aquí sobrepasan el umbral de relevancia.)

Uno de los atractivos de esta solución es que ella coincide con la solución
democrática, mientras que la otra identifica al utilitarismo con una teoría elitista. O tal vez
incluso con algo peor: Popper, por ejemplo, pensaba que la fórmula “Aumentemos la
felicidad” podía producir dictaduras benévolas.(Popper, cit., pag.479). Y si bien A está en
minoría respecto de B,C y D, en este ejemplo la protección de la minoría no puede –
ciertamente- asociarse con la ideología liberal.

No estoy sugiriendo que en todos los casos posibles deba descartarse a la mayor
felicidad y preferirse al mayor número: estoy diciendo dos cosas mucho más cautelosas.
Primero, que Bentham se equivocó en preferir a la mayor felicidad sobre el mayor
número, en base a un argumento claramente erróneo. Segundo, que cuando exista un
conflicto entre ambas cosas, en primer lugar debemos considerar la opción de la mayor
felicidad, porque prima facie aparece como la mejor opción, aunque puedan aparecer
casos en los que la mayor felicidad la desplace, casos, por ejemplo, en los que no se
alcance el umbral de felicidad agregable, o en los que la diferencia numérica sea enorme.
La felicidad del mayor número tiene derecho a ser la alternativa que se considere primero.

Conclusión.

Resumo, entonces, lo que he estado tratando de explicar:

a) Bentham hizo famoso en filosofía el principio de la mayor felicidad del mayor


número. Es verdad que lo copió de Beccaria, pero mientras en la obra de Beccaria
tuvo una importancia marginal, Bentham lo convirtió en el sustento de su teoría
moral y política.
b) En una etapa posterior de su producción Bentham resolvió descartar la parte final
del principio, reteniendo sólo la idea de la mayor felicidad. Lo hizo en base a
razones incorrectas.
c) Pero había una razón correcta para modificar el principio, que consistía en que no
se puede maximizar simultáneamente más de una variable, como mostraron Von
Neumann y Morgernstern.
d) Yo creo que la parte que había que abandonar del principio era la primera,
reteniendo en cambio la segunda: había que descartar la mayor felicidad y retener
el mayor número, siempre tomando en cuenta sólo las utilidades relevantes.
e) No obstante, hay que reconocer que este es un ejercicio de crítica externa, y no de
reconstrucción del pensamiento de Bentham.
f) Mi argumento recurre al principio de Sidgwick y al principio benthamita de que
todos cuentan por uno y nadie por más de uno. El principio de Sidgwick se
interpreta ortodoxamente, pero al principio benthamita se le asigna un alcance
mayor del que le concedía Bentham.
g) Interpretado de la manera que propongo, el utilitarismo refuerza sus credenciales
democráticas.
h) La opción por el mayor número sólo es una opción prima facie, la cual puede ser
descartada en algunos casos.

Y esto es todo.

NOTAS

(1) JEREMY BENTHAM, A Fragment on Government, Oxford, Basil Blackwell, 1967,


pag.3
(2) FRANCIS HUTCHESON, An Inquiry into the Original of Our Ideas of Beauty and
Virtue, Indianapolis, Liberty Fund, 2008, pag.125.
(3) ROBERT SHACKLETON, “The Greatest Happiness or the Greatest Number: The
History of Bentham,s Phrase”, Studies in Voltaire and the Eighteen Century, vol.90
(1972), pag.1462.
(4) JEREMY BENTHAM, “Codification Proposal, Addressed by Jeremy Bentham to All
Nations Professing Liberal Opinions”, The Works of Jeremy Bentham, vol.4.
(5) Lo cual, obviamente, es falso, porque el principio puede conducir a resultados
diferentes según optemos por maximizar la felicidad o por maximizar el número de
gente feliz. [Link] KENNY, The Philosophy of Happiness, [Link] Studies
in Philosophy and Public Affairs, Imperial Academic, 2006, pag.30.
(6) JEREMY BENTHAM, “Greatest Happiness Principle, Westminster Review, 1829,
en Jack Lively and John Rees, Utilitarian Logic and Politics, Oxford, larendon Press,
1978, pag.149.

(7) JEREMY BENTHAM, “Constitutional Code”, en John Bowring (ed.), The Works of
Jeremy Bentham, Edinburgh, William Tait, 1843, [Link], pag.7.
(8) F. ROSEN, “Individual Sacrifice and the Greatest Happiness: Bentham on Utility and
Rights”, Utilitas, vol.10, pag.138.
(9) ROBERT NOZICK, Anarchy, State, and Utopia, Oxford, Basil Blackwell, 1974, pag.41.
(10) Cfr. La Idea en MARCO GUIDI, “Everyone to count for one, nobody for more
than one: The Principle of Equal Considerations of Interests from Bentham to
Pigou”, Revue d´études benthamiennes, número 4 (2008), pag.43.
(11) F.Y. EDGEWORTH, Mathematical Physics, London, [Link] Paul and o.,
1881, pag.57.
(12) EDGEWORTH, cit., pag.55.
(13) EDGEWORTH, cit., pag.122.
(14) ANDERSON WOODS, “The Greatest Happiness Regerdless of Number”,
Ethics, vol.35, number 4, pags.413/415. Lo que atrajo mi atención sobre este
artículo fue el trabajo de MICHAEL PRESSMAN en Ethics, vol.125, number 2.
(15) JOHN VON NEUMANN and OSKAR MORGERSTERN, Theory of Games and
Economic Behaviour, Princeton University Press, 1953, pag.119. Tal vez podamos
disculpar el error de Bentham si recordamos que un lógico tan eminente como
Russell incurrió exactamente en la misma equivocación (aunque en uno de sus
escritos más tempranos). Allí recomendó actuar “de la manera que yo crea más
probable que produzca la mayor felicidad, considerando la intensidad de la
felicidad y el número de personas felices”, y agregó que “lo que considero mi ideal
es aquello que finalmente produce la mayor felicidad del mayor número”.
BERTRAND RUSSELL, “Greek Exercises”, en Charles Pigden (ed.), Russell on Ethics,
London, Routledge, 1999, pags.28/29.
(16) [Link] PETTIT, “Slote on Consequentialism”, The Philosophical
Quarterly, vol.36, number 144, pags.402/405.
(17) KENNY, cit., pag.28.
(18) [Link] HARRISON, “The Greatest Happiness Principle”, en Bentham,
London, Routledge and Kegan Paul, 1983, pag.168.
(19) JEREMY BENTHAM, “Pannomial Fragments”, en John Bowring (ed.), The
Works of Jeremy Bentham, Edinburgh, William Tait, 1843, [Link], pag.511.
(20) JEREMY BENTHAM, “Hsitory of the Greatest Happiness Principle,
Deontology, Edinburgh, William Tait, 1834, pag.328.
(21) BENTHAM, Deontology, cit., pag.329.
(22) BENTHAM, Deontology, cit., pag.329.
(23) BENTHAM, “Pannomial Fragments”, cit., pag.213; P.J. KELLY, Utilitarianism
and Distributive Justice, Oxford University Press, 1990, pag.138.
(24) KARL R. POPPER, La sociedad abierta y sus enemigos, Buenos Aires, Paidós,
1981, pag.479; WILLIAM P. ALSTON, “Pleasure”, en Paul Edwards (ed.), The
Encyclopedia of Philosophy, New York, MacMillan Publishing Co., 1967, [Link],
pag.341, origen del argumento anterior.
(25) DAVID COLLARD, “Research on Well-Being: Some Advice from Jeremy
Bentham”, WED Working Paper 02, 2003, pag.9.
(26) AMNON GOLDWORTH, “The Meaning of Bentham´s Greatest Happiness
Principle”, History of Philosophy, vol. (1969), pags.318/320.
(27) BENTHAM, “Constitutional Code”, cit., pags.4/5; J.H. BURNS, “Happines and
Utility: Jeremy Bentham´s Equation”, Utilitas, vol.17, number 1, pag.56.
(28) GOLDWORTH, cit., pag.317.
(29) T.M. SCANLON, What We Owe to Each Other, Cambridge, Mass., Harvard
University Press, 1998, pag.235.
(30) Cfr. MARTIN DIEGO FARRELL, Privacidad, Autonomía y Tolerancia, Buenos
Aires, Hammurabi, 2000, pags.88/89.
(31) HENRY SIDGWICK, The Methods of Ethics, seventh edition, London,
MacMillan and Co., 1962, pags.113/114.
(32) JEREMY BENTHAM, The Theory of Legislation, Bristol, Thoemmes Press,
2004, vol.I, pag.144.
(33) JOHN STUART MILL, Utilitarianism, Indianapolis, The Bobbs-Merrill Co.,
1971, pags.55/56.
(34) Cfr. GUIDI, cit., pag.51.
(35) BENTHAM,” Pannomial Fragments”, cit., pag.211.
(36) SIDGWICK, cit., pag.411.
(37) SIDGWICK, cit., pag.415.
(38) SIDGWICK, cit., pag.417.
(39) GUIDI, cit., pags.41/42.
(40) G.E. MOORE, Principia Ethica, Cambridge University Press, 1993, pag.158.
(41) H.L.A. HART, Essays on Bentham, Oxford, Clarendon Press, 1982, pag.99.
(42) PETER SINGER, Practical Ethics, Cambridge University Press, 1980, pags.19 y
49.
(43) JEREMY BENTHAM, “The Philosophy of Economic Science”, en [Link]
(ed.), Jeremy Bentham´s Economic Writings, London, George Allen and Unwin,
1952, vol.I, pag.92.
(44) ROSEN, cit., pag.138.
(45) KENNY, cit., pag.29
(46) BENTHAM, “The Philosophy of Economic Science”, cit., pag. 113

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