El posclásico y los Mexicas.
Periodo posclásico.
En la clase anterior habíamos visto el período preclásico, con el desarrollo de la
zona Olmeca; luego vimos el periodo denominado clásico y el desarrollo en el Valle
central y la región denominada como Oaxaca, donde vamos a ver el desarrollo de
una ciudad denominada Monte Albán, habitada por los zapotecas. Finalmente
Teotihuacán, como la gran ciudad de los dioses, cuyo apogeo es hasta el 700 / 749.
Luego de discutir y leer sobre las distintas hipótesis de su caída sabemos que, para
el 800 DC asistimos a lo que se llama el nacimiento de un nuevo orden dando
comienzo al periodo postclásico temprano. La particularidad es que caen estos
centros teocráticos (o estos centros del período clásico) y vamos hacia el
desarrollo de sistemas militaristas que encaran una serie de conquistas de los
territorios y que culminan con el imperio de los mexica, también conocido como
Imperio Azteca.
De este último período, entre el 1200 y el 1500, tenemos un conocimiento mucho
más profundo, porque vamos a tener la época de contacto con los europeos y allí
vamos a lograr visualizar fuentes escritas, traducidas al español, que nos van a
permitir retrotraernos a la historia más cercana.
Nos vamos a desplazar hacia el Valle de México central, que otrora tenía esta
influencia de Teotihuacán, que comparte su influencia con otras ciudades como
Cholula (hoy es la región de Puebla) y, fundamentalmente, con una ciudad que va a
marcar las ansias legitimadoras de los poderes posteriores, que es la ciudad de
Tula o Tollán. La ciudad de Tula es una ciudad habitada por la etnia de los toltecas.
Estos toltecas de Tula (o Tollán) lograron concentrar una enorme masa tributaria
de aproximadamente 40 pueblos, desde la costa del golfo de México hacia el
occidente, extendiéndose por las influencias de las tierras mayas. Sin embargo, el
apogeo de Tula, su fulgor cultural y su influencia macro territorial, parece
enmarcarse dentro de un ámbito de leyenda. ¿Por qué? Los pueblos posteriores al
apogeo de Tula, todos ellos, para lograr una legitimación frente a los demás y
frente a sus propios pueblos, se dicen descendientes de los toltecas, o de raíz
tolteca, o culturalmente tolteca. Sin embargo, esta ciudad de Tula, no fue un
atractivo de construcciones y de auge cultural como podríamos esperar. Las
construcciones y los recintos de Tula son más pequeños y la arquitectura, en
realidad, es mediocre, poco destacada. La población habría sido de
aproximadamente unos 60 mil habitantes en un radio de 12 km.; así que podríamos
decir que esta región es un área muy densamente poblada y a partir de la cual
surgen grandes y largas rutas comerciales, fortificaciones y accesos a otros
centros comerciales como ceremoniales. Hay también, al igual que en las ciudades
que previamente mencionamos, un templo de Quetzalcóatl, que es la constante en
estas ciudades-estado, un templo del sol, una cancha de juego de pelota, todas en
planta con forma de T. En 1941 recién pudo saberse cuál era la localización exacta
de esta ciudad de Tula que todos los registros y los códices mesoamericanos
mencionaban como la ciudad madre de las civilizaciones que conocieron los
españoles. Un etnohistoriador, Wigberto Jimenez Moreno, estableció que la Tula
actual era la antigua Tollán de los toltecas y, a partir de entonces, fue posible
determinar el desarrollo cultural de la región desde Teotihuacán hasta los Aztecas.
Estos son un grupo invasor, no originario del valle de México, pero que se van a
establecer en esa región a partir del siglo XIII en uno de estos grandes
movimientos migratorios que vienen desde el norte chichimeca.
Hay tres segmentos que la historiografía tradicional llama “reinos”, que componen
un imperio que se ha dado en llamar “El imperio de la triple alianza”. Esos tres
reinos o segmentos mayores forman el nivel más alto de segmentación. Estas tres
ciudades (Texcoco, Tlacopan, Tenochtlitlán) son los segmentos mayores o
ciudades-estado que conforman esa Triple Alianza que, entre 1428 y 1522, van a
dominar toda esta región mesoamericana. La tradición histórica describe estas
grandes entidades políticas como grupos de ciudades aliadas, a las que han
categorizado como ciudades-estado (por emulación con las ciudades-estados del
mediterráneo).
Lo que denominamos estamento dominante del imperio, estaba formado por los
soberanos de los diferentes segmentos llamados ciudades-estado, o reinos según
algunos autores, al frente de los cuales había un Tlatoani, que en nahua quiere
decir “el que habla”. Justamente, la cabeza de cada uno de estos grandes
segmentos es un Tlatoani, adentro del imperio azteca o de la Triple Alianza había
30 Tlatoanis, es decir, esa organización segmentada nos da 30 ciudades estado o
30 grupos segmentados mayores, pero al frente de todos esos Tlatoanis va a estar
este, el de Tenochtlitlán. En una suerte de estructura jerárquica muy ajustada
donde los denominados aztecas (que son también, o más pertinentemente, los
mexicas colhuas) son el grupo social dominante.
En 1571, al interior de su diccionario, Fray Molina definía al altepetl como pueblo.
Sin embargo, los españoles cuando hablaban de él no lo utilizaban como sinónimo
de ciudad, propia de un asentamiento urbano mayor; pueblo, tanto para los
mexicanos como para los españoles significaba, más que nada, gente. Y, en tal
sentido, era pertinente, porque cada altepetl representaba un grupo específico de
gente individualizado y diferente. De modo alguno, pueblo, en el español del siglo
XVI, significaba villa o asentamiento; en tal caso, implicaba el concepto español de
municipio, si se quiere, que fuera más allá del casco urbano y que englobara al
casco urbano y también al territorio agrícola circundante. Según Pedro Carrasco
(que es el autor que ustedes tiene para leer) el altepetl incluía el casco urbano, lo
que se podría denominar el centro cívico con las construcciones principales, todo
el contorno de la ciudad más su contorno rural.
Principios básicos de la organización del altepetl.
El altepetl, en su consideración más simple, contenía un territorio, un conjunto fijo
de partes constituyentes, una autoridad dinástica, el tlatoani, y en su interior podían
vivir diferentes tipos de gente y, a su vez, diferentes tipos de segmentaciones más
pequeñas. En México central todo altepetl mantenía una tradición de haberse
establecido por migrantes, nadie era autóctono en esta zona central que vamos a
trabajar. Sin embargo, esos migrantes se decían, casi todos, portadores de la
cultura de la legendaria Tula y casi todos provenían del norte chichimeca. Tales
grupos suponían en su imaginario haber tenido una unidad étnica en el pasado,
durante su periplo construían subgrupos identificados por sus nombres,
reconocían un dios propio y al establecerse o sedentarizarse adquirían un nombre
definitivo que les daba identidad; ese nombre iba a ser el del altepetl. Algunos de
estos grupos de migrantes habían viajado conducido por sus soberanos, porque
reconocían a un grupo con poder político desde el inicio del itinerario migratorio.
Pero no necesariamente esto fue una norma. El altepetl tenía, sin ninguna duda, un
templo principal que era el símbolo de su soberanía y, por sobre todo, un mercado
central.
Las partes constituyentes del altepetl se conocen como calpulli, término que
significa “casa grande”. En algún momento, el calpulli, fue un grupo igualitario de
parentesco que reconocía un ancestro común. Las nuevas investigaciones hacen
dudar acerca de que el calpulli concentrara grupos humanos de raíz parentil y que,
además, todos sus miembros tuviesen el mismo status. Por lo general, se sabe que
el calpulli es un segmento, o cada uno de los segmentos en que se divide un grupo
social a distinto nivel de segmentación, cuyos miembros pueden aducir tener un
origen común. Pero la flexibilidad de los últimos tiempos previos a la conquista
española nos hacen ver que el calpulli era una estructura muy elástica y que a su
interior podían concurrir individuos que no guardaban relación de parentesco. Esto
es muy importante en el futuro para hacer una comparación con lo que fue el ayllu
andino. Los calpullis, al interior de un altepetl, eran simétricos, es decir, se los haya
en números de cuatro, de seis, de ocho, y se los relaciona con un incipiente
dualismo coincidente con los puntos cardinales, con el sistema numérico
mesoamericano, y responden funcionalmente a la organización social del trabajo y
a la reproducción del segmento mayor. Cada parte tenía su deidad, es decir, cada
calpulli tiene su propio dios, cada una tenía su nombre, cada parte tenía su
autoridad propia, cuya continuidad dinástica no aparece muy clara, cada calpulli
posee una parte del territorio del altepetl, exclusivo para el uso de sus miembros.
Aún, sin embargo, no hay consenso sobre la continuidad territorial, porque los
calpullis, al igual que sabemos para los altepetls, podían tener territorio fuera del
altepetl de origen. En todo caso, la etnicidad o la identidad que queda marcada al
identificarse un altepetl como tal, puede también significar la identidad y etnicidad
del calpulli.
Los calpullis, en la organización española, fueron considerados los barrios, cada
uno de ellos podía tener entre 20 y 100 unidades domésticas, cada una de las
cuales tenía un responsable de sus tierras y un recolector de tributo. Como entidad
separada, cada calpulli contribuía equitativamente e individualmente a las
obligaciones comunes del altepetl. Cada uno entregaba una cuota de maíz u otros
productos, en tiempos de guerra contribuían con guerreros y en cuanto a productos
y mano de obra para trabajos comunitarios, al interior del altepetl existía un
sistema rotativo que, más que ciclo de rango, era un ciclo de precedencia conforme
a la ubicación territorial de cada uno.
Un altepetl, como condición necesaria de su existencia, tenía un jefe máximo que
dijimos que era el tatloani, que pertenece a un calpulli determinado, el de mayor
rango al interior del altepetl, del cual era jefe a la vez que soberano de todos los
demás. A él, y a su calpulli, llegaban los frutos de la recolección del tributo en
primera instancia, los nobles de los otros calpullis les rendían pleitesía y le
tributaban, y la gente del común rotaba en su servicio.
Entonces, de todas formas, el punto clave del conjunto de calpullis era su mercado
y el templo del dios principal. El mercado estaba relacionado estrechamente con el
tlatoani, quien lo tasaba, lo regulaba, y establecía las condiciones del comercio.
Aquí lo interesante es la congregación simultánea de representantes de los
calpullis para comerciar productos complementarios. Cuando yo hablo de comercio
al interior del calpulli estoy hablando del comercio al menudeo, de ese comercio
interno que se da entre las partes. En estas sociedades, existe una organización de
comercio a larga distancia, con puertos de comercio, con mercaderes
profesionales. No es este el caso del cual estamos hablando ahora. Entonces,
palacio, templo y mercado son las tres instituciones básicas que existen en un
altepetl, dependen uno del otro y representan ese enorme desarrollo urbano que los
españoles reconocieron al introducirse en el territorio de México. Las ciudades en
esa época proliferaron eran absolutamente cercanas y tenían enormes rivalidades
entre sí.
El territorio es corto, la disponibilidad de mano de obra es el gran botín y, por
supuesto, el Valle de México es la zona más fértil de todo el territorio. Y a la
llegada de los españoles estaba absolutamente superpoblado. El centro urbano no
era una jurisdicción separada del resto, caía siempre al interior de un calpulli, esto
nos indica de qué manera esa segmentación estaba absolutamente relacionada y
de qué forma había una relación entre las partes.
En la sociedad nahua, quien no era macehual, casi necesariamente era un pilli, un
noble. Dijimos que, etimológicamente pilli significaba “hijo” del rey, para marcar su
cercanía, hijo del señor, de alguien reconocido. Más allá de toda esta etimología un
pilli, o un teuctli (o sea, un señor de casa señorial); no existían fuera del tecalli. Un
teuctli era la cabeza de la casa, y el pilli era un miembro de esa casa. Un noble que
no era cabeza de la casa, sólo podía tener tierras por estar amparado por un teuctli,
y vivir en un tecali. Eran individuos que tenían una cultura muy sofisticada
escribían, pintaban aprendían las artes de la orfebrería, astronomía, religión y las
artes de la guerra.
Decíamos que cada señor tenía un título, tenía un nombre (no conocemos cada uno
de los nombres de los teuctlis). Pero tenían una vestimenta propia, tenían insignias
que lo diferenciaban de los demás, incluso de los demás nobles. La herencia de un
teuctli , por lo que sabemos, a veces podía pasar a un hermano mayor, o al
miembro de la casa con mayores conexiones externas. Dependiendo de los nobles
del tecalli la elección final cuando existiesen disputas. El tecutli, al interior de la
casa señorial era el dirigente político, el dirigente militar, el que se ocupaba de la
administración de la casa señorial, y el que administraba la justicia. Sus funciones
lo hacen representante de un grupo de gente, pero los fallos de justicia podían
apelarse ante la institución superior. En el concierto de estos teuctlis, había
algunos que eran más poderosos que otros, en función del terreno que tenía su
casa señorial, y del conjunto de nobles que agrupaban en la misma. La riqueza de
su territorio y su productividad, la cantidad de mano de obra y de nobles
dependientes, lo colocaba en rangos diferenciales al interior de esa nobleza que
estamos explorando. El tlatoani, por su parte –término que significa orador, o el
que habla-, era quien ocupaba el nivel más elevado en la escala social. En su
persona se concentraba el poder civil, militar y religioso. Como sabemos, cada
Altepetl tenía su propio tlatoani. Su rango y función era muy similar al del teuctli,
pero al nivel macro de todo el Altepetl. Su palacio, conocido como tecpán, era el
nudo focal de toda la actividad administrativa, económica y política de un Altepetl.
En los años del Imperio mexica, el rango de tlatoani se convirtió en hereditario. En
épocas anteriores se podía acceder al cargo como consecuencia de la hazaña
militar de algún pilli determinado, o también podía elevarse a un teuctli al cargo de
tlatoani.
Con la Triple Alianza se nombraba al huey tlatoani, al que regía sobre Tenochtitlán.
El parentesco por afinidad, en esa época, unía a varios de los tlatoanis de los
Altepetls más importantes del lago Texcoco. La sucesión de un tlatoani convocaba
a todo el grupo de nobles encumbrados quienes estaban unidos por alianzas, no
sólo políticas sino matrimoniales. Y cuanto mayores eran estas alianzas, y mayores
los grupos familiares que apoyaban, las instancias o las posibilidades de ser
exitoso en la elección eran aún mayores. Pero desde 1440 en adelante tenemos
sucesiones bastante organizadas, sucesiones hereditarias, y como ustedes verán
en el texto de Conrad y Demarest, en algunos casos precedidas de asesinatos, por
intrigas, que terminaban por reconstruir la historia del Altepetl de Tenochtitlán, en
tanto se intentaba favorecer a un determinado grupo por encima del otro. Entonces,
a partir de esto queda claro que el calpulli se convierte en una unidad residencial
que garantizaba la pertenencia a aquel que la integraba. Y, por otro lado, asistimos
al desarrollo de grupos de poder que se incrementan a partir del uso y exageración
de la guerra: la clase de guerreros que es operativa y funcional al sistema y la de
los comerciantes a larga distancia pochtecas que son la cara visible del
expansionismo exterior –al igual que la de los señores de la guerra. Los pochtecas
tenían a su cargo la organización de caravanas de cargadores que, viajaba a
diferentes regiones vendiendo sus productos suntuarios telas, mantas, vestimenta
de lujo, joyas de oro, objetos de cobre, obsidianas hierbas y traían al valle jade,
esmeraldas caracoles semillas de cacao plumas etc. Por último, hay una movilidad
social que crece en paralelo al desarrollo de la guerra de todos contra todos. En
una sociedad dedicada a la guerra y al comercio, los méritos asociados al ejercicio
de tal actividad, es decir, a la función y al rango, pueden sobrepasar los privilegios
de cuna, es decir, los de haber nacido de determinado noble o no. O sea, el haberse
destacado durante la guerra es un vehículo para determinados privilegios. A partir
de 1370 se da el crecimiento del grupo mexica en torno al lago Texcoco, y la
llegada al poder de un príncipe tolteca Acamapichtli como tlatoani. Las
ritualidades asociadas al sacrificio de guerreros y el equilibrio de las fuerzas
cósmicas quedarán unidas dando sentido a la cosmovisión trágica que tienen de la
vida.
Guías de lectura
Actividad
Guía de lectura N° 4 Campagno
1-Cuales son los indicadores propuestos por Chile para hablar de Revolución
Urbana
2-Cual es la crítica de Campagno? ¿Cómo define al cambio revolucionario?
3-Explique las hipótesis en torno a la formación del estado en función de los
conceptos de consenso y violencia que organiza el autor
4-Caracterice los hallazgos en los tres sitios Olmecas
5-Caracterice los hallazgos en Monte Albán Oaxaca
Guía de lectura n°5 López Austin
1-¿Cómo se transforma la concepción del mundo en el pasaje de nómades a
sedentarios?
2-¿Que heredan, de los cazadores recolectores, las religiones agrícolas?
3-¿Cómo se expresa la dualidad?
4-Caracterice las representaciones cosmogónicas de los Olmecas
5- En que consiste el paradigma mítico
6-Como se relacionan según López Austin las creencias religiosas y los sacrificios
humanos?
7-Explica la dinámica dualista en el modo de concebir los ciclos naturales.
Guía de lectura N° 6 Moctezuma
1 Explique cómo fundamenta el autor la hipótesis sobre la caída de Teotihuacán.