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Boletin de Arqueologia de La PUCP Núm. 30

El documento aborda la evolución y variabilidad de la antropología biológica en Sudamérica, destacando su desarrollo influenciado por escuelas europeas y estadounidenses desde el siglo XIX. Se mencionan contribuciones significativas de investigadores en países como Perú, Argentina, Uruguay, Colombia y Brasil, así como la creación de instituciones y programas académicos que han promovido el estudio de la bioarqueología y la antropología forense. Además, se subraya la importancia de la investigación local en la identificación de personas desaparecidas y el análisis de restos humanos en contextos históricos y contemporáneos.

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Boletin de Arqueologia de La PUCP Núm. 30

El documento aborda la evolución y variabilidad de la antropología biológica en Sudamérica, destacando su desarrollo influenciado por escuelas europeas y estadounidenses desde el siglo XIX. Se mencionan contribuciones significativas de investigadores en países como Perú, Argentina, Uruguay, Colombia y Brasil, así como la creación de instituciones y programas académicos que han promovido el estudio de la bioarqueología y la antropología forense. Además, se subraya la importancia de la investigación local en la identificación de personas desaparecidas y el análisis de restos humanos en contextos históricos y contemporáneos.

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BOLETÍN DE ARQUEOLOGÍA PUCP / N.

° 30 / 2021, 5-12 / e-ISSN 2304-4292

La antropología biológica en Sudamérica

María del Carmen Vega a, Mercedes Okumura b, Marcela Urízar c, Gonzalo Figueiro d,
Juliana Gómez e, Franco Mora f, Bibiana Cadena g y Jorge Suby h

La antropología biológica (conocida también como antropología física), es la rama de la antropo-


logía que tiene como objeto de estudio la evolución y variabilidad humana, tanto en poblaciones
antiguas como modernas. Entre sus enfoques más conocidos se encuentran la bioarqueología y
biología esqueletal (estudio de restos humanos en contextos arqueológicos o históricos), la antro-
pología forense (estudio de restos humanos, principalmente esqueletizados, en contextos huma-
nitarios o médico legales), la evolución humana, la genética de poblaciones actuales y pasadas, la
biodemografía y epidemiología, los estudios de crecimiento y desarrollo de poblaciones humanas,
la primatología y los estudios experimentales que involucran el estudio de factores ambientales
sobre la expresión fenotípica (Cesani et al. 2014; Ubelaker y Colantonio 2019). A esto se suman,
además, abordajes éticos sobre el estudio de las investigaciones bioantropológicas (Geller 2019;
Squires et al. 2019).
El surgimiento y posterior desarrollo de la antropología biológica en Sudamérica estuvo
marcado por las escuelas europeas y estadounidenses del siglo XIX y comienzos del siglo XX.
Fueron notables los aportes pioneros de Paul Broca, Aleš Hrdlička, Paul Rivet, José de Brettes,
René Verneau, entre otros. No obstante, en cada país se han dado desarrollos particulares impul-
sados en las últimas décadas por preguntas enfocadas al poblamiento temprano, enfermedades en
el pasado, adaptabilidad humana, variabilidad biológica, identificación humana, entre otras (Luna
et al. 2014; Rodríguez 2020).
En el Perú, las raíces de la antropología biológica pueden rastrearse en los viajeros de fines
del siglo XIX (ver, por ejemplo, Riviale 2000) y en las investigaciones de antropólogos físicos de
comienzos del siglo XX, tales como las de Aleš Hrdlička (1911, 1914, 1943), George F. Eaton

a
[Link]
Pontificia Universidad Católica del Perú, Grupo de Investigación en Bioarqueología y Antropología Forense.
vega.m@[Link]
b
[Link]
Universidade de São Paulo, Departamento de Genética e Biologia Evolutiva. okumuram@[Link]
c
[Link]
Universidad de Atacama, Facultad de Humanidades y Educación. [Link]@[Link]
d
[Link]
Universidad de la República, Departamento de Antropología Biológica. [Link]@[Link]
e
[Link]
Universidad de Caldas, Departamento de Antropología y Sociología. [Link]@[Link]
f
Equipo Peruano de Antropología Forense. mora@[Link]
g
[Link]
Investigadora independiente y Universidad de Antioquia, Departamento de Antropología. [Link]@
[Link]
h
[Link]
Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires Grupo de Investigación en Bioarqueología.
Facultad de Ciencias Sociales, Departamento de Arqueología. INCUAPA-CONICET. jasuby@[Link]

[Link]
6 M. C. VEGA, G. FIGUEIRO, B. CADENA, J. GÓMEZ, M. OKUMURA Y M. URIZAR

(1916) o George Grant MacCurdy (1923), dedicados a recolectar y/o estudiar especímenes arqueo-
lógicos que, en la mayoría de los casos, fueron a parar en museos e instituciones europeas y estadou-
nidenses. Desde entonces, la riqueza de la tradición cultural local, junto a las envidiables condiciones
de conservación que ofrecen varias zonas del país, ha vuelto al Perú una de las principales zonas de
interés para estudios bioarqueológicos, conducidos mayoritariamente por investigadores extran-
jeros. Comparativamente, la investigación de peruanos ha sido reducida y poco difundida; se puede
destacar los trabajos pioneros de Julio C. Tello y Pedro Weiss en restos arqueológicos y de Roberto
Frisancho sobre la adaptación humana a la altura. Mención aparte merece Sonia Guillén, primera
doctora en bioarqueología del Perú y gestora del Centro Mallqui y de la Maestría en Antropología
Forense y Bioarqueología de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP, 2007-2009), el
único programa de postgrado de ese tema que se ha dado en este país hasta la fecha, y que buscó
responder a la necesidad de formar profesionales capacitados para la búsqueda de personas desa-
parecidas que dejó el conflicto armado interno que vivió el Perú entre 1980 y 2000. Estos eventos
hicieron que varios profesionales se inclinaran por una línea arqueológica/antropológica forense,
y fue José Pablo Baraybar la cara más visible de su impulso inicial. Baraybar, en conjunto con
otros arqueólogos sanmarquinos, fundaron en 1997 el Equipo Peruano de Antropología Forense
(EPAF), institución que introdujo los estándares forenses internacionales para los procesos de
búsqueda de personas desaparecidas y que fueron adoptados en las intervenciones forenses durante
el mandato de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), que todavía son aplicados. A
la creación del EPAF le siguieron el Centro Andino de Investigaciones Antropológicos Forenses
(CENIA) y el Equipo Forense Especializado (EFE) del Instituto de Medicina Legal y Ciencias
Forenses del Ministerio Público (Baraybar y Mora 2015). Recientemente, se ha abierto el Grupo
de Investigación en Bioarqueología y Antropología Forense (GIBAF) en la PUCP, el cual espera
contribuir con el desarrollo y difusión de estas disciplinas en el país.
De manera similar, las investigaciones sobre antropología física en Argentina se iniciaron a
mediados del siglo XIX, donde resaltan las discusiones en torno al «origen del hombre americano»
iniciadas por investigadores como Burmeister y Ameghino. La disciplina experimentó sucesivas
transformaciones (ver, por ejemplo, Cocilovo y Mendonça 1989; Carnese et al. 1991-1992;
Carnese 1998 y Carnese y Pucciarelli 2007) que acompañaron el desarrollo de conceptos teóricos
y metodológicos; se alcanzó la conformación de la Asociación de Antropología Biológica recién
durante la década de 1990, impulsada por figuras como las de los doctores Hector Pucciarelli,
Raul Carnese y José Alberto Cocilovo. Como principales resultados, se formalizó la realización de
las Jornadas Nacionales de Antropología Biológica (JNAB), y se han llevado a cabo 15 encuentros
de manera bianual e ininterrumpida desde entonces. Además, se creó la Revista Argentina de
Antropología Biológica, que desde el año 1996 lleva editados 23 números, que actualmente forma
parte de los principales índices internacionales y regionales, y ha tenido un creciente impulso
durante la última década. Asimismo, destaca la conformación durante la década de 1980 del
Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), el cual ha tenido un papel central en la
identificación de víctimas de violaciones de derechos humanos en la Argentina, que posterior-
mente aplicó su labor forense en un gran número de países. Para apoyar al mayor desarrollo de los
estudios sobre restos humanos antiguos y recientes en la Argentina, desde el año 2012 se realiza
de manera bianual el Taller Nacional de Bioarqueología, espacio orientado específicamente a la
discusión de conceptos teóricos y metodológicos, y que recientemente tuvo su quinta edición.
En el Uruguay, al igual que en el caso argentino, desde finales del siglo XIX y durante la
primera mitad del siglo XX se realizaron distintas investigaciones en restos humanos de pobla-
ciones pasadas del territorio, en consonancia con enfoques tipológicos y difusionistas, tales como
los efectuados por J. H. Figueira, P. Rivet y J. I. Muñoa. Asimismo, se reconocen trabajos rela-
cionados con la antropología biológica de poblaciones actuales en el marco de investigaciones
realizadas por docentes de la Facultad de Humanidades y Ciencias, creada en 1946 (cf. Sans 1997).

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En 1976, con la creación de la Licenciatura en Antropología en la Universidad de la República,


la antropología biológica pasa a contar con un marco institucional; Mónica Sans tiene un papel
fundamental en el establecimiento de la Sección (hoy Departamento) de Antropología Biológica y
en la conducción de las primeras investigaciones en bioarqueología (cf. Figueiro 2014) y genética
de poblaciones humanas (cf. Sans 2011). Posteriormente se desarrollaron otras líneas, como la
biodemografía y la antropología biológica aplicada. Hasta 2013, la formación en antropología
biológica implicaba variados estudios de posgrado después de una carrera de grado que solo
ofrecía las opciones de antropología social y arqueología. A partir de 2014 se introduce la opción
antropología biológica, y los primeros licenciados con formación específica egresan en 2019. El
Uruguay no cuenta hasta el momento con una asociación profesional propia, pero los bioantropó-
logos uruguayos tienen participación activa en la Asociación de Antropología Biológica Argentina
(AABA), la American Association of Biological Anthropologists (AABA, antiguamente American
Association of Physical Anthropologists), la Human Biology Association (HBA) y la Asociación
Latinoamericana de Antropología Biológica (ALAB) cuyo congreso se realizó en tres ocasiones
en el Uruguay. Asimismo, merece mención la labor del Grupo de Investigación en Antropología
Forense (GIAF), creado en 2005 en la Universidad de la República y dirigido en sus inicios por
José López Mazz, director del Departamento de Arqueología de la Facultad de Humanidades y
Ciencias de la Educación, a solicitud del expresidente Tabaré Vázquez, con la finalidad de brindar
respuestas sobre el destino y paradero de las detenidos-desaparecidos durante la última dictadura
civil-militar uruguaya (1973-1985) (Nadal 2020).
Las raíces de los estudios bioantropológicos en Colombia también pueden ser rastreadas desde
fines del siglo XVIII y comienzo del siglo XIX, con la recolección de materiales osteológicos para
museos europeos; aunque el interés por la diversidad física de las poblaciones indígenas toma
fuerza desde 1940 con los trabajos pioneros sobre características somáticas realizados por Milciades
Chaves, Graciliano Arcila, Henry Lehmann, Paulette Marquer, Reichel Dolmatoff, Luis Duque
Gómez, entre otros (Rodríguez 1996; Rojas-Sepúlveda 2014; Rosique y Muñetones 2016). En el
campo de la bioarqueología, entre las décadas de 1940 y 1960, se destacan los trabajos de Eliecer
Silva Célis sobre paleopatología en varios cementerios del altiplano cundiboyacense y los de José
Pérez de Barradas que sintetiza aspectos sobre la salud de los muiscas antes de la conquista. A
partir de la década de 1970, con los estudios funerarios y de paleopatología por parte de Gonzalo
Correal y los proyectos de investigación planteados desde la Universidad Nacional de Colombia
por José Vicente Rodríguez (Rojas-Sepúlveda 2014; Rodríguez 2017; Rojas-Sepúlveda y Rivera
2019), se inaugura un periodo de estudios especializados en paleoecología, paleodieta, paleonto-
logía, paleopatología, paleodemografía y la evolución de la morfología craneal (Rodríguez 1996).
Estos trabajos dieron lugar a una escuela de formación que ha hecho importantes aportes para
comprender las condiciones de vida de múltiples poblaciones prehispánicas de Colombia desde
una perspectiva ecosistémica (Rojas-Sepúlveda 2014; Rodríguez 2017). El conflicto armado a
su vez ha dejado lamentables consecuencias con respecto al número de personas desaparecidas y
sitios de inhumación clandestinos que han requerido del temprano desarrollo de la antropología
forense, la cual se vio fortalecida desde un inicio por la existencia de laboratorios especializados
en el Instituto Nacional de Medicina Legal, la Fiscalía General de la Nación, la Policía Nacional,
entre otros equipos independientes. De igual manera, los aportes realizados desde la Universidad
Nacional de Colombia con la única Especialización en Antropología Forense (1998-2007) conso-
lidaron la disciplina con investigaciones sobre estándares de identificación locales, los cuales aún
se realizan desde diferentes instancias (Sanabria y Osorio 2019). Recientemente, la Universidad
del Magdalena lidera el proceso de formación a nivel de posgrado en antropología forense en
Colombia. El campo de la bioarqueología también se ha visto fortalecido con la realización del I
Encuentro Colombiano de Bioarqueología (2021), espacio que promete ser un punto de encuentro
para estas investigaciones en el país.

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En el Brasil, las primeras investigaciones sistemáticas en antropología biológica empiezan


también a finales del siglo XIX, con la fundación de importantes museos con enfoque en historia
natural. Entre ellos, se destaca el Museo Nacional, que desde sus inicios presenta una fuerte
vocación para la investigación de restos humanos. Nombrado en 1840 como director, Ladislau
Neto establece la antropología y la arqueología como líneas de investigación de ese museo, que
adquiere cráneos de individuos de sambaquis (concheros) y de indígenas Botocudo. Los estudios
hechos sobre estos restos humanos de sambaquis y sobre los recolectados por Peter Lund en Lagoa
Santa algunas décadas antes contribuyeron al debate sobre la antigüedad humana en las Américas y
las «razas» americanas. En la primera mitad del siglo XX, se destacan los trabajos de Roquete-Pinto,
Padberg-Drenkpol y Harold Walter, que prosiguen con los estudios craneométricos de esqueletos
de Lagoa Santa (Auler 2020). Además de Lagoa Santa, los sambaquis también fueron importantes
para el desarrollo de los estudios bioantropológicos y arqueológicos en general. La primera exca-
vación sistemática de un sitio arqueológico fue realizada en el sambaqui da Cabeçuda, en Santa
Catarina, y los restos humanos ahí descubiertos son un importante ejemplo de estos primeros
estudios de patrones de sepultura, craneometría y paleopatología. Posteriormente, se hicieron más
excavaciones en sambaquis, tales como las realizadas por João Alfredo Rohr, Dorath Uchôa, Lília
Cheuiche Machado, entre otros, las cuales fueron importantes para la formación de las grandes
colecciones de restos humanos precoloniales de Brasil (Mendonça de Souza 2019). Entre esos
pioneros en la investigación de restos humanos, destaca Marília de Mello e Alvim, con sus estudios
de osteometría y paleopatología en la colección de Museo Nacional entre los años de 1950 y
1980 (Alvim et al. 1975); así como Walter Neves, quien, a finales de la década de 1980, propuso
un nuevo modelo para la población de las Américas a partir del análisis de morfología craneana
de los individuos de Lagoa Santa (Neves y Pucciarelli 1989). Los años de 1990 fueron marcados
por estudios sistemáticos y con enfoque poblacional y paleoepidemiológico en restos humanos
de sambaquis, mientras lo que va del siglo XXI se caracteriza por un mayor rango de investiga-
ciones y metodologías, que incluyen análisis de isótopos estables, estudios de microvestigios vege-
tales y ADN antiguo. Además de los estudios en restos humanos precoloniales, también se puede
destacar las investigaciones especializadas en nutrición y desarrollo de comunidades tradicionales,
como aquellas lideradas por Hilton Silva en la región del Amazonas (Silva 2008) e investigaciones
antropológicas-forenses como las realizadas en los últimos años por el Centro de Arqueología y
Antropología Forense (CAAF) de la Universidade Federal de São Paulo (UNIFESP) con los restos
humanos recuperados en 1990 en una fosa clandestina del cementerio de Perus, al intentar identi-
ficar personas desaparecidas durante el régimen militar en Brasil (Hattori 2019).
Para finalizar este breve recuento sobre la historia de la antropología biológica en la región, se
tiene el caso de Chile, donde el desarrollo de esta disciplina inicia de manera institucionalizada
a principios del siglo XX; angular para su desarrollo fue la fundación del Museo de Etnología y
Antropología Chilena (1912), que promovió, junto al Museo de Historia Natural (fundado en
1830), la investigación científica en antropología biológica (Rothhammer y Llop 2004). Décadas
más tarde se establecen dos centros con manifiesto interés en esta rama: el Centro de Estudios
Antropológicos de la Universidad de Chile (1954), bajo el auspicio de las Universidades de Chile y
de Concepción; y el Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad de Concepción (1964),
patrocinado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura
(Unesco). Posteriormente, la disciplina se fortaleció desde punto de vista metodológico y teórico
con la creación de la carrera de Antropología Física en la Universidad de Chile y la reapertura de la
carrera de Antropología en la Universidad de Concepción en el año 2005 (Garbulsky 1998; Castro
2014), donde se puede optar al título de antropólogo social o de antropólogo físico.
Destacan los estudios enfocados en el norte de Chile, zona de gran riqueza arqueológica y
bioantropológica, facilitada por las condiciones tafonómicas que derivan en un excelente estado
de conservación. En particular, el gran interés despertado por el estudio de las momias chinchorro

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motivaría la creación del Instituto de Antropología y Arqueología de la Universidad del Norte


(del cual surge posteriormente la Universidad de Tarapacá), cuyos trabajos actuales se orientan al
estudio paleopatológico y al manejo y conservación de los fardos y restos humanos recuperados
en esta región. A esta institución se suma el Instituto de Investigaciones Arqueológicas y el Museo
Gustavo Le Paige en San Pedro de Atacama, con numerosos aportes para la comprensión del
estilo de vida de las poblaciones antiguas en el norte de Chile. El estudio de las poblaciones del
pasado desde diferentes instituciones y casas de estudios ha favorecido el desarrollo e integración de
diversos enfoques metodológicos, tales como la composición genética de la población, crecimiento
y desarrollo humano, paleopatología, craneometría, paleodemografía, antropología dental,
violencia, entre otras. El aporte desde la bioantropología no solo se ha limitado al conocimiento y
comprensión del estilo de vida de las sociedades antiguas, también ha contribuido en la búsqueda e
identificación de víctimas de violaciones a los derechos humanos, con la creación de equipos como
el Grupo Chileno de Antropología Forense (GAF, 1989-1994) y la reciente fundación del Equipo
Chileno de Antropología Forense y Derechos Humanos (ECHAF). Asimismo, el establecimiento
de la Sociedad Chilena de Antropología Biológica ha favorecido la investigación tanto teórica
como experimental para el progreso de la disciplina en este país.
Un punto en común que presentan los países mencionados son los pocos espacios para la
difusión de las investigaciones regionales. Mayormente estas se dan en reuniones profesionales
tales como el Paleopathology Association Meeting in South America (PAMinSA), el Congreso de
la Asociación Latinoamericana de Antropología Biológica (ALAB) y el Congreso de la Asociación
Latinoamericana de Antropología Forense (ALAF). Aunque el aporte de estas instituciones es
innegable, estos esfuerzos resultan insuficientes, especialmente en un contexto de recortes presu-
puestales y de pandemia que dificultan a los investigadores (especialmente los que inician su carrera
académica) y público interesado poder participar en ellas. Las revistas donde poder publicar sobre
el tema son igualmente escasas, se puede mencionar a la Revista Argentina de Antropología Biológica,
Chungara. Revista de Antropología Chilena, Boletín de Arqueología PUCP, Boletín de Antropología,
Maguaré, Antípoda, Jawna Pana, entre otras.
La situación arriba descrita, sumada al rechazo al colonialismo académico que desgraciada-
mente persiste en la comunidad internacional, incentivó a los editores de este par de números
a organizar, entre octubre y noviembre de 2020, el I Webinar Sudamericano de Antropología
Biológica, el cual contó con el auspicio académico del Equipo Peruano de Antropología Forense, la
Pontificia Universidad Católica del Perú, la Universidad de Antioquia, la Universidad de Atacama,
la Universidad de Caldas, la Universidad de la República y la Universidade de São Paulo. Este
espacio virtual y gratuito logró una gran participación de investigadores de diversas generaciones
provenientes de 12 distintos países (Argentina, Austria, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Ecuador,
Estados Unidos, México, Perú, Portugal y Uruguay), en el que se presentó 52 ponencias (lo que
incluyó cuatro magistrales), y se constituyó, así, en el primer esfuerzo regional para aprovechar
las nuevas tecnologías de comunicación en búsqueda de la democratización del conocimiento
en este campo. Las contribuciones que se presentan en este y el siguiente número del Boletín de
Arqueología PUCP fueron originalmente presentadas en este webinar y reflejan las siete mesas en las
que fue organizada el evento mencionado: Bioarqueología Histórica, Paleopatología, Tema Libre,
Genética y Evolución, Prácticas Funerarias, Medio Ambiente, Sociedad y Cultura, y Antropología
y Arqueología Forense.
El primer número reúne artículos de las tres primeras mesas arriba mencionadas, mientras
que las restantes serán publicadas en la siguiente entrega. Dentro del tema de bioarqueología
histórica, se presentan dos artículos y una nota. El artículo de Rojo y colaboradores muestra los
resultados del análisis sobre los cuerpos recuperados en el rescate realizado tras el colapso de 64
nichos del cementerio Central de Montevideo (Uruguay); brinda alcances osteobiográficos, demo-
gráficos y sobre efectos tafonómicos, y muestra así la potencialidad de estudio de esta colección

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para el ­entendimiento de la población de estatus socioeconómico alto de la ciudad de Montevideo


de la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del siglo XX. Por su parte, el artículo de
Irureta Salvatierra y Gómez Torres presenta los resultados preliminares del estudio paleoepidemio-
lógico sobre inmigrantes chinos del siglo XIX enterrados en Huaca Bellavista (Lima, Perú); logra
encontrar evidencias de continuos trabajos forzados y circunstancias precarias de subsistencia, lo
que corrobora la información documental que se tiene sobre el estilo de vida que tuvieron estas
personas. La nota de Phan y colaboradores también aborda el tema de la inmigración china al
Perú del siglo XIX, esta vez desde la perspectiva osteobiográfica, que muestra las historias de vida
y forma de muerte de tres de estos inmigrantes.
En la temática sobre paleopatología se presenta el artículo de Carlos Coros, «Análisis biome-
cánico del lanzamiento con estólica», el cual evalúa el gesto técnico realizado al ejecutar el
lanzamiento del atlalt o estólica, que es de gran importancia para comprender el estrés muscular
provocado por esta actividad, lo que demuestra su complejidad. El estudio establece que esta acti-
vidad puede ocasionar lesiones en el hombro y que no guardaría relación con la osteoartritis de
codo que caracteriza el llamado «codo de atlatl».
Dentro de la temática libre, se presentan tres artículos y una nota. El primer artículo, de Santos y
Bernardo, usa una perspectiva evolucionista de la psicología para interpretar la violencia masculina
en sociedades andinas antiguas. Los resultados apuntan a una mayor frecuencia masculina en
situaciones violentas en todos los periodos analizados, que es interpretada como un reflejo de
la importancia del rol social masculino dentro de tales poblaciones. Por su parte, Rojas Pelayo y
Fuentes Villalobos atacan un tema muy importante y a veces poco estudiado en bioantropología:
los conglomerados óseos. Las autoras brindan algunas estrategias metodológicas para estudiar este
tipo de material y demuestran que, a pesar de algunas limitaciones, es posible obtener parámetros
demográficos y de patologías, lo que contribuye así a una mejor caracterización de esa población.
A continuación, Melgar Tísoc y Watson Jiménez presentan un análisis tecnológico apoyado en
la arqueología experimental y la descripción de huellas de manufactura con microscopía elec-
trónica de barrido aplicada a los objetos de concha y lapidaria de seis contextos funerarios Ancón
(Miramar). A esto, añaden información bioantropológica de contextos funerarios, que demuestran
gran mortalidad o vulnerabilidad alrededor del primer año de vida y episodios de violencia inter-
personal entre hombres adultos. Por último, Okumura y colaboradores presentan una nota sobre
los principales restos humanos antiguos modificados en Sudamérica; es decir, cabezas Shuar y
Mundurucu que se encuentran actualmente en diversas instituciones extranjeras y cuyas inves-
tigaciones sobre la posesión y manera de adquisición de tales restos humanos brindan evidencias
importantes para aportar críticas poscoloniales sobre tales prácticas.

Agradecimientos
Los editores desean agradecer a Karla Patroni por el apoyo en la diagramación del material de
difusión de cada mesa, así como con la edición y la difusión en YouTube de cada sesión; y a
Naomi Nakahodo y Lisseth Rojas por su ayuda en la organización de las preguntas durante cada
sesión del Webinar. Asimismo, agradecemos a cada una de nuestras instituciones por el apoyo
brindado para la realización del evento y la posterior publicación de los artículos y notas.

Notas
1
Para más información sobre los estudios de Tello, Weiss y otros hitos de la bioarqueología en
el Perú ver Guillén (2010), Lozada (2014) y Vega (en prensa). Para conocer sobre los trabajos de
Frisancho, ver Leonard (2009).
2
Las grabaciones de cada una de las mesas pueden encontrarse en el canal de YouTube del
Webinar: [Link]

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LA ANTROPOLOGÍA BIOLÓGICA EN SUDAMÉRICA 11

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BOLETÍN DE ARQUEOLOGÍA PUCP / N.° 30 / 2021, 13-31 / e-ISSN 2304-4292

Análisis de los restos óseos recuperados en el rescate


arqueológico del cementerio Central
(Montevideo, Uruguay)

Belén Rojo a, Macarena Melgar b, Lucía Curbelo c y Gonzalo Figueiro d

Resumen
En enero de 2019 se produjo un colapso parcial del ala «E» del primer cuerpo de nichos funerarios del cementerio
Central de Montevideo, que afectó 64 nichos que contenían inhumaciones desde mediados del siglo XIX hasta el
presente. El trabajo arqueológico de rescate del sector derrumbado resultó en la recuperación de estructuras funerarias
intactas o poco alteradas y en la extracción de restos desplazados o aislados que fueron analizados en forma separada y son
el objeto de este trabajo. Se estudiaron los restos con la finalidad de determinar número de individuos, estructura sexual
y etaria, y el efecto del derrumbe y la metodología de recuperación en la representación de elementos óseos. Asimismo, se
realizaron tres estudios puntuales sobre subconjuntos de la muestra: tafonomía de individuos adultos, estructura etaria
y sexual de los subadultos, y osteobiografía de dos individuos. Si bien la fragmentariedad de los restos abordados implica
que las inferencias realizadas deben tomarse con precaución, se concluye que los restos tienen un potencial importante
como fuente de conocimiento de factores postdepositacionales, demografía y condiciones de vida de la población de estatus
socioeconómico alto de la ciudad de Montevideo de la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del siglo XX.
Palabras clave: bioarqueología, cementerios históricos, tafonomía, demografía, osteobiografía.

Abstract
ANALYSIS OF BONE REMAINS RECOVERED IN THE ARCHAEOLOGICAL RESCUE OF THE
CENTRAL CEMETERY (MONTEVIDEO, URUGUAY)
In January 2019 there was a partial collapse of the «E» wing of the first body of funerary niches of the Central Cemetery of
Montevideo, affecting 64 niches containing burials from the mid-nineteenth century to the present. The archaeological res-
cue work of the collapsed sector resulted in the recovery of intact or slightly altered funerary structures and in the extraction of
displaced or isolated remains that were analyzed separately and are the object of this work. The remains were studied in order
to determine the number of individuals, sex and age structure, and the effect of the collapse and the recovery methodology
on the representation of bone elements. Three specific studies were carried out on subsets of the sample: taphonomy of adult
individuals, age and sex structure of subadults, and osteobiography of two individuals. Although the inferences made should
be taken with caution due to the fragmentary nature of the analyzed remains, it is concluded that the remains have an
important potential as a source of knowledge of postdepositional factors, demography and living conditions of the high socio-
economic status population of the city of Montevideo in the second half of the 19th century and first half of the 20th century.
Keywords: bioarchaeology, historical cemeteries, taphonomy, demography, osteobiography.

a
Departamento de Antropología Biológica, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad
de la República, Montevideo, Uruguay. mabelenrojo@[Link]
b
Departamento de Antropología Biológica, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad
de la República, Montevideo, Uruguay. macamelgar@[Link]
c
Departamento de Antropología Biológica, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad
de la República, Montevideo, Uruguay. [Link].29@[Link]
d
[Link]
Departamento de Antropología Biológica, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad
de la República, Montevideo, Uruguay. [Link]@[Link]

[Link]
14 BELÉN ROJO, MACARENA MELGAR, LUCÍA CURBELO Y GONZALO FIGUEIRO

1. Introducción
El 11 de enero de 2019 se produjo el colapso de un sector del ala E del cementerio Central de
Montevideo. Este cementerio es representante de otros de su tipo que comenzaron a aparecer
ligados a muchas urbes occidentales en el transcurso del siglo XIX. A diferencia de los camposantos
utilizados hasta el siglo XVIII, adjuntos a las iglesias y ubicados generalmente de forma céntrica
en las ciudades, estos nuevos espacios fueron caracterizados por su paulatina secularización, su
formato de «parque» y por ubicarse en la periferia urbana como medida de higiene (Foucault
1978). La construcción del cementerio fue dispuesta como medida sanitaria por el presidente de
la República, el brigadier general don Manuel Oribe, tras prohibir la inhumación de cadáveres en
las iglesias intramuros (Palacio Legislativo 1979).
El cementerio Central de Montevideo comenzó a edificarse en el año 1835. Consta de tres
«cuerpos» inaugurados en 1835, 1860 y 1868 respectivamente (Atme 2016). El primer cuerpo
del cementerio fue destinado a la construcción de nichos, venta de parcelas para la construcción
de panteones (accesibles únicamente para la clase social pudiente) y para la construcción de una
capilla; el segundo y tercer cuerpo fueron destinados a fosas para los ciudadanos de bajos recursos
e indigentes (Palacio Legislativo 1979; Bielli y Erchini 2009). El derrumbe ocurrió en el primer
cuerpo, lo que afectó la estructura original de ladrillo, cal y arena en bovedilla, e involucró a 64
nichos que contenían inhumaciones datadas desde mitad del siglo XIX a 2018 (Fig. 1).
Más allá del hecho de que los orígenes de cualquier práctica arqueológica de rescate normal-
mente son ajenos a la arqueología con una base de investigación predefinida (Johansson y Johansson
2010), el trabajo de rescate suscitado por el mencionado colapso tuvo algunos rasgos particulares.
La intervención de rescate no tuvo por objeto un sitio amenazado por un proyecto de construcción
planificado, sino que el debilitamiento estructural y posterior colapso de una pared de nichos
del cementerio la constituyó por sí misma como sitio arqueológico. La arqueología de rescate
opera en un marco legal, lo cual quiere decir que los investigadores no están a cargo de elegir ni
el objeto ni la extensión de la intervención, sino que más bien estos vienen pautados con ante-
lación. Muchas de las decisiones se toman sobre la base de leyes o medidas que regulan y protegen
el patrimonio cultural de un país (Johansson y Johansson 2010). En este caso, el nexo legal se
encontró en el hecho de que el cementerio Central es Patrimonio Histórico Nacional y como
tal es regulado por la Comisión Nacional del Patrimonio Cultural del Ministerio de Educación
y Cultura. Adicionalmente, por tratarse de un sitio de inhumación de restos humanos se contó
con la intervención de la División Necrópolis de la Intendencia Municipal de Montevideo (López
Mazz 2019). En materia de rescate, por lo tanto, se produjo una conjunción entre el interés de
rescate y preservación de elementos patrimoniales en la ornamentación funeraria, y la identifi-
cación y restitución de los restos humanos a las familias que lo reclamaran.
Más allá de la necesidad de una estrecha articulación entre el quehacer arqueológico y bioan-
tropológico en el cumplimiento de la doble finalidad antes citada, el trabajo de rescate tuvo
características que dificultaron una adecuada colaboración. El rescate del derrumbe fue llevado
adelante con un cronograma estrecho: la totalidad de la excavación, que implicó la remoción de
90 metros cúbicos de escombros, se desarrolló entre enero y abril de 2019. Se localizaron 381
estructuras funerarias, las que se pudieron registrar in situ y fueron trasladadas a un depósito a
­disposición de la División Necrópolis (López Mazz 2019). Las estructuras funerarias desplazadas y
los restos óseos aislados fueron derivados a un laboratorio ad hoc montado en la capilla del Panteón
Nacional, ubicado en el centro del cementerio, donde se efectuaron los análisis bioantropológicos
que se detallan en este trabajo. La posibilidad de cotejar los datos de contexto recabados durante la
excavación con los restos óseos recibidos en el laboratorio fue limitada al extremo en función del
carácter perentorio de las tareas de rescate. Por lo tanto, y salvo excepciones, el trabajo arqueológico
y el trabajo bioantropológico transcurrieron por carriles separados: el equipo de arqueólogos,

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RESTOS ÓSEOS RECUPERADOS EN EL RESCATE ARQUEOLÓGICO DEL CEMENTERIO CENTRAL 15

Figura 1. Derrumbe del ala E del primer cuerpo de nichos y trabajo de rescate. a. Vista general del derrumbe; b.
Excavación controlada y registro de hallazgos; c. Afección de las estructuras funerarias ocasionada por el derrumbe
de los nichos; d. Vista del sector central durante el avance de la remoción de escombros (fotografías reproducidas con
permiso de J. M. López Mazz).

c­ oordinado por el doctor José López Mazz, realizó las tareas de excavación, registro de artefactos
patrimoniales, transcripción del registro del cementerio e identificación de los individuos mediante
la comparación de las chapas identificatorias asociadas a las estructuras funerarias con los registros.
Por otro lado, el equipo bioantropológico, coordinado por el doctor Gonzalo Figueiro, efectuó los
análisis osteológicos. El objetivo general de este trabajo es la presentación de los resultados de estos
análisis, que implicaron, por un lado, los estudios específicamente vinculados al rescate y, por otro,
una serie de estudios destinados a explorar el potencial del registro analizado para la reconstrucción
del modo de vida de los individuos representados en el sector de nichos derrumbados, así como los
factores postdepositacionales —además del propio derrumbe— que afectaron el registro.

2. Materiales y métodos
2.1. Muestra
Para explicar la composición de la muestra analizada es clave la descripción de la metodología
de excavación y recuperación de los restos. El derrumbe generó un conjunto de escombros de
escasa dispersión horizontal y altura, con compresión de las estructuras interiores de los nichos
(López Mazz 2019). La metodología de trabajo general consistió en la remoción progresiva de
los elementos provenientes de la escombrera, por lo que se ubicó los conjuntos funerarios con la
menor alteración posible. Se procuró identificar contextos primarios, correspondientes a ataúdes,
urnas de reducción, urnas de incineración, conjuntos óseos y piezas óseas aisladas. Los restos que
por asociación con chapas del cementerio permitían su identificación por cotejo con los registros
no fueron derivados al laboratorio para su análisis; estos restos incluyeron a las urnas de reducción
que se mantuvieron intactas o con daños menores tras el derrumbe. Los restos aislados y los

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16 BELÉN ROJO, MACARENA MELGAR, LUCÍA CURBELO Y GONZALO FIGUEIRO

e­ spacialmente asociados entre sí y a ataúdes y urnas, pero carentes de elementos identificatorios


fueron recuperados como conjuntos numerados en forma correlativa y enviados al laboratorio. Por
lo tanto, la muestra analizada se compone en general de conjuntos desarticulados, fragmentados y
mezclados; operacionalmente se define como «conjunto» al grupo de elementos óseos registrados
y recuperados con una misma etiqueta en la excavación.

2.2. Métodos generales


Inventario y número mínimo de individuos. Debido a la variabilidad en preservación y
completitud de los conjuntos analizados, se optó por su descripción elemento a elemento, con
su consignación gráfica aproximada en fichas de registro visual de adultos, subadultos e infantes
(Buikstra y Ubelaker 1994: capítulo 2, anexos 3a, 5a y 5b). En el caso de constatarse en un mismo
conjunto elementos óseos duplicados que pudieran representar a varios individuos, se procuró
en la medida de lo posible inventariar los elementos por individuo, para lo que se empleó como
criterios de asignación las similitudes en color, fragmentación, estado de preservación y tamaño
relativo. La estimación del número mínimo de individuos (NMI) se realizó a partir de la sepa-
ración de elementos óseos en izquierdos y derechos y la contabilización del número máximo de
elementos repetidos, para lo que se tuvo también en cuenta la presencia de huesos fusionados y sin
fusionar (Lambacher et al. 2006).
Edad. La estimación de la edad de los restos adultos se basó, según los elementos óseos
presentes, en los cambios de la sínfisis púbica y la superficie auricular (Buikstra y Ubelaker 1994),
las suturas ectocraneales (Meindl y Lovejoy 1985), las metamorfosis de los extremos esternales de
las clavículas (Szilvassy 1978) y las metamorfosis de los extremos esternales de las costillas (Loth
e Iscan 1989). Se recurrió además al relevamiento de patologías (pérdida de piezas dentales ante
mortem, patologías articulares) para complementar las estimaciones de edad. En el caso de los
restos subadultos, la edad se estimó a partir de los tiempos de aparición y fusión de los centros
de osificación y la morfología de los huesos, así como el incremento en longitud de las diáfisis de
los huesos largos (Schaefer et al. 2009, Cardoso et al. 2014). En caso de contar con maxilares o
piezas dentales, se calculó la edad a partir del desarrollo de la dentición (Buikstra y Ubelaker 1994;
Scheuer y Black 2004).
Sexo. La determinación de sexo en restos adultos se realizó de acuerdo con los métodos listados
en Phenice (1969), Buikstra y Ubelaker (1994) y Krenzer (2006) para cráneo y pelvis. La frecuencia
relativa de cada sexo se comparó con las proporciones sexuales que constan en los registros del
cementerio Central a partir del informe del equipo de arqueología, donde se anexan las transcrip-
ciones de los registros concernientes a los nichos afectados por el derrumbe. Las transcripciones
contienen información sobre los cuerpos ingresados en el cementerio, que incluye nicho, año,
chapa, nombre, apellido, edad, nacionalidad y si el individuo fue reducido (López Mazz 2019).
En el caso de los subadultos, según el método de Schutkowski (1993), para la determinación
del sexo se tuvo en cuenta cuatro rasgos de la pelvis, cuando esta se encontraba en buen estado
de conservación: el ángulo de la escotadura ciática mayor, la profundidad de la escotadura ciática
mayor, la curvatura de la cresta ilíaca y la elevación de la superficie auricular.
Preservación. Se empleó el índice de preservación anatómica (API, por sus siglas en inglés;
Dutour 1989; Bello et al. 2006; Garizoain et al. 2016) sobre la base del grado de completitud
anatómica de los elementos óseos. El índice fue elegido dado que su forma de cálculo considera la
cantidad teórica de elementos que deberían encontrarse por individuo de hallarse completo. De
acuerdo con este índice, un esqueleto bien preservado debe tener más del 50% de los elementos en
la clase 4 o superiores (Bello et al. 2006: 25).
El porcentaje de completitud ósea en los individuos subadultos fue calculado a partir de la
relación del NME (número mínimo de elementos) con el NEE (número de elementos esperados),
este último para cada cohorte etaria. De esta forma, se utilizaron las tablas de Guichón (2016)

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RESTOS ÓSEOS RECUPERADOS EN EL RESCATE ARQUEOLÓGICO DEL CEMENTERIO CENTRAL 17

que estiman los NEE para rangos etarios desde 0 hasta 11 años, sobre la base de Scheuer y Black
(2000, 2004), Lewis (2007) y Schaefer et al. (2009), para seis cohortes: 0 a 0.9 años (NEE=271); 1 a
1.9 años (NEE=275); 2 a 3.9 años (NEE=345); 4 a 5.9 años (NEE=341); 6 a 9.9 años (NEE=327)
y 10 a 10.9 años (NEE=317) (Guichón 2016).

2.3. Estudios particulares


Más allá del trabajo bioantropológico vinculado específicamente al rescate, se consideró funda-
mental realizar análisis particulares que sienten un antecedente para Uruguay en materia de
bioarqueología histórica y que sirvan como base para futuras colaboraciones entre las autoridades
municipales y la academia en materia de valorización del patrimonio histórico. Con esta finalidad
se plantearon tres estudios particulares que contemplan aspectos relevantes para la bioantropo-
logía y sus fines reconstructivos, además de aportar al conocimiento de las poblaciones pasadas
de Montevideo y servir de referencia para futuros estudios. Cada aspecto estudiado requirió una
selección de individuos de características particulares proveniente de la muestra general. En los tres
casos se eligieron individuos no reclamados, carentes de otros datos que hicieran posible su iden-
tificación positiva. Estos estudios particulares debieron enmarcarse en el periodo de ejecución de
los trabajos de rescate, y los conjuntos que fueron derivados al laboratorio estaban particularmente
desarticulados y fragmentados. Por lo tanto, las muestras seleccionadas de este universo de estudio
fueron pequeñas y no pueden, en principio, considerarse representativas de la población enterrada.
Tafonomía. El objetivo general del estudio tafonómico consistió en determinar la existencia de
preservación diferencial en una muestra compuesta por siete individuos adultos a partir del estudio
de una potencial relación entre API, ocho variables extrínsecas y tres intrínsecas (Henderson
1987). Se consideran intrínsecos aquellos factores que aluden a las características del tejido óseo
del individuo y extrínsecos a propiedades ajenas al mismo. Las variables intrínsecas analizadas
fueron sexo (Krenzer 2006), edad y presencia/ausencia de osteofitosis (Nawrocki 1995). Por otro
lado, los factores extrínsecos incluyeron año de fallecimiento, zona de derrumbe (central, flanco
derecho o flanco izquierdo, de acuerdo a la definición operativa empleada durante la excavación),
altura original del nicho (en metros), número de individuos por nicho (de acuerdo al registro
inicial proporcionado por la División Necrópolis), forma de inhumación (ataúd versus urna, deter-
minados por la existencia de fragmentos de madera o metal asociados al conjunto), presencia/
ausencia de musgo y adipocira, y coloración (según Dupras y Schultz 2012). Uno de los objetivos
específicos del trabajo fue determinar el peso individual de estos factores y su relación con la preser-
vación diferencial.
El criterio de selección de individuos utilizado fue que cada uno contase con una chapa
asociada con un año de fallecimiento para relevar la correspondiente variable, pero sin ningún
otro dato que hiciera posible su identificación positiva (nombre, edad o apellidos). Las fichas
documentales utilizadas incluyeron: inventario óseo, número de especímenes identificados (NISP)
y NME (Lyman 1994; Mondini 2003; Luna et al. 2012), puntajes API en escala porcentual y por
clase para elementos óseos e individuos (Bello et al. 2006), cantidad de elementos anatómicamente
esperados según el total de la muestra, cantidad de elementos hallados en cada conjunto (Bello
et al. 2006), y representación ilustrada de los elementos inventariados (Buikstra y Ubelaker 1994).
Se ilustró gráficamente la relación entre API y las variables extrínsecas e intrínsecas con el propósito
de detectar las posibles tendencias.
Osteobiografía de dos individuos adultos. Se seleccionaron los restos óseos pertenecientes a
dos individuos de la muestra esqueletal analizada, denominados 1A y 1B. El criterio de selección
utilizado fue la completitud en cuanto a piezas óseas que presentaban los esqueletos, a fin de
realizar una adecuada recolección de datos para llevar a cabo una osteobiografía y la correspon-
diente historia de vida de cada individuo. La extrema fragmentariedad de los conjuntos que fueron
derivados al laboratorio resultó en que fuera posible analizar únicamente dos individuos desde

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18 BELÉN ROJO, MACARENA MELGAR, LUCÍA CURBELO Y GONZALO FIGUEIRO

esta perspectiva. Se relevó información pertinente para realizar una osteobiografía: sexo, edad,
ascendencia, estatura y patologías. La determinación de ascendencia se basó en la apertura nasal
(Byers 2002 en Krenzer 2006) y arco dental (Gill 1998 en Krenzer 2006) para el Individuo 1A.
Para el Individuo 1B se utilizó la diáfisis del fémur derecho (Stewart 1962 en Krenzer 2006). La
estatura de ambos individuos se determinó a partir de la fórmula utilizada por Genovés (1967 en
Krenzer 2006).
Los exámenes de las piezas anatómicas, inserciones musculares y lesiones degenerativas de
las articulaciones (coxofemoral, escapulohumeral, intervertebrales) fueron realizados, en ambos
individuos, por observación directa con luz natural y artificial, a simple y con lupa. Las lesiones
degenerativas fueron examinadas, comparadas y determinadas a través de la obra de Mann y Hunt
(2005) y la referencia online Digitised Diseases.
Análisis de los subadultos. En una observación inicial se advirtió que, si bien los huesos de
subadultos presentaban diversos grados de preservación y desarticulación, los elementos óseos
mantenían en general una integridad suficiente para ser estudiados con más detalle, por lo que fue
posible un registro de perfil biológico que incluyera estimaciones de edad y sexo en una proporción
mayor que en los restos de adultos. Por lo tanto, y dado el estrecho marco temporal de las activi-
dades de rescate, se optó en forma estratégica por el análisis detallado de los subadultos.
Teniendo en cuenta que la población enterrada en la zona del derrumbe pertenecía principal-
mente a los siglos XIX y XX, se recurrió al informe del equipo de arqueología donde se anexan
las transcripciones de los registros concernientes a los nichos afectados por el derrumbe (López
Mazz 2019). Para distinguir qué porcentaje de subadultos correspondía a cada siglo se procedió
a contarlos manualmente por año y edad de muerte. Con el fin de comprobar si existía una dife-
rencia entre las edades observadas en la muestra analizada y las edades de los individuos subadultos
que se encontraban en el sector de nichos derrumbado, se realizó una prueba de Mann-Whitney
entre ambos conjuntos de datos (Siegel 1956).

3. Resultados
3.1. Resultados generales
Número mínimo de individuos. Se analizó un total de 113 conjuntos óseos que contenían
restos aislados de uno o más individuos (Fig. 2). De estos, 58 (51.3%) estaban representados por
un solo individuo, en tanto que los restantes 55 (48.7%) contenían restos de más de un individuo
(Fig. 3). Al sumar los individuos representados en los conjuntos se obtiene un total de 233; sin
embargo, se considera a esto una sobrestimación ya que, dada la fragmentariedad de los restos
analizados, ningún elemento se encontraba representado en más de un 60% de los conjuntos
(Fig. 4).
No puede descartarse el solapamiento entre conjuntos y que algunos restos fueran elementos
aislados pertenecientes a individuos identificados. El empleo del criterio de calcular el NMI a
partir del elemento más representado arroja cifras más conservadoras: 86 individuos, de los cuales
58 son adultos y 28 subadultos. Esto a su vez probablemente sea una subestimación del número
real, ya que el NMI de los individuos subadultos, que constituyeron el grupo de edad estudiado en
más detalle, se estimó en 41 individuos.
Edad. En los conjuntos analizados, en muy pocos casos fue posible recurrir a los elementos
diagnósticos de edad, por lo que se debió recurrir a las patologías articulares como indicador
indirecto. A pesar de las limitaciones y características multifactoriales (genética, actividad, factores
inmunológicos), las patologías articulares analizadas permiten afirmar que la mayoría de los adultos
eran mayores de 50 años.

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RESTOS ÓSEOS RECUPERADOS EN EL RESCATE ARQUEOLÓGICO DEL CEMENTERIO CENTRAL 19

Figura 2. Ejemplos de los conjuntos óseos recuperados en la excavación. a. y b. Restos aislados; c. Conjunto con buena
representación esqueletal, atribuible a un individuo; d. Conjunto de restos aislados de múltiples individuos (fotogra-
fías: B. Rojo y L. Curbelo).

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20 BELÉN ROJO, MACARENA MELGAR, LUCÍA CURBELO Y GONZALO FIGUEIRO

En lo referente a los subadultos, los análisis arrojaron que el 58.54% de la muestra pertenecía
a individuos de entre 0 a 12 meses, de los cuales ocho pertenecen a fetos de entre 36 y 40 semanas
prenatal. El 17.07% de la muestra corresponde a individuos de entre 12 a 24 meses, entre la
siguiente cohorte se ubica el 17.07% de la muestra con individuos de entre 24 a 48 meses. En la
cohorte de 48 a 72 meses se ubica el 2.43% de la muestra y en la cohorte de 72 a 120 meses se
ubica el 4.86%.
Sexo. Se logró determinar el sexo de 17 adultos sobre la base de la pelvis, con lo que se obtuvo
nueve individuos masculinos y ocho femeninos. Si se considera el NMI estimado de individuos
adultos, esto deja un mínimo de 41 individuos de sexo indeterminado por falta de elementos
diagnósticos. Las frecuencias sexuales relativas de 53% de individuos masculinos y 47% de indi-
viduos femeninos no difieren significativamente de las frecuencias halladas en los registros del
cementerio (49% y 51% en un total de 394 registros). De los 41 subadultos se obtuvieron 14
iliones, que corresponderían a siete individuos masculinos y siete femeninos; esta paridad a nivel
de sexos tampoco difiere de lo hallado en los libros del cementerio (49% y 51% en un total de
232 registros).

3.2. Resultados de los estudios particulares


Tafonomía. El estudio pormenorizado de los siete individuos seleccionados permitió deter-
minar la existencia de una preservación pobre, con el 20.4% de los elementos bien preservados.
Entre los mismos se encontraron fémur y tibia, mientras que los que presentaron peor preservación
fueron coxis, hioides, esternón y ciertos huesos del cráneo. Mientras que no se halló un vínculo
fuerte entre factores intrínsecos y API, sí se encontró para algunos factores extrínsecos.
Poco menos de la mitad de los elementos óseos (46.2%) estaban presentes. Solo un 20.4% de
elementos de la muestra pueden considerarse bien preservados (clases 4 a 6). En la Fig. 5A se puede
observar el API porcentual por tipo de hueso en la totalidad de la muestra. Finalmente, las Figuras
5B y 5C reúnen las clases de preservación y la cantidad de elementos óseos en cada una, separados
por sexo y edad. Si bien la muestra es marcadamente masculina (dos individuos femeninos y cinco
masculinos), las mujeres presentaron el 25% de sus elementos óseos bien preservados (clases 4 a 6)
y los hombres el 18.5%. Para la categoría etaria, 19% de los elementos óseos pertenecientes a
adultos y 22% de los correspondientes a adultos mayores estaban bien preservados.
No se observó una tendencia clara entre las variables intrínsecas consideradas y la preservación
de la muestra. En cuanto a las variables extrínsecas, se detectó una leve tendencia negativa entre
API y año de fallecimiento, y entre API y altura de nicho: a mayor edad o altura, menor API.
Tampoco hubo relación notoria entre número de personas en el mismo nicho y API. La forma
de inhumación, musgo, adipocira y coloración fueron cuatro variables en las que se observaron
asociaciones claras con API. Un API elevado se asoció con inhumación en urna, ausencia de
musgo, adipocira y coloraciones no rojizas.
Osteobiografía de adultos. En el Individuo 1A (Fig. 6a), la presencia de coxales y cráneo
permitió el empleo de métodos basados en estos elementos, resultando este individuo del sexo
masculino. En el caso del individuo 1B (Fig. 6b), se complementa la observación de la escotadura
ciática con métodos morfométricos de fémur, omóplato, tibia y coxal, por lo que se llega a la
conclusión de que se trata de un individuo masculino.
La edad probable de muerte del Individuo 1A se estimó a partir del relevamiento de las sinos-
tosis, la obliteración de las suturas palatinas, la metamorfosis de la sínfisis púbica, la metamorfosis
de los fines esternales de las clavículas y las costillas, la sínfisis púbica y los cambios y apariencia de
la cuarta costilla, así como la metamorfosis de faceta auricular (compilados en Krenzer 2006). En el
caso del individuo 1B, debido a la ausencia del cráneo y de un coxal fragmentando y afectado seve-
ramente por agentes tafonómicos, solo se pudo utilizar los métodos referidos a los fines ­esternales

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Figura 3. Contabilización de conjuntos conteniendo restos de uno y varios individuos. Nótese que la mitad de los
conjuntos contenía restos de más de un individuo (figura: G. Figueiro).

Figura 4. Representación porcentual de elementos óseos de adultos (izquierda) y subadultos (derecha) en los conjuntos
recuperados (figura: G. Figueiro).

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Figura 5. Representación del Índice de Representación Anatómica (API) en siete conjuntos óseos. a. API por elemento
óseo (la línea punteada indica más del 50% del elemento óseo preservado); b. API por edad de muerte; c. API por sexo
de los individuos representados (figura: B. Rojo).

de las costillas y la metamorfosis de la faceta auricular. Como resultado final, puede afirmarse que
ambos individuos tenían más de 60 años al momento de su fallecimiento, sin ser posible tener más
detalle.
La ascendencia más probable de ambos individuos es europea. En cuanto a la estatura, se
determinó que el individuo 1A es de menor estatura (162.211 ± 3.417 centímetros) que el indi-
viduo 1B (168.539 ± 3.417 centímetros).
En lo referente a patologías, se relevaron 61 superficies articulares en el individuo 1A, de
las cuales un 3.2% (n=2) muestra alteraciones degenerativas: tanto el acetábulo derecho como

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Figura 6. Elementos óseos presentes en los restos seleccionados para análisis osteobiográfico. a. Individuo 1A; b. Individuo
1B (figura: L. Curbelo).

el izquierdo presentan lesiones leves. Se observan lesiones en forma de depresión (nódulos de


Schmorl; Waldron 2009) sobre seis cuerpos de las vértebras torácicas (T1, T4, T5, T6, T7 y T8).
En lo referente a osteofitos, esta patología se encuentra presente en las nueve vértebras presentes
en la muestra (T1, T4, T5, T6, T7, T8, L1, L3 y L5). En el individuo 1B se analizaron un total
de 70 superficies articulares, de las cuales un 10% (n=7) muestran lesiones leves. Se observa que
la vértebra L5 se encuentra fusionada con el sacro. Por último, es posible observar osteofitos en la
escápula izquierda.
Análisis de los subadultos. En el caso de los subadultos se observó una baja representación de
elementos óseos, pero estos elementos se presentaban completos en una mayor proporción que en
los adultos (Fig. 7). Los huesos con mayor representación eran la escápula, el húmero, el radio, el
cúbito, las costillas, los cuerpos y las apófisis vertebrales, el ilion, el fémur, la tibia y el peroné. Se
observó una baja representación de huesos craneales, dientes, huesos de la mano y huesos del pie.
Los perfiles etarios obtenidos para los 41 individuos de la muestra (ver supra, sección 3.1)
fueron comparados con libros del cementerio. En estos se contabilizó un total de 233 subadultos
con edad conocida, de los cuales el 83.26% corresponde a 194 conjuntos fechados entre 1860 y
1898. El restante 16.74% corresponde a 39 conjuntos de entre 1900 y 1982. Las edades de los
libros permitieron distinguir que el 57.51% (134 individuos) de la muestra pertenecía a indi-
viduos menores de 12 meses, de los cuales la mitad (67) eran individuos que no sobrevivieron el
primer mes de vida. El 18.02% de la muestra corresponde a individuos de entre 13 y 24 meses, en
la cohorte de 25 a 36 meses se ubica el 5.15% de la población de estudio. En la cohorte de 37 a 48
meses se sitúa el 3.43%, y entre 49 y 204 meses se encuentra el 16.62% de la muestra.

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Figura 7. Ejemplos de conjuntos óseos de subadultos recuperados en la excavación. a. Conjunto con buena representación
esqueletal; b. y c. Conjuntos con baja representación (fotografías: M. Melgar).

Los resultados de la prueba de Mann-Whitney entre las edades halladas en la muestra (Fig. 8A)
y los registros del cementerio (Fig. 8B) no son significativos (U = 4294, p = 0.3026); por lo tanto,
se puede trabajar bajo la suposición de que los restos óseos de los 41 individuos analizados son una
muestra representativa de la población que se encontraba en el ala E del primer cuerpo de nichos
del cementerio Central.

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Figura 8. Comparación de las edades de muerte de los subadultos. a. Edad de muerte según los restos analizados; b.
Edad de muerte según los registros del cementerio. Nótese la similitud de las distribuciones (figura: G. Figueiro).

4. Discusión
4.1. El rescate del cementerio Central como antecedente bioarqueológico
Son destacables algunos antecedentes de daño estructural considerable en necrópolis y que moti-
varon tareas de rescate similares a la ocurrida en el cementerio Central. En 2010 en Chile, el
derrumbe de una pared de nichos que contenían cerca de 300 individuos del cementerio ­parroquial
de Penco a causa de un terremoto condujo a una iniciativa de rescate que se desarrolló durante siete
años y que resultó en la identificación de 27 individuos, aunque quedan más de 270 sin identificar
(Reyes Baeza 2019). En 2017 en el cementerio de Montjuïc (Barcelona, España) se llegó a iden-
tificar los restos de 269 personas del total de 358 personas cuyos restos se vieron a­ fectados por el
derrumbe de 144 nichos de mediados del siglo XX (Congostrina 2017). Por último, es de interés
mencionar el desplazamiento de tierra que afectó, en febrero de 2020, al cementerio nacional de
Vicksburg, en Estados Unidos, que afectó 13 enterramientos de soldados afroamericanos de la
Guerra Civil. Los huesos cayeron cuatro metros de su sitio original y se recompusieron los esque-
letos de la mayoría de los individuos a partir del estudio de la ubicación y la morfología de los restos
(Dawn Lawrence, comunicación personal 2021). En el rescate del sector de nichos del cementerio
Central se identificaron, a través de las chapas numeradas, los restos de 244 estructuras funerarias
de las 381 recuperadas in situ (López Mazz 2019), por lo quedan un número mínimo de 223 indi-
viduos sin identificar. Sin embargo, la prioridad de la tarea de rescate puso en segundo plano los
análisis bioarqueológicos que trascendieran la identificación de los individuos, que procuró inferir
historias de vida, aspectos demográficos y elementos de tafonomía que puedan extraer provecho del
registro resultante del derrumbe. Conscientes del carácter parcial de los resultados que se discuten
a continuación, se pretende con los mismos sentar un antecedente para futuras investigaciones.

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4.2. Representación de elementos óseos


En adultos, los huesos mejor preservados fueron la tibia y el fémur (API 64% y 59%, respectiva-
mente). Esto se explica en el hecho de que corresponden a huesos largos de gran tamaño, densidad
mineral ósea y proporción de hueso cortical. Todos ellos son factores intrínsecos asociados a
la buena preservación (Nawrocki 1995; Bello 2005; García Mancuso 2008; Manifold 2013;
Garizoain et al. 2016). Por otra parte, se destaca la baja representación de elementos óseos de
tamaño y forma que pudieran conducir a su baja visibilidad en los escombros, lo que incluye
dientes, vértebras, carpo y tarso. Un trabajo desarrollado en un periodo más prolongado hubiese
permitido la aplicación de técnicas de excavación más cuidadosas, lo que hubiera conducido a una
recuperación más representativa.
Lo expuesto se confirma al observar los restos de subadultos, donde, a partir de la integridad de
los elementos óseos recuperados, no hay razones para atribuir la ausencia de determinados huesos
a la mala preservación. Por lo tanto, la baja representación no se relaciona con la preservación,
sino que está vinculada con el proceso de recuperación en el campo. El contexto de derrumbe
obstaculizó la distinción de algunos huesos, especialmente los de pequeño tamaño. Esto explica
la relativa ausencia de dientes, carpos, metacarpos, falanges, tarsos y metatarsos, los cuales pueden
haberse mezclado en los escombros y no ser diferenciados.

4.3. Factores de preservación


En contraste con otros trabajos donde los factores intrínsecos como el sexo y la edad influían
fuertemente sobre la preservación diferencial (Walker et al. 1988; Bello 2005; Bello et al. 2006;
García Mancuso 2008; Luna et al. 2012; Moreno et al. 2014; Garizoain et al. 2016), los factores
que ejercieron mayor peso en el cementerio Central fueron los extrínsecos, sin hallarse un nexo
claro con ninguno de los intrínsecos.
No es sorprendente que los niveles de API más bajos los presentaran aquellos esqueletos con
tonalidades rojizas, ya que la corrosión del metal le adhiere productos corrosivos al tejido óseo. En
el caso del hierro, el color es dado por el contacto con metal de las urnas o clavos, y es indicativo
de un entorno húmedo y aireado. Por otro lado, la coloración marrón de los restos de esta muestra
fue producida por los taninos, un grupo de compuestos orgánicos que se encuentran en los troncos
y otras partes de plantas. La madera de los ataúdes es la fuente de taninos más común en estos
contextos (Dupras y Schultz 2012). Al igual que en Luna et al. (2012), se sugiere un nexo entre la
presencia de adipocira y el mantenimiento de la estructura ósea.
Se presentaron problemas de contexto y representatividad, además de inconvenientes con el
abordaje práctico de algunos de los índices. La mayoría de los elementos óseos estaban ausentes, tal
y como ocurrió para cementerios históricos de Francia e Inglaterra (Bello et al. 2006).
Es posible que las condiciones en el cementerio Central no hubiesen sido tan perniciosas para
la preservación ósea como para que los factores intrínsecos considerados ejercieran, al menos entre
individuos adultos, un efecto diferencial marcado por sexo o edad antes del derrumbe (Stojanowski
et al. 2002). Dicha conclusión es tentativa ya que desequilibrios dentro de la muestra que sugieren
un problema de representatividad, como el bajo número de mujeres, podrían tratarse en realidad
de preservación diferencial. El contexto distó de ser el ideal para estudiar preservación ósea, ya que
la situación de colapso generó considerable fragmentación e incompletitud en el material óseo
disponible. El reducido número de individuos hizo dudosas las inferencias a nivel poblacional e
inhabilitó la realización de análisis no paramétricos. Adicionalmente, existieron variables como
el sesgo de recuperación que no pudieron evaluarse, y los mismos podrían haber actuado como
filtro para tipos de hueso pequeños o de subadultos (Nawrocki 1995). Como perspectiva futura, el
análisis de la preservación diferencial en otros sectores del cementerio no afectados por el derrumbe
permitirá poner los resultados aquí presentados en la debida perspectiva.

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4.4. Historias de vida


La muestra con la cual se realizaron las historias de vida proviene del sector del cementerio que,
como ya se mencionó, implicaba un poder adquisitivo alto: en el primer cuerpo del cementerio
Central se debía comprar la parcela, construir el panteón y pagar una mensualidad para su mante-
nimiento; por ende, la mayor parte de los inhumados en este sector pertenecían a una clase social
acomodada. En función de este dato contextual, se pueden plantear en forma especulativa las
siguientes trayectorias de vida para los dos individuos analizados.
En el individuo 1A, los resultados muestran un leve desarrollo de osteoartritis (sensu Burt et al.
2013) concentrada en los acetábulos de ambos coxales; en contraste, es alta la presencia de nódulos
de Schmorl en el segmento torácico (dado que es uno de los dos segmentos de la columna vertebral
presentes en la muestra, y que no está completo). Llama la atención que las vértebras presentes
estén todas afectadas por esta patología. Estas hernias son causadas por la protrusión del núcleo
pulposo en el cuerpo vertebral (Ortner 2003) y es normal que aparezcan en personas de edad
avanzada, como lo es el caso del Individuo 1A (más de 60 años).
Si se tiene en cuenta la edad de fallecimiento del individuo, el lugar donde fue inhumado y las
patologías que presenta, se puede deducir que perteneció, al menos en la etapa adulta de su vida, a
la clase alta de la sociedad de aquella época. Por otro lado, la alta presencia de nódulos de Schmorl
hace concluir que, si bien al momento de su fallecimiento pertenecía a una clase social acomodada,
este individuo a lo largo de su vida tuvo que realizar actividades o tareas pesadas. La observación
de determinadas patologías brinda información del modo de vida y patrones de actividad, que tal
vez estuvieron relacionados con la profesión de la persona (Ubelaker 2003). Esta interpretación
es concordante con la inmigración europea (los resultados de la ascendencia determinaron que el
individuo 1A era de ascendencia europea) en nuestro país (siglos XIX y XX). Muchos inmigrantes
trabajaron como empleados u obreros en las industrias de servicios, otros trabajaron de peones o
capataces, lecheros o panaderos, entre muchos más (Porzecanski s.f.; Vidart y Pi Hugarte 1969).
Estos eran empleos humildes «…desde los cuales se elevan, con habilidad, energía, espíritu ahorrativo
y visión para los negocios, hasta la categoría de estancieros» (Vidart y Pi Hugarte 1969: 18).
Los resultados obtenidos para 1B dieron a conocer las escasas patologías que presenta este
individuo. Si bien se registran alteraciones articulares, en las vértebras presentes no se hallan ni
osteofitos ni nódulos de Schmorl. La ausencia de marcadores de estrés se debería a que, posible-
mente, este individuo tuvo una vida sin trabajos forzosos como los que realizaban los inmigrantes
llegados de Europa durante los siglos XIX y XX (Porzecanski s.f.; Vidart y Pi Hugarte 1969; Ant
News 2016) por lo que se puede suponer que durante su vida adulta este individuo ya pertenecía a
la burguesía uruguaya, la cual era conocida por la explotación de la clase obrera (conformada por
la clase social más baja y, en algunos casos, por inmigrantes) (Supervielle y Pucci 2008). De esta
forma, las historias inferidas de sus restos reflejan no solo la sociedad de la época y las diferencias
económicas presentes en la misma, sino también sus trayectorias vitales diversas que al finalizar los
ubicó en un mismo lugar.

4.5. Factores demográficos


La mortalidad en los subadultos suele seguir un patrón en donde la mayoría de las muertes ocurren
durante el primer año de vida, especialmente alrededor del momento del nacimiento, y luego
disminuye con la edad, lo cual representa la reducción de la vulnerabilidad que tienen los jóvenes
subadultos al estrés y el incremento de la resistencia que adquiere el niño mientras va madurando
(Weiss 1973). El perfil etario desarrollado en la muestra del cementerio Central da cuenta de lo
mencionado, ya que, de 41 individuos, 27 (65.85%) no superaron el primer año de vida. Por su
parte, el estudio de los libros del cementerio mostró un resultado similar, donde de 233 individuos,
134 (57.51%) eran individuos menores de un año.

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28 BELÉN ROJO, MACARENA MELGAR, LUCÍA CURBELO Y GONZALO FIGUEIRO

Es pertinente señalar la notoria ausencia de adolescentes en la muestra analizada, especialmente


si se considera que sí figuran en los registros del cementerio. Es posible que, en un primer releva-
miento, los restos se clasificaran como adultos y por lo tanto no se consideraran para la muestra
de subadultos estudiada. Por otro lado, en los casos en que las urnas no se destruyeron y aún
contenían restos con datos identificables, estas se trasladaron a depósito. Es importante remarcar
que, a diferencia de los primeros, aquellos casos en los cuales existían fragmentos de urna dentro de
un conjunto óseo anónimo sí se tomaron en cuenta para el análisis osteológico. Los huesos anali-
zados corresponden a los restos que se encontraban sin contenedor y dispersos, no en conjuntos
discernibles como urnas o ataúdes. Esto indica que no todos los individuos que están registrados
en los libros del cementerio fueron estudiados por el equipo de antropología biológica; por lo
tanto, algunos adolescentes pueden haber ido directo a depósito.
El conteo de los individuos fechados entre 1860 y 1898 y entre 1900 y 1982 dio cuenta que
la gran mayoría de los conjuntos correspondían a individuos subadultos de la segunda mitad del
siglo XIX. Por lo tanto, es de interés observar los altos índices de mortalidad infantil presentes en
este periodo, y su marcado contraste con la mortalidad en el periodo subsiguiente.
Uruguay presenta un proceso de cambio demográfico distinto al de los demás países de América
Latina, debido a haber transcurrido por su primera transición demográfica a finales del siglo XIX.
La transición demográfica alude al proceso por el cual una población pasa de una situación de
equilibrio sostenido por altas tasas de natalidad y mortalidad, a otra con una natalidad y morta-
lidad bajas y un crecimiento de la población bajo o nulo (Pellegrino 2003).
En el siglo XIX en Uruguay, la alta natalidad coexistía con altas tasas de mortalidad. De 1881 a
1893 el porcentaje de niños menores de 10 años en el total de muertos alcanzó el 50%. La morta-
lidad infantil era normal en una sociedad donde azotaban las enfermedades infectocontagiosas,
como la difteria, el sarampión, la escarlatina y la gastroenteritis (Barrán 1992). La mortalidad en
menores de 10 años descendió drásticamente a comienzos del siglo XX (Barrán 1992; Pellegrino
2003). Las inversiones en salud pública contribuyeron a bajar la mortalidad por enfermedades
infecciosas y determinaron que el país alcanzara altos niveles de esperanza de vida al nacer desde
principios del siglo XX (Pellegrino 2003). El descenso en la cantidad de individuos infantiles en
los registros del cementerio en el siglo XX claramente refleja este hecho; el análisis pormenorizado
de los restos inhumados en los siglos XIX y XX permitiría un conocimiento más detallado de las
circunstancias de vida y muerte de infantes y niños, que suman a estudios de bioarqueología de la
infancia que están cobrando fuerza desde hace aproximadamente dos décadas (Halcrow y Tayles
2008).

5. Conclusiones
El análisis bioantropológico de los restos óseos recuperados en el derrumbe del sector de nichos
del ala E del cementerio Central implicó un conjunto de desafíos logísticos y técnicos. Los desafíos
logísticos consistieron fundamentalmente en los plazos involucrados y la necesidad de realizar los
análisis in situ, en tanto que los desafíos técnicos se debieron a la desarticulación de los conjuntos,
la variabilidad de su estado de preservación y su fragmentación en varios casos extrema. A pesar de
estos desafíos, los análisis permitieron realizar inferencias de variada naturaleza a propósito de los
restos y la población que representan.
Como se señaló repetidamente a lo largo de este trabajo, las muestras objeto de los análisis
pormenorizados son de tamaño reducido y de representatividad discutible; sin embargo, los resul-
tados obtenidos en este registro fragmentario y con las limitantes señaladas son sugestivas en lo
referente al potencial científico de estos restos para conocer las condiciones de vida de la población
de Montevideo desde la segunda mitad del siglo XIX hasta finales del siglo XX. De los restos
recuperados durante el rescate, solo cinco fueron objeto de reclamos por parte de familiares (López

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RESTOS ÓSEOS RECUPERADOS EN EL RESCATE ARQUEOLÓGICO DEL CEMENTERIO CENTRAL 29

Mazz, 2019), por lo que se enfatiza la necesidad de una coordinación estrecha con la División
Necrópolis para continuar los análisis de restos sin tener que recurrir a una situación catastrófica,
como la que motivó el presente rescate. Estos análisis, de los que hay ejemplos análogos en nuestro
continente (Suescún y Rojas-Sepúlveda 2020) pueden brindar perspectivas valiosas en múltiples
aspectos, lo que incluye salud y mortalidad en niños y adultos en una perspectiva diacrónica,
tafonomía (que puede extrapolar las conclusiones obtenidas a otros registros arqueológicos)
y estándares para identificación a través del desarrollo de métodos para estimar sexo en restos
óseos hallados en tumbas NN o casos judiciales, para lo cual al presente se emplean estándares de
otras regiones. Asimismo, es posible con los restos de individuos subadultos establecer estándares
locales para determinar edad de muerte. El establecimiento de coordinaciones continuadas entre
academia y administraciones de necrópolis permitirá el desarrollo de futuras investigaciones fruc-
tíferas de modo más planificado.

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Recibido: agosto 2021


Aprobado: noviembre 2021

e-ISSN 2304-4292
BOLETÍN DE ARQUEOLOGÍA PUCP / N.° 30 / 2021, 33-51 / e-ISSN 2304-4292

Exploración paleopatológica en los restos óseos de


inmigrantes chinos inhumados en Huaca Bellavista
a fines del siglo XIX

Gonzalo V.R. Irureta Salvatierra a y Roxana Gómez Torres b

Resumen
La llegada y establecimiento de la comunidad china en el Perú durante el siglo XIX fue un evento muy relevante dentro
de su contexto histórico, que ha impactado considerablemente en aspectos socioculturales del país hasta la actualidad.
Por ello, resulta de gran interés para el conocimiento de esta población el hallazgo de restos humanos identificados como
inmigrantes chinos inhumados en el sitio arqueológico Huaca Bellavista, antiguo predio de la hacienda Zavala, ubicado
en el distrito de Santa Anita, provincia de Lima. En ese sentido, la presente investigación abordará el estudio de esta
muestra con una orientación epidemiológica, dando énfasis a la recurrencia, grado de expresión y distribución de las
diversas alteraciones de orden patológico y traumático en el registro óseo-dental que reflejen los niveles de salud que estos
individuos habrían experimentado dentro y fuera de la hacienda Zavala, con la finalidad de tener un mayor acerca-
miento y comprensión de las condiciones predominantes de vida y muerte de esta población. Las evidencias sugieren
continuos trabajos forzados y, sobre todo, circunstancias precarias de subsistencia; corroborando y complementando de
esta manera la información documental precedente sobre el estilo de vida al que estuvieron sometidos los inmigrantes
chinos durante su labor obrera en las diversas haciendas de la costa peruana.
Palabras clave: inmigrantes chinos, Huaca Bellavista, paleopatología, estrés fisiológico, patología dental, trauma óseo,
Perú.

Abstract
PALEOPATHOLOGICAL EXPLORATION IN THE SKELETAL REMAINS OF INHUMATED CHINESE
IMMIGRANTS IN HUACA BELLAVISTA AT THE END OF THE 19th CENTURY
The arrival and establishment of the Chinese community in Peru during the 19th century was a very relevant event
within its historical context, having a considerable impact on sociocultural aspects of the country until the present. An
important source of knowledge about this foreign population is the discovery of human remains identified as Chinese im-
migrants buried in the Huaca Bellavista Archaeological Site, formerly part of the Zavala hacienda, located in the Santa
Anita district, in the province of Lima. In this sense, the present research will approach the study of this sample with an
epidemiological orientation, emphasizing the recurrence, degree of expression and distribution of various pathological
and traumatic alterations in the dental record that reflect the levels of health that these individuals would have experi-
enced inside and outside the Zavala hacienda, in order to have a better understanding of the prevailing conditions of life
and death of this population. Providing, as a result, evidence of continuous forced labor and, above all, precarious cir-
cumstances of subsistence; corroborating and complementing in this way the preceding documentary information on the
lifestyle to which Chinese immigrants were subjected during their labor in the various haciendas of the Peruvian coast.
Keywords: Chinese immigrants, Huaca Bellavista, paleopathology, physiological stress, dental pathology, skeletal trauma,
Peru.

a
[Link]
Universidad Nacional Mayor de San Marcos. [Link]@[Link]
b
Universidad Nacional Mayor de San Marcos. roxigoto@[Link]

[Link]
34 GONZALO V.R. IRURETA SALVATIERRA Y ROXANA GÓMEZ TORRES

1. La diáspora China y su arribo al Perú: una introducción


Entre los años 1839 y 1856 se efectuaron la Primera y Segunda Guerra del Opio, lo que generó
desempleo, hambrunas y epidemias entre la población china. Circunstancias que condujeron
al desplazamiento de esta población, con una mayor proporción de individuos jóvenes de sexo
masculino hacia puestos laborales en el extranjero por medio de un contrato, por lo que se trasla-
daron a países como Cuba, Estados Unidos, Perú, Sudáfrica, entre otros (Helly 1993; González-
Tennant 2011; Liu 2013).
La llegada de los inmigrantes chinos al Perú fue un acontecimiento importante del siglo XIX,
pues en esta etapa (1849-1874) arribaron un promedio 100 000 asiáticos debido a la escasez de
mano de obra originada por la abolición de la esclavitud en la población afrodescendiente, por lo
que se gestaron una serie de contratos, generalmente en el puerto de Macao, desde donde captaron
a la población de provincias interiores de China como Guandong y Fujián (Rodríguez 2000). Estos
contratos tendrían una duración promedio de ocho años, en los que se precisaba que el trabajador
chino1 debe realizar todos los trabajos que el empleador le asigne (Hudtwalcker y Pinilla 2004).
Cumplido el tiempo de contrato, los pobladores de origen chino podrían regresar a su país y
culminar así su periodo laboral en las haciendas, pero por una serie de factores que se revisarán más
adelante, parte de esta población falleció antes de terminar sus respectivos contratos. En conse-
cuencia, a mediados del siglo XIX muchos de los inmigrantes chinos fueron inhumados en las
huacas, dentro de las haciendas o en los márgenes de ellas por la imposibilidad de sepultarse en
los entornos de iglesias, como era costumbre en aquella época, debido a que no eran miembros
de la congregación católica (Chang 2017). Entonces, eligieron otros asentamientos de sepulcro
que también habrían poseído cierta significancia espiritual, en donde pudieron efectuar un ente-
rramiento acorde a las creencias religiosas de su grupo cultural, y expresaron algunas de ellas en el
tratamiento funerario, como por ejemplo la idea de que el fallecido regresaba a su lugar natal, por
ello la colocación de monedas en la boca o contratos en los bolsillos (Rodríguez 2017).
Es así como un grupo de trabajadores chinos durante finales del siglo XIX fue inhumado en la
denominada Huaca Bellavista, sitio arqueológico se ubica en la actualidad en el distrito de Santa
Anita, Lima, que presenta una extensión de 1.13 hectáreas y está conformado por un montículo
central y un área circundante con evidencia arquitectónica. De acuerdo con las investigaciones, su
ocupación principal se dio durante el Periodo Intermedio Tardío (1000-1450 d. C.), cuando el
sitio funcionó como un centro administrativo local. Posteriormente, Bellavista tuvo otras reocupa-
ciones hasta épocas actuales.
Una de las evidencias sobre las reocupaciones de la huaca es el hallazgo de los entierros de 30
inmigrantes chinos encontrados en la cima del edificio principal (Fig. 1), pertenecientes a la época
republicana, específicamente de fines del siglo XIX. Estos individuos habrían sido trabajadores de
la antigua hacienda Zavala, a cuyos predios pertenecía la huaca, y en donde se cultivaba mayo-
ritariamente algodón. Esta hacienda fue importante desde la colonia, época en la que contó con
esclavos negros (Flores-Zúñiga 2015), y que al ser abolida la esclavitud pasó a emplear mano de
obra de origen chino.

2. Materiales y métodos
2.1. Contextos funerarios chinos de Huaca Bellavista
Por lo mencionado anteriormente, se presume que los individuos de la muestra no profesarían la fe
cristina en su mayoría, por lo que fueron enterrados en la cima del montículo de este sitio arqueo-
lógico. Los 30 cuerpos fueron encontrados a diferentes profundidades con respecto a la superficie
actual, en capas de escombro acumulado desde el abandono del sitio.

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LOS INMIGRANTES CHINOS DE HUACA BELLAVISTA 35

Figura 1. Locación geopolítica y plano del sitio arqueológico Huaca Bellavista, en donde se observa la distribución de
los contextos funerarios chinos (CFC) ubicados en la cima del montículo (dibujo: R. Gómez).

Fueron identificados como restos humanos de inmigrantes chinos por presentar caracterís-
ticas que dentro de un marco general los diferenciaba ampliamente del patrón funerario de otros
entierros efectuados en la huaca. Un elemento fundamental para su identificación fueron sus
contenedores:17 individuos fueron enterrados en ataúdes de madera, pintados de color negro en
su mayoría, 11 individuos en envoltorios de telas y/o cestería, y dos individuos provenientes de
contextos secundarios disturbados (Gómez 2018). Presentaban una posición anatómica extendida
decúbito dorsal, a excepción de dos individuos hallados en posición decúbito lateral y un solo caso
en decúbito dorsal flexionado.
Su vestimenta por lo general constaba de una camisa con ojales de cuerda transversales estilo
oriental, pantalón, zapatos y sombreros. Además, poseían un ajuar funerario probablemente
vinculado a su poder adquisitivo, donde aquellos enterrados en ataúdes tenían mayor variedad
de elementos. Entre ellos se puede mencionar objetos vinculados a sus actividades laborales como
costales y alforjas, en algunos casos se encontraron monedas en los bolsillos y otros elementos
personales como pipas y cigarrillos.
Estas características en su patrón funerario se han visto reflejadas también en otros hallazgos
de entierros chinos en el Perú, como aquellos ubicados en la isla San Lorenzo, frente a las costas
del Callao (Hudtwalcker y Pinilla 2004), Huaca Mateo Salado (Espinoza et al. 2018), distrito de
Carabayllo (Sovero 2019) y sitio arqueológico Huacones en Cañete (Chang 2017, Phan et al. este
volumen), todos ellos asociados espacialmente a haciendas aledañas a los lugares de entierro; por lo
tanto, existe la posibilidad de que estos hayan sido sus centros de trabajo.

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36 GONZALO V.R. IRURETA SALVATIERRA Y ROXANA GÓMEZ TORRES

2.2. Naturaleza de la muestra: alcances y limitaciones


Durante las excavaciones, algunos entierros no pudieron ser extraídos de su matriz debido a que se
encontraban instruidos en elementos arquitectónicos de la huaca y por ello su análisis se efectuó
netamente en campo. El estado de conservación de los restos hallados es mayoritariamente semi-
momificado, debido a la presencia de tejido blando que cubre algunas áreas corporales, así como la
adherencia de sus prendas de vestir, lo que dificulta la visualización integral de los cuerpos. Por ello,
el análisis osteobiográfico se efectuó en 25 individuos que presentaban piezas óseas macroscópica-
mente observables, evaluados de forma parcial en algunos casos por el anteriormente mencionado
estado de semi-momificación. A partir de ello, se enfocó el estudio en las áreas más visibles, para
así no perturbar o deteriorar el cuerpo y elementos asociados. La cavidad bucal es la que presenta
una mayor accesibilidad. En tal sentido, el estado de salud oral es una fuente primordial de infor-
mación para los fines de esta investigación, así como los caracteres identificados en otras áreas de
los restos óseos analizados.
Por consiguiente, esta información permitirá evaluar la severidad, progresión y distribución
de la perturbación fisiológica en algunas áreas anatómicas frecuentes, y de esta manera establecer
un diagnóstico general que brinde un acercamiento al conocimiento de las condiciones de vida,
nivel de salud y grado de impedimento funcional que habría experimentado esta población. Este
estudio se enmarca en una orientación epidemiológica biocultural (Civera 2006), y cuenta con
una muestra no muy extensa pero sí suficiente para explorar aspectos de la salud de esta población
obrera, ya sea por rasgos adquiridos en su lugar de origen como también desarrollados durante su
vida en la hacienda Zavala.
De esta manera, se fija un precedente u horizonte para futuras investigaciones con herramientas
poco invasivas que permitan la preservación de estos restos humanos, pero que a su vez devele
más detalles de los mismos (radiografía, tomografía computarizada, entre otros) con la finalidad
de establecer en mayor amplitud los rasgos propios de esta colección. Por ende, se tendrá una
sólida muestra comparativa a contrastar con colecciones de otros espacios y latitudes, y se podrá
comprender mejor la heterogeneidad de esta población y los rasgos adquiridos según las labores
desempeñadas y características de su entorno. Lo cual, adicionalmente, brinda una clara muestra
sobre las consecuencias del trabajo forzoso y explotación generada por la hambruna, desempleo
e inestabilidad social, tema a veces desapercibido, pero de gran relevancia en la actualidad, y que
puede verse reflejado y tener una importante comparación con la diáspora china y las condiciones
de sus restos humanos.

2.3. El análisis osteobiográfico


Como se mencionó con anterioridad, se analizaron determinadas áreas visibles en los individuos,
cuyas cantidades totales y resultados para determinados caracteres se expondrán más adelante. Para
la estimación de edad se utilizaron principalmente las áreas diagnósticas como la sínfisis púbica
(Suchey y Brooks 1990), borde esternal (Iscan y Loth 1986), superficie auricular (Lovejoy et al.
1985), y grado de desgaste dental (Brothwell 1987: 108), lo que fue complementado también
con métodos adicionales recomendados en el compendio de Krenzer (2006). A partir de ello, se
agruparon los individuos en los tres rangos etarios identificados según las categorías empleadas
por Buikstra y Ubelaker (1994: 36) correspondientes a «adulto joven», «adulto medio» y «adulto
mayor», denominados dentro de ciertos segmentos del presente manuscrito como grupos etarios
AN, AO y AR respectivamente, que fueron analizados y contrastados para los fines de esta
investigación. Con respecto a la determinación de sexo, se emplearon los rasgos recomendados
por Buikstra y Ubelaker (1994: 16-21) a partir de los indicadores de Phenice ([1969], citado
por Buikstra y Ubelaker 1994: 16), y para la estimación de estatura fue aplicada la ecuación de
Xiang-Qing (1989).

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LOS INMIGRANTES CHINOS DE HUACA BELLAVISTA 37

Con respecto al análisis de piezas dentales, se empleó la metodología de Reid y Dean (2000)
para la aproximación de episodios cronológicos de estrés reflejado en el desarrollo dental. El grado
de resorción alveolar fue descrito a partir de los lineamentos de Brothwell (1987): 0) ausente, 1)
leve, 2) moderada y 3) severa (modificado de Brothwell, 1987: 220). El grado de caries fue descrito
según la siguiente clasificación: grado 0 = ausente, grado 1 = caries en esmalte, grado 2 = caries
en esmalte y dentina, grado 3 = caries más profundas que afectan el tejido pulpar, grado 4 = solo
existen residuos radiculares (Esponda 1994; Hillson 1996, 2001). Y además se agregaron tablas de
prevalencia que detallen la frecuencia porcentual y progresión de determinadas afecciones dentales
a partir de los lineamentos metodológicos expuestos por Waldron (2009).
En lo concerniente a las alteraciones articulares, la clasificación de grados de severidad de
osteofitosis fue la siguiente: a) el grado leve, presenta un ligero reborde osteofitico sin bordear
el contorno por completo vertebral o superficie de articulación; b) el grado moderado, posee un
reborde completo margen del cuerpo; c) el grado severo, presenta un reborde de mayor extensión
y tiende a curvarse haca el cuerpo vertebral adyacente (modificado de Estévez, 2002).

3. Resultados
3.1. Perfil biológico
La totalidad de la muestra (n=25) se compone por individuos adultos de sexo masculino (Fig. 2),
con un mayor volumen de individuos de rango etario adulto medio-AO (n=15) de entre 30 a 45
años, los cuales por lo general son enterrados en ataúdes. El segundo grupo se constituye por el
rango etario adulto joven-AN (n=6), mayormente enterrados con envoltorios textiles, y el tercer
grupo está compuesto por el rango etario adulto mayor-AR (n=4), que presenta ambos tipos de
contenedores.
Se logró determinar que la edad biológica del individuo más joven oscilaría entre 18 a 21
años, mientras que el más longevo tendría entre 45 a 55 años aproximadamente. A partir de ello,
se puede sugerir inicialmente que esta población no contaría con una esperanza de vida muy
­avanzada debido a la mayor proporción de individuos de rango AO y solo unos pocos AR con
edades biológicas no muy avanzadas, y serían los factores que probablemente habrían influido en
su relativamente corta esperanza de vida los que se observarán más adelante.
En cuanto a la estimación de estatura, solo se pudo efectuar mediciones en hueso seco en el
40% de la muestra por su estado de conservación, lo que resultó en un promedio de entre 1.53 a
1.68 metros aproximadamente.

3.2. Marcadores de estrés inespecífico


Se considera estrés a la disrupción fisiológica de la actividad metabólica u homeostasis biológica
de un organismo; por ende, es un desequilibrio del funcionamiento uniforme del ser vivo
(­Huss-Ashmore et al. 1982), ya sea por agentes patológicos, nutricionales, medioambientales,
entre otros. Se trata en algunos casos de patologías de etiología no especifica, pero cuya frecuencia
de alteraciones en los caracteres de las piezas óseo-dentales2 sería un indicativo del frágil e inestable
estado de salud de una población.
Una de las evidencias de estrés más recurrentes en la muestra estudiada es la presencia de
hipoplasias lineales del esmalte (H.L.E), que abarca el 96% de la muestra con piezas dentales
observables (n=21). Consiste por lo general en la disposición de líneas o surcos horizontales en
las coronas dentales3 (Fig. 3) como consecuencia de disturbios metabólicos sistémicos (Goodman
y Rose 1990), a causa de procesos infecciosos, cargas de estrés por factores medioambientales o
carencias nutricionales. Por lo tanto, son considerados como marcadores episódicos de eventos
de estrés fisiológico sistémico si se extienden por más de una pieza dental (Hillson y Bond 1997).

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38 GONZALO V.R. IRURETA SALVATIERRA Y ROXANA GÓMEZ TORRES

Figura 2. Distribución de la to-


talidad de individuos de CFC en
rangos de edad y tipo de contene-
dor.

Figura 3. Detalle de hipoplasias lineales de esmalte Figura 4. Detalle de periostosis en tibia derecha.
en incisivos maxilares. Individuo CFC – 22 (foto: Individuo CFC–09 (foto: G. Irureta).
G. Irureta).

En el caso de la muestra se manifiestan frecuentemente en incisivos y caninos4, que abarcan


más del 40% de la corona dental (≥ 3 líneas), y se extiende a piezas premolares e inclusive al primer
molar en algunos casos. Por ello, se estarían considerando como episodios de estrés desde los dos
años hasta los seis aproximadamente, lo que sugiere una infancia marcada por una serie de procesos
de estrés fisiológico, probablemente vinculados a una precaria salud y desnutrición.
Otras alteraciones identificadas fueron la hiperostosis porótica y criba orbitaria, correspon-
dientes a desórdenes hematopoyéticos de origen multifactorial pero generalmente vinculadas a la
anemia megaloblástica y deficiencias en la ingesta y absorción de vitamina B12 y B9 (Walker et al.
2009). Se encuentra presente en el 55% de la muestra observable (n= 20) y se manifiesta en grado
leve para ambas patologías de forma tanto activa como inactiva, lo que sugiere, probablemente,
ciertas carencias en su balance nutricional, ya sea por una dieta deficiente como también por
problemas en la absorción de nutrientes.
Además, se observó la presencia de periostosis difusa en extremidades inferiores de cuatro indi-
viduos en estado activo al momento de su deceso (Fig. 4), patología que representa un punto de
referencia para medir el estrés debido a una alimentación inadecuada, condiciones de saneamiento
deficiente, deterioro de la capacidad inmune y exposición a estreptococos y estafilococos (Larsen
2015).

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LOS INMIGRANTES CHINOS DE HUACA BELLAVISTA 39

Figura 5. Ejemplo de cálculo dental de expresión li- Figura 6. Resorción alveolar de grado moderado y
gera y media en piezas dentales maxilares, así como severo en mandíbula, con evidencia cálculo dental
un extenso absceso en la cavidad alveolar en pri- supragingival y subgingival debido a la exposición
mer molar que deja expuestos sus extremos apicales. de las raíces dentales. También se observa H.L.E ex-
Individuo CFC–10 (foto: G. Irureta). tendida desde los incisivos centrales hasta el primer
molar. Individuo CFC-03 (foto: G. Irureta).

RA Leve RA Moderada RA Severa


G.E n N P n N P n N P
AN 3 4 75 0 4 0 0 4 0
AO 0 13 0 5 13 38.4 8 13 61.5
AR 0 4 0 1 4 25 3 4 75
Total 3 21 14.2 6 21 28.5 11 21 52.3
n= número de casos; N= Población total del rango etario; P= Prevalencia (%); RA= Resorción alveolar.

Tabla 1. Cambios en la prevalencia en el grado de severidad de resorción alveolar. Nótese una temprana manifesta-
ción en individuos AN, así como un aumento progresivo de su magnitud a mayor longevidad en los grupos etarios.

3.3. Patología dental


En las cavidades bucales observables (n=21) se logró evidenciar un notable y acelerado deterioro
dental, en los que se conjugan diversos elementos cuya interacción habría ocasionado la infla-
mación, destrucción y reabsorción progresiva del hueso alveolar y pérdida de piezas dentales, los
cuales se desarrollan a continuación.
El cálculo dental correspondiente a la mineralización de la placa bacteriana se encuentra
presente en el 100% de los individuos; se observa tanto del tipo supragingival como subgingival,
con una predominancia de expresión media y considerable (Brothwell 1987: 220) en los rangos
AO y AR y se identifican solo cinco casos de expresión ligera correspondiente al rango AN. Esta
distribución sugiere una constante acumulación de cálculo dental con el paso del tiempo en los
individuos (Fig. 5), y es un factor irritante favorable para el desarrollo de la patología periodontal
a través de la evolución de los cuadros de gingivitis y periodontitis (Krenzer 2006). Estos factores
inflamatorios influirían en la manifestación de resorción alveolar en el 100% de la muestra obser-
vable, con una predominancia en grados moderado y severo en individuos AO y AR (Tabla 1),
con una reabsorción de la superficie alveolar promedio de entre 4 a 6 milímetros, lo que deja en un
estado vulnerable tanto a las raíces dentales como la cámara pulpar en los casos más severos (Fig. 6).

e-ISSN 2304-4292
40 GONZALO V.R. IRURETA SALVATIERRA Y ROXANA GÓMEZ TORRES

Figura 7. Severo proceso de desmineralización dental Figura 8. Detalle de abrasión cóncava en incisivo la-
a causa de caries de grado 3 y 4 en piezas de am- teral y canino derecho, asociado también a una colo-
bos cuadrantes maxilares. Individuo CFC-07 (foto: ración oscura en el esmalte dental de su pieza molar,
G. Irureta). compatible con la actividad constante de fumar con
pipa. Individuo CFC-21 (foto: G. Irureta).

Caries 2° Caries 3° Caries 4°


G.E n N P n N P n N P
AN 0 4 0 2 4 50 1 4 25
AO 6 13 46.1 9 13 69.2 6 13 46.1
AR 0 4 0 2 4 50 4 4 100
Total 6 21 28.5 13 21 61.9 11 21 52.3
n= número de casos; N= Población total del rango etario; P= Prevalencia (%)

Tabla 2. Cambios en la prevalencia en los grados de caries dental, evidenciando una considerable extensión y con ma-
yor incidencia en los rangos AO y AR. Observando de esta manera una muy precaria salud bucal a nivel poblacional.

La caries dental5 correspondiente al proceso de desmineralización de los tejidos dentales


(Fig. 7), a causa de la acidez generada por el metabolismo de agentes microbianos presentes en
la placa dental6, se encuentra presente en un 90.4% de la muestra, con predominancia de grados
3 y 4 y una mayor frecuencia en grupos etarios AO y AR (Tabla 2). Se encuentra tanto en super-
ficies oclusales, punto de unión cemento-esmalte, como también en la misma superficie de las
raíces debido a su prolongada exposición en dientes premolares y molares. Esta evidencia nos
indicaría que la caries fue una de las principales patologías dentales que habrían contribuido nota-
blemente al deterioro bucal de los individuos de la muestra.
Esta desmineralización habría contribuido a la exposición de la cámara pulpar del diente, lo
que permitiría el acceso de toxinas bacterianas y por consiguiente una inflamación en los tejidos
alrededor del ápice radicular que daría paso a la formación de un «absceso periapical»7, presente
en el 50% de la muestra. No obstante, debido a la constante evidencia de procesos de desmine-
ralización dental y retroceso de la superficie alveolar, su manifestación probablemente habría sido
mayor.
Este conjunto de elementos contribuyó notablemente a la pérdida de piezas dentales ante
mortem o AMTL (Ante Mortem Tooth Loss) identificado en el 78% de la muestra. En el grupo
AN solo un individuo presentaba pérdida de piezas dentales (seis molares mandibulares), en el
rango AO presentan entre 0 a 25 (con un promedio de 7.4), y en el rango AR entre 1 a 28 (con

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LOS INMIGRANTES CHINOS DE HUACA BELLAVISTA 41

Figura 9. Alteraciones óseas por posibles actividades laborales. Fig. 9a. Detalle de osteofitosis en columna vertebral
por labiación en cuerpos vertebrales dorsales y con inicios de anquilosamiento en laterales de dos vértebras contiguas
(CFC-16); Fig. 9b. Evidencia de tensión muscular de grado 2 (moderada) en inserción del músculo glúteo mayor y
abductor mayor. CFC-20 (fotos: G. Irureta).

un promedio de 16), donde las piezas molares son las que presentan mayor proporción de pérdida.
Se observa entonces, tanto en los rangos AO y AR, los más altos grados de AMTL; en general, son
los más afectados por las patologías mencionadas, lo que da cuenta de un temprano y progresivo
deterioro de la salud dental en esta población.
En cuanto al desgaste dental, se encuentra en grado leve y moderado, correspondiente a una
dieta propia de alimentos blandos. Una evidencia interesante dentro de esta sección fue la identi-
ficación de una abrasión de forma cóncava semicircular en dos individuos, que abarca el incisivo
lateral y canino izquierdo (Fig. 8). Este inusual desgaste podría estar relacionado a la actividad
constante de fumar con pipa de madera o arcilla (Kvaal y Derry 1996; Ubelaker 1996), artefacto
encontrado como material asociado en cuatro individuos de la muestra, lo que confirma entonces
esta práctica dentro de la población estudiada.

3.4. Alteraciones artrósicas y marcadores musculoesqueléticos


Debido a las características de conservación previamente mencionadas, se pudo observar las áreas
de articulación en extremidades y columna vertebral del 60% de la muestra total (n=15). Se logró
identificar la presencia de osteofitosis8 en cuerpos vertebrales dorsolumbares en grados leves o
moderados (Fig. 9a) en el 86% de la muestra, así como procesos de osificación del ligamento
posterior en apófisis espinales. Se evidencia también cinco casos (33%) con presencia de nódulos
de Schmorl9; y un solo individuo con osteoartritis degenerativa en columna vertebral y extremi-
dades inferiores, el cual es mayor de 45 años.
En cuanto a los marcadores de estrés musculoesquelético, se encuentra presente en el 100%
de los sistemas de articulación de las extremidades inferiores (Fig. 9b) y se manifiestan en grado
moderado o grado 2 (Myszka y Piontek 2012), correspondientes a las inserciones musculares del
glúteo mayor, abductor mayor y sóleo. Así, es un indicativo de patrones de actividad diaria por la
hipertrofia ósea en las entesis involucradas (Nikita 2016).
Esta evidencia sugiere una actividad constante de flexión y sobrecarga en la columna vertebral,
aunque sin una alta frecuencia de grados más severos o lesiones mayores; así como una elevada
tensión muscular en las extremidades inferiores, asociado a un constante esfuerzo físico de despla-
zamiento por, probablemente, las actividades laborales desempeñadas.

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Figura 10. Detalle de proceso infeccioso con evidencia de neoformación ósea a modo de placa, asociado al anquilosa-
miento de los huesos de la pelvis y sacralización de quinta lumbar. Individuo CFC-14 (foto: G. Irureta).

3.5. Patología infecciosa


Solo se identificaron dos casos de patologías infecciosas, ambas en estado activo al momento del
deceso de los individuos. El primer caso corresponde a un proceso infeccioso por neoformación ósea
en forma de placa y bordes irregulares sobre el tejido cortical (Fig. 10), lo cual habría ocasionado
la fusión o anquilosamiento de la pelvis en general, con sacralización de la última vértebra lumbar
y una fusión parcial de la cresta ilíaca, correspondiente a un individuo de entre 30 a 40 años. Su
etiología no está definida, pero por su estado activo y grado de severidad probablemente habría
estado relacionado a la muerte del individuo.
En el segundo caso se pudo identificar una exostosis a modo de puentes en la superficie cortical
de un sacro, el cual tendría una etiología múltiple, y entre estas opciones podría tratarse de una
posible tuberculosis gastrointestinal. No obstante, no se pudo apreciar las piezas óseas del torso
del individuo por encontrarse momificadas y con vestimenta adherida; por ello, al igual que el
anterior, su etiología aún es incierta.

3.6. Traumatismos óseos


Se puede definir traumatismo óseo como la alteración o discontinuidad en el tejido vivo causada
por una fuerza o mecanismo extrínseco al cuerpo (Lovell 1997, Buikstra 2019), ya sea de origen
intencional, accidental u ocupacional (Vega 2015: 147). A partir de ello, se logró identificar cinco
casos de individuos con lesiones traumáticas en sus piezas óseas, de las cuales tres se ubican en el
cráneo y las otras dos en la columna vertebral y huesos del pie, respectivamente. En el caso de
los traumatismos craneales, el más significativo (CFC-18) presenta una solución de continuidad
cuadrangular de 18 x 20 milímetros ubicado en la parte posterosuperior del parietal derecho y
asociado a tres fracturas radiales (Fig. 11A), la más extensa se prolonga hasta la sutura coronal. Esto
correspondería a un traumatismo peri mortem a causa de un mecanismo contundente de carga
lenta con dirección de arriba hacia abajo y de atrás hacia adelante. Esta lesión muy probablemente
habría sido un factor fundamental en el deceso del individuo, por la ausencia de regeneración ósea.
El segundo caso presenta un traumatismo ante mortem por mecanismo contundente de carga lenta
que habría impactado en el arco cigomático izquierdo y ocasionado una segmentación parcial del
mismo (Fig. 11B), lo que se evidencia en un posterior proceso de regeneración por la presencia de
callo óseo, pero que perdió el eje natural del hueso cigomático. Ambos casos, debido a su ubicación,
focalización y mecánica lesional, estarían clasificados como traumatismos directos de origen inten-
cional por episodios de violencia interpersonal (Lovell 1997; Wedel y Galloway 2014; Vega 2016).

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Figura 11. Lesiones óseas por posible violencia interpersonal. a. Traumatismo peri mortem en área posterosuperior
del cráneo, generando dos fracturas radiales de corta extensión (flechas amarillas), y una de larga extensión (flechas
verdes), lográndose extender hasta la sutura coronal y segmentando el parietal derecho. Individuo CFC-18 (foto: J.
Suárez); b. Traumatismo ante mortem en cráneo con segmentación curada del arco cigomático izquierdo. Individuo
CFC-26 (foto: G. Irureta).

El tercer caso evidencia una fractura deprimida de 5 x 6 milímetros ubicada en la parte poste-
rosuperior del parietal izquierdo, cuyo diagnóstico diferencial podría ser compatible con un trau-
matismo ante mortem curado, aunque no se descartaría un probable quiste dermoide debido a la
nula afectación de la tabla interna (Buikstra 2019: 214). Por lo tanto, podría definirse solo como un
posible traumatismo.
El cuarto caso corresponde a un traumatismo ante mortem por aplastamiento en cuerpos verte-
brales D9 al D12 curado, que habría ocasionado una osteoartritis secundaria en los cuerpos verte-
brales de las piezas afectadas. Probablemente esta lesión seria consecuencia de una impactación
excesiva en el eje axial, que terminó por comprimir la parte anterior de las vértebras y posible-
mente comprometió la postura del individuo. Por ello, correspondería a un traumatismo de origen
­ocupacional, por el exceso repentino de una fuerza compresora sobre la columna vertebral, sea
por una sobrecarga excesiva o también por una caída desde una considerable distancia (Waldron
2009).
En el quinto caso se evidencia un traumatismo ante mortem que abarca huesos tarsos y meta-
tarsianos del pie derecho, ubicado en la cara superior de los mismos. Esto genera también un
proceso osteoartrítico en las facetas articulares del segundo al cuarto metatarso, segundo y tercer
cuneiforme, y cuboides, por cuyas características y ubicación se clasificaría como un traumatismo
de origen accidental, que habría perjudicado el desplazamiento del individuo.

4. Discusión
A partir de lo identificado, se pasará a desarrollar tres puntos esenciales para ser correlacionados y
contrastados con la información histórica sobre los individuos chinos y sus centros de trabajo, y de
esta manera llegar a un mayor entendimiento sobre la vida y muerte de los mismos.

4.1. Estilo de vida


A partir de alta prevalencia de hipoplasia lineal de esmalte, cuya cantidad de defectos transversales
y distribución en diferentes piezas dentales sugieren una elevada carga de episodios de estrés de
forma constante que abarcarían gran parte de su infancia y niñez, se reflejarían los constantes y
prolongados periodos de desnutrición y precarias condiciones de vida a sufridos a temprana edad.
Esta condición se convierte en un rasgo distintivo de la presente muestra debido al elevado grado de

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manifestación que posee, el cual no se ha identificado en individuos pertenecientes a otros contextos


funerarios hallados en la huaca. Cabe resaltar que esta evidencia de procesos de estrés fisiológico a
temprana edad no solamente dejaría huella en sus piezas dentales, sino también habría generado
defectos en su desarrollo y por consiguiente una mayor fragilidad o predisposición hacia ciertas
alteraciones en su estructura ósea (Aufderheide y Rodríguez-Martin 1998; Meyer et al. 2013).
Ya en el Perú, según los datos recopilados por la historiadora Evelyn Hu-DeHart (2005: 35),
los trabajadores chinos tenían largas jornadas que empezaban a las 4:30 a. m. y continuaban hasta
el anochecer durante los siete días de la semana, y posterior a su horario de trabajo eran ence-
rrados en galpones de madera, los cuales eran cerrados desde el exterior para evitar fugas. Este
hacinamiento habría generado condiciones de vida insalubres para esta población10, lo que propi-
ciaría la a­ parición de periostosis activa expresada en tibias como indicadores de estrés poblacional
(Ortner 2003). Asimismo, se sumarían otros procesos infecciosos activos al momento del deceso
de los individuos, quienes posiblemente no habrían recibido una adecuada atención médica por
las mismas condiciones a las que estaban sometidos. Estos factores ocasionarían un frágil o precario
estado de salud poblacional, ya sea por patologías adquiridas en su centro laboral u otras que
habrían traído desde sus entornos de origen. Un ejemplo de esto último serían los parásitos identi-
ficados en la colección de la isla San Lorenzo (Hudtwalcker y Pinilla 2004), organismos endémicos
del sudeste asiático y asociados también al deceso de sus portadores.
Respecto a las actividades desempeñadas dentro de la hacienda, el historiador Humberto
Rodríguez (2000) señala una variedad de labores ejercidas por los trabajadores chinos, como la
agricultura, riego de los campos, servidumbre doméstica, entre otras actividades, las cuales habrían
dejado cierto rastro en las características de su registro óseo. En el caso de nuestra muestra obser-
vable, presentan una baja frecuencia de patologías artrósicas en grados severos para lo que se espe-
raría de una población obrera, se identifica, por lo general, osteofitosis moderada en vértebras
dorsolumbares, así como una menor proporción de nódulos de Schmorl. Estos resultados sugieren
actividades rutinarias que involucrarían una constante hiperflexión de la columna vertebral, así
como posibles traumatismos a causa de elevadas sobrecargas de peso en la espalda, que habrían
generado hernias discales en algunos individuos, y un solo caso de fractura curada por una
compresión vertebral excesiva. Además de estas alteraciones, la muestra observada no evidenció
mayores cambios artrósicos degenerativos severos en otras áreas.
No obstante, la relativamente baja frecuencia de padecimientos artrósicos de grado severo
podría vincularse en primera instancia al poco tiempo para el desarrollo de la degeneración en sus
puntos articulares debido a la mortalidad temprana en los individuos. Sin embargo, una colección
de restos humanos chinos provenientes de Sudáfrica, con un perfil biológico similar al de nuestra
muestra, mostraba una mayor proporción de afecciones artrósicas a consecuencia de sus actividades
laborales en las minas Witwatersrand (Meyer et al. 2013). Cabe mencionar también un entierro
chino hallado en el sitio arqueológico Castillo de Huarmey (Więckowski 2021), Perú, el cual
presentaba una espondilólisis multinivel en cuatro vértebras dorsolumbares, asociado también a un
evento traumático ocasionado por extenuantes actividades laborales, condición que se encuentra
presente también en la muestra de Sudáfrica, pero ausente en la nuestra.
Este contraste entre muestras y estudios de caso sugeriría, en primer lugar, un comportamiento
degenerativo y traumático vinculado a las actividades específicas que los individuos desarrollaron
según su entorno y características laborales, algo en cierta medida predecible por la respuesta del
tejido óseo hacia diferentes tipos e intensidad de estrés; por lo tanto, la idea de «trabajo forzado»
vinculada generalmente a los inmigrantes chinos, no implica necesariamente en nuestra muestra
un desgaste excesivo a nivel integral de la estructura óseo-muscular, sino más bien evocaría a las
condiciones de vida a las que estaban sometidos en la hacienda Zavala. En segundo lugar, indi-
caría que los chinos de Huaca Bellavista ejercerían actividades que comprometiesen una continua
flexión de la espalda, además de una considerable tensión en las inserciones musculares de las

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piernas, vinculado probablemente al recojo y traslado de algodón. Se evidencia solo algunos casos
de constante y elevada sobrecarga en el eje axial, lo cual podría corresponder a cierta ­diferenciación
en la distribución de mano de obra dentro de la Hacienda Zavala, en donde no todos los trabaja-
dores estaban expuestos a la misma carga laboral. Además, se podría añadir la posibilidad de ser una
consecuencia de ciertos defectos en el desarrollo a temprana edad, que a largo plazo ­ocasionarían
vulnerabilidad o predisposición a lesiones en la columna vertebral por deficiencia de calcio en la
niñez, entre otras carencias nutricionales a temprana edad (Williams et al. 2007).

4.2. Dieta y salud dental


Rodríguez (2017) señala que probablemente la dieta de los inmigrantes chinos habría sido basada
en arroz y carne, complementado en algunas ocasiones por otro tipo de alimentos. Fitz Roy Cole,
visitante de haciendas del Perú, señaló que a los culíes «les eran permitidos dos libras de arroz
descascarado por día y una libra de carne de cabra, que ellos intercambiaban a veces por Opio»
(Stewart [1951] citado por Hu-DeHart 2005).
A través de ello se puede inferir que la ingesta constante y casi exclusiva de arroz habría propor-
cionado el medio adecuado para la manifestación de caries (Linsgtrom y Borrman 1999), lo cual,
sumado a las malas condiciones de higiene, habría favorecido al desarrollo y propagación de un
alto grado de caries y cálculo dental, lo que conduce a severos niveles de gingivitis y periodontitis,
y por consiguiente un progresivo retroceso de la superficie alveolar.
Pero al ser la cavidad bucal un entorno de gran dinamismo entre diversos elementos externos e
internos (Cucina 2011), no solo se le podría atribuir el deterioro bucal a las variables antes mencio-
nadas, sino también a la práctica de fumar opio, actividad que sería recurrente en esta población.
El cónsul inglés Thomas Hutchinson tomó apuntes sobre el uso del opio, muy difundido por
los 1500 culíes del hacendado Henry Swayne11 (Hu-DeHart 2005: 36). A su vez, el antropólogo
Ernst Middendorf que en el año 1873 viajó por el Perú, anotó lo siguiente: «la mayor parte de los
chinos se quedaban solteros y en celibato forzoso a causa de sus vicios poco naturales, en donde
contribuía esencialmente la amplia extensión de la práctica nociva del opio humeante» ([1973]
citado por Hu-DeHart 2005: 41).
Esto indicaría lo extensa y difundida que era esta práctica, probablemente efectuada desde
antes de su arribo al Perú y utilizada por los hacendados con tres finalidades en particular:
a) Suministrar opio como castigo o recompensa.
b) Anular toda forma de organización colectiva.
c) Perpetuar el peonaje12.
A partir de ello, se puede decir que el opio era utilizado como un mecanismo de control social
por parte de los empleadores (Hu-DeHart 2005), y su consumo en la hacienda Zavala estaría
corroborado por los cuatro entierros con pipas asociadas. Sin embargo, estas últimas no serían el
único elemento utilizado para fumar, debido a la presencia de paquetes de cigarro y un paquete de
posible tabaco en tres de los entierros chinos.
Consecuentemente, la práctica per se de fumar con pipa no solo generaría una abrasión
cóncava en las piezas dentales, sino también habría tenido efectos adversos en la salud oral de esta
población, debido a que el humo del cigarro altera la función salival, la cual tiene un importante
papel protector contra la caries dental, que además habría propiciado un mayor grado de recesión
gingival y riesgo elevado de pérdida dental (Warnakulasuriya et al. 2010).
Por lo tanto, se puede decir que la práctica de fumar, ya sea opio o tabaco, habría contri-
buido en los procesos de deterioro dental, así como las precarias condiciones de higiene, consumo
constante de arroz y las patologías orales mencionadas, cuya interacción condujo al surgimiento
y expansión de los procesos inflamatorios y destructivos, los cuales precipitarían una temprana
AMTL de forma vertical y horizontal, condición que habría afectado en gran medida la ingesta de
alimentos y la salud en general de los individuos (Fig. 12).

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Figura 12. Detalle de reabsorción alveolar severa en mandíbula


y maxilar con AMTL de aproximadamente el 90% de piezas
mandibulares y maxilares en individuo de entre 40 a 50 años.
Individuo CFC-15 (foto: G. Irureta).

4.3. Violencia en la hacienda Zavala


Sobre casos de violencia dentro de las haciendas, existían recursos legales a favor de los culíes, por
lo que se registraron quejas por abusos, excesos y violaciones de contrato (Hu-DeHart 2005).
No obstante, era permitido dentro de las haciendas el uso de cepo, látigo y grilletes como parte de
un sistema opresivo, y era frecuente en las haciendas el maltrato físico (Rodríguez 2017).
Pero no solo existiría violencia por parte de hacendados o capataces, sino también entre los
mismos chinos por disputas de variada índole. Otro de los factores que desencadenarían actos
violentos se efectuaba cuando los culíes no tenían recursos que intercambiar para proveerse de
opio, por lo que recurrían a la violencia o actos ilícitos para conseguir este recurso, situación
presente en diferentes sitios de trabajo culí, propiciado en gran medida por el hacinamiento y
adicción hacia el opio u otros recursos consumibles (Hu-Dehart 2005; Kynoch 2005; Meyer y
Steyn 2015).
Como se observó anteriormente, existen dos casos de individuos con lesiones por presunta
violencia interpersonal; el primero y de mayor letalidad es el CFC-18, cuyo trauma en el área
posterosuperior del cráneo sería probablemente la consecuencia de un ataque personal por alguna
disputa interna. Se descarta preliminarmente un posible castigo debido a que no presenta mayores
lesiones en otras áreas del cuerpo. Además, se podría vincular este episodio de violencia con el
entierro poco convencional que posee el individuo. Este se encontraba en una posición decúbito
lateral derecho, con la parte anterior del torso parcialmente apoyado sobre el suelo y el cráneo
reposaba en su lateral izquierdo, con las piernas semiflexionadas y cubierto con algunas de sus
prendas de forma parcial. Dichas características no son propias de la configuración usual de los
enterramientos chinos, en donde se observa cierto orden en la disposición tanto del cuerpo como
de sus elementos. Esto sugiere la posibilidad de que se trate de un entierro informal de un indi-
viduo joven, probablemente recién llegado por el rango de edad que presenta, y que habría recibido
un contundente golpe en la cabeza que acabó con su vida.
En el caso del segundo individuo también se trataría de un episodio de violencia interpersonal
debido a la ubicación de la lesión, situada en el lateral izquierdo del rostro, región en donde es
común las contusiones por enfrentamientos entre individuos, área en donde habría recibido un
golpe de elevada magnitud de un elemento contundente, sea un puño o algún elemento de gran
consistencia, pero que se recuperaría posteriormente, lo que se evidencia en la formación de callo
óseo. Esta información da cuenta del complicado entorno en el que vivían los trabajadores chinos,
en donde algunas disputas personales o posibles castigos excesivos habrían ocasionado fuertes
lesiones e inclusive el deceso de un trabajador.

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LOS INMIGRANTES CHINOS DE HUACA BELLAVISTA 47

5. Conclusiones
A partir de lo analizado se puede decir que los individuos mostraban evidencia de haber vivido
un contexto de elevado estrés fisiológico a temprana edad, reflejado en la cantidad y extensión de
sus defectos hipoplásicos. Estos múltiples eventos de estrés habrían generado defectos en su desa-
rrollo y una mayor vulnerabilidad a fenómenos adversos, así como también una menor esperanza
de vida (Cook y Buikstra 1979; Williams et al. 2007). Como consecuencia de esta complicada
vida, estos individuos habrían aceptado trabajo en un lugar muy distante de su lugar de origen,
pero ­encontraron condiciones sociales similares a las de su localidad y se convirtió, en algunos
casos, en su última morada.
Una de las principales evidencias de la baja calidad de vida a la que esta población estaría
expuesta en sus centros laborales, se ve expresada en la precaria salud oral que poseían al momento
de su deceso, vinculada en gran medida a la dieta deficiente y malas condiciones de higiene. Estos
factores habrían generado el entorno adecuado para la formación de cálculo dental, propagación
de caries y procesos inflamatorios de las encías y hueso alveolar, y como consecuencia una pérdida
temprana y progresiva de piezas dentales. Esto perjudicó una correcta absorción y digestión de los
alimentos que consumían, y por ende afectó su salud en general. Además, la actividad constante
de fumar opio y/o tabaco también habría contribuido y acelerado sus procesos infecciosos orales.
Respecto a las labores que desempeñaban, se identificó estrés en la columna vertebral por la
manifestación de osteofitos marginales en grados leves y moderados, vinculados a la actividad
laboral algodonera de la antigua hacienda Zavala. A partir de ello, llama la atención la baja preva-
lencia de casos severos de nódulos de Schmorl y osteoartritis, lo que sugiere un escenario probable
de actividades diferenciadas entre algunos individuos que tendrían mayor carga laboral de esfuerzo
físico que otros. Aunque no se podría descartar la vulnerabilidad que tendrían algunos individuos
por las malas condiciones de vida a temprana edad, lo que los volvió propensos a ciertos trauma-
tismos en la columna vertebral. Este resultado podría ser ampliado a través de un estudio radio-
gráfico de la totalidad de los restos recuperados; y de esta manera conocer más sobre el desarrollo,
extensión y estadios en sus patologías artrósicas y entesopáticas presentes.
A pesar de una posible diferenciación en cuanto a la intensidad de sus actividades labores, sí
estuvieron sometidos a las mismas condiciones de vida, lo que afectaría la salud de los mismos y
los vuelve propensos a presentar procesos infecciosos, como lo muestra la evidencia de periostosis
en extremidades inferiores. A ello se sumarian los dos casos identificados de patologías infecciosas
activas al momento de su deceso que están probablemente vinculados a este hecho. Además, existe
la posibilidad de que en su arribo al Perú hubieran albergado parásitos endémicos de su zona natal,
y al no tener una buena calidad de vida y tampoco signos de asistencia médica, estos procesos
patológicos se hubiesen agudizado hasta ocasionarles la muerte. Esto es un punto de partida para
futuros estudios, en donde el buen estado de conservación de algunos individuos podría brindar
más información sobre patologías que no habrían dejado huella en su registro óseo, pero que
estarían relacionadas a la temprana mortalidad de gran parte de la muestra.
Finalmente, se logró identificar dos casos de violencia interpersonal, uno de ellos de letal
consecuencia, que sería un posible caso de asesinato entre los mismos trabajadores chinos, hecho
que además se reflejaría en las características de su inusual entierro, lo que sugiere un escenario
en donde se dio sepultura a un individuo muy joven, sin brindarle un trato adecuado como el
expresado en el patrón funerario de gran parte de los entierros y que se asemeja más a un probable
entierro informal. El segundo caso también se trataría un episodio de violencia interpersonal,
posiblemente entre los mismos trabajadores chinos. Se descarta un posible castigo por parte de los
empleadores o capataces por no presentar mayores evidencias de lesiones en piezas óseas poscra-
neales. Cabe resaltar que, según los registros históricos, tanto las disputas internas como el maltrato
laboral habrían sido frecuentes en las haciendas y centros de trabajo.

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Es así como la presente información da un acercamiento a la compleja situación de vida de esta


población extranjera y las condiciones a las que fueron expuestos durante su estadía en la hacienda
Zavala. Se extrapola, de esta manera, el complicado contexto en el que vivieron los inmigrantes
chinos en el Perú, los cuales, a través de los años y generaciones, lograron asimilarse a este nuevo
entorno y además dar un gran aporte a la multiculturalidad y pluriculturalidad del país. Por ello,
el estudio de los inmigrantes chinos de huaca Bellavista es un aporte que muestra con evidencia
material las consecuencias de las malas condiciones laborales en la salud de los trabajadores. Estas
condiciones se presentan hasta el día de hoy en diversos lugares, sobre todo en aquellos donde se
da la interacción entre empleadores y mano de obra emigrante de zonas afectadas por hambruna
e inestabilidad política. A pesar de la presencia de contratos y otros elementos que acrediten cierto
compromiso laboral entre el empleador y empleado, siguen dándose casos de una especie de «escla-
vitud oculta». Esta temática, recurrente a través del tiempo, y reflejada en la diáspora china, debe
ser abordada a través de una arqueología y/o bioarqueología diaspórica, no solo para contribuir
al conocimiento epidemiológico de esta población en su contexto histórico, sino también para
visibilizar estas prácticas negativas y así poder contrarrestarlas en la actualidad.

Notas
1
Posteriormente también denominados como coolíe, palabra de origen bengalí que significaba
«trabajador para todo uso» (Rodríguez 2000).
2
La respuesta fisiológica y adaptativa del organismo tiende a reestablecer el equilibro a través de
la modificación o alteración de algunas actividades y parámetros por el tiempo y con la intensidad
necesaria para responder al fenómeno de estrés (Goodman et al. 1980).
3
Debido a la alteración del proceso de homeostasis se da una disminución o interrupción de
la actividad de los ameloblastos, células responsables de la deposición y maduración del esmalte,
lo que se refleja en un reducido grosor del mismo o en un esmalte cualitativamente menos puro
(Goodman et al. 1980; Larsen 2015).
4
Los dientes caninos presentan mayor susceptibilidad al estrés y poseen un largo proceso de
desarrollo (Goodman y Armelagos 1985).
5
La manifestación de caries está vinculada a la interacción entre factores intrínsecos (morfo-
logía dental, microorganismos, medio ambiente bucal) y extrínsecos (cultura, estilo de vida, nivel
socioeconómico) (Cucina 2011).
6
Bacterias como el Streptococcus sp. y Lactobacillus sp. fermentan los azúcares dispersos por la
placa dental, lo que genera ácidos orgánicos que disuelven esta matriz mineral (Hillson 1996).
7
Este proceso infeccioso conllevaría a una osteítis y finalmente a la destrucción del hueso
alveolar (Cucina, 2011).
8
También denominado espondilosis, corresponde a la formación osteofitica o labiación en
los márgenes anterolaterales de los cuerpos vertebrales por la degeneración de los discos interver-
tebrales, y que en algunas ocasiones puede conducir a la fusión de las vértebras (Estévez 2002;
Krenzer 2006).
9
Inserción del disco del intervertebral en el cuerpo de las vértebras adyacentes a causa de
actividad física que involucre vigorosas flexiones e inclinaciones de la columna, cargas pesadas o
lesiones traumáticas ocasionadas al levantar peso, como también caídas desde una considerable
distancia (Estévez 2002).
10
Las enfermedades más frecuentes en la población china inmigrante fue el paludismo, enfer-
medades venéreas y la tuberculosis (Rodríguez 2017).
11
Dueño de haciendas en Nepeña y Cañete (Hu-DeHart 2005).
12
Algunos hacendados hacían prestamos al culí necesitado de opio, para endeudarlos y de esta
manera extender su servicio (Hu-DeHart 2005).

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Recibido: agosto 2021


Aprobado: noviembre 2021

e-ISSN 2304-4292
BOLETÍN DE ARQUEOLOGÍA PUCP / N.° 30 / 2021, 53-76 / e-ISSN 2304-4292

Análisis biomecánico del lanzamiento con estólica

Carlos Coros Villca a

Resumen
En los últimos años, la medicina basada en la evidencia ha generado la necesidad de cuantificar cualquier movimiento
de manera objetiva. Hoy en día, gracias al desarrollo de la electrónica e informática, se han desarrollado nuevas técnicas
sobre cómo abordar los estudios biomecánicos. Una de ellas es la fotogrametría 3D. De esta manera, el presente trabajo
tiene como objetivo evaluar el gesto técnico de lanzamiento con estólica (atlatl) mediante un análisis biomecánico a
través de la herramienta de Fotogrametría 3D y la aplicación bioinformática Ariel Performance Analysis System (APAS
2000 3D), a fin de inferir de esta forma Marcadores de Estrés Musculoesqueléticos implicados en él. Los resultados
muestran que los sitios sometidos a mayores solicitaciones son aquellos relacionados con la aceleración del hombro, y por
tanto esta articulación es la más comprometida, lo que es concordante con hallazgos similares en ciertos deportes afines y
la patología vinculada a lanzamiento. Por ello, se discrepa del término «codo de atlatl» que aún es utilizado por muchos
antropólogos y se sugiere ser más cautelosos a la hora de interpretar los patrones de actividad relacionados con este gesto
técnico.
Palabras clave: estólica, hombro, biomecánica, cinemática, fotogrametría 3D.

Abstract
BIOMECHANICAL ANALYSIS OF THE LAUNCH WITH ATLATL
In recent years, evidence-based medicine has generated the need to quantify any movement, objectively. Today, thanks to
the development of electronics and computing, new techniques have been developed, such as approaching biomechanical
studies. One of them is 3D photogrammetry. In this way, the present work aims to evaluate the technical launch gesture
with atlatl, through a biomechanical analysis using the 3D Photogrammetry tool and the bioinformatics application:
Ariel Performance Analysis System (APAS 2000 3D), in order to infer in this way Musculoskeletal Stress Markers in-
volved in it. The results show that the sites subjected to the greatest stresses are those related to shoulder acceleration, and
therefore this joint is the most compromised, which is consistent with similar findings in certain related sports and the
pathology associated with throwing. Therefore, we disagree with the term «Elbow of Atlatl» that is still used by many an-
thropologists. It is suggested to be more cautious when interpreting the activity patterns related to this technical gesture.
Keywords: estólica, shoulder, biomechanics, kinematics, 3D photogrammetry.

a
[Link]
Universidad de Valparaíso, Chile. Museo Arqueológico de Los Andes. [Link]@[Link]

[Link]
54 CARLOS COROS

1. Introducción
La estólica, conocida también como atlatl, es un arma propulsora formada por una plataforma
flexible, corta y delgada fabricada preferentemente en madera y en cuya parte superior se deposita
un dardo. Tecnológicamente, esta arma es un acelerador angular de un dardo que permite prolongar
el brazo de palanca y con ello aumentar la potencia infringida sobre él.
Sudamérica ha tenido un amplio uso de este propulsor, desde el periodo Paleoindio hasta el
Periodo Intermedio Tardío y se encuentra documentada en variados contextos arqueológicos. En
Chile central se documentan algunas estólicas encontradas en sitios como Tagua-Tagua y Quereo
(Jackson et al. 2007), mientras que en el Norte árido de Chile se han reportado como parte del
equipo de caza terrestre de la cultura Chinchorro (Arriaza y Standen 2016). Las evidencias directas
más antiguas de su uso en el Norte Grande se encuentran en el sitio de Tambillo (Nuñez 1983),
consistente en posibles ganchos de hueso que la remontaría a lo menos al 8.000 A. P, como se ha
visto también en el sitio de Cuchipuy (Kaltwasser et al. 1986) y Caverna Piuquenes (Stehberg y
Blanco 2002) de Chile central.
Rivera y Zlatar, sobre la base de la morfología de las estólicas encontradas en el Norte, han
propuesto una caracterización de ellas en siete tipos: a) Planiformes, b) Planiformes con acana-
ladura en el cuerpo, c) En forma de vara, d) En forma de bastón, e) Vara con empuñadura, f)
Planiforme con empuñadura, g) Vara con cruceta en el asa, lo que refleja una gran variedad de
diseños en este artefacto (Rivera y Zlatar 1982).
Para algunos, esta arma es considerada como la expresión suprema de nuestra capacidad de
lanzar un proyectil, ya que nos dotó de una ventaja sobre los demás depredadores y nos convirtió
en el mayor depredador, puesto que las estólicas mejoran significativamente la habilidad de lanzar
(Howard 1974). Su utilización requiere una técnica, habilidad y destreza, principalmente con las
extremidades superiores, comparable a la desarrollada hoy en algunos deportes.
El lanzamiento, desde una perspectiva evolutiva, representa la última función del hombro
humano, ya que esta habilidad ha evolucionado desde épocas tempranas y ha sido fundamental
para el desarrollo de la subsistencia del hombre. En el lanzamiento hay un delicado equilibrio
entre la movilidad y la estabilidad del hombro, ya que esta articulación debe ser suficientemente
laxa para permitir alcanzar posiciones extremas de rotación a fin de poder imprimir velocidad a un
objeto, pero, al mismo tiempo, debe permanecer estable para que la cabeza humeral se mantenga
dentro de la cavidad glenoidea y así tener un punto de apoyo para la rotación; esto se denomina la
«paradoja del lanzador». Por ello, se debe tener presente que el lanzamiento preciso y de alta velo-
cidad es una habilidad exclusiva de los humanos y es lo más probable que a lo largo de la evolución
proporcionó una ventaja adaptativa en nuestros antepasados, ya sea en el contexto de la caza o
protección contra los depredadores. Por tanto, este gesto técnico de lanzamiento pudo ejercer una
presión evolutiva en la anatomía humana al dotarla de adaptaciones que pueden hoy en día hacer
dificultoso determinar marcadores de estrés óseo.
En cuanto a la patología observada en los lanzamientos, se ha descrito lesiones del hombro
relacionadas con microdesgarros a consecuencia de la gran actividad muscular desarrollada durante
las fases iniciales de preparación y las fases finales de desaceleración (Escamilla y Andrews 2009),
debido a que los movimientos excéntricos —negativos— son extremadamente castigadores y
porque las combinaciones de ejercicios excéntricos con movimientos balísticos fuerzan al músculo
a llegar hasta su máxima posición de estiramiento a través de la resistencia negativa. Es por ello que
resultan muy peligrosos los deportes asociados a lanzamientos «por sobre la cabeza», como son:
lanzamiento de jabalina, sóftbol, béisbol o voleibol.
Se ha descrito además que los deportistas de lanzamiento son proclives a lesiones del hombro,
tanto a nivel de los elementos articulares estabilizadores dinámicos como el labrum y la cápsula
articular, como también la musculatura del manguito rotador, los músculos escapulotorácicos y

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ANÁLISIS BIOMECÁNICO DEL LANZAMIENTO CON ESTÓLICA 55

la porción larga del tendón del bíceps brachii, como consecuencia de las altas fuerzas impuestas a
este durante el movimiento de lanzamiento. Si bien un solo episodio traumático puede causar una
lesión, son más frecuentes las lesiones por sumatoria de microtraumatismos repetitivos.
Al parecer, el movimiento de lanzar y tener que controlar su terminación es uno de los más
dañinos. Por eso, en la literatura estadounidense a aquellos atletas que realizan el gesto técnico de
lanzar se les denomina overhead atlete, y por ello en ergonomía a todo trabajo que se realiza por
sobre los 90° se le adjudica un puntaje más alto de riesgo (Jouvencel 2006).
Es de destacar que las causas más frecuentes de lesiones se producen tanto en las fases iniciales
como en las fases finales; se describen microdesgarros en las fases de desaceleración, pero las
tendinitis de los músculos del manguito rotador (supraespinatus, subescapularis) destacan como
patologías más comunes, ya que los músculos internos del manguito rotador actúan concéntri-
camente durante la fase de aceleración del lanzamiento y los músculos externos del manguito
rotador actúan excéntricamente durante la fase de desaceleración. Como los músculos externos
del manguito rotador tienen la doble tarea de desacelerar el brazo y, al mismo tiempo, mantener
la estabilización dinámica de la articulación glenohumeral, la disfunción muscular por patrones de
activación diferidos pueden provocar lesiones del hombro, que llegan incluso a generar una artrosis
(Noffal 2003).
A su vez, la región posterosuperior de la cavidad glenoidea también se puede ver afectada
por fuerzas de cizallamiento, las que contribuyen a causar lesiones como desgaste del labrum y
desgarros del lado articular del manguito rotador que comprometen la unión de los tendones del
supraespinatum y el infraespinatum. Junto a lo anterior, se ha observado que la fatiga de los músculos
subescapularis, latissimus dorsi, teres major y pectoralis major, que forman parte de la pared anterior
de la articulación glenohumeral, pueden favorecer un aumento de la traslación glenohumeral,
lo que podría desencadenar el llamado «Fenómeno de Interferencia Interna» con la subsecuente
lesión crónica del manguito rotador (Andrews y Dugas 2001). Se ha documentado además que el
desplazamiento del centro de rotación glenohumeral puede provocar cuadros patológicos similares
a aquellos asociados a microinestabilidad con lesiones concomitantes a muchas de las estructuras
circundantes (Kuhn et al. 2003; Fitzpatrick et al. 2005). Se agrega que, al comenzar la desace-
leración, se produce una intensa contracción del bíceps brachii con el fin de absorber la energía
cinética sobrante, lo cual puede ocasionar un desgarro de la inserción de la porción larga como a
nivel del labrum (Snyder et al. 1990; Burkhart y Morgan 1998). Cabe agregar a lo anterior que la
mayoría de los lanzadores desarrollan en la región posterosuperior desgarros del lado articular del
manguito rotador, en la unión de las inserciones tendinosas del infraespinatum y el supraespinatum
(Miniaci et al. 2002; Burkhart et al. 2003). También se ha descrito desgarro de las fibras superiores
del tendón del subescapularis, que puede causar desestabilización sutil del tendón bicipital en la
parte proximal del surco, lo que provoca síntomas mecánicos como chasquido o bloqueo de la
articulación (Braun et al. 2009).
También se ha descrito la lesión de Bankart o despegamiento del Ligamento Glenohumeral
Inferior (LGHI) de la escápula, provocada por la tensión de la cápsula anterior del hombro, la
cual puede producir un arrancamiento del rodete glenoideo anterior (Burkhart y Morgan 1998;
Burkhart et al 2003). Otro trastorno biomecánico asociado al lanzamiento que se ha reportado es
el «Choque subacromial» o «Choque de salida o Choque externo», el cual se debe a la compresión
del manguito rotador entre el arco acromio-coracoideo y la cabeza humeral con una pérdida de la
rotación interna (Tibone et al. 1994; Braun et al. 2009). Investigaciones han indicado que la causa
más probable del choque interno es la fatiga de los músculos de la cintura escapular secundaria al
lanzamiento excesivo. Otras comunicaciones señalan que, durante la fase de aceleración del lanza-
miento, el húmero debe estar alineado con el plano de la escápula, de lo contrario el húmero es
arrastrado fuera del plano escapular a medida que los músculos de la cintura escapular se fatigan.

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56 CARLOS COROS

Esto se ha denominado hiperangulación o abertura y puede tensionar la cara anterior de la cápsula


(Braun et al. 2009).
En cuanto a la articulación de codo, se ha reportado que esta región está sometida a enormes
tensiones en valgo durante el gesto técnico de lanzamiento, lo cual predispone a un riesgo consi-
derable de lesiones que afectan principalmente a las estructuras del codo medial. Una de ellas, y
quizá la más conspicua, es la lesión a nivel del Ligamento Ulnar Colateral (LUC), el cual es esencial
para la estabilidad en valgo del codo y juega un papel importante en la mayoría de los deportes de
lanzamiento.
Un estudio en lanzadores de béisbol demostró una asociación significativa entre la velocidad
y dicha lesión (Bushnell et al. 2010). En la fase de aceleración de un lanzamiento el antebrazo se
queda detrás de la parte superior del brazo y genera tensión en valgo, mientras que el codo depende
principalmente de la banda anterior del LUC para su estabilidad; en esta fase de aceleración, la
tensión en valgo puede exceder en forma significativa, lo que da origen a la epicondilitis medial
y ocasionalmente a microdesgarros musculares o ruptura aguda (Chen et al. 2001; Grana et al.
2007). Junto a lo anterior, se ha observado en los jugadores de béisbol que la laxitud medial del
codo y el valgus del codo se encuentra aumentado en el miembro con que se lanza (Sasaki 2002).
Se sabe que los patrones de movimiento están asociados a cadenas cinéticas secuenciales, las
cuales comienzan con la movilización del segmento más proximal hasta el más distal, conocido
como Principio de la coordinación de impulsos parciales. Así, la orientación relativa de la cadena
cinética al comienzo de la fase de lanzamiento determina la efectividad de la transmisión de
energía, de manera que al imprimir una gran energía inicial (Principio de la fuerza inicial) todas
las partes del cuerpo empleadas como agentes de aceleración llegan a su máxima velocidad en el
mismo momento (Principio del recorrido óptimo de la aceleración). De esta forma, los vectores
de velocidad de los centros de gravedad de todas las partes de la cadena cinética señalan la misma
dirección en ese momento.
En síntesis, son tres los factores que determinan la eficiencia de este modelo de cadena c­ inética:
a) La participación de los segmentos en una secuencia temporal, donde se requiere de una
secuencia temporal segmentaria para la transferencia del impulso angular desde el segmento más
proximal hasta el más distal.
b) La posición que adoptan los segmentos en el espacio, ya que cuando un segmento incre-
menta su distancia con respecto al eje de giro también se incrementa la posibilidad de aumentar
su velocidad tangencial.
c) Los momentos de contracción muscular, puesto que la musculatura se ve favorecida como
consecuencia del preestiramiento muscular debido al retroceso de los segmentos más distales al
acelerarse los más proximales.
Por todo lo anterior, un análisis biomecánico de la ejecución de lanzamiento con estólica
permitirá aportar evidencia del comportamiento de los segmentos de la extremidad superior, su
musculatura y articulaciones, de tal manera que permita inferir, a partir de dicho análisis, probables
marcadores de estrés óseo (MOE), principalmente marcadores músculos esqueléticos (MEM). De
esta forma, los parámetros biomecánicos de cinemática rotatoria como el desplazamiento angular,
la velocidad angular y aceleración en las articulaciones permiten visualizar aquellas articulaciones
que están expuestas a mayores solicitaciones e inferir, mediante una correlación con datos biome-
cánicos y electromiográficos, la musculatura implicada en dicha solicitación y por tanto compro-
metidas en el gesto técnico.
Lo anterior se traduce en evidencia fundamental a la hora de hacer interpretaciones de MEM
en colecciones óseas prehispánicas. Se entiende como MEM a cambios producidos en los sitios
de inserción de músculos y ligamentos en el hueso producto de una remodelación ósea debido a
las múltiples solicitaciones a las que está expuesto durante una determinada y habitual actividad
(Hawkey y Merbs 1995; Munson 1997; Churchill y Morris 1998; Hawkey 1998; Peterson y

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ANÁLISIS BIOMECÁNICO DEL LANZAMIENTO CON ESTÓLICA 57

Bronzino 1998; Steen y Lane 1998; Weiss 2003; Al-Oumaoui et al. 2004; Eshed et al. 2004;
Molnar 2006). Debe tenerse presente que el uso de los MEM para los análisis de los patrones
de actividad se realiza bajo la presunción de que el grado y el tipo de marcador está relacionado
directamente con la cantidad y la duración de la tensión soportada habitualmente sobre un
músculo específico (Hawkey 1998). Sin embargo, existen otros factores como el sexo, la edad,
niveles hormonales y factores genéticos que pueden afectar el tamaño y la morfología de los MEM
(Wilczak 1998; López-Bueis 1999; Estévez 2000; Niño 2005; Rodríguez y Mendoca 2005).
En los últimos años, las ciencias bioantropológicas han generado la necesidad de analizar en
forma más precisa cualquier tipo de evidencia que permita reconstruir los estilos de vida del pasado;
hoy en día, gracias al desarrollo de la electrónica e informática, se han desarrollado nuevas técnicas
para abordar estudios biomecánicos de gestos técnicos del pasado. Una de estas técnicas es la foto-
grametría métrica, definida por la Sociedad Americana de Fotogrametría como el arte, ciencia y
tecnología de obtener información confiable acerca de los objetos físicos y del medio ambiente a
partir de procesos de grabación, medición e interpretación de imágenes fotográficas y patrones de
registro de energía electromagnética radiante (Wolf 1983). Esta se basa en el empleo de mediciones
precisas, desde fotografías y otros sistemas, para localizar puntos o marcadores específicos. La inter-
pretativa usa el análisis sistemático para reconocer e identificar objetos. Los sistemas automatizados
de análisis de movimiento emplean ambos sistemas para el reconocimiento y seguimiento de los
marcadores, así como también su reconstrucción tridimensional (Allard et al. 1995). Así, mediante
este conjunto de técnicas de análisis es posible obtener información fiable sobre posturas, dimen-
siones y actitudes de un individuo.
Actualmente, una serie de programas bioinformáticos se han implementado para el análisis
y proceso de digitalización de las imágenes, entre los que figuran: Vicon Workstation® 4.1,
Kinescan-IBV® 8.3, Equilvar® 1.0 y APAS® 2010 3D (Ariel Performance Analysis System). Este último
es el propuesto para este trabajo debido a su mayor precisión y fiabilidad.
De esta forma, el propósito de trabajo consiste en describir los patrones de cinética y cine-
mática utilizados durante el lanzamiento con estólica a través de un análisis cinemático mediante
la fotogrametría, a fin de encontrar evidencia que permita relacionar el acto técnico de lanzamiento
con estólica con MOE.

2. Materiales y métodos
Este estudio fue dividido en tres etapas: la primera de ellas estuvo orientada a la confección
de las réplicas de los propulsores (estólica) y dardos. Durante la segunda etapa se procedió a la
captación de imágenes del gesto técnico y relevamiento de los datos. Finalmente, una tercera etapa
fue destinada para el análisis e interpretación de los datos. La técnica instrumental utilizada fue
la Fotogrametría 3D, para lo cual se utilizaron dos cámaras de 16 milímetros de alta velocidad
modelo Panasonic® AG-HMC150 Professional 3-CCD HD AVCCAM Camcorder, que permite
grabaciones en alta definición de hasta 21 Mbps y velocidad de 120 fotogramas por segundo (fps)
en un formato AVCHD. Al considerar las altas velocidades alcanzadas en los puntos anatómicos
correspondientes al miembro superior, y la corta duración del lanzamiento, se decidió utilizar una
frecuencia de filmación de 120 fotogramas por segundo.
Finalmente, se analizaron los parámetros biomecánicos de cinemática rotatoria, como despla-
zamiento angular, medidos en radianes; la velocidad angular, medida en radián por segundo; y
aceleración angular, medida en radianes por segundo al cuadrado, de los segmentos del miembro
superior marcados (cadera, hombro, codo, muñeca, y mano) y del extremo distal del propulsor.

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58 CARLOS COROS

Figura 1. Réplica de estolica y dardos (fuente: Carlos Coros).

Figura 2. Disposición de las cámaras (fuente: Carlos Coros).

2.1. Réplicas
Las réplicas de estólica (ocho en total) y dardos fueron confeccionadas en madera nativa a partir
de una pieza arqueológica procedente de la costa norte de Chile, de 58 centímetros de longitud y
85 gramos de peso, mientras que los dardos se elaboraron de diferentes longitudes (80, 100 y 160
centímetros) de acuerdo con datos etnohistóricos (Fig. 1).

2.2. Participantes
Un total de ocho jóvenes estudiantes universitarios, cuyas edades fluctuaban entre los 18 y 25
años, constituían los participantes, todos ellos masculinos y deportistas amateurs (dos lanzadores
de jabalina, un lanzador de bala, tres jugadores de voleibol y dos jugadores de tenis). Los cuales en
forma previa recibieron una inducción del uso de la estólica por un par de semanas a fin de lograr
una familiarización con el dispositivo y su gesto técnico.

2.3. Procedimiento
Ambas cámaras fueron fijadas sobre trípodes a una distancia de cinco metros de la zona de ejecución
del gesto: una cámara orientada sagitalmente al gesto técnico y otra cámara localizada en un
plano posterior (Fig. 2). Estas cámaras fueron calibradas con un punto de referencia, para lo cual

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ANÁLISIS BIOMECÁNICO DEL LANZAMIENTO CON ESTÓLICA 59

Figura 3. Cubo de calibración para los marcadores (fuente: Carlos Coros).

Figura 4. Ubicación de los marcadores utilizados en el análisis (dibujo: Carlos Coros).

se confeccionó un cubo de calibración de PVC (Policloruro de Vinilo) de 2 por 2 metros, con un


punto fijo en el suelo como punto de referencia para el programa APAS (Fig. 3). Ambas cámaras
no se movieron hasta finalizar toda la filmación.
Antes de iniciar los lanzamientos se procedió a vestir a los jóvenes lanzadores con ropa de color
negro a fin de contrastar los marcadores esféricos, los cuales fueron confeccionados con polies-
tireno expandido, dispuestos según un modelo preestablecido por De Leva (1996) en los siguientes
puntos anatómicos: cadera, hombro, codo, muñeca, mano y extremo distal de la estólica (Fig. 4).
Posteriormente, se retiró el cubo de calibración para dejar así marcada la zona para la ejecución
del gesto técnico. Estos se realizaron en cuatro sets de filmación, cada uno con dos series de 12
lanzamientos. Cabe destacar que la captura de imágenes se realizó en dos fechas: año 2009, con
cuatro lanzadores y que dio origen a una tesis de pregrado (Coros 2009) y en el año 2011, donde
se incorporaron cuatro lanzadores.
Las imágenes obtenidas tras la filmación fueron previamente pasadas de formato AVCHD
a Mpeg, y de este a Avi NTSC. A continuación, en el Laboratorio de Biomecánica de la
Escuela de Kinesiología de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) se realizó

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60 CARLOS COROS

el ­procesamiento de las imágenes, el cual consistió en la visualización de las secuencias previamente


grabadas y en la elección de aquellos lanzamientos mejores ejecutados técnicamente. Luego se llevó
a cabo el proceso de digitalización, el cual se realizó de forma manual, fotograma a fotograma y
luego a­ utomáticamente por medio de la aplicación del software APAS (Ariel Performance Analysis
System), versión APAS 2010 (v13.1.0.5).
Por medio de la misma aplicación se calcularon las coordenadas 3D que definen los vértices del
sistema de referencia, y para ello se utilizó el algoritmo de optimización conocido con el nombre
de Transformación Lineal Directa (DLT por sus siglas en inglés). Una vez obtenidas las imágenes
digitalizadas se emplearon funciones splines de orden 5, como técnica de suavizado y de filtrado.
Finalmente, fueron analizados parámetros biomecánicos como el desplazamiento angular, la
velocidad angular y aceleración angular de los diversos segmentos que conforman el miembro
superior, como de la estólica.

3. Resultados
Resulta interesante observar que, si bien existe un patrón común en este gesto técnico, también
se pudo apreciar que a pesar de haber trabajado con solo ocho jóvenes (varones) cada lanzador
tiene sus propias características de lanzamiento, al desarrollar su propio modelo del gesto técnico.
Dicha variabilidad en las acciones técnicas también ha sido observada en deportistas profesionales
(López y Navarro 2006), situación que debe estar vinculada en parte al carácter que cada individuo
posee como a vicios posturales generados en el desarrollo de otras disciplinas. De esta forma, el
análisis arrojó una gráfica de la trayectoria de los marcadores (Fig. 5) cuyos parámetros cinemáticos
de desplazamiento angular, velocidad angular y aceleración angular permitió distinguir, describir,
analizar y evaluar los movimientos que desarrolla la extremidad superior durante dicho gesto
técnico. De esta forma, se observó que se distinguen tres etapas en la cinemática del lanzamiento,
cada una con las siguientes fases (Fig. 6) y tiempos (Tabla 1).

3.1. I Etapa: posición inicial


Esta etapa, que se inicia desde que comienza el lanzamiento propiamente como tal, se ha descom-
puesto en tres fases. Esta etapa tiene una duración media de 0.97 segundos, con un desplazamiento
angular mínimo en hombro y codo.
Fase 1 (F1): preparación inicial (cocking inicial). Empieza esta fase en el tiempo cero y se
prolonga hasta los 0.20 segundos, el lanzador mantiene una posición inicial caracterizada por
conservar el cuerpo en un momento de estabilidad (fase tónica) con el centro de gravedad en equi-
librio, sin variación en la velocidad y aceleración. En el instante en que el lanzador inicia el gesto
técnico el brazo entra en abducción en valores de alrededor de 60° y flexión horizontal, en forma
simultánea la abducción continúa hasta alcanzar unos 90°, mientras que el brazo se desplaza hacia
la extensión horizontal con el codo en flexión en 90°.
Fase 2 (F2): preparación final (cocking final). Esta fase comienza como promedio a los 0.20
segundos y se extiende hasta unos 0.83 segundos, por lo que abarca un tiempo de 0.64 segundos.
Aquí la velocidad aumenta en forma suave y gradual hasta los 0.43 segundos y alcanza, en este
punto, los 97 grados por segundo, tanto en la articulación de hombro como de codo, con una
leve aceleración en codo. En este punto el brazo alcanza una abducción de 90°, momento en
que se activan los rotadores externos, la extensión horizontal alcanza su rango máximo y el codo
continúa en flexión de 90°. En forma simultánea se estabiliza en forma isotónica el hombro y la
escápula, la cual, por acción del pars superior del trapecius, bascula a fin de proyectar la glenoides
hacia arriba; por su parte, los flexores de mano comienzan su contracción isométrica en posición
intermedia.

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Figura 5. Trayectoria de los marcadores durante el gesto técnico (fuente: Carlos Coros).

Figura 6. Distintas etapas del gesto técnico, con sus fases y tiempo (fuente: Carlos Coros).

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Tiempo promedio Tiempo promedio


Etapas Fases σ σ
en cada etapa en cada fase
1 0.20 0.02
Posición inicial 2 0.96 0.03 0.64 0.04
3 0.12 0.02
4 0.14 0.03
Aceleración 0.31 0.03
5 0.17 0.04
6 0.13 0.03
Desaceleración 0.33 0.02
7 0.2 0.03
Tiempo total 1.60 0.03 1.60 0.03
Tabla 1. Tiempos promedio de cada etapa y fase del gesto técnico (fuente: Carlos Coros).

Fase 3 (F3). Esta fase comienza alrededor de los 0.83 segundos, donde la velocidad empieza a
disminuir al igual que la aceleración, hasta llegar a los 0.96 segundos, lo que da paso a la siguiente
etapa de aceleración. Durante esta fase, que dura 0.12 segundos, el brazo alcanza la máxima
rotación externa y de contracción isotónica concéntrica, momento en que la velocidad se detiene y
pasa a isotónica excéntrica, en extensión horizontal, de tal forma que el manguito de los rotadores
se coloca en rotación posterior y los músculos infraespinatus y teres minor actúan como frenos.
En esta situación, los elementos estabilizadores del hombro tienen que luchar contra una sublu-
xación anterior de la cabeza humeral y la compresión de la porción posterosuperior del rodete por
el manguito de los rotadores. Para evitarlo, la escápula bascula por acción del músculo serratus,
que la fija a la pared torácica. Además, la acción del infraespinatus, teres minor y el subescapularis
controla la subluxación anterior de la cabeza humeral. En esta fase, el codo se ha mantenido en
flexión en 90° por contracción isométrica del biceps brachii y elongación estabilizadora del triceps
brachii, por lo que acumula una gran cantidad de energía cinética. La mano continúa acomodada
en posición intermedia y activa al máximo los músculos flexores profundos y superficiales, en
especial los interóseos y los de la eminencia tenar, los cuales se contraen en forma isométrica a fin
de proporcionar una buena prensión palmar a la estólica, para luego relajarse y mantenerse en una
contracción excéntrica.

3.2. II Etapa Aceleración


Esta etapa se ha descompuesto en dos fases (F4 y F5) y tiene un tiempo medio de duración de
0.31 segundos (Figs. 7 y 8; Tablas 3 y 4). En ella se observa un mayor desplazamiento angular, el
cual es más acentuado a nivel de codo (Tabla 2), y la aceleración alcanza sus niveles máximos de
36.094.418 grados por segundos cuadrados en el hombro, de 39.840.582 grados por segundos
cuadrados en el codo, para finalmente, expulsar el dardo con una aceleración angular de 43.534.629
grados por segundos cuadrados.
Fase 4 (F4). Esta etapa comienza a los 0.96 segundos, la cual se caracteriza porque se imprime
una gran velocidad a un objeto tan liviano como lo son los dardos (40 a 60 grados); por tanto, es
la parte más explosiva del lanzamiento. En esta primera fase de la aceleración, que se extiende hasta
los 1.10 segundos, el desplazamiento angular comienza en el hombro, donde el brazo parte desde
una rotación externa máxima, para luego acelerar mediante el desarrollo de una rápida rotación
interna de 100° en menos de 0.05 segundos (Fig. 8). Se logra así aumentar en forma exponencial
la velocidad alcanzada en el tiempo 1.10 segundos, de los 1015 a los 1562 grados por segundos.

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Figura 7. Gráfico de la velocidad angular en etapas y fases (fuente: Carlos Coros).

Figura 8. Gráfico de la aceleración angular en etapas y fases (fuente: Carlos Coros).

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Tiempo Tronco - brazo Brazo-antebrazo Antebrazo-mano Mano-estólica


Etapas Fases [seg] [cm] [cm] [cm] [cm]
0.000 337.175 67.462 141.974 92.971
0.033 336.212 68.282 144.155 92.172
0.067 336.100 68.880 140.917 95.152
F1
0.100 336.293 69.096 139.669 96.129
0.133 336.797 68.397 142.567 93.632
0.167 337.580 67.779 142.581 94.042
0.200 338.449 67.554 138.588 98.025
0.234 339.092 67.008 139.019 97.377
0.267 340.451 64.600 139.573 98.077
0.300 341.667 63.202 142.392 95.387
0.334 343.667 61.076 144.534 93.332
0.367 346.264 58.450 142.772 95.063
0.400 348.894 56.573 138.997 98.651
0.434 351.518 54.382 139.036 98.620
Posición
inicial 0.467 355.214 50.386 140.406 97.962
F2 0.501 360.877 43.390 140.774 99.060
0.534 366.497 36.745 144.651 95.751
0.567 372.349 30.924 142.928 97.091
0.601 378.473 24.249 143.321 97.534
0.634 383.068 18.915 142.808 99.998
0.667 387.956 13.654 143.888 100.897
0.701 393.362 8.290 142.417 103.248
0.734 399.578 3.011 138.627 105.687
0.767 407.699 -4.302 136.021 106.068
0.801 418.824 -15.256 130.586 110.803
0.834 432.256 -31.069 130.287 109.443
0.868 447.155 -49.656 143.251 88.123
F3
0.901 459.202 -63.763 174.656 46.771
0.934 465.147 -73.856 184.408 32.106
0.968 461.645 -80.524 195.346 20.394
1.001 457.467 -88.852 202.382 6.168
F4
1.034 453.834 -101.064 198.805 8.265
1.068 452.255 -114.798 194.083 19.288
Aceleración 1.101 468.929 -149.624 183.506 38.708
1.134 504.816 -202.172 172.028 69.242
F5 1.168 519.441 -221.781 144.833 104.419
1.201 530.206 -222.267 129.218 124.558
1.235 552.021 -227.508 116.289 147.134
1.268 575.044 -208.918 157.081 98.694
1.301 588.080 -191.140 151.243 112.100
F6
1.335 595.912 -186.506 166.306 149.072
1.368 608.671 -188.839 170.867 155.615
Desaceleración
1.401 632.325 -192.142 156.375 165.183
1.435 647.273 -186.371 171.124 137.645
F7
1.468 655.247 -187.063 162.481 135.596
1.502 661.423 -183.721 126.751 156.613

Tabla 2. Desplazamiento angular

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Tiempo Tronco-brazo Brazo-antebrazo Antebrazo-mano Mano-estólica


Etapas Fases [seg] [cm] [cm] [cm] [cm]
0.000 -34.436 25.978 108.641 -55.069
0.033 -16.520 21.641 -24.189 40.332
0.067 3.529 15.006 -105.905 89.154
F1
0.100 9.881 -8.447 44.349 -41.268
0.133 19.632 -24.517 77.282 -61.417
0.167 27.287 -12.253 -92.289 10.047
0.200 19.659 -1.828 -64.420 52.560
0.234 30.239 -50.109 28.296 -9.079
0.267 39.209 -62.233 42.656 -15.504
0.300 44.443 -44.030 99.123 -101.742
0.334 72.161 -78.742 9.996 -7.009
0.367 80.273 -68.044 -108.525 104.111
0.400 76.800 -54.227 -68.751 63.862
0.434 85.986 -81.946 46.819 -38.836
Posición
inicial 0.467 144.593 -171.304 7.114 30.433
F2 0.501 177.453 -221.338 84.436 -46.505
0.534 165.807 -176.252 36.807 -42.402
0.567 186.548 -189.571 -40.844 40.788
0.601 162.045 -186.104 6.430 40.228
0.634 133.394 -150.518 6.281 57.852
0.667 155.351 -162.651 15.972 33.797
0.701 170.850 -154.410 -103.299 97.227
0.734 207.126 -177.546 -83.081 15.989
0.767 288.477 -266.175 -131.929 83.965
0.801 369.590 -399.330 -117.305 111.598
0.834 439.839 -546.340 104.138 -244.202
0.868 419.221 -505.579 835.867 -1156.279
F3
0.901 300.973 -364.807 605.592 -847.407
0.934 8.220 -226.799 239.972 -276.072
0.968 -142.622 -204.842 332.263 -455.975
1.001 -113.076 -319.021 32.357 -228.212
F4
1.034 -109.349 -360.294 -131.362 241.661
1.068 96.416 -595.163 -290.408 487.179
Aceleración 1.101 1047.052 -1,595.238 -158.596 612.854
1.134 723.721 -1,115.622 -919.162 1393.217
F5 1.168 286.913 -169.777 -529.550 642.610
1.201 435.091 -27.334 -433.422 649.793
1.235 826.367 -66.270 -300.725 474.119
1.268 507.981 869.235 1521.107 -1870.416
1.301 283.955 248.052 -144.240 1238.691
F6
1.335 237.929 82.565 550.204 386.504
1.368 610.943 -231.127 -231.556 260.623
Desaceleración
1.401 623.009 147.835 -366.378 60.690
1.435 310.800 70.191 979.359 -1339.183
F7
1.468 204.830 -14.323 -1469.538 1087.032
1.502 148.188 209.795 -474.651 78.787

Tabla 3. Velocidad angular (fuente: Carlos Coros).

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Tiempo Tronco-brazo Brazo-antebrazo Antebrazo-mano Mano-estólica


Etapas Fases [seg] [cm] [cm] [cm] [cm]
0.000 -62.242 10.941 130.133 -85.233
0.033 1157.860 -269.046 -8164.427 5853.940
0.067 28.733 -123.485 3296.972 -2941.127
F1
0.100 353.993 -1280.657 5686.667 -4866.344
0.133 230.310 338.685 -3671.673 3583.531
0.167 232.623 376.561 -6537.255 6188.512
0.200 -697.735 278.066 8312.310 -9210.259
0.234 1346.035 -3196.239 -2847.792 5624.594
0.267 -812.633 2558.143 3978.516 -6373.602
0.300 1120.015 -1457.877 -900.764 1510.886
0.334 532.353 -626.844 -4299.435 4034.016
0.367 -41.772 1282.710 -3110.503 2924.841
0.400 -145.626 -470.648 5669.218 -5516.278
0.434 852.641 -1355.390 1348.866 -725.307
Posicion
inicial 0.467 2428.012 -3762.647 -3777.401 4913.614
F2 0.501 -667.041 999.744 8641.095 -9778.798
0.534 467.242 1149.976 -11256.210 9841.875
0.567 754.404 -1912.948 6630.531 -4906.634
0.601 -2571.072 2494.957 -3824.717 4896.030
0.634 1029.027 -548.116 4039.001 -4062.279
0.667 270.360 -152.024 -3542.548 2673.773
0.701 651.897 650.290 -3425.096 912.023
0.734 1629.431 -2149.679 3946.594 -5026.148
0.767 3193.751 -3095.327 -6761.677 8975.340
0.801 1632.800 -4682.326 7151.602 -7081.803
0.834 2392.293 -4322.043 7954.510 -16242.438
0.868 -3630.442 6795.672 36038.605 -37213.895
F3
0.901 -3954.162 2299.454 -37792.637 42755.035
0.934 -12134.212 4398.584 10518.394 -2666.143
0.968 1464.740 -1372.543 -4472.034 -8304.536
1.001 488.512 -5768.433 -14425.028 22602.393
F4
1.034 -390.508 3675.851 7353.550 2338.387
1.068 14.583 -20368.156 -16941.369 13872.945
Aceleración 1.101 36094.418 -34490.137 16260.146 2213.343
1.134 -27560.146 39830.582 -39319.125 19243.752
F5 1.168 -2908.309 19158.373 9457.240 -9552.800
1.201 11230.816 -10722.813 1452.952 8590.965
1.235 1668.139 32293.348 17851.256 -43534.629
1.268 -8465.166 -18922.172 -289288.781 312796.281
1.301 -6366.968 -12772.724 61257.996 19432.389
F6
1.335 3333.341 -3427.445 -22379.236 -48891.285
1.368 17838.932 -4663.067 -22190.469 9807.900
Desaceleración
1.401 -13717.971 11812.408 32797.051 -39902.555
1.435 -6821.065 -10935.425 -30654.502 38351.949
F7
1.468 -38.840 6629.128 -36753.711 27293.184
1.502 -3138.040 5659.093 39243.406 -30252.760
Tabla 4. Aceleración angular

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Figura 9. Inserción de los principales músculos implicados en la aceleración del hombro (fuente: Carlos Coros).

De esta forma, la aceleración llega en el hombro a valores por sobre los 36.094 grados por segundos
cuadrados, para luego comenzar a caer hasta los 117 segundos (Fig. 7).
En esta fase intervienen los músculos latissimus dorsi y el subescapularis, este último actúa como
eje del hombro en rotación interna y es el que controla el centraje de la cabeza humeral en la
glenoides. El hombro en forma simultánea desarrolla un movimiento de flexión horizontal, mientras
que el codo aumenta algunos grados de flexión, a fin de producir una elongación del triceps brachii,
lo que permite, de esta forma, acelerar el hombro. Por tanto, son los músculos rotadores internos del
hombro los principales agonistas de esta acción, que se contraen en forma isotónica concéntrica y
liberan la mayor cantidad de energía cinética hasta que comienza la extensión del codo.
Fase 5 (F5). Esta fase comienza a los 1.10 segundos, momento en que el hombro alcanza
su máxima velocidad y el codo en forma coordinada comienza su aceleración, que se prolonga
hasta los 1.27 segundos. Durante esta fase, que transcurre en 0.17 segundos, la energía cinética
del hombro es traspasada en forma coordinada al codo, el cual se acelera hasta los 39.831 grados
por segundos cuadrados, mediante una contracción violenta isotónica concéntrica del músculo
agonista tríceps brachii, lo que logra, de esta forma, la máxima extensión de la extremidad superior
y libera el dardo. Al liberarse este, el hombro está en una posición de 90° a 100° de abducción, en
flexión anterior. A los 1.23 segundos se incorpora en forma coordinada la mano, la cual se acelera
y ejerce un movimiento balístico de aducción máxima; a los 1.27 segundos alcanza la velocidad
de 1418 grados por segundos cuadrados, para finalmente desarrollar una velocidad final de 1521
grados por segundos cuadrados.

3.3. III Etapa: desaceleración


Esta última etapa se ha descompuesto en dos fases (F6 y F7) y tiene un tiempo total de duración
de 0.33 segundos (Fig. 9; Tablas 3 y 4). Se observa en esta que el desplazamiento angular, tanto a
nivel de hombro como en codo, es más estable; no así la aceleración, donde el primer frenado cae
a valores de 3333.341 grados por segundos cuadrados en el hombro y de 3427.445 grados por
segundos cuadrados en el codo (Tabla 1), lo que visualiza el esfuerzo al que están sometidos los
músculos estabilizadores.
Fase 6: (F6). Si bien esta fase se ha ubicado en el tiempo 1.27 segundos, esta comienza mucho
antes con el hombro, en el mismo momento en que el codo acelera, cuando han transcurrido solo
unos 0.067 segundos. Aquí el hombro desciende bruscamente su velocidad de 508 grados por

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segundos a 230 grados por segundos, la que luego aumenta hasta los 623 grados por segundos y
nuevamente desciende hasta los 148 grados por segundos, ello a fin de amortiguar el frenado. Al
despegarse el dardo de la estólica a su máxima velocidad, comienza un proceso de desaceleración
del brazo que disipa el exceso de energía cinética que no se transfiere al dardo. El hombro continúa
su rotación interna hasta llegar a 0°, mientras el codo mantiene su extensión. La mano, por su
parte, se relaja para luego contraerse a fin de no soltar la estólica. En este proceso de desaceleración
del brazo, los músculos se relajan y se contraen excéntricamente a fin de amortiguar y disminuir
la fuerza de inercia, lo que minimiza el riesgo de lesiones (Fig. 8), ya que en esta fase existe una gran
vulnerabilidad de lesión del teres minor por su emplazamiento excéntrico, como también del biceps
brachii por su gran actividad, al ser el encargado principal de la absorción de la energía cinética.
Fase 7 (F7). Esta última fase contempla los últimos momentos de seguimiento con relajación
muscular hasta que se detiene el movimiento, la velocidad cae fuertemente, sobre todo en los
segmentos dístales, mediante la acción de frenado. El centro de masa desciende lo más cerca del
suelo y musculatura en general, principalmente la del tronco, se contrae a fin de mantener el
equilibrio y mantener una postura que le permita seguir visualmente la trayectoria del dardo, y los
músculos de la mano se contraen en forma isométrica a fin de poder iniciar un nuevo lanzamiento.
En concreto, se puede sintetizar dicho gesto técnico en tres etapas que comprenden siete fases
(Fig. 5), donde los parámetros temporales permiten observar que el tiempo total que demanda este
gesto técnico tiene una duración de unos 1.6 segundos (Tabla 1; Fig. 6); la mayor parte de este
tiempo es ocupado en la primera etapa de posición inicial. En cuanto a la etapa siguiente de acele-
ración, esta se desarrolla en 0.31 segundos, de los cuales 0.14 los desarrolla el hombro y 0.17 el
codo; en esta última articulación se produce un movimiento de tipo balístico debido a que toda la
energía acumulada por los músculos rotadores externos y contracción de los internos del hombro
durante la primera etapa es liberada y traspasada a dicha articulación con la secuencial activación
isométrica del tríceps bracchi, por lo que consigue así una mayor aceleración, favorecida además por
un mayor frenado del hombro en el instante de despegue del codo.

4. Discusión
Se observa que el uso de estólica requiere de cierta complejidad, vale decir, de técnica, habilidad y
destreza de las extremidades superiores, donde los tres principios que determinan la eficiencia de
esta cadena cinética, señalados más arriba, se cumplen cabalmente, lo que demuestra la comple-
jidad de dicho gesto técnico, el cual tiene como objetivo obtener una alta velocidad final del
segmento más distal.
Además, se observa que la velocidad de lanzamiento depende de la calidad de la transmisión de
la energía cinética del cuerpo a la extremidad superior y de esta a la estólica, donde destaca que la
velocidad de lanzamiento mantiene un alto índice de correlación con la distancia de lanzamiento.
Al respecto, se observa que el incremento de la velocidad angular está determinado fundamen-
talmente por la transferencia de energía cinética desde los segmentos más largos y proximales
(tronco), a los más pequeños y dístales (brazo, antebrazo, mano).
Este estudio muestra adicionalmente que la velocidad máxima alcanzada por el hombro, por
un lado, y la velocidad máxima lograda por el codo en el instante siguiente, por otro lado, esta-
blecen diferencias significativas. Si bien la velocidad del hombro es menor que la alcanzada por el
codo, esta requiere mayor tiempo en obtenerla, y por ello la aceleración es mucho mayor que en el
resto de las articulaciones comprometidas. Lo anterior se debe a que es a nivel del hombro se aplica
la mayor cantidad de fuerza que permite que la estólica adquiera un elevado momento angular
(que relaciona el radio, la masa y la velocidad angular), la cual se incrementa en la medida que la
fuerza es transferida desde esta articulación hacia la estólica.

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Por su parte, tanto a nivel de codo como de muñeca se encontraron diferencias en la velocidad
y aceleración del segmento distal, independiente de la variación en el segmento proximal. Sin
embargo, dichas diferencias cinemáticas no son las responsables del aumento de la velocidad lineal.
Por tanto, es la fase de aceleración aquella que demanda la mayor fuerza inicial, la cual es
generada a partir de los músculos de hombro, principalmente por los rotadores internos: pectoralis
major, subescapularis, latissimus dorsi y teres major, los cuales transmiten dicha energía al resto de la
extremidad superior en forma coordinada y seriada.
En concreto, se observa que el principio biomecánico que más caracteriza a este gesto técnico
es el «principio de la coordinación de impulsos parciales», ya que la orientación relativa de la
cadena cinética al comienzo de la fase de lanzamiento determina la efectividad de la transmisión
de energía. Ya que, al imprimir una gran energía inicial en todas las partes del cuerpo empleadas
como agentes de aceleración estas llegan a su máxima velocidad en el mismo momento. Así, los
vectores de velocidad de los centros de gravedad de todas las partes de la cadena cinética señalan la
misma dirección en ese momento.
Desde el punto de vista dinámico, el patrón de movimiento empleado en el lanzamiento con
estólica es similar al utilizado en otros gestos técnicos de proyección de objetos (lanzamiento de
la jabalina, saque del tenis, lanzamiento en beisbol), descrito como «movimientos por encima del
hombro» (Nordin y Frankel 2004), cuya principal característica es el hecho de que los segmentos
corporales actúan de forma secuencial para conseguir la máxima velocidad del segmento más distal
del sistema en los instantes de la proyección del objeto.
Si bien este gesto de lanzamiento con estólica muestra una característica cinemática bien
particular, existen otros gestos técnicos asociados al deporte donde se cumplen los mismos prin-
cipios biomecánicos y con fases similares a lo observado en este estudio, con los cuales se ha
relacionado y encontrado ciertas semejanzas, estos son: el lanzamiento de jabalina, el saque en
el tenis, ­lanzamiento de la pelota en el béisbol y el remate en el voleibol (Baccarani y Simonini
1968; Bramhall et al. 1994; Campos et al. 1999, 2000, 2008; Chen et al. 2001; Coudreuse y
Parier 2003; García-Tormo et al. 2006; López y Navarro 2006; Masamura et al. 2007; Plawinki
2008; González et al. 2009; Rojano y Berral 2009; Bonnefoy-Mazure et al. 2010; Maki 2013).
De esta forma, a partir de estudios electromiográficos efectuados a estas actividades deportivas
se puede inferir la musculatura involucrada en este gesto técnico. Estos muestran que, a nivel
de hombro, los músculos pectoralis major y subescapularis, asistidos por el latissimus dorsi y teres
major, son los motores principales (agonistas) de la rotación interna, donde el fascículo esternal
del pectoralis major es el principal motor de la rotación interna, en conjunto con el subescapularis
(Jobe et al. 1983, 1984; Gowan et al 1987; Bradley y Tibone 1991; Hintermeister et al. 1998;
Illyés y Kiss 2005; Miralles y Miralles 2005; Minning et al 2007). Además, electromiográficamente
este último músculo presenta una alta actividad, tanto en la fase de cocking como en la fase de
desaceleración del brazo (Escamilla y Andrews 2009). Por lo tanto, pectoralis major y subescapularis
son los principales responsables de generar fuerza y de imprimir la demanda de esfuerzo en su
punto de inserción humeral, más si se considera además que el subescapularis tiene una importante
participación tanto para la estabilidad anterior y posterior del hombro, puesto que junto al infra-
espinatus y teres minor ayudan durante el desarrollo de la abducción a la coaptación de la cabeza
humeral, y se oponen a una fuerza resultante de la contracción del deltoideus que tiende a luxar
la cabeza humeral hacia arriba (Miralles y Miralles 2005). Junto a lo anterior, se ha observado la
participación de los músculos deltoideus y principalmente supraespinatus en la estabilización del
hombro durante el lanzamiento, lo que evita, de esta manera, la luxación anterior de la cabeza
humeral y empuja la cabeza humeral hacia la glenoide (Nordin y Frankel 2004), como también
eleva y coloca el húmero en todas las fases. De igual forma, el biceps brachii cumple un papel en la
elevación del hombro, pero solo en la fase temprana, y funciona como un estabilizador dinámico

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70 CARLOS COROS

del hombro, que deprime la cabeza humeral a fin de evitar lesiones, principalmente en la etapa de
desaceleración durante un lanzamiento (Landin et al. 2008).
Por su parte, la abducción humeral, uno de los primeros movimientos que ejerce la extremidad
superior durante el lanzamiento, se desencadena por la participación de los músculos supraspi-
natus, trapezius (medio) y deltoideus (pars medio), que se activa antes del inicio del movimiento,
donde el supraespinatus es el motor principal de este grupo de sinergistas, mientras que los anta-
gonistas pectoralis minor y pectoralis major son los responsables de la aducción (Myers et al. 2005;
Wickham et al. 2010). Asociado a lo anterior, a nivel de antebrazo se observa que compensa con
pronación y supinación.
En general, los músculos deltoideus, supraespinatus, infraespinatus, teres minor y subescapularis se
muestran activos durante toda la abducción, así como en la flexión, dos movimientos que durante
el lanzamiento se ejecutan a fin de colocar y estabilizar el hombro en tal posición para que se desa-
rrolle la rotación externa (Miralles y Miralles 2005; Myers et al. 2005).
Otros estudios electromiográficos asociados a lanzamientos han demostrado que la rotación
externa se desarrolla a partir de los músculos teres minor e infraespinatus, donde el infraespinatus es
el músculo más activo en todas las posiciones de aducción. Por su parte, su oponente estabilizador,
que es el subescapularis, limita la rotación externa excesiva del húmero y se contrae excéntricamente
para aliviar la solicitación sobre la parte anterior de hombro (Tibone et al. 1994; Hintermeister
et al. 1998, Nordin y Frankel 2004; Miralles y Miralles 2005). A pesar de actuar juntos estos dos
músculos al rotar el húmero externamente, se ha observado en jugadores de voleibol que en la fase
de aceleración estos se comportan de forma independiente; así, la electromiografía demuestra que
la actividad del músculo teres minor en dicha fase se mantiene alta, mientras que la actividad del
infraespinatus disminuye (Rokito et al. 1998). Además, se ha reportado que el infraespinatus está
activo en el secuestro y la flexión, mientras que el músculo supraespinatus, en la extensión, actúa
como antagonista en dicha acción (Saha 1971; Gaur et al 2007). Además, se ha reconocido la
importancia de la estabilización de la escápula y la glenoide, pues se muestra la participación activa
del serratus anterior en la fase final del cocking, lo que proporciona una plataforma estable para el
movimiento humeral (Nordin y Frankel 2004).
Durante la fase de aceleración a nivel del codo, es el tríceps brachii el músculo que velozmente
se contrae en forma coordinada y su eficacia varía según el grado de flexión de codo (Miralles y
Miralles 2005; Kapandji 2006), como también su grado de elongación; así, a pesar de encontrarse
flexionado en 90° en el momento de su activación, este se contrae bruscamente debido a que en
dicho instante este músculo es previamente alongado. Se ha observado que un pequeño músculo
llamado ancóneo es sinergista del triceps brachii, que participa en esta fase como estabilizador del
codo (Pauly et al. 1967; Nordin y Frankel 2004). Cabe agregar, que se ha observado que si bien
los músculos triceps brachii, ancóneo y cubital anterior se activan en forma conjunta durante la
extensión, es el triceps brachii el que tiene la mayor capacidad de trabajo (Nordin y Frankel 2004).
Por otra parte, el bíceps brachii, en conjunto con el brachialis y el supinator, provocan una fuerte
contracción excéntrica que causa solicitaciones, principalmente a nivel de la inserción radial, a fin
de detener el impulso de inercia, como también la porción larga de este músculo puede provocar
desgaste de la cara superior del labrum debido a la tensión y rotación a que es expuesto en una
rotación externa extrema. Junto a lo anterior se debe tener en cuenta que cuando los músculos acti-
vados son estirados enérgicamente se puede almacenar energía cinética y/o potencial gravitatorio
en los componentes elásticos, lo que efectúa ejercicios negativos o excéntricos (Astrand y Rodahl
1997). En movimientos rápidos (balísticos), como el observado en este gesto técnico, por lo menos
un arranque de actividad en el agonista produce impulso y energía cinética en el segmento y luego
se relaja a medida que la extremidad procede por su propio impulso. Por el principio de inhibición
recíproca, el antagonista se relaja totalmente, excepto quizás al final de un movimiento o cuando
el movimiento es detenido por los límites de la articulación o una fuerza extrema. Estos eventos

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fisiológicos se reportan cuando se ejecuta el gesto de lanzar un objeto, donde la coordinación juega
un papel crucial, ya que en forma seriada se deben estirar los músculos agonistas en forma sucesiva.
De esta forma, a partir de una tensión en condiciones lo más isométricas (o incluso excéntricas) se
puede desarrollar un impulso. Esto se logra cuando se moviliza un segmento proximal por delante
del segmento distal de modo que el agonista desarrolla tensión muscular mientras este se estira o
permanece con la misma longitud durante el mayor tiempo posible.
Se observa, entonces, que en este gesto técnico no solo se requiere de una gran movilidad arti-
cular, sino que además se precisa realizar movimientos repetitivos de carácter discontinuo y balís-
ticos para generar una gran tensión muscular a fin de transmitir velocidad de propulsión, de aquí
la necesidad de conseguir el mayor grado de rotación externa en abducción y pasar en el mínimo
tiempo posible, a modo de latigazo, a una rotación interna con aducción. Ello se logra al obligar a
los músculos rotadores internos del hombro a generar una violenta contracción, se infiere por tanto
que en dicho momento una serie de solicitaciones se deben desarrollar en su punto de inserción.
Por otra parte, los músculos rotadores externos realizan un trabajo de carácter excéntrico de desace-
leración para frenar y modular el brazo en el transcurso de esta rotación interna y aducción, lo que
también se traduce en solicitaciones repetitivas que pueden provocar lesiones óseas.
Por todo lo anterior, de desarrollarse MOE, en la extremidad superior estos estarían en estrecha
relación con los músculos rotadores internos, músculos implicados en la aceleración del hombro
(pectoralis major, subescapularis, latissimus dorsi y teres major) (Fig 9), y junto a ellos las inserciones
de los ligamentos estabilizadores y la musculatura implicada en la estabilización y frenado durante
la fase de desaceleración. Lo que lleva a discrepar de lo sugerido por J. Lawrence Ángel, de que la
osteoartritis de codo que caracteriza el «codo de atlatl» se relacione con el lanzamiento con estólica
(Ángel 1966).
Con relación a hallazgos de patología degenerativa en colecciones bioantropológicas asociadas al
uso de estólica, Donald Ortner visualizó la no correlación entre el «codo de atlatl» y la o­ steoartritis
al comparar los hallazgos esqueletales de dos muestras; una peruana y otra de esquimales; argu-
mentó que, a pesar de la elevada osteoartritis presente en esquimales, no es un argumento para
señalar que es causada específicamente por el uso de la estólica (Ortner 1968). Pickering, por su
parte, observó patrones de enfermedad degenerativa (artritis de codo) en poblaciones esqueletales
prehistóricas procedentes de Illinois sin encontrar una clara diferencia entre el uso de la estólica
y el arco u otros marcadores atribuibles a las armas (Pickering 1984). Una de las personas que
más interés ha mostrado por el desarrollo de la osteoartritis en América del Norte ha sido Patricia
Bridges, quien analizó una población esqueletal del noroeste de Alabama, donde esperó encontrar
mayores signos de artritis en codo y el hombro como también una marcada diferenciación sexual;
sin embargo, no encontró patrones claros y se vio obligada a concluir que «en dicha región, los
cambios en la tecnología de la caza parecen haber tenido un impacto mínimo en el físico». Observa
además que el «codo de atlatl» fue ligeramente más frecuente en mujeres e igualmente común en
ambos periodos, por lo que «es imposible atribuir el codo atlatl a una actividad específica» y «no
hay una buena conexión entre él y la osteoartritis de codo» (Bridges 1990).
En Chile, la cultura a la cual se ha asociado el uso recurrente de estólica es la Chinchorro; al
respecto, Arriaza solo señala que «los chinchorros sufrieron también de osteoartitis en los hombros,
codos y rodillas» sin que se asocie a la patología degenerativa al uso de estólica (Arriaza 2003).
Ya han pasado más de 50 años en que J. Lawrence Ángel, un influyente antropólogo físico,
pionero en paleopatología, al intentar inferir el comportamiento de los individuos de los restos
funerarios de Tranquillity, California, interpretó los signos de tensión en el codo como resultado
del uso prolongado de la estólica y acuñó de esta forma el término «codo de atlatl» a la presencia
de cambios degenerativos en esta articulación (Ángel, 1966), término con que se define hasta la
fecha cualquier hallazgo de patología degenerativa a nivel de codo. Sin embargo, de acuerdo a los
presentes hallazgos biomecánicos, como a la alta frecuencia de lesiones de hombro reportadas en

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72 CARLOS COROS

atletas, se observa que es la articulación de hombro aquella mayormente comprometida durante


este gesto técnico. Ello se debe a que se imprimen nivel de esta articulación las principales soli-
citaciones para generar la cadena cinética en los músculos rotadores internos y las estructuras de
estabilización de dicha articulación y no así en el codo, como se ha reportado. Por lo anterior, se
discrepa que la osteoartritis de codo sea un signo inherente a la estólica y que se relacione estrecha-
mente con el lanzamiento.
Finalmente, no se debe olvidar y considerar que en algún momento de la historia evolutiva los
homínidos desarrollaron la capacidad de lanzar proyectiles con gran velocidad y precisión, que les
confirió un gran beneficio selectivo, característica única de los seres humanos que derivó en varias
adaptaciones anatómicas que permitieron el almacenamiento y liberación de la energía elástica a
nivel del hombro para una mayor capacidad de lanzamiento. Es debido a dicha adaptación que se
hace más difícil identificar MEO en un gesto técnico de lanzamiento.

5. Conclusiones
a) Si bien existen ciertos patrones comunes de movimiento en dicho gesto técnico, cada lanzador
tiene su propio modelo del gesto técnico.
b) El análisis cinemático-biomecánico permitió descomponer este gesto técnico en tres etapas,
cada una con las siguientes fases. Posición inicial: cocking inicial (F1), cocking final (F2 y F3),
aceleración (F4 y F5) y desaceleración (F6 y F7).
c) En el gesto técnico se cumplen varios principios biomecánicos, como el «principio de la coor-
dinación de impulsos parciales», el «principio de la fuerza inicial», y el «principio del recorrido
óptimo de la aceleración», lo que avala su eficacia como lanzamiento.
d) El gesto técnico presenta diferencias significativas en el hombro y el codo con respecto a los
tiempos alcanzados en adquirir la velocidad máxima; si bien la velocidad del hombro es menor
que la alcanzada por el codo, esta requiere mayor tiempo en obtenerla y por ello la aceleración
es mucho mayor que en el resto de las articulaciones comprometidas.
e) El gesto técnico demanda una fuerza inicial a nivel del hombro que se genera a partir de los
músculos rotadores internos de este, los cuales transmiten dicha energía al resto del brazo en
forma coordinada y seriada.
f) Se infiere que los sitios sometidos a mayores solicitaciones son aquellos relacionados con la
aceleración del hombro, específicamente en la inserción humeral de los músculos los rota-
dores internos, como también a nivel de la inserción radial del músculo biceps brachii, el cual
participa al contraerse excéntricamente durante la desaceleración.
g) El gesto técnico guarda estrecha similitud con otros gestos deportivos de lanzamiento.
h) Se estima que las lesiones que puede desarrollar un lanzador de estólica son similares a las
descritas actualmente en deportistas de lanzamiento, con un alto compromiso del hombro.
i) Se concluye que, de desarrollarse MOE, estos guardarían estrecha relación con los músculos
rotadores internos, músculos implicados en la aceleración del hombro (pectoralis major, subesca-
pularis, latissimus dorsi y teres major) y junto a ellos las inserciones de los ligamentos estabiliza-
dores y la musculatura implicada en la estabilización y frenado durante la fase de desaceleración.
j) Se discrepa que la osteoartritis de codo que caracteriza el «codo de atlatl» se relacione con el
lanzamiento con estólica.

Agradecimientos
Quiero expresar mis agradecimientos a quienes por su respaldo, confianza y cariño permitieron la
realización de este trabajo: a mi esposa Marion Barria, a Oscar Achiardi klgo, biomecánico de la
PUCV; Oscar Aguilera, camarógrafo; Pamela Maldonado, diseñadora; y a los jóvenes ­estudiantes:

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Eduardo Donoso, Francisco Calderón, José Grimblat, Juan Aravena, Felipe Vivar, Erick Villanueva,
Jorge Peralta, Christian Ramírez, y en especial Donald Jackson (QEPD), quien siempre me instó
a publicar este trabajo.

Referencias
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Recibido: agosto 2021


Aprobado: noviembre 2021

e-ISSN 2304-4292
BOLETÍN DE ARQUEOLOGÍA PUCP / N.° 30 / 2021, 77-92 / e-ISSN 2304-4292

Diferencias sexuales en la violencia desde la


perspectiva de la psicología evolutiva: análisis de datos
bioarqueológicos de sociedades andinas precoloniales*

Felipe Pinto dos Santos a y Danilo Vicensotto Bernardo b

Resumen
Motivado por una mirada evolutiva para comprender los orígenes y circunstancias de la práctica de la violencia física,
este estudio analiza datos cuantitativos sobre traumatismos craneoencefálicos en individuos adultos, masculinos y fe-
meninos, de poblaciones andinas precoloniales, y discute sus resultados desde la perspectiva de la psicología evolutiva;
en particular, para explicar el comportamiento violento entre los individuos masculinos. Los resultados apuntan a una
mayor prevalencia de varones en la práctica de la violencia y revelan aspectos del fenómeno que pueden ser estudiados
en el futuro, como las circunstancias diferenciales de ocurrencia de traumatismos relacionados con el sexo en poblaciones
anteriores.
Palabras clave: agresión, comportamiento, evolución humana, trauma, violencia física.

Abstract
SEXUAL DIFFERENCES IN VIOLENCE FROM THE PERSPECTIVE OF EVOLUTIONARY
PSYCHOLOGY: ANALYSIS OF BIOARCHAEOLOGICAL DATA FROM PRE-COLONIAL ANDEAN
SOCIETIES
Motivated by an evolutionary look to understand the origins and circumstances of the practice of physical violence, this
study analyzes quantitative data on head injuries in adult individuals, male and female, from pre-colonial Andean
populations and discusses its results from the perspective of Evolutionary Psychology, particularly, to explain violent
behaviour among males. The results point to a higher prevalence of males in the practice of violence and reveal aspects
of the phenomenon that can be studied in the future, such as the differential circumstances of the occurrence of trauma
related to gender in past populations.
Keywords: aggression, behaviour, human evolution, trauma, physical violence.

*
Traducido del portugués por Felipe Pinto dos Santos.
a
Universidad Federal de Pelotas, Programa de Posgrado en Antropología, Laboratorio de Estudios de
Antropología, Biología, Bioarqueología y Evolución Humana (LEAB-FURG). srfps7@[Link]
b
[Link]
Universidad Federal de Rio Grande (FURG), Laboratorio de Estudios de Antropología, Biología,
Bioarqueología y Evolución Humana (LEAB-FURG)

[Link]
78 FELIPE PINTO DOS SANTOS Y DANILO VICENSOTTO BERNARDO

1. Introducción: un enfoque evolutivo de la violencia


La violencia es un fenómeno muy variado, presenta ejemplos psicológicos, políticos y físicos, así
como dimensiones interpersonales y colectivas. Desde un punto de vista evolutivo, la violencia
humana se basa en comportamientos agresivos y su variación puede explicarse a partir de dos
tipos generales de agresión: proactiva y reactiva (Weinshenker y Siegel 2002; McEllistrem 2004;
Babcock et al. 2014). La agresión proactiva implica un ataque planeado intencionalmente con
una recompensa externa o interna como objetivo, los ejemplos incluyen asesinato premeditado,
venganza, guerras y emboscadas (Wrangham 2017: 246). La agresión reactiva es una respuesta
a una amenaza o evento frustrante con el único objetivo de eliminar un estímulo provocador.
Siempre se asocia con ira y reacciones descontroladas, los ejemplos incluyen peleas de bar, crímenes
pasionales o incluso autodefensa por abuso doméstico (Wrangham 2017: 246). Esta distinción
también se denomina modelo bimodal de agresión y plantea la posibilidad de que la agresión
proactiva y reactiva tengan diferentes caminos evolutivos (Wrangham 2017).
Específicamente sobre la violencia proactiva, existen algunas propuestas evolutivas para explicar
su origen y continuidad (Glowacki et al. 2017). Las propuestas teóricas se basan en gran medida en
modelos adaptativos y ecológicos (Glowacki et al. 2017). En este sentido, la violencia se entiende
como un producto de la selección natural que funciona como una estrategia que favorece al agresor
o agresores en términos de éxito reproductivo, prestigio y recursos (Gómez et al. 2016: 233). Esta
percepción adaptativa de la conducta violenta se preocupa por explicar sus causas últimas; es decir,
por qué y cómo los humanos tenemos esta capacidad y qué circunstancias permitieron el desarrollo
de esta práctica (Van Vugt 2012: 2).
Para explicar las circunstancias generales que generan y hacen posible la violencia, se proponen
algunas hipótesis evolutivas (Glowacki et al. 2017). Una es la psicología adaptada a la guerra, que
propone que la larga historia humana de agresión intergrupal ha generado presiones evolutivas que
seleccionaron mecanismos psicológicos que favorecen el comportamiento grupal agresivo contra
grupos extranjeros, lo que genera comportamientos sociales como el altruismo parroquial y la xeno-
fobia (v.g. Tooby y Cosmides 1988; Choi y Bowles 2007; McDonald et al. 2012; Van Vugt 2012).
El enfoque de la psicología evolutiva, al considerar el comportamiento violento, presenta expli-
caciones para las diferencias de sexo del fenómeno y sus implicaciones para la caracterización de
la violencia colectiva (v.g. McDonald et al. 2012; Van Vugt 2012; Buss y Duntley 2014). Las
circunstancias de violencia colectiva a menudo ejercen presiones diferentes entre los sexos, lo que
también, dentro de una trayectoria evolutiva, afectó de manera diferente a la psicología masculina
y femenina (McDonald et al. 2012; Van Vugt 2012). En particular, los individuos humanos y otros
primates machos tienden a ser más agresivos, tanto individual como colectivamente (Wrangham
1999, 2021). Se defienden algunas propuestas ecológicas evolutivas para explicar el surgimiento de
esta asimetría en el comportamiento violento hacia el sexo y se centran en dos procesos interrela-
cionados: la inversión parental y la selección sexual (Toob y Cosmides 1988; Buss y Duntley 2014;
Luoto y Varella 2021). Ambos procesos involucran diferentes estrategias reproductivas entre los
sexos. Desde un punto de vista biológico evolutivo, es ventajoso para los machos tener un mayor
acceso a parejas sexuales debido a la mayor probabilidad de dejar descendencia (Trivers 1972). Por
otro lado, la porción femenina desarrolló características psicológicas para ser más selectivas debido,
entre muchos factores, al riesgo de no contar con la ayuda de los padres para cuidar a sus hijos
(Trivers 1972; Luoto y Varella 2021). El hecho de que la población femenina sea más selectiva ha
generado competencia intrasexual entre los hombres, quienes tienden a colocarse en mayor riesgo
competitivo tanto para asegurar como para obtener oportunidades reproductivas (McDonald et
al. 2012). Los estudios con poblaciones modernas refuerzan esta tendencia, pues muestran que los
hombres son más propensos a ser agresivos durante su juventud, entre los 20 y 30 años, y cuando
son solteros y sin hijos (Wilson y Daly 1985; Daly 2017).

e-ISSN 2304-4292
LA VIOLENCIA MASCULINA DESDE LA PERSPECTIVA DE LA PSICOLOGÍA EVOLUTIVA 79

Estas diferencias también se manifiestan a nivel hormonal. Los estudios indican que las
hormonas sexuales juegan un papel clave en la diferenciación sexual del cerebro, por lo que
influyen en los sistemas cerebrales responsables de la toma de decisiones y el sentido de recom-
pensa (Arnold 2020; Luoto y Varella 2021). Esto se asocia, por ejemplo, a una mayor tendencia
masculina a tomar decisiones arriesgadas y a tener un pensamiento menos orientado socialmente
que las mujeres (Luoto y Varella 2021).
Para explicar las implicaciones de la violencia colectiva e individual entre los individuos mascu-
linos, una de las propuestas basadas en la psicología evolutiva es The Male Warrior Hypothesis, o,
en traducción libre, la Hipótesis del guerrero masculino (HGM). Esta hipótesis propone que,
durante una larga historia de conflictos colectivos, se han desarrollado mecanismos cognitivos en
individuos masculinos especializados para facilitar la formación de alianzas para tramar, ejecutar
y salir victoriosos de las disputas intergrupales, con el objetivo, entre muchos otros, de adquirir o
proteger acceso reproductivo (Van Vugt 2012: 4).
Esta hipótesis también sostiene que, además del interés reproductivo, los individuos humanos
masculinos, mediante conflictos intergrupales, también buscan prestigio y dominación social
(McDonald et al. 2012; Van Vugt 2012). La investigación entre culturas muestra que los hombres
tienen preferencias más fuertes por la jerarquía de grupo que las mujeres (Lee et al. 2011). Los
hombres también tienden a tener actitudes más xenófobas y etnocéntricas que las mujeres, además
de ser los principales agentes de violencia física, y dirigen a menudo su agresión hacia hombres
de grupos externos (Van Vugt et al. 2007; Björkqvist 2018). Además, tienen rasgos de persona-
lidad más oscuros (Dark triad) como el narcisismo, el maquiavelismo y la psicopatía, que facilitan
su capacidad para planificar fríamente acciones agresivas y llevarlas a cabo sin remordimientos
(Valentova et al. 2020). Los estudios antropológicos y arqueológicos también refuerzan esta
tendencia y corroboran la HGM (v.g. Keeley 1996; Quilter 2008; Hames 2020; Ferguson 2021;
Martin 2021; Wrangham 2021). Un ejemplo emblemático se encontró en la sociedad Yanomami,
donde los guerreros (Unokais) tenían un alto prestigio y éxito reproductivo en comparación con
los no guerreros (Chagnon 1988; Hames 2020).
Los estudios bioarqueológicos muestran una mayor exposición masculina a la violencia física
en diferentes casos estudiados alrededor del mundo, en diferentes periodos históricos (v.g. Walker
2001; Knusel y Smith 2013; Lahr et al. 2016; Beier et al. 2018; Scaffidi y Tung 2020; Staden et al.
2020). Por ejemplo, en Nataruk, al oeste del lago Turkana ubicado en Kenia, se descubrió un caso
de 27 esqueletos articulados, muy bien conservados y sin evidencia de tratamiento funerario, que
datan entre 9500 y 10 500 A. P. En esta muestra los hombres tienen un trauma más violento que
la parte femenina, y también muestran evidencia de violencia letal (Lahr et al. 2016).
Si bien existe un consenso de que la guerra es una actividad predominantemente masculina, hay
ejemplos de que individuos de sexo femenino han participado en eventos de combate (Goldstein
2003). La Ahosi del reino de Dahomey, ubicada en África Occidental, entre los siglos XVIII y
XIX, es uno de los pocos casos documentados de grandes unidades femeninas de combatientes
(Goldstein 2003: 64). Un estudio bioarqueológico ubicado en Norris Farms, Estados Unidos,
muestra evidencia de violencia física tanto en la población femenina como en la masculina en
situaciones de combate, e incluso muestra la frecuencia de traumas fatales de manera similar
(Bengtson y O’Gorman 2016).
Ejemplos como estos pueden usarse para desafiar las suposiciones de HGM, particularmente
contra la premisa de que la tendencia del comportamiento masculino hacia la violencia es una herencia
evolutiva. Asimismo, se interpretan como evidencia de que la conducta violenta y su variación en
relación con el sexo y el género son construcciones fundamentalmente sociales, sin considerar
aspectos comportamentales evolutivos (Prugl 2003). Sin embargo, existen propuestas evolutivas
que buscan explicar la agresión femenina (Cross y Campbell 2011; Bengtson y O’Gorman 2016).
Desde un punto de vista evolutivo, la prevalencia masculina en acciones violentas, por ejemplo,

e-ISSN 2304-4292
80 FELIPE PINTO DOS SANTOS Y DANILO VICENSOTTO BERNARDO

puede generar, entre muchos, dos tipos de pérdidas para el sexo femenino. Primero, el peligro de la
coacción sexual y, segundo, el riesgo de cuidar a los niños, que compromete el éxito reproductivo
y la selectividad sexual femenina (McDonald et al. 2012). El peligro de la coacción sexual puede
ocurrir, por ejemplo, en contextos de invasión y guerra en los que los individuos masculinos poten-
cialmente agreden sexualmente a la población femenina del grupo enemigo, además de ser captu-
radas y asesinadas (McDonald et al. 2012: 675). El riesgo de secuestro de niños puede ocurrir en
circunstancias similares, donde los hijos de las mujeres corren riesgo de muerte debido a secuestro
o infanticidio, lo que pone en riesgo su herencia genética (McDonald et al. 2012; Bengtson y
O’Gorman 2016). Estos escenarios a lo largo de la historia humana pueden haber ejercido presión
evolutiva sobre la selección de mecanismos psicológicos en la población femenina que favorezcan
su agresividad para defenderse, defender a sus hijos y su comunidad (McDonald et al. 2012: 675).
La agresión en las mujeres también se manifiesta en forma de competencia intersexual, a
menudo a través de violencia verbal e indirecta, como el bullying, la difamación y la exclusión
social, que en muchos casos puede convertirse en agresión física (Cross y Campbell 2011; Gallup
2017). Las adolescentes y mujeres jóvenes de entre 15 y 24 años son las que más manifiestan
estas agresiones. Las razones suelen ser: por celos, ofensas verbales sobre la apariencia y ofensas
sobre la reputación social (Gallup 2017). Pero, a diferencia de la población masculina, la agresión
física entre las mujeres rara vez es tan severa y la competencia por compañeros generalmente no
está dirigida a la cantidad, sino a compañeros considerados de alto valor (Gallup 2017). Estos
contextos sugieren que la agresión en ambos sexos responde a las mismas variables ecológicas, pero
tiende a manifestarse de diferentes formas (Cross y Campbell 2011).
También hay algunas críticas que acusan a los enfoques evolutivos de sobrestimar la seriedad
de la acción masculina en la guerra en sociedades de pequeña escala (Fry 2007; Ferguson 2008).
Estas críticas argumentan que la especie humana es potencialmente más pacífica y cooperativa
que violenta (Fry 2007; Sussman 2013). Se argumenta, por ejemplo, que muchas sociedades de
pequeña escala descritas por la etnografía no practican la guerra y que los casos de violencia física
a menudo se asocian con homicidios o luchas individuales (Fry 2007: 102-103). Así, esta caracte-
rística pondría en tela de juicio la noción de que la violencia física y colectiva, como la guerra, es
una adaptación (Fry 2007: 103-104).
Esta crítica parte de la idea de que la guerra solo adquiere importancia en la historia de la
humanidad cuando presenta características a gran escala, con la presencia de ejércitos o infan-
tería, por ejemplo (Ferguson y Whitehead 1992; Otterbein 2004; Ferguson 2006, 2008; Fry y
Södeberg 2014). Sin embargo, se ha propuesto que este tipo de guerra puede considerarse como
una exaptación o un subproducto adaptativo que «aprovecha» las propensiones psicológicas a la
violencia contra grupos externos dentro de una cadena de cooperación más compleja (Durrant
2011; Turchin et al. 2013; Zefferman y Mathew 2015; Majolo 2019). Por tanto, si tenemos
en cuenta que la guerra también puede entenderse como básicamente una interacción agresiva
entre miembros de grupos socialmente distintos, su base adaptativa se hace más evidente. Como
propone la psicología evolutiva, los humanos se han adaptado a la agresión colectiva a través del
desarrollo de la capacidad psicológica para, en algunos contextos socioecológicos, llevar a cabo
agresiones físicas entre coaliciones tribales: «nosotros» contra «ellos».
Si se piensa así, el hecho de que encontrar algunas poblaciones que no practican la guerra no
significa que no tengan la capacidad para hacerlo, o incluso que algunas circunstancias socio-
ecológicas motiven su práctica (Gat 2015; Hames 2019). Asimismo, es importante considerar
que cuando un grupo social presenta solo casos de luchas individuales u homicidio, esto ya es un
indicio del potencial de violencia colectiva. Esto se refleja en que algunas situaciones de homicidio
requieren capacidades proactivas agresivas para planificar y matar sin remordimiento, habilidades
que también se ejercen en el contexto de guerras a pequeña escala o asesinatos conspirativos contra
líderes, contextos apoyados por el HGM (MacDonald et al. 2012; Wrangham 2018, 2021).

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LA VIOLENCIA MASCULINA DESDE LA PERSPECTIVA DE LA PSICOLOGÍA EVOLUTIVA 81

HGM es una hipótesis basada principalmente en datos de estudios de poblaciones modernas


y de primates (v.g. Wrangham, 1999; McDonald et al. 2012; Van Vugt 2012). De esta forma,
análisis sistemáticos que comparen sus premisas con el registro arqueológico pueden enriquecer
los debates evolutivos y la interdisciplinariedad entre arqueología, psicología evolutiva y primato-
logía. Esto puede permitir probar hipótesis que investiguen las características de estos mecanismos
conductuales en las sociedades humanas a lo largo del tiempo y en relación con cada contexto
cultural.
Una de las líneas de evidencia que puede aportar este debate es el trauma observado en frag-
mentos de huesos humanos de poblaciones pasadas. En particular, para la violencia la evidencia
de traumatismo en los huesos del cráneo es la más común en diferentes contextos arqueológicos,
posiblemente porque la cabeza es una de las partes del cuerpo más afectadas en situaciones de
violencia y tiende a preservar más los marcadores traumáticos que otras porciones anatómicas
(Walker 2001; Lessa 2004; Martin y Harrod 2015). En el siguiente tema se presentan aspectos del
traumatismo craneoencefálico que brindan información sobre las circunstancias de la conducta
violenta, principalmente en contextos de poblaciones del pasado estudiadas por la bioarqueología.

1.1. Traumatismo craneal, implicaciones para la interpretación del comportamiento violento


En diversas situaciones de violencia interpersonal, el rostro y la cabeza están vinculados psicoló-
gicamente, en la mente del agresor, a la identidad de la víctima, lo que hace de esta zona un foco
de ataque (Walker 2001). Numerosos contextos rituales a lo largo de la historia y en diferentes
poblaciones humanas presentan casos de decapitaciones y el fenómeno de las cabezas trofeo, lo que
sirve como refuerzo de cómo la cabeza y el rostro juegan un papel importante en el simbolismo y
ejecución de la violencia (Chacón y Dye 2007).
La identificación y caracterización de los eventos de violencia de los restos humanos requiere
la identificación de los tipos de trauma, la gravedad, la distribución y la distinción entre el trauma
relacionado con la violencia y el trauma accidental. La ubicación del trauma y el tipo de trauma
son útiles para distinguir entre categorías de violencia. Si bien hay varios tipos diferentes de frac-
turas que afectan el poscráneo, las fracturas de cráneo son importantes porque se consideran
buenos indicadores de violencia (Martin y Harrod 2015: 121). La parte más común del cráneo
que sufre traumatismos es el neurocráneo, que consta de cinco huesos: (I) frontal, (II) parietal,
(III) temporal, (IV) occipital (V) y esfenoides. En estos huesos, el parietal es el que se fractura con
mayor frecuencia, seguido del temporal, occipital y frontal (Galloway et al. 2014).
En resumen, se pueden considerar cuatro tipos de fracturas que ocurren en el cráneo: (I)
lineales, (II) deprimidas, (III) aplastadas y (IV) penetrantes. La variación de este tipo de fracturas
dependerá de la energía utilizada en el golpe, la ubicación y el hueso golpeado, y también de la
forma del objeto utilizado en el ataque (Martin y Harrod 2015). Las causas de las fracturas lineales
y aplastadas están asociadas con el uso de objetos más grandes, y las fracturas deprimidas y pene-
trantes están asociadas con el uso de objetos más estrechos (Martin y Harrod 2015).
La identificación de la gravedad del trauma está relacionada con la clasificación del momento
en que ocurrió la lesión. Para interpretar los episodios de violencia se consideran dos categorías
relacionadas con el momento del trauma: ante mortem y peri mortem. Los traumatismos ante
mortem son lesiones que ocurren antes de la muerte del individuo y presentan características de
cicatrización del tejido óseo. En un contexto de violencia puede ser una indicación de que el
individuo sobrevivió al ataque del agresor u oponente, o incluso de que este ataque no fue letal
(Lessa 2004; Cunha y Pinheiro 2006; Galloway et al. 2014). Los traumatismos peri mortem son
aquellos que ocurren en o cerca de la muerte del individuo y se caracterizan por presentar pocos
o ningún signo de cicatrización. En un contexto de violencia, este tipo de trauma funciona como
evidencia de que la agresión, durante un ataque o combate, provocó la muerte de la persona, lo que

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82 FELIPE PINTO DOS SANTOS Y DANILO VICENSOTTO BERNARDO

­presumiblemente era el objetivo (Lessa 2004; Cunha y Pinheiro 2006; Galloway et al. 2014). Las
diferentes circunstancias de la violencia también pueden dejar marcas particulares en la distribución
espacial de los traumas. En general, la frecuencia de los traumatismos variará entre los huesos de
las regiones anterior, posterior y lateral del cráneo, lo que proporciona pistas importantes para
distinguir las condiciones en las que se produjeron los traumatismos, incluso si fueron causados
por una acción violenta o accidental (v.g. Brink et al. 1998; Kremer et al. 2008; Brink 2009;
Guyomarc’h et al. 2010). Sin embargo, las fracturas de cráneo son más comunes como producto
de conflictos interpersonales (Walker 2001; Martin y Harrod 2015). Los traumas también pueden
tener diferentes patrones de ubicación entre los sexos, como lo muestra un estudio de las pobla-
ciones Wari y post-Wari donde la población masculina tuvo más trauma en la región anterior del
cráneo y la población femenina tuvo más trauma en la región posterior (Tung 2014).
La identificación y caracterización del trauma también es una forma muy efectiva de identi-
ficar el sexo de la víctima; sin embargo, tiene limitaciones para identificar al agresor. Por ejemplo,
estudios con diferentes tipos de género y sexualidad en poblaciones modernas, y con adolescentes
y jóvenes, muestran que la violencia física entre parejas se manifiesta en los sexos de forma bidirec-
cional, por lo que ambos pueden ser las víctimas y los agresores (Rubio-Garay et al. 2017; Laskey
et al. 2019). Sin embargo, en este tipo de violencia el agresor masculino tiende a infligir daños
más graves que el sexo femenino; por otro lado, es más común que la mujer cometa agresiones
psicológicas (Rubio-Garay et al. 2017; Laskey et al. 2019). Este tipo de circunstancias puede ser
un desafío para que los contextos bioarqueológicos identifiquen a los agresores en función de la
frecuencia del trauma, ya que, por ejemplo, tasas similares o más altas de trauma femenino que los
hombres pueden significar una acción agresiva masculina, y no necesariamente un compromiso
violento femenino mayor que el de varones.
Como se señaló anteriormente, los estudios bioarqueológicos muestran una mayor ocurrencia
de trauma en el sexo masculino. Motivado por esta información, este estudio presenta un análisis
de la frecuencia de trauma entre los sexos masculino y femenino en sociedades andinas precolo-
niales y discute los resultados desde el punto de vista de la teoría de la evolución. Se espera que la
prevalencia de trauma en la porción masculina sea más evidente en todos los periodos analizados.
Si se confirma esta predicción, apoyará la Hipótesis del guerrero masculino, que apunta a razones
evolutivas de supervivencia y reproducción para la mayor propensión masculina a la violencia
individual y grupal.

2. Materiales y métodos
Se analizó un conjunto de datos cuantitativos sobre lesiones en la cabeza en adultos de poblaciones
andinas precoloniales, que contienen datos desde el Periodo Arcaico (8000 a 1500 a. C.) hasta
el Horizonte Tardío (1450 a 1532 d. C.). Los datos fueron recolectados a través de una revisión
bibliográfica de trabajos bioarqueológicos realizados en la región andina, los cuales también son
presentados y analizados en trabajos anteriores (v.g. Arkush y Tung 2013: Apéndice A 344-348;
Vega Dulanto 2016; Santos e Bernardo 2020; Tung 2021). La información fue organizada en una
base de datos en forma de hoja de cálculo electrónica y contiene el número de individuos con
trauma por sitio arqueológico o conjunto de sitios, contextualizado en términos de periodo, región
geográfica y cultura arqueológica asociada con el sitio. En total, la base de datos contiene 195
observaciones (líneas) y cuantifica casos de 3978 cráneos de individuos masculinos, que cuentan
con 23% de individuos con trauma, y 3276 cráneos de individuos femeninos, que cuentan con
16% con trauma (Tabla 1). Ambos sexos contienen casos de trauma ante mortem y peri mortem
interpretados como violencia interpersonal por los trabajos que los publicaron. Para el presente
estudio, la muestra se divide por periodo cultural y por sexo (Tabla 1).

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Periodo Fr.M Fr.F Valor P RP 95% IC

ARC (8000 a 1500 a. C.) 24% (n = 131) 10% (n = 123) 0.004 2.855 1.339 - 6.454

F (1500 a. C. - 100 d. C.) 25% (n = 153) 6% (n = 135) 0.8.87E-06 5.218 2.276 - 13.502

PIT (100 a 600 d. C.) 12% (n = 252) 12% (n = 171) 1 1.02 0.537 - 1.917

HM (600 a 1000 d. C.) 17% (n = 648) 8% (n = 758) 1.72E-07 2.369 1.686 - 3.353

PT (1000 a 1450 d. C.) 30% (n = 1539) 27% (n = 1166) 0.085 1.161 0.977 - 1.381

HT (1450 a 1532 d. C.) 18% (n = 1255) 12% (n = 933) 5.05E-05 1.644 1.281 - 2.119

Total 23% (n = 3978) 16% (n = 3.286) 1.25E-12 1.535 1.360 - 1733

Tabla 1. Resultados de la prueba exacta de Fisher que compara las frecuencias de trauma para los sexos masculino y
femenino. Periodo = abreviaturas de los periodos cronológicos considerados en este trabajo. ARC = Periodo Arcaico, F =
Periodo Formativo, PIT = Periodo Intermedio Temprano, HM = Horizonte Medio, PT = Periodo Intermedio Tardío,
HT = Horizonte Tardío. Fr. M = Frecuencia de individuos con trauma en la población masculina, Fr. F = Frecuencia
de individuos con trauma en la población femenina. n = número de individuos observados en el periodo. Valor P =
Valor de probabilidad, muestra la probabilidad de que los dos grupos comparados sean similares. RP = Razón de pro-
babilidad, muestra el número de veces que un grupo se ve más afectado que otro. IC = Intervalo de confianza, muestra
el rango de valores al que pertenece a la Razón de probabilidad (autor: Felipe Pinto).

Para cumplir con los objetivos de este estudio, los datos cuantitativos sobre la frecuencia del
trauma se analizaron estadísticamente mediante la prueba exacta de Fisher (1922). Esta es una
técnica estadística no paramétrica adecuada para comparaciones de muestras pequeñas (Yates 1984).
En todos los análisis se utilizó el entorno computacional R (R CORE TEAM 2020). Las
pruebas se realizaron a través de una comparación de los totales para cada sexo en cada periodo y,
luego, se comparó el periodo anterior con el periodo posterior para los sexos masculino y f­ emenino.
Para la interpretación de los resultados se consideró la razón de probabilidades (RP) como
factor principal para observar las diferencias, junto con el intervalo de confianza (IC - 95%) y el
valor de probabilidad (Valor-P). Los tres valores se estiman mediante la prueba exacta de Fisher. La
RP se utiliza para estimar la probabilidad de que un evento ocurra más en el primer grupo que en
el segundo y viceversa. Cuando el valor es igual a 1 se entiende que no existen diferencias demos-
trables, valores superiores a 1 indican una prevalencia de azar para el primer grupo comparado,
y cuando el valor es inferior a 1 indica prevalencia en el segundo grupo (Chen et al. 2010). En
los estudios paleopatológicos es habitual utilizar el RP para estimar, por ejemplo, la probabilidad
de que una patología ocurra en un determinado grupo en relación con otro (Klaus 2013; Vega
Dulanto 2016; Waldron 2020).
Se optó por no utilizar el valor p crítico de 0.05 como principal estimador de la diferencia ya
que su uso dicotómico en las pruebas de hipótesis ha sido duramente criticado (v.g. Amrhein et al.
2017; Smith 2018, 2020; Wasserstein et al. 2019). Uno de los argumentos centrales de esta crítica
es que el valor-p por sí solo no es suficiente para concluir que un grupo es o no diferente de otro, y
que el valor-p constituye un valor de probabilidad continuo y no debe tratarse como un parámetro
de clasificación, como en la clasificación de resultados «significativos» y «no significativos» a partir
de un valor arbitrario (Wasserstein et al. 2019; Smith 2020). Otro argumento importante es que
el valor-p, en particular, no informa sobre los efectos del tamaño de la muestra del estudio, incluso
cuando es muy pequeño. Por lo tanto, se sugiere presentar el valor-p junto con otros parámetros
de análisis como la razón de probabilidades, los intervalos de confianza y el tamaño del efecto
(Wasserstein et al. 2019; Smith 2020).

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84 FELIPE PINTO DOS SANTOS Y DANILO VICENSOTTO BERNARDO

Periodos Fr.M periodo 1 Fr.M periodo 2 Valor P RP 95% IC


ARC - F 24% (n = 131) 25% (n = 153) 0.889 1.065 0.596-1.912
F - PIT 25% (n = 153) 12% (n = 252) 9.62E-04 2.439 1.392-4.307
PIT - HM 12% (n = 252) 17% (n = 648) 0.042 1.562 1.002-2.495
HM - PT 17% (n = 648) 30% (n = 1539) 7.70E-10 2.017 1.595-2.565
PT - HT 30% (n = 1539) 18% (n = 1255) 1.44E-12 1.899 1.581-2.285
Tabla 2. Resultados de la prueba exacta de Fisher que compara las frecuencias de trauma masculino entre periodos.
Periodo = abreviaturas de los periodos cronológicos considerados en este trabajo. ARC = Periodo Arcaico, F = Periodo
Formativo, PIT = Periodo Intermedio Temprano, HM = Horizonte Medio, PT = Periodo Intermedio Tardío, HT =
Horizonte Tardío. Fr. M periodo 1 = Frecuencia de individuos con trauma en la población masculina del periodo más
antiguo comparado. Fr. M periodo 2 = Frecuencia de individuos con trauma en la población masculina del periodo
más reciente comparado. Valor P = Valor de probabilidad, muestra la probabilidad de que los dos grupos comparados
sean similares. RP = Razón de probabilidad, muestra el número de veces que un grupo se ve más afectado que otro.
IC = Intervalo de confianza, muestra el rango de valores al que pertenece a la Razón de probabilidad (autor: Felipe
Pinto).

Periodos Fr.F periodo 1 Fr.F periodo 2 Valor P RP 95% IC


ARC -F 10% (n = 123) 6% (n = 135) 0.351 1.712 0.617-5.017
F - PIT 6% (n = 135) 12% (n = 171) 0.11 2.097 0.849-5.701
PIT - HM 12% (n = 171) 8% (n = 758) 0.177 1.486 0.824-2.584
HM - PT 8% (n = 758) 27% (n = 1166) p <2.2E-16 4.116 3.064-5.598
PT - HT 27% (n = 1166) 12% (n = 933) p <2.2E-16 2.688 2.113-3.437
Tabla 3. Resultados de la prueba exacta de Fisher que compara las frecuencias de trauma femenino entre periodos.
Periodo = abreviaturas de los periodos cronológicos considerados en este trabajo. ARC = Periodo Arcaico, F = Periodo
Formativo, PIT = Periodo Intermedio Temprano, HM = Horizonte Medio, PT = Periodo Intermedio Tardío, HT =
Horizonte Tardío. Fr.F periodo 1 = Frecuencia de individuos con trauma en la población femenina del periodo más
antiguo comparado. Fr.F periodo 2 = Frecuencia de individuos con trauma en la población femenina del periodo más
reciente comparado. Valor P = Valor de probabilidad, muestra la probabilidad de que los dos grupos comparados sean
similares. RP = Razón de probabilidad, muestra el número de veces que un grupo se ve más afectado que otro. IC =
Intervalo de confianza, muestra el rango de valores al que pertenece a la Razón de probabilidad (autor: Felipe Pinto).

El presente estudio consideró la razón de posibilidades superior a 1.5 como un valor seguro
para identificar una mayor proporción de la frecuencia del trauma cuando se comparan dos grupos
(v.g. masculino versus femenino). Sin embargo, se presentan otras medidas, como el valor-p y el
intervalo de confianza, con fines de complemento y comparación (Tablas 1, 2 y 3).
Puesto que el objetivo de este estudio es comparar la frecuencia de trauma entre los sexos
masculino y femenino solo se analizaron los datos de la serie esquelética cuyos individuos fueron
diagnosticados por sexo. Los datos de peri mortem y ante mortem se analizaron juntos. Este trabajo
sigue la cronología base propuesta por John H. Rowe (Ramón Joffré 2005), con el complemento
cronológico propuesto por Peter Kaulicke (Kaulicke 1998; Kaulicke y Dillehay 1999) para los
periodos iniciales; las subdivisiones cronológicas se unieron en una sola franja de tiempo (v.g.
Arcaico y Formativo). La misma cronología se puede ver en Arkush y Tung (2013: Tabla 1, 311).

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3. Resultados
Al comparar los totales de todos los periodos, el resultado muestra una diferencia estadística entre
los dos sexos. Las comparaciones muestran que, dentro de seis periodos, cuatro tienen mayor
proporción de traumatismos en varones (Tabla 1). En los periodos iniciales, fueron el Periodo
Arcaico y el Periodo Formativo los que mostraron diferencias estadísticas. El Periodo Intermedio
Temprano no muestra diferencias en las proporciones de trauma entre los sexos (RP = 1.02),
ambos muestran la misma frecuencia relativa de trauma (Tabla 1).
En las secuencias cronológicas posteriores son los periodos Horizonte Medio y Horizonte
Tardío los que presentan diferencias estadísticas, en las que los individuos masculinos tienen más
trauma (Tabla 1). Sin embargo, durante el Periodo Intermedio Tardío, aunque presenta una mayor
frecuencia de traumatismos para la populación masculina, los resultados no muestran diferencias
estadísticas fiables (RP = 1.161) (Tabla 1).

3.1. Comparaciones entre periodos posteriores


Las comparaciones entre periodos mostraron que las tasas de violencia variaron ampliamente,
pues se muestra momentos de declive y crecimiento (Tablas 2 y 3). Para los individuos ­masculinos
no hubo cambios en la proporción de trauma comparando el Periodo Arcaico y el Periodo
Formativo (Tabla 2). Sin embargo, desde el Periodo Formativo hasta el Periodo Intermedio
Temprano hay una disminución en la proporción, donde el Periodo Formativo presenta más del
doble de posibilidades de ocurrencia de trauma (RP = 2.439).
A partir de este último periodo, la frecuencia de trauma aumentó para el sexo masculino, con
un aumento estadístico para el Horizonte Medio. Lo mismo ocurre al comparar el Horizonte
Medio con el Periodo Intermedio Tardío (Tabla 2). Sin embargo, desde el Periodo Intermedio
Tardío hasta el Horizonte Tardío la frecuencia de trauma en la población masculina disminuye
estadísticamente, siendo 1.8 veces más común en el Periodo Intermedio Tardío (RP = 1.899)
(Tabla 2).
En la muestra femenina las comparaciones mostraron que las tasas de trauma variaron con
el tiempo, las cuales disminuyeron y aumentaron de manera similar a la población masculina
(Tabla 3). Existe una disminución en la frecuencia al comparar el Periodo Arcaico con el Periodo
Formativo, donde el Periodo Arcaico presenta 1.7 veces más casos con trauma (RP = 1.712).
Y la comparación entre el Periodo Formativo con el Periodo Intermedio Temprano muestra un
aumento de dos veces más casos para el Periodo Intermedio Temprano (RP = 2.097). Comparando
este último periodo con el Horizonte Medio, el análisis muestra una disminución en la frecuencia
relativa de traumas, pero no demostrable si se siguen los criterios de este estudio (RP <1.5) (Tabla 3).
Entre los periodos Horizonte Medio y Horizonte Tardío las comparaciones mostraron dife-
rencias estadísticas (Tabla 3). Y desde el Horizonte Medio hasta el Periodo intermedio Tardío
hubo un gran aumento en la proporción (de 8% a 27%), reflejado en la diferencia estadística (RP
= 4,116). Y desde este último al Horizonte Tardío hay una disminución estadística (RP = 2.688)
(Tabla 3).

4. Discusión
El objetivo de este estudio fue analizar cuantitativamente la violencia en las sociedades andinas
precoloniales y su diferencia sexual, y discutir los resultados desde la perspectiva de la psicología
evolutiva. Específicamente, se busca discutir la hipótesis del guerrero masculino, que propone
que a lo largo de la evolución del comportamiento humano los individuos masculinos desarro-
llaron, por adaptación, mecanismos psicológicos que facilitan el comportamiento agresivo tanto

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86 FELIPE PINTO DOS SANTOS Y DANILO VICENSOTTO BERNARDO

individual como colectivo. De hecho, como se presenta en la introducción, estudios históricos,


antropológicos, arqueológicos y también varios estudios del comportamiento demuestran que los
hombres están más involucrados en la violencia física que las mujeres, tanto como agresores como
víctimas. Dado este modelo teórico, la expectativa de este estudio es que entre las sociedades
andinas haya una mayor proporción de casos de violencia entre la población masculina que entre
la población femenina.
Los resultados del análisis mostraron que la prevalencia de traumatismos en la población
masculina es estadísticamente más alta que en la población femenina. Sin embargo, ambos sexos
muestran variaciones similares en la frecuencia del trauma (disminución y aumento), lo que sugiere
que las circunstancias sociales y ecológicas que causaron la violencia impactaron a ambos sexos de
manera análoga.

4.1. Traumas durante periodos y sus contextos arqueológicos


Si se tiene en cuenta la mayor prevalencia de trauma en la población masculina en los periodos
tempranos, durante el Periodo Arcaico, por ejemplo, un estudio reciente con momias Chinchorro
muestra una prevalencia de trauma en los individuos masculinos, lo que indica que la violencia se
mantuvo constante en estas poblaciones a lo largo del Periodo Arcaico (Standen et al. 2020). Los
análisis isotópicos revelaron que los conflictos eran comunes en el mismo entorno costero, lo que
sugiere que la violencia ocurrió entre miembros del mismo grupo (Standen et al. 2020). En parti-
cular, el ambiente costero árido en el que vivían las poblaciones Chinchorro ofrece condiciones
difíciles para la ocupación humana, lo que supuestamente podría haber desencadenado circuns-
tancias de violencia como estas (Standen et al. 2020).
A lo largo del Periodo Formativo se mantuvo la asimetría en la frecuencia de los traumas entre
los sexos, y no hubo cambios desde el Periodo Arcaico. El Periodo Formativo se caracteriza por
la adopción generalizada de tecnologías cerámicas y el crecimiento de la agricultura de regadío
(Arkush y Tung 2013: 321). También se desarrolló una mayor complejidad social, que potencial-
mente influyó en más guerras, como lo expresa la iconografía repleta de temas violentos con un
fuerte contenido sacrificial, que representan, por ejemplo, deidades depredadoras y cabezas trofeo
(Arkush y Tung 2013: 321). Durante todo el final del Periodo Formativo, especialmente en los
valles de la costa central, son comunes las evidencias de fortificación e iconografía militar, mani-
festaciones ligadas a procesos de diferenciación social y formación de élites (Arkush y Tung 2013:
323-326).
Estos procesos influyeron potencialmente en la continuidad de la prevalencia masculina en
exposición a la violencia en este periodo. Este contexto también es consistente con la premisa de la
HGM de que los hombres tienden a desarrollar, mantener y preferir sistemas sociales jerárquicos
(Lee et al. 2011). También es posible plantear la hipótesis de que, a lo largo de este periodo,
aspectos de la conducta masculina agresiva fueron alimentados por la demanda social de guerras.
Como consecuencia, este escenario pudo haber modulado las identidades de género de estos indi-
viduos en una serie de prácticas y comportamientos que hicieron que la guerra fuera sancionada
socialmente como un rol masculino.
Si se considera el Periodo Intermedio Temprano, la comparación entre las frecuencias de
los sexos no mostró diferencia estadística (Tabla 1). La comparación de los traumas masculinos
del Periodo Formativo con este periodo muestra que hubo una disminución estadística en su
ocurrencia (Tabla 2) y un aumento en la ocurrencia de traumas en el sexo femenino, aunque no
hay diferencia estadística (Tabla 3).
Estos resultados aparentemente contradicen lo que indica el registro arqueológico de culturas
como Nasca y Moche en los valles costeros, y Pucará y Recuay en las tierras altas (Arkush y Tung
2013: 327). Para estas poblaciones, en muchos casos, las idealizaciones de la guerra y el guerrero

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LA VIOLENCIA MASCULINA DESDE LA PERSPECTIVA DE LA PSICOLOGÍA EVOLUTIVA 87

estaban estrechamente asociadas con la religión, la jerarquía social y la masculinidad (Arkush y


Tung 2013: 327). Es posible que, en términos poblacionales, la práctica de la violencia no reflejara
la ideología generalizada. Sin embargo, existe evidencia en las culturas Nasca y Moche de violencia
ritual, como en el caso de las cabezas de trofeo, por lo que es razonable suponer que las muestras,
así como los métodos utilizados aquí, no son suficientes para indicar una prevalencia de trauma
para ambos sexos.
En el periodo del Horizonte Medio la violencia entre géneros volvió a mostrar una mayor
prevalencia para el sexo masculino (Tabla 1). También hubo un aumento en el trauma masculino
entre el Periodo Intermedio Tardío y el Horizonte Medio (Tabla 2). El Horizonte Medio se carac-
teriza por la presencia de dos imperios, Wari y Tiwanaku, y el dominio de ambos se logró a través
de la expansión religiosa y militar (Chan 2011; Arkush y Tung 2013). En este sentido, el aumento
del trauma masculino en este periodo puede estar relacionado con este rasgo político expansivo.
En el imperio Wari, por ejemplo, las personas de gran prestigio exhibían una alta frecuencia de
trauma y estaban más involucradas en conflictos (Tung 2007, 2008). La iconografía Wari contiene
escenas de personajes masculinos que muestran cabezas trofeo y escenas de batalla (Tung 2008).
Estas representaciones indican un legado cultural que refuerza las tendencias psicológicas mascu-
linas hacia la violencia.
En el Periodo Intermedio Tardío la población masculina es más frecuente que la femenina en
los traumatismos, aunque no hay diferencia estadística. Una de las características de este periodo es
que representa el momento posterior a la caída del imperio Wari y Tiwanaku; por lo tanto, es un
periodo marcado por la diversidad cultural, pero también por la inestabilidad sociopolítica (Chan
2011; Arkush y Tung 2013; Vega Dulanto 2016). Varios grupos políticamente independientes
florecieron en la costa norte de los Andes, siendo los chimú los más destacados (Chan 2011). Los
chimú fueron expansionistas, lograron anexarse varios valles de la costa norte y conquistaron a los
sicán y sus rivales políticos en el valle de Lambayeque, dominando también territorios al sur de
su capital Chan Chan, como la región de Casma (Arkush y Tung 2013: 336; Moore y Mackey
2008). También fueron responsables de masacres masivas durante su expansión militar, como lo
muestra un cementerio encontrado en Punta Lobos, en el valle del río Huarmey, donde 200 indi-
viduos masculinos, entre adultos y adolescentes, fueron asesinados y enterrados (Verano 2007). La
variabilidad cultural de este periodo, asociada al aumento de la violencia, corrobora la implicación
general de la HGM de que los hombres tienen mecanismos mentales que evolucionaron para
favorecer la formación de grupos a expensas de grupos externos, el llamado altruismo parroquial
(McDonald et al. 2012; Van Vugt 2012). Dado este contexto, se entiende que la muestra y los
métodos utilizados aquí no fueron suficientes para indicar estadísticamente la probable prevalencia
de trauma para la población masculina. O también indica que las circunstancias políticas y sociales
que influyeron en la violencia en la población masculina influyó en la femenina de manera similar,
ya sea como víctima o como agresora.
Estas similitudes en las tasas de violencia pueden indicar agresión masculina contra mujeres y
pueden ser casos de abuso doméstico, como lo demuestran los estudios con poblaciones modernas
(Langhinrichsen-Rohling et al. 2012; Laskey et al. 2019). Los datos etnohistóricos y etnográficos
también muestran que en muchas sociedades las mujeres han sido capturadas como prisioneras
de saqueos y guerras tribales (Cameron 2011). Hubo casos en los que fueron introducidos en
el grupo de manera sumisa mediante el castigo y el uso de métodos no letales (Martin y Harrod
2015). Evidencia de trauma en la región posterior del cráneo en la población femenina de las
comunidades Chanka durante el Periodo Intermedio Tardío puede haber sido consecuencia de
casos de guerras tribales (Kurin et al. 2016). Se encontraron dos adultas jóvenes en los dominios
políticos de Chanka con evidencia de trauma en la región posterior del cráneo, presentando trauma
ante mortem y peri mortem, ambos con indicadores de enfermedad como hiperostosis porótica y
criba orbitaria. Los análisis isotópicos muestran que ambas no pertenecían a comunidades locales,

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88 FELIPE PINTO DOS SANTOS Y DANILO VICENSOTTO BERNARDO

lo que sugiere que fueron capturadas de otras comunidades (Kurin et al. 2016). Este contexto, en
combinación con el patrón de trauma en la región posterior e indicadores de enfermedad, sugiere la
posibilidad de acciones de secuestro, donde ponen a las víctimas en condiciones defensivas, lo que
aumenta las posibilidades de trauma en la región posterior (v.g. Tung 2014) y exposición a condi-
ciones de servidumbre, lo que afecta la salud física (Cameron 2011; Tung 2014; Kurin et al. 2016).
Los resultados dentro del Horizonte Medio y en el Periodo Intermedio Tardío también
refuerzan la investigación que indica que los individuos masculinos tienen rasgos más oscuros,
como el narcisismo, al maquiavelismo y la psicopatía, características que se asocian con el liderazgo
masculino moderno y su toma de decisiones, muchos de ellos agresivos y violentos (Luoto y Varella
2021). El contexto andino sugiere la idea de que en las poblaciones antiguas estas características
psicológicas también formaban parte de algunos líderes masculinos.
Finalmente, el Horizonte Tardío muestra una disminución en la frecuencia de traumatismos
para ambos sexos, pero hay una diferencia estadística, y son los hombres los que presentan la mayor
prevalencia. Este periodo estuvo marcado por el dominio del imperio inca, que fue en gran parte
ejercido por el poder militar y una serie de otras estrategias de dominación y control durante la
conquista y consolidación del imperio (Arkush y Tung 2013). A pesar de la disminución en la
frecuencia de traumas en comparación con el Periodo Intermedio Tardío, durante el control del
imperio hay evidencia de traumas, posiblemente de guerra, en las regiones periféricas de la capital
Cuzco (Andrushko y Torres 2011). Hay indicios de casos con graves fracturas, lo que sugiere que
la guerra prevaleció fuera del perímetro inmediato de la capital, pues parte del objetivo del imperio
era conquistar nuevos grupos y reprimir rebeliones de pueblos ya bajo control (Andrushko y Torres
2011: 369). La disminución en la frecuencia de la violencia puede estar asociada al control insti-
tucional y social del imperio inca, que impidió la diversidad e independencia sociopolítica de los
grupos dominados. La prevalencia del trauma para los hombres puede estar asociada con eventos
aislados de conflicto entre grupos dominados por el imperio y con aspectos de militarización y
jerarquía social, nociones que la HGM asocia con la mentalidad masculina.

4.2. Consideraciones finales e investigación futura


Este estudio presenta un análisis generalizado que intenta utilizar la teoría de la psicología evolutiva
para explicar las circunstancias de origen y continuidad de la violencia durante la ocupación andina
precolonial. Hay una serie de detalles y peculiaridades de los datos analizados que no fueron consi-
derados. La región de los Andes es rica en historias culturales y características arqueológicas que
este estudio no pudo alcanzar. Aquí, la información bioantropológica y bioarqueológica no se
consideró más allá del trauma, por lo que en análisis futuros y más profundos se pretende reco-
lectar y estructurar más datos paleoepidemiológicos y paleodemográficos y analizarlos estadística-
mente junto con el registro arqueológico.
Si bien existen estas limitaciones, los resultados aquí presentados apuntan a una prevalencia
de participación masculina en situaciones de violencia en todos los periodos analizados. La infor-
mación del registro arqueológico también corrobora este resultado, especialmente después del
Periodo Arcaico, debido al crecimiento de la complejidad social, el surgimiento de jerarquías
sociales, prácticas rituales y militarización de la violencia, ejemplificada en la monumentalidad,
el trato mortuorio, la tecnología y el arte de los pueblos de los Andes. Estos aspectos, biológica y
culturalmente relacionados con el comportamiento psicológico evolutivo de los individuos mascu-
linos, influyeron potencialmente en la dinámica de construcción de la masculinidad dentro de
estas poblaciones.
Finalmente, se entiende que los enfoques evolutivos tienen como objetivo comprender
los orígenes y cambios en los fenómenos sociales, por lo que es de especial interés investigar y
comprender la dinámica de la violencia y sus múltiples relaciones en poblaciones que vivieron en
periodos remotos.

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LA VIOLENCIA MASCULINA DESDE LA PERSPECTIVA DE LA PSICOLOGÍA EVOLUTIVA 89

Agradecimientos
Los autores agradecen la invitación a realizar este aporte, así como la oportunidad de participar en el
I Webinar Sudamericano sobre Antropología Biológica. También agradecemos a María del Carmen
Vega Dulanto por la particular sugerencia de datos de trauma de diferentes periodos, presente en
su tesis doctoral, estos datos enriquecieron los análisis aquí presentados y serán importantes para
estudios futuros. Agradecemos a Tamires Carolina Campos por motivar la presentación de este
trabajo en el Webinar. También agradecemos los valiosos comentarios y sugerencias de los revisores
anónimos. Por último, pero no menos importante, nos gustaría agradecer a todos los miembros y
colaboradores de LEAB: Antonielle Cardoso, Aylla Pita, Beatrice Zaretti, Danielle Fagundes, Débora
Barros, Camila Coutinho, Fúlvio Arnt, Gabriel Mota, Lorena Amaral, Paulo Otávio, Priscila Silva,
Taíssa Munhoz, Tatiane de Almeida, Thaís Assunção y Walter Consiglio, su participación y contri-
buciones en este laboratorio permiten entornos de creación de ideas que inspiran trabajos como este.

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Recibido: agosto 2021


Aprobado: noviembre 2021

e-ISSN 2304-4292
BOLETÍN DE ARQUEOLOGÍA PUCP / N.° 30 / 2021, 93-110 / e-ISSN 2304-4292

Dándole sentido a lo descontextualizado. Análisis


de conglomerados óseos procedentes de Huaca
Middendorf, Lima-Perú

Lisseth F. Rojas Pelayo a y Sarita Fuentes Villalobos b

Resumen
Huaca Middendorf, hacia finales del Periodo Intermedio Temprano e inicios del Horizonte Medio (alrededor de 250-
600 d. C.) formó parte del componente Maranga, sitio vinculado a la sociedad Lima. Esta investigación aborda el
panorama de los restos desarticulados procedentes de este sitio excavados por el Proyecto Arqueológico Maranga-Lima
(PRAMA). La muestra de estudio proviene del sector sur central de la plataforma oeste, espacio dominado por desmontes
de excavaciones antiguas, donde se recuperaron restos humanos desarticulados derivados de una población de la época
Lima. Esta investigación se rigió bajo el objetivo de caracterizar a la población en términos paleodemográficos, así
como proveer estrategias metodológicas que abordan el tratamiento de conglomerados óseos como potencial de análisis.
Así, se pudo registrar y caracterizar 2928 elementos esqueléticos en cuanto a sus rasgos diagnósticos (NMI, sexo, edad,
patologías y lesiones). Esta investigación aborda un eje de menor «valía contextual», que a pesar de ser más limitado
provee información referente a parámetros demográficos. Con ello, se identificó casi medio centenar de individuos, de los
cuales más de la mitad fueron juveniles, en los que se registró diversas patologías degenerativas y congénitas adscritas a
individuos adultos, así como lesiones asociadas a episodios no letales.
Palabras clave: Huaca Middendorf, Lima, conglomerados óseos, perfil demográfico, metodología.

Abstract
GIVING MEANING TO THE DECONTEXTUALIZED. ANALYSIS OF BONE CONGLOMERATES
FROM HUACA MIDDENDORF, LIMA-PERU
Middendorf Huaca towards the end of the Early Intermediate Period and the beginning of the Middle Horizon (around
AD 250-600), was part of the component of the Maranga Complex, a site close to the Lima society. This research fo-
cuses on the panorama of the disarticulated remains from this site, excavated by the Maranga Archaeological Project
(PRAMA). The study sample comes from the south-central sector of the west platform, a space occupied by the clearing
of ancient excavations, where disarticulated human remains from a population of the Lima period were recovered. This
research aimed to characterize the population in paleo-demographic terms while providing methodological strategies fo-
cusing on the treatment of bone conglomerates as an analysis potential. Therefore, we could record and characterize 2928
skeletal elements in terms of their diagnostic features (minimum number of individuals [NMI], sex, age, pathologies,
and injuries). This research focuses on the minor axis of «contextual value», although this is more limited, it provides
demographic parameters information. Thus, we identified almost half a hundred individuals, of whom more than half
were young, in which we recorded various degenerative and congenital pathologies ascribed to adult individuals, as well
as injuries associated with non-lethal events.
Keywords: Middendorf Huaca, Lima, bone conglomerates, demographic profile, methodology.

a
[Link]
Pontificia Universidad Católica del Perú. Grupo de Investigación en Bioarqueología y Antropología Forense -
GIBAF. liropelayo@[Link]
b
[Link]
Proyecto Arqueológico Maranga-Lima. fuentesarita@[Link]

[Link]
94 LISSETH ROJAS PELAYO Y SARITA FUENTES VILLALOBOS

1. Introducción
Uno de los desafíos que se enfrenta en el campo de la bioarqueología es el estudio de los restos
mezclados —que en casi todos los casos— no cuentan con un contexto específico de procedencia
y/o asociación, por lo que son sujetos de subestimación bajo la premisa que la potencial infor-
mación recuperada no será lo suficientemente competente para adentrarse en la comprensión de
las relaciones sociales y prácticas culturales. Por ello, en muchos casos son dejados de lado o plas-
mados en formatos simples. Aunque la mezcla de estos elementos limita en varios aspectos el
análisis bioarqueológico, la información que se recupera puede ser direccionada hacia líneas de
investigación específicas; con ello se procura restituir el sentido de estos remanentes como lo que
son: oportunidades parciales pero únicas para aproximarse al estudio de las poblaciones del pasado.
Para el estudio de estos restos se recomienda iniciar con la compresión del contexto temporal
y emplear toda la información provista de la etapa de campo, ya sean registros escritos como
gráficos. Esta labor además requiere habilidades para el reconocimiento de los fragmentos óseos
y los criterios de articulación; entrenamiento vital a la hora de registrar y recuperar de manera
idónea los restos. Para así, construir bases de datos que permitan conceptualizar la condición y la
naturaleza del conjunto mezclado de restos humanos (Fox y Markelin 2014; Tung 2016).
Esta investigación aborda el panorama de los restos desarticulados procedentes de Huaca
Middendorf, sitio vinculado a la sociedad Lima, en el umbral de las dos primeras temporadas del
Proyecto Arqueológico Maranga-Lima (PRAMA). La muestra de estudio proviene del sector sur
central de la plataforma oeste, espacio dominado por desmontes de excavaciones antiguas, donde
se recuperaron restos humanos desarticulados que se definieron como conglomerados óseos (Byrd
y Adams 2003; BAJR 2004; Adams y Byrd 2008; Ubelaker 2008, 2014; Osterholtz et al. 2014;
Osterholtz 2018), derivados de una población estrechamente asociada a fragmentos de cerámica
y objetos de la época Lima. El devenir de este trabajo se rigió bajo el objetivo de caracterizar la
población en términos paleodemográficos, así como proveer estrategias metodológicas que abordan
el tratamiento de conglomerados óseos como potencial de análisis. Para ello, se inició con la etapa
clasificatoria y descriptiva que devino en el registro y caracterización de 2928 elementos esquelé-
ticos en cuanto a sus rasgos diagnósticos (NMI, sexo, edad, patologías y traumas); información que
posteriormente fue condensada en plataformas y gráficos estadísticos adscritos a cada parámetro.
En campos más deseables las unidades de estudio serían individuos concretos; sin embargo, por
factores como la diagénesis hasta la acción humana, estas tumbas individuales fueron transfor-
madas en elementos composicionales. Así, se aborda un eje con menor «valía contextual», que a
pesar de ser limitado provee información referente a parámetros demográficos. Con ello, se iden-
tificó casi medio centenar de individuos, de los cuales más de la mitad fueron juveniles. Además,
se registró diversas patologías degenerativas y congénitas adscritas a individuos adultos y lesiones
asociadas a episodios no letales. Evidencias que permiten tender puentes y correlatos con contextos
publicados por investigadores predecesores con base en otros sitios del Complejo Maranga. Con
este trabajo se busca aportar datos para ampliar el campo de estudio de los huesos mezclados y frag-
mentados; así, se presenta un caso que puede ser útil para el abordaje de contextos similares y, con
ello, reconstruir los fragmentos de historia suspendidos en estos remanentes, huesos que también
«hablan» y merecen ser escuchados.

2. Conglomerados óseos ¿por qué? y ¿para qué?


El quehacer arqueológico enfrenta a contextos de diferente naturaleza, elementos que de manera
individual o colectiva permiten acercarse a la materialidad de las sociedades pasadas. Bajo esa luz,
las colecciones bioantropológicas se configuran como la oportunidad material para conocer a las
poblaciones, en función a una visión en retrospectiva de sus identidades a partir de sus restos

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DÁNDOLE SENTIDO A LO DESCONTEXTUALIZADO 95

directos: los individuos. Al enrumbarse en la disciplina bioantropológica, los conjuntos esque-


léticos responden a grupos o individuos contextualizados cuyas particulares prácticas funerarias
aunadas a métodos estandarizados permiten obtener resultados fiables para la comprensión de
las características demográficas de las poblaciones y su entorno cultural. Si bien para realizar un
análisis bioantropológico es deseable un conjunto esquelético contextualizado y bien conservado,
en la praxis se enfrentan casos donde los efectos tafonómicos, directos e indirectos, así como
la diagénesis natural y la interacción humana —inevitablemente— dejan sin contextos especí-
ficos a muchos individuos, lo que disminuye aún más la representatividad de los enterramientos
(Chamberlain 2006; Waldron 2008 citado en Fox y Marklein 2014).
Así, estos contextos desnaturalizados reciben la denominación de «conglomerados óseos», enten-
didos como los elementos esqueléticos desarticulados y/o combinados de más de dos individuos
dentro de un mismo conjunto carentes de un contexto específico de procedencia y asociación a
causa de procesos tafonómicos que actúan sobre el entierro o dentro de la unidad funeraria original
(Byrd y Adams 2003; BAJR 2004; Brickley y Mckinley 2004; White y Folkes 2005; Adams y Byrd
2008; Ubelaker 2008; Osterholtz et al. 2014; Trun 2014; Osterholtz 2016, 2018; Palmiotto et al.
2019; Ruiz Porras 2020). La naturaleza en la intervención varía en función de los factores —endó-
genos o exógeno—- que propiciaron su formación; para ello, se emplea la clasificación realizada por
Osterholtz y colegas (2014) en función a tres grupos. El primero se ubica en un escenario formado
por entierros primarios o secundarios alterados, ya sea por acción antrópica o por agentes tafo-
nómicos, factores en los que se adscribe la presente investigación y del que se brindarán mayores
detalles a lo largo de este artículo. El segundo grupo se configura como el resultado de un número
importante de decesos en un intervalo de tiempo muy reducido a causa de pestes, eventos bélicos
u otros. Finalmente, el tercer grupo es el resultado de procesos artificiales e involuntarios de mezcla
que pueden ocurrir en cualquier etapa del proceso de recuperación y análisis.
Como se notará, el análisis de los conglomerados óseos tiene limitaciones al tratarse sobre
todo de conjuntos huérfanos culturalmente al que se añade un mayor nivel de complejidad si se
enfrenta a una amplia incidencia de fragmentación, ya que cada elemento separado tiene que ser
tratado inicialmente de forma independiente hasta que pueda ser enlazado a otro (Adams y Byrd
2014). Pero, no hay que olvidar que los huesos ofrecen una narrativa convincente acerca de la
historia biológica del individuo. Aunque un hueso o un fragmento no pueda estar plenamente
asociado a un individuo, la información de este remanente -aún- presenta una pequeña fracción
del perfil biológico (Fox y Marklein 2014). Análisis que se configuran en muchos casos como
pasos exploratorios hacia la comprensión del contexto temporal de los restos óseos —y que para la
particularidad de esta investigación— permite abordar la colección bioantropológica recuperada
por el Proyecto Arqueológico Maranga-Lima, dirigido por Vega-Centeno (2015a, 2015b, 2017),
quien intervino la sección central de Huaca Middendorf, uno de los componentes del complejo
arquitectónico Maranga adscrito a la época Lima en la costa central del Perú.

3. Huaca Middendorf en contexto


La parte baja del valle del Rímac, en la sección central de la costa peruana, alberga gran cantidad de
restos prehispánicos; uno de ellos es el conjunto arquitectónico Maranga de la cultura Lima, cuya
edificación se realizó a finales del Periodo Intermedio Temprano e inicios del Horizonte Medio
(400-600 d. C.) y comprendió 12 montículos piramidales de gran tamaño que configuraron un
notable centro administrativo religioso (Vivar 1998: 413). Entre sus componentes principales se
ubica a Huaca Middendorf, uno de los pocos sitios donde excavaciones previas han revelado la
existencia de secuencias estratigráficas prolongadas, como el caso específico de las intervenciones
en la plataforma lateral bajo la dirección de Jacinto Jijón y Caamaño (Lumbreras 2011; Vega-
Centeno 2015a, 2015b) (Fig. 1).

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Figura 1. El complejo Maranga y Huaca Middendorf. (a) Ubicación general en la costa central de Perú (tomado
de Vega-Centeno 2021, cortesía de reproducción). (b) Distribución de los componentes arquitectónicos actualmente
conservados y pertenecientes al complejo. A la derecha, la flecha en negro señala el lugar de procedencia de la muestra
analizada (tomado de Prümers 2020).

La intervención de Jijón y Caamaño inició en marzo de 1925 en la plataforma lateral de Huaca


21 o Middendorf, excavación que develó un poco más de cuatro metros de estratigrafía vertical
asociada a fases constructivas y materiales principalmente de época Lima. Aquella intervención
devino en la excavación de un área de cementerio, por lo que se pudo obtener información sobre la
forma de deposición física de los individuos al interior de las unidades funerarias. En casi todos los
casos las descripciones de Jijón y Caamaño resultaron ser generales con incidencia en el contexto
arqueológico en el que yacía el individuo, la carencia de sus partes y datos tafonómicos (Jijón y
Caamaño 1949: 3-98). Si bien no se conservan imágenes óptimas sobre la forma de deposición de
los individuos, Jijón y Caamaño publicó escasos gráficos que muestran eventos de enterramientos
sucesivos, sobre todo en la sección intermedia o plataforma oeste.
Años después, Kroeber interviene espacios próximos a la investigación de Jijón y Caamaño
y establece algunos pozos de excavación al norte de la plataforma lateral oeste del montículo sur
(Fig. 2). En su intento de caracterizar la forma de deposición física de los individuos, Kroeber
(1954) provee un croquis de los 13 entierros que develó, en los que sugirió que el patrón funerario
de la población refiere a individuos extendidos, ya sea en decúbito dorsal o en posición lateral;
adscritos a por lo menos dos grandes deposiciones funerarias ubicadas en la sección central de la
plataforma. Individuos que fueron envueltos en telas y yacieron en estructuras de cañas que final-
mente fueron cubiertas con paja.

3.1. El proyecto arqueológico Maranga-Lima


El Proyecto Arqueológico Maranga-Lima (PRAMA) nace bajo el objetivo de lograr el enten-
dimiento de los diferentes sitios arqueológicos adscritos al complejo. Es así como el PRAMA
en 2015 interviene Huaca Middendorf con una excavación en la zona sur central, un espacio
dominado por desmontes de excavaciones antiguas (Jijón y Caamaño 1949). De las intervenciones
del proyecto se recuperaron una serie de restos humanos desarticulados y disturbados. El sector
de procedencia del material analizado responde a la unidad de exposición 1, compuesto por las
unidades de excavación 1, 3, 4 y 7, que de acuerdo con su ubicación respondería al área adyacente

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Figura 2. Vista aérea de Huaca Middendorf. Los contornos punteados bajo las letras de «J» y «K» señalan los lugares
de excavación de Jijón y Caamaño y Kroeber, respectivamente. La unidad de exposición 1 del PRAMA corresponde a
la sección oeste de la excavación del primer investigador. (tomado de Lumbreras 2011).

a las ­intervenciones de Jijón y Caamaño antes mencionadas (Fig. 3). Los materiales recuperados a
lo largo de su primera temporada responden a un amplio conjunto de elementos óseos humanos
sin contexto e intensamente mezclados con fragmentos de cerámica Lima Medio, cestería y restos
de textiles que habrían formado parte de los envoltorios funerarios. Así, la colección bioarqueo-
lógica responde a elementos catalogados como conglomerados óseos, y el objetivo de trabajo es
aproximarse a los remanentes de la población descubierta en función de la caracterización y recons-
trucción del perfil biológico de los individuos estimados como un medio de enlace a la data recu-
perada por Jijón y Caamaño (1949), que al encontrarse en colecciones museográficas del Ecuador
limitan el ámbito de estudio.

4. Materiales y métodos
La muestra discutida en esta investigación está constituida por 2928 elementos esqueléticos recu-
perados en las temporadas 2015 y 2016 del PRAMA, procedentes de la unidad de exposición 1
(Fig. 3). Los restos óseos fueron recuperados según unidades de excavación y capas ­estratigráficas;
si bien no se realizaron reasociaciones in situ, se logró individualizar los restos de algunos envol-
torios funerarios en la intervención de campo. Queda pendiente el análisis de distribución espacial

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Figura 3. Excavaciones del Proyecto Arqueológico Maranga-Lima. a. Vista Norte-Sur de la plataforma oeste de
Middendorf, la flecha señala la ubicación de la unidad de exposición 1; b. Perfil noroeste de la unidad de exposición
1; c. Vista suroeste-noreste de la unidad de exposición donde se identifica el corte de excavación realizado por Jacinto
Jijón y Caamaño en 1925 (fuente: Archivo del Proyecto Arqueológico Maranga-Lima; Vega-Centeno 2015).

de las estructuras óseas para establecer posibles reasociaciaciones y obtener un panorama más
amplio del proceso de construcción de estas capas y la relación con otros hallazgos.
Como se mencionó, una de las principales tareas fue aproximarse a la reconstitución del perfil
biológico de los individuos. Así, el trabajo inició con la elaboración de un inventario detallado de
los restos óseos presentes (determinación de partes anatómicas, lateralidad, segmentos presentes,
estimación de edad y sexo). Este registro básico permitió estimar el número mínimo de individuos
(NMI) y lograr alcances sobre las características físicas de la población.
El quehacer con los elementos esqueléticos inició con el registro de cada elemento óseo de
acuerdo con el sector y las unidades de excavación, así como la capa de procedencia. Es así como
el proceso de registro e inventario comprendió dos etapas: el acondicionamiento de los elementos
óseos y el inventario y registro de cada elemento, así como el recojo de las características individua-
lizadoras de los mismos.
La primera etapa inició con la separación de elementos esqueléticos humanos; se realizó la disgre-
gación de óseo animal, elementos malacológicos, orgánicos y cerámica. Al tener solo elementos
humanos se realizó la clasificación de ejemplares adultos y subadultos, así como la limpieza de estos
(Bass 1987; White y Folkens 2005). La segunda etapa comprendió el registro e inventario de las
estructuras óseas con base en la unidad de excavación, data albergada en fichas de inventario de
conglomerados óseos y huesos aislados basadas en los formatos publicados por Buikstra y Ubelaker
(1994). Para ello, se agruparon los elementos que formaron parte de un mismo tipo de hueso a fin
de estimar el NMI, luego se realizó la estimación de edad y sexo de acuerdo con las características

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DÁNDOLE SENTIDO A LO DESCONTEXTUALIZADO 99

morfológicas de cada elemento. El proceso de registro se realizó de acuerdo con las normas bioan-
tropológicas establecidas, todas condensadas en un solo formato.
Para la estimación de edad de individuos subadultos se consideró el desarrollo y erupción de
piezas dentarias (Ubelaker 1999; Gaither 2004), la osificación y fusión de centros secundarios de
las diferentes estructuras óseas (Fazekas y Kósa 1978; Buikstra y Ubelaker 1994; Scheuer y Black
2000) y la longitud de huesos largos (Vega 2009). Debido a la naturaleza descontextualizada de la
muestra, la estimación de esta categoría en caso de individuos adultos se restringe a la observación
de cambios morfológicos en la sínfisis púbica (Brooks y Suchey 1990), la superficie auricular del
ilion (Lovejoy et al. 1985)1 e indicadores tardíos de la fusión de las epífisis de elementos como la
clavícula, las dos primeras vértebras sacrales, la cresta ilíaca, así como los anillos vertebrales. Los
grupos etarios empleados en este análisis son los establecidos por Buikstra y Ubelaker (1994), y
para efectos de este estudio los individuos son disgregados en dos categorías: subadultos y adultos.
En el primer grupo se congrega a las cohortes: perinatal (alrededor del nacimiento), infante (0 a 3
años), niño (3 a 12 años), adolescente (12 a 20 años); y bajo la categoría de subadulto -sin mayor
especificación- se ubica a los fragmentos esqueléticos que debido a su mal estado de conservación
restringen una estimación más certera. Por su parte, el grupo de individuos adultos está diferen-
ciado como joven, medio, y mayor; y, debido a que la estimación de edad es expresada en rangos
muy amplios —que demandan considerar más de un método— gran parte de las estructuras óseas
aquí analizadas fueron adscritas como solo adultas.
Respecto a la determinación del sexo, esta fue realizada solo en individuos adultos, con base en
el análisis de los rasgos morfológicos del cráneo y pelvis. Para ello se utilizó los criterios establecidos
según la observación de los caracteres morfológicos descritos por Buikstra y Ubelaker (1994) y las
ecuaciones estadísticas de Walker (2008) y Klales et al. (2012). Se debe precisar que este proceso
de estimación no pudo ser extendido a otras estructuras óseas; si bien la aplicación de funciones
discriminantes está en proceso de tomar mayor asidero, estas aún demandan mayores esfuerzos en
el contexto andino.
El principal objetivo del presente análisis consistió en establecer el NMI, que por definición
no corresponde al número real de los individuos inhumados sino al más próximo determinado
con certeza (Burns 2008: 264). Para ello, fue preciso realizar el inventario de todos los restos óseos
presentes, centrándose en los datos obtenidos por parte anatómica, lateralidad y edad.
A partir de aquella línea, la representación porcentual de las estructuras óseas analizadas
puede llevar a lecturas erróneas en función a la subestimación de los elementos de las extremi-
dades en desmedro de componentes del tórax, las manos y los pies; en ese sentido, es necesario
contemplar que la amplitud reflejada es la correspondencia al número de elementos que natu-
ralmente componen cada subconjunto. En este punto resulta sumamente relevante los aportes
realizados por Bello y colegas (2006) quienes sostienen que los estudios paleodemográficos parten
del supuesto de que la distribución de elementos esqueléticos, así como la representatividad de la
edad y sexo de una muestra bioantropológica es básicamente el reflejo de la población original.
Esto no necesariamente es así, si se considera sobre todo factores antrópicos de diferente índole que
inciden finalmente en el estado de preservación de los restos arqueológicos. Con ello en mente,
se emplea el método de evaluación de la preservación de huesos para así identificar sesgos en la
preservación de los restos humanos a través del índice de representatividad ósea (BRI)2. El BRI en
sí refleja la frecuencia de cada elemento óseo dentro de un conjunto de análisis; así, se configura
como la correspondencia entre el número de elementos esqueléticos recuperados tras la excavación
y el total de elementos esqueléticos que deberían estar representados en función a la estimación del
número mínimo de individuos (NMI). Modelo expresado a través de la ecuación:
BRI= 100 X (Número de elementos recuperados/ Número de elementos esperados)

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Las características o particulares morfológicas de la muestra son analizadas a través de cada


elemento óseo; así, cada lesión o alteración fue descrita en referencia a su ubicación en el esqueleto
(craneal, poscraneal u oral), el segmento de la estructura y las características propias según su tipo
de origen, ya sean traumáticas, metabólicas, infecciosas, degenerativas o congénitas (Galloway
1999; Waltron 2008; Vega 2009). En esta parte del estudio los resultados son limitados, ya que, si
bien se pueden describir, estas no podrán ser correlacionadas a una condición sistémica.
El empleo de la metodología versada en este análisis puede ser de utilidad para otros sitios con
contextos semejantes, ya sea por tratarse de entierros secundarios o sitios disturbados por acción
antrópica. Con esto se busca otorgar mayor relevancia al material óseo disturbado, elementos que
actualmente son tratados de manera muy general a causa de la carencia de datos contextuales.

5. La cuantificación y representación de los individuos


5.1. Número mínimo de individuos (MNI)
Como bien se mencionó en el apartado anterior, al considerar el NMI la investigación se centra
en estimaciones basadas en la representatividad de elementos óseos pares e impares y su correspon-
dencia a un individuo completo. Del análisis del conjunto esquelético procedente de la unidad de
exposición 1, se registró un total de 2928 elementos, de los cuales 1258 resultaron ser diagnós-
ticos3 para la estimación de 49 individuos, lo que incluye 24 adultos y 25 subadultos. El NMI de
adultos fue calculado usando de referencia el astrágalo derecho (n=24), cuya estimación es cercana
al resultado de la clavícula izquierda (n=22), seguidos por las progresiones en torno a huesos largos
como el cúbito (n=18) y radio derecho (n=19). En este mismo conjunto, algunos huesos cortos
representaron un rango significativo de individuos, como los metacarpos y metatarsos; contra-
puestos a los carpos y tarsos, que representan los rangos menores (Tabla 1).
En el caso de los subadultos, el NMI responde a 25 individuos en función al registro de mandí-
bulas fusionadas. Este número es similar a los resultados basados en huesos pares como el húmero
(n=21), radio (n=18), fémur (n=22) y tibia (n=19), seguidos por un rango intermedio de elementos
de una estimación de 13 a 15 individuos en función al registro de la clavícula, escápula, cúbito y
huesos del coxal. La pobre representación de elementos cortos como los huesos de las manos y pies
podrían responder a factores de formación y osificación propios de los individuos jóvenes (Tabla 2).

5.2. Perfil demográfico


La naturaleza del conglomerado analizado proveyó una significativa representatividad en cuanto a
los elementos esqueléticos, y como bien se mencionó en apartados anteriores, fueron clasificados
por criterios de bipartición: individuos adultos y subadultos; posteriormente, cada conjunto fue
refinado en función a cohortes o grupos etarios. Así, se identificó al menos 18 individuos adultos
(49%), 1 perinatal (2%), 10 infantes (20.4%), 12 niños (24.2%) y 2 adolescentes (4%).
Al enfrentarse a un conjunto de conglomerados, las estimaciones de sexo se tornan más difíciles
ya que no se puede aislar de manera certera a individuos, y es imposible realizar el cruce y ponde-
ración de todas las características diagnósticas. En ese sentido, las estimaciones se basaron en la
revisión de los coxales adultos en función a las características morfológicas. Así, de una muestra de
18 individuos adultos se pudo distinguir al menos dos individuos femeninos, dos probables feme-
ninos, tres probables masculinos y un masculino, por lo que quedó un total 16 individuos como
indeterminados (Tabla 3). La pequeña muestra estimada (n=8) no puede ser considerada como
representativa de la población adulta ya que el número de coxales identificados en este estudio
responde a una subrepresentación del NMI estimado.

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DÁNDOLE SENTIDO A LO DESCONTEXTUALIZADO 101

Elemento Lado NMI Elemento Lado NMI


Temporal I 13 Metacarpo, 4 D 12
Mandíbula NA 6 Metacarpo, 5 D 11
Clavícula I 22 Coxal I 15
Escápula I 17 Sacro NA 12
Esternón NA 13 Fémur D 15
Costilla Nº1 D 15 Rótula D 8
Costilla Nº2 I 9 Tibia D 10
Vértebra cervical 1 NA 14 Peroné D 15
Vértebra cervical 2 NA 9 Tarso, astrágalo D 24
Húmero D 11 Tarso, calcáneo I 13
Radio D 19 Tarso, cuboides D 8
Cúbito D 18 Tarso, semilunar I 1
Carpo, hueso grande I 4 Tarso, escafoides I 13
Carpo: ganchoso D 5 Tarso, cuneiforme 1 D 6
Carpo, escafoides D 3 Tarso, cuneiforme 2 I 3
Carpo, psiforme D 3 Tarso, cuneiforme 3 D 3
Carpo, piramidal I 2 Metatarso, 1 I 16
Carpo, trapecio I 5 Metatarso, 2 D 11
Carpo, semilunar D 4 Metatarso, 3 D 14
Metacarpo, 1 I 13 Metatarso, 4 D 15
Metacarpo, 2 D 17 Metatarso, 5 I 15
Metacarpo, 3 I 15

Tabla 1. Resumen del NMI de la Unidad de Exposición 1, individuos adultos (n= 24) (elaboración propia). En la
sección lado las abreviaturas responden a NA: no aplica, D: derecha e I: izquierda.

Elemento Lado NMI Elemento Lado NMI


Temporal D 12 Ilion D 13
Mandíbula I 25 Isquion I 8
Clavícula D 13 Pubis D 14
Escápula I 13 Fémur D 22
Costilla Nº1 D 7 Rótula I 1
Vértebra cervical 1 NA 7 Tibia D 19
Vértebra cervical 2 NA 4 Peroné D 11
Húmero I 21 Tarso, astrágalo D 6
Radio D 18 Tarso, calcáneo D 8
Cúbito I 13 Metatarso, 1 D 6
Metacarpo, 1 D 3 Metatarso, 2 D 3
Metacarpo, 2 D 2 Metatarso, 3 I 6
Metacarpo, 3 I 3 Metatarso, 4 D 2
Metacarpo, 4 I 3 Metatarso, 5 I 4
Metacarpo, 5 I 2

Tabla 2. Resumen del NMI de la Unidad de Exposición 1, individuos subadultos (n= 25) (elaboración propia). En la
sección lado las abreviaturas responden a NA: no aplica, D: derecha e I: izquierda.

e-ISSN 2304-4292
102 LISSETH ROJAS PELAYO Y SARITA FUENTES VILLALOBOS

Subadultos Adulto joven Adulto medio Adulto mayor Adulto


Categorías Total
< de 20 años 20 a 35 años 35 a 50 años > de 50 años indeterminado
Femenino 0 0 2 0 0 2
Probable
femenino 0 0 1 0 1 2
Masculino 0 0 0 0 1 1
Probable
masculino 0 0 2 0 1 3
Indeterminado 25 0 0 0 16 41
Total 25 0 5 0 19 49

Tabla 3. Distribución de edad y sexo (n= 49) (elaboración propia).

En función a estos registros se puede indicar que tanto individuos adultos como subadultos de
todas las cohortes estuvieron presentes en el conjunto; sin embargo, se debe mencionar que tanto
individuos perinatales y adolescentes como adultos jóvenes estuvieron subrepresentados. Para el
primer caso esto sería coherente con los factores de formación de la muestra, a razón de la inter-
vención antrópica que produjo la naturaleza del conjunto y que habría provocado la pérdida, dete-
rioro y destrucción de muchos de los elementos esqueléticos en función a la baja densidad de estos.
En el caso de los individuos adolescentes y adultos jóvenes, la clasificación etaria se vio dificultada
por la fragmentación de elementos diagnósticos como los coxales —en especial la pubis—; a ello se
suma que al no poder aislar individuos gran parte de los huesos largos —con epífisis fusionadas—
fueron registrados como adultos de edad indeterminada.

5.3. Representatividad de elementos


Debido a la alta variabilidad y representación de los componentes de la colección (n=2928) esta
fue clasificada en función a nueve categorías o componentes anatómicos, donde el conjunto
cráneo incluye elementos articulados por las suturas hasta huesos sueltos (n=346); seguido por las
vértebras (n=446); las costillas, que incluyen el esternón (n=606); la cintura escapular, constituida
por las clavículas y escápulas (n=107); los brazos, en función al húmero, cúbito y radio (n=178);
las manos, que albergan todos los carpos y falanges (n=391); la cintura pélvica, que incluye ambos
coxales y el sacro (n=129); las piernas, con el fémur, la rótula, la tibia y el peroné (n=194); los pies,
que incluye todos los tarsos y falanges (n=423); y finalmente elementos misceláneos, representados
por todos los fragmentos contables4 presentes en la colección (n=113) (Fig. 4).
La aplicación del BRI es observada en la Fig. 5, aquí los resultados son diferentes para los
elementos esqueléticos registrados en función a la población de individuos adultos y subadultos
respecto al NMI representado; es decir, el 100%. Los datos sostienen que para el caso de los
individuos adultos (NMI=24) se registra una notable presencia de huesos largos, tanto de las
extremidades superiores como inferiores, al que se adicionan elementos de la cintura escapular y
algunos huesos cortos como el astrágalo. En cuanto al registro del BRI en la población subadulta
(NMI=25) se observa una frecuencia similar al grupo anterior con gran recurrencia de las extremi-
dades superiores e inferiores; y una muy baja representatividad de huesos cortos y pequeños como
los componentes del tórax; esto a causa de la ligera densidad que los hace proclives a procesos de
fragmentación. Con ello, la baja y moderada frecuencia de la gran mayoría de elementos cortos
reafirma que el contexto original de los individuos fue alterado tras la esqueletización de estos,
por lo que forman parte de acciones de desarticulación intencional, escenario coherente con la
baja frecuencia de elementos craneales también configurado como un indicador de manipulación

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DÁNDOLE SENTIDO A LO DESCONTEXTUALIZADO 103

Figura 4. Representación porcentual de la colección bioantropológica en función a sus elementos y componentes esque-
léticos (n=2928) (elaboración propia).

Figura 5. Resumen del BRI: índice de representación de los elementos esqueléticos. En el caso de los individuos adultos
el 100% equivale al NMI estimado, 24; mientras que en los subadultos corresponde a 25 (elaboración propia).

y descontextualización del conjunto; ello, a pesar de las claras evidencias de articulación a través de
la preservación de ligamentos y piel (Roksandic 2002).

5.4. Patologías y lesiones


Durante el análisis de cada elemento óseo se identificó y describió las paleopatologías que estu-
vieron presentes en cada resto. Se consideró la ubicación en el esqueleto (craneal, poscraneal u
oral), el segmento de la estructura y el probable origen (traumático, nutricional, infeccioso, dege-
nerativo, congénito u ocupacional). En esta parte del estudio los resultados son limitados; ya que,
aunque se pueda describir las patologías estas no pueden ser asociadas a una condición sistémica.

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104 LISSETH ROJAS PELAYO Y SARITA FUENTES VILLALOBOS

Figura 6. Detalles de la muestra. a-c. Crecimiento de osteofitos continuos de condición moderada en ambos márgenes
de las vértebras dorsales; d. Los nódulos de Schmorl son de gran incidencia en la muestra y son de diversa severidad.
En la imagen se observa una leve impresión del bulbo vertebral en el cuerpo; e-g. Evidencia de osteoartritis leve y
moderada en los cuerpos de las vértebras cervicales (fotos: Lisseth Rojas Pelayo y Sarita Fuentes Villalobos).

El hueso es un tejido conjuntivo vivo que puede experimentar compresión por el peso que
soporta y tensión por los tirones que aplican los músculos durante todo el transcurso de la vida
del individuo (Burns 2008). El hueso también responde a fuerzas externas como el estrés, que, si
bien no provoca traumatismos como las fracturas, sí incide en el incremento de las dimensiones de
los elementos esqueléticos, la formación de bordes, hoyos, exostosis como los osteofitos presentes
en los cuerpos vertebrales o excrecencias en las zonas articulares. Una de las enfermedades más
comunes que afectó a las antiguas poblaciones humanas fue la osteoartritis, que se considera como
un proceso degenerativo osteoarticular. Las lesiones aquí identificadas se manifiestan en su mayoría
en las vértebras y son lesiones en forma de picos o crestas óseas que circundan las superficies arti-
culares, además de nódulos de Schmorl y casos de osteoartritis (Fig. 6).
Asimismo, se registra algunas patologías congénitas cuya variación en las estructuras óseas son
el resultado de mutaciones genéticas durante el desarrollo embrionario, estas pueden incluir desde
una infección maternal hasta desórdenes nutricionales que pueden activar el comportamiento de
factores epigenéticos como los genes mutantes o eventos críticos (Barnes 2012). En ese aspecto, se
registró un caso de apertura esternal en el cuerpo del esternón, este es el resultado de la cohesión
incompleta de la porción final y la banda embrionaria esternal que generalmente ocurre entre el
tercer y cuarto segmento de la esternebra. Esta apertura puede ser ovalada o alargada, el tamaño
varía acorde a las hendiduras esternales (Barnes 2012: 117) (Fig. 7E). Otro caso congénito iden-
tificado es la coalición o unión del calcáneo y astrágalo producido por un defecto durante el
desarrollo de la interzona embrionaria. Esta unión puede ser completa o incompleta y afecta a
las zonas articulares, lo que limita los movimientos y puede causar dolor y rigidez del pie (Barnes
2012: 180-182) (Fig.7 A-D).
En cuanto a las lesiones se identificó una baja frecuencia representada por fracturas ante mortem
adscritas a solo individuos adultos, donde se reconoce lesiones de origen desconocido para el caso
de costillas; y otras, probablemente accidentales, tanto en costillas como en el tercio medio de
un radio (Fig. 8). La propia complejidad de la muestra y la pendiente reasociación restringe la
estimación de prevalencias. Sin embargo, de las escasas evidencias de lesiones registradas se puede
mencionar que representan menos del 1% de la muestra (n= 15; 0.85%), y con base en sus rasgos
se sugiere que los elementos responden a una baja letalidad y no habrían comprometido mayores
complicaciones.

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DÁNDOLE SENTIDO A LO DESCONTEXTUALIZADO 105

Figura 7. Detalles de la muestra. Coalición de dos tarsos, condición congénita registrada en un calcáneo y astrágalo
izquierdos. a. Vista medial de los elementos; b. Vista lateral; c. Detalle de la vista anterior; d. Detalle posterior de la
coalición de los tarsos; e. Apertura esternal en el cuerpo del esternón de un individuo adulto (fotos: Lisseth Rojas Pelayo
y Sarita Fuentes Villalobos).

Figura 8. Detalles de la muestra. a. Fractura ante mortem consolidada en el tercio proximal del radio derecho;
b. Fractura ante mortem en costilla izquierda inferior que expone un notable callo óseo (fotos: Lisseth Rojas Pelayo y
Sarita Fuentes Villalobos).

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106 LISSETH ROJAS PELAYO Y SARITA FUENTES VILLALOBOS

Figura 9. Detalles de la muestra. a. Sección inferior de la pierna derecha aún articulada al pie a través de ligamentos
conservados; b. Vista anterior de pierna izquierda de infante con restos de piel y uñas conservadas; c. Vista posterior
del elemento anterior, en esta se expone la planta del pie, así como restos de algodón pardo que habrían formado parte
de la cama del individuo (fotos: Lisseth Rojas Pelayo y Sarita Fuentes Villalobos).

Finalmente, uno de los factores claves que motivaron este análisis reside en el buen estado de
conservación de la muestra, donde más del 70% de los elementos esqueléticos se encuentran en
óptimas condiciones estructurales, y que incluso en casos notables cuentan con la presencia de
ligamentos que afianzan las articulaciones de las extremidades inferiores en conjunto con los pies
(Fig. 9A). Aquí resaltan los restos de un infante que aún preserva la piel, uñas y restos de algodón
adherido como parte de la cama interna del posible envoltorio funerario disturbado (Fig. 9B-C).

6. Discusión y conclusiones
El estudio de las colecciones bioarqueológicas resulta ser el medio de aproximación directa a las
poblaciones del pasado donde las unidades de estudio son los mismos individuos. Para el caso de
los conjuntos descritos como conglomerados óseos, el enfoque y naturaleza de trabajo vira hacia
los elementos esqueléticos; es decir, cada componente del conjunto superior. Si bien no se cuenta
con asociaciones que enmarquen las dimensiones más finas de tiempo y espacio; es posible, a través
de los ojos de la paleodemografía, aproximarse a estos contextos problemáticos en función de
entenderlos como medios residuales del conocimiento demográfico de las comunidades del pasado.
En esta búsqueda de restituir el sentido de análisis de estos componentes, los principales pará-
metros demográficos como sexo, edad, patologías y rasgos individualizadores resultan vitales en
el proceso de determinar las tendencias de desarrollo en los periodos de vida y en los patrones de
mortalidad. Este análisis permitió el registro de un total de 2928 restos óseos, un conjunto nada
despreciable al considerar las pocas poblaciones de filiación Lima estudiadas y disponibles. Con
ello, se pudo estimar la presencia de al menos 49 individuos: 24 adultos y 25 subadultos, entre
los que se registró una ligera densidad de lesiones no letales, sumadas a evidencias de patologías
degenerativas (osteofitos y nódulos de Schmorl en cuerpos vertebrales) y congénitas (rasgos epige-
néticos y coalición de elementos).

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DÁNDOLE SENTIDO A LO DESCONTEXTUALIZADO 107

A partir del estudio espacial y estratigráfico del área de procedencia de la colección se puede
afirmar que estos restos se ubican en el área norte adyacente al corte realizado por Jijón y Caamaño
en 1925; lo que deja clara una vinculación contextual con base en elementos compartidos como
restos de camillas de carrizos, soguillas de fibra vegetal, textiles llanos, entre otros. Ello permite
inferir que los individuos inhumados en Huaca Middendorf presentan rasgos similares a los
contextos Lima descritos en sitios arqueológicos adyacentes, por lo que es posible insertarlos en la
discusión Lima y tener comparaciones con estudios de otros componentes del Complejo Maranga,
como en el caso de Huaca 20, donde Vega (2015) emprende el estudio de una amplia población
de la época en Lima bajo un enfoque paleoepidemiológico. Entre sus resultados resalta una alta
mortalidad de adultos jóvenes y niños menores a los tres años asociados a una gran prevalencia de
posibles casos de insuficiencia de hierro. Lamentablemente, la naturaleza de la presente muestra
mermó la integridad de los huesos del cráneo e impidió observar evidencias de criba orbitaria
o hiperostosis porótica; sin embargo, se puede mencionar que al igual que aquella población,
Middendorf presenta una homogeneidad en la distribución etaria de los individuos identificados,
entre los que resalta, al igual que su vecino, una alta representación de niños e infantes propio de
las poblaciones preindustriales (Roca 2012; Vega 2014, 2015; Millner et al. 2019).
La adversidad contextual insta a recordar que tanto el conjunto como cada elemento óseo
humano ofrecen una narrativa convincente acerca de la historia biológica de los individuos, las
poblaciones. Aunque un hueso o un fragmento no puede ser plenamente asociado a un indi-
viduo, la información de este remanente óseo, sin embargo, presenta una pequeña fracción del
perfil biológico de aquel (Fox y Marklein 2014). Esta atención a los contextos de menor valía se
encuentra extendida en países donde el quehacer bioantropológico es dinámico en función de
mayores recursos logísticos y presupuestales. En los Andes, los diferentes enfoques de la arqueo-
logía brindan un sinnúmero de conjuntos bioarqueológicos cuyo abordaje -a pesar de los grandes
esfuerzos de múltiples investigadoras e investigadores- queda desbordado e insuficiente, en especial
en el caso de los contextos disturbados, que por serlo son relegados a registros muy genéricos, que
olvidan que estos elementos esqueléticos pueden aportar valiosa información sobre la población
pasada. La metodología y el flujo de trabajo presentado en esta investigación busca abrir nuevos
espacios para devolver el sentido y atención a los conglomerados de restos humanos —sin importar
los factores y agentes que determinaron su formación— ya sean estos entierros secundarios o
contextos alterados por acción antrópica, lo que permite repensar estos conjuntos como oportuni-
dades parciales pero únicas en el camino a la comprensión de las poblaciones pasadas.

Agradecimientos
Esta investigación nace en el seno del Proyecto Arqueológico Maranga-Lima dirigido por el
­doctor Rafael Vega-Centeno; en ese sentido, las autoras desean expresar sus más profundos
agradecimientos en función a la confianza y respaldo recibido a lo largo de los varios años de
este análisis. Asimismo, hacemos extensivo nuestro reconocimiento a la doctora María del Car-
men Vega Dulanto y a la División de Arqueología del Patronato del Parque de las Leyendas
- PATPAL, en especial a la licenciada Lucénida Carrión, jefa de esta sección, así como a la licen-
ciada Gissela Tuesta; además de los colegas Claudia Roque, Carla Márquez, Karla Martinez y
Erick Acero. ­Finalmente, agradecemos a los doctores Luis G. Lumbreras, Heiko Prümers y Rafael
Vega-­Centeno por permitirnos reproducir figuras publicadas en el marco de sus investigaciones
y emplearlas en este trabajo.

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Notas
1
En este caso se enfrenta la limitación de no contar con elementos esqueléticos reasociados o
individuos incompletos y/o completos. Esta condición restringe el empleo de métodos de esti-
mación centrados en los cambios morfológicos de las costillas, que parten de una estimación de
sexo a priori.
2
La abreviación BRI responde al término de bone representation index propuesto por Bello et al.
(2006).
3
A fin de realizar la estimación del NMI se procedió al registro de cada fragmento y elemento
óseo donde la categoría de «diagnóstico» se relaciona al porcentaje de integridad de cada elemento
y a la presencia de secciones morfológicas que permitan identificar tanto el hueso como la latera-
lidad de este, en caso de ser par (Byrd y Adams 2003; Adams y Konigsberg 2008; Osterhotlz et al.
2014; Palmitto et al. 2019).
4
La unidad mínima de dimensiones de los fragmentos no diagnósticos —es decir, que no
proveían información sobre el tipo de hueso registrado— contempló dos centímetros de longitud
para el caso de individuos subadultos y cinco para adultos.

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Recibido: agosto 2021


Aprobado: noviembre 2021

e-ISSN 2304-4292
BOLETÍN DE ARQUEOLOGÍA PUCP / N.° 30 / 2021, 111-134 / e-ISSN 2304-4292

Traceología: identificación de las huellas de


producción y modo de vida de los individuos de Ancón
(800-1100 d. C.)

Emiliano Ricardo Melgar Tísoc a y Lucía Watson Jiménez b

Resumen
En este trabajo se muestra el impacto del imperio wari en el modo de vida de la población local de la bahía de pesca-
dores de Ancón en relación con los indicadores óseos de estrés no específico, así como la evidencia de la manufactura de
ofrendas funerarias en material malacológico y lapidario. Se exponen los resultados del análisis de 11 individuos de la
Necrópolis de Miramar correspondientes a fines del Horizonte Medio (800-1100 d. C.) y se integran las observaciones
de los estudios de traceología del material malacológico y lapidario desarrollado con microscopio electrónico de barrido y
arqueología experimental sobre 72 piezas de ofrendas funerarias. El resultado del análisis óseo muestra que la mayor vul-
nerabilidad se presentaba en los menores de dos años y los adultos jóvenes masculinos, donde los neonatos e infantes son
los que tenían la mayor cantidad y variedad de materiales pétreos de diferentes regiones de los Andes Centrales y moluscos
de aguas tropicales. A pesar de la diversidad de procedencias, la elaboración de objetos fue homogénea y estandarizada
resultado de una producción local, donde la élite debió beneficiarse de la adquisición de estos bienes.
Palabras clave: traceología, moluscos, lapidaria, arqueología experimental, Ancón.

Abstract
TRACEOLOGY: IDENTIFICATION OF CRAFT TRACES AND LIFESTYLE AT ANCON (A. D. 800-1100)
This text shows the impact of the Wari Empire on the way of life of the local population at the coastal site of Ancon,
through the analysis of non-specific bone stress, as well as the traceology of the manufacturing techniques of malacological
and lapidary funerary objects. The research on 11 individuals from the Necropolis of Miramar corresponding to the end
of the Middle Horizon (800-1100 AD) is presented and the characterization of 72 malacological and lapidary pieces
with scanning electron microscope and experimental archaeology. The result of the bone analysis shows that the greatest
vulnerability occurred in children under two years old and young male adults, while the neonates and infants having
the greatest amount and variety of stone materials from different regions of the Central Andes and mollusks from tropical
waters. Despite the diversity of origins, the craft production of these objects was homogeneous and standardized as a
result of a local production, while the elites at Ancon had benefited from the acquisition and distribution of this items.
Keywords: traceology, shells, lapidary, experimental archaeology, Ancon.

a
[Link]
Museo del Templo Mayor, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México. melgare@[Link]
b
[Link]
Pontificia Universidad Católica del Perú. luciawatson111@[Link]

[Link]
112 EMILIANO RICARDO MELGAR TÍSOC Y LUCÍA WATSON JIMÉNEZ

1. Introducción
En los contextos funerarios de Pasamayo y la Necrópolis de Miramar-Ancón, en la costa central
del Perú, han sido recuperados diversos objetos de concha y lapidaria como parte de los ajuares
funerarios de los individuos enterrados durante el Horizonte Medio (800-1000 d. C.) y el Periodo
Intermedio Tardío (1100-1450 d. C.). Estos bienes de prestigio en su mayoría son materiales
foráneos, de los que destacan las cuentas hechas en moluscos de aguas tropicales procedentes de
las costas del norte del Perú y Ecuador, así como piezas de crisocola o «turquesa peruana» origi-
narias de los Andes centrales. En este trabajo se presentan los estudios tecnológicos aplicados a
estos materiales, apoyados en la arqueología experimental y la caracterización de huellas de manu-
factura con microscopía electrónica de barrido. Los resultados obtenidos fueron comparados con
las piezas recuperadas en otros sitios de los Andes para identificar si se trata de manufacturas locales
o foráneas, especialmente con las regiones de origen de los materiales.

2. La Necrópolis de Miramar Ancón


Ancón está en una ensenada abierta de aproximadamente 5 kilómetros que se encuentra a 42
kilómetros al norte de Lima, en la costa central del Perú. El área donde se encuentran los diferentes
asentamientos arqueológicos, incluida la Necrópolis de Miramar, tiene cerca de 100 hectáreas que
se extienden desde las colinas de la cordillera occidental hasta el litoral, por lo que forman una
franja angosta que corre paralela a la costa. Los sitios arqueológicos de Miramar Ancón y Pasamayo
se ubican entre los valles de Chillón y Chancay, al norte de la pista de acceso al balneario y al oeste
de la carretera Panamericana Sur (Fig. 1).

3. Estudios previos de los contextos funerarios de Ancón


La costa central donde se encuentra la Necrópolis de Ancón se caracteriza por estar dentro de un
desierto y rodeado por un ecosistema de lomas, las cuales hacen posible la vegetación y fauna esta-
cional resultado de la concentración de humedad. Próximo a la «necrópolis» se presentan una serie
de montículos de arena y restos malacológicos, que han sido denominados «concheros» o «basu-
rales» (Ravines 1977; Rosas 2007). La Necrópolis de Miramar ha sido excavada de manera conse-
cutiva desde inicios del siglo XIX. Uno de los primeros trabajos fue el realizado por Reiss y Stübel
(1880). Casi medio siglo después se volvió a explorar la zona a través de proyectos de salvamento
o rescate que permitieron recuperar distintos materiales arqueológicos (Tello 1945-1947, Cachot
1947-1950, Gonzales y Ccossi 1950-1953, Segura 1959-1965). A finales del siglo XX se reali-
zaron excavaciones arqueológicas minuciosas y descriptivas en las que se presentan los resultados
de los análisis específicos a manera de anexos (Kauffmann 1994) y la última intervención llevada a
cabo en Ancón fue hecha por Segura en 2016. De estas excavaciones se ha evidenciado el carácter
funerario del área debido a la gran cantidad tumbas que se han recuperado en el sitio a lo largo de
más de 130 años de intervenciones. A pesar de la gran cantidad de material recuperado y de las
diferentes excavaciones realizadas en el sitio, poco se sabe sobre la gente que habitaba en la bahía
de Ancón, sus formas de producción tecnológica, redes de intercambio, acceso a materias y cómo
esto se enmarcaba en las relaciones sociopolíticas con grupos foráneos. En este sentido, la presente
investigación busca ofrecer nuevas luces sobre estos aspectos que no han sido abordados previa-
mente, con base en estudios empíricos y traceológicos de las ofrendas funerarias para la región.
El sitio de Ancón se puede considerar como un asentamiento de ocupación continua desde
el Periodo Precerámico hasta la llegada de los españoles, donde una de sus funciones fue el uso
funerario del espacio. Estos contextos se encuentran sobrepuestos y coexisten con arquitectura

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TRACEOLOGÍA: IDENTIFICANDO LAS HUELLAS DE PRODUCCIÓN Y MODO DE VIDA 113

Figura 1. Localización de Ancón en el territorio del Perú (elaborado por Lucia Watson).

doméstica, como lo evidencian los montículos al interior de la «necrópolis», pisos y murallas


(Kaulicke 1997; Watson 2019). En particular, para la zona denominada «Necrópolis» se han regis-
trado una serie de viviendas que pertenecen al Horizonte Medio, además de otras más tardías que
revelan una ocupación desde el Periodo Intermedio Tardío hasta el siglo XVI.
Desde el punto de vista arqueológico se pueden distinguir diferentes zonas: Ancón I (Las
Colinas o El Tanque), tres murallas al oeste que Uhle denomina Fortaleza, Ancón II o Necrópolis,
Base Aérea (PV 45-11), un basural al pie del cerro Pasamayo (Polvorín PV 45-57) y una serie
de campamentos líticos en las pampas de Ancón y Piedras Gordas (Kaulicke 1997). El análisis
realizado para este trabajo se centra en la zona de la Necrópolis de Miramar Ancón y se emplea el
material recuperado en Pasamayo (Vidal 1969) con fines comparativos.
Si bien la Necrópolis de Miramar ha tenido una ocupación continua desde el 2500 a. C. hasta
1534 d. C. (Kaulicke 1997), esta investigación se centra en los contextos funerarios de fines del
Horizonte Medio (800-1100 d. C.) (Kauffmann 1994; Watson 2019). En este periodo se produjo,
de forma gradual, el ocaso de la influencia serrana del imperio wari en la costa central del Perú, al
mismo tiempo que emergen nuevas tradiciones locales (Makowski 2000).
A lo largo del tiempo se han llevado a cabo una serie de análisis osteológicos sobre el material
proveniente de la Necrópolis, aunque muchos de estos trabajos no pudieron enmarcar sus resul-
tados en análisis bioarqueológicos debido a la falta del contexto del material (Newman 1948;
Valdivia 1981; Prost 1996; Steingber 1996; Blom et al. 2005; Yepez 2006; Rhoede 2006; Rojas-
Sepúlveda 2008). Una mención especial merece el estudio isótopos de 13C y 15N de Slovak
(2007), el cual se enfoca en la dieta de la población para relacionarla con sus actividades de subsis-
tencia y condiciones de inequidad. Esa investigación incluyó en su muestra de análisis a los indi-
viduos que son menester de este artículo.

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114 EMILIANO RICARDO MELGAR TÍSOC Y LUCÍA WATSON JIMÉNEZ

Figura 2. Ubicación contextual de los artefactos analizados en el presente estudio (gráfico elaborado por Lucía Watson
con base en la figura de Kauffman 1994).

El trabajo de Slovak (2007) identificó que la población local de Ancón tuvo como base el
consumo de productos marinos; sin embargo, sus resultados hicieron notar que se habría producido
un cambio en la dieta de la población local en general. Esta, hacia fines del imperio wari, pudo
tener acceso al maíz, un producto foráneo y que habría sido de consumo exclusivo para la élite local
durante el inicio de la presencia del imperio wari en la costa central. Esto lleva a reflexionar sobre
el surgimiento de redes de intercambio que habrían propiciado el acceso a productos foráneos de
la población en general. Ello implicaba el establecimiento de relaciones sociopolíticas entre las dife-
rentes entidades participantes y nuevas formas de organización interna de los distintos grupos locales.

4. Los contextos analizados en esta investigación


Para esta investigación se trabajó sobre la base de las 20 tumbas excavadas por Federico Kauffmann
en 1993 correspondientes a fines del Horizonte Medio, entre 800-1100 d. C. (Watson 2019).
De estas 20 tumbas se recuperó un total de 30 individuos con sus respectivas ofrendas, que se
encuentran custodiadas en el Museo de Sitio de Ancón. Para el estudio específico de traceología se
incluyó el total de las ofrendas de concha y lapidaria (Fig. 2) que se encontraban al interior de seis
tumbas (CF-02, CF-03, CF-07, CF-08, CF-09 y CF-10).
En estas seis tumbas se recuperaron 11 individuos. Tres de ellas contenían más de un cuerpo en
su interior; en los CF-03 y CF-07 se encontraron dos individuos, un femenino y un subadulto en
cada caso; y en el CF-08 había cuatro individuos: dos masculinos, un femenino y un subadulto.
Cabe resaltar que, en todas estas tumbas analizadas, el ajuar de concha y lapidaria estuvo asociado
al menos a un individuo subadulto que habría muerto alrededor del momento del nacimiento o
antes de su primer año y los tres o cuatro años de vida (Tabla 1).
Las tumbas de las cuales proceden las ofrendas analizadas corresponden al tipo tubular, es decir,
una fosa recta simple; y tumbas en bota, que consisten en tumbas en una fosa recta que termina
con una suerte de cámara lateral. No se encontraron ofrendas de concha o lapidaria en las tumbas

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TRACEOLOGÍA: IDENTIFICANDO LAS HUELLAS DE PRODUCCIÓN Y MODO DE VIDA 115

Tipo de Tipo de Niveles de


CF Sexo Edad Ofrendas
entierro tumba ofrenda

CF-02 No determinable 6 meses a 1 año Simple Tubular 1 Valva sobre el pecho.

CF-03 Femenino 15 a 18 años Maíz, orejeras, más-


cara funeraria, falsa
Múltiple Bota 3
cabeza y valva sobre
CF-03 I No determinable 6 meses a 1 año
el pecho.
Nacimiento +/- Gran número de va-
CF-07 No determinable
2 meses sijas cerámicas, oreje-
Múltiple Bota 3
ras, máscara funeraria
CF-07 I Femenino 15 a 17 años y falsa cabeza.

CF-08 I Masculino 40 a 50 años


Porra estrellada de
CF-08 II Masculino 45 a 55 años
seis puntas de piedra,
Múltiple Bota 3
cuenta de metal, más-
CF-08 x No determinable 6 meses a 1 año
cara y falsa cabeza.
CF-08 y Femenino 35 a 45 años

CF-09 No determinable 6 a 9 meses Simple Tubular 2 Valva sobre el pecho.

CF-10 No determinable 3 a 4 años Simple Tubular 2 Valva sobre el pecho.

Tabla 1. Caracterización de las tumbas de los individuos excavados por Kauffmann (1994).

acampanadas. De las tumbas analizadas se observan que tienen entre uno y tres niveles de ofrendas
al interior de la tumba. Y en el caso del CF-03 y CF-08, el cuerpo del individuo subadulto se
encontró a la mitad de la fosa recta por encima del fardo dispuesto al nivel del piso de la matriz.

4.1. Análisis óseo


El análisis óseo de los cuerpos se realizó bajo observación directa de los huesos, bajo los criterios
morfológicos y registros métricos estandarizados para la región de estudio. De esta manera, la deter-
minación del sexo solo se aplicó para el caso de los individuos adultos. Para ellos se emplearon los
criterios de dimorfismo sexual morfológico en pelvis y cráneo propuesto por Buikstra y Ubelaker
(1994). Para la determinación de edad al momento de muerte, en el caso de los individuos adultos
se consideraron los cambios en la superficie de la sínfisis púbica (Suchey et al. 1988), borde esternal
de la cuarta costilla (Iscan y Loth 1989) y la superficie auricular (Lovejoy et al. 1977; Buckberry y
Chamberlain 2002). En el caso de los individuos subadultos se logró obtener rangos de edad más
precisos, con base en el desarrollo, formación y erupción dental (Moorress et al. 1963; Ubelaker
1989; Hillson 1996), aparición y fusión de los centros de osificación (unión de epífisis) (Mckern
y Stewart 1957; Krogman e Iscan 1986; Scheuer y Black 2000) y crecimiento de los huesos largos
(expresado en longitud) (Krogman e Iscan 1986).
Así, los individuos analizados que acompañaban las ofrendas que son motivo de esta inves-
tigación corresponden a: tres individuos femeninos (dos adolescentes y otro adulto medio); dos
masculinos adultos medios; seis subadultos de sexo no determinable, de los cuales: uno habría
muerto alrededor de su nacimiento, cuatro entre los seis meses y el primer año, y uno que tendría
entre los tres o cuatro años (Tabla 1).

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116 EMILIANO RICARDO MELGAR TÍSOC Y LUCÍA WATSON JIMÉNEZ

Con relación a los indicadores de estrés no específico considerados en el análisis, se contem-


plaron aquellos propuestos por Goodman et al. (1980) como índices referenciales de la condición
de modo de vida y muerte de esta población. Se puso especial interés en hiperostosis porótica,
criba orbitaria, periostosis e hipoplasias del esmalte, ya que estos hablan directamente de aspectos
de la condición de salud, tanto en la etapa infantil y adulta. Además, brindan información sobre
el momento del padecimiento en función de si esta expresión patológica estaba activa o inactiva.
Infantiles. En el caso de los subadultos se pudo apreciar que la edad predominante al momento
de muerte estuvo entre los seis meses y el primer año. Todos los individuos presentaron periostosis
activa generalizada. Ello indica que todos los subadultos habrían estado expuestos a procesos de
infección sistémica. Solo dos de ellos tuvieron, además, criba orbitaria acompañada de hiperostosis
porótica, indicadores comúnmente asociados a deficiencia de hierro. Esto sugiere una gran vulne-
rabilidad previa al primer año. En relación con las lesiones o traumas, ninguno de los individuos
tuvo fracturas en hueso fresco, por lo cual no se tienen indicadores de violencia como posible causa
de muerte.
Individuos femeninos. De los tres individuos femeninos, dos de ellos correspondieron a adoles-
centes (entre los 15 y 18 años al momento de muerte) y uno a la categoría adulto medio (entre
los 35 a 45 años). Los tres presentaron periostosis bilateral, ya sea generalizada o focalizada en
ambas tibias o húmeros. En el caso de las dos adolescentes, tuvieron, además, criba orbitaria leve.
Mientas que uno de ellos (CF-03) presentó también hiperostosis porótica, las otras dos (CF-07 I
y CF-08) tuvieron hipoplasias del esmalte dental. Ello sugiere que se trató de procesos sistémicos
superados por estos individuos como también indicadores de vulnerabilidad muy probablemente
asociados a una dieta deficiente en hierro. Cabe resaltar que solo dos de ellas presentaron fracturas
curadas en costillas (CF-03) y vértebras lumbares en procesos transversos (CF-08y). Debido a la
ubicación y tipo de lesión, no se puede asegurar que estas sean producto de violencia interpersonal
o doméstica, toda vez que pudieron ser resultado de caídas o actividades físicas (Vega 2014: Fig. 3).
Individuos masculinos. En nuestra muestra solo se tuvo a dos individuos masculinos adultos
medios (entre 35 a 45 años). Los dos presentaron hiperostosis porótica, criba orbitaria e hipo-
plasia del esmalte, además de periostosis inactiva bilateral en grado leve en ambas tibias. Además,
ambos casos tuvieron fracturas curadas en costillas y vértebras. Todo esto indica que los individuos
masculinos no solo fueron más vulnerables a diferentes procesos sistémicos; sino que, además,
se encontraron expuestos en algún nivel a violencia interpersonal. Sin embargo, no se puede ser
determinante sobre este punto por lo limitado de la muestra.
En términos generales, sobre aspectos de violencia se consideró el registro del trauma óseo como
indicador de causa de muerte y/o violencia personal. En esas líneas el individuo masculino adulto
medio CF-08I presentó traumatismo en hueso fresco en las costillas. Cabe resaltar que además
tenía asociada una porra de piedra estrellada de seis puntas. Por otro lado, llama la atención la
presencia de subadultos a manera de acompañantes en las tumbas múltiples. Aunque no cuentan
con evidencias de cortes o traumatismos que sugieran causa de muerte, no se puede descartar la
posibilidad de otro tipo de muerte ritual.
Otro elemento que se tomó en cuenta al momento del análisis óseo fue la presencia de la exos-
tosis del meato auditivo externo como posible indicador de actividad física de sumersión en aguas
frías (DiBartolomeo 1979; Kennedy 1986; Capasso et al. 1999). En la muestra solo un individuo
masculino la tuvo presente (CF-08II).
Finalmente, otro aspecto que también se consideró como parte del análisis correspondió al
modelado cefálico intencional, el cual estuvo presente en toda la muestra de forma consistente
sin importar el sexo, rango de edad o ajuar funerario asociado. Según la clasificación de Dembo
e Imbelloni (1938) todos presentan la deformación Tabular Erecta Intermedia en grado y abul-
tamiento moderados. Esto indica que el modelado cefálico intencional se llevó a cabo a través
del empleo de superficies rígidas a manera de tabletas sujetadas mediante bandas textiles o algún
tipo de amarres, lo que ocasionó el aplanamiento fronto-occipital y derivó en el abultamiento en

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TRACEOLOGÍA: IDENTIFICANDO LAS HUELLAS DE PRODUCCIÓN Y MODO DE VIDA 117

ambos parietales. Este tipo de modelado cefálico es caracterizado por Pedro Weiss (1962) como
«deformación por cuna, de la segunda época (resurgimiento de culturas locales) del Tipo Huaura
(Tipo 11)». Ello podría sugerir que se trata de una forma de marcador de referencia o pertenencia
a un grupo cultural.

4.2. Ajuar y ofrendas asociadas


En cuanto al ajuar asociado, cabe resaltar que todos los contextos funerarios tuvieron al menos
alguna ofrenda asociada, como se detalla en la Tabla 1. Sin embargo, los CF-03 y CF-07 habrían
correspondido a los de más alto estatus social dentro de la muestra excavada, lo que se pudo deter-
minar porque portaban orejeras y máscaras funerarias. En esas mismas líneas resalta el CF-07,
el cual contenía la mayor cantidad de vasijas cerámicas decoradas al interior de la tumba. Por su
parte, el CF-03 fue el único con presencia de corontas de maíz, producto que para estos momentos
habría tenido un valor asociado al prestigio, lo que reafirma su alto estatus social. Por otro lado, en
nuestro grupo de estudio solo el CF-08, que contiene la mayor cantidad de muertos en una tumba,
tuvo asociada una pieza de metal correspondiente a una suerte de cuenta de metal.
En relación con los productos malacológicos o restos de fauna marina identificada por Gorriti
(1994) cabe mencionar que estos se hallaron asociados a textiles de fibra animal de origen serrano
(camélidos), lo que remarca la idea del acceso a productos de zonas diferenciadas, ya sea por inter-
cambio o por uso de diferentes ecosistemas. Por otro lado, la presencia de valvas de especie marinas
ubicadas sobre el pecho de los individuos es una característica que tendrían en común con los
fardos reportados en la zona de los «Conchales» o Ancón 2 y que corresponderían a entierros del
Formativo (Rosas 2007).

5. Materiales asociados analizados


Los estudios se hicieron sobre 30 materiales de seis contextos funerarios Ancón Miramar (Fig. 4).
De ellos, 16 fueron objetos lapidarios y 14 malacológicos, los cuales se encuentran resguardados
en las bodegas del Centro de Investigaciones Arqueológicas del Museo de Sitio de Ancón. Con
fines comparativos se revisaron 30 piezas malacológicas y 12 lapidarias de contextos funerarios de
Pasamayo.

6. Identificación taxonómica y mineralógica


La identificación taxonómica se hizo apoyada en los manuales malacológicos correspondientes a
las provincias malacológicas Panámica-Pacífico (que va del Mar de Cortés en México a Tumbes
en Perú) y Peruana (de Tumbes en Perú a Chiloé en Chile), por lo cual se revisaron los trabajos de
Keen (1971), Coan y Valentich-Scott (2012) y Alamo y Valdivieso (1997).
De esta manera se identificaron diez especies (Tabla 2): siete de la provincia Peruana de aguas
frías y tres de la Panámica-Pacífico de aguas tropicales. Cabe señalar que se pusieron los nombres
aceptados actualmente por la World Register of Marine Species (WORMS), debido a que en la
última década ha habido cambios en la nomenclatura de varias especies y géneros, algunos de
ellos de gran importancia arqueológica. Así, hay tres especies que en los manuales más antiguos
(Keen 1971) tienen un nombre que se actualizó: Lobatus peruvianus (antes Strombus peruvianus),
Spondylus crassisquama (antes Spondylus princeps) y Leukoma thaca (antes Protothaca thaca).
En el caso de los minerales se empleó el estudio de Pogue (1915) sobre turquesas y otras piedras
azules, así como colecciones que tienen rocas y minerales andinos del Museo Geológico de la
Universidad Nacional de Ingeniería y el Museo de Minerales Andrés del Castillo. Así, se identifi-
caron tres materiales pétreos: turquesa, crisocola y serpentina.

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118 EMILIANO RICARDO MELGAR TÍSOC Y LUCÍA WATSON JIMÉNEZ

Figura 3. Distribución de lesiones recurrentes en individuos adultos (elaborado por Lucía Watson).

Figura 4. Piezas de concha y lapidaria analizadas de Miramar-Ancón y Pasamayo (fotografía de Emiliano Melgar).

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TRACEOLOGÍA: IDENTIFICANDO LAS HUELLAS DE PRODUCCIÓN Y MODO DE VIDA 119

Provincia
Clase Familia Género Especie
malacológica

Panámica Gastropoda Strombidae Lobatus peruvianus


Peruana Gastropoda Nassariidae Nassarius dentifer
Gastropoda Olividae Olivella columellaris
Bivalvia Donacidae Donax obesulus
Bivalvia Mactridae Mulinia edulis
Bivalvia Mytilidae Choromytilus chorus
Bivalvia Mytilidae Semimytilus algosus
Bivalvia Veneridae Leukoma thaca
Panámica Bivalvia Margaritidae Pinctada mazatlanica
Bivalvia Spondylidae Spondylus crassisquama
Tabla 2. Identificación taxonómica de los moluscos de Ancón.

7. Análisis tipológico
Para conocer qué tipo de objetos fueron elaborados y depositados en Miramar-Ancón y Pasamayo
se realizó el análisis tipológico de forma y función de la concha y la lapidaria, basado en el esquema
propuesto por Suárez Díez (1977), Velázquez Castro (1999) y Jones y Keegan (2001) para piezas
de concha y el de Melgar Tísoc (2014) para objetos lapidarios.
Entre los materiales no modificados se tienen 13 ejemplares: dos valvas de Spondylus crassis-
quana, una valva de Choromytilus chorus, dos valvas de Semimytilus algosus, cinco valvas de Donax
obesulus, una valva de Leukoma thaca, una valva de Mulinia edulis y un caracol Nassarius dentifer.
Todas estas piezas no presentaron huellas de uso ni patrones de fractura que indicaran alguna
función como instrumento de trabajo, apoyados en los criterios de Jones y Keegan (2001) y Lucero
Juez (2004), como raspadores, martillos, picos o gubias, entre otros. En el caso de los moluscos
locales de la provincia Peruana, probablemente fueron empleados con fines alimenticios y luego
depositados como parte del ajuar funerario (Vásquez y Rosales 2009). En contraste, los moluscos
de aguas tropicales de la provincia Panámica-Pacífico, como las valvas de Spondylus, quizás fueron
adquiridos con fines votivos o para servir como la materia prima inicial para elaborar objetos,
como se ha reportado en otros contextos andinos (Paulsen 1974; Hocquenghem y Peña 1994).
Los 72 objetos terminados fueron clasificados tipológicamente (Tabla 3) en un uso (orna-
mental), tres categorías (cuentas, pendientes e incrustaciones), dos familias (automorfa y xeno-
morfa), dos subfamilias (gasterópoda, geométrica y no geométrica) y siete tipos (sin espira, disco,
rueda, cilindro, tubular, triangular y excéntrico). Los objetos más comunes fueron las cuentas
discoidales y ruedas, así como los pendientes automorfos sin espira.

8. Análisis traceológico-tecnológico
Para el análisis tecnológico de los objetos de concha y lapidaria se recurrió a la arqueología experi-
mental. Esta teoría de rango medio surge en las décadas de 1960 y 1970 con la Nueva Arqueología
para tratar de convertir los hechos observados en el presente en información arqueológica que ayude
a entender dinámicas del pasado (Tringham 1978: 170; Coles 1979: 47). Según dicha corriente, en
las sociedades humanas toda actividad se encuentra normada, por lo cual, los ­artefactos son usados

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120 EMILIANO RICARDO MELGAR TÍSOC Y LUCÍA WATSON JIMÉNEZ

Categoría Familia Subfamilia Tipo Caras Paredes Cantidad Material Contexto


Perfil Lobatus
Cuenta Xenomorfa Geométrica Disco Rectas 4 CF-03
curvo peruvianus

Perfil Lobatus
Disco Convexas 6 CF-09
curvo peruvianus

1 plana
Disco Rectas 3 Turquesa CF-10
1 oblicua

1 plana
Disco Rectas 5 Serpentina Pasamayo
1 oblicua
Disco Rectas Rectas 1 Crisocola CF-07
1 plana Spondylus
Rueda Convexas 3 CF-10
1 oblicua crassisquama

1 plana
Rueda Oblicuas 2 Serpentina CF-07
1 oblicua

1 plana
Rueda Oblicuas 1 Crisocola CF-08
1 oblicua

1 plana
Rueda Rectas 7 Serpentina Pasamayo
1 oblicua

1 plana No
Rueda Rectas 1 CF-10
1 oblicua identificado

Lobatus
Cilindro Planas Rectas 1 CF-02
peruvianus

No
Tubular Planas Rectas 7 CF-07
identificado

Olivella
Pendiente Automorfa Gasterópoda Sin espira - - 29 Pasamayo
columellaris
Xenomorfa Geométrica Triangular Convexas Convexas 1 Serpentina CF-07

No Pinctada
Incrustación Xenomorfa Excéntrico Planas Obluicuas 1 Pasamayo
geométrica mazatlanica

Total 72

Tabla 3. Clasificación tipológica de los ornamentos de Ancón.

o producidos de acuerdo con esquemas determinados que les proporcionan características espe-
cíficas (Ascher 1961: 807; Miller 2007). Lo anterior se complementa con el criterio uniformista,
en el cual se supone que la utilización de un instrumento particular, hecho de un determinado
material, empleado de una manera específica y bajo ciertas condiciones, dejará rasgos caracterís-
ticos y diferenciables entre sí (Binford 1991: 22; Velázquez 2007: 23). De esta manera, se plantea
que es posible identificar técnicas antiguas, de acuerdo con el nivel tecnológico de la sociedad que
se va a estudiar, al comparar los rasgos presentes en los materiales arqueológicos con los producidos
en materiales modernos, si se utilizan los mismos procedimientos y utensilios a través de simula-
ciones, reproducciones o duplicaciones (Ascher 1961: 793; Coles 1979: 46-47). Para estudiar los
artefactos se emplea la traceología o análisis de las huellas superficiales en los materiales resultados

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TRACEOLOGÍA: IDENTIFICANDO LAS HUELLAS DE PRODUCCIÓN Y MODO DE VIDA 121

Figura 5. Imágenes del taller de arqueología experimental en concha y lapidaria realizado en el Museo Casona de San
Marcos (fotografías de Emiliano Melgar y Ricardo Melgar).

de su uso, manufactura, residuos en contacto o alteraciones tafonómicas (Marreiros et al. 2015;


Alonso et al. 2017). En las últimas décadas se han impulsado estos análisis desde la perspectiva de
la escuela francesa de técnicas y cultura, donde la selección de unos instrumentos de trabajo frente
a otros se debe a preferencias culturales, esquemas mentales, cosmovisiones y factores sociopolí-
ticos, más que al acceso inmediato de los materiales o cercanía geográfica (Lemmonier 1986, 2002;
González Ruibal 2003; Velázquez y Melgar 2014).
Con esta perspectiva se generan observables arqueológicos para identificar y distinguir las
técnicas e instrumentos empleados por los diferentes grupos y culturas, por lo que se reprodujo en
un taller de arqueología experimental las distintas modificaciones presentes en las piezas (Tabla 4),
como desgastes, cortes, perforaciones y acabados, con materiales similares a los hallados en los
contextos arqueológicos, referidos en las fuentes históricas y en las propuestas de algunos inves-
tigadores (Mirambell 1968; González y Olmedo 1986; Suárez 1986; Velázquez 2007; Lammers
2008; Guinea 2018).
Cabe señalar que, aunque se cuenta con más de 900 experimentos en materiales de concha y
más de 600 en lapidaria dentro de los talleres de arqueología experimental del Museo del Templo
Mayor del INAH en México, fue muy relevante para el análisis traceológico-tecnológico de Ancón
el haber desarrollado un taller de este tipo en el Centro Cultural del Museo de Arqueología y
Antropología de San Marcos (Museo Casona de San Marcos) en noviembre de 2010 con mate-
riales e instrumentos de trabajo oriundos del área andina (Fig. 5). Para ello se contó con el apoyo
de Manuel Gorriti para el suministro de los moluscos y de Juan José Yataco para la lítica.
Para el análisis de piezas arqueológicas y su comparación con los materiales experimentales se
siguieron los criterios de observación planteados por Velázquez (2007) para objetos de concha,
pero retomados por Melgar (2012, 2014) y el equipo de arqueología experimental del Museo del
Templo Mayor (Melgar y Solís 2009; Melgar et al. 2010, 2018; Velázquez et al. 2010) para objetos
lapidarios:
a) Análisis macroscópico: la observación a simple vista de cada una de las modificaciones
presentes en los objetos arqueológicos fue el primer paso llevado a cabo. Esto permitió compararlas
con los rasgos producidos en cada uno de los experimentos de los distintos procesos de trabajo
en estudio. Para ello, se tomaron en cuenta aspectos como la regularidad de la superficie o borde

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122 EMILIANO RICARDO MELGAR TÍSOC Y LUCÍA WATSON JIMÉNEZ

producidos; el relieve y la presencia de líneas; lo bien marcado de las mismas, su composición y


dirección. En algunas ocasiones, ello ayudó a determinar o descartar ciertos materiales o procesos.
b) Análisis con microscopía estereoscópica: una vez realizado el análisis macroscópico, los
objetos fueron revisados y fotografiados con un microscopio digital Dinolite en dos amplifica-
ciones: 10x y a 30x. Lo anterior permitió compararlas con las fotografías de los experimentos reali-
zados que presentaran esas huellas de trabajo. Gracias a esto fue posible identificar y/o descartar
algunos materiales y procesos de manufactura en las piezas arqueológicas, como el empleo de
abrasivos en los desgastes y cortes frente al uso de instrumentos sin ellos. Sin embargo, en este nivel
de análisis también resultó evidente la gran similitud de las huellas producidas por determinados
materiales en algunos procesos de trabajo, como los cortes e incisiones con lascas de obsidiana de
aquellos hechos con lascas de pedernal (Fig. 6), sin importar el material trabajado. Por lo tanto,
resultaba imposible diferenciarlas.
c) Análisis con microscopía electrónica de barrido (MEB): para resolver el problema anterior de
la microscopía digital equivalente a la microscopía óptica se empleó el microscopio electrónico de
barrido (MEB) modelo Jeol JSM-6460LV con los mismos parámetros: señal de electrones secun-
darios (SEI), tamaño del haz (42), distancia de trabajo (10 mm) y voltaje (20 Kv), en el modo de
alto vacío. Con esta técnica se pudo analizar las características morfológicas de la superficie de los
materiales con mayor precisión: topología, rugosidad, porosidad y tamaño de las partículas que
los constituyen. A su vez, para llevar a cabo las comparaciones entre las diferentes muestras, las
micrografías fueron observadas en cuatro amplificaciones: 100x, 300x, 600x y 1000x. Así pudo
apreciarse que las huellas que se veían similares con microscopía óptica son fácilmente diferen-
ciables con MEB en todos los moluscos y materiales pétreos (Fig. 7).
Para la caracterización de las huellas de manufactura se tomaron en cuenta las siguientes
variables:
a) La descripción de las características superficiales de la pieza, como rugosidad, alisamiento,
irregularidad, porosidad y presencia partículas.
b) La descripción de los rasgos presentes en la muestra, ya fueran líneas, bandas o texturas.
En el caso de las dos primeras, se dieron las medidas aproximadas que podían alcanzar gracias a la
escala en micras presente en cada micrografía.
Para agilizar el análisis se realizaron réplicas en polímeros que fueron recubiertas con iones
de oro para ingresarlas a la cámara de muestreo del MEB. Esta técnica ha resultado sumamente
útil para obtener superficies que presentan huellas de manufactura. Consisten en una cinta de
polímero especial replicante marca Buehler, el cual se reblandece al aplicársele una gota capilar de
acetona pero que al evaporarse en segundos vuelve a recobrar su dureza original. Así, al presionar
esta cinta contra la superficie elegida cuando está reblandecido se obtiene el negativo de las huellas
que quedan fijadas al secarse y endurecerse sin deformarlas. Ello ofrece varias ventajas, ya que
permite ingresar varias modificaciones a la vez (hasta 20) y obtener huellas de piezas que superan el
tamaño de la cámara de muestreo (mayores a 10 centímetros de alto) o de algunas modificaciones
de difícil observación, como las paredes internas de las perforaciones. De igual forma agiliza los
estudios, ya que evita tener que trasladar las piezas arqueológicas al laboratorio de MEB, así como
reduce o elimina los trámites y permisos que ello implica, puesto que las réplicas pueden obtenerse
en los repositorios en donde se resguardan las colecciones en estudio.
De esta manera se realizó el estudio tecnológico de la concha y la lapidaria de Miramar Ancón
y Pasamayo, en el cual se ilustran en este texto preferentemente los resultados con MEB debido
a que permiten diferenciar con mayor claridad los rasgos generados con cada material empleado
(Tabla 5).
Los pendientes automorfos de Olivella columellaris presentan dos tipos de bordes en las espiras.
El primer grupo está conformado por 10 piezas, tiene el borde de la espira de forma irregular
producto del empleo de lascas para cortarla (Fig. 8a). En cambio, 19 pendientes muestran el borde

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TRACEOLOGÍA: IDENTIFICANDO LAS HUELLAS DE PRODUCCIÓN Y MODO DE VIDA 123

Figura 6. Huellas de manufactura de cortes experimentales con lascas de obsidiana y de pedernal observadas con
microscopía óptica a 30x. a. y c. Elaboradas en Spondylus; b. y d. Elaboradas en turquesa (fotografías de Emiliano
Melgar).

Figura 7. Huellas de manufactura de cortes experimentales con lascas de obsidiana y de pedernal observadas con MEB
a 600x y 1000x. a. y b. Elaboradas en Oliva; c. y d. Elaboradas en turquesa (fotografías de Emiliano Melgar).

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Modificación Materiales empleados

Basalto, andesita, riolita, arenisca, caliza, granito, dacita y pizarra, adicionando agua y oca-
Desgaste
sionalmente arena.

Corte Instrumentos líticos de pedernal, obsidiana, pizarra y madera petrificada.

Abrasivos (arena, ceniza volcánica, polvo de obsidiana, polvo de pedernal, polvo de cuarzo,
Perforación polvo de hematita y diatomita), animados con ramas de carrizo, adicionando agua.

Instrumentos líticos de pedernal, obsidiana y madera petrificada.


Incisión Instrumentos líticos de pedernal, obsidiana, pizarra y madera petrificada.

Pulido con abrasivos (arena, ceniza volcánica, polvo de obsidiana, polvo de pedernal, polvo
de cuarzo, polvo de hematita, diatomita), agua y trozos de piel.

Acabados Pulido con nódulos de pedernal, arenisca, hematita especular y corindón.


Bruñidos con trozos de piel en seco.
La aplicación de ambos acabados.

Tabla 4. Materiales empleados en la arqueología experimental.

Pieza Desgaste Corte Perforación Incisión Acabados


Cuentas disco de Lobatus peruvianus Andesita Obsidiana Pedernal - Piel
Cuenta disco de turquesa Andesita Obsidiana Pedernal - Piel
Cuenta disco de serpentina Andesita Obsidiana Pedernal - Piel
Cuenta disco de crisocola Andesita Obsidiana Pedernal - Piel
Cuentas rueda de Spondylus crassisquama Andesita Obsidiana Pedernal - Piel
Cuentas rueda de serpentina Andesita Obsidiana Pedernal - Piel
Cuentas rueda de crisocola Andesita Obsidiana Pedernal - Piel
Cuentas de material no identificado Andesita Obsidiana Pedernal - Piel
Cuentas cilindro de Lobatus peruvianus Andesita Obsidiana Pedernal - Piel
Cuentas tubulares de material no identificado Andesita Obsidiana Pedernal - Piel
Cuenta triangular de serpentina Andesita Obsidiana Pedernal - Piel
Pendientes sin espira de Olivella columellaris Andesita Obsidiana - - -
Incrustación excéntrica de Pinctada mazatlanica Andesita Obsidiana Pedernal Obsidiana Piel

Tabla 5. Resultados del análisis tecnológico-traceológico de Miramar-Ancón y Pasamayo.

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TRACEOLOGÍA: IDENTIFICANDO LAS HUELLAS DE PRODUCCIÓN Y MODO DE VIDA 125

Figura 8. Análisis de los bordes de las espiras de los pendientes de Olivella. a. Hechas por corte; b. Hechas por desgaste
(fotografías de Emiliano Melgar).

Figura 9. Análisis de huellas de los bordes de las espiras. a. Pieza arqueológica cortada; b. Corte experimental con obsi-
diana; c. Corte experimental con pedernal; d. Pieza arqueológica desgastada; e. Desgastes experimentales con andesita;
f. Desgastes experimentales con basalto (micrografías de Emiliano Melgar y Gerardo Villa).

recto y alisado debido al empleo de lajas o batanes para desgastar y remover la espira de forma
uniforme (Fig. 8b). Al analizar estas piezas con MEB se encuentra que los rasgos del primer grupo
se caracterizan por líneas finas de 0.6 a 1 micrómetros similares al corte con lascas de obsidiana y
diferentes a los hechos con pedernal (Figs. 9a-c), mientras que los del segundo grupo presentan
bandas aplanadas y difusas de 66 micrómetros de ancho, similares a los desgastes experimentales
hechos con lajas o batanes de andesita y diferentes a las huellas dejadas por otras rocas, como el
basalto (Figs. 9d-f).
En el caso de las piezas xenomorfas de moluscos, como la incrustación de Pinctada mazat-
lanica y las cuentas de Spondylus crassisquama y Lobatus peruvianus, sin importar su forma, todas
presentan las caras y paredes sumamente lustrosas con rayones muy finos, producto de la apli-
cación de bruñidos sobre los desgastes (Figs. 10a-b). Al analizarlas con MEB, se aprecian bandas
aplanadas de 66 micrómetros de espesor similares a los desgastes experimentales hechos con lajas
o batanes de andesita y bruñidos con piel (Figs. 10c-d). En los bordes se observan líneas finas de
0.6 a 1 micrómetros de ancho, similares a los cortes hechos con lascas de obsidiana (Figs. 11a-b).
En las perforaciones se aprecian círculos concéntricos debido al empleo de perforadores sólidos
(buriles o lascas aguzadas), los cuales al analizarlos con MEB resultaron ser sucesiones de bandas
paralelas de 2 a 4 micrómetros de ancho, similares a las perforaciones experimentales hechas con
buriles de pedernal (Figs. 11c-d).

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126 EMILIANO RICARDO MELGAR TÍSOC Y LUCÍA WATSON JIMÉNEZ

Figura 10. Análisis de huellas de superficies de objetos de concha. a. Piezas arqueológicas de Spondylus; b. Desgaste
experimental con andesita; c. Piezas arqueológicas de Lobatus; d. Desgaste experimental con andesita y bruñido con
piel (micrografías de Emiliano Melgar y Gerardo Villa).

Figura 11. Análisis de huellas de bordes y perforaciones en concha. a. Piezas arqueológicas de Spondylus; b. Corte expe-
rimental con obsidiana; c. Piezas arqueológicas de Spondylus; d. Horadación experimental con pedernal (micrografías
de Emiliano Melgar y Gerardo Villa).

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Las cuentas de piedras azules (turquesa y crisocola) y verdes (serpentina) también presentan
las caras y paredes sumamente lustrosas con algunos rayones muy finos, debido a la aplicación
de acabados (pulidos y bruñidos) sobre los desgastes iniciales (Figs. 12a-b). Al analizarlas con
MEB, se aprecian bandas aplanadas de 66 micrómetros de espesor. Estas huellas son similares a los
desgastes experimentales hechos con lajas o batanes de andesita y bruñido con piel (Figs. 12c-d).
En los bordes se observan sucesiones de líneas difusas de 0.6 a 1 micrómetros de ancho, similares a
las hechas con lascas de obsidiana (Figs. 13a-b). En las perforaciones también se aprecian círculos
concéntricos producto del empleo de instrumentos sólidos (buriles y lascas aguzadas), los cuales
miden 2 a 4 micrómetros de ancho, similares a las perforaciones experimentales hechas con instru-
mentos de pedernal (Figs. 13c-d).

9. Discusión de resultados
Resulta interesante que, a pesar del origen tan diverso y/o distante de los moluscos y los minerales,
la mayoría de ellos comparte las mismas huellas de manufactura; es decir, presentan los mismos
materiales empleados en las distintas modificaciones (desgastes, cortes, incisiones y acabados).
Ello permite inferir que los objetos depositados en los contextos funerarios de Miramar-Ancón y
Pasamayo forman parte de una misma tradición de manufactura y que, a pesar de tratarse de piezas
sencillas, geométricas o sin iconografía, es posible detectar su homogeneidad o heterogeneidad, que
pudiera estar relacionada con su filiación cultural. Esta uniformidad tecnológica permite reevaluar
el carácter multiestilístico y de gran permeabilidad de influencias no locales que se ha propuesto
sobre los materiales depositados en los ajuares funerarios de Ancón, en especial de finales del
Horizonte Medio y de inicios del Periodo Intermedio Tardío (Segura 1997: 245).
La propuesta de manufactura local queda reforzada por la presencia de ejemplares de algunos
moluscos sin modificar, algunas piezas en proceso de trabajo en los acervos del Museo de Ancón
(como una cuenta con perforación inconclusa en serpentina) y sobre todo porque varios de los
instrumentos de trabajo identificados en las huellas de manufactura se han recuperado en los
contextos de la región, como batanes de andesita y lascas de obsidiana y de pedernal. Con base en
ello, es posible plantear una manufactura local de estos objetos, los cuales también fueron consu-
midos por los mismos habitantes al ser depositados en los contextos funerarios de la región. Entre
estos materiales, las andesitas empleadas en los desgastes pudieron ser algunos batanes recuperados
en los contextos funerarios, cuyo origen quizás fue local porque abundan afloramientos de estas
rocas volcánicas en la zona (Cotrina 2011).
La diversidad de materiales no locales indica algún tipo de interacción con zonas y grupos de
media o larga distancia. En el caso de algunos moluscos se puede rastrear su origen a las aguas
tropicales de Tumbes y Ecuador, pero en el caso de los minerales y rocas metamórficas, como la
turquesa y la serpentina, mientras no se hagan los análisis químicos con distintos yacimientos, no
podrá identificarse el afloramiento geológico del cual proceden.
El origen de los materiales sí parece haber sido un factor importante al momento de elegir
qué materias primas serían transformadas en objetos. En este sentido, en el caso de los moluscos
se aprecia que los ejemplares que se podían adquirir en las playas locales no fueron modificados
en su mayoría o emplearon técnicas expeditas en su producción, como la remoción de la espira,
mientras que las valvas de especies oriundos de aguas tropicales presentan varias modificaciones y,
por ende, mayor tiempo invertido de trabajo. Esta distinción de los moluscos locales frente a los
foráneos en la elaboración de objetos parece estar relacionado con la dificultad en su obtención, la
lejanía de su zona de origen, su escasez o rareza (Drennan 1998; Nielsen 2006; Godelier 2010),
así como la preferencia cultural por determinadas coloraciones que presentan, en especial las piezas
hechas en los característicos e inconfundibles rojos y naranjas del Spondylus crassisquama, una de las
especies más valoradas entre los grupos andinos, y el nácar de aspecto tornasoleado de la Pinctada
mazatlanica.
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Figura 12. Análisis de huellas de superficies de objetos lapidarios. a. Piezas arqueológicas de turquesa; b. Desgaste
experimental con andesita; c. Piezas arqueológicas de serpentina; d. Desgaste experimental con andesita y bruñido con
piel (micrografías de Emiliano Melgar y Gerardo Villa).

Figura 13. Análisis de huellas de bordes y perforaciones en lapidaria. a. Piezas arqueológicas de serpentina; b. Corte ex-
perimental con obsidiana; c. Piezas arqueológicas de crisocola; d. Horadación experimental con pedernal (­micrografías
de Emiliano Melgar y Gerardo Villa).

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TRACEOLOGÍA: IDENTIFICANDO LAS HUELLAS DE PRODUCCIÓN Y MODO DE VIDA 129

Aunque en el caso de los elementos lapidarios no se tengan identificadas por el momento las
localidades específicas de procedencia geológica de rocas y minerales comparten con los moluscos
la importancia de tener tonalidades visualmente distintivas, como los azules y verdes, los cuales
indican que no son locales en el entorno de la costa central del Perú donde está Ancón. Quizás
los colores y las cargas simbólicas de los moluscos y la lapidaria podrían aumentar si provenían de
determinadas regiones o lugares considerados sagrados que remitían al pasado, a los ancestros y a
los dioses (Helms 1993; Lazzari 1999; Ortiz 2007).
Al comparar la variedad y cantidad de objetos de concha y lapidaria entre los contextos fune-
rarios, se puede destacar que los individuos neonatos e infantes son los que presentaban mayor
número y diversidad de materiales. En contraste, los femeninos tenían pocas piezas y en los mascu-
linos solamente había una cuenta. Al parecer, entre menor edad de los individuos se les depositaban
más materiales lapídeos y malacológicos. Asimismo, llama la atención que en casi todos los contextos
analizados de Ancón no mezclaban objetos de concha con los de lapidaria, excepto en el caso del
infante del CF-10, donde había cuentas de turquesa con una cuenta de Spondylus crassisquama y
una valva sobre el pecho. Coincidentemente el contexto CF-07, el cual tenía la mayor cantidad de
cerámicas, máscaras funerarias y orejeras, también fue el que presentó la mayor cantidad de objetos
analizados, con 11 elementos. Aunque la cerámica, los textiles y metales opacan a la concha y la
lapidaria en los contextos funerarios, la revisión y análisis detallado de estos últimos también ofrece
información inédita sobre el tratamiento mortuorio diferencial relacionado con la edad y sexo.
Finalmente, este tipo de estudios tecnológicos aplicados a otros contextos de la región permi-
tirán precisar si esta tradición es local o regional en la costa central del Perú. En este sentido, se
considera importante realizar los análisis traceológicos de cada sitio y su comparación con otras
colecciones, ya que no se puede asumir a priori que los instrumentos identificados en un lugar y
su secuencia de manufactura son los mismos en otros lugares, como ha sucedido con los resultados
del análisis de piezas de Rica Playa en Tumbes (Velázquez et al. 2006), al ser retomado en un
estudio sobre piezas de Spondylus en Lllullaillaco (Mignone 2009: 60-61). Si bien estas compara-
ciones son ideales entre materiales de sitios más o menos contemporáneos, las diferencias cronoló-
gicas también permiten ver variaciones tecnológicas entre los grupos andinos que pudieran ayudar
a rastrear el origen o filiación cultural de los objetos. Así, al comparar los rasgos de manufactura de
Ancón con materiales de otras colecciones que han sido revisadas con MEB (Tabla 6), se aprecia
que no comparte la totalidad de la cadena operativa con ellos. Las particularidades o singularidades
tecnológicas en determinadas modificaciones, como en los desgastes, podrían ser resultado de
preferencias culturales por esos materiales o facilidad de acceso a ellos. Algo similar se ha logrado
identificar en Mesoamérica, donde se han estudiado más de 80 sitios y miles de piezas con esta
metodología (Melgar 2014; Melgar et al. 2018).

10. Conclusiones
En los contextos funerarios de Pasamayo y la necrópolis de Miramar-Ancón, en la costa central del
Perú, fueron recuperados diversos objetos de concha y lapidaria como parte de los ajuares fune-
rarios de los individuos enterrados durante el Horizonte Medio (800-1100 d. C.). Estos bienes de
prestigio destacan por tratarse de materiales foráneos en su mayoría, de los que destacan las cuentas
hechas en moluscos de aguas tropicales procedentes de las costas del norte del Perú y Ecuador, así
como piezas de crisocola o «turquesa peruana» originarias de los Andes. En este trabajo se presen-
taron los estudios tecnológicos aplicados a estos materiales, apoyados en la arqueología experi-
mental y la caracterización de huellas de manufactura con microscopía electrónica de barrido. Los
resultados obtenidos fueron comparados con las piezas recuperadas en otros sitios de los Andes
para identificar si comparten los patrones de manufactura, aunque sean de distinta temporalidad
los materiales comparativos.

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Piezas Desgaste Corte Perforación Incisión Acabados

Tres pendientes sin espira de Oliva Lascas de Buril de


- - -
peruviana de San Genaro obsidiana obsidiana

Incrustación rectangular de Spondylus Lascas de Pulidor de


Riolita - -
crassisquama de la Huaca San Marcos pedernal pedernal y piel

Cuenta rueda de Spondylus crassisquama Lascas de Buril de Pulidor de


Riolita -
de Huaca San Marcos pedernal pedernal pedernal y piel
Polvo de
Cuenta tubular de Spondylus Lascas de Pulidor de
Riolita pedernal y -
crassisquama de Huaca San Marcos pedernal pedernal y piel
carrizo
Cuenta rueda de Spondylus crassisquama Lascas de Buril de Pulidor del
Riolita -
de Curayacu pedernal pedernal pedernal y piel

Anzuelo de Choromytilus chorus de Lascas de


Riolita - - -
Curayacu obsidiana

Cuatro puntas de pizarra de Lauricocha Caliza - - - -

Lascas de Lascas de
Vaso esgrafiado de Chavín de Huántar Caliza - No identificado
pedernal pedernal

Piezas de Rica Playa en Spondylus, Lascas de Lascas de


Pizarra - Piel
Anadara y Pinctada pizarra pizarra

Piezas de Spondylus, Pinctada, Lascas de Buril de Pulidor de


Arenisca -
Argopecten y lapidaria de Atacames pedernal pedernal pedernal y piel

Piezas de Spondylus, Pinctada, turquesa,


Lascas de Lascas de
crisocola y serpentina de Ancón, Andesita Pedernal Piel
obsidiana obsidiana
Miramar y Pasamayo

Tabla 6. Comparación tecnológica-traceológica entre piezas del Área Andina analizadas con MEB.

A partir de ello, se puede concluir lo siguiente:


a) Los objetos de concha y lapidaria más comunes fueron las cuentas y los pendientes.
b) Los moluscos empleados para objetos son de aguas tropicales septentrionales de la provincia
Panámica-Pacífico y del litoral local de aguas frías de la provincia Peruana. Varias de las especies
de moluscos locales no están trabajadas ni se emplearon para hacer objetos funerarios.
c) Los neonatos e infantes presentaron mayor cantidad y diversidad de objetos de concha y lapi-
daria, mientras que los individuos adultos femeninos tenían pocas piezas y los masculinos
solamente una cuenta.
d) En los contextos funerarios analizados no mezclaban piezas de concha con lapidaria, excepto
en un solo caso.
e) La tecnología empleada en los materiales fue la misma, sin importar su origen geográfico
o geológico, quizás elaboradas por un mismo grupo de trabajo y una misma tradición de
manufactura.

e-ISSN 2304-4292
TRACEOLOGÍA: IDENTIFICANDO LAS HUELLAS DE PRODUCCIÓN Y MODO DE VIDA 131

f) Los instrumentos identificados en las huellas coinciden con utensilios hallados en Ancón,
como batanes de andesita y lascas de obsidiana y de pedernal.
g) Existe, para fines del imperio wari, una gran vulnerabilidad alrededor del primer año; aunque
muy probablemente los individuos masculinos hayan estado expuestos además a algún tipo de
violencia interpersonal en su adultez temprana.
h) Ante todo ello se puede decir que la presencia del imperio wari en Ancón permitió la conso-
lidación y establecimiento de una élite local que legitimaría su posición en relación con sus
vínculos con el poder central y facilitaría el acceso a bienes obtenidos a través de un sistema de
una red de intercambio.
A manera de conclusión, este tipo de trabajo permite replantear la manera de abordar la proce-
dencia y manufactura de objetos funerarios, sobre todo por la poca atención que se les presta a las
piezas de moluscos y lapidaria debido a que son opacadas por la cerámica, textiles y metales. En
las formas sencillas, geométricas o sin iconografía, como las analizadas en este estudio, también se
puede detectar la uniformidad o diversidad tecnológica para rastrear su filiación cultural.

Agradecimientos
Este trabajo no hubiera sido posible sin el apoyo de los talleres de arqueología experimental
en concha y lapidaria con sede en el Museo del Templo Mayor, así como el taller realizado en
el Museo Casona de San Marcos con el apoyo de Manuel Gorriti y Juan Yataco. También fue
importante el acceso al Laboratorio de Microscopía Electrónica del INAH para poder caracte-
rizar las huellas de manufactura a través de los moldes con polímero y de las enseñanzas sobre
moluscos de Adrián Velázquez, Belem Zúñiga, Norma Valentín y Roxana Paucar. Finalmente,
al Museo de Ancón por las facilidades para realizar este estudio.

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Recibido: agosto 2021


Aprobado: noviembre 2021

e-ISSN 2304-4292
BOLETÍN DE ARQUEOLOGÍA PUCP / N.° 30 / 2021, 145-155 / e-ISSN 2304-4292

Shuar and Munduruku modified remains:


Bioarchaeological practice and postcolonial critique
in South America

Mercedes Okumura a, Damien Huffer b y Sabine Eggers c

Abstract
The purpose of this communication is to present reflections on the practice of collecting Munduruku and Shuar heads
from colonial contexts, their subsequent curation in global museum collections, and the importance of understanding the
origins of this collecting practice considering both the existence of «forgeries» and the continued search for «authentic»
examples by collectors today. Our research aims to contribute to the discussion on the importance of bioanthropological
analysis of these Ancestral remains when allied to postcolonial criticism and provenance research regarding how and why
they were collected, curated and kept in museums. Given that these heads are a sensitive reminder of the problematic
circumstances of their collection, postcolonial criticism is paramount to rethinking their curation, display, and use as
part of scientific investigations.
Keywords: Human remains, museums, postcolonial critique, bioarcheology.

Resumen
RESTOS HUMANOS MODIFICADOS SHUAR Y MUNDURUKU: PRÁCTICA BIOARQUEOLÓGICA Y
CRÍTICA POSCOLONIAL EN SUDAMÉRICA
El propósito de esta nota es presentar reflexiones acerca de la práctica de recolección de cabezas Munduruku y Shuar
provenientes de contextos coloniales, de su subsecuente curaduría en colecciones museográficas globales y sobre la impor-
tancia de entender los orígenes de esta práctica de recolección, considerando tanto la existencia de «falsificaciones» como
la búsqueda continua de ejemplares «auténticos» en la actualidad. Esta investigación busca contribuir con la discusión
sobre la importancia del análisis bioantropológico de estos restos ancestrales, utilizando la crítica poscolonial e investi-
gación sobre la proveniencia de estos restos, con respecto al cómo y porqué fueron recolectados, curados y resguardados
en museos. Dado que estas cabezas son un sensible recordatorio de las problemáticas circunstancias de su recolección, la
crítica poscolonial es sumamente importante para repensar su curadoría, exhibición y uso como parte de investigaciones
científicas.
Palabras clave: restos humanos, museos, crítica poscolonial, bioarqueología.

a
[Link]
Laboratory for Human Evolutionary Studies, Institute of Biosciences, University of São Paulo. okumuram@
[Link]
b
[Link]
Honorary Adjunct Research Prof., Carleton University, Ottawa, ON, Canada / Research Associate, School of
Social Science, University of Queensland, St. Lucia, QLD, Australia. [Link]@[Link]; [Link]@
[Link]
c
[Link]
Department of Anthropology, Natural History Museum, Vienna. [Link]@[Link]

[Link]
146 MERCEDES OKUMURA, DAMIEN HUFFER Y SABINE EGGERS

1. Human modified remains


The use of parts of the human body as trophies or relics has been a worldwide phenomenon in both
the prehistoric and historic past and the present. These body parts included heads, teeth, forearms,
scalps, hands, fingers, ears, hair, various organs, and skin. Human heads are often deemed as
valuable, given their association with the spirit of the individual, as well as concepts of strength,
intelligence, and power (Arnold and Hastof 2016). In the Eurocentric tradition, the term «head-
hunting» has been interpreted under the ideas of war, religion, social prestige, and cannibalism
(religious and or ritual motivation). Religious and social prejudices as well as racist worldviews led
and still lead Europeans and others to misinterpret the nature and meaning of these heads. They
were and still are seen by some as exotic, trophy heads desirable to collect, expose or trade when in
fact they were remains of ancestors or enemies to be venerated within the communities of origin.
Adventurers, colonizers, government officials, military personnel and missionaries bought or stole
these heads of «barbarians and savages» and sold or donated them to museums in Europe, North
America and, to a lesser extent, Colonial-era museums in source countries themselves (Dye 2016).
The historical record suggests that these colonial era collectors themselves saw their collec-
tions at least in part as trophies, a mentality that arguably continues to this day (Huffer and
Graham 2017; Graham et al. 2020). Additionally, Eurocentric perspectives (deeply rooted in naive
interpretations of Indigenous cultural behavior) are reinforced through modern entertainment
and popular media (Dye and Keel 2012). Among Indigenous communities that engaged in the
practice of modifying heads of deceased persons, two of the most well-known examples come from
South America: The Munduruku and the Shuar.

1.1. Munduruku
Munduruku communities (who call themselves Wuyjuyu) in historical times inhabited Northern
Brazil (mostly Pará State) and are currently one of the most politically active Indigenous groups of
the region, fighting against deforestation, goldmining, a hydroelectric power plant, and Covid-19
in their territory (Ramos 2003; Inman and Smis 2018). The earliest records that mention the
making of these heads date between 1820 and 1830 and head preparation persisted until the
late 19th century. According to Schlothauer (2014), although there are mentions of such heads
by many traveling naturalists that visited Brazil during the 19th century, including Spix and
Martius (1823-1831) and the members of the Langsdorff expedition (1822-1829), these are quite
brief. Only in the 1870s did Barbosa Rodrigues (1875, 1882) provide a firsthand and detailed
description of such ritual.
Regarding new osteological, anthropological, and archival research investigating curated
Munduruku «trophy» heads within the context of their creation, use and collecting history, our
current pilot-level project aims to first record their presence in museum collections and bring to
light more information in terms of the history of their acquisition. Using CT scans, we also want
to better understand how the heads were made and conduct craniometric and/or odontometric
data for biodistance analysis between individuals and collections, where possible, and estimate the
age at death and the sex of the individuals. The last topic would be mostly important because there
is conflicting information in the documents regarding sex or age-specific selection of individuals.
For example, Santos (1995: 36) mentions (our translation): «They do not care about the sex or age
of their victims, only the numbers matter, once they intend to increase the collection of heads».
On the other hand, Horton (1948: 278) stated that «Women and children of the enemy were
taken prisoner (…). But enemy warriors were killed and their heads taken as trophies». Given
that the making of Munduruku «trophy» heads apparently stopped in the first decade of the 19th
Century (Schlothauer 2014), we aim to test whether or not forgeries are currently housed in
these institutions, and in a larger sense, whether anthropometric data from museum collections

e-ISSN 2304-4292
SHUAR AND MUNDURUKU MODIFIED REMAINS 147

can better clarify the presence of authentic examples of these traditions circulating within today’s
market. In this paper, we provide context and justification for the research we intend to do in the
future, once travel and collections access are more feasible.
We have found Munduruku heads mentioned to be held by many institutions worldwide: The
British Museum, Museu Nacional de Arqueologia (Lisbon), Museu Antropológico da Universidade de
Coimbra, Muséum d’Histoire Naturelle de La Rochelle, Musée de l’Homme (Paris), MuseoArtPremier
in Marseille, Etnografiska Museet in Stockholm, Museum Fünf Kontinente in Munich, Museo
Nazionale Preistorico Etnografico Luigi Pigorini in Rome, Museo Cívico Etnográfico in Modena, the
American Museum of Natural History in New York, and Museo de Culturas Indígenas Amazónicas,
in Iquitos (Peru). All the above institutions house only one individual, except for the British
Museum, which houses two individuals. This information was obtained mainly through perusal of
the online catalogues of these institutions, or through following the hashtags such as #humanskull,
#skullcollection, #skullcollecting, #tribalantiques, #shrunkenhead, #jivaro, #tsantsa, #curiosity-
cabinet, among others, on Instagram, which surfaced mainly photographs of the heads posted by
museum visitors sharing their experience.
Some other institutions might have Munduruku heads, although we were not able to securely
check the information. The Casa Municipal da Cultura (Solar Condes de Resende), in Vila Nova
de Gaia, Portugal supposedly holds two individuals, one that was described as having «European»
characteristics (Pereira 1995). The Institute for Cultural Anthropology and European Ethnology
in Göttingen might also have a Munduruku head, which was received by the German anthropol-
ogist Blumenbach in 1805 (Schlothauer 2012). It is suggested that two Munduruku heads are held
in a museum in Florence (Fernandes et al. 2010), but the accuracy of this information is unclear.
Although the Museum of Anthropology and Ethnography in Saint Petersburg houses Munduruku
artifacts ([Link], s.d.), the presence of such heads in the collection was not clearly verifiable.
In Brazil, we know of two heads still housed in collections, one at the Museu Paulista (in São
Paulo. For an illustration, see von Ihering 1907) and another at the National Museum (in Rio de
Janeiro). The specimen from the Museu Paulista has not been seen in recent times, although there
is an illustration published in 1907. The individual curated at the National Museum in Rio de
Janeiro might have had the same tragic fate as many of the museum’s collections; destroyed by a
fire in September 2018 (see Fernandes et al. 2010 for more details on the history of this specimen).
This Munduruku head has been studied using CT scanning and the results were published in
Santos et al. (2007). Similarly, the specimen housed at the University of Coimbra, Portugal, was
analysed using x-ray and the results presented by Mendonça de Souza and Martins (2003-2004).
These are, so far, the only systematic scientific studies made of Munduruku «trophy heads».
We have also started to investigate the origins and curatorship of the Munduruku head housed
at the Weltmuseum in Vienna. The head was brought to Vienna by the Austrian naturalist Johann
Natterer (1787-1843) in 1827 and was part of the exhibition of the Ethnographic collection of the
Vienna Museum of Natural History in 1889. Despite the existence of fragmentary lists and notes
(Schmutzer 2007), Natterer’s diaries, unfortunately, are still untraceable. There has been discussion
on whether the objects from the Munduruku (including the head) were collected by Peixoto, a
Brazilian officer (Kapfhammer 2012; Pelzeln 1871: XII). As reported by Schlothauer (2014: 148)
the head belonged to a «Parintintin (...) enemies of the Mundrucú» and was «preserved as a sign of
victory and displayed on a stick at their warpaths – from Canomá».
Since 2017 the head is exhibited in the Weltmuseum Vienna in a display entitled «From
warriors to political actors», which tells visitors how the Munduruku became political activists in
the fight against environmentally destructive energy projects on their lands (Fig. 1). The head is
presented along with other contextual elements, including feather headdresses, which are reported
to have been used in a ceremony involving the head of an enemy. Prior to the exhibition, the
exposition’s curator Dr. Claudia Augustat had conducted consultation with representatives of the
Munduruku who stated to have nothing to object to the exhibition of the head (Hickley 2018).

e-ISSN 2304-4292
148 MERCEDES OKUMURA, DAMIEN HUFFER Y SABINE EGGERS

Figure 1. Munduruku remains exhibited at the Natural History Museum in Vienna. Photo: M. Okumura.

In parallel, a public dispute flared up, when the traditional auction house Dorotheum
presented human heads from Nigeria, Benin, Borneo and New Guinea, among other places for
sale in Vienna. The protests were initiated specifically by Faika El-Nagashi from the Green party,
and led the Dorotheum to withdraw these human remains, including «trophy heads», from sale
one hour before the auction begun (Austria Presse Agentur 2017; Kronsteiner 2017). Despite the
controversies around the exhibition of human remains altogether (ICOM s.d.), the final decision
to exhibit the Munduruku head in the Weltmuseum was reported in the media to be based on
the fact that it was no longer a portrait of an individual, but instead an abstract ritual object,
described by various naturalists to have been seen with respect and esteem among the Munduruku
(Der Standard 2017; [Link] 2017). Public criticism towards this exhibition, however, was
intense and referred mainly to the absence of a warning that there were human remains in the
exhibition, the absence of a clear description of the exhibited individual, which was an enemy
and not a member of the Munduruku, as well as no mention of how Johann Natterer acquired
this head (Hickley 2018). This Munduruku head is still exhibited in the Weltmuseum as well as
virtually on its webpage (Weltmuseum website s.d.) but has gained much more contextual descrip-
tions in the exposition, so that the controversies have slowed down.

1.2. Shuar
The other South American group known to have prepared human heads are the Shuar of the
Amazonian rainforest of Southeastern Ecuador and Northern Peru, known of since the 15th
century initially through the Inca chronicles (Stirling 1938) and thereafter often described in lurid
headlines (see for example, Karsten 1923). Known as the only group that successfully revolted
against the Spanish conquerors, the Shuar lived in households of patrilineal groups (Harner 1984).

e-ISSN 2304-4292
SHUAR AND MUNDURUKU MODIFIED REMAINS 149

They believed death was due to sorcery from the enemies, thus tribal warfare and «blood» revenge,
mostly against other Shuar tribes, was frequent (Jandial et al. 2004). Even more important than
killing the enemy, was to overpower the enemy´s soul to become invincible. In the belief of the
Shuar, producing a shrunken head, or a tsantsa, from the enemy would trap his soul and appease
the victor´s ancestral spirits (Karsten 1923; Souza et al. 2005; Sauvageau et al. 2007). However,
in case a Shuar warrior would not secure the head of the killed enemy, a prepared head of a sloth
would be used instead (Mütter 1975). The spiritual power of the tsantsa lasted about three to four
years, after which the tsantsa could be discarded, given away or even traded. After the conquest the
acculturated Shuar sold real tsantsas and prepared counterfeits for trade (Souza et al. 2005).
Several institutions house remains identified as Shuar modified heads, including the Museo
Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú (Weiss 1958) and the Ethnography
Museum of Gothenburg (Varldskultur Museerna website). Five heads were identified in the
National Museum (Brazil) collection (Souza et al. 2005), which most probably were lost after
the fire in 2018. There is the report of a single head from the Eretz Israel Museum, Tel Aviv
(Hermon et al. 2011), another single head curated at the Comissão Geológica Brasileira in Belém
city, Pará state, Brazil (Santiago Wolnei Ferreira Guimarães and Hilton P. Silva, oral commu-
nication, 2018). And another two at the The Mütter Museum at The College of Physicians of
Philadelphia (Mütter 1975), as well as at least 44 heads curated at the Science Museum in London,
20 at the Smithsonian Institute, and one at the Elgin Museum (Houlton and Wilkinson 2016).
These collections probably present a mixture of real tsantsas and forgeries. These are just a few
institutions that present remains identified as Shuar heads.
The tsantsas curated at the Weltmuseum Vienna have also begun to be investigated as part of
our project (Table 1). It seems that they were acquired by the museum through multiple proce-
dures, including gift or donation, as well as buying. Available information regarding the origins
of these heads is also diverse, although most of the records refers to Ecuador. All the remains can
be identified as human (although the possibility of forgery cannot be ruled out, see Fig. 2), except
one, which clearly belongs to a sloth (Fig. 3).

2. Further actions
Although some of the collectors and the procedures through which these Munduruku and Shuar
heads reached the Weltmuseum Vienna are known (Table 1), much is left to discover. This regards
especially the circumstances under which they were taken, robbed, bought under coercion, or
received in exchange for Western goods or favors. Therefore, these heads must be considered as
sensitive collections (Berner et al. 2011) and should be treated with care until their fate can be
decided by descendant communities in collaboration with curators. The financial support received
from the Austrian Ministry (Bundesministerium für Kunst, Kultur, öffentlicher Dienst und
Sport) has recently authorised new projects that focus on provenance research of collections with
colonial contexts to support the on-site work of one of us (Eggers) and her team in the Natural
History Museum. Other museums contemplated by this financial support include Weltmuseum
in Vienna, among other federal Viennese museums. Despite time constraints, limited personnel
and huge collections that must be accounted for, provenance research on the remains mentioned
herein will be further carried out as soon as possible.
We were also able to begin a pilot project in which we collected several categories of anthropo-
metric data and made initial observations on suture style, perforations, skin tone, among others,
in order to try to better understand how these particular Munduruku and Shuar heads were
produced and thus begin to investigate the possibility of forgeries (Houlton 2018; Houlton and
Wilkinson 2018).

e-ISSN 2304-4292
150 MERCEDES OKUMURA, DAMIEN HUFFER Y SABINE EGGERS

Figure 2. Tsantsa housed at the Weltmuseum. Photos: M. Okumura.

Figure 3. Sloth head included in the tsantsa collection housed at the Weltmuseum. Photo: M.
Okumura.

e-ISSN 2304-4292
Inventory Location Year of Collector(s) as Documented Historical Information Description of find in Details on collectors/
N° Acquisition on WM label Inventory book collection

13.711 Ecuador, 1881 Prof. C. Palaeo-ethnographic and ethnographic Prepared scalp with … and -
Montana Hermann Objects from South America. Gift feather ornament from the
(WM from Prof. C. Herrmann from Vienna, Jivaro-Indians in Ecuador.
label on Nibelungeng. 8, December 1881 Without ornaments. See
head) (collected during a …trip to South W. Reiss: Ein Besuch bei
America, 1880) (Inv Book WM, D). den Jivaro-Indianern,
Verlag d. Ges. f. Erdk.… in
Berlin 1880 (Inv Book D).
15.137 East- 1882 Engeneer Kluger, L. sent the well preserved “tete Prepared scalp and facial -
Ecuador Ladislaus d`Indien” by post from Krakow to “le skin with hair … and
(Inv Book Kluger from Conseiller d´Etat” for the Royal Museum feather ornament from
WM) Krakow (1849- in Vienna, as wished for. He sold it for the Jivaro-Indians in East-
1884) a price of 250,- florins, that would com- Ecuador. Cylinder in left
pensate for the 100,- soles he bought earlobe. See W. Reiss: Ein
it for in Lima (WM Correspondence Besuch bei den Jivaro-
from L. Kluger from 16.06.1881 and Indianern, Verlag d. Ges. f.
19.07.1881). Erdk.… in Berlin 1880 (Inv
Book D).
20.694 Ecuador, 1884 Consul and 2nd Post XII. 1884. Antiques and ethno- Trophy head from the -
Rio secretary of the graphica from Panama-Ecuador and Jivaro-Indians from the
Morona French Legation Peru. Gifted by Karl Wiener, Consul family Huambiza from the
(WM Inv in Santiago de and II Secretary of the French Mission Rio Morona, Ecuador.
Book F.e.) Chile: Karl / in Santiago de Chile. F.e. Post. XII. Nr.
Charles Wiener 663-776…. 28. November 1884. 7th
series Contemporaneous Salvages….
148 / 758...Bones and dryed skull from
a Jivaro Indian from of the Huambiza
family, at the Rio Morona, Ecuador …
was disponibilized (with more than 100
other objects- Note from SE) for Dr
Ch. Wiener from the Anthropology and
Ethnography Department NHMW,
as signed by Heger on 28. Dec. 1884
(WM Collectors: Ch. Wiener).

82.709 No fur- 1907 Collection No Documentation in WMW Scalp trophy with cotton -
ther Info Paranagua; strings fixed to the pierced
in WM Loreto; (furhter research needed) lips. Without further orna-
(label on Schoeller ments and relatively short hair.
head) Original label: “tropheo da
tribu Jibaro: Chanka”.
82.71 No fur- 1907 Collection No Documentation in WMW Scalp trophy with cotton -
ther Info Paranagua; strings fixed to the pierced
in WM Loreto; (furhter research needed) lips. Without further orna-
(label on Schoeller ments and relatively short
head) hair.
95.42 Northern 1931 Leo Pucher Post XI - 1931. Purchase from Leo Shrunken head traded from -
Andes, Pucher, Bad-Ischl, Perneck 69, the wild and very dangerous
Peru, Oberösterr. Cost S 600,-. Peru and Chunchos.
Bolivia Bolivia. Nr. 79 1 trophy head (Note by
(WM col- SE: and dozens of other objects) with
lectors: L. the Inventory Numbers 95 342-95
Pucher). 427” (WM Inv Book). Summary by
Amazon SE: Leo Pucher writes that he collected
basin at least 78 from the 88 items listed (ex-
(WM Inv cluding the head), from the river basin
Book Post of the Amazon, since he lived with them
XI - 1931) (Note from SE: the Chunchos from Rio
Apurimac? Chunchos were the indige-
nous groups that did not surrender to
the spanish conquistadores (Luis Suárez
Fernández, Historia general de España
y América, p. 407, Ediciones Rialp,
1981). He further states he would ex-
pect to receive 800-900 Schilling for the
88 items, so he could travel again and
study more (Post Nr XI/ 1931).

Table 1. Inventory number, location, year of acquisition, collectors, historical information, and description of the tsantsa curated at the
Weltmuseum, Vienna. Information summarized and translated by Sabine Eggers according to documents from the Weltmuseum.
152 MERCEDES OKUMURA, DAMIEN HUFFER Y SABINE EGGERS

Inventory Location Year of Collector(s) as Documented Historical Information Description of find in Details on collectors/
N° Acquisition on WM label Inventory book collection

121.671 South 1927 Lina Witsch Post XIX - 1927: Purchase from Lina Trophy head (tsantsa), Karolina Witsch sold the
America (1883-1968) Witsch, Hall in Tirol. Jivaro, South male, hair 80mm long, no shrunken head to the
or Panama America (or Panama). (WM Inv Book hanging string, facial hair Völkerkundemuseum
(WM Post XIX - 1927). not burnt, little protruding (todays Weltmuseum)
label on lips, occipital stitching with in 1927. In the archives
head) skewed string (a sign of of Hall in Tirol no link
forgery according to Stirling to Peru/Ecuador was
1936). 110 mm. found (correspondence
from Zanesco, Dr. A.
Stadtarchiv Hall in Tirol
to the WM).
130.56 Ecuador 1945 Freiherr Anatol Post VI - 1945. Purchase from Anatol Trophy head (tsantsa) from
(WM von Kalm von Kalm, Wien XIII, Neblingergasse an older man, with beard
Inv Book 4. South America, Ecuador, Jivaro. and short hair… ear orna-
Post VI - Cost: RM 4.000,-. (WM Inv Book ment with beetle wings,
1945). Post VI - 1945). beans and seeds. Ornament
on the forehead. A partially
real tsantsa since prepared
by order by a Jivaro on a
victim killed during war or
ambush.
160.447 Ecuador, 1979 Heinrich Post 6/1979- Ecuador. Gift from Shrunken head from a Heinrich Müller was a
Province Müller Henrich Müller, Franz Sauerstr. 28, sloth. Two teeth penetrate humantiarian worker
Morona- 5020 Salzburg (WM Inv Book Post through the lips and are tied living with the Jivaro
Santiago 6/1979). with strings. Hanging string from 1973-1974. The 23
made from plant fibers. Ca objects inventorized by P.
9.5cm, string 15cm. Kann in 1979, including
the sloth shrunken head,
came from the Shuar,
from the Province of
Morona-Santiago, lo-
cated between the rivers
Pastaza and Santiago,
from the villages: Sucua,
Asunción, Taisha and
Tuutin Enza. . (WM Inv
Book Post 6 - 1979).

Table 1 (continuation). Inventory number, location, year of acquisition, collectors, historical information, and description of the tsantsa
curated at the Weltmuseum, Vienna. Information summarized and translated by Sabine Eggers according to documents from the
Weltmuseum.

One of us (Huffer) is also engaged in the surveillance of auction houses, galleries with web
presences, as well as social media and e-commerce platforms such as Instagram and Facebook.
This work is ongoing, with the specific goal of monitoring the sale and purchase of human
remains, including many allegedly authentic modified crania or mummified/preserved heads
from numerous cultures with pre-contact and colonial era traditions of head-taking of enemies
or ancestors, including tsantsa. This is part of research first begun in 2004 (Huffer and Chappell
2014) but has been most prolific from 2018 to the present under the title of The Bone Trade
Project ([Link] research conducted in conjunction with Dr. Shawn Graham
(Department of History, Carleton University) and funded by the Social Science and Humanities
Research Council of Canada. In addition, the datasets and publications (e.g., Huffer and Graham
2017) resulting from this project also contribute to the overall mission of the Alliance to Counter
Crime Online ([Link] of which DH and Dr. Graham are two of the
co-founders.

e-ISSN 2304-4292
SHUAR AND MUNDURUKU MODIFIED REMAINS 153

3. Conclusions
In conclusion, since their initial status as «objects» worthy of addition to one’s «cabinet of curios-
ities», reflecting the imperialist efforts of European nations from the 16th century onwards, the
significance of these remains, as well as the ways different parties (Colonial and contemporary
Indigenous communities, collectors, anthropologists, law enforcement, among others) have
engaged with them, have changed. The ethicality of the transactions that brought such «exotic»
artifacts to Western collectors has been, and continues to be, questioned and the ethnography
of collecting reveals the historically contingent intercultural relationships that made collecting
possible (O’Hanlon and Welsch 2000: 3-4). During the Colonial past, knowledge was thought
to be seamlessly incorporated into material objects, which were considered much more important
and worthy of preservation than Indigenous people themselves, the initial focus of ethnographic
interest. Currently, these heads are a sensitive reminder of the circumstances of collection that are
considered problematic by current ethical standards, and museums and other institutions have
been trying to change the ways in which such Ancestral remains are exhibited. For example, in late
2020, the Pitt Rivers Museum at Oxford decide to remove human remains from display, including
the Shuar tsantsa (Pitt Rivers Museum website s.d.).
In the specific case of Austria, although the country did not have overseas colonies, as the
exhibition at the Weltmuseum rightly acknowledge, the country was part of the colonial system
and played an important role in it, being heavily involved in the European colonial «project»
overall (Sauer 2012). Our first attempts to further understand the origins of Munduruku and
Shuar «trophy» heads housed at this museum show an entangled history of complex relations
among Indigenous communities, buyers, and traders. We believe that discussing the origins of
such collections, as well as the process of changing perceptions of museums in terms of cura-
torship, exhibition, and scientific research is a fertile ground upon which bioarchaeology and
provenance research can meaningfully imprint. Future work of this nature is also intended to lay
the foundation for repatriation requests while allowing digital data and records of what returned
collections contained, if agreed upon by all parties.

Acknowledgements
This note was written based on an oral presentation given in November 2020 at the I Webinar
Sudamericano de Antropología Biológica. We are deeply grateful to María del Carmen Vega who first
had the idea of organizing the webinar. She graciously invited Bibiana Cadena, Gonzalo Figueiro,
Juliana Gómez Mejía, Franco Mora, Jorge Suby, Marcela Urízar, and one of us (Okumura) to join
this enterprise, and we would like to thank all these colleagues as well for their hard work. We also
would like to thank Dr. Claudia Augustat and Mag. Reinhard Blumauer (Weltmuseum, Vienna)
for their valuable help in granting access to the collections and documents. We also thank Ella
Fischer for assistance during our preliminary analyses on the tsantsa, as well as Santiago Wolnei
Ferreira Guimarães and Hilton P. Silva for the information regarding the Shuar remains from
Belém. This project was partially financed by «USP Novos Docentes» Funding Program (process:
[Link].0), given to Mercedes Okumura.

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154 MERCEDES OKUMURA, DAMIEN HUFFER Y SABINE EGGERS

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Recibido: agosto 2021


Aprobado: noviembre 2021

e-ISSN 2304-4292
BOLETÍN DE ARQUEOLOGÍA PUCP / N.° 30 / 2021, 135-143 / e-ISSN 2304-4292

Una mirada a la vida y muerte de tres inmigrantes


chinos de mediados y finales del siglo xix: análisis
osteobiográfico y del ritual funerario

Julio Phan a, María del Carmen Vega b , Patricia Landa Cragg c,


Luis Nicanor Pezo Lanfranco d y Cecilia Camargo e

Resumen
En el año 2018 se hallaron tres entierros de inmigrantes chinos de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX en el
distrito limeño de Carabayllo, durante los trabajos de monitoreo arqueológico de la empresa Cálidda. En esta nota se
presenta la reconstrucción de estos contextos funerarios, así como las osteobiografías de cada uno de estos individuos, a fin
de acercarnos a cómo fue la vida, muerte y ritual mortuorio de estas personas.
Palabras clave: inmigración china, osteobiografía, ritos funerarios, siglo XIX.

Abstract
A LOOK AT THE LIFE (AND DEATH) OF THREE CHINESE IMMIGRANTS FROM THE MID TO LATE
19TH CENTURY: OSTEOBIOGRAPHIC AND FUNERARY RITUAL ANALYSIS
In 2018, three burials of Chinese immigrants from the late 19th and early 20th centuries were discovered in the
Carabayllo district of Lima, during the archaeological monitoring of the private company Cálidda. This note presents
the reconstruction of these funerary contexts, as well as the osteobiographies of each of these individuals, in order to get a
closer look to the life, death and mortuary rituals of these persons.
Keywords: Chinese immigration, osteobiography, funerary rituals, 19th century.

a
Pontificia Universidad Católica del Perú. a20140700@[Link]
b
[Link]
Grupo de Investigación en Bioarqueología y Antropología Forense (GIBAF). vega.m@[Link]
c
Taller de conservación Kurator. planda55@[Link]
d
[Link]
Universidade de São Paulo; FAPESP: 2017/17580-0. luispezolanfranco@[Link]
e
Coordinación de Patrimonio Cultural Cálidda. [Link]@[Link]

[Link]
136 J. PHAN, M. C. VEGA, P. LANDA CRAGG, L. N. PEZO LANFRANCO Y C. CAMARGO

1. Introducción
1.1. Lugar del hallazgo y metodología
Los tres individuos que se presentan en esta breve nota provienen de las excavaciones del plan
de monitoreo arqueológico de Cálidda para la instalación de redes de gas natural en 2018 en el
sitio de la Flor de Carabayllo, Lima, zona utilizada como haciendas desde el virreinato hasta la
República (Quispe y Tácunan 2011). Posteriormente, el sitio fue ocupado por inmigrantes que se
asentaron en los llamados pueblos jóvenes durante la década de 1960 (Quispe y Tácunan 2011:
9-10). Estos contextos fueron analizados por su estructura, el tratamiento del cuerpo y las asocia-
ciones del entierro, y se complementó con un análisis osteobiográfico de los restos, que incluyó
análisis isotópicos de carbón y nitrógeno para la reconstrucción de la dieta. Finalmente, esta infor-
mación fue contrastada con los datos históricos disponibles para reconstruir la vida y muerte de
estos individuos.

1.2. Los estudios de la migración china


La investigación en nuestro país de la inmigración china se encuentra todavía en etapas iniciales.
Por lo general, la investigación histórica se ha centrado en la imagen del inmigrante chino y en
el contexto socioeconómico de la época. Wilma Derpich (1999: 21) señala que: «La imagen del
chino pobre, explotado, peligroso y revoltoso ha merecido amplia atención de estudiosos, desde
Stewart hasta nuestros historiadores y curiosos. Por esta razón, la bibliografía conocida tiene ese
sesgo […]». Otros autores como Watt Stewart y Humberto Rodríguez se han enfocado en el
aspecto económico y el efecto de la migración china en la sociedad peruana; han descrito la vida de
los inmigrantes chinos y su travesía por el país, sus dificultades (racismo, semiesclavitud, suicidios,
entre otros) y su incorporación en la sociedad peruana en el barrio chino y los chifas; que llegan
a formar parte de la identidad del país (Stewart 1976; Rodríguez 1990). O bien se han enfocado
en el aspecto religioso, como Lausent-Herrera, quien ha retratado el proceso de evangelización
que se llevó a cabo en la población inmigrante china y cómo la iglesia se preocupó por incorporar
a los inmigrantes a la religión católica (Lausent-Herrera 2014). Los estudios arqueológicos, por
contraste, se han enfocado en hallazgos fortuitos. Como señala Wilfredo Kapsoli: «[…] aunque
los temas de investigación en arqueología histórica sobre la inmigración china existen, se deben
no específicamente a un interés sobre el tema chino, sino que se ha dado hallazgos en torno a
la investigación en las huacas, recintos ceremoniales y administrativos de las antiguas culturas
peruanas […]» (Kapsoli 2012: 1-2). No obstante, hay trabajos como los de Hudtwalcker (2012)
y Li Jing Na (2012) que abordan el tema desde una perspectiva arqueológica, pero las investiga-
ciones arqueológicas de la inmigración china se encuentran en etapas iniciales.

1.3. La migración china en el Perú


La historia de la migración china del siglo XIX empieza en un contexto de problemas. China en
esta época se encontraba en una situación precaria, con rebeliones y el creciente imperialismo de las
potencias occidentales que exigían concesiones de China a la fuerza. Las Guerras del Opio llevaron
a China a la abolición del sistema Cohong (un sistema que mantenía el monopolio del comercio
con el exterior del país), la secesión de territorios como Hong Kong, indemnizaciones, la legali-
zación del opio, entre otras consecuencias; lo que convirtió a China una semicolonia sometida
a intereses de las potencias occidentales (Martínez-Robles et al. 2014: 18-19). Asimismo, hubo
cuatro grandes rebeliones entre 1850 y 1873, entre ellas la rebelión Taiping. Una de las causas de
estas rebeliones fue el crecimiento demográfico mientras que los recursos disponibles no crecían al
mismo ritmo, lo cual empobreció a la población en general (Martínez-Robles et al. 2014: 20-21).
Es en este contexto cuando sucede la migración china hacia otros países.

e-ISSN 2304-4292
UNA MIRADA A LA VIDA (Y MUERTE) DE TRES INMIGRANTES CHINOS 137

Por otro lado, el Perú presentaba problemas en su situación postindependencia. El sec-


tor agrario se encontraba en decadencia. Humberto Rodríguez señala que, a partir de la inde-
pendencia en 1821, la agricultura se encontraba en una situación decadente, donde tanto los
ejércitos libertador y realista requerían la participación de los esclavos a favor de su causa en
el campo de batalla como tropas, lo cual dejaba el sector agrario sin mano de obra (Rodríguez
1990: 18-19). Fue el boom del guano el que permitió la emancipación de los esclavos, y para no
afectar al sector agrario se propuso la llamada Ley china para obtener mano de obra desde China
(Lausent-Herrera 2009: 115-116). El guano proporcionó un gran beneficio económico; gran
parte del presupuesto estatal (hasta 79% en 1861) sería debido al guano (Contreras y Cueto
2013: 120). Como se observa, el boom del guano y la necesidad de mano de obra para el sector
agrario decadente hicieron propicios la migración al país.

1.4. Los ritos funerarios en China y Perú de fines del siglo XIX
Según la información de la tesis de maestría de Pasacreta (2005), las tradiciones mortuorias
chinas presentan diferentes influencias y conceptos. En el pensamiento chino existe el concepto
de sociedad paralela. La muerte y el más allá encarnan el concepto taoísta de yin, mientras que
los vivos encarnan el yang. El mundo del ying se percibe como una versión oscura del mundo de
los vivos para el pensamiento chino, donde el ancestro es visto como el núcleo del mundo de los
muertos y sirve la misma función que la familia en la sociedad china. Otra influencia proviene
del taoísmo, que ha tenido un gran impacto en los rituales mortuorios, en particular en el sur,
lo que generó costumbres populares como tiempos y lugares auspiciosos, y el uso de geomantes
y chamanes. También se tuvo la influencia del budismo, cuyos adeptos adoptaron y practicaron
la cremación como práctica mortuoria. Además, MacCormack (2006: 1) señala que la influencia
del confucianismo en el concepto de lealtad filial y el culto a los ancestros. Su influencia en las
prácticas funerarias se evidencia en la jerarquización social en los ritos mortuorios y la codificación
de estos en manuales, como los de Zhu Xi, para la comunidad china (Pasacreta 2005). Para las
dinastías imperiales tardías, Qing y Ming, se logró la centralización y unificación de la ideología
mortuoria ritual en China. La idea central de este logro era variación dentro de la unidad, donde
las comunidades chinas eran condicionadas a hacer la idea básica de los rituales y eran libres de
incorporar variaciones familiares o comunitarias (Watson citado en Pasacreta 2005: 12).
Por otro lado, en el Perú se practicaba el entierro a la manera cristiana. Durante el virreinato
se enterraba a los muertos cerca de las iglesias, en los patios de estas, criptas, osarios subterráneos
o tumbas en el interior de tierra de la iglesia; los nativos en los cerros y huacas; y los más pobres a
extramuros o cerca de las iglesias para ser enterrados en fosas comunes (De la Cruz 2016: 93). Para
la época de la República se mantuvieron las tradiciones anteriores, pero se incorporaron cambios.
Luis Requena (2013: 33-34) señala que los entierros seguirían registrándose en las parroquias y las
exequias en las iglesias, pero los entierros de los cuerpos debían ser única y exclusivamente llevados
a cabo en el cementerio extramuros. Se continúa, por ejemplo, el uso de los hábitos de monje
franciscano para hombres y de la virgen del Carmen para las mujeres, así como de las oraciones
y las carrozas. No obstante, otras prácticas desaparecieron con el pasar de los años, tales como los
entierros intramuros en templos o la visita a las criptas de las iglesias en fechas especiales (Requena
2013: 61-62).

2. Las osteobiografías y la reconstrucción de las vidas del pasado


El término «osteobiografía» fue introducido por Frank Saul (1972) en su investigación del sitio
maya de Altar de Sacrificios en Guatemala como el término que: «[…] se ha utilizado para indicar

e-ISSN 2304-4292
138 J. PHAN, M. C. VEGA, P. LANDA CRAGG, L. N. PEZO LANFRANCO Y C. CAMARGO

en una sola palabra que este estudio incluye todos los aspectos anteriores del análisis esquelético»
(Saul 1972: 8). Es decir, Saul definió las osteobiografías como la historia registrada en los huesos.
El esqueleto registra la historia de vida de los individuos en distintas formas, y una de las labores del
bioarqueólogo es la de extraer dichas historias de los huesos (Saul y Saul 1989: 288). Los orígenes
de esta rama de la bioarqueología se basan en los estudios biológicos del esqueleto y la arqueología
procesual orientada socialmente, y constituye una herramienta indispensable para una bioarqueo-
logía humanística que permite responder distintas preguntas de investigación, especialmente de la
estructura individual, lo cual no es posible desde una aproximación poblacional (Hosek y Robb
2019: 1-2).
Tal como lo plantea Joyce (2005: 149), cuando las experiencias individuales son abstraídas a
categorías poblacionales (sexo, raza, grupos de edad, entre otros), los individuos son eliminados
y solo quedan grupos de personas como masas agrupadas, lo que elimina la identidad individual
de cada persona del pasado al categorizarlas en una sola «casilla» social. El uso de osteobiografías
permite acercarse de una forma única y personal a los individuos que se estudian, y permite «ver»
más finamente las identidades del individuo y su historia de vida.
De esta manera, el enfoque osteobiográfico permitirá «leer» las historias de vida y muerte que
han quedado escritas en los cuerpos de cada uno de los tres inmigrantes chinos recuperados.

3. Reconstrucción funeraria y osteobiográfica de los individuos recuperados


3.1. Individuo 1
El primer contexto se encontraba en una fosa simple sin estructura, con una orientación sureste
(cráneo) a noreste, con el cuerpo depositado en un féretro (largo: 1.66 metros, ancho superior:
0.56 metros, ancho inferior: 0.40 metros) en mal estado de conservación. Este contexto presentó
mayor número de asociaciones (33 objetos asociados): cinco monedas (lo que incluyó una moneda
de plata fechada en 1898 [Fig. 1A]), 36 naipes de un juego llamado Tseen Wan, cuatro frazadas,
tres pantalones, una gorra, un par de medias y zapatos, dos chalecos, cinco sacos, dos pañuelos
(uno grande con diseño), una caja de fósforos, una pipa (Fig. 1B), dos bandas de tela, un saco con
capa y varios papeles. La ropa destaca por su buena calidad y por la presencia de un aparente saco
(Fig. 1C) de la época de la Guerra del Pacífico (a juzgar por uno de sus botones). Todas las prendas
estaban puestas una encima de la otra, vistiendo al individuo.
El análisis osteológico y radiológico de este individuo muestra que se trataba de un adulto
masculino (35 a 45 años), de cabello corto entrecano, bigote ralo. En su niñez temprana (dos a
cuatro años) tuvo al menos dos episodios de enfermedad o condición inespecífica manifestada
como hipoplasias lineales del esmalte. Asimismo, se observaron labiaciones en los cuerpos de L2
a L4 y espolones en los pies, posible reflejo de labores que forzaban la cintura y requerirían estar
de pie mucho tiempo. Asimismo, se observó una apertura semicircular en el área de los dientes
centrales superiores producida tras la pérdida ante mortem del incisivo central derecho (Fig. 1D)
que podría relacionarse con el uso de pipa. Además, presenta desgaste moderado en los dientes,
resorción alveolar severa y pérdida de varias piezas dentales. No se observaron caries. El análisis
de isotópico de carbón y nitrógeno indicó que entre los tres y siete años este individuo tuvo una
dieta similar a la dieta experimental número 1 de Froehle et al. (2012), la cual se caracteriza por
una dependencia exclusiva de plantas C3 en la dieta, que muy probablemente fue predominio
de arroz y proteína C3 terrestre, que corresponde al consumo de reces, puercos, cabras, gallinas
y otros animales alimentados con forraje C3.

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Figura 1. Elementos resaltantes del individuo 1. a. Moneda de 5° de plata acuñado en 1898; b. Pipa para fumar; c.
Casaca con el botón militar; d. Espacio entre los dientes del individuo (relacionable al uso de pipas). Fotos tomadas
por Julio Phan (Fig. 1A), Patricia Landa (Figs. 1B y 1C) y María del Carmen Vega (Fig. 1D).

3.2. Individuo 2 («Aguam»)


El segundo individuo estaba dispuesto en una fosa sin estructura, con la cabeza orientada hacia
el noreste, dentro de un féretro (largo: 2.04 metros, ancho superior: 0.51 metros, ancho inferior:
0.30 metros, alto: 0.26 metros) en mal estado de conservación. Este es el segundo contexto con
más asociaciones (22): dos sombreros, una camisa, dos pantalones, un atado (alforja), un kit de
fumador (vasija y caña), una pipa, tres paños, un tejido de fibra vegetal, tres sacos, una bufanda,
una frazada, un par de medias y zapatos, cigarrillos hechos a mano, mechero y tintero. Entre los
objetos hallados resalta una constancia de trabajo (Fig. 2A) en la hacienda Caucato con el nombre
«Aguam» (con fecha del 31 de enero de 1875), un papel con números arábigos y letras latinas
(Fig. 2B) y papeles con escritura china sobre medicina china. Las prendas estaban puestas vistiendo
al individuo una encima de otra.
El análisis osteológico y radiológico señalan que se trata de un individuo masculino adulto
(entre 35 a 50 años) de cabello corto de color oscuro, aparentemente más largo hacia el lado
posterior (posiblemente que sea de una trenza cortada) y un bigote largo que llega hasta el labio
inferior. Presentaba una espondilólisis de la quinta lumbar (Fig. 2C), posible consecuencia de
labores repetitivas que forzaban la cintura. Presenta una salud dental relativamente buena con
dientes completos levemente desgastados, resorción alveolar moderada en el área de los incisivos
centrales superiores y un posible absceso periapical a la altura del segundo premolar derecho.
Asimismo, se estableció que la causa más probable de muerte fue por politraumatismos contun-
dentes que afectaron el área pélvica, parte posterior e inferior derecha del tórax, rodilla derecha y
codo (Fig. 2D) del mismo lado. Es posible que estas lesiones hayan sido consecuencia de una caída
libre con aterrizaje de pie y sobre el lado derecho, desde una altura mayor de 10 metros y contra
una superficie no deformable (Petaros et al. 2013; Rowbotham et al. 2019). Asimismo, el análisis
isotópico arrojó que en su adultez (unos años antes de su muerte), este individuo tuvo una dieta
que se acerca al grupo experimental número 1 de Froehle et al. (2012); es decir, probablemente
consumió una dieta 100% de plantas C3 (probablemente predominio de arroz; y proteína C3
terrestre, por ejemplo, animales de corral). En resumen, este individuo trabajó en haciendas (en
algún momento trabajo en la hacienda Caucato); asimismo, mantuvo también la dieta típica de los

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chinos de la época, con un consumo alto en proteína C3. Finalmente, tuvo una muerte violenta
(intencional o accidental); en continuidad con sus tradiciones, fue enterrado según las prácticas
chinas tradicionales por sus compañeros.

3.3. Individuo 3
La fosa de este individuo no presentaba estructura. El cuerpo estaba dispuesto dentro de un féretro
(largo: 1.80 metros, ancho superior: 0.45 metros, ancho inferior: 0.32 metros, alto: 0.30 metros)
en mal estado de conservación, que presentaba tablas transversales a manera de tapa. La cabeza se
hallaba orientada hacia el noreste. De los tres, este es el individuo con menos asociaciones (13):
una moneda dentro de la boca, naipes chinos del juego Tseen Wan, cigarrillos hechos a mano (Fig.
3A), dos pantalones, cuatro camisas, una frazada, un fragmento de una parte de un saco, un polo,
fragmentos de tejidos y dos papeles (uno de ellos sobre el rostro). Las prendas estaban puestas una
encima de la otra, vistiendo al individuo, y algunas de estas se encontraban mal puestas, lo que
daba la impresión de haber sido colocadas de manera apresurada.
Los análisis osteológico y radiológico señalan que se trata de un individuo adulto masculino de
entre 35 a 50 años, de cabello entrecano, aparentemente corto en la parte superior pero peinado
en una trenza larga (Fig. 3B) que llega hasta los muslos. Presenta formación de hueso nuevo
periosteal sobre la parte anterior del fémur izquierdo (en curación), labiaciones en los cuerpos de
la L4 y L5 (Fig. 3C) y un navicular accesorio bilateral tipo III (posibles consecuencias de labores
que forzaban su cintura y pies). Asimismo, presenta varias caries en estado avanzado (evidencia de
alto consumo de carbohidratos); así como varias infecciones y algunas pérdidas dentales, al igual
que sarro severo y una posible enfermedad periodontal. La causa más probable de muerte de este
individuo es al menos un traumatismo contundente que afectó la parte facial izquierda (Fig. 3D),
asociada a posibles traumatismos contundentes en la parte anterior-derecha del tórax (que fracturó
cuatro costillas), posiblemente debido a violencia interpersonal.
El análisis isotópico indicó que, durante su adultez, este individuo tuvo una dieta parecida de
a la dieta de los peruanos del siglo XIX y XX, con predominio de plantas C3 y menos de 30% de
contenido de plantas C4, complementado con proteína terrestre C3.

4. Discusión
El análisis de estos individuos muestra algunas particularidades de sus vidas y su adaptación a su
nuevo entorno. Los tres individuos muestran en sus cuerpos la dureza de su trabajo en Perú, lo que
afectó específicamente los pies y la zona de la espalda, lo cual es compatible con los trabajos agrí-
colas, que según diversas investigaciones (Rodríguez 1990; Quispe y Tácunan 2011; Contreras y
Cueto 2013) fue la actividad principal de los migrantes chinos de esta época. De igual manera, dos
de estos tres individuos demostraron tener una muerte violenta, donde al menos uno de los casos
(individuo 2) podría corresponder a un suicidio. Las muertes violentas (lo que incluye suicidios)
no eran inusuales entre los migrantes chinos, tal como reporta Li (2016). Según Rodríguez, el
asesinato y el suicidio correspondía al 22% de una lista de 23 muertes registradas entre 1876 y
1877 (Rodríguez citado en Li 2016: 411).
Se ha encontrado evidencias de que algunas costumbres chinas se mantuvieron; por ejemplo,
la alimentación en el caso del individuo 2, la cual fue parecida a la de sus compatriotas, aún en sus
últimos años de vida; así como el uso de pipa por los individuos 1 y 2, el uso de la trenza tradi-
cional china del individuo 3 y algunas costumbres funerarias como la colocación de prendas una
sobre otra y de monedas en la boca. Sin embargo, también se encontró evidencia de adaptación a
nuevas costumbres, como se manifiesta en la dieta del individuo 3 (más cercana a la peruana) y en
la posibilidad de que el individuo 2 estuviera en proceso de aprender el idioma español. Asimismo,

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Figura 2. Elementos resaltantes del individuo 2. a. Constancia de cumplimiento de contrato en la hacienda Caucato
(con fecha del 31 de enero de 1875); b. Papeles con letras latinas y números arábigos mostrando el abecedario y
números; c. Espondilólisis de la quinta lumbar; d. Fractura perimortem completa en el cuello del cúbito derecho y
dislocación del codo derecho. Fotos tomadas por Patricia Landa y radiografías tomadas por Jorge Ranilla.

Figura 3. Elementos resaltantes del individuo 3. a. Cigarrillos hechos a mano; b. Trenza larga del individuo: c.
Labiaciones en los cuerpos de las lumbares L4 y L5; d. Traumatismos contundentes que afectan la parte facial iz-
quierda. Fotos tomadas por Patricia Landa y radiografías tomadas por Jorge Ranilla.

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es muy interesante el uso de un posible saco militar peruano de la Guerra del Pacífico por parte
del individuo 1, lo cual genera la interrogante de si esta persona fue un combatiente por las tropas
peruanas en esa guerra o si adquirió la prenda en otras circunstancias.
Los hallazgos mostrados en la presente nota, aunque iniciales, han dado una mirada sobre lo
que significó la vida y muerte de tres personas que forman parte de nuestra historia como nación,
por lo que esperamos que las nuevas investigaciones en curso den aún más luces sobre este capítulo
de la historia del Perú.

Agradecimientos
Los autores quisiéramos agradecer el grato apoyo de distintos profesionales que apoyaron este
trabajo. Quisiéramos el apoyo de la empresa Cálidda y de su equipo de arqueólogos, conformado
por: Kimberly Tumialán, Ródemi Temoche, Zulema Zelaya, Jesús Bahamonde, Claudia Roque,
José Vargas, Gisella Rocío Tuesta y Roberto Quispe.
También quisiéramos agradecer al grupo de conservadoras que trabajo para la conservación y
el registro de las piezas encontradas: Carmen Hinostroza, Valeria Vásquez, Jessica Kea y Silvana
Zegarra.

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Recibido: agosto 2021


Aprobado: noviembre 2021

e-ISSN 2304-4292

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