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Psicología del Desarrollo y el Aprendizaje II
Constitución Subjetiva desde el Psicoanálisis
Desde la constitución de los Sistemas Psicológicos Contemporáneos, con la Psicología Experimental de Wundt
en adelante, la Psicología tradicional centró sus estudios en la CONCIENCIA. Sin embargo, el Psicoanálisis como
teoría y como método clínico, se fundamenta en el descubrimiento del INCONCIENTE: establece que allí se
encuentran las verdaderas razones que fundamentan nuestras conductas, que son desconocidas por nosotres
mismes.
Cuando decimos “fue sin querer, perdoname” luego de arruinarle la ropa a una amiga (acto fallido), o cuando le
decimos a nuestro novio “cómo te quiero Nacho” cuando en realidad se llama Nico, o incluso no nos “sale” su
nombre (lapsus, olvido), en realidad hicimos o dijimos algo que no queríamos (o que sí queríamos de forma
inconciente), algo escapó a nuestro control conciente.
Por otro lado, el descubrimiento del inconciente ha tenido consecuencias que desbordan el campo de la psicología
irradiándose a las artes (pintura, literatura, cine) y luego a otros campos del conocimiento, hasta llegar a nuestra
vida cotidiana. “Es una inconciente” decimos de alguien que nos parece muy audaz o poco responsable; “no debés
ser tan obsesivo” señalando a quien de tan cuidadoso se detiene en los detalles y pierde de vista lo principal, “tiene
complejo de Edipo” de alguien que en la adultez vive con su madre. Sin embargo, este conocimiento que se
encuentra tan naturalizado implicó una revolución científica que significó una ruptura con sistemas psicológicos
anteriores.
Freud sostiene que en cada persona se producen fenómenos de carácter psíquico desconocidos por ella misma y
que ejercen un amplio poder en la determinación de su conducta. Lo INCONCIENTE está separado, escindido, del
pensar “conciente” del ser humano. Antes de Freud, la Psicología aceptaba la existencia de ideas latentes,
momentáneamente fuera de la conciencia por falta de interés o de fuerza pero que podían volver a formar parte de
ella.
… el Psicoanálisis se vió compelido a tomar en serio el concepto de inconciente. Para él, todo lo psíquico era
inconciente; la cualidad de conciencia podía agregársele o faltar. Pero así chocó con la contradicción de los
filósofos, para quienes conciente y psíquico eran idénticos, y que aseveraban no poder representarse un
absurdo como lo anímico inconciente Freud, Presentación Autobiográfica, 1925, pág. 30
Freud observó durante el tratamiento de sus pacientes que estas ideas olvidadas tienen gran importancia ya que se
vinculan con sentimientos o emociones fuertes o conflictivas que por eso mismo son “olvidadas” o apartadas de la
conciencia. Esto se produce por un mecanismo, también inconciente, la REPRESIÓN, que está relacionada con
conflictos de origen sexual infantil desconocidos por la persona (relacionados con el Complejo de Edipo).
Estos conflictos reprimidos que parecen olvidados aparecen de forma disfrazada, bajo la forma de producciones
de lo inconciente y del retorno de lo reprimido, dándonos la pauta de la existencia de lo inconciente, la represión
y el conflicto psíquico.
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Sin embargo Freud va a remarcar que el inconciente es algo psíquico, pero no está en un lugar anatómico
determinado. Se trata una tópica virtual, sin una materialidad concreta. Se llega a su conocimiento a través de las
diversas manifestaciones como los actos fallidos, los lapsus, los chistes, también y centralmente por los sueños
(vía regia de acceso a lo inconciente según Freud) y los síntomas neuróticos.
La articulación de lo inconciente se entrama con el intento de concebir al aparato psíquico como
edificado a partir de cierto número de instancias o sistemas, de cuya recíproca relación se habla con expresiones espaciales,
a pesar de lo cual no se busca referirla a la anatomía del cerebro (es el punto de vista tópico).
Freud, Presentación Autobiográfica, 1925, pag 31.
Es a través de tratar de entender los síntomas neuróticos de sus pacientes como Freud comienza a pensar en esta
cuestión central del psiquismo inconciente: durante los primeros años de trabajo recurrió a la HIPNOSIS para vencer
la represión e ir directamente al recuerdo de la vivencia que había dado origen al síntoma; pero no todas las
personas eran hipnotizables. Luego incorporó un método llamado CATÁRTICO a partir del trabajo investigativo con
su colega Josef Breuer (se lee Broier) y de la especial relación de este con su paciente Anna O. Esta paciente tenía
severos sufrimientos histéricos (parálisis, hidrofobia, por mencionar algunos) y el tratamiento consistía en invitarla a
decir todo lo que sentía o pensaba, tuviera o no relación con lo que estaban hablando. Era una cura por la palabra,
a la que Anna llamaba “limpieza de chimenea”. Sin embargo tanto Breuer como Freud aun no conocían el
fenómeno de la TRANSFERENCIA, desconocimiento que hizo que la terapia fuera interrumpida; e incluso la
amistad entre Freud y Breuer terminara.
“La paciente…. Cuando Breuer la tomó a su cargo, presentaba un variado cuadro de parálisis con contracturas,
inhibiciones y estados de confusión psíquica. Una observación casual permitió al médico discernir que era posible
liberarla de esa perturbación de la conciencia si se la movía a expresar con palabras la fantasía afectiva que en ese
momento la dominaba. De esta experiencia, Breuer obtuvo un método de tratamiento. La ponía en estado de
hipnosis profunda y hacía que le contara cada vez lo que oprimía su ánimo. Tras superar de esta manera los
ataques de confusión depresiva, aplicó el mismo procedimiento a cancelar sus inhibiciones y perturbaciones
corporales. En estado de vigilia, la muchacha no sabía más que otros enfermos acerca del modo en que se habían
generado sus síntomas y no hallaba lazo alguno entre ellos e impresiones cualesquiera de su vida. En la hipnosis
buscaba enseguida la conexión buscada. Resultó que todos sus síntomas se remontaban a vivencias
impresionantes que tuvo mientras cuidaba a su padre enfermo; vale decir, tenían un sentido y correspondían a
restos o reminiscencias de esas situaciones afectivas”. Freud, Presentación Autobiográfica, 1925, pag 20
De todos modos, cuando Freud registra el fenómeno de la transferencia en sus propios pacientes, como el
vínculo inevitable y necesario que debe establecerse, repitiendo un vínculo infantil y edípico, es cuando arriba a su
tercer método, la ASOCIACIÓN LIBRE (y su contrapartida, la ATENCIÓN FLOTANTE) y toma forma definitiva el
PSICOANÁLISIS.
El analista torna conciente al enfermo de su transferencia, y ella es resuelta cuando se lo
También convence de que en su conducta de trasferencia revivencia relaciones de sentimiento que fueron
descienden de sus más tempranas investiduras de objeto, provenientes del período
reprimido de su infancia. Mediante esa vuelta, la transferencia, que era el arma más
poderosa de la resistencia, pasa a ser el mejor instrumento de la cura analítica. De todos
modos, su manejo es la parte más difícil, así como la más importante, de la técnica
analítica.
Freud, Presentación Autobiográfica, 1925, pag 40.
sucediéndose modificaciones y correcciones en otros conceptos e ideas en el edificio teórico del Psicoanálisis,
acompañando los 40 años que Freud dedicó a entender a sus pacientes y a la subjetividad humana (más los 10
años considerados “prepsicoanalíticos”). Además de ir modificando su método, podemos encontrar dos doctrinas
de las pulsiones: en un primer momento, alrededor de 1905, cuando publica Tres Ensayos de Teoría Sexual,
Freud clasifica a las pulsiones en pulsiones sexuales por un lado y pulsiones yoicas (o de autoconservación)
por el otro. Sin embargo al avanzar en sus descubrimientos, va a plantear las pulsiones de vida o Eros
englobando a las pulsiones yoicas y a las pulsiones sexuales y contrapuesta, la pulsión de muerte o
destrucción. Esto lo hace alrededor de 1920, con la publicación de un texto fundamental que se llama Más allá del
Principio de Placer, donde plantea la existencia de la compulsión a la repetición como un modo primordial de
funcionamiento del psiquismo.
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Otro tanto sucede con su forma de pensar el psiquismo como aparato psíquico: alrededor de su texto más
conocido, La interpretación de los Sueños, surge la PRIMERA TÓPICA que separa en sistemas inconciente,
preconciente y conciente:
-Sistema Inconciente: pilar fundamental de la teoría psicoanalítica. Sede de los conflictos reprimidos de carácter
sexual que no tienen lugar en la conciencia por efectos de la represión.
-Sistema Preconciente: formado por aquellos sentimientos, pensamientos, fantasías y representaciones que no
están presentes en la conciencia, pero que pueden hacerse presentes en cualquier momento, sin vencer gran
resistencia para que se hagan concientes.
-Sistema Conciente: es el que nos hace relacionarnos de manera directa con la realidad a través de todo lo que
percibimos. Las representaciones concientes son todo lo que registramos, ya sea fuera de nosotros (lo que vemos,
escuchamos, hacemos) como lo que pasa adentro (lo que recordamos, deseamos, sentimos). Por medio de la
conciencia conocemos las cosas de forma reflexiva. Sin embargo, para el Psicoanálisis no sólo el sistema conciente
es el que percibe, ya que también lo inconciente y lo preconciente están presentes en el momento de percibir,
tiñiendo esas percepciones.
Freud grafica el aparato psíquico con el Esquema del Peine: Polo P (Percepción), Polo M (Motilidad), Mn (Huellas
Mnémicas), Icc (Sistema Inconciente), Pcc (Sistemna Precociente-Conciente).
La SEGUNDA TÓPICA del aparato psíquico es una ampliación que realiza posteriormente Freud, planteando las
instancias del Ello, el Yo y el Superyó, instancias que desempeñan funciones distintas pero interactúan de forma
permanente. La conducta es siempre dinámica ya que es el resultado de estas tres instancias o componentes del
aparato psíquico:
-Ello: en él se alojan todos los deseos del ser humano. La función del Ello es lograr el placer y evitar el dolor o el
displacer. El deseo es el motor del aparato psíquico. Freud dice que el aparato psíquico del bebé recién nacido
forma todo Ello, es todo deseo que urge ser satisfecho. Luego a partir de experiencias vitales se irán formando el Yo
y el Superyó.
-Yo: es la parte de nuestro aparato psíquico que reconocemos como propia. ¿Quién soy? El yo es una suerte de
organizador que percibe las necesidades externas (“mejor estudio, tengo que aprobar esta materia”) y las internas
(“tengo sueño, me voy a descansar y mañana sigo”). El yo además tiene el control de la motilidad voluntaria, por su
contacto directo con el mundo exterior; pero Freud lo define como el mediador o tironeado por las otras instancias,
el Ello y el Superyó.
-Superyó: heredero del Complejo de Edipo, por identificación a las figuras parentales (madre y padre), encargado de
velar por las normas y valores de la sociedad. Posee dos aspectos: la conciencia moral (lo que no debe hacerse) y
el Ideal del Yo (lo que sí debe hacerse para ser mejor).
Esquema de la Segunda Tópica
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Gráfico de relaciones entre Primera y Segunda
Tópicas
Complejo de Edipo
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El motor de la actividad psíquica o del “aparato psíquico” freudiano es la pulsión y la libido su energía, que busca
satisfacción a través del placer de acuerdo al Principio del Placer1 que rige en el sistema inconciente. Esto implica
pensar la actividad psíquica ligada a la sexualidad, al deseo, e implica como el mismo Freud dice, que la sexualidad
está presente desde el comienzo de la vida.
“… la función sexual arranca desde el comienzo mismo de la vida
y ya en la infancia se exterioriza con importantes fenómenos”.
Freud, Presentación Autobiográfica, 1925, Pag 32.
La libido pasa por diversas fases o etapas de desarrollo psicosexual; que corresponden también a la acción
específica en la realidad que realizan las adultas y los adultos que al criar al bebé también lo pulsionan, lo erotizan,
lo libidinizan, lo sexualizan al alimentarlo, y el placer que le produce, demarcando la zona erógena de la boca y
motorizando las pulsiones parciales orales que conforman la fase oral; luego más adelante haciendo hincapié en la
zona erógena del ano y los esfínteres, al higienizarlo, bañarlo, y el placer que el produce empezar a controlar, el
retener y expulsar el pis y la caca, entrando en la fase anal de la libido. Estas etapas son centrales porque la libido
y el placer se apuntalan en la necesidad y en los cuidados parentales, pero hallan su objeto en el cuerpo propio, son
“autoeróticas”, según Freud.
Luego Freud va a plantear una tercera fase que va a llamar Fase Fálica en la que la subjetividad infantil va a
descubrir el placer que le genera la actividad masturbatoria con sus genitales: el pene o el clítoris, bajo la
premisa universal del FALO. Para la subjetividad infantil todo y todos tienen falo, como el suyo. No puede concebir
que algo que le da tanto placer y satisfacción no sea algo que les demás no posean.
En esta etapa fálica Freud ubica un concepto central de su edificio teórico que es el COMPLEJO DE EDIPO, es
decir, ya en la infancia se produce la PRIMERA ELECCIÓN DE OBJETO, que por regla para todes es la madre o
quien cumple esa función, justamente por ser la que motoriza los cuidados y las vivencias hiper placenteras que
marcan el funcionamiento del aparato psíquico, pero que va a seguir un diferente derrotero para la subjetividad
masculina y para la subjetividad femenina.
“Paralelo a la organización de la libido marcha el proceso del hallazgo de objeto, al cual le está reservado un
importante papel en la vida anímica. Tras el estadio del autoerotismo, el primer objeto de amor pasa a ser, para
ambos sexos, la madre, cuyo órgano nutriente probablemente no era distinguido del cuerpo propio al comienzo.
Después, pero todavía dentro de la primera infancia, se establece la relación del complejo de Edipo, en que el
varoncito concentra sus deseos sexuales en la persona de la madre y desarrolla mociones hostiles hacia el padre
en calidad de rival”. Freud, Presentación Autobiográfica, 1925, pag 34.
La/el infante expresan claramente su deseo de “casarse” o “ser novia/o” de alguno de sus progenitores, que quieren
dormir con ellos, solicitando exclusividad de su amor y sintiendo celos y hostilidad ante el progenitor con el que
compite. Estas expresiones dieron a Freud, junto con el mito o relato de la Tragedia de Edipo Rey (ver texto de
Apiggnanesi, Freud para Principiantes, pág. 56 en adelante, disponible en material de lectura) y el material infantil
del análisis de sus pacientes neuróticos, los elementos para plantear la existencia del Complejo de Edipo:
consiste en una primer elección de objeto, que se dirige a los padres, por lo tanto es de carácter incestuoso.
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Al nacer, somos puro reflejo, entre el polo perceptivo y el polo motor (del esquema del peine) la tensión se descarga de
manera refleja. Está funcionando en primer lugar el Principio de Constancia que implica que la energía psíquica, la libido, la
tensión tiene que ser lo más baja posible, funcionar de modo constante al nivel más bajo. Sin embargo la vida psíquica sigue su
camino y entra en funcionamiento el Principio de Placer que implica alejarse del displacer y acercarse al placer. El displacer o
el placer se registran en términos de cantidades de energía, es decir, el incremento de la energía se registra como displacer, en
cambio cuando hay una descarga de la cantidad de energía, esto implica placer, es decir mantener al mínimo de acuerdo al
Principio de Constancia.
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Es una vivencia central de la vida infantil que todos los seres humanos debemos atravesar por nacer en un estado
de inmadurez e indefensión que requiere cuidados amorosos de les progenitores.
Uno de los textos más importantes de Freud se llama “El Sepultamiento del Complejo de Edipo” de 1924 (lo van
a encontrar también como bibliografía en Material de Lectura) y va a abordar el diferente curso del desarrollo
sexual que va a llevar por un lado la subjetividad infantil masculina y por otro lado la subjetividad infantil femenina;
hasta ese momento habían venido teniendo más o menos el mismo curso en la etapa oral y etapa anal. Ya en la
etapa fálica van a cambiar y van a tomar cursos distintos.
En la primera infancia, va a plantear Freud, el fenómeno central es el complejo de Edipo, que después va a
sucumbir, va a ser reprimido, se va a "ir a pique", y va a ser seguido por el periodo de latencia.
Después la etapa anal va haber una etapa en la cual los genitales van a tomar el papel rector y estos van a ser sólo
los genitales masculinos, los genitales femeninos internos (vagina) van a ser descubiertos después en la
organización genital adulta. Entonces esta organización alrededor del pene, alrededor del falo, Freud la va a llamar
la primacía del falo, como un universal, esta etapa fálica contemporánea al complejo Edipo va a sucumbir a la
represión, y va a ser relevada por el periodo de latencia.
En el caso de la subjetividad infantil masculina, Freud describe que el varón se empieza a ocupar de los genitales y
se da cuenta que las adultas y los adultos no están tan de acuerdo con que se ocupe de los genitales, lo empiezan
a amenazar, a decir no hagas esto por esto o por lo otro y en muchos casos incluso utilizan la amenaza “te lo voy
a cortar”, “te lo va sacar el doctor “o “te voy a cortar la mano si seguís jugando” o cosas que implican algún castigo,
no hace falta que sea tan explícito, pero esta amenaza de castración es lo que va a hacer que el varón entre en lo
que se llama complejo castración y desista de esto, pero no es a partir de estas amenazas cómo va a entrar, sino
que más allá de que el niño ya tiene otras referencias de partes del cuerpo que fueron perdidas (como lo fue en la
etapa oral el retiro del pecho materno que lo siente una parte de su cuerpo o en la etapa anal, el desprendimiento
del contenido de los intestinos que se le exige diariamente), en esta etapa fálica no va a creer estas amenazas
hasta un momento clave, este momento clave va a ser cuando vea los genitales femeninos, ya sea en una
hermanita o en una compañera del juego, va a ver estos genitales femeninos y después de mucho resistirse a la
idea de que no, de que tiene los mismos genitales que él, se da cuenta que no es así y va a llegar a la conclusión
de que en un momento la niña tuvo genitales iguales a los de él, pero le fueron removidos, fueron castrados, Y
entonces recién en ese momento va a cobrar significación la amenaza castración, a posteriori, y aparece la
angustia de castración: Estalla un conflicto narcisista por esta parte del cuerpo predilecta para el varón contra la
investidura libidinosa de los objetos parentales. Según Freud en la mayoría de los casos para el niño es más
importante preservar esa parte del cuerpo, y resigna la investidura libidinal, retira la energía libidinal del objeto y se
sustituye por una identificación. Se identifica con el padre, introyectándolo como Superyó, toma de él su severidad
y la prohibición del incesto y la parte libidinosa de la investidura de objeto hacia los padres se desexualiza, se
sublima y se vuelve tierna (ternura, cariño). En ese doble movimiento el niño sepulta el complejo de Edipo y se
introduce en el periodo de latencia (instaurando la amnesia infantil) interrumpiendo su desarrollo sexual. (El
desarrollo sexual del ser humano, según Freud, acomete en dos tiempos, luego del período de latencia, con la
pubertad, sexualidad y genitalidad se conjugan aunque no se superponen del todo).
Ahora bien, el nexo entre la organización fálica, el complejo de Edipo, la amenaza de castración, la formación del
superyó y el periodo de latencia es muy clara en el varón pero en la niña va a decir Freud es mucho más oscuro,
mucho más lagunoso e incomprensible: Freud dice que en un comienzo el clítoris de la niña funciona bastante como
un pene pero después, en algún momento va a entrar en comparación con el miembro masculino, ella va a sentir
que el suyo es más pequeño y esto lo va a sentir como un perjuicio y una razón de inferioridad. Ella va a seguir
pensando que es ella la que perdió el pene, va a llegar a la conclusión de que lo tuvo alguna vez y le fue
removido, ella fue castrada pero hay otras mujeres que lo tienen, sobre todo mujeres grandes y respetables
como su madre. En algún momento va a descubrir que ni ella ni su madre, ni ninguna mujer poseen un
pene. Tal vez la niña se sienta airada con su madre y le reproche haberla traído al mundo con esa forma.
Abandona a la madre como objeto edípico y se dirige al padre como segunda elección de objeto.
La gran diferencia en el complejo de castración para el niño y la niña es que en el varón, él va a vivir como una
amenaza y en la niña lo va a vivir como un hecho consumado y esto que sea un hecho consumado le va a traer
grandes problemas a Freud porque si no tiene la amenaza de que puede perder el falo, entonces falta una razón
muy grande acerca de por qué abandonar el complejo de Edipo, instalar el Superyó, entrar en el periodo de
latencia, etc en la niña. Freud lo resuelve en este momento de su obra explicando que una vez descubierto que las
mujeres no tienen pene, la niña va entrar en una serie de ecuaciones simbólicas que van a llevar a sustituir el
pene por el hijo, no tengo pero puedo parir un hijo, y va a empezar a desear un hijo del padre, va a empezar a
desear parirle un hijo al padre, con eso culmina complejo de Edipo de la niña y Freud va a decir como solución,
lo que le parece, que poco a poco va saliendo del complejo por frustración porque este deseo no se cumple nunca.
Esto se le ha criticado mucho a Freud, por relacionar tanto lo femenino con la maternidad. La investidura acerca
del deseo de tener un pene y tener un hijo van a subsistir en lo inconsciente y va a seguir produciendo
efectos en la niña, y en la mujer, que luego debe sustituir el objeto paterno en la salida a la exogamia
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(vínculo con varones fuera de la familia). Y es de acuerdo a este deseo inconciente del hijo (sustituto
simbólico del falo) que se va a posicionar en la función materna en el futuro. En este sentido, es que
planteamos que un hijo ocupa un lugar de deseo inconciente (e infantil) en la subjetividad materna.
Para resumir entonces el sepultamiento del complejo de Edipo en el niño se va a dar a partir de complejo de
castración, se va poner en juego este conflicto narcisista entre esa parte el cuerpo investida narcisísticamente que
es el pene versus la investidura libidinosa de los objetos parentales y va a triunfar típicamente conservar el pene.
Entonces va a desinvestir los objetos parentales, introyectar el superyó, mudar estas mociones libidinosas en
ternura, y va a entrar en el periodo de latencia. La niña va a entrar en el complejo Edipo a raíz de la castración,
este hecho lo vive ella como consumado, no como amenaza y la va a llevar a asumir su falta de pene, abandonar el
objeto materno, a buscar un sustituto en el hijo y desearlo del padre, ahora su sepultamiento es mucho más
lagunoso e incierto. Freud va a continuar preguntándose hasta su muerte, qué quiere una mujer, siempre
asumiendo la cualidad de desconocimiento al respecto.