Violencia intrafamiliar
Integrantes: Paola Roa, Yuliana Sanchez, Cyntia Cárcamo, Josue Luego y Benjamín Oporto.
Docente: Valeria Boll.
Asignatura: Eje de formación interdiciplinaria.
Fecha de entrega: 29 de mayo del 2025.
1. INTRODUCCIÓN
Entendiendo violencia como el uso de fuerza física o poder frente a otro más vulnerable y
relacionando esto con la violencia intrafamiliar que se da entre convivientes, cónyuge,
pareja, padre y madre, hijos, parientes consanguíneos o de afinidad, etc., es posible apreciar
esta como específicamente al acto no solo físico, sino que también verbal, psicológico,
sexual, económico, entre otras, tal como lo dice la (Biblioteca del Congreso Nacional de
Chile). Estos hechos no solo ocurren en espacios cerrados, se pueden dar también en
diferentes contextos y situaciones, y culturalmente es algo que viene arraigado al machismo
desde hace años, la forma en que se ejerce esta violencia es instalándose en el núcleo
familiar directo o indirecto provocando secuelas no solo en la víctima sino que también en
los terceros que pueden llegar a presenciar estos actos. El objetivo principal de esta
problemática es distinguir los factores generales que conllevan a que ocurran estas
situaciones y entre los objetivos específicos tenemos: identificar los tipos de violencia,
evaluar el impacto psicológico y emocional dentro del núcleo familiar y concientizar sobre
los efectos negativos de la violencia intrafamiliar.
Para poder comprender de mejor manera en Chile la violencia intrafamiliar principalmente
se da en mujeres y actualmente es presentada como una problemática social gracias a los
grandes avances que ha tenido el movimiento feminista incentivando y visibilizando este
problema para que las autoridades presten la atención pertinente a los diferentes casos que
se dan en los hogares, ya que las consecuencias a nivel psicológico generan efectos
profundos tanto a corto como a largo plazo y los físicos son un constante recuerdo del
maltrato que pueda estar viviendo la victima.
En el tiempo actual a pesar de que existan leyes que respalden a las víctimas en contexto de
violencia intrafamiliar, el problema aún no tiene una solución de raíz y los casos aumentan
diariamente de una forma considerable, tal como lo menciona Saldias (2023)
Estas circunstancias plantean una serie de consecuencias que afectan el
funcionamiento adecuado de los sistemas diseñados para abordar los conflictos que
surgen de esta problemática. Las deficiencias e irregularidades en estos sistemas son
evidentes y requieren de soluciones innovadoras para su manejo efectivo. p 6.
2. DIAGNÓSTICO DE LA PROBLEMÁTICA SOCIAL
Esta problemática, lejos de ser una excepción, se manifiesta con una prevalencia
preocupante a nivel nacional, tal como lo reflejan las tasas de denuncias de violencia
intrafamiliar en Chile. Según la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile (2023), las
estadísticas territoriales muestran que han fluctuado pero se han mantenido elevadas en los
últimos años. Específicamente, la tasa de denuncias por cada 100.000 habitantes fue de
480,3 en 2020, incrementándose a 606,2 en 2021 y alcanzando un máximo de 621,7 en
2022, para luego descender ligeramente a 608,2.
La ley 19.325 de violencia intrafamiliar fue publicada el 27 de agosto de 1994 y tuvo su
última actualización en el año 2005. Esta “establece normas sobre procedimientos y
sanciones relativos a los actos de violencia intrafamiliar”, hasta antes de esta ley el
tratamiento o sanción al problema no era tan estricto incluso no se establece de tal manera
ya que la violencia intrafamiliar, en algún punto llegó a ser normalizada por estereotipos
heteronormados donde la madre debía quedarse en su hogar criando y ordenando y el
padre sustentando su hogar. Dentro de los factores que influyen para que estas prácticas
violentas ocurran tenemos ser joven, bajos niveles de educación, haber presenciado o
experimentado violencia en la infancia, uso de drogas o alcohol, bajo nivel socioeconómico,
etc. Estos factores son sumamente preocupantes al momento de evaluar el por que se dan
estas situaciones ya que predisponen a las personas a actuar de cierta manera. Varios
estudios han identificado los daños que causa la violencia intrafamiliar, tanto físicos como
psicológicos, entre las principales secuelas a nivel físico encontramos: cefaleas, dolores de
espalda, trastornos gastrointestinales, etc. La violencia puede acarrear para la víctima
incluso consecuencias letales mediante el homicidio o el suicidio. Las víctimas de violencia
intrafamiliar suelen experimentar una reacción inicial de conmoción, parálisis temporal y
negación. A esto le siguen sentimientos de aturdimiento, desorientación, soledad,
depresión, vulnerabilidad e impotencia. Con el tiempo, sus emociones pueden fluctuar
drásticamente, pasando del miedo a la rabia, de la tristeza a la euforia, e incluso de la
compasión por sí mismas a la culpa. A mediano plazo, es común que presenten ideas
obsesivas, dificultad para concentrarse, insomnio, pesadillas y un aumento en el consumo de
fármacos o desarrollo de adicciones (Mayor Walton et al., 2019, p. 91).
El apoyo que tienen las víctimas de violencia intrafamiliar estos últimos año ha ido en
incremento a comparación de años anteriores, esto principalmente porque existe una
visibilización sobre estas situaciones, motivando así a la víctima a realizar las denuncias
pertinentes y por consecuencia recibiendo el apoyo necesario tanto en asesoría jurídica
donde se busca que las personas puedan ejercer sus derechos legalmente, asesoría social
que contribuya a la restauración de la confianza en espacios comunitarios y asesoría
psicológica donde se trabaja en la sanación de la o las personas afectadas mejorando
aspectos y capacidades que en algún punto la víctima olvido. Las vías de ingreso de una
denuncia pueden ser por medio de ministerio público, demanda espontánea, derivación
primera respuesta RAV e instituciones de la red local. (Subsecretaría prevención del delito)
En cuanto al estudio sobre violencia contra la mujer, se registraron datos de porcentaje de
quienes denuncian de manera formal y quiénes no lo hacen, el por qué y qué tipo de
violencia recibían. Los resultados de este estudio mostraron que en esos últimos 12 meses el
50% de las víctimas de violencia física declaró pedir ayuda a amigos, vecinos, familia y otros.
Este porcentaje desciende a un 30% en víctimas de violencia psicológica y al 18% en casos de
violencia sexual. De quienes pidieron ayuda, entre un 60% y 68% recurrió principalmente a
su familia de origen. Con respecto a la falta de denuncia formal, muchas mujeres no
denunciaron por considerar la situación poco grave o innecesaria (Saavedra, 2022). También
se señalan más razones por las cuales estas no quisieron realizar la denuncia, entre estas
son: no denunciar por vergüenza al contar la situación, creer que el denunciar no arreglara
nada o que ya habían denunciado anteriormente y realmente no paso nada. Y realmente
existe un 22% de las víctimas de violencia física que no han denunciado debido a la razón
antes mencionada (Saavedra, 2022) .De igual modo una de las razones que existen para una
víctima de violencia intrafamiliar de no realizar una denuncia es cuando este cae en cuenta
que la persona quien le agrede no generará ingresos para poder pagar una pensión
alimenticia debido a que este estará privado de su libertad decide retractarse ya que esto no
le beneficiaria (Navarro, 2022). Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el caso
de las personas mayores aproximadamente solo una persona de cada seis llegan a
denunciar las diversas formas de maltrato intrafamiliar que estos sufren. En el año 2022 se
registraron un total de 620 denuncias de VIF contra personas mayores de 60 años
(Benavides, 2024). Y la razón por la cual algunas de las personas mayores no realizan
denuncias es debido al difícil acceso a asistentes sociales, falta de información y decidir si
denunciar el maltrato o mantener el acceso a sus redes de apoyo, las cuales en muchos
casos son su único recurso (Francisca, 2024).
El Ministerio Público en su boletín estadístico anual del año 2020 los datos recopilados
según un estudio sobre la Ley de Violencia Intrafamiliar, mostrándonos que de un total de
133.490 causas de VIF que fueron denunciadas a nivel nacional, únicamente 7884 de estas
concluyeron en sentencias definitivas de condenación, lo que únicamente es solo el 6,59%
(Saavedra, 2022). Todo lo anteriormente mencionado declara la evidente desconfianza e
insatisfacción de las víctimas de violencia intrafamiliar hacia las instituciones de protección
(Francisca, 2024)
Como se mencionó anteriormente en los grupos de personas mayores son muy pocos los
que llegan a denunciar problemas de violencia intrafamiliar debido a que en ellos el impacto
sería muy fuerte y directo debido a que estos tienen el temor a perder sus redes de apoyo y
quedar solos sin ayuda de alguien más debido a las dependencias que estos suelen tener por
los problemas de vejez (Francisca, 2024). En las mujeres la violencia intrafamiliar puede
llegar a tener consecuencias multidimensionales, afectando su salud física y mental,
incrementando el riesgo de padecer trastornos, limitar gravemente su autonomía afectando
su capacidad de tomar decisiones. Además restringe su acceso a oportunidades laborales y
educativas lo cual podría generar dependencia hacia el agresor (Saavedra, 2022).
La ocurrencia de la violencia intrafamiliar se ve favorecida por una combinación de factores
personales y contextuales. Entre ellos se encuentra el haber crecido en contextos de abuso,
enfrentar barreras educativas, presentar discapacidades, actitudes violentas hacia otros en
espacios públicos, haber crecido o estar en un entorno familiar marcado por el maltrato y
consumo en exceso de alcohol (Saavedra, 2022). También existen problemas conceptuales
como el no saber con claridad lo que es el daño psicológico y por ende no saber qué es y
que no es un comportamiento de violencia psicológica (José, Fernández, 2024) La familia se
considera el principal y más influyente sistema social al que pertenece un individuo,
proveyendo el entorno más adecuado para la crianza y satisfaciendo las necesidades tanto
biológicas como psicológicas de los hijos. Además, ejerce una influencia temprana y
duradera en su proceso de socialización (Valdez, s.f.). Es por esto que se debe considerar
importante el que las personas conformen parte de un ambiente familiar sano y grato, sin la
presencia de violencia para su desarrollo individual y social.
La violencia intrafamiliar es un tema que puede afectar a cualquier familia por lo tanto es
importante tener las herramientas necesarias para poder combatir esta problemática, la
educación temprana, la charlas de prevención (ya sea en establecimiento educacionales,
sedes comunitarias), la información en cuanto a las formas de violencia, entre otros, son
estrategias esenciales que contribuyen a desafiar está violencia de raíz y educar personas sin
violencia. Por otro lado el tipo de medidas que puede ofrecer el estado son sumamente
beneficiosos para la integridad física y mental de la víctima, dentro de las medidas
cautelares tenemos prohibición al agresor de permanecer en el hogar común, acercarse al
trabajo o lugar de estudios y asegurar la entrega de las pertenencias de la víctima, y las
medidas de protección que puede aportar la fiscalía para proteger a la víctima son: entrega
de telefono temporal con número de emergencias,entregas de alarma de ruido y solicitud de
ingreso a alguna casa de acogida (Fiscalía, Ministerio Público de Chile).
A pesar de que el Estado chileno ha puesto a nuestra disposición herramientas y
mecanismos importantes para prevenir y proteger a las víctimas de violencia intrafamiliar,
un análisis más profundo de esta problemática nos muestra una realidad bastante compleja.
Nos obliga a mirar con ojo crítico qué tan efectivas están siendo nuestras políticas públicas y
cuáles son los desafíos que aún persisten. La Ley 19.325, que comienza en 1994 y fue
actualizada por última vez en 2005, marcó un hito crucial al sentar las bases para los
procedimientos y sanciones. Sin embargo, su aplicación en la práctica ha revelado varias
limitaciones.
Una de las dificultades más evidentes es la gran diferencia entre la cantidad de denuncias y
las pocas sentencias condenatorias que realmente se dictan. Como ya vimos, de las 133.490
causas de violencia intrafamiliar que se reportaron en 2020 a nivel nacional, solo un 6,59%
(es decir, 7.884 casos) terminaron en una condena (Saavedra, 2022). Esta brecha tan
significativa no solo genera una preocupante sensación de impunidad, sino que también
alimenta la desconfianza de las víctimas hacia las instituciones que deberían protegerlas, tal
como se ha señalado (Francisca, 2024). Muchas mujeres, por ejemplo, prefieren no
denunciar porque creen que la situación no es tan grave, sienten vergüenza, o simplemente
están convencidas de que la denuncia no va a solucionar nada; peor aún, algunas ya lo han
intentado sin éxito (Saavedra, 2022). Esta revictimización dentro del propio sistema judicial
es un obstáculo enorme que debemos superar.
Otro aspecto fundamental es la colaboración entre los distintos organismos involucrados:
Carabineros de Chile, la Policía de Investigaciones (PDI), el Ministerio Público, SernamEG, los
tribunales de familia y las redes de apoyo a nivel local. Aunque cada uno tiene un papel bien
definido, la falta de una coordinación fluida y de protocolos estándar puede llevar a que se
dupliquen esfuerzos, se cometan errores al derivar los casos y, en definitiva, la respuesta a
las víctimas sea fragmentada. Es absolutamente esencial que las políticas públicas garanticen
una intervención que sea verdaderamente integral, que no solo abarque lo legal y judicial,
sino también el apoyo psicológico, social y asistencial.
3. Conclusión
Lamentablemente en la actualidad en Chile la palabra femicidio suena en nuestros oídos con
más frecuencia. Esta problemática social denominada VIF se entiende como el uso de la
fuerza física o alguna especie de poder por sobre algún miembro habitualmente más
vulnerable dentro del núcleo familiar. Las mujeres son el grupo más afectado de la lista y
puede manifestarse de forma directa a las personas que lo experimentan, puede ser de
forma física, psicológica, verbal, sexual, económica, siendo muchos los contextos y casos en
la actualidad. Si bien son muchas las denunciantes hay otro gran porcentaje que de igual
forma es víctima, pero, que no ha denunciado su caso, ya sea por vergüenza, miedo, temor o
soledad siendo influenciada esta decisión por factores culturales como el machismo o por un
bajo nivel educativo, haber evidenciado violencia intrafamiliar en la infancia, bajos ingresos,
drogas, alcohol suelen ser el factor común en la mayoría de los casos. A pesar de los avances
legales y el aumento de la visibilidad de esta problemática social denominada violencia
intrafamiliar (VIF) que ha estado en los hombros del movimiento feminista, instituciones
psicológicas, ministerio publico no se ha logrado erradicar el problema que deja
consecuencias físicas como dolores, trastornos digestivos, incluso riesgo de muerte y
psicológicas como traumas, ansiedad, depresión, consumo de fármacos o drogas. La baja
tasa de denuncias efectivas, el constante miedo por el que tienen que lidiar las víctimas, las
represalias y la limitada capacidad que tienen los organismos públicos para hacerse cargo de
este problema refuerzan estas conductas inapropiadas y la desconfianza que siente la
víctima para pedir ayuda. Lamentablemente esto refleja una deuda social: la necesidad de
una intervención más efectiva del estado considerando no sólo la protección sino también la
prevención de este tipo de casos.
Es por esto por lo que instamos a las personas a hacer este problema de todos ya que no
solo afecta a la víctima, sino a quienes crecen en ese entorno. Dejar de normalizar estas
situaciones es el primer paso para convertirse en agentes de cambio para construir
comunidades donde el amor no duela y el respeto no sea negociable. Construir una
sociedad más justa y libre de violencia es trabajo de todos, educar sobre la igualdad, la
resolución de problemas de manera pacífica y el respeto por los derechos humanos es
esencial para erradicar la violencia de raíz.
Considerando esto, cada persona que logra salir de un ciclo de violencia se convierte en un
ejemplo de que si es posible romper con la violencia. Hablar de la violencia no es generar
odio, es crear conciencia para no seguir repitiendo los mismos patrones.
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