Universidad del Atlántico
Facultad de Ciencias Jurídicas
Programa de Derecho
Economía política-grupo 1
Sector Agrario:
Desarrollo, importancia y desafíos
Presentado por:
Gabriela Ester Lopez Martinez
Mariangel Godoy Smith
Robinson Dario Giraldo Orozco
Sebastian Andres Gonzàlez Mariño
Docente:
Vera Blanco
Barranquilla, Atlántico
INTRODUCCIÓN
En Colombia, la agricultura se encuentra entre las principales ramas económicas, debido a
las ventajas geográficas de las que goza la nación, resaltando que cuenta con más de 40
millones de hectáreas disponibles para actividades productivas, salida a los océanos Pacifíco
y Atlántico, tres cordilleras con tierra fértil para el cultivo y la ganadería, adecuados climas
para la producción, y entre otros más beneficios. En este contexto, el sector agrario es un
grupo de vital importancia para el país, donde no solo este se encarga de proveer alimentos,
sino también funciona como generador de empleo, dinamizador de las exportaciones y motor
del desarrollo rural.
Es por esto que, analizar y comprender el estado actual del sector agrario en Colombia nos
revela esas fortalezas y barreras que afectan la seguridad alimentaria y el sector económico.
PALABRAS CLAVE Sector agrario, agricultura, tierra, incora, proceso reivindicatorio,
proceso abreviado civil, tierras adjudicadas, evolución, infraestructura rural, producción,
PIB, exportación, cultivos
OBJETIVO GENERAL
Analizar el sector agrario colombiano, identificando sus principales determinantes, desafíos
y oportunidades, con el fin de proponer estrategias que contribuyan a su desarrollo
sostenible, aumento de la productividad y competitividad, y mejora de las condiciones
socioeconómicas de la población rural.
OBJETIVOS ESPECÍFICOS
➢ Describir y contextualizar la evolución histórica del sector agrario colombiano,
identificando los principales hitos, políticas públicas, conflictos y transformaciones
económicas, sociales y ambientales que han marcado su desarrollo desde el siglo XX
hasta la actualidad, para comprender cómo estos factores han influido en la
configuración actual del sector.
➢ Identificar y analizar los factores socioeconómicos, políticos, ambientales y
tecnológicos que inciden en la productividad y competitividad del sector agrario
colombiano, incluyendo aspectos como el acceso a la tierra, la infraestructura rural, el
financiamiento, la innovación tecnológica, la capacitación de los productores, el
cambio climático y la seguridad jurídica, con el fin de determinar las principales
barreras y oportunidades para su desarrollo.
➢ Examinar la relación entre el sector agrario y otros sectores productivos,
especialmente la industria y los servicios, evaluando el grado de integración y
encadenamiento productivo, así como las limitaciones y potencialidades para generar
valor agregado, empleo y desarrollo regional, a partir de estudios de caso y
experiencias relevantes tanto a nivel nacional como internacional.
➢ Investigar las políticas públicas, programas gubernamentales y marcos normativos
que han impactado el desarrollo del sector agrario en Colombia, evaluando su eficacia
en la promoción de la equidad, la sostenibilidad ambiental, la formalización de la
propiedad rural y la inclusión de pequeños y medianos productores, así como su
impacto en la reducción de la pobreza y la desigualdad rural.
➢ Analizar el impacto del sector agrario en la generación de empleo, la seguridad
alimentaria y el desarrollo económico de las zonas rurales, considerando la
importancia de la agricultura familiar, la agroindustria, la exportación de productos
agrícolas y el papel de las mujeres y jóvenes rurales en la dinamización del sector.
➢ Proponer estrategias, políticas y mecanismos de apoyo orientados a la modernización,
diversificación y sostenibilidad del sector agrario colombiano, incluyendo el
fortalecimiento de la asociatividad, el acceso a mercados nacionales e internacionales,
la promoción de prácticas agrícolas sostenibles y la integración con territorios étnicos
y áreas protegidas, para garantizar la conservación del medio ambiente y el bienestar
de las comunidades rurales.
En base a los objetivos presentados anteriormente, comenzaremos a desarrollar el
cuerpo de nuestro trabajo.
DESARROLLO
Colombia cuenta con una economía diversa, abarca múltiples sectores, desde la agricultura
hasta el tema de la tecnología. Estos sectores son independientes y fundamentales para el
crecimiento económico y social, es por eso que, es importante comprender la estructura de
estos y conocer su impacto en el desarrollo del país.
Estos sectores pueden clasificarse en muchas maneras, como principales tenemos a las
siguientes:
➢ Sector primario: agricultura, ganadería, pesca y extracción de los recursos.
➢ Sector secundario: industria manufacturera, construcción y energía.
➢ Sector terciario: comercio, educación y salud.
➢ Sector cuaternario: investigación y desarrollo y las tecnologías de la información y
comunicación.
Teniendo en cuenta esto, partimos del grupo primario, ya que a este pertenece el sector
agrícola, siendo esencial para la economía, generando empleo y abasteciendo mercados.
Este sector se origina desde la conquista con grandes latifundios y explotación del trabajo
indígena. A pesar de las reformas agrarias, la propiedad sigue siendo desigual afectando el
desarrollo rural. En este contexto, la economía campesina orientada al consumo familiar
convive con la agricultura comercial en un modelo dual, es decir, economía campesina
orientada al consumo familiar y la agricultura comercial o empresarial.
La seguridad alimentaria enfrenta desafíos debido a la alta demanda, el cambio climático y la
escasez de recursos. La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y
la Alimentación) colabora con el gobierno para combatir el hambre y mejorar la gestión de
la tierra, pero los pequeños agricultores tienen dificultades para acceder al crédito, lo que
frena su desarrollo.
El sector agrario colombiano ha sido históricamente un pilar fundamental para la economía
nacional y la seguridad alimentaria. Desde finales del siglo XIX, la agricultura,
especialmente el café, ha jugado un papel protagónico en la generación de empleo y en la
construcción de la identidad nacional. La creación de la Federación Nacional de Cafeteros en
1927 marcó un hito al posicionar el café colombiano como un producto de alta calidad en los
mercados internacionales. A lo largo del siglo XX, el sector diversifica su producción hacia
otros productos como flores y banano, consolidando a Colombia como uno de los principales
exportadores mundiales de estos productos.
En la actualidad, el sector agropecuario que incluye agricultura, ganadería, caza, silvicultura
y pesca- representa aproximadamente entre el 7% y el 10% del PIB nacional, y genera
alrededor del 15% del empleo total del país. Además, produce más del 80% de los alimentos
que consume la población colombiana, lo que subraya su importancia para la seguridad
alimentaria y el bienestar social.
También hay que mencionar el tema de los créditos y de cómo los campesinos acceden a
ellos.
Los campesinos acceden al crédito principalmente a través de programas de financiamiento
rural ofrecidos por bancos, cooperativas y entidades estatales. Estos créditos suelen tener
condiciones especiales, como tasas de interés más bajas y plazos de pago flexibles, en
comparación con los préstamos tradicionales del mercado financiero. Los recursos provienen
de instituciones como el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) y
fondos regionales, y pueden ser utilizados para financiar actividades agrícolas y ganaderas,
adquisición de maquinaria, compra de insumos, y modernización de procesos productivos.
Para acceder al crédito, los campesinos deben presentar proyectos técnicos y de viabilidad del
negocio. El proceso implica comparar ofertas de diferentes entidades financieras para
encontrar las condiciones más favorables. Existen líneas específicas como:
Créditos de inversión para maquinaria y equipos agrícolas, créditos de costo para cubrir
gastos de producción (insumos, semillas, fertilizantes, pesticidas), créditos anticipados para
planificar cultivos antes de la siembra, programas especiales para pequeños y medianos
productores, cooperativas y asociaciones rurales, también hay que recalcar que se están
promoviendo leyes para capacitar a los campesinos en el tema de la educación financiera e
incluyen tanto a mujeres como jóvenes para garantizar la inclusión equitativa en el sistema
financiero del sector agrario.
Además tenemos que hablar de la adopción de tecnología en el campo está transformando la
gestión agrícola, aunque su implementación es desigual según la región y el acceso a
recursos. El proceso de transformación tecnológica incluye:
● Digitalización y alfabetización digital: Se desarrollan programas de capacitación para
que los campesinos aprendan desde el uso básico de dispositivos móviles hasta la
gestión de aplicaciones especializadas para la agricultura. Ejemplos de estas
aplicaciones son X-Farm y Agenda Cafetera, que permiten el registro de actividades,
control de insumos, generación de reportes financieros, planificación de cultivos y
pronósticos de cosecha.
● Tecnologías avanzadas: La integración de herramientas como inteligencia artificial,
internet de las cosas (IoT), drones, y sistemas de gestión empresarial (ERP) permite
optimizar procesos de siembra, riego, fertilización y monitoreo de cultivos en tiempo
real. Estas tecnologías ayudan a identificar riesgos, automatizar tareas administrativas
y mejorar la toma de decisiones.
● Agricultura de precisión: El uso de sensores, análisis de datos y conectividad 5G
facilita el monitoreo constante de las condiciones del cultivo, la detección temprana
de plagas y enfermedades, y la optimización del uso de recursos como agua y
fertilizantes.
● Energías limpias: La adopción de energía solar y eólica contribuye a una producción
más sostenible y reduce la dependencia de combustibles fósiles.
El éxito en la apropiación tecnológica depende del acompañamiento personalizado, la
formación continua y la disponibilidad de infraestructura digital en las zonas rurales. El
objetivo es que la tecnología se convierta en una herramienta cotidiana para mejorar la
productividad, la gestión financiera y la calidad de vida de los campesinos.
No podemos hablar del sector agrario sin mencionar a José Antonio Ocampo, es considerado
una de las figuras más influyentes en el estudio y la gestión de la economía en Colombia y
América Latina. Ha sido Ministro de Hacienda y Crédito Público, Director del Departamento
Nacional de Planeación y codirector del Banco de la República, cargos desde los cuales ha
coordinado políticas macroeconómicas clave para el país. Su enfoque combina una visión
estructuralista y de desarrollo, defendiendo la necesidad de fortalecer la institucionalidad
económica y social para enfrentar la pobreza y la desigualdad.
Su experiencia y reputación le han valido el respeto tanto en el ámbito académico como en el
político, siendo visto como garantía de manejo responsable y técnico de las finanzas públicas.
Su nombramiento como ministro de Hacienda en el gobierno de Gustavo Petro en 2022 fue
recibido como una señal de confianza y estabilidad para los mercados y la comunidad
internacional.
En el sector agrario, Ocampo ha sido protagonista de reformas y diagnósticos fundamentales.
Fue Ministro de Agricultura en 1993, liderando una reforma agraria orientada a modernizar y
hacer más competitivo el campo colombiano. Más recientemente, dirigió la “Misión Rural”,
un grupo de expertos encargado de analizar los desafíos estructurales del sector rural y
proponer políticas para combatir el rezago, la pobreza multidimensional y la falta de
competitividad del agro colombiano.
Ocampo ha insistido en la necesidad de una nueva institucionalidad para el campo, capaz de
cerrar las brechas entre el sector rural y urbano, y de garantizar servicios públicos,
infraestructura y oportunidades para la población campesina. Su trabajo ha sido clave para
visibilizar la importancia del desarrollo territorial rural en la agenda nacional, especialmente
en el contexto de los acuerdos de paz y la búsqueda de una Colombia más equitativa.
Presidente Gustavo Petro posesiona a José Antonio Ocampo como nuevo Ministro de
Hacienda y crédito público
● El nuevo jefe de la cartera de Hacienda y Crédito Público es economista y sociólogo
de la Universidad de Notre Dame y doctor en Economía de la Universidad de Yale.
● Entre los desafíos de Ocampo, uno de los economistas más reconocidos de América
Latina, está la lucha contra el hambre y la pobreza. Así mismo, tramitar una nueva
reforma tributaria.
Ya conociendo un poco acerca del sector agrario, hablaremos un poco acerca de cómo está
funcionando actualmente el sector agrario y su potencial de crecimiento.
Durante el segundo trimestre de 2024, el sector agropecuario mostró un desempeño
sobresaliente, con un aumento del 10,2% en su valor agregado, superando ampliamente el
crecimiento del PIB nacional (2,1%). La producción de café destacó con un crecimiento del
25,8%, seguida por otros cultivos agrícolas (10,9%) y la ganadería (6,5%). Sin embargo, no
todos los subsectores compartieron este dinamismo: la pesca y la silvicultura registraron
contracciones en su valor agregado. Este comportamiento evidencia tanto la fortaleza como
la heterogeneidad interna del sector.
El sector también ha mostrado una notable capacidad exportadora, con un aumento del
38,8% en las exportaciones agropecuarias y agroindustriales en el primer semestre del año
pasado, alcanzando los 6.116 millones de dólares. Esto refleja el potencial del campo
colombiano para integrarse a mercados internacionales y contribuir al desarrollo económico
nacional.
Las principales características de nuestro sector agrario son:
➢ Contribución económica y empleo: El sector agropecuario representa una parte
significativa del PIB y es responsable de aproximadamente el 16,6% del empleo
nacional, siendo una de las actividades que más trabajadores emplea en el país.
➢ Diversidad productiva: Colombia cuenta con una amplia variedad de productos
agrícolas y pecuarios, que abastecen cerca del 70% del consumo interno de alimentos,
y también tienen una creciente participación en mercados de exportación, con un
aumento del 42,5% en el valor de las exportaciones agropecuarias recientes.
➢ Predominio de la agricultura campesina, familiar y comunitaria (ACFC): Más del
70% de los alimentos producidos provienen de la ACFC, que involucra a más del
50% de la población trabajadora del sector agrario. Esta modalidad se caracteriza por
la alta vocación agropecuaria en zonas rurales dispersas, con un fuerte componente de
autoconsumo e intercambio, y una venta mayoritariamente a través de intermediarios
y plazas de mercado.
➢ Baja productividad relativa: A pesar de su importancia, el sector presenta un rezago
en productividad agropecuaria respecto a otros países latinoamericanos, con un
crecimiento promedio anual del 2,8% entre 2000 y 2019, inferior al promedio regional
y al crecimiento general de la economía colombiana.
➢ Problemas estructurales: El sector enfrenta desafíos como la informalidad comercial,
la tenencia irregular de la tierra, la falta de acceso a bienes públicos y servicios, la
volatilidad de precios, y limitaciones en la extensión tecnológica y asistencia técnica
para los productores, lo que afecta la rentabilidad y competitividad.
➢ Políticas de fortalecimiento y reforma agraria: El gobierno actual ha impulsado una
política de reforma agraria orientada a la redistribución y formalización de tierras, y a
la articulación para el desarrollo rural, con énfasis en la sostenibilidad ambiental y la
resiliencia frente al cambio climático. Se busca consolidar un mercado agropecuario
interno y externo sostenible, y hacer del sector un motor de crecimiento económico
para 2025 y 2026.
➢ Infraestructura y apoyo institucional: Se están desarrollando sistemas de
infraestructura eficiente y respetuosa con el medio ambiente, además de agencias de
comercialización y apoyo territorial que buscan fortalecer la capacidad productiva y
comercial de los agricultores desde una visión local y adaptada a las dinámicas
sociales y económicas propias de cada región.
El gobierno colombiano ha implementado diversas políticas y programas para
potenciar la actividad agraria, mejorar la calidad de vida rural y cerrar la brecha entre
el campo y la ciudad. Entre las estrategias recientes se destacan la reforma agraria, los
incentivos agrícolas para el fortalecimiento agroindustrial y la promoción de prácticas
sostenibles. Estas iniciativas buscan impulsar la productividad, promover la equidad y
garantizar el bienestar de la población rural, así como responder a los desafíos del
cambio climático y la globalización.
El sector agrario colombiano cuenta con amplias posibilidades territoriales y una
biodiversidad que le otorgan ventajas comparativas para la producción agrícola y
pecuaria. Sin embargo, para aprovechar plenamente este potencial, es necesario
avanzar en la modernización del campo, mejorar el acceso a financiamiento,
fortalecer la infraestructura, promover la innovación tecnológica y garantizar la
sostenibilidad ambiental. Solo así el sector podrá consolidarse como un motor de
desarrollo económico, social y ambiental para Colombia.
En conclusión, el sector agrario colombiano es diverso, con un fuerte componente
campesino y familiar, fundamental para la seguridad alimentaria y la economía, pero
enfrenta retos importantes en productividad, formalización, acceso a mercados y
sostenibilidad, que están siendo abordados mediante políticas públicas y programas de
desarrollo rural integrales.
Si de sector agrario hablamos, no nos podemos olvidar de un grande en la materia como lo es
Rattan Lal, quien dentro de su palmarés tiene: premio Nobel de la paz en 2007; primer
investigador galardonado en Japón por su aporte a la Biología, producción y ecología,
otorgado por el emperador Akihito y la emperatriz Michiko, y nominado por Thomson
Rúters como una de las mentes científicas más influyentes del mundo
Quien además el 11 de junio del año 2020 fue designado ganador del Premio Mundial de la
Alimentación 2020 (World food Prize 2020) un reconocimiento que ha sido asimilado como
el ‘Nobel’ del sector agrario mundial.
Rattan Lal, en una entrevista realizada por el periódico El Tiempo nos deja ver porque lo
llaman el premio nobel del sector agrario
Entrevista (Juan Carlos Domínguez, Miembro del consejo asesor de comunicaciones de
la oficina del director del IICA)
¿Por qué se le concedió el Premio Mundial de Alimentación 2020?
Se me otorgó por adoptar el enfoque centrado en el suelo para incrementar la seguridad
alimentaria. Esta estrategia concilia la necesidad de aumentarla y la de restaurar y mejorar la
calidad del medioambiente. El objetivo general de la estrategia centrada en el suelo es
convertir a la agricultura en una solución al cambio climático y a otros problemas
medioambientales, además de lograr la seguridad alimentaria y nutricional. Este galardón
reconoce la importancia de proteger y aumentar el capital del recurso suelo del mundo.
Usted es conocido por su labor en materia de suelos y de una agricultura respetuosa
con este recurso, además del agua y el aire. ¿Cómo pueden los productores de
Latinoamérica y el Caribe lograr este equilibrio?
Los agricultores de esta región son buenos administradores del suelo y los recursos naturales.
El antiguo patrimonio cultural de América del Sur y Central (mayas, aztecas e incas, entre
otros) se basa en buenas prácticas agrícolas, por lo tanto motivarlos a adoptar prácticas
agrícolas regenerativas estaría en concordancia con su cultura ancestral.
Entre estas prácticas se incluyen la agricultura de conservación basada en la labranza cero, la
retención del mantillo de residuos de la cosecha, el reciclaje y el uso de la gestión integrada
de los nutrientes y la integración de los cultivos en la producción de árboles y la ganadería.
Estos son ejemplos de prácticas respetuosas con el suelo y con el ambiente. Es una cuestión
de diálogo y comunicación con la comunidad agrícola.
¿Existen tipos específicos de tratamiento de suelos, según su ubicación, por ejemplo, en
zonas de altitud, laderas, valles y altiplanicies?
Sí. La mayoría de las prácticas deben ajustarse a situaciones específicas del lugar; sin
embargo, los principios básicos de la agricultura son los mismos y se basan en la ‘ley del
retorno’, es decir, lo que se retira del suelo debe regresar a este en alguna forma. Por lo tanto,
la retención del mantillo de residuos de la cosecha, la labranza cero, los cultivos de
cobertura, las diversas rotaciones de cultivos y los sistemas agrícolas complejos constituyen
principios universales.
Como partidario del uso de los residuos de la cosecha, ¿cree que todos estos son
buenos?
Dependiendo del suelo y del clima. Se requiere solo una cantidad mínima de residuos de la
cosecha para conservar el contenido de materia orgánica del suelo; no obstante, para
aumentar dicho contenido, a fin de secuestrar el dióxido de carbono de la atmósfera en el
suelo, los agricultores deben agregar más residuos.
Según las situaciones específicas del lugar, cierta cantidad de residuos puede cosecharse para
otros usos (pienso, combustible), pero debe generarse siempre un presupuesto positivo de
carbono orgánico en el suelo. Durante un largo período, el presupuesto negativo de carbono
en el suelo/ecosistema puede deteriorar la salud del suelo y afectar su capacidad para
producir servicios ecosistémicos, lo que degrada el medio ambiente y tiene efectos adversos
en la salud humana.
¿Algunos cultivos dejan residuos perjudiciales que deben ser recolectados y
desechados?
Algunos suelos están contaminados con metales pesados como plomo, mercurio, cadmio,
cesio y arsénico. La biorremediación de estos suelos conlleva realizar algunos cultivos (de
Brassica spp, por ejemplo), que pueden absorber preferentemente los metales pesados.
Los residuos de estos cultivos, llenos de metales pesados y contaminantes, deben retirarse y
eliminarlos cuidadosamente para que los contaminantes no vuelvan a introducirse en el
ecosistema del suelo ni contaminen de nuevo la cadena de suministro de alimentos.
En ciertos suelos y climas (región boreal, clima alpino), una gruesa capa de residuos de
cosecha puede mantener el suelo muy frío (a una temperatura subóptima) y demasiado
húmedo. Estas condiciones pueden suprimir el crecimiento de plántulas y aumentar la
incidencia de plagas y patógenos.
Los diez principios de la gestión de los suelos en los trópicos y otros lugares
Cuando Rattan comenta sobre qué cultivo resulta más beneficioso enumera los
principios de la gestión de los suelos:
1. Observar la ley del retorno: reemplazar lo que se retira (nutrientes vegetales, carbono,
mantillo).
2. Mantener el suelo siempre cubierto con una capa de biomasa y vegetación viva.
3. Fortalecer los mecanismos de reciclaje.
4. Minimizar los riesgos de erosión del suelo por el agua, el viento, la labranza, la
gravedad, etc.
5. Reforzar la actividad y la diversidad de las especies de la biota del suelo en la zona
radicular (los 30 cm superiores).
6. Evitar la alteración mecánica del suelo.
7. Usar sistemas integrados de nutrientes, en lugar de depender únicamente de los
fertilizantes químicos.
8. Reducir la incidencia y la intensidad de la quema en el campo de los residuos de las
cosechas.
9. Restablecer y mantener la salud de los suelos, y producir suelos supresores de
enfermedades para minimizar el uso de plaguicidas.
10. Generar un presupuesto positivo de carbono en el suelo y ecosistema.
En esencia, Rattan Lal, nos deslumbra con sus maravillosos conocimientos y explora cómo
los productores pueden adoptar prácticas que mejoren la salud del suelo, aumenten la
productividad agrícola de manera sostenible y contribuyan a la protección del medio
ambiente en la región de Latinoamérica y el Caribe. el punto de vista de un experto en la
materia
ESTUDIO DE CASO
Sentencia T-440 de 2013 Corte Constitucional
La Sentencia T-440 de 2013 trata sobre un grupo de campesinos del municipio de
Montelíbano (Córdoba), quienes adquirieron tierras a través de subsidios del INCORA en el
marco de la Ley 160 de 1994, que regula la reforma agraria y busca garantizar el acceso a la
tierra para los campesinos.
Años después, fueron demandados por un particular mediante un proceso reivindicatorio
civil, sin aplicar las normas del derecho agrario. El juez municipal tramitó el caso como un
proceso abreviado civil, a pesar de que según el decreto 2303 de 1989 los casos agrarios
deben ser conocidos por jueces especializados o en su defecto, por los jueces civiles del
circuito.
En este contexto, los campesinos interpusieron acción de tutela, alegando vulneración de su
derecho al debido proceso, reconocido en el artículo 29 de la Constitución Política. La Corte
Constitucional les dio la razón y explicó que cuando se trata de tierras adjudicadas por el
estado dentro de programas de reforma agraria el proceso judicial debe seguir el
procedimiento agrario, no el ordinario. Además, destacó que el INCODER debió haber sido
llamado al proceso, ya que su intervención es obligatoria en casos que afectan tierras
entregadas bajo su competencia.
La Corte ordenó anular el proceso civil ordinario y remitir el caso al juez civil del circuito,
para que conociera del caso bajo las reglas del procedimiento agrario. Esta decisión resalta la
función social de la propiedad rural (art. 64 de la Constitución), la especial protección del
campesinado y la prevalencia del derecho sustancial sobre las formas.
Este caso evidencia la relevancia del derecho agrario como una rama especializada que no
solo regula la propiedad y uso de la tierra rural, sino que protege los derechos de
comunidades campesinas beneficiarias de políticas públicas como la reforma agraria. La
sentencia reafirma que la justicia agraria requiere un tratamiento diferenciado con jueces
competentes y procedimientos específicos que garanticen la seguridad jurídica en el campo y
la estabilidad de los procesos de distribución de tierras impulsados por el Estado.
ANT radica la primera demanda judicial sobre un proceso agrario.
Se dice que esto es un caso en el que se presenta un avance enorme para la justicia en zonas
de conflicto rural en Sucre debido a que por más de 25 años se ha presentado un conflicto
entre el campesinado y latifundistas e invasores, la ANT (Agencia Nacional de Tierras)
busca resolver este conflicto poniendo al servicio del campesinado el deslinde de la ciénaga
de Don Antonio o Cholén, una ciénaga ubicada en el municipio de San Benito Abad en el
departamento de Sucre, los latifundistas tratan a los campesinos y pescadores de invasores y
esto ha llegado a producir hasta asesinatos a causa de los enfrentamientos que se han
presentado.
El director de la ANT (Felipe Harman) dijo que el gobierno iba a expropiar bienes que le
pertenecen a la nación que habían sido robados o explotados de manera ilegal y que por esto
la jurisdicción agraria sería la clave para la resolución del conflicto, tras un seguimiento
puntual a la zona y la problemática la ANT evidenció que en dichas zonas hay
estigmatización, persecución y hasta muerte contra el campesinado por lo que tuvieron que
reconstruir el deslinde y recuperar 1200 hectáreas que eran ocupadas por latifundistas, se
ratificó que esos predios son baldíos de la nación y debían ponerse en manos de campesinos.
La ANT da un gran paso en la justicia agraria luego de que la sentencia C-294 de 2024 la
corte constitucional declaró inexequible la competencia que le habilitaba decidir a fondo los
procesos agrarios que son casos bajo el decreto Ley 902 de 2017, luego de la resolución de
este caso se declaró que la ANT seguiría en la labor de recuperar predios pertenecientes al
estado donde vienen ocurriendo situaciones similares.
La agricultura familiar indígena y campesina: tres estudios de caso en Caldas y Tolima
Este estudio analiza esa agricultura en Colombia, vista desde un sector marginal sin políticas
específicas, en 3 comunidades, enfocándose en su multifuncionalidad como estrategia de
adaptación.
En este caso hacemos una especìficacion en la comunidad de el
Dorado-Yarumalito(Samaná-Caldas), quienes tienen una relación más equilibrada entre
autoconsumo y mercado. Incluyen café en policultivo y policultivos tradicionales para
autoconsumo. Tienen áreas de finca pequeñas de propiedad privada, bajo UAF, muchas
familias en proceso de retorno post-desplazamiento. Tienen la menor vinculación de mano de
obra familiar a la propia finca, lo que lleva a trabajar fuera. Usan principalmente prácticas
tradicionales con escasa fertilización por alta fertilidad natural del suelo. Tienen excedente
familiar integral moderado (0.31 smlv) y relación beneficio/costo moderada (1.26). Presentan
los mejores indicadores ambientales: más altos contenidos de carbono y materia orgánica y la
mayor proporción de área dedicada a conservación (29.64%).
Estudio de Caso: La Comunidad de "Unidos por la Tierra" y la Sentencia C-530 de
2014 en el Chocó
Contexto:
La comunidad de "Unidos por la Tierra" es una comunidad afrocolombiana ubicada en una
zona rural del Chocó, con una tradición ancestral de agricultura de subsistencia y
aprovechamiento colectivo de la tierra. Durante generaciones, la comunidad ha ocupado un
territorio baldío, utilizando sus recursos naturales de manera sostenible para su sustento. Sin
embargo, la falta de titulación colectiva generaba incertidumbre jurídica y los exponía a
posibles desalojos o proyectos extractivos que amenazaban su forma de vida.
Situación antes de la Sentencia C-530:
Antes de la Sentencia C-530 de 2014, la comunidad de "Unidos por la Tierra" había iniciado
procesos para la titulación colectiva de su territorio ante las autoridades competentes,
basándose en la Ley 70 de 1993 que reconoce los derechos territoriales de las comunidades
negras. Sin embargo, el proceso era lento y complejo, y existía la preocupación de que
individuos ajenos a la comunidad pudieran solicitar la adjudicación individual de porciones
del territorio baldío, fragmentando la cohesión social y la forma de producción colectiva.
La Sentencia C-530 de 2014 y su Impacto Potencial:
La Sentencia C-530 de 2014 introdujo la posibilidad de que miembros individuales de las
comunidades negras pudieran solicitar la adjudicación de baldíos, siempre y cuando
cumplieran con los requisitos de ley. Esto generó diversas reacciones en la comunidad de
"Unidos por la Tierra":
➢ Oportunidad para algunos: Algunos miembros de la comunidad vieron en la sentencia
una oportunidad para obtener títulos individuales de parcelas que tradicionalmente
habían cultivado, lo que les brindaría mayor seguridad jurídica sobre su trabajo.
➢ Preocupación por la fragmentación: Otros miembros expresaron su preocupación por
la posible fragmentación del territorio colectivo y el debilitamiento de las prácticas
agrícolas comunitarias. Temían que la adjudicación individual pudiera generar
desigualdades dentro de la comunidad y facilitar la llegada de intereses externos.
➢ Debate interno: La sentencia generó un intenso debate interno en la comunidad sobre
la conveniencia de optar por la titulación individual o seguir priorizando la titulación
colectiva como mecanismo para proteger la integridad de su territorio y su cultura.
Acciones de la comunidad después de la sentencia:
➢ Frente a este nuevo escenario, la comunidad de "Unidos por la Tierra" decidió
emprender las siguientes acciones:
➢ Asesoría legal: Buscaron asesoría legal para comprender en detalle los alcances de la
Sentencia C-530 y sus implicaciones para su proceso de titulación.
➢ Diálogo comunitario: Realizaron asambleas y espacios de diálogo para discutir los
pros y los contras de la titulación individual y colectiva, buscando construir una
posición unificada.
➢ Fortalecimiento organizativo: Reforzaron sus estructuras organizativas para tomar
decisiones informadas y coordinar sus acciones frente a las autoridades.
➢ Estrategia diferenciada: Algunos miembros decidieron iniciar procesos de solicitud
individual, mientras que la comunidad en su conjunto continuó avanzando en el
proceso de titulación colectiva para la mayor parte de su territorio.
Conclusión Preliminar:
La Sentencia C-530 de 2014, si bien buscaba ampliar las opciones de acceso a la tierra para
los miembros de las comunidades negras, generó un debate complejo dentro de la comunidad
de "Unidos por la Tierra".
Desplazamiento forzado en Colombia: una consecuencia estructural del conflicto
armado
El desplazamiento forzado en Colombia constituye una de las manifestaciones más graves y
persistentes del conflicto armado interno. Según el informe Una nación desplazada del
Centro Nacional de Memoria Histórica (2015), actores armados ilegales como las guerrillas
y los grupos paramilitares, así como fuerzas estatales en algunos contextos, han utilizado el
desplazamiento como una estrategia de guerra. Esta práctica ha servido para consolidar el
control territorial, asegurar el acceso a recursos naturales estratégicos, debilitar a
comunidades organizadas y sembrar el terror entre la población civil.
El informe señala que más de seis millones de personas han sido desplazadas forzosamente
en el país, y que Colombia siempre ha estado entre los índices de países del mundo con más
desplazados internos y ha estado como el segundo país del mundo con más desplazados
internos, después de Siria. Esta cifra refleja la profundidad del problema y su carácter
prolongado. Las principales víctimas del desplazamiento han sido comunidades rurales,
campesinas, indígenas y afrodescendientes, quienes no solo han perdido sus viviendas, sino
también sus tierras, medios de subsistencia y vínculos culturales con el territorio.
La distribución geográfica del desplazamiento revela que los departamentos más afectados
han sido Antioquia, Valle del Cauca, Cauca y Nariño. En estas regiones confluyen múltiples
factores de riesgo: presencia de cultivos ilícitos, economías ilegales, recursos naturales
codiciados y una alta intensidad del conflicto armado. Las disputas territoriales entre actores
armados han intensificado la violencia y han generado un desarraigo masivo de la población
civil.
El desplazamiento forzado en Colombia es más que un efecto colateral del conflicto armado:
es una política de control y despojo que ha dejado una huella imborrable en millones de
vidas. Comprender sus causas, magnitudes y consecuencias es indispensable para avanzar
hacia una reparación integral, garantizar el derecho al retorno digno y construir condiciones
reales de no repetición.
Referentes del conflicto y la búsqueda de paz: Jesús Antonio Bejarano y Juan Camilo
Restrepo
A lo largo del conflicto armado en Colombia han existido personas que han desempeñado
papeles claves como víctimas de la violencia o como protagonistas en la búsqueda de
soluciones. Dos de ellos son el economista Jesús Antonio Bejarano y el político Juan Camilo
Restrepo.
Jesús Antonio Bejarano fue un economista muy reconocido, profesor universitario y una
figura importante en los intentos de paz durante los años noventa. Se destacó por su trabajo
como asesor en procesos de diálogo con grupos guerrilleros como las FARC y el ELN. Creía
firmemente en que el camino para superar el conflicto era el diálogo y no la confrontación
armada. Por eso desde su rol como académico y como director del Departamento Nacional
de Planeación, impulsó iniciativas que buscaban una salida negociada. Sin embargo, su
compromiso con la paz lo convirtió en un blanco de quienes no compartían esa visión. En
1999, fue asesinado dentro de la Universidad Nacional en un hecho que fue atribuido a un
miembro de las FARC. Su muerte marcó un duro golpe a los sectores que promueven la
reconciliación.
Juan Camilo Restrepo por su parte, ha sido una figura destacada en la política nacional. Fue
ministro en varios gobiernos y durante el mandato de Juan Manuel Santos fue nombrado jefe
del equipo negociador del Gobierno en las conversaciones con el ELN. Estas negociaciones
se llevaron a cabo en Quito, Ecuador, a partir del 2017. Aunque el proceso no llegó a
consolidarse como el acuerdo con las FARC, sí representó un esfuerzo serio del Estado por
mantener abierta la posibilidad de una salida pacífica al conflicto con ese grupo armado.
Tanto Bejarano como Restrepo actuaron desde escenarios distintos la academia y la política,
pero con el mismo objetivo: buscar una salida al conflicto armado en Colombia. El primero
lo hizo desde el pensamiento y la asesoría técnica, el segundo, desde la diplomacia y la
negociación política. Sus trayectorias reflejan el esfuerzo de muchas personas por encontrar
caminos de paz en un país que por décadas ha estado marcado por la violencia.
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