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Coaching 1 y 2

El coaching se presenta como una respuesta a la búsqueda de felicidad en un contexto de individualismo y control social, donde la felicidad se convierte en un imperativo moral y legal. La relación entre felicidad e infelicidad se utiliza como un mecanismo de control, donde expertos gestionan la salud mental y el bienestar de los individuos. Este fenómeno refleja una crítica a la medicalización de la vida cotidiana y la creación de una cultura de autoayuda que perpetúa la idea de que el individuo es responsable de su propia felicidad.
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Coaching 1 y 2

El coaching se presenta como una respuesta a la búsqueda de felicidad en un contexto de individualismo y control social, donde la felicidad se convierte en un imperativo moral y legal. La relación entre felicidad e infelicidad se utiliza como un mecanismo de control, donde expertos gestionan la salud mental y el bienestar de los individuos. Este fenómeno refleja una crítica a la medicalización de la vida cotidiana y la creación de una cultura de autoayuda que perpetúa la idea de que el individuo es responsable de su propia felicidad.
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Coaching, las tecnologías del yo y el

control social ( I parte)


En plena eclosión del individualismo, de las aspiraciones de autorrealización, del
deseo de desligarse de obligaciones externas y auto-obligaciones, parece que al
hombre de hoy se le escapa la felicidad y necesita de expertos que gestionen su
logro. Desde las reflexiones de Tocqueville sobre las sociedades democráticas,
empezamos a aprender que el individualismo no es una posición de fuerza de la
persona contra el Estado, sino una de las condiciones para que las democracias se
convirtieran en regímenes totalitarios. Posteriormente, autores como Foucault nos
ilustraron sobre el control individual (tecnologías del yo) y el colectivo (biopoder). Con
el tiempo hemos comprendido que las formas de control individuales y colectivas no
son dos formas paralelas y diferenciadas de poder, sino que se entrelazan en una
sola estrategia. En este artículo abordaremos un aspecto del control social que puede
sorprender. Nos referimos al coachingcomo un método que entrelaza diversas
dimensiones de la vida para regalarnos la felicidad. En estos tiempos, y tras la novela
distópica de Aldous Huxley, ya no nos puede sorprender que, entre el deseo de
felicidad y el control social, hay una inevitable relación.
El control de la felicidad y la felicidad como control
La felicidad se ha convertido en una ideología como en su día lo fue la “libertad”
revolucionaria. La felicidad, hic et nunc, hoy es un imperativo moral y legal que los
Estados modernos están obligados a proveer a sus ciudadanos. Y si el Estado no lo
logra, el propio individuo tendrá que alcanzarla por su cuenta. El problema de la
felicidad, no obstante, genera muchas controversias. La primera es que nunca se
podrá deslindar la cuestión de la felicidad de la del sufrimiento y la infelicidad. El
Estado de Bienestar no ha logrado erradicar las llagas dolientes de la condición
humana. Y como en una sociedad secularizada la comprensión del dolor es imposible,
el poder debe evitar que se recurra a lo sagrado para su aceptación irremediable. De
ahí que, como constata Eva Illouz, la consecución de la felicidad y la justificación del
sufrimiento son instrumentos de legitimación del poder. El ejercicio del poder ya no
sólo recurre a sus tradicionales estrategias (coerción, sistema legal y policial), sino
que impone los cánones de la felicidad y los medios para la evitación del sufrimiento.
De paso establece quiénes son los “expertos” en manejar estos asuntos.
Illouz propone que: “en la visión del mundo terapéutica contemporánea el sufrimiento
se ha convertido en un problema que debe ser manejado por expertos de la psiquis.
La perturbadora pregunta en relación con la distribución del sufrimiento (¿Por qué los
inocentes sufren y los malos prosperan?), que ha obsesionado a las religiones y las
utopías sociales modernas, ha sido reducida a una banalidad sin precedentes por un
discurso que entiende el sufrimiento como el efecto de emociones mal manejadas o
de una psiquis disfuncional”[1]. Ello explicaría el éxito actual de la psicología, ya que:
“La psicología clínica -continúa Illouz- es el primer sistema cultural que se deshace
totalmente del problema, haciendo que la mala fortuna sea el resultado de una psiquis
herida o mal manejada. Cumple así a la perfección con uno de los objetivos de la
religión: explicar, racionalizar y en última instancia, siempre, justificar el sufrimiento”[2].
Felicidad-infelicidad se convierte en el binomio de un sistema de control conductual
que se efectúa mediante formas relacionales que se escapan a la clásica vinculación
del individuo con el Estado. Ahora el control se efectúa “horizontalmente” desde el
“experto” – el terapeuta- y el “ciudadano”.
Pero esta exaltación terapéutica, complemento del egocéntrico e individualista canto a
la “autoayuda”, esconde el fracaso de la modernidad. Con muchas décadas de
antelación, Christopher Lasch anunciaba el fracaso del narcisismo y el
desmoronamiento de las psiqués individualistas. Así, se puede afirmar que: “La
modernidad, que es la época de la constitución del sujeto, es al mismo tiempo el
proceso de su destrucción, de su división, escisión. Como tesis general podríamos
decir que a medida que el sujeto quiere ser fundamento del todo y al mismo tiempo
fundamento de sí mismo, y por tanto fundamento único y último, se experimenta como
desfondado, sin fundamento”[3].Las “psiqués desmoronadas”, se transforman en parte
de un sistema que puede ejercitar más eficazmente el control social. Helena Béjar, en
un ensayo sobre la felicidad, establece la relación entre la infelicidad y el sistema
democrático: “Enemigo de la felicidad es el deseo que eclosiona en la sociedad
democrática […] la igualdad y la movilidad social crean nuevas obsesiones […] Es la
melancolía y la debilidad lo que se percibe en la sociedad democrática. (Por ello) la
autosuficiencia será un valor clave para el ideal de la felicidad privada”[4]. El éxito de
ventas de los libros de autoayudaes una demostración de esta tesis y está en relación
con lo que Michael Foucault denominó las “tecnologías del yo”. La autoconstrucción
del hombre se realizaba desde un poder remodelador del cuerpo y del alma del sujeto.
Por eso, debemos establecer la relación que hay entre democracia, control social,
terapias de autoayuda y las modas del coaching.
Democracia, “tecnologías del yo” y la esclavitud terapéutica
Tocqueville señala que en las democracias -al divinizarse la “igualdad”- las más
mínimas diferencias entre los individuos se vuelven insoportables. Despreciando un
orden jerárquico y diferenciador, no pueden entender por qué otro puede tener un
sueldo mejor o poseer una felicidad de la que otros carecen. El rechazo de las
sociedades democráticas a la diferencia de estatus social, es por el terror que produce
perder un estatus social como condición de un bienestar que proporciona la soñada
felicidad. Como pronostica Bauman: “La fragilidad de todos los puntos de referencia y
la incertidumbre endémica acerca del futuro afectan profundamente a quienes ya han
sido golpeados y todos los demás que no podemos estar seguros de que los golpes
nos pasen de largo”[5]. Así aflora una de las contradicciones de nuestro sistema social.
Mientras que el Estado se obstina en ser el garante del Bienestar y la seguridad, la
precariedad y la incertidumbre se extienden. Pierre Bourdieu ya alertaba del
sentimiento de “précarieté” que empezaba a arraigar en las sociedades democráticas.
En su obra Contrafuegos, concretaba que: “Al hacer incierto todo el porvenir, la
precariedad impide toda previsión racional y, en especial, ese mínimo de creencia y
de esperanza en el porvenir que hay que tener para revelarse”[6].
Bauman, por su parte, aporta una interesante contradicción entre la búsqueda de la
identidad y la propia precariedad: “La búsqueda la identidad divide y separa; sin
embargo, la precariedad de la construcción solitaria de la identidad impulsa a los
constructores a buscar perchas en las que colgar juntos los temores y ansiedades que
experimentan individualmente”[7]. El hombre posmoderno tiene la necesidad de
autoconstrucción de una identidad pero le invade constantemente un sentimiento de
precariedad. La resolución de esta dialéctica lleva al triunfo las tecnologías del yo.
Estas, según el sentido que les da Foucault, son las técnicas que se ejercen sobre
uno mismo y que permiten a los individuos efectuar un cierto número de operaciones
sobre sus cuerpos, sus almas, sus pensamientos y sus pensamientos sus conductas,
al dictado del poder. Eva Illouz, asocia este concepto a procesos rutinarios y
cotidianos que muchas veces elaboran las terapias psicológicas para alcanzar lo que
denomina los rituales de integración del yo: “El conocimiento y los sistemas simbólicos
han llegado a conformar lo que somos porque son representados dentro de las
instituciones sociales que les confieren autoridad a ciertos modos de conocer y de
hablar y los convierten en rutinas, de manera que puedan transformarse en los
códigos semióticos invisibles que organicen la conducta ordinaria y estructuren los
rituales de integración del yo”[8].
Desde finales del siglo XX, la disciplina psicológica ha sido invadida por la corriente
denominada “psicología positiva” que ha desarrollado la cultura de la “autoayuda”.
Podemos interpretar esta moda como un efecto secundario de “los rituales de
integración del yo”.En iniciador de esta nueva religión secular es Martin Seligman que
propone una metodología para conseguir la “felicidad” a través del desarrollo de las
“fortalezas personales”[9]. Para él, la felicidad se alcanza combinando el éxito personal,
la realización espiritual, la empatía con los demás y el sexo saludable. Algunos han
presentado a Seligman como el iniciador de una “nueva era” psicológica en la que
esta disciplina tendría como única misión conseguir la felicidad. Esta propuesta
esconde una concepción de un hombre enfermo permanente que debe afrontar -
obligatoriamente- la existencia de forma positiva[10].
El propio Seligman, ha querido definir el paradigma de la existencia como la “vida
placentera”, que consistiría “en saber promover emociones positivas y que estas sean
duraderas”. Ante este ideal, reaparece el enemigo del hombre: su precariedad
material y psicológica. Desde la teoría sistémica de Luhmann, la relación identidad y
subjetividad, están relacionadas con el lugar que ocupamos en la estructura social y
en la función que cumplimos en el sistema. Ello, en una sociedad relativamente
estable no provocaría sentimientos de precariedad ni crisis de identidad. Pero el
mismo Luhmann advierte que:
“En el caso de una diferenciación funcional la persona individualizada ya no puede
seguir siendo radicada permanentemente en un subsistema de la sociedad, sino que
tiene que ser concebida y considerada como un ser inestable socialmente”[11]. Esta
situación inestable y variable en la que vivimos, es la que explicaría cómo las
“tecnologías del yo” exigen de sujetos “expertos” que “curen” al sujeto debilitado. Es
desde esta perspectiva desde la que queremos analizar la aparición del coaching.
Continua…

Eva Illouz, La salvación del alma moderna. Terapia, emociones y la cultura de la


[1]

autoayuda, Katz, Madrid, 2010, p. 307.


Ibid. p. 308. Luhmann, coincide en que las causas de la infelicidad “deben ser
[2]

consideradas y tratadas como producto de la casualidad” y por lo tanto no hay


cuestiones morales ni trascendentes a considerar.
Gabriel Amengual, Modernidad y crisis del sujeto: hacia la construcción del sujeto
[3]

solidario, Caparrós,
Madrid, 1998, p. 163.
[4]
Helena Béjar, Felicidad. La salvación moderna, Tecnos, Madrid, 2018, p. 223.
[5]
Zygmunt Bauman, La sociedad individualizada, Cátedra, Madrid, 2001, p. 174.
[6]
Pierre Bourdieu, Contrafuegos 2, Barcelona, Anagrama, Barcelona, 1999, p. 96.
[7]
Zygmunt Bauman, La sociedad individualizada, Cátedra, Madrid, 2001, p. 174.
Eva Illouz, La salvación del alma moderna. Terapia, emociones y la cultura de la
[8]

autoayuda, Katz, Madrid, 2010, p. 19.


[9]
Cf. Martin Seligman, La auténtica felicidad, Argos Vergara, Barcelona, 2003, p. 30.
En ello insiste Eva Illouz: “El discurso terapéutico ofrece una matriz cultural
[10]

enteramente nuevo –hecha de metáforas, oposiciones binarias, esquemas narrativos,


marcos explicativos- que a lo largo del siglo XX ha moldeado cada vez más nuestra
comprensión del yo y de los otros”, Eva Illouz, La salvación del alma moderna.
Terapia, emociones y la cultura de la autoayuda, Katz, Buenos Aires, 2010, p. 20.
[11]
Niklas Luhmann, El amor como pasión, Península, Barcelona, 2008, p. 33.

Coaching, las tecnologías del yo y el


control social ( II parte)
Coaching como terapia posdemocrática
Uno de los presupuestos antropológicos de la moda del coaching es que todos los
seres humanos estamos enfermos por no haber alcanzado la felicidad o por no
haberlo intentado. Autoridades reconocidas denuncian este presupuesto y afirman
que estamos creando artificialmente trastornos. Un caso es el norteamericano Allen
Frances que dirigió durante años el Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM)[12]. En una
entrevista, aludía a sus colegas que habían trabajado la última versión del DSM:
“habéis ampliado tanto la lista de patologías, les dije, que yo mismo me reconozco en
muchos de esos trastornos. […] Hemos creado un sistema diagnóstico que convierte
problemas cotidianos y normales de la vida en trastornos mentales”[13]. Esta denuncia
la expone con detalle en una obra muy crítica con el actual sistema de medicalización
de la sociedad[14].
Admitida la generalización del paradigma de una sociedad estructuralmente enferma
por naturaleza, podemos entender la facilidad con la que se ha extendido la práctica
del coaching. Por ello Béjar, denuncia que para Seligman el estado psicológico
habitual en el hombre es negativo: “Seligman da un paso más que resulta crucial: el
pensamiento negativo no sólo es un síntoma de la enfermedad, la depresión, sino que
es la enfermedad misma”[15]. Ello enlaza con una expresión que se ha popularizado en
nuestra cultura: el “crecimiento personal”. Fue Werner Erhard, quien popularizó la idea
de “crecimiento personal”, afirmando que es el coaching es lo que hace que la gente
obtenga más poder, más libertad, más paz mental[16]. Por tanto el coaching es el
remedio contra la negatividad innata del ser humano.
Pero hay que preguntarse qué es lo que considera la posmodernidad como
“persona”. Autores como J. L. Nancy han desarrollado una filosofía del cuerpo en la
cual se trastoca la interpretación de que el cuerpo es algo subordinado a
una psique (por no querer decir alma). Y afirma que “no es que tengamos un cuerpo,
sino que somos un cuerpo”. De este modo, considera que con el nuevo estatuto del
cuerpo, se conforman nuevas formas de subjetividad, como propone Guattari[17]. Y esta
es una de las causas por las que el coaching puede ser aplicado tanto al cuerpo
(deporte, por ejemplo) como a sus “subjetividades” (trabajo, sexualidad, amistades,
relaciones, espiritualidad…).
El coaching encajaría con la teoría sistémica de Luhmann, ya que: “No es posible
retirarse sencillamente a la propia autonomía y confiar en la capacidad de adaptación
implícita en ella”[18]. Por eso, las diversas modalidades de coaching suelen
establecerse mecanismos del control conductual por parte de los “expertos”: “(para
ellos) La felicidad –denuncia Béjar- es resultado de un entrenamiento riguroso”[19]. De
ahí que para Seligman, los “worriers” (o pesimistas) son gente poco fiable,
impredecibles y resistentes al cambio. Son el detritusde la sociedad que no quiere ser
feliz, se resisten a la moda de la autoayuda o al coaching. Son los que impiden que la
sociedad progrese. En este punto, surge una vinculación entre las terapias de
coaching y el Estado moderno. Esta relación la detectaVanessa Pupavac en su
obra Therapeutic Governance (2001) cuando sostiene que “el paradigma terapéutico
se ha convertido en la forma en que las instituciones estatales se relacionan con los
ciudadanos: en la vida pública se generaliza la ‘política del sentimiento’; en la
educación, la autoestima desplaza a la formación intelectual; en la familia se
profesionalizan las relaciones y la crianza de los hijos. Este paradigma ha redibujado
la relación política entre ciudadano y Estado“.
Otros autores denuncian el coaching como una forma de control del sistema
capitalista para que el trabajador se someta “feliz” a la autoexplotación. El profesor
Stefano Abbate, concluye al respecto que: “Hay otro fenómeno que […] contribuye al
control social mediante el trabajo. Nos referimos a la autoexplotación del trabajador en
el sistema neoliberal […] La oprimente competitividad y la mejora continua del
trabajador le empujan constantemente a aumentar su rendimiento para encontrar
sentido a su día a día […] formación continua, liderazgo o coaching son algunas de
las palabras que acompañan a este nuevo paradigma”[20].
Especialmente en el mundo laboral se ha puesto de moda el llamado “coaching
coercitivo”[21], que ha sido duramente criticado por intrusismo, incluso por prácticas
sectarias. A propósito, la Red Iberoamericana de Estudios de las Sectas (RIES), ha
desarrollado un catálogo contra el “coaching coercitivo” advirtiendo que “Ya no se
denominan “coercitivos”, sino que ahora usan eufemismos: Sanando tu vida,
Coaching inside, Liderazgo transformacional, Samurai game, Ingeniería de lo
imposible, etc[22]. Las estrategias del coaching coercitivo pretenden generar cambios
emocionales y cognitivos de modo extremadamente veloz. Algunas de las prácticas
más nocivas están relacionadas con el relativismo moral, la causalidad radical que
divide a los participantes entre víctimas y responsables o el establecimiento de
relaciones sexuales entre coaches y participantes.
Conclusión: qué esconde el coaching
Formalmente, el coaching proviene de Estados Unidos. Uno de sus creadores fue
Timothy Gallwey. En los años 70 participó en una secta denominada Misión de la Luz
Divina (secta de origen hindú) cuyo líder era Prem Rawat. Esta secta proponía “que
los individuos y naciones descontentos e insatisfechos nunca pueden promover una
paz duradera en el mundo”. Por tanto, su finalidad era que los miembros alcanzaran la
felicidad a cualquier precio. Timothy Gallwey, en el año 2000, publicaba El juego
interior del trabajo. En 2009 aparecía otra obra más refinada: El juego interior del
estrés. era un método para combatir el “diálogo interior negativo”. En este libro y otros
posteriores de “expertos” en coaching se pueden extraer claves para comprender el
fenómeno. La primera es la obligatoriedad de la “positividad” y el optimismo
antropocéntrico. Para ello se pueden recurrir a psudociencias como la Programación
Neurolingüística (PNL), como forma de aprendizaje rápido y sencillo[23]. Otro clásico del
coaching es El Secreto, de Rhonda Byrne[24]. Esta obra presupone que si “conectamos”
con el universo y alcanzamos el pensamiento “positivo” atraeremos cosas buenas a
nuestra vida e incluso curar enfermedades graves. De vez en cuando salen libros
como el de la periodista Barbara Ehrenreich, Sonríe o muere, que denuncian esta
literatura como sectaria. En conclusión, podemos afirmar que el mundo del coaching,
tiene demasiados claroscuros, que aún no han sido suficientemente investigados. El
coaching, en su inmensa mayoría de modalidades corresponden a una antropología
que presuponen un fracaso del humanismo y la necesidad de la reconstrucción del yo
en base a métodos o tecnologías que pueden predisponer al control social político o
incluso sectario.

El DSM se considera la “Biblia mundial de la Psicología” y actualmente se utiliza la


[12]

versión quinta. El DSM es considerado el canon de las enfermedades mentales, de


sus definiciones, clasificaciones y sintomatologías.
Cf. El País, 28-9-2014.
[13]

Cf. Allen Frances, ¿Somos todos enfermos mentales?, Ariel, Barcelona, 2014.
[14]

Helena Béjar, Felicidad. La salvación moderna, Tecnos, Madrid, 2018, p. 129.


[15]

Cf. Vanessa Pérez Gordillo, La dictadura del coaching. Akal, Madrid, 2019.
[16]

Cf. Felix Guattari, Producción de subjetividades, Manantial, Buenos Aires, 1992.


[17]

Niklas Luhmann, El amor como pasión,Península, Barcelona, 2008, p. 34.


[18]

Helena Béjar, Felicidad. La salvación moderna, Tecnos, Madrid, 2018, p. 172.


[19]
Stefano Abbate, “Métodos de control social en las sociedades de control”, en Jorge
[20]

Martínez Lucena et al., Control social e imaginarios en las teleseries actuales, Editorial
UOC, Barcelona, 2019, p. 37.
Este tipo de coaching tiene como raíz una secta llamada Mind Dynamics(1962) que
[21]

posteriormente pasó a denominarse Leadership Dynamics.


También se ha denominado coaching ontológico, coaching vivencial o coaching de
[22]

vida.
Sus creadores, Richard Bandler y John Grinder afirman que existe una clara
[23]

conexión entre los procesos neurológicos, el lenguaje y los patrones de


comportamiento aprendidos, y que mediante sus técnicas pueden cambiarlos para
lograr la felicidad.

1) [Link]

2) [Link]

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