Capítulo 1: El Silencio de Orión
El cielo sobre Ciudad Nébula no mostraba estrellas aquella noche—solo una neblina
púrpura que palpitaba como si el universo respirara. Kylian, técnico de sondas
orbitales, caminaba solo por el corredor magnético que conectaba los distritos
elevados. Era su turno de mantenimiento, pero algo no encajaba: las antenas
gravitacionales emitían un pulso errático, y una sombra le seguía desde hace tres
estaciones.
Desde que los primeros humanos colonizaron Antares IV, las reglas habían sido
claras: no entrar en contacto con la materia flotante del Sector Prohibido. Kylian
nunca había sido de seguir reglas. Esa noche, su escáner captó una firma espectral
en coordenadas restringidas. Al acercarse, encontró algo que no debería existir:
una cápsula de origen desconocido con grabaciones… en su propia voz.
Ecos de Antares – Capítulo 2: “La Promesa Estelar”
Kylian observaba la cápsula mientras una voz—la suya—repetía una frase:
“Si el núcleo de Orión se enciende, recuerda quién eres.”
Confundido pero determinado, decidió reportar el hallazgo… aunque algo le decía que
ese mensaje no era para los altos mandos de la Confederación, sino solo para él. Al
escanear la cápsula, activó sin querer un protocolo ancestral: una imagen
holográfica reveló un mapa estelar que no existía en ninguna base de datos
conocida. En su pecho, el medallón heredado de su madre empezó a brillar.
Kylian no era simplemente un técnico: había sido elegido por una civilización
extinta para proteger los Nodos de Realidad, artefactos capaces de reconfigurar el
tejido del universo. Era el último Custodio de Antares, un título olvidado por
milenios.
Y esa noche, el Sector Prohibido dejó de ser un misterio para convertirse en su
destino.