SENTENCIA CONSTITUCIONAL PLURINACIONAL 0255/2014
Sucre, 12 de febrero de 2014
SALA TERCERA
Magistrada Relatora: Dra. Ligia Mónica Velásquez Castaños
Acción de amparo constitucional
Expediente: 04367-2013-09-AAC
Departamento: Potosí
En revisión la Resolución 011/2013 de 28 de noviembre, cursante de fs. 41 a
44 vta., pronunciada dentro de la acción de amparo constitucional
interpuesta por Rolando Eduardo Loayza Heredia contra Jorge Oscar
Balderrama Berrios y Julio Alberto Miranda Martínez Vocales de la
Penal Primera y Segunda del Tribunal Departamental de Justicia de
Potosí.
I. ANTECEDENTES CON RELEVANCIA JURÍDICA
I.1. Contenido de la demanda
El accionante, mediante memorial presentado el 1 de agosto de 2013, cursante
de fs. 3 a 14 vta., manifestó que:
I.1.1. Hechos que motivan la acción
Dentro del proceso penal instaurado en su contra el 24 de febrero de 2005, por
el Ministerio Público y el Gobierno Autónomo Departamental de Potosí, por la
presunta comisión de los delitos de conducta antieconómica y falsedad
ideológica, en audiencia de juicio oral de 26 de marzo de 2013, formuló
excepciones de -entre otras- cosa juzgada, extinción de la acción penal por
prescripción y por duración máxima del proceso, mismas que fueron resueltas
por Autos 18, 19 y 20 de 8 de abril de 2013, con el consiguiente efecto
extintivo de la causa, determinándose el archivo de obrados.
Manifiesta que dichas resoluciones fueron impugnadas tanto por la parte civil
como por el Ministerio Público mediante recurso de apelación, mismo que
siendo radicado en la Sala Penal Segunda, mereció Auto de Vista 24/2013 de
31 de mayo, por el cual se declaró procedentes los recursos presentados,
revocándose, en consecuencia, las resoluciones que declararon procedentes las
excepciones de extinción de la acción penal por máxima duración del proceso;
por prescripción y de cosa juzgada -entre otras-, ordenándose la inmediata
prosecución del proceso penal, hecho que ocasiona lesión a sus derechos y
garantías constitucionales.
Agrega que la dilación en la resolución de la causa, no le es atribuible y que
tampoco fue declarado rebelde en ningún momento.
I.1.2. Derechos supuestamente vulnerados
El accionante alega la vulneración del debido proceso en su elemento de una
debida fundamentación; así como a los principios de congruencia y legalidad,
citando al efecto el art. 115.II y 410 de la CPE.
I.1.3. Petitorio
Solicita se conceda la tutela, determinando: a) Anular el Auto de Vista 24/2013
de 31 de mayo; y, b) Ordenar se emita nueva Resolución acorde a la doctrina
aplicable, sea determinando dar lugar a la extinción de la acción penal por
prescripción, duración máxima del proceso y cosa juzgada.
I.2. Trámite procesal
I.2.1. Rechazo de la acción de amparo constitucional
Mediante Resolución 006/2013 de 2 de agosto la Sala Civil y Comercial del
Tribunal Departamental de Justicia de Potosí declaró improcedente la acción de
amparo constitucional interpuesta por Rolando Eduardo Loayza Heredia.
I.2.2. Admisión de la acción de amparo constitucional
En virtud a la impugnación presentada por el accionante contra la Resolución
006/213 la Comisión de Admisión de este Tribunal por AC 0192/2013-RCA de
28 de agosto resolvió revocar la Resolución impugnada y disponiendo que el
Tribunal de garantías admita la acción de amparo constitucional.
I.3. Audiencia y Resolución del Tribunal de garantías
Instalada la audiencia pública el 28 de noviembre de 2013, según acta cursante
de fs. 45 a 56, se produjeron los siguientes hechos:
I.3.1. Ratificación de la acción
La defensa del accionante, se ratificó en el contenido íntegro de la demanda,
haciendo hincapié en que la falsedad ideológica se constituye en delito
ordinario y no de corrupción, por lo que, es susceptible de prescripción.
I.3.2. Informe de las autoridades demandadas
Julio Alberto Miranda Martínez, Vocal de la Sala Penal Segunda del Tribunal
Departamental de Justicia de Potosí, por sí y a nombre de Jorge Óscar
Balderrama Berrios, codemandado, señaló en audiencia que: 1) La
imprescriptibilidad del delito de falsedad material no se constituye en el
fundamento esencial del Auto impugnado mediante la presente acción tutelar;
en consecuencia no tiene porque generar ninguna incidencia; 2) La resolución
cuestionada contiene los motivos bases en los cuales se ha fundado la
apelación respecto a la declaratoria de procedencia de las excepciones de
extinción por prescripción, por duración máxima del proceso y cosa juzgada, en
base a los cuales se ha efectuado una debida fundamentación, aún cuando el
ahora accionante considere que la misma sea errática; y, 3) No corresponde a
la jurisdicción constitucional efectuar interpretación de la legalidad ordinaria,
debiendo limitarse a verificar si en el caso objeto de análisis, las lesiones a
derechos denunciadas, son evidentes.
I.3.3. Intervención de los terceros interesados
En uso de la palabra, Rafael Montoya Rivera, abogado del tercero
interesado Rolando Ochoa Colque, manifestó: i) La resolución emitida por
el Tribunal de apelación debió manifestarse respecto a las apelaciones de
manera individualizada toda vez que, respecto a las excepciones revocadas, el
inferior ha emitido diversas resoluciones, mismas que de manera particular e
individual, por tratarse de personas distintas, debieron ser analizadas y
consideradas, situación que no se presenta en el caso, donde los demandados
emitieron una sola resolución pronunciándose de manera indistinta respecto a
todos los imputados, sin considerar la normativa procedimental prevista en el
art. 33 del Código de Procedimiento Penal (CPP), que los obliga, por ejemplo, al
cómputo de manera individualizada, por el contrario el razonamiento de dicha
resolución dejando a un lado el principio de favorabilidad y especificidad,
perjudica con su teoría a los demás, pues si bien Hugo Remier planteó
excepción de falta de acción, eso no implica que el plazo para la prescripción
con respecto a los demás imputados no se compute; y, ii) Se efectuó una
incorrecta interpretación del alcance de la irretroactividad, pues en el presente
caso, para que proceda de manera retroactiva la norma, debió demostrarse el
daño económico al Estado, situación que nunca ha sido probada.
Wilson Álvarez Jorge, reiterando y adhiriéndose a los argumentos
expresados anteriormente por Rafael Montoya Rivera, refirió que el Auto de
Vista de 31 de mayo de 2013, carece de una debida fundamentación que
engloba a todos los procesados sin individualizar la participación de cada uno
de ellos; y que, con referencia a la prescripción ha sido debidamente
demostrada a través del planteamiento de la excepción y valorada por el
Tribunal de Sentencia de Uncía que dio lugar a la misma.
En representación legal del Gobierno Autónomo Departamental de
Potosí, Marco. León Argandoña, a su turno expresó que: a) El cómputo
para la prescripción se suspendió en mérito a cláusula específica contenida en
el contrato suscrito entre la Gobernación y la empresa de Víctor Remier
Arancibia Barrientos, que determinaba que en caso de controversias se acudiría
a la conciliación y arbitraje, hecho que constituye antejuicio y que, conforme
establece el art. 32 inc.3) del CPP, suspende la prescripción, elemento que ha
sido determinante al momento de que se emita el Auto de Vista de 31 de mayo
de 2013 y no como sostiene la parte ahora accionante, que se ha aplicado de
manera retroactiva la norma; infiriéndose que dicha resolución no vulnera
ninguna garantía constitucional, limitándose simplemente a la aplicación de la
ley; y, b) Respecto a la acreditación tangible de daño económico, la parte
accionante incurre en una errónea interpretación de los arts. 199, 203 y 224 del
CPP, el daño ha surgido a partir de la inserción de planillas falsas de avance de
obra que ocasiona la erogación de fuertes sumas de dinero a la Gobernación
sin que se haya efectuado trabajo alguno, además, este tipo de documentos se
constituyen en públicos al ser emitidos por autoridad competente; es decir,
funcionarios de la Gobernación que avalan el contenido del documento; en este
caso, la planilla de avance, cuyo tenor ha ocasionado la disposición patrimonial
equivocada de dineros del Estado a favor de la empresa, haciéndose evidente
el perjuicio causado; no obstante, el Tribunal de Sentencia Penal de Uncía, a
más de conceder de manera indiscriminada las múltiples excepciones e
incidentes, infringiendo el principio de imparcialidad, declaró a todos los
procesados inocentes de culpa, favoreciéndolos con su fallo.
I.3.4. Intervención del Ministerio Público
Fidel Muruchi, Fiscal asignado a la acción de amparo constitucional,
inicialmente manifestó que con respecto al deber de fundamentación de las
resoluciones, es precisamente eso, un deber de los administradores de justicia
y por ende no se constituye en un derecho fundamental reconocido por la
Constitución Política del estado (CPE); por otra parte, en cuanto a la
prescripción por duración máxima del proceso, las partes han presentado sus
alegatos señalando que han interpuesto en reiteradas ocasiones excepciones e
incidentes por lo que, el transcurso del tiempo se debe a ellos, no siendo
atribuible al órgano judicial, hecho que hace improcedente la prescripción por
duración máxima del proceso, no siendo argumento valedero de que la
paralización del proceso a causa del uso de estos mecanismos jurídicos haya
sido individual debido a que los plazos se suspenden para todos; con respecto a
la cosa juzgada, si bien es cierto que el rechazo de un fiscal no es recurrible, no
menos evidente es que la reapertura del proceso es posible durante el
transcurso de un año, así determina el art. 27 inc.9) con relación al 308 del
CPP, siendo la única autoridad competente para cerrar el proceso, la autoridad
jurisdiccional, situación que no acontece en el presente caso debido a que la
juez no se le hizo notar el transcurso del tiempo a efectos de que cierre el
proceso; por lo que, se procedió al reinicio del mismo.
I.3.5. Resolución del Tribunal de garantías
Mediante Resolución 011/2013 de 28 de noviembre, cursante de fs. 41 a 44
vta., la Sala Civil y Comercial del Tribunal Departamental de Justicia de Potosí,
constituida en Tribunal de garantías, declaró “no conceder” la tutela
solicitada, “declarando improcedente la acción de amparo
constitucional”, decisión asumida en mérito a que los demandados han
adecuado su accionar y su decisión a la normativa vigente, toda vez que contra
los delitos de corrupción -entre los cuales se encuentra el de conducta
antieconómica que en el caso en particular, se encuentra íntimamente
vinculado con el de falsedad ideológica, por el que también se juzga al
accionante-, por previsión del art. 105 de la Ley de Lucha Contra la Corrupción
,Enriquecimiento Ilícito e Investigación de Fortunas 004, la prescripción no
precede bajo ninguna circunstancia en delitos de corrupción; en consecuencia,
el Auto de Vista 24/2013 de 31 de mayo, pronunciado por los demandados,
mediante el cual disponen revocar las resoluciones emitidas por el inferior que
declararon procedentes las excepciones de extinción de la acción penal por
duración máxima del proceso, por prescripción y cosa juzgada, no resulta lesivo
a los derechos y garantías constitucionales reclamadas por el accionante.
II. CONCLUSIONES
Del análisis y compulsa de los antecedentes que cursan en obrados, se
concluye lo siguiente:
II.1. El 4 de diciembre de 2006, el Ministerio Público, presentó acusación ante
el Tribunal de Sentencia Penal de Uncía, contra Rolando Loayza Heredia y
otros por la presunta comisión de los delitos de falsedad ideológica, uso
de instrumento falsificado y conducta antieconómica, sindicando al ahora
accionante por la comisión de los dos primeros ilícitos (fs. 17 a 21 vta. del
primer cuerpo del anexo).
II.2. En audiencia de juicio oral llevada a cabo del 26 al 28 de marzo de 2013,
al igual que todos los coprocesados, Rolando Loayza Heredia -accionante-,
formuló excepciones de extinción de la acción por prescripción; por
duración máxima del proceso y de cosa juzgada (así como incidentes de
nulidad por defecto absoluto en el documento de conciliación y de nulidad
por falta de cumplimiento a una Sentencia Constitucional), mereciendo
Autos 18/2013, 19/2013 y 20/2013, todos de 8 de abril, mediante los
cuales, el Tribunal de Sentencia Penal de Uncía, declaró probadas la
excepciones de extinción de la acción por prescripción; por duración
máxima del proceso y cosa juzgada, disponiendo el archivo de obrados
(fs. 712 vta. a 717 del cuarto cuerpo del anexo).
II.3. Mediante memorial presentado el 11 de abril de 2013, Marco Antonio León
Argandoña en representación legal del Gobierno Autónomo Departamental
de Potosí, interpuso recurso de apelación, impugnando, entre otras, las
resoluciones 18/2013, 19/2013 y 20/2013, 19 y 20 pronunciadas por el
Tribunal de Sentencia Penal de Uncía el 8 del mismo mes y año (fs. 721 a
727 vta.).
II.4. Por escrito de 10 de abril de 2013, el Ministerio Público planteó recurso de
apelación incidental contra las resoluciones -entre otras- 18/2013,
19/2013 y 20/2013 emitidas por el Tribunal de Sentencia Penal de Uncía,
por las cuales dispusieron la extinción de la acción penal, solicitando se
revoquen las mismas, disponiéndose la prosecución del juicio oral (fs. 778
a 784 vta.).
II.5. La Sala Penal Segunda del Tribunal Departamental de Justicia de Potosí,
mediante Auto 24/2013 de 31 de mayo, declaró procedentes los recursos
de apelación formulados por el Gobierno Autónomo Departamental de
Potosí y el Ministerio Público y revocó los Autos por los que se declararon
procedentes las excepciones -entre otras- de extinción del proceso por
duración máxima del proceso; por prescripción y cosa juzgada;
disponiendo la inmediata prosecución del proceso penal; decisión con la
que el ahora accionante fue notificado en su domicilio procesal el 20 de
junio de 2013 (fs. 957 a 964 y 966 del quinto cuerpo del anexo).
II.6. El 1 de agosto de 2013, Rolando Eduardo Loayza Heredia, planteó
demanda de acción de amparo constitucional (fs. 3 a 14 vta.).
III. FUNDAMENTOS JURIDÍCOS DEL FALLO
El accionante alega la vulneración del debido proceso en su elemento de una
debida fundamentación; así como a los principios de congruencia y legalidad,
siendo que dentro del proceso penal instaurado en su contra y otros, por la
supuesta comisión de los delitos de falsedad ideológica y conducta
antieconómica, planteó -entre otras- excepciones de extinción de la acción por
prescripción; por duración máxima del proceso y cosa juzgada, las cuales, al
haber sido declaradas procedentes por el Tribunal de Sentencia Penal de Uncía,
dieron lugar a la extinción del proceso; sin embargo, tanto la parte civil como el
Ministerio Público formularon recurso de apelación que, siendo declarado
procedente por la Sala Penal Segunda del Tribunal Departamental de Justicia
de Potosí, dispuso la revocatoria de las resoluciones del inferior así como la
inmediata prosecución del proceso penal.
III.1. Configuración de la acción de amparo constitucional
La SCP 0002/2012 de 13 de marzo, ha señalado: “El orden constitucional
boliviano, dentro de las acciones de defensa, instituye en el art. 128 la
acción de amparo constitucional como un mecanismo de defensa que
tendrá lugar contra los 'actos u omisiones ilegales o indebidos de los
servidores públicos, o de persona individual o colectiva, que restrinjan,
supriman o amenacen restringir o suprimir los derechos reconocidos por
la Constitución y la ley'.
Del contenido del texto constitucional de referencia, puede inferirse que
la acción de amparo constitucional es un mecanismo de defensa
jurisdiccional, eficaz, rápido e inmediato de protección de los derechos
fundamentales y garantías constitucionales, cuyo ámbito de protección
se circunscribe respecto de aquellos derechos fundamentales y garantías,
que no se encuentran resguardados por los otros mecanismos de
protección especializada que el mismo orden constitucional brinda a los
bolivianos, como la acción de libertad, de protección de privacidad,
popular, de cumplimiento, etc. Asimismo, desde el ámbito de los actos
contra los que procede, esta acción se dirige contra aquellos actos y
omisiones ilegales o indebidos provenientes no sólo de los servidores
públicos sino también de las personas individuales o colectivas que
restrinjan o amenacen restringir los derechos y garantías objeto de su
protección.
En este contexto, el amparo constitucional boliviano en su dimensión
procesal, se encuentra concebido como una acción que otorga a la
persona la facultad de activar la justicia constitucional en defensa de sus
derechos fundamentales y garantías constitucionales.
El término de acción no debe ser entendido como un simple cambio de
nomenclatura, que no incide en su naturaleza jurídica, pues se trata de
una verdadera acción de defensa inmediata, oportuna y eficaz para la
reparación y restablecimiento de los derechos y garantías fundamentales,
y dada su configuración, el amparo constitucional se constituye en un
proceso constitucional, de carácter autónomo e independiente con partes
procesales diferentes a las del proceso ordinario o por lo menos con una
postura procesal distinta, con un objeto específico y diferente, cual es la
protección y restitución de derechos fundamentales con una causa
distinta a la proveniente del proceso ordinario, esto es, la vulneración
concreta o inminente de derechos fundamentales a raíz de actos y
omisiones ilegales o indebidos con un régimen jurídico procesal propio.
En este orden de ideas, la acción de amparo constitucional adquiere las
características de sumariedad e inmediatez en la protección, por ser un
procedimiento rápido, sencillo y sin ritualismos dilatorios. A estas
características se añade la de generalidad, a través de la cual la acción
puede ser presentada sin excepción contra todo servidor público o
persona individual o colectiva.
Finalmente cabe señalar, que dentro de los principios procesales
configuradores del amparo constitucional, el constituyente resalta la
inmediatez y subsidiariedad al señalar en el parágrafo I del art. 129 de la
CPE, que esta acción '(…) se interpondrá siempre que no exista otro
medio o recurso legal para la protección inmediata de los derechos y
garantías restringidos, suprimidos o amenazados'.
Lo señalado implica que la acción de amparo forma parte del control
reforzado de constitucionalidad o control tutelar de los derechos y
garantías, al constituirse en un mecanismo constitucional inmediato de
carácter preventivo y reparador destinado a lograr la vigencia y respeto
de los derechos fundamentales y garantías constitucionales, siempre que
no exista otro medio de protección o cuando las vías idóneas pertinentes
una vez agotadas no han restablecido el derecho lesionado, lo que
significa que de no cumplirse con este requisito, no se puede analizar el
fondo del problema planteado y, por tanto, tampoco otorgar la tutela“.
En conclusión, la acción de amparo constitucional es un instituto jurídico
consagrado por la Constitución Política del Estado con la finalidad de
proteger los derechos fundamentales de las personas frente a lesiones o
amenazas de vulneración por parte de una autoridad pública o de un
particular; a este efecto, el constituyente ha previsto la acción de amparo
constitucional como un procedimiento extraordinario para la tutela de
derechos y garantías constitucionales de carácter específico, autónomo,
directo y sumario, que no puede, en ningún caso, sustituir los procesos
judiciales establecidos en el ordenamiento jurídico, hecho que determina
su carácter eminentemente subsidiario; pues, en virtud a su naturaleza
jurídica, esta acción tutelar no puede considerarse como una vía
alternativa ni supletoria.
III.2. El principio de congruencia y su vinculación con el debido
proceso a través de la motivación de las resoluciones judiciales
III.2.1. Respecto al principio de congruencia
Efectuando una sistematización de la jurisprudencia
constitucional, la SCP 1916/2012 de 12 de octubre, estableció
que: “El principio de congruencia, sobre el cual, la SC
0358/2010-R de 22 de junio, indicó que implica: '…la
concordancia entre la parte considerativa y dispositiva, pero
además esa concordancia debe mantenerse en todo su
contenido, efectuando un razonamiento integral y armonizado
entre los distintos considerandos y razonamientos emitidos por
la resolución, esta concordancia de contenido de la resolución y
su estricta correspondencia entre lo pedido, lo considerado y lo
resuelto, conlleva a su vez la cita de las disposiciones legales
que apoyan ese razonamiento que llevó a la determinación que
se asume. En base a esos criterios se considera que quien
administra justicia debe emitir fallos motivados, congruentes y
pertinentes'.
En virtud a este principio, las autoridades jurisdiccionales o
administrativas están obligadas a velar porque en sus
resoluciones exista una estricta correspondencia entre lo
peticionado, lo considerado y lo resuelto, lo que implica no
solamente la concordancia entre la parte considerativa y la
dispositiva, sino su materialización debe reflejarse a lo largo de
todo su contenido, no olvidando citar las disposiciones legales
que sirvieron de base para asumir un determinado
razonamiento y su consecuente decisión respecto del proceso
en litigio.
En la ya citada SC 0486/2010-R se afirmó que: '…la
congruencia ha venido clasificada en diversos tipos o categorías
que nos interesa anotar a los fines que se seguirán, y así es
moneda corriente hablar en doctrina de incongruencia «ultra
petita» en la que se incurre si el Tribunal concede «extra
petita» para los supuestos en que el juzgador concede algo
distinto o fuera de lo solicitado por las partes; «citra petita»,
conocido como por «omisión» en la que se incurre cuando el
Tribunal no se pronuncia sobre alguno de los pedimentos que le
han sido planteados, etc.' (Principios Constitucionales en el
Proceso Civil, Consejo General del Poder Judicial, El deber
Judicial de Congruencia como Manifestación del Principio
Dispositivo y su Alcance Constitucional, Madrid 1993, Mateu
Cromo, S.A., Pág. 438)'.
De lo glosado en el párrafo precedente se puede concluir que la
congruencia puede analizarse desde dos puntos de vista, el
primero referido a la incongruencia ultra petita, en la que se
incurrirá en los casos en los que el juez o tribunal resuelva y
asuma decisiones con relación a aspectos que no fueron objeto
de impugnación por los recurrentes, lo que en doctrina se
denomina también extra petita, es decir, fuera de lo
peticionado; y el segundo, relacionado con la incongruencia
citra petita, en la que se incurrirá cuando la o las autoridades a
cargo de la resolución del recurso de apelación o casación,
según sea el caso, omitieron decidir sobre cuestiones que
fueron argumentadas por las partes a tiempo de la interposición
del medio de impugnación o de la respuesta otorgada al mismo.
Respecto a ambos principios, la SC 1335/2010-R de 20 de
septiembre, puntualizó que: '…el único caso en que un juez o
tribunal superior en grado podría apartarse del cumplimiento
del principio de congruencia respecto a su pronunciamiento,
encuentra respaldo en el contenido del art. 15 de la Ley de
Organización Judicial abrogada (LOJabrg), al disponer que los
tribunales y jueces de alzada, en relación con los de primera
instancia y los de casación respecto de aquéllos, estaban
obligados a revisar los procesos de oficio para determinar si los
jueces y funcionarios observaron los plazos y leyes que norman
la tramitación y conclusión de los procesos y proceder a corregir
el procedimiento, aplicando, en su caso, las sanciones
pertinentes; además de observar que toda nulidad tiene que
estar expresamente prevista por ley, conforme al principio
sentado por el art. 251.I del CPC; acorde a ello, en caso de
advertirse la vulneración de derechos fundamentales o
garantías constitucionales, quedaba plenamente justificada la
falta de pronunciamiento sobre lo resuelto por el inferior en
grado y lo impugnado por el apelante en su recurso, en el
supuesto que la situación advertida no hubiese sido
cuestionada'.
Es oportuno aclarar que el cumplimiento de los principios de
congruencia y pertinencia pueden ser pasados por alto en un
solo caso, y es el referido a la obligatoriedad que tienen las
autoridades que conocen un asunto en alzada, de revisar de
oficio las actuaciones procesales a efectos del saneamiento del
proceso, atribución conferida por el art. 17.I de la Ley del
Órgano Judicial (LOJ); en virtud al cual, cuando se adviertan
vulneraciones de derechos fundamentales y/o garantías
constitucionales, queda plenamente justificada la falta de
pronunciamiento sobre los puntos impugnados por el apelante,
de lo resuelto por el inferior en grado, porque si en
cumplimiento de la labor fiscalizadora, constata la presencia de
las lesiones, entonces aún de oficio, podrá determinar nulidades
de acuerdo a los límites establecidos en la ley; a contrario
sensu, cuando dicha autoridad no advierta causales expresas de
nulidad a tiempo de pronunciar el auto de vista, entonces le
corresponderá circunscribirse a los puntos resueltos por el a
quo y que hubieran sido objeto de apelación y fundamentación
por el afectado”.
III.2.2. El deber de motivación de las resoluciones de las
autoridades judiciales
Por su parte, la SC 0758/2010-R de 2 de agosto, con relación a
la obligación de motivación que tiene toda autoridad a tiempo
de emitir sus fallos, determinó lo siguiente: “La garantía del
debido proceso, comprende entre uno de sus elementos la
exigencia de la motivación de las resoluciones, lo que significa,
que toda autoridad que conozca de un reclamo, solicitud o que
dicte una resolución resolviendo una situación jurídica, debe
ineludiblemente exponer los motivos que sustentan su decisión,
para lo cual, también es necesario que exponga los hechos
establecidos, si la problemática lo exige, de manera que el
justiciable al momento de conocer la decisión del juzgador lea y
comprenda la misma, pues la estructura de una resolución
tanto en el fondo como en la forma, dejará pleno
convencimiento a las partes de que se ha actuado no sólo de
acuerdo a las normas sustantivas y procesales aplicables al
caso, sino que también la decisión está regida por los principios
y valores supremos rectores que rigen al juzgador,
eliminándose cualquier interés y parcialidad, dando al
administrado el pleno convencimiento de que no había otra
forma de resolver los hechos juzgados sino de la forma en que
se decidió. Al contrario, cuando aquella motivación no existe y
se emite únicamente la conclusión a la que se ha arribado, son
razonables las dudas del justiciable en sentido de que los
hechos no fueron juzgados conforme a los principios y valores
supremos, vale decir, no se le convence que ha actuado con
apego a la justicia, por lo mismo se le abren los canales que la
Ley Fundamental le otorga para que en búsqueda de la justicia,
acuda a este Tribunal como contralor de la misma, a fin de que
dentro del proceso se observen sus derechos y garantías
fundamentales, y así pueda obtener una resolución que ordene
la restitución de dichos derechos y garantías…”.
En base a estos razonamientos jurisprudenciales y habiéndose establecido
la esencia y naturaleza jurídica de los institutos glosados supra, partiendo
del entendimiento de que una resolución judicial debe enmarcarse a los
hechos litigiosos así como a las pretensiones deducidas por las partes
procesales y manifestarse únicamente respecto a los asuntos expuestos a
lo largo del proceso, asegurando la plena existencia del debate y la
contradicción como elementos nucleares y presupuestos imprescindibles
del valor justicia que plasmen en la realidad el respeto al principio de
igualdad de partes procesales en resguardo de los derechos
fundamentales, es preciso que la decisión asumida por el administrador
de justicia, de cuenta de los fundamentos fácticos y jurídicos de su
decisión, habida cuenta que la determinación asumida, encuentra su
plena validez en la legitimidad de su propia motivación; es decir, que la
obligación de sustentar y motivar las resoluciones judiciales, siendo un
derecho y garantía ciudadana reconocida por la propia Constitución
Política del Estado como elemento de la seguridad jurídica imperante en
un Estado Constitucional de Derecho, resulta imprescindible en la función
judicial, pues la exigencia de justificar las decisiones judiciales, descansa
en la necesidad de garantizar el imperio de la ley y no de la voluntad del
juez que decida sobre un litigio en particular; en tal sentido, se deduce
que como elemento mínimo del debido proceso se ha consagrado la
fuerza motivacional que debe contener toda decisión judicial que se emita
en apego estricto al texto constitucional y a las leyes, instrumentos de
orden interno destinados a garantizar la pacífica convivencia social así
como el respeto al ordenamiento jurídico por parte de los administradores
de justicia así como por los litigantes, hecho que, asegura un posible
control respecto a la razonabilidad de las resoluciones judiciales y en su
caso, su posible incidencia sobre derechos y garantías constitucionales.
En conclusión, una resolución judicial, deberá dar respuesta a todas y
cada una de las pretensiones planteadas por las partes litigiosas, pues no
podrá condenarse al demandado por otro motivo que por el reclamado en
la demanda ni por monto diferente al reclamado; en tal sentido la
respuesta proferida por el juzgador, deberá encontrarse debidamente
motivada, de modo que, el destinatario del fallo, pueda comprender las
razones que motivaron al juzgador a optar por determinada decisión, de
manera que, no quepa en el justiciable o en la parte acusadora, duda
alguna respecto a la imparcialidad del administrador de justicia en la
aplicación de la ley
III.3. El principio de legalidad como garantía de la seguridad jurídica
Refiriéndose al principio de legalidad, la SC 0982/2010-R de 17 de
agosto, manifestó: “El principio de legalidad en su clásica concepción
implica el sometimiento de gobernantes y gobernados a la ley; significa,
entonces, el reconocimiento al legislador como único titular de la facultad
normativa, a la cual debe estar sometida la administración. Sin embargo,
actualmente dicha definición resulta insuficiente en el marco del estado
constitucional de derecho y el sistema constitucional boliviano vigente;
por ello debe entenderse que dicho principio supone, fundamentalmente,
el sometimiento de los gobernantes y gobernados a la Constitución
Política del Estado, la vigencia de derecho y el respeto a la norma.
Efectivamente, la Constitución Política del Estado, no debe ser entendida
únicamente de manera formal, como reguladora de fuentes del Derecho,
de la distribución y del ejercicio del poder entre los órganos estatales,
sino como la Ley Suprema y Fundamental que contiene los valores,
principios, derechos y garantías que deben ser la base del legislador y
del intérprete de la Constitución, se concluye entonces que las leyes son
válidas no sólo por la forma de su producción, sino también y,
fundamentalmente, por la coherencia de sus contenidos con La Ley
Fundamental.
De este razonamiento se extrae que, en un Estado Constitucional de
Derecho, indefectiblemente, gobernantes y gobernados, debido al
proceso actual y constante de constitucionalización de los estados, se
encuentran sometidos al imperio de la ley, subordinación que obedece a
la necesidad de garantizar que tanto las actuaciones como las decisiones
que provengan de autoridades o de personas particulares, se hallen
enmarcadas en disposiciones legales; es decir, que no obedezcan al
arbitrio o capricho discrecional de alguna de ellas, sino que, atendiendo
los límites que la ley y la propia Constitución Política del Estado
establecen, observando el principio de supremacía constitucional previsto
por el art. 410.II de la CPE, como directríz de la jerarquía normativa que
se constituyen en el cimiento de la seguridad jurídica, garanticen la
aplicación correcta y razonable de la ley.
III.4. Sobre la interpretación de la legalidad ordinaria
Al respecto la jurisprudencia constitucional, ha establecido que, “La
interpretación de las normas legales infra constitucionales, de manera
general, es atribución exclusiva de los jueces y tribunales ordinarios; así,
a través de la presente acción tutelar, no es posible que esta labor sea
conocida por la jurisdicción constitucional como una instancia de
casación adicional o complementaria ante la que pueda solicitarse un
nuevo análisis de la interpretación efectuada, salvo que la problemática
concreta adquiera relevancia constitucional, cuando se advierta
afectación a algún derecho fundamental o garantía constitucional y un
evidente desconocimiento de los principios rectores en los que se
fundamenta la jurisdicción ordinaria” (SC 1748/2011-R de 7 de
noviembre), razonamiento que se complementa con aquel asumido en la
SCP 0695/2012 de 2 de agosto, que estableció: “…la interpretación de
la legalidad ordinaria corresponde exclusivamente a la
jurisdicción ordinaria, en tal virtud aquella supuesta
inobservancia o aplicación errónea de la misma corresponde ser
corregida a la misma autoridad ordinaria; y, sólo; en aquellos
casos en que se advierta afectación a algún derecho
fundamental o garantía constitucional y un evidente
desconocimiento de los principios rectores en los que se funda
la jurisdicción ordinaria, el Tribunal Constitucional puede
realizar una nueva interpretación, caso contrario se estaría
convirtiendo en una instancia de casación donde se pueda
efectuar una nueva interpretación” (las negrillas son nuestras).
En consecuencia, si bien la interpretación de la legalidad ordinaria es una
labor de jurisdicción ordinaria, la jurisdicción constitucional podrá
comprobar si en esa labor interpretativa no se quebrantaron principios
constitucionales, de legalidad, seguridad jurídica, proporcionalidad,
igualdad, jerarquía normativa y debido proceso, que rigen la
administración de justicia y a los cuales se encuentran sometidos los
administradores de justicia del país, ya que de vulnerarse u omitirse los
mismos, la jurisdicción constitucional, a través de las acciones de tutela
establecidas en los arts. 125 y 128 de la CPE, tiene competencia de
otorgar la protección pretendida, ante una interpretación que tenga su
origen en la jurisdicción ordinaria, que infrinja principios y valores
constitucionales.
III.5. Análisis del caso concreto
En el presente caso, el accionante alega la vulneración del debido
proceso en su elemento a la debida fundamentación, así como lesión a
los principios de congruencia y legalidad, siendo que, en apelación,
mediante el Auto de Vista 24/2013 de 31 de mayo, fueron revocadas las
resoluciones por las cuales atendiendo a las excepciones opuestas de su
parte, se declaró la extinción de la acción penal instaurada en su contra y
el archivo de obrados, sin considerar que, los recursos de apelación
debieron ser resueltos de manera fundamentada e individualizada
respecto a cada una de las excepciones y el sujeto procesal que las
formuló, de donde se infiere que, esencialmente, el accionante, denuncia
la carencia de fundamentación y congruencia de la resolución proferida
por el Tribunal de apelación, defectos que, según los argumentos
alegados, infringen el principio de legalidad.
Con carácter previo a ingresar al análisis de la problemática planteada y
con la finalidad de alcanzar un correcto razonamiento, resulta pertinente
efectuar una síntesis de ambos recursos de apelación así como del Auto
Interlocutorio 24/2013 de 31 de mayo, que los resuelve; entonces,
tenemos:
1) El recurso de apelación planteado por el Gobierno Autónomo
Departamental de Potosí, contra las resoluciones
pronunciadas por el Tribunal de Sentencia Penal de Uncía
i) Con respecto a la Resolución 18/2013 de 8 de abril, que
declaró probada la excepción de extinción de la acción por
prescripción interpuesta por Rolando Loayza Heredia y
otro; manifiesta que, no obstante a las reiteradas interrupciones en
la tramitación del proceso y el tiempo que éste estuvo paralizado,
no se logra alcanzar los ocho años de inactividad que se requieren
para declarar la extinción de la acción penal por prescripción de los
delitos por los cuales es procesado el ahora accionante.
ii) Con respecto a la Resolución 19/2013 de 8 de abril, que
declaró probada la excepción de extinción de la acción por
duración máxima del proceso interpuesta por Rolando
Loayza Heredia y otro; expresa que al ahora accionante se le
hizo conocer del inicio de investigaciones el 4 de agosto de 2005 y,
luego de emitido el Auto 103/2005 de 30 de diciembre, recién
habían transcurrido 4 meses, interponiéndose acción de amparo
constitucional contra dicha resolución por parte de la Fiscalía que
fue concedida el 11 de abril de 2006, se computan otros cuatro
meses de tramitación efectiva, plazo que nuevamente es
interrumpido por SC 0068/2007-R de 9 de febrero, que revocó la
resolución del tribunal de garantías, paralizando otra vez el proceso
hasta el acuerdo conciliatorio de 25 de mayo de 2012, con lo que
se empieza a computar nuevo plazo de la prescripción; por lo que,
sumados todos estos lapsos llegan a dos años, cinco meses y veinte
días, aspecto que inviabiliza la extinción de la acción penal por
duración máxima del proceso.
iii) Con respecto a la Resolución 20/2013 de 8 de abril que
declaró probada la excepción de cosa juzgada interpuesta
por Rolando Loayza Heredia y otro, expresó que de acuerdo al
Tribunal de Sentencia de Uncía, existe obstáculo legal para la
tramitación del presente proceso debido a la existencia de identidad
de sujetos, objeto y pretensión jurídica con una denuncia formulada
por el Fiscal General de la República el 21 de julio de 2008, por lo
que se pronunció rechazo frente a la denuncia; sin embargo no
consideró que no puede realizase ningún actuado cuando el trámite
está suspendido por mandato de la propia resolución de rechazo de
denuncia, la cual no se pronuncia sobre el fondo del asunto debido
a que el archivo de obrados ordenado, se debe a la exigencia de
cumplimiento de la cláusula arbitral, debiendo considerarse además
que el presente proceso es de data anterior al rechazo, el cual se
refiere a altos dignatarios sometidos, de acuerdo a la normativa
vigente en ese momento, a caso de corte, no habiendo demostrado
los ahora demandados contar con aquella calidad o que, en alguna
circunstancia se contemplara o considerara a personas particulares
en función pública para el juzgamiento de corte.
2) El recurso de apelación planteado por el Ministerio Público
contra las resoluciones pronunciadas por el Tribunal de
Sentencia Penal de Uncía
a) Con respecto a la Resolución 18/2013 de 8 de abril, que
declaró probada la excepción de extinción de la acción por
prescripción interpuesta por Rolando Loayza Heredia y
otro; manifiesta que de acuerdo al cómputo realizado por el
Tribunal de Sentencia Penal de Uncía y en base a los arts. 29 a 32
del CPP, habiéndose determinado que el hecho delictivo se había
cometido el 10 de julio de 2001, hasta la fecha de interposición de
la excepción había transcurrido once años, siete meses y trece días;
sin embargo, aquel Tribunal omitió considerar que, el plazo para la
prescripción se había suspendido debido a la tramitación de
incidente de falta de acción formulado por Victor Hugo Remier
Arancibia Barrientos, cuyo fallo fue impugnado y luego recurrido en
amparo constitucional; por lo que en realidad, efectuando un
cómputo al proceso penal, se puede colegir que el tiempo de
suspensión de la prescripción es de seis años, tres meses y tres
días, por lo que en el presente caso no opera la prescripción.
b) Con respecto a la Resolución 19/2013 de 8 de abril, que
declaró probada la excepción de extinción de la acción por
duración máxima del proceso interpuesta por Rolando
Loayza Heredia y otro; el Tribunal de Sentencia Penal de Uncía
señaló que de conformidad al art. 133 del CPP, el proceso penal no
puede tener una duración mayor a los tres años y que en el caso
objeto de análisis se dio aviso del inicio de investigaciones el 24 de
febrero de 2005, lo que implica que el proceso se extinguiría el 24
de febrero de 2008, hecho que no considera la emisión de la SC
0068/2007-R, porque la misma no habría sido notificada a los
imputados y menos al Fiscal; además, se toma como fecha de inicio
del cómputo de la prescripción desde la recepción de declaraciones
en sede policial, cuando, conforme establece la jurisprudencia
constitucional el proceso penal da inicio con la notificación con la
imputación formal de la cual, señalan los imputados no existen
antecedentes en los actuados procesales, por lo que al no existir
certeza de su notificación con la imputación, toman como primer
acto para computar plazos, las declaraciones policiales y, tomando
en cuenta estos hechos, concluyen que el tiempo de duración del
proceso es de seis años, tres meses y veinticuatro días para el
ahora accionante.
Además, estando establecido que la extinción de la acción no
procede únicamente por el transcurso del tiempo y que las
dilaciones deben ser atribuibles a los operadores de justicia, el
Tribunal de Sentencia de Uncía, omite considerar que Víctor Hugo
Remier Arancibia Barrientos promovió incidente de falta de acción
el 21 de noviembre de 2005, con el objeto de paralizar el proceso
penal, suspensión que afectó a todos los imputados desde esa
fecha hasta el 17 de febrero de 2012, cuando fue firmado
documento conciliatorio, reabriéndose el proceso el 25 de mayo de
igual año y ordenándose la continuidad del mismo, de donde se
establece poco menos de un año y seis meses de duración efectiva
del proceso que, no alcanza ni medianamente a los tres años
requeridos para considerar la extinción de la acción por duración
máxima del proceso; además que, en la etapa preparatoria, un
coimputado interpuso excepción de incompetencia que, de acuerdo
al art. 308 del CPP, se constituye en dilatoria; por lo que, no
correspondía favorecer a los acusados declarando probada la
excepción.
c) Con respecto a la Resolución 20/2013 de 8 de abril, que
declaró probada la excepción de cosa juzgada interpuesta
por Rolando Loayza Heredia y otro, indica el Ministerio Público
que si bien existe una resolución de rechazo emitida por el
Ministerio Público frente a una denuncia formulada contra
-supuestamente- los mismos procesados, no puede afirmarse que
exista cosa juzgada, pues para este efecto, se considera la
posibilidad de reaperturar el proceso dentro del año de producido
el rechazo; sin embargo, no existen notificaciones con esta decisión
que permitieran el inicio del cómputo de ese año, adicionalmente,
la denuncia que fuera rechazada tenía como sujetos procesales a
funcionarios de alta jerarquía que se encontraban sometidos al
juzgamiento de caso de corte; sin embargo, el ahora accionante y
otros varios imputados, no se encontraban dentro de esta
clasificación por lo que no puede hablarse de la existencia de
obstáculo legal, máxime cuando se evidencia que el 17 de febrero
de 2012, en la vía de conciliación, las partes renuncian a la cláusula
arbitral que tampoco fue de conocimiento del Ministerio Público;
entonces, estando establecido que el rechazo de denuncia no
resolvió el fondo de la misma, no puede hablarse de cosa juzgada.
3) Auto de Vista 24/2013 de 31 de mayo, emitido por la Sala
Penal Segunda del Tribunal Departamental de Justicia de
Potosí, mediante el cual resuelve los recursos de apelación
planteados por el Gobierno Autónomo Departamental de
Potosí y el Ministerio Público contra las resoluciones
18/2013, 19/2013 y 20/2013 de 8 de abril, pronunciadas por
el Tribunal de Sentencia de Uncía
Inicialmente corresponde señalar que, la Sala Penal Segunda del
Tribunal Departamental de Justicia de Potosí, emitió un solo fallo
dando respuesta ha ambos recursos de apelación, siendo además
que, las partes recurrentes no sólo impugnaron las resoluciones
pronunciadas respecto a Rolando Eduardo Loayza Heredia, sino
también con referencia a las excepciones e incidentes planteadas por
los demás coimputados; en tal sentido, la citada Sala ha actuado en
aplicación razonable y lógica del principio de economía procesal en
vinculación con el principio de celeridad, hecho o actuación que no
resulta lesiva a los derechos y garantías constitucionales conforme
manifiesta el accionante a cuyo criterio debieron emitirse
pronunciamientos individualizados para cada apelante.
Con estos antecedentes, ingresamos al análisis de la Resolución en
cuestión; así, ésta refiere:
i) Con respecto a la excepción de extinción de la acción por
prescripción, el sistema penal boliviano, en los arts. 27 inc.8) y
29 inc.1), 2), 3) y 4; 29 bis; 30, 31, 32 inc.1), 2), 3) y 4); 33 y 34
del CPP, establece la base legal para el tratamiento del instituto de
la prescripción determinando los lapsos de tiempo de acuerdo a los
delitos, el inicio de la prescripción, las circunstancias o hechos que
determinan su interrupción y suspensión del término prescriptivo;
así, la Resolución 18/2013 de 8 abril, determinó que -respecto al
ahora accionante- los delitos acusados se hubieran consumado el
10 de julio de 2001, habiendo transcurrido hasta la fecha once
años, nueve meses y diez días, sin que haya existido declaratoria
de rebeldía, tiempo al que si se resta 1 año, 4 meses y 24 días de
la suspensión, aún evidencia que los delitos hubieran prescrito; sin
embargo, el inferior omite tomar en cuenta la suspensión
emergente a partir de la emisión de la SC 0068/2007-R de 9
febrero, como consecuencia de la interposición de la excepción de
extinción por falta de acción, hasta el acuerdo conciliatorio de 25
de mayo de 2012, siendo evidente que el proceso estuvo
suspendido por más de cinco años y tres meses como efecto de la
tramitación de la misma, la cual importa un impedimento para la
procedibilidad de la acción penal, razonamiento acorde a lo
previsto por el art. 312 del CPP que, con relación al ante juicio,
establece que cuando se declare probada la falta de acción se
archivarán obrados hasta que desaparezca el impedimento legal o
la acción se promueva legalmente; en consecuencia, en aplicación
del art. 32 inc.3) del CPP, a los once años, siete meses y trece días
transcurridos -según el a quo- desde la consumación del delito, se
deben extraer los 5 años de suspensión a causa del ante juicio,
haciéndose evidente que el tiempo transcurrido y válidamente
computable a efectos de la prescripción, es inferior a los ocho años
establecidos para los delitos de falsedad ideológica y daño
económico, por los que se enjuicia a Rolando Eduardo Loayza
Heredia -entre otros-, conforme establece el art. 29 inc.1) del CPP,
con relación a los arts. 199 y 203 del CP.
ii) Con respecto a la excepción de extinción de la acción por
duración máxima del proceso; de acuerdo al sistema procesal
penal boliviano, el art. 133 del CPP, establece un plazo de tres
años, mismo que ha sido reglado por la jurisprudencia
constitucional a partir de situaciones ajenas al órgano judicial
-denominadas como mora estructural- como por ejemplo la falta
de nombramiento de autoridades, las crisis institucionales, cambio
de sistema normativo etc.; no siendo en consecuencia suficiente
establecer llanamente el transcurso de los tres años a efectos de
que opere la extinción de la acción por duración máxima del
proceso, sino que debe demostrarse que no fue el procesado quien
generó aquella retardación sino las autoridades judiciales sin que
concurra la mora judicial u otros impedimentos que paralicen el
normal desarrollo del proceso; es decir, que debe demostrarse que
los periodos que generan dilación no son imputables al recurrente,
debiendo también tomarse en cuenta los plazos relativos a
vacaciones y otros inhábiles a efectos de la ponderación de una
demora real e injustificada, estableciéndose también que no se
trata de un hecho complejo con pluralidad de imputados o que tal
situación no haya tenido mayor incidencia, en tal contexto, en el
caso de Rolando Eduardo Loayza Heredia -entre otros-, mediante
Auto 19/2013 de 8 de abril, el inferior ha determinado un tiempo
de duración del proceso de cinco años y diez meses desde el 4 de
agosto de 2005, fecha en la que conoció de los ilícitos en sede
policial, conclusión a la que arriba el Tribunal de Sentencia Penal
de Uncía después de sustraer el tiempo computado del 1 de
septiembre de 2010 hasta el 25 de mayo de 2012, tiempo que
considera el tribunal habría paralizado el proceso por la existencia
de impedimento legal emergente de la tramitación de una
excepción de falta de acción, disponiéndose el archivo de obrados
el 1 de septiembre de 2010 hasta el 25 de mayo de 2012, en que
es reabierto el proceso; es decir, por un lapso de un año, ocho
meses y veinticuatro días, justificando dicha interrupción en su
desconocimiento de las resoluciones que disponían la interrupción
del proceso, de donde se arriba a la conclusión de que no se han
considerado otros espacios de tiempo y fechas, determinándose
que el proceso se mantuvo vigente hasta el 1 de septiembre de
2012, fecha en la que, de oficio se dispuso el archivo de obrados,
en conocimiento casual de una Sentencia Constitucional.
Estos razonamientos asumidos por el tribunal inferior no observan
los criterios emitidos por la jurisprudencia constitucional, basando
la ponderación únicamente en la suspensión generada por el
incidente anteponiendo una forma procesal a la inactividad a partir
de la emisión de la SC 0068/2007-R de 9 de febrero, hasta la firma
del acuerdo conciliatorio de 17 de igual mes y año, disponiéndose
la reapertura del caso el 25 de mayo de 2012; de donde se
evidencia que la suspensión del proceso se ha materializado por un
lapso superior a cinco años y tres meses; no obstante a partir de la
lógica del órgano inferior el cómputo inicia el 14 de junio de 2005,
fecha de la imputación, hasta la emisión de la SC 0068/2007-R,
transcurrió un año y ocho meses; y desde que se dispone la
reapertura de proceso, el 25 de mayo de 2012 hasta la
interposición de la presente excepción habrían corrido otros 10
meses, sumando un plazo total de 2 años y seis meses a los cuales
se debe restar el tiempo que paralizó el proceso el Auto de vista
emitido por la Sala Penal Segunda que dispuso el archivo de
obrados, las vacaciones judiciales, días inhábiles y feriados, hecho
que no se presenta en este caso, concluyéndose que el tiempo de
duración efectiva del proceso es menor a tres años, por lo que el
plazo determinado por el inferior resulta abstracto, más aún
cuando no se determina con precisión desde cuando computa el
tribunal el plazo para la extinción, en algunas oportunidades
considera la sindicación en sede policial y en otros la imputación,
siendo en consecuencia evidente el agravio denunciado en
apelación.
iii) Con respecto a la excepción de cosa juzgada, manifestó que
los argumentos expuesto por el inferior, no cumplen con las
previsiones legales ni con la jurisprudencia constitucional respecto
al tratamiento de la excepción de cosa juzgada, por cuanto no se
acreditó que la resolución de rechazo hubiera adquirido tal calidad
determinando si dicha resolución fue de conocimiento del
denunciante a efectos de que éste, en todo caso, pudiera reabrir el
proceso subsanando el impedimento legal; además, se debe
considerar que dicha resolución de rechazo de denuncia, al no ser
una decisión firme sobre el fondo del asunto, no produce efectos
de cosa juzgada, lo que evita que sobre los mismos hechos existan
resoluciones contradictorias que lesionen la seguridad jurídica;
siendo en consecuencia, evidente el agravio.
Una vez sintetizados los argumentos de los recursos de apelación y
del Auto de Vista 24/2013 de 31 de mayo, que los resolvió,
corresponde ingresar al análisis de la problemática planteada y
verificar si las lesiones denunciadas por el accionante a su derecho
al debido proceso en su elemento de una debida fundamentación;
así como a los principios de congruencia y legalidad son evidentes
y ameritan tutela constitucional.
En esta labor y analizados minuciosamente como han sido los
precitados documentos (apelaciones y resolución impugnada), se
establece que no existe lesión a los derechos reclamados por el
accionante, conclusión a la que se arriba en consideración a que,
es claro para esta Sala Constitucional que, la decisión cuestionada
no parte del capricho y la arbitrariedad de los juzgadores, sino de
una fundamentada argumentación, pues si bien ha unificado y
dado respuesta en un solo fallo en base a un mismo argumento a
ambos recursos de apelación, lo ha hecho analizando los institutos
jurídicos cuestionados y su aplicación por parte del inferior, es así
que, ha explicado de manera casi didáctica porqué las excepciones
de extinción de la acción penal por prescripción; por duración
máxima del proceso y cosa juzgada, no procedían, en el caso de
autos, sustentando sus argumentos en razonamientos
lógico-jurídicos que no dejan lugar a duda alguna respecto a la
razonabilidad, imparcialidad y legalidad de su actuación; es más, a
modo de ilustración, los juzgadores hoy demandados han
efectuado los cálculos de los plazos transcurridos para verificar si
evidentemente correspondía o no dar curso a las excepciones,
llegando a la conclusión de que en los cómputos efectuados por el
tribunal a quo, no se consideraron algunos elementos que
definitivamente hacen evidente el error y que determinan la
improcedencia de las mismas; es decir, los demandados, frente al
recurso de apelación planteado por el Gobierno Autónomo
Departamental de Potosí así como por el Ministerio Público,
inicialmente han establecido los hechos demandados y partir de
ello han construido la estructura argumentativa exponiendo los
motivos de su decisión en base a las normas sustantivas y
procesales aplicables al caso así como también la doctrina y
jurisprudencia que le sirven de sustento, por lo que, al eliminar
cualquier rastro de parcialización o interés personal en el caso,
otorgan al administrado el pleno convencimiento de que no había
otra forma de resolver los hechos juzgados sino de la forma en que
se decidió, por lo que no puede alegarse vulneración al debido
proceso por falta de fundamentación.
En este mismo sentido, los demandados, atendiendo el principio de
congruencia, han establecido una estricta correspondencia entre lo
peticionado, lo considerado y lo resuelto, limitándose a verificar si
las denuncias efectuadas por los apelantes respecto a los
supuestos errores en el cómputo de plazos para determinar la
extinción de la acción por prescripción y duración máxima del
proceso eran ciertas, así como a revisar si en el caso analizado
existía cosa juzgada o no; razonamiento que ha sido efectuado con
la correspondiente cita de las disposiciones legales que sirvieron de
base para asumir la consecuente decisión; en tal sentido, el
principio de congruencia cuya esencia descansa en el principio de
igualdad procesal garantizando que las partes enfrentadas se
encuentren ante el juzgador con las mismas prerrogativas, sin
privilegios ni desventajas, no ha sido vulnerado por Jorge Oscar
Balderrama Berrios y Julio Alberto Miranda Martínez, Vocales de la
Sala Penal Primera y Segunda del Tribunal Departamental de
Justicia de Potosí, ahora demandados.
En cuanto al principio de legalidad, de obrados y en base a los
argumentos expuestos anteriormente, se observa que el accionar
de los demandados se encuentra enmarcado en las disposiciones
legales previstas en el ordenamiento procesal penal y la
Constitución Política del Estado, hecho que, garantiza la seguridad
jurídica a partir de aplicación razonable de la ley.
Por otra parte, atendiendo a los argumentos expuestos en el
Fundamento Jurídico III.4 de esta Sentencia Constitucional
Plurinacional, a través de la constante y reiterada jurisprudencia,
se ha establecido la imposibilidad de cuestionar en la vía
constitucional una decisión judicial por el simple hecho de que el
reclamante considera que la interpretación de las disposiciones
legales por parte del juzgador ordinario son discutibles,
determinándose que aquellas falencias, para su análisis
constitucional, deberán ser evidentemente erróneas y burdas a
efectos de que el amparo constitucional proceda, pues, se reitera,
una actuación contraria y la intromisión de esta jurisdicción en la
tarea de interpretación de la ley, no solamente implicaría
desconocer la autonomía funcional de la jurisdicción ordinaria y sus
autoridades, sino que se desconocería también la separación de
funciones y atribuciones de la justicia constitucional y la
jurisdicción ordinaria; por lo que, este Tribunal, no puede ingresar
a verificar si el Tribunal de apelación interpretó y aplicó
correctamente la ley o cómo debió interpretarla o aplicarla;
resultando, en todo caso, que la labor interpretativa efectuada por
la Sala Penal Segunda del Tribunal Departamental de Justicia de
Potosí, se halla dentro del marco de la razonabilidad.
En conclusión, la Sala Tercera del Tribunal Constitucional
Plurinacional considera que las lesiones denunciadas por el
accionante a su derecho al debido proceso en su elemento de una
debida fundamentación; así como a los principios de congruencia y
legalidad no son evidentes, por lo que corresponde denegar la
tutela.
Finalmente, corresponde señalar al Tribunal de garantías, que, de
acuerdo a la jurisprudencia constitucional emergente a partir de la
promulgación de la nueva Constitución Política del Estado, cuando no
corresponda conceder la tutela, debe DENEGARSE la misma.
En consecuencia, el Tribunal de garantías, al “no conceder” la tutela
solicitada, aunque con otros fundamentos y utilizando terminología inadecuada,
ha evaluado en forma correcta los datos del proceso y las normas aplicables al
mismo.
POR TANTO
El Tribunal Constitucional Plurinacional, en su Sala Tercera; en virtud de la
autoridad que le confiere la Constitución Política del Estado Plurinacional de
Bolivia y el art. 12.7 de la Ley del Tribunal Constitucional Plurinacional, en
revisión, resuelve: CONFIRMAR la Resolución 011/2013 de 28 de noviembre,
cursante de fs. 41 a 44 vta., pronunciada por la Sala Civil y Comercial del
Tribunal Departamental de Justicia de Potosí; y en consecuencia, DENEGAR la
tutela solicitada.
Regístrese, notifíquese y publíquese en la Gaceta Constitucional
Plurinacional.
Fdo. Dra. Ligia Mónica Velásquez Castaños
MAGISTRADA
Fdo. Tata Gualberto Cusi Mamani
MAGISTRADO