Juntacadáveres
Juntacadáveres
boliche Juntacadáveres
1990-1993
Este trabajo pretende cuestionar la narrativa ocultista -de culto- para construir una
interpretación que aporte lucidamente al imaginario que se ha construido sobre este
boliche, bolichito y lo que giraba en su contexto. ¿Cómo recordamos? ¿qué significa
recordas? ¿de qué nos olvidamos? ¿por qué? ¿qué entendemos por contracultura,
subcultura y juventud subterránea? ¿cómo era entendido la sexualidad y el género?
¿existía espacio para lo abyecto?
Pensamos inicialmente este trabajo como un foto libro donde las imágenes parlantes
guiaran al lector en su interpretación sobre las historias que allí se sucedieron. Sin
embargo, las imágenes no hablan por sí solas, la cantidad reunida es escuetas, las
imágenes constituyen un acto en sí, no dicen la verdad, constituyen una tajada que deja
afuera todo lo otro que no entra en el encuadre y, en definitiva, quienes ordenan la
disposición de las imágenes en páginas terminan siendo sus autores y editores.
Solo fotografías
«Ser fotografiada o fotografiar era también verte vigilada desde un lugar inconsciente.
Era como te “descubrían” pero no desde un buen lugar» dice Magela Ferrero. El Dr
Hyppolyte Baraduc fotografió a su propio hijo sosteniendo un faisán que acababa de
morir. Una vez revelada la fotografía, resultó velada. Una suerte de nube pavorosa,
curva, se desplegaba en abanico alrededor del niño y parecía escaparse por la ventana.
Baraduc divisó ahí, por primera vez, el aura de un alma sensible cuyo estado del alma
podía inscribirse en una placa sensible 2. «¿Qué es propiamente el aura?» me pregunto
como también lo hizo Walter Benjamin en el primer tercio del s XX. Él responde, «Un
peculiar entretejido entre espacio y tiempo: la singular aparición de una distancia por
próxima que pueda estar» (idem, p 83).
1
Detenciones por averiguaciones que aplicaba la policía a través del decreto 680/980, vigente desde 1980.
2
(1897) Méthode de radiographie humaine. La forcé courbe cosmique. Photografhie des vibration del
Ipéther. Loi des auras. Otro de los pioneros en la fotografía de las almas fue el sr Buguet (1874) La
Photogaphie spirite á Paris en La Revue spirite. Journal d´études psychologiques en Q. Bajac (2015) La
invención de la fotografía. La imagen revelada. Blume
todo lo que observamos es luz que viaja desde el pasado, y que, por lo tanto «el presente
no existe». Tal vez podría considerarse que la conciencia es lo único que ocurre en
tiempo presente; sin embargo, el cuerpo humano funciona con estímulos que tienen un
retraso temporal. De existir el presente, solo sería un registro liminal que puede
romperse «con un suspiro». Por tanto, la luz que nos trae la imagen de aquél con quien
dialogamos pertenece al pasado. Captar lo desaparecido, lo desviado, lo inasible,
significa captar el aura.
Existe el mito de que la captura fotográfica significaba para los indígenas extraerles
algo de adentro. La fotografía y el espionaje fueron de la mano mucho tiempo. Una
cámara constituye un ojo mirón que a veces invade lugares que no debería (García,
Cerdos & Peces: 2011, p 209). Más allá de las estéticas revulsivas y los raros peinados
nuevos, estos jóvenes veían a un tira3 y no a una aficionada con cámara e interés
antropológico. «La represión estaba presente, de hecho "olíamos" a los polis y cada
noche un tema recurrente era si ya habían venido -refiere al boliche Juntacadáveres- o
no, y qué había pasado con ellos. Luego de crecer bajo una dictadura cierta paranoia y el
olfato para detectar policías nos acompañaba» dice Nel (2024). Magela Ferrero agrega,
«Esa sensación de que estabas siendo observada la teníamos incorporada, esa sensación
de peligro que no es visible pero que estaba instalado. Ahora parece difícil imaginarse
eso, pero fue algo construido exitosamente esa instalación del miedo» (2024).
Creo que esta generación tampoco estaba interesada en llegar a la posteridad a partir de
la foto y este es otro de los inconvenientes que tuve para producir este proyecto. El
cometido de estos escasos registros tenía otra intencionalidad. Divertirse, captar el
momento.
«He aquí el sujeto, este sujeto presente para sí mismo en el instante efímero y
fugaz del reflejo, ahí lo tenemos, poco a poco sepultado bajo su propia
3
Efectivos policiales infiltrados en movimientos sociales y sus repertorios de protestas.
4
No alude a la esencia sino al carácter propio de ese momento.
reproducción, devorado, borrado, un poco más en cada mirada, en cada toma, en
cada representación congelada de instantes de él siempre superados» (idem, p
17)
Miremos este registro. Técnicamente la imagen es fallida por su encuadre y por el uso
de la luz. Pero sin embargo, permite captar la atmósfera del lugar. No importa que se
corten cabezas y cuerpos o que salgan desenfocados. Si buscamos las imágenes en el
rectángulo de la cámara, como proponía el fotográfo chileno pablo Larraín, podemos
ver muchas cosas. La persona de camisa blanca baila con un cigarro en la mano derecha
y la izquierda parece abrazar un cuerpo ausente. Hay una mujer que nos da la espalda
que parece mirarlo y reír con él. Más atrás también hay una mujer de ropa blanca que
baila con un vaso en la mano, otros aparecen mirando la escena mientras que los dos
muchachos más próximos ríen. Más abajo, a la izquierda aparece el rostro del fotógrafo
Raúl Burguez. En una foto hay varias fotos. Debemos trabajar con lo que no se ve a
simple vista, lo que queda al margen. La foto no intenta decirlo todo, sino que trata de
sugerirnos cosas decía Pablo Larrain.
«Había algo muy horizontal en esos tiempos, había menos registro de lo que pasaba (no
había celulares) y eso daba más libertades. Era una fiesta, nadie se estaba cuidando»
(Ferrero: 2024). Entonces tenemos a priori, dos inconvenientes. Uno que los registros
son pocos, otro, que esos registros no están bien cuidados. Montevideo es una ciudad
húmeda. La preservación de aquellos rollos fotográficos que no se revelaron y/o
digitalizaron, se perdieron junto a sus negativos dañados por las marcas del tiempo.
Debemos dimensionar estos materiales como seres vivos que si no se cuidan se mueren
dice la cineasta y archivista Lucía Malandro (Brecha: 2024 n° p). Hay un trabajo de
carácter arqueológico que escaba la superficie para encontrar en lo subterráneo aquellos
restos fotoquímicos. Cuando les hallamos en la oscuridad de sus largas horas sepultados
se presentan caóticamente clasificados, con criterios que debo saber leer para luego
decidir si deseo quebrar la lógica con que fue guardado.
Los fondos de los activistas traen aparejado múltiples sesgos ideológico o prácticos que
discrimina qué tiene que pasar a la historia y que no. Aquí, la agencia del olvido juega
un papel importante. Para el historiador significa enfrentar varios problemas,
¿sustraerlos para envolverlos mejor y mostrarlos para siempre? ¿constituyen materiales
adicionales al archivo? ¿qué selecciono? ¿qué dejo afuera? ¿por qué es importante no
violentarlo? ¿este mapeo me brinda información sobre las operaciones intelectuales de
la época (cómo piensan, qué criterios, qué sentidos)? ¿trabajo sobre el orden de
procedencia o clasificó de manera pragmática según mi prevalencia? ¿qué técnicas de
preservación utilizo? ¿dónde reside el material? ¿cuándo genero el traspaso de los
privado a lo público? (Derrida: 1997, p 10) ¿cómo elaboro la red de acercamiento de
quienes me confían el material?
En este trabajo me siento como ese adolescente que filma con la cámara enfocando el
detrás en la película (1995) Lisboa de Win Wenders. Intentando capturar las imágenes
nunca vistas, los originales, lo que nos de algo de información del Junta para cotejar
con el ahora. Esas imágenes fueron tomadas por personas que no tenían mucha idea del
cómo trabajar con la luz, el encuadre, ni de contrastes y siquiera querían saberlo. La
producción de una imagen parecía comprometerse con la necesidad de perpetuar un
instante.
¿Eran esas imágenes mensajes y avisos de aquella época para la siguiente? ¿O soñaban
que los animales cuyas figuras habían pintado se liberarían un buen día de la roca y
saldrían corriendo de la cueva a la realidad, donde podrían llegar a creer, no ser sólo
figuras sombrías a las que los chamanes en trance pudieran invocar para mantener a
raya el hambre, la enfermedad y las fieras? ¿esta actividad de pintar en los muros de la
caverna suponía un ritual para conectar con los espíritus que entendían que existían
gobernando su vida? ¿quiénes eran estos sujetos? ¿qué sentían? ¿Tenían nombres?
Todas estas interrogantes se nos escurren en el misterio de la caverna. El misterio sigue
intacto. Hay algo indefinible que escapa a la representación y esa incapacidad de
nombrar es un buen síntoma de trastorno que recala en una zona incierta de mí mismo 6.
Identifico este fenómeno con el punctum «es ese azar que en ella me despunta (pero que
también me lastima, me punza)» (Barthes: 1989) 7.
Como las pinturas en las cavernas, estas fotografías fueron realizadas para no ser leídas
con los ojos de hoy ni con la lupa como garrote académico. Estaban haciendo su
caverna y creían que estaban logrando algo nuevo. El tiempo les daría la razón. Las
imágenes que conservamos hoy constituyen una huella en bruto que debo someter a
preguntas. No son tanto una evidencia sino más bien un síntoma que enuncia también lo
no-dicho porque «es una naturaleza diferente la que le habla a la cámara que la que
habla al ojo» (Benjamín: 2019, p 57).
A lo largo de tres años eh intentado dar con mitos respecto a acervos personales
inexistentes o personas que conservan algún material pero que no tienen intereses en
emparentar sus posesiones haciéndolas dialogar con otras para contar historias. La
ilusión de recuperar el archivo fotográfico de Raúl Burguez se fue diluyendo con el paso
del tiempo como se diluyeron varios negativos originales en latas mal conservadas.
Hay un (1997) Mal de archivo que tiene que ver con un problema ontológico: es
imposible recuperar lo que fue dice Jaques Derrida. ¿Las imágenes muestran lo que
dicen estar mostrando o solo lo reconstruyen? Luego de la segunda guerra mundial se
produjeron varias películas reeducativas que inauguraron lo que hoy podríamos
6
¿Cómo denominamos a eso que vemos cuando cerramos los ojos? ¿Cómo llamamos a ese trance que nos
sucede cuando miramos profundamente el fuego? Estas experiencias sensoriales pre-lenguaje no
encuentran una definición el el régimen de códigos que denominamos idiomas. Ninguno puede
totalizarlo.
7
Roland Barthes en el texto póstumo (1989) Camera lucida aborda dos condiciones de la fotografía, el
studium que refiere al vasto campo de información que registramos y el punctum como elemento que
interrumpe al primero como una afectación fuera de la decisión consciente. ¿Por qué cuando vemos una
señal luminosa y luego pasamos a ver una superficie negra se sigue viendo por un instante, el reflejo de
los observado? ¿qué es la imagen persistente?
denominar un género en torno al Holocausto. (1955) Noche y Niebla de Alain Resnains
y (1960) Mi lucha de Erwin Leiser fueron mostradas para aleccionar al pueblo alemán.
La mayoría de las imágenes no fueron tomadas por las SS sino, que, estos montajes,
reunieron compilaciones de diferentes materiales, de diverso origen. El cineasta ruso
Andrei Tarkovsky hablaba sobre la dificultad de la reconstrucción histórica explicando
que siempre hay elementos que son irrecuperables. «¿Lo recuerdas o recuerdas lo que te
han contado? Preguntaba el viejo de Ernest Hemingway en su celebre (1958) El viejo y
el mar.
Giorgio Agamben en Lo que queda de Auschwitz dice que el protagonista, aquel quien
testimonia, se encuentra siempre limitado por las propias lagunas de su relato. «El
testimonio vale en lo esencial por lo que falta en él» (Homo Sacer III: 2000, p 18)
debido a que contiene en sí mismo algo que es intestimoniable. Los verdaderos testigos,
los «testigos integrales», son aquellos que no han testimoniado y que no pueden volver
de la muerte para narrar lo acontecido. Los que sobrevivieron, dice Primo Levi,
testimonian sobre un testimonio que se encuentra ausente, «se ha tratado de una
narración por 'cuenta de tercero' el relato de cosas vistas de cerca pero no experimentada
por uno mismo» (idem, p 18). «Quien quiere recordar debe confiarse al olvido» decía
Jean Luc Godard en su celebre Historia(s) del cine (Libro IV p 172), y agrega, «Me
lleva un día hacer la historia de un segundo/me lleva un año hacer la historia de un
minuto/me lleva una vida hacer la historia de una hora».
El tiempo, por tanto, es la cosa más inasible. Aparece «como un rayo de luz que
merodean ocultando esto o aquello» (Godard, idem p 164). «el pasado no tiene tiempo y
el ayer se junta allí con la fecha de diez años atrás» escribía Juan Carlos Onetti en su
obra homoerótica (1944) Bienvenido Bob, que para el escritor fueron cuarenta años
cuando terminó de escribir (1981) Jabón «con la esperanza absurda, en la que creyó por
un tiempo de que iba a matar la duda entrando al cuarto de baño cuando Ello terminaba
de bañarse bajo la ducha».
Había un chiste que dice, «un oyente llama a una estación de radio para hacer una
pregunta: «“¿Es posible predecir el futuro?” Respuesta: “Sí, no hay problema. Sabemos
exactamente cómo será el futuro. Nuestro problema es el pasado: que siempre está
cambiando”». El recuerdo siempre es inexacto porque siempre se encuentra atravesado
por el tiempo. Unos querrán diseñar estrategias con la necesidad de mantener abierto el
pasado para garantizar el recuerdo como dispositivo simbólico, otros querrán ocultarlo
porque representa un trauma caótico en un momento determinado de su vida, otros
querrán añorarlo porque significó el caldo para sus carreras como artistas.
Existe otra característica importante que plantea la emulsión fotográfica como superficie
sensible que reacciona de un solo golpe allí donde cayó la guillotina del obturador,
imprimiendo el último fotón que quedará eternizado para la posteridad. La fotografía,
además de un acto en sí, es un corte, una tajada del tiempo que opera con su propio
tiempo: el tiempo de la fotografía. Que viene a recuperar de la muerte y pone en pasaje
aquellos instantes petrificados en los negativos envueltos en el tiempo de la
perpetuación, de lo que ocurre una vez.
Hacer historia nos remonta a la escritura y escribir, «es construir una frase recorriendo
un lugar que supone en blanco» decía Michel De Certeau en (1993) La Escritura de la
Historia. La escritura, por tanto, solo habla del pasado para enterrarlo. Es decir, la
escritura es una tumba en doble sentido, por un lado, con el mismo texto honra y por
otro elimina. Así, la escritura tiene como fin crear en el presente un lugar que debe de
llenarse enterrando el pasado. Paul Ricouer dice que «toda operación histórica puede
considerarse como un acto de sepultura». Si la historia tiene a su cargo los muertos del
pasado, los herederos de los muertos del pasado se encuentran en el presente y son estos
quienes se encargan de desenterrar y enterrar, y es por ello por lo que la historia es un
«acto renovado de enterramiento»: la Historia es Maestra de Muerte.
Estos registros no fueron tomados para ser leídos (Farge: 1989, p 12). «Ya es tiempo de
que el historiador se retire y deje hablar a las imágenes» decía Jacques Derrida en
(1997) Mal de Archivo (p 78). Cora Garmaniak autora del libro (2020) El
fotoperiodismo en Argentina. De Siete Días ilustrados (1965) a la agencia Sigla (1975)
nos habla de las imágenes como «ventanas» que traen otras realidades. ¿Cuáles son esas
ventanas? ¿cómo abrirlas? ¿Qué produce en nosotros una imagen? ¿Puede una imagen
en sí misma actuar de forma transformadora? ¿cuáles son las preguntas adecuadas para
hacerlas hablar? ¿cómo medir una imagen en términos de impacto y movilización
social? son algunas de las reflexiones que debemos tener presentes en este trabajo.
El historiador de arte Erwing Ponofsky en sus (1939) Estudios sobre iconología nos
enseñaba un método para abordar iconológicamente las artes, entre ellas, las imágenes
fotográficas. La pieza se aborda desde sus tres niveles de significación: las
informaciones inmediatas (análisis pre-iconográfico); la identificación del motivo de la
obra (análisis iconográfico) y su significación profunda (análisis iconológico). Es este
aspecto intrínseco el que nos permite hablar de «actos de ver» como el chileno José Luis
Brea (2005) nos propone. Pensar la imagen como operaciones extremadamente
complejas que resultan de la cristalización y amalgama de un espeso trenzado de
condiciones: textuales, mentales, imaginarios, sensoriales, mnemónicos, mediáticos,
técnicos, burocráticos, institucionales; y otro compuesto de raza, género, clase,
diferencia cultural, grupos de creencia o afinidades. Brea habla de actos politizados
donde las barreras del arte y el no arte han tendido a disolverse. Hans Belting dice, en
(2007) Antropología de la imagen, que miramos con el cuerpo y que no existe un ojo
humano neutro y puro. «Una imagen es más que un producto de la percepción. Se
manifiesta como resultado de una simbolización personal o colectiva» (idem, p 8).
Comienza a surgir en los estudios académicos cierta noción de la historia que interpreta
la década del noventa como una etapa de «desmovilización social». El desencanto y la
«crisis de credibilidad de los partidos políticos» facilita elaborar una narración que
tiende a menospreciar aquellos actores y actrices que no pudieron adoptar la máscara
del «yo» ni la del «otro» brindadas por la narrativa relacionada con la identidad de
quiénes son los agentes y los actores desde la perspectiva de las teorías liberales sobre la
voluntad. La dialéctica es un lenguaje quimérico que anhela resolver contradicciones.
Sus intenciones colonialistas y totalizantes perturban nuestra urgencia por acercarnos a
un conocimiento de la activación política desde los bordes. Interfieren caricaturizando
rupturas e insubordinaciones como actos que no merecen ser contados en una
interpretación artificialmente coherente. Pero la historia(s) es mucho más compleja. La
hermenéutica de Gadamer nos enseña que «la puesta en paréntesis de nuestros juicios en
general, y naturalmente de nuestros prejuicios en particular, acabará imponiéndonos la
exigencia de una reflexión radical sobre la idea de interrogación como tal. La esencia
de la interrogación es poner al descubierto las posibilidades y mantenerlas despiertas»
(1991, p 112).
8
De esta generación tomo los diversos trabajos de Diana Mines, Nancy Urrutia, Julio López y Marcel
Loustau, Marcelo Insarrualde, Pablo Bielli.
La crisis y la decepción de la militancia no se explica por las derrotas electorales de
1989 y con anterioridad en las elecciones departamentales de Montevideo en 1984, sino
que es un fenómeno que hunde sus raíces desde mediados de los ochenta. ¿La obsesión
de la conquista del aparato estatal generó que las prácticas políticas de la izquierda
uruguaya fueran perjudiciales para el desarrollo de los movimientos sociales? ¿Fue la
estrategia «movilización sin desbordes» la que desmovilizó a los jóvenes de la
generación del ‘83 -la del PIT (Plenario Intersindical de Trabajadores, transformado en
PIT-CNT) y la de Asceep (la federación de estudiantes que luego será asceep-feuu)-? El
mismo general Líber Seregni, recién liberado en marzo de 1984 y desde el balcón de su
casa expresaba la necesidad de un fuerte espíritu disciplinario respecto al modelo de la
partidocracia y las diplomacias que le corresponden.
En octubre la banda Negu Gorriak tocará junto a Todos tus Muertos de Argentina y la
banda local La Celda, allí, donde había comenzado todo, en la ciudad de Pando. Fermin
Mugurusa portaba una remera que llevaba estampada la bandera de Uruguay con la
consigna en euskera «Vamos Uruguay». La represión en el Hospital Filtro encontraba,
como en la Coordinadora anti-razzia en 1989, a los jóvenes resistiendo los embates del
régimen neoliberal. Se crea en el teatro Astral la Asamblea permanente por los DDHH
para abordar el tema de los derechos humanos en democracia. Visibilizando el problema
de la juventud prisionizada en democracia (Pérez Lema: 2024)12.13
12
Durante los ochenta y gran parte de la década del noventa predominó en la región y fundamentalmente
en el Uruguay, una concepción sobre el concepto de violación a los derechos humanos reducida en la
represión político-ideológica estatal circunscriptas al terrorismo de estado. De forma gradual se fue
ensanchando la noción de Derechos Humanos para incluir dimensiones de género, éticas, raciales y
socioeconómicas (Jelin, 2005, p 510). Grandin dice en (2007) Las instrucciones de las grandes
catástrofes: comisiones por la verdad, historia nacional y formación del Estado en Argentina, Chile y
Guatemala. (Cuadernos del CISH, p 205, 236)) que los proyectos nacionalistas que trabajaron en la
reconstrucción del Estado liberal como el Informe Rettig en Chile -y puedo agregar el Nunca Más de
Serpaj-Uruguay- fueron proyectos de reconstrucción nacionalista que mantuvieron la impunidad militar,
apelando a una paz sin juicios y a una reconciliación y la armonía nacional sin justicia.
13
Las acciones de las redes que vinieron luego estuvieron destinadas a subvertir en lo inmediato,
aspectos concretos del tardo capitalismo como el movimiento antinuclear; Indimedia; Lucha internacional
contra Mc Donals; movimiento antimilitarista; ecologistas; feminismo anarquista; movimientos
antiespecistas y boicot contra peleterías y zoológicos; lucha y denuncia contra la vivisección; feminismo
anarquista; cruz negra y lucha anticarcelaria (Ibáñez: 2014, p 36; Punk: Dekadencia G publicado por
Debajo Records). El ciclo de protesta iniciado en 1985 -y si se quiere con anterioridad, en 1983- derivó
en una radicalización sin institucionalización de sus redes (Tarrow: 2012, p 377). Aparecerá luego
resistencia anarco-punk, Cardo Negro, y el feminismo anarquista.
de la fiebre de Mano Negra y los toques en A.F.E 14. Se cierran boliches como Amarillo
y escasean los espacios para tocar. Aparece la ensalada Criaturas del Pantano donde
destacan La Hermana Menor y los Buenos Muchachos que emergieron del boliche
Juntacadáveres. El efecto Seattle y nuevas tendencias alternativas se cuelan en la
escena. Curt Cobain había muerto. También Bukowski; Onetti. Nadie recordaba a La
mujer desnuda. 15
A partir de los sucesos del hospital filtro del 24 de agosto de 1994, al interior de las
juventudes contestatarias se produce un giro decisivo, fragmentándose y reagrupándose
algunas personas en colectivos y espacios de punk rock vinculados al anarquismo
(Espacio A, Cooperativa CAO y Resistencia Anarco-punk) que se alejan de lo que
entienden como una escena naif y snobista -la del último Juntacadáveres de 1993 y el
boliche Amarillo- desvinculada de las urgencias políticas. A partir de 1994 la marca
clasista les separó ideológica y geográficamente. Los Chicos Eléctricos, Los
Supersónicos o Los Buenos Muchachos agruparon una escena más desprejuiciada y
descomprimida de los clivajes ideológicos que bandas como La Sangre de Veronika, La
Vergüenza de la Familia o Fund you Stupid y posteriormente Polución Sonora (primera
banda de punk rock integrada solamente por mujeres) embanderaban a través de sus
recitales a favor del voto anulado, contra la represión policial a través de las razzias, la
lucha anticarcelaria y la lucha anti-especista.
Hay una fotografía que me mira. La cámara toma a un grupo de personas conversando.
De perfil se distingo a Gabriel Peveroni que habla despreocupado del lente que les
apunta cuando el obturador guillotina y registra los ojos picaros del dueño -no el padre-
de la cosa. Larsen, Junta, Rúben Omar -uruguayismo con tílde en la primera u-. Rúben
rompe la cuarta pared, mira la cámara, no se pierde un instante. Sabe que hay alguien
que quiere robar su espíritu. El intruso está en su jardín de flores secas. Todo lo que
sucede allí le pertenece. Lo más importante de esta foto es poder imaginar lo que escapa
-a él, a nosotros- de este hachazo que es la historia y la fotografía.
14
En 1992 desembarcó en el puerto de Montevideo el carguero Le Melquiades que tomó el nombre de
Cargo 92 que traía una tripulación repleta de artistas (Compañía de teatro callejero Royal Deluxe, DCA
Philippe Découflé, la Compañía Philippe Genty, y la banda Mano Negra) por el Ministerio de Cultura
Francés para celebrar los 500 años de la conquista de América con el fin de un intercambio cultural. El
carácter colonialista de la empresa no fue considerado en aquel contexto de urgencia de apertura cultural.
15
Armonía Somers ¿sub especie alternitatis? Roberto De Espada, Cuadernos de Marcha, tercera época n°
94, mayo 1994, p 53, 54. Despedida a una amiga, Ana María Rodríguez Villamil. Cuadernos de Marcha,
tercera época, n° 94, mayo 1994, p 55).
¿Los ochenta tardíos?
Y tú, olvidado, tus recuerdos asolados por todas las consternaciones del
mapamundi, encallado en las Cuevas Rojas del Pali-Kan, sin música y sin
geografía, sin ir ya a la hacienda donde las raíces piensan en el niño y el vino se
acaba en fábulas de almanaque. Ahora se acabó. Nunca verás la hacienda. No
existe. Hay que construir la hacienda (Ivan Chtcheglov: 1953).16
Lo que me llegan ni siquiera son recuerdos más bien volutas de imágenes, más
perfumes que recuerdos. A veces inventamos recuerdos a nuestro placer.
Entonces nada de lo que diga puede ser tomado como una verdad sino más bien
como una ensoñación. Pero quizás sí uno se acuerda de Juntacadáveres es
porque verdaderamente no estuvo ahí (Suarez: 2023).
16
Extraído de Christipher Gray (1974) Leaving the 20th century: the incomplete work of the Situacionist
International. Free fall publications.
el lugar gestionado ahora por Beto Quintans hasta agosto de 1992 cuando regresa
Rúben. Fue en este momento donde Juntacadáveres perfiló un estilo under que
dialogaba con proyectos como el Parakultural en Buenos Aires que se extiende hasta
1993 cuando la escena grunge copó el lugar. A continuación, algunas de sus derivas.
¿Se entiende?
¿está claro?
¿No es un poco demás para la época?
¡Cadáveres! ¡Cadáveres! ¡Cadáveres!
Toc-toc-Toc-toc.
Respuesta
No
Hay cadáveres
Se abren unas compuertas que nos habían dejado oscuros, grises, cagados de
miedo, desconfiando y se pasa a una floración esperanzadora donde todo se hizo
colectivo. La primavera no duró nada. Luchamos por la Democracia y tuvimos
República. Se dio como una contra ola conservadora dentro de la recuperación
(Soma: 2023).
Para comprender el espíritu con el que fue gestado Juntacadáveres como espacio
cultural debemos rastrear sus orígenes en las experiencias de vidas comunitarias
generadas entre 1985 y 1990 en diferentes casas de la ciudad de Montevideo.
Conforme la trouppe iba creciendo debieron buscar un espacio más grande y allí fueron
a alquilar una casa de dos plantas con balcón y terraza en Garibaldi y Cufré 2280 entre
1988 y 1990. Allí convivieron Pedro Soma, Gabriela Vitale, el Pelado Kiama, Rossana,
Yeny Pi Lara, Jonny Piru Lara, Negro Lino, Gaba, Blanquita y la Negra Lucy junto a
una serie de personajes que frecuentaban la casa de puertas abiertas como Rubén Omar
quien luego se transformaría en el dueño del boliche Juntacadáveres. La experiencia de
autogestión se traslada a Garibaldi. Pedro Soma recuerda,
Vos llegabas con tu sueldo y así, integro iba a la lata y al día siguiente no había
nada (todos ríen entrañablemente)18. Eso fue muy consciente, hiper discutido y
demás. En una comunidad además donde hay gente que debe no trabajar porque
lo que está haciendo a través de su arte precisa una mano para desarrollarse.
17
La experiencia de autogestión horizontal comenzó con el proyecto cooperativo de trabajo denominado
PTR surgido en la Facultad de Ingeniería donde un grupo de estudiantes y docentes, entre ellos Tato
Tasitro, Pedro Soma, el Flaco Ulse y Gabriela Vitale hacían trabajos informáticos y las ganancias eran
dividas en partes iguales con personas que tenían otros empleos. Paralelamente otra de las experiencias de
autogestión fue la cooperativa de consumo en el INJO donde diferentes personas, habían convenido
comprar todos los artículos de primera necesidad y compartirlos. De ahí se formó las casas comunitarias
de Martin C Martínez y Ejido.
18
Para recuperar las experiencias de la Comunidad Garibaldi ensayé dos tipos de modalidades de
entrevistas. En una primera etapa hice entrevistas personales a través de encuentros y videollamadas. A
cada integrante vivo hice varías. Luego realizamos junto a Gabriel Peveroni una entrevista colectiva a
Pedro Soma, Gabriela Vitale, el Pelado Kiama, Yeny Pi Lara, Jonny Piru Lara y Rossana Spinelli.
Respecto a Ruben Omar si bien fue ubicado decidimos correr la entrevista para otro momento. Miguel
Hellen, Ivanna Menchaca y La Negra Lucy fallecieron hace algún tiempo.
Gabriela Vitale dice que aquellas primeras discusiones eran del estilo «Ta pero vos
fumas, yo no fumo, y ¿por qué yo tengo que bancar tus cigarros?», reflexiona
enunciando «Para mí, lo más rico de toda la experiencia fue el entender que las
necesidades del otro yo no las tengo ni por qué entender» (Vitale: 2023). «¿Cuál es el
lugar del otro en tu vida?» cuestiona Pedro Soma agregando,
Esa fue la discusión que nos dábamos donde el otro es una cosa jugada y no un
contrato. Yo tenía tres laburos y había gente que tenía cero y para mí fue una
experiencia verdaderamente transformadora. Que cada cual se desarrollara en su
vocación era el cometido que la casa debía potenciar (Soma: 2023).
El Flaco Ulse era un tipo que le metía mucho contenido. Una de las cosas que
me impresionó era que estábamos todos comiendo y él venía, picaba unas
naranjas y unas manzanas y las repartía en partes iguales. Así, sin decir nada, de
para todos, pero sin ruidos (Vitale: 2023).
«Un día la Negra dijo yo no quiero laburar más y todos nos pusimos de acuerdo en
becar a La Negra para que se dedique a pintar» (Rossana: 2023). «Había un afuera muy
distinto al adentro. Vivíamos cada día muy intensos. El afuera trágico y el adentro
cargado de emociones» (Jeny Pi Lara: 2023). La puerta siempre estaba abierta tanto en
el día como en la noche. Llegaron a convivir catorce personas. De esta apertura
surgieron otras mezclas. «Los recuerdos me emborrachan» dice Rossana.
Garibaldi era un lugar donde gente que de repente estaba muy reprimida en otros
lugares podía ser libre. Recuerdo el Woody que para mí era evidentemente
homosexual pero afuera nunca decía nada y en Garibaldi se mostraba
libremente. Pero a su vez en aquel momento no estaba la discusión sobre la
sexualidad en la mesa como está ahora. Éramos mucho más monogámicos y
heteros. Podía darse algo así como una sexualidad libre pero no había orgías
(Vitale: 2023).
«No había orgías, pero era orgiástico» dice Jeny Pi Lara. Rossana Spinelli agrega,
Sentía que había un mandato de que no podías estar poniéndote celosa porque el
hombre se iba con alguien más. Yo sufría, pero algo de entender de que si
pintaba sexo pintaba sexo y no de que «yo estoy con». Había como un mandato
explícito de «no seas terraja, eso pasa» (Spinelli: 2023).
La mayoría de ese grupo éramos heteros pero circulaban alrededor varios amigos
homosexuales que frecuentaban la casa. Recuerdo que La Negra se quejaba. La
Negra era muy abierta en ese sentido y decía que había prejuicios con la
homsexualidad por parte de gente progresista que tenía resistencia y prejuicios.
Nosotros con La Negra y Luis Behares íbamos a Arcoíris. Recuerdo que Luis me
decía «vos sos de los únicos heterosexuales que no tienen prejuicios en darme un
beso». En ese contexto la sociedad era muy violenta respecto a la
homsoexualidad pero en estos ambientes del teatro era un poco más abierto. En
Garibaldi había diferentes prácticas sexuales en diferentes momentos. Algunas
personas practicaron el amor libre (Schwartz: 2023).
La Negra Lucy, Ivanna Menchaca, Yeny Pi Lara, Miguel Hellen y Rubén «Raúl» Omar
fueron los que dieron andamiaje a la idea de postular para aplicar a los fondos que
ofrecía el Foro Juvenil para proyectos artísticos. Esmoris dice,
Quiero decir que estando en Foro Juvenil me parecía bien apoyarlos. En algún
sentido era contradictorio. Jorge Ruétalo ya fallecido hace décadas le puso
mucho cariño y canalizo recursos para el emprendimiento, desde la ONG. No
hubo retorno económico Nunca supe los montos.
«Debe de haber surgido en la cocina de Garibaldi» dice Rossana respecto al origen del
Junta. La cocina de Garibaldi era el espacio donde la gente se reunía para fumar, tomar
y conversar de política, filosofía y artes. El baño era otro de los espacios predilectos
para la reunión. En el inicio de Garibaldi se realizaban unas especies de asamblea para
ponerse en acuerdo sobre diferentes cuestiones prácticas de cómo vivir en comunidad.
«La lata» era el fondo común donde todos depositaban sus dineros y de donde cada uno
tomaba para sus actividades y las diferentes cuestiones de la casa. «No teníamos un
proyecto de transformación social estructural como en los sesenta, sino que la idea era
transformar nuestras vidas, vivir de otra manera, y si eso servía como experiencia para
otros sería genial» (Pedro Soma: 2023).
«Nos deleitamos de la compañía del otro, había mucha carcajada, la idea de que se
puede vivir de otra forma» dice Rossana. Vivir otra forma de vida y compartirla con
aquellos marginados de la sociedad se transformó en el éter ambiente de aquel reducto
en la ciudad. Frecuentaban el lugar personajes tan diversos pero cercanos en su divina
locura como Nino De Negri que había estudiado en Bellas Artes y estaba saliendo de la
cárcel por pertenecer al grupo guerrillero MLN-Tupamaros. Frecuentaba en la casa
gente del teatro como José Pepe Ramallo, Gabriela Brescia conocida como María
Dodera y Cesar Troncoso. Fue muy querida la pintoresca yunta de Sassy y el judío
Mauricio. El primero un ex-preso, y marinero, el segundo un desprolijo con mala
fortuna en su afán por abrir boliches nocturnos como el Club Campbell o Punto Fijo
donde asistían las prostitutas de boulevard y gente del hampa callejera. «Hacía literatura
oral» dice Rossana, «con él hablábamos de Platón» (Rossana: 2023).
Mauricio andaba calzado y muy paranoico. Venía con Sasy a casa y decían
«pará que tenemos que ir a buscar a la teja una cosa y venimos». Una vez
saliendo del Campbell tenía miedo de dejar el revólver ahí y salió, iba para la
casa y lo pararon y en ese momento estaban buscando a sospechosos del
atentado de la AMIA en Argentina, y lo llevaron como sospechoso y él decía,
«yo soy judío». En eso él era medio reaccionario, se había postulado para ir a
pelear en Israel. Hizo tanto lío una vez que probó que era inocente que andaba
con una carta escrita por el ministro del interior de Lacalle, Juan Andrés
Ramírez que decía que él era inocente, y él andaba con esa carta y te la mostraba
(Schwartz: 2023).
«Rúben Omar no dejaba crecer nada a su alrededor» (Rossana: 2023), Somma dice,
«Rúben Omar era un adolescente grande, individualista, que actuó como contrapeso de
todo lo otro que era más comunitario». «A mí no me atraía la idea de tener un comercio,
de pedir un préstamo, de hacer cuentas. En algún momento la Negra tuvo un
enfrentamiento con Rubén y se abrió» dice Pablo Schwartz (2023). Beto Quintans se
quedó a cargo del lugar a partir del verano de 1992. Rúben regresa en agosto de 1992 y
se encarga del boliche junto a Beto hasta su cierre. «Después pasó a ser el negocio de
ellos» dice Pablo Soma en relación a Rúben Omar y Beto.
Ruben Omar era boletero de un cine porno, odiaba ese trabajo, vivía con la madre y se
acerca a humanidades a través de una estudiante. Ahí conoce a Rossana, la Negra Lucy
y Pablo Schwartz. «Era un tipo muy entrador y afectuoso» (Schwartz: 2023).
Larsen, Junta aparece por primera vez en (1941) Tierra de Nadie que se desarrolla en
Buenos Aires para posteriormente transformarse en Santa María. «No sé de dónde surge
la analogía y no sé si Rúben había leído a Onetti, pero los cadáveres de Junta eran las
viejas yiras gastadas de más y la idea del Junta era como un kindergarten de
reventados» (Schwartz: 2023). Adriana Filgueiras quien atendió la barra del boliche
dice,
Junta avanzaba medio paso delante de las mujeres y su mano derecha colgaba
con un ramo de flores rojas, raquíticas (...) una máscara afectuosa y considerada,
la insinuación habilidosa de que él, Larsen, Junta o Junta Cadáveres, no
participaba totalmente del destino y la condición del trío de mujeres que
arrastraba sobre las baldosas grises (...) la cara de Junta, pronta para la traición y
el negocio, podía traducir, indiferentemente, el vigor o la debilidad de su
empresa, de él mismo en relación a su empresa (Onetti: 1965, p 15)
Estas iniciativas de vida en comunidad dan cuenta del potencial de estos jóvenes de
generar espacios alternativos en la ciudad de la mueca torcida como le gustaba describir
a Juan Carlos Onetti. «La gente para hacerlo estaba y además había un deseo de vivir
diferentes» (Schwartz: 2023). Todo nació en la cocina Garibaldi.
El período peyotesco
«Todo tendría que haber empezado en un lugar como Juntacadáveres» dice Gabriel
Peveroni (2018) refiriéndose al boliche que funcionó en Juan Paullier esquina Rivera.
Pero el pasado no tiene tiempo escribía Onetti, y el ayer se junta allí con la fecha de
treinta años atrás. En diciembre de 1990 abre sus puertas el ¿centro cultural?, ¿el
boliche?, ¿lo que quedaba del proyecto de la comuna Garibaldi? El capricho duró
¿mucho? ¿poco? -según desde dónde se mire- hasta mediados de 1993.
El sitio era un casa pequeña y lúgubre, de polvorientos pisos de maderas donde la barra
era un tablón de obra con una ventana chiquita desde donde se dispensaba cerveza. En
ocasiones whisky.
«Me acuerdo de todo. Era una casa, con un living. Todo pasaba en el living. Me
acuerdo de la barra patente, con Rúben y Beto atrás. Tenía una escalera detrás
del escenario. Y me acuerdo de noches, todo negro, poca luz. Era como estar en
Europa del este. Nunca estuve en Europa del Este… pero. Todo medio a lo más
o menos y a veces se ponía violento. Era turbio, mucho alcohol, droga, gente
apiñada en un lugar pequeño» (Topo Antuña: 2023).
La escasa escenografía del lugar contaba con un monitor que pasaba vídeos de Lou
Reed, Laurie Anderson, R.E.M y Talking Heads. Un sillón de peluquero y murales
peyotescos del artista Gustavo Tabares terminaban por decorar el lugar.
«El que va adelante se arriesga» dice Roberto Suarez que recuerda, «El clima del lugar
era denso, una zona fuera de lo cotidiano, claramente uno sabía que ahí pasaban cosas.
Juntacadáveres era bellamente bizarro»22.
No había escenario sino una tarima diminuta que generaba una especie de escenio, un
espacio en el que la genialidad se terminaba creando en colectivo. Había una pared a
medio terminar desde donde se ingresaba al reducido espacio reservado para el baile.
Esta
22
Por ese momento Roberto Suarez integraba el Grupo Teharto y presentaba la obra Las virtudes de la
fuente donde hombres pájaros representaban escenas de especulación fantásticas por donde se dejaban
deslizar la crítica y la sátira a las costumbres cotidianas.
pared luego iba a ser demolida para ganar más lugar cuando el boliche comenzará a
crear una escena vinculada al rock. No había salas VIP. Cualquier personaje más o
menos destacado de la escena cultural montevideana debía frecuentar con el resto de los
mortales que deambulaban en el boliche. Como todas y todos eran medianamente
«personajes» no existían individualidades que destaquen por encima del resto, o no de
una manera sobresaliente.
«Intentaba ir entre semana porque nunca había más de 10 personas y así
zafábamos de las representaciones de aburridas e incipientes performances.
Recuerdo sí, mi grato asombro cuando se proyectaban entre otras buenas cosas,
videos en VHS de Frank Zappa, en un televisor ubicado en una esquina del
local, en tiempos en que a Zappa no lo nombraba nadie. Y creo que éramos solo
nosotros dos los únicos que lo mirábamos agradecidos (Tabaré Rivero: 2023).
En todo el local no entraban más de cien personas. «Amarillo perdía la intimidad que
tenía juntacadáveres» dice Varinia (2024). Fue un espacio único en un contexto político
y cultural particular. Los boliches que vinieron después adquirieron otras lógicas.
Luego del inicio y tras la huida de Ivana Menchaca, La Negra Lucy y Miguel Hellen,
Rúben Omar se hace cargo del sitio junto a Ana Blankleider como socia. «Se puede
hacer la historia de Juntacadáveres a través del desastre de Rúben Omar y Ana
Blankleider». dice Peveroni y agrega «la cosa se fue complicando, Rubén la complicó y
Ana con su alcoholismo dirigiendo el boliche con gente que no pagaba» (Peveroni:
2023).
Juntacadáveres abría todos los días menos los martes en su primera etapa y constituía
una mezcla de pub y centro cultural. En Montevideo existían boliches donde tocaban
bandas de rock como Laskina, Bogart, Amarcord, Ley Seca, Ludovico, Preludio, San
Telmo, La muestra del boliche, La Bastilla, La Barraca o Perro Azul, pero ninguno de
ellos logró la atmósfera que se generó allí. En su antítesis se encontraba el Lobizón que
era un boliche de reviente de la contracultura de izquierda frecuentado por gente de
treinta años para arriba, donde se comía gramajo y se escuchaban imitadores de Silvio
Rodríguez.
«Primero era como una cantina, yo no iba a ahí y luego fue tomando esa forma
de club social rock & roll» (Peveroni: 2023).
A inicios de los noventa muchos punks se quitaron la cresta. La estética era un pastiche
donde los hippies eran más parecidos a los punks y estos más hippies de lo que creían.
Se experimentaba un rock menos panfletario y desinhibido donde primaba la diversión.
Las poses de bronca y la estética dark se transformaron permitiendo otros lenguajes
menos ideologizados y deprimidos. La ciudad seguía siendo gris, futuro no había, pero
surgía una pregunta, ¿y ahora qué? Se trataba de contestar al rock de los ´80 cantando
en inglés y explorando otras formas apartándose de referencias políticas en las letras
para narrar las vivencias cotidianas y tragicómicas del mundillo marginal.
23
El carguero Le Melquiades, tomó el nombre de Cargo 92 trayendo a bordo una tripulación repleta de
artistas (Compañía de teatro callejero Royal Deluxe, DCA Philippe Découflé, la Compañía Philippe
Genty, y la banda Mano Negra) por el Ministerio de Cultura Francés para celebrar los 500 años de la
conquista de América con el fin de un intercambio cultural. El carácter colonialista de la empresa no fue
considerado en aquel contexto de urgencia de apertura cultural. Pascal se quedó en Uruguay y emprendió
el proyecto Moxhelies cuando se vinculó con Daniela Luna y una serie de artistas que desarrollaron una
narrativa muy visual, abstracta y poética. Se hacían giras por el país con intervenciones en las ciudades a
través de un vestuario increíble y una estética retrofuturista. Respecto al
«Entre mis conocidos estaba claro que nadie quería repetir la fórmula de sus
padres, había una búsqueda de nuevas formas de relacionarse, con más libertad,
con más respeto por todo lo que se salía de lo tradicional, con más respeto por la
mujer. No obstante, éramos una generación sin educación sexual, en una
sociedad machista, misógina, homófoba. Con una educación emocional
arraigada en las canciones del melódico internacional, los tangos, las pelis
románticas, Disney. Al menos se hablaba de sexualidad, sexo y género
abiertamente. Y si se agredía a alguien por su orientación era seguro que otros
censurarían al agresor en el momento. Solo conocí a un chico y a tres chicas que
se reconocieran como gay y lesbianas y a otro chico que se identificaba como
bisexual entre todos los clientes de Junta que conocí. También estaban Nandy y
Marci, los únicos travestis que eran habitués».
Fui con mi novia porque no había muchos lugares a los que pudiéramos ir y estar
de la mano o mirarnos con amor (…) En el Junta yo nunca sentí ningún tipo de
acoso. Éramos jóvenes, la juventud tiene su belleza, podíamos ser objetos de
deseo, se nos acercaban personas, pero nunca había celos. Y nunca hubo
incomodidad con respecto a ser una pareja de mujeres. Y sí cuando íbamos de la
mano por 18 de Julio se reían de nosotras. (Ferrero: 2024).
«Desde mi punto de vista en Junta se respetaban más las disidencias que en otros
lugares» dice Nel (2024) y Tabares agrega, «Era un lugar re sexual (...) Siempre era a
morir. Había chicas trans, muchas drogas y todos con ganas de pasarla bien» (Tabares:
2021).
«Empecé a ir, me gustaba, me sentía feliz. Tenía dos estados. Que yo les decía.
Estado espectador, estado protagonista. En el de espectadora me ponía en una
esquina y era mirar porque siempre pasaba algo» (Varinia: 2024).
Juntacadáveres nació como un lugar frecuentado por jóvenes actores al margen del
teatro independiente, periodistas de cultura y especialistas de rock -¿género? surgido a
fines de los ‘80- y escritores. Rápidamente se convertiría en una escena para el rock
fusionado con las nuevas artes»: performance poética, danza, dibujo, fotografía y teatro.
Había un personaje que «fue cura, había estado preso por tupa y en la época de
Juntacadáveres era carterista» cuenta Beto Quintans para describir la atmósfera paria
que frecuentaba el Junta. Mezclados todas y todos en un tugurio oscuro, reducido y con
olor a cigarrillo, donde si llevabas un casete grabado de tu banda igual te lo pasaban un
domingo. Nosotros caímos a Juntacadáveres con un casete. Era todo así, vengan y
hagan, vengan y toquen. Tenías una propuesta y tenías el lugar para hacerlo» (Topo
Antuña: 2023)
Para muchos juntacadáveres no solo era un lugar donde ir a divertirse, sino que también
significaba un proyecto cultural sin escenario y un estilo de vida. La proximidad con el
público generaba un intercambio que rompía los parámetros del teatro clásico
victoriano. «Su sola existencia es lo más importante» dice Lalo Barrubia. «Como
espacio en sí era muy decadente. Había mucha droga. Era como dos mundos paralelos,
estaban todos borrachos. La mayoría de la gente no prestaba atención a lo que pasaba»,
y agrega,
«No tiene por qué haber sido así todas las noches. Lo que sí me parece
sumamente relevante era un espacio donde no había otro. En un momento donde
se había cerrado todo, había una crisis total, se había generado un vacío de
espacio y eso vino a abrir una puerta sumamente necesaria. De alguna manera
fue un laboratorio. Fue muy importante que existiera. Su sola existencia es lo
más importante» (Lalo barrubia: 2023).
En Teatro y su doble Artaud prevé la anulación del teatro moderno con el culto a las
obras maestras, su atención al texto escrito (la palabra) y su escueta calidad emocional.
Lo que sucedía en Juntacadáveres más bien se parecía a los happening newyorkinos de
la década psicodélica. Se dinamitó la convención de la escena y el público no era tratado
con consideración, sino que se lo amontonaba de pie en una espacio pequeño y sucio.
Siendo difícil distinguir lo que es espectáculo y lo que no lo es. Tampoco su duración y
sus contenidos son previsibles. Berlot Brecht llamaba extrañeza (otranieni), a la acción
teatral improvisada o no, donde elementos fuera de escena interrumpen dislocando al
espectador.
Todos éramos personajes. Había dos travestis y yo ¡Hola como están! Ahí no
había nadie que te juzgara o yo por lo menos lo viví así. No había machos alfas
ahí rompiendo los huevos. La comodidad era eso, el respeto (Varinia: 2024).
No tenía una lógica empresarial y la idea era otra cosa, algo más cultural.
Avasallaba otra lógica o la gente que pasaba por ahí avasallaba cualquier lógica
que tuviera que ver con lo empresarial. Era esa atmósfera de transgresión que se
generaba lo que seducía con gente que ya era transgresora afuera y que allí
actuaban como eran. Ahí podías hacer un montón de cosas que en otros lugares
no podías como actuar borracho, fumar un porro dentro del lugar o compartir
con gente gay y trans (Clouzet: 2023).
«este lugar está para caer, ya se están peleando todos…» le dice El Tejo y Richard el
astrólogo a Beto en el invierno de 1991. «Me hacen la cabeza para que dé un apoyo
económico al lugar» cuenta Beto, «Omar quería una plata para irse a Brasil». Beto le
entrega 5.000.000 dólares, siguen siendo socios a medias y Rubén Omar se va a fines de
noviembre de 1991. Ana Gabriela se suma a la gestión del proyecto como productora.
Antes de irse, Rubén Omar junto a un tal Fito deciden hacer una performance con
desnudos y una escalera. Cuando llegó el momento de mostrar el carácter Fito se baja y
Rubén Omar le pide a Beto que encare. «Tres tequilas y yo ya estaba desnudo en
escena. Esa fue la noche más inolvidable, llegó gente al boliche que nunca había venido
y vio a los dos dueños desnudos y se sintió habilitada a desnudarse. La gente se
encontró con gente desnuda en la barra así como si nada».
Anteriormente, en la primavera, Manuel Esmoris hace el TeatrOFF, donde actúa Jarabe
Blues, Los Mellis, Urdapilleta, Tergopores Reptantes y la última actuación de Batato
Barea. Al siguiente día Los Mellis realizan su primera actuación en Juntacadáveres.
Esmoris recuerda,
Suarez y Troncoso eran excelente para la época. Alguien debe recordar cómo se
llamó un stand up bien undergroun. De todas maneras, para mi resultaba
insuficiente pues tenía en mi haber la experiencia de TeatrOFF, donde pasaron
Batato, Urdapillete y Tortonese; Los Melli; Pista 4 y Periféricos de Objetos.
«Esto es todo amigos, desbunde final» titulaba el afiche de la fiesta en la que Beto
pretendió cambiarle el nombre al lugar a partir de una votación de los clientes. «Recibí
amenazas de muerte» y desistimos cuenta Quintans.
Con el gobierno municipal de Tabaré Vázquez comienza una persecución a los boliches,
con propuestas artísticas, basada en el argumento que los vecinos presentaron
denuncias por «ruidos molestos»24. A partir de agosto de 1990 la IMM aplicaba
abultadas multas a boites, boliches.
24
Tabaré Vázquez se pronunciará hoy sobre sanciones anunciadas Búsqueda, 12 de julio 1990, p 42.
La reapertura del boliche en el verano de 1992 adquiere ribetes épicos y fantásticos.
«Yo estaba flechado con Cabo Polonia» dice Beto «me volvía el 5 de enero para
dejar todo preparado y colocar a Fito como socio trabajando en verano. Ahí
mismo decidí hacer un boliche en la duna que llamamos Capitanes de la Arena.
Pero yo estaba en el horno y Fito desapareció. Entonces tenía que conseguir mil
dólares de deuda de Juntacadáveres y tenía que laburar todo el verano en
Montevideo sin Polonio. Estaba en el rancho de Alejandro Gallinares y Escuder
y pasa un pibe que me dice “¿vamos caminando por las dunas a Valizas?”. Y yo
perfecto, ya que me tengo que ir, me voy caminando por las dunas. No teníamos
ni un porro. Yo le contaba mi historia, que tenía que regresar a Montevideo a
reabrir el boliche, le hablaba de números, que necesitaba tanta plata. Y en el
medio de la duna, en el camino del Jepp, pero como a ochenta metros veo algo
que se mueve, era una bandana atada a un bolso y salgo corriendo. Un bolsito de
cuero así -hace ademán de pequeño- meto la mano, saco un faco así de dólares -
hace con la mano ademán de mucho-, meto la mano de nuevo, una piedra de
porro -ríe-. Eran 2700 dólares. Agarré le dí 700 al flaco este. Llegamos a Valizas
compramos comida, festejamos y me fui al otro día. Ahí tenía los mil dólares de
la deuda y una plata para el proyecto Polonio. Llego a Montevideo y me
encuentro con Carlos Bellozo que venía de Bs As en busca de recuperarse. Me
dice “Bo, tengo que zafar”. Hizo un unipersonal increíble. Entonces resolví abrir
los fines de semana ese verano e ir a laburar al Polonio entre semana. Le hago la
cabeza a seis o siete, Tabares, Gustavo Martínez, El Pala, El Búfalo. Nos fuimos
todo, acampamos, medio que los bancaba, a construir en medio de la playa un
Quincho con un escenario, a dos cuadras antes de la cañada. Un verano increíble
que nunca paró de llover. Todos artistas locos. Llovía, paraba, sol: hongos.
Aquello no avanzaba. Se inauguró un 8 de febrero. Hacía unipersonales Carlos
Bellozo con un traje de luces en la arena, Batato Barea hizo su último show en la
duna de Capitanes de la Arena».
Cuando Beto Quintans se hace cargo del lugar se forma una pequeña productora
llamada El Hongo gestionada desde el altillo del sitio y con la participación de Claudio
Burgues y Gabriel Peveroni. Donde se comienza a pensar una gestión más redituable en
términos económicos para el lugar. Se imprimen afiches para promover los eventos y se
comienzan a cobrar entradas que variaba en el precio según quien actuase. De todos
modos, el precio de la entrada equivalía al precio de una cerveza y los fondos
conseguidos nunca fueron suficientes para financiar el espacio siempre al borde de
quebrar, en todos los sentidos. Durante mayo y diciembre se suceden casi cuarenta
actuaciones entre poesía, performance, dibujo, teatro, música, audiovisuales y fiestas.
Un lugar de «cervezas calientes y mujeres frías» decía Raúl Burgues.
«Así una mujer puede salir apresurada del trabajo (tratando de no perder el
ómnibus que la llevará a la guardería donde recogerá al nene para después pasar
por la carnicería y más tarde llegar a casa y pelar un quilo de papas y lavar los
platos de la cena) y de pronto, un desconocido le roza y sin que ella apenas
pueda divisar su rostro escucha: “Guacha, te chupo la concha”» (en Bardanca
1991, Polaroid de la cabeza uruguaya, YOEA).
«Yo nunca me planteé por qué no había más bandas de chicas. Estamos hablando
de hace treinta años, no era un tema, en ningún momento nos dijimos ¿por qué
solo hay bandas de hombres? Ahora que recuerdo sí había una donde estaba May
Puchet tocando la batería que la invitamos a tocar con nosotros. Pero eso fue a
mitad de los noventa. Pero no era por un cupo femenino. Todo este análisis y la
palabra disidencia no existía (Angeleli: 2024).
Recuerdo sentirme cómoda y segura. Sobre todo, con respecto a ir con mi pareja.
No recuerdo que hubiera más lugares así, donde poder estar con ella, éramos
pobres, no teníamos plata, íbamos a tomar grappamiel (…) Nosotros a veces
reivindicamos pidiendo, reclamando. Ahí no existía ese espacio en el cual “pido
ser” ahí éramos, nadie pidió permiso. Nadie discriminaba. Yo podría haber sido
discriminada por careta (risas) yo nunca me vestí rara, nunca me maquillé.
Ahora lo pienso como una propuesta de convivencia muy auténtica, que se
sostiene entre todos, sostener un espacio donde las personas son aceptadas
(Ferrero: 2024).
En ese momento no lo pensaba como algo político, pero ahora si lo pienso así,
era político en lo profundo de construir una identidad particular y hacer todo
para sostenerla, en ese sentido era profundamente político lo que allí ocurría
(Ferrero: 2024).
Un reducto donde los perversos no pretendían estar separados sino juntos. Allí
encontrarían el indulto nocturno frente a la condición binaria. Este espacio contra
público significó una guarida para Dionisio permitiéndose travestirse, desnudarse y
practicar múltiples formas de sexo en los baños. Era un lugar de experimentación y de
aprendizaje para muchos jóvenes que empezaban a codificar mensajes, estilos, sonidos
y lenguajes herético. Era algo así como ¡sí, me gustan los chicos, y me gusta ponerme
una campera de cuero!.
Había tomado demasiado aquella noche. En realidad, siempre que voy a ese
boliche que se llama Juntacadáveres y que hace honor a su nombre, tomo
demasiado. Cuando la cuarta morocha pálida y ojerosa se me acercó ya no tenía
más ganas de nada, y salí al frío de la calle Rivera. Me salvé justo, porque en ese
mismo momento llegaba una Nissan blanca, creo que manejada por un perro,
que ingresó al local para oler a los que estaban adentro y probar si tenían droga.
Los boliches en los primeros años de la democracia significaron guaridas nocturnas para
Dionisio desde donde recuperar el estado de ánimo mutilado por años de represión y
censura cívico-militar. El placer se transformó en campo de acción político. Lo
dionisiaco referido por Nietzsche a un estado de embriaguez y liberación permitió la
disolución del individuo perdiendo el mapa de ideologías preestablecidas.
La atmósfera era especial y enérgica, a veces difícil y a veces salías mucho
mejor que al entrar. Para mí es importante resaltar muchísimo lo que sucedía
artísticamente en Juntacadáveres, porque sé que hay una tendencia a pensar que
para lo único que éramos libres era para encajarnos y coger, y lo que hay que
entender es que la mayoría del tiempo y todos los días había una banda tocando,
o una obra de teatro, o un monólogo, o alguien pintando. Se daban clases de
dibujo, se hacían performances y experimentos teatrales. Para mí la verdadera y
más notoria libertad que había era la artística. Todos experimentaban y hacían
sus primeras armas en el Junta y siempre había un público fiel dispuesto a verlo.
Y después sí, pasaba todo el resto (Dalton: 2024).
La estrategia de la
alegría en la transición
democrática (Jacoby:
2000; Perder la forma
humana: 2013) desarrolló
una dinámica de
resistencia espacial a
través de diferentes
reductos como bares,
boliches, sótanos,
casas privadas y parques
desde donde se alimentó
y reprodujeron las
desobediencias sexo-
genéricas, artísticas
y políticas.
Juntacadáveres era LIBERTAD, era un verdadero centro cultural donde se
desarrollaban todas las disciplinas, las sociales, las sexuales y las artísticas en
perfecto caos y armonía. Una vez que pasabas la puerta Montevideo quedaba
afuera y lejos, literalmente (Dalton: 2024).
En cuanto a lo musical, el boliche comenzaba adquirir una fusión cada vez más
profunda con bandas del mundo subterráneo montevideana y artistas que emergían del
campo de la bohemia. Así se combinaba Mandrake Wolf y The Supersónicos con Son
los asesinos de la abuela Coca (así aparecían en los afiches) y La Hermana Menor. Sur
Sur (grupo de Tango) con Blue Ángel, banda de Metal y Roberto Yucatán y 4F Ciudad
Junk con el dúo de Adler y Nacho Durán 15 baladas tristes 15 donde el cierre podría ser
de El Príncipe y La Sinfónica25.
El rockandombe y las bandas pospunk criollas formaron subculturas que reunieron unas
minúsculas escenas que activaron un rupturismo estético y político que tiende lazos pero
que asumen diferencias sustanciales con aquellos jóvenes marrones -como ironía
respecto al concepto sociológico de marrano26- que legó la gen ’83, que escuchaban los
compositores de la segunda ola del canto popu27 y frecuentaban sitios como El Lobizón,
leían el semanario de izquierda Brecha -continuación de Marcha- y el órgano del PCU,
El Popular, y se identificaban como frenteamplistas. Votaron verde en el plebiscito de
abril de 1989 y por lo general tenían una visión contradictoria sobre el rock, el
feminismo, la prostitución y la homosexualidad, concebida como una expresión snob,
apolítica, burguesa e imperialista. Estas subculturas que agrupan la juventud subterránea
25
Las fechas están en la cronología de eventos.
26
En la religión judía la figura de marrano refiere al judío converso que asimiló la religión católica entre
los s VI-VII en la península ibérica para sobrevivir, manteniendo a escondidas el culto judaico. La
utilización en el Uruguay de la transición democrática refiere a aquellos jóvenes que se asimilaron al
régimen para sobrevivir luchando en su interior para derribarlo.
27
Canto popu era la expresión de la época para referir a la obra de Fernando Cabrera, Chocho Lazaroff,
Eduardo Mateo, Urbano Moraes, Eduardo Darnuachans.
son parte de una minoría dentro de la contracultura juvenil contestataria (que alberga el
canto popular) y la juventud en su totalidad,
«¿Qué queda ahora de aquellos silencios, mentiras y los prohibidos? Nos queda
miedo. El terror está entre nosotros y muchos lo queremos ocultar, pero está.
Aquellos que fuimos apaleados en Dieciocho de Julio sentimos la violencia y
nuestro miedo […] Lo sentimos en un profesor, en un adscripto. Muchos se
resignan y se encierran en sus casas sin entender nada, otros salimos a la calle a
decir que entendemos y a hacer algo por cambiar» (Peveroni: 1988; «La
generación del miedo», Cable a Tierra n.o 2).
Desde bandas punk y metal como Sádica, Clandestinos y Orgasmo Rosa que se reunían
en el Molino de Pérez entre 1987-1988 a Los Estómagos y Los Traidores que dialogan
con la escena literaria alternativa anclada en el fenómeno autoeditorial denominado
revistas subterráneas estrechando un puente que les familiariza con Ediciones de UNO
y la escena bukowskiana, grunge28 y pospunk29 en Juntacadáveres con su atmósfera de
poesía performática, videos tapes y bandas como La Hermana Menor, Los Chicos
Eléctricos, Supersónicos y Buenos Muchachos. Todos estos fenómenos tienen
características diferenciales, pero forman parte de la movida autodenominada
subterránea.
Salimos de la dictadura y estaba esa cosa toda apretujada y gris y de repente sale
este lugar donde vos podés hacer lo que se te cante. Y nadie te juzgaba. (Varinia:
2024).
No era un agujero negro ni una cueva de anormales, era un lugar donde las
personas convivían e interactuaban libremente. Para mí la canción que define a
la perfección el Junta es "Underground" de Tom Waits. Muchas personas han
dicho que era una cueva de atorrantes faloperos y borrachos pero ahí adentro en
28
El grunge procede de Seattle. Se trata de un tipo de música bastante fuerte, aunque no es exactamente
heavy metal: está entre el heavy metal y el rock, es una combinación de cosas. Entre los representantes
típicos del grunge, están grupos como Nirvana, Lemonheads, Atice in Chains.
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En el pos-punk existen grupos como Joy Division, New Order, The Jam, The Squeeze, The Clash,
Duran Duran.
realidad se trabajaba y mucho, sino no pertenecías. Te sentabas y siempre algo
estaba sucediendo en el "escenario" (Dalton: 2024).
Para algunos de nosotros que vivíamos con nuestros padres el lugar era una casa
donde no tenías las reglas de la casa de tus padres. Venías de un periodo de
mayor rigidez social en la sociedad, en la familia, en los ámbitos militantes, y
pasabas a este espacio donde uno no tenía que respetar ciertas reglas sino ciertos
códigos. No había demasiados corsés. ¿Qué jerarquías podían haber?, el dueño
del local, pero como no se manejaba con una lógica comercial, ni esa jerarquía
existía (Clouzet: 2023).
Allí las mujeres y los hombres se desnudaban, había sexo. Era un lugar de
experimentación y de aprendizaje para muchos jóvenes que empezaban a codificar
mensajes, estilos, sonidos y lenguajes heréticos. «¿A qué ibas a Junatcadáveres? A
levantar una mina. Y de repente ibas y esta que parecía una mina era un varón, y era la
primera vez que habías visto esto» cuenta Garo Arakelian (Lateki: 2016, p168).
Para muchos varones del rock el boliche funcionó como un espacio para explorar
nuevas formas de vivir la sexualidad donde las estéticas andróginas y las prácticas
bisexuales comenzaron a manifestarse en hombres como en mujeres. El poeta y escritor
de Orsai30 Junjo Quintans que frecuentaba el boliche, decía que «todos los hombres son
gays» (Blixen: 2023, Gravina:2023). Su postulado abiertamente genérico significaba un
cuestionamiento de la acentuada virilidad que performaban algunos varones en la
escena underground. Era la primera vez que los rockeros aprendían a convivir en un
mismo espacio con personas homosexuales, travestis, lesbianas y mujeres
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Orsai reúne la poética homoerótica de Juan José Quintans publicada por Ediciones de UNO en 1991.
Sus textos trabajan sobre la masculinidad centrada en el deporte más relevante y machista de la sociedad
uruguaya como lo era el fútbol. “Juanjo traía recortes de las secciones de fútbol de los diarios y me decía
mirá esta postura es muy erótica” (Carina Blixen: 2023). Para Roberto Etchevarren Orsai se inscribe
dentro de lo que ubica como nueva poética queer de los noventas. En el año 2000 muere a consecuencia
de las afectaciones del virus del SIDA.
heterosexuales con una forma de vivir la sexualidad por fuera de los modismos y
convencionalismos patriarcales.
El espacio reunió gente con capacidades de producir rápidamente una escena sin
demasiados ensayos. Muchas veces se ensayaba previamente, horas antes del estreno en
el mismo boliche o siquiera se ensayaba. Esta fue la experiencia de Víctor Guichón y
Héctor Bardanca (ex Oreja Cortada) que llegaron un día a Juntacadáveres cargando en
su mochila los cuchillos de la performance Terrible Bañado. Héctor que conocía a Beto
le pidió hacer la performance a cambio de unas cervezas. Hacen el poema Furia de
Sudamérica (incluido en el casete La última historia del fin del mundo. Bardanca y Lalo
Barrubia: 1991). El público los recibe calurosamente.
«Ahí pude hacer performance porque en otros lugares no existían» dice Gustavo
Tabares y cuenta,
En galerías y en museos no estaban oficializadas como ahora. En ese momento
la performance era algo nuevo. Con Gustavo Martínez hice mi primera
performance, que se llamaba Las Gallinas Turulecas. Habíamos conseguido unas
gallinas, en las mesas pusimos unas montañitas de maíz con unas velas. Y
nosotros salíamos ahí en el medio del público con unos shorts y botas
borceguíes, afeitados total y con unas gallinas en cada mano y en la cabeza un
pollo incrustado y recitamos unos poemas. Y bailábamos. Una especie de danza,
y poesía. En una soltamos las gallinas y la gente agarró el maíz y empezó a
tirárselo. Se armó una cosa de fiesta colectiva, medio bardo, extrañísimo.
-¿qué pasó con las gallinas?. Las devolvimos, eran prestadas. Esa fue la primera
que hicimos que fue media demencial estábamos los dos re de hongos (Tabares:
2021)
El boliche era frecuentado por jóvenes veinteañeros de clase media alta que pretendía
generar un espacio libre en el país trauamtizado por el terrorismo de Estado. Nos
situamos en un contexto histórico donde todo era irregular y los boliches no tenían las
limitaciones burocráticas que impone la actualidad. Era frecuente que entrasen menores
de edad. De esa manera fue que este agujero imprescindible pudo funcionar por un
tiempo relativamente largo.
Hablar de la Bacanal Nueva Roma anteriormente se había dado la Fiesta de los ’60 en
setiembre.
Gabriel Peveroni allí representó en noviembre y diciembre de 1992 el regreso de la
revulsiva obra Cervezas y Navajas basada en el cuento La chica más guapa de la
ciudad de Charles Bukowski. Fito Paez había imaginado la historia en Polaroid de la
locura ordinaria con Cass tajeándose la cara y riendo como loca. La Cass criolla sería
Ana Blankleider y Chinaski, Camilo Goñi, «la historia de amor lleva a los personajes a
situaciones límites: histeria, violencia y sexo explicito» dice la crónica en Guía del Ocío
(n° 206, 19 de noviembre de 1992, p 8). «Jugada con pocos elementos, y con la gente
como parte de la puesta en escena, la oferta de Peveroni es ideal para un ámbito como
este» dice la crítica sobre «este drama que bien podría ocurrir acá o en Santa María» (n°
209 10 de diciembre de 1992, p 35). La entrada salía 10000 pesos uruguayos e iba los
sábados a las 23:00 h y los domingos a las 22:00. Las luces las hacía Jorge Peloche. La
música era de Tom Waits y Los Gallos Humanos.
En 1992 regresaban Andy Adler de Estados Unidos y Rubén Omar de Brasil. El boliche
transitaba por la última y quizás la etapa más recordada. El carácter pluri artístico que
generó Beto se vería alimentado por la música traída por Adler. 1993 significó el
estallido del boliche y por eso, su cierre. Entre marzo y octubre se suceden más de 70
actuaciones artísticas fusionando todas las artes.
En teatro aparece Jarabe Blues, Con Perdón de los presentes, Que nunca falte el té, el
Dúo Suarez y Troncoso y la obra destacada de A la cama con Ana. En música se suman
a la grilla, bandas que no eran del circuito de Adler como Amables donantes, Corazón
Salvaje, Exilio Psíquico, Luz Roja, La Trampa, RRRR y 4F Ciudad Jump. Se ha
impregnado en la retina de aquellos que memorizan Juntacadáveres como un espacio
donde se forjó una escena musical soportada sobre las bandas de la ensalada Criaturas
del Pantano. Sn embargo, Juntacadáveres fue más un espacio teatral que musical y
circularon allí decenas de bandas. Si bien Adler fue el sonidista del lugar y sus bandas,
quizás hayan tenido mayor preponderancia, esto no quitaba que otras bandas pudiesen
tener allí un lugar para tocar como lo hizo Cross que, en 1993, se presentó dos veces
desbordando el sitio.
Adquirió un perfil más elitista cuando los fines de semanas se comenzó a cobrar
entradas y los punks empezaron a quedarse afuera. Merodeando las instalaciones a
merced de la policía. Los antecedentes próximos de la etapa grunge tienen que ver con
la Cooperativa del Molino. Un montón de adolescentes de aquellos que se juntaban los
domingos entre mediados de 1987 y 1988 en el Molino de Pérez, para el año 1992 ya
tenían sus proyectos musicales en marcha y deciden armar esa escena. Nico Barcia de
Post Coito crea los Chicos Eléctricos, y Tussi de Guerrilla Urbana forma La Hermana
Menor, bajo el influjo del sonidista del lugar, Andy Adler que, además, llegó a vivir en
el lugar.
Variaba mucho el ambiente según la banda que iba a tocar. Era bastante
heterogéneo pero siempre dentro de la onda de los que no se sentían chetos. Lo
homogéneo sería el carácter alternativo. Sabías que ibas a escuchar rock. Aún
había esta distinción entre los militantes del rock y otros géneros (Angeleli:
2024).
Por mi parte siempre tocaba con los Buenos una vez por mes clavado. Salvo los
dos primeros toques que fueron los dos primeros de nuestra existencia para
público, a partir del tercero armábamos un Show por mes. Le poníamos nombre
al show y alquilábamos luces y máquinas de humo en Caribú y creábamos una
atmósfera irreal donde tocar nuestras canciones. Beto y Rúben confiaban en
nosotros y nos adelantaban dinero para poder pagar lo que necesitáramos para el
show (Dalton: 2024).
No era solo grito y bronca sino que también había mucho hedonismo y
despreocupación. La música no era el rock críptico y punzante de los ‘80 sino un
rockandroll más sónico, distorsionado, con influencias de la escena californiana donde
el postpunk abría paso a las experiencias indie y a las bandas con un sonido garage.
Stooges, Pixies y Nirvana eran las influencias más trascendentales. Se parecía mucho a
una de esas películas gore clase Z, con tintes de ciencia ficción al estilo criollo, sin un
peso y a como dé lugar.
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Kristel Lateki (2016) Nos íbamos a comer el mundo. 20 años de rock en Uruguay.
1990-2009. Ediciones B.
Libreto para mi personaje no había, Ana si, tenía un guión base, pero como se
trataba de entrevistas a invitados había libertad de improvisar y generar una
conversación informal con ellos (Coates: 2023).
Pasaron por esa cama destartalada personajes como: Tabaré Rivero, Eduardo
Darnuachans, Maximiliano De la Cruz, Wilmar Cabrera, Daniel Figares, Jorge Esmoris,
Roberto Siboldi, Santiago Tavela, Ricky Musso, Gabriel Peluffo y Alberto Wolf.
También Daniel Lucas, Petru Valensky y Fernando Baramendi. Estos últimos fueran
quienes pasaron por la cama corriéndose de la heteronorma dentro de este clan perfecto
de la masculinidad noventera uruguaya.
-No no, yo no me lo estoy tomando para la joda. Omar Freire el que quiere
hacerle lavajes a la mujer narcisista.
Ana- No, hay una presentación tuya para el libro de Omar Freire. ¿Por qué?
Darno- Yo pienso que el señor, el señor, el señor -señala con su dedo, el mismo
que sostiene su Marlboro- en fin, todos los señores que están aquí de alguna u
otra manera sus padres y posiblemente sus hijos en el fondo de sus fantasías
piensa como Omar Freire. Y se queda callado con mirada seria.
Darno- Quiero decir una cosa final, creo que Omar es…
En los hechos el Junta era un boliche armado en lo que parecía ser una vieja casa
enorme. Mi lugar favorito era un altillo que hacía las veces de VIP para el elenco e
invitados. Cuando estuvo Mandráke Wolf, hasta se pudo fumar porro ahí, antes de la
función. Esa noche me fui pensando que había salido una nota muy buena, luego me
enteré que mientras estábamos en escena, afuera se armó gresca entre integrantes de dos
bandas de rock, pero nosotros nos mantuvimos totalmente por fuera. Yo siempre estaba
de espaldas al público por la posición del piano. Solo escuchaba reacciones sonoras si
las había y “sentía la vibra”, las entrevistas de Ana eran bien recibidas por la gente, para
mi todo estaba joya y si fue cierto lo de los líos, en nada influyó que se estuvieran dando
palo a pocos metros de nosotros (Coates: 2023).
Ana, vestida con lencería, cuero, tachas y accesorios que en aquel momento no
era común ver, le hacía preguntas a los invitados echada no recuerdo bien si en
una cama, un sillón o un diván. Mientras tanto, yo divagaba libremente al piano,
había un tercer integrante del elenco que hacía las veces de mayordomo y con el
que cada tanto nos tirábamos centros para improvisar algún chascarrillo (Coates:
2023)
Todas las semanas del año 1993 actuó el dúo Suarez y Troncoso. Se vestían de
calzoncillos largos y una camiseta blanca, sin ninguna escenografía hacían humor
absurdo en la línea «teatro cómic» con guiones propios.
«Probablemente con César estaríamos terminando de estudiar, con una energía
arrolladora, influenciados por la revista fierro (Cesar las tenía todas) sin un
mango, actuamos en Juntacadáveres por lo que podíamos tomar y a veces nos
pagaban. Con Cesar actuábamos borrachos por lo general, nunca sabías la hora
que ibas a entrar ni con qué te podías encontrar, el público se manifestaba según
la situación, por lo general catártico. Los melli la partían hace poco me encontré
con uno de ellos y me dijo que ese lugar le parecía delirante» (Suarez: 2023).
En la misma sintonía actuó también Carlos Belloso desde Buenos Aires. Era un teatro
milimétricamente ensayado, incisivo, que daba lugar todo el tiempo al humor y
reflexiones que estaban a tono con las urgencias, deseos y broncas de estas juventudes
ansiosas por escuchar y visionar este tipo de impactos teatrales. También desplegaba su
performance musical Antolin.
Antolin hacía unas cosas experimentales que a los más rockeros no les
interesaba. Muy creativo. También era una fauna que frecuentó el primer
juntacadáveres que no era solo de músicos (Tabares: 2023).
Había un grupo de teatro que ponía el tema
varias especies de animales de piel reunidos en
una cueva haciendo amistad con un pictón del
disco hummagumma de Pink Floyd. «Mientras
sonaba la música los actores iban demenciando
entre la gente, de repente leían poemas. Me
acuerdo de que luego terminó el show con una
banda de tango» (Diaz: 2019).
En los alrededores del boliche empezaba a elucubrar un siniestro juego del gato y el
ratón con la policía que les detenía y los encerraba en las comisarías por tomar una
cerveza, por fumar un fino de porro o simplemente por la apariencia. Quienes asistían
recuerdan que entrado el año 1992, si los fines de semanas no tenías para la entrada y
quedabas merodeando en las inmediaciones era frecuente que terminase la noche en el
calabozo. Juanpa Ramilo (2019) decía,
En Juntacadáveres, que estaba abierto todos los días entre semana iba pila
porque no cobraban, después, los fines de semana ya cobraban y no íbamos. No
teníamos un mango, la plata que teníamos era para comprar en los tres bares de
Paullier. Y quedabas a la deriva, mangueando unas chapas y terminabas cayendo
preso, tarde o temprano terminabas cayendo preso. Porque los milicos
empezaban con el patrulleo y te agarraban en Rivera y te levantaban. Siempre
terminabas en la cuarta o en la tercera.
Al principio era entrada libre y ahí lo que íbamos éramos nosotros. Luego
empezó a cambiar de gente, empezó a venir gente más de plata y nosotros
íbamos a hacer desastre y empezaron a cobrar entonces la cosa cambió, la gente
de plata estaba adentro y el punkekaje afuera. Y la cana iba barriendo eso y ya
no era un lugar para parar porque era un lugar donde no te querían. (Pablo
Pichicuervos: 2020).
El sábado 23 de octubre la policía llegó al lugar para clausurarlo con órdenes impartidas
desde la IMM, presidida por el doctor Tabaré Vázquez. Alegando falta de habilitaciones
y ruidos molestos la directora de cultura, María Julia Muñoz dispuso su cierre, «vayan a
poner su espacio de drogadictos lejos del centro de la ciudad» recuerda alguien que
expresó Muñoz en una reunión por el cierre del local.
Los efectivos policiales desde hacía semanas venían frecuentando y hostigando con
amenazas a los dueños del lugar. El viernes 22, cuando los Chicos Eléctricos tocaban, se
presentaron amedrentando al público e instando a Beto Quintans que debían cerrar el
lugar. Al día siguiente cuando los Cadáveres Ilustres estaban tocando, llegan
nuevamente los uniformados, Quintans le pide a la banda de Pablo Martin que
interrumpa el show para hablar con los policías. Minutos después Beto habilita seguir el
toque, suenan sólo un par de temas cuando la policía entra violentamente al local para
desalojarlo. Esa fue la última noche.
Juntacadáveres significó el under dentro del under. Un sitio donde las inconformidades
del mundo marginal pudieron construir un espacio donde encontrarse y practicar un
modo de habitar el mundo radicalmente distinto a la atmósfera conservadora uruguaya
de la posdictadura. En un país de cuerpos desaparecidos, torturados, encerrados,
silenciados y clausurados, todo acto de placer y de goce fue señalado como perverso,
perturbador y amenazante. Enunciando con gestos, miradas y bailes aquello que no es
pronunciable con palabras. Los boliches y la reapropiación de espacios urbanos
significaron territorios que identificaron caóticas geografías que contrastaban con el
afuera ordenadamente trágico y represivo (Jacoby: 2021). Un modelo de fuga del sujeto
sujetado al establishment heterosexual. Cambiando el aislamiento, el encierro y la
clandestinidad por la colectivización y la creatividad en colaboración.
Llegó el día en que de invitado iba a estar el Darno a quién, como cualquier otro
aprendiz de músico de mi edad, yo veneraba. La noche de la función en el Junta,
decidí llevar mi guitarra, de ninguna forma iba a perder la oportunidad de tocar
algo con el Darno aunque fuera en la "cueva vip". Alguien llevó una cámara
para grabar en video lo cual activó en mí, cierto pánico escénico que hasta
entonces nunca había aparecido. Quedaron registros de intentos poco dignos de
mi parte, de acompañar a Eduardo Darnauchans en guitarra más allá que la clase
magistral se aprovechó como se pudo, estando yo en una época y situación de
lidiar con conflictos internos que no recuerdo con especial agrado. De aquel
altillo pasamos a la función, a esa altura yo me sentía un profesional, tirando
gags, provocando risas y todo, pero fue esa la última función en que participé,
mi carrera como pianista y actor llegó a su fin aquella noche (Coater: 2023).
Eric Coates toca en su guitarra unos desprolijos arpegios. La cámara gira entre el humo
del Marlboro de Ana Blankleider y aparece la cara de Eduardo Darnuachans cantando
…. Se abre una puerta acompañada de gritos, es Gabriel Peveroni que se posa sonriente
sobre la cámara diciendo «maldita tarea la del curioso que roba imágenes de los demás,
maldita tarea del que busca y no encuentra». Ana solloza y Coates interpreta Norwegian
Wood de The Beatles mientras Darnuachans seca con sus manos las lágrimas de Ana
que caen a borbotones. Peveroni dice «acá está, acá está» abriéndose la comisura del
labio izquierdo con la cámara haciendo zoom en sus muelas. Ana llora, llora por el
dolor que atrae la vida. Llora porque había discutido una noche más con los restos que
quedaban de Ruben Omar. Gabriel abraza a Ana y le pide a Darnauchans que cante
Cecila. El Darno dice «no, no, no me la acuerdo» mientras se cuela desde la planta del
boliche Psycho Killer de Talking Heads El Darno le pide Blowin in the wind a Coates,
cantan unos versos. Darno prende otro Marlboro, abre la puerta y sale de escena. Erik
Coates y Ana Blankeider se abrazan. Fin de la escena.
(...) acaba de muequear una sonrisa creyendo que algún día habrá de regresar al
mundo y las horas de Bob, y queda en paz en medio de sus treinta años,
moviéndose sin disgusto ni tropiezo entre los cadáveres pavorosos de las
antiguas ambiciones, las formas repulsivas de los sueños que se fueron gestando
bajo la presión distraída y constante de tantos miles de pies inevitables (Juan
Carlos Onetti, Bienvenido, Bob: 1944)
Los malditos
La Cava de los Malditos no duró más de dos meses. Estaba ubicado sobre la Avenida
Gral Flores. Su dueño era Gabriel Richieri quien con apoyo de Daniel Vidal y Luis
Volonté abrieron, en el sótano de la casa de compraventa que tenía Gabriel, un espacio
para bailar la música que no pasaban en los bailes del Club Bohemios, Olimpia o el
Club Colón. El barrio, manejado por Los Tumánes era intenso.
Tuvieron que demoler y arreglar paredes, improvisar una barra y acondicionar
mínimamente un sótano para convertirlo en una pista de baile. En tiempo récords de
unos cuerpos jovencísimo abrieron un boliche. Todo sin un solo permiso de nada. De
manera Clandestino La Cava de los Malditos duró otro suspiro.
Actuaron, Claudio Tadei, Carlos Casacuberta, Héctor Bardanca y Luis Bravo. Gabriel
recuerda que había conocido, como compraventero a un expolicía con el cuál hicieron
migas y le ofreció manejar la puerta del boliche. Entre la puerta y el sótano había un
corredor largo de veinte metros. Y a mitad de camino había una pasada para bajar al
boliche.
Un día antes de abrir me había hecho una novia, María Noel. En un momento de
la noche cuando ella estaba subiendo la escalera, yo veo a un flaco que le mete
una mano en el culo. Y salté, cual macho cabrío y empezamos en una media
trifulca, donde se suma Daniel y alguien más. Terminamos subiendo al corredor
y pelaron, lo que se dice “corte carcelario”, que es como un cuchillo hecho a
mano. El hecho es que, con mi psicología de reducidor y yo que conocía a estos
pibes, le hice la psicológica y terminaron saliendo.
En este primer hecho es apuñalado levemente Daniel Vidal mientras la gente fugaba por
las azoteas de las casas comerciales aledañas.
Pero cuando salen, como toda mente compleja de un delincuente, querían entrar.
Empezaron a cagar a patadas la puerta, y nosotros a hacer fuerza para que no la
abriera. En ese momento estaban haciendo la vereda de Gral Flores y empezaron
también a cagarnos a pedradas. En el forcejeo de la puerta, había un mueble que
estaba para entregar y el mueble arranca el contador de la luz. Hecho que hace
cortocircuito y se corte la luz. Ya con el lío que había ocurrido antes, más el
corte de luz, griterío en el fondo. Recontra cagado, voy corriendo al local, llamo
a la policía. La policía viene y obviamente no había ni un puto Tuman. La
policía viene con tres o cuatro patrulleros y una camioneta, con ametralladoras,
de una forma totalmente desmedida. Pero además nos empezaron a tratar de
delincuentes a nosotros. El hecho es que terminaron llevándonos a nosotros
presos.