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Encuentro Veritas I t* a*t Vaile 2015
El último acontecimiento de este año sobre el que quisiera reflexionar en esta ocasión es
la celebración de la clausura del concilio Vaticano II hace cuarenta años. Ese recuerdo suscita
la pregunta: ¿cuál ha sido el resultado del Concilio? ¿Ha sido recibido de modo correcto? En
la recepción del Concilio, ¿qué se ha hecho bien?, ¿qué ha sido insuficiente o equivocado?,
¿qué queda aún por hacer?
Nadie puede negar que, en vastas partes de la Iglesia, la recepción del Concilio se ha
realizado de un modo más bien difícil, aunque no queremos aplicar a lo que ha sucedido en
estos años la descripción que hace san Basilio, el gran doctor de la Iglesia, de la.situación de
la Iglesia después del concilio de Nicea: la compara con una batalla naval en la oscuridad de
la tempestad, diciendo entre otras cosas: "El grito ronco de los que por la discordia se alzart
unos contra otros, las charlas incomprensibles, el ruido confuso de los gritos inintemrmpidos
ha llenado ya casi toda la Iglesia, tergiversando, por exceso o por defecto, la recta doctrina de
la fe..." (De Spiritu Sancto XXX, 77: PG32,213 A; Sch 17 bis, p. 52$. No queremos apli-
car preiisamente esta descripción dramática a la situación del posconcilio, pero refleja algo de
lo que ha acontecido.
Surge la pregunta: ¿Por qué la recepción del Concilio, en grandes zonas de la Iglesia, se
ha realizado hasta ahora de un modo tan difícil? Pues bien, todo depende de la correcta inter-
pretación del Concilio o, como diríamos hoy, de su correcta hermenéutica, de la coruecta cla-
ve de lectura y aplicación.Los problemas de la recepción han surgido del hecho de que se han
confrontado dos hermenéuticas contrarias y se ha entablado una lucha entre ellas. Una ha
causado confusión; la otra, de forma silenciosa pero cada vez más visible, ha dado y da fru-
tos.
Por una parte existe una interpretación que podría llamar "hermenéutica de la disconti-
nuidad y de la ruptura"; a menudo ha contado con la simpatía de los medios de comunicación
y también de una parte de la teología moderna. Por otra parte, está la "hermenéutica de la re-
forma", de la renovación dentro de la continuidad del único sujeto-Iglesia, que el Señor nos
ha dado; es un sujeto que crece en el tiempo y se desarrolla, pero permaneciendo siempre el
mismo, único sujeto del pueblo de Dios en camino.
1
Los subtítulos y subrayados se agregan para facilitar la lectura, cfr. texto en RT 1 10 (2010) 13-22.
La Iglesia I Misterio de salvación
así se tergiversa en suraízla nattraleza de un Concilio como tal. De esta manera, se lo consi-
dera como una especie de Asamblea Constituyente, que elimina una Constitución antigua y
crea una nueva. Pero la Asamblea Constituyente necesita una autoridad que le conflrera el
mandato y luego una confirmación por parte de esa autoridad, es decir, del pueblo al que la
Constitución debe servir.
Los padres no tenían ese mandato y nadie se lo había dado; por lo demás, nadie podía
dárselo, porque la Constitución esencial de la Iglesia viene del Señor y nos ha sido dada para
que nosotros podamos alcanzar la vida eterna y, partiendo de esta perspectiva, podamos ilu-
minar también la vida en el tiempo y el tiempo mismo.
Los obispos, mediante el sacramento que han recibido, son fiduciarios del don del Se-
ñor. Son "administradores de los misterios de Dios" (1 Co 4, I), y como tales deben ser "fieles
y prudentes" (cf. Lc 12,41-48). Eso significa que deben administrar el don del Señor de modo
correcto, para que no quede oculto en algún escondrijo, sino que dé fruto y el Señor, al final,
pueda decir al administrador: "Puesto que has sido fiel en lo poco, te pondré al frente de lo
mucho" (cf. Mt 25, 14-30; Lc 19, ll-27). En estas parábolas evangélicas se manifiesta la di-
námica de la fidelidad, que afecta al servicio del Señor, y en ellas también resulta evidente
que en un Concilio la dinámica y la fidelidad deben ser una sola cosa.
la Iglesia y su fe, por una parte, y el hombre y el mundo actual, por otra (cf. ib., pp. 1173-
1181). La cuestión resulta mucho más clara si en lugar del término genérico "mundo actual"
elegimos otro más preciso: el Concilio debía determinar de modo nuevo la relación entre la
Iglesia y la edad moderna.
Esta relación tuvo un inicio muy problemático con el proceso a Galileo. Luego se rom-
pió totalmente cuando Kant definió la "religión dentro de la razón pura" y cuando, en la fase
radical de la revolución francesa, se difundió una imagen del Estado y del hombre que prácti-
camente no quería conceder espacio alguno a la Iglesia y alafe. El enfrentamiento de la fe de
la Iglesia con un liberalismo radical y también con unas ciencias naturales que pretendían
L. abarcar con sus conocimientos toda la realidad hasta sus confines, proponiéndose tercamente
hacer superflua la "hipótesis Dios", había provocado en el siglo XD(, bajo Pío D(, por parte de
la Iglesia, ásperas y radicales condenas de ese espíritu de la edad moderna. Así pues, aparen-
temente no había ningún ámbito abierto a un entendimiento positivo y fructuoso, y también
L
eran drásticos los rechazos por parte de los que se sentían representantes de la edad moderna.
Sin embargo, mientras tanto, incluso la edad modema había evolucionado. La gente se
daba cuenta de que la revolución americana había ofrecido un modelo de Estado moderno
diverso del que fomentaban las tendencias radicales surgidas en la segunda fase de la revolu-
ción francesa. Las ciencias naturales comenzaban a reflexionar, cada vez más claramente,
sobre su propio límite, impuesto por su mismo método que, aunque realizaba cosas grandio-
sas, no era capaz de comprender la totalidad de la realidad.
Así, ambas partes comenzaron a abrirse progresivamente la una a la otra. En el período
entre las dos guerras mundiales, y más aún después de la segunda guerra mundial, hombres de
Estado católicos habían demostrado que puede existir un Estado moderno laico, que no es
neutro con respecto a los valores, sino que vive tomando de las grandes fuentes éticas abiertas
L por el cristianismo.
La doctrina social católica, que se fue desarrollando progresivamente, se había conver-
tido en un modelo importante entre el liberalismo radical y la teoría marxista del Estado. Las
ciencias naturales, que sin reservas hacían profesión de su método, en el que Dios no tenía
acceso, se daban cuenta cadavez con mayor claridad de que este método no abarcaba la tota-
\- lidad de la realidad y, por tanto, abrían de nuevo las puertas a Dios, sabiendo que la realidad
es más grande que el método naturalista y que lo que ese método puede abarcar.
I
La Iglesia I Vtisterio de salvación
Por eso ante la revelación nos encontramos hoy día desconcertados, perplejos; y ante
ella nos preguntamos, sobre todo cuando estudiamos la religiosidad de Asia, si no hubiese
sido mucho más sencillo creer en lo eterno y escondido, fiarse de él a conciencia; si no hubie-
se sido mejor que Dios nos hubiese dejado en una lejanía infinita; si no hubiese sido más rea-
lizable escuchar, separados de lo mundano y en tranquila contemplación, el misterio eterna-
mente incomprensible, que entregarnos al positivismo de la fe en una persona y vincular la
salvación del hombre y del mundo a una cabeza de aguja. A un Dios reducido a un punto, ¿no
debemos eliminarlo de una concepción del mundo que ha reducido al hombre y a su historia a
un grano insignificante de arena dentro del todo que el mismo hombre en los ingenuos años
de su infancia ha considerado como el centro del universo? ¿No ha llegado la hora de que el
hombre superada la infancia despierte del sueño, se restriegue los ojos, rechace ese sueño ton-
to por muy bonito que fuese, y entre sin duda en ese potente conjunto en el que está metida su
vida que, al aceptar su insignificancia, adquirirá un nuevo sentido?
El problema así formulado, nos dice que detrás del escándalo al parecer secundario, entre
lo "pasado" y lo "actual", estií el escándalo más serio del "positivismo" cristiano. Con esto
abordamos el problema de la fe cristiana en toda su profundidad, como debe hacerse hoy día.
¿Podemos todavía creer? La pregunta ha de ser más radical todavía: ¿no debemos, no tenemos
la obligación de despertar del sueño y entrar en la realidad? El cristiano de hoy tiene que
hacerse estas preguntas y no debe contentarse con comprobar que, a pesar de las amen¿Lzas y
cambios, siempre hay a la mano una interpretación del cristianismo que no escandaliza. Si la
teología nos dice un día, por ejemplo, que la "resurrección de los muertos" significa que el
hombre nuevo, diaria e infatigablemente tiene que ir a la obra del futuro, hemos eliminado el
escándalo, ¿pero hemos sido fieles? ¿No hay deslealtad en querer mantener en pie el
cristianismo en base de interpretaciones como las actuales? Cuando nos amenaza la idea de
refugiarnos en esas interpretaciones, ¿no debemos más bien confesar que estamos
acogotiándonos? ¿No tenemos entonces que entrar sencilla e indudablemente en la realidad
duradera? Digámoslo abiertamente: un cristianismo interpretado de manera que se le prive de la
realidad, es una falta de sinceridad ante lo problemas de los no cristianos, cuyo "quizá no" nos
amenazatan seriamente como quisiéramos que nuestro "q\izá" cristiano les amenazase a ellos.
Encuentro Veritas I fafi aet Valle 2015
Nuestra respuesta es esta: [la fe] es la forma de permanecer del hombre en toda la reali-
dad, forma que no se reduce al saber ni que el saber puede medir; es la orientación sin la que el
hombre estaría sin patria, la orientación que precede al calcul ar y acfriar humanos, y sin la que
no podría ni calcular ni actuar, porque eso sólo puede hacerlo en el sentido de la inteligencia
! que lo lleva. ...
2Véase H. F¡ies, Glauben-Wissen, Berlin,1960, especialnente p. 84-95; J. Mouroux, Creo en tí, Flors, Barcelona 1964;
\_-
C. Cime-Lima , Der personale Glaube,lnnsbruck, 1959.
La Iglesia I Vtisterio de salvación
Como hemos visto anteriormente, esto no elimina la reflexión. Al que sus discípulos
llamaban rabí de Nazaret, al más grande, a aquél de quien era mensajero, preguntó Juan Bau-
tista en una hora oscura, angustiosa: ¿eres tú el profeta? ¿lo era realmente? El creyente vivirá
siempre en esa oscuridad en la que le rodea, como prisión de la que no puede huir, la oposi-
ción del no creyente. La indiferencia del mundo que continúa como si nada hubiera sucedido,
parece ser sólo una burla de sus esperanzas. ¿Lo eres realmente? A hacernos estas preguntas
nos obliga la honradez del pensamiento y la responsabilidad de la razón y también la ley in-
terna del amor que quisiera conocer más y más a aquel a quien han dado su sí para amarle más
y más. ¿Lo eres realmente? Todas las reflexiones de este libro están subordinadas a esta pre-
gunta y giran en torno a la forma fundamental de la confesión: yo creo en tí, Jesús de Nazaret,
como inteligencia ("Logos") del mundo y de mi vida.
San Pablo nos dice que "la fe viene de la audición" (Rom 10, 17). Esto podría parecer
una idea propia de un determinado tiempo, por consiguiente, mutable; a alguien le podría pa-
recer el resultado de una determinada situación sociológica de modo que, en yez de eso, algún
día se podría afirmar que "la fe viene de la lectura" o "de la reflexión". En realidad, aquí hay
algo más que un mero reflejo de una determinada situación histórica pasada. La frase "la fe
viene de la audición" expresa la estrucfura permanente de lo que aquí se realiza. En ella se
revela la diferencia fundamental existente entre la fe y la pura filosofía, lo cual no obsta para
que la fe, en zu ser más Íntimo, movilice la búsqueda filosóhca de la verdad.
Con otras palabras diremos que en la fe predomina la palabra sobre la idea, y esto la
desvincula estructuralmente del sistema filosófrco. En la filosofía el pensamiento precede a la
idea; las palabras, producto de la reflexión, vienen después de ésta; las palabras ion siempre
secundarias, y la idea podría expresarse también con otras, no estas palabras. La fe, .., .á--
bio, entra en el hombre desde el exterior; es esencial que venga de afuera. Lo repito: la fe no
es lo que yo mismo me imagino, sino lo que oigo, lo que me interpela, 1o que mé ama, lo que
me obliga, pero no como pensado ni pensable. Es esencial para la fe la doble estructura del
"¿crees?" -
"creo", la del ser llamado desde afuera y responder a esa llamada. No es, pues,
anormal, excepción hecha de poquísimos casos, decir que no ha sido la búsqueda privaáa de
Encuentro Veritas I fafi aet Val1e 2015
\- la verdad la que ha llevado a la fe, sino la aceptación de lo que se oyó. La fe no puede ni debe
ser puro producto de la reflexión. Hay quienes creen que la fe puedé nacer porque nos la ima-
ginamos, porque podemos encontrarla siguiendo el camino de la búsqueda privada de la ver-
dad; esta concepción es expresión de un determinado ideal, de una actitud del pensamiento
que ignora que lo característico de la fe es ser aceptación de lo que no puedo imaginarme.
Pero ha de ser aceptación responsable en la que no considero lo recibido como propiedad mía;
no puede aceptarse lo recibido en toda su grandeza, pero sí puedo apropiármelo más y más
porque yo mismo me he entregado a ello como a lo más grande.
La estructura dialógica de la fe diseña una imagen del hombre. Pero muestra tam-
bién una imagen de Dios. El hombre logratratar con Dios cuando trata con los demás hom-
bres, sus hermanos. La fe se ordena por esencia altíy al nosotros; sólo a base de esta doble
condición une al hombre con Dios. Demos la vuelta a la frase: la estructura íntima de la fe no
separa la relación con Dios de la co-humanidad. La relación con Dios, con el tú y con el noso-
tros se entrelazan, no se yuxtaponen. Desde otro punto de vista podemos afirmar que Dios
quiere venir a los hombres sólo mediante los hombres; busca a los hombres en su co-
humanidad.
Esto puede hacernos comprender, dentro del espacio íntimo de la fe, las circunstancias
que pueden parecer extrañas y hacer problemática la actitud religiosa del individuo. La fenome-
nología de la religión nos enseña, y nosotros podemos comprobar lo mismo, que en todos los
campos del espíritu humano hay una jerarquía de aptitudes. En la religión pasa 1o mismo que en
la música: hay talentos creadores, talentos receptores y otros, en fin, que de músicos no tienen
nada. También en lo religioso hay "dotados" y "no-dotados"; también aquí son muy pocos los
que pueden tener experiencia religiosa inmediata y, por tanto, algo así como la potestad religio-
La Iglesia I tvtisterio de salvación 10
sa creadora por razón del vital descubrimiento del mundo religioso. El "intermediario" o el
"fundador", el testigo o el profeta, los llame la historia de la religión como quiera, capaces de un
contacto directo con lo divino, son siempre una excepción. A muy pocos se manifiesta lo divino
con evidencia; otros muchos son sólo receptores; no tienen experiencia inmediata de lo santo y,
sin embargo, no eslán tan entumecidos como para no poder experimentar el encuentro mediante
los hombres a quienes se les concede esa experiencia.
Surge aquí una objeción: ¿no sería mejor que cada hombre tuviese acceso inmediato a
Dios, si la "religión" es una realidad que atañe a todos y si cada uno necesita igualmente a
Dios? ¿No deberían tener todos "igualdad de oportunidades"? ¿No deberían tener todos la
misma seguridad? Nuestro principio pone ya quizá de manifiesto que esta cuestión conduce al
vacío: el diálogo de Dios con los hombres se lleva a cabo en el diálogo de los hombres entre
sí. La diferencia en las aptitudes religiosas, que divide a los hombres en "profetas" y en oyentes,
les obliga a vivir juntos, a vivir para los demás. El programa que Agustín propuso en su
juventud y el alma, nada más" es irrealizable, más aún, no es cristiano. En último
-66pi6s -
término, no hay religión en el camino solitario del místico, sino en la comunidad de la
predicación y de la audición. El diálogo de los hombres con Dios exige y condiciona el diálogo
de los hombres entre sí. Quizá el misterio de Dios sea ya desde el principio, aunque no siempre
llegue a feliz término, la más apremiante exigencia de los hombres al diálogo; un diálogo que,
por muy cortado y gastado que parezca. hace siempre retumbar el "logos", la auténtica palabra
de donde proceden las demás palabras que, a su vez, quieren expresarla en continuo ímpetu.
El diálogo no tiene todavía lugar cuando se habla sobre algo. Se da auténtico diálogo
entre los hombres cuando intentan expresarse a sí mismos, cuando el diálogo se convierte en
comunicación. Y eso tiene lugar cuanáo el hombre se expresa a sí mismo, yá q,.," entonces de
alguna forma se habla de Dios, que es el auténtico tema de discusión de los hombres, ya desde
el principio de su historia. Y cuando el hombre se expresa a sí mismo, en la palabrahumana
entra también, juntamente con el logos humano, el logos de todo ser. Por eso enmudece el
testimonio de Dios cuando el lenguaje se convierte en técnica de comunicación sobre "algo".
Dios no aparece en el cálculo logístico'. qrirá la dificultad que hoy día experimentamos al
hablar de Dios se funde en que nuestro lenguaje tiende cada díamás a ser puro cálculo; en que
nuestro lenguaje sea pura significación de comunicación técnica; en que cada díadisminuya el
encuentro con el logos de todo ser en quien, conscientemente o sólo en el corazón, entramos
en contacto con el fundamento de todo.
3 Cl F G. IÜ\fGER, Sprache und Kalkiú\, Die kinste im technischen Zeitalter, editado por la Academia bávara de
Bellas Artes. Darmstadt 1956.
¿ Cf. Selv AcustiN, Confesion¿s
VIII, 2,3-5 el relato de la conversión de Mario Victorino y la impresión que le cau-
só a san Agustín; Cf. A. Sot-Icts tc, Le circle milanais, en Les Confessions (Oeuores de Saint Agustin l4). DDB, paris
1962,529-536.
Encuentro Veritas I fafi aet Vaile 2015 11
Por eso son esenciales a la fe la profesión, la palabra,la unidad que opera, la participa-
ción en el culto divino de la asamblea y, por ñn, la comunidad que llamamos lglesia. La fe
cristiana no es una idea, sino vida; no es espíritu para sí, sino encarnación, espíritu en el cuer-
po de la historia y en el nuestro. No es mística de la autoidentificación del espíritu con Dios,
sino obediencia y servicio: superación de sí mismo, liberación del yo al ponerse al servicio del
todo mediante lo que yo no puedo ni hacer ni pensar.
El neófito en este tipo de pensamiento debe prepararse paratrabajar duramente aquí. Pa-
so definitivo en nuestro avance en el campo de la teología es captar algodel significado de los
conceptos nafuraleza y persona. Afortunadamente el primer paso de nuestra investigación
puede darse con relativa facilidad. Empezamos por nosotros mismos. Una frase tal como "mi
nattraleza" sugiere inmediatamente que hay una persona, yo, que posee una naturaleza. La
persona no puede existir sin su nattraleza, pero hay al mismo tiempo una distinción; pues es
la persona la que posee lanaturaleza, y no a la inversa.
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En el párrafo siguiente dice el autor: "El principio es aquí importante. El hombre está hecho a imagen y seme-
lanza de Dios. Y, por tanto, es cierto que el hombre se parece a Dios. Sin embargo, nunca nos es permitido razo-
nar con certeza, partiendo de una imagen, la auténtica realidad del original de la imagen en cuestión, nunca po-
demos estar seguros de que porque la imagen es de este y aquel modo, el original debe por tanto ser precisamen-
te de este y aquel modo. Una estatua puede ser una excepcional estatua de un hombre. Pero nosotros no podemos
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[No] debemos [...] decir tres personas separadas, sino tres personas distintas, puesto
que aunque son distintas ----€s decir, ninguna de ellas es cualquiera otra de ellas- no pueden
!-. ser, sin embargo, separadas, pues cada una es lo que ella es por la total posesión de una misma
nattraleza; separada de esta misma naturaleza, ninguna de las tres personas puede existir en
absoluto. Y no debemos emplear ninguna frase que pueda sugerir la idea de que las tres per-
sorras reparten la naturaleza divina. Pues [...] en lo infinito se da la suma simplicidad, no hay
partes, no hay por lo tanto posibilidad de repartir. La infinita naturaleza divina puede ser po-
seída solamente en su totalidad. Dicho con las palabras del cuarto Concilio lateranense: "Hay,
efectivamente, tres personas, pero una sola y simple sustancia, esencia o nattxaleza."
Resumiendo, podemos enunciar la doctrina del siguiente modo: el Padre posee toda la
nattraleza de Dios como suya propia, el Hijo posee toda la nafixaleza de Dios como suya
propia, el Espíritu Santo posee toda la nat'xaleza de Dios como suya propia, y, por tanto,
puesto que la nattraleza de cada ser decide lo que el ser es, cada una de las personas es Dios,
\-
totalmente y por tanto igual a las otras dos. Y además, puesto que la naturaleza decide lo que
la persona puede hacer, hay que deducir, por tanto, que cada una de las tres personas que po-
seen totalmente la naturaleza divina puede hacer todas aquellas cosas que pueden hacerse
siendo Dios6.
Para completar este primer paso de nuestra investigación, permítasenos ahora volver a
aquella cuestión que en el diálogo que tomamos como ejemplo produjo tanta confusión por
culpa del creyente: ¿por qué, si cada una de las tres personas es enteramente Dios, no hay tres
dioses? Larazón por la cual no nos es dado afirmar que hay tres dioses, aparece clara si con-
L sideramos por un momento cuál es el significado de la frase paralela, "tres hombres".
Esta querría significar tres personas distintas, poseyendo cada una de ellas su humana
nafixaleza. Pero, nótese bien, aunque sus naturalezas serían semejantes, cada una de ellas po-
\- seería la suya propia. El primero de los hombres no podría pensar con la inteligencia del se-
gundo, sino tan sólo con la suya propia; el segundo de los hombres no podría amar con la vo-
luntad del tercero, sino tan sólo con la suya propia. La frase "tres hombres" significaría tres
personas distintas, cada una de eilas con su separacia nattxaleza humana, su propio y separado
contenido como hombre; la frase "tres dioses", querría decir tres personas distintas, cada una
de ellas con su propia y separada naturaleza divina, su propio y separado contenido como
Dios. Pero en la Santísima Trinidad no sucede así. Las tres personas son Dios, no por la pose-
deducir que el hombre debe ser un hombre muy rígido porque la estatua es muy rígida. La estatua es rígida no
\__ porque el hombre lo sea o deje de serlo, sino porque la piedra es rígida. Y de igual modo hay que pensar respecto
a las demás cualidades y defectos de la imagen; la cuestión se plantea, por tanto, bajo el siguiente aspecto: ¿exis-
te tal o cual cualidad en la imagen porque así existe en el original, o la hallamos simplemente porque el material
de que está hecha esa imagen posee tal cualidad? Y de este mismo modo hay que razonar respecto a Dios. Cuan-
do aprendemos cualquier cosa acerca del hombre, nos hemos de plantear siempre la pregunta de si el hombre es
i
así porque así es Dios, o bien porque éste es el mejor modo posible para reproducir la semejanza de Dios en un
ser creado de la nada. Planteada la cuestión de este modo, tenemos que admitir siempre la necesidad de escalar lo
infinito partiendo de esta finita semejanza."
u
Todo esto 1o hallamos en el misal, en el prefacio de la Santísima Trinidad: "Padre omnipotente, Dios eterno,
que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios y un solo Señor, no con unidad de persona,
sino en la Trinidad de una misma sustancia, y así pues lo mismo que, por tu revelación, creemos de tu gloria, eso
mismo creemos también, sin diferencia alguna, de tu Hijo, y lo mismo del Espíritu Santo. De modo que, confe-
sando una divinidad verdadera y eterna, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia y la
\-. igualdad en la majestad." (Nota de edición que contiene texto del original).
\__
La Iglesia I tvtisterio de salvación 14
sión de iguales y semejantes naturalezas, sino por la posesión de una sola naturaleza; ellas
hacen efectivamente [o que no podrían hacer nuestros tres hombres, cónocer con un mismo
intelecto y amar con una misma voluntad. Ellas son tres personas, pero no son tres dioses, son
un solo Dios.
Dios, como ya dijimos, conoce y ama, pues esas son las operaciones propias del Espíri-
tu. Puesto que es infinito, su conocimiento y su amor son infinitos. Puesto qr" Él es infinito,
su conocimiento y su amor son simplemente Él mismo. En la siguiente consideración de Dios,
viviendo en el interior de su propia naturaleza una vida de inf,rnito conocimiento e infinito
amor podremos alcanzar un ulterior conocimiento de las tres personas y de las relaciones que
ellas mantienen entre sí.
Esta última palabra, eterno, pudiera sugerirnos por un instante una vacilación, porque en
el parentesco humano el padre es necesariamente más viejo que el hijo, y nuestra mente, fá-
cilmente engañada por el hábito, tiende a pensar que cuanto se da invariablemente en las co-
sas que se ofrecen a nuestra experiencia, se debe a la misma esencia de las cosas. Debemos
aquí aplicar una vez más el principio ya expuesto al referirnos a la semej anza de la imagen y
su original. La paternidad en el hombre es, en cierto modo, semejante a la patemidad en Dios.
En el hombre, el padre debe existir antes, y ciertamente bastante antes, que el hijo. Pero para
que nuestro juicio sea exacto debemos hacernos la pregunta de si ello sucede porque la pater-
nidad es así, o si se debe, en cambio, a la propia naturaleza del hombre. Y preguntar la cues-
tión es ya responder a ella. Hemos visto la definición de "filiación", el origen de una cosa
viviente procedente de otra cosa viviente, por la comunicación de la substancia en la semejan-
za de naturaleza. Y conociendo esto, conocemos también la relación entre el padre y el hijo.
No hay en todo ello ninguna cuestión de un lapso de tiempo entre el comenzar a existir y la
generación de un hijo. Este lapso de tiempo nace no de la naturaleza misma de la idea de "fi-
liación", sino de la natt¡raleza finita del hombre, especialmente del hecho de que él no co-
mienza a existir con la plena posesión de todos sus poderes, sino que los adquiere gradual y
paulatinamente. El hombre necesita algún tiempo antes de que pueda engendrar un hijo. Pero
no cabe pensar que Dios necesite una fracción de eternidad antes de que El sea capaz de en-
gendrar un Hijo; no existe efectivamente ninguna fracción de eternidad, puesto que la eterni-
dad es algo indivisible; Dios simplemente es, y en el solo acto de ser se da cuanto Él es, y
simplemente siendo El mismo es Padre de su Hijo. Dios jamás ha existido sólo como Padre, el
Padre y el Hijo son coeternos; y de ello podemos deducir inmediatamente una consecuencia
de su igualdad, puesto que vemos que son igualmente necesarios. Ni por un solo instante de-
bemos pensar en el Padre como necesario y el Hijo como algo hasta cierto punto contingente.
No podría existir la igualdad entre lo necesario y lo contingente. Es cierto que el Hijo recibe
su naturaleza del Padre, pero no como resultado de una decisión que el Padre pudiera muy
bien no haber tenido. Por la misma necesidad infinita el Padre es y es Padre alavez; es decir,
por la misma necesidad infinita el Padre es y el Hijo es.
Y nos ha sido posible llegar tan lejos siguiendo tan sólo la clave contenida en la palabra
Hijo. Hay una segunda persona, igual en todo a la primera, Dios como aquélla es Dios, infini-
ta como aquélla es infinit¿. Sin embargo, tropezamos aquí con una aparente y enonne dificul-
tad. Dicho en palabras sencillas, parece que hayamos llegado a establecer dos dioses, dos infi-
nitos, y dos infinitos es una contradicción en los términos, puesto que en el momento mismo
que intentamos concebir dos infinitos nos damos cuenta de que cada uno de ellos estaría limi-
'A algr,nos teólogos les desagrada la palabra "producido" por cuanto puede sugerir la idea de un "llegar a ser" o
de causa eficiente del Padre respecto al Hijo. Pero todos los verbos de que dispone la lengua resultan igualmente
inexactos para expresar el concepto. Debemos, pues, corregir en nuestra propia mente el significado exacto de la
\. palabra, siempre que la usemos con esta intención.
\-
La Iglesia I Vtisterio de salvación t6
tado por el hecho de que el otro estaría por encima de su poder, y dos infinitos limitados no
serían tales infinitos. El problema surge de que el concepto de "filiación" humana nos sugiere
una semejanza o igualdad de natrxaleza, pero no una unidad de naturaleza; :unpadre y el hijo
son iguales en naturaleza, ambos tienen naturaleza humana, pero cada uno de ellos tiene sus
propias características y cualidades como hombre, su propia y separada nattxalezahumana.
Es evidente que si Dios tiene una palabra, esta palabra no será una palabra vocal, una
expiración modulada por la garganta, los labios, la lengua y los dientes. Dios no es así. Dios
es un espíritu puro y una Palabra debe ser una palabra en la mente , verbum mentale, dicho con
otras palabras, un pensamiento, una idea. Debemos ahora ser muy precisos en el examen del
significado de
el pensamiento o idea en la mente de Dios,
el cual era en el principio con Dios,
el cual era el unigénito Hijo de Dios,
el que se hizo carne y habitó entre nosotros.
Dios, según su Iglesia nos enseña, vive una vida infinita de conocimiento y amor. Fijé-
monos en el conocimiento. Dios conoce, conoce infinitamente, pero ¿qué es lo que conoce? Si
concebimos a Dios como conociendo .tan sólo. el universo qr" É1 creó, empequeñecemos
nuestro concepto de Dios de un modo inaceptable, Pues por inmenso que el universo pueda
parecemos, es siempre f,tnito, y lo finito jamás puede ser un objeto adecuado al conocimiento
infinito; es siempre algo contingente, es decir, pudiera no haber existido jamás si Dios no lo
hubiera creado, y es completamente absurdo pensar que creó Dios el universo con el fin de
tener algo sobre lo que ejercer un poder de conocimiento. Es obvio que el único objeto ade-
cuado al conocimiento infinito es el Infinito, Dios mismo. Hasta este punto podemos llegar
por la razón, pero ciertamente no es muy lejos. El concepto de Dios conociéndose a sí mismo
es verdad, pero más bien parece una barrera que una invitación para el pensamiento. Parece
un círculo cerrado que no nos deja ir a ninguna parte. Sin embargo, laraz6n, por sí misma, no
podría ir más allá. Sólo la revelación de Dios nos dice lo que nuestra razón jamás hubiera po-
dido descubrir: que Dios, conociéndose a sí mismo con conocimiento infinito, pensando en sí
mismo con infinito poder, engendra una idea de sí mismo. Con este elemento de información,
se nos abre súbitamente el círculo cerrado, cae la barrera y toda la íntima y amplia vida de
Dios nos invita a su conocimiento.
El párrafo que sigue debe ser leído por los principiantes con el más esmerado cuidado,
debe ser estudiado minuciosamente.
Encuentro Veritas I tafl aei Va11e 2015 t7
Una idea es, en cuanto podamos lograr que lo sea, el doble mental o la simple imagen
del objeto que estamos contemplando; expresa tanto del objeto cómo nosotros podamos in-
corporar en ella. Dada la limitación de nuestras facultades, la idea que nosotros podemos for-
mar nunca es el doble o la imagen exacta y perfecta, jamás expresa totalmente el objeto; para
decirlo de manera sencilla, nunca es totalmente adecuada. Pero si Dios concibe una idea de sí
mismo, según sabemos por Él mismo que lo hace, esta idea debe ser totalmente adecuada, en
forma alguna inferior al Ser del cual es idea, no careciendo de nada de cuanto aquel Ser posee.
L La idea debe contener todas las perfecciones que contiene el ser del cual es idea. No puede
haber nada en el pensador que no exista también en su pensamiento de sí mismo; de otra ma-
\.- nera, el pensador estaría pensando de sí mismo inadecuadamente, lo cual es imposible para el
Infinito. Por lo tanto, la Idea, la Palabra que Dios engendra, es infinita, etema, viva, una per-
sona, igual en todo a aquel que la engendra: es alguien tal como Él lo consciente de sí
mismo tal como El lo es, Dios tal como El lo es.
"r,
Podemos ver que el análisis de todo esto nos lleva a las mismas verdades que alcanzá-
bamos en nuestra investigación en torno al significado de la palabra Hijo. El Hijo es igual en
naturaleza, igual en todas las cosas al Padre, Dios como El.La idea es igual en naturaleza alo
U
que el infinito pensador está pensando - a saber, Él rrir..ro - igual u Él todas las cosas,
".,
Dios como El. Y es así como san Pablo puede hablar del Hijo como "la imagen de Dios invi-
sible". Hablamos con frecuencia del hijo como imagen de su padre, y aun como viva imagen.
Este Hijo lo es. Es de la esencia misma de un hijo, de cualquier hijo, el que deba ser igual que
su padre; es de la esencia de una idea, de cualquier idea, el que deba ser igual a aquello acerca
de lo cual el pensador está pensando. El Padre infinito engendra un Hijo infinito, infinitamen-
te semejante a El; el infinito pensador, pensando acerca de sí mismo, engendra una Idea infi-
nita, infinitamente semejante a El.
Hasta ahora la palabra Palabra nos ha llevado hasta las mismas verdades acerca de la
relación de la segunda persona respecto de la primera, como la palabra Hijo. Y podemos aún
descubrir otro paralelo. Un hijo no es su padre, y si el Hijo de Dios es una persona, es una
persona distinta. Un pensamiento no es el pensador, y si el pensamiento de Dios es una perso-
na, debe ser una persona distinta.
\-
Pero con el término Palabra podemos dar un paso más. Pues aunque el pensamiento no
es el pensador, el pensamiento está en la naturaleza del pensador; no es una naturaleza sepa-
rada, tal como lo es la naturaleza del hrjo - en nuestra experiencia humana - respecto de la
nafiraleza de su padre. El pensamiento es algo que está dentro de la misma naturaleza del
pensador. Y así tenemos a Dios dentro de su propia naturaleza engendrando una idea que,
porque es una idea, está enteramente dentro de esa natttaleza, y porque es una idea adecuada
contiene totalmente esa naturaleza.El Hijo no tiene nada que no haya recibido del Padre; pero
el Padre no tiene nada que no haya dado al Hijo. Uno posee la naturaleza divina como no re-
cibida, el otro, como recibida: pero cada uno la posee en sí totalmente, y no hay huellas de
una desigualdad entre ellos.
(_ t Hemos visto ya que los atributos de Dios son una misma cosa con El mismo y recíprocamente entre sí. El co-
nocimiento y el amor de Dios no son en sí mismos dos principios distintos. Pero su realidad, poder y fecundidad
\-,
no está por ello disminuida. Dios puede producir un perfecto acto de conocimiento y un perfecto acto de amor.
La Iglesia I Misterio de salvación 18
conoce a sí mismo; el acto del conocimiento de sí mismo, produce una Idea, una Palabra y
esta Idea, esta Palabra, la perfecta imagen de Él mismo, es la segunda persona. La primera
persona y la segunda se funden en un acto de amor: el amor de uno al otro, el amor de la glo-
ria de la divinidad que es la suya propia; y del mismo modo que el acto de conocer produce
una Idea en la intimidad de la natvaleza divina, el acto de amar produce un estado de Amor
en la intimidad de lanaf:.traleza divina. En este Amor, el Padre y el Hijo vierten cuanto tienen
y cuanto son, sin disminución ni regateo. Y así este Amor en la intimidad de la divinidad es
completamente igual al Padre y al Hijo, pues se han volcado enteramente en é1. No hay nada
que posean ellos que no lo posea también su Amor. Su Amor, por tanto, es también infinito,
eterno, viviente, alguien, una persona, Dios. Obsérvese que de nuevo aquí nos hallamos aún
en la intimidad de la natttraleza divina. Pues el amor se halla enteramente en la natt¡raleza
misma del amante. Pero este amor contiene además enteramente la naturaleza divina, pues
Dios puso la totalidad de sí mismo en este amor.
[...] Permítasenos repetir con un poco más de detalles dos de las verdades ya enuncia-
das respecto a la procesión de la tercera persona. La primera es que el Espíritu Santo procede
del Padre y del Hijo como de un único principio de amore. [...]
Nótese además que la palabra engendrado está reservada ala procesión de la segunda
persona respecto de la primera. El Padre y el Hijo no engendran al Espíritu Santo. Para esta
segunda procesión la Iglesia emplea la palabra espirar. El Padre engendra al Hijo; el Padre y
el Hijo espiran al Espíritu Santo. Larazón se halla en que la semejanza de la segunda persona
a la primera resulta precisamente del hecho de que se da por vía de conocimiento. Es una pro-
piedad del conocimiento producir en la mente algo semejante ala cosa conocida, como es una
propiedad de la generación producir algo semejante al ser que engendra. Pero no pertenece a
la naturaleza del amor producir la semejanza. La tercera persona es igual a la primera y la
segunda, no porque el amor como tal produzca la semejanza o igualdad, sino porque en este
caso los amantes se han volcado enteramente en este amor. Del mismo modo que en el caso
del Hijo, en el caso del Espíritu Santo la naturaleza divina es poseída como un don recibido,
pero es un don verdaderamente recibido y en su totalidad; de tal modo que aquí tampoco hay
huellas de una desigualdad. [...]
'Es ésta la idea que queremos expresar en el Tantum ergo donde saludamos al Espíritu Santo como Procedenti
ab utroque, "el que procede de los dos", y es esto una simple paráfrasis del Credo de Nicea: Qui ex Patre Filio-
que procedit, aquel que procede del Padre y del Hijo. §ota de edición que contiene texto del original).
Encuentro Veritas I tafi aet Valle 2015 19
Decir que se ve clara la respuesta sería tanto como afirmar que el misterio de la Santísima
Trinidad no es tal misterio. [...]
Los teólogos, con su discusión de las personas como relaciones subsistentes pueden
conseguir más luz que nosotros, pero aun dentro de nuestros limitados conocimientos también
nosotros podemos percibir alguna luz.
Así podemos ver que el Hijo y el Espíritu Santo poseen el mismo infinito conocimiento
que el Padre, porque poseen la misma infinita naitraleza de la que el infinito conocimiento es
una operación; la posesión del Padre de este conocimiento engendra una Idea, la del Hijo no,
tampoco la del Espíritu Santo, y no porque el Hijo o el Espíritu Santo tengan un menor cono-
cimiento, un poder menor de conocimiento que el Padre, sino porque el divino conocimiento
ya ha producido la Idea, de tal modo que la naturaleza divina está totalmente expresada como
conocimiento. Y lo mismo puede decirse respecto al divino Amor. El Espíritu Santo posee el
mismo infinito amor que el Padre y el Hijo. La posesión de este amor, por parte de ellos, pro-
duce un estado de amor que es una persona, la suya, la del Espíritu Santo. É1, por su parte, no
lo produce, pero, de nuevo aquí, no porque El posea menos amor que el Padre o el Hijo, sino
porque lanattraleza divina está ya enteramente expresada como Amor.
Así pues, ninguna de las tres personas posee nada que no posea la offa; cada una de ellas
posee la entera divinidad, pero cada una de ellas la posee a su modo propio. A esto se reduce,
si podemos penetrar 1o suficiente en ello, el secreto de la distinción de personas.
ANrnopolocÍA Cnrsrr,lNn
Descubrir la verdad sobre el hombre causa una gran admiración. La realidad humana es tan
rica y compleja que no puede abarcarse en una sola mirada. Es necesario aproximarse a ella
en un largo, minucioso, pero firme proceso.
Comenzaremos considerando que el hombre es un ser vivo. Esta vida lleva consigo las si-
guientes características :
- Vivir es ante todo, moverse a sí mismo: principio de movimiento que afectaradicalmen-
te a quien tiene vida, podemos decir es un modo de ser.
-La unidad: Todos los seres vivos son uno. Tenemos una piedra y si la partimos seguimos
teniendo piedra, no deja de ser. Pero no podemos partir un perro sin dividirlo y matarlo,
es decir, el perro es en la medida que es uno.
lo mismo el moverse de una planta que los saltos de un felino hacia su presa o que el movi-
miento de una mano que saluda a alguien que quiere. Los mundos en'que se desenvuelven
estas acciones son completamente diferentes.
Esta jerarquía enla escala de la vida se puede dividir en tres grados, marcados por grandes
diferencias:
1) La vida vegetativa, propia de las plantas y todos los animales superiores a ellas. Tiene
tres funciones principales: la nutrición, el crecimiento y la reproducción".La nutrición se
subordina al crecimiento. La reproducción consiste en ser capaz de originar otro ser vivo de la
misma especie. Es decir, de hacer que la especie sea inmortal.
2) El segundo grado es la vida sensitiva, que distingue a los animales de las plantas. La vi-
da sensitiva consiste en tener un sistema perceptivo que aluda a realizar las funciones vegeta-
tivas mediante la captación de diversos estímulos: lo presente, lo distante, lo pasado y lo futu-
ro. La estimulación captada a través de la vida sensitiva (extema o interna) produce una res-
puesta: el instinto, que es la tendencia del «organismo biológico a sus objetivos más básicos
mediada por el conocimiento>>, por ejemplo el hambre o la pulsión sexual.
Esta respuesta instintiva a los estímulos, en el animal, no puede ser modificada. Es decir,
se trata de una respuesta automática, en la cual no se da de ningún modo algo así como la vo-
luntad. Los peces son capaces de morir comiendo, pues no pueden decir que no a su impulso a
comer. El hombre, en cambio, es capaz de proponerse un régimen, o un ayuno. El conoci-
miento sensible del animal interviene en la conducta, pero no la origina: hay un automatismo
que es mayor en la medida en que se está más bajo en la escala e la vida. Los fines instintivos
le vienen dados, porque no son fines individuales, sino propios de la especie, idénticos a los
de cualquier otro individuo.
Así pues, son tres las características esenciales de la vida sensitiva, tal como se da en los
animales: a) el carácter no modihcable, o <<automático», del circuito estímulo-respuesta; b) la
intervención de la sensibilidad en el desencadenamiento de la conducta; c) la realización de
fines exclusivamente específicos o propios de la especie.
3) El tercer grado de vida es la vida intelectiva, que es la propia del hombre. En ella se
rompe la necesidad del circuito estímulo-respuesta. <<Por encima de los animales están los
seres que se mueven en orden a un fin que ellos mismos elijan, cosa que es imposible de hacer
si no es por medio de la raz6n y el intelecto, al que corresponde conocer la relación que hay
entre el fin y los medios para alcanzarlo, y subordinar esto a aquello» '. Las características
propias y diferenciales de este grado superior de vida son las siguientes:
a) El hombre elige intelectualmente sus propios fines (exceptuando lo vegetati
respiración, crecimiento, etc.-) y no se conforma con los fines de la especie, sino que
también se propone fines personales o vamos a exponer más adelante- tiene en
-como
sus manos latarca de hacer su propia vida, escribir su propia historia, etc.
b) En el hombre, los medios que conducen a los fines no vienen dados, sino que hay que
encontrarlos. Hay una separación de medios y fines que hace que no se den respuestas au-
tomáticas a los estímulos.
áQué es el HOMBRE?
El hombre es un animal racional. Como animales poseemos las cualidades propias de
la vida sensitiva. Podemos conocer y desear bienes materiales satisfaciendo las necesidades
fundamentales de la vida, ya sea para la supervivencia personal como la de la especie. Pero
sabemos que el horizonte de nuestros deseos no se acaba en el mundo circundante, sino que se
Encuentro Veritas lfafi aet Valle 2015 2t
extiende más allá de lo perceptible y querido por nuestra sensibilidad (vista, oído, gusto,tacto,
olfato).
Es importante reconocer esta condición de "animalidad" que se expresa en la materia-
lidad corporal del hombre. Sabemos que lo corpóreo nos permite la comunicación con el
mundo concreto, y es en la unidad del alma y del cuerpo, de lo material y de lo espiritual que
se consuma la existencia de cada uno para nosotros mismos y para los demás.
L
La Iglesia I Misterio de salvación 24
Pero incluso la historicidad cultural más diversa se desarrolla siempre dentro de la comunidad
universal de la naturaleza humana.
Eliminar el concepto de naturalezahtmana resulta, a fin de cuentas, imposible. Y
aquellos que, a pesar de todo, promueven su eliminación, ni se imaginan las consecuencias
que se originarían de cumplirse su deseo. Su objetivo, confesado o no, es el de desembarazar-
se del concepto de naturaleza y liberarse así de la moral católica que se fundamenta, sobre
todo, en una concepción muy firme de la ley natural. Si se elimina la naturaleza humana, se
derrumba cualquier moral que quiera ser universal y, por consiguiente, cualquier moral social,
económica, sexual y política. Si se va hasta el fondo de la cuestión, el concepto de naturaleza
sólo es rechazado por aquellos q;e niegan haber sido creados a imagen y semejanza de Dios,
es decir, de tener una libertad engendrada por la libertad Divina.
10
1l
Es decir la Persona. !*o r(il :; els
Prosternación y postración indican adoración.
i
r )'{*
'
ij'f i'u
rrS
La Iglesia J Misterio de salvación 26
la única Persona del Dios-Palabra). Temo tocar e1 carbón por estar el fuego en conjunción con
el madero. Me prosterno ante Cristo, por estar la divinidad unida a la came.
12
Ver Mt 8,3
i3
Es decir, sus límites.
1a
Jesús
15
Dechado: ejempto.
'o Mt 17,2:Mc9,2.
Encuentro Veritas I f'afi aet Valle 2015 27
cipio ni ha comenzado en el tiempo, puesto que posee como propios los resplandores de la
gloria y, al encamarse, permanece en su identidad y conserva el'fulgor de la divinidad. La
carne también es glorificada ya desde el momento en que pasa de no ser al ser, y la gloria de
la divinidad viene a ser también la gloria del cuerpo. Cristo, en efecto, es uno, aunque tiene
dos naturalezas: es consustancial al Padre y está unido a nosotros por naturalezay por paren-
tesco.
El cuerpo santo del Señor nunca estuvo privado de la gloria divina, sino que, desde el
comienzo de la unión hipostática, quedó plenamente enriquecido con la gloria de la invisible
divinidad, ya que una e idéntica es la gloria del Verbo y de la carne, si bien esa gloria invisi-
ble que existía en un cuerpo visible, no podía ser vista por aquellos que estaban bajo las ata-
duras de la carne, e incluso los ángeles eran incapaces de contemplarla.
Cristo al transfigurarse no as\lme aquello qrr" É1 no era, ni se transforrna en algo dis-
tinto de lo que era, sino que se manifiesta a sus discípulos tal como era, abriéndoles los ojos y
convirtiéndoles de ciegos en videntes. Esto es lo que significan las palabras se transfiguró
delante de ellos, pues, pennaneciendo en su única identidad, además de manifestarse tal como
era anteriormente, se muestra ante los ojos de los discípulos de un modo diverso de cómo an-
tes le veían.
" Este texto es una síntesis elaborada por María Laura Toledo.
La Iglesia I tvtisterio de salvación 28
Dios, la efectiva liberación del hombre por Ia apropiación subjetiva de la salvación, del don
de Dios.Implica la aplicación fructuosa de la gracia de Cristo a cada hombre en particular. En
este orden se inscribe la libre aceptación de la voluntad humana, ante la cual puede decirse
que la acción divina se detiene, respetándola en su decisión última. Es decir que la redención
objetiva en cuanto hecho cumplido y posibilidad definitiva "ante nosotros" y "fuera de noso-
tros", tiene que ser acogida y realizada por el hombre, de modo que la salvación sólo llega a
ser realidad plena "en nosotros" y "con nosotros", cuando el hombre, implicado, acepta y
acoge dicha salvación (redención subjetiva), ya que Dios - que va hasta el límite por el hom-
bre - no salta sobre su libertad, creada en amor y respetada en amor (cf. O. GoNzÁt-Bz og
Canoppat-, Cristología, BAC, Madrid, 2001, p.528). El don objetivo por parte de Dios espe-
ra ser asumido libre y concientemente por el hombre, reclamando la cooperación humana con
la gracia divina - puesto que ningún ser personal se somete jamás pasivamente a la redención.
Puede decirse que la redención subjetiva es la meta última perseguida por la redención objeti-
varealizada por Cristo. Supone que 1o que se ha llevado a cabo en Cristo, la realidad cumpli-
da en Cristo como cabeza nuestra, se ha realizado t¿mbién verdaderamente en nuestras vidas,
como efectiva unión vital con É1.
sia, en los cuales obra la virtud de la pasión de Cristo para conferir la gracia en orden al per-
dón de los pecados. [...]
Pero también hay que saber que no sólo se nos comunica la virtud de la pasión de
Cristo, sino el mérito de su vida. Y todos cuanto viven en caridad entran igualmente en comu-
nión con todo el bien que han hecho los santos, porque todos los que tienen caridad, estén en
este mundo o en el otro, son todos uno. Dice el salmista: Soy partícipe, Señor, en los bienes
de todos los que te temen (Ps. 1 18, 63). Por lo cual, quien vive en caridad es partícipe de todo
el bien que se hace en el mundo entero, aunque aquellos por los cuales se hace un bien de
manera más especial, tienen parte en ese bien de modo más considerable. Porque uno puede
satisfacer por otro, como se muestra en el hecho de que numerosas congregaciones religiosas
admiten a algunos a una especial participación en sus bienes espirituales. Así, pues, por esta
comunión obtenemos DOS bienes: el primero, que el mérito de Cristo se comunique a todos;
el segundo, que el bien de uno se comunique al otro.
Ahora bien; se ha de considerar que los mencionados siete sacramentos tienen algu-
nos elementos comunes y algunos elementos propios. Lo común a todos los sacramentos es
que confieren la gracia, como se dijo. Tambien es común a todos el que cada sacramento con-
sista en palabras y cosas corpóreas, como en Cristo, autor de los sacramentos, el verbo se hace
carne. Y así como la carne de Cristo es santificada y tiene la virtud de santificar por el Verbo
a ella unida, así también las cosas corpóreas de los sacramentos son santificadas y tienen po-
der de santificar por las palabras que en ellas son invocadas. Por eso dice Agustín en el Co-
mentario del Evangelio de San Juan: sobreviene la palabra al elemento y se hace sact amen-
to, por esta tazón,las palabras por las que se santifican los sacramentos se llamanformas de
los sacramentos;los elementos santificados, se dicen materias de los sacramentos; como el
agua es materia del bautismo y el crisma 1o es de la Confirmación. Requiérese, también, en
cualquier sacramento la persona de un ministro que confiera el sacramento con intención de
; hacer lo que hace la Iglesia. Si alguno de estos tres elementos falta, esto es, no hay debida
forma de las palabras, o si no hay debida materia y si el ministro del sacramento no tiene in-
tención de conferir el sacramento, el sacramento no se lleva a cabo. También se impide el
efecto del sacramento por culpa del que lo recibe, por ejemplo, si accede falsamente, o con un
corazón no preparado para recibirlo. Pues aunque ese tal reciba el sacramento, sin embargo no
recibe el efecto del sacramento, es decir, la gracia del Espíritu Santo, porque como se dice en
(-
La iglesia I Vtisterio de salvación 30
cia y verdad, como antes hemos demostrado (q.7 a.9). Lo tercero, porque tiene el poder de
hacer correr la gracia por todos los miembros de la Iglesia, como se lee en Jn 1,16: De su ple-
nitud todos hemos recibido. Y así resulta claro que a Cristo se le puede llamar con toda razón
cabeza de la Iglesia.
A las objeciones:
tr. A Cristo, en cuanto Dios, le compete dar la gracia o el Espíritu Santo por su propia
autoridad; pero en cuanto hombre le compete hacerlo instrumentalmente, ya que su humani-
dad fue instrumento de su divinidad. Y de este modo sus acciones, por virtud de su divinidad,
fueron saludables para nosotros, al causar en nosotros la gracia, tanto por mérito como por
una cierta eficacia. Agustín niega que Cristo, en cuanto hombre, comunique el Espíritu Santo
por su propia autoridad. Pero, instrumental o ministerialmente, se dice que incluso otros san-
tos comunican el Espíritu Santo, según Gal 3,5: El que os da el Espíritu Santo, etc.
vivifica los cuerpos. Y como la pasión de Cristo pertenece al Verbo encarnado, parece que no
puede causar la virtud de los sacramentos.
2. La virtud de los sacramentos parece que depende de la fe, pues dice San Agustín
en Super lo. que la palabra de Dios produce el sacramento no en cuanto pronunciada, sino en
cuanto creída. Pero nuestra fe no sólo se refiere a la pasión de Cristo, sino también a los otros
misterios de su humanidad y principalmente de su divinidad. Luego los sacramentos no reci-
ben su virtud especialmente de la pasión de Cristo.
3. Los sacramentos se ordenan alajustificación de los hombres, según lo que se dice
en 1 Cor 6,1I: Habéis sido lavados y justificados. Pero la justificación se atribuye a la resu-
rrección, según se dice en Rom 4,25: Resucitó para nuestra justificación. Luego parece que
los sacramentos reciben su virtud más de la resurrección que de la pasión.
Contra esto: a propósito de lo que se dice en Rom 5,14: a semejanza de la prevarica-
ción de Adán, dice la Glosa: Del costado de Cristo muerto brotaron los sacramentos por los
que la lglesia ha sido salvada. Luego los sacramentos reciben su virtud de la pasión de Cristo.
Respondo: El sacramento, como ya se ha dicho (a.l), causa la gracia como instrumen-
to. Ahora bien, hay dos clases de instrumento. IJno, separado como por ej. el bastón. Otro,
unido como es el caso de la mano. Por el instrumento unido es movido el instrumento separa-
do, como el bastón es movido por la mano. La causa eficiente principal de la gracia es el
mismo Dios, en relación al cual la humanidad de Cristo hace de instrumento unido, y el sa-
cramento, de instrumento separado. Por eso, es necesario que la virtud salvífica promane de la
divinidad de Cristo, a través de su humanidad, hasta los sacramentos.
Pero la gracia sacramental está ordenadaprincipalmente a dos fines: 1) arrancar los defectos
de los pecados pasados, pues aunque el acto pasó, permanece el reato; 2) a perfeccionar el
alma en lo que pertenece al culto de Dios según la religión cristiana.
Por lo que ya dijimos más arriba (q.48 a.|.2.6; q.49 a.1.3), está claro que Cristo nos ha librado
de nuestros pecados por su pasión no sólo eftcaz y meritoriamente, sino también satisfacto-
riamente. E, igualmente, por su pasión inició el culto de la religión cristiana ofreciéndose a sí
mismo a Dios como oblación y sacrificio, según se dice en Ef 5,2.8s claro, por tanto, que los
sacramentos de la Iglesia reciben su virtud especialmente de la pasión de Cristo, cuya virtud
se nos comunica a nosotros cuando los recibimos, en signo de lo cual, del costado de Cristo
pendiente en la cruz manó agua y sangre: una, refiriéndose al bautismo; la otra, a la Eucaris-
tía, que son los sacramentos principales.
A las objeciones:
1. El Verbo, en cuanto que estaba desde el principio en Dios, vivifica las almas como
agente principal. Su carne, en cambio, y los misterios perpetrados en ella, actúan para la vida
del alma en calidad de instrumentos. Mientras que para la vida del cuerpo actúan no sólo co-
mo instrumento, sino también con una cierta función ejemplar, como ya se dijo en q.56 a.l ad
3.
2.Cristo habita en nosotros por lafe, como se dice en Ef 3,17. Por eso, la virtud de
Cristo se nos comunica por la fe. Pero la virtud de perdonar los pecados pertenece especial-
mente a su pasión. Por tanto, a los hombres se les perdonan sus pecados especialmente por la
fe en su pasión, según se dice en Rom 3,25: a quien Dios ha propuesto como instrumento de
propiciación por lafe en su propia sangre. Por consiguiente, la virtud de los sacramentos,
destinados a perdonar los pecados, procede principalmente de la fe en la pasión de Cristo.
3. La justificación se atribuye a la resurrección como término final, que consiste en
una vida nueva mediante la gracia. Pero se atribuye a la pasión como punto de partida que
mueve a la remisión de los pecados.
Encuentro Veritas I lafi aa Va[e 2015 JJ
Cnrrrnnr,Lr, ALBERTo, Dos una sola carne. Metafisica, teología y mística del
matrimonio y la familia, Gladius, Bs. As., 2003, pp.275-292.
I - La familia, misterio
a) El acto de engendrar
(...) El acto fecundo tiene un doble sentido: 1). En cuanto acto pro-creadortiene ana-
logía con la fecundidad intradivina: el Padre engendra al Hijo (es Imagen Suya) y el Hijo es
en la relación que le une y le distingue del Padre, ambos unidos subsistentemente por el
Amor. De modo análogo, el abrazo engendra al hijo, verdadera participación en la fecundidad
\- trinitaria. No olvidemos que por el Bautismo, los esposos co-participan de la fecundidad divi-
na. 2) El acto de engendr ar acentua el poder de réplica de la imagen divina (Gn 1 , 26) y , a la
vez, tiende en el matrimonio cristiano, a hacerse imagen trinitarial8.
A la luz de la fe, el acto generador es de una profundidad asombrosa. En cada unión,
los esposos "toman el pulso" al cosmos a cuyo ritmo se integran, como una prolongación,
como una sombra de la fecundidad intratrinitaria. En el Instante en que el acto es "camalmen-
te" fecundo, son uno; ambos en cierto modo se integran al todo sin confundirse con él y reve-
lan, al mismo tiempo, una sombra de circunmicesión trinitaria remotamente análoga en la
paternidad, la maternidady la filiación, momentos todos implicados en el hijo. La distancia
analógica nos hace comprender en qué sentido Dios Uno y Trino crea y en qué sentido (tam-
bién misterioso) los esposos pro-crean. (...)
t8
A. Frank-Duquesne, Création et procréation ed. cit., p. 48.
La fgfesía ¡' ffiterro de salvacÍón 34
niños reconociéndole como nuestro Padre quien nos regenera por el agrale. El Logos cura y
dona la vida sin fin al niño quo bautizamos porque "antes erais tinieblas, ahora sois luz en el
Señor" (Ef 5, 8). Con el agua redentora se lava toda culpa (Hech, 2,38) y es, por eso, dado en
su Nombre: "bautizad (a todos los hombres) en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo" (N4t 28, 19). Si se me permite la expresión, el bautismo es re-nacimiento de valor qntq-
lógico por el cual nuestro hijo alcanza una existencia nueva; recibe "el baño de la regenera-
ción" (Tit 3, 5) por el cual queda el niño "revestido de Cristo" (Gal 3, 27). Clemente ve esta
regeneración como luz por la cual somos nuevos: "bautizados, somos iluminados; iluminados,
somos adoptados como hijos; adoptados, nos volvemos perfectos; llegados a ser perfectos,
recibimos la inmortalidad"; sacra operación que se llama gracia, iluminación, perfección, ba-
-)o
no--.
En este baño interior y re-creador, la preparación obediencial de la imago Dei alcanza
un ser absolutamente nuevo: el alter Christus; como Simeón con el Niño en brazos en el tem-
plo, ahora los padres sostienen en sus brazos otro Cristo-niño que puede volver al Padre.
(.. )
d) La lglesia pequeña en la lglesia (Jniversal
( ..)
2. Familia y Cuerpo Místico.
La expresión "copia" no es retórica, no es jurídica ni filosófica: La familia es copia real de la
orgánica unión de Cristo con sus miembros, porque, en efecto, "este misterio es grande" "en
orden a Cristo y a la Iglesia" (Ef 5,32). Padre, madre, hijo, tienen acceso al Padre en un mis-
mo espíritu en virlud de Cristo (Ef 2, 18) que los ha recreado por su Pasión y Muerte; por eso
dice San Pablo que este misterio es grande. La familia cristiana proclama desde su constitu-
ción, el Cristo-Total: la "expansión" o "prolongación" vital de Cristo Cabeza. La unión nup-
cial y la familia emergente expresan la comunicación a sus miembros de la preexistente unión
mística esponsal de Cristo con la naturaleza humana. Como bien dice el P. Mersch en uno de
sus clásicos libros: "Ella (la Iglesia) llega a ser en su comunión con el Verbo, la forma tras-
cendente y el Typo de la sociedad conyugal, y esta sociedad'és formalmente, al modo de una
célula que vive del organismo entero, una reproducción y una participación de la sociedad
eclesial que es, ella misma, una participación, en Cristo, de lo que podría llamar la sociedad
absoluta: la unión de las tres personas divinas entre ellas (...)"".
te
Stromata 3,12,87.
'o
21
ledagogo,L I, VI, 26,l; cito por la ed. de H. I. Marrou y M. Harl, Ed. du Cerf, Paris, 1960.
Émile Mersch, La Théologie du Corps Mystique, vol. II, p. 309-3 10, 2" éd., Desclée de Brouwer,
Bnxelles, 1946.
Encuentro Veritas I fat aet Valle 2015 35
Puede decirse de la Iglesia doméstica, de cada uno de sus miembros, lo que San Pablo
dice de sí mismo: "Y yo vivo, pero ya no soy el que vivo; sino qud Cristo vive en mí" (Gal2,
20); constituyen, pues, no un mero cuerpo natural, tampoco un mero cuerpo físico, sino un
misterioso y sobrenatural cuerpo místico, porción particular del Cristo total. Cuando Pedro y
Luisa bautizaron a su primer hüo (y después a cada uno de los siguientes) fueron instrumentos
y testigos del nacimiento de nuevos miembros de la Iglesia. No sólo uno es canal de gracia
santificante para el otro, sino también para los nuevos miembros y éstos entre sí. A su vez, así
como el Espíritu inhabita en el alma bienaventurada de Cristo como en su templo amadísimo,
así se dona y vivifica el cuerpo, como enseña Pío XII: "mientras Cristo recibió este Espíritu
sin medida (Jn 3, 34) a los miembros de su Cuerpo Místico se les da en Ia plenitud de Cristo,
sólo en la medida de la donación del mismo Cristo (Ef 1, 8; 4,7)"22. El Espíritu mantiene uni-
das todas las partes porque está íntegramente en la Cabeza, en cada uno de sus miembros (uno
por uno), en toda la Iglesia doméstica como un todo; así como el alma, en el orden natural,
ejerce su función vital en todo el cuerpo, cuando bautizamos a nuestro hijo, el Espíritu es el
"principio de toda acción vital y saludable" de cada uno en cuanto parte del Cuerpo. Se aplica
también a la familia lo que se dice del Cuerpo Místico: no se trata de una Iglesia "invisible",
ni tampoco de una creación humana puramente extrinseca; no es "ilusoriao ni menos 'Juridi-
ca", sino un cuerpo sobrenatural fundado por Cristo como "una sociedad perfecta en su géne-
ro y dotada de todos los^ elementos jurídicos y sociales para perpetuar en este mundo la obra
divina de la Redención"23.
(...) Todos juntos ya formamos el Cristo-total. Por eso, no sólo la Iglesia Universal
sino la pequeña Iglesia doméstica es una verdadera "expansión" de Cristo puesto que la fami-
lia cristiana nace como una Encarnación "dilatada", continuada en el tiempo. Cuando Pedro y
Luisa se aman constituyen como una "dilatación" de Cristo; fundidos en "una sola came",
Cristo los une y los hace uno en Él y con É1. Cristo es el vínculo sustancial ¡, por eso, a los
esposos les alcanza la unidad que el Verbo tiene con el Padre. En virtud del misterio de la
Encarnación, Cristo estii realmente en nosotros mediante su carne; los esposos se incorporan
al sacrificio latréutico y el misterio nupcial, no visible, no-aparente, los constituye, los inunda
y los colma.
( ..)
La pequeña Iglesia "que se congrega en casa", es copia de la Mater Ecclesia, y ésta es
Cuerpo de Cristo; en cierto modo, es Él mismo; por eso, otra benedictina, Emiliana Lóhr, ,"
en la Iglesia "la imagen manifiesta de lo maternal en Dios, bajo el gran signo de la que da a
!
hv a la vista de todos, Israel, María, Ecclesia: tres veces una misma figura, tres veces un
mismo símbolo, que desarrolla progresivamente su sentido, su realidad"24. Los esposos en-
gendran el hombre total preformado en Adán y Eva que alcanzó su madurez en Cristo; cuando
los hijos son bautizados, la pila bautismal es seno materno en el cual Dios los inunda con su
vida más intima, despertándolos a la vida
\- Padre, madre, hijos: ecclesiola in Ecclesia, la Iglesita en la Iglesia. Los primeros cristianos
"partíat el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón" (Act 2,
46). El hogar es templo, tanto para la "fracción del pan" como para la predicación: "no cesa-
ban todos los días de enseñar y anunciar a Cristo tanto en el Templo como por las casas" (Act
5,42).
(...)
22
Mystici Corporis, I,3,b.
2t
Mystici Corporis. ib.. 4
2a
"salvación por la madre", en el vol. AAW, Abadía de María Laach, La mujer en la Salvación,ed. del p. Th.
Bogler, OSB, trad. de A. P. Sánchez Pascual, Ediciones Cristiandad, Madrid, 1964,p" 136.
t
La Iglesia I Misterio de salvacién 36
El ofrecimiento cotidiano no sería posible sin otra Presencia misteriosa, constante y tierna: la
de la Madre de la Iglesia, que es María. Es ella el miembro excepcional del Cuerpo Místico,
doblemente predestinada ala maternidad divina y ala maternidad espiritual de los redimidos;
los teólogos hablan de la doble maternidad de María, aceptada en la plenitud del tiempo (Gal
4, 4) porque quiso lo que Dios quería (Luc 1, 38); cuando escuchó de su Hijo moribundo "mu-
jer,heahíatuhijo"(Jn 19,26),MaríaseconstituyóenMadredeDios(maternidaddivina)y
madre nuestra (maternidad espiritual). Los padres transmiten nuestro ser natural cuando su
acto de amor coincide con el amor creador de Dios; María, en cambio, nos da el ser sobrena-
tural de la gracia; es decir, en virtud de la Encarnación del Verbo en su seno y de su muerte
salvadora en la Cruz, María nos engendra sobrenaturalmente, dándonos y comunicándonos el
ser divino que poseemos. El bautismo del niño coincide con el acto de la maternidad de Ma-
ría, pues Ella es Madre de Cristo Salvador (que asumió nuestra nafuraleza) ypor eso, es ma-
dre nuestra. Si es así, por ser Madre del Primogénito -el segundo Adán- es Madre de los se-
gundogénitos hermanos del Primogénito y Madre de la totalidad del Cuerpo Místico. Este
misterio estaba virhralmente contenido en el Protoevangelio (Gn 3, 15) y, por María (la nueva
Eva) nos incorporamos al Linaje de Cristo.
(...)
Por las mismas razones, María es Madre de la Iglesia doméstica: padre, madre e hijos
reciben el influjo de su capitalidad subordinada (matemidad tanto divina cuanto espiritual).
En cuanto a su maternidad divina, es madre del todo: es decir, de la Cabeza y de los miem-
bros; en cuanto a su maternidad espiritual, nos engendra en Cristo y derrama sobre padre, ma-
dre e hijos, su amor maternal. Este lenguaje analógico-metafórico en modo alguno significa
que su maternidad no sea real y concreta. Nos ama con el mismo amor materno con el que
amó a su Hijo agonizante y a Juan que tenía a su lado; el mismo amor con el que amaaPedro,
a Luisa y a sus hijos: a sufamilia como un todo.
2s
Tratado de laverdadera devoción,c. VI[, art. II, no 258-265,en Obras, ed. de los PP. N.. pérezy C. N. Abad,
Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1954.
Encuentro Veritas I fafi ael Valle 2015 JI
[L]a in-habitación es un misterio. Dios está presente en todos; pero no inhabita en to-
dos pues sólo inhabita en los justos: Pedro inhabita en Dios (si está en gracia) y Dios Trino
inhabita en él; si Luisa inhabita en Dios, Dios Trino inhabita en ella y sólo así se unen como
Cristo-esposo e Iglesia Esposa. Como enseña el Hiponense, "habitan uno en otro, el que con-
tiene y el contenido. Habitas en Dios, pero para ser contenido; habita Dios en ti, pero te con-
tiene para que no caigas"28. Por eso, la pequeña Iglesia, la familia, es ella misma, testimonio
de Cristo a quien anuncia y predica por el solo hecho de existir. Cierto es, porque somos pe-
cadores, que no Dios sino nosotros podemos "retirarnos" (como dice San Agustín en el mismo
lugar); pero Dios Trino queda "íntegro", intacto; y sigue íntegro cuando regresamos; no nos
necesita; nosotros Le necesitamos para existir sobrenaturalmente. Cuando Pedro, Luisa y sus
hijos inhabitan en Dios y Dios en ellos, constituyen como un foco luminoso, aunque sea ines-
crutable para ellos mismos; en la "noche", en lo escondido, en el fondo inaparente de su
abismo interior, "le conocéis, pues con vosotros mora y en vosotros estará" (Jn 14, 17). Esta
inhabitación de las Personas es también escatológica porque prepara el día futuro de la unión
plena con Dios: "conocereis ... que estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros" (Jn
14,20). De ahí que la proclamación de la Iglesia como "templo" de la divina inhabitación del
Verbo, valga absolutamente para la familia pues también (y ante todo) sus miembros deben
ser uno, "como tú, Padre, en mí y yo en ti, para que sean uno como nosotros somos uno" (Jn
17 ?1\
26
Carta de Bernabé, XVI, 7; ed. de D. Ruiz Bueno, Padres apostólicos, ed. bilingüe, Biblioteca de Autores Cris-
tianos, Madrid, 1950.
27
irt Ps 33, II, 8.
" In Ep. Joannis ad Parthos, tract. 8, 14 sigo el excelente estudio del P. Argimiro Turrado, Dios en el
hombre. Plenitud o tragedia, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, l97l; cf. pp. 4l-51; 5l-63;
146; 202-206, 2A8; 256-7 .
La Iglesia I Mbterlo de salvación 38
Por todos estos motivos, el Concilio Vaticano II llama a Jesucristo fundador de la Igle-
sia[4]3r.
2e
Del estatuto de la CTI: 1. Compete a la Comisión Teológica Internacional estudia¡ las cuestiones doctrinales
de especial importancia, principalmente aquellas que se presentan como nuevas, para ayudar al Magisterio de la
Iglesia, y en especial a la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, en cuyo ámbito ha sido instituida.
2. El Presidente de la Comisión Teológica Internacional es el cardenal Prefecto de la Sagrada Congregación para
la Doctrina de la Fe, quien, sin embargo, para cada una de las sesiones, si fuere realmente necesario, puede dele-
gar en otro moderador. 12. Los textos aprobados "específicamente" por la mayoría de los miembros de la Comi-
sión Teológica Internacional, pueden hacerse públicos, con el "nihil obstat" de la Sede Apostólica.
'o ¡t1 Cf. Inocencio III, Epistula Apostolicae Sedis primatus: DS 774. [2] Cf. León XIII, Encíclica, Satis cogni-
tum: DS 3302-3304. [3]Cf. Concilio XI de Toledo, Symbolum: DS 540; Concilio XVI de Toledo, Symbolum:
DS 575.
" ¡41 Por ejemplo, Const. dogmática Lumen gentium, 5: AAS 57 (1965) 8.
Encuentro \reritas I fafi aet Valle 2015 39
damentales de la Iglesia, la cual no aparecerá plenamente más que después de Pascua, se adi-
vinan ya en la vida terrestre de Jesús y encuentran en ella su fundamentd.
Ciertamente no todas estas imágenes tienen la misma fuerza evocadora. Algunas, co-
mo la del «cuerpo>>, revisten una importancia primordial.
Se estará flácilmente de acuerdo en que sin recurrir a la comparación de «cuerpo de
Cristo» aplicada a la comunidad de los discípulos de Jesús. 1a realidad «Iglesia» no puede ser
abordada de ninguna manera.
La Iglesia I Iraisterio de salvación 42
En efecto, el conjunto de las cartas de san Pablo desarrolla esta comparación en mu-
chas direcciones como 1o señala la Constitución conciliar Lumen Gentiüm en su n. 7[15]. Sin
embargo, aunque el Concilio da todo su lugar a la imagen de «cuerpo de Cristo>>, ha sido más
bien la de <<pueblo de Dios» la que ha ocupado el primer plano, aunque sólo sea porque cons-
tituye el título mismo del capítulo II de la Constitución. La expresión <<pueblo de Dios» ha
llegado incluso a designar la eclesiología del Concilio. De hecho, se puede decir que <<pueblo
de Dios» ha sido retenido preferentemente con respecto a expresiones como «cuerpo de Cris-
to» o <<templo del Espíritu Santo», a las que el Concilio recuffe equivalentemente.
Esta elección se ha efectuado por motivos alavez teológicos y pastorales que, en el
espíritu de los Padres conciliares, se confirman mutuamente: la expresión «pueblo de Dios»
teníala ventaja sobre las otras, de expresar mejor la realidad sacramental común participada
por todos los bautizados, como dignidad en la Iglesidy, alavez, como responsabilidad en el
mundo. Simultáneamente, la naturaleza comunitaria y la dimensión histórica de la Iglesia
quedan subrayadas, como lo deseaban muchos Padres.
2. «Pueblo de Dios»
Sin embargo, en sí misma, la expresión <<pueblo de Dios» tiene una significación que
no se descubre con un primer examen. Como toda expresión teológica, exige reflexión, pro-
fundización y clarif,rcación para evitar las interpretaciones falsas. Ya a nivel lingüístico el
término latino <<populus>> no parece ser capaz de traducir directamente el laos griego de la
Biblia de los <<Setenta».
Laos es un término que en los «Setenta» tiene un sentido muy preciso, sentido no sólo
religioso, sino incluso directamente soteriológico y destinado a encontrar su cumplimiento en
el Nuevo Testamento.
Ahora bien, Lumen Gentium supone el sentido bíblico del término <gueblo»; éste es
retomado por la Constitución con todas las connotaciones que le han conferido el Antiguo y el
Nuevo Testamento. En la expresión «pueblo de Dios>>, el genitivo «de Dios» da, por lo demás,
su alcance especíñco y def,rnitivo a la expresión, situándola en su contexto bíblico de apari-
ción y de desarrollo. Esto tiene como consecuencia que debe excluirse radicalmente una in-
terpretación del término <<pueblo» en un sentido exclusivamente biológico, racial, cultural,
político o ideológico.
El <<pueblo de Dios» procede «de arriba», del designio de Dios, es decir, de la elec-
ción, de la alianza y de la misión. Esto es verdadero, sobre todo si consideramos que Lumen
Gentium no se limita a proponer la noción veterotestamentaria de «pueblo de Dios», sino que
la supera hablando del <<nuevo pueblo de Dios»[l6]. El nuevo pueblo de Dios está constituido
por los que creen en Jesucristo y han <<renacido» porque han sido bautizados en el agua y en el
Espíritu Santo (Jn 3,3-6). El Espíritu Santo <<por lafuerza del Evangelio hace rejuvenecer y
renueva incesantemente a la Iglesia»f17].
Así la expresión «pueblo de Dios» recibe su sentido propio, de una referencia constitu-
tiva al misterio trinitaria revelado por Jesucristo en el Espíritu Santo[l8]. El nuevo pueblo de
Dios se presenta como la <<comunidad de fe, de esperanza y de caridad»[l9], de la que la Eu-
caristía es la fuentel}}l: la unión íntima de cada creyente con su Salvador y también la unidad
de los fieles entre sí constituyen el fruto indivisible de la pertenencia activa a la Iglesia y
transforman toda la existencia del cristiano en <<culto espiritual». La dimensión comunitaria es
esencial en la Iglesia para que en ella puedan ser vividas y compartidas la fe, la esperanza y la
caridad, y paru que esa comunión, habiendo alcanzado el <<corazón» de cada creyente, se ex-
tienda también a un plano de realización comunitaria objetivo e institucional. La Iglesia está
también llamada a vivir, en este plano social, en la memoria y la espera de Jesucristo, y a
anunciar la buena nueva a todos los hombres.
Encuentro Veritas ['fafi a"t ],¡a11e 2015 4-l
Desde este ángulo, la misión que constituye el objetivo histórico del pueblo de Dios
desencadena una acción específica que ninguna otra acción humana puede sustituir, acción a
la vez crítica, estimuladora y rcalizadora del modo de vivir de los hombres, dentro del cual
cada uno acepta o rechaza su salvación. Subestimar la función propia de la misión y, en con-
secuencia, reducirla, sólo podría agravar el conjunto de los problemas y de las desgracias del
mundo.
<<incompleción». Por esta razón, el nuevo pueblo de Dios, sea que actúe en sus miembros to-
mados individualmente o en el conjunto que constituyen, permaneée siempre <<en camino>> (in
via) y en una situación que jamás será acabada aquí abajo. El destino de este pueblo es hacer-
se <<memoria» y «espera» cada vezmás fieles y cadavez más obedientes. La posición auténti-
ca del pueblo de Dios, por tanto, no podría acomodarse a alguna forma de arrogancia o a al-
gún sentimiento de superioridad. Su situación de referencia a Cristo debe, por el contrario,
incitarlo a entregarse humildemente a la conversión. A todos los hombres, el nuevo pueblo de
Dios no impone más que lo que debe exigirse a sí mismo. Lo que propone de hecho no es algo
que le pertenecería como propio, sino más bien lo que, sin ningún mérito propio, ha recibido
de Dios.
Sin embargo, el hecho de ser miembros del pueblo de Dios da a los cristianos una res-
ponsabilidad específica con respecto al mundo: «¡Lo que el alma es en el cuerpo, sean los
cristianos en el mundo!»[21]. Ya que al mismo Espíritu Santo se le llama alma de la Igle-
sial22l,los cristianos reciben, en este mismo Espíritu, la misión de realizar en el mundo algo
tan vital como lo que él lleva a término en la Iglesia. Esta acción no es una acción técnica,
artística o social más, sino más bien la confrontación de la acción humana en todas sus for-
mas, con la esperanza cristiana o, para conservar nuestro vocabulario, con las exigencias de la
\-
memoria y de la espera de Jesucristo. En las tareas humanas, los cristianos y entre ellos más
particularmente los seglares, «llevados por el espíritu evangélico, a modo de fermento, [traba-
jan] por la santificación del mundo, como desde dentro, y así, ante todo por el testimonio de la
vida, resplandecientes por la fe, la esperanza y la caridad, [manifiestan] a Cristo a los
otros»[23].
El nuevo pueblo de Dios no está, por tanto, caructedzado por un modo de existencia o
una misión que sustituirían a una existenciay a proyectos humanos ya presentes. La memoria
y la espera de Jesucristo deben, por el contrarío, convertir o transformar, desde el interior, el
modo de existencia y los proyectos humanos ya vividos en un grupo de hombres. Se podría
decir a este respecto que la memoria y la espera de Jesucristo, de las que vive el nuevo pueblo
de Dios, constituyen como el elemento «formal>> (en el sentido escolástico del término) que
viene a estructurar la existencia concreta de los hombres. Esta que es como la «materia»
(igualmente en sentido escolástico), evidentemente responsable y libre, recibe esta o aquella
determinación para constituir un modo de vida «según el Espíritu Santo». Estos modos de
vida no existen a priori y no se pueden determinar anticipadamente, se presentan en una gran
diversidad y, por tanto, son siempre imprevisibles, aunque se los pueda referir a la acción
La Iglesia I Misterio de salvación 46
constante de un único Espíritu Santo. Por el contrario, lo que estos diversos modos de vida
tienen de común y de constante, es expresar «en las condiciones ordinarias de la vida familiar
y social, de las que está como tejida la existencia [humana]»l24l,las exigencias y las alegrías
del Evangelio de Cristo.
"que todo el género humano forme un único Pueblo de Dios, se una en un único Cuerpo de
Cristo, se coedifique en un único templo del Espíritu Santo" (AG 7; cf. LG 17).
La lglesia
[...] La fórmula <<misteriode la Iglesio>, o <da Iglesia como sacramento>), es relativa-
mente reciente. Poco difundida hasta entonces, va a convertirse, con el Vaticano II, en uno de
los pilares axiales de la eclesiología. [...]
[Ha] sido la Constitución sobre la Iglesia, <<Lumen Gentium», la que con más amplitud
ha desarrollado nuestra cuestión. [...] Es un texto complejo ILG 1], denso y de indudable ri-
queza, pero difícil por su excesiva concisión. Ante todo, fundamenta la sacramentalidad de la
Iglesia en la noción de <<sacramento>> que nos parece la más obvia, y que por eso nos ha servi-
do de presupuesto en nuestro ensayo, a saber: el ser signo.
La Iglesia es signo, ante todo, de esa luz, de esa clariciad que brilla en el rostro de Cris-
to, según la doctrina paulina de 2 Cor 4, 4-6, y que se refleja en la comunidad cristiana. [...]
La Iglesia brilla no con luz propia, sino con la luz recibida de Jesús, su Señor y Guía.
Es, pues, sacramento por ser signo de la presencia de Cristo (y, por tanto, de Dios) en ella;
una presencia amorosa y efusiva, denominada por ello «unión íntima», signo a su vez de la
otra unión consiguiente: la de los hombres entre sí. (Se recoge la enseñanza de san Cipriano).
La unión de Cristo con la Iglesia es mediación simbólica y eftcaz, geñnen anticipato-
rio de la unión entre los hombres. Es otro rasgo propio de todo sacramento, sobre todo en la
doctrina escolástica: la llamada eficacia o causalidad. [Es decir,] la afirmación de que la Igle-
sia es <<instrumento». En el fondo, se viene a decir lo que los teólogos medievales afirman
sobre el sacramento, a saber, que tiene una causalidad instrumental respecto de la gracia. (La
causalidad principal es atribuible sólo a Dios o a Cristo).
Hoy preferimos decir que el sacramento (en nuestro caso, la Iglesia) es una mediación
eftcaz. En nuestro actual lenguaje, llamar a algo «instrumento>> es reducirlo a la categoría de
simple medio y, en definitiva, de objeto, de cosa. [...]
En el apartado 9 del capítulo II, el Concilio vuelve a afirmar la sacramentalidad de la
Iglesia, fundándola de nuevo en su «ser signo>> de unidad:
«La congregación de todos los creyentes, que miran a Jesús como autor de la salvación y
principio de la unidad y de la paz, es la Iglesia, convocada y constituida por Dios para ser
sacramento visible de esta unidad salutífera para todos y cada uno».
<<Porque Cristo, levantado en alto sobre la tierra, atrajo hacia sí a todos los hombres (Jn
12,32); resucitando de entre los muertos (Rom 6,9), envió a su Espíritu vivificador sobre
sus discípulos y por Él constituyó a su Cuerpo, que es la lglesia, como sacramento uni-
versal de salvacióo>32.
32
Estos pasajes de la «Lumen Gentium» se citan en la «Gaudium et Spes» (rn. 42 y 45) y en «Ad Gentes» (nn. 1
v s).
i
La Iglesia I Visterio de salvacién 48
Se establece una relación entre el ser la Iglesia sacramento y el ser, ella misma, cuerpo de
Cristo (alavez que se alude indirectamente al texto de Ambrosio, «salutare mysterium>>, aquí
<<sacramentum salutis»). Es otro de los motivos o razones de la sacramentalidad eclesial.
Efectivamente, el cuerpo es el gran signo de la persona. A través de la mediación cor-
poral se manifiesta la personalidad de un hombre o de una mujer. La corporalidad es el medio
expresivo en el que se rcaliza la expresión o expresividad de alguien.
La doctrina paulina sobre la Iglesia como cuerpo de Cristo puede servir de base argu-
mentativa en favor de la doctrina de la sacramentalidad eclesial. [...] El cuerpo de la Iglesia
es, respecto de Cristo, como el ámbito donde éste realiza y manifiesta una plenitud, una <<im-
plementación>), una cohesión, una vida. ..; es decir, es como la prolongación y culminación de
El mismo; es, por tanto, su signo y sacramento.
De un análisis somero de los textos conciliares deducimos que hay como dos líneas
que conducen a su doctrina de la sacramentalidad eclesial: la del signo y la del cuerpo de Cris-
to (Iglesia como signo e Iglesia como cuerpo de Cristo).
[...] La Iglesia vuelve a aparecer de nuevo como el gran símbolo, signo, sacramento,
que remite, más allá de ella misma, hacia la realidad del Cristo vivo y presente en ella, del que
ella es mediación manifestadora, epifánica, aclutalizadora. Esta será la consecuencia última
que habrá de sacarel Vaticano II. t...1
[La] Iglesia es, aquí abajo, el sacramento de Jesucristo, lo mismo que Jesucristo es pa-
ra nosotros, en su humanidad, el sacramento de Dios. [...]
" Cf. A. Bandera, La lglesia divina y humana'. «La Ciencia Tomista» 90 (1963) 217-63; id., La analogía de la
Iglesia con el misterio de la Encarnación; «Teología Espiritual» 8 (1964) 43-105 [...].
3a
Encíclica Satis cognitum,29-6-1896 (DSch 3300-l).
Encuentro Veritas I Tafí aet Valle 2015 49
I
35
«Factum visibile a Deo perpetratum, quo in dimensione historica hominum voluntas divina salvifica et signifi-
catur et praesens redditur», Adnotationes criticae ad Schema de Ecclesia et Adumbratio Schematis Constitutionis
dogmaticae De Ecclesia (...) propositae a Patribus Conciliaribus linguae gerrnanicae mnse Febructrio 1963,p.
2.
t6
¡Ha dicho antes el autor: "el Padre se expresa en el Hijo, que es su «imagen», su «carácter», su Verbo, la im-
pronta de su sustancia, el resplandor de su gloria"].
La Iglesia I tvtsterio de salvación 50
Revelación histórica
1. A diferencia de la revelación de la creación, la revelación que consiste en la automa-
nifestación de Dios se caracteriza por tener lugar en la historia, de forma que la historia resul-
ta ser la condición básica de la que llamamos revelación sobrenatural. Esta revelación no tiene
37
Al decir «instrumentalmente causada» [nos referimos a] la causalidad divina a través de y en la realidad epifá-
nica de la Iglesia o del sacramento, en que se manifiesta eficazmenÍe labenevolencia salvadora de Dios para con
el hombre.
\- Encuentro \¡eritas tafi aa Valle 2015
I 51
ttna "alianza", lo cual presupone a su vez que el hombre es un interlocutor libre. Por eso, la
revelación de Dios, su autocomunicación a los hombres, es un"acontecimiento plenamente
personal, distinto de todo lo que brota de la necesidad. Esto presupone que el hombre ha sido
creado como persona libre. La existencia personal del hombre es condición necesaria para esa
comunicación. Esa existencia y esa libertad se despliegan en la historia que es el lugar del
acontecer libre. En la historia puede ocurrir lo singular, lo nuevo, lo que no ha sucedido nun-
i
ca. Y del acontecer de la historia no se puede disponer, porque cada uno se ve confrontado
con la libertad de los demás, de la que no se es dueño y Que, en cambio, nos afecta. Así se
entiende la relación íntima entre la revelación, como autocomunicación de Dios, y la historia.
Para que la revelación, como acontecer libre y del que no se puede disponer, afecte al hombre
debe darse en las condiciones y en el ámbito de la historia .
4. Por tener lugar en la historia y como historia, pero sin confundirse con ella, la revela-
ción no se da en un punto único del tiempo, sino más bien a kavés de una sucesión de inter-
venciones discontinuas. La revelación es un acontecimiento progresivo. Las intervenciones de
Dios que hacen crecer el acervo, y la claridad y profundidad de su autocomunicarse constitu-
yen una historia de la revelación. Como dice el comienzo de la carta a los Hebreos, Dios ha
hablado de varias maneras en lo antiguo a través de los profetas (in prophetis), y en los últi-
mos días lo ha hecho por el Hijo (in Filio). En la historia de la revelación hay, por tanto, un
punto álgido, un culmen, que es la venida de Dios a nosokos en la persona de Cristo. Sólo a
través de su preparación in prophetis a través de los siglos, adquiere relieve la plenitud de la
revelación en Jesús de Nazaret. "Durante muchos siglos Dios se acerca al hombre y acerca al
hombre hacia Sí. La historia de la revelación es una economía, una disposición, un designio
de la sabiduría divina. Se dirige a un fin: es una teleología".
U
CONCILIO VATICANO II, Constitución Dogmática Dei Verbum sobre Ia
divina Revelacién, 1965.
prepara por etapas para acoger la Revelación sobrenatural que hace de sí mismo y que culmi-
nará en la Persona y la misión del Verbo encarnado, Jesucristo.
Principio de la "economía"
Uno de los principales méritos de la DV ha sido presentar la revelación cristiana no
como un misterio aislado, sino (siguiendo la tradición patrística) como una amplia "econo-
mía", es decir, como un designio infinitamente sabio, que Dios descubre y realiza según unos
caminos previstos por é1. [...]
En esta economía, el AT ejerce una triple función de preparación, de profecía y de pre-
figuración, ya que al asumir la carne y el tiempo, el Verbo de Dios cualifica todo el tiempo de
la economía de la salvación. [...]
[Si] es verdad que el AT comprendido alaluz del evangelio adquiere un sentido nue-
vo, el AT confiere a su vez al NT una densidad y un peso temporal que no podría tener por sí
mismo. No se puede comprender el NT sin el discurso del AT [...].
[...] Nunca hay que perder [...] de vista la singularidad de la revelación cristiana y la
especificidad de su "economía": en su preparación (elección), su progreso (profetismo), su
comunicación definitiva (Cristo, Verbo encarnado), en su transmisión (tradición y Escritura
inspirada), en su conservación e interpretación (Iglesia y carisma de infalibilidad). [...]
profetas, alcanzando así una perfección nunca lograda antes. El Antiguo Testamento, en efec-
to, está lleno de tensiones entre sus aspectos institucionales y proféticos. El misterio pascual
de Cristo es plenamente conforme -de un modo que no era previsible- con las profecías y el
carácter prefigurativo de las Escrituras; no obstante, presenta evidentes aspectos de disconti-
nuidad respecto a las instituciones del Antiguo Testamento.
Recordad que es una misma Palobra de Dios la que se extiende en todas las escri-
turas, que es un mismo Verbo que resuenq en la boca de todos los escritores sa-
grados, el que, siendo al comienzo Dios junto ct Dios, no necesita sílabas porque
no está sometido al tiempo (5. Agusrín, Psal. 103,4,1).
de Cristo, sino la de aludar a vivirla más plenamente en una cierta época de la historia. Guia-
do por el Magisterio de la Iglesia, el sentir de los fieles (sensus fidelium) sabe discernir y aco-
ger lo que en estas revelaciones constituye una llamada auténtica de Cristo o de sus santos a la
Iglesia.
La fe cristiana no puede aceptar "revelaciones" que pretenden superar o corregir la
Revelación de la que Cristo es la plenitud. Es el caso de ciertas Religiones no cristianas y
también de ciertas sectas recientes que se fundan en semejantes "revelaciones".
L09 En la sagrada Escritura, Dios habla al hombre a la manera de los hombres. Por
tanto, para interpretar bien la Escritura, es preciso estar atento a lo que los autores humanos
quisieron verdaderamente afirmar y a lo que Dios quiso manifestarnos mediante sus palabras
(cf. DV 12,1).
110 Para descubrir la intención de los autores sagrados es preciso tener en cuenta las
condiciones de su tiempo y de su cultura, los «géneros literarios» usados en aquella época, las
maneras de sentir, de hablar y de narrar en aquel tiempo. <<Pues la verdad se presenta y se
enuncia de modo diverso en obras de diversa índole histórica, en libros profeticos o poéticos,
o en otros géneros literarios» (DY 12,2).
111 Pero, dado que la sagrada Escritura es inspirada, hay otro principio de la recta in-
terpretación , no menos importante que el precedente, y sin el cual la Escritura sería letra
muerta: «La Escritura se ha de leer e interpretar con el mismo Espíritu con que fue escrita»
(DV r2.3).
El Concilio Vaticano II señala tres criterios para una interpretación de la Escritura con-
forme al Espíritu que la inspiró (cf. DV 12,3):
ll2 1. Prestar una gran atención «al contenido y a la unidad de toda la Escritura». En
efecto, por muy diferentes que sean los libros que la componen, la Escritura es una en razón
de la unidad del designio de Dios , del que Cristo Jesús es el centro y el corazón, abierto desde
su Pascua (cf. Lc 24,25-27.44-46).
el corazón (cf. Sal 22,15) de Cristo se comprende la sagrada Escritura, la cual ha-
<<Por
ce conocer el corazón de Cristo. Este corazón estaba cerrado antes de la Pasión porque la Es-
critura era oscura. Pero la Escritura fue abierta después de la Pasión, porque los que en ade-
lante tienen inteligencia de ella consideran y disciernen de qué manera deben ser interpretadas
las profecías» (Santo Tomás de Aquino, Expositio in Psalmos,2I,ll).
113 2. Leer la Escritura en «la Tradición viva de toda la Iglesia». Según un adagio de
los Padres, Sacra Scriptura pincipalius est in corde Ecclesiae quam in materialibus instru-
mentis scripta («La sagrada Escritura está más en el corazón de la Iglesia que en la materiali-
dad de los libros escritos»). En efecto, la Iglesia encierra en su Tradición la memoria viva de
la Palabra de Dios, y el Espíritu Santo le da la interpretación espiritual de la Escritura
(...secundum spiritualem sensum quem Spiritus donat Ecclesiae [Orígenes, Homiliae in Levi-
ticum,5,5]).
114 3. Estar atento <<a la analogía dela fe» (cf. Rm 12, 6). Por «analogía de la fe» en-
tendemos la cohesión de las verdades de la fe entre sí y en el proyecto total de la Revelación.
La Iglesia Misterio de salvación
520 Toda su vida, Jesús se muestra como nuestro tnodelo (cf. Rm 15, 5; Flp 2, 5): él es
f
el "hombre perfecto" (GS 38) que nos invita a ser sus discípulos a seguirle: con su anona-
damiento, nos ha dado un ejemplo que imitar (cf. Jn 13, 15); con su oración atrae a la oración
(cf. Lc 11, 1); con su pobreza,llama a aceptar libremente la privación y las persecuciones (cf.
Mt 5, 1l-12).
521 Todo 1o que Cristo vivió hace que podamos vivirlo en El y que El lo viva en noso-
tros."El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido en cierto modo con todo hombre" (GS
22,2). Estamos llamados a no ser más que una sola cosa con él; nos hace comulgar en cuanto
L miembros de su Cuerpo en lo que El vivió en su carne por nosotros y como modelo nuestro:
Debemos continuar y cumplir en nosotros los estados y Misterios de Jesús, y pedirle con
frecuencia que los realice y lleve a plenitud en nosotros y en toda su Iglesia... Porque el Hijo
de Dios tiene el designio de hacer participar y de extender y continuar sus Misterios en noso-
tros y en toda su Iglesia por las gtacias que El quiere comunicamos y por los efectos que quie-
re obrar en nosotros gracias a estos Misterios. Y por este medio quiere cumplirlos en nosotros
(S. Juan Eudes, regn.),
1. Introducción
[...] El cristianismo tiene algo que decir al hombre de hoy, en particular al hombre de
Occidente, y ese algo es decisivo. Si no fi;rxa capaz de decírselo, ningún poder en la tierra,
ninguna ideología, ninguna religión sería capaz de suplantarlo. Por ser Cristo la teofanía su-
prema, el Dios revelador y el Dios revelado, el "universal concreto", ocupa una posición única
que distingue al cristianismo de todas las demás religiones que se dicen reveladas y que le
discuten su pretensión central. Es la única religión cuya revelación se encarna en una persona
que se presenta como la verdad viva y absoluta, que recoge y unifica en sí todos los aspectos
de la verdad que jalonan la historia de la humanidad. [...] Cristo no es un simple fundador de
religión; es a la vez inmanente a la historia de los hombres y el trascendente absoluto. Por eso
es el único mediador de sentido, el único exegeta del hombre y de sus problemas. [...]
3) Progreso dialéctico del A T. [...] Lo que pone en movimiento esta historia y man-
tiene su impulso es la intervención del Dios de la promesa. En efecto, es la promesa, con la
esperanza que suscita en el acontecimiento que la colmará, lo que sensibiliza a la historia.
Como Dios es fiel a sus promesas, cada nuevo cumplimiento hace esperar un cumplimiento
más decisivo todavía y constituye una especie de relevo en el desarrollo continuo de la histo-
ria hacia su término final. Por eso Israel no sólo conmemora el pasado, sino que lo considera
como promesa del porvenir. [...]
A la dialéctica de la promesa y del cumplimiento de la palabra de Dios responde por
parte de Israel una actitud de atención meditativa y de confianza en la promesa. En efecto,
puesto que la historia es el lugar de la revelación de Yhwh, Israel no deja de meditar en los
acontecimientos que marcaron su nacimiento y su desarrollo como pueblo. [...] El AT, en su
forma actual, es el fruto del rumiar multisecular del pueblo de Dios, bajo la guía de los profe-
tas y de los escritores inspirados, pero a partir de los mismos acontecimientos. [...]
8) Carúcter dialogal. [...] [La] revelación, como la fe, se abre al misterio de unaper-
sona y no de una cosa: de un yo que se dirige a un tu; de un yo que, al descubrir el misterio de
su vida, descubre al hombre que todo el sentido de la existencia humana reside en el encuen-
tro con ese yo y en la acogida del don que hace de sí mismo. [...]
El hombre pecador no puede abrirse a este abismo del amor sin una acción interior que
recree al hombre por dentro y le permita acoger al totalmente otro (In 6,44; ZCor 4,4-6; He
16,14). El hombre no puede consentir en la revelación y asimilarla en la fe más que cuando se
ve movido por un nuevo principio de conocimiento y de amor. [...] Sin la acción interior del
Espíritu el hombre no podría "convertirse", renunciar a apoyarse en lo que ve, para abando-
narse, a partir de una palabra, en lo que no ve. Así, la revelación se da objetivamente en Je-
sucristo como una realidad, pero no es asimilada por el hombre más que gracias al Espíritu.
La revelación cristiana es al mismo tiempo automanifestación y autodonación de Dios en Je-
sucristo, pero bajo la acción interiorizante del Espíritu.
Por su estructura dialogal, que la asemeja y la distingue a la yez de la palabra de los
hombres, la revelación cristiana, como palabra de Dios, constituye una realidad absolutamente
original y específica.
cándalo de una revelación que nos llega por los caminos de la came y del lenguaje del Verbo
encarnado, figura tenue, punto perdido en la historia de una cultura, de üna nación que no es a
su vez nada entre las potencias de este mundo. Escándalo, finalmente, de una revelación con-
fiada en su expansión a través de los siglos a una Iglesia integrada por miserables pecadores.
La kénosis de Dios en la historia de Israel, la kénosis del Hijo en la carne de Cristo, la kénosis
del Espíritu en la debilidad de los hombres de la Iglesia: esos anonadamientos sucesivos de
Dios, consumados en la forma escandalosa de la revelación suprema del amor en la forma
visible y tangible de un crucif,rcado, desconciertan toda concepción humana. Realmente, no es
ése el tipo de singularidad que habríamos esperado del absoluto y del trascendente. Sin em-
bargo, en esa misma confusión de nuestras concepciones humanas, en ese escándalo hay un
rasgo fundamental de la revelación de Dios como el totalmente otro. El hombre jamás logrará
superar este escándalo si no elimina su autosuficiencia para abrirse al amor que se le ofrece.
b) El segundo carácter que afecta a la revelación en la totalidad de sus rasgos es la so-
breabundancia de salvación que manifiesta: sobreabundancia de los medios de comunicación
y de expresión; sobreabundancia de los caminos que anuncian y preparan el acontecimiento
culminante de la encarnación del Hijo; sobreabundancia de los carismas que acompafran y
protegen la expansión de la revelación a través de las edades (tradición inspiración, infalibili-
dad); sobreabundancia, finalmente, de los dones y de los medios de salvación. Esta sobre-
abundancia, que es ya la marca de Dios en el universo, es también un rasgo de la historia de la
salvación Lo que extraña no es la salvación ofrecida a todos los hombres; es más bien la so-
breabundancia de salvación que acompaña a la revelación cristiana. Ella representa, respecto a
la salvación universal y respecto a las religiones históricas, un plus, una sobreabundancia en
los dones de la salvación, que es la prodigalidad de Dios en la nueva creación. Lo que extraña
es la sobreabundancia del amor de Dios al hombre pecador. Se concibe que Dios salga de su
silencio y que le declare al hombre su amor; pero que exprese este amor hasta el agotamiento
de su expresión, es decir, hasta el don de sí mismo y hasta el abismo de la cruz, es algo que
manifiesta un amor que abunda y sobreabunda. Ante esta "sobreabundancia", QUs "señala" la
revelación cristiana a la atención de todos los hombres, no cabe más respuesta que la del
amor: 'Nosotros hemos conocido el amor,que Dios nos tiene, y hemos creído" (l Jn 4,16).
se descubre a los hombres por Cristo y la devolución que le hacen los hombres de ese amor
por la fe y la caridad aparecen como inmersos en el flujo y reflujo te amor que une al Padre y
al Hijo en el Espíritu. La revelación es una acción que compromete a lavez a la Trinidad y a
la humanidad; que entabla un diálogo ininterrumpido entre el Padre y sus hijos, adquiridos por
la sangre de Cristo. Se desarrolla a la yez en el plano del acontecimiento histórico y en el
plano de la etemidad. Se inaugura por la palabra y la fe, y se acabará en el cara a cara de la
visión.
[...] Uno se pregunta, pues, si la tradición no es algo antihistórico; algo que, en todo
caso, se encuentra en abierta contradicción con esa sumamente impresionante y visible trama
del proceso histórico que cae bajo nuestra mirada; en otras palabras, en contradicción con el
investigar continuamente progresivo acerca del Hombre y del mundo, y por ello. en contra-
dicción con esa cada vez más profundamente extendida instrumentación técnica de todas las
energías del cosmos, que está condicionada e iluminada (por aquel investigar). Sin cesar des-
cubren nuevas cosas, lo nuevo es inintemrmpidamente puesto en práctica [...]
[...] Antes de hablarcon mayor precisión del mismo, es necesario aclarar la noción
misma de Tradición, tal como ella se da en el habla y en el pensamiento vivo de los hombres,
y consecuentemente formularla. ¿Cuáles son, por lo tanto, los elementos constifutivos del
concepto de tradición?
Es sin duda claro que, quien habla del proceso de la tradición, piensa siempre necesa-
riamente en dos participantes del proceso: el que transmite algo, y aquél que recibe algo. Ese
algo indiferentemente, es entendido y caracterizado como transmisión, tradición, con-
-que,
tenido de instituciones, tesis, etc.- puede referirse a cualquier ámbito pensable de la existen-
cia. Puede tratarse de una canción, un uso, una festividad, una institución, una norrna de com-
portamiento (formas de hablar, de saludar, de presentarse, de conducta en el culto divino, có-
mo se recibe a un huésped, etc.).
Lo transmitido puede naturalmente ser también una doctrina, un juicio acerca de la realidad, y
en adelante pondremos el acento especialmente cuando no en sentido exclusivo- en el
problema de la transmisión de la verdad; acerca -aún
de lo cual es necesario tener en claro que,
naturalmente, también en un uso, en una festividad, en una
institución puede estar corpor izada ma doctrina.
Previamente, empero, debemos decir algo más acerca de las relaciones entre las partes
que tienen que ver en este proceso de la Tradición, sea que se trate de individuos o de las ge-
neraciones. Cuando tiene lugar la transmisión. tiene lugar también ese algo que es distinto de
La Iglesia I tr,tisterio de salvación 62
una conversación o un diálogo: es decir, uno habla, el otro escucha. Se podría aquí objetar:
¿acaso no tiene lugar una conversación entre padres e hijos, o entre gerieraciones, cuando las
cosas suceden correctamente? ¿No debe darse acaso? A eso yo respondería: naturalmente.
Pero entre las generaciones suceden normalmente muchas cosas que no son transmisión (o
tradición). También el proceso mismo de la tradición a veces podría distinguirse apenas en
concreto de una discusión. Y con todo transmisión es algo, en principio, distinto de una discu-
sión. En los Diálogos de Platón, que por cierto pueden pasar por ser el caso clásico de discu-
sión, de una inquisición en común, como le gustaba decir a Sócrates ("Permítenos investigar
en común"), aún allí es posible leer muy fácilmente más allá de estos límites, en los que de
alguna manera la situación total repentinamente se cambia, y donde el diálogo y la conversa-
ción la que toman parte con igualdad de derechos todos los amigos, los discípulos y los
-en
impugnadores- de improviso se transforma en otra cosa, es decir, en un acto de transmisión.
Cuando al final del diálogo "Gorgias", por ejemplo, Sócrates narra el mito del juicio después
de la muerte, eso es algo, de acuerdo a la estructura interna del diálogo totalmente distinto de
la discusión precedente. No se trafaya más de una conversación en común, sino de un trans-
mitir (Tradieren) y una tradición en sentido estricto.
Pero entre las generaciones tienen lugar, además del diálogo y la tradición, como que-
da dicho, otras cosas, por ejemplo, lo que podríamos denominar proceso de aprendizaje colec-
tivo. Quizás ocupe este proceso de aprendizaje colectivo el mayor espacio entre todo aquello
que ocurre entre las generaciones. Pero nuevamente hemos de notar: una cosa es aprender, y
otra cosa totalmente distinta es recibir lo transmitido, aceptar lo transmitido, así oomo
otra parte- también enseñar y transmitir son dos cosas totalmente diversas, aún cuando -por
en
concreto ambas puedan estar tan entremezcladas hasta la indiscernibilidad. [...]
Por lo tanto, ¿dónde está la diferencia entre enseñar y transmitir? Cuando un investi-
gador comunica a sus discípulos sus propios descubrimientos y los resultados de su trabajo,
tiene lugar sin duda una enseñanza; en este caso no podríamos utilizar el término "transmi-
sión"; estaría simplemente contra el uso lingüístico. Hablamos de "transmisión" sólo cuando
es transmitido, no algo propio, sino algo recibido, con el fin de que ese algo sea a su vez reci-
bido y nuevamente transmitido. Esto podría ser válido casi como una definición, como una
determinación formal del concepto de Tradición. "Yo he recibido lo que os he transmitido":
"yo os he transmitido, lo que yo también he recibido"; "quod a patribus acceperunt, hoc filiis
tradiderunt', "lo que ellos recibieron de sus padres, eso transmitieron a sus hijos". Estas tres
frases (las dos primeras provienen de laPrimeraCarta a los Corintios, latercera se encuentra
en San Agustín) creo que nos ofrecen una formulación bastante precisa de la estructura inter-
na de lo que es transmitir.
universitarios, a quienes yo conocía y que me habían llevado allí se me rieron en la cara sim-
plemente, cuando les pregunté qué significaba lo que hacía el sacérdote. "Todos disparates".
Cuando me volví al padre de la familia y lo interrogué, éste se encogió de hombros y me dijo:
"This has beendone -fo, o thousand years" -----esto lo hacemos así desde hace mil años-.
Cuando poco después abandonaba yo la casa en compañía de uno de los hijos, se quejaba éste
colérico ----€on razón, a mi entender- por no haber recibido nunca otra explicación.
Consecuentemente, quien quiera transmitir algo, no debe hablar de Tradición; debe
más bien procurar que los contenidos a transmitir, las viejas verdades, sean mantenidas pre-
sentes, por ejemplo, mediante expresiones vivas, mediante una traducción creadora, a través
de una permanente confrontación con lo inmediatamente contemporáneo y, ante todo, también
con el futuro. Con esto aparece claro que el acto mismo de transmitir es una tarea plena de
exigencias y que el proceso de transmitir vitalmente algo traditum es algo eminentemente
dinámico.
Debemos decir algo ahora acerca del recibimiento de lo que ha de transmitirse. ¿Cómo
sucede esto propiamente? El último en la serie debe, por supuesto, tomar realmente parte en la
transmisión. Más precisamente: ¿De qué tipo es el acto en que lo traditum es recibido, de tal
manera que la transmisión en realidad se cumpla acabadamente o que se realice simplemente?
En cualquier caso este acto es claramente diverso de un mero acto de conocimiento. Eviden-
temente no tiene lugar en la actitud de quien recibe una información. Un historiador, por
ejemplo, en cuanto tal, puede tener un conocimiento muy preciso y muy amplio sobre los /ra-
dita, sin que tome parte en la Tradición, es decir, sin estar por ello en la Tradición. [...]
El acto, acerca de cuya estructura nos preguntamos, el acto por el cual el último en la
serie acepta un Traditum, y en el que el proceso de la tradición se cierra y llega a su término
----este acto tiene evidentemente la forma de un "dejarse-decir algo" (Sichetwas-sagen-lassen),
acepto algo que alguien me ofrece y me presenta, lo que significa que yo no me lo tomo por
mí mismo, no puedo yo mismo tomarlo. Por otro lado acepto lo Traditum, no por el hecho de
que sea "transmitido", sino porque estoy convencido de que es verdadero y válido. Esta vali-
dez, por supuesto, no la puedo poner a prueba, y me encuentro en la misma situación en la que
se encontraba Sócrates frente a la sabiduríamítica del juicio después de la muerte. Si fuese de
otra manera, no necesitaría que el mensaje me fuera anunciado por otro; lo sabría yo por mí
mismo. Todo esto significa que la aceptación y el recibir lo transmitido tiene la forma estruc-
tural de la"fe"; ¡es fe! Pues, en último término, creer no es otra cosa que aceptar algo como
verdadero y válido, no a partir de la propia visión y la propia experiencia, sino porque me
apoyo en algún otro. Esto no tiene nada que ver aún con la noción de fe religiosa. Se trata de
la noción muy general de "creer", tal como la empleamos siempre.
Este es el punto preciso en el que se distingue entre la aceptación de un Traditum y eI
aprender; y en el que la Tradición se diferencia del proceso colectivo de aprendizaje, al que
denominamos también progreso cultural. O sea, según la f'amosa frase de Aristóteles, el
aprendiz debe creer ("quien quiere aprender, debe creer"); pero esto pertenece sólo al primer
escalón del aprendizaje. No es el análisis crítico lo que se encuentra en el comienzo de todo
aprendizaje, sino un acto de confianza. Sin este comienzo acrítico no podría nunca alcanzarse
lá independencia crítica, que es la que más tarde transformará poco a poco lo recibido sim-
plemente en primera instancia, en algo sabido por sí mismo; sólo entonces, quien llega a eso,
ha realmente aprendido algo, en sentido estricto. Entonces podrá por sí mismo corregir lo
aprendido, podrá multiplicarlo, enriquecerlo, y entregarlo a su vez a sus descendientes, para
que a su yez sea aprendido, es decir, recibido en un primer paso acríticamente para ser luego
examinado, justificado, ampliado y enriquecido. Los que aprenden no deben peffnanecer en
un mero recibir y creer acríticamente. Eso es el proceso que siempre observamos en los así
llamados países en desarrollo, y de lo que propiamente nos quejamos. La intención es que
La Iglesia I ltisterio de salvación 64
asimilen realmente lo ofrecido, lo penetren críticamente para luego avanzar más allá de lo
poseído en ese momento. Debe aprenderse y no sólo recibirse lo transmitido. De esta manera
tiene lugar esa acumulación a la que denominamos progreso.
Pero tradición, transmisión, es algo fundamentalmente distinto de ese proceso de
aprendizaje colectivo. [...] ., el ámbito de la tradición el concepto de progreso, casi no viene
al caso. Cité recién a San Agustín: "quod a patribus acceperunt, hocfiliis tradiderunt", en
esta frase el hoc tiene cierta significación. Lo que ellos recibieron de sus mayores, eso, preci-
samente eso, entregan ellos nuevamente a sus hijos. Lo que en el proceso de la tradición es
nuevamente entregado, es precisamente lo recibido, de tal manera que el último en la serie
recibe de su padre, precisamente lo que el primero en la serie ha transmitido a su hijo. Y esto
es precisamente lo que se pretende, que a lo originariamente recibido no se le añada nada.
Por cierto, que nada debe omitirse, ni eliminarse, ni olvidarse de todo aquello que ori-
ginariamente ha sido recibido. Por eso con todo derecho se ha entendido siempre que la idea
de recuerdo ha constituido desde siempre una categoría estrechamente emparentada con el
concepto de tradición. Lo común a ambos conceptos es que todo aquello sucedido algunavez,
lo experimentado, lo dicho, debe ser guardado idénticamente presente en la conciencia. Solo-
viev llamó por eso a la tradición "la memoria de la sociedad humana"; y su discípulo Ivanov
habla de ella como "'memoria ontológica de las culturas". Acordarse significa empero, como
todos lo saben, no sólo no olvidarse de nada, sino que significa también no "añadir nada".
Sería un uso del término simplemente contrario al sentido si alguien dijera que se acuerda de
algo que está más allá del contenido de lo realmente experimentado. Esta falsificación sería
más dañina casi que el olvidarse simplemente.
A la pregunta, pues, para qué es bueno ese mantener presente (¿qué significa tradi-
ción?) habría que responder que, según la vieja sentencia, le es tan necesario al hombre el ser
recordado como el ser enseñado. Dicho en otras palabras, uno puede perjudicarse no sólo por
desaprovechar el ser enseñado sobre lo accesorio perder la ocasión, como se dice hoy
-por o perder algo indispensable.
en día- sino también puede uno perjudicarse al olvidar
Pero, ¿es lo transmitido realmente indispensable? ¿Es también solamente válido y ver-
dadero? Hemos dicho que la aceptación de lo transmitido tiene la estructura de un acto de fe.
Por cierto; pero ¿a quién se cree) y por qué? ¿Por qué Sócrates, corno é7 mismo dice, concibe
que "no es una mera historia, como todos vosotros creéis", el que haya un juicio después de la
muerte, sino que es una verdad? Y que el hombre ha perdido su originaria perfección por la
culpa y el castigo; que Dios tiene en sus manos el principio, el medio y el fin de todas las co-
sas; que el mundo surgió de la bondad generosa de un Creador, etc. ¿Por qué motivo? Que no
podemos probar todo eso, es para él evidentemente claro. La experiencia y la argumentación
racional son absolutamente insuhcientes en este tipo de hechos. Con todo, Sócrates sostiene
todas esas cosas no sólo como verdaderas, sino como tan válidas, que dará por ellas su vida y
su muerte.
¿Y en razón de qué? ¿Simplemente porque "desde antiguo fue afirmado"? Este "palai
legetaf'-((ss un conocimiento antiguo, se lo afirma desde siempre"- vuelve a aparecer con-
tinuamente en los diálogos de Platón. Pero sólo se puede creer a alguien ¡y no a ese nebuloso
neutro de un palai legatai!
Ahora bien, el Sócrates platónico, si uno lo examina más de cerca, menciona también
sin lugar a dudas un "alguien"; más precisamente, menciona una multiplicidad de "alguienes",
de sujetos personales. Habla de los "antiguos", de los palaioi y de los arcltaioi: a ellos se re-
fiere por otra parte no sólo Platón, sino también el Aristóteles crítico y poco amigo de los mi-
tos" "Los antiguos" pasan por ser aquí los garantes de esa sabiduría transmitida. Pero, ¿quié-
Encuent¡o Veritas I fafi aet Valle 2015 65
nes son esos "antiguos" que perrnanecen en el anonimato? No se nombra a nadie. ¿A quiénes
se refieren?
74 Dios "quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" ( 1
Tim2,4), es decir, al conocimiento de Cristo Jesús (cL Jn 14,6). Es preciso, pues, que Cristo
sea anunciado a todos los pueblos y a todos los hombres y que así la Revelación llegue hasta
los confines del mundo:
«Dios quiso que lo que había revelado para salvación de todos los pueblos se conservara
por siempre íntegro y fuera transmitido a todas las generaciones>> (DV 7).
I La Tradición apostólica
75 "Cristo nuestro Señor, en quien alcanza su plenitud toda la Revelación de Dios, mandó a
los Apóstoles predicar a todos los hombres el Evangelio como fuente de toda verdad salvado-
Encuentro Veritas I fufi aet Va11e 2015 67
ra y de toda norma de conducta, comunicándoles así los bienes divinos: el Evangelio prometi-
do por los profetas, que Él mismo cumplió y promulgó con su voz" (DV 7.¡.
T6Latransmisión del Evangelio, según el mandato del Señor, se hizo de dos maneras:
por escrito: "los mismos Apóstoles y los varones apostólicos pusieron por escrito el mensa-
- de la salvación inspirados por el Espíritu Santo" (DV 7).
je
77 <<Para que este Evangelio se conservara siempre vivo y entero en la Iglesia, los Apóstoles
nombraron como sucesores a los obispos, "dejándoles su cargo en el magisterio">> (DV 7). En
efecto, «la predicación apostólica, expresada de un modo especial en los libros sagrados, se ha
de conservar por transmisión continua hasta el fin de los tiempos» (DV 8).
78 Esta transmisión viva, llevada a cabo en el Espíritu Santo, es llamada la Tradición en cuan-
to distinta de la sagrada Escritura, aunque estrechamente ligada a ella. Por ella, "la Iglesia con
su enseñanza) srt vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que
cree" (DV 8). "Las palabras de los santos Padres atestiguan la presencia viva de esta Tradi-
ción, cuyas riquezas van pasando alaprácticay a la vida de la Iglesia que cree y ora" (DV 8).
79 Así, la comunicación que el Padre ha hecho de sí mismo por su Verbo en el Espíritu Santo
sigue presente y activa en la Iglesia: "Dios, que habló en otros tiempos, sigue conservando
siempre con la Esposa de su Hijo amado; así el Espíritu Santo, por quien la voz viva del
Evangelio resuena en la lglesia, y por ella en el mundo entero, va introduciendo a los fieles en
la verdad plena y hace que habite en ellos intensamente la palabra de Cristo" (DV 8).
Unafuente común...
81 "La sagrada Escritura es la palabra de Dios, en cuanto escrita por inspiración del Espíritu
Santo".
"La Tradición recibe la palabra de Dios, encomendada por Cristo y el Espíritu Santo a los
Apóstoles, y la transmite íntegra a los sucesores; para que ellos, iluminados por el Espíritu de
la verdad, la conserven, la expongany la difundan fielmente en su predicación".
La Iglesia I Misterio de salvación 68
83 La Tradición de que hablamos aquí es la que viene de los apóstoles y transmite Io que és-
tos recibieron de las enseñanzas y del ejemplo de Jesús y lo que aprendieron por el Espíritu
Santo. En efecto, la primera generación de cristianos no tenía aún un Nuevo Testamento escri-
to, y el Nuevo Testamento mismo atestigua el proceso de la Tradición viva.
El Magisterio de la Iglesia
85 "El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido enco-
mendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo"
(DV 10), es decir, a los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma.
86 "El Magisterio no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, para enseñar
puramente lo transmitido, pues por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, lo
escucha devotamente, 1o custodia celosamente, lo explica fielmente; y de este único depósito
de la fe saca todo lo que propone como revelado por Dios para ser creído" (DV 10).
87 Los fieles, recordando la palabra de Cristo a sus Apóstoles: "El que a vosotros escucha a
mí me escucha" (Lc 10,16; cf. LG 20), reciben con docilidad las enseñanzas y directrices que
sus pastores les dan de diferentes formas.
Los dogmas de la fe
88 El Magisterio de la Iglesia ejerce plenamente la autoridad que tiene de Cristo cuando def,r-
ne dogmas, es decir, cuando propone, de una forma que obliga al pueblo cristiano a una adhe-
sión irrevocable de fe, verdades contenidas en la Revelación divina o también cuando propone
de manera definitiva verdades que tienen con ellas un vínculo necesario.
Encuentro Veritas I fafi aet Vaile 2015 69
89 Existe un vínculo orgánico enke nuestra vida espiritual y los dogmas. Los dogmas son
luces que iluminan el camino de nuestra fe y lo hacen seguro. De modo inverso, si nuestra
vida es recta, nuestra inteligencia y nuestro corazón estarán abiertos para acoger la luz de los
dogmas de la fe (cf. Jn 8,31-32).
90 Los vínculos mutuos y la coherencia de los dogmas pueden ser hallados en el conjunto de
la Revelación del Misterio de Cristo (cf. Concilio Vaticano I: DS 3016: "mysteriorum nexus
"; LG 25). «Conviene recordar que existe un orden o "jerarquía" de las verdades de la doctrina
católica, puesto que es diversa su conexión con el fundamento de la fe cristiana" (UR l1).
\--
El sentido sobrenatural de lafe
92 «Latotalidad de los fieles [...] no puede equivocarse en la fe. Se manifiesta esta propiedad
suya, tan peculiar, en el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo: cuando desde los
obispos hasta el último de los laicos cristianos" muestran su consentimiento en cuestiones de
fe y de moral>> (LG 12).
93 «El Espíritu de la verdad suscita y sostiene este sentido de la fe. Con é1, el Pueblo de Dios,
bajo la dirección del Magisterio [...], se adhiere indefectiblemente a la fe transmitida a los
santos de una vez para siempre, la profundiza con un juicio recto y la aplica cada día más ple-
namente en la vida» (LG l2).
94 Gracias a la asistencia del Espíritu Santo, la inteligencia tanto de las realidades como de las
palabras del depósito de la fe puede crecer en la vida de la Iglesia:
«Cuando los fieles las contemplan y estudian repasándolas en su corazón>> (DV 8); es en
-particular la «investigación teológica
[...] la que debe profundizar en el conocimiento de la
verdad revelada» (GS 62,7; cfr.Ibíd., 44,2;DY 23;Ibíd.,24;UR4).
«Cuando las proclaman los obispos, que con la sucesión apostólica reciben un carisma de
-Ia verdad» (DV 8).
95 «La santa Tradición, la sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia, según el plan pru-
dente de Dios, están unidos y ligados, de modo que ninguno puede subsistir sin los otros; los
tres, cada uno según su carácter, y bajo la acción del único Espíritu Santo, contribuyen efi-
cazmente a la salvación de las almas>> (DV 10,3).
Resumen
La Iglesia I Misterio de salvación 70
96 Lo que Cristo confió a los Apóstoles, éstos lo transmitieron por su predicación y por escri-
to, bajo la inspiración del Espíritu Santo, a todas las generaciones hasta el retorno glorioso
de Cristo.
98 «La lglesia con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo
que ella es, todo lo que cree" (DV 8).
Después de ser lavado de ese modo, y adherirse a nosotros quien ha creído3e, le lleva-
mos a los que se llaman hermanos, para rezar juntos por nosotros mismos, por el que acaba de
ser iluminado, y por los demás esparcidos en todo el mundo. Suplicamos que, puesto que he-
mos conocido la verdad, seamos en nuestras obras hombres de buena conducta, cumplidores
de los mandamientos, y así alcancemos la salvación etema.
Terminadas las oraciones, nos damos el ósculo de la paz. Luego, se ofrece pan y un
vaso de agua y vino a quien hace cabeza, que los toma, y da alabanza y gloria al Padre del
universo, en nombre de su Hijo y por el Espíritu Santo. Después pronuncia una larga acción
de gracias por habernos concedido los dones que de Él nos vienen. Y cuando ha terminado las
oraciones y la acción de gracias, todo el pueblo presente aclama diciendo: Amén, que en he-
breo quiere decir así sea. Cuando el primero ha dado gracias y todo el pueblo ha aclamado, los
que llamamos diáconos dan a cada asistente parte del pan y del vino con agua sobre los que se
pronunció la acción de gracias, y también lo llevan a los ausentes.
A este alimento lo llamamos Eucaristía. A nadie le es lícito participar si no cree que
nuestras enseñanzas son verdaderas, ha sido lavado en el baño de la remisión de los pecados y
la regeneración, y vive conforme a lo que Cristo nos enseñó. Porque no los tomamos como
pan o bebida comunes, sino que, así como Jesucristo, Nuestro Salvador, se encamó por virtud
38
San Justino, filósofo y mártir, es el Padre apologista griego más importanle del siglo II y una de las personali-
dades mas nobles de la literatura cristiana primitiva. Nació en Palestina, en Flavia Neápolis, la antigua Siquem.
De padres paganos y origen romano, pronto inició su itinerario intelectual frecuentando las escuelas estoic4
a¡istotélica, pitagórica y platónica. La búsqueda de la verdad y el heroísmo de los mártires cristianos provocaron
su conversión al cristianismo. Desde ese momento, permaneciendo siempre laico, puso sus conocimientos filosó-
ficos al servicio de la fe.
Llegó a Roma durante el reinado de Marco Aurelio (138-161) y allí fundó una escuela, la primera de filosofia
cristiana. Según su discípulo Taciano, a causa de las maquinaciones del filósofo cínico Crescente, tuvo que com-
parecer ante el Prefecto de la Urbe y, por el solo delito de confesar su fe, fue condenado con otros seis compañe-
ros a muerte, probablemente en el año 165.
3e
San Jústino ha expuesto anteriormente sobre el bautismo.
Encuentro Veritas I rafi aet Valle 2015 71
del Verbo de Dios para nuestra salvación, del mismo modo nos han enseñado que esta comi-
<ia-de la cual se alimentan nuestra carne y nuestra sangre-es la Came y la Sangre del mis-
mo Jesús encarnado, pues en esos alimentos se ha realizado el prodigio mediante la oración
que contiene las palabras del mismo Cristo. Los Apóstoles---rn sus comentarios, que se lla-
man Evangelios-nos transmitieron que así se lo ordenó Jesús cuando, tomó el pan y, dando
gracias, dijo: Haced esto en conmemoración mía; esto es mi Cuerpo. Y de Ia misma manera,
tomando el cáliz dio gracias y dijo: ésta es mi Sangre. Y sólo a ellos lo entregó (...).
Nosotros, en cambio, después de esta iniciación, recordamos estas cosas constante-
mente entre nosotros. Los que tenemos, socorremos a todos los necesitados y nos asistimos
\_-
siempre los unos a los otros. Por todo lo que comemos, bendecimos siempre al Hacedor del
universo a través de su Hijo Jesucristo y por el Espíritu Santo.
El día que se llama del sol [el domingo], se celebra una reunión de todos los que viven
en las ciudades o en los campos, y se leen los recuerdos de los Apóstoles o los escritos de los
profetas, mientras hay tiempo. Cuando el lector termina, el que hace cabeza nos exhorta con
su palabra y nos invita a imitar aquellos ejemplos. Después nos levantamos todos a una, y
elevamos nuestras oraciones. Al terminarlas, se ofrece el pan y el vino con agua como ya di-
1imos, y el que preside, según sus fuerzas, también eteva sus preces y acciones de gracias, y
todo el pueblo exclama: Amén. Entonces viene la distribución y participación de los alimen-
tos consagrados por la acción de gracias y su envío a los ausentes por medio de los diáconos.
Los que tienen y quieren, dan libremente lo que les parece bien; lo que se recoge se
entrega al que hace cabeza para que socorra con ello a huérfanos y viudas, a los que están
necesitados por enfermedad u otra causa, a los encarcelados, a los forasteros que están de pa-
so: en resumen, se [e constituye en proveedor para quien se halle en la necesidad. Celebramos
esta reunión general el día del sol, por ser el primero, en que Dios, transformando las tinieblas
y la materia,hizo el mundo; ytambiénporque es el día en que Jesucristo, Nuestro Salvador,
\- resucitó de entre los muertos; pues hay que saber que le entregaron en el día anterior al de
Saturno [sábado], y en el siguiente-que es el día del sol-, apareciéndose a sus Apóstoles y
discípulos, nos enseñó esta misma doctrina que exponemos a l'uestro examen.
oo
Misal Romano, Gloria in excelsis. Cf . Lc, 1,35 Mc, 1,24;Lc, 4,34 Jn,6,69 (ho hagios tou L-heou); Hch 3,
14; 4,27 y 30;Heb, 7, 26; I Jn, 2, 20;' Ap,3, 7.
\-
La Iglesia I Misterlo de salvación 72
jos evangélicos. Esta práctica de los consejos, que, por impulso del Espíritu Santo, muchos
cristianos han abrazado tanto en privado como en una condición o estadd"aceptado por la Igle-
sia, proporciona al mundo y debe proporcionarle un espléndido testimonio y ejemplo de esa
santidad.
40. El divino Maestro y Modelo de toda perfección, el Señor Jesús, predicó a todos y cada
uno de sus discípulos, cualquiera que fuese su condición, la santidad de vida, de la que El es
iniciador y consumador: <<Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre celestial es per-
ot.
fecto» (Mt 5, 48) Envió a todos el Espíritu Santo para que los mueva interiormente a amar
a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas (cf. Mt
12,30) y a amarse mutuamente como Cristo les amó (cf. Jn 13,34;15,12). Los seguidores de
Cristo, llamados por Dios no en razón de sus obras, sino en virtud del designio y gracia divi-
nos y justificados en el Señor Jesús, han sido hechos por el bautismo, sacramento de la fe,
verdaderos hijos de Dios y partícipes de la divina nahxaleza, y, por lo mismo, realmente san-
tos. En consecuencia, es necesario que con la ayuda de Dios conserven y perfeccionen en su
vida la santificación que recibieron. El Apóstol les amonesta a vivir ((como conviene a los
santos>> (Ef 5, 3) y que como <<elegidos de Dios, santos y amados, se revistan de entrañas de
misericordia, benignidad, humildad, modestia, paciencia>> (Col 3, 12) y produzcan los frutos
del Espíritu parala santificación (cf. Ga 5,22;Rm 6,22). Pero como todos caemos en muchas
faltas (cf. St 3,2), continuamente necesitamos la misericordia de Dios y todos los días debe-
mos orar: «Perdónanos nuestras deudas» (Mt 6, T2)42.
Es, pues, completamente claro que todos los fieles, de cualquier estado o condición,
están llamados a la plenitud de la vida cristiana y alaperfección de la caridada3, y esta santi-
dad suscita un nivel de vida más humano incluso en la sociedad terrena. En el logro de esta
perfección empeñen los fieles las fuerzas recibidas según la medida de la donación de Cristo,
a fin de que, siguiendo sus huellas y hechos conformes a su imagen, obedeciendo en todo a la
voluntad del Padre, se entreguen con toda su almaa la gloria de Dios y al servicio del próji-
mo. Así, la santidad del Pueblo de Dios producirá abundantes frutos, como brillantemente lo
demuestra la historia de la Iglesia con la vida de tantos santos.
4l.Una misma es la santidad que cultivan, en los múltiples géneros de vida y ocupaciones,
todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, y obedientes a la voz del Padre, adorándole
en espíritu y verdad, siguen a Cristo pobre, humilde y cargado con la crtz) a fin de merecer
ser hechos partícipes de su gloria. Pero cada uno debe caminar sin vacilación por el camino de
la fe viva, que engendra la esperanzay obrapor la caridad, según los dones y funciones que le
son propios.
con limitación alguna, de modo que 1o que es más caiga bajo consejo, como da a entender la
misma forma del precepto, que exige perfección al igual que cuanéo se dice: Amarás al Señor
tu Dios con todo tu corazón,' en efecto, todo y perfecto significqn lo mismo, según el Filósofo
en III Physic.; y cuando dice:amarás a tu prójimo como a ti mismo, puesto que cada uno se
ama a sí mismo con todas sus fuerzas. Ello es así porque el fin del precepto es la cari-
dad,como dice el Apóstol en 1 Tim 1,15. Ahora bien: no se pone medida al fin, sino a los
medios, como dice el Filósofo enI Polit., del mismo modo que el médico no pone medida a la
salud, sino sólo a la medicina o dieta que ha de usar para curar. AsÍ es evidcnte que la pcrfcc-
ción consiste esencialmente en los mandamientos. Por eso dice San Agustín, en De Perfectio-
ne lustitiae: ¿Por qué, pues, no ha de exigirse al hombre esta perfección, aunque nadie la
alcance en esta vida?
De manera secundaria e instrumental, la perfección consiste en los consejos. Tanto
unos como otros se ordenan a la caridad, pero de modo distinto. Los mandamientos tienen
como fin apartar lo que es contrario al acto de caridad que la hace incompatible con ellos,
mientras que los consejos se ordenan a apartar los obstáculos al acto de caridad que, sin em-
bargo, no se oponen a 1a misma, como son el matrimonio, la dedicación a negocios tempora-
les, etc. Por eso dice San Agustín en Enchirid.: Todo cuanto manda Dios, como: No.fornica-
rás, y todo lo que aconseja, como: Es bueno para el hombre no tocar a una mujer, se hace
rectamente cuando se relaciona con el amor a Dios y al prójimo por Dios, tanto en esta vida
como en la futura. Por eso, enlasColaciones de los Padres, dice el abad Moisés: Los ayunos,
las vigilias, la meditación de las Escrituras, la pobreza y la privación de todos los bienes, no
son perfección, sino instrumentos de la misma, porque no consiste en ellas el fin de esa forma
de vida, sino que se llega al fin a través de ellas. Y previamente había dicho: Trabajamos por
llegar a lo perfección de la caridad a través de estos grados.
A las objecionesz
1. En esas palabras del Señor hay algo que se pone como camino hacia la perfección, como
son las palabras: Ve, vende cuanto tienes y dqlo a los pobres, y algo en que consiste la perfec-
ción: Y sígueme. Por ello dice San Jerónim o, en Super Mt., qlue, dado que no basta con aban-
donar, Pedro añade lo que es perfecto, es decir (}r4t19,27; Mc 10,28; Lc 18,28): Te hemos
seguido. Por su parte, San Ambrosio, al comentar el pasaje de Lc 5,27, Sígueme, dice Le
manda seguirlo, no con pasos materiales,' sino con el afecto de su mente,lo cual se realiza
mediante la caridad. Por eso, en el modo de hablar, se ve que los consejos son instrumentos
para llegar a la perfección cuando dice: §i quieres ser perfecto, ve y vende..., como si dije-
ra: Haciendo esto llegarás a este.fin.
2. Como observa San Agustín en De Perfect. Iustit.,la perfección de la caridad se manda al
hombre en esta vida, porque no se corre si no se sabe hacia dónde. Y ¿cómo sabría si no lo
urgiere ningún precepto? Ahora bien: dado que lo que cae bajo precepto puede cumplirse de
diversas maneras, no es transgresor del precepto quien no lo cumple del mejor modo, sino que
basta con que lo cumpla de algún modo. Pero la perfección del amor divino cae universalmen-
te bajo precepto, de modo que ni siquiera la perfección del cielo queda exenta de ese precepto,
como dice San Agustín. Pero el que llega a esa perfección de cualquier modo, se libra de la
transgresión del precepto. De igual modo, tampoco lo quebranta el que llega de cualquier mo-
do a la perfección del amor divino. El grado ínfimo.del amor de Dios consiste en que no se
ame nada en mayor grado que a El, contra El o con igual intensidad que a El. El que no llega a
este grado de perfección no cumpie el precepto en modo alguno. Pero hay un grado de amor
perfecto que no puede cumplirse en esta vida, como dijimos antes (a.1), y el que no lo posee
no quebranta el precepto. De igual modo, no quebranta el precepto el que no llega al grado
medio de perfección, con tal que llegue al grado mínimo.
3. Así como el hombre tiene, desde el momento de nacer, una perfección natural que le com-
pete por el hecho de ser hombre, y hay otra perfección a la que se llega mediante el crecimien-
to, también existe una cierta perfección de la caridad que pertenece específicamente a ella, a
\-
I
,
La Iglesia I Misterio de salvación 76
saber: el que se ame a Dios sobre todas las cosas y que no se ame nada en contra de El, y exis-
te otra perfección de la caridad, incluso en esta vida, a la que se llega mediante un crecimiento
espiritual, como, por ejemplo, el hecho de que el hombre se abstenga de alimentos lícitos para
dedicarse más libremente a las cosas divinas.
su doctrina no es suya, sino de aquel que lo ha enviado.(cf. Jn7,16)- Jesús dice a los após-
toles: «separados de mí no podéis hacer nada» (Jn i5, 5): su misión no es propia, sino que es
la misma misión de Jesús. Y esto es posible no por las fuerzas humanas, sino sólo con el
«don» de Cristo y de su Espíritu, con el <<sacramento»: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes
perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan reteni-
dos» (Jn 20,22-23). Y así los apóstoles, no por algún mérito particular, sino por la participa-
ción gratuita en la gracia de Cristo, prolongan en la historia, hasta el final de los tiempos, la
misma misión de salvación de Jesús en favor de los hombres.
15. ...Los presbíteros son, en la Iglesia y pana la Iglesia, una representación sacramental de
Jesucristo, Cabeza y Pastor, proclaman con autoridad su palabra; renuevan sus gestos de per-
dón y de ofrecimiento de la salvación, principalmente con el Bautismo, la Penitencia y la Eu-
caristía; ejercen, hasta el don total de sí mismos, el cuidado amoroso del rebaño, al que con-
gregan en la unidad y conducen al Padre por medio de Cristo en el Espíritu. En una palabra,
1os presbíteros existen y actúan para el anuncio del Evangelio al mundo y para la edificación
de la Iglesia, personificando a Cristo, Cabezay Pastor, y en su nombre.
Éste es el modo típico y propio con que los ministros ordenados participan en el único
sacerdocio de Cristo. El Espíritu Santo, mediante la unción sacramental del Orden, los confi-
gura con un título nuevo y específico a Jesucristo, Cabeza y Pastor, los conforma y anima con
su caridad pastoral y los pone en la Iglesia como servidores auto rizados del anuncio del
Evangelio a toda criatura y como servidores de la plenitud de la vida cristiana de todos los
bautizados.
Al servicio de la lglesia y del mundo
17. El ministerio ordenado, por su propia naturaleza, puede ser desempeñado sólo en la medi-
da en que el presbítero esté unido con Cristo mediante la inserción sacramental en el orden
presbiteral, y por tanto en la medida que esté en comunión jerárquica con el propio Obispo. El
ministerio ordenado tiene una radical «forma comunitaria» y puede ser ejercido sólo como
<<una tarea colectiva».(30) Sobre este carácter de comunión del sacerdocio ha hablado larga-
mente el Concilio,(31) examinando claramente la relación del presbítero con el propio Obis-
po, con los demás presbíteros y con los fieles laicos.
z3.B|principio interior, la virtud que anima y guía la vida espiritual del presbítero en cuanto
configurado con Cristo Cabeza y Pastor es la caridad pastoral, participación de la misma cari-
dad pastoral de Jesucristo: don gratuito del Espíritu Santo y, al mismo tiempo, deber y llama-
da a la respuesta libre y responsable del presbítero.
global que anticipa, en la medida posible en el tiempo y según los diversos carismas, la per-
fección escatológica.
En efecto, mediante la profesión de los consejos evangélicos la persona consagrada no
sólo hace de Cristo el centro de la propia vida, sino que se preocupa de reproducir en sí mis-
mo, en cuanto es posible, «aquella forma de vida que escogió el Hijo de Dios al venir al mun-
do». Abrazando la virginidad, hace suyo el amor virginal de Cristo y lo conflresa al mundo
como Hijo unigénito, uno con el Padre (cf. Jn 10, 30; 14,ll); imitando su pobreza, lo confie-
sa como Hijo que todo lo recibe del Padre y todo lo devuelve en el amor (cf. Jn 17,7.I0); ad-
hiriéndose, con el sacrificio de la propia libertad, al misterio de la obediencia filial, lo confie-
sa infinitamente amado y amante, como Aquel que se complace sólo en la voluntad del Padre
(cf. Jn 4,34), al que está perfectamente unido y del que depende en todo.
18. Los consejos evangélicos, con los que Cristo invita a algunos a compartir su experiencia
de virgen, pobre y obediente, exigen y manifiestan, en quien los acoge, el deseo explícito de
una total conformación con El. Viviendo ((en obediencia, sin nada propio y en castidad», los
consagrados confiesan que Jesús es el Modelo en el que cada virtud alcanza la perfección. En
efecto, su fotma de vida casta, pobre y obediente, aparece como el modo más radical de vivir
el Evangelio en esta tierra, un modo puede decir- divino, porque es abrazado por É1,
-se
Hombre-Dios, como expresión de su relación de Hijo Unigénito con el Padre y con el Espíritu
Santo. Este es el motivo por el que en la tradición cristiana se ha hablado siempre de la exce-
lencia objetiva de la vida consagrada.
20. Primer objetivo de la vida consagrada es el de hacer visibles las maravillas que Dios reali-
za enla frágil humanidad de las personas llamadas.
Más que con palabras, testimonian estas maravillas con el lenguaje elocuente de una existen-
cia transfigurada, capaz de sorprender al mundo. Al asombro de los hombres responden con el
anuncio de los prodigios de gracia que el Señor realiza en los que ama.
21. La referencia de los consejos evangélicos a la Trinidad santa y santificante revela su sen-
tido más profundo. En efecto, son expresión del amor del Hijo al Padre en la unidad del Espi
ritu Santo. ,A.1 practicarlos, la persona consagrada vive con particular intensidad el carácter
trinitario y cristológico que caracterizatoda la vida cristiana.
La castidad de los célibes y de las vírgenes, en cuanto manifestación de la entrega a
Dios con coruzón indiviso (cf. 1 Co 7,32-34), es el reflejo del amor infinito que une a las tres
Personas divinas en la profundidad misteriosa de la vida trinitaria; amor testimoniado por el
Verbo encarnado hasta la entrega de su vida; amor « derramado en nuestros corazones por el
Espíritu Santo » (Rix 5, 5), que anima a una respuesta de amor total hacia Dios y hacia los
hermanos.
La pobreza manifiesta que Dios es la única iqueza verdadera del hombre. Vivida se-
gún el ejemplo de Cristo que «siendo rico, se hizo pobre» (2 Co 8, 9), es expresión de la en-
trega total de sí que las tres Personas divinas se hacen recíprocamente. Es don que brota en la
creación y se manifiesta plenamente en la Encarnación del Verbo y en su muerte redentora.
La obediencia, practicada a imitación de Cristo, cuyo alimento era hacer la voluntad
del Padre (cf. Jn 4,34), manifiesta labelleza liberadora de una dependencia filial y no servil,
rica de sentido de responsabilidad y animada por la conftanza reciproca, que es reflejo en la
historia de la amorosa correspondencia propia de las tres Personas divinas.
22. Yerdaderamente la vida consagrada es memoria viviente del rnodo de existir y de
actuar de Jesús como Verbo encarnado ante el Padre y ante los hermanos. Es tradición vivien-
te de la vida y del mensaje del Salvador.
La Iglesia I Misterio de salvación 80
El Decreto sobre el ecumenismo puede hablar, con razón, del «sagrado misterio de la
unidad de la Iglesia», cuyos elementos eienciales enumera: «Jesucristo q,ii... que, por la fiel
predicación del evangelio y la administración de los sacramentos y por el gobierno en el
amor, realizados por los Apóstoles y sus sucesores, es decir, los Obispos w cabeza el su-
cesor de Pedro, actuando el Espíritu Santo, cÍezca su pueblo; y consuma"on su comunión en la
unidad: en la confesión de una sola fe, en la celebración común del culto divino y en la con-
cordia fraterna de la farnilia de Dios>)[101]. Siendo la Iglesia la proposición de ia vida total
del Señor resucitado, consecuentemente el nombre de Iglesia ." puéde aplicar con plenitud
donde esta vida sacramental y esta fe apostólica existen en su integiidad y continuidad. Ahora
bien, creemos que tales elementos existen con plenitud y por exceiencia ón la Iglesia católica.
Esto es lo que quiere subrayar la primera frase del número 8 de la constitución dogmática
Lumen gentium con estas palabras: «Esta Iglesia, constituida y ordenada en este mundo como
sociedad, subsiste en la Iglesi a católica, gobernada por el sucesor de Pedro y los Obispos en
comunión con é1...»[102].La Iglesia se encuentra donde los sucesores de Pedro y de loi otros
Apóstoles conservan visiblemente la unidad con los orígenes. A esta Iglesia se ha concedido
la unidad, y ((creemos que [ella] subsiste inamisible en la Iglesia católióa»f103]. La Iglesia se
realiza en toda su plenitud en la sociedad, que es regida por el sucesor de pedro y por los
Obispos en comunión con é1.
La Iglesia I Misterio de salvación 82
3. Elementos de santificación
Sin embargo, la presencia plena y perfecta de la Iglesia de Cristo en la Iglesia católica
no excluye la presencia de la Iglesia de Cristo allí donde <<fuera de esta estructura [de la Igle-
sia católica] se encuentren muchos elementos de santificación y de verdad que, como dones
propios de la Iglesia de Cristo, impulsan a la unidad católica»[104]. Por don de Dios, ordena-
do a la lglesia, se dan muchos elementos de santificación y de verdad, que, aunque existan
fuera de la estructura visible de la Iglesia católica, están en conexión real con el orden de la
salvación. De estas realidades de santificación y de verdad, el Concilio subraya dos notas ca-
racterísticas: una de hecho y otra teológica. De hecho, podemos advertir que elementos de
santificación y de verdad se desarrollan fuera del organismo visible y social de la Iglesia cató-
lica; hablando teológicamente, tales elementos «impulsan a la unidad católica»[105].
Hay, por tanto, fuera de la Iglesia católica, no sólo muchos cristianos, sino muchos
principios verdaderamente oristianos de vida y de fe. La Iglesia católica puede, por ello, ha-
blar, como en el decreto Unitatis redintegratio, de «Iglesias orientales» y, con respecto a Oc-
cidente, de «Iglesias y comunidades eclesiales separadas»[106]. Auténticos valores de Iglesia
están presentes en otras Iglesias y comunidades cristianas. Esta presencia muestra, como exi-
gencia, este hecho: «todos fcatólicos y no católicos] examinan su {idelidad a la voluntad de
Cristo acerca de la Iglesia y, como es debido, emprenden animosamente la tarea de renova-
ción y de reforma»l107]. El decreto conciliar sobre el ecumenismo describió con exactitud los
principios católicos del ecumenismo y su ejercicio concreto, tanto con respecto a las Iglesias
orientales como con respecto a las Iglesias y comunidades eclesiales separadas en Occidente.
El conjunto de estas disposiciones desarrolla la doctrina presente en la constitución Lumen
gentium, especialmente en su numero 8[108]: «Pues por sola la Iglesia católica de Cristo, que
es auxilio general de salvación, puede alcanzarse toda la plenitud de los medios salvífi-
cos...»[109]; «[sin embargo] las mismas Iglesias y comunidades separadas, aunque creemos
que padecen carencias, de ninguna manera están despojadas de toda significación y peso en el
misterio de la salvación»[110].
De nuestro examen aparece que la <<verdadera Iglesia» no puede entenderse como una
utopía que todas las comunidades cristianas hoy separadas y divididas buscarían alcanzar.La
«verdadera Iglesia», como su unidad, no se encuentran sólo «en el futuro». Ya se dan en la
Iglesia católica, en la que está realmente presente la Iglesia de Cristo. «Por lo cual, no pueden
los fieles cristianos imaginarse que la Iglesia de Cristo no es sino una suma
dividida, pero todavía, de algún modo, una- de Iglesias y comunidades eclesiales; -ciertamente
y de nin-
gún modo les es permitido mantener que la Iglesia de Cristo hoy ya no subsiste verdadera-
mente en ninguna parte, de modo que sólo deba ser considerada como el fin que todas las
Iglesias y comunidades deben buscar»fl11]. La voluntad de Jesús: «Que todos sean uno, co-
mo tú, Padre, en mí y yo en ti, que también ellos sean en nosotros, para que el mundo crea que
tú me has enviado » (Jn 17 ,21), es cada vez más urgente. Como cada vez es más urgente la
obligación, que de ella se deriva para todos los cristianos y todas las comunidades cristianas,
de tender ya ahora, con todas sus fuerzas, a esta unidad, objeto de nuestra esperanza.
Encuentro Veritas I faft aet Vatle 2015 83
aahttp://www.vatican.valroman-curia./congregations/cfaith,/documents/rc
con cfaith doc 20000806 dominus-
iesus_sp.html
L o'JUAN
PABLo ll, Enc. Redemptoris missio,5.
ou
Col.¡c. EcuM. DE CALCEDoNIA, DS 301. Cf. S. Atanasio de Alejandría, De Incarnatione,54,3', SC 199,458.
o'
Cf. CoNc. EcuM. VAT. II, Const. dogm. Dei verbum,4.
t
L
:"
La Iglesia I Misterio de salvación 84
10. Estas tesis contrastan profundamente con la fe crigtiana. Debe ser, en efecto, fir-
memente creída la doctrina de fe que proclama que Jesús de ]Tazaret, hijo de María,J_sola-
mente é1, es el Hijo )¡ Verbo-.dql Pad{s. El Verbo, que "estaba en el principio con Dios" (Jn
1,2), es el mismo que "se hizo came" (Jn l,l4). En Jesús "el Cristo, el Hijo de Dios vivo" (l[t
16,16) "reside toda la Plenitud de la Divinidad corporalmente" (Col2,9). Él es "el Hijo único,
que está en el seno del Padre" (Jn 7,I8), el "Hijo de su amor, en quien tenemos la redención
[...]. Dios tuvo a bien hacer residir en él toda la plenitud, y reconciliar con él y para él todas
las cosas, pacificando, mediante la sangre de su cruz, lo que hay en la tierra y en los cielos"
(Col l,l3-14.19-20).
Fiel a las Sagradas Escrituras y refutando interpretaciones erróneas y reductoras, el
primer Concilio de Nicea definió solemnemente su fe en "Jesucristo Hijo de Dios, nacido uni-
génito del Padre, es decir, de la sustancia del Padre, Dios de Dios, Luz deLuz, Dios verdade-
ro de Dios verdadero, engendrado, no hecho, consustancial al Padre, por quien todas las cosas
fueron hechas, las que hay en el cielo y las que hay en la tierra, que por nosotros los hombres
y por nuestra salvación descendió y se encarnó, se hizo hombre, padeció, y resucitó al tercer
día, subió a los cielos , y ha de venir a juzgar a los vivos y a los muer1os"48. Siguiendo las en-
señanzas de los Padres, también el Concilio de Calcedonia profesó que "uno solo y el mismo
Hijo, nuestro Señor Jesucristo, es él mismo perfecto en divinidad y perfecto en humanidad,
Dios verdaderamente, y verdaderamente hombre [...], consustancial con el Padre en cuanto a
la divinidad, y consustancial con nosotros en cuanto a la humanidad [...], engendrado por el
Padre antes de los siglos en cuanto a la divinidad, y el mismo, en los últimos días, por noso-
tros y.pornuestra salvación, engendrado de María Virgen, madre de Dios, en cuanto a la hu-
manldad".'-
Por esto, el Concilio Vaticano II afirma que Cristo "nuevo Adán", "imagen de Dios
invisible" (Col l,l5), "es también ql hombre peffgltg que ha devuelto a la descendencia de
Adán la semejanza divina, deformada por el primer pecado [...]. Cordero inocente, con la en-
trega libérrima de su sangre nos mereció la vida. pn Él Dios nos reconcilió consigo y con no-
sotros y nos liberó de la esclavitud del diablo y del pecado, por lo que cualquiera de nosotros
puede decir con el Apóstol: El Hijo de Dios "me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gal
2,20)".s0
Al respecto Juan PabloII ha declarado explícitamente: "Pgjgl!1gllg g !afe_ c1i_s!!q{La
lntrq$er guelsttsr§epqrqgret] i!1l-esl.llerbsJ*I-e¡rJsu§1e I...1:Jsú§"§ssl-Ysrbq.*e*qqegad9,
una sola persona e insepqlable [...]. Cristo no es sino Jesús de Nazaret, y éste es el Verbo de
Dios hecho hombre parula salvación de todos [...]. Mientras vamos descubriendo y valorando
los dones de todas clases, sobre todo las riquezas espirituales que Dios ha concedido a cada
pueblo, no podemos disociarlos de Jesucristo, centro del plan divino de salvación".s1
Es-también contrario a la fe catóLiq4-biqqdglLglq_teparaciqn entre la acción salvíflqa
¿.t l, neiho came. e
UYC93 que é1 ha
asumido parula salvación de todos los hombres. El único sujeto que obra en las dos naturale-
zas, divina y humana, es la única persona del Verbo.s2
ot
CoNC. EcuM. DENTcEA I, D.§ 125.
on
CoNC. Ecuvr »p CaLcE»oNra, D.S 301.
to
CoNC. EcuM. VAT. II, Const. dogm. Gaudium et spes,22.
51
Ju¿t't PABLo II, Enc. Reclempf oris missio,6.
t' Cr'. SeN LpóN MacNo, Tomus ad Flavianum:
DS 269.
=j
Encuentro Veritas I faf aet Valle 2015 85
" Cf. S¿N LEON MAGNO , Carfa "Promisisse me memini" ad Leonem I imp: DS 318: "In tantam unitatem ab ipso
conceptu Vitginis deitate et humanitate conserta, ut nec sine hornine divina, nec sine Deo agerentur humana".
Cf. también ibíd.: DS 317.
" CONC. EcuM. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes,45. Cf. también CoNC. DE TRENTo, Deu. De peccato
originali,3:DS 1513.
"tu Cf. CoNc. EcuM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium,3-4.
Cf. ibíd.,7.Cf. SAN IRENEo, el cual afirmabu qr. .n la Iglesia "ha sido depositada la comunión con Cristo, o
sea, el E,spíritu Santo" (Adversus Haereses lII,24, 1: SC 211, 472).
La Iglesia I tr,tisterio de salvación 86
señores, para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las co-
sas y para el cual somos; y un solo Señor, Jesucristo, por quien §on todas ias cosas y por el
cual somos nosotros" (1 Co 8,5.6). También el apóstol Juan afirma: 'oPorque tanto amó Dios
al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no petezca, sino que tenga
vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para
que el mundo se salve por é1" (Jn 3,16-17). En el Nuevo Testamento, la voluntad salvífica
universal de Dios está estrechamente conectada con la única mediación de Cristo: "[Diosfi
fquiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad. Porqué I
) nu1 un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre I
I\- también, que se entregó a sí mismo como rescate por todos" (l Tm 2,4-6). )
Basados en esta conciencia del don de la salvación, único y universal, ofrecido por el
Padre pormedio de Jesucristo en el Espíritu Santo (cf. Ef t,3-14),los primeros cristianos se
dirigieron a Israel mostrando que el cumplimiento de la salvación iba más allá de la Ley, y
afrontaron después al mundo pagano de entonces, que aspiraba a la salvación a través de una
pluralidad de dioses salvadores. Este patrimonio de la fe ha sido propuesto una vez más por el
Magisterio de la Iglesia: "Cree la Iglesia que Cristo, muerto y resucitado por todos (cf. 2 Co
5,15), da al hombre su luz y su fuerzapor el Espíritu Santo a fin de que pueda responder a su
máxima vocación y que no ha sido dado bajo el cielo a la humanidad otro nombre en el que
sea posible salvarse (cf . Hch 4,12). Igualmente c-ree que la clave, el centro y el fin de toda la
historia humana se halla en su Señor y Maestro"62.
14. Debe ser, por lo tanto, firmemente creída como verdad de fe la volun-
tad salvífica universal de Dios Uno y Trino es pfrecida ), cumplida 6ñ-a y
misteriq-dc-la encarnación. muerte y resurrección del Hiio de Dios.
Teniendo en cuenta este dato de fe, y meditando sobre la presencia de glEs e{pg!1gq:
cias rel no cristianas y sobre su significado en el plan salvífico teolosía está
invitada a ex 5 medida" oue ién fi
-tffiT cle otras religiones puedan entrar en el plan divino de la salvación. En esta tarea de refE
xión la investigación teológica tiene ante sí un extenso campo de trabajo bajo la guía del Ma- F[¡eln
L gisterio de la Iglesia. El Concilio Vaticano II, en efects, afirmó que "lejigica-mediación d,ql nn"Jel- J=
sino suscita en sus cri meJiacxi,"
la fuente única".or Se debe profundizar el contenido de esta qediació4_ paftlglpgda, siempre en la
fleJencoda
bajo la noffna del principio de la única mediación de Cristo: "Aun cuando no se excluyan me-
di?ciones parciales, de cualquier tipo y orden, éstas sin embargo valor
,"o{Ja
icaménté por la ser entendidas como paralelas
meJ.--dn
tteneel
mentarias".o* No obstante, serían contrarias a la fe cristiana y católica aquellas propuestas de ft4ir rvt6
solución que contemplen una acción salvífica de Dios fuera de la única mediación de Cristo. Vator
15. No pocas veces algunos proponen que en teología se eviten términos como "unici-
dad", 'ouniversalidad", "absolutez", cuyo uso daría la impresión de un énfasis excesivo acerca
del valor del evento salvífrco de Jesucristo con relación a las otras religiones. En realidad, con
este lenguaje se expresa simplemente la fidelidad al dato revelado, pues constituye un desa-
rrollo de las fuentes mismas de la fe. Desde el inicio, en efecto, 1a comunidad de los creyentes
\- ha reconocido que Jesucristo posee una tal valencia salvífica, qrre Él sólo, como Hijo de Dios
hecho hombre, crucificado y resucitado, en virtud de la misión recibida del Padre y en la po-
tencia del Espíritu Santo, tiene el objetivo de donar la revelación(cf. Mt 11,27) y la vida divi-
na (cf. Jn l,l2; 5,25-26; 17,2) atoda la humanidad y a cada hombre.
u'
CONC. EcuM. VAT. lI, Const. past.Gaudium et spes, 10; cf. San Agustín, cuando afirma que fuera de Cristo,
"camino universal de salvación que nunca ha faltado al género humano, nadie ha sido liberado, nadie es liberado,
nadie será liberado": De Cit¡itate Dei 10,32,2: CCSL 47,312.
u'
CONC. EcuM. VAT. II, Consr. dogm. Lumen gentium,62.
u'
JuaN PABLo II, Enc. Redemptoris missio, 5.
..
La Iglesia I Misterio de salvación 88
En este sentido se puede y se debe decir que Jesucristo tiene, para el género humano y su his-
toria, un significado y un valor singular y único, sólo de él propio, g{clusivo, Ulriversal y ab-
sq-l-qtg.Jesús es, en efecto, el Verbo de Dios hecho hombre parala saÑñión de todoi. Reco-
giendo esta conciencia de fe, el Concilio Vaticano II enseña: "El Verbo cle Dios, por quien
todo fue hecho, se encarnó para que, Hombre perfecto, salvara a todos y recapitulara todas las
cosas. El Señor es el fin de la historia humana, "punto de convergencia hacia el cual tienden
los deseos de la historia y de la civilización", centro de la humanidad, gozo del corazón hu-
mano y plenitud total de sus aspiraciones. Él es aquel a quien el Padre resucitó, exaltó y colo-
có a su derecha, constituyéndolo juez de vivos y de muertos".65 "Es precisamente esta singu-
laridad única de Cristo la que le confiere un significado absoluto y universal, por lo cual,
mientras está en la historia, es el centro y el fin de la misma: "Yo soy el Alfa y la Omega, el
Primero y el Últtmo, el Principio y el Fin" (Ap 22,13)".66
u'
CONC. EcuM. Var. II, Consf. past. Gaudium et spes,45. La necesidad y absoluta singularidad de Cristo en la
historia humana está bien expresada por San Ireneo cuando contempla la preeminencia de Jesús como Primogé-
nito: "En los cielos como primogénito del pensamiento del Padre, el Verbo perfecto dirige personalmente todas
las cosas y legisla; sobre la tierra como primogénito de la Virgen, hombre justo y santo, siervo de Dios, bueno,
aceptable a Dios, perfecto en todo; finalmente salvando de los infiemos a todos aquellos que 1o siguen, como
p-rimogénito de los muertos es cabeza y fuente de la vida divina" (Demostratio, 39: SC 406, 138).
uu
JUAN PABLO II, Enc. Redemptoris missio,6.
u'Cf. CoNc. EcuM.
VAT. Ii, Const. dogm. Lumen gentium,71.
u'
cf . ¡bíd. ,7
.
un
Cf. SeN AcusriN, Enarrat.In Psalmos,Ps 90, Sermo 2,1: CCSL 39, 1266; SAN GREGoRIo MAGNo, Moralia in
Iob.Praefatio,6,14'.PL75,525;seNroTouÁsDEAeurNo, summaTheologicae,III,q.4g, a.2ad1.
'o Cf. CoNc. EcuM. VAT. II, Const. d,ogm. Lumen gentium,6.
" Símbolo de lafe: r'l
48.Cf. BoNIEaólo VIII, Bula (Jnam Sanctam: DS 870-872; CoNc. EcuM. VAr. II, Const.
dogm. Lumen gentium,S.
" Cf. CoNc. EcuM. VAT. II, Decr. Unitatis redintegratio,4; JuaN PABLO II, Enc. LJt unum sint, 11.. AAS 87
(19es) 921-982.
" Cf. Cottc. EcuM. VAT. Il, Const. dogm. Lumen gentium,20; cf. también SnN IReNeo , Arhersus Haereses,lII,
3, 1-3: SC 211,20-44; SANCIPRIANo, Epist.33, 1: CCSL 38, 164-165; SaNAcusrñ,Contra ad¡¡ers. legis et
prophet., 1, 20, 39: CCSL 49, 70.
Encuentro Veritas I fafi aet Vatle 2015 89
para que la apacentara (Jn 24,17), confiándole a él y a los demás Apóstoles su difusión y go-
bierno (cf. Mt 28,18ss.), y la erigió para siempre como "columna f fundamento de la verdad"
(1 Tm 3,15). Esta Iglesia, constituida y ordenada en este mundo_como un4sOer@!¡sg_b,U§1e t/
\(
} lsubsistit-inl
.-_- ruJ .-1; la Iglesia
en catálica,j gobernada
e por el sucesor de Pedro y por los Obispos en
*_.---
comunión con é1".'" Con la expresión "subsitit in", el Concilio Vaticano II quiere armonizar v,, Lle /
dos afirmaoiones dootrinales; por un lado que la Iglesia de Cristo, no obstante las divisiones ,nr., ,/fg
pqtry_iqq _c_{sj-!?qosr s1gls_gI§ligldgflenamente !ólo en la Iglesia católica. y por otro lado que
ra visible encontrarse muchos elementos de santificación y de
HSq;: )a s ;.iñilé'*p*;d; d. üGñ
católica.'o Sinembargo, respecto a estas últimas, es necesario afirmar que su eficacia ooderiva
de la misma plenitudáe.gracia,y verdad qgqgeqgrfr"É, , 1" Ig
17. Existe, por lo tanto, una única Iglesia de Cristo, que subsiste en la Iglesia católica,
gobernada por el Sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con é1.78 Las Iglesias que-l
no están en perfecta comunión con la Iglesia católica pero se mantienen unidas a ella por me- I
dio de vínculos estrechísimos como la sucesión apostólica y la Eucaristía válidamente consa- I
grada, son verdaderas iglesias particulares.'e Po. eso, también en estas Iglesias está presente
operante la Iglesia de Cristo, si bien falte la plena comunión con la Iglesia católica al rehusar I
I y # 2
4
la doctrina católica del Primado, que por voluntad de Dios posee y ejercita objetivamente so- )
bre toda la Iglesia el Obispo de Roma.8o )
Por el contrario, las Comunidades eclesiales que no han conservado el Episcopado vá:-l
lido y Ia genuina e íntegra sustancia deI misterio eucarístico,8r no son Iglesia en sentido pro- I
?o
pio; sin embargo, los bautizados en estas Comunidades, por el Bautismo han sido incorpora- I (-
dos a Cristo y, por lo tanto, están en una cierta comunión, si bien imperfecta, con la Iglesia.82 /
En efecto, el Bautismo en sí tiende al completo desarrollo de la vida en Cristo mediante la I
\- íntegra profesión de fe, la Eucaristía y la plena comunión en la Iglesia.83 J
"Por lo tanto, lgs¡ftqls¡-r-lg*pWdSq igegil*,r§ggjgles_ig de*Cristp comoJessma
diferenciada y de alguna manera unitaria al mismó"1ñmpo- jlg_la§_Lglesjas y,Cornunidades -
gclesiales;gLtienen la facultad de pensar que !q-lg_lgq1
de todas las Comuni-
\, de esta Iglesia ya datñ existen juntoiJGñ§Gñitud en la
católica, y sin esta plenitud en las otras comunidades".ss ';Por consiguiente, aunque
creamos que las Iglesias y Comunidades separadaslig!-g{r sus
'v
* 'o Es, por lo tanto, contraria al significado auténtico del texto conciliar la interpretación de quienes deducen de la
fórmula subsistiti¡l la tesis según la cual la única lglesia de Cristo podría también subsistir en otras iglesias cris-
tianas. "El Concilio había escogido la palabra "subsistit" precisamente para aclarar que existe una sola "subsis-
tencia" de la verdadera lglesia, mientras que fuera de su estructura visible existen sólo "elementa Ecclesiae" , los
cuales elementos de la misma lglesia- tienden y conducen a la Iglesia católica" (CoNcn. IARA LA
DoctRnla -siendo
DE LA FE, Notfficación sobre el vohtmen "lglesia: carisma y poder" del P. Leonardo Boff, ll-ilI-
1985: A4S 77 (1985) 756-762).
'' Cf. CoNC. EcuM. VAl. II, Decr. Llnitatis redintegratio, 3.
"7n Cf. CoNGn. PARA LA DocrRtNA DE La FE, Decl. Mysterium ecclesiae, n. 1: ,445 65 (1973) 396-408.
Cf. CoNc. EcuM. VAl. II, Decr. tlnitatis reclintegratio, 14 y 15; CoNGR. rARA DocrRrNA DE La Fr, Carta
\* Communionis notio,17 A4S 85 (1993) 838-850.
to
Cf. CoNC. Ecutr¿ Va'r. I, Const. Pastor aeternus: r.t 3053-3064; CoNC. EcuM. VAT. II, Const. dogm. Lumen
gentium,22.
t' Cf. CoNc. EcuM. VAT. II,Decr.Unitatis redinregratio,22.
" cf . ¡bíd. , 3.
t'"
cf. ibíd.,22.
CONGR. rARA LA D0cTRINA DE La Fn, Decl. Mysterium ecclesiae, T.
t' JUAN PABLo lI, Ettc. Lit unum sint, 14.
\
La Iglesia I Misterio de salvación 90
tu
CoNC. ECUM. VAT. lI,Decr.Unitatis redintegratio,3.
t' CoNGn. PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Carta Communionis notio,77. Cf. CoNc. Ecutr. VAT. II, Deq. unitatis
redintegratio, n. 4.
tt CONC. EcuM. VAT. II, Const.
dogm. Lumen gentíum,14. Cf. Decr. Ad gentes, T; Decr. unitatis redintegratio,
J.
tn
JUAN PABLO II, Enc. Redemptoris missio,9. Cf. Catecismo de la lglesia Católica,846-847.
no
CoNC. EcuM. VAT. II, Const. dogm., Lumen gentium,48.
nt
Cf. SeN CIPRIANO, De catholicae ecclesiae unitateo6: CCSL 3,253-254; SAN IRENEO, Adversus Haereses,III,
24, 1: SC 211,472-474.
e2
JuaN PagLo ll, Enc. Redemptoris missio, 70.
" CONC. EcuM. VAT. Il, Decr. Acl gentes,2. La conocida fórmula extra Ecclesiam nullus omnino salyatur debe
ser interpretada en el sentido aquí explicado (cf. Cowc. Ecul,l. Lateranense IV, Cap. 1. Defide catholica: DS
802). Cf. también la Carta del Santo Oficio al Arzobispo de Bosfon.. DS 3866-3872.
'o CONC. EcuM. VAT. II, Decr. Ad gentes, T .
" JuaN PABLo II, Enc. Redemproris missio, 18.
7-
de-salvaci lado de aquellos consti_tUtlos por las otras reli. . Éstas serían complemen-
tarias a la Iglesi{
tarras lglesia,-ó-ifclu§ó-sub§táncialmenG-eQüiñGntés a ella,'aunque en convergencia con
ella en pos del Reino escatológico de Dios.
utertamente,
Ciertamente, las dif'erentes ret-l
diferentes tradiciones religiosas contienen y ofrecen elementos de ret
d: folnan pu.t. d. "todo lo q". Espírituo,obru ro,
*:::*T:-. la historia de?::]lr,:ue
hombres y en f",^::9:l :l
los pueblos, así como en las culturas y religiones".eT 9n
De hecho
I
I
algunas oraciones y ritos pueden asumir un papel de preparación
oreoaración evangélica,
évansélica- en cuanto son
crranfo son t
ocasiones o pedago^gías en las cuales los corazones de los hombres son estimulados a abrirse a
la acción de Dios.e8 A ellas, sin embargo no se les puede atribuir un origen divino ni una efi-
F cacia salvífica ex opere operato, que es propia de los sacramentos cristiános.ee po, otro lado,
no se puede ignorar que otros ritos no cristianos, en cuanto dependen de supersticiones o de
otros errores (cf. 1 Co 10,20-21), constituyen más bien un obstáculo paralasálvación.100
22, Con la venida de Jesucristo Salvador, Dios ha establecido la Iglesia paralasalva-
ción de todos los hombres (cf . Hch 17 ,30-31¡.101 Esta verdad de fe no qui-ta ,ada al hecho de
que la lglesia considera las religiones del mundo con sincero respeto, pero al mismo tiempo
excluye esa mentalidad indiferentista "marcada pol
l*n relativisrno religioso que termina por
pensar que "una religión es tan buena como otra".'o'Si bien es ciertJque lós no cristianos
pueden recibir la gracia divina, también es cierto que objetivamente se hallan en una situación
U
gravemente deficitaria si se compara con la de aquellos que, en la Iglesia, tienen la plenitud de
\,-
los medios salvíficos.'" Sin embargo es necesario recordar a "loJhijos de la Iglésia que su
excelsa condición no deben atribuirla a sus propios méritos, sino a una gracil especial de
Cristo; y si no responden a ella con el pensamiento, las palabras y las obras, lejos de salvarse,
serán juzgados con mayor severidad".'uo Se entiende, por lo tanto, que, siguiándo el manda- o
miento de Señor (cf. Mt 28,19-20) y como exigencia del amor a todos los ñombres, la Iglesia
"anuncia y tiene la obligación de anunciar constantemente a Cristo, que es "el Camiio, la
Verdad y la Vida" (Jn 14,6), en quien los hombres encuentran la plenitud de la vida religiosa
y en qu§qligsgongüq consigo todas las cosas,,.l05
fi.;a misión ad geñ, también en el diálogo interreligioso, "conserv a íntegra,hoy como
ti"rrp.{ñEñlñ".esidad".106 "En efecá, "Dios qii... que todos los hombres se sal-
ven y lleguen al conffi-fileno de la verdad" Q r;2,4). Dios quiere la salvación de
tódos por el conocimiento de la verdad. La salvación se encuentra en la verdad. Los que obe-
decen a la moción del Espíritu de verdad están ya en el camino de la salvación; pero la lglesia,
a quien esta verdad ha sido confiada, debe ir al encuentro de los que Ia buscan para ofrecérse-
la. Porque cree en el designio universal de salvación, la Iglesia debe ser misionera,,.107 por
ello el diálogo, no obstante forme parte de la mis^i^ón evangelizadora, constituye sólo una de
las acciones de la Iglesia en su misión ad gentes.108 La paridad, que.. p..r,rpú.sto del diálo-
Y go, se refiere a la igualdad de la dignidad personal de las partes, no a los conienidos doctrina-
les, ni mucho menos a Jesucristo es el mismo Dios hecho hombre- comparado con los
-que
e6
Son las semillas del Verbo divino (semina Verbi), que la Iglesia reconoce con gozo y respeto (cf. CoNc.
ECUM. VAT. II, Decr. Ad gentes,ll,Decl. Nostra aetate,2).
o'JUAN
PABLo II. Enc. Redemptoris missio,29.
'^' Cf. Ibíd.; Carecismo de ta lgtesia Católica, g43.
]]91.9orvc DE TRENro, Deci. De ,orro*rrtir, can. g de sctcramentis in genere:D.§ 160g.
'"" Cf. Ju¿,N PABLo II, Enc. Redemptoris missio, 55.
'o' Cf. CoNc. EcuM. vAT. II, Consi. dogm. Lumen gentium,lT; JuaN PanLo II, Enc. Redemptoris missio, ll.
'o' JuAN Peet-o II, Enc. Redemptoris mlssio, 36
'o' Cf. Pío XII. Enc. Myisticis corporis. DS 3g2 l.
to'CoNC.
Ecupr. Var. II, Const. áogm'. Lumen gentium, 14.
'ot CoNC. EcL,M. VAT. II. Decl. Noira aetate,l.
'ou CoNc.EcuM. VAT. II. Decr. Ad gentes.7.
'.0'.Catecismo de la lglesia Católicá,85 1; cf. también, g49-g56.
'u'cf.JueNPABLOII,Enc.Redemptorismissio,55; Exhort. ap.EcclesiainAsia,3l,6-xr-lggg.
La Iglesia I Misterio d.e salvación 92
fundadores de las otras religiones. De hecho, la Iglesia, guiada por la caridad y el respeto de la
libertad,loe debe empeñarse primariamente en anunciar a todos los hombres la verdad definiti-
vamente revelada por el Señor, y a proclamar la necesidad de la conversión a Jesucristo y la
adhesión a la Iglesia a través del bautismo y los otros sacramentos, para participar plenamente
de la comunión con Dios Padre, H,jo y Espíritu Santo. Por otra parte, la certeza de la voluntad
salvífica universal de Dios no disminuye sino aumenta el deber y la urgencia del anuncio de la
salvación y la conversión al Señor Jesucristo.
Proemio
1. Promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos es uno de los fines princi-
pales que se ha propuesto el Sacrosanto Concilio Vaticano II, puesto que única es la Iglesia
fundada por Cristo Señor, aun cuando son muchas las comuniones cristianas que se presentan
a los hombres como la herencia de Jesucristo; todos se confiesan discípulos del Señor, pero
sienten de modo distinto y siguen caminos diferentes, como si Cristo mismo estuviera dividi-
do. División que abiertamente repugna a la voluntad de Cristo y es piedra de escándalo para el
mundo y obstáculo parala causa de la difusión del Evangelio por todo el mundo.
Con todo, el Señor de los tiempos, que sabia y pacientemente prosigue su voluntad de gracia
para con nosotros los pecadores, en nuestros días ha empezado a infundir con mayor abun-
dancia en los cristianos separados entre sí la compunción de espíritu y el anhelo de unión. [...]
fecta unidad, reservándose Jesucristo el ser El mismo p4ra siempre la piedra fundamental y el
pastor
i:ffitillT;Ift1l. que sú pueblo se desarrolle por -.¿io de la nel predicación del
\- Evangelio, y la administración de los sacramentos, y por el gobierno en el amor, efectuado
todo ello por los Apóstoles y sus sucesores, es decir, por los Obispos con su cabeza, el sucesor
de Pedro, obrando el Espíritu Santo; y realiza su comunión en la unidad, en la profesión de
una sola fe, en la común celebración del culto divino, y en la concordia fraterna de la familia
de Dios.
Ecumenismo
4.t...] Por "movimiento ecuménico" se entiende el conjunto de actividades y de empresas
qué, cónforme a las distintas necesidades de la Iglesia y a las circunstancias de los tiempos, se
suscitan y se ordenan a favorecer la unidad de los cristianos.
Tales son, en primer lugar, todos los intentos de eliminar palabras, juicios y actos que
no sean conformes, según justicia y verdad, a la condición de los hermanos separados, Y Que,
por tanto, pueden hacér más dificiles las mutuas relaciones en ellos; en segundo lugar, "el
áiálogo" entre peritos y técnicos en reuniones de cristianos de las diversas Iglesias o
"rtubludo
co*uridudes, y celebradas en espíritu religioso. En este diálogo expone cada uno, por su par-
te, con toda profundidad la doctrina de su comunión, presentado claramente los caracteres de
la misma. Por medio de este diálogo, todos adquieren un conocimiento más auténtico y un
aprecio más justo de la doctrina y de la vida de cada comunión; en tercer lugar, las diversas
cómuniones ionsiguen una más amplia colaboración en todas las obligaciones exigidas por
toda conciencia cristiana en orden al bien común y, en cuanto es posible, participan en la ora-
ción unánime. Todos, finalmente, examinan su fidelidad a la voluntad de Cristo con relación a
como es debido, emprenden animosos la obra de renovación y de reforma. [. '.]
- y, fieles
la Iglesia
católicos han de ser, sin duda, solícitos de los hermanos separados en la ac-
Los
ción ecumenista, orando por ellos, hablándoles de las cosas de la Iglesia, dando los primeros
pasos hacia ellos. Pero deben considerar también por su parte con ánimo sincero y diligente,
io qr. hay que renovar y corregir en la misma familia católica, para que su vida dé más fiel y
claro testimónio de la doctrina y de las noffnas dadas por Cristo a través de los Apóstoles.
Pues, aunque la Iglesia catllica posea toda la verdad revelada por Dios, y todos los
medios de la graóia, sin émbargo, sus miembros no la viven consecuentemente con todo el
fervor, hasta el punto que la faz de la Iglesia resplandece menos ante los ojos de nuestros
hermanos separados y áe todo el mundo, retardándose con ello el crecimiento del reino de
Dios.
Por tanto, todos los católicos deben tender a la perfección cristiana y esforzarse cada
uno según su condición para que la Iglesia, portadora de la humildad y de la pasión de Jesús
en su cue{po, se purifique y se renueve de día en día, hasta que Cristo se la presente a sí mis-
mo gloriosa, sin mancha ni arruga. [...]
Por otra parte, es necesario que los católicos, con gozo, reconozcan y apreclen en su
valor los tesoros verdaderamente cristianos que, procedentes del patrimonio común, se en-
cuentran en nuestros hermanos separados. Es justo y saludable reconocer las riquezas de Cris-
to y las virtudes en la vida de quienes dan testimonio de Cristo y, a veces, hasta el derrama-
miénto de su sangre, porque Dios es siempre admirable y digno de admiración en sus obras.
Ni hay que olvidar tampoco que todo lo que obra el Espíritu Santo en los corazones de
los hermanos séparados puede conducir también a nuestra ediflrcación. Lo que de verdad es
cristiano no puede oponerse en forma alguna a los auténticos bienes de la fe, antes al contra-
rio, siempre puede hacer que se alcance más perfectamente el misterio mismo de Cristo y de
la Iglesia. [...]
La reforma de la lglesia
6. Puesto que toda la renovación de la Iglesia consiste esencialmerite en el aumento de la fide-
lidad a su vocación, por eso, sin duda, hay un movimiento que tiende hacia la unidad. Cristo
llama a la Iglesia peregrinante hacia una perenne reforma, de la que la Iglesia misma, en cuan-
to institución humana y terrena, tiene siempre necesidad hasta el punto de que si algunas co-
sas fueron menos cuidadosamente observadas, bien por circunstancias especiales, bien por
costumbres, o por disciplina eclesiástica, o también por formas de exponer la doctrina -que
debe cuidadosamente distinguirse del mismo depósito de la fe-, se restauren en el tiempo
oportuno recta y debidamente. [...]
La oración unúnime
8. Esta conversión del corazón y santidad de vida, juntamente con las oraciones privadas y
públicas por la unidad de los cristianos, han de considerarse como el alma de todo el movi-
miento ecuménico, y con razón puede llamarse ecumenismo espiritual. Es frecuente entre los
católicos concurrir a la oración por la unidad de la lglesia, que el mismo Salvador dirigió
enardecido al Padre en vísperas de su muerte: "Que todos sean uno". [...]
2. Ya desde la antigüedad y hasta nuestros días se encuentra en los diversos pueblos una cierta
percepción de aquella fuerza misteriosa que se halla presente en la marcha de las cosas y en
los acontecimientos de la vida humana y a veces también el reconocimiento de la Suma Divi-
nidad e incluso del Padre. Esta percepción y conocimiento penetra toda su vida con íntimo
sentido religioso. Las religiones a tomar contacto con el progreso de la cultura, se esfuerzan
por responder a dichos problemas con nociones más precisas y con un lenguaje más elabora-
do. Así, en el Hinduismo los hombres investigan el misterio divino y lo expresan mediante la
inagotable fecundidad de los mitos y con los penetrantes esfuerzos de la filosofía, y buscan la
liberación de las angustias de nuestra condición mediante las modalidades {e la vida ascética,
a través de profunda meditación, o bien buscando refugio en Dios con amor y confrarua. En el
Budismo, según sus varias formas, se reconoce la insuficiencia radical de este mundo muda-
ble y se enseña el camino por el que los hombres, con espíritu devoto y confiado pueden ad-
quirir el estado de perfecta liberación o la suprema iluminación, por sus propios esfuerzos
apoyados con el auxilio superior. Así también los demás religiones que se encuentran en el
mundo, es esfuerzan por responder de varias maneras a la inquietud del corazón humano, pro-
poniendo caminos, es decir, doctrinas, norrnas de vida y ritos sagrados.
La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verda-
dero. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas
que, por más que discrepen en mucho de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan
un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres. Anuncia y tiene la obligación
de anunciar constantemente a Cristo, que es "el Camino, la Verdad y la Vida" (Jn 74,6), en
quien los hombres encuentran la plenitud de la vida religiosa y en quien Dios reconcilió con.
sigo todas las cosas.
Por consiguiente, exhorta a sus hijos a que, con prudencia y caridad, mediante el diá-
logo y colaboración con los adeptos de otras religiones, dando testimonio de fe y vida cristia-
na, reconozcan, guarden y promuevan aquellos bienes espirituales y morales, así como los
valores socio-culturales que en ellos existen.
hombres resucitados. Por ello, aprecian además el día del juicio, cuando Dios remunerará a
todos los hombres resucitados. Por tanto, aprecian la vida moral, y honran a Dios sobre todo
con la oración, las limosnas y el ayuno. '\-
Si en el transcurso de los siglos surgieron no pocas desavenencias y enemistades entre
cristianos y musulmanes, el Sagrado Concilio exhorta a todos a que, olvidando lo pasado,
procuren y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para
todos los hombres.
La religión judía
4. Al investigar el misterio de la Iglesia, este Sagrado Concilio recuerda los vínculos con que
el Pueblo del Nuevo Testamento está espiritualmente unido con la raza de Abraham.
Pues la Iglesia de Cristo reconoce que los comienzos de su fe y de su elección se en-
cuentran ya en los Patriarcas, en Moisés y los Profetas, conforme al misterio salvífico de
Encuentro Veritas I lafi aet Valle 2015 97
Dios. Reconoce que todos los cristianos, hijos de Abraham según la fe, están incluidos en la
vocación del mismo Patriarca y que la salvación de la Iglesia está místicamente prefigurada
en la salida del pueblo elegido de la tier:ra de esclavitud. Por lo cual, la Iglesia no puedé olvi-
dar que ha recibido la Revelación del Antiguo Testamento por medio de aquel pueblo, con
quien Dios, por su inefable misericordia se dignó establecer la Antigua Alianza, ni puede ol-
vidar que se nutre delara:z del buen olivo en que se han injertado las ramas del olivo silves-
tre que son los gentiles. Cree, pues, la Iglesia que Cristo, nuestra paz, reconcilió por la cruz a
judíos y gentiles y que de ambos hizo una sola cosa en sí mismo. [...]
Como afirma la Sagrada Escritura, Jerusalén no conoció el tiempo de su visita, gran
parte de los Judíos no aceptaron el Evangelio e incluso no pocos se opusieron a su difusión.
No obstante, según el Apóstol, los Judíos son todavía muy amados de Dios a causa de sus
padres, porque Dios no se arrepiente de sus dones y de su vocación. La Iglesia, juntamente
con los Profetas y el mismo Apóstol espera el día, que sólo Dios conoce, en que todos los
pueblos invocarán al Señor con una sola voz y "le servirán como un solo hombre" (Soph 3,9).
Como es, por consiguiente, tan grande el patrimonio espiritual común a cristianos y
judíos, este Sagrado Concilio quiere fomentar y recomendar el mutuo conocimiento y aprecio
entre ellos, que se consigue sobre todo por medio de los estudios bíblicos y teológicos y con
el diálogo fraterno. [...]
112
http:i/www.vatican.va,/archiveihist councilsiii vatican council/documents/vat-ii decl 19651207_dignitatis-
humanae_sp.html
La Iglesia I Misterio de salvación 98
Esta respuesta corresponde no sólo a la idea de tolerancia y respeto del otro que hoy se
nos impone. Corresponde también a la imagen moderna de Dios: Dios no puede rechazar a
hombres sólo porque no conocen el cristianisflo y, en consecuencia, han crecido en otra reli-
gión. El aceptará su vida religiosa 1o mismo que la nuestra. Aunque esta tesis - reforzada entre
tanto con muchos otros argumentos- es clara a primera vista, sin embargo suscita interrogan-
tes. Pues las religiones particulares no exigen sólo cosas distintas, sino también opuestas. An-
te el creciente número de hombres no ligados por lo religioso, esta teoría universal de la sal-
vación se ha extendido también a formas de existencia no religiosas pero vividas coherente-
mente. Entonces comienza a ser válido que lo contradictorio es considerado como conducente
a la misma meta; en pocas palabras: estamos nuevamente ante la cuestión del relativismo. Se
presupone subrepticiamente que en el fondo todos los contenidos son igualmente válidos. Qué
es lo que propiamente vale, no lo sabemos. Cada uno tiene que recorrer su camino, ser feliz a
su manera, como decía Federico II de Prusia. Así, a caballo de las teorías de la salvación, otra
vez se cuela inevitablemente el relativismo por la puerta trasera: la cuestión de la verdad se
Encuentro Veritas I fafi aet Valle 2015 101
"' Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium,14. Cf. Decr. Ad gentes,T;Deu.unitatis redintegratio,3.
"* Juan Pablo II,Enc. Redemptoris missio,9. Cf. Catecismo de la lglesia Católica,846-847 .
La Iglesia I Misterio de salvación 102
21. Acerca del modo en el cual la gracia salvífica de Dios, que es donada siempre por medio
de Cristo en el Espíritu y tiene una misteriosa relación con la Iglesia, llega a los individuos no
cristianos, el Concilio Vaticano II se limitó a afirmar que Dios la dona <<por caminos que Él
sabe>>lle. La Teología está tratando de profundizar este árgumento, ya que es sin duda útíl para
el crecimiento de la compresión de los designios salvíficos de Dios y de los caminos de su
realización. Sin embargo, de todo lo que hasta ahora ha sido recordado sobre la mediación de
Jesucristo y sobre las «relaciones singulares y únicas>>'20 que la Iglesia tiene con el Reino de
Dios entre los hombres -que substancialmente es el Reino de Cristo, salvador universal-,
queda claro que sería contrario a la fe católica considerar la Iglesia como un camino de salva-
ción al lado de aquellos constituidos por las otras religiones. Éstas serían complementarias a
la Iglesia, o incluso substancialmente equivalentes a ella, aunque en convergencia con efla en
pos del Reino escatológico de Dios.
22. Con la venida de Jesucristo Salvador, Dios ha establecido la Iglesia para la salvación
de todoslos hombres (cf. Hch 17,3041)126. Ertu verdad de fe no quita nada ál hecho de que la
Iglesia considera las religiones del mundo con sincero respeto, pero al mismo tiempo excluye
esa mentalidad indiferentista <<marcada por un relativismo religioso que termina por pensar
que obna religión es tan buena como otrá"»t2'. Si bien es ciertJciue lós no cristianos pueden
recibir la gracia divina, también es cierto que objetivamente se hallan en una situación grave-
\- mente deficitaria si se compara con la de aquellos que, en la Iglesia, tienen la plenitud de los
medios salvíficos128. Sin embargo es necesario recordar a «los hijos de la Iglesia que su excel-
sa condición no deben atribuirla a sus propios méritos, sino a una gracia especial de Cristo; y
si no responden a ella con el pensamiento, las palabras y las obras, lejos de salvarse, serán
\- juzgados con mayor severidad»l'n. Sr entiende, por lo tanto, que, siguiendo el mandamiento
de Señor (cf. Mt 28,19-20) y como exigencia del amor a todos los hombres, la Iglesia «anun-
cia y tiene la obligación de anunciar constantemente a Cristo, que es "el Camino, la Verdad y
la Vida" (Jn 14, 6), en quien los hombres encuentran la plenitud de la vida religiosa y en
quien Dios reconcilió consigo todas las cosas>>"u.
dad de la Iglesia, en la que los hombres entran por el bautismo como por una puerta. Por lo
cual no podrían salvarse aquellos hombres que, conociendo que la Iglesiá católica fue institui-
da por Dios a través de Jesucristo comó necesaria, sin embargo, se negasen a entrar o a perse-
verar en ella.
A esta sociedad de la Iglesia están incorporados plenamente quienes, poseyendo el Es-
píritu de Cristo, aceptan la totalidad de su organización y todos los medios de salvación esta-
blecidos en ella, y en su cuerpo visible están unidos con Cristo, el cual la rige mediante el
Sumo Pontífice y los Obispos, por los vínculos de la profesión de fe, de los sacramentos, del
gobierno y comunión eclesiástica. No se salva, sin embargo, aunque esté incorporado a la
Iglesia, quien, no perseverando en la caridad, permanece en el seno de la Iglesia «en cuerpo)),
mas no <<en corazón»l3s. Pero no olviden todos los hijos de la Iglesia qr" iu excelente condi-
ción no deben atribuirla a los méritos propios, sino a una gracia singular de Cristo, a la que, si
no respon_den con pensamiento, palabra y obra, lejos de salvarse, serán juzgados con mayor
136.
severidad
Los catecúmenos que, movidos por el Espíritu Santo, solicitan con voluntad expresa ser in-
corporados a la Iglesia, por este mismo deseo ya están vinculados a ella, y la madre Iglesia los
abraza en amor y solicitud como suyos.
7. La ruzón de esta actividad misional se basa en la voluntad de Dios, que "quiere que todos
los hombres sean salvos y vengas al conocimiento de la verdad. Porque uno es Dios, uno tam-
bién el mediador entre Dios y los hombres, el Hombre Cristo Jesús, que se entregó a sí mismo
para redención de todos", "y en ningún otro hay salvación". Es, pues, necesario que todos se
conviertan a É1, una vez conocido por la predicación del Evangeiio, y u El y a lalglesia, que
es su Cuerpo, se incorporen por el bautismo.
Porque Cristo mismo, "inculcando expresamente por su palabra la necesidad de la fe y
del bautismo, confirmó, al mismo tiempo, la necesidad de la Iglesia, en la que entran los
hombres por la puerta del bautismo. Por 1o cual no podrían salvarse aquellos que, no ignoran-
do que Dios fundó, por medio de Jesucristo, la IglesiaCatólica como necesaria, con todo no
hayan querido entrar o perseverar en ella".
Pues aunque el Señor puede conducir por caminos que El sabe a los hombres, que ig-
noran el Evangelio inculpablemente, a la fe, sin la cual es imposible agradarle, la Iglesia tiene
el deber, alapar que el derecho sagrado de evangelizat,y, por tanto, la actividad misional --i
"' Cf. S. Agustín, Bapt. c. Donat.,V. 28, 39: PL 43,197: " Es claro que cuando a propósito de la Iglesia se habla
de "dentro" y "fuera" esto se refiere no al cuerpo sino al corazón". Cf. ib., III, 19, 26 col. 152; Y. 18,24 col.
189; In Io. Tr. 61 , 2: PL 35, I 800, y en otros lugares.
"u Cf. Lc, 12, 48: "Mucho se exigirá al que ha recibido mucho". Cf. también Mr, 5, 19-20: 7,21-22;25,41-
46; 5t,2, 14.
137 Tomado de http://www.vatican.valarchive/hist councils/iiJatican-council/documents/vat-ii decree
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Encuentro Veritas I fafi aet Valle 201.5 105
realiza por ella el designio de Dios, al que sirvió Cristo con obediencia y amor para gloria del
Padre que lo envió, para que todo el género humano forme un soló Pueblo de Dios, se consti-
tuya en Cuerpo de Cristo, se estructure en un templo del Espíritu Santo; lo cual, como expre-
sión de la concordia fraterna, responde, cieftamente, al anhelo íntimo de todos los hombres.
Y así por fin, se cumple verdaderamente el designio del Creador, al hacer al hombre a
su imagen y semejanza, cuando todos los que participan de la naturaleza humana, regenerados
en Cristo por el Espíritu Santo, contemplando unánimes la gloria de Dios, puedan decir: "Pa-
dre nuestro".
11. Es necesario que la Iglesia esté presente en estos grupos humanos por medio de sus hijos,
que viven entre ellos o que a ellos son enviados. Porque todos los fieles cristianos, dondequie-
ra que vivan, están obligados a manifestar con el ejemplo de su vida y el testimonio de la pa-
labra el nombre nuevo de que se revistieron por el bautismo, y la virtud del Espíritu Santo, por
quien han sido fortalecidos con la confirmación, de tal forma que, todos los demás, al con-
templar sus buenas obras, glorifiquen al Padre y perciban, cabalmente, el sentido auténtico de
la vid y el vínculo universal de la unión de los hombres.
Para que los mismos fieles puedan dar fructuosamente este testimonio de Cristo, reú-
nanse con aquellos hombres por el aprecio y la caridad, reconózcanse como miembros del
grupo humano en que viven, y tomen parte en la vida cultural y social por las diversas rela-
ciones y negocios de la vida humana; estén familiarizados con sus tradiciones nacionales y
religiosas, descubran con gozo y respeto las semillas de la Palabra que en ellas laten; pero
atiendan, al propio tiempo, a la profunda transformación que se realiza entre las gentes y tra-
bajen para que los hombres de nuestro tiempo, demasiado entregados a la ciencia y a la tecno-
logía del mundo moderno, no se alejen de las cosas divinas, más todavía, para que despierten
a un deseo más vehemente de la verdad y de la caridad revelada por Dios.
Como el mismo Cristo escudriñó el corazón de los hombres y los ha conducido con un
coloquio verdaderamente humano alaluz divina, así sus discípulos, inundados profundamen-
te por el espíritu de Cristo, deben conocer a los hombres entre los que viven, y tratar con ellos,
\, para advertir en diálogo sincero y paciente las riquezas que Dios generoso ha distribuido a las
gentes; y, al mismo tiempo, esfuércense en examinar sus riquezas con la luz evangélica, libe-
rarlas y reducirlas al dominio de Dios Salvador.
El santo Sínodo [...] «basado en la sagrada Escritura y en la Tradición, enseña que esta
Iglesiaperegrina es necesaria parala salvación. Cristo, en efecto, es el único Mediador
y camino de salvación que se nos hace presente en su Cuerpo, en la Iglesia. É1, al incul-
car con palabras, bien explícitas, la necesidad de la fe y del bautismo, confirmó al mis-
mo tiempo la necesidad de la lglesia, en la que entran los hombres por el Bautismo co-
mo por una puerta. Por eso, no podrían salvarse los que sabiendo que Dios fundó, por
medio de Jesucristo, la Iglesia católica como necesariapara la salvación, sin embargo,
no hubiesen querido entrar o perseverar en ella» (LG 14).
La Iglesia I Misterio de salvación 106
847 Esta afirmación no se refiere a los que, sin culpa suya, no conocen a Cristo y a su Iglesia:
«Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a
Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la vo-
luntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la
salvación eterna (LtG 16; cf DS 3866-3872).
848 «Aunque Dios, por caminos conocidos sólo por É1, puede llevar a la fe, "sin la que es
imposible agradarle" (Hb 11, 6), a los hombres que ignoran el Evangelio sin culpa propia,
corresponde, sin embargo, a la Iglesia la necesidad y, al mismo tiempo, el derecho sagrado de
evangelizar» (AG 7). Y
:
Encuentro Veritas I tafi aet Valle 2015 107
Contenido
Benedicto XVI, Discurso a Ia Curia Romana ,r................. .........................L
La hermenéutica de la discontinuidad y la ruptura ...........1
La hermenéutica de la reforma en conti¡uidad................. .......................2
La relación entre la Iglesia y edad moderna...... .............,....2
Tres círculos de preguntas ................... ............3
La naturaleza de la verdadera reforma ..........4
El ejemplo de la libertad de religión.. .............4
"... en esta aparente discontinuidad mantuvo y profundizó su íntima naturaleza y su
verdadera identidad.. ." ................... .................5
Joseph Ratzinger, Introducción al Cristianismo ..,.,......... .........6
Introducción: "Yo creo - Amén": 1. La fe en el mundo de hoy........... ............ 6
El dilema de Ia fe en el mundo de hoy (p. 51-53)..... ...........6
La.(ecot«o petrrasecer 5 csr«pr.err(er (p. 63-6a.65.66-6?\ .....................I
"Creo en Ti" (p.71.-72) ........... ...........................7
2. La forma eclesial de la fe - El slmbolo como expresión de la estructura de la Fe (p.79-86)........8
a) Fe y palabra .......................8
b) La fe como símbolo ......... 10
Sheed, Frank J., Teología y sensatez. ................11
Tres personas en una sola natura1e2a................. ................11
II. Persona y naturaleza ............11
III. Tres personas, un solo Dios ............. ........13
Padre, Hijo y Espíritu Santo............ ...............14
L La primera persona engendra a la segunda.. ................. 14
II. La tercera persona procede de la primera y segunda..... .................... 17
Precisando un poco más.............. ...................18
II ¿Cómo son personas iguales si son distintas? .................. .................. 18
Antropología Cristiana ...................1.9
¿Qué es el HOMBRE? ................... ..................20
Potencias del alma: inteligencia y voluntad ......................2L
Ser varón o mujer ......................22
Noción de Naturaleza humana .....................22
Catecismo de la Iglesia CatóIica..... ...........,.......24
I Por qué el Verbo se hizo carne............ ........24
San Juan Damasceno, De fide orthodoxa.. .,.,...2s
Dos naturalezas, rtna Persona....... .................25
La humanidad de Cristo es adorable.. ..........25
Dos actividades de Cristo. Actos teándricos. ............. .......26
¿Por qué rezó Jesús? .. ................26
¿Por qué se transfiguró jesús? .......................26
Soteriología Objetiva y Subjetiva ......................27
Santo Tomás de Aquino, Credo comentado, art. 1.0: En la comunión de los santos, en el
perdón de los pecados. .................28
Santo Tomás de Aquino, "Los artículos de la fe y los sacramentos de la Iglesia".....................29
IL Los sacramentos de la Iglesia. ...................29
Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, IIl,8: Sobre la gracia de Cristo en cuanto cabeza de
Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática Dei Verbum sobre la divina Revelación. ........5L
Naturaleza y objeto de la revelación................ ...................S1
Catecismo de la Iglesia Católica, op. cit......... ......................51
I Dios revela su designio amoroso ................51
René Latourelle, "Revelación" . ......................... 52
Principio de la "economia" ............ ................52
Catecismo de Ia Iglesia CatóIica, op. cit......... ......................52
IV El canon de la Escrituras- La unidad del Antiguo y del Nuevo Testamento .......52
Concilio Vaticano II, Dei Verbum, op. cit......... ................... 53
La historia de la salvación consignada en los libros del Antiguo Testamento. .,.......53
Importancia del Antiguo Testamento para los cristianos ......................53
Unidad de ambos Testamentos .....................S3
Benedicto XVI, Exhortación Apostólica Verbum Domini, 2010............ ................... 53
Relación entre Antiguo y Nuevo Testamento. ...................53
Catecismo de la lglesia Católica, op. cit......... ...................... 54
Inspiración y verdad de la Sagrada Escritura... .................S4
Cristo, Palabra única de la Sagrada Escritura...... ..............b4
Cristo Jesús, "mediador y plenitud de toda la Revelación" (DV 2) .................. ..........54
Dios ha dicho todo en su Verbo ..,..............54
No habrá otra revelación................... .........54
El Espíritu Santo, intérprete de la Escritura.............. .......55
Toda la vida de Cristo es misterio....... ..........56
Los rasgos comunes en los Misterios de Jesús. ..................56
Nuestra comunión en 1os Misterios de Jesús .....................56
René Latourelle, "Revelaci6rr", op. cit., p.1232-1222.1264-1287................. ,,,.........57
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La Iglesia I Misterio de salvación 110
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