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ABR – JUN División Adultos
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Salween R.
PARTE DOS
El Evangelio
Según Juan
Strait of
El Buen Pastor guía y protege con ternura
Malacca al rebaño a su cuidado.
500 Miles
Contenido ESCUELA
SABÁTICA
Las Lecciones Bíblicas Sabáticas, son un programa de estudio diario basado solamente en la Biblia
y el Espíritu de Profecía sin comentarios adicionales. Los párrafos son breves, por lo general, para
asegurar que los pensamientos sean concisos y directos. Se usan corchetes [] en algunos casos
para asegurar un contexto claro y adecuado, y fluidez en la lectura, o la traducción de una frase
no disponible en español. Para un estudio adicional se recomienda el uso de las fuentes originales.
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Prefacio
Aunque el Evangelio según Juan fue escrito posteriormente a los otros tres evan-
gelios (llamados sinópticos), se ubica en el siglo I. En el siglo XIX, los críticos
bíblicos intentaron negar que fuera escrito antes del año 150 d.C., con lo que
pretendían rebatir el hecho de que el apóstol Juan fuera el autor. Los críticos
también alegaron que reflejaba la filosofía gnóstica y que, por lo tanto, no podía
haberse escrito antes de que el gnosticismo se convirtiera en una seria amenaza
para la fe. (El gnosticismo era un sistema filosófico y religioso de una secta pri-
mitiva que afirmaba que la clave de la salvación era el conocimiento y no la fe).
Tal acusación distorsionada ha sido refutada desde hace mucho tiempo.
Por el contrario, hay pruebas externas que atestiguan la existencia del cuarto
evangelio y la gran estima que se le tenía ya en el año 115 d.C. Una de estas prue-
bas es el descubrimiento de un pequeño trozo de papiro con algunos versículos
de Juan (capítulo 18, versículos 31–33, 37, 38), conocido como el Papiro Rylands
y designado comúnmente como P52, que se fechó paleográficamente hacia el
125 d.C. Este fragmento, hallado en Egipto a principios del siglo II, se considera
una prueba tangible de la difusión temprana y generalizada del cuarto evan-
gelio. El famoso estudioso del Nuevo Testamento Adolph Deissmann afirma:
“Una multitud de hipótesis sobre un origen tardío del Evangelio según Juan se
marchitarán rápidamente como plantas de invernadero. Tenemos en el papi-
ro Rylands una prueba documental cierta de que el Evangelio según Juan no
sólo existía en la primera mitad del siglo II, sino que sus copias ya habían lle-
gado a Egipto. Por lo tanto, el origen del Evangelio hay que situarlo en épocas
muy anteriores.”—Deutsche Allgemeine Zeitung, 3 de dic., 1935.
En las circunstancias más variadas, a lo largo de los tiempos, los escritos de Juan
no sólo han servido a un propósito específico entre los primeros cristianos, sino
que han aportado guía espiritual, ayuda y aliento a los seguidores de Cristo.
El Señor “tiene luz que es nueva para nosotros y, sin embargo, es la precio-
sa luz antigua que ha de brillar de la Palabra de verdad. Tenemos tan sólo
las vislumbres de los rayos de la luz que todavía ha de venir a nosotros. No
estamos aprovechando al máximo la luz que el Señor ya nos ha dado, y así
dejamos de recibir la luz aumentada. No caminamos en la luz que ya brilla
sobre nosotros.
“Nos llamamos a nosotros mismos el pueblo que guarda los mandamientos,
pero no comprendemos la gran amplitud de los muy abarcantes principios
de la ley de Dios. No entendemos su carácter sagrado. Muchos que pretenden
ser maestros de la verdad, no tienen un verdadero concepto de lo que están
haciendo al enseñar la ley de Dios porque no tienen un conocimiento viviente
del Señor Jesucristo.”—Mensajes Selectos, tomo 1, pp. 469, 470.
¡Que el estudio continuo de este Evangelio nos ayude a conocer mejor a Jesús!
El Departamento de Escuela Sabática de la Conferencia General
Para la reconstrucción de la
iglesia de Prokhorovka (Rusia)
En cuanto a superficie, Rusia es el país más grande del mundo, con
6.612.073,2 millas cuadradas (17.125.191 km2) y una población de
147.000.000 de habitantes. Personas de más de 180 nacionalidades habi-
tan este vasto territorio y, a su vez, profesan distintas creencias religio-
sas. La más destacada es la ortodoxa rusa (41,1%), seguida de otras con-
fesiones cristianas (6,3%), el islam (6,5%), los neopaganos y los tengristas
(1,2%), el budismo (1,2%), los creyentes no practicantes (25,2%), los ateos
(13%), y el resto que no profesa ninguna religión.
Desde el comienzo de los ASDMR, el mensaje del Evangelio eterno avan-
zó aquí en circunstancias muy difíciles. Muchos creyentes tuvieron que
sufrir graves persecuciones, y algunos dieron testimonio del Salvador
crucificado y resucitado a cambio de su vida.
A finales de la década de 1990, un obrero bíblico y su esposa se traslada-
ron a la región central de Rusia con el propósito de llevar a cabo una la-
bor misionera. Como resultado de sus esfuerzos y oraciones, se organizó
un grupo de creyentes. Pero no tenían un lugar para las reuniones y el
culto. Finalmente, en 2006, encontraron una pequeña casa en un terreno
de Prokhorovka, un centro administrativo urbano del distrito Prokho-
rovsky de Belgorod Oblast, una zona agrícola que produce cereales,
remolacha azucarera, girasoles y fruta a lo largo del río Psyol, al sureste
de la ciudad de Kursk, donde hay vastos yacimientos de hierro.
Vimos claramente la mano de Dios obrando cuando Él removió milagro-
samente muchos obstáculos y bendijo la compra de esta casa. La obra
en esta región ha seguido creciendo, y no pasó mucho tiempo antes
de que la casa se volviera demasiado pequeña para albergar a todos
los adoradores de Dios. Hace unos años, recibimos un permiso de las
autoridades para construir un nuevo local y comenzamos a edificar una
casa de culto. Los hermanos han hecho donaciones y han trabajado
arduamente, pero para terminar este proyecto necesitamos la generosa
ayuda de personas de todo el mundo que aman al Señor. La finaliza-
ción de este proyecto dará la oportunidad de desarrollar aún más la
obra evangélica en las regiones vecinas, como un faro en la difusión del
último mensaje de salvación. ¡Que el Señor bendiga a cada uno cuyo
corazón esté dispuesto a ayudar al éxito de la verdad presente en esta
región del mundo!
“Durante todo el día esta convicción se había fortalecido. Ese acto culminante
les aseguraba que entre ellos se encontraba el Libertador durante tanto tiem-
po esperado. Las esperanzas de la gente iban aumentando cada vez más. Él
sería quien haría de Judea un paraíso terrenal, una tierra que fluyese leche
y miel. Podía satisfacer todo deseo. Podía quebrantar el poder de los odiados
romanos. Podía librar a Judá y Jerusalén. Podía curar a los soldados heridos en
la batalla. Podía proporcionar alimento a ejércitos enteros. Podía conquistar
las naciones y dar a Israel el dominio que deseaba desde hacía mucho tiempo.
“En su entusiasmo, la gente estaba lista para coronarle rey en seguida. Se veía que
él no hacía ningún esfuerzo para llamar la atención a sí mismo, ni para atraerse
honores. En esto era esencialmente diferente de los sacerdotes y los príncipes, y
los presentes temían que nunca haría valer su derecho al trono de David. Con-
sultando entre sí, convinieron en tomarle por fuerza y proclamarle rey de Israel.
Los discípulos se unieron a la muchedumbre para declarar que el trono de David
era herencia legítima de su Maestro. Dijeron que era la modestia de Cristo lo que
le hacía rechazar tal honor. Exalte el pueblo a su Libertador, pensaban. Véanse
los arrogantes sacerdotes y príncipes obligados a honrar a Aquel que viene re-
vestido con la autoridad de Dios.”—El Deseado de Todas las Gentes, p. 340.
a. ¿Qué hizo Jesús para evitar que la multitud y los discípulos llevaran a cabo
sus planes de coronarlo en un trono terrenal? Juan 6:15.
“La noticia del milagro de los panes se difundió lejos y cerca, y muy tempra-
no a la mañana siguiente, la gente acudió a Betsaida para ver a Jesús. Venía
en grandes multitudes, por mar y tierra. Los que le habían dejado a la noche
anterior, volvieron esperando encontrarle todavía allí; porque no había bar-
co en el cual pudiese pasar al otro lado. Pero su búsqueda fue infructuosa, y
muchos se dirigieron a Capernaúm, siempre buscándole.
“Mientras tanto, él había llegado a Genesaret, después de sólo un día de au-
sencia. Apenas se supo que había desembarcado, la gente, ‘recorriendo toda
la tierra de alrededor, comenzaron a traer de todas partes enfermos en le-
chos, a donde oían que estaba.’ Marcos 6:55.”—Ibíd., p. 347.
a. ¿Qué mensaje franco y a la vez sensato dio Jesús a las multitudes? Juan
6:26, 27.
b. ¿Qué pregunta hicieron los judíos a Jesús acerca de las obras de Dios? Juan
6:28. Explica la respuesta que dio el Señor. Juan 6:29.
a. ¿Qué señal querían los judíos y qué hecho histórico mencionaban? Juan
6:30, 31. ¿Qué dijo Jesús acerca del pan del cielo? Juan 6:32, 33.
“Los judíos honraban a Moisés como dador del maná, tributando alabanza
al instrumento, y perdiendo de vista a Aquel por quien la obra había sido
realizada. Sus padres habían murmurado contra Moisés, y habían dudado de
su misión divina y la habían negado. Ahora, animados del mismo espíritu, los
hijos rechazaban a Aquel que les daba el mensaje de Dios. ‘Y Jesús les dijo:
De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés pan del cielo; mas mi Padre os
dio el verdadero pan del cielo.’ El que había dado el maná estaba entre ellos.
Era Cristo mismo quien había conducido a los hebreos a través del desierto, y
los había alimentado diariamente con el pan del cielo. Este alimento era una
figura del verdadero pan del cielo.”—El Deseado de Todas las Gentes, p. 349.
b. Teniendo sus mentes fijas meramente en el pan natural, físico, ¿qué pedi-
do hicieron, y qué les explicó el Señor? Juan 6:34–36.
“La figura que Cristo empleó era familiar para los judíos. Moisés, por inspi-
ración del Espíritu Santo, había dicho: ‘El hombre no vivirá de solo pan, mas
de todo lo que sale de la boca de Jehová.’ Y el profeta Jeremías había escrito:
‘Halláronse tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por
alegría de mi corazón.’ Deuteronomio 8:3; Jeremías 15:16. Los rabinos mis-
mos solían decir que el comer pan, en su significado espiritual, era estudiar
la ley y practicar las buenas obras; se decía a menudo que cuando viniese el
Mesías, todo Israel sería alimentado. La enseñanza de los profetas aclaraba la
profunda lección espiritual del milagro de los panes. Cristo trató de presen-
tar esta lección a sus oyentes en la sinagoga. Si ellos hubiesen comprendido
las Escrituras, habrían entendido sus palabras cuando dijo: ‘Yo soy el pan de
vida.’ Tan sólo el día antes, la gran multitud, hambrienta y cansada, había
sido alimentada por el pan que él había dado. Así como de ese pan habían
recibido fuerza física y refrigerio, podían recibir de Cristo fuerza espiritual
para obtener la vida eterna.”—Ibíd.
“Todos los que le recibieran por la fe, dijo él, tendrían vida eterna. Ninguno se
perdería.”—El Deseado de Todas las Gentes, p. 350.
“No prestéis oído a la sugestión del enemigo de permanecer lejos de Cristo
hasta que os hayáis hecho mejores; hasta que seáis suficientemente buenos
para ir a Dios. Si esperáis hasta entonces, nunca iréis. Cuando Satanás os seña-
le vuestros vestidos sucios, repetid la promesa de Jesús: ‘Al que a mí viene, no
le echo fuera’. Juan 6:37. Decid al enemigo que la sangre de Jesucristo limpia
de todo pecado. Haced vuestra la oración de David: ‘Purifícame con hisopo,
y seré limpio: lávame, y seré emblanquecido más que la nieve’. Salmos 51:7.
“Levantaos e id a vuestro Padre. Él os saldrá al encuentro muy lejos. Si dais,
arrepentidos, un solo paso hacia él, se apresurará a rodearos con sus brazos
de amor infinito. Su oído está abierto al clamor del alma contrita. Él conoce
el primer esfuerzo del corazón para llegar a él. Nunca se ofrece una oración,
aun balbuceada, nunca se derrama una lágrima, aun en secreto, nunca se
acaricia un deseo sincero, por débil que sea, de llegar a Dios, sin que el Espíri-
tu de Dios vaya a su encuentro. Aun antes de que la oración sea pronunciada,
o el anhelo del corazón sea dado a conocer, la gracia de Cristo sale al encuen-
tro de la gracia que está obrando en el alma humana.”—Palabras de Vida del
Gran Maestro, pp. 161, 162.
b. ¿Qué murmuraban los judíos incrédulos y qué promesa repitió Jesús a los
que creían en Él? Juan 6:41–51.
1. Después del milagro de los panes, ¿qué planeaban hacer los seguidores de Cristo?
2. Describe el interés principal de la multitud que seguía a Jesús.
3. Explica las palabras de Jesús en Juan 6:29.
4. ¿Qué ilustración utilizó Cristo para describir la fuente de la vida espiritual?
5. ¿Cómo manifestaron los dirigentes judíos sus prejuicios contra Cristo?
La Crisis en Galilea
PARA MEMORIZAR: “Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la
carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Juan
6:53).
“La única fe vital es la que recibe y asimila la verdad hasta que es parte del
ser y el poder motor de la vida y la acción.”—Testimonios para la Iglesia, tomo 5,
p. 543.
a. ¿Qué efecto tuvieron las palabras de Cristo en los líderes religiosos? Juan
6:52. ¿Qué explicó acerca de Su carne y Su sangre? Juan 6:53–55.
b. ¿Qué significa realmente comer la carne y beber la sangre del Hijo de Dios?
Juan 6:56, 57; 1 Juan 3:24; 5:12.
a. ¿Con qué explicación adicional aclaró muy bien Jesús el sentido de sus pa-
labras? Juan 6:63.
“Si creemos lo que Dios dice, veremos su salvación… Debemos recibir la Pa-
labra de Dios. Debemos comer la Palabra, vivir la Palabra; es la carne y la
sangre del Hijo de Dios. Debemos comer su carne y beber su sangre: recibir
por fe sus atributos espirituales.”—Testimonios para la Iglesia, tomo 6, pp. 58, 59.
a. ¿Qué crisis provocaron las palabras de Cristo entre sus propios discípulos, y
en qué sentido son una advertencia para nosotros hoy? Juan 6:60, 61, 65, 66.
“La prueba era demasiado grande. El entusiasmo de aquellos que habían pro-
curado tomarle por fuerza y hacerle rey se enfrió. Este discurso pronunciado
en la sinagoga—declararon,—les había abierto los ojos. Ahora estaban desen-
gañados. Para ellos, las palabras de él eran una confesión directa de que no
era el Mesías, y de que no se habían de obtener recompensas terrenales por
estar en relación con él. Habían dado la bienvenida a su poder de obrar mila-
gros; estaban ávidos de verse libres de la enfermedad y el sufrimiento; pero
no podían simpatizar con su vida de sacrificio propio. No les interesaba el
misterioso reino espiritual del cual les hablaba. Los que no eran sinceros, los
egoístas, que le habían buscado, no le deseaban más. Si no quería consagrar
su poder e influencia a obtener su libertad de los romanos, no querían tener
nada que ver con él…
“Por las palabras de verdad, estaba separándose el tamo del trigo. Porque
eran demasiado vanos y justos en su propia estima para recibir reprensión,
y amaban demasiado el mundo para aceptar una vida de humildad, muchos
se apartaron de Jesús. Muchos están haciendo todavía la misma cosa. El alma
de muchos es probada hoy como lo fue la de los discípulos en la sinagoga de
Capernaúm. Cuando la verdad penetra en el corazón, ven que su vida no está
de acuerdo con la voluntad de Dios. Ven la necesidad de un cambio completo
en sí; pero no están dispuestos a realizar esta obra de negarse a sí mismos.
Por lo tanto, se aíran cuando sus pecados son descubiertos. Se van ofendidos,
así como los discípulos abandonaron a Jesús, murmurando: ‘Dura es esta pa-
labra: ¿quién la puede oír?’ ”—El Deseado de Todas las Gentes, pp. 355, 356.
“Ya sea por medio de un buen o un mal informe, a través de las tinieblas y de
toda la enemistad de los instrumentos de Satanás, el Sol de justicia sigue bri-
llando apaciblemente, buscando el mal, reprimiendo el pecado y reanimando
el espíritu de los humildes y contritos. ‘Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes pala-
bras de vida eterna’.”—Testimonios para los Ministros, p. 284.
b. ¿Qué sucede con los oyentes de mente carnal? Romanos 16:17, 18.
“El discurso de Cristo en la sinagoga acerca del pan de vida, fue el punto
decisivo en la historia de Judas… Vio que Cristo ofrecía beneficio espiritual
más bien que mundanal. Se consideraba como previsor, y pensó que podía
vislumbrar que Cristo no tendría honores ni podría conceder altos puestos a
sus seguidores. Resolvió no unirse tan íntimamente con Cristo que no pudiese
apartarse. Quedaría a la expectativa, y así lo hizo.
“Desde ese tiempo expresó dudas que confundían a los discípulos. Introducía
controversias y sentimientos engañosos, repitiendo los argumentos presen-
tados por los escribas y fariseos contra los asertos de Cristo. Todas las dificul-
tades y cruces, grandes y pequeñas, las contrariedades y aparentes estorbos
para el adelantamiento del Evangelio, eran interpretados por Judas como evi-
dencias contra su veracidad.”—Ibíd., p. 666.
“[Judas] introducía pasajes de la Escritura que no tenían relación con las ver-
dades que Cristo presentaba. Estos pasajes, separados de su contexto, dejaban
perplejos a los discípulos y aumentaban el desaliento que constantemente los
apremiaba. Sin embargo, Judas hacía todo esto de una manera que parecía
concienzuda.”—El Deseado de Todas las Gentes, p. 666.
“Cuando Jesús presentó la verdad escrutadora que hizo que tantos de sus dis-
cípulos se volvieran atrás, sabía cuál sería el resultado de sus palabras; pero
tenía un propósito de misericordia que cumplir. Preveía que en la hora de la
tentación cada uno de sus amados discípulos sería severamente probado. Su
agonía de Getsemaní, su entrega y crucifixión, serían para ellos una prue-
ba muy penosa. Si no hubiese venido una prueba anterior, habrían estado
relacionados con ellos muchos impulsados solamente por motivos egoístas.
Cuando su Señor fuese condenado en el tribunal; cuando la multitud que le
había saludado como Rey le silbase y le vilipendiase; cuando la muchedum-
bre escarnecedora clamase: ‘Crucifícale;’ cuando sus ambiciones mundanales
fuesen frustradas, estos egoístas, renunciando a su fidelidad a Jesús habrían
abrumado el corazón de los discípulos con una amarga tristeza adicional al
pesar y chasco que sentían al ver naufragar sus esperanzas más caras. En esa
hora de tinieblas, el ejemplo de los que se apartasen de él podría haber arras-
trado a otros con ellos. Pero Jesús provocó esta crisis mientras podía por su
presencia personal fortalecer todavía la fe de sus verdaderos seguidores.”—
Ibíd., pp. 358, 359.
1. ¿Cómo hemos de “comer la carne del Hijo del hombre y beber su sangre”?
2. ¿Qué significa mirar a Jesús?
3. ¿Por qué algunos se ofendieron por las palabras de Cristo?
4. ¿Qué hicieron después, y por qué es una advertencia para nosotros?
5. Describe el estado espiritual de Judas después de esto, y sus efectos.
Jesús en la
Fiesta de los Tabernáculos
PARA MEMORIZAR: “Y se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con
autoridad” (Lucas 4:32).
“Jesús conocía las necesidades del alma. La pompa, las riquezas y los honores
no pueden satisfacer el corazón. ‘Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.’ Los
ricos, los pobres, los encumbrados y los humildes son igualmente bienveni-
dos. Él promete aliviar el ánimo cargado, consolar a los tristes, dar esperanza
a los abatidos.”—El Deseado de Todas las Gentes, p. 417.
“En edad muy temprana, Jesús había empezado a obrar por su cuenta en la
formación de su carácter, y ni siquiera el respeto y el amor por sus padres po-
dían apartarlo de la obediencia a la Palabra de Dios. La declaración: ‘Escrito
está’ constituía su razón por todo acto que difería de las costumbres familia-
res. Pero la influencia de los rabinos le amargaba la vida. Aun en su juventud
tuvo que aprender la dura lección del silencio y la paciente tolerancia.
“Sus hermanos, como se llamaba a los hijos de José, se ponían del lado de
los rabinos. Insistían en que debían seguirse las tradiciones como si fuesen
requerimientos de Dios. Hasta tenían los preceptos de los hombres en más
alta estima que la Palabra de Dios, y les molestaba mucho la clara penetración
de Jesús al distinguir entre lo falso y lo verdadero. Condenaban su estricta
obediencia a la ley de Dios como terquedad. Les asombraba el conocimiento y
la sabiduría que manifestaba al contestar a los rabinos. Sabían que no había
recibido instrucción de los sabios, pero no podían menos que ver que los ins-
truía a ellos. Reconocían que su educación era de un carácter superior a la de
ellos. Pero no discernían que tenía acceso al árbol de la vida, a una fuente de
conocimientos que ellos ignoraban.”—El Deseado de Todas las Gentes, p. 65.
“Estos hermanos de Jesús razonaban por el mismo motivo egoísta que con
tanta frecuencia se encuentra en el corazón de los que aman la ostentación.
Ese espíritu era el que gobernaba el mundo. Ellos se ofendían porque, en vez
de buscar un trono temporal, Cristo se había declarado el pan de vida. Que-
daron muy desilusionados cuando tantos de sus discípulos le abandonaron.
Ellos mismos se apartaron de él para escapar a la cruz que representaba el re-
conocer lo que sus obras revelaban: que era el Enviado de Dios.”—Ibíd., p. 414.
a. ¿Qué percibió Jesús en los rabinos y qué pregunta les formuló? Juan 7:19.
b. En su respuesta a Cristo, ¿de qué le acusaron los rabinos, y cómo les con-
testó Él a su vez? Juan 7:20–23.
“Cristo no prestó atención a esta insinuación [de que Sus maravillosas obras
eran instigadas por un espíritu maligno]. Continuó demostrando que su obra
de curación en Betesda estaba en armonía con la ley sabática, que estaba
justificada por la interpretación que los judíos mismos daban a la ley. Dijo:
‘Cierto, Moisés os dio la circuncisión,… y en sábado circuncidáis al hombre.’
Según la ley, cada niño debía ser circuncidado el octavo día. Si ese día caía
en sábado, el rito debía cumplirse entonces. ¿Cuánto más armonizaba con el
espíritu de la ley el hacer ‘sano todo un hombre’ en sábado?”—Ibíd.
“Las agencias del mal se coligan y combinan fuerzas para la gran crisis final.
Grandes cambios están a punto de producirse en el mundo, y los movimien-
tos finales serán rápidos…
“El enemigo ha logrado pervertir la justicia y llenar los corazones de un deseo
de ganancias egoístas… El clamor de las multitudes que mueren de inani-
ción sube a Dios, mientras algunos hombres acumulan fortunas colosales por
medio de toda clase de opresiones y extorsiones.”—Testimonios para la Iglesia,
tomo 9, p. 11.
b. ¿Cómo actuaba Satanás sobre los gobernantes para suscitar la duda? Juan
7:27.
“Satanás estaba listo para sugerirles dudas, y a ello se prestaban sus ideas
erróneas acerca del Mesías y de su venida. Se creía generalmente que Cristo
iba a nacer en Belén, pero que después de un tiempo desaparecería y que en
su segunda aparición nadie sabría de dónde venía. No eran pocos los que sos-
tenían que el Mesías no tendría ninguna relación natural con la humanidad.
Y debido a que el concepto popular de la gloria del Mesías no se cumplía en
Jesús de Nazaret, muchos prestaron atención a la sugestión: ‘Mas éste, sabe-
mos de dónde es: y cuando viniere el Cristo, nadie sabrá de dónde sea’.”—Ibíd.
a. Al leer los pensamientos de sus escépticos oyentes, ¿qué les dijo Jesús?
Juan 7:28.
“Mientras que estaban así vacilando entre la duda y la fe, Jesús descubrió sus
pensamientos y los contestó diciendo: ‘A mí me conocéis, y sabéis de dónde
soy; y no he venido de mí mismo; mas el que me envió es verdadero, al cual
vosotros no conocéis.’ Aseveraban saber lo que debía ser el origen de Cris-
to, pero lo ignoraban completamente. Si hubiesen vivido de acuerdo con la
voluntad de Dios, habrían conocido a su Hijo cuando se les manifestó.”—El
Deseado de Todas las Gentes, p. 421.
b. A falta de argumentos para rebatir a Jesús, ¿con qué medios intentaron si-
lenciarle los dirigentes judíos? Juan 7:30 (primera parte). En realidad, ¿por
qué no pudieron arrestarlo? Juan 7:30 (última parte).
c. ¿Qué orden habían recibido los oficiales de sus gobernantes? Juan 7:45.
¿Por qué no se atrevieron a arrestar a Jesús? Juan 7:46.
“El último día de la fiesta, los oficiales enviados por los sacerdotes y príncipes
para arrestar a Jesús volvieron sin él. Los interrogaron airadamente: ‘¿Por
qué no le trajisteis?’ Con rostro solemne, contestaron: ‘Nunca ha hablado
hombre así como este hombre.’
“Aunque de corazón empedernido, fueron enternecidos por sus palabras.
Mientras estaba hablando en el atrio del templo, se habían quedado cerca,
a fin de oír algo que pudiese volverse contra él. Pero mientras escuchaban,
se olvidaron del propósito con que habían venido. Estaban como arrobados.
Cristo se reveló en sus almas. Vieron aquello que los sacerdotes y príncipes no
querían ver: la humanidad inundada por la gloria de la divinidad.”—El Desea-
do de Todas las Gentes, p. 423.
“[Cristo] empleó las cosas de la naturaleza con las cuales estaban familiari-
zados para ilustrar las verdades divinas. El terreno del corazón quedó así
preparado para recibir la buena semilla. Hizo sentir a sus oyentes que sus
intereses se identificaban con los suyos, que su corazón simpatizaba con ellos
en sus goces y aflicciones. Al mismo tiempo vieron en él la manifestación de
un poder y una excelencia que superaban en mucho a los que poseían los
rabinos más alabados. Las enseñanzas de Cristo se caracterizaban por una
sencillez, una dignidad y un poder hasta entonces desconocido para ellos,
y exclamaron involuntariamente: ‘Nunca ha hablado hombre así como este
hombre’. Juan 7:46. El pueblo le escuchaba gustosamente; pero los sacerdo-
tes y príncipes —los que eran fieles a su cometido como guardianes de la
verdad— aborrecían a Cristo por la misma gracia que revelaba, que había
apartado las multitudes de ellos atrayéndolas hacia la luz de la vida. Por su
influencia, la nación judaica no pudo discernir el carácter divino del Reden-
tor y le rechazó.”—Testimonios para la Iglesia, tomo 5, p. 697.
“[Nicodemo] ocultó la verdad en su corazón, y por tres años hubo poco fruto
aparente. Pero aunque Nicodemo no había reconocido públicamente a Cristo,
repetidas veces había desbaratado en el Sanedrín las maquinaciones de los
sacerdotes de destruirlo.”—Los Hechos de los Apóstoles, p. 85.
“La lección que Cristo dio a Nicodemo [en su visita nocturna de Juan capítulo
3] no había sido en vano. Intelectualmente su convicción era firme, y había
aceptado a Jesús de todo corazón. Desde su entrevista con el Salvador había
escudriñado fervientemente las Escrituras del Antiguo Testamento, y vio la
verdad colocada dentro de la verdadera perspectiva del Evangelio.
“La pregunta presentada por él era sensata, y habría sido bien recibida por
los que presidían en el concilio si no hubieran estado engañados por el ene-
migo. Pero estaban tan llenos de prejuicios que ningún argumento en favor
de Jesús de Nazaret, por convincente que hubiera sido, habría influido sobre
ellos. La respuesta que recibió Nicodemo fue: ‘¿Eres tú también galileo? Escu-
driña y ve que de Galilea nunca se ha levantado profeta’.
“Los sacerdotes y gobernantes habían sido engañados de acuerdo con la in-
tención de Satanás, para que creyeran que Cristo provenía de Galilea. Al-
gunos sabían que nació en Belén, pero permanecieron callados para que la
falsedad no perdiera su poder.”—Comentario Bíblico ASD [Comentarios de E. G.
de White], tomo 5, p. 1110.
“Ni Yo te Condeno”
PARA MEMORIZAR: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (Juan 8:11, última
parte).
a. ¿Cómo respondió Jesús a la falsedad de los fariseos? Juan 8:6 (última parte).
“Algunos manifiestan un deseo prematuro por reformar las cosas que les pa-
recen equivocadas. Consideran que ellos deberían ser elegidos para reempla-
zar a los que han cometido el error. Menosprecian el trabajo realizado por
estos obreros mientras otros no hacían más que mirar y criticar. Dicen me-
diante sus acciones: ‘Yo puedo hacer grandes cosas. Puedo llevar adelante la
obra exitosamente’. Se me ha instruido que diga a esas personas que piensan
que saben tan bien cómo evitar los errores: ‘No juzguéis, para que no seáis
juzgados’. Mateo 7:1. Puede ser que eviten equivocarse en algunos puntos,
pero en otras cosas están propensos a cometer graves desaciertos, muy di-
fíciles de remediar, y que acarrearían vergüenza sobre la obra. Esos errores
producirían más daño que los que sus hermanos han cometido.”—Testimonios
para la Iglesia, tomo 7, p. 264.
“La mujer había estado temblando de miedo delante de Jesús. Sus palabras:
‘El que de vosotros esté sin pecado, arroje contra ella la piedra el primero,’
habían sido para ella como una sentencia de muerte. No se atrevía a alzar
los ojos al rostro del Salvador, sino que esperaba silenciosamente su conde-
na. Con asombro vio a sus acusadores apartarse mudos y confundidos; luego
cayeron en sus oídos estas palabras de esperanza: ‘Ni yo te condeno: vete,
y no peques más.’ Su corazón se enterneció, y se arrojó a los pies de Jesús,
expresando con sollozos su amor agradecido y confesando sus pecados con
amargas lágrimas.
“Esto fue para ella el principio de una nueva vida, una vida de pureza y paz,
consagrada a Dios. Al levantar a esta alma caída, Jesús hizo un milagro mayor
que al sanar la más grave enfermedad física. Curó la enfermedad espiritual
que es para muerte eterna. Esa mujer penitente llegó a ser uno de sus discípu-
los más fervientes. Con devoción y amor abnegados, retribuyó su misericordia
perdonadora. El mundo tenía para esta mujer extraviada solamente desprecio
y escarnio; pero el que era sin pecado se compadeció de su debilidad y le ten-
dió su mano auxiliadora. Mientras que los hipócritas fariseos la condenaban,
Jesús le dijo: ‘Vete, y no peques más’.”—El Ministerio de Curación, pp. 58, 59.
“En su acto de perdonar a esta mujer y estimularla a vivir una vida mejor, el
carácter de Jesús resplandece con la belleza de la justicia perfecta. Aunque no
toleró el pecado ni redujo el sentido de la culpabilidad, no trató de condenar
sino de salvar. El mundo tenía para esta mujer pecadora solamente desprecio
y escarnio; pero Jesús le dirigió palabras de consuelo y esperanza.”—El Desea-
do de Todas las Gentes, pp. 426, 427.
“Jesús conoce las circunstancias particulares de cada alma. Cuanto más grave
es la culpa del pecador, tanto más necesita del Salvador. Su corazón rebosante
de simpatía y amor divinos se siente atraído ante todo hacia el que está más
desesperadamente enredado en los lazos del enemigo. Con su propia sangre
firmó Cristo los documentos de emancipación de la humanidad.”—El Ministe-
rio de Curación, p. 59.
“Las circunstancias tienen poco que ver con lo que experimenta el alma. El
espíritu que albergamos es lo que da color a todas nuestras acciones. No se
puede hacer desdichado al hombre que está en paz con Dios y sus semejantes.
No habrá envidia en su corazón; no hallarán allí cabida las malas sospechas;
no podrá existir odio en él. El corazón que está en armonía con Dios se eleva
por encima de las molestias y pruebas de esta vida.”—Testimonios para la Igle-
sia, tomo 5, pp. 460, 461.
“Por medio del sufrimiento, Jesús se preparó para el ministerio de consola-
ción. Fue afligido por toda angustia de la humanidad, y ‘en cuanto él mismo
padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados’.
Hebreos 2:18. Quien haya participado de esta comunión de sus padecimien-
tos tiene el privilegio de participar también de su ministerio.”—El Discurso
Maestro de Jesucristo, p. 16.
“Las características más necesarias, y que deben atesorar los que respetan los
mandamientos de Dios, son la paciencia y la perseverancia, la paz y el amor.
Cuando falta el amor, ocurre una pérdida irreparable.”—Ibíd., tomo 6, p. 397.
Jesús, la Luz
del Mundo
PARA MEMORIZAR: “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo;
el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan
8:12).
“Así como la luna y los planetas de nuestro sistema solar brillan por la luz del
sol que reflejan, los grandes pensadores del mundo, en lo que tenga de cierto
su enseñanza, reflejan los rayos del Sol de Justicia. Todo rayo del pensamiento,
todo destello del intelecto, procede de la Luz del mundo.”—La Educación, p. 13.
“Al principio, Dios se revelaba en todas las obras de la creación. Fue Cristo
quien extendió los cielos y echó los cimientos de la tierra… Fue él quien llenó
la tierra de hermosura y el aire con cantos. Y sobre todas las cosas de la tierra,
del aire y el cielo, escribió el mensaje del amor del Padre.”—Ibíd., p. 11.
“La mano que sostiene los mundos en el espacio, la mano que mantiene en
su disposición ordenada y actividad incansable todas las cosas en el universo
de Dios, es la mano que fue clavada en la cruz por nosotros.”—La Educación,
p. 132.
a. ¿Cómo fueron guiados los hijos de Israel en el desierto? Éxodo 13:21, 22.
Explica la presencia envuelta en la columna de nube y en la columna de
fuego. Éxodo 13:21 (primera parte); 1 Corintios 10:1–4.
“Con anhelante interés las multitudes de Israel se agolparon para ver el sa-
grado edificio. Mientras contemplaban la escena con reverente satisfacción,
la columna de nube descendió sobre el santuario, y lo envolvió. ‘Y la gloria de
Jehová hinchió el tabernáculo.’ Éxodo 40:34. Hubo una revelación de la ma-
jestad divina, y por un momento ni siquiera Moisés pudo entrar. Con profun-
da emoción, el pueblo vio la señal de que la obra de sus manos era aceptada.
No hubo demostraciones de regocijo en alta voz. Una solemne reverencia se
apoderó de todos. Pero la alegría de sus corazones se manifestó en lágrimas
de felicidad, y susurraron fervientes palabras de gratitud porque Dios había
condescendido a morar con ellos.”—Patriarcas y Profetas, p. 361.
“Encima del propiciatorio estaba la ‘shekinah,’ o manifestación de la divina
presencia; y desde en medio de los querubines Dios daba a conocer su vo-
luntad. Los mensajes divinos eran comunicados a veces al sumo sacerdote
mediante una voz que salía de la nube. Otras veces caía una luz sobre el ángel
de la derecha, para indicar aprobación o aceptación, o una sombra o nube
descansaba sobre el ángel de la izquierda, para revelar desaprobación o re-
chazo.”—Ibíd., p. 360.
a. ¿Qué mensaje de Cristo en Juan 8:12 nos trae una gran esperanza?
“Como una flor se vuelve hacia el sol para que sus brillantes rayos ayuden a
perfeccionar su belleza y simetría, así los seguidores de Cristo deben volverse
hacia el Sol de Justicia, para que la luz del cielo brille sobre ellos, perfeccionan-
do sus caracteres y dándoles una experiencia profunda y duradera en las cosas
de Dios. Está más allá de nuestra capacidad el concebir las bendiciones que es-
tán a nuestro alcance por medio de Cristo, si tan solo unimos nuestro esfuerzo
humano con la gracia divina.”—Sons and Daughters of God, p. 26.
“Cualquiera que con rectitud de corazón trate de hacer la voluntad de Dios
siguiendo atentamente la luz que ya le ha sido dada, recibirá aún más luz; a
esa alma le será enviada alguna estrella de celestial resplandor para guiarla
a la plenitud de la verdad.”—El Conflicto de los Siglos, p. 312.
La Luz Rechazada—
¿o Reflejada?
PARA MEMORIZAR: “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré?” (Salmos
27:1).
“Cristo es la luz ‘que alumbra a todo hombre’. Juan 1:9. Así como por Cristo
tiene vida todo ser humano, así por su medio toda alma recibe algún rayo de
luz divina.”—La Educación, p. 29.
b. ¿Cómo identificó Simeón a Jesús cuando fue llevado al templo para su de-
dicación, y qué debería hacernos considerar esto? Lucas 2:32.
“En el templo donde Cristo estaba enseñando, Simón el anciano lo había de-
clarado ‘luz para ser revelada a los Gentiles, y la gloria de tu pueblo Israel.’
Lucas 2:32. En esas palabras, le había aplicado una profecía familiar para
todo Israel. El Espíritu Santo había declarado por el profeta Isaías: ‘Poco es
que tú me seas siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures
los asolamientos de Israel: también te di por luz de las gentes, para que seas
mi salud hasta lo postrero de la tierra.’ Isaías 49:6. Se entendía generalmente
que esta profecía se refería al Mesías, y cuando Jesús dijo: ‘Yo soy la luz del
mundo,’ el pueblo no pudo dejar de reconocer su aserto de ser el Prometi-
do.”—El Deseado de Todas las Gentes, pp. 429, 430.
“¡Oh! ¡Qué lección encierra esta maravillosa historia de Belén! ¡Qué recon-
vención para nuestra incredulidad, nuestro orgullo y amor propio! ¡Cómo
nos amonesta a que tengamos cuidado, no sea que por nuestra criminal indi-
ferencia, nosotros también dejemos de discernir las señales de los tiempos, y
no conozcamos el día de nuestra visitación!”—El Conflicto de los Siglos, p. 315.
b. ¿Qué explicaciones claras dio Jesús a los incrédulos fariseos, y cómo res-
pondieron ellos? Juan 8:14–18.
c. ¿Qué marcado contraste dijo Jesús que existía entre Él y los incrédulos fari-
seos? Juan 8:19–23.
d. ¿Cuál iba a ser la consecuencia fatal del rechazo de Cristo por parte de los
dirigentes judíos? Juan 8:24; Mateo 23:38.
a. Tras ser advertidos de que podían morir en sus pecados, ¿qué exigieron los
fariseos a Jesús, y por qué? Juan 8:25 (primera parte).
“Lo que Jesús era en naturaleza humana, el Padre espera que sus seguidores
sean. Mediante su poder, hemos de vivir la vida de pureza y nobleza que el
Salvador vivió.”—Ibíd., p. 304.
“La vida terrenal del Salvador, aunque transcurrió en medio de conflictos, era
una vida de paz. Aun cuando lo acosaban constantemente enemigos airados,
dijo: ‘El que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque
yo hago siempre lo que le agrada’. Ninguna tempestad de la ira humana o
satánica podía perturbar la calma de esta comunión perfecta con Dios.”—El
Discurso Maestro de Jesucristo, p. 18.
a. Cuando Cristo habló verdades tajantes a los fariseos, ¿cómo afectaron sus
palabras a los oyentes sinceros, y por qué esto puede sernos de ánimo
hoy? Juan 8:30.
“Cristo sabía cómo actuar con calma e inteligencia, y hacer fracasar los planes
de los acusadores para condenarlo. Las palabras del Señor eran como flechas
agudas que iban al blanco y herían el corazón de sus acusadores. Cada vez
que Cristo se dirigía al pueblo, fuera grande o pequeña su audiencia, sus pala-
bras tenían efecto salvador sobre las almas de algunos de sus oyentes. Ningún
mensaje que saliera de los labios de Cristo debía perderse. Cada palabra suya
imponía una nueva responsabilidad a los que la oían. Los ministros que están
dando el último mensaje de misericordia al mundo, que están presentando
la verdad con sinceridad, que están confiando en la fortaleza de Dios, nunca
deben temer que sus esfuerzos sean en vano. Nadie puede decir que la flecha
de la verdad no ha dado en el blanco y ha atravesado el alma de los que escu-
chan. Aunque ningún ojo humano pueda ver el vuelo de la flecha de la ver-
dad, aunque ningún oído humano oiga el grito del alma herida, la verdad se
ha abierto camino silenciosamente hasta el corazón. Dios ha hablado al alma,
y en el día del ajuste final de cuentas el ministro de Dios estará de pie con los
trofeos de la gracia redentora para dar honor a Cristo, a quien se debe honor.
Dios, que ve en secreto, recompensará públicamente a los que han declarado
la verdad en su nombre.”—The Signs of the Times, 6 de febrero, 1896.
b. Aparte de los ministros, ¿quiénes más son bendecidos por reflejar la luz del
cielo? Salmos 27:1; 147:15; Isaías 55:10, 11.
a. ¿Qué dijo Jesús a los judíos que lo aceptaron? Juan 8:31, 32. En contraste,
¿cómo es que los incrédulos fracasan en ver la única condición que nos
hará libres del pecado? Juan 8:33–36.
Jesús y Abrahán
PARA MEMORIZAR: “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi
día; y lo vio, y se gozó” (Juan 8:56).
Lectura sugerida: Palabras de Vida del Gran Maestro, pp. 212–215, 265–268;
Primeros Escritos, pp. 149–153.
“Los fariseos se habían declarado a sí mismos hijos de Abrahán. Jesús les dijo
que solamente haciendo las obras de Abrahán podían justificar esta preten-
sión. Los verdaderos hijos de Abrahán vivirían como él una vida de obedien-
cia a Dios. No procurarían matar a Aquel que hablaba la verdad que le había
sido dada por Dios. Al conspirar contra Cristo, los rabinos no estaban hacien-
do las obras de Abrahán. La simple descendencia de Abrahán no tenía ningún
valor. Sin una relación espiritual con él, la cual se hubiera manifestado pose-
yendo el mismo espíritu y haciendo las mismas obras, ellos no eran sus hijos.
“Este principio se aplica con igual propiedad a una cuestión que ha agitado
por mucho tiempo al mundo cristiano: la cuestión de la sucesión apostólica.
La descendencia de Abrahán no se probaba por el nombre y el linaje, sino
por la semejanza del carácter. La sucesión apostólica tampoco descansa en
la transmisión de la autoridad eclesiástica, sino en la relación espiritual. Una
vida movida por el espíritu de los apóstoles, el creer y enseñar las verdades
que ellos enseñaron: ésta es la verdadera evidencia de la sucesión apostólica.
Es lo que constituye a los hombres sucesores de los primeros maestros del
Evangelio.”—El Deseado de Todas las Gentes, p. 432.
“Jesús negó que los judíos fueran hijos de Abrahán. Dijo: ‘Vosotros hacéis las
obras de vuestro padre.’ En mofa respondieron: ‘Nosotros no somos nacidos
de fornicación; un padre tenemos, que es Dios.’ Juan 8:41. Estas palabras, que
aludían a las circunstancias del nacimiento de Cristo, estaban destinadas a
ser una estocada contra Cristo en presencia de los que estaban comenzando
a creer en él. Jesús no prestó oído a esta ruin insinuación, sino que dijo: ‘Si
vuestro padre fuera Dios, ciertamente me amaríais: porque yo de Dios he
salido, y he venido.’ (Juan 8:42).
“Sus obras testificaban del parentesco de ellos con el que era mentiroso y
asesino. ‘Vosotros de vuestro padre el diablo sois—dijo Jesús,—y los deseos
de vuestro padre queréis cumplir. Él, homicida ha sido desde el principio,
y no permaneció en la verdad, porque no hay verdad en él… Y porque yo
digo verdad, no me creéis.’ Porque Jesús hablaba la verdad y la decía con
certidumbre, no fue recibido por los dirigentes judíos. Era la verdad lo que
ofendía a estos hombres que se creían justos. La verdad exponía la falacia del
error; condenaba sus enseñanzas y prácticas, y fue mal acogida. Ellos pre-
ferían cerrar los ojos a la verdad, antes que humillarse para confesar que
habían estado en el error. No amaban la verdad. No la deseaban aunque era
la verdad.”—El Deseado de Todas las Gentes, pp. 432, 433.
b. ¿Qué nos hace hijos de Abrahán, y cómo demostraron los líderes judíos
que no eran verdaderos hijos de Abrahán? Gálatas 3:6–9; Juan 8:40.
“‘Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en te-
mor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos:
¡Abba, Padre!’ (Romanos 8:15). El espíritu de esclavitud se engendra al tra-
tar de vivir de acuerdo con la religión legal, al esforzarnos por cumplir las
exigencias de la ley con nuestras propias fuerzas. Sólo hay esperanza para
nosotros si nos atenemos al pacto abrahámico, que es el pacto de gracia por
la fe en Cristo Jesús. El evangelio predicado a Abrahán, por el cual tenía espe-
ranza, era el mismo evangelio que se nos predica a nosotros hoy, por el cual
tenemos esperanza. Abrahán miró a Jesús, que es también el Autor y el Con-
sumador de nuestra fe.”—The Youth’s Instructor, 22 de septiembre, 1892.
b. Aparte de lo dicho por Jesús como Hijo del hombre, ¿qué declaran las Escri-
turas sobre el carácter de Cristo? Hebreos 4:15; 1 Pedro 1:18, 19.
“La fe de los hombres en Cristo como el Mesías no debía descansar sobre evi-
dencias externas y no habían de creer en él debido a sus atractivos personales,
sino debido a la excelencia de carácter que hallaran en él, carácter que nunca
habían encontrado ni podrían encontrar en otro.”—Comentario Bíblico ASD [Co-
mentarios de E. G. de White], tomo 7, p. 916.
b. ¿Cómo podemos alcanzar esta meta? Hebreos 12:1–4; Gálatas 5:6 (última
parte); Filipenses 3:12–15; 4:13.
c. ¿Cómo podemos llegar a ser puros e intachables ante Dios? Romanos 5:18–
20; Hebreos 10:14.
“Dios requiere ahora lo mismo que requirió de Adán: una obediencia perfec-
ta, una rectitud sin defectos y sin fallas ante su vista. Que Dios nos ayude a
darle todo lo que su ley requiere. Pero no podemos hacer esto sin esa fe que
lleva la justicia de Cristo a la práctica diaria.”—Mensajes Selectos, tomo 2, p. 437.
“Mientras reine Satanás, tendremos que dominarnos a nosotros mismos y
vencer los pecados que nos rodean; mientras dure la vida, no habrá un mo-
mento de descanso, un lugar al cual podamos llegar y decir: Alcancé plena-
mente el blanco. La santificación es el resultado de la obediencia prestada
durante toda la vida.”—Los Hechos de los Apóstoles, p. 447.
“Debemos comprender que creyendo en él tenemos el privilegio de participar
de la naturaleza divina y huir así de la corrupción que hay en el mundo a cau-
sa de la concupiscencia. Entonces quedamos limpios de todo pecado, de todo
defecto de carácter. No debemos retener una sola tendencia pecaminosa…
“Las tendencias al mal, hereditarias y cultivadas, son eliminadas del carácter
a medida que participamos de la naturaleza divina, y somos convertidos en
un poder viviente para el bien. Cooperamos con Dios en el triunfo sobre las
tentaciones de Satanás aprendiendo siempre del divino Maestro, participan-
do diariamente de su naturaleza. Dios actúa y el hombre actúa para que éste
pueda ser uno con Cristo como Cristo es uno con Dios…
“Dios es quien nos da poder para vencer. Los que oyen su voz y obedecen sus
mandamientos, reciben el poder para formar caracteres rectos.”—Comentario
Bíblico ASD [Comentarios de E. G. de White], tomo 7, p. 954.
1. ¿Por qué los fariseos no podían reclamar la vida eterna basándose en su linaje
sanguíneo, como tampoco nadie hoy en día confía en la ascendencia o el ADN
como garantía de salvación?
2. Explica las características de los verdaderos hijos de Abrahán.
3. Con respecto a Su carácter, ¿qué pudo declarar Jesús?
4. ¿Qué meta tiene ante sí todo cristiano?
5. ¿Cómo podemos ser considerados perfectos e irreprensibles ante Dios?
Jesús y el Ciego
PARA MEMORIZAR: “Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que
los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados” (Juan 9:39).
“La historia de Job había mostrado que el sufrimiento es infligido por Sata-
nás, pero que Dios predomina sobre él con fines de misericordia.”—El Deseado
de Todas las Gentes, p. 436.
b. ¿Qué idea errónea sobre la aflicción tenían tanto los judíos como los discí-
pulos, y cómo se beneficiaba Satanás de ella? Juan 9:34 (primera parte).
“Se creía generalmente entre los judíos que el pecado era castigado en esta
vida. Se consideraba que cada aflicción era castigo de alguna falta cometida
por el mismo que sufría o por sus padres. Es verdad que todo sufrimiento es
resultado de la transgresión de la ley de Dios, pero esta verdad había sido fal-
seada. Satanás, el autor del pecado y de todos sus resultados, había inducido
a los hombres a considerar la enfermedad y la muerte como procedentes de
Dios, como un castigo arbitrariamente infligido por causa del pecado. Por lo
tanto, aquel a quien le sobrevenía una gran aflicción o calamidad debía so-
portar la carga adicional de ser considerado un gran pecador.
“Así estaba preparado el camino para que los judíos rechazaran a Jesús. El
que ‘llevó… nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores,’ iba a ser teni-
do por los judíos ‘por azotado, por herido de Dios y abatido;’ y de él escondie-
ron ‘el rostro’.”—El Deseado de Todas las Gentes, p. 436.
b. ¿Qué hizo Jesús poco después, y cómo el ciego cooperó con Él? Juan 9:6, 7.
“Entonces, habiendo untado los ojos del ciego, lo envió a lavarse en el es-
tanque de Siloé, y el hombre recibió la vista. Así Jesús contestó la pregunta
de los discípulos de una manera práctica, como respondía él generalmente
a las preguntas que se le dirigían nacidas de la curiosidad. Los discípulos no
estaban llamados a discutir la cuestión de quién había pecado o no, sino a
entender el poder y la misericordia de Dios al dar vista al ciego. Era evidente
que no había virtud sanadora en el lodo, o en el estanque adonde el ciego fue
enviado a lavarse, sino que la virtud estaba en Cristo.”—Ibíd., p. 437.
“Los vecinos del joven y los que le habían conocido ciego dijeron: ‘¿No es éste
el que se sentaba y mendigaba?’ Le miraban con duda; pues sus ojos estaban
abiertos, su semblante cambiado y alegre, y parecía ser otro hombre. La pre-
gunta pasaba de uno a otro. Algunos decían: ‘Este es;’ otros: ‘A él se parece.’
Pero el que había recibido la gran bendición decidió la cuestión diciendo: ‘Yo
soy’.”—Ibíd., p. 437.
“Los fariseos esperaban hacer aparecer a Jesús como pecador, y que por lo
tanto no era el Mesías. No sabían que el que había sanado al ciego había he-
cho el sábado y conocía todas sus obligaciones. Aparentaban tener admirable
celo por la observancia del día de reposo, pero en ese mismo día estaban pla-
neando un homicidio.”—El Deseado de Todas las Gentes, p. 437.
c. ¿A quiénes llamaron los fariseos para que testificaran sobre el hombre que
había sido curado? Juan 9:18, 19.
“[Los fariseos] llamaron a sus padres, y les preguntaron, diciendo: ‘¿Es éste
vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego?’
“Allí estaba el hombre mismo declarando que había sido ciego y que se le
había dado la vista; pero los fariseos preferían negar la evidencia de sus pro-
pios sentidos antes que admitir que estaban en el error. Tan poderoso es el
prejuicio, tan torcida es la justicia farisaica.”—Ibíd., p. 438.
d. ¿Cómo se nos advierte contra el extendido mal de tener una opinión pre-
concebida? Proverbios 18:13.
a. ¿Cómo trataron los fariseos de intimidar a los padres del hombre que ha-
bía nacido ciego, y cómo respondieron ellos? Juan 9:20, 21. ¿Por qué dieron
una respuesta evasiva? Juan 9:22, 23.
“A los fariseos les quedaba una esperanza, la de intimidar a los padres del
hombre. Con aparente sinceridad, preguntaron: ‘¿Cómo, pues, ve ahora?’ Los
padres temieron comprometerse, porque se había declarado que cualquiera
que reconociese a Jesús como el Cristo, fuese echado ‘de la sinagoga;’ es de-
cir, excluido de la sinagoga por treinta días. Durante ese tiempo ningún hijo
sería circuncidado o ningún muerto sería lamentado en el hogar ofensor. La
sentencia era considerada como una gran calamidad; y si no mediaba arre-
pentimiento, era seguida por una pena mucho mayor. La obra realizada en
favor de su hijo había convencido a los padres; sin embargo respondieron:
‘Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego: mas cómo vea ahora,
no sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros no lo sabemos; él tiene
edad, preguntadle a él, él hablará de sí.’ Así transfirieron toda la responsabili-
dad a su hijo; porque no se atrevían a confesar a Cristo.”—El Deseado de Todas
las Gentes, p. 438.
“Os exhorto a manteneros firmes y a no cometer nunca una mala acción por
temor a que os llamen cobardes. No permitáis que bromas, amenazas y ex-
presiones burlonas os induzcan a violar vuestra conciencia en lo más míni-
mo.”—Fundamentals of Christian Education, p. 93.
“El verdadero carácter cristiano debe estar marcado con la firmeza de pro-
pósito y la determinación indomable que no puede ser sometida ni moldeada
por la tierra o el infierno. Quien no sea ciego a la atracción de los honores
mundanos, indiferente a las amenazas e insensible a la fascinación será vícti-
ma de los engaños de Satanás.”—Testimonios para la Iglesia, tomo 4, p. 535.
“Encontraremos la más feroz oposición de parte de los adventistas que se
oponen a la ley de Dios. Pero, como los que edificaron las murallas de Jeru-
salén, no debemos dejarnos distraer ni estorbar de nuestra obra por los in-
formes, por los mensajeros que desean entrar en discusión o controversia, ni
por las amenazas amedrentadoras, la publicación de mentiras, o ninguno de
los recursos que Satanás pueda instigar.”—Ibíd., tomo 3, pp. 628, 629.
a. Describe la escena que enfrentará el pueblo de Dios que guarda los man-
damientos, y cómo debemos responder a ella. Apocalipsis 12:17; Hechos
4:18–20.
1. ¿Cómo juzgaban los dirigentes judíos a los enfermos y a los que sufrían?
2. ¿Qué y quién curó realmente al ciego?
3. ¿Por qué estaban confundidos los vecinos del ciego?
4. ¿A qué situación tuvo que enfrentarse el joven tras su curación?
5. ¿Cómo puedo evitar caer en la trampa en que cayeron sus padres?
Enfrentándose a la
Ceguera Espiritual
PARA MEMORIZAR: “Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdona-
do a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A
cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdona-
do; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este
siglo ni en el venidero” (Mateo 12:31, 32).
“No es Dios quien ciega los ojos de los hombres y endurece su corazón. Él les
manda luz para corregir sus errores, y conducirlos por sendas seguras; es por
el rechazamiento de esta luz como los ojos se ciegan y el corazón se endure-
ce.”—El Deseado de Todas las Gentes, p. 289.
a. Al citar por segunda vez al joven a quien Jesús había devuelto la vista, ¿qué
intentaron obligarle a hacer los fariseos? Juan 9:24.
“Los fariseos veían que estaban dando publicidad a la obra hecha por Jesús.
No podían negar el milagro. El ciego rebosaba gozo y gratitud; contemplaba
las maravillas de la naturaleza y se llenaba de deleite ante la hermosura de
la tierra y del cielo. Relataba libremente su caso y otra vez ellos trataron de
imponerle silencio, diciendo: ‘Da gloria a Dios: nosotros sabemos que este
hombre es pecador.’ Es decir: No repitas que este hombre te dio la vista; es
Dios quien lo ha hecho.”—El Deseado de Todas las Gentes, pp. 438, 439.
b. ¿Cómo les contestó el joven, y quién estaba a su lado para inspirarle? Juan
9:27.
c. ¿Cómo se nos asegura hoy esta misma ayuda? Lucas 12:11, 12.
“Ahora, con vuestras Biblias debéis ir delante de Dios, abrirlas delante de Dios,
y suplicar a Dios. Necesitáis que vuestro entendimiento sea vivificado; nece-
sitáis saber que conocéis los verdaderos principios de la verdad, y entonces,
cuando os encontréis con oponentes no tendréis que enfrentaros a ellos con
vuestras propias fuerzas. El ángel de Dios estará a vuestro lado para ayudaros
a responder a todas las preguntas que os hagan. Pero al mismo tiempo Sata-
nás estará junto a vuestros adversarios para incitarlos a decir cosas difíciles
de soportar para vosotros, a fin de provocaros a hablar imprudentemente;
pero que vuestra conversación sea tal que Satanás no pueda obtener ventaja
de vuestras palabras.”—The Review and Herald, 3 de mayo, 1887.
“Dios tiene una verdad especial y una obra especial para su iglesia en cada
generación. La verdad, oculta a los hombres sabios y prudentes del mundo,
es revelada a los humildes y a los que son como niños. Exige sacrificios. Tiene
batallas que luchar y victorias que ganar. Al principio son pocos los que la
defienden. Ellos son contrarrestados y desdeñados por los grandes hombres
del mundo y la iglesia que se conforma al mundo.
“Los grandes dirigentes del pensamiento religioso de esta generación hicie-
ron sonar las alabanzas y edificaron los monumentos de aquellos que plan-
taron hace siglos la semilla de la verdad. ¿No se vuelven muchos de esta obra
para pisotear el crecimiento que brota de la misma semilla hoy en día? Se
repite el antiguo clamor: ‘Nosotros sabemos que a Moisés habló Dios, mas
éste [Cristo en la persona del mensajero que envía] no sabemos de dónde es’.
Juan 9:29. Así como en los primeros siglos, las verdades especiales para este
tiempo se hallan, no en posesión de las autoridades eclesiásticas, sino de los
hombres y las mujeres que no son demasiado sabios o demasiado instruidos
para creer en la palabra de Dios.”—Palabras de Vida del Gran Maestro, pp. 56, 57.
b. ¿Qué ejemplo podemos aprender del testimonio sincero del joven, así como
de otros creyentes honestos en Cristo? Juan 9:30–33; Hechos 4:19, 20.
“Con toda modestia, con un espíritu de gracia y el amor de Dios, debemos in-
dicar a los hombres que el Señor Dios es el Creador de los cielos y de la tierra,
y que el séptimo día es reposo de Jehová.
“En el nombre del Señor hemos de avanzar, desplegar su estandarte y defen-
der su Palabra. Cuando las autoridades nos ordenen que no hagamos esta
obra; cuando nos prohíban proclamar los mandamientos de Dios y la fe de
Jesús, entonces será necesario que digamos como los apóstoles: ‘Juzgad si es
justo delante de Dios obedecer antes a vosotros que a Dios: porque no pode-
mos dejar de decir lo que hemos visto y oído’. Hechos 4:19.”—Testimonios para
la Iglesia, tomo 6, p. 395.
“El hombre se arrojó a los pies del Salvador para adorarle. No solamente
había recibido la vista natural, sino que habían sido abiertos los ojos de su
entendimiento. Cristo había sido revelado a su alma, y le recibió como el En-
viado de Dios.”—El Deseado de Todas las Gentes, p. 440.
b. ¿Cómo reaccionaron los fariseos ante las palabras de Cristo? Juan 9:40. Al
dirigirse a ellos, ¿cómo desveló Jesús su culpabilidad a causa de su propia
ceguera? Juan 9:41.
“La manifestación del poder divino que le había dado al ciego vista natural
tanto como espiritual, había sumido a los fariseos en tinieblas más profun-
das… Si Dios hubiese hecho imposible para vosotros ver la verdad, vuestra
ignorancia no implicaría culpa. ‘Mas ahora… decís, Vemos.’ Os creéis capaces
de ver, y rechazáis el único medio por el cual podríais recibir la vista. A todos
los que percibían su necesidad, Jesús les proporcionaba ayuda infinita. Pero
los fariseos no confesaban necesidad alguna; rehusaban venir a Cristo, y por
lo tanto fueron dejados en una ceguedad de la cual ellos mismos eran culpa-
bles. Jesús dijo: ‘Vuestro pecado permanece.’ (Versículo 41).”—Ibíd.
1. ¿De qué intentaron convencer los fariseos al que había sido ciego?
2. ¿Quién utilizaba a los fariseos incrédulos?
3. ¿Quién ayudó al joven a dar respuestas explícitas y convincentes?
4. ¿Qué ocurrió cuando confesó valiente y abiertamente a Cristo?
5. Explica cuál es realmente la peor forma de ceguera, y por qué.
Jesús, el
Buen Pastor
PARA MEMORIZAR: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las
ovejas” (Juan 10:11).
“Cristo aplicó estas profecías [en referencia a la misión pastoral del Mesías,
tal y como se encuentra en Isaías 40:9–11; Salmos 23:1 y Ezequiel 34:23, 16,
25, 28] a sí mismo, y mostró el contraste que había entre su carácter y el de
los dirigentes de Israel. Los fariseos acababan de echar a uno del redil porque
había osado testificar del poder de Cristo. Habían excomulgado a un alma
a la cual el verdadero Pastor estaba atrayendo. Así habían demostrado que
desconocían la obra a ellos encomendada, y que eran indignos del cargo de
pastores del rebaño. Jesús les presentó el contraste que existía entre ellos y
el buen Pastor, y se declaró el verdadero guardián del rebaño del Señor.”—El
Deseado de Todas las Gentes, p. 442.
“Cristo nos ama porque somos desvalidos y dependientes.”—Sermons and
Talks, tomo 1, p. 248.
b. ¿Qué relación existe entre las ovejas y su pastor? Juan 10:3, 4. ¿Qué harán
las ovejas ante un extraño? Juan 10:5.
a. ¿Cómo reveló Jesús su propio contraste con los fariseos? Juan 10:7–10.
“Cristo es la puerta del redil de Dios. Por esta puerta todos sus hijos, desde los
más remotos tiempos, han hallado entrada. En Jesús, como estaba presentado
en los tipos, prefigurado en los símbolos, manifestado en la revelación de los
profetas, revelado en las lecciones dadas a sus discípulos, y en los milagros
obrados en favor de los hijos de los hombres, ellos han contemplado al ‘Cor-
dero de Dios, que quita el pecado del mundo,’ (Juan 1:29) y por él son intro-
ducidos en el redil de su gracia. Se han presentado muchos otros objetos de fe
en el mundo; se han ideado ceremonias y sistemas por los cuales los hombres
esperan recibir justificación y paz para con Dios, y hallar así entrada en su re-
dil. Pero la única puerta es Cristo, y todos los que han interpuesto alguna otra
cosa para que ocupe el lugar de Cristo, todos los que han procurado entrar en
el redil de alguna otra manera, son ladrones y robadores.
“Los fariseos no habían entrado por la puerta. Habían subido al corral por
otro camino que no era Cristo, y no estaban realizando el trabajo del verda-
dero pastor. Los sacerdotes y gobernantes, los escribas y fariseos destruían
los pastos vivos y contaminaban los manantiales del agua de vida. Las fieles
palabras de la Inspiración describen a esos falsos pastores: ‘No corroborasteis
las flacas, ni curasteis la enferma: no ligasteis la perniquebrada, ni tornas-
teis la amontada, ni buscasteis la perdida; sino que os habéis enseñoreado
de ellas con dureza y con violencia.’ Ezequiel 34:4.”—El Deseado de Todas las
Gentes, p. 443.
“Se necesitan, no meramente hombres que puedan hacer sermones, sino per-
sonas que tengan un conocimiento experimental del misterio de la piedad, y
que puedan suplir las necesidades urgentes de la gente, personas que se den
cuenta de la importancia de su posición como siervos de Jesús, y que tomen
alegremente sobre sí la cruz que él les enseñó a llevar.
“Es de suma importancia que un pastor tenga trato frecuente con sus feligre-
ses, y así llegue a conocer las diferentes fases de la naturaleza humana. Debe
estudiar los modos de obrar de la mente, a fin de poder adaptar sus enseñan-
zas al intelecto de sus oyentes. Así aprenderá a ejercer esa gran caridad que
poseen únicamente aquellos que estudian detenidamente la naturaleza y las
necesidades del hombre.”—Obreros Evangélicos, p. 199.
a. ¿Qué otra característica del buen pastor manifestó Jesús? Juan 10:14, 15.
“Como un pastor terrenal conoce sus ovejas, así el divino Pastor conoce su
rebaño, esparcido por el mundo. ‘Y vosotras, ovejas mías, ovejas de mi pasto,
hombres sois, y yo vuestro Dios, dice el Señor Jehová.’ Jesús dice: ‘Te puse
nombre, mío eres tú.’ ‘He aquí que en las palmas te tengo esculpida.’ Ezequiel
34:31; Isaías 43:1; 49:16.
“Jesús nos conoce individualmente, y se conmueve por el sentimiento de
nuestras flaquezas. Nos conoce a todos por nombre. Conoce la casa en que vi-
vimos, y el nombre de cada ocupante. Dio a veces instrucciones a sus siervos
para que fueran a cierta calle en cierta ciudad, a tal casa, para hallar a una
de sus ovejas.
“Cada alma es tan plenamente conocida por Jesús como si fuera la única por
la cual el Salvador murió. Las penas de cada uno conmueven su corazón. El
clamor por auxilio penetra en su oído. Él vino para atraer a todos los hombres
a sí. Los invita: ‘Seguidme,’ y su Espíritu obra en sus corazones para indu-
cirlos a venir a él. Muchos rehúsan ser atraídos. Jesús conoce quiénes son.
Sabe también quiénes oyen alegremente su llamamiento y están listos para
colocarse bajo su cuidado pastoral. Él dice: ‘Mis ovejas oyen mi voz, y yo las
conozco, y me siguen.’ Juan 10:27. Cuida a cada una como si no hubiera otra
sobre la haz de la tierra.”—El Deseado de Todas las Gentes, p. 445.
“Jesús pensó en todas las almas de la tierra, que estaban engañadas por los
falsos pastores. Aquellas a quienes él anhelaba reunir como ovejas de su pra-
do estaban esparcidas entre lobos, y dijo: ‘También tengo otras ovejas que no
son de este redil; aquéllas también me conviene traer, y oirán mi voz; y habrá
un rebaño, y un pastor.’ (Juan 10:16).”—Ibíd., p. 447.
“Dios tiene joyas en todas las iglesias, y no nos corresponde lanzar arrolla-
doras acusaciones contra el llamado mundo religioso, sino presentar a to-
dos con humildad y amor, la verdad tal como es en Jesús. Que los hombres
vean piedad y consagración; que contemplen un carácter semejante a Cristo,
y serán atraídos a la verdad.”—Comentario Bíblico ASD [Comentarios de E. G. de
White], tomo 4, p. 1205.
“‘Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.’
Es decir, mi Padre os ama tanto, que me ama aún más porque doy mi vida
para redimiros. Al hacerme vuestro substituto y fiador, mediante la entrega
de mi vida, tomando vuestras obligaciones, vuestras transgresiones, se enca-
rece el amor de mi Padre hacia mí.
“‘Pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, mas yo la pongo de
mí mismo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar.’
Mientras, como miembro de la familia humana, era mortal, como Dios, era
la fuente de la vida para el mundo. Hubiera podido resistir el avance de la
muerte y rehusar ponerse bajo su dominio; pero voluntariamente puso su
vida para sacar a luz la vida y la inmortalidad. Cargó con el pecado del mun-
do, soportó su maldición, entregó su vida en sacrificio, para que los hombres
no muriesen eternamente. ‘Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y
sufrió nuestros dolores… Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido
por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos
nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se
apartó por su camino: mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.’
Isaías 53:4–6.”—El Deseado de Todas las Gentes, pp. 447, 448.
b. ¿Qué lleva a las personas a seguir a Cristo? Juan 10:27; 1 Juan 4:10, 19.
“En los atrios celestiales, Cristo intercede por su iglesia, intercede por aque-
llos para quienes pagó el precio de la redención con su sangre. Los siglos de
los siglos no podrán menoscabar la eficiencia de su sacrificio expiatorio. Ni
la vida ni la muerte, ni lo alto ni lo bajo, pueden separarnos del amor de Dios
que es en Cristo Jesús; no porque nosotros nos asimos de él tan firmemente,
sino porque él nos sostiene con seguridad. Si nuestra salvación dependiera
de nuestros propios esfuerzos, no podríamos ser salvos; pero ella depende de
Uno que endosa todas las promesas. Nuestro asimiento de él puede parecer
débil, pero su amor es como el de un hermano mayor; mientras mantenga-
mos nuestra unión con él, nadie podrá arrancarnos de su mano.”—Los Hechos
de los Apóstoles, p. 441.
Jesús y Lázaro
PARA MEMORIZAR: “Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos”
(Salmos 116:15).
“En Cristo hay vida original, que no proviene ni deriva de otra… La divinidad
de Cristo es la garantía que el creyente tiene de la vida eterna.”—El Deseado de
Todas las Gentes, p. 489.
“[El] corazón [de Cristo] estaba ligado con fuertes vínculos de afecto con la fa-
milia de Betania y para un miembro de ella realizó su obra más maravillosa.
“Jesús hallaba con frecuencia descanso en el hogar de Lázaro. El Salvador no
tenía hogar propio; dependía de la hospitalidad de sus amigos y discípulos; y
con frecuencia, cuando estaba cansado y sediento de compañía humana, le
era grato refugiarse en ese hogar apacible, lejos de las sospechas y celos de los
airados fariseos. Allí encontraba una sincera bienvenida y amistad pura y san-
ta. Allí podía hablar con sencillez y perfecta libertad, sabiendo que sus pala-
bras serían comprendidas y atesoradas.”—El Deseado de Todas las Gentes, p. 482.
b. ¿En qué clase de hogar está Dios presente con sus más preciadas bendicio-
nes? Proverbios 3:33 (última parte).
“Lázaro fue herido por una enfermedad repentina, y sus hermanas manda-
ron llamar al Salvador diciendo: ‘Señor, he aquí, el que amas está enfermo.’
Se dieron cuenta de la violencia de la enfermedad que había abatido a su
hermano, pero sabían que Cristo se había demostrado capaz de sanar toda
clase de dolencias. Creían que él simpatizaría con ellas en su angustia; por lo
tanto, no exigieron urgentemente su presencia inmediata, sino que manda-
ron tan sólo el confiado mensaje: ‘El que amas está enfermo.’ Pensaron que
él respondería inmediatamente, y estaría con ellas tan pronto como pudiese
llegar a Betania.
“Ansiosamente esperaron noticias de Jesús. Mientras había una chispa de
vida en su hermano, oraron y esperaron la venida de Jesús. Pero el mensajero
volvió sin él. Trajo, sin embargo, este mensaje: ‘Esta enfermedad no es para
muerte,’ y se aferraron a la esperanza de que Lázaro viviría. Con ternura
trataron de dirigir palabras de esperanza y aliento al enfermo casi incons-
ciente.”—El Deseado de Todas las Gentes, pp. 483, 484.
b. Describe las palabras y acciones de Cristo durante los días siguientes. Juan
11:5–8.
“Durante aquellos dos días Cristo pareció haberse olvidado del caso; porque
no habló de Lázaro. Los discípulos pensaban en Juan el Bautista, precursor
de Jesús. Se habían preguntado por qué Jesús, que tenía el poder de realizar
milagros admirables, había permitido que Juan languideciera en la cárcel y
muriese en forma violenta. Ya que poseía tal poder, ¿por qué no había sal-
vado Jesús la vida de Juan? Esta pregunta la habían hecho con frecuencia
los fariseos y la presentaban como un argumento incontestable contra el
aserto de Cristo de ser Hijo de Dios. El Salvador había advertido a sus discí-
pulos acerca de las pruebas, pérdidas y persecuciones. ¿Los abandonaría en
la prueba? Algunos se preguntaban si no habían estado equivocados acerca
de su misión. Todos estaban profundamente perturbados…
“Los discípulos se preguntaban por qué, si Jesús iba a ir a Judea, había espe-
rado dos días. Pero lo que más los embargaba era su ansiedad por Cristo y
por sí mismos. No podían ver sino peligro en lo que estaba por hacer.”—Ibíd.,
pp. 484, 485.
“Los que podrían haber sido colaboradores de Cristo y que, sin embargo, han
despreciado a los mensajeros y su mensaje, perderán su rumbo. Andarán en
tinieblas, no sabiendo en qué tropiezan. Los tales están destinados a caer en-
gañados por los errores de los últimos días. Su mente se halla preocupada
con intereses subalternos y pierden la bendita oportunidad de llevar el yugo
con Cristo y ser obreros juntamente con Dios.”—La Educación Cristiana, p. 240.
“‘Dicho esto, díceles después: Lázaro nuestro amigo duerme; mas voy a des-
pertarle del sueño.’ ‘Lázaro nuestro amigo duerme.’ ¡Cuán conmovedoras son
estas palabras! ¡Cuán llenas de simpatía! Mientras pensaban en el peligro
que su Maestro estaba por arrostrar yendo a Jerusalén, los discípulos casi
se habían olvidado de la familia enlutada de Betania. Pero no así Cristo. Los
discípulos se sintieron reprendidos. Les había sorprendido que Cristo no res-
pondiera más prontamente al mensaje. Habían estado tentados a pensar que
él no tenía por Lázaro y sus hermanas el tierno amor que ellos le atribuían y
que debiera haberse vuelto rápidamente con el mensajero. Pero las palabras:
‘Lázaro nuestro amigo duerme,’ despertaron en ellos los debidos sentimien-
tos. Quedaron convencidos de que Cristo no se había olvidado de sus amigos
que sufrían.”—El Deseado de Todas las Gentes, p. 485.
c. Explica qué significaban realmente las palabras de Cristo. Juan 11:13, 14.
“Cristo presenta a sus hijos creyentes la muerte como un sueño. Su vida está
oculta con Cristo en Dios, y hasta que suene la última trompeta los que mue-
ren dormirán en él.”—Ibíd., p. 486.
“[La] obra [de Cristo] no se detuvo con una exhibición de su poder sobre la
enfermedad. Convirtió toda obra de sanamiento en una ocasión para implan-
tar en el corazón los principios divinos de su amor y benevolencia.”—Consejos
Sobre la Salud, p. 245.
“Si Cristo hubiese estado en la pieza del enfermo, Lázaro no habría muerto;
porque Satanás no hubiera tenido poder sobre él. La muerte no podría haber
lanzado su dardo contra Lázaro en presencia del Dador de la vida. Por lo
tanto, Cristo permaneció lejos. Dejó que el enemigo ejerciese su poder, para
luego hacerlo retroceder como enemigo vencido. Permitió que Lázaro pasase
bajo el dominio de la muerte; y las hermanas apenadas vieron a su hermano
puesto en la tumba. Cristo sabía que mientras mirasen el rostro muerto de
su hermano, su fe en el Redentor sería probada severamente. Pero sabía que
a causa de la lucha por la cual estaban pasando ahora, su fe resplandecería
con fuerza mucho mayor. Permitió todos los dolores y penas que soportaron.
Su tardanza no indicaba que las amase menos, pero sabía que para ellas,
para Lázaro, para él mismo y para sus discípulos, había de ganarse una victo-
ria.”—El Deseado de Todas las Gentes, pp. 486, 487.
La Resurrección
y la Vida
PARA MEMORIZAR: “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en
mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25).
“Para el creyente, la muerte es asunto trivial. Cristo habla de ella como si fue-
ra de poca importancia… Para el cristiano, la muerte es tan sólo un sueño, un
momento de silencio y tinieblas. La vida está oculta con Cristo en Dios.”—El
Deseado de Todas las Gentes, p. 731.
a. Al enterarse de que Jesús venía a Betania, ¿qué hizo Marta y qué convicción
expresó? Juan 11:20–22.
“Entre los que lloraban estaban los parientes de la familia, algunos de los
cuales ocupaban altos puestos de responsabilidad en Jerusalén. Entre ellos se
contaban algunos de los más acerbos enemigos de Cristo. Él conocía su pro-
pósito y por lo tanto no se hizo conocer en seguida.
“El mensaje fue dado a Marta con tanta reserva que las otras personas que
estaban en la pieza no lo oyeron…
“Marta se apresuró a ir al encuentro de Jesús, con el corazón agitado por en-
contradas emociones. En el rostro expresivo de él, leyó ella la misma ternura
y amor que siempre había habido allí. Su confianza en él no había variado,
pero recordaba a su amado hermano a quien Jesús también amaba. Con el
pesar que brotaba de su corazón porque Cristo no había venido antes y, sin
embargo, con la esperanza de que aun ahora podría hacer algo para conso-
larlas, dijo: ‘Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no fuera muerto.’
Vez tras vez, en medio del tumulto creado por los plañidores, las hermanas
habían repetido estas palabras.
“Con compasión humana y divina, Jesús miró el rostro entristecido y acongo-
jado de Marta. Esta no tenía deseo de relatar lo sucedido; todo estaba expre-
sado por las palabras patéticas: ‘Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano
no fuera muerto.’ Pero mirando aquel rostro lleno de amor, añadió: ‘Mas tam-
bién sé ahora, que todo lo que pidieres de Dios, te dará Dios’.”—El Deseado de
Todas las Gentes, pp. 487, 488.
a. ¿Qué le aseguró Jesús a Marta? Juan 11:23. ¿Qué entendió ella al decir esto?
Juan 11:24.
“Cristo miraba hacia adelante, a su segunda venida. Entonces los justos muer-
tos serán resucitados incorruptibles, y los justos vivos serán trasladados al
cielo sin ver la muerte. El milagro que Cristo estaba por realizar, al resucitar
a Lázaro de los muertos, representaría la resurrección de todos los justos
muertos. Por sus palabras y por sus obras, se declaró el Autor de la resu-
rrección. El que iba a morir pronto en la cruz, estaba allí con las llaves de la
muerte, vencedor del sepulcro, y aseveraba su derecho y poder para dar vida
eterna.”—Ibíd.
b. Cuando Jesús vio a María y a algunos judíos llorando, ¿qué hizo Él, y por
qué? Juan 11:33–35.
“‘Jesús entonces, como la vio llorando, y a los judíos que habían venido junta-
mente con ella llorando, se conmovió en espíritu, y turbóse.’ Leyó el corazón
de todos los presentes. Veía que, en muchos, lo que pasaba como demostración
de pesar era tan sólo fingimiento. Sabía que algunos de los del grupo, que ma-
nifestaban ahora un pesar hipócrita, estarían antes de mucho maquinando la
muerte, no sólo del poderoso taumaturgo, sino del que iba a ser resucitado de
los muertos. Cristo podría haberlos despojado de su falso pesar. Pero dominó
su justa indignación. No pronunció las palabras que podría haber pronuncia-
do con toda verdad, porque amaba a la que, arrodillada a sus pies con tristeza,
creía verdaderamente en él.
“‘¿Dónde le pusisteis?—preguntó.—Dícenle: Señor, ven y ve.’ Juntos se diri-
gieron a la tumba. Era una escena triste. Lázaro había sido muy querido, y
sus hermanas le lloraban con corazones quebrantados, mientras que los que
habían sido sus amigos mezclaban sus lágrimas con las de las hermanas en-
lutadas. A la vista de esta angustia humana, y por el hecho de que los amigos
afligidos pudiesen llorar a sus muertos mientras el Salvador del mundo es-
taba al lado, ‘lloró Jesús.’ Aunque era Hijo de Dios, había tomado sobre sí la
naturaleza humana y le conmovía el pesar humano. Su corazón compasivo y
tierno se conmueve siempre de simpatía hacia los dolientes. Llora con los que
lloran y se regocija con los que se regocijan.”—El Deseado de Todas las Gentes,
pp. 489, 490.
a. ¿Qué orden dio Jesús a los que le rodeaban? Juan 11:39 (primera parte).
¿Cómo reaccionó Marta y qué le dijo Jesús? Juan 11:39 (última parte).
“Cuando el Señor está por hacer una obra, Satanás induce a alguno a objetar.
‘Quitad la piedra,’ dijo Cristo. En cuanto sea posible, preparad el camino para
mi obra. Pero la naturaleza positiva y ambiciosa de Marta se manifestó. Ella
no quería que el cuerpo ya en descomposición fuese expuesto a las miradas.
El corazón humano es tardo para comprender las palabras de Cristo, y la fe de
Marta no había asimilado el verdadero significado de su promesa.
“Cristo reprendió a Marta, pero sus palabras fueron pronunciadas con la ma-
yor amabilidad. ‘¿No te he dicho que, si creyeres, verás la gloria de Dios?’ ¿Por
qué habríais de dudar de mi poder? ¿Por qué razonar contrariamente a mis
requerimientos? Tenéis mi palabra. Si queréis creer, veréis la gloria de Dios.
Las imposibilidades naturales no pueden impedir la obra del Omnipotente. El
escepticismo y la incredulidad no son humildad. La creencia implícita en la
palabra de Cristo es verdadera humildad, verdadera entrega propia.
“‘Quitad la piedra.’ Cristo podría haber ordenado a la piedra que se apartase,
y habría obedecido a su voz. Podría haber ordenado a los ángeles que esta-
ban a su lado que la sacasen. A su orden, manos invisibles habrían removido
la piedra. Pero había de ser sacada por manos humanas. Así Cristo quería
mostrar que la humanidad ha de cooperar con la divinidad. No se pide al po-
der divino que haga lo que el poder humano puede hacer. Dios no hace a un
lado la ayuda del hombre. Le fortalece y coopera con él mientras emplea las
facultades y capacidades que se le dan.”—El Deseado de Todas las Gentes, p. 492.
“Muchos no tienen una fe viva. Esta es la razón por la cual no ven más del
poder de Dios. Su debilidad es el resultado de su incredulidad… Hacen planes
y proyectos, pero oran poco, y tienen poca confianza verdadera en Dios. Pien-
san que tienen fe, pero es sólo el impulso del momento. Dejan de comprender
su propia necesidad, y lo dispuesto que está Dios a dar; no perseveran en
mantener sus pedidos ante el Señor.”—Palabras de Vida del Gran Maestro, p. 111.
“La orden se cumplió. La piedra fue puesta a un lado. Todo fue hecho abierta
y deliberadamente. Se dio a todos oportunidad de ver que no había engaño.
Allí estaba el cuerpo de Lázaro en su tumba rocosa, frío y silencioso en la
muerte. Los clamores de los plañidores se acallan. Sorprendida y expectante,
la congregación está alrededor del sepulcro, esperando lo que ha de seguir…
“Aquí Cristo llama a Dios su Padre y con perfecta confianza declara que es
Hijo de Dios.”—El Deseado de Todas las Gentes, pp. 492, 493.
b. ¿Con qué palabras resucitó Jesús a Lázaro? Juan 11:43. ¿Qué ocurrió inme-
diatamente? Juan 11:44.
“[La] voz [de Cristo], clara y penetrante, entra en los oídos del muerto. La divi-
nidad fulgura a través de la humanidad. En su rostro, iluminado por la gloria
de Dios, la gente ve la seguridad de su poder. Cada ojo está fijo en la entrada
de la cueva. Cada oído está atento al menor sonido. Con interés intenso y do-
loroso, aguardan todos la prueba de la divinidad de Cristo, la evidencia que
ha de comprobar su aserto de que es Hijo de Dios, o extinguir esa esperanza
para siempre. Hay agitación en la tumba silenciosa, y el que estaba muerto
se pone de pie a la puerta del sepulcro… La humanidad ha de trabajar por la
humanidad. Lázaro queda libre, y está de pie ante la congregación, no dema-
crado por la enfermedad, ni con miembros débiles y temblorosos, sino como
un hombre en la flor de la vida, provisto de una noble virilidad. Sus ojos
brillan de inteligencia y de amor por su Salvador. Se arroja a los pies de Jesús
para adorarle.”—Ibíd., p. 493.
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