Coleceq om JIAO Ue IY 1 leColeccién JAQUE MATE
El ultimo error
128 partidas abandonadas err6neamente
Klaus Trautmann
yl
HISPANO EUROPEADirector de la Coleccion: Sergio Picatoste
Titulo de la edicién original:
Der letzte Fehler. 128 irrtimlich aufgegebene
Schachpartien,
© de la traduccion: Sergio Picatoste.
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© de la edicién en castellano, 2006:
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ISBN-10: 84-255-1695-1.
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haPREsO EN ESPANA PRINTED IN SPAIN
Lennar, S. L. - Mogoda, 29-31 (Pol. Ind. Can Satvatella) - 08210 Barbera del VallesPrefacio..........200005 ee eee eee eee ee eee rere 5
1. La salvacion que no se vio ........ teneenes rere) errr reer 7
1D CUO a ter cfa ee ow ace erro gene peel eee ree ese ese 17
3. Nerviosismo . 25
4, Fantasmas .. 35
5. Generosidad .. 45
6. Cuestion de confianza 53
7. El subterfugio posible .. 63
8. jTiene que haber una combinacién! 73
9. Pequefias historias 81
10. Una buena idea ..... 2... cece cece ene eeeeeeeneenene wees 95
11. Enel techo del Mundo ........ cece cence cece eect eeeeeeneeeeeee 105
12. Los comentaristas meten la pata ..........-02 cece cence eee enee 119
Soluciones alos ejercicios .............005 Peete ene ee nner eeeees 123
Fuentes e indice de jugadores......... ee pee ee eee esas 127PREFACIO
Vamos a ver con asombro y llenos
de comprensién un fenémeno especial
propio de las contiendas que ocurren en
el tablero de ajedrez. Con inesperada
frecuencia, se abandonan partidas en el
preciso instante en que se podian forzar
unas tablas a ultima hora o incluso era
posible ganar.
Bien es verdad que no puede consul-
tarse estadistica alguna, pero semejan-
tes capitulaciones infundadas ocurren
casi el doble de veces que, a modo de
ejemplo, una coronacién menor, es decir,
{a transformaci6n de un pe6n en torre,
caballo o alfil. Y no se dan, de ninguna
manera, solamente en categorias bajas.
Sea como fuere, de ellas no hay mas que
informaciones ocasionales. No, aqui se
trata de una multitud de ejemplos de los
niveles superiores, e incluso la elite tiene
un alto grado de participacién en ellos.
Intentos de explicar el error de valo-
racién justo en el punto donde mas
duele los hay en abundancia. También
en los capitulos que siguen se han
efectuado las clasificaciones respecti:
vas, en cierto modo segtn las supues-
tas causas. Aunque, naturalmente, esta
claro que los epigrafes tematicos obe-
decen mas a razones de estructuracién
que al descubrimiento objetivo de los
motivos del abandono, pues muchas
veces los motivos se superponen y se
complementan. Ademés, en la mayoria
de los casos faltan los relatos de testi-
gos. Asi, circunstancias concomitantes
como el estado de salud, los apuros de
tiempo, motivos oficiales y privados, sin
olvidar la testarudez y el enfado, etc.,
quedan en la sombra.
El «arquetipo», muy socorrido, del te-
ma lo muestra el diagrama 1.
. Von Popiel-Marco
Montecarlo, 1902
En vista de las amenazas al alfil de
d4 y'la torre de d7, Georg Marco, el ex-
perimentado maestro austriaco y exito-
so periodista de ajedrez, se dio por
vencido.
Con la jugada 1. ..., @g1!, podia,
sin embargo, ganar material de manera
decisiva mediante la amenaza de mate
y con ello una importante partida del
torneo. Este ejemplo lo conoce todo
ajedrecista. Aunque se considera el pri-
mero de su clase, ya tenia un precursor
entre maestros de renombre, lo que se
demostrara en las paginas que siguen.
Qué se pretende con la sucesién de
estos cortocircuitos, que, examinandolos
a posteriori, fluctian entre la satisfacciény la decepcién? No habia raz6n alguna
para comprimir el material en un manual
© extraer consecuencias estratégicas 0
tacticas por los pelos. La intencién era
mas bien compendiar los numerosos
ejemplos y quizas dar un pequefio esti-
mulo para recopilar mas. Si ello da por
resultado que se puedan aprovechar,
modestamente, para desentrafiar claves
personales del juego de cada uno, el libri-
to obtendra el rango de una lectura que,
en cierto modo, proporciona experiencias.
El tratamiento del tema es critico y
benévolo a la vez. Siempre tiene que
mantenerse el respeto a los implicados,
siempre ha de prevalecer la considera-
cién por el rendimiento deportivo. Es evi-
dentisimo que debe tenerse en cuenta
que ambos rivales dejan tras de si una
larga y agotadora lucha, numerosas omi-
siones, pequefios errores y errores de
EL ULTIMO ERROR
bulto, que sus sentimientos se debatie-
ron entre la esperanza y la decepcién y
que cuerpo, alma y espiritu se acercaron
poco a poco o de repente a un estado de
agotamiento sumo.
Para el afectado, el abandono infun-
dado es, sin lugar a dudas, un asunto
amargo y doloroso. A pesar de ello, no
vamos a tomarnosio todo tan en serio. El
autor se ha esforzado, para hacer propa-
ganda de nuestro bello juego, en pre-
sentar y comentar los distintos episodios
de manera amena. Se han incluido pe-
quefias historias que los enmarcan y
acontecimientos, logros caracteristicos
y anécdotas,
Los abandonos prematuros parecen
ser atemporales. Su ntimero guarda ab-
soluta relacién con la frecuencia de los
torneos disputados. Asi, la parte del leén
de todos estos pequefios deslices (35 %),
que se-guarnecen con diagramas en los
capitulos que siguen, se la llevan las dé-
cadas de 1980 y 1990.
&Y en el futuro? ¢Son los errores
aqui, presentados los Ultimos? No, no,
isolamente en la partida que nos ocupa!
Desde mafiana mismo obraremos segun
el dicho de Savielly Tartakower: «jLos
errores estan ahi, no hay mas que come-
terlos!».
iEn este sentido, pues!
-Rar su apoyo personal en la recopi-
lacién de los ejemplos, el autor da las
gracias a los maestros FIDE Helmut Rof-
mann y Harald Keilhack, asi como a los
ajedrecistas Horst Ewald, Norbert Hey-
mann, Dieter Jahr, Jérg Nagler, Wolfgang
Pieper, Siegfried PreuB y Kurt Schlapper.
No puede, sin embargo, pretenderse que
esta coleccién sea completa.
Klaus Trautmann
Francfort del Oder, marzo de 1999LA SALVACION
QUE NO SE VIO
éNo te ves un poco
ridiculo con ese casco?El fiel de la balanza parece inclinarse
en esta contienda de manera definitiva
hacia el otro lado, en favor del rival. La
derrota se vislumbra hace ya varias ju-
gadas, y en la posicién a lo sumo puede
especularse un poco.
Cuanto mas maduro y experimenta-
do es el ajedrecista, menos cree en mi-
lagros. Demasiado bien sabe por la
practica cémo acaba el Ultimo acto, Ade-
mas, también piensa en su honor, en
que no quiere ser objeto de mofa en la
sala del torneo, en que también en las
derrotas debe comportarse como un au-
téntico caballero.
Asi pues, jes hora de abandonar!?
jAlto, no tan deprisa!
ijExaminemos la posicién una vez
mas! 4Se han sondeado de verdad to-
das las posibilidades? Para buscar los
recursos escondidos —literalmente— se
Necesita, pese a todas las experiencias
negativas, pese a que las perspectivas
empeoren jugada tras jugada, una men-
te fria, sobria, que -suponiendo que el
reloj lo permita— siga estando en condi-
ciones de trabajar seguin cierto esquema
de examen. Eso supone intentar calcular
también las jugadas llamadas ildgicas,
repasar una vez més la serie de jugadas
del adversario para ver si hay «aguje-
ros» e incluir todas las posibilidades de
intercalar jugadas intermedias. Quizds
se encuentre todavia una idea oculta
que salve la partida, tal vez haya una
amenaza que corte el hilo conductor dg
la variante del contrincante.
Precisamente este momento tiene
también para él algunos escollos psico-
ldgicos. A veces, al rival, al estar a las
puertas de la victoria, le abandona por
distintos motivos el discernimiento mos-
trado hasta entonces. Sea porque quiere
«hacerlo bonito», divertir al espectador o
EL OLTIMO ERROR
impresionar al adversario. También él
disminuye, como puede comprenderse,
la concentracién, pues sabe que ya no
puede pasar nada.
Por eso quiero afadir dos consejos
mas: calcula también ahora una jugada
mas que tu contrincante y, cuando él
haya empezado el ataque final, espera
por lo menos una jugada més. jQue te
muestre si sabe ejecutar con exactitud
su programa en el tablero en lo que a
técnica se refiere!
En este sentido, espero que los diez
ejemplos que siguen sirvan de escar-
miento. En todos los casos era posible
salvarse, pero no se advirtié la jugada
salvadora, probablemente tampoco se
buscé. No obstante, las mas de las ve-
ces, el camino que llevaba a la salvacién
no estaba en absoluto en lo mas profun-
do de la jungla de variantes.
Las excepciones a lo dicho no son si-
No aquellas posiciones en las que los co-
Nocimientos eran insuficientes, Al jugador
le pasa como al nifio pequefio que se ha
adentrado confiado en el agua y no sabe
radar. Para [Link] armado la proxi-
ma vez no queda mas que sacar la con-
clusion correspondiente: volver a coger el
libro, estudiar finales especiales y consul-
tar el Util arte del estudio.LA SALVACION QUE NO SE VIO
2. Stambke-Hamel
Correspondencia, 1955
Nos encontraremos con el ajedrez
Por correspondencia en esta pequefia
serie repetidas veces. La omisi6n del ca-
mino salvador en tales ejemplos es una
clara sefial de que no puede imputarse
todo al nerviosismo del momento, pues
el jugador por correspondencia las mas
de las veces tiene tiempo para buscar y
repasar.
En el diagrama 2, siguid 1. h5!, a5!
2. 5+, y las negras abandonaron.
Bien es verdad que 2. ..., bxc5? fra-
casa por 3. bxa5, Qc6 (3. ..., 04 4.
Hed, 5 5. g5) 4. Ha3, pero 2. ...,
Sc! hace tablas, de lo que uno puede
convencerse con rapidez viendo las dos
variantes posibles:
3. 95, fxg5 4. b5+, dxc5 5. d>xe5,
bb4 6. bd6, dxa4 7. cb, db 8,
Hxb6, a4 9. dc6, a3 10. b6, a2 11. b7,
alW 12. bawW+, &c4o
3. exb6, axb4 4. od3 (pero no 4.
a5?, 5+! 5. gxf5, exf5.6. d3, f4, y las
blaneas incluso pierden) 4. .,., &xb6 5.
bes, Lad 6. Hb3, £517. g5, e4 8. txe4,
fxe4 9. gxh6, y las blancas no pueden
ganar.
3. Weber-Fuchs
Premnitz, 1961
Reinhard Fuchs fue en su dia uno de
los grandes del ajedrez aleman, aun
cuando el maestro intemacional no obtu-
viera el titulo de gran maestro. Las cau-
sas de ello fueron, por supuesto, sus
adversarios. Mientras que el balance de
sus resultados con la elite es extraordi-
nario, el dos veces campeon de la RDA
rendia casi siempre por debajo de sus
posibilidades contra rivales en teoria in-
feriores.
As fue también en Premnitz, en el XI
Campeonato de la RDA. El joven Bernd
Weber habia obtenido mejor posicién
tras sacrificar un pedn (diagrama 3), pro-
bablemente también porque la torre ne-
gra se habia extraviado. Cuando Weber
hizo la brutal 1. ¥¥g3!, Fuchs abandono,
Pues son dos las piezas que atacan el
caballo de c7, y después de cambiarse
Jas damas en g3, se pierde una pieza.
Con 1. ..., Z\e8, sin embargo, torre y
caballo estaban seguros, y luego de 2.
Wxd6, Z)xd6 3. He7+, £8 4. axb5,
axb5 5. Ef d7, las blancas se quedaban
con mejor final, pero no ganado, ni mu-
cho menos.10
EL ULTIMO ERROR
4. Mileika-Rosenfeld
Riga, 1966
La posicién del diagrama 4 se ha to-
mado del tradicional encuentro de Riga
contra Tallin.
~Qué tienen que hacer las blancas?
Sijuegan 1. & xh2, se les da mate des-
puésde1...., He1+2. 92, Wa5 ma-
te, y el subterfugio 1. He7, Hxe7 2.
Wd8+ no surte efecto a causa de 1. ...,
86+. Reconociendo todo esto, las
blancas abandonaron.
En los habituales andlisis posteriores
a la partida, sin embargo, se inmiscuyé
un mirén, que opinaba que las blancas,
en la posicién del diagrama, podian in-
cluso ganar. Es probable que eso sea
una exageraci6n, 40 no? ¢Qué opina el,
lector? (ejercicio)
Las soluciones a los ejercicios, los
cuales se indicaran con la palabra «ejer-
cicio» entre paréntesis, las encontrara el
lector al final del libro.
5. Yud6vich (hijo)-Bebchuk
: Mosca, 1964
En el diagrama 5, las negras, que
son mano, tenian que vérselas con un
ataque de mate a su constrefiido rey en
este final de seis trebejos correspon-
diente al Campeonato de Moscu. Las
blancas amenazan brutal e inequivoca-
mente 2. 4\f6+para dar mate con la to-
tre en f7 0 h7. La torre negra no puede
reaccionar a no ser que Se sacrifique de
manera absurda. Asi pues, Bebchuk
abandoné la partida.
Luego de 1...., f8!, no obstante, ya
no hay mate alguno. 2. Z\f6, He3+0 2.
Hf7+, Ge8 3. Exh7, Hg6+ 4. Af6+,
&d8 no pueden acorralar al rey negro:
tablas.
Los fantasmas que aqui se aparecie-
ron a las. negras nos los volveremos a
enceatrar.LA SALVACION QUE NO SE VIO
6. Sax-Tseshkovski
Zagreb, 1975
El diagrama 6 muestra un trebejo
menos todavia. También aqui examina-
ron las negras los dafios y capitularon.
Por de pronto, nadie tuvo nada que
objetar a esta decision de Tseshkovski.
Al analizar mas tarde la partida para el
periddico, el maestro internacional Ru-
dolf Marié hizo, sin embargo, un intere-
sante descubrimiento.
Con 1...., @h7, Tseshkovski habria
podido luchar por las tablas de manera
Satisfactoria, aunque todavia tendria que
circunnavegar dos escollos en el canal.
Después de 2. f7, las negras no pue-
den dar jaque. 2. ..., Ho6+?? 3. dz,
26 4. &e7 conduce al naufragio, asi
como 2. ..., Het+? 3. éd7, Hr 4.
e7, Het+ 5. Hf8!, Bhi 6. Hes,
Eat 7. Hh3+, 96 8. bogs.
Solamente asi se salva la nave: 2.
a Hel 3. od7, Hasl 4. de7,
Ha7+5. deb, Ha6+6. bed, Had+
7. Be4, Had+ 8. hes, Has 9. bed,
B18, o bien 3. e7, Hc7+ 4. bes,
8+ 5. d7, Has, transponiendo a
la primera variante.
Es sorprendente que el experimen-
tado gran maestro ruso no aplicara un
procedimiento en verdad tipico de se-
mejantes finales de torre. Nos absten-
i
dremos de juzgar, sin embargo, y mas
teniendo en cuenta que desde la dis-
tancia no pueden apreciarse todas las
circunstancias concomitantes.
Alexéi Suetin, autor de numerosos
libros de ajedrez.
A propésito, en cuanto coleccionista
de ejemplos asi, uno depende de la tradi-
cidn, puesto que muy pocas veces da la
casualidad de que puede ser testigo. En
las columnas de ajedrez, el lector en-
cuentra estos percances en el final sin
mas explicaciones sobre las circunstan-
cias —a menudo seran los apuros de tiem-
po- de cémo se produjo el cortocircuito.
Aparte de eso, no faltan ocasiones
en las que suceden singulares malen-
tendidos.
En el X Campeonato de Alemania de
Veteranos me tocé jugar contra Alexéi
Suetin [1926-2001]. Habia aguantado
bastante bien contra el viejo gran maestro.
con negras e incluso habia emprendido
un agudo ataque contra su rey, pero me
lo refuts, y se lego a la posicién siguiente:12
EL ULTIMO ERROR
Suetin-Trautmann
Weilburg, 1998
Las negras estan perdidas en todas
las variantes. Apunté mi préxima jugada:
37. ..., Hh7. Cuando vi que 38. 4\xb7
destruia todas mis especulaciones, la
cambié y anoté 37. ..., a8, que es la
que hice y a la que, por supuesto, se
contesté 38. 4\xf5, después de lo cual
abandoné la partida.
El resto se liquidé para el boletin en
la sala de redaccion. Alli quitaron 37. ...,
a8 y escribieron en su lugar «37. ...,
Eh7 38. &\xt5, 1-0».
Cuando la partida aparecié en Inter-
net, me llamaron algunos amigos: «;C6-
mo puedes abandonar esa partida?» No
ves que ganas con 38. ..., Wh2+ 39.
Stl, Wxg2+?».
Por supuesto, yo habia jugado para
hacer eso, pero desgraciadamente la to-
tre no estaba todavia en h7.
Una notacién errénea también condujo
a la sospecha, en la partida Colle-Griin!
feld, Karlsbad, 1929, tantas veces impre-
sa, de que las negras habian valorado mal
un sencillo final y por eso abandonaron.
we
Lie /
7. Sikora-Peng
Novi Sad, 1990
El diagrama 7 muestra una interesan-
te posicién. Todo el mundo conoce la
fuerza de dos peones pasados y ligados
que han avanzado hasta la antepentiltima
fila. Contra ellos, la torre, por regia gene-
ral, esta inerme... Por regia general.
Aunque aqui el pedn que llega a la
fila de coronacién incluso esta apoyado
Por una torre, las blancas tienen una
posibilidad de defenderse. Sikora no vio
mas que 1. & xe3? fracasa por 1. ..., f2
y tird la toalla.
+ “¢Cémo podign las blancas, que son
mano, forzar el empate? (ejercicio)
8. Horseman-Gardner
Birmingham, 1955
En el diagrama 8, las blancas tenianLA SALVACION QUE NO SE VIO
todo lo que se le puede pedir a una po-
sicién ventajosa. Tenian también varios
caminos que conducian a la meta, 1.
Xft 1. Ae7, pero fueron demasiado
Impacientes al capturar el alfil con 1.
Wxg5?. Al adversario, al parecer, se le
podia convencer con rapidez. En todo
caso, creyé la doble amenaza de mate
(Wg7# y EH xh6#) y abandoné.
El caso es que después del error de
las blancas, las negras no solamente po-
dian salvarse, sino incluso ganar.
1. 4, Df3el, y la animada dama
blanca debe abandonar el tablero desa-
nimada.
9. Meyrinck-Eilinger
Bruselas, 1936
En el diagrama 9, las negras inicia-
ron una combinacidn vistosa y, probable-
mente, también légica para aprovechar
‘su peon pasado que tanto habia avanza-
do. Después de las jugadas 1...., Ae3+
2. fxe3, Ef b2, las blancas se resignaron
a su destino y tendieron la mano al ad-
versario.
En verdad, el cuadro finat tiene algo
de deprimente para el primer jugador.
Mas controversia suscité la idea, expre-
sada tras la derrota, de que las blancas
no estaban perdidas en el momento del
abandono.
13
Un examen mas preciso aport otra
sorpresa. Justo en la posicién final, las
blancas ganan. El regocijante andlisis se
deja para el lector. ~Cémo debié jugar
Meyrinck después de 2. ..., Ef b2 para re-
futar la combinacién negra y ganar? (ejer-
cicio)
10. Gustafsson-Bata
Correspondencia, 1985
Una posicién como la del diagrama
10 es, sobre todo, cuestién de calculo.
Puesto que en esta forma concreta, sin
embargo, ya se aproxima a los estudios
de Réti, debe uno dispensar también al
jugador por correspondencia cuando, al
ponderar la posicién en general y calcu-
lar las jugadas, llega a conclusiones err6-
neas. Las blancas, en todo caso, ya no
esperaban nada especial de sus cuatro
peones y abandonaron aqui porque 1.
h5?, Bf7! 2. &h6, c4 pierde sin tener la
menor oportunidad.
Si Gustafsson hubiera estado sola-
mente un pelin mas convencido de las
capacidades dinamicas de su rey, segu-
to que habria sometido la jugada 1.
g8 a un examen mas concienzudo.
Veremos que esta jugada salva la parti-
da de las blancas, que los cuatro pasitos
del pedn «c» no pueden hacer tamba-
lear el nuevo concepto.14
Asi pues, 1. 2g8t!, dxt5 2. g7!,
94 3. Sg6!, &xhd 4. H15, y el rey
mantiene el peén «c» bajo control.
Si a2. &g7! responden 2. ..., 64, las
Negras no pueden sacar partido de la de-
safortunada ubicaci6n de la dama blanca
después de 3. h5, 03 4. 6, c2.5.h7, c1 YY
6. Hew; a modo de ejemplo: 6. ...,
W5+ 7. }f7! (pero no 7. 187, Wde+
8. 97, We7+! 9. dg8, Yg6l) 7. ...,
Wo6+ 8. 7, y las negras no avanzan.
Si el peén emprende la marcha en-
seguida (1. ..., c4), las blancas se procu-
fan una dama en condiciones mucho
més favorables: 2. h5, c3 3. h6, c2 4. h7,
ci Wy 5. newy+.
11. Vlagsma-Van Scheltinga
Haarlem, 1962
Diagrama 11: Las blancas, que eran
mano, vieron que el peén de h3 cuesta
el alfil, el peén «f» queda detenido por el
alfil negro y el rey no puede dirigirse ha-
cia los peones adversarios por la reta-’
guardia. Por eso abandonaron la partidd
en esta situaci6n.
También esta vez es el rey blanco el
actor principal, que habria podido asegu-
rar el empate a su bando mediante una
conduccién precisa del juego.
~Cémo pueden las blancas hacer ta-
blas? (ejercicio)
EL ULTIMO ERROR
Vemos con relativa frecuencia que
se abandonan partidas en posiciones de
tablas teéricas claras. Esto se da, por
cierto, también en los niveles mas altos.
Mientras que el aficionado del campeo-
nato regional por equipos se olvida del
asunto simplemente encogiéndose de
hombros, para el titulado internacional
es mas penoso.
El ejemplo nos Io proporciona la par-
tida de Philipp Schlosser contra el gran
maestro huingaro Péter Luckacs (diagra-
ma 12).
12. Schlosser-Lukacs
Budapest, 1992
Las Blancas acababan de capturar
en h3 el ultimo peén negro, y el segundo
jugador abandon6 en vista de los peo-
nes pasados y ligados.
De este ‘tipo de posiciones se han
oéupado los estudiosos desde hace mas
de cien afios. Renombrados maestros y
espétialistas en fnalegtonre ellos Ta-
« trasch, Henneberger, Bérger y Averbaj
han dejado por escrito"sus conocimien-
tos. Yo he consultado los andlisis de
Mark Dvoretski.
Las negras pueden aguantar este fi-
nal si cambian las torres y no dejan que
el pedn «f» llegue a f6. Ademas, es ne-
cesario, por una parte, impedir a todaLA SALVACION QUE NO SE VIO
costa la entrada del rey blanco en la sex-
ta flla y, por otra, encontrar el lugar mas
@ficaz para el alfil negro.
El posible intento del rey blanco
después de las jugadas 1...., Ha3+ 2.
$04, Exh3 3. cbxh3, bg7 4. £5,
he3 puede refutarse asi: 5.