El texto: definición y
propiedades
L AURA ARRO Y O M ART Í NE Z
TABLA DE CONTENIDO
1. Texto: definición básica __________________________________________________________ 2
1.1. Propiedades básicas de los textos ______________________________________________________ 2
1.1.1. La coherencia: definición y mecanismos de creación ____________________________________ 2
1.1.2. La cohesión: definición y mecanismos de creación ______________________________________ 3
1.1.3. La adecuación: definición y mecanismos de creación ____________________________________ 4
2. El párrafo: conceptos básicos _____________________________________________________ 5
3. Lectura comprensiva: ideas principales y secundarias __________________________________ 5
3.1 Clasificación de las ideas principales y secundarias de los textos _____________________________ 6
3.2 Resumen y palabras clave ____________________________________________________________ 7
4. Conclusiones ___________________________________________________________________ 7
5. Bibliografía ____________________________________________________________________ 8
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1. Texto: definición básica
Un texto es la unidad lingüística formada por un enunciado o conjunto de enunciados que posee un
sentido comunicativo y semántico, es decir, tiene un significado completo y cubre una necesidad de
comunicación. Los textos pueden ser orales (una clase, una conferencia, un discurso etc.) o escritos (un
manual, una noticia del periódico, un diccionario etc.).
1.1. Propiedades básicas de los textos
Todo texto posee tres cualidades fundamentales: la coherencia, la cohesión y la adecuación. Estas
cualidades permiten organizar el contenido de los textos y hacer que sean compresibles para sus
receptores. Sin ellas, los textos carecerían de lógica y serían inentendibles. Hay que señalar que estas tres
propiedades no son independientes, sino que presentan un importante grado de relación. Si, por
ejemplo, un texto tiene deficiencias respecto a la cohesión (por ejemplo, porque su autor no emplea los
conectores adecuadamente), ese texto, muy probablemente, posea problemas de coherencia (sus
receptores no entenderán bien las relaciones lógicas que existen entre las distintas ideas que presenta).
1.1.1. La coherencia: definición y mecanismos de creación
La coherencia es la propiedad que proporciona unidad al texto. Se ocupa de la ordenación del contenido
del texto, principalmente, de la organización y jerarquización de las ideas. Como se explicará más
adelante, un texto presenta ideas principales y otras secundarias. De su correcta ordenación depende su
posible interpretación.
Hay tres mecanismos de creación de coherencia que los textos deben cumplir para alcanzar esta cualidad:
deben poseer unidad temática; como se ha indicado, tienen que tener estructura lógica y, por último,
deben seleccionar el léxico oportuno para que el mensaje se transmita de manera correcta. Pongamos
algunos ejemplos para explicar dichos conceptos.
La boda de mi prima fue ayer. Mi casa está en la playa. Me encantan las galletas.
Esta unión de enunciados es un ejemplo perfecto de lo que no es un texto, puesto que estos enunciados
no son coherentes: no tienen ningún tipo de unidad temática entre sí. Es decir, no sabemos cuál es el
sentido de los mismos. Del mismo modo, no hay ningún tipo de estructura entre ellos. No puede
desarrollarse un esquema de contenido en el que las ideas se ordenen adecuadamente. Fijémonos en el
siguiente ejemplo.
Pedro es simpático, pero alto.
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Este enunciado no forma ningún texto, ni es correcto de manera aislada, porque la selección léxica es
deficitaria. Si la conjunción ‘pero’ tiene un valor adversativo, es decir, en términos lógicos presenta una
oposición entre contenidos, los adjetivos simpático y alto, no permiten contraponerse porque si se
atiende a su definición no hay ningún impedimento para que una persona alta sea simpática o antipática.
Entonces, ¿cómo se podría corregir nuestro texto? Existen dos posibles soluciones que dependen de cuál
es el adjetivo que decidimos cambiar (simpático o alto). Algunas de las posibles soluciones serían: Pedro
es simpático, pero no con todo el mundo. En este caso se reduce el número de ocasiones en las que
Pedro posee esta cualidad. Si queremos mantener el adjetivo alto, una posibilidad sería: Pedro es grueso,
pero alto. En este caso, el sentido que adquiere el adjetivo alto es el de minimizar la carga negativa que
en la sociedad actual posee un adjetivo como grueso o gordo. Es decir, el sentido que se deduce (la
inferencia) es que aunque es gordo/grueso, no le afecta tanto porque es alto y, por lo tanto, parece
menos grueso.
1.1.2. La cohesión: definición y mecanismos de creación
La cohesión es la propiedad que permite relacionar las distintas partes del texto. Se relaciona
íntimamente con el conocimiento de la sintaxis y el correcto empleo de los conectores del discurso.
Explicado mediante una metáfora, estos conectores funcionan como “pegamento” de las ideas del texto y
permiten que se establezca una correcta ordenación lógica. Es decir, como ya se ha indicado, la existencia
de la cohesión es lo que permite que el texto sea coherente.
Existen diferentes mecanismos para conseguir esta cohesión cuando se elabora un texto. Expondremos, a
continuación, los más importantes. El fundamental es, sin lugar a dudas, el empleo correcto de los
marcadores discursivos, cuya clasificación aprenderás en otra de las píldoras del curso. Estos marcadores
discursivos, también conocidos como conectores, tienen como función esencial unir los enunciados entre
sí, así como los párrafos entre sí. Se trata principalmente de conjunciones, locuciones conjuntivas,
adverbios y locuciones adverbiales. Dentro de estas categorías, los distintos términos se agrupan por su
sentido. Es decir, partículas como pero, sin embargo o a pesar de que, se relacionan entre sí por aportar
un valor de contradicción (adversación) entre los enunciados que unen, mientras que partículas como si,
siempre que o siempre y cuando, presentan una restricción basada en el cumplimiento de una condición
expuesta en una de las partes del enunciado. Ponemos, a continuación, un ejemplo incorrecto y
explicamos qué problema presenta:
*Si hace mucho calor, ponte el abrigo y la bufanda.
Es evidente que en este ejemplo se ha empleado un marcador discursivo incorrecto en relación al
contenido del enunciado. Es decir, la corrección de este enunciado pasa por cambiar los términos
seleccionados: Si hace mucho frío, ponte el abrigo y la bufanda. De esta manera, el conector ‘si’ puede
mantenerse al introducir una condición lógica para vestir con ropa de invierno.
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Otro mecanismo fundamental para proporcionar cohesión a un texto es el empleo de elementos
deícticos. La deixis es “el señalamiento a una persona, un lugar o un tiempo, o a una expresión lingüística
mediante ciertos elementos gramaticales” (RAE). A continuación ponemos algunos ejemplos: Mi madre
está muy cansada. Ella no para en todo el día. (deixis de persona); Su padre nació en Jaén. Ella ha pasado
allí muchos veranos. (deixis de lugar); La guerra fue un periodo muy duro. Entonces pasamos muchas
necesidades (deixis de tiempo). Por medio de la deixis se permite señalar la información relevante sin
necesidad de repetirla.
Otro mecanismo fundamental es prestar mucha atención a la construcción sintáctica de los enunciados y
evitar la realización de anacolutos. Es decir, evitar cualquier tipo de error en el orden sintáctico correcto.
Son frecuentes estos errores en la construcción de las concordancias internas de los enunciados. Veamos
un caso claro: *Hayan patatas en la despensa. Es un error sintáctico extendido en algunos territorios
hispanohablantes que se produce por la confusión del sujeto y del complemento directo con el empleo
de un verbo impersonal como ‘haber’. Se recomienda siempre revisar el texto para corregir incorrecciones
posibles dentro de las estructuras sintácticas.
Como último mecanismo de cohesión indicamos que se puede lograr, en ocasiones, mediante la
repetición de elementos de la misma categoría, paralelismos etc. con el fin de resaltar o aclarar el
mensaje. Pongamos un ejemplo: Si se puede, si es posible, si está en nuestras manos, se tomará una
decisión en el menor tiempo posible. Como se ve en el ejemplo, se produce una reiteración de parte del
contenido en la búsqueda de la máxima claridad.
1.1.3. La adecuación: definición y mecanismos de creación
La adecuación es la propiedad del texto que hace que éste sea adecuado a la situación comunicativa. Por
consiguiente, la adecuación está relacionada con el propósito de la comunicación (explicar, indicar,
predecir, convencer, prescribir, sorprender etc.) y este propósito, a su vez, se plasma gracias a los diversos
tipos de textos que existen (expositivo, argumentativo, descriptivo, narrativo etc.) Esta adecuación a la
situación comunicativa condiciona el registro lingüístico que debemos emplear y del conocimiento de los
elementos que intervienen en dicha comunicación (emisor, receptor, mensaje etc.)
Explicamos esto con el ejemplo de tres enunciados que encierran el mismo propósito, pero que no son
adecuados en todas las situaciones comunicativas: “Pásame la sal”, “Por favor, ¿puedes pasarme la sal?” y
“¿Podría pasarme la sal, por favor?” Los tres enunciados tiene la misma intención comunicativa (son
peticiones), pero su uso adecuación está condicionada por la relación que se establece entre el emisor y
el receptor y que va desde el mayor nivel de confianza hasta el máximo distanciamiento.
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2. El párrafo: conceptos básicos
El párrafo es una unidad mínima de un texto que desarrolla una idea principal, por medio de una oración
central. En este párrafo se incluirán ideas secundarias, que aporten información complementaria o
aclaraciones sobre esta idea principal. El desarrollo de estas ideas tiene que presentarse de manera
coherente y cohesionada. A nivel formal, el párrafo tiene una señalización propia puesto que su división
está señalada en el inicio por una mayúscula y un punto y aparte al final del fragmento de escritura.
Es muy importante señalar que el párrafo no es una parte aislada de un texto. Es decir, los párrafos
tienen conexiones entre sí. Por eso, el contenido de los párrafos tiene que ser tenido en cuenta para su
correcta ordenación. Si la ordenación de los párrafos es la adecuada, el texto final disfrutará de claridad
expositiva, ordenación lógica y progresión temática. En caso de que la jerarquización de los párrafos no
sea la adecuada, el conjunto del texto completo se verá dañado. Por tanto, hay que entender que la
jerarquización de elementos textuales es la siguiente: enunciado, párrafo y texto. Ninguno de ellos está
aislado, sino que el texto tiene que funcionar correctamente en todos y cada uno de los niveles de
construcción.
3. Lectura comprensiva: ideas principales y
secundarias
Uno de los objetivos fundamentales de esta píldora es ayudarte a mejorar tus habilidades de
comprensión lectora. Interpretar adecuadamente un texto, tanto oral como escrito, es un proceso
complejo, cuya dificultad variará de manera notable según la tipología del texto al que nos enfrentemos.
Queremos indicarte que es fundamental que diferencies y pongas en práctica dos tipos de lectura: una
primera superficial y una segunda (y posteriores) profunda. Te aconsejamos hacer una primera lectura
rápida para acercarte al texto y que te sirva principalmente para reconocer el tipo de texto que estás
leyendo y, en segundo lugar, asimilar el tema que trata el texto. Sin embargo, en esta primera lectura no
debes recabar más datos, ni intentar jerarquizar ideas. Insistimos en que es una primera toma de
contacto.
La segunda y posteriores lecturas sí servirán para obtener información precisa. En estas lecturas sí debes
ser capaz de diferenciar ideas principales de secundarias, analizar qué ideas son más importantes para el
autor del texto, con qué criterios se ordena la información (tanto en el interior del párrafo como en la
ordenación de todos los párrafos entre sí) etc. Tienes que tener en cuenta que el mensaje de
determinados tipos de texto no es directo. Piensa por ejemplo, en los textos de carácter publicitario. Su
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finalidad última es incitar a la compra de un determinado producto, pero su mensaje no es “compra
esto”, sino otras fórmulas lingüísticas mucho más sutiles y sugerentes. Al sentido que no se expresa
directamente en un mensaje, sino mediante mecanismos indirecto, lo denominamos contenido inferencial,
porque este contenido se deduce. Os ponemos un ejemplo muy claro. Si en pleno julio con 40 grados
alguien en una habitación cerrada os dice: “Hace mucho calor, ¿no?” La muy posible interpretación del
enunciado es la de petición: este hablante formula, de manera indirecta, una petición para que abras la
ventana.
Para conseguir este objetivo tienes que comprender el léxico que emplea el texto. En este sentido
queremos recordarte la importancia que posee el empleo del diccionario. Si no entiendes una palabra es
muy importante que aclares esta duda consultando el diccionario porque, de no hacerlo, puedes caer en
interpretaciones equivocadas. Además, de esta manera, ampliarás tu propia disponibilidad léxica.
3.1 Clasificación de las ideas principales y secundarias de los textos
Como hemos señalado anteriormente, cada uno de los párrafos de un texto incluye una idea principal,
acompañada de otras secundarias. La idea principal se desarrolla en uno de los enunciados del texto, que
se completa con otros enunciados en torno a esta idea principal básico. Uno de los errores principales
está en pensar que la idea principal siempre se encuentra en el primer enunciado de cada párrafo. Esto
no siempre ocurre así, puesto que depende muchísimo del orden lógico en el que se exponen las ideas.
Por ejemplo, un párrafo puede construirse mediante una estructura de lógica deductiva mediante la cual
los primeros enunciados sean ejemplos, mientras que el último proponga la idea fundamental. Por tanto,
es importante que no te dejes engañar por este criterio.
Del mismo modo, el conjunto de párrafos de un texto puede tener esquemas de jerarquía muy diversos.
Es decir, un texto compuesto por cinco párrafos, el texto con un contenido más importante dentro del
texto puede ser el primero, el tercero o el quinto. Esto variará notablemente dependiendo de la
estructura elegida por el autor del mismo, así como de la modalidad textual.
Por tanto, cada párrafo posee una idea principal, pero la idea central de cada texto se encuentra en un
párrafo determinado. Es decir, como lectores tenemos que tener presente que existe una clara jerarquía
entre los párrafos y que la información que transmiten no es igual de relevante. Por eso es muy
importante comprender el orden de ideas empleado por el autor y su verdadera intención comunicativa
(¿qué mensaje pretende transmitir y qué pretende conseguir?)
Para diferenciar las ideas principales y secundarias es muy útil la técnica del subrayado. Sin embargo, esta
técnica no siempre se emplea adecuadamente. En muchas ocasiones tendemos a subrayar excesivamente,
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por lo que el subrayado no cumple su función. Para hacer un correcto subrayado se deben utilizar dos
colores diferenciados: uno para resaltar la idea principal de cada párrafo y otro para las ideas
secundarias. Para resaltar cuál es la idea principal no debemos subrayar palabras sueltas, otro erro muy
común, sino subrayar determinados sintagmas o enunciados que nos permitan leer de manera continua y
obtener un sentido completo.
3.2 Resumen y palabras clave
Una vez que hemos diferenciado las ideas principales de las secundarias nos encontramos en condiciones
adecuadas para realizar un resumen. Esto es muy importante. Si no realizamos este proceso previo no
haremos un buen resumen. Cometemos con frecuencia errores importantes al hacer un resumen que
surgen, precisamente, por saltarnos este paso. Algunos de los errores más importantes son: incluir
demasiada información o, por el contrario, omitir información relevante; crear un resumen con problemas
de coherencia y de cohesión, etc.
Para evitar todos estos problemas tenemos que saber qué nos piden exactamente cuando nos solicitan
un resumen o, lo que es lo mismo, conocer la definición de resumen. Cuando redactamos un resumen
tenemos que crear un texto que presente las ideas principales del texto que estamos resumiendo. Por
ello, es tan importante hacer el subrayado de las ideas principales y secundarias al que nos hemos
referido en el apartado anterior. Mediante el subrayado de las ideas principales, confeccionaremos
nuestro propio texto. Sólo incluiremos esta información y ninguna de las ideas que hemos señalado
como secundarias. El resumen tiene que ser un texto personal que nos permita comprender un texto más
amplio. Si nuestro resumen no nos ayuda a entender mejor el texto y, por tanto, a concentrar la
información de manera más sencilla, no es un resumen adecuado.
Cuando nos referimos a lo que se denominan “palabras clave” estamos haciendo referencia a la selección
de cuatro o cinco términos que encierren el contenido fundamental de un texto. Actualmente,
encontrarás que todo artículo de investigación que consultes estará encabezado por un resumen y estas
palabras clave. Las palabras clave son de gran utilidad para situar la temática y el enfoque de un texto
académico, aunque este concepto se puede extrapolar a todo tipo de textos.
4. Conclusiones
Esperamos que esta breve lectura te haya ayudado a aclarar algunos conceptos fundamentales sobre la
lectura comprensiva y que, principalmente, puedas aplicarlos en distintas técnicas de lectura tales como el
correcto subrayado, la separación de ideas principales y secundarias, la correcta redacción de un resumen,
etc. Para ello, te instamos a que realices las actividades prácticas que te proponemos en esta píldora.
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5. Bibliografía
AA.VV. (2006): Saber escribir, Sánchez Lobato, J. (coord.), Madrid, Instituto Cervantes.
Adler, M. y Van Doren, C. (2001): Cómo leer un libro: una guía clásica para mejorar la lectura , Madrid,
Debate.
Calleja Pérez, B. (2000): Conjugar el verbo leer: invitación a la lectura y a la escritura , Bilbao, Desclée de
Brouwer.
Cassany, D. (1999): La cocina de la escritura, Barcelona, Anagrama.
Del Campo Mª E. y López Palanco, G. (1990): El estudio y la lectura: consejo y orientación psicoeducativa
para mejorar la habilidad lectora en universitarios. Madrid, Dykinson
Cooper, D. (1990): Cómo mejorar la comprensión lectora, Madrid, Visor.
Ibáñez, R., Parodi, G. y Peronard, M. (2010): Saber leer, Madrid, Instituto Cervantes.
Lillo, M. y Ortiz, B. (2011): Hablar, leer y escribir en el Jardín de los Infantes. Reflexiones y propuestas de
escritura y oralidad, Miami (Estados Unidos), Homo Sapiens Ediciones.
Martínez Gimeno, C. (2017): La lengua destrabada. Manual de escritura, Madrid, Marcial Pons.