Yo soy Cleofé Ramos de Toledo, hija de esta tierra valiente de Concepción, en el
corazón del valle del Mantaro. Fui madre, esposa y también patriota. Mi vida fue
sencilla, tejida con los hilos del trabajo, el cuidado de mi hogar y la esperanza de
ver al Perú libre de la tiranía española.
Corría el año 1821, y el viento de la independencia soplaba por los Andes con
fuerza. Pero con él también venía la amenaza. Las tropas realistas, al mando del
general Jerónimo Valdés, se acercaban a nuestro pueblo. El 3 de marzo, una fecha
que jamás olvidaré, supimos que iban a cruzar el río Mantaro para atacar. Muchos
hombres ya se habían retirado, otros estaban desorganizados. Fue entonces que
decidí no quedarme de brazos cruzados.
Ese día, junto a mis hijas Higinia y María, recorrimos las calles de Concepción
llamando a los vecinos. Tocamos las campanas de la iglesia, gritamos con fuerza
que era momento de defender la patria. Convocamos al pueblo con herramientas,
con sogas, con lo que tuvieran a mano. Y cuando llegó el instante crucial,
cortamos las amarras del puente colgante de Las Balsas. Fue una acción
arriesgada, sí, pero necesaria. Al destruir ese puente, detuvimos el paso del
enemigo. Dimos tiempo para que los patriotas pudieran replegarse y
reorganizarse.
No lo hicimos por gloria. Lo hicimos por amor al Perú. Porque entendí, como
madre, que no podía heredar a mis hijos una tierra sometida. Porque sabía que el
ejemplo se da con actos, no con [Link] días después, nuestras acciones
llegaron a oídos del general José de San Martín, quien nos honró con la Medalla de
Vencedoras y nos otorgó el grado de capitanas del ejército libertador. Pero más
allá del reconocimiento, lo que guardo en el alma es la dignidad de haber
defendido lo que creí justo.
Hoy, siglos después, se sigue hablando de nosotras, las Heroínas Toledo. Y
aunque el tiempo haya borrado mi rostro de muchas páginas, sé que mi nombre
vive en las escuelas, en los monumentos, en las voces de niñas y niños que
aprenden que el valor no tiene género ni condición. Que una madre también
puede ser escudo, puede ser espada, puede ser bandera.
Yo, Cleofé Ramos, no fui una mujer letrada ni poderosa. Fui simplemente una
peruana que no permitió que el miedo silenciara su deber. Luché por el Perú
porque no hay mayor honra que defender la libertad, y no hay mayor legado que
dejarle a tus hijos un país donde puedan vivir [Link], desde el recuerdo, sigo
viva. En cada mujer que alza la voz. En cada pueblo que se une para resistir la
injusticia. Y en cada corazón que cree que el Perú siempre vale la lucha.
Hoy, desde el recuerdo, sigo viva. En cada mujer que alza la voz. En cada pueblo
que se une para resistir la injusticia. Y en cada corazón que cree que el Perú
siempre vale la [Link]