"AÑO DE LA RECUPERACIÓN Y CONSOLIDACIÓN DE LA ECONOMÍA
PERUANA"
UNIVERSIDAD NACIONAL HERMILIO VALDIZÁN
FACULTAD DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN
EDUCACIÓN INTERCULTURAL BILINGÜE-IDIOMA QUECHUA
TEMA:
¿ALFREDO TORERO (ANTROPOLOGO Y
LINGÜISTA) SOBRE EL ORIGEN DEL IDIOMA
QUECHUA?
DOCENTE: Dr. Fredy
Sotomayor Herrera
CURSO: La Interculturalidad
en la Educación
ESTUDIANTE: Claudia
Angélica Nieto Ortega
HUANUCO – PERU
2025
Origen del quechua según Alfredo Torero
Alfredo Torero Fernández de Córdova (Huacho, 1930 - Valencia, 2004.), ilustre lingüista, con
largos años en la docencia universitaria y más de 40 años dedicados a la investigación,
pasó los últimos 12 años de su vida en el exilio. Sus estudios sobre las lenguas nativas
abarcan territorios densamente poblados de los Andes peruanos, así como diversas
áreas del Ecuador, Colombia, Bolivia, Chile y Argentina. El destierro y el deterioro de su
salud en nada disminuyeron su trabajo científico, evidenciándose en su docencia en las
universidades europeas, su participación en certámenes internacionales en Europa y
América con ponencias y estudios, así como las publicaciones de los resultados de sus
pesquisas. Con este ensayo pretendemos contribuir a aquilatar y revalorar su obra.
Palabras clave: Lingüística, idiomas de los Andes, exilio, historia social andina.
ORIGEN Y EXPANSIÓN DEL QUECHUA SEGÚN ALFREDO TORERO
[Link]ÓN
La presente monografía tiene por objeto retratar la forma cómo es explicado
el avance del quechua en sus diversas fases de expansión, de acuerdo con la
datación que realiza Torero y sus posteriores correcciones y adecuaciones. En el
trascurso de la presentación de este trabajo, estaremos constantemente
recurriendo a la lectura que realiza Rodolfo Cerrón-Palomino sobre el tema ya
referido cuyas opiniones son fundamentales para complementar con la explicación
que realiza Torero.
GENERALIDADES
Hasta la actualidad nos han llegado diversas hipótesis sobre el origen y
expansión de una de las lenguas indígenas más habladas del mundo: el quechua.
Cerrón-Palomino (1987: 323-349) menciona las siguientes: a) la hipótesis del
origen serrano en la que se atribuye a Cuzco “como su centro inicial, y a las
conquistas incaicas como su mecanismo de difusión, sostenida por Rowe (1950) y
Riva Agüero ya en 1921, b) la hipótesis de origen costeño postulada en 1911 por
Manuel González de la Rosa , retomada por Porras Barrenechea en 1951 y
fundamentada con los estudios dialectológicos y de reconstrucción que le
dedicaron Parker y Alfredo Torero para el sustento de esta hipótesis concluyendo
que los dialectos diferentes al cuzqueño correspondiente a la rama central
peruana son más conservados, por tanto, son de mayor antigüedad, c) la hipótesis
del origen forestal que asigna como foco de difusión entre Chachapoyas y Macas
(ceja de selva) y fue sostenida por William H. Isbell en 1974 basándose en la
arqueología y la ecología, y por último, d) la hipótesis del origen ecuatoriano en la
opinión de Tschudi, seguida por Middendorf, Brinton y Louisa Stark, hipótesis muy
discutible que desde la lingüística no encuentra ningún asidero.
LA POSTURA DE TORERO
Torero es uno de los primeros lingüistas que se dedica al estudio de la
dialectología quechua de América del Sur en base a sistemáticos y rigurosos
trabajos de campo que le ha permitido incursionar en la reconstrucción del
protoquechua y su posterior clasificación, que le han permitido derrumbar con la
hipótesis de que Cuzco era el foco de origen y expansión de la lengua quechua y
puesto en serio cuestionamiento de otras. Entre otros trabajos que corroboran son
los realizados por Cerrón-Palomino quien a partir desde sus estudios onomásticos
pone sobre tela de juicio inclusive el origen quechua del nombre “Cuzco”,
concluyendo que más bien es de etimología aimara aunque “no debe descartarse la
posibilidad de que provenga de otra lengua, de antigua presencia en la región
altiplánica: la puquina” (Cerrón-Palomino 2008: 259-290). Es más todo indica que
ni los incas eran cuzqueños tal como hace entrever la historiadora María
Rostworowski: “No se trata de un grupo mítico como tantos otros pues lo hemos
podido rastrear desde los inicios, en la llegada al Cusco [sic] del grupo de Manco
Capac […]”. Con esta “llegada al Cusco” los habitantes originarios son
desplazados por los “extranjeros” incas, especialmente, los del curacazgo llamado
Ayarmaca quienes “sostuvieron prolongadas luchas contra los incas” invasores
(Rostworowski 1999: 30-31). En 1964, Torero desde luego que sostiene que el
quechua ha tenido como centro de difusión la costa y la sierra centro-peruanas
señalando que “las profundas divergencias entre los grandes grupos de estos
dialectos llevan a concluir que la hipótesis más sencilla y natural acerca del centro
de la difusión inicial de la lengua es la que lo ubica en la costa y sierra centrales del
Perú” argumento que seguiría reforzándose con los trabajos posteriores que entre
los que más destaca es el de Cerrón-Palomino (1987; 2000).
Torero, desde 1964, como es sabido, se ocupa fundamentalmente de la
reconstrucción del protoquechua (PQ), incidiendo, a la vez, en la evolución,
clasificación y zonificación de los dialectos modernos de la familia lingüística
quechua. Así, en sus inicios, dedica sus esfuerzos para realizar un trabajo de
carácter interno, de corte diacrónico y sincrónico del quechua, abordando, al
mismo tiempo, los aspectos “externos” del quechua en las publicaciones que hace
en 1970 y 1974 y, con las reformulaciones hechas en 1983 y 1984, respaldando,
esta vez, su hipótesis con los datos arqueológicos y etnohistóricos,
contextualizando los datos en el marco de los acontecimientos histórico-culturales
del desarrollo de las sociedades andinas. Desde el punto de vista histórico
interesaba elaborar una glotocronología que dé una visión más precisa sobre la
expansión y dialectización del quechua como consecuencia de diversos eventos
socioculturales a lo largo del tiempo en determinados espacios.
Para lo anterior, Torero recurre a la glotocronología aplicando el método de la
lexicoestadística
, en 1970 y ofrece los resultados del cotejo de treinta siete variedades dialectales
entre sí, de las cuales veinte corresponden al huáihuash, cinco al Yungay, y los
doce restantes al chínchay. El cálculo realizado arroja un tiempo de siete a once
siglos de separación, descontados a partir de 1970, para los dialectos huáihuash y
Yungay de los de chínchay. Asimismo, las variedades huáihuash y Yungay
presentan entre sí unos siete siglos de divergencia máxima. De otro lado, al
interior de cada uno de los tres subgrupos, los dialectos muestran siete siglos para
el huáihuash y Yungay y más de siete para los del chínchay. El mismo cálculo,
parecía confirmarse que los estudios dialectológicos ofrecían resultados que, por
una parte, los dialectos de Alis (huáihuash) y Laraos (Yungay), hablados en Yautos,
Lima, registran las cifras menos “altas de separación en comparación con el resto de
los dialectos; de otro lado, el dialecto de Lamas (San Martín) presenta el mayor
índice de separación en relación con el resto de sus congéneres chínchay” (cf.
Cerrón-Palomino 1987: 329-330).
Torero (1970: 248-251) cuando realiza los estudios para dar con los datos
sobre la separación socio histórica de los desplazamientos idiomáticos, postula tres
fases de expansión del quechua a partir de la costa y sierra centrales del Perú. La
primera fase expansiva de la lengua, en este caso, la primera dispersión del
protoquechua, habría estado asociada con el surgimiento del Pachacamac
alrededor del año 880 de nuestra era, cifra que es arrojada a partir del cotejo
realizado entre los dialectos de Ferreñafe (Lambayeque) y Santiago de Estero
(Argentina), cubriendo posiblemente los territorios actuales de los departamentos
de Ancash, Huánuco, Pasco, Junín y el norte de Lima, es decir, aproximadamente,
el territorio que corresponde a las variedades de QI. La segunda fase expansiva se
habría dado alrededor del siglo XIII, en virtud de los desplazamientos en dirección
opuesta. La primera onda, correspondería al origen de la variedad Yungay, del
litoral norteño-central, que abríase propagado hacia la costa y la sierra norteñas,
alcanzando las serranías de la provincia de Ferreñafe (Lambayeque) y llegando
posteriormente a Cajamarca. La segunda onda constituye la variedad chínchay,
que se habría expandido por la costa y la sierra sur, a partir Chincha (Ica) que se
constituye como el epicentro de su difusión. Sobre este último flujo, “Torero admite
la posibilidad de que los chancas, ubicados en la cuenca del río Pampas, y que al
parecer formaban una confederación de distintas naciones o etnias cada una con
su propia lengua, cumpliendo un rol decisivo en la difusión del quechua por la
sierra sur” (cf. Cerrón-Palomino 330-331).
Por último, la tercera expansión del quechua habría ocurrido a fines del siglo
XV desde la variedad chínchay, que en la actualidad mostraría diferencias poco
profundas y es la que se atribuye como hablada y difundida por los incas. Es ésta la
variedad que cumple la última fase expansiva se le denomina la “lengua general”
tal como aparece en los primeros documentos de la colonia. Las variedades del
chínchay se propagaron más allá del actual territorio peruano, y la determinación de
la procedencia de sus dialectos similares a la cuzqueña, a las cuales Torero llama
“Chínchay Inca”,
variedades que habría dado su avance mediante la conquista incaica (dialectos al
sur de Lima y Junín, incluyendo el boliviano, el argentino, a los cuales Torero los
denomina “huámpuy sureño”).
REPLANTEAMIENTO DE TORERO
Cerrón-Palomino (1987: 331), hace una observación a los resultados
glotocronológicos logrados por Torero, porque la comparación lexicoestadística
arroja tiempos menores de separación que a la vez “no se ajusta a la realidad”,
tanto al interior de las variedades de QI como la realizada entre los miembros
de éste con los de QII. Por lo que, Torero replantea el cuadro cronológico
ofrecido anteriormente formulando reajustes necesarios. Esta reformulación
aparece en 1983 y 1984, justificando estas dificultades con dos razones:
a) el carácter compacto, continuo y poco extenso del área cubierta por
el QI y el hecho de que las variedades de éste fueran sometidas a una
constante presión en épocas diferentes, por parte de hablas pertenecientes al
QII.
Como se puede ver, que se diga que la primera bifurcación se haya dado en el
año 880 d.C., es una fecha relativamente reciente que no justifica la
fragmentación ocurrida en los dialectos centrales (por ejemplo, el Huanca).
Torero en 1984 concluye que la primera ruptura del quechua debió producirse
“en un período en varios siglos anterior, lo suficientemente largo como para que
se generen los rasgos diferenciales (básicamente gramaticales) que separaron
al protoidioma en I y II” (Torero 1984: nota 2). Esto quiere decir que la primera
bifurcación del protoquechua se habría producido a principios de nuestra era y
no en el año 880, cuando las sociedades del valle del Rímac, que tendrían en
Caja marquilla su centro más importante estaban en su pleno desarrollo (entre
400 a 450 de n.e.). La segunda expansión, que corresponde a la división del
QII, es cuando el QIIA se va en dirección de la sierra norte y el QIIB-C hacia la
costa sierra sur desplazando a los dialectos aimaras, lo que habría tenido lugar
tras la decadencia de Cajamarquilla, hecho que se repercute en Viñaque y en
Tiahuanaco en el sur; lo que termina en el encumbramiento de Pachacamac en
el siglo VIII, como centro del poder económico y religioso. Finalmente, tras la
caída de éste (aunque continuaba siendo un poderoso e importante centro
religioso hasta la llegada de los españoles y el saqueo y profanación
emprendidos por Hernando Pizarro), surge Chincha como poderoso centro
mercantil, sea terrestre y fundamentalmente marino, que habría dado como
resultado la tercera expansión del quechua, como “lengua de relación”, en este
caso como QIIB, por la costa norte hasta el Ecuador, y el QIIC en dirección del
este y del sur. De esta manera, como se ve, el cuadro cronológico originario es
corregido, por lo que se sabe que el Pachacamac será el impulsor de la
segunda dispersión de la lengua y no el responsable de su primera escisión,
como se habría sugerido al inicio, en razón a las dataciones proporcionadas
por la glotocronología.
De esa manera, Torero llega a conclusiones mucho más realistas y en
comentarios de Cerrón- Palomino “el propio sentido común aconsejaba una
datación mucho más temprana para la escisión del protoquechua, así como
para explicar la profunda diversificación interna de QI y su “alejamiento” del QII,
sobre todo, en sus puntos extremos” (1987: 331).
CONSIDERACIONES FINALES
Ahora bien, las fases expansivas del quechua, como es de suponer,
implicaron la eliminación de otras lenguas que ocupaban los territorios cubiertos
actualmente por aquél. Si bien no hay evidencias directas respecto de las hablas
que preexistían en el área de dispersión del PQ, a excepción de los islotes
lingüísticos aimaras formados por el jacaru y el cauqui (Yauyos, Lima), los
indicios de la existencia de otros idiomas aumentan a medida que se rastrea la
expansión de la lengua en sus dos fases restantes. Sin embargo, siendo
relativamente abundantes –aunque no siempre precisas– las referencias a los
distintos sustratos lingüísticos sobre los que se asentó el quechua en su última
expansión, las correspondientes a las hablas que se distribuían en el área
inundada por la segunda fase expansiva resultan más vagas.
Por lo que toca al área cubierta por el quechua central,
creemos que hay evidencias indirectas que señalan la presencia
previa de un sustrato aimara, hasta por lo menos la zona
colindante con el antiguo territorio de culli, en las provincias
norteñas de Ancash. Así parecen indicarlo no sólo la toponimia
sino también cierto número de lexemas, si bien reducido (aunque
faltan aún estudios destinados a la “depuración” del léxico
atribuible al quechua), encontrados entre los dialectos de QI (cf.
Adelaar 1986, Cerrón-Palomino 1987). De hecho, la subvariedad
yaru del huáncay, designada así por Torero por corresponder
aproximadamente al área de ocupación de dicha etnia, no acusa
mayor influencia aimara que la que muestra el dialecto huanca.
Finalmente, el quechua ha desplazado en su avance hacia el
norte a muchas lenguas, y desde el centro hacia el sur lo hace en
contra de los dialectos aimaras previamente expandidos (tal como
lo atestigua la toponimia) y del mismo puquina cuando éste estaba
en proceso de aimarización.
DESENTRAÑANDO EL ORIGEN DEL QUECHUA
Alfredo Torero es uno de los primeros lingüistas que se dedica al
estudio de la dialectología quechua de América del Sur en base a
sistemáticos y rigurosos trabajos de campo que le permitieron
incursionar en la reconstrucción del protoquechua y su posterior
clasificación, anulando la hipótesis de que Cusco era el foco de origen y
expansión de la lengua quechua.
Su interés manifiesto era dar cuenta del proceso de ocupación
del territorio peruano y de la distribución en él de los idiomas. Dicho
interés hace que indague por los lugares de más remota asociación
con una lengua determinada desde los cuales los idiomas respectivos
se difunden; esto significa, en la práctica, investigar por los períodos de
expansión o desplazamiento de los grupos humanos asociados con los
idiomas establecer un punto inicial de su origen, el lugar desde el cual
una lengua se asocia con el espacio específico más remoto de
ocupación del que se tenga alguna evidencia; de ahí que su propuesta de
hipótesis sobre la “cuna” del quechua constituye un tema relevante por
conocer y valorar.
Concretamente, con referencia al quechua, Torero propone que el
área de la protolengua se ubica en la costa central peruana, pudiendo
ahora precisarse gracias a las investigaciones arqueológicas de los
últimos 15 años– como la cuna del idioma quechua, a aquel espacio
geográfico que corresponde a los valles de los ríos Huaura y Supe, donde
se hallan los desarrollos culturales más significativos del Pre- cerámico
Tardío, como Áspero, Bandurria y Caral. Este espacio arqueológico
constituye, entonces, el ámbito específico de la Costa Central desde
donde el quechua se irradia a otros medios en sucesivos periodos de
nuestra historia.
La propuesta del espacio entre los valles del Huaura y Supe como la
cuna del quechua lo planteó Torero independientemente de los
datos arqueológicos modernos sobre los sitios arqueológicos en
mención y es posterior a propuestas iniciales de lugares costeños del sur
como Ica, pero cambiando luego cada vez hacia el norte, para fijar
finalmente, antes del redescubrimiento arqueológico de Caral y
Bandurria, en el espacio costeño comprendido entre los ríos Huaura y
Supe.
La monumentalidad de los sitios arqueológicos de Bandurria,
Vichama, Áspero y Caral y la complejidad de sus sociedades, dan a
Torero el sustento necesario para asociar un espacio geográfico
remoto en el tiempo y una lengua la quechua hablada por las
sociedades que la poblaron.
Con el tiempo resalta la importancia de las conclusiones de la
Lingüística y la Arqueología, con sus investigaciones independientes, al
dilucidar la cuestión del origen geográfico del quechua. Torero
desarrolló la hipótesis lingüística en una línea intuida por el historiador
Manuel Gonzáles de la Rosa en 1911, señalando que la cuna de esta
lengua estaba ubicada en la Costa Central, inicialmente en el sur de
esta zona (Chincha), pero a partir de la cual fue retrayéndose el área
hacia el norte, conforme los estudios quechuísticos avanzaban en
mayores precisiones.
Los estudios arqueológicos del Norte Chico obligan de una forma
bastante convincente a asumir a este espacio como el lugar más
remoto de ocupación del quechua o de una suerte de paleo quechua.
Desde este punto, el idioma se habría expandido geográficamente en
sucesivas oleadas, tal como lo anota Torero en el recuadro de un mapa
que acompaña a su artículo de 1975: “Lingüística e historia de la sociedad
andina”. Es más, en su último libro: Idioma de los Andes, publicado a fines de
2002 (p. 44), enfatiza:
es probable que en la época que florecía Caral, el habla del
valle de Supe y de la región del litoral y del interior conectada
con esa arqueópolis fuera una remota antecesora de la
familia lingüística quechua, puesto que … ese valle se halla
dentro del área de la más completa dialectización de lo que
habría sido el protoquechua de principios de nuestra era, y
nada hace pensar que alguna vez se hubiera roto la
continuidad cultural de la zona; sino, más bien, que se hubiese
evolucionado allí, desde la tradición Kotosh, desde entonces, a la
tradición Chavín y a la del Blanco sobre Rojo, en la que se
difundió el protoquechua propia- mente dicho. Así, cualquier
dialecto quechua contemporáneo procede del protoquechua
como éste procedería del paleoquechua del período Caral.
Con una entrega desacostumbrada entre los lingüistas peruanos
y compatible solo con vocaciones profundas, revisó material
lingüístico o información extraída de fuentes escritas en los siglos
XVI y XVII; realizó estudios glotocronológicos y de geografía
lingüística, reforzados con información arqueológica, llegando a
confirmar científicamente el origen costeño del quechua y a postular
una cronología de su expansión como lengua general por el
territorio del Tahuantinsuyo.
Las fases de la expansión que habría tenido el quechua se
pueden resumir
en
La expansión ocurrida en el Horizonte Medio o la Segunda
Unificación, Wari, que llevó al quechua a las zonas inmediatas
de aquella que es su cuna, el Norte Chico, a los territorios
Ancash, y a las serranías inmediatas de la Sierra Central
(Huánuco y Cerro de Pasco).
La expansión que tuvo lugar durante el Intermedio Tardío, la
Segunda Diversificación Regional, que expande el territorio
ocupado por el quechua hasta alcanzar por el sur las cercanías del
c Cusco y por el norte hasta ocupar todo el Callejón de Huaylas.
i Aquí resaltaron los aportes de tres desarrollos culturales:
r Chancay, vinculada a espacios mayores con la comercialización
c de pescado seco y la sal; Ichma, con la importancia del oráculo
u de Pachacamac que convocaba a visitantes de los más lejanos
n lugares y Chincha, con sus comerciantes desplazándose por mar
d al norte y por tierra al Cusco y el altiplano.
a
La expansión ocurrida en los siglos XV – XVI, la época del
n
expansionismo Tahuantinsuyo (convertida en una especie de
t
lengua oficial del Imperio) y de los traslados poblacionales llevados
e
a cabo durante los primeros años de la Colonia. En este periodo
s
el quechua llega hasta Maule por el Sur, incluyendo partes de
d
Argentina, hasta la región de Pasto en Colombia por el norte.
e
L
i
m
a
y
Expansiones posteriores al siglo XVI son responsables de llevar el quechua
a la Amazonía, durante la época de las misiones religiosas de los siglos
XVII y XVIII, y hacia Madre de Dios, durante la época del boom del caucho
de fines del siglo XIX y primeros años del siglo XX.
No está demás anotar que, en este proceso de expansión, como ocurrió con
el castellano con respecto a nuestras lenguas nativas, el quechua desplazó en su
avance hacia el norte a muchas lenguas nativas y, desde el centro hacia el sur, lo
hace en contra de los dialectos aimaras previamente expandidos y del mismo
puquina cuando este estaba en proceso de aimarización.
La expansión del quechua, innegablemente, es resultado de las características
económicas y sociales de los pueblos que lo hicieron suyo. Por lo mismo es válida
la concepción de Torero al afirmar que la lengua es un producto social e histórico.
El estudio del quechua, su origen y expansión, para contextos como el del
Perú, de confluencia milenaria, de vivencias culturales múltiples en la geografía y en
el tiempo, la concepción de Torero se justifica plenamente; es más, sus logros
ampliamente demostrados y validados desde otras disciplinas como la arqueología
nos dicen mucho de la necesidad de estudios multidisciplinarios. Es obvio que en esta
perspectiva también la lingüística se beneficia cuando tiene que dar cuenta del hecho
aparentemente simple de la diversidad de lenguas en determinados espacios como el
que presenta el Perú.
En suma, el interés de Torero estuvo centrado en desentrañar el origen y
evolución del quechua. Pero no solamente del quechua, también de todas las
lenguas del espacio andino.